a
piratería es una práctica de saqueo organizado o bandolerismo marítimo, probablemente
tan antigua como la navegación misma. Consiste en que una embarcación privada o una
estatal amotinada ataca a otra en aguas internacionales o en lugares no sometidos a
la jurisdicción de ningún Estado, con el propósito de robar su carga, exigir rescate por los
pasajeros, convertirlos en esclavos y muchas veces apoderarse de la nave misma. Su
definición según el Derecho Internacional puede encontrarse en el artículo 101 de
la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar.2
Junto con la actividad de los piratas que robaban por su propia cuenta por su afán de lucro,
cabe mencionar los corsarios, unos marinos contratados por el Estado mediante patente de
corso para atacar y saquear las naves de un país enemigo. La distinción entre pirata y
corsario es necesariamente parcial, pues corsarios como Francis Drake o la flota francesa en
la Batalla de la Isla Terceira fueron considerados vulgares piratas por las autoridades
españolas, ya que no existía una guerra declarada con sus naciones. Sin embargo, el
disponer de una patente de corso sí ofrecía ciertas garantías de ser tratado como soldado de
otro ejército, y al mismo tiempo acarreaba ciertas obligaciones.
Índice
1Etimología
2Historia
o 2.1Antigüedad
2.1.1Grecia y Egipto
2.1.2Roma
o 2.2La Edad Media
2.2.1Piratería en el mar Adriático
2.2.2Los vikingos
2.2.3El Índico medieval
2.2.4El Mediterráneo
2.2.5Los vitalianos
o 2.3Edad Moderna
2.3.1Los corsarios berberiscos
2.3.2Los corsarios cristianos
2.3.3Los franceses descubren el oro de las Indias
2.3.4El corso inglés
2.3.5La piratería en el Caribe español
2.3.6La decadencia de la piratería caribeña
2.3.7Piratería en las Islas Canarias
2.3.8Piratas del Pacífico español siglo XVII
o 2.4Edad Contemporánea
2.4.1Siglo XIX: las costas chilenas
2.4.2Siglo XIX: piratería en Estados Unidos
2.4.3Piratería en los siglos XX y XXI
3Homosexualidad en la piratería
4Referencia popular
5Democracia pirata
6Literatura y piratería
7Piratas célebres
o 7.1De ficción
8Véase también
9Referencias
10Bibliografía
11Enlaces externos
Etimología[editar]
El español Amaro Pargo fue uno de los corsarios más famosos de la Edad de oro de la piratería.
Según la Real Academia Española, la voz pirata viene del latín pirāta, que por su parte
procedería del griego πειρατής (peiratés),3 compuesta por πειρα, -ας (peira), que significa
'prueba'; a su vez deriva del verbo πειράω (peiraoo), que significa 'esforzarse', 'tratar de',
'intentar la fortuna en las aventuras'.
Otros autores[¿quién?] abogan porque proviene del griego pyros ('fuego') El fundamento que se
alega es que tras un acto típico de amotinamiento en un barco, para eliminar cualquier tipo de
pruebas y toda posibilidad de buscar culpables finalmente se le prendía fuego, no sabiendo
por tanto quién había muerto en la trifulca y quién no, resultaba prácticamente imposible
encontrar algún culpable si se daba a todos por desaparecidos. Siendo por tanto el
término pirata equivalente a incendiario. En este sentido, el término pirata fue usado con
anterioridad como actos puntuales de amotinados y saqueadores y no solo referente al mar.
Cuando esto era así aún no existían piratas en el concepto que más tarde se implantó. Como
suele suceder en todas las épocas, una voz aplicada para denominar a un determinado
colectivo, sobre la base de un determinado hecho, se acaba generalizando a un rango mayor
y menos específico y aplicando a todo saqueador en general, y más específicamente a los
saqueadores del mar (toda vez que existían múltiples voces para designar a los «saqueadores
de tierra»), quemara ya, o no, el barco. Cuando más adelante en el tiempo los saqueadores se
organizan surcando el mar y no necesariamente como resultado de un amotinamiento, tienen
la necesidad de reparar su propio barco (dañado por los ataques o por lo embates del mar) y
por supuesto de apropiarse el ajeno. Sin embargo, el barco abandonado en la mayoría de los
casos seguía siendo incendiado.
A partir de entonces la voz ha sufrido muchos cambios, perdiendo la exclusiva como sinónimo
de incendiario. La voz pirata provenía originariamente de la pirotecnia y de los inevitables
accidentes asociados por los artesanos que militar o civilmente ocurrían de cuando en
cuando. No hay que olvidar que la pirotecnia fue introducida en Occidente por los árabes en la
forma de fuegos artificiales y que esto tomaron en parte de Asia y en parte remanente
del esplendor romano. La voz no aparece antes de la invención de la pólvora y es notable que
durante los siglos en que duró la piratería de forma «oficial», los progresos en pirotecnia
quedaron estancados, siendo estos siglos los XVI, XVII, XVIII y mediados del XIX. Lo que se
supone es debido a que los gobiernos monopolizaron la industria de la pólvora.
Al hablar de piratas, resulta más propio desde un punto de vista histórico hablar más
de navíos que de barcos. No obstante, a fecha de hoy usamos ambiguamente barco como
sinónimo de casi cualquier embarcación.
Este término califica a las acciones llevadas a cabo por personas en embarcaciones y, desde
mediados del siglo XX, en aviones, para retener por la fuerza a las tripulaciones y pasajeros,
así como a los propios transportes. Esta definición es dada por organismos como la ONU o
la Real Academia Española.4 Sin embargo, varios autores expertos en piratería, como el
alemán Wolfram Zu Mondfeld, amplían la piratería a aquellos ataques realizados desde el mar
contra buques y posiciones en tierra para robar o conquistar, pero sin hacerlo en nombre de
ningún Estado, al menos oficialmente.
Los términos filibustero y bucanero, más específicos, están relacionados con la piratería en
el mar Caribe.
Historia[editar]
Antigüedad[editar]
Las zonas de mayor actividad de los piratas coincidían con las de mayor tráfico de mercancías
y de personas. Las primeras referencias históricas sobre la piratería datan del siglo V a. C., en
la llamada Costa de los piratas, en el Golfo Pérsico. Su actividad se mantuvo durante toda
la Antigüedad. Otras zonas afectadas fueron el mar Mediterráneo y el mar de la China
Meridional.
Grecia y Egipto[editar]
Aunque los datos no son muy abundantes, por los mitos sabemos que los griegos clásicos
fueron buenos piratas.[cita requerida] Uno de los más famosos fue Jasón, quien guio a
los Argonautas hasta La Cólquida en busca del Vellocino de oro, lo que, aunque no entre en la
definición española de piratería, para algunos es, sin ningún género de dudas, un acto de
piratería (personas que vienen por mar para robar).1
También Ulises u Odiseo, según las traducciones griega o latina, realizó varios actos de
piratería en su regreso a Ítaca, como narra Homero en la Odisea.
Con estos dos ejemplos podemos ver una constante que se repetirá a lo largo de los siglos.
Los piratas son, en muchas ocasiones, considerados héroes nacionales en sus países,
[cita requerida]
pese a practicar lo que en tierra se llamaría robo y secuestro. Especialmente en una
sociedad como la griega, donde el oficio de las armas era reconocido y estimado, un motivo
que llevaba a glorificar, en lugar de denostar, actos como el citado de Jasón. Debe tenerse en
cuenta que el oficio de mercenario, si bien es verdad que es llevado a cabo en tierra, no tenía
connotaciones negativas como las tiene actualmente.5
Uno de los piratas griegos más famosos de los que sí se tienen referencias fue Policrates de
Samos, quien en el siglo VI a. C. saqueó toda Asia Menor en diferentes expediciones y llegó a
reunir más de 100 barcos.6
También los egipcios consideraban piratas a los Pueblos del Mar porque su principal
expedición invasiva se dio por vía marítima y con la finalidad de efectuar saqueos. Sin
embargo, muchos otros autores no comparten esta clasificación porque los Pueblos del Mar
solo fueron marineros en el último momento de su historia.1
Roma[editar]
Trirreme romano en un mosaico romano.
En la época final de la República, los piratas en el Mediterráneo llegaron a convertirse en un
peligro, desde sus bases primero al sur de Asia Menor en las montañosas costas de Cilicia y
más tarde por todo el Mediterráneo, puesto que impedían el comercio e interrumpían las
líneas de suministro de Roma.
A diferencia de siglos posteriores, los piratas de la Antigüedad no buscaban tanto joyas y
metales preciosos como personas. Las sociedades de aquella época solían ser en su
mayoría esclavistas, y la captura de personas para ser vendidas como esclavos resultaba una
práctica altamente lucrativa.6 Pero también se buscaban piedras preciosas, metales preciosos,
esencias, telas, sal, tintes, vino y otros tipos de mercancías que solían transportarse en los
barcos mercantes, caso de los fenicios.7
Uno de los casos más conocidos de piratería contra las líneas de navegación lo
protagonizó Julio César, que llegó a ser prisionero de los piratas
cilicios (75 a. C.). Plutarco en Vidas paralelas cuenta que el jefe cilicio estimaba el rescate en
20 talentos de oro, a lo que el joven César le espetó: «¿Veinte? Si conocieras tu negocio,
sabrías que valgo por lo menos 50». El cautiverio duró 38 días, en los cuales el rehén
amenazó a sus captores con crucificarlos. Finalmente el rescate se pagó y el futuro cónsul de
Roma fue liberado. Pero César cumplió su amenaza, y cuando recobró la libertad organizó
una expedición, pagada con su propio dinero, durante la que apresó a sus captores y los
crucificó a todos.6
La piratería, sobre todo la perpetrada por piratas cilicios, alcanzó niveles preocupantes para
Roma hacia el final de la República. En el 67 a. C., el senado romano nombró
a Pompeyo procónsul de los mares, lo que significaba que se le otorgó el mando supremo del
Mare Nostrum (el mar Mediterráneo) y de sus costas hasta 75 km mar adentro. Se le
concedieron todos los ejércitos que se encontrasen a las costas del Mediterráneo, contando
así con unos 150 000 efectivos, así como el derecho de tomar del tesoro la cantidad que
necesitase. Finalmente, se le proveyó con una flota bien pertrechada. En diversas
operaciones eliminó en cuarenta días a todos los piratas de Sicilia e Italia y, tras el asedio y
toma de Coracesion, a los piratas de Cilicia, acabando así, en cuarenta y nueve días, con los
piratas de la zona oriental del Mediterráneo. Asimismo debe apuntarse que dichos piratas solo
presentaron la resistencia imprescindible para poder solicitar una rendición honrosa.
La Edad Media[editar]
Artículos principales: Alta Edad Media y Baja Edad Media.
Siguiendo la división historiográfica clásica podemos dividir a la Edad Media en Alta y Baja. En
la primera, los piratas protagonistas fueron los vikingos y los árabes; en la segunda, el centro
de atención se desplaza más hacia el Mediterráneo Oriental y la creciente expansión
del Islam.
Piratería en el mar Adriático [editar]
Artículo principal: Pagania
Pagania fue un territorio poblado por la tribu eslava conocida como los narentinos (neretljani)
en una zona del sur de Dalmacia (en la actual Croacia), al oeste del río Neretva (Narenta).
Eran conocidos por su destreza marítima y su dedicación a la piratería.
Los vikingos[editar]
Artículo principal: Vikingo
Rutas y años de la era vikinga.
Aunque este pueblo permaneció sumido en luchas internas durante varios siglos,
en 793 realizan el primer ataque en la costa norte de Inglaterra y dos años después
en Irlanda.
Desde esa fecha hasta poco después del año 1000, los pueblos del norte efectuaron todo tipo
de incursiones en el mar del Norte, el Cantábrico y el Mediterráneo (tanto oriental como
occidental). El radio que alcanzaban sus excursiones fue aumentando progresivamente,
según crecían sus conocimientos de la costa y los ríos navegables. Así, entre otras acciones,
podemos reseñar:
793 primer ataque en las Islas Británicas.
795 primer ataque a Irlanda.
820 ataque a los actuales Países Bajos.
834 ataque por los ríos Sena y Loira.
840 ataque a la península ibérica.
No existe una postura unánime entre muchos de los historiadores de la razón que llevó a
algunos hombres del norte, no a todos, a ir de saqueo (vikingo viene a significar 'el que va a
saquear', o también 'el que merodea por las costas').8 Los vikingos no solían vincular sus
acciones a otros ideales que no fueran el conseguir riquezas, esclavos o tierras donde
asentarse, ni tampoco solicitaban algún tipo de permiso a una autoridad superior que
justificara sus acciones, como sería posteriormente el caso de los franceses e ingleses con
sus patentes de corso. No obstante, la formación de grandes partidas para realizar ataques
costeros coincide al menos con la época en que en Escandinavia la población comenzó a
organizarse en reinos más o menos extensos y consolidados.
Modelo de barco vikingo.
Las expediciones vikingas solían formarlas decenas o cientos de buques navegando y
atacando juntos; en contraposición con otras anteriores y sobre todo con las posteriores en
el mar Caribe, donde lo frecuente eran ataques de pocos barcos o incluso de uno solo. Debe
tenerse en cuenta que un drakkar vikingo podía transportar unos 32 o 35 hombres, como lo
atestigua el Barco de Oseberg encontrado en la granja
Oseberg de Vestfold, Noruega en 1903.9
Un ejemplo de estas expediciones lo tenemos en las crónicas sobre la primera
incursión vikinga a la península ibérica en el 840. Un número indeterminado de naves
bordearon la costa asturiana hasta llegar a la actual Torre de Hércules (su gran tamaño debió
de parecerles importante) y saquearon la pequeña aldea emplazada a sus pies. Ordoño I tuvo
noticias de la expedición y condujo a su ejército contra los vikingos, a quienes derrotó
recuperando buena parte del botín y apresando o hundiendo entre sesenta y setenta de sus
naves, lo que quizá no constituía ni la mitad de la fuerza desplazada por la expedición, como
demuestra el hecho de que siguieron su campaña de saqueos. En Lisboa los cronistas hablan
de una escuadra compuesta por 53 bajeles.10
Los vikingos supieron unir a sus grandes dotes marineras la sorpresa y la no poca ferocidad
en el uso de la espada. Sin embargo, este pueblo goza de cierta leyenda rosa en lo que a sus
dotes militares respecta. Se tiene la idea de que eran los más terribles guerreros europeos o
mundiales de la época, siempre dispuestos a luchar hasta la muerte con la esperanza de
sentarse a la mesa en el banquete de Odín, tras haber tenido el privilegio de morir con la
espada en la mano. Frente a esta leyenda, la historia muestra hechos donde se ve que, como
cualquier pirata, atacaban aquello que creían poder conquistar y en muchas ocasiones huían
o se rendían. Un ejemplo lo aporta su primera incursión en Al-Ándalus, donde tomaron Cádiz y
subieron de nuevo por el Guadalquivir, saquearon minuciosamente Sevilla desde la que
lanzaron avanzadillas a pie. No obstante, cuando Abd Rahman II salió con sus hombres y, tras
algunas batallas, los vikingos vieron que no podían con la fuerza andalusí, aquellos huyeron,
abandonando Sevilla y a muchos rezagados, quienes se rindieron a las fuerzas del emir y
terminaron, o bien criando caballos y haciendo queso, o bien con el viejo castigo para la
piratería: ahorcados, en este caso de las palmeras de Tablada.10 La horca para los buitres del
mar sería posteriormente casi institucionalizada por los captores de piratas y también por
artistas en sus obras, como el poeta español José de Espronceda lo inmortalizaría en obras
como la Canción del pirata con sus versos
Y al mismo que me condena
Colgaré yo de una entena
Quizá en su propio navío.
Tampoco es cierto que aquellos hábiles marineros vencieran la mayoría de las veces. Sí se
sabe que arrasaron París y York o que se adentraron tierra adentro y capturaron al rey
de Navarra, García Íñiguez, en el asedio de Pamplona en el 858, por ejemplo. Pero, como ya
se ha indicado, Abdel Ramán II les infligió una seria derrota, como meses antes Ramiro I de
Asturias durante la misma incursión y también su hijo, Ordoño I, que marchó contra la
segunda expedición por tierras hispanas. Más contundente fue el conde Gonzalo Sánchez,
quien terminó con toda la flota de Gunrod de Noruega (Gunderedo, en español); el conde
Sánchez capturó y pasó a cuchillo a toda la tripulación y a su rey.10 Pero quizá la derrota más
contundente se la infligió Harold Godwinson, heredero del trono inglés tras la muerte sin
descendencia de Eduardo el Confesor; aquel defendió sus derechos frente al pretendiente
noruego Harald Hardrade y su flota de 300 naves (más de 10.000 hombres) en la Batalla del
puente Stamford en 1066, donde cayó el propio monarca pirata.9
Los vikingos muestran otra constante en la piratería. Pese a ser considerada siempre una
profesión de hombres (con prohibición expresa en algunos casos de embarcar mujeres), las
féminas siempre participaron en y dirigieron expediciones, navíos y flotas. Así, numerosas
naves normandas eran mandadas y tripuladas en su totalidad por mujeres. Es el caso
de Rusla la doncella roja, hija del rey Rieg y hermana de Tesandus, que fue desposeído de su
trono por el rey Omund de Dinamarca. La muchacha primero armó un barco y con el tiempo
se hizo con una flota entera, con la que atacó a todas las naves danesas que pudo, para
vengarse de la afrenta inferida a su hermano. En contra de lo que se podría pensar, fue
Tesandus quien la capturó, tras el naufragio de su drakkar, y la sujetó por sus trenzas
mientras sus hombres la mataban con los remos (el rey Omund había conseguido atraer bien
al príncipe hacia su causa después de adoptarlo).1
No se sabe con certeza la causa o causas que terminaron con los ataques vikingos. Algunos
autores opinan que la aceptación de la fe cristiana hacia el año 1000 por la mayoría de ellos
atenuó su deseo de atacar a sus correligionarios. También se apunta a que las incursiones
solo constituían una moda y que cesaron cuando ya no fueron novedad. De cualquier modo,
los reinos nórdicos deseaban cada vez más abrirse al resto de países de Europa y comerciar
con ellos en lugar de invadirlos. Como ejemplo está el caso del rey castellano Alfonso X El
Sabio, que casó a su hermano Fernando con la princesa Cristina de Noruega el 31 de marzo
de 1252 porque dicho matrimonio era conveniente tanto para Alfonso X como para Haakon
IV.11
El Índico medieval[editar]
Dhow mozambiqueño en el océano Índico. Los dhows son embarcaciones tradicionales árabes muy
parecidas a las utilizadas por ese pueblo en tiempos de los abásidas, cuando fueron diestros piratas y
navegantes.
Si nos atenemos a la distancia de sus rutas, los árabes fueron los mejores navegantes de su
época. Ya en el siglo IX fueron capaces de abrir la mayor ruta comercial conocida entre
la península arábiga y China, muy por encima de las travesías vikingas por Europa.12
La expediciones árabes buscaban tres cosas: materias primas que pudieran luego trabajar o
vender, productos de Oriente para negociar y esclavos que vender. Aunque otros o esos
mismos árabes atacaban asimismo barcos para apoderarse de su mercancía. La zona más
peligrosa era y continuó siendo el estrecho de Malaca, donde los buitres del mar campaban a
sus anchas. No debemos pensar que los ataques piratas eran perpetrados solo por árabes,
también participaban en ellos gente de las islas y penínsulas índicas.
Guardando algunos parecidos con las de los griegos, sin ser el mismo caso, las singladuras
árabes han llegado a la cultura universal a través de cuentos de cierto carácter mitológico,
especialmente por las aventuras de Simbad el marino. Para el escritor Jordi Esteva, en esos
cuentos y relatos están plasmadas todas las regiones visitadas por los árabes en sus
travesías, bien es verdad que mitificadas con relatos de monstruos gigantescos. Así, en el
siglo IX bajeles de Yemen y la actual Arabia Saudita habían abierto rutas por Persia, India y
China en Asia y toda la costa este africana, inclusive las costas de Madagascar. En este
último continente crearon uno de los sultanatos más importantes, pero no el único,
en Zanzíbar, desde el que se canalizaba buena parte del oro, maderas valiosas, pieles
exóticas y marfil exportados por el Gran Zimbabue ya desde tiempos de los fenicios.13