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Yo Leo, Lecturas

Los gorilas de montaña son grandes primates pacíficos que viven en grupos familiares liderados por un macho dominante. A pesar de su tamaño, los gorilas demuestran emociones como la risa y el llanto. Desafortunadamente, solo quedan alrededor de 800 gorilas de montaña debido a la caza ilegal y la pérdida de hábitat.

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Los gorilas de montaña son grandes primates pacíficos que viven en grupos familiares liderados por un macho dominante. A pesar de su tamaño, los gorilas demuestran emociones como la risa y el llanto. Desafortunadamente, solo quedan alrededor de 800 gorilas de montaña debido a la caza ilegal y la pérdida de hábitat.

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Un gigante muy pacífico - El gorila de montaña

En las montañas de Virunga, África


central, viven los primates más
grandes del mundo: los gorilas.

A pesar de que estos seres son


representados en las películas como
feroces bestias que se dan golpes de
pecho y rugen al mostrar sus
temibles dientes; la verdad es que
los gorilas de montaña son animales
muy pacíficos, capaces de
demostrar emociones humanas
como la risa y el llanto. Estos
fascinantes animales viven en
grupos sociales liderado por un
macho dominante conocido como “espalda plateada” . Aunque con el paso
de los años, el pelaje en el lomo de todos los machos cambia de negro a
plateado, solo el macho más fuerte se convierte en líder. El liderazgo del
grupo conlleva muchísimas responsabilidades, como proteger el grupo
familiar o tropa y encontrar alimentos.

Solo quedan alrededor de 800 gorilas de montaña. Esta especie se


encuentra en peligro crítico de extinción debido a la caza ilegal, pérdida del
hábitat y enfermedades.

Los gorilas son herbívoros, pasan la mayor parte del día buscando comida y
comiendo plantas frondosas. Sin embargo, en ocasiones, comerán pequeños
insectos o gusanos. Los gorilas adultos pueden comer hasta 30 kilogramos
de comida por día.

El eco
Un hijo y su padre caminaban por las montañas, cuando, de repente, el niño
cayó, se hizo una herida y grito: "¡Aaahhh!"

Para su sorpresa, oyó repetirse su voz desde algún lugar en la montaña:


¡Aaahhh!"

Curioso, gritó: "¿Quién eres tú?"

Y recibió como respuesta: "¿Quién eres tú?"

Enojado por la contestación, gritó: "¡Cobarde!"

Y recibió como respuesta: "¡Cobarde!"

Entonces, miró a su padre y le preguntó, "¿Qué está pasando?"

El padre sonrió y le dijo: "Hijo, presta atención." Y le gritó a la montaña:


"¡Te admiro!"

La voz contestó: "¡Te admiro!"

Otra vez, el hombre gritó: "¡Tú eres un campeón!" Y la voz respondió:


"¡Tú eres un campeón!"

El muchacho seguía sin entender. Entonces, el padre le explicó: "La gente


lo llama eco, pero realmente es vida, porque te devuelve cualquier cosa que
dices o haces”.

Y agregó: “Nuestra vida es simplemente un reflejo de nuestras acciones.


Esta relación se aplica a todo, en todos los aspectos de la vida. La vida te
devolverá todo lo que le des. Porque tu vida no es una coincidencia. Es un
reflejo de ti.”

La vida es un jardín
En una pequeña aldea de los Alpes Suizos,
Hans, un simpático anciano de más de 80
años, jardinero de profesión, se había
convertido en la atracción de los turistas. Su aspecto bonachón, su buen
humor, y sobre todo, su sabiduría natural, hacían que todos quisieran pasar
un tiempo con él, mientras trabajaba la tierra y mantenía los jardines de la
plaza del pueblo.

Un día, llegó un contingente de ejecutivos, de paso hacia una convención.


Atraídos por la belleza natural, tomaron y paseo, y, de regreso, descansaron
en la plaza. Al ver que estaba rodeado de niños, jóvenes, adultos y
ancianos, se acercaron a ver qué pasaba.
Y allí estaba Hans, respondiendo las preguntas que le hacían, con parábolas
sobre su profesión de jardinero y la vida. Entonces, les dijo: “La vida es un
jardín. Lo que siembres en ella, eso te devolverá. Así que elige semillas
buenas, riégalas y con seguridad tendrás las flores más hermosas.

Cada acto, palabra, sonrisa o mirada, es una simiente. Procura, entonces,


que caiga tu simiente en el surco abierto del corazón de los hombres y
vigila su futuro.
Procura, además, que sea como el trigo que da pan a los pueblos, y no
produce espinas y cizaña que dejan estériles las almas.

Muchas veces sembrarás en el dolor, pero esa siembra traerá frutos de


gozo. A menudo sembrarás llorando, pero, ¿quién sabe si tu simiente no
necesita del riego de tus lágrimas para que germine?

No tomes las tormentas como castigos.


Piensa que los vientos fuertes harán
que tus raíces se hagan más profundas,
para que tu rosal resista mejor lo que
habrá de venir. Y, cuando tus hojas
caigan, no te lamentes; serán tu propio
abono, reverdecerás y tendrás flores
nuevas.

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