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Cosmovisión Andina

La cosmovisión andina considera que la naturaleza, los seres humanos y el Pachakamak (Dios creador del universo) forman un todo interrelacionado. La tierra (Pachamama) es sagrada y se la considera una madre que da vida. Los rituales agrícolas rinden homenaje a la tierra y buscan mantener el equilibrio cósmico.

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Cosmovisión Andina

La cosmovisión andina considera que la naturaleza, los seres humanos y el Pachakamak (Dios creador del universo) forman un todo interrelacionado. La tierra (Pachamama) es sagrada y se la considera una madre que da vida. Los rituales agrícolas rinden homenaje a la tierra y buscan mantener el equilibrio cósmico.

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COSMOVISIÓN ANDINA

  (-LA MADRE TIERRA    -RELIGIÓN    -MITOLOGÍA Y COSMOVISIÓN)

La Cosmovisión Andina, considera que la naturaleza (pacha mama), el hombre y


el Pachakamak (Dios hacedor del universo), son un todo que viven relacionados
perpetuamente. Esa totalidad vista en la naturaleza, es para la Cultura Andina, un
ser vivo. El hombre tiene un alma, una fuerza de vida, y también lo tienen todas
las plantas, animales y montañas, etc., y siendo que el hombre es la naturaleza
misma, no domina, ni pretende dominar. Convive y existe en la naturaleza, como
un momento de ella.
La revalorización de las culturas originarias y la reafirmación étnica, tal como se
manifiestan actualmente entre los pueblos del mundo andino, son una
consecuencia de la toma de conciencia de miles de hombres y mujeres, que
redescubrieron los tesoros que nos dejaron nuestros ancestros.
Este proceso de revitalización cultural, tiene sus guías y sus líderes que alertaron
a los niños y jóvenes contra tentaciones alienantes que desvalorizan lo que les
enseñaron nuestros padres y abuelos. Estos guías han sido maestros creativos,
que supieron combinar los conocimientos académicos adquiridos con el saber
popular y comunitario. No siempre fueron comprendidos, pero divulgando sus
convicciones con entusiasmo, han alimentado una corriente que ya nadie puede
parar.
En cuanto a lo que nos corresponde reflejar sobre la Herencia Cultural y de
Identidad Nacional, recibida de nuestros antepasados, y como Patrimonio Natural
de la Civilización andina, tenemos como símbolos del Tawantinsuyu a las estrellas
del firmamento, como el TATA INTI (Padre Sol), La MAMA KILLA (Madre Luna)
que representa la fuerza DUAL del hombre andino, también el KARI - WARMI
(Hombre – Mujer), la pareja unida dentro de la convivencia nativa.
La sagrada CHACANA (La cruz del sur), que representa la organización socio
política y económica de los cuatro territorios pertenecientes al Tawantinsuyu, el
cual se subdivide en los Ayllus del hanak suyu (Posesión de arriba) y del Ura suyu
(Posesión de abajo).
 

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LA LLAKTA, que representa la unidad y la igualdad en la sociedad dentro de lo
que es el sistema del Ayllu comunitario.
LA MINGA, que representa el sistema de reciprocidad y rotación en el trabajo
colectivo o comunitario.
TUTA KUYLLUR (Estrella vespertina) y el PAKARI KUYLLUR (Estrella Matutina),
que representan los pisos ecológicos de los Andes, asimismo el ÑAWI (ojo de
llama) y el KUNTURI TAZIN (anidar del Cóndor), y otros que son los indicadores
del tiempo y el espacio (PACHA).
Entre otros astros, tenemos como representaciones de almacenajes de papa,
maíz, quinua, depositados en PARBAS y MACHIS.
En la Cultura Andina tenemos como Símbolos Culturales, a las flores y plantas
sagradas, a las aves, como el Kunturi (Cóndor), el Kuirikinga y otros. Entre las
fieras, tenemos el Puma, el Atuk y otros. Entre otros animales están también el
Kirkincho, y el Amaru.
Por otra parte también tenemos, como símbolos, las montañas más sobresalientes
de los Andes, como el Chimborazo, Tungurahua, Cotopaxi, Cayambi, Imbabura, y

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otras, que representan a fenómenos vitales de nuestros antepasados, llamados
con el propósito de conmemorar cada periodo, la memoria de los héroes de
nuestra historia y de la mitología andina.
Asimismo debemos destacar, que nuestra gran civilización Andina, tambien tiene
los emblemas del Tawantinsuyu, que se representa en la Wiphala, o Unancha,
presumiblemente desde las primeras civilizaciones preincásica (el glorioso reyno
de kitu, la cual data de 2000, 3000 y 5000 años antes de Cristo, desplegando en sí
el orden sistemático de los colores del arco iris o Kuychi.

La Madre Tierra
- La tierra, dentro del conjunto de elementos que forman la comunidad indígena,
es vida, lugar sagrado, centro integrador de la vida de la comunidad. En ella
vivimos y con ella convivimos, a través de ella convivimos en comunión con
nuestros antepasados y en armonía con Dios Pachakamak. Por eso mismo la
tierra, forma parte sustancial de la experiencia histórica y de su propio proyecto
histórico. En los pueblos indígenas existe un sentido natural de respeto por la
tierra; ella es la Madre Tierra, que alimenta a sus hijos, por eso hay que cuidarla,
pedir permiso para sembrar y no maltratarla.
La tierra se constituye como los cimientos del cosmos, el fundamento de toda la
realidad, el receptáculo de todas las fuerzas sagradas, que se manifiesta en
montes, bosques, vegetación y aguas. Es el lugar y el tiempo, el espacio
primordial. La tierra lo sostiene todo, es la base de la vida. La misma vida humana
está ligada a la tierra de forma profunda. La tierra es matriz de vida.

Existe una connaturalidad entre la tierra y la mujer, concretamente la madre, por


su inagotable capacidad de dar fruto y vida. De ahí nace la devoción y respeto a la
tierra.
Esta relación de la tierra con la vida, se expresa de modo especial en el mundo
vegetal: la tierra ofrece sus frutos a todos sus hijos. De ahí la relación entre la
fecundidad de la tierra y la mujer, especialmente en las sociedades agrícolas. El
trabajo de cultivar la tierra se relaciona con el acto generador. La mujer es surco
abierto en la tierra, mientras que el hombre es el arado y la semilla que se

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deposita en el seno de la tierra. La fertilidad de la tierra se une así a de la mujer.
La esterilidad de la tierra y de la mujer constituyen como un gran castigo.

La Tierra para las civilizaciones del mundo andino y para todas las tradiciones
originarias de América Latina y Caribeña, desde México a la tierra del fuego, la
tierra constituye un lugar sagrado, un espacio privilegiado de encuentro con Dios,
madre buena que da a luz, que cuida y alimenta a sus hijos, les regala montañas y
ríos, el suelo y el subsuelo, es el lugar donde descansan los antepasados y
constituye la raíz de su economía, de su cultura, de su espiritualidad.
La Pachamama Andina no es un simple medio de producción, ni algo profano
como lo conceptúa la visón occidental, sino que es algo sagrado, el centro de toda
su vida comunitaria y religiosa. Un indigena sin tierra es un indigena muerto,
afirman nuestros mayores. La tierra es territorio y forma parte de su mismo cuerpo
personal y social. Existe una comunión profunda entre el pueblo y la tierra. Se le
ofrecen ritos para agradecerle sus frutos y pedirle sus bendiciones. Es como el
rostro femenino y materno de Dios.
El viejo mito todavía se conserva en tierra kichwa: 
"Desde la aurora del universo había dicho la Pachamama: "Yo soy la santa tierra.
La que cría, la que amamanta soy. Pacha Tierra, Pacha Ñusta, Pacha Virgen soy. 

...A mí ustedes me van a llamar, me van a soplar, para las tres personas: Pacha
Tierra, Pacha Ñusta, Pacha Virgen. Ese día yo hablaré. La santa tierra no van a
tocar". Así había dicho la Pachamama...
Esta tierra vive y en ella todos estamos viviendo juntos... Como madre nuestra nos
está amamantando y nos cría. Pero nuestra madre de todas maneras se muere,
nos está absorbiendo. Como a su propio hijo nos está criando. Su pelo crece: es el
pasto, es la lana para los animales. Con este pasto se alimentan los animales...

Pachamama sabe parir, las papas pare, las semillas le entregamos y eso pare.
Pidiendo a Dios le entregamos la semilla...
Le ofrecen despacho a la Pachamama por los productos y por los animales, para
que no se enfermen las crías, para tener buenos productos"

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La tierra merece gran respeto, se le ofrece sacrificios que es el cuidado, se
comparte comida y en todos los ritos del ciclo agrícola; se la temerá cuando se
transite por parajes solitarios. La Pachamama es una y múltiple, está en todas
partes, incluso en lugares agrestes y peligrosos y esta diferenciada en cada
parcela concreta. Pero la tierra no da así nomás. El ciclo agrario tiene que ver con
un rico ceremonial religioso: cuando la tierra se abre, cuando comienzan las
lluvias, el tiempo de la cosecha, etc. 
Los pueblos indigenas convivimos con la tierra y con toda la naturaleza en una
relación armónica y ecológica. Todo esta relacionado: la familia humana, la tierra,
los animales. La tierra es madre, los cerros son los abuelos y los animales y las
plantas son como hermanos de esta inmensa familia cósmica. La tierra madre es
una anciana que ampara a sus hijos y una joven virgen que se renueva
constantemente. Por esto no hay que gastarla, pues la tierra no es para ser
explotada, si no para vivir de generación en generación. Existe una reciprocidad
entre el pueblo indiegena y la tierra, que se manifiesta en los dones que se le
ofrecen en agradecimiento de los que ella nos da. Los ritos agrarios son como una
celebración de la creación, como sacramentos del ciclo vital de la naturaleza.

Existe relación entre el comportamiento social y los frutos de la tierra. El


desequilibrio social en la comunidad (peleas, divisiones, odios, etc. ) repercute
negativamente en la tierra y puede causar mala cosecha. 
La naturaleza y la tierra no es sólo objeto de producción sino de contemplación, es
un misterio al que hay que respetar, conservar en su integridad, en armonía con
toda la creación, buscando la paz con la tierra, con la comunidad y con Dios
Pachakamak. 

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La tierra está ligada al acto creador de la palabra del Primer Padre y la fiesta juega
un papel primordial en toda su estructura cósmica y religiosa.
Pero esta tierra está llena también de males, sobre todo debido al modo de ser de
los humanos, que rompe la armonía y la comunidad. Cautiverio, pestes,
esclavitud, persecuciones.
Religión

Los pueblos indígenas andinos, profesaban auténticamente una religión natural,


basada en la realidad y en su vivencia permanente con el mundo telúrico y
cósmico; adoraban a varios dioses, entre ellos principalmente al creador de todas
las cosas llamado Pachaqamak, también a Wirakocha, según las circunstancias y
necesidades que se les presentaba. Tributaban culto al Sol, porque como pastores
y agricultores recibían del él beneficios; a la Luna por sus ciclos en el agro, y con
mayor énfasis a la Pachamama, considerada la madre tierra que les cobijaba. En
su conciencia, que cada vez reafirma la condición mítica del cosmos y el mundo,
también divinizaban a los fenómenos de la naturaleza como la lluvia, el viento, el
granizo, la nevada, las montañas, los lagos, ríos, ect.
Existieron templos dedicados al Sol, tenían sacerdotes llamados kurakas, que no
eran precisamente para celebrar actos religiosos, sino más para cumplir los
rituales costumbristas. Los yachaks, que miraban en coca, alcohol y en la orina, y
hasta hoy perduran estas costumbres y los más diestros y entendidos se llaman
shamanes, quienes mediante un ritual misterioso traen a los espíritus de personas
vivas o difuntas y a los espíritus de cerros y pucaras que informan sobre las
causas de los problemas existentes en las relaciones interpersonales.
Para la consumación de sus creencias religiosas y el cumplimiento de sus rituales
tan arraigados, como ya es de conocimiento general, los pueblos andinos
tributaban culto a sus divinidades, interpretando el sistema egocéntrico que
considera que la tierra era el centro del universo y que el Sol giraba alrededor de
ella; daban mayor valía al astro rey por recibir de él tantos beneficios como la luz,
el calor y por posibilitar la vida de todos los seres. Entonces conocían de la
división del año en doce meses y cuatro estaciones, dos principales que son:
“tamiapacha” (época de lluvias), y “intipacha”, (tiempo seco o despejado), y dos
intermedios: “tarpuypacha” (mes de la siembra), “tandaypacha” (mes de la
cosecha). 

Además las fiestas principales se celebran teniendo en cuenta los solsticios y


equinoccios, las fases de la luna como: “mushuk killa” (Luna nueva), y “killa junda”
(Luna llena). Al parecer, durante la época precolonial, los pueblos andinos
celebraban tres fiestas anuales: “mushuk wata”, el comienzo del año que era el 21
de marzo, “Chawpi wata”, medio año, y “mawka wata”, fin de año; todo en
conmemoración al Tata Inti, la Pachamama.
Los pueblos andinos distinguían muy bien el cuerpo y el alma, la vida presente y la
otra, por lo tanto sus creencias estaban asociadas con el día de la conmemoración
de los difuntos (Todos Santos). El “aya” (alma o espíritu)... hasta el presente es

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considerado santificado, con grandes influencias en todos los quehaceres de la
vida actual. Por estas mismas razones suponemos que en los antiguos pueblos
construían torres funerarias llamadas “tulas”, para enterrar piadosamente allí a los
difuntos, junto a sus pertenencias personales como objetos de cerámica, tupus,
prendedores y herramientas junto a sus despojos, pero después de constituidas
las naciones y los pueblos en todo el ámbito andino bajo la influencia colonial, hoy
enterramos a nuestros difuntos en los camposantos y cementerios expresamente
construidos para el efecto.
Mitología y Cosmovisión
El mundo de la mitología andina y su cosmovisión, es producto de la vivencia
milenaria de un pasado remoto, del que se conserva su pensamiento mítico hasta
hoy en las comunidades y pueblos andinos, sin olvidar que cada grupo humano o
cultura posee un modelo explicativo del mundo en el que vive, tanto en los
aspectos sociales, como en los económicos y cosmológicos. Para el pueblo
andino, el universo es percibido en tres espacios o niveles llamados pacha:
Hawapacha -. Es el mundo de arriba, del más allá o el cielo.
Kaypacha -. Es el mudo real y visible en el que vivimos.
Ukupacha -. Es el mundo de abajo o el subsuelo.
Cada uno de estos mundos está habitado por seres vivientes organizados por
jerarquías, como una forma de ordenación de los valores conferidos al superior y a
sus subordinados, con influencia directa sobre los hombres.
Hawapacha -. Es el primer plano, allí viven los hombres buenos convertidos en
espíritus, junto a los santos y ángeles cuya providencia es Dios Pachakamak.
Consideran también que allí moran los dioses tutelares de los pueblos andinos, el
Sol, la Luna y las estrellas.
En el pensamiento cósmico del indígena existe una relación recíproca entre el
hombre real de la tierra con las estrellas, es decir que cada hombre o mujer de la
tierra tiene su estrella en el firmamento, por eso cuando muere una persona
también desaparece su estrella en el espacio. El Sol es considerado como el astro
benefactor de la vida y de todo cuanto existe en la tierra (los seres humanos, las
plantas y los animales), y la Luna como la diosa protectora de las mujeres.

Kaypacha -. Es el mundo en el que habitamos todos los seres humanos sin


distinción alguna, con ciertos deberes telúricos, sociales y morales, sujetos a la
prodigiosa acción e interacción con la Pachamama reconocida como la diosa de la
fecundidad. Es el mundo en el que los seres humanos debemos vivir en armonía
entre sí y con las autoridades naturales y en relación próxima con los seres del
más allá.

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El indígena, por el hecho de vivir arraigado a la tierra, contrae una serie de
obligaciones rituales con la Pachamama, que le cobija con su manto dándole los
medios para su subsistencia, conforme a un dicho popular: “Vive en armonía con
la naturaleza y recibirás sus dones en forma generosa y abundante”; en efecto, los
rituales que el habitante andino realizaba y realiza aún, tiene relación con la
naturaleza mistificada, cuyas ceremonias más importantes son:
- La kamari: Sacrificio con animales.
- Finados: Día de los difuntos o Todo Santos.
- Chibil: Semana santa
- Fanesca: Semana Santa
Rinrin chilpina -. En el campo, los rebaños de llamas, alpacas y corderos se
confunden, lo que hace muy difícil reconocerlos, esta es la razón por la que desde
nuestros ancestros se acostumbra marcar las orejas de los ganados, acto que con
devenir del tiempo se convirtió en un rito sagrado. Con este motivo se realiza una
o dos marcas en el pabellón de la oreja del animal, delante o detrás, simple, doble
o triple, de manera que cada familia tiene una señal propia, por la que reconoce a
sus animales. El ritual preparado para el efecto, consiste en que previamente se
alistan hilos y madejas de vistosos colores y se realizan aretes o zarcillos para las
hembras, borlitos de lana de color para los machos, llamados sombreros. Ambos
llevarán adornos de lana de color amarrados en el cuello, en el lomo y en los
brazos, esta ceremonia se cumple con intervalos de dos a tres años y de
preferencia en el tiempo anterior a carnavales.
Finados -. Es el día de los difuntos, en la actualidad se celebra el 1 y el 2 de
noviembre de cada año, con un festín de comidas y bebidas en conmemoración a
los difuntos. El primer día, después de servirse los platos tradicionales, los
invitados y comensales presentes, por indicación de los dolientes, rezan para los
muertos de hasta dos a tres generaciones pasadas. Estas costumbres han echado
raíces profundas desde tiempos inmemoriales, porque se creía en la inmortalidad
del alma, que después de la muerte podía sobrevivir el espíritu y tener influencia
sobre sus descendientes, porque estaba dotado de poderes espirituales como
Pachacámac. Por estas razones esperaban a sus difuntos desde los primeros días
de octubre, colocando en cada casa una mesa con toda clase de comidas en
platos, frutas y masitas pintadas llamadas “wawatanta” como símbolo de
abundancia, que debían bendecir los difuntos al descender. Esta es una herencia
tradicional que aún perdura hasta nuestros días, incluso está establecido de
manera general que si los dolientes no recuerdan a sus difuntos, estos podrían
castigar desde el cielo a su descendencia. Mas tarde se acostumbró retribuir a los
difuntos con ceremonias cristianizadas celebradas por los sacerdotes o pastores.
Ukupacha -. Es el mundo plano, donde se supone vivían los espíritus malos, los
demonios llamados “Supay”, las almas de los hombres y mujeres que en vida
cometieron desmanes inducidos por el diablo, se suponía también que de la
oscuridad de sus abismos saldrían ciertos monstruos destinados a castigar o a
comerse a los malos.

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Como se ha visto, en el mundo andino se usan categorías simbólicas y míticas
para expresar sus observaciones y pensamientos acerca de la realidad que le
circunda. Para el hombre andino, todas las cosas materiales y los seres visibles
del macrocosmos, tienen una relación recíproca y una armonía espacial, entonces,
es a partir de esa cosmovisión que se han desarrollado sus códigos de vida y sus
normas de conducta, en estricta relación con la naturaleza, con sus semejantes y
con sus dioses convencionales. Las infracciones constituyen daños contra la
naturaleza, contra sus congéneres y contra las divinidades.
 EL MATRIMONIO Y SEXO
El matrimonio en el mundo andino es variado y rico por sus particularidades;
presenta ventajas y desventajas para los no indigenas naturalmente, quienes
pueden sentirse incómodos por la poca información y vivencia, pues requiere una
comprensión racional de esta situación. Las diversas obligaciones previas, las
modalidades en la oficialización de la ceremonia matrimonial, la no práctica del pre
matrimonio, etc., llevan a reacciones hasta negativas por parte de mucha gente
occidentalizada.
No se niega que muchas comunidades cercanas a los centros urbanos han sido
invadidas con pseudo costumbres citadinas que son reflejos de Europa medieval.
Se nota claramente la importancia del matrimonio en la sociedad indígena; en no
poder ser jilaqata si no se es casado (a excepcion del huérfano que asume esta
responsabilidad en ausencia de su padre). En el matrimonio indígena se nota el
sometimiento de la mujer al marido o viciversa.
Podemos subrayar que hay principios de reciprocidad, colectividad, igualdad, y
lógicamente un equilibrio natural mancomunado. En el matrimonio indígena no hay
propensos al divorcio; los flamantes novios se integran a la vida comunal de
acuerdo a las leyes naturales y sociales que continuará existiendo mientras los
indígenas existamos.
La dualidad varón y mujer
Para los indígenas la sexualidad significa una dualidad simétrica y la vida humana
no puede ser posible si en la reproducción se carece de la relación física y
simbólica entre varón y mujer, por ello la lógica de mantenimiento de la especie se
articula a partir de la existencia de la armonía de los contrarios, es decir la
oposición necesaria entre el género masculino y el género femenino. La mitología
de los pueblos indígenas esta llena de relatos y cuentos que reflejan la dualidad
de sexos; sobre esto se generan leyes e instituciones destinadas a mantener el
flujo de mujeres en un equilibrio armónico.
Al no existir la dualidad hombre – mujer, la vida no tendría sentido, porque serían
sólo la mitad y no podrían tener hijos, porque si no hubiera mujeres, tampoco
habría hombres y no existirían los animales ni la naturaleza. La mujer y el hombre
constituyen una oposición necesaria en la vida, la cultura y la naturaleza; lo
masculino y lo femenino se encuentra en todo el orden del discurso y los hechos
de las culturas indígenas, se proyecta en niveles simbólicos (mito y religión) que
reflejan un ordenamiento anterior que se va recreando en base a la dinámica
social.

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La sexualidad
En los pueblos indígenas la sexualidad empieza con la entrada a la pubertad; es la
época en que todo lo realizado como simple juego de niño empieza a ser realidad.
Los jóvenes ya empiezan a tener seriedad en sus actos y son conscientes de que
les llega el momento de formar pareja y para ello se necesita prestigio y valentía.
La llegada de la primera menstruación en las jóvenes indígenas resulta un
acontecimiento relevante en la aldea, incluso es acompañada de celebraciones.
En esta oportunidad llega para ellas un nuevo estatus de mujer en la comunidad,
todas las personas se reúnen para festejar a una nueva casadera; la entrada a la
madurez sexual de la joven está asociada con ritos de iniciación.
A los jóvenes se les inicia con indulgencia; el derecho a poder tener
esposa/compañera está asociado a un rito que en la mayoría de los pueblos
indígenas.
Relaciones sexuales
Las relaciones sexuales de los indígenas carecen de perversiones y por el
contrario el acto de "hacer el amor" es la realización última de la pareja. El
erotismo que ellos practican está destinado a aumentar el placer sexual tanto en el
hombre como en la mujer; es importante anotar que la relación existente entre el
acto sexual y ciertas manifestaciones de euforias muy común en los indígenas en
tiempo de festejos, patentizan una situación de equilibrio emocional entre la
naturaleza y la cultura.
Prácticas de la reproducción sexual
El embarazo significa que viene un nuevo miembro a la comunidad y para que ello
llegue a un feliz término la madre y el padre se imponen culturalmente un conjunto
de tabúes. Cuando el embarazo es de una joven soltera en muchas grupos se
recurre al aborto mediante prácticas naturales.
La preparación por la venida de un hijo introduce cambios substanciales en la
actividad de la familia; existen prohibiciones estrictas en el régimen alimenticio; no
se permite que las embarazadas coman determinados tipos de frutas y carnes;
ésta privación es extensiva para el hombre que no puede cazar determinadas
variedades de animales.
Los valores sexuales indígenas
En una mayoría de pueblos indígenas se ha comprobado que no hay indígenas
que se queden solteros; si se encuentran solos es que han enviudado o se han
divorciado, pero todos sin excepción tienen que casarse. El matrimonio es
obligatorio para los jóvenes, pues no sólo significa un hecho amoroso o
sentimental, sino que adquiere dimensiones de tipo político y económico; es un
instrumento al servicio de la reciprocidad y de la paz.
La homosexualidad, en sus dos versiones, la sodomía y el lesbianismo,
originariamente es desconocida en las sociedades indígenas. Algunos podrían
pensar que la costumbre de los indígenas de caminar agarrados de las manos sea
síntoma de homosexualidad; pero no es así; el tomarse las mano es el más alto

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símbolo de fraternidad y amistad que los indígenas practican incluso entre
miembros de un mismo sexo.
Existía tipos de matrimonio:
Utilitario.- que significa como un contrato de procreación y de asistencia
Servinakuy.- El servinacuy era durante el incario un matrimonio de prueba. Se
origina cuando el novio solicita en matrimonio a la novia y pide establecer un
hogar con ella.
Concedido el servinacuy, este se lleva a cabo en casa de los padres del novio, los
cuales vigilan las labores domésticas de la novia por un lapso de seis meses, los
que a veces se prolongan hasta por dos o tres años.
Después de esto, se da el matrimonio sacramental con ceremonia para parientes y
amigos de los contrayentes. En caso de no resultar el "matrimonio de prueba", no
existe vínculo esponsal alguno y la novia es devuelta a su hogar original.
POLIGENIA.- Los indígenas de la Amazonía viven en su mayoría unidos en familia
poligínicas compuesta por un hombre, dos o tres mujeres y tres hijos promedio por
cada una de las esposas. La familia es básicamente la unidad social y económica
que puede entenderse en dos versiones: la nuclear ya descrita y la familia
extensa, que además del padre, la madre y los hijos se le aumenta la pertenencia
de suegros, cuñados hermanos y otros familiares. La familia nuclear vive en una
sola casa, donde cada esposa y sus respectivos hijos tienen un lugar en ella y el
hombre vive al centro de todas. Para completar la familia extensa los parientes se
instalan en casas contiguas y el sistema de reciprocidad funciona en todas los
procesos de la actividad cotidiana. Entre los chacobos del río Ivon la familia
extensa constituye una especie de institución fiscalizadora; los hombres que no
están emparentados con una familia "líder" normalmente abandonan su perímetro
de influencia.
En todas las sociedades indígenas, la familia es el núcleo de reproducción de la
especie, porque por lo general no se permite que se tenga hijos fuera del
matrimonio. Las leyes indígenas sexuales son dadas desde que el individuo tiene
uso de razón y es capaz de conocer lo que es prohibido y lo que es permitido en
su cultura. La familia ejerce un poder coercitivo sobre sus miembros en el tipo de
elección de la futura pareja, buscando garantizar las tradicionales formas de
organización que respeta los criterios de sobrevivencia y de conservación de la
cultura y la naturaleza.

LIGAMEN.- Vínculo que establece el matrimonio contraído legítimamente.


Constituye impedimento dirimente para el caso de intentar uno de los cónyuges
contraer nuevo matrimonio sin estar disuelto el anterior.

ENDOGAMIA.- La razón de ser es defender la homogeneidad de un grupo, de


manera que este se mantenga siempre igual a sí mismo y diferenciable de todos
los demás. La unidad de la comunidad es la razón suprema.

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Algunos pueblos indigenas, por huir de la dificultad añadida de la diferencia de
pueblo y de cultura, y porque entendieron que de esta manera se garantizaban la
unidad de su pueblo y por consiguiente la paz interna, resolvieron que los
matrimonios tendrían que ser siempre entre individuos de la misma comunidad.
La afinidad de sangre entre marido y mujer era tanto mayor cuanto mayor era el
poder de la comunidad o de la casta dentro de ella, de manera que, tratándose de
la casta dominante, se imponían los matrimonios entre primos, entre hermanos y
en algunos pueblos indigenas incluso entre padre e hija, con el fin de que el poder
no saliese de la familia dominante. La pretensión de unidad del pueblo acaba
imponiendo estas soluciones que finalmente llevan a la degeneración biológica.
Los pueblos abiertos o en la actualidad que optaban por la exogamia supeditaban
la unidad de la tribu o del clan a su continua revitalización gracias a las mezclas
genéticas externas
ADULTERIO.- fue uno de los delitos de mayor envergadura en los pueblos
indígenas desde los tiempos inmemoriales, que se castigaba con duras
penalidades hasta con la muerte.

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