El tesoro que Dios te ha dado
Por: Eliezer Pérez
“El reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en el campo, que al encontrarlo un hombre,
lo vuelve a esconder, y de alegría por ello, va, vende todo lo que tiene y compra aquel campo.” (Mateo
13.44).
Dijo Jesús en Mateo 13.44. En los tiempos de Jesús la forma más segura de proteger sus pertenencias de
valor como tesoros, dinero, joyas. Era esconderlas dentro de su propiedad.
En esta corta parábola podemos ver algunos detalles. Hay un hombre en la parábola “el que encuentra”
De este hombre es el que habla Jesús. Pero también es evidente que existe un segundo hombre implícito
en el relato que es el segundo hombre en el relato. “El que era dueño, y lo vendió”
Cuando el Señor conto este relato él estaba hablando mientras estaba en preparación a su reino que
vendría después de su asunción a los cielos.
Cronológicamente ahora nosotros nos encontramos después de este evento y hablamos a cristianos, pero
el enfoque de Cristo es el esencial y seguiremos esa idea.
El primer hombre tiene un tesoro dentro de propiedad, pero por alguna razón no mencionada: No sabe
del tesoro que hay en su propiedad. Tal vez el que lo enterró murió, o simplemente se olvidó donde lo
enterró. No sabemos, Jesús no lo dice. Pero eso no importa. Lo claro es que algo paso.
El segundo hombre que es el que Jesús menciona directamente en esta parábola, es el que encuentra el
tesoro. Él hace lo que la ley le permitía, ya que si el encontraba algo de valor, se decía que era suyo.
Pero había un obstáculo, el tesoro estaba en la propiedad de otro.
Así que el vende todo lo que tiene, todo lo que posee. Para comprar aquella propiedad. Jesús cuenta que
este hombre estaba alegre, y lo compro.
Antes que todo, note que Jesús dijo que el reino de los cielos es como “aquel tesoro.” Él mismo
relaciona al reino con la iglesia en Mateo 16.18-19.
Recuerde que hay dos hombres:
1. Uno que lo vende.
2. El otro que lo encuentra con alegría.
Deseo que nos analicemos a medida que avanzamos. Preguntándonos ¿Cuál soy yo?
El 1ª No sabe el gran valor que posee.
El 2ª Sabe el valor que tiene.
Hay cristianos que decimos cumplir con Mateo 6:33 “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su
justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.” Pero la verdad es que con nuestros hechos lo negamos.
Y Son como el primer hombre. Vivimos tan distraídos en el mundo, en el afán de la vida.
Como: Familia – Amigos – Como nuestros sentimientos y gustos – Nuestra propia vida (hambre -
cansancio). Cuando somos ahogados, perdemos el rumbo, y olvidamos lo que tiene valor en realidad.
Pablo Dijo: “Porque nada hemos traído a este mundo y sin duda nada podremos llevar” (1 de Timoteo
6:7).
Todos los bienes que poseemos pasaran a manos de otros, Eclesiastés 6.2 dice: Hablando del hombre
que ganas riquezas justamente dice “… nada le falta de todo lo que su alma desea; pero Dios no le da
facultad de disfrutar de ello, sino que lo disfrutan los extraños…” Y del que gana riquezas injustamente
dice: Proverbios 21.6 “si engañas para volverte rico, tus riquezas pronto desaparecerán y te llevaran a
la muerte”; también dice: 13.22 “El hombre honrado deja herencia a sus nietos, pero la riqueza de los
pecadores estará reservada para el justo.”
Así que NO vale la pena distraernos por cosas que carecen del verdadero valor.
Mientras que el segundo hombre, si vio algo de mucho valor, y con más valor que todo lo que poseía.
Hay gente que si reaccionara feliz cuando encuentre el reino tal como los gentiles en Hechos 13. 46-48.
Quienes glorificaron la palabra del Señor, cuando supieron que Dios también los había incluido en la
salvación.
Lamentablemente a veces los cristianos entendemos el valor del reino solo cuando:
Estamos enfermos – Perdemos un familiar- o cuando las cosas andan mal. Es cuando reflexionamos y
buscamos la iglesia.
Hermanos si el reino realmente fuera de valor para nosotros, esto debe significar que debe estar primero
que nuestro cansancio, que nuestra familia, que nuestros gusto personales.
Pablo dijo: “así que teniendo sustento y abrigo estemos contentos con esto” (1 de Timoteo 6.8)