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HUNT, L. (2018) Historia, Por Qué Importa PDF

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Lynn Hunt Historia ¢Por qué importa? ‘Traduccién de Victoria Leén Varela Titulo original: History. Why It matters "ta cra ha sido publicada por primera ven 2018 por Pliy Press. Esta raducign ‘ha sido publiads por acuerdo con Polity Press Ltd, Cambridge Disebo de clecin: Exo de Manuel Bsrada con a colaboracin de Robeso “Tueégaoy hy Boar Disefio a cblet: Manuel Estrada, ‘Reser oda echo. El ested deta chin nt roti por Lg. eb pent eterna sic haec in ta erences ey eo Calle Juan Ignacio Luca de Tena, 15 cone ee ISBN: 978:84.9181.518-1 ‘Depésito legal: M. 3681-2019 Painted in Spain Si quiere recibir informacién peviédic sabre las novedades de Alisnes Editorial cenvle un cores clectraico ale dzecciGe:aanzaedioral@[Link] Indice 9 1. Ahora més que nunca a0 Las mentiras 14 Los monumentos 19 Las controversias sobre los libros de texto 27 Las guerras de la memoria 32 Historia piblica y memoria colectiva 39 2. Laverdad en la historia 40 Loshechos 47 Lasinterpretaciones 51 Verdad histérica y eurocentrismo 63 Verdades provisionales 69 3. La politica de la historia 70 La historia de la élite 74 La primera brecha 7 Abriendo las puertas 86 Historia y ciudadania 97 4. El futuro de la historia 98 Lahistoria global 110 Laética del respeto. 123, Lecturas complementarias 129 Indice onomastico y de contenidos 1. Ahora mas que nunca Allé donde miremos, la historia es objeto de controver- sia. Los politicos mienten acerca de los hechos histéri- cos; diferentes colectivos se enfrentan por el destino de ciertos monumentos histéricos; los gobietnos vigilan ce- Tosamente el contenido de los libros de texto de historia y las comisiones de la verdad proliferan por todo el glo- bo terréqueo: Como demuestra el rapido aumento de los muscos hist6ricos, vivimos una época obsesionada por la historia, pero también unos tiempos de profunda inquie~ ‘nid acerca de Ja verdad histérica.’Si tan facil es mentir sobre la historia, si tanto difefimios unos de otros acerca de aquello que los monumentos.o los libros de texto de historia deberian transmits, y si son necesarias esas co- misiones para desenterrar la verdad sobre el pasado, gcémo es posible fundar cualquier tipo de certeza sobre Ia historia? ¢Hemos creado lugares histéticos y socieda- des histéricas con el objeto de provocar, de consolar, 0 9 Historia acaso, simplemente, de entretener? ¢Cusl es el fin de es- tudiar la historia? El presente libro expone esas pregun- tas y ofrece también algunas maneras de responderlas. No resolvera todos los dilemas que plantea; pues la his toria es por definicién un proceso de descubrimiento y no un dogma establecido. Pero tal vez consiga demos- trar, al menos, por qué la historia importa ahora mas que nunca. Las mentiras En uno de los mas preeminentes ejemplos de falseamien- to dela histotia, el promotor inmobiliario Donald Trump atrajo la atencién pablica en 2012 al insinuar que el por entonces presidente Barack Obama no habfa nacido en Estados Unidos y, en consecuencia, habia sido elegido de forma ilegitima. Cuando Obama mostré su cettifica- do de nacimiento, que confirmaba que habia nacido en el estado de Hawai, ‘Trump no vacilé ni un segundo en responder que este podia ser fraudulento a pesar de no poser ninguna prueba-de su falsificacién'!. Luego, du- rante la campafia presidencial de 2016, cambié de rum- bo abruptamente y admitié que Obama habia nacido en Estados Unidos. Y entonces se atribuyé el métito de ha- ber puesto fin a una controversia que él mismo habia ayudado a fabricar. Es esta una falsa polémica que atrae 1, Josh Voorhees, «All of Donald Trump's Birther Tweets» ([Link], 16 de septiembre de 2016). Disponible en: wwwslate,com/blogs/the.. slatest/2016/09/16/donald_trump.s birther_ tweets in_otder html 10 1. Ahora mis que nunca ya cada vez: menos devotos; sin embargo, otras perduran YY ninguna es tan notoria como la de la negacién del Ho- locausto. Tanto politicos como algunos escritores de la extre- ma detecha europea han buscado sus quince minutos de fama negando la realidad del asesinato premeditado de seis millones de judios entre 1933 y'1945, Una nega- cién que puede adoptar distintas formas: desde afirmar que el niimero de muertes fue muy inferior al de seis millones, 0 que Hitler y los nazis no contaban con pla nes oficiales para cometer un genocidio, hasta sostener que las camaras de gas nunca existieron. La negacién del Holocausto se ha convertido en un modelo. para quienes pretenden mentir sobre la historia; sus partida- rios sencillamente se niegan a admitir la validez de los testimonios de primera mano de las victimas y de quie- nes liberaron los campos de concentracién, asi como la posterior y exhaustiva investigacién hist6tica que ha lo- grado establecet los nombres y las cifras de los asesina- dos y rastrear con detalle atzoz los medios y los motivos de stis responsable Aunque los historiadores puedan discutir (y, de he- cho, discuten) sobre la mejor manera de interpretar el Holocausto, ningtin investigadot serio, como tampoco ningdin lector serio de historia, puede poner en duda la verdad de que aquellos asesinatos fueron deliberados y se produjeron a una escala masiva, Pero, aun asi, a pe- sar de las repetidas refutaciones basadas en cantidades ingentes de documentacién; a pesar de los ejemplares esfuerzos alemanes, tanto oficiales como no oficiales, Por asumit aquellos crimenes, la negacién del Holo. an = Historia causto sigue propagéndose por-Europa y el resto del mundo, con frecuencia a través de medios sociales como Facebook’. ¥ recibe sélido apoyo en los més al- tos niveles de ciertos gobiernos de Oriente Medio a los que resulta titil como parte de su politica anti-Israel. El 14-de diciembre de 2005 el presidente irani Mahmud Ahmadineyad calificé de «mito» el Holocausto. Luego Ia agencia de noticias oficial irant eliminé aquellas pala- bras de la transcripcién de su discurso, como si nunca hubieran sido dichas, sustituyendo asi una mentira por otra’. Pero las negaciones del Holocausto, por dispara- tadas 0 carentes de fundamento que scan, han tenido su efecto: un sondeo internacional realizado entre fina- les de 2013 y principios de 2014 demostré que entre habitantes de Oriente Medio y el Norte de Africa solo una quinta parte de quienes habian ofdo hablar del Ho- locausto creia que fuera cierto lo que afirman los testi- monios hist6ricos*. El falseamiento descarado de la historia se ha hecho hoy mas frecuente debido a la influencia de los medios sociales. La red informatica mundial (World Wide Web) ha permitido que los falseamientos hist6ricos florez- 2, Carole Cadwalladr, «Antisemite, Holocaust Denier... yet David Irving (Claims Fresh Support» (The Guardian, 15 de enero de 2017). Disponible cos soe theguarcan com/ul-news/2017/jan/13/daviding soutube-n- spiring holo 3. Keel Vick, resident Calls Holocaust ‘Myth’ in Latest Assault con Jews» (The Washington Post, 14 de diciembre de 2005). Disponible en: ‘[Link]/wp-dyn/content/article/2008/12/14/ ‘[Link] 4, Emma Green, «The World is Full of Holoceust Deniers» (The Aslatic, 14 de mayo de 2014). Disponible en: [Link]/international/ archive/2014/05/[Link]-full-of holocaust deniers/370870/. 2 1. Ahora més que nunca can en la medida en que en la virtualidad de Internet cualquiera puede publicar bajo cualquiet nombre sin escrutinio previo y sin sancién posible. Las afirmacio- nes més extravagantes se extienden ampliamente y tienen, solo por ello, un considerable grado de credib dad. Y, ante esta situaci6n, insist en la verdad histérica ha llegado a convertisse en un acto necesario de coraje Los historiadores raras veces son objeto de amenazas de muerte, las fetuas o los asesinatos teales que penden, sobre periodistas, novelistas [Link] en demasiados sitios, pero a menudo se han visto en el centro de la con- troversia. Los histotiadores conocidos por insistir en verdades inconvenieintes no son del agrado de los go- biernos autotitarios. El popular historiador francés Jules Michelet fue destituido de su puesto de profesor por el gobierno de Luis Napoleén Bonaparte en 1851 porque los estudiantes solian salir de escuchar sus trepidantes lecciones gritando proclamas en contra del gobierno. La policia infltes agentes encubiertos para que asistieran a ellas, y puso en circulacién copias manipuladas de apun- tes de sus clases con el propésito de daiiar su reputacién. Varios colegas de Michelet, en una muestra de cobardia, convinieron en censurar su magisterio para allanar el ca” mino a la actuacién del gobierno. Y, finalmente, fue des- tituido de su puesto en los Archivos Nacionales por ne- garse a prestar juramento de lealtad tras el golpe de estado que dio Luis Napoleén cuando la Asamblea Na- cional se negé,a concederle la ampliacién de su manda- to, Pese a todo, Michelet tuvo mejor fortuna que los cen- tenares de opositores que fueron arrestados y trasladados 13 Historia por la fuerza a la colonia penal de Cayena en la Guayana Francesa’. Tal como muestra el ejemplo de Michelet, incluso los historiadores més respetados en condiciones normales pueden verse en la linea de fuego cuando llegan tiempos de crisis politica‘o internacional: En 1940, la revista Time informaba de que el autor de un popular libro'de téxto de historia, Harold Rugg, habia sido acusado de ser un comunista que describia Estados Unidos como una tie- tra de desigualdad de oportunidades y conflicto social Tachado de «subversive» por no ensefiar «auténtico americanismoy, Rugg vio sus libros prohibidos en varios distritos escolares e incluso quemados piblicamente por el comité escolar de cierta ciudad de Ohio*. Los autores de libros de texto y, en particular, sus editores, suelen ha- cer todo lo posible por evitar la controversia con el pro- pésito de encontrar los mercados més amplios, pero tal como demuestra el ejemplo de Rugg, las disputas acerca de la verdad histérica acechan continuamente a la vuel- ta de cualquier esquina Los monumentos A mediados de agosto de 2017, la disputa publica a propésito del destino de una estatua del general confe- derado Robert E. Lee terminé en un estallido de vio- 3. Stephen A. Kippur, Jules Micbelet: A Study of Mind and Sensibility (Albany, NY: SUNY Press, 1981). 6. Time, vol 36 (11 de septiembre, 1940): 62. 4 1. Ahoramés que numa Iencia en Charlottesville, Virginia. Nacionalistas blan- cos que se oponian a la decisi6n municipal de retirar la estatua del Parque de la Emancipacién (que. anterior- ‘mente se habfa llamado Parque Lee) desfilaron con an- torchas por'el campus de la Universidad de Virginia gritando proclamas que recordaban a la época nazi, y al dia siguiente los altercados con manifestantes de signo contrario terminaron’en-una reyerta general en las in- mediaciones de la propia estatua, Un neonazi arrollé con su coche a los contramanifestantes y acabé con la vida de una joven. ‘Un monumento erigido hace noventa y tres aiios ain puede despettar poderosas reacciones cuando es visto como el simbolo de algo que produce repulsién, como en este caso el racismo, La estatua de Lee no ¢s algo aislado, Hay banderas y monumentos confederados que son objeto de polémica en varios estados de la antigua Confederacién: quienes pretenden que se eliminen los consideran simbolos actuales de la supremacia blanca, mientras que aquellos que se oponen a su retirada recha zan tales esfuetzos como una deliberada reesctitura de la historia, Unos dias después de los acontecimientos de Charlottesville, antifascistas de Durham, Carolina del Norte, se encargaron de decribar por su cuenta la estatua de un militar confederado. Pero no solo los monumentos son objeto de polémica en el sur de Estados Unidos. Del mismo modo que hubo estudiantes de la Universidad de Yale que quisieron cambiar el nombre del Calhoun College por ser este el de un politico que defendié la esclavitud, también hubo estudiantes en Oxford que hicieron campatia a favor de a5 Historia la retirada de la estatua de Cecil Rhodes por tratarse de un racista archimperialista. Y estas sosegadas versiones de las propuestas de retirada de ciertos monumentos pa- lidecen, desde luego, junto a aquellas que han sacudido otros muchos lugares. Tras la derrota de Hitler, los alia- dos ordenaron la destruccién inmediata de todos los simbolos nazis; tras la caida de la Unién Soviética, las multiades derribaron monumentos a Lenin y a Stalin desde Ucrania a Etiopia; una estatua de bronce de Sa- dam Husein fue desmantelada en 2003 durante Ia inva- si6n dirigida por Estados Unidos; en 2008 se retiré la vl- tima estatua del dictador Franco que quedaba en Espaiia, y, por retroceder mas de dos siglos, algunos dias después de la promulgacién de la Declaracién de Independencia en 1776, los neoyorquinos derribaron una estatua ecues- tre del rey Jorge TIL ‘A veces In destruccién de monumentos es vista como vandalismo, Cuando en Afganistan, en 2001, los taliba- nes volaron estatuas en piedra de Buda de hace mil qui- nientos afios, 0 cuando el Estado Islmico de Irak y el Levante (EIIL) dinamité las ruinas romanas de dos mil afios de antigtiedad de Palmira (Siria) en 2015, la conde- na de la destruccién aparentemente absurda de la heren- cia cultural mundial fue universal, Pero los islamistas de- clararon que estaban destruyendo idolos; algo que los vinculaba a-una larga historia de iconoclasia, es decir, la destruccién de imagenes, sobre todo si se trata de imagenes religiosas, por motivos religiosos. El término aludié originalmente a los conflictos de los siglos VII y IX en torno al uso de imagenes religiosas (iconos) en el Im- perio bizantino. Los iconoclastas rechazaban la crecien- 16 1. Ahora mis que munca te profusién de imagenes en el cristianismo, y enmuchos casos las eliminaron 0 destruyeron. Y durante los co- mienzos de la Reforma, en el siglo XV1, especialmente en ciudades holandesas, suizas’y francesas, las multitudes, asaltaron las iglesias y destruyeron estatuas y ottos cle mentos ornamentales considerados idélatras. La histo- parece proporcionarnos mensajes contra- dictorios acerca de la retirada de monumentos. Las ambigiiedades derivan de su naturaleza misma, Los monumentos conmemoran o, lo que es lo mismo, recuerdan el pasado y reclaman su veneracién. A conse cuencia de ello, incluso cuando se supone que son se- culares, como Ja estatua del general Lee, comportan, ine- vitablemente, una especie de sentimiento religioso. Peto Jos monumentos siempre se erigen por propésitos politi- cos; afirman el poder, ya se trate del poder de una iglesia, de una secta, de un partido politico 0 de una causa poli- tica, como en el caso de la Confederacién. Y a causa de esta relacién con el poder, los cambios de afiliacién reli- giosa 0 de régimen politico a menudo conllevan tanto la destruccién como la creacién de monumentos. Las igle- sias ctistianas primitivas de Europa se construyeron s0- bre los restos de templos paganos 0 romanos como un modo de proclamar fisicamente su superioridad. En re lidad, Ja Jarga historia de la destruccién de «antigtieda- des» muestra que la destruccién de monumentos forma parte de la vida misma, (Cabe sefialar que el término « (esclavas sexuales) de los soldados japoneses’. La controversia no era nueva. Diez 7. Rupert Wingfield-Hays, «Japanese Revisionists Deny WW2 Sex Slave Atrocities» fews, 3 de agosto de 2015). Disponible en: wwerbbe. com/news/wvorld-asia-33754952, “Historia afios antes, en 2005, manifestantes chinos y coreanos pro- testaron contra las revisiones que contenia un libro de tex- to pteparado por la Sociedad Japonesa para la Reforma de los Manuales de Historia. Argumentando que este mi- nimizaba la culpabilidad de Japén en la Segunda Guerra ‘Mundial, los manifestantes quemaron banderas de Japén. y exigieron un boicot a los productos japoneses. Peto los japoneses no han sido los tinicos que han que- ido distotsionar la historia para obtener un retrato mas favorable de su nacién. Aunque un estudio de 2011 con- cluy6 que los libros de texto de historia japoneses omi- tian en gran parte el optesivo régimen colonial que el pais ejercié sobre Corea (1910-1945), revelé también gue los libros de texto chinos y coreanos se centraban obsesivamente en la resistencia china y coreana ala ocu- paci6n japonesa mientras que ignoraban el contexto mas amplio de la Segunda Guerra Mundial®. Tales males tie- nen una larga historia, En 1920, una carta al director del Daily Gleaner de New Brunswick, Canada, denunciaba gue los libros de texto de historia universal, esctitos por autores norteamericanos, que solian utilizarse en las es- cuclas locales ni siquiera mencionaban la participacién de Canadé en Ja Gran Guerra’, Alo largo dela mayor parte delos siglos 1X y Xx, yen muchos casos hasta la actualidad, los esfuetzos por in- culcar un sentimiento de pertenencia nacional con fre- 8. Gi-Wook Shin y Daniel C. Sneider, (eds.), History Textbooks and the ‘Wars in Aria: Divided Memories (Nueva York: Routledge, 2011) 9. Frances Helyat, Political Partisenship, Bureaucratic Pragmatist and Acadian Nationalism: New Brunswick, Canada’s 1920 History Textbook Controversy, History Education, 43:1 (2014): 72-86, 20 1. Ahora més que nunca cuencia han requerido algo de maquillaje. Los libros de texto hablaban de triunfos'o tragedias nacionales, pero raras veces de los errores o las fechorfas de un gobierno © un»pueblo; La-gran excepcién fue la Alemania Occi- dental posterior a 1945, donde desde edad muy tempra- na los nifios sabian de los crimenes cometidos por el ré- gimen nazi y estos les eran recordados continuamente con visitas a los campos de concentracién y a los nume- osos monumentos y museos que se encuentran por todo el pais. Peto mas comin es la experiencia reciente de Francia, donde se aprobé una ley en 2005 (derogada con posterioridad) que exigia que en los colegios se ensefiase «el papel positivor desempefiado por las administracio- nes coloniales francesas. Un estudio de los libros de tex- to franceses utilizados desde 1998 muestra sin lugar a dudas que, sistematicamente, estos restaban importancia ala violencia y al racismo de las administraciones colo- niales francesas en Africa”. ese a todo, la critica francesa a los libros de texto (asi como la reaccién legislativa contra las lecturas criticas de la historia colonial de Francia) pone de manifiesto que las tradicionales versiones. complacientes estén siendo puestas en cuestién, y que dicho cuestionamiento no est4 siendo del agrado de todo el mundo. En Reino Uni- do, los historiadores ahora llaman la atencién sobre el modo en que los libros de texto de tiempos anteriores habfan marginado a galeses, escoceses ¢ irlandeses, tra- 10, Rephaél Granvaud, , in Edward T. Linenthal y Tom Engelhardt (eds, History Wars: The Enola Gay and Orer Battles forthe American Past (Nueva York: Hen ty Hol, 1986), p. 4; Mike Wallace, «Culture Wat, History Front», ibid. pp. 185, 187. 25 Sacer ry Historia gue la historia de la esclavitud o la discriminacién de las mujeres y las minorias, Aunque una poblacién més culta a menudo sea tam- bién més abierta a las discusiones hist6ticas, hay que de- cir que las controversias sobre los libros de texto no pue- den vincularse sin més al néimero de matriculaciones universitatias, En Rusia, por ejemplo, las cifras de estu- diantes universitarios ya eran bastante clevadas en la dé- cada de 1970 (casi tres veces las de Reino Unido o Fran- cia en 1971, y practicamente idénticas a las de Estados Unidos segtin las estimaciones soviéticas), pero los libros de texto apenas eran capaces de seguir la velocidad de los acontecimientos después de 1989, Tras el derrumbe de la Unién Soviética, los historiadores ganaron mayor autonomfa, pero a medida que Vladimir Putin ha ido consolidando su poder, ha tratado de influenciar, cada vez més ditectamente,a escritura de los libros de texto. Y el deseo de Putin de reforzar un edificante discurso patri6tico ha encontrado eco favorable en la mayoria de Jos rusos. En cambio, en la Europa occidental, especialmente en Reino Unido y en Francia, el descontento con los mode- Ios de los discursos nacionales parece seguir la trayecto- tia de las ciftas de universitarios; en ambos pafses las ma- triculaciones en la universidad superaron el hito del 50% en la década de 1990, cuando comenz6 la eferves- cencia de la eritica a los discursos nacionales. Y ello coincidié también con el momento en que se alcanz6 la paridad de géneto (el mismo nimero de matticulaciones de mujeres y de hombres). En la mayoria de los paises del mundo es ahora mayor el mimero de mujeres que el 26 1, Ahora mis que ounea de hombres matriculados en la educacién superior; lo que representa un cambio asombroso desde la década de 1970, cuando el ntimero de las mujeres matriculadas era tan solo la mitad que el de los hombres. Un mayor niime- ro de mujeres no significa necesariamente un aumento de la critica, peto si representa, al menos, una agitacion del sistema de la educacién superior. Por desgracia, ¢50 tal vez explique también el creciente desdén del mundo occidental hacia las universidades; pues ya sabemos que Jas profesiones feminizadas acostumbran a estar peor pagadas y a gozar de menor estima, Las guerras de la memoria Los libros de texto Hegan en una fase relativamente tar- dia del proceso de construccién de las memorias nacio- nales. Las huellas materiales de los acontecimientos del pasado primero han-de ser reunidas y organizadas. En afios recientes, varios intentos lamativos de ese empefio memorialistico han mostrado Jo dificil que puede llegar a set la recuperacién del pasado cuando lo deseable pa rece ser olvidar, sobre todo’ los hechos que juegan en contra del discurso nacional favorable. Durante mas de ciento cincuenta afios, los historiadores debatieron si el presidente ‘Thomas Jefferson, el principal autor de la Declaracién de Independencia, habia tenido hijos con una de sus esclavas, Sally Hemmings. Hasta la llegada de las pruebas de ADN no parecfa posible ninguna res- puesta definitiva, pero, cuando los resultados de las que se hicieron en 1998 afirmaron su patemnidad de forma 7 Historia concluyente, un gigantesco cambio de perspectiva se hizo inevitable. Bien entradas las décadas. de 1980 y 1990, exposiciones y museos vivientes por igual atin es- camoteaban el papel de Ia esclavitud o la presentaban con tintes paternales 0 incluso benévolos®. En 2012, en el Museo Nacional de Historia Americana del Instituto Sinithsoniano, se celebré la primera gran exposicién na- cional que puso bajo los focos las actividades como pro: pietario de esclavos de un presidente. Ain més penosos han sido los esfuerzos por recuperar la memoria histérica en lugares como Espatia, que han soportado no solo violentas guerras civiles, sino también décadas de represién politica. Hasta que el dictador mi- litar Francisco Franco mutié en 1975, fue imposible in- vestigar con tigor los asesinatos que se produjeron du- rante-la~guetta ‘civil dé 1936-1939, y mucho menos exhumar los cadliveres de los republicanos; calaminiados como «rojos»;que fueron ejectitades sin juicio y enterra- dos en [Link]: El trabajorempfrico dé feconsttuc- cién histéticacomenz6 en la década de 1980, pero hasta el afio 2000 no se constituyé la Asociacién. parala Recu- peraci6n de la Memoria Histérica con el objeto de exhu- mat, identificar y volver a dar sepultura a los restos. Del mismo modo, solo en aiios recientes se ha puesto aten- cin en los «nifios perdidos» los hijos de quienes mutie- ron en carcelés, que fueron eriviados a instituciones del estado-o-canibiaronr de aombre para que pudieran ser adoptados ilegalmente por familias adeptas al régimen. 13. Warren Leon y Roy Rosenzweig (eds), History Musetums in the United States: A Critical Assessment (Urbana: University of Illinois Pres, 1989). 28 1, Ahora més que nunce La conservacién de la memoria ha resultado mas dificil en Indonesia, donde 500,000 fueron asesinados tras un golpe de‘Estado fallido en 1965. El general que llegé al poder, Suharto, siguié siendo presidente hasta 1998, y durante todo ese tiempo los asesinatos no pudieron ser debatidos piiblicamente. Los libros de texto atribuyeron, los comunistis el intento de golpe de Estado, en el que mutieron seis generales, y silenciaron las torturas, deca- pitaciones y mutilaciones llevadas a cabo pot militares y milicias afliadas al ejército que habian sido espoleadas hacia una histeria anticomunista. Tras la caida de Suhar- to en 1998, las compuertas se abrieron. Las memorias de activistas encarcelados atrajeron Ia atencién ptiblica igual que ottas obras que no habjan sido traducidas an- tes al inglés. ¥ los historiadores orales empezaron a reco- pilar testimonios de los hechos. Sin embargo, la reconciliacién no se produjo. En el afio 2000, mientras un grupo que se-dedicaba a exhu mar los cuerpos de los asesinados filmaba en Java, un grupo de jévenes musulmanes detuvo el enterramiento de los cuerpos exhumados. La NU (Nabdlatul Ulama, una organizacién musulmana tradicionalista suni) que- mé libros de texto considerados procomunistas en 2007 para oponerse a un proyecto de reforma de los mis- mos". En 2013 abrié sus puertas un museo dedicado al gobiemo de Suharto en su ciudad natal; fue financiado por suhermano, que habfa sido condenado por corrup- ci6n, y las muestras expuestas justificaban la mano dura 14, Adrian Vickers, «Where Are the Bodies: The Haunting of Indonesia», ‘The Public Historian, 32:1 (2010): 45-8. 29 Historia empleada omitiendo por completo los as inocentes. Podsian citarse incontables ejemplos de conti tomo a la memoria, pero q los de las treinta comisiones de la verdad que se han creado en todo el mundo desde comienzos de la década de 1980. Sociedades muy diferentes, desde Guatemala a Tailandia, han expresado con ellas la necesidad de la existencia de algiin tipo de mecanismo oficial para asu- atrocidades de! pasado en el transcurso de gue- ras civiles o gobiernos autoritarios. Una comisién de la verdad es una especie de audiencia histdrica fundada so- bre la premisa de que la verdad completa acerca de ase sinatos, encarcelamientos, torturas y discrimi del pasado dehe ser conocida para que una da avanzar, La mayoria de las comisiones de la verdad han tomado como modelo explicito la Comisién para la Verdad y la Reconciliacién sudafricana (CVR), constitui- da por ley a finales de 1995 con el propésito de facilitar la transicién del régimen del apartheid a un ré[Link]- mocritico. Debido a su influencia en todo el- mundo, la CYR ha sido objeto de extensos andlisis y debates. El cometido de la CVR era de largo alcance. Inclufa in- formar sobre la naturaleza, la extensi6n y las causas de las violaciones de derechos umanos que se produjeron entre 1960 y 1994; devolver la dignidad a las victimas prestan- doles voz, ¢ incluso conceder amnistias a los perpetrado- res de violencia que estuvieran dispuestos a declarar todos los hechos relevantes de los que tenfan conocimiento. La tarea de buscar la unidad y la reconciliaci6n no podria ha- ber sido més abrumadora. Bajo el apartheid, 1a minoria 30 1. Abora més que nunca blanca (el 13% de la poblacién) controlaba la préctica to- talidad del acceso alla tierra, Jos recursos naturales, la asis- tencia sanitaria, Ja educacién y los buenos trabajos. Para ‘mantener el régimen supremacista blanco las autoridades legaron a encarcelar a doscientas mil personas a las que torturaron o deportaron a «reservas nativas» inviables en aras de proteger privilegios segregacionistas de todo tipo. A medida que la oposici6n al régimen se intensificaba, la cia aument6 en ambos bandos debido aque las di- fetentes facciones politicas dentro de las comunidades ne- gtas se enfrentaron entre si. El régimen empleé la violen- cia para sofocar las protestas y eliminar a los lideres de la resistencia, en tanto que algunos miembros de la oposi cién armada colocaban bombas o asesinaban a colabora- dotes, empleados del régimen o miembros de grupos riva- les dela oposicién. Pese a celebrar casi un centenar de audiencias puiblicas y recibir més de 21.000 testimonios individuales, la pro- pia CVR reconocié las deficiencias de sus conclusiones, Los pattidos blancos que apoyaban el apartheid se nega- ron en gran parte a colaborar, lo mismo que el Partido de la Libertad Inkhata (PLD, el principal grupo de la oposicién negra al Congreso Nacional Africano (CNA). ELCNA obtuvo una mayorfa rotunda en 1994, en las pri- metas elecciones parlamentarias abiertas a todas las ra- zas, y establecié un gobierno de-unidad nacional que in. clufa al principal partido blanco, el Partido Nacional, y al PLI. No obstante, la CVR se hallaba vinculada de for- ma muy estrecha al CNA, y solo los miembros del CNA se mostraron dispuestos a colaborar plenamente. No es de extrafiar, por tanto, que numerosos blancos y miem- an # Historia bros del PLI considerasen partidistas las conchusiones de la CVR. También hubo académicos criticos con la CYR por centrarse excesivamente en la narracién de los hechos y no lo bastante en la verdad objetiva o forense, y los estudios levados a cabo acerca de sus conclusiones han puesto de manifesto que, al menos a corto plazo, no alcanzé la meta de la reconciliacién'?, Pero estas objeciones especificas no deberfan’ oscure- cer una verdad de mayor calado: la recupetacién de la historia ha sido importante en la préctica totalidad de los ejemplos de transicién entre distintos regimenes. Y esta voluntad de recordar con rigor no se lithita a los lugares que transitan de la guerra civil ala paz o del autoritaris- mo militar al gobierno democritico. La historia de na- ciones supuestamente: estables como Japén, Estados Unidos © Reino Unido se halla también en cuestion:a causa de elementos que han sido olvidados, ocultadés 0 reprimidos y que ahora salen a la superficie. La historia siempte es susceptible de entrar en érupci6n. Historia piblica y memoria colectiva Incluso en paises con gobiemnos asentados, el apetito piiblico por la historia aunca ha sido tan grande. Me- morias y biografias forman parte de las listas de libros mas vendidos con frecuencia, y algunas de las peliculas, 45. Audrey R Chapman y Hugo van der Merwe (eds), Tra and Recon siliation in South Africa: Did tbe TRC Deliver? Filadlfar University of Pennsylvania Press, 2008) 32 1. Ahora més que nunca series de televisién y videojuegos de mayor éxito se si: téan en el pasado no solo de Reino Unido o Estados Unidos, sino también [Link] y otros muchos paises. Mas de la mitad de los 35.000 museos que existen en Es- tados Unidos son museos de historia, lugares hist6ricos 0 sociedades hist6ricas. La Lista del Patrimonio Nacio- nal de Inglaterra, establecida en 1882, itcluye ahora cerca de 400.000 monumentos, edificios, paisajes, cam- pos de batalla y pecios protegidos. El ntimero de visi- tantes que estos Iugares reciben aument6 casi en un 40% entre los afios 1989 y 2015. Dicho de otro modo, clinterés pablico por la [Link] est creciendo, sino agigantandose. Los visitantes de lugares histéricos no solo quieren leer los carteles informativos, ver las exposiciones, escu- char a los guias o incluso contemplar los desfiles que se onganizan; a veces buscan introducirse atin mas profun- damente en el pasado a través de las recreaciones hist6- ricas y otras formas de experiencia virtual. Los museos vivientes como el Colonial Williamsburg en Virginia se proponen reconstruir Ia vida tal [Link] era en un mo- mento del pasado, en este caso, las décadas de 1760 y 1770. Los turistas pasean por calles con fachadas del si- slo Xvin y se encuentran gentes vestidas con los trajes de la época que desempefian las actividades de las que se ccupaban los hombres y las mujeres, los esclavos y las personas libres de entonces. Pero atin mas emocionantes para quienes intetvienen en ellas son las recreaciones de batallas en las que los participantes se disfrazan y repte- sentan un papel. La recreaci6n hist6rica influye hoy en Ja television y en Ia ensefianza de la historia. En Reino 33 Hissar Unido, Estados Unidos, Australia y Alemania progra- mas de telerrealidad basados en la historia han presenta- do a personas que viven durante meses exactamente como lo habrian hecho en momentos del pasado, y han grabado sus experiencias y conflictos para los especta- dores del presente. Los profesores de historia hace mu- cho que se sitven de las recreaciones para despertar Ja curiosidad de sus aluthnos, utilizando disfraces de época para una clase o haciendo que los estudiantes interpre- ten los papeles de figuras hist6ricas del pasado. La llega- da de la virtualizacién de espacios promete mejorar este recurso en la medida en que la antigua Roma; la Bergen medieval noruega o los arrabales de Paris en el siglo XVIII estan disponibles en 3D, 0 incluso en 5D en el caso de Paris, con sonidos historicos y perspectiva en primera Dichas técnicas estén transformando tanto los museos de lugares histéricos. E in- cluso alli donde la virtualizacién de espacios no se ha em- pleado atin, os objetos materiales se exponen de maneras pensadas para asegurar al espectador tanto la autenticidad como la inmediatez de la experiencia, Numerosos visitan- tes del Museo Estadounidense Conmemorativo del Halo- causto refieren haberse sentido conmovidos particular- mente ante la visién y el olor de una pila de cuatro mil ‘zapatos que fneron confiscados a las victimas del Holo- 16, Para un avance del proyecto Rome Reb [Link]/vatch?v=28b8FCUU0Q. P. wire [Link]/atchv=UeE4LbocQai del siglo xvi) esté disponible en hit bretez/ home, 4 1. Ahora més que m causto en un campo de concentracién. Los tutistas con in. quictudes historicas pueden recorrer las escasas trinche- ras conservadas de la Primera Guerra Mundial, o contemplar las armas, las lanchas de desembarco y los at ‘énticos mapas de estrategia de la invasidn del Dia D que hoy se conservan en Museo del Desembarco en Norman» dia de Utah, alojado en un antiguo biinker alemén de la propia playa del desembarco. A veces los objetos vienen de tiempos muy lejatios. El: Centro Vikingo de Jorvik en Reino Unido sumerge a los visitantes en cépsulas del tiem. po que les permiten viajar mil aios 82. Y vikingos animatrénicos dan vida al millar de piezas demadera, tefidos textiles y otros artefactos hallados en el yacimiento arqueolégico del lugar. Por otra parte, los historiadores profesionales llev: antes que al conocimiento mas profunda de contextos y causas, Dicho de otro modo, caminar por las trincheras conservadas de la Primera Guerra Mundial hace que los turistas sientan simpatia hacia los jévenes que lucharon en ellas mas que preguntarse por qué la guerra se produ- jo 0 por qué tantos jévenes tuvieton que morir alli, Mas atin cuando la mayorfa de las expetiencias virtuales han de oftecer un atractivo estético para atraer clientes: los esclavos de Colonial Williamsburg no pueden sufrir de. masiado; los vikingos solo. pueden ipresentarse en sus momentos més pacificos y las trincheras estén ahora ro- deadas de par 35 Historia Pero, en la medida'en que nos hemos familiarizado on los recursos y técnicas multimedia, resulta imposible seguir ignoréndolos, y'los historiadotes han ido:impli- cndose ce manera creciente en los proyectos de memo- Ha colectiva. La chistoria priblicay leva mucho tiempo involuctando a numerosos historiadores: que: trabajan ‘ato en miscos como en archivos pilblicos 6 pavicula, 65, peto hasta fechas muy recientes tales pucstos solian considetarse menos deseables que los académicos, y los historiadores que los ocupaban raras veces recibian una formacién especifica en la historia pblica. Esa situacién est cambiando con rapider a medida que la historia pui- blica va ganando cada vez més importancia y una buena parte de los puestos académicos se ha convertido en em- pleos a tiempo parcial. vo Los historiadores puiblicos poseen ya sus propias orga- nizaciones, ademas de un lugar reconocido dentto de las asociaciones de historiadores mas antiguas. En 1979 se fund6 un Consejo Nacional de Historia Pablica en Esta. dos Unidos, y hacia 2003 casi une de cada cinco miem- bros de la Asociacién Histérica Americana trabajaba en la historia piiblica, Al menos veinticuatro universidades estadounidenses ofertan ya estudios de doctorado o titu. lacién equivalente en historia pablica. Nueve universi- dades de Reino Unido ofertan un mastet en historia pt blica © un master en historia que incluye titulacién en historia piblica: Teniendo en cuenta que los primeros Programas de estudios de ese tipo aparecieron en 2009, el crecimiento en este campo ha sido notable. En 2009 se constituy6 una Federacién Internacional de Historia Pi blica con el propésito de reunir a historiadores puiblicos 36 4. Albora més gue munca de todo el mundo. La historia piiblica es cada ver mas importante en Australia, Canada, Nueva ‘Zelanda, Brasil y Holanda. Y nuevos programas de estudios estén isn- planténdose en otros muchos paises, Elementos muy diversos conforman las memorias co- lectivas: desde los libros y museos alos programas de te, levision y la rumorologia de internet. Y ya se trate de acontecitientos traumaticos o de triunfos nacionales, las memorias colectivas ejercen una labor sumamente Gil y duradera en la formacién de las identidades cass. do se basan en relatos verdaderos del pasado. El publico merece que los acontecimientos y procesos hist6ricos se ke presenten del modo més riguroso posible 5, ademés, de una manera que consiga atraer su atencidn, La cace. tion es saber encontrar el equlibrio entre rigor y habil dad. Lo que nos conduce al problema delice id hi torica y de la mejor manera de determinaila, 2. La verdad en la historia Determinar la verdad histérica es crucial. Sin ella, las mentiras dé los politicos o de quienes niegan el Holo- causto no podrian refutarse; las controversias acerca de monumentos y libros de texto nunca se resolverian; las guerras de la memoria se prolongarian indefinidamente, yl pablico no podria confiar en la historia que se le pre- senta, La verdad historica pose dos niveles: los hechos estén sobre la tesa en el pier niv terpretacio- NGS, ei el SeRUROY, alinguc séa posible separarlos en aras dela claridad de nuestra explicacién, ambos niveles sc hallan conectados entre sf en la practica propiamente dicha de la historia. Un hecho es algo inerte hasta que se incorpora a una interpretacién que le conifiere significa- do, y la capacidad de interpretar depende, a su vez, de la habilidad para encontrar sentido a los hechos. En principio, los hechos parecen mas sencillos: u Oba- ma nacié en Estados Unidos 0 no nacié en Estados Uni- 39 Historia dos; o seis millones de judios murieron durante un deli- berado intento de exterminarlos o la cifra es exagerada y no hubo premeditacién en Ja matanza. La interpreta- cién, por el contrario, nunca es sencilla ni clara. Se pue- de convenit en los hechos (seis millones de judfos murie- ton en un espantoso genocidio) y, aun asi, disentir en cuanto a cémo, por qué o en qué secuencia los hechos sucedieron. Y ni siquiera los hechos son tan sencillos como parecen a primera vista, pues el pasado nunca es estahle. Nuevos documentos, objetos y datos que pue- den dar Ja vuelta a hechos supuestamente establecidos estan descubriéndose sin cesar: se inventaron las prue- bas de ADN, por ejemplo, y ello cambié los hechos en tomo a la paternidad de los hijos esclavos de Jefferson. Aunque esa potencialidad provisional tampoco significa que existan ?. La mitad de los historiadores que obtuvieron una cétedra universitaria en Estados Unidos durante las, décadas de 1880 y 1890 habjan estudiado en Alemat Ranke fue el primer extranjero nombrado miembro hono- rifico de la Asociacién Histérica Americana tras su funda- cién en 1884, y tras morir, en 1886, la Universidad de Si- racusa en Nueva York compr6 su legajo personal por su. labor clave en el establecimiento de la disciplina moderna dela historia. La voluntad de Ranke de superar las fronteras de la his- toria alemana no impidié, sin embargo, que la historia se desarrollase como disciplina histérica de la mano del na- cionalismo y de una creciente conviecién de la superiori- Curious History (Cambridge, MA: Harvard University Press, 1999), 2. Gabriele Lingelbach, «The Historical Discipline in the United States: Following the German Model?» en Eckhardt Fuchs y Benedikt Stachtey (eds), Across Cultural Borders: Historigrapky in Global Perspective (Lan- har, MD: Rowman & Litlfield), p. 194. 33 Historia dad de Europa sobre el resto del mundo. Los historiado- res se apresuraron a contar Ia histotia de sus propias naciones, y se centraron en particular en el nacimiento del Estado nacién burocrético modemno como preeminente signo de la supetiotidad europea, La’historia escrita en Europa se convirti6 asf en el patrén oro no solo para los historiadores de Estados Unidos; sino también para los de todo el mundo, Estudiantes sudameticanos, afticanos y asidticos fueron a Europa a cursar estudios de doctorado en historia; la Europa occidental se convirtié en el modelo de toda evolucién histérica, y las técnicas histotiograficas desarrolladas en Europa influenciaron el modo de eseribie historia de todo el planeta, Enfrentados a los desafios del imperialismo eutopeo, los historiadores de China y Japon, por ejemplo, se esforzaron por seguir el modelo de sus co. Jegas occidentales. ‘Tras el éxito de los movimientos descolonizadores que siguieron ala Segunda Guerra Mundial, habria cabido esperar que este modelo «eurocéntrico» hubiera queda- do en el punto de mira mucho antes de la década de 1990, pero solo a partir de entonces los ataques se han vuelto constantes ¢ implacables. Dipesh Chakrabarty se- al6 el camino con una protesta que vio la huz por prime- ra vez en 1992 y tuvo una influencia amplia: Que Europa opera como un silencioso referente en el conoci- micnto de la historia resulta obvio. Hay, al menos, dos sinto- ‘mas cotidianos de la condicién subalterna de las historias no occidentales del tercer mundo. Los histotiadores del tercer ‘mundo sienten Ja necesidad de referir sus obras a la historia ‘europea; los historiadores de Europa no sienten ninguna ne- 54 2. Laverda en la historia cesidad recfproca [...] os «grandes hitos» y los modelos de la iniciativa del historiadot son siempre, al menos, culturalmen- te,europeos. «Ellos» realizan su trabajo en una relativa igno- rancia de las historias no occidentales,y esto no parece afectar ala calidad del mismo. Pero ese es un gesto que «nosotros» 10 podemes devolver: No podemos permitimos siquiera una ignorancia ‘equivalente-a estas alruras sin correr el riesgo de ‘parecer «anticuados» o «superddos»*. La ctitica de Chakrabarty marcé un punto de inflexién. Aunque los modelos de estudio hist6rico occidentales si guicron ejetciendo gran influencia, a partir de la década de 1990 los historiadores de Europa y Estados Unidos fueron prestando cada vez mayor atencién a estudios y es- tudiosos de Asia, Africa y América, Las universidades oc- cidentales empezaron-a competir por historiadores no oc- cidentales. El propio Chakrabarty no es mas que uno solo demuchos ejemplos; nacido y educado en la India, realiz6, su tesis doctoral en Australia y hoy ensefia en la Universi- dad de Chicago. Dado que los modelos de verdad histdtica que se desa- rollaron en Europa ‘acompafiaron al dominio de la his- toriograffa europea, las protestas contra el «eurocentris- mo» a menudo han implicado también desafios a dichos modelos. Presuntamente, combatir el eurocentrismo requiere atacat la supuesta idea occidental de la verdad. Pero, gacaso Ia insistencia en las fuentes de primera ‘mano, las notas a pie de pagina y la coherencia y la ex- 5. Dipesh Chakrabarty, Provincializing Europe: Postolonial Thought and Hix ‘orca Difference (Princeton, NJ: Princeton University Pres, 2000), p. 28, 55 Historia haustividad de las interptetaciones se hallan irremisible- mente contaminadas por sui relacién con el imperialismo occidental? En una critica que censuraba a Chakrabar- ty por no haber Hegado lo bastante lejos, afirmaba cier- to estudioso de la literatura que la-historia como disci- plina que autoriza; conocimientos’ y- verdades “era «profundamente cémplice ‘con’ ch: colonialismo, y no puede rastrearse en sentido estricto antes del momento polftico-epistemol6gico que ha recibido el nombre de modernidad», Una afirmacién que no hace sino susti- tuir el enrocentrismo por un temporocentrismo en el que Ia «moderidady marca la ruptuta definitiva’ con todo Io anterior. Pero, en lo que respecta al conocimien- to histético y a la verdad histérica, tal afirmaci6n resulta insostenible; los estudiosos de la historia ya exigian co- nocimiento y verdad contrastados mucho antes de la in- vencién de la disciplina universitaria de la historia. Ni la historia ni Ja preocupacién por la verdad hist6- tica-son: exclusivamente occidentales. Los estudiosos chinos han cultivado la historiografia desde el siglo 1x a.n.¢.,y su voluntad de establecer los hechos de forma tigurosa ha sido tan intensa que algunos incluso lega- ton'a enfrentarse a la ejecucién por no ceder a las pre- siones de: sus gobernantes para que los alteraran. El cronista musulmén del siglo x11 Ibn al-Qalanisi exponta sus propésitos en unos términos que hoy nos resultan familiares: 4, Qadri Ismail, (Not) at Home in (Hindu) India: Shahid Amin, Dipesh (Chakrabarty, and the Critique of History», Cultural Critique, 68: 1 (2008) 210-247, itp. 214, 56 2, Laverdad en la historia He completado la nazracién de los hechos descritos en esta cr6nica y los he ordenado procurando no incurrir en erro- zes,juicios apresurados ni descuidos con los materiales, que he transcrito a partir del testimonio. de personas dignas de credibilidad y solo he transmitido después de someterlos a Jas mas rigurosas investigaciones con el propésito de verifi- carlos’ ' Las tradiciones historiogréficas china y ardbigo musul- ‘mana (al igual que otras muchas) comparten asf la preo- cupaci6n, supuestamente occidental y moderna, por la veracidad hist6rica, Una larga historia de aspiraciones a la verdad com- partidas de manera muy amplia indica que la historio- grafia ha sido y seguiré siendo cultivada fiiera de los Ii- mites de los departamentos académicos; no es necesario un marco universitario para aspirar a la veracidad. Lo que también demuestra que la aspiracién a la veracidad no es exclusiva de Occidente: Esa aspiracién es ante- rior al colonialismo y al imperialismo occidentales.y puede hallarse en numerosas y diversas tradiciones his- toriograficas, Desde los tiempos del historiador ate- niense Tucidides, c. 430-400 a. n. e., los estudiosos no han dejado de proclamarse mas objetivos que quienes los precedieron 0, lo que es lo mismo, mas veraces. Y pudieron presentarse de ese modo porque tuvieron la oportunidad de construir a partir del trabajo de sus predecesores. 5. Chase FE. Robinson, Islamic Historiography (Cambridge: Cambridge University Press, 2003), p. 143. 57 Historia Pero setfa un error, pese a todo, concluir sin mas que Ia historia es siempre la misma a'lo largo del tiempo y a través de las diversas culturas, Toda historia, ya sea escri- ta, oral, pictogeéfica o performativa descansa sobre tina forma de nattacién; es decir, un relato qué aspita'a te- presentar el pasado a través de algan tipo de disposicién cronol6gica. Pero esas formas se presentan en utia varie dad inimaginable. Y tan diversas son que a menudo los historiadores occidentales se muestran incapaces de en- tender que los poemas épicos; las telas y los textos picto- stificos, los «nudos patlantes» (los quipus de los incas, de Sudamérica) o las narraciones épicas cantadas, como las del gamelén indonesio, comparten un parecido de fa- milia narrativa con los anales, crénicas, manuscritos y li- bros historiogeaficos de Occidente. Tienen en comin con ellos ciertas caracteristicas, pero también difieren de ificativas, y al cabo la‘comprensién de las as de cada forma es lo tinico que logra ex- pandir la concepcién de la historia y de la-verdad histé- rica, La condescendencia hacia esas formas de la historia que resultan poco familiares ha perdido el favor de los lectores en la actualidad, al igual que, en general, ha ocu- rrido con el-desprecio hacia las formas mas vernéculas de historia. Los referentes de la veracidad de los hechos, la coherencia y la exhaustividad muestran una asombro: sa amplitud de formas de expresidn historiogrifica. Con todo, aun sin ser latinica forma posible de verda- dero conocimiento hist6rico, el modelo de los historia- dores del siglo x1x europeo, formados por la universi- dad en la investigacién de Jas fuentes, resulté ser extraordinariamente poderoso, No habria sido imitado 58 2. Laverdad en la historia en otros lugares del mundo de no haber sido capaz. de generar un impactante y nuevo conocimiento del pasa~ do, Cuiando se establecié la primera facultad de historia en la Universidad de. Tokio en 1887, tinicamente se en- sefiaba historia europea: Suprimer catedrético fue un historiador aleman de Berlin, Ludwig Riess, un discipu- lo de Ranke especialista en la historia constitucional in- lesa, Mientras la facultad de historia se ampliaba para incluir la historia japonesa y la historia-«orientaly, la his- toria «occidental» consistia en la historia alemana, in- lesa y francesa, pucs se consideraban los modelos de la practica historiografica y el desarrollo del Estado nacién moderno. Y, por la misma razén, a historia europea que se ensefiaba en las: universidades norteamericanas se centré en'la historia alemana, inglesa y francesa hasta que la Guerra Fria en la década de-1950 aliment6 un mayor interés por la historia de Rusia y de la Europa Oriental. ‘ ‘Anécdotas similares ‘sobre la influencia europea po- drian contarse de otros muchos lugares distintos. El mo- delo rankeano se abrié camino en Argentina a principios del siglo xx, cuando la Universidad de La Plata encargé a dos profesores que estudiasen los métodos histotiogra- ficos que se estaban ensefiando en Norteamérica y Euro- pa, especialmente en Alemania, Esos mismos métodos fueron empleados desde entonces para el estudio de la historia de Argentina, y posteriormente se introduijeron, en México, Chile, Pert, Venezuela y Cuba. Y, aunque re- sulta absurdo decir, como muchos han sostenido en el pasado, que el sur de Asia carecfa de conciencia histérica con anterioridad a la llegada de sus colonizadores brité- 59 Historia nicos, un importante ‘historiador indio como Partha Chatterjee sigue hablando del influjo que libros escritos por historiadores briténicos tuvieron sobre él. Para él, What is History? (1961) de E. H, Catt supuso «el nuevo testamento del método histérico» en los afios sesenta del siglo20¢ al defender la importancia de la historia social y econ6mica en una época en la que la mayoria de los his: toriadores esctibfan sobre las instituciones.y laé élites politicas*. El enérgico manifiesto de Cart tuvo influencia en todo el mundo, pues los debates y controversias que agitaron a los histotiadores britdnicos, franceses y alema- nes siguieron dando forma a las discusiones histéricas internacionales en la segunda mitad del siglo 30x. Pero, como sugieren los ejemplos de Chakrabarty y Chatterjee, aquellos que fueron formados o inspirados por los métodos europeos también pudieron convertir esos mismos métodos en instrumentos para desafiar la dominacién occidental. Al igual que Chakrabarty, Chat- terjee defendié la resistencia a la colonizacién europea de las demas historias: Polo visto, la historia ha dictado que nosotros, en el mundo poscolonial, no seamos més que perpetuos consumidores de modemidad. Europa y las “Américas, las tnicas verdaderas protagonistas de Ia historia, han escrito por nosotros no solo el guion de la ilustracién y la explotacién coloniales, sino también el de nuestra resistencia anticolonial y nuestra mise- 6, Partha Chatterjee, «Introduction: History and the Present» en Partha Chatterjee y Anjan Ghosh (eds.), History and the Present (Londies: An them Press, 2005), p. 1. 60 2, Laverda en la historia xia poscolonial. Incluso nuestra imaginaci6n ha de permane- cer colonizada para siempre’. ‘No hace falta decir que no tenia intencién de dejar pa- sar esa colonizacién sin desafio; asi que emples eviden- cias extraidas de las fuentes originales para desarrollar su propia interpretacié[Link] nacionalismo anticolonial como una forma provista de sus propias caracteristicas distintivas que:no podia reducisse a la pobre imitacién de los modelos occidentales. Aungue esta gran atencién al curocentrismo sea relati- vamente reciente, los historiadores formados en los todos europeos han estado aplicando esas herramientas con sus propios objetivos desde finales del siglo xxx, Al mismo tiempo que los historiadores franceses, ingleses y alemanes indagaban en los archivos de sus respectivos gobiernos con-el objeto de apuntalar la cohesién nacio- nal en Francia, Gran Bretafia y el relativamente joven es- tado de Alemania (que no se habfa unificado hasta 1871), los historiadores japoneses empleaban los procedimien. tos de Ranke para apoyar las tradiciones imperiales y promover el nacionalismo japonés: Incluso-pusieron el concepto'europeo de civilizacién al servicio de sus pro- pésitos. En 1869, el emperador Meiji ordené la elabora- cién de una historia que «estableciera con clatidad la distincién entre civilizaci6n y barbarie» y mostrara Ja- pén como representante de la civilizacién. Uno de los 7, Parthe Chatterjee, Empire and Nation: Selected Essays (Nueva York: Columbia University Press, 2010), p.26 (obra publicada por primera vez 1991), 6 Historia principales historiadores japoneses de la primera mitad del siglo xx, Tsuji Zennosuke, defendia en 1950 que Ja- én habfa integrado elementos extranjeros como el con- fucionismo yel budismo, pero los habia asuinido en su forma otiginal,-y, como resultado de ello, «la ésencia de Ia cultura oriental se:contenia solo‘en Japén»*. Argentina presenta un caso atin més llamativo si tene- ‘mos en cuenta el gran ntimero de argentinos que son in- migrantes procedentes de Europa, Ricardo Rojas; uno de aquellos dos profesores que fueron enviados fuera del pais para estudiar los métodos hist6ricos, publicé a su regreso, en 1909; un informe titulado La restawracion nacionalista que evidenciaba el intencionado vinculo con el nacionalismo argentino. En él defendia que; para contrartestar la influencia de las ideas foréneas, los ar- gentinos necesitaban desarrollar: su propia identidad nacional a través de la ensefianza de la historia argentina cn sus escuelas. Cuando se cumplia el centenario de la independencia de Argentina, en 1916, publics su obra La argentinidad, donde ensalzaba la historia heroica y la memoria colectiva de su nacién. Insistia alli en que el movimiento de independencia no habia sido inspirado por ideas europeas, sino desarrollado a partir de fuentes autéctonas. Como muestran estos ejemplos, los méto- dos europeos de estudid de Ia historia también pudie- ron emplearse como refuerzo de identidades no euro- peas y antieuropeas. 8. John S. Brownlee, Japanese Historians and the National Myths, 1600— 1945: The Age of the Gods anid Emperor Jinmmu (Vancouver: UBC Press, 1997), pp. 82, 157. 62 i 2. La verdad en ahora Verdades provisionales Tncluso cuando la interpretaci6n histérica se basa en he- chos verdaderos, resiilta Coherente [Link] punto-de-vis~ a l6gico y posee toda la exhaustividad que puede:confe- title; un estudioso, la verdad de toda_interpretacion ie inal. Nuevos hechos pueden salir a la la exhaustividad cambian con el tiem- pos Los historiadores han estado reforzando:la cohesién nacional desde-hace mucho al’ proporcionar. discursos acerca-de la,identidad supuestamente diferenciada de una na¢ién; pero leerlos ahora revela unas-deficiencias que en su momento no se reconocieron. Ese efecto cega- dor del patriotismo no se limita a Europa ni a Occidente; seida en todas partes, Aunque, antes de que nuestra auto- complacencia nos Ileve a sentirnos por encima de aque- Ilos esfirerzos del pasado, admitamos que un dia nuestras historias de hoy parecerén tan incompletas como estas ‘nos tesultan a nosotros. Durante dos siglos, el modelo de discurso narrativo de del primer intento en Jamesiowin (1607). Aunque fran- ceses y espaiioles controlaron territorios mucho mas ex- tensos; Ios historiadotes justificaban centrarse en los in- 18563 argumentamds que tanto la Jengua como las institiGiones Tegales y politicas inglesas fueron las que ainericanos 0 «indios», como se los llamaba, apenas fue- ron fénidos en cuenta. En su popular libro-de texto titu- 63 Historia lado An American History, que conocié miltiples edicio~ nes entre 1911 y 1933, David Savile Muzzey no dudaba en menospreciar a las tribus indias notteamericanas y, de paso, a la poblacién’aftoameticana contemporénes «{Las tribus indias] posefan tina gran variedad de juegos y-danzas, solemnes y alegres, y eran aficionadas a tomar el sol con indolencia; como los negros del Misisipi de hoy’. Muzzey consideré su relato coherente y completo sin necesidad de dedicar verdadera atenci6n a nativos ni afroamericanos. En cambio, lleg6 a verse acusado de ha- ber escrito un «texto traidot» por no hablar de manera suficientemente elogiosa sobre los padres fundadores de Ja nueva reptblica. Limitaciones similares en las antiguas nociones de ex- haustividad pueden hallarse en las historias de otras colo- nias como Australia, pero también en las de naciones im- petiales como Gran Bretaiia y Francia, por no hablar de la India 0 de China, Hasta décadas recientes, los libros de texto escolares australianos comenzaban con la llegada de James Cook en 1770 e ignoraban la larga historia de los pueblos aborigenes. The Oxford History of Britain, actua- lizada en 2010, sigue contando la historia de «Gran Breta- fia» desde la perspectiva de los ingleses: Gales: padecia desgobiero y desérdenes; los ingleses le levaron la paz y un gobierno exitoso. Las historias de Francia pasan bas- tante por alto la esclavitud o la violencia de la coloniza- ci6n y ensefian el pasado a los franceses desde la perspec- tiva de la metrépoli. Las vidas de esclavos y mestizos apenas si aparecen en ella, Y los estudiosos angl6fonos se 9, David Saville Mizzny, An Americon History Boston: Gin, 1920), p.20. 64 2. Laverdad en la historia dejaron guiar por los franceses en este aspecto. En 1989, Gitizens, el best seller de Simon Chama sobre la historia de Ja Revolucién francesa, dedicaba una tiica linea en un tomo de novecientas paginas al levantamiento de esclavos de 1791 en la colonia francesa de Santo Domingo, y ello solo para explicar el descontento en Francia pot los eleva dos precios del azticar yel café. Los libros de texto france- ses no empezarén a tratar la historia de la esclavitud en las colonias francesas hasta los comienzos del siglo xx1. Los historiadores naci ¢émo incorporar © que habian pre- ipétialistas cuopeas. En la In- dia, ‘dos importantes’ discursos siguen disputéndose la atenci6n. Los nacionalistas hindiies sostienen desde hace mucho tiempo que la India es en esencia una nacién hin- di que intenta defenderse de las influencias extranjeras; desde su petspectiva, los mogoles musulmanes, que go- bernaron gran parte de la India actual durante dos si- slos, aparecen como extranjeros brutales que ejercieron una violenta represién. Los historiadores nacionalistas seculares sostienen, en cambio, que la religién no dividi6 al pais hasta que los ingleses se apoderaron de él y auspi- ciaron las divisiones comunales entre musulmanes hin- dies, Y, para defender su causa, minimizan las manifes- taciones anteriores de comunalismo. A lo largo del siglo Xx, los historiadores chinos han puesto énfasis en el po- det asimilador del Estado chino para justificar la incor- poraci6n de ottos pueblos, y algunos incluso han llegado a presentar a dichas etnias como inferiores en cultura y civilizacién, A los manchiies, que gobernaton China du- 65 Historia ante mis de dos siglos, los han descrito como incompe- tentes, barbaros y analfabetos. La historiografia que apoyaba las ideas dela superiori- | dad Gccidental también exigia una vision que ahora pa- rece mis miope qué de mirayamplias; Occideite spin ‘taba“coiiio la Tiienté de“la fanovacién tecnolégica y-el | avance cultural (la «moderhidad»); Orierite era minus- valorado'a menudo con caracterizaciones autoritarias no muy diferentes de las que empleaba Muzzey para’ descri- bir a Jos nativos americanos. El filésofo aleman'G. WE, Hegel inauguré en 1820 una larga histotia de menospre- cio del Este u Oriente en sus lecciones sobre el significado de la historia universal; «Oriente sabia y sigue sabiendo — hoy que solo wo ¢s libre; el mundo griego y romano supo que algunos son libres; el mundo'aleman sabe que todos somos libres». Ello se debia, para él, a que los alemanes se habian beneficiado de Lutero y dela Reforma protestante, gue «aseguraba a la humanidad la libertad espiritual>", Hasta hoy mismo, muchos siguen creyendo que la demo- ctacia, el mercado libre, los derechos humanos y el estado de derecho (todas cllas variaciones de la idea de libertad de Hegel) son valotes occidentales; segtin esa linea de pensamiento no esta claro qué valores son los que Oriente podria ofrecer. Para Hegel, Oriente representaba inma- dure, irreflexién, sometimiento, sensualidad y fanatismo. Sin embargo, como demuestran los ejemplos de la In- dia y de China, la afici6n a alardear de la propia superio- 10. Georg Wilhelm Friedrich Hegel, Lecciones sobre la Filosofia de la Historia Universal. Hay traduccion al castellano en Alianza Editorial (2004) a cargo de José Gaos con prélogo de José Ortega y Gasset. 66 2, Laverdad en a hisonia ridad étnica, cultural o de civilizacién no se limita a los paises occidentales. En Nigeria, por tomar un ejemplo muy diferente, los politicos yoruba, igbo o hausa-fulani sehhan servido de las historias de sus etnias para respal- dar sus teivindicaciones en la hucha por el poder sobre el pais. Algunos historiadores han querido defender que fueron las [Link] briténicas las que en realidad ctearon la nocién de la etnia unificada y en con- flicto con las otras, pero otros también contribuyeron a construir un sentido de Ia etnia. No existirfa una «na- cién» yoruba sin los esfuerzos pioneros de estudiosos africanos como los de Samuel Jonson al escribir The History of the Yorubas (1921), donde recopilaba tradi- ciones orales y testimonios de primera mano. Bajo ell control briténico, los nigerianos tuvieron que defenderse dela idea, extendida en Gran Bretaiia, de que antes dela Iegada de los europeos Jos africanos catecian de escritu- ra y, por tanto; de historia. Desde su independencia en 1960, en cambio, Ia historia nigeriana se ha arriesgado a ladivisién a causa de la etnicidad; los esfuerzos titubean- tes del gobiemo nigeriano:por mantener una autoridad central con demasiada frecuencia han tenido como re- sultado la divisié[Link] los recursos para la investigacién hist6rica entre regiones identificadas, fundamentalmen- te, por el origen étnico. Resulta muy dificil distanciarse dela propia comunidad y mirar con perspectiva. eDemuestran estos ejemplos que la verdad hist6rica es imposible? Aunque indican que la verdad absoluta si lo és, contemplados més de cerca, nos revelan que los mode- los ide verdad hist6rica son increiblemente poderosos, pues favorecen la critica. . Disponible en: [Link]/about-aba-and- smembership/as-history-and-archives/archives/he-sudy-of history in 73 La primera brecha Los autores del informe de 1898 querian desarrollar un curriculum de historia adecuado para nifios y nifias, pero en la medida en que la historia en la universidad segufa siendo «la escuela de la habilidad politica», el lugar de las mujeres quedaba lejos de estar asegurado. Ninguna mujer pudo votar ni presentarse como candidata al par- Jamento en’ Reino Unido hasta 1 hasta 1928 no se Jogré la igualdad en el derecho al voto. En 1881, Cam- bridge comenz6 a admitir mujeres en pero en repetidas ocasiones se negé a entregar titulos a Jas mujeres hasta 1923. Tres afios mas tarde, finalme las mujeres obtuvieron el derecho a ocupar puestos uni ios. E] célebre economista politico Alfred Mars- hall se mostré excepcional al argiiir que la mente de las mujeres era demasiado inferior como para aprovechar la educacién de Cambridge, pero parece que la mayoria de los. hombres de la universidad creyeron que las mujeres no seguirian las mismas carreras que los varones ni com- petirfan con ellos por sus puestos de trabajo. Apesar de todo, gracias a que se establecieron colleges femeninos, en Cambridge en 1869 (Newnham), alg setios, asistir a us exdmenes, universitario y obtener becas para prolongar sus estu dios. Eileen Power (1889-1940) fue una de las mas nota, bles, y llegé a convertirse en una in a votar en contra de otorgar titulaciones a las mujeres en 74 5, La politica dela historia 1921, acepté un puesto en Ja London School of Econo- mics a pesar de haber escrito en carta privada a un all gado: «Lo hago @ mi pesar, pues; aunque a menudo me hairtitado ser enjaulada en Girton, amo el college y amo Cambridge» Las mujeres de Estados Unidos obtuvieron el derecho al voto en'I930, pero disfrutaron de oportunidades mas teinprana’ de acceder a la educacién ya los puestos pro- fesorales debido en parte al éxito de los colleges femeni- nos como Mount Holyoke (1837), Vassar (1861), Welles- ley (1875), Smith (1875) y Bryn Mawr (1885)..A medida las universiades ptiblicas se establecieron a lo largo del Medio Oeste y el Oeste con ayuda de las concesiones de tietras federales, crecié también la presién para admi- tir a mujeres en ellas, y hacia 1900 las mujeres ya consti- tufan mas de un tercio de los estudiantes de colleges de toda la nacién. La tinica mujer integrante del equipo de trabajo que escribi6 el informe de 1898 sobre las escue- Jas:de secundaria, Lucy Maynard Salmon (1853-1927), obtuvo uno de los primeros titulos de grado otorgados a mujeres por la Universidad de Michigan. La carteta de Salmon refleja los dilemas que las mujeres tuvieron que afrontar. Estudié en Michigan en la década de 1870 con Charles K. Adam, uno de los primeros parti datios del método del seminario rankeano. Aunque Adams no consideraba a las mujeres aptas para el trabajo de semi- nario, acepté ser su consejero durante sus estudios de gra- do, Luego continué estudiando en Bryn [Link] el futu- 4! Maxine Berg, A Woman in History: Eileen Power, 1889-1940 (Cam: bridge: Cambridge University P Historia ro presidente Woodrow Wilson, por entonces profesor de ciencia politica e historia. Wilson no se interes6 especial- ‘mente por ella, pero cuando su tesis de maesttia acerca de las facultades de nombramiento de la presidencia de Esta- dos Unidos fue publicada con éxito, el college Vassar le oftecié un puesto como profesora de economia, ciencia politica ¢ historia. De inmediato introdujo el método de ensefianza del seminario, y junto con los demas coautores del informe de 1898 alenté a las escuelas de secundaria a salir de Ja mera memorizacién de datos para acercarse al pensamiento critico y al estudio de las fuentes originales. La trayectoria del estatus de las mujeres en la profesién de Ja historia no fue ininterrumpidamente ascendente desde el principio. Pudo retroceder, en realidad, en Esta- dos Unidos durante las décadas de 1950 y 1960. Y mu- chos departamentos de historia de las universidades se re~ sistfan a contratar a mujeres en la década de 1970, Cuando me nombraron profesora ayudante de historia en la Uni- versidad de California, Berkeley, en 1974, cien afios des- pués de que Salmon obtuviese su titulo de grado y cin- cuenta afios después de que Cambridge admitiese otorgar titulos a mujeres, yo era tan solo la cuarta mujer en acce- der a un puesto en el departamento de historia. La prime- radeellas, Adrienne Koch, enseiié en Berkeley entre 1961 y 1965; la segunda, Natalie Zemon Davis, llegé en 1970. Y ‘cuando llegué a ser profesora titular en 1984, yo era la tini- ca mujer que ostentaba ese puesto (pues Davis se habia marchado a Princeton) en una facultad de historia que contaba con cuarenta profesores titulares. Toda historiadora de mi generacién puede contar la misma experiencia. A comienzos de la década de 1970, 76 3. Lapolitica dela historia 1.13% de los titulos de doctorado en historia en Esta- dos Unidos los recibieron mujeres, pero las mujeres solo formaban el 1% de las facultad@s de historia en las es- cuelas de posgrado. La situacién cambié radicalmente en las siguientes décadas: en 2008, las mujeres consti- tuian més del 40% de los iuevos titulos de doctorado y el 35% de los éstiidiantes de las faculiades dé historia ei zolleges de cuatro afios y universidades’. En 2017, el departamento de historia de la Universidad de Califor- nia, Berkeley, contaba con nueve mujeres entre sus vein- , el departamento de historia contaba con quince mujeres entre sus treinta y siete profesores. En 2012, en Reino Unido las mujeres ocupaban casi el 40% de la plantilla académica de historia, pero constituian el 21% de los profesores titulares de his ria, El nimero de mujeres disminuye a medida que va- mos ascendiendo en la jerarquia académica en todos los paises. Abriendo las puertas La entrada de las mujeres en la profesién de la historia es solo"tiha parte de la historia de todas las puertas que se 5. Robert B. Townsend, «What the Data Reveals about Women Histori- in UK High- &+ Edicion» feo de 213) penile ca tp foalsuce ey -wp-content/uploads/2015/02/RHSGenderE qualityReportJan-15 pa. 7 Historia abrieron. Estudiantes pertenecientes a minotias, pueblos indigenas e incluso ‘a Jas clases obreras blancas tuvieron que enfrentarse a obstéculos tan grandes como los de las mujeres pata ser aceptados, en muchos casos incluso ma- yores. Pocos académicos de alto nivel expresaron'su pun- to de vista mas abiertamente que el ilustre historiador de la Norteaméri¢a colonial Cail Bridenbaugh. Producto de Darmouth y Harvard, Bridenbauigh enseiié en la Univer- sidad de California, Berkeley, entre 1950 y 1962, ¥ no po- dia soportat la afluencia de inmigrantes blancos mascue Tinos que se produjo inchiso-antes de la incursién de las miijeres y las minorfas. En el discurso’ que, como presi- dente dela misma, dirigié a la Asociacién Historica Ame- ricana en 1962 (jno estamos hablando de 1862!), la- mentaba el creciente nimero de historiadores jévenes «procedentes de Ja clase media 0 de origen extranjero» cuyas «emociones no era faro que se interpusiefan en el camino de las reconstrucciones histéricas». Al parecer, no aquejaba semejante desventaja a los historiadores (varo- nes y blancos) de la alta clase media, Tal vez estaba pen- sando en los judios, que acababan de poner un pic en la profesién tras décadas de exclusién, al concluir que «la mayoria de los estudiosos de hoy, criados en la ciudad» iban a encontrar dificultades a la hora de resucitar el pasa- do para sus estudiantes’. No sorprende que los obsticulos a los que tuvieron que enfrentarse en la profesién de la historia quienes no eran de raza blanca fueran especialmente dificiles. Hasta 7. Cari Bridenbaugh, «The Great Mutation», The American Historical Re- view, 68:2 (1963), 315-31, eit. pp. 322-323, 328, 7B 3. La politics de Is hisonia 1999, los no blancos constituian tan solo el 7% de todos Jos doctores en historia activos en Estados Unidos y alre- dedor del 12%:de los nuevos doctores en historia, En 2010, la proporcién de las minorias raciales y étnicas en- tre los nuevos doctores en historia alcanzaba casi el 19% [Link] época en la que; segtin el censo de Estados Uni- dos para ese mismo afio, el 28% de la poblacién era no blanca. La historia en Estados Unidos ha seguido la sen- da de otras disciplinas a este respecto. Lo que también parece verificarse en Reino Unido, aunque resulta dificil encontrar estadisticas equiparables. Segtin los datos re- copilados pot la Higher Education Statitistics Agency (HESA), en 2015 el 22% de los estudiantes de-primer afio en la universidad de Reino Unido, tanto de grado como de posgrado, procedia de minorias étnicas; pro- porcién ligeramente superior a la de las minorias étnicas en la poblacién en edad universitaria, Pero los estudios hist6ricos y filos6ficos (tomados en conjunto) arrojaban tan solo el-10,7% de minorias étnicas entre los estudian- tes de grado en 2015. Las cifras ni siquiera empiezan a contar las cosas como fueron. En su autobiografia publicada en 2005, John Hope Franklin (1915-2009), el primer presidente afroamericano de la Asociacién Historica Americana, hacia un resumen de las ofensas raciales a las que tuvo que enfrentarse durante su vida. A los scis afios lo obli- garon.a bajar'de un tren por haber ocupado sin darse cuenta un asiento reservado pata blancos; a los dieci- ‘ueve estuvo a punto de ser linchado en Mi alos veintiuno se negaron a servirle en una cita cuando era un estudiante de grado de la Universidad de Harvard; 79. Historia a Jos cuarenta lo lamaron «negro de Harvard» en la oficina de un registro local en el Sur-(en algunos archi- vos surefios simplemente se negaban a admitir a afroa- mericanos), y a los ochenta le pidieron que colgara el abrigo de un blanco en un club de Washington D. C. del que era miembro, no empleado. La lista continga. Resulta casi imposible entender lo dificil que fue, y que a menudo sigue siendo, para los estudiantes de las mi- norias, abrirse camino en la universidad aun cuando sus profesores sean; como Franklin en Harvard, abso- lutamente comprensivos. Encuestas recientes han demostrado que las minorfas é:nicas siguen sintiéndose aisladas, marginadas y exclui- das también en las universidades de Reino Unido. El muy influyente critico cultural nacido en Jamaica Stuart Hall decfa no haber experimentado un racismo manifies- to cuando lleg6 por primera vez a Oxford en 1951 con una beca Rhodes, aunque «a menudo, era la tinica perso- nanegra dela sala». Oficialmente, Oxford era cortés con sus estudiantes negros («éramos tan pocos que nos vefan més como ratezas-curiosas que como encarnacién de cualquier tipo de amenaza»). Pero, al entrar en cualquier pub o café, descubria: «mi cuerpo siempre estaba en ten- sidn [...] sabfa que la raz6n por la que la gente me mira- ba era la incémoda presencia de la diferencia»’, En 2015-2016, segiin la HESA, menos del 2% del personal académico de las universidades de Reino Unido era ne- ato, y solo el 8% eta asitico 8. Stuart Hall (con Bill Schwarz), Familiar Srranger: A Life Between Tico Islands (Durham, NC: Duke University Press, 2017), pp. 157-158. 80 i 3. La politica de a historia Dado que los cambios en la composicién de los estu- diantes y, especialmente, de los profesores de historia lle- garon lentamente al principio y solo'se aceleraron més tarde, qui2é no sea sorprendente que Io quese considera: ba estudio hist6rico fuera modificandose primero poco a poco también, y luego experimentase transformaciones més profundas en las tiltimas décadas. Como sefialaba- mos antes, los estudios universitarios de historia en Euro- pay Estados Unidos se centraron en sus comienzos en la historia grecolatina y de la Europa medieval. Las historias nacionales ganaron terreno a finales del siglo x1X, y en la década de 1910 habfan llegado a constituir la oferta pte dominante, al menos en Estados Unidos. La programa- cin de Harvard para 1911 incluye decenas de cursos re- lacionados con los estudios histéricos, y casi la totalidad de los que se oftecian acerca de la historia moderna euro- ea tenfan que ver con la historia de un Estado nacién, Inglaterra y Francia eran los que recibjan*tratamiento mas detallado, pero también se ofertaban cursos especifi- cos sobre Ja Alemania, la Ttalia, la Rusia y la Espafia mo- detnas. La era de la especializacién habia amanecido, El centro de gravedad se habia desplazado desde el mundo antiguo hasta el'modemo, con la consecuencia de que ahora el Estado nacién daria forma al estudio y la investi- gacién de la historia. Con todo, la historia de Estados Unidos, aunque era objeto de mayor ntimero de cursos que en la década de 1870, seguia eclipsada por la historia medieval y modema europea; ni siquiera en Estados Uni- dos ocupaba aiin el centro de los estudios histéticos. Todavia sigue siendo una sefial de estatus de élite en un departamento de historia estadounidense conceder a Historia més atencién a la Europa medieval y moderna que a Es- tados Unidos. La pagina web de 2017 del Departamen- to de Historia de la Universidad de California, Berke- ley, mostraba una lista de. dieciséis profesores de historia europea moderna y medieval y trece de historia de Estados Unidos. Sin embargo, en total, en 2015, mas del 41% de las facultades de colleges de cuatro afios y universidades en Estados Unidos impartian historia de Estados Unidos frente al 32% de las que impartian his- toria europea. La cifra de la historia europea ha ido de- creciendo ininterrumpidamente desde la década de 1970, mientras que el porcentaje de especializacién de las fa cultades en Ja historia no occidental ha crecido, En Es- tados Unidos, asi pues, el declive de la historia europea y el auge de la no occidental han acompafiado a la de- ‘mocratizacién del cuerpo de estudiantes, quiz en par- te porque la historia europea parece no solo elitista, sino también blanca. Lademocratizacién de la historia como materia de estu- dio, sin embargo, fue consecuencia no tanto del cambio cn las grandes areas geogrificas de las que se ocupaba como de la transformacién de los modos de abordarla. De manera nada sorprendente, los nuevos métodos han ad- quitido parte de su impetu de relativas outsiders como las historiadoras pioneras Lucy Salmon y Eileen Power. Ha- biendo comenzado como historiadora politica, Salmon no tard6 interesarse por la historia social, primero con un muy reseiiado libro acerca del servicio doméstico (1897) y mds tarde en articulos llamativamente visionarios sobre la, importancia de estudiar lo que hoy conocemes como cul- tura material, En que empez6 a ser con la llegada de la politica de masas a finales del siglo xix. Pero la ciudadania se halla ahora definida de manera mucho mas amplia. Ya no solo se tra- ta de pettenccer a nuestia nacién (aunque también), sino de cémo nuestra nacién, y por tanto, cada individuo que Ia integra, encaja en un universo global més amplio e in- cluso césmico. La historia nacional seguira teniendo prioridad en las escuelas de primaria y secundaria, pues- to que la mayor parte de los actos de ciudadanta, como votar, se realizan dentro del marco de los Estados na- ci6n, Los esfuerzos de la Unién Europea han demostra- do que no es facil establecer la soberania plurinacional en ausencia de un sentido de historia plurinacional sub- yacente. Por esa tazén, la Unién Europea ha intentado estimular atin més la ensefianza de la historia curapea en. sus Estados thiembros. Lo irénico es que la historia eu- ropea;yno simplemente la francesa, la alemana.o la bri- +ténica, ha tenido una historia mucho més extensa en Es- tados Unidos que en Ja propia Europa, pues la ensefianza de la historia europea en Estados Unidos sirvié primero para formar a una élite y luego, con la llegada de la Pri- meray la Segunda Guerra Mundial, para crear un senti- do de los valores comunes compartidos por Estados Unidos y sus aliados europeos. Un papel que ha retroce- dido en la medida en que la guerra en Europa parece im- probable y el gobiemo de Estados Unidos ha mostrado 86 3. La police de la historia cada vez mayor preocupacién por el desarrollo de los acontecimientos al sur de la frontera y en Asia. La historia global y la historia nacional ahora van de la mano en Estados Unidos no solo porque los intereses politicos y econémicos estadounidenses sean globales, sino también porque la inmigracién ha traido al pais a gentes de todo el planeta. La proporcién de europeos entre la poblaci6n estadounidense nacida en el extranje- to cayé del 75% de 1960 al 11% de. 2014; al mismo tiem- po que la inmigracién latinoamericana y asidtica se dis- paraba. El discurso nacional de Estados Unidos, pot tanto, se muestra ahora mas inclusivo con los americanos procedentes de paises no europeos, a pesar de que los euroamericanos atin sigan ocupando el primer lugar. Pero atin més lamativo resulta que la historia universal haya reemplazado en gran parte a la historia europea como engatce con la historia de Estados Unidos en las escuelas de secundaria-e incluso en las universidades. El niimero de estudiantes de secundaria que eligen exami- narse de historia universal avanzada en las pruebas de acceso a la universidad dobla al de los que eligen exami- narse de historia europea. La historia global y nacional también van de la mano en Reino Unido, pues Gran Bretaia gozaba de un impe- rio de extensi6n mundial en el siglo xvm, y el pais atrae a inmigrantes de todo el planeta. La poblacién de Reino Unido nacida en el extranjero se ha duplicado con creces entre 1993 y 2015, y en 2015 constituia el 13,5% de la poblacién (la cifta en Estados Unidos era un casi idénti- co 13,7%). Las pantas del gobierno de Reino Unido para obtener el Certificado General de Educacién Se- 87 Hiscoria cundaria en historia (al que acceden escolares de edades comprendidas entre los 15 y los 16 afios) requiere'que al ‘menos el 40% de los contenidos sean de historia briténi- cay exige atencidn a tres contextos geogréficos diferen- ciados: la historia local, la/historia de Gran Bretafia'y la historia europea o universal. La historia universal pose asi el mismo peso que la de Europa. La creciente importancia de la historia:global puede verse también en la composicién de las facultades de his- toria del Reino Unido. Entre los profesores de historia de la Universidad de Cambridge en 2017, menos de una cuarta parte centraba su trabajo primordialmente en Gran Bretafia, en tanto que més de un tercio lo centraba en el mundo exterior a Occidente. En la Universidad de Warwick, casi dos tercios de la plantilla académica mos- traba algiin interés en cuestiones globales; aproximada- mente la mitad se ocupaba de la historia europea, y casi la misma proporcién se interesaba por la historia de Gran Bretafia. Podria sozprender el hecho de que no pa- rezca haber mayor atencién a la historia global en Aus- tralia, aunque, segtin los modelos de Estados Unidos 0 Reino Unido, gran parte de la historia australiana cuente como historia global, Alrededor de un tercio de la plan- tilla académica de Historia de la Universidad de Sidney tenia como principal objeto de interés la historia austra- liana en 2017, mientras que algo mas de un tercio se de- cantaba por la historia europea, el 15% por la historia americana, y otro 15% por la historia no occidental”. 10. En todos los casos he consultado los sitios web de las universidades. Para la Universidad de Cambridge, he tenido en cuenta los que figuran 88 >. La politica de a historia El grado de atencién prestado a la historia nacional y, dentro de la historia nacional, a la historia de diversos grupos diferenciados, continuaré generando nuevas cuestiones. En-Estados Unidos, el Comité Nacional Re- publicano aprobé, en agosto de 2014, una resolucién que condenaba un reciente plan de mejora de la ense- fianza de la historia estadounidense en las escuelas de se- cundaria argumentando que esta reflejaba «una visién radicalmente revisionista de la histéria americana que enfatiza los aspectos negatives de la historia de nuestra nacién mientras omite 0 minimiza los aspectos positi- vos». En 2015, un representante del estado de Oklaho- ma present6 una proposicién de ley para exigir que ell Consejo. de Educacién del Estado -rechazara el nuevo plan y que se ensefiara, en su lugar, alos alumnos una se- rie de documentos «fundacionales» que inclufan la Carta Magna, los Diez Mandamientos y varios discursos de Ronald Reagan. El legislador en cuestién era miembro del Black Robe Regiment, red que, segiin informa su propio sitio web, promueve «la responsabilidad biblica de defender a nuestro Sefior y Salvadorvy proteger los principios y lbertades otorgados a un pueblo moral por la Constitucién, de inspiracién divina, de los Estados Unidos»", ;Para ellos la separacién entre iglesia y Esta- ‘como profesores de historia. Para la Universidad de Warwick, he utilizado setae le td sb ida ads {e una materia. Para la Universidad de Sidney, he tenido en Soe eine eae Se cp ceo Hace Gam ohana ee oi sea Will Have ‘Devastating’ Impact» (The Guardiar, 20 de febrero de 2015). Bipeiicore dime he Cu or 20. 89 Historia do, sencillamente, no existe! La proposicién de ley fue rechazada tras generat criticas fulminantes, pero repeti- das protestas consiguieron una revisién del plan con ma- yor énfasis en el excepcionalismo americano y en los pa- dres fundadores. ‘ EI debate en Reino Unido ha sido menos virulento, pero igual de persistente. La preocupacién por la insula- ridad cuenta con una latga historia en Gran Bretafia. Ea 1926 los inspectores escolarés ya expresaban su inquie- tud por el hecho de que la ensefianza de la historia en la escuela primaria estuviese demasiado exclusivamente centrada en Gran Bretafiay el Imperio briténico, en tan- to que la historia universal apenas se trataba, Sugitieron que una mayor“atencisn a Ja historia universal podria prevenir el estallido de futuras catastr6ficas guerras undiales. Y, aunque aquella esperanza se demostrase ingenua, la importancia que se concede a la historia bri- tainica en las escuelas sigue generando controversias pe- iédicamente. Cuando el secretario de Estado de Educa- cién conservador Michael Gove intenté introducir reformas orientadas a reafirmar la presencia de la histo- ria briténica en el curriculum escolar en 2013, una ruido- sa oposici6n de maestros e importantes académicos lo obligé a rectificar, a dar mayor cabida a la historia versal y conceder més espacio a la ensefianza de las his- torias iskimicas y de la inmigraci6n. Diferentes versiones de estas polémicas estén produ- ciéndose en el mundo en este momento, pero adoptan history-bil- devastating dan-fsher. Sobre el Black Robe Regiment, vase beeps [Link]/ 90 3. La politica dela historia formas particulares en funci6n de la politica local y la si- tuacién geopolitica. En Taiwan, estudiosos y represen- tantes del gobierno discuten acerca del peso relativo de la historia taiwanesa en comparacién con la historiade la China continental en el’ curriculum escolar. En Canadé, Ia discusién enfrenta’a quienes son partidarios de una ‘mayor atenciétra la historia angl6fona y a quienes lo son de una mayor atenci6n a la historia francéfona. En Bra- sil, algunos educadores estin mas a favor que otros de la inclusién de la historia indigena y afrobrasilefia. Y los maestros sudafricanos han intentado abandonar un cu- sticulum que apoyaba el régimen racista del apartheid por uno més inclusivo y democritico. A veces la historia universal representa una preocupa- cién mayor por el multiculturalism, como sucede en Estados Unidos y Reino Unido, y en esos casos supone una concepcién de la ciudadania que trasciende a la na- cién sin negar la necesidad de-una ciudadania nacional. Una forma verdaderamente cosmopolita de historia glo- bal no trata de suplantar la historia nacional ensefiada en Jas escuclas de primaria y secundaria, y ni siquiera pare- ce que semejante forma de ensefianza fuera deseable, pues la historia sigue desempefiando un papel vital en la cohesién nacional. La historia solo puede escribirse des- de un punto de vista, y no est claro cual seria el punto de vista cosmopolita. ¢Desde ningtin sitio en particular? eDesde varios lugares al mismo tiempo? zAcaso desde el espacio exterior? Peto, pese a todo, la perspectiva global se halla hoy en alza, y en parte porque son muchos los distintos lugares que se enfrentan al mismo tipo de cuestiones objeto de on Historia polémica. Nuevas organizaciones y publicaciones peri6- dicas ofrecen foros: para el: intercambio de opiniones acerca de estos diversos debates nlacionales que cruzan Jas fronteras nacionales. En 2004, tomé forma la History Educators International Research Network (HEIRNET) y funds la publicacién International Journal of Histori- cal Learning, Teaching and Research para facilitar tales discusiones. La International Review of History Educa- tion sixve a propésitos similares. La convocatoria para la presentacién de comunicaciones a un congreso de la HEIRNET en 2017 hace referencia a «las miltiples cri- sis actuales del cambio climatico, el conflicto global, la igracién masiva y el auge del nacionalismo». Durante mucho tiempo el nacionalismo ha sido un aliado de la historia, pero también a veces puede convertitse en su principal enemigo. Aligual que los libros de texto, los programas y mode- los escolares son cuestiones candentes porque se dirigen al corazén mismo de la identidad nacional, y estan cam- biando casi de forma continua porque la identidad na- cional jamés queda fijada de una vez para siempre. La historia se asegura de ello. Los debates en tomo a la his- toria se producen cuando una politica es lo bastante séli- da como para permitit que el pasado de una nacién se replantee y se reformule. La eliminacién del debate sobre la verdad histérica viene dela mano del autotitarismo. En 2012, quince afios después de que los chinos recu- peraran Hong Kong de manos de los briténicos, intro- 12, Véase [Link]/stem_education_innovation_global_studies/ cevents/2017/May/HIEIRNET-2017-Conference shtml, 9 5. La politica dela historia dujeron un nuevo curriculum que hacia alarde de un partido comunista «progeesista, genetoso y unido» al tiempo que minimizaba la violencia de la Revolucién Cultural de finales de la década de 1960 y comienzos de Ja de 1970, asf como la cruenta represién contra los di- sidentes en la plaza de Tiananmén en 1989. Pese a las manifestaciones de protesta de decenas de miles de pa- des contra aquel lavado de cerebro, el gobierno refor- 26 los nuevos modelos; Los regimenes autoritarios de Franco en Espaiia y de Antonio Salazar en Portugal no intentaron inculcar una nueva ideologia, a diferencia del comunismo; en su lugar, se cuidaron de ejercer un control exhaustive sobre docentes y libros de texto Para que estos ensefjaran los valores tradicionales de obediencia a la familia, a la iglesia catdlica y al Estado Salazar se habia presentado a si mismo en cetemonias y Publicaciones oficiales como el sucesor natural de si- glos de historia portuguesa, y se opuso a la democrati- zacién de la educacién argumentando que esta minaria la jerarquia necesaria en una sociedad bien organizada. Bajo el régimen del apartheid en Sudéftica, los libros de texto ensefiaban que Dios habia dispuesto una division eterna entre blancos y negros. Aunque hay incontables ejemplos que podriamos ci- tar, la reaccién del gobierno turco contra los escritos acerca de los asesinatos masivos de armenios en los afios 1915-1916 nos ofrece una muestra que atin sigue interfi- riendo en las relaciones internacionales. El propio go- bierno turco admite la muerte de centenares de miles de armenios cuando los otomanos los deportaron de la Anatolia oriental, Los desacuerdos atafien a la cifra (tres- 83 Hiscoria cientos mil, segiin los turcos; un millén y- medio, segin las estimaciones armenias) y, sobre todo, a la intencion, @Se traté del genocidio premeditado de-un pueblo? La cuestién no ¢s que el gobierno turco piieda errar en sti interpretacién de que no lo fue, pues existe margen para discutirlo, sino-que intente impedir el propio debate y se sirva de una ley contra «el insulto-al turquismo» (que pas6 a Hamarse en 2008 contra', y pot l6gica mas apta para el periodismo que para la historiografia académica. La historia del si jlo XIX se afianz6 en Francia en la década de 1970 yla del siglo xx la sigui6 en Ja década de 1990. Ahora los més importantes historiadores de Francia, como los de Gran Bretafia y Estados Unidos, tienden a ser aquellos que escriben sobre el siglo xx, Como demuestran las cifras de matriculaciones en cualquier institucién de educacién superior, los estu- diantes prefieren los cursos de historia que tratan de los periodos mas recientes. Adin pueden ser atraidos hacia la historia antigua 0 medieval gracias a algin profesor ca- tismatico 0 a los requisitos de una universidad determi. nada, pero acuden en masa a los. cursos de historia del siglo Xx. Lo mismo ocurre con las tesis doctorales, Un te estudio sobre las tesis doctorales de historia es- critas en Estados Unidos en los tiltimos ciento veinte afios demuestra que las tesis anteriores a 1950 solian tra- n7 Historia wr de la historia anterior a 1800 (en todos los campos de lathistoriayno soto dente dé la historia de Estados Uni- dos): Sin embargo, tomadas en conjunto, la’abrumadora mayoria de las tesis se centra'en algiin momento del pe- tiodo 1750-1950*.'La historia como. campo académico corre asi el peligro. de olvidar una gran parte del pasado: El «presentismo» adopta formas distintas:y [Link] la del interés:por la historia més reciente; también incluye juzgar a las gentes del pasado segin las normas actuales, ‘Hegel fue presentista al considerar que la idea alemana de libertad podia ser un referente universal, pero nosotros lo somos en la misma medida cuando censuramos a Hegel por no compartir nuestra comprensién actual del mundo: El presentismo es una tensién permanente en la relacion dela historia con el pasado. La historia careceria por com- pleto de interés sino hablase de nuestros intereses presen- tes; por lo que necesitamos cierta dosis de presentismo. Pero, si:solo miramos él pasado desde nuestro punto de vista, sentillamente estamos imponiéndole nuestros mo delos. La dosis de presentismo no puede ser demasiado elevada, pues de ese modo nos lleva a incurrir en el ana- ctonismo, a no saber respetar la cronologia. Entonces el pasado se transforma en un espejo inerte de nosotros mi mos més que en un lugar que podemos descubrir y del que podemos aprender, Pero la le presentismo tam- poco débe ser insuficient 105 que juzgar el pasado de acuerdo con nuestros propios valores. ¢Que- 6, Ben Schmit, «What Years Do Histotians Write About?» (Sapping Ar tention, 9 de mayo de 2013). Disponible en: htrp://sappingsttention blog- [Link]/2013/05/twhat- years-do-historians-write-about html 118 4. El fuuto de a historia ‘rianios analizar a Hitler igual que'a cualquier otro politi- coyal trato que dio a discapacitados, judios, gitanosy es- lavos igual que si se tratara de una opcién politica sin s? Conseguir la dosis de presentismo exacta es un con= two reto; y probablemente solo podamos conseguitla si 1uestras elecciones permanecen siempre abiertas a la dis- cusién y al debate. ¢Qué aprendemos del pasado? Para mi, el respeto a quienes nos precedieron ésta por encima de todo, Inclu- so ante la aparicién de una noci6n del tiempo hist6rico més profunda y més amplia, las dos primeras formas de aproximacién al tiempo permanecen con nosotros pro- Porcionandonos un acceso nico al conocimiento de la historia. Una cultura globalizadora sigue necesitando modelos efemplares que pueden hallarse en muchos si. tios, no solo en la antigtiedad grecolatina. La Epopeya de Gilgamesh, los dichos del Buda; las ensefianzas de Con- fucio y las tradiciones orales de incontables tribus aftica- has o sudamericanas son solo unos pocos de esos mode- los posibles. La sabiduria [Link] ve alterada en esencia por los cambios en la tecnologfa, el crecimiento de la po- nn ni la especializacién en las ocupaciones. La sabi- duria siempre puede encontrarse aprendiendo cémo las sgentes del pasado se enfrentaron a sus desafi EL progreso podra estar en cuestién, pero el acto mis- 10 de contar un relato (y toda historia esté formada por relatos, de una u otra forma) requiere un comienzo y un final y, en consecuencia, cierto sentido de progresién. No todo en el pasado ha de conducir inexorablemente a las conclusiones que elegimos para nuestras historias, Peto el final influye en la manera en que la histotia es ng Historia contada, La tensién-entre la explicacin de cémo legé ese final y el mantenimiento de-un sentido de las elec- ciones hechas en el camino es una de las mas dificiles de sortear cuando se esctibe historia. La historia no tiene, interés sin sentido de la elecci6n; pero la historia carece de'sentido si no existe una légica en las elecciones. AGn seguimos necésitando grandes relatos, por tanto,.aun- que no tengan-que ser la historia del progreso. Yre- flexionar sobre aquello que tales relatos deberfan ser es una de las tareas que hacen el campo de la historia tan apasionante. ‘Nuevas perspectivas surgen continuamente. Al tiempo que los medios de comunicacién se han vuelto mas om- nipresentes en nuestras vidas, los historiadores han co- menzado a prestar mayor atencién al papel de las repre- sentaciones -visuales de toda clase. La historia como campo ha sido definida por sus relaciones con los docu- mentos textuales, y ese foco no desaparecerd, pero otras formas de transmnitir informacién empiezan a tenerse en cuenta. En las sociedades sin alfabetizaci6a universal, lo que equivale a decir todas las sociedades anteriores a las postrimerias del siglo xtx, las formas visuales desempe- fiaron un papel primordial: los monumentos, las proce- siones y desfiles, las reliquiias y las tallas en madera habla- ban més ditectamente a la gente comin que los folletos, los tratados 0 los documentos oficiales. Y, de la misma manera, la llegada del mundo digital esta estimulando nuevas aproximaciones. Los historiadores ahora tienen acceso a bases de datos masivos de toda indole que pue- den ser consultadas en cuesti6n de segundos, y el néme- 10 de estas no hace mas que incrementarse. Por ello los 120 4. El futuro dela bistrie estudiosos no solo tienen que aprender a usarlas, sino también a evaluar su fiabilidad. La eclosién de nuevos campos como la historia visual y digital nos recuerda que la historia no puede predecir el futuro, pero si beneficiarse de los cambios que esie trae. El futuro solo lo predice nuestra imaginacién, y no sabremos qué predicciones aciertan hasta que el futuro no se haga presente. En cambio, si podemos conocer el pasado, aunque sea de forma incompleta, y no necesita- ‘mos una méquina del tiempo para llegar a él. Todo cuan- do necesitamos es curiosidad y el deseo de saber c6mo quienes nos precedieron comprendicron sus mundos, Por qué necesitamos hacerlo lo explicé hace més de dos mil afios el politico romano Cicerén: Ignorar lo que ocurrié antes de que naciéramos es como ser nifio para siempre, ¢Qué valor tiene una vida humana si no se halla entretejida con la de nuestros ancestros a través del testimonio de la historia?” 7. Peter G. Bictenhols, Historia and Fabula: Myths and Legends in Histor-

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