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Carl Rogers

1) Carl Rogers nació en 1902 en Illinois y creció en un suburbio de Chicago. Se mudó a los 12 años a otra ciudad cercana donde pasó su adolescencia de forma solitaria. 2) Estudió agricultura y luego religión en la universidad, lo que le llevó a dudar de sus creencias religiosas tras una experiencia en China. 3) Se graduó en psicología clínica y desarrolló su propia teoría centrada en el cliente basada en sus experiencias terapéuticas, publicando varios libros sobre el

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Carl Rogers

1) Carl Rogers nació en 1902 en Illinois y creció en un suburbio de Chicago. Se mudó a los 12 años a otra ciudad cercana donde pasó su adolescencia de forma solitaria. 2) Estudió agricultura y luego religión en la universidad, lo que le llevó a dudar de sus creencias religiosas tras una experiencia en China. 3) Se graduó en psicología clínica y desarrolló su propia teoría centrada en el cliente basada en sus experiencias terapéuticas, publicando varios libros sobre el

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Carl Rogers nació el 8 de enero de 1902 en Oak Park, Illinois, un suburbio de Chicago,

siendo el cuarto de seis hijos. Su padre fue un exitoso ingeniero civil y su madre ama de
casa y devota cristiana. Su educación comenzó directamente en segundo grado, ya que
sabía leer incluso antes de entrar en parvulario.

Cuando Carl tenía 12 años, su familia se trasladó a 30 millas al oeste de Chicago, y sería
aquí donde pasaría su adolescencia. Con una estricta educación y muchos deberes, Carl
sería más bien solitario, independiente y auto-disciplinado.

Fue a la Universidad de Wisconsin a estudiar agricultura. Más


tarde, se cambiaría a religión para ser religioso. Durante esta
época, fue uno de los 10 elegidos para visitar Beijing para
el “World Student Christian Federation Conference” por 6 meses.
Carl nos comenta que esta experiencia amplió tanto su
pensamiento que empezó a dudar sobre algunas cuestiones
básicas de su religión.

Después de graduarse, se casó con Helen Elliot (en contra de los


deseos de sus padres), se mudó a Nueva York y empezó a acudir
al Union Theological Seminary, una famosa institución religiosa liberal. Aquí, ¿tomó un
seminario organizado de estudiantes llamado “Why am I entering the ministry?” Debería
decirles que, a menos que quieran cambiar de carrera, nunca deberían asistir a un
seminario con tal título. Carl nos cuenta que la mayoría de los participantes “pensaron en
salirse inmediatamente del trabajo religioso”.

La pérdida en la religión sería, por supuesto, la ganancia de la psicología: Rogers se


cambió al programa de psicología clínica de la Universidad de Columbia y recibió su PhD
en 1931. No obstante, Rogers ya había empezado su trabajo clínico en la Rochester
Society for the Prevention of Cruelty to Children (Sociedad Rochester para la Prevención
de la Crueldad en los Niños). En esta clínica, aprendería la teoría y aplicaciones
terapéuticas de Otto Rank, quien le incitaría a coger el camino del desarrollo de su propia
teoría.

En 1940, se le ofreció la cátedra completa en Ohio. Dos años más tarde, escribiría su
primer libro “Counseling and Psychotherapy. (Todos los títulos de sus libros en castellano,
lo situaremos al final del capítulo. N.T.). Más tarde, en 1945 fue invitado a establecer un
centro de asistencia en la Universidad de Chicago. En este lugar, en 1951, publicó su
mayor trabajo, la Terapia Centrada en el Cliente, donde hablaría de los aspectos centrales
de su teoría.

En 1957, volvió a enseñar en su alma mater, la Universidad de Wisconsin.


Desafortunadamente, en ese momento había serios conflictos internos en el
Departamento de Psicología, lo que motivó que Rogers se desilusionara mucho con la
educación superior. En 1964, aceptó feliz una plaza de investigador en La Jolla,
California. Allí atendía terapias, dio bastantes conferencias y escribió, hasta su muerte en
1987.
La persona, según el humanismo

Ciertas corrientes de la psicología han estado asociadas a una visión pesimista del ser
humano. Por ejemplo, el psicoanálisis de Sigmund Freud presenta una explicación de la
psique en la que los deseos inconscientes y su choque con las normas sociales gobiernan
nuestro comportamiento, y el conductismo norteamericano ha sido acusado de presentar
a las personas como máquinas que reaccionan ante estímulos externos.

Sin embargo, los psicólogos humanistas como Carl Rogers propusieron algunas ideas
sobre los procesos mentales en los que se enfatiza la libertad de los individuos a la hora
de tomar el rumbo de sus vidas. Según ellos, ni los factores biológicos ni los ambientales
son determinantes en nuestro comportamiento, y no nos "arrastran" irremediablemente
hacia ciertos tipos de comportamiento. En resumidas cuentas, no eran deterministas.
En concreto, Carl Rogers creía que la personalidad de cada persona se desarrollaba
según el modo en el que consigue ir acercándose a (o alejándose de) sus objetivos
vitales, sus metas.
Esta idea de que el desarrollo personal y el modo en el que el individuo lucha por llegar a
ser como se quiere ser es una idea central de la psicología humanista, pero para Carl
Rogers tiene especial importancia, porque para él es a través del desarrollo personal
como se forma el carácter y el modo de ser.
Carl Rogers y la teoría de la personalidad altamente funcional
Carl Rogers propone la idea de que la personalidad de cada individuo puede analizarse
según el modo en el que se acerca o se aleja a un modo de ser y vivir la vida al que él
pone la etiqueta de persona altamente funcional.
Las personas altamente funcionales se caracterizan por estar en un proceso constante de
auto-actualización, es decir, búsqueda de un ajuste casi perfecto con los objetivos y las
metas vitales. Este proceso de desarrollo personal se encuentra en el presente, por lo que
siempre está en funcionamiento. De este modo, la personalidad de las personas
altamente funcionales es, para Carl Rogers, un marco en el que fluye en tiempo real un
modo de vivir la vida que se adapta a las circunstancias constantemente.

¿Cómo es la persona altamente funcional?

Según Carl Rogers, los rasgos de la personalidad que definían a las personas altamente


funcionales están definidos según las siguientes cinco características.
1. Apertura a la experiencia
La personalidad de la persona altamente funcional es, según Carl Rogers, muy abierta a
la experiencia, en un sentido amplio. No adopta una actitud defensiva por defecto ante lo
desconocido, sino que prefiere explorar nuevas posibilidades. Es por eso que este tipo de
personalidad se define por la aceptación de las emociones asociadas a lo que se está
viviendo, la no evitación de las "emociones negativas" y la adopción de actitudes
receptivas ante situaciones que no son claramente peligrosas.
2. Estilo de vida existencial
Esta característica tiene que ver con la tendencia a asumir que es uno mismo quien ha de
otorgar sentido a las experiencias que se viven en cada momento, a través de un proceso
de creación de significado. De este modo, se deja que el modo de vivir el día a día sea
espontáneo, creativo, sin intentar que todo lo que se percibe encaje a la fuerza en
esquemas preconcebidos. El estilo de vida asociado a este tipo de personalidad, para
Carl Rogers, se caracteriza por evitar la tendencia a prejuzgar.
No se analiza el presente como algo que debe ser explicado totalmente por las vivencias
del pasado, sino que se vive plenamente.
3. Confianza en uno mismo
Para Carl Rogers, el hecho de abrazar una manera libre de vivir la vida conlleva fiarse del
propio criterio y la propia manera de tomar decisiones por encima de cualquier otro
referente. La idea es que, como nadie conoce mejor que uno mismo la propia manera de
vivir la vida, no se tiende a apoyarse en códigos de comportamiento impuestos desde
instancias externas.
4. Creatividad
El hecho de que las personas altamente funcionales de Carl Rogers sean enemigas de
los dogmas y las convenciones hace que miren más allá de lo considerado como
"normal". Esto proporciona las bases necesarias para que puedan desarrollar su
creatividad.
5. Libertad de elección
El modo de ser creativo e innovador de la personalidad altamente funcional teorizada por
Carl Rogers hace que estas personas sean capaces de encontrar nuevas opciones de
comportamiento allí donde aparentemente solo hay unas pocas. Esto define el carácter
inconformista de este tipo de personalidad, que es capaz de resolver paradojas en las que
hay una aparente contradicción entre las opciones que a priori parecen disponibles.

6. Carácter constructivo
Este tipo de personalidad muestra una gran facilidad para dar respuesta a todas las
necesidades de manera equilibrada, de manera que las crisis son aprovechadas como
oportunidades para construir nuevas oportunidades y encontrar maneras de alcanzar
niveles de bienestar.
7. Desarrollo personal
El desarrollo personal es el motor vital de las personas altamente funcionales. Se vive
como un proceso de cambio constante, en el que nunca se alcanza una meta final
definitiva, sino que se va pasando de una etapa a otra.

CONCEPTO DEL YO.


El centro de la teoría de la personalidad de Rogers se basa en el desarrollo del concepto
del sí mismo, definido como “las tendencias, el sentimiento emocional y las ideas que el
individuo reconoce, interpreta y valora como propios”. Este concepto del sí mismo, según
Rogers, siempre busca alcanzar la unidad y la totalidad, para alcanzar la coherencia del sí
mismo; sería una de las necesidades primarias del organismo el alcanzar el estado de
congruencia, entendido este como la adecuación entre experiencia y percepción. 

El concepto del yo, al igual que el de todas las representaciones mentales, puede o no
estar de acuerdo con las facultades reales del yo.

El tipo de correspondencia que se tenga entre el concepto real y el concepto ideal del yo
es variable de persona en persona. Lo que nosotros pensamos de nosotros mismos es
importante en nuestra conducta, pues siempre la persona trata de, conscientemente, de
comportarse de una manera consistente con la concepción del yo. Cuando se produce
una diferencia significativa entre los conceptos reales e ideales del yo se ocasionará,
según Rogers, una anormalidad en la expresión del comportamiento y la personalidad de
una persona 

Cuando hay discrepancia entre el concepto del yo y las experiencia reales del yo se
produce lo que Rogers llama la incongruencia, que sería la “discrepancia entre el
concepto del yo y las experiencias reales del yo”.

Cuando se produce la incongruencia, la persona tiende a expresar sentimientos y


emociones negativas; en estos casos, el concepto del yo pronto se encuentra
distorsionado y alejado de las necesidades reales del yo, y esto trae como resultado la
frustración ya que “en gran medida su conducta y los sentimientos que experimenta son
irreales y no se originan en las verdaderas reacciones de su organismo, sino que son sólo
una fachada”.

La capacidad de desarrollo y potencialidades de las personas se ven gravemente


afectados cuando el concepto del yo se encuentra distorsionado o mal conformado. La
falta de expresión plena de las potencialidades trae consigo a la persona problemas
físicos o psicológicos lo que se ve muy bien en las relaciones interpersonales, las cuales
están en gran medida determinados por las variables en el concepto del yo. 
Rogers atribuye muchas anormalidades a conceptos defectuosos del yo.

Cuando una persona busca fuera de sí mismo, no puede saber cuáles son los
requerimientos verdaderos del yo y, por lo tanto, no los puede satisfacerlos como también
es el caso de las personas que tienden a comportarse complacientemente con los demás,
lo que tiene como consecuencia que nunca pueda expresar de manera libre sus impulsos
y sus sentimientos. Otro caso relevante es el de la persona que no se siente satisfecha
con su yo, por lo cual trata de ocultarlo con sentimientos contrarios a él, lo que le lleva a
no poder experimentar nunca con su yo real. 
Todos estos síntomas de anormalidades producto del concepto defectuoso del yo no se
pueden tratar directamente, sino que se tiene que hacer desaparecer ayudando a la
persona a descubrir que la expresión de su yo real en el conocimiento de las experiencias
sensitivas y viscerales que le permitirá ser una persona funcional al no distorsionar la
experiencia; cuando en las experiencias interpersonales y en la terapia se dan las
condiciones necesarias, la persona puede sentir positivamente hacia sí mismo. Este
sentimiento positivo se puede incorporar a el concepto del yo y ampliarlo, obteniéndose
así una imagen más real de su personalidad con lo cual “la concepción del yo será más
congruente con el yo real”; la expresión de sus sentimientos reales se hará más plena y
se sentirá menos manejado por ellos, de tal forma que puede vivir apoyado en esos
sentimientos suyos, abandonando sus muros defensivos y estableciendo una
comunicación verdadera con las otras personas.

Incongruencia

La parte nuestra que encontramos en la tendencia actualizadora, seguida de nuestra


valoración organísmica, de las necesidades y recepciones de recompensas positivas para
uno mismo, es lo que Rogers llamaría el verdadero yo (self). Es éste el verdadero “tú”
que, si todo va bien, vas a alcanzar.

Por otro lado, dado que nuestra sociedad no está sincronizada con la tendencia
actualizante y que estamos forzados a vivir bajo condiciones de valía que no pertenecen a
la valoración organísmica, y finalmente, que solo recibimos recompensas positivas
condicionadas, entonces tenemos que desarrollar un ideal de sí mismo (ideal del yo).
En este caso, Rogers se refiere a ideal como algo no real; como algo que está siempre
fuera de nuestro alcance; aquello que nunca alcanzaremos.

El espacio comprendido entre el verdadero self y el self ideal; del “yo soy” y el “yo debería
ser” se llama incongruencia. A mayor distancia, mayor será la incongruencia. De hecho,
la incongruencia es lo que esencialmente Rogers define como neurosis: estar
desincronizado con tu propio self. 

 LA TENDENCIA ACTUALIZADORA


Rogers plantea la existencia en el universo de una “propensión permanente hacia un
orden creciente y una compleja capacidad de interrelación”, que recibiría el nombre de
sintropía o tendencia mórfica. El enfoque personalizado está apoyado en la confianza
básica en los seres humanos y en todos los organismos por la existencia en ellos de una
tendencia actualizadora, - expresión de la sintropía-  por la cual el organismo avanzaría
hacia “su propia realización, su autorregulación y la independencia del control externo”,
esta tendencia “es selectiva y direccional, es decir, constructiva” y explicaría “toda la
gama de conducta y el desarrollo humanos”. Las tendencias que parecen contravenir a la
actualización serían “expresiones neuróticas o pervertidas de la tendencia realizadora,
que se originan en un estado de incongruencia”. 
La tendencia a la actualización surge a pesar de las condiciones adversas, pero se
expresa de mejor forma en la medida de que el organismo y el ambiente esté en armonía
con lo cual “el organismo se enriquece y satisface sus potenciales”; en los seres
humanos, destaca entre estos el potencial del desarrollo del yo, como “deseo de
establecer nuestra identidad o de conservar nuestro amor propio.” Lo relevante es que la
realización del yo es una de las principales fuentes de motivación, junto a las necesidades
del organismo y las condiciones del ambiente; el desarrollo del yo cada vez impone más
sus requerimientos de motivación, lo que contribuye al bienestar de la persona. 
Las personas que logran manifestar de manera adecuada la tendencia actualizadora
“desarrollan una mayor autocomprensión, una mayor confianza en sí mismos y una mayor
habilidad para elegir su conducta. Aprenden de un modo más significativo y disponen de
mayor libertad para ser y llegar a ser”.

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