Anattalakkhana-Sutta Discurso sobre el concepto de “anatta” o “no alma”
Nota previa:
El concepto de “anatta” significa “no alma”. Sin embargo, no quiere decir que según el
Buda estamos hechos simplemente de materia y que después de la muerte
desaparecemos por completo. El budismo no es una doctrina ni materialista, ni nihilista.
Se refiere a que no existe un “yo” totalmente permanente, que nunca cambia y que sería
nuestra “esencia eterna”. A menudo nos creemos que “somos el mismo” pero desde la
perspectiva de reencarnación, esto no tiene sentido. Este “yo” desaparece tras cada
muerte. Y si no queremos usar el argumento de la reencarnación (porque no creemos en
ello o porque requerimos de más elementos de reflexión), basta con observar con
atención como se mueve continuamente nuestro sentido del “yo”.
Según la doctrina budista, todo cuanto existe está sujeto al cambio. Por lo tanto, nosotros
también, estamos siempre cambiando. Cada día, cada hora, cada minuto, incluso cada
segundo estamos cambiando: nuestro cuerpo experimenta miles de sensaciones y
estímulos continuamente: cambio de temperatura, sensación de la brisa contra la cara,
respiración y expiración, sonidos, ruidos, olores, colores etc.
Si fuéramos el cuerpo y sus sensaciones…estaríamos muriendo y naciendo
continuamente, lo cual no tiene sentido. Y implicaría que no existe un “yo solido y
inmutable” en el cuerpo.
Pero tampoco podemos encontrar este “yo” en las emociones, ni la mente ni el cerebro:
las emociones duran, fisiológicamente hablando, alrededor de 90 segundos (aunque la
solemos alargar por pensar mucho en ellas). A veces sentimos emociones…a veces no…A
veces llegan, justo después desaparecen…Y los pensamientos son más cambiantes aun:
con un promedio de 70000 pensamientos diarios, si fuéramos nuestros pensamientos
tendríamos más de 70000 personalidades distintas! Y ningún estudio científico a logrado
demostrar que se pueda encontrar algún “yo solido” en el cerebro tampoco.
El budismo nos invita a deshacernos de esta visión rígida de nosotros, pues siempre
cambiamos.
Propone una visión donde somos uno con todo el todo, y por lo tanto no podemos
encontrar un alma distinta, eterna y separada del resto del mundo. Somos una gota de
agua dentro del océano cósmico. Una gota eterna…que se mueve constantemente, se alía
al movimiento infinito de las olas…una y otra vez...Así como las gotas que forman las olas
del océano se levantan y caen una y otra vez contra el arena cálido de una playa, así el ser
humano renace una y otra vez, en diferentes cuerpos durante efímeros momentos y vidas
que se repiten millones de veces hasta que algún día podamos recordar que somos el
océano entero.
Este discurso es muy importante, aunque puede parecer al inicio muy repetitivo para la
mentalidad occidental. Es fundamental recordar que no se trata solamente de una
exposición teórica, sino ante todo de una práctica espiritual: al recordar una y otra vez
que nada es nuestro y que todo está condicionado, el efecto (si lo leemos con atención
plena) es provocar un deseo de liberación dentro de la conciencia de quien lo lee o
escucha y el compromiso de cultivar el desapego.
DISCURSO DEL BUDA:
Esto es lo que he oído. En una ocasión el Sublime estaba residiendo cerca de Benares, en
Isipatana, en el Parque de los Venados. Allí el Sublime se dirigió al grupo de cinco monjes:
‘Oh monjes.’ Los monjes respondieron al Sublime: ‘Venerable Señor.’
El Sublime dijo esto: La materia, oh monjes, es no alma. Si, oh monjes, la materia fuese
alma, esta materia no conduciría a la aflicción y sería posible decir: ‘Qué mi materia sea
así. Qué mi materia no sea así.’ Pero dado que, oh monjes, la materia es no alma, ésta
conduce a la aflicción y no es posible decir: ‘Qué mi materia sea así. Qué mi materia no
sea así.’
La sensación es no alma. Si, oh monjes, la sensación fuese alma, esta sensación no
conduciría a la aflicción y sería posible decir: ‘Qué mi sensación sea así. Qué mi sensación
no sea así.’ Pero dado que, oh monjes, la sensación es no alma, ésta conduce a la aflicción
y no es posible decir: ‘Qué mi sensación sea así. Qué mi sensación no sea así.’ La
percepción es no alma. Si, oh monjes, la percepción fuese alma, esta percepción no
conduciría a la aflicción y sería posible decir: ‘Qué mi percepción sea así. Qué mi
percepción no sea así.’ Pero dado que, oh monjes, la percepción es no alma, ésta conduce
a la aflicción y no es posible decir: ‘Qué mi percepción sea así. Qué mi percepción no sea
así.’ Las formacionesi son no alma. Si, oh monjes, las formaciones fuesen alma, estas
formaciones no conducirían a la aflicción y sería posible decir: ‘Qué mis formaciones sean
así. Qué mis formaciones no sean así.’ Pero dado que, oh monjes, las formaciones son no
alma, éstas conducen a la aflicción y no es posible decir: ‘Qué mis formaciones sean así.
Qué mis formaciones no sean así.’ La conciencia es no alma. Si, oh monjes, la conciencia
fuese alma, esta conciencia no conduciría a la aflicción y sería posible decir: ‘Qué mi
conciencia sea así. Qué mi conciencia no sea así.’ Pero dado que, oh monjes, la conciencia
es no alma, ésta conduce a la aflicción y no es posible decir: ‘Qué mi conciencia sea así.
Qué mi conciencia no sea así.’ ¿Qué es lo que ustedes piensan, oh monjes? ¿Es la materia
permanente o impermanente? Impermanente, Venerable Señor. ¿Y aquello que es
impermanente, es insatisfactorio o satisfactorio? Insatisfactorio, Venerable Señor. ¿Y
aquello que es impermanente, insatisfactorio, transitorio, es correcto considerarlo: ’esto
es mío, esto soy yo, esto es mi alma’? No, Venerable Señor. ¿Es la sensación permanente
o impermanente? Impermanente, Venerable Señor. ¿Y aquello que es impermanente, es
insatisfactorio o satisfactorio? Insatisfactorio, Venerable Señor. ¿Y aquello que es
impermanente, insatisfactorio, transitorio, es correcto considerarlo: ’esto es mío, esto soy
yo, esto es mi alma’? No, Venerable Señor. ¿Es la percepción permanente o
impermanente? Impermanente, Venerable Señor. ¿Y aquello que es impermanente, es
insatisfactorio o satisfactorio? Insatisfactorio, Venerable Señor. ¿Y aquello que es
impermanente, insatisfactorio, transitorio, es correcto considerarlo: ’esto es mío, esto soy
yo, esto es mi alma’? No, Venerable Señor. ¿Son las formaciones permanentes o
impermanentes? Impermanentes, Venerable Señor. ¿Y aquello que es impermanente, es
insatisfactorio o satisfactorio? Insatisfactorio, Venerable Señor. ¿Y aquello que es
impermanente, insatisfactorio, transitorio, es correcto considerarlo: ’esto es mío, esto soy
yo, esto es mi alma’? No, Venerable Señor.¿Es la conciencia permanente o
impermanente? Impermanente, Venerable Señor. ¿Y aquello que es impermanente, es
insatisfactorio o satisfactorio? Insatisfactorio, Venerable Señor. ¿Y aquello que es
impermanente, insatisfactorio, transitorio, es correcto considerarlo: ’esto es mío, esto soy
yo, esto es mi alma’? No, Venerable Señor. Por lo tanto aquí, oh monjes, cualquier materia
pasada, futura o presente, interna o externa, basta o sutil, inferior o superior, distante o
cercana, toda la materia debe ser considerada con recto entendimiento de acuerdo con la
realidad: ’Esto no es mío, esto no soy yo, esto no es mi alma’. Cualquier sensación pasada,
futura o presente, interna o externa, basta o sutil, inferior o superior, distante o cercana,
toda la sensación debe ser considerada con recto entendimiento de acuerdo con la
realidad: ’Esto no es mío, esto no soy yo, esto no es mi alma’. Cualquier percepción
pasada, futura o presente, interna o externa, basta o sutil, inferior o superior, distante o
cercana, toda la percepción debe ser considerada con recto entendimiento de acuerdo
con la realidad: ’Esto no es mío, esto no soy yo, esto no es mi alma’. Cualesquiera
formaciones pasadas, futuras o presentes, internas o externas, bastas o sutiles, inferiores
o superiores, distantes o cercanas, todas las formaciones deben ser consideradas con
recto entendimiento de acuerdo con la realidad: ’Esto no es mío, esto no soy yo, esto no
es mi alma’. Cualquier conciencia pasada, futura o presente, interna o externa, basta o
sutil, inferior o superior, distante o cercana, toda la conciencia debe ser considerada con
recto entendimiento de acuerdo con la realidad: ’Esto no es mío, esto no soy yo, esto no
es mi alma’. Comprendiendo así, oh monjes, el instruido noble discípulo siente hastío de la
materia, siente también hastío de la sensación, siente también hastío de la percepción,
siente también hastío de las formaciones y siente también hastío de la conciencia. ii
Sintiendo hastío, se desapega; con la liberación del apego surge el conocimiento: ‘Estoy
liberado.’ Y comprende: ‘no hay más nacimiento; la vida noble ha sido vivida; se ha hecho
lo que se debía hacer; no hay otra existencia.’ Esto dijo el Sublime. Los cinco monjes se
regocijaron de las palabras del Sublime. Durante la exposición del discurso las mentes de
los monjes del grupo de los cinco se liberaron de las corrupciones por el no apego. iii
i
ii
Este discurso es una práctica espiritual en sí: cuanto más prestamos atención al carácter transitorio, condicionado y
generador de sufrimiento de todo lo que dice el buda (las sensaciones etc.) más va naciendo un deseo espiritual de
liberarse de esta esclavitud. Pero solemos apegarnos a los “venenos de la existencia” precisamente por no dedicarle el
tiempo de contemplar la realidad de lo que vivimos: todo está condicionada y nos condiciona también a nosotros. Solo si
sabemos ver y recordar esto podremos liberarnos de ello.
iii
Como decíamos este discurso no era mera teoría sino una práctica espiritual en sí, y funciono: los monjes al escucharlo
con presencia plena, lograr purificarse internamente de muchos apegos que tenían. Así lo tendríamos que leer nosotros
también.