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Transcripción Del C. 3º Cursillo Mariología Mons. Munilla

El documento habla sobre la Maternidad divina y la Virginidad de María. Explica que María es Madre de Dios, ya que Jesús es una sola persona que es Dios y hombre a la vez. Relata el origen de esta doctrina cuando en el año 428 el predicador Proclo llamó a María "Madre de Dios", pero el Patriarca Nestorio se opuso, causando una gran controversia que fue resuelta gracias a la intervención de San Cirilo de Alejandría.
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Transcripción Del C. 3º Cursillo Mariología Mons. Munilla

El documento habla sobre la Maternidad divina y la Virginidad de María. Explica que María es Madre de Dios, ya que Jesús es una sola persona que es Dios y hombre a la vez. Relata el origen de esta doctrina cuando en el año 428 el predicador Proclo llamó a María "Madre de Dios", pero el Patriarca Nestorio se opuso, causando una gran controversia que fue resuelta gracias a la intervención de San Cirilo de Alejandría.
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Cursillo de Mariología "María Madre de nuestra fe"

por
Monseñor José Ignacio Munilla

Cap. 3º

Continúo con este curso que tiene como título Curso de Mariología "Madre de nues-
tra fe". Hoy es la 3ª de las sesiones.

Quiero recordar cómo en el primer día hablé, contextualicé la importancia de la Ma-


riología. En el segundo día (en el día de ayer) hablé de cuáles son las bases escriturísti-
cas de nuestra fe en María. Y en esta ocasión, como tercer día, quiero hablar de la Ma-
ternidad divina y la Virginidad de María.

Bueno, vamos a empezar por lo primero: la Maternidad divina de María. María es


Madre de Dios. Y esta es la afirmación fundamental, la principal de toda la Mariología.
En ella se expresa cuál es el papel principal que tiene ella en la obra de la Redención.
Que nos quede claro que todo el resto de las afirmaciones que hacemos (que es Inmacu-
lada, que es Asunta a los cielos, que es Virgen), están supeditadas a ésta, que es la cla-
ve, la fundamental: María es Madre de Dios.

01:10

En ese tiempo tan delicado que hemos vivido (ese tiempo de emergencia sanitaria
con motivo del coronavirus), se ha hecho muy conocida y se ha popularizado mucho una
oración a la que el Santo Padre el Papa Francisco ha acudido y nos ha pedido, a todo el
Pueblo de Dios, que acudamos, que es, precisamente, la oración más antigua en la his-
toria de la Iglesia, la más antigua referida a María, y que ha sido utilizada para pedirle
su ayuda en este tiempo de pandemia. Me estoy refiriendo a la oración que se conoce en
latín con el nombre de "Sub tuum praesidium" = "Bajo tu amparo nos acogemos". Bue-
no, pues, esa oración

"Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios.


No desprecies nuestras súplicas en las necesidades;
antes bien, líbranos de todo peligro,
¡oh Virgen gloriosa y bendita!".
02:00

Es una oración que le confiesa a ella como Madre, santa Madre de Dios, y también
como Virgen, porque dice "oh Virgen gloriosa y bendita". Pues, bien, esta es la oración a
María más antigua de la cristiandad: se descubrió un papiro en Egipto que data del año
250, que recogía (en lengua griega) esta oración. Fijaros hasta dónde se remonta esa
oración. Y, además, aunque ese papiro estaba en griego, sabemos que esta oración tam-
bién se ha rezado en las tradiciones copta, siríaca, armenia, latina (por supuesto)... es-
tamos hablando de la oración más antigua de la cristiandad dirigida a María, en la que
se le confiesa como Madre Dios y también como Virgen.

Bueno, un detalle: Digamos que, en la confesión de María como Madre de Dios, fue
por delante el Pueblo de Dios en su devoción y en su fe confesante, que el Magisterio de
la Iglesia. Esto no es una cosa infrecuente: muchas veces el Pueblo de Dios va por de-
lante, y el Magisterio, a la hora de recoger los dogmas. Por ejemplo, el Pueblo de Dios
fue muy por delante que la Iglesia a la hora de proclamar a María Inmaculada, el Pue-
blo de Dios fue muy por delante al Magisterio de la Iglesia a la hora de reconocerla co-
mo Asunta a los cielos. También así ocurrió en esta ocasión.

03:33

Y voy a comenzar a narrar una pequeña historia que encuadra dónde, de qué mane-
ra se planteó la Iglesia esta confesión de María como Madre de Dios, que es muy alec-
cionadora, creo que es muy pedagógica.

Bueno, nos retrotraemos en la historia hasta la víspera de Nochebuena, el 23 de di-


ciembre del año 428, ni más ni menos. [Insiste con asombro:] Año 428, víspera de No-
chebuena. Estamos en Constantinopla, en la catedral de Sofía, fijaros bien, estamos allí
y había un sermón que lo pronunciaba un tal Proclo, y predicaba delante del Pueblo de
Dios, y, entre el Pueblo de Dios, estaba también sentado, en un lugar destacado, el Pa-
triarca, ¿eh?, aquel Patriarca de Constantinopla que se llamaba Nestorio. Y el Patriarca
también estaba escuchando el sermón del predicador (supongo [sonríe con las cejas le-
vantadas] que no será muy cómodo para el predicador, estar predicando delante del
Patriarca; pero, bueno, así era la cosa).
Y este predicador, Proclo, siguiendo lo que era costumbre afirmar en la devoción del
Pueblo de Dios, habló y dijo que María es Madre de Dios.
Pero aquello no le sentó bien [hace el gesto de negación con la mano y pone rostro de
contrariedad] al Patriarca [ahora esboza una sonrisa], a Nestorio, que estaba sentado,
y, cuando terminó el sermón, Nestorio se subió [señala alto] allí, al púlpito [frunce el
entrecejo parodiando el incontenible enfado de Nestorio], y corrigió al predicador, y dijo
que no estaba de acuerdo con eso de llamarle a María Madre de Dios.
Y, entonces, Nestorio dijo las siguientes palabras:

"María es madre del templo, pero no del Dios que habita en el templo".

Fijaros bien, ¿eh? Dice Nestorio [glosa sus palabras]: María es madre del templo.
Porque, claro, ha dado a luz a Jesús. Pero María no es madre del que habita dentro de
Jesús, que es Dios. Dice: madre del templo pero no del Dios que habita en el templo.
María no le da el Ser a Dios, le ha dado el ser al templo en el que Dios habita. Luego no
es Madre de Dios, dice Nestorio.

05:40
Ahí se armó un revuelo tremendo, y los allí asistentes empezaron también a hablar
en voz alta y a contradecir a Nestorio, y a darle la razón al predicador Proclo, que había
dicho que María es Madre de Dios. Se armó –como se dice en español– la marimorena,
¿eh?, en aquel templo. Y hubo allí, pues, un abogado, que se llamaba Eusebio1, que se
puso de pie, y, con voz fuerte, le contestó al Patriarca diciendo:

–El Verbo Eterno, por segunda vez nació de la Virgen María.

Esta es una frase pronunciada aquella noche del 23 de diciembre del año 428 en la
catedral de Sofía de Constantinopla.
06:25
Ese abogado –imaginaros la escena– se puso en pie, y le dijo a Nestorio, al Patriarca:
1
El transcriptor no logra oír bien este nombre.
–Un momento: ¡¿Cómo que Santa María no es Madre de Dios?! –dijo–. El Verbo
Eterno, por segunda vez nació de la Virgen María.

Diciendo: A ver, es que el Verbo Eterno, desde toda la eternidad, ha nacido del Pa-
dre, pero el Verbo Eterno ha tenido un segundo nacimiento, en la carne, y ha sido de
María. Por lo tanto, María es Madre de ese Verbo Eterno en este segundo nacimiento,
es Madre de Dios.
06:54
Bueno, como os digo, se armó la marimorena, ¿eh? Una gran controversia, y allí,
bueno, pues, esto fue una polémica tremenda, se extendió por toda Constantinopla lo
que había pasado, todo el mundo tomaba posición, y el pueblo fiel, que siempre había
confesado a María como Madre de Dios, que siempre había rezado el Sub tuum praesi-
dium: bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios... el pueblo de Dios, pues, se
indignó:

–Pero ¡¿cómo que María no es Madre de Dios?! Pero, ¡¿cómo es esto, hombre?!

07:20
Y hubo un rechazo popular muy grande frente a Nestorio, y empezaron a boicotear
los actos en los que estaba Nestorio, y el pueblo de Dios no asistía a ellos, porque decían
que su obispo, su Patriarca no confesaba la fe católica. Incluso, se hizo popular un di-
cho, allí en Constantinopla, que decía:

"Tenemos un emperador pero no tenemos obispo".

A ver: queremos un obispo que confiese la fe de María como Madre de Dios. Tenemos
un emperador, pero no tenemos obispo.

Bueno, pues, el personaje providencial que Dios suscitó para (en esta crisis tan
grande, suscitada allí en Constantinopla) guiar la fe del Pueblo de Dios, fue san Cirilo
de Alejandría.
08:08
San Cirilo de Alejandría –instrumento de Dios en esta polémica–, él también era
obispo y entendía que ¡claro que María es Madre de Dios, porque se es madre de la per-
sona, no se es madre del cuerpo. No cabe decir, como decía Nestorio, María es madre del
templo pero no es madre del que habita en el templo. A ver: no se es madre del cuerpo,
se es madre de la persona, de su hijo. ¿Os imagináis que una madre dijese: "Yo soy ma-
dre del cuerpo de mi hijo"? No, no eres madre del cuerpo, eres madre de la persona de
tu hijo, ¿no?
De hecho, fijaros, un pequeño detalle: Cuando uno es padre es que han tenido un
hijo, ¿no?, dicen: "este es nuestro hijo". Ellos han engendrado el cuerpo de su hijo pero
no han engendrado el alma de su hijo. El alma de cada uno de nosotros no ha sido en-
gendrada por nuestros padres, ha sido creada por Dios e infundida directamente, y, sin
embargo, nuestros padres dicen "es es mi hijo"; no se les ocurre decir "no, yo soy padre o
madre sólo de su cuerpo, de su alma no soy madre". No, hombre, eres madre de la per-
sona, eres padre de la persona.
09:26
Bueno, pues, por lo tanto, si los padres y las madres dicen "este es mi hijo" –siendo
así que el alma ha sido infundida por Dios, que, obviamente, ellos no han generado el
alma–, pues así también san Cirilo de Alejandría, él tenía claro: María es Madre de
Dios, no puede ser madre únicamente del cuerpo de Jesús pero no... [concluye:] Es ma-
dre de la Persona.
Pues, bien, fijaros, esto fue un conflicto muy grande, en el que, sobre todo, lo que se
quiso subrayar es que no hay dos Jesuses, que es el Jesús hombre, que tiene a María
por madre, y el Jesús Dios, que no tiene a María por madre, y ése tiene únicamente a
Dios por Padre. No hay dos Jesuses, no. Jesús sólo hay uno, que tiene a Dios por Padre,
y, también, desde el momento en que se ha encarnado, tiene a María por Madre: hay
una única Persona en Jesús, en Jesús no hay dos personas, hay una única Persona,
que es la Persona eterna, el Verbo eterno, que ha asumido ahora también la naturaleza
humana; que, sin dejar de ser Dios, ha asumido también la condición humana. Por la
Encarnación, por lo tanto, María se hace Madre de ese único Jesús, de ese único Dios.
10:49
Antes de venir al mundo, antes de que el Verbo viniese al mundo, obviamente María
no era madre de Dios, pero, desde el momento en que vino al mundo y en la Encarna-
ción tomó carne de la Virgen María, y tomó la condición humana, desde ese momento,
María también es Madre de Dios.
Esta fue la polémica que allí se suscitó. Bueno, en medio de aquel lío tan grande,
tanto Nestorio como san Cirilo de Alejandría, que eran los dos grandes oponentes, aun-
que, como os digo, el Pueblo de Dios estaba con san Cirilo de Alejandría, apelaron al
Papa. El Papa era Celestino I, y le dio la razón a Cirilo, y se la quitó a Nestorio, y el
Papa dijo:

"Nestorio divide a Cristo".

¿Qué quiere decir eso de que Nestorio divide a Cristo? Claro, es que Nestorio dice:
aquí hay dos Jesuses, y María sólo es madre del Jesús hombre, no es madre del Jesús
Dios.

¡No, es que Persona no hay más que Una, que es la Persona Divina, que ha tomado
la naturaleza humana!, luego María es Madre de la única Persona que es el Verbo
hecho carne.
11:56

Entonces, se convocó un gran concilio, que es el Concilio de Éfeso, en el año 431, fija-
ros bien, ¿eh?, 431: sólo tres añitos después de aquel conflicto de aquella noche a la que
me he referido, en la víspera de la Nochebuena; tres años después, se convoca un conci-
lio, tres años después de que aquel abogado ([se trinca la comisura derecha del labio]
que tenía que tener bigote aquel hombre, ¿eh?) se puso de pie en el templo y le dijese al
Patriarca:

–¡¿Cómo que María no es Madre de Dios?!


12:28
Se convoca ese Concilio, en el que se confiesa que en Jesús no hay dos sujetos, hay
Uno, Único, que, siendo Dios, ha asumido la naturaleza humana, y María, por la En-
carnación, se hace Madre de la única Persona, «theotokos» = Madre de Dios. Entonces,
en el Concilio de Éfeso se confiesa tehotokos, Madre de Dios.

Aquella fue una gran fiesta. Sabemos (por la descripción de algún autor de aquel
tiempo) que todos los Padres conciliares estaban reunidos en la casa en la que procla-
maron que María es Madre de Dios, theotokos, eso que el Pueblo de Dios, desde el pri-
mer momento, había confesado en su fe pero que el Magisterio de la Iglesia tardó más
tiempo en decirlo de esa manera tan solemne y explícita, theotokos, Madre de Dios, y,
alrededor de la casa en la que estaban todos los Padres conciliares, el Pueblo de Dios
rodeó aquella casa con antorchas encendidas [revive tanto el momento que parece coger
una e invitarnos a hacer lo mismo] en la noche haciendo una gran fiesta, ¿no?: la fiesta
de la proclamación de Santa María Madre de Dios.

13:38
Ésta es la historia. Qué hermosa es, ¿verdad?, qué hermosa es esta historia. Es una
historia que, por cierto, no quiero ahora perderme por el camino, ¿no?, pero es una his-
toria que retrata un pueblo de Dios enamorado de su fe. Un pueblo de Dios que tiene un
perfil que [levantando el puño] pelea y lucha por lo que verdaderamente importa en
esta vida, que es por las verdades de fe; que nadie nos arrebate la fe, que nadie nos
arrebate el tesoro de la fe. Ver al pueblo de Dios allí luchando por la confesión de María
como Madre de Dios, uno se enamora de ese pueblo, ¿no?, porque es un pueblo ham-
briento de conocer las verdades de la Revelación.
Hoy en día, sin embargo, ¿nos imaginamos a nuestro pueblo luchando [cierra los pu-
ños] y discutiendo por las verdades de la fe? Nos vemos muy entretenidos en frivolida-
des, en tonterías, en las redes sociales, en las televisiones... a veces luchando, discu-
tiendo por ideologías políticas, siendo así que, al final, por muy distintos y enfrentados
que aparezcan también los políticos, todos participan de las mismas frivolidades; vemos
un pueblo que, fácilmente, cae en esa estrategia de «pan y circo», de tenernos, fácilmen-
te entretenidos y distraídos de lo fundamental. Aquel pueblo de Dios entendió que lo
principal era recibir el don de Dios, que es el de la Madre de Dios. Ella es Madre de
Dios, y porque es Madre de Dios, [a modo de conclusión lógica:] puede ser Madre nues-
tra.
15:05
Bien, pues así nació la confesión de fe de María como Madre de Dios. Lo tenéis en el
Catecismo de la Iglesia Católica en el punto 495, y en el Compendio del Catecismo de la
Iglesia Católica en el punto 95 (sabéis que hay una versión de Catecismo mayor –ahí es
el punto 495– y hay una versión menor, que se llama el Compendio –allí es el punto 95),
allí tenéis recogida la fe de la Iglesia Católica confesando la Maternidad Divina de Ma-
ría.
Allí se dice que "la santísima Virgen María es propia, real y verdaderamente Madre
de Dios, pues engendró según la carne al Verbo de Dios encarnado.

¿Qué bases escriturísticas tiene esta afirmación de fe?

Bueno, pues, un texto muy importante, el que ayer ya reseñamos, ¿no? (en ese reco-
rrido que hicimos de dónde están las bases escriturísticas de la fe mariana), uno es el
texto de Gal 4, 4:

"Cuando llegó la plenitud del tiempo envió Dios a su Hijo nacido de mujer".

Es decir, sin dejar de ser Dios, el Verbo, la segunda Persona de la Santísima Trini-
dad asume la existencia humana, según la carne humana. Cuando llegó la plenitud del
tiempo, envió Dios a su Hijo nacido de mujer.

El texto también de Mt cap. 1º, versículos del 18 al 23, en el que se nos narra cómo
iba a ser el nacimiento del Salvador, nos da pistas muy importantes para entender que
María es Madre de Dios, cuando, por ejemplo, allí se afirma:
"La criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo, dará a luz un hijo y tú le pondrás
por nombre Jesús porque él salvará a su pueblo de sus pecados",

a ver, ¿quién es el que puede salvar a los pueblos de los pecados?; ¿quién es el que pue-
de perdonar los pecados? Sólo Dios. Si éste que nacerá de ti va a salvar al pueblo de
sus pecados, es que es Dios, porque el pecado es una ofensa contra Dios; luego quien
perdona el pecado sólo puede ser Dios. Es una confesión implícita de la Maternidad Di-
vina.
17:26
O, por ejemplo, cuando ese mismo texto de Mt al que me refiero, dice (ve cumplida la
profecía):

"Para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por medio del profeta: –Mirad, la
virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa
«Dios con nosotros»".

Por lo tanto, ahí también claramente, ¿no?, la Maternidad divina de María expresada
en esta base bíblica.

17:56
Bien. ¿Qué sentido y alcance tiene esta afirmación: que María es Madre de Dios, este
dogma?
A ver, implica una relación personal única de una persona humana con Dios, que la
coloca por encima de todo el resto de las criaturas. María está por encima de todo el re-
sto de las criaturas por esa relación tan directa de haber sido Madre de Dios. Sin dejar
de ser criatura, porque María no ha dejado de ser criatura; María no es una diosa, no,
María... nosotros no le confesamos, a María, como una divinidad, en absoluto. Es una
criatura, es una criatura humana, pero que, por el hecho de haber sido Madre del Ver-
bo Encarnado, confesamos, con propiedad, que es Madre de Dios, porque ese Verbo En-
carnado es Dios, ¿eh?
La Maternidad divina implica una comunión, la comunión más íntima que puede
darse entre Dios y el hombre. Es imposible que se llegue a una comunión, una intimi-
dad superior que la que María ha podido tener –tiene– con Dios.
19:07
¿Qué estamos diciendo con esto? Bueno, pues, esto que estamos diciendo, igual que
el Padre, Dios Padre, la primera Persona de la Santísima Trinidad ha engendrado al
Hijo (la Naturaleza Divina del Hijo), María ha engendrado la naturaleza humana, y,
por lo tanto, le integra a María, junto con el Padre, en un Misterio salvífico, y de aquí se
deriva, con esa Persona Divina, que es Jesús, María tiene una relación de consanguini-
dad, semejanza y autoridad moral: esto es ser Madre de Dios, ¿eh?, Madre de Jesús:

– Consanguinidad, puesto que ella le dio la naturaleza humana, pues Jesús no tiene
padre humano. Está claro [con cierta jocosidad:] cuál sería el grupo sanguíneo de
Jesús... Pues, con toda seguridad, sería el de su Madre, porque, obviamente, no tenía
padre humano. Luego tiene una relación de consanguinidad plena.
– Semejanza. No sé si lo habéis pensado, pero, sin duda alguna, Jesús se parecería a
su Madre. La gente diría: "¡Cómo se parece Jesús a María!".
– Y también tenía una relación de autoridad moral, porque, por el derecho natural, «el
hijo obedece al padre y a la madre». Y así se expresa, por ejemplo, cuando Jesús se
pierde en el Templo, y dice que "siguió sometido a su autoridad, sujeto a ellos, en Naza-
ret".

21:30
Todo ello supone una relación singular de una persona humana, llamada María,
con una de las tres Personas de la Santísima Trinidad... mejor dicho: con cada una de
las Personas de la Santísima Trinidad tiene una relación muy especial.
Se dice de María, que es

"Hija de Dios Padre,


Madre de Dios Hijo,
Esposa de Dios Espíritu Santo".

Esa condición de hija de Dios Padre, también nosotros, los bautizados en Cristo, la
tenemos. Pero, claro, la condición de María de Dios Hijo... ¡no! Esa la tiene únicamen-
te ella.

Y ¿qué decir de esa expresión, de ese ser Esposa del Espíritu Santo?

Permitidme una pincelada, aunque sea muy sencilla, al respecto. Sí, María, también
Esposa (hija de Dios Padre – Madre de Dios Hijo – y Esposa de Dios Espíritu Santo).
Decimos eso porque ella se ha convertido, en primer lugar, en templo y en sagrario. Sí,
ella es templo y sagrario del Espíritu Santo, que habita en ella. Pero, además, también
es esposa, pues el Espíritu Santo suplió, de forma milagrosa, la acción del varón en la
concepción. Recordad el Credo:

"Et incarnatus est de Spiritu Sancto ex Maria Virgine" = "Se encarnó por obra del Espí-
ritu Santo de MaríaVirgen".

En ese sentido decimos que es Esposa de Dios Espíritu Santo, aunque no se le puede
llamar al Espíritu Santo propiamente padre de Jesucristo, porque, obviamente, no pro-
cede de Él como cualquier hijo de su padre, sino que es engendrado del Padre y del
Espíritu Santo.
23:00
Bien. ¿Esto es algo abstracto lo que estoy diciendo? Estamos hablando de unas abs-
tracciones teológicas [mueve, en el aire, unas manos incapaces de agarrar algo intangi-
ble] que nos perdemos en ellas... ¡No, no, no!, esto, de abstracto tiene muy poco. ¿Por
qué? Porque María precisamente es Madre de Dios porque tiene esta relación tan sin-
gular con el Padre, con el Hijo y con el Espíritu Santo: porque es así, porque podemos
llamarla verdaderamente Madre de Dios, todo eso ha acontecido por nosotros los hom-
bres, y por nuestra salvación. Es decir, María ha sido introducida en una relación tan
especial con Dios por el bien de TODA LA HUMANIDAD, para que, así, pueda ser ma-
dre nuestra. ¿Cómo puede una mujer ser madre de todos? Es imposible ser madre de
toda la humanidad. Es que primero ha sido Madre de Dios y, siendo Madre de Dios,
puede ser Madre de todos nosotros. Si no le confesásemos a María como Madre de Dios,
sería imposible que fuese Madre nuestra.
Por eso no estamos hablando de cosas abstractas. Estamos fundando la razón y el
motivo por el que María llega a tener con nosotros tal relación de intimidad, de ser Ma-
dre de todos y cada uno de nosotros.
Por lo tanto: dogma principal de nuestra fe es el dogma de la Maternidad Divina de
María.

Vamos, si os parece, con el segundo de los dogmas que hoy quería desarrollar. Por-
que el "Sub tuum praesidium" (recordadlo) dice: "Bajo tu amparo nos acogemos, santa
Madre de Dios. No desoigas nuestras súplicas en las necesidades, antes bien, líbranos
de todo peligro, oh Virgen gloriosa y bendita".
24:18
Luego en esa oración, tan popular, la más antigua –decíamos– de la historia de la
cristiandad, se confiesa no únicamente la Maternidad Divina, sino también la Virgini-
dad de María, porque dice "Virgen gloriosa y bendita".

Bueno, vamos a hablar de la Virginidad de María.

La Maternidad Divina de María fue tan real como excepcional, como lo prueba el
hecho de que compaginó ser madre y ser virgen. ¿Se puede compaginar ser madre y ser
virgen?, ¿eso es posible? Eso únicamente ha acontecido en María. Podéis leerlo en el
Catecismo de la Iglesia Católica en los puntos 496 al 500, y en la versión más simplifi-
cada del Catecismo (la que llamamos Compendio), tenéis los puntos 98 y 99.

25:19
Bien, el concepto, por cierto, lo que allí se afirma es que María es virgen porque con-
cibió a Jesucristo por obra del Espíritu Santo, sin concurso de varón. Dio a luz al Salva-
dor sin que se produjeran en ella los efectos del alumbramiento, es decir, también vir-
gen en el parto, y, después de dar a luz a Jesús, no tuvo otros hijos ni relaciones carna-
les. Eso es lo que podéis leer con detenimiento en esos puntos del Catecismo a los que
me he referido.
Por cierto, el concepto de virginidad (es decir, que María es virgen) implica tanto la
integridad física como la virginidad espiritual; no es únicamente la afirmación de que
María fue madre sin tener relaciones con un varón, sino también es el concepto de vir-
ginidad espiritual, en el sentido de que María tuvo un corazón indiviso, plenamente
enamorado de Dios y plenamente entregado a Dios. Se habla, por tanto de virginidad en
el sentido físico, pero también virginidad en el sentido espiritual.

26:32
Yo soy consciente... tenemos que ser conscientes que decir que la Virgen María es
virgen –ahora hablaremos, ¿no?, antes del parto, en el parto y después del parto, ya nos
adentraremos–, pero la afirmación de la virginidad de María en nuestro tiempo es muy
contracultural: en esta generación nuestra, que ya es la generación después del «mayo
del 68», que dejó esa huella tan de hipersexulización, pues, nuestra cultura, tan hiper-
sexualizada, es muy refractaria a un concepto como el de la virginidad. ¿Qué sentido
tiene hablar hoy en día, ¿no?, a este mundo que, después de mayo del 68... ¿qué razón
de ser, qué motivo tiene en un momento en el que el mundo entiende que es ridículo tal
cosa.
27:35
¿Acaso esto nació de un tiempo histórico en el que se minusvaloraba la sexualidad o
el matrimonio? ¿Será quizás porque en aquel tiempo el matrimonio o la sexualidad se
minusvaloraban, entonces, por ello, se recurrió a esta imagen de que María la Madre de
Dios, fuese virgen, y no podía tener relaciones con un hombre?
En absoluto.
De hecho, fijaros, en los primeros siglos del cristianismo existieron algunas herejías
que, precisamente, se caracterizaban por considerar impuro el matrimonio o impuras
las relaciones sexuales, y la Iglesia las consideró como herejías. Luego en absoluto hay
que decir que la afirmación de que María es Virgen ha nacido de que en aquel contexto
histórico nos avergonzásemos o sintiésemos como menos pura la relación conyugal, no,
no, en absoluto. La relación conyugal es santa, ¡claro que es santa! Y, obviamente, la
Virgen María fue hija de esa relación conyugal de sus padres, igual que José.
La razón es, pues, muy distinta: la razón no es otra que había una conveniencia, era
grandemente conveniente que Dios viniese al mundo de esta manera, a través de una
madre virgen, porque de esa manera se iba a manifestar al mundo que ese Jesús tiene
una naturaleza divina y una naturaleza humana: Jesús es verdadero Dios y es verda-
dero hombre. Y el hecho que se encarnase de las entrañas de la Virgen María, que to-
mase carne de las entrañas de la Virgen María, que tuviese –permitidme esta expre-
sión– ese cordón umbilical unido a María y que de ella recibiese la carne y la sangre,
implica que es verdadero hombre.
29:34
Es decir, Jesús, el Hijo de Dios, no vino traído por unos ángeles del cielo, no: tomó
carne de la Virgen María. Y, así, se remarca, se subraya su verdadera condición huma-
na. Pero el hecho de que fuese concebido no por concurso de varón, como el común de
todos nosotros, no por relación sexual, sino por obra del Espíritu Santo, esto subraya,
visualiza, ¿no?, el hecho de que Jesucristo no sólo es verdadero hombre, es que es ver-
dadero Dios. Y que era preexistente, desde toda la eternidad.
Dios podía haber hecho las cosas..., obviamente Dios es todopoderoso, y Dios podía
haber venido al mundo de muchas maneras. Podría Dios haber venido al mundo sin ne-
cesidad de hacerlo como lo hizo con María de esa manera. Sí, claro, Dios podría haber
elegido otros caminos.
Pero el hecho de que eligiese este camino, esta forma, fue máximamente pedagógico.
Porque si Él hubiese venido traído por unos ángeles del cielo, todo el mundo diríamos
"Es Dios, pero ¿es hombre?". No parece que sea hombre, ha venido traído desde las nu-
bes.
Y, si hubiese nacido Jesús de una relación carnal normal (como cualquiera de noso-
tros), de la relación de María y de José, todo el mundo diría "Pues, ¡claro que es hom-
bre!, pero ¿es Dios? No parece que sea Dios...".
31:03
Por lo tanto, la forma en la que Dios llevó adelante esa llegada del Verbo al mundo,
manifiesta su verdadera humanidad (puesto que tomó carne de las entrañas de la Vir-
gen María), y su verdadera divinidad, puesto que fue concebido por obra y gracia del
Espíritu Santo. Esta es la razón, la razón última por la que entendemos que Dios ha
llevado a cabo su voluntad salvífica por este camino.
Bien (aunque sea, necesariamente, de una manera breve), permitidme que me ex-
playe en lo siguiente. La fe católica no habla de la virginidad de María sin más, sino
que especifica y dice que María fue virgen antes del parto, que María fue virgen en el
parto y que María fue virgen después del parto. Esta es una tradición inequívoca. Por
ejemplo, san Ignacio de Antioquía, por ejemplo los obispos africanos también, del siglo
VI, decían "virgen antes del parto, virgen durante el parto, virgen después del parto".
Por ejemplo, san Ildefonso en España, en el siglo VII, dice:

"Virgen antes de la venida del Hijo. Virgen después de la generación del Hijo. Virgen en
el nacimiento del Hijo".

32:35
Es decir, esta afirmación de la virginidad de María perpetua antes, en el parto y
después del parto, como me habéis escuchado especialmente en la primera de la charlas
de este cursillo de Mariología, decíamos que las fuentes desde las que hemos recibido la
fe, la Revelación, no son exclusivamente la Sagrada Escritura sino también la Tradición
de la Iglesia: desde la Sagrada y desde la Tradición hemos recibido la Revelación. Bien,
pero vamos, ahora, a ver de qué manera esta virginidad está presente en la Sagrada
Escritura.
La virginidad antes del parto, pues, es la que está subrayada, recogida de una ma-
nera más clara tanto en el cap. 1º de san Mateo como en el cap. 1º de Lucas, donde se
dice que fue engendrado por obra del Espíritu Santo, y que no es José quien engendra a
Jesús. Allí está afirmado de una manera muy clara, ¿no?, esa virginidad de María antes
del parto.
Hay algo misterioso, que no se aclara plenamente en los evangelios, pero que sí lo
quiero citar, y es que, cuando María recibe el anuncio del ángel, ella dice "¿Cómo será
eso pues no conozco varón?". Estando ya desposada con José, el hecho de que María di-
jese no conozco varón parece que está insinuando que existía también la voluntad del
compromiso de vivir en una relación con José en virginidad.
Bien, pero lo que está claro es que la afirmación de que Jesús fue concebido sin con-
curso de varón, es clara, tanto en Mateo como en Lucas.

34:10
Damos un paso más. Porque el dogma afirma que fue Virgen no solo antes del parto.
En el propio parto fue virgen. Y esto, obviamente, no tiene bases escriturísticas tan
fuertes como lo anterior, pero sí tiene bases en la Tradición, que, desde el primer mo-
mento, lo confesó de una manera inequívoca.
Aun así, aunque no tenga bases escriturísticas tan fuertes como lo anterior, fijaros
en un detalle: del cap. 1º de san Lucas, versículo 35, cuando dice:

"El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra;
por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios".

Algunos escrituristas descubren en ese "Santo", "lo santo", es decir, hablan como al-
go ontológico. Recordad que ese "parirás con dolor" es fruto, es una consecuencia del
pecado original, y, sin embargo, en ese momento en el que María ha sido preservada del
pecado original, está reconociendo como que también ese momento del nacimiento tam-
bién es un momento que está preservado de las consecuencias del pecado original.
Hay un detalle que posiblemente no sea muy conocido o muy popularmente conocido:
otra posible referencia escriturística a la virginidad en el parto. Me refiero al Prólogo
del Evangelio de san Juan (cap. 1º versículo 13), donde dice:

"Vino a los suyos, los suyos no le recibieron, pero a los que le recibieron les dio poder de
ser hijos de Dios".

Y, luego, dice... aquí es curioso porque añade cómo sigue este texto. Bueno, pues, hay
distintos papiros (porque obviamente no se conserva ningún papiro original tal y como
fue escrito por san Juan, como es lógico), hay copias de amanuenses, que iban copiando
(en aquel tiempo no existía la imprenta) versiones del Evangelio. Bien, la mayoría de
las copias del Evangelio de san Juan, de ese Prólogo, ponen en plural cuando dice "a los
que le recibieron les dio poder ser hijos de Dios, los cuales no han nacido de sangre ni de
deseo carnal sino de Dios". La mayoría de las traducciones se inclina por la versión en
plural (por ejemplo, la Biblia de la Conferencia Episcopal Española): "A los que recibie-
ron a Dios les dio poder de ser hijos de Dios, los cuales no han nacido de sangre ni de
deseo carnal". Es decir que los que acogen a Dios, ellos no han nacido de deseo carnal
sino que son hijos de Dios.
37:26
Pero, fijaros bien, existe también algún papiro que este versículo lo transcribe en
singular, por ejemplo, la Biblia de Jerusalén, en su versión, pone, el versículo 13 en sin-
gular. Y, si fuese así, en esta hipótesis, sería una referencia bastante clara al parto vir-
ginal de María, porque entonces sería la cosa así: "Pues a los que le recibieron les dio
poder de ser hijos de Dios, el cual –no dice los cuales– no ha nacido de sangre ni de de-
seo carnal, sino engendrado de Dios. Este "no haber nacido de sangre ni de deseo car-
nal" se refiere del parto doloroso que está mezclado en la sangre de la mujer. El cual no
nació de sangre ni deseo carnal sino fue engendrado de Dios. Por lo tanto, bueno, es una
consideración, como os podéis imaginar, para especialistas, pero que sepáis que, posi-
blemente, en las distintas versiones del Prólogo del Evangelio de san Juan podéis en-
contrar, tanto la versión en plural como en singular.
38:36
La virginidad de María en el parto, aunque no tiene bases escriturísticas muy explí-
citas, sin embargo ha sido afirmada claramente, íntegramente por la Tradición de la
Iglesia.
Y, otra cosa, ésta también es muy importante que tengamos un rato para explayar-
nos en ella. También es virgen no sólo antes del parto y en el momento del parto (en un
parto milagroso, para entendernos); decir que es virgen en el parto quiere decir que no
sólo concibió a Jesús de una manera milagrosa, sino que también el parto aconteció de
una manera milagrosa.
A veces se dice que fue virgen después del parto. También esto se apoya en la Tradi-
ción. Es decir, que María, después de haber dado a luz a Jesús, no tuvo relaciones
sexuales, que ella vivió con un corazón virginal el resto de su vida. Esto está afirmado
en la Tradición de la Iglesia, no es que tenga, digamos, a un versículo que lo afirme
explícitamente. Hay un argumento de conveniencia, obviamente, que nos dice que sería
absurdo que la concepción de Jesús hubiese sido virginal, y que, luego, María perdiera
la virginidad después de haber tenido a Jesús, es bastante absurdo, ¿eh?, bastante ab-
surdo que la virginidad la guardase en el momento principal de su vida, y que, luego, se
perdiese posteriormente.
40:00
Pero es importante, aunque soy consciente de que a veces, determinadas sectas o
determinadas iglesias o comunidades, a veces, en las que no se cree en la virginidad de
María, suelen argüir algunos pasajes de los Evangelios contra esta virginidad de María
después del parto. Y es verdad que hay algunos textos de la Escritura que podrían in-
ducirnos a un cierto error. Por ejemplo, aparece en el Nuevo Testamento, a veces, en
algunos textos, se habla de los hermanos de Jesús, "eran hermanos de Jesús". Hombre,
pues, si Jesús tuvo hermanos, entonces la Virgen María no fue virgen después, tuvo
más hijos con José. Y, es más, en algún pasaje se da hasta los nombres de esos herma-
nos de Jesús: se dice que se llamaban Santiago, José, Simón, Judas. A ver, ¿Entonces
Jesús tuvo más hermanos? A ver, El Compendio 2 del Catecismo de la Iglesia Católica
dice explícitamente el punto 99:

"Por tanto, cuando los Evangelios hablan de «los hermanos y las hermanas de Jesús»,
se refiere a parientes próximos de Jesús, según la expresión empleada por la Sagrada
Escritura".

2
Dos palabras añadidas por el transcriptor.
Esta es la opinión más difundida: que esos, parientes, hermanos de Jesús, en reali-
dad son parientes. Ahora vais a ver cómo san Jerónimo mismo aclara que no existía en
el lenguaje semítico un término para distinguir «hermano» de «primo», no, eran primos,
eran familiares, ¿no?

También voy a decir una cosa, y es que existen en algunos evangelios apócrifos, por
ejemplo el Protoevangelio de Santiago y algunas vidas bizantinas de María (son evange-
lios de los siglos posteriores) en los que recurren (para explicar esto de que los Evange-
lios hablan de los hermanos de Jesús) a la explicación de que José se casó con María
siendo viudo, o sea que José había tenido anteriormente otro matrimonio, y que, cuando
los Evangelios hablan de los hermanos de Jesús, se refieren a los hijos que José había
tenido en el antiguo matrimonio. Pero, vamos, esto es una afirmación de evangelios
apócrifos de siglos muy posteriores, que, con toda probabilidad, estos evangelios eran
desconocedores de que esa aparente contradicción se explicaba porque en los lenguajes
semíticos no existía un término para distinguir, pues, el concepto de hermano o de pri-
mo.
42:48
Si seguimos a san Jerónimo, que fue el que tradujo la Sagrada Escritura al latín, el
que hizo el INMENSO servicio, nos quitaremos el sombrero toda la vida ante él porque
fuese a Belén, él quiso traducir la Biblia al latín (que durante siglos y siglos, práctica-
mente hasta el Concilio Vaticano II ha sido la versión, la única versión que hemos utili-
zado), él fue al lugar en el que Jesús nació, para, allí, junto a la cueva de Belén, allí
mismo traducir la Biblia al latín. Pues, bueno, san Jerónimo, que él sí era verdadera-
mente un conocedor de todas las lenguas semíticas y del griego, por supuesto, hizo la
traducción al latín. San Jerónimo es el que explica esa aparente contradicción: cómo
hay textos en el Evangelio que dicen "estos son los hermanos de Jesús", "tu madre y tus
hermanos están ahí fuera, Santiago, José, Simón y Judas", porque, obviamente, en el
lenguaje semita, repito, no hay una palabra específica para primo, sobrino, cuñado; no:
todo eso se mete dentro de un único concepto: es el de hermano, hay un único concepto
para decir hermano, que significa tanto nuestro hermano, como primo, como sobrino,
como cuñado incluso; ¿por qué?, porque era una cultura en la que la familia era mucho
más extensa. Nosotros somos hijos de una familia mucho más nuclear, en la que hay
una diferencia tremenda entre ser hermano o primo, pero, en aquel tiempo en que la
familia era mucho más amplia, pues, ser hermano o ser primo estaba metido bajo el
mismo concepto.
44:35
Además, fijaros en una cosa: un texto que es una aclaración muy interesante la que
voy a decir ahora, que, aunque haya en estos textos evangélicos, se hable de los herma-
nos y las hermanas de Jesús, en [acentúa mucho la negación:] ningún momento se dice
que estos hermanos y hermanas de Jesús sean hijos de María, eso no se dice nunca.
Esos hermanos y hermanas de Jesús son sus primos, nunca se dice «son hijos de Ma-
ría». Y, más todavía, que es la prueba práctica de que esto es así: en Mc 15,40 aparecen
Santiago y José (estos que se dice que eran hermanos de Jesús), se dice que eran hijos
de otra María distinta de la Virgen María, con lo cual el entuerto está solucionado, por-
que si resulta que estos que se dicen hermanos de Jesús (en este caso en concreto son
Santiago y José) eran hijos de otra María distinta de María la madre de Jesús, entonces
es obvio que ésta es la única interpretación posible; esto es lo que acontece con lo refe-
rente a Mc 15,40.
Bien, también a veces se aduce (para decir que existen textos bíblicos contradictorios
con la afirmación de que María fue virgen después del parto), se alega que en Lc 2,
versículo 7, a Jesús se le llama el hijo primogénito: María dio a luz a su hijo primogéni-
to. Hombre, si María dio a luz al hijo primogénito, quiere decir que, luego, tuvo más
hijos, ¿no?, porque el primogénito es el mayor. Si Jesús es el primogénito, pues, luego,
también tuvo otros hijos.
No. El hecho de llamarse primogénito no significa que no sea unigénito. Se puede
ser primogénito y unigénito, ser el único. De hecho hay pasajes bíblicos donde se llaman
primogénitos al hijo único, por ejemplo Zacarías 12,10. Luego la propia Sagrada Escri-
tura es testigo de que el término primogénito no quiere decir que tuviese más herma-
nos.
46:51
Bien, creo que era importante también hacer estas afirmaciones y aclaraciones.

¿Cuál es el sentido teológico de la Virginidad?

Así como antes yo he hablado de cuál es el sentido, la razón de ser de qué supone
para nosotros la afirmación de que María sea Madre de Dios, cuál es el sentido teológico
de la Virginidad.
Fijaros, la virginidad antes del parto, como he dicho, está ligada a la confesión de la
divinidad de Jesucristo. El hecho de que María concibiese no por concurso de varón sino
por obra del Espíritu Santo, está recalcando que Jesucristo es Dios, no sólo hombre.Y
está recalcando la gratuidad de la salvación que viene de Dios. Y está recalcando que
Jesucristo es la plena novedad en el Reino de Dios, porque es verdad que también en
el Antiguo Testamento hubo mujeres que siendo estériles, sin embargo, concibieron de
una manera milagrosa a pesar de su esterilidad. Pero en este caso no es esterilidad, es
que en este caso es sin concurso de varón, y eso supone una novedad plena: Jesucristo
es la plena novedad en la Revelación de Dios. Y es Dios el que tiene la iniciativa divina,
pues no es María quien hace, de Cristo, su hijo, sino que es el Verbo quien hace, de ella,
su Madre. La iniciativa es de Dios y esto es lo que se remarca. La virginidad antes del
parto, la concepción virginal de María, está remarcando la divinidad de Jesucristo. La
salvación viene del cielo.

48:32
En segundo lugar: la virginidad en el parto, el hecho de que María tuviese un parto
milagroso, quiere decir que ella no perdió su integridad, subraya que la salvación de
Cristo afecta a todo el cuerpo. Dios no es sólo salvador de nuestra alma, también es sal-
vador de nuestro cuerpo, es que nuestro cuerpo está llamado a la resurrección. Este
cuerpo nuestro que es tan, pues eso: tan débil, tan decrépito... ese cuerpo nuestro [con
contundencia:] está llamado a la salvación [hace una pausa meditativa], y ese hecho
milagroso lo está subrayando, lo está recordando. Además, recordad que el parto dolo-
roso está descrito en la Sagrada Escritura como una consecuencia del pecado original:
"Parirás con dolor". Y María, que ha sido preservada del pecado original y es totalmente
purísima y santísima, fue también preservada de la consecuencia del pecado original
que está descrita en el libro del Génesis como el "parirás con dolor".
49:36
Y ¿qué significado tiene que María, después de haber tenido a Jesús, continuase
siendo virgen toda su vida? Pues quiere decir, tiene un significado muy claro y es que
ella, su corazón, no tenía otro esposo que no fuese Dios mismo. Tiene un corazón indivi-
so y en cuerpo entero, en corazón indiviso María es de Dios.
No es que esto sea por minusvaloración del matrimonio, por minusvaloración de
José, que, como os he dicho antes, muy posiblemente, existen datos (y eso está afirmado
también en distintos evangelios apócrifos) que nos permiten sugerir que tanto María
como José siempre habían tenido una decisión de tener una relación virgen. No es por
minusvaloración del matrimonio sino que es porque, a veces, Dios da (como ocurre hoy
con la vida consagrada) la gracia de sublimar el amor humano en el Amor divino, y por
eso también María tenía un corazón plenamente sublimado en su Amor, integrado ple-
namente en el Amor divino.
50:56
Ocurre, y voy a concluir con esto, que en este momento en el que tenemos una cultu-
ra que está muy contaminada, muy condicionada por el racionalismo, existe una resis-
tencia, ¿no?, a la concepción de la virginidad de María. ¡Parece algo ridículo! Fue la
Ilustración francesa la que introdujo una especie de prejuicio diciendo que Dios no pue-
de intervenir en la Naturaleza, ¿qué es eso de los milagros?, los milagros no son posi-
bles porque Dios no interviene en el mundo, ¿no? Hay como una especie de (según esa
concepción de la Ilustración, del racionalismo)... Dios no puede intervenir en la Histo-
ria.
Y eso, ¿por qué? ¿Porque lo diga usted?
Dios es dueño y soberano de la Historia e interviene en ella, y, claro que existen los
milagros: somos testigos de milagros de curaciones, y, si Dios ha intervenido en muchos
milagros de curaciones, ¿acaso no puede también intervenir como intervino en el mila-
gro de la virginidad de María?
52:02
A veces, también en el seno de la propia Iglesia se han difundido, por desgracia, teo-
rías, explicaciones teológicas secularizantes [junta los puños y enseguida los separa su-
giriendo una explosión devastadora] y secularizadas diciendo que esos pasajes evangéli-
cos en los que se narra la llegada de Jesús al mundo, de una manera milagrosa, la con-
cepción de Jesús sin concurso de varón, que eso son [hace girar ambas manos eviden-
ciando lo retorcidos que son esos argumentos] géneros literarios.
Si me permitís la broma, el cardenal Giacomo Biffi, en un libro que fue muy sonado,
criticaba, pretendía ridiculizar, ¿no?, esta crisis secularizante que existió después del
Concilio Vaticano II. En esa obra suya llamada El Quinto Evangelio, decía que María
recibió la visita del arcángel Gabriel, y el arcángel Gabriel le dijo: "No temas, María,
soy un género literario", permitidme esta broma.
Obviamente, el cardenal Giacomo Biffi, que descanse en paz, que Dios lo tenga en su
gloria, con esto quería ridiculizar, desenmascarar esa secularización interna en la vida
de la Iglesia, que, por ejemplo, se plasmó en el llamado Catecismo Holandés, en el que,
en aquel momento crítico después del Concilio Vaticano II, llegó a decir que la virgini-
dad de María no había por qué entenderla en el sentido biológico de la palabra.
Y hubo autores, como Schonenberg, etc., que afirmaron tal cosa, con gran disgusto
de Pablo VI. Pablo VI tuvo que [con insistencia:] responder y corregir el Catecismo
Holandés, y volver a afirmar la Virginidad de María, y él publicó el Credo del Pueblo de
Dios para responder a los errores de aquel Catecismo Holandés.
54:05
Es decir, es que la confesión de la fe cuesta sangre y lágrimas, sudor y lágrimas.
Sangre, sudor y lágrimas le han costado a la Iglesia ser fiel en la confesión de la fe en
estos dos mil años.
Seamos fieles también en la confesión de la Virginidad de María, y en la confesión de
la Maternidad Divina de María.

54:22
Un teólogo llamado Joseph Ratzinger, un [con admiración:] joven teólogo publicó un
libro (en aquellos años de secularización después del Concilio en los que se escuchaban
cosas como esa que he dicho), escribió un libro, Introducción al Cristianismo, que, posi-
blemente, ha sido de los libros más difundidos en la teología, que, gracias a Dios, ese
teólogo, jovencito (que había sido un perito en el Concilio Vaticano II), ese joven teólogo
no caía en ese error que se estaba convirtiendo en muy generalizado de negar que la
virginidad de María también fuese biológica y no sólo entenderla en un sentido metafó-
rico espiritual; ese teólogo joven, en ese libro de Introducción al Cristianismo afirmaba
taxativamente que la concepción virginal de María aparece desde el primer momento en
el Símbolo de la Iglesia (en el Credo): "Nació de María virgen".
La Iglesia NUNCA ha rezado el Credo de otra manera. Desde el primer momento en
que empezó a rezar el Credo, dijo "Nació de María virgen": es la expresión de la Iglesia
desde siempre.
Bueno, pues, bendito sea Dios que ese joven teólogo (luego, fue Papa), Dios se sirvió
de él y de tantos otros pastores de la Iglesia para confesar que María es Madre de Dios
y que es Virgen perpetuamente.

Un saludo a todos, y continuaremos mañana Dios mediante.

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