Lynn Hunt
Historia
¢Por qué importa?
‘Traduccién de Victoria Leén VarelaTitulo original: History. Why It matters
"ta cra ha sido publicada por primera ven 2018 por Pliy Press. Esta raducign
‘ha sido publiads por acuerdo con Polity Press Ltd, Cambridge
Disebo de clecin: Exo de Manuel Bsrada con a colaboracin de Robeso
“Tueégaoy hy Boar
Disefio a cblet: Manuel Estrada,
‘Reser oda echo. El ested deta chin nt roti por Lg. eb pent
eterna sic haec in ta
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Calle Juan Ignacio Luca de Tena, 15
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ISBN: 978:84.9181.518-1
‘Depésito legal: M. 3681-2019
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Indice
9 1. Ahora més que nunca
a0 Las mentiras
14 Los monumentos
19 Las controversias sobre los libros de texto
27 Las guerras de la memoria
32 Historia piblica y memoria colectiva
39 2. Laverdad en la historia
40 Loshechos
47 Lasinterpretaciones
51 Verdad histérica y eurocentrismo
63 Verdades provisionales
69 3. La politica de la historia
70 La historia de la élite
74 La primera brecha
7 Abriendo las puertas
86 Historia y ciudadania
97 4. El futuro de la historia
98 Lahistoria global
110 Laética del respeto.
123, Lecturas complementarias
129 Indice onomastico y de contenidos1. Ahora mas que nunca
Allé donde miremos, la historia es objeto de controver-
sia. Los politicos mienten acerca de los hechos histéri-
cos; diferentes colectivos se enfrentan por el destino de
ciertos monumentos histéricos; los gobietnos vigilan ce-
Tosamente el contenido de los libros de texto de historia
y las comisiones de la verdad proliferan por todo el glo-
bo terréqueo: Como demuestra el rapido aumento de los
muscos hist6ricos, vivimos una época obsesionada por la
historia, pero también unos tiempos de profunda inquie~
‘nid acerca de Ja verdad histérica.’Si tan facil es mentir
sobre la historia, si tanto difefimios unos de otros acerca
de aquello que los monumentos.o los libros de texto de
historia deberian transmits, y si son necesarias esas co-
misiones para desenterrar la verdad sobre el pasado,
gcémo es posible fundar cualquier tipo de certeza sobre
Ia historia? ¢Hemos creado lugares histéticos y socieda-
des histéricas con el objeto de provocar, de consolar, 0
9Historia
acaso, simplemente, de entretener? ¢Cusl es el fin de es-
tudiar la historia? El presente libro expone esas pregun-
tas y ofrece también algunas maneras de responderlas.
No resolvera todos los dilemas que plantea; pues la his
toria es por definicién un proceso de descubrimiento y
no un dogma establecido. Pero tal vez consiga demos-
trar, al menos, por qué la historia importa ahora mas que
nunca.
Las mentiras
En uno de los mas preeminentes ejemplos de falseamien-
to dela histotia, el promotor inmobiliario Donald Trump
atrajo la atencién pablica en 2012 al insinuar que el por
entonces presidente Barack Obama no habfa nacido en
Estados Unidos y, en consecuencia, habia sido elegido
de forma ilegitima. Cuando Obama mostré su cettifica-
do de nacimiento, que confirmaba que habia nacido en
el estado de Hawai, ‘Trump no vacilé ni un segundo en
responder que este podia ser fraudulento a pesar de no
poser ninguna prueba-de su falsificacién'!. Luego, du-
rante la campafia presidencial de 2016, cambié de rum-
bo abruptamente y admitié que Obama habia nacido en
Estados Unidos. Y entonces se atribuyé el métito de ha-
ber puesto fin a una controversia que él mismo habia
ayudado a fabricar. Es esta una falsa polémica que atrae
1, Josh Voorhees, «All of Donald Trump's Birther Tweets» ([Link],
16 de septiembre de 2016). Disponible en: wwwslate,com/blogs/the..
slatest/2016/09/16/donald_trump.s birther_ tweets in_otder html
10
1. Ahora mis que nunca
ya cada vez: menos devotos; sin embargo, otras perduran
YY ninguna es tan notoria como la de la negacién del Ho-
locausto.
Tanto politicos como algunos escritores de la extre-
ma detecha europea han buscado sus quince minutos
de fama negando la realidad del asesinato premeditado
de seis millones de judios entre 1933 y'1945, Una nega-
cién que puede adoptar distintas formas: desde afirmar
que el niimero de muertes fue muy inferior al de seis
millones, 0 que Hitler y los nazis no contaban con pla
nes oficiales para cometer un genocidio, hasta sostener
que las camaras de gas nunca existieron. La negacién
del Holocausto se ha convertido en un modelo. para
quienes pretenden mentir sobre la historia; sus partida-
rios sencillamente se niegan a admitir la validez de los
testimonios de primera mano de las victimas y de quie-
nes liberaron los campos de concentracién, asi como la
posterior y exhaustiva investigacién hist6tica que ha lo-
grado establecet los nombres y las cifras de los asesina-
dos y rastrear con detalle atzoz los medios y los motivos
de stis responsable
Aunque los historiadores puedan discutir (y, de he-
cho, discuten) sobre la mejor manera de interpretar el
Holocausto, ningtin investigadot serio, como tampoco
ningdin lector serio de historia, puede poner en duda la
verdad de que aquellos asesinatos fueron deliberados y
se produjeron a una escala masiva, Pero, aun asi, a pe-
sar de las repetidas refutaciones basadas en cantidades
ingentes de documentacién; a pesar de los ejemplares
esfuerzos alemanes, tanto oficiales como no oficiales,
Por asumit aquellos crimenes, la negacién del Holo.
an
=Historia
causto sigue propagéndose por-Europa y el resto del
mundo, con frecuencia a través de medios sociales
como Facebook’. ¥ recibe sélido apoyo en los més al-
tos niveles de ciertos gobiernos de Oriente Medio a los
que resulta titil como parte de su politica anti-Israel. El
14-de diciembre de 2005 el presidente irani Mahmud
Ahmadineyad calificé de «mito» el Holocausto. Luego
Ia agencia de noticias oficial irant eliminé aquellas pala-
bras de la transcripcién de su discurso, como si nunca
hubieran sido dichas, sustituyendo asi una mentira por
otra’. Pero las negaciones del Holocausto, por dispara-
tadas 0 carentes de fundamento que scan, han tenido
su efecto: un sondeo internacional realizado entre fina-
les de 2013 y principios de 2014 demostré que entre
habitantes de Oriente Medio y el Norte de Africa solo
una quinta parte de quienes habian ofdo hablar del Ho-
locausto creia que fuera cierto lo que afirman los testi-
monios hist6ricos*.
El falseamiento descarado de la historia se ha hecho
hoy mas frecuente debido a la influencia de los medios
sociales. La red informatica mundial (World Wide Web)
ha permitido que los falseamientos hist6ricos florez-
2, Carole Cadwalladr, «Antisemite, Holocaust Denier... yet David Irving
(Claims Fresh Support» (The Guardian, 15 de enero de 2017). Disponible
cos soe theguarcan com/ul-news/2017/jan/13/daviding soutube-n-
spiring holo
3. Keel Vick,
resident Calls Holocaust ‘Myth’ in Latest Assault
con Jews» (The Washington Post, 14 de diciembre de 2005). Disponible en:
‘[Link]/wp-dyn/content/article/2008/12/14/
‘[Link]
4, Emma Green, «The World is Full of Holoceust Deniers» (The Aslatic,
14 de mayo de 2014). Disponible en: [Link]/international/
archive/2014/05/[Link]-full-of holocaust deniers/370870/.
2
1. Ahora més que nunca
can en la medida en que en la virtualidad de Internet
cualquiera puede publicar bajo cualquiet nombre sin
escrutinio previo y sin sancién posible. Las afirmacio-
nes més extravagantes se extienden ampliamente y
tienen, solo por ello, un considerable grado de credib
dad. Y, ante esta situaci6n, insist en la verdad histérica
ha llegado a convertisse en un acto necesario de coraje
Los historiadores raras veces son objeto de amenazas
de muerte, las fetuas o los asesinatos teales que penden,
sobre periodistas, novelistas [Link] en demasiados
sitios, pero a menudo se han visto en el centro de la con-
troversia. Los histotiadores conocidos por insistir en
verdades inconvenieintes no son del agrado de los go-
biernos autotitarios. El popular historiador francés Jules
Michelet fue destituido de su puesto de profesor por el
gobierno de Luis Napoleén Bonaparte en 1851 porque
los estudiantes solian salir de escuchar sus trepidantes
lecciones gritando proclamas en contra del gobierno. La
policia infltes agentes encubiertos para que asistieran a
ellas, y puso en circulacién copias manipuladas de apun-
tes de sus clases con el propésito de daiiar su reputacién.
Varios colegas de Michelet, en una muestra de cobardia,
convinieron en censurar su magisterio para allanar el ca”
mino a la actuacién del gobierno. Y, finalmente, fue des-
tituido de su puesto en los Archivos Nacionales por ne-
garse a prestar juramento de lealtad tras el golpe de
estado que dio Luis Napoleén cuando la Asamblea Na-
cional se negé,a concederle la ampliacién de su manda-
to, Pese a todo, Michelet tuvo mejor fortuna que los cen-
tenares de opositores que fueron arrestados y trasladados
13Historia
por la fuerza a la colonia penal de Cayena en la Guayana
Francesa’.
Tal como muestra el ejemplo de Michelet, incluso los
historiadores més respetados en condiciones normales
pueden verse en la linea de fuego cuando llegan tiempos
de crisis politica‘o internacional: En 1940, la revista Time
informaba de que el autor de un popular libro'de téxto
de historia, Harold Rugg, habia sido acusado de ser un
comunista que describia Estados Unidos como una tie-
tra de desigualdad de oportunidades y conflicto social
Tachado de «subversive» por no ensefiar «auténtico
americanismoy, Rugg vio sus libros prohibidos en varios
distritos escolares e incluso quemados piblicamente por
el comité escolar de cierta ciudad de Ohio*. Los autores
de libros de texto y, en particular, sus editores, suelen ha-
cer todo lo posible por evitar la controversia con el pro-
pésito de encontrar los mercados més amplios, pero tal
como demuestra el ejemplo de Rugg, las disputas acerca
de la verdad histérica acechan continuamente a la vuel-
ta de cualquier esquina
Los monumentos
A mediados de agosto de 2017, la disputa publica a
propésito del destino de una estatua del general confe-
derado Robert E. Lee terminé en un estallido de vio-
3. Stephen A. Kippur, Jules Micbelet: A Study of Mind and Sensibility
(Albany, NY: SUNY Press, 1981).
6. Time, vol 36 (11 de septiembre, 1940): 62.
4
1. Ahoramés que numa
Iencia en Charlottesville, Virginia. Nacionalistas blan-
cos que se oponian a la decisi6n municipal de retirar la
estatua del Parque de la Emancipacién (que. anterior-
‘mente se habfa llamado Parque Lee) desfilaron con an-
torchas por'el campus de la Universidad de Virginia
gritando proclamas que recordaban a la época nazi, y al
dia siguiente los altercados con manifestantes de signo
contrario terminaron’en-una reyerta general en las in-
mediaciones de la propia estatua, Un neonazi arrollé con
su coche a los contramanifestantes y acabé con la vida
de una joven.
‘Un monumento erigido hace noventa y tres aiios ain
puede despettar poderosas reacciones cuando es visto
como el simbolo de algo que produce repulsién, como
en este caso el racismo, La estatua de Lee no ¢s algo
aislado, Hay banderas y monumentos confederados que
son objeto de polémica en varios estados de la antigua
Confederacién: quienes pretenden que se eliminen los
consideran simbolos actuales de la supremacia blanca,
mientras que aquellos que se oponen a su retirada recha
zan tales esfuetzos como una deliberada reesctitura de la
historia, Unos dias después de los acontecimientos de
Charlottesville, antifascistas de Durham, Carolina del
Norte, se encargaron de decribar por su cuenta la estatua
de un militar confederado.
Pero no solo los monumentos son objeto de polémica
en el sur de Estados Unidos. Del mismo modo que hubo
estudiantes de la Universidad de Yale que quisieron
cambiar el nombre del Calhoun College por ser este el
de un politico que defendié la esclavitud, también hubo
estudiantes en Oxford que hicieron campatia a favor de
a5Historia
la retirada de la estatua de Cecil Rhodes por tratarse de
un racista archimperialista. Y estas sosegadas versiones
de las propuestas de retirada de ciertos monumentos pa-
lidecen, desde luego, junto a aquellas que han sacudido
otros muchos lugares. Tras la derrota de Hitler, los alia-
dos ordenaron la destruccién inmediata de todos los
simbolos nazis; tras la caida de la Unién Soviética, las
multiades derribaron monumentos a Lenin y a Stalin
desde Ucrania a Etiopia; una estatua de bronce de Sa-
dam Husein fue desmantelada en 2003 durante Ia inva-
si6n dirigida por Estados Unidos; en 2008 se retiré la vl-
tima estatua del dictador Franco que quedaba en Espaiia,
y, por retroceder mas de dos siglos, algunos dias después
de la promulgacién de la Declaracién de Independencia
en 1776, los neoyorquinos derribaron una estatua ecues-
tre del rey Jorge TIL
‘A veces In destruccién de monumentos es vista como
vandalismo, Cuando en Afganistan, en 2001, los taliba-
nes volaron estatuas en piedra de Buda de hace mil qui-
nientos afios, 0 cuando el Estado Islmico de Irak y el
Levante (EIIL) dinamité las ruinas romanas de dos mil
afios de antigtiedad de Palmira (Siria) en 2015, la conde-
na de la destruccién aparentemente absurda de la heren-
cia cultural mundial fue universal, Pero los islamistas de-
clararon que estaban destruyendo idolos; algo que los
vinculaba a-una larga historia de iconoclasia, es decir, la
destruccién de imagenes, sobre todo si se trata de
imagenes religiosas, por motivos religiosos. El término
aludié originalmente a los conflictos de los siglos VII y IX
en torno al uso de imagenes religiosas (iconos) en el Im-
perio bizantino. Los iconoclastas rechazaban la crecien-
16
1. Ahora mis que munca
te profusién de imagenes en el cristianismo, y enmuchos
casos las eliminaron 0 destruyeron. Y durante los co-
mienzos de la Reforma, en el siglo XV1, especialmente en
ciudades holandesas, suizas’y francesas, las multitudes,
asaltaron las iglesias y destruyeron estatuas y ottos cle
mentos ornamentales considerados idélatras. La histo-
parece proporcionarnos mensajes contra-
dictorios acerca de la retirada de monumentos.
Las ambigiiedades derivan de su naturaleza misma,
Los monumentos conmemoran o, lo que es lo mismo,
recuerdan el pasado y reclaman su veneracién. A conse
cuencia de ello, incluso cuando se supone que son se-
culares, como Ja estatua del general Lee, comportan, ine-
vitablemente, una especie de sentimiento religioso. Peto
Jos monumentos siempre se erigen por propésitos politi-
cos; afirman el poder, ya se trate del poder de una iglesia,
de una secta, de un partido politico 0 de una causa poli-
tica, como en el caso de la Confederacién. Y a causa de
esta relacién con el poder, los cambios de afiliacién reli-
giosa 0 de régimen politico a menudo conllevan tanto la
destruccién como la creacién de monumentos. Las igle-
sias ctistianas primitivas de Europa se construyeron s0-
bre los restos de templos paganos 0 romanos como un
modo de proclamar fisicamente su superioridad. En re
lidad, Ja Jarga historia de la destruccién de «antigtieda-
des» muestra que la destruccién de monumentos forma
parte de la vida misma, (Cabe sefialar que el término
«
(esclavas sexuales) de los
soldados japoneses’. La controversia no era nueva. Diez
7. Rupert Wingfield-Hays, «Japanese Revisionists Deny WW2 Sex Slave
Atrocities» fews, 3 de agosto de 2015). Disponible en: wwerbbe.
com/news/wvorld-asia-33754952,“Historia
afios antes, en 2005, manifestantes chinos y coreanos pro-
testaron contra las revisiones que contenia un libro de tex-
to pteparado por la Sociedad Japonesa para la Reforma
de los Manuales de Historia. Argumentando que este mi-
nimizaba la culpabilidad de Japén en la Segunda Guerra
‘Mundial, los manifestantes quemaron banderas de Japén.
y exigieron un boicot a los productos japoneses.
Peto los japoneses no han sido los tinicos que han que-
ido distotsionar la historia para obtener un retrato mas
favorable de su nacién. Aunque un estudio de 2011 con-
cluy6 que los libros de texto de historia japoneses omi-
tian en gran parte el optesivo régimen colonial que el
pais ejercié sobre Corea (1910-1945), revelé también
gue los libros de texto chinos y coreanos se centraban
obsesivamente en la resistencia china y coreana ala ocu-
paci6n japonesa mientras que ignoraban el contexto mas
amplio de la Segunda Guerra Mundial®. Tales males tie-
nen una larga historia, En 1920, una carta al director del
Daily Gleaner de New Brunswick, Canada, denunciaba
gue los libros de texto de historia universal, esctitos por
autores norteamericanos, que solian utilizarse en las es-
cuclas locales ni siquiera mencionaban la participacién
de Canadé en Ja Gran Guerra’,
Alo largo dela mayor parte delos siglos 1X y Xx, yen
muchos casos hasta la actualidad, los esfuetzos por in-
culcar un sentimiento de pertenencia nacional con fre-
8. Gi-Wook Shin y Daniel C. Sneider, (eds.), History Textbooks and the
‘Wars in Aria: Divided Memories (Nueva York: Routledge, 2011)
9. Frances Helyat, Political Partisenship, Bureaucratic Pragmatist and
Acadian Nationalism: New Brunswick, Canada’s 1920 History Textbook
Controversy, History Education, 43:1 (2014): 72-86,
20
1. Ahora més que nunca
cuencia han requerido algo de maquillaje. Los libros de
texto hablaban de triunfos'o tragedias nacionales, pero
raras veces de los errores o las fechorfas de un gobierno
© un»pueblo; La-gran excepcién fue la Alemania Occi-
dental posterior a 1945, donde desde edad muy tempra-
na los nifios sabian de los crimenes cometidos por el ré-
gimen nazi y estos les eran recordados continuamente
con visitas a los campos de concentracién y a los nume-
osos monumentos y museos que se encuentran por todo
el pais. Peto mas comin es la experiencia reciente de
Francia, donde se aprobé una ley en 2005 (derogada con
posterioridad) que exigia que en los colegios se ensefiase
«el papel positivor desempefiado por las administracio-
nes coloniales francesas. Un estudio de los libros de tex-
to franceses utilizados desde 1998 muestra sin lugar a
dudas que, sistematicamente, estos restaban importancia
ala violencia y al racismo de las administraciones colo-
niales francesas en Africa”.
ese a todo, la critica francesa a los libros de texto (asi
como la reaccién legislativa contra las lecturas criticas de
la historia colonial de Francia) pone de manifiesto que
las tradicionales versiones. complacientes estén siendo
puestas en cuestién, y que dicho cuestionamiento no
est4 siendo del agrado de todo el mundo. En Reino Uni-
do, los historiadores ahora llaman la atencién sobre el
modo en que los libros de texto de tiempos anteriores
habfan marginado a galeses, escoceses ¢ irlandeses, tra-
10, Rephaél Granvaud, , in Edward T. Linenthal y Tom Engelhardt (eds, History Wars:
The Enola Gay and Orer Battles forthe American Past (Nueva York: Hen
ty Hol, 1986), p. 4; Mike Wallace, «Culture Wat, History Front», ibid.
pp. 185, 187.
25
Sacer ryHistoria
gue la historia de la esclavitud o la discriminacién de las
mujeres y las minorias,
Aunque una poblacién més culta a menudo sea tam-
bién més abierta a las discusiones hist6ticas, hay que de-
cir que las controversias sobre los libros de texto no pue-
den vincularse sin més al néimero de matriculaciones
universitatias, En Rusia, por ejemplo, las cifras de estu-
diantes universitarios ya eran bastante clevadas en la dé-
cada de 1970 (casi tres veces las de Reino Unido o Fran-
cia en 1971, y practicamente idénticas a las de Estados
Unidos segtin las estimaciones soviéticas), pero los libros
de texto apenas eran capaces de seguir la velocidad de
los acontecimientos después de 1989, Tras el derrumbe
de la Unién Soviética, los historiadores ganaron mayor
autonomfa, pero a medida que Vladimir Putin ha ido
consolidando su poder, ha tratado de influenciar, cada
vez més ditectamente,a escritura de los libros de texto.
Y el deseo de Putin de reforzar un edificante discurso
patri6tico ha encontrado eco favorable en la mayoria de
Jos rusos.
En cambio, en la Europa occidental, especialmente en
Reino Unido y en Francia, el descontento con los mode-
Ios de los discursos nacionales parece seguir la trayecto-
tia de las ciftas de universitarios; en ambos pafses las ma-
triculaciones en la universidad superaron el hito del
50% en la década de 1990, cuando comenz6 la eferves-
cencia de la eritica a los discursos nacionales. Y ello
coincidié también con el momento en que se alcanz6 la
paridad de géneto (el mismo nimero de matticulaciones
de mujeres y de hombres). En la mayoria de los paises
del mundo es ahora mayor el mimero de mujeres que el
26
1, Ahora mis que ounea
de hombres matriculados en la educacién superior; lo
que representa un cambio asombroso desde la década de
1970, cuando el ntimero de las mujeres matriculadas era
tan solo la mitad que el de los hombres. Un mayor niime-
ro de mujeres no significa necesariamente un aumento
de la critica, peto si representa, al menos, una agitacion
del sistema de la educacién superior. Por desgracia, ¢50
tal vez explique también el creciente desdén del mundo
occidental hacia las universidades; pues ya sabemos que
Jas profesiones feminizadas acostumbran a estar peor
pagadas y a gozar de menor estima,
Las guerras de la memoria
Los libros de texto Hegan en una fase relativamente tar-
dia del proceso de construccién de las memorias nacio-
nales. Las huellas materiales de los acontecimientos del
pasado primero han-de ser reunidas y organizadas. En
afios recientes, varios intentos lamativos de ese empefio
memorialistico han mostrado Jo dificil que puede llegar
a set la recuperacién del pasado cuando lo deseable pa
rece ser olvidar, sobre todo’ los hechos que juegan en
contra del discurso nacional favorable. Durante mas de
ciento cincuenta afios, los historiadores debatieron si el
presidente ‘Thomas Jefferson, el principal autor de la
Declaracién de Independencia, habia tenido hijos con
una de sus esclavas, Sally Hemmings. Hasta la llegada de
las pruebas de ADN no parecfa posible ninguna res-
puesta definitiva, pero, cuando los resultados de las que
se hicieron en 1998 afirmaron su patemnidad de forma
7Historia
concluyente, un gigantesco cambio de perspectiva se
hizo inevitable. Bien entradas las décadas. de 1980 y
1990, exposiciones y museos vivientes por igual atin es-
camoteaban el papel de Ia esclavitud o la presentaban
con tintes paternales 0 incluso benévolos®. En 2012, en
el Museo Nacional de Historia Americana del Instituto
Sinithsoniano, se celebré la primera gran exposicién na-
cional que puso bajo los focos las actividades como pro:
pietario de esclavos de un presidente.
Ain més penosos han sido los esfuerzos por recuperar
la memoria histérica en lugares como Espatia, que han
soportado no solo violentas guerras civiles, sino también
décadas de represién politica. Hasta que el dictador mi-
litar Francisco Franco mutié en 1975, fue imposible in-
vestigar con tigor los asesinatos que se produjeron du-
rante-la~guetta ‘civil dé 1936-1939, y mucho menos
exhumar los cadliveres de los republicanos; calaminiados
como «rojos»;que fueron ejectitades sin juicio y enterra-
dos en [Link]: El trabajorempfrico dé feconsttuc-
cién histéticacomenz6 en la década de 1980, pero hasta
el afio 2000 no se constituyé la Asociacién. parala Recu-
peraci6n de la Memoria Histérica con el objeto de exhu-
mat, identificar y volver a dar sepultura a los restos. Del
mismo modo, solo en aiios recientes se ha puesto aten-
cin en los «nifios perdidos» los hijos de quienes mutie-
ron en carcelés, que fueron eriviados a instituciones del
estado-o-canibiaronr de aombre para que pudieran ser
adoptados ilegalmente por familias adeptas al régimen.
13. Warren Leon y Roy Rosenzweig (eds), History Musetums in the United
States: A Critical Assessment (Urbana: University of Illinois Pres, 1989).
28
1, Ahora més que nunce
La conservacién de la memoria ha resultado mas dificil
en Indonesia, donde 500,000 fueron asesinados tras un
golpe de‘Estado fallido en 1965. El general que llegé al
poder, Suharto, siguié siendo presidente hasta 1998, y
durante todo ese tiempo los asesinatos no pudieron ser
debatidos piiblicamente. Los libros de texto atribuyeron,
los comunistis el intento de golpe de Estado, en el que
mutieron seis generales, y silenciaron las torturas, deca-
pitaciones y mutilaciones llevadas a cabo pot militares y
milicias afliadas al ejército que habian sido espoleadas
hacia una histeria anticomunista. Tras la caida de Suhar-
to en 1998, las compuertas se abrieron. Las memorias de
activistas encarcelados atrajeron Ia atencién ptiblica
igual que ottas obras que no habjan sido traducidas an-
tes al inglés. ¥ los historiadores orales empezaron a reco-
pilar testimonios de los hechos.
Sin embargo, la reconciliacién no se produjo. En el
afio 2000, mientras un grupo que se-dedicaba a exhu
mar los cuerpos de los asesinados filmaba en Java, un
grupo de jévenes musulmanes detuvo el enterramiento
de los cuerpos exhumados. La NU (Nabdlatul Ulama,
una organizacién musulmana tradicionalista suni) que-
mé libros de texto considerados procomunistas en 2007
para oponerse a un proyecto de reforma de los mis-
mos". En 2013 abrié sus puertas un museo dedicado al
gobiemo de Suharto en su ciudad natal; fue financiado
por suhermano, que habfa sido condenado por corrup-
ci6n, y las muestras expuestas justificaban la mano dura
14, Adrian Vickers, «Where Are the Bodies: The Haunting of Indonesia»,
‘The Public Historian, 32:1 (2010): 45-8.
29Historia
empleada omitiendo por completo los as
inocentes.
Podsian citarse incontables ejemplos de conti
tomo a la memoria, pero q
los de las treinta comisiones de la verdad que se han
creado en todo el mundo desde comienzos de la década
de 1980. Sociedades muy diferentes, desde Guatemala a
Tailandia, han expresado con ellas la necesidad de la
existencia de algiin tipo de mecanismo oficial para asu-
atrocidades de! pasado en el transcurso de gue-
ras civiles o gobiernos autoritarios. Una comisién de la
verdad es una especie de audiencia histdrica fundada so-
bre la premisa de que la verdad completa acerca de ase
sinatos, encarcelamientos, torturas y discrimi
del pasado dehe ser conocida para que una
da avanzar, La mayoria de las comisiones de la verdad
han tomado como modelo explicito la Comisién para la
Verdad y la Reconciliacién sudafricana (CVR), constitui-
da por ley a finales de 1995 con el propésito de facilitar
la transicién del régimen del apartheid a un ré[Link]-
mocritico. Debido a su influencia en todo el- mundo, la
CYR ha sido objeto de extensos andlisis y debates.
El cometido de la CVR era de largo alcance. Inclufa in-
formar sobre la naturaleza, la extensi6n y las causas de las
violaciones de derechos umanos que se produjeron entre
1960 y 1994; devolver la dignidad a las victimas prestan-
doles voz, ¢ incluso conceder amnistias a los perpetrado-
res de violencia que estuvieran dispuestos a declarar todos
los hechos relevantes de los que tenfan conocimiento. La
tarea de buscar la unidad y la reconciliaci6n no podria ha-
ber sido més abrumadora. Bajo el apartheid, 1a minoria
30
1. Abora més que nunca
blanca (el 13% de la poblacién) controlaba la préctica to-
talidad del acceso alla tierra, Jos recursos naturales, la asis-
tencia sanitaria, Ja educacién y los buenos trabajos. Para
‘mantener el régimen supremacista blanco las autoridades
legaron a encarcelar a doscientas mil personas a las que
torturaron o deportaron a «reservas nativas» inviables en
aras de proteger privilegios segregacionistas de todo tipo.
A medida que la oposici6n al régimen se intensificaba, la
cia aument6 en ambos bandos debido aque las di-
fetentes facciones politicas dentro de las comunidades ne-
gtas se enfrentaron entre si. El régimen empleé la violen-
cia para sofocar las protestas y eliminar a los lideres de la
resistencia, en tanto que algunos miembros de la oposi
cién armada colocaban bombas o asesinaban a colabora-
dotes, empleados del régimen o miembros de grupos riva-
les dela oposicién.
Pese a celebrar casi un centenar de audiencias puiblicas
y recibir més de 21.000 testimonios individuales, la pro-
pia CVR reconocié las deficiencias de sus conclusiones,
Los pattidos blancos que apoyaban el apartheid se nega-
ron en gran parte a colaborar, lo mismo que el Partido
de la Libertad Inkhata (PLD, el principal grupo de la
oposicién negra al Congreso Nacional Africano (CNA).
ELCNA obtuvo una mayorfa rotunda en 1994, en las pri-
metas elecciones parlamentarias abiertas a todas las ra-
zas, y establecié un gobierno de-unidad nacional que in.
clufa al principal partido blanco, el Partido Nacional, y
al PLI. No obstante, la CVR se hallaba vinculada de for-
ma muy estrecha al CNA, y solo los miembros del CNA
se mostraron dispuestos a colaborar plenamente. No es
de extrafiar, por tanto, que numerosos blancos y miem-
an
#Historia
bros del PLI considerasen partidistas las conchusiones
de la CVR. También hubo académicos criticos con la
CYR por centrarse excesivamente en la narracién de los
hechos y no lo bastante en la verdad objetiva o forense, y
los estudios levados a cabo acerca de sus conclusiones
han puesto de manifesto que, al menos a corto plazo, no
alcanzé la meta de la reconciliacién'?,
Pero estas objeciones especificas no deberfan’ oscure-
cer una verdad de mayor calado: la recupetacién de la
historia ha sido importante en la préctica totalidad de los
ejemplos de transicién entre distintos regimenes. Y esta
voluntad de recordar con rigor no se lithita a los lugares
que transitan de la guerra civil ala paz o del autoritaris-
mo militar al gobierno democritico. La historia de na-
ciones supuestamente: estables como Japén, Estados
Unidos © Reino Unido se halla también en cuestion:a
causa de elementos que han sido olvidados, ocultadés 0
reprimidos y que ahora salen a la superficie. La historia
siempte es susceptible de entrar en érupci6n.
Historia piblica y memoria colectiva
Incluso en paises con gobiemnos asentados, el apetito
piiblico por la historia aunca ha sido tan grande. Me-
morias y biografias forman parte de las listas de libros
mas vendidos con frecuencia, y algunas de las peliculas,
45. Audrey R Chapman y Hugo van der Merwe (eds), Tra and Recon
siliation in South Africa: Did tbe TRC Deliver? Filadlfar University of
Pennsylvania Press, 2008)
32
1. Ahora més que nunca
series de televisién y videojuegos de mayor éxito se si:
téan en el pasado no solo de Reino Unido o Estados
Unidos, sino también [Link] y otros muchos paises.
Mas de la mitad de los 35.000 museos que existen en Es-
tados Unidos son museos de historia, lugares hist6ricos
0 sociedades hist6ricas. La Lista del Patrimonio Nacio-
nal de Inglaterra, establecida en 1882, itcluye ahora
cerca de 400.000 monumentos, edificios, paisajes, cam-
pos de batalla y pecios protegidos. El ntimero de visi-
tantes que estos Iugares reciben aument6 casi en un
40% entre los afios 1989 y 2015. Dicho de otro modo,
clinterés pablico por la [Link] est creciendo, sino
agigantandose.
Los visitantes de lugares histéricos no solo quieren
leer los carteles informativos, ver las exposiciones, escu-
char a los guias o incluso contemplar los desfiles que se
onganizan; a veces buscan introducirse atin mas profun-
damente en el pasado a través de las recreaciones hist6-
ricas y otras formas de experiencia virtual. Los museos
vivientes como el Colonial Williamsburg en Virginia se
proponen reconstruir Ia vida tal [Link] era en un mo-
mento del pasado, en este caso, las décadas de 1760 y
1770. Los turistas pasean por calles con fachadas del si-
slo Xvin y se encuentran gentes vestidas con los trajes de
la época que desempefian las actividades de las que se
ccupaban los hombres y las mujeres, los esclavos y las
personas libres de entonces. Pero atin mas emocionantes
para quienes intetvienen en ellas son las recreaciones de
batallas en las que los participantes se disfrazan y repte-
sentan un papel. La recreaci6n hist6rica influye hoy en
Ja television y en Ia ensefianza de la historia. En Reino
33Hissar
Unido, Estados Unidos, Australia y Alemania progra-
mas de telerrealidad basados en la historia han presenta-
do a personas que viven durante meses exactamente
como lo habrian hecho en momentos del pasado, y han
grabado sus experiencias y conflictos para los especta-
dores del presente. Los profesores de historia hace mu-
cho que se sitven de las recreaciones para despertar Ja
curiosidad de sus aluthnos, utilizando disfraces de época
para una clase o haciendo que los estudiantes interpre-
ten los papeles de figuras hist6ricas del pasado. La llega-
da de la virtualizacién de espacios promete mejorar este
recurso en la medida en que la antigua Roma; la Bergen
medieval noruega o los arrabales de Paris en el siglo
XVIII estan disponibles en 3D, 0 incluso en 5D en el caso
de Paris, con sonidos historicos y perspectiva en primera
Dichas técnicas estén transformando tanto los museos
de lugares histéricos. E in-
cluso alli donde la virtualizacién de espacios no se ha em-
pleado atin, os objetos materiales se exponen de maneras
pensadas para asegurar al espectador tanto la autenticidad
como la inmediatez de la experiencia, Numerosos visitan-
tes del Museo Estadounidense Conmemorativo del Halo-
causto refieren haberse sentido conmovidos particular-
mente ante la visién y el olor de una pila de cuatro mil
‘zapatos que fneron confiscados a las victimas del Holo-
16, Para un avance del proyecto Rome Reb
[Link]/vatch?v=28b8FCUU0Q. P.
wire [Link]/atchv=UeE4LbocQai
del siglo xvi) esté disponible en hit
bretez/ home,
4
1. Ahora més que m
causto en un campo de concentracién. Los tutistas con in.
quictudes historicas pueden recorrer las escasas trinche-
ras conservadas de la Primera Guerra Mundial, o
contemplar las armas, las lanchas de desembarco y los at
‘énticos mapas de estrategia de la invasidn del Dia D que
hoy se conservan en Museo del Desembarco en Norman»
dia de Utah, alojado en un antiguo biinker alemén de la
propia playa del desembarco. A veces los objetos vienen
de tiempos muy lejatios. El: Centro Vikingo de Jorvik en
Reino Unido sumerge a los visitantes en cépsulas del tiem.
po que les permiten viajar mil aios
82. Y vikingos animatrénicos dan vida al millar de piezas
demadera, tefidos textiles y otros artefactos hallados en el
yacimiento arqueolégico del lugar.
Por otra parte, los historiadores profesionales llev:
antes que al conocimiento mas profunda de contextos y
causas, Dicho de otro modo, caminar por las trincheras
conservadas de la Primera Guerra Mundial hace que los
turistas sientan simpatia hacia los jévenes que lucharon
en ellas mas que preguntarse por qué la guerra se produ-
jo 0 por qué tantos jévenes tuvieton que morir alli, Mas
atin cuando la mayorfa de las expetiencias virtuales han
de oftecer un atractivo estético para atraer clientes: los
esclavos de Colonial Williamsburg no pueden sufrir de.
masiado; los vikingos solo. pueden ipresentarse en sus
momentos més pacificos y las trincheras estén ahora ro-
deadas de par
35Historia
Pero, en la medida'en que nos hemos familiarizado
on los recursos y técnicas multimedia, resulta imposible
seguir ignoréndolos, y'los historiadotes han ido:impli-
cndose ce manera creciente en los proyectos de memo-
Ha colectiva. La chistoria priblicay leva mucho tiempo
involuctando a numerosos historiadores: que: trabajan
‘ato en miscos como en archivos pilblicos 6 pavicula,
65, peto hasta fechas muy recientes tales pucstos solian
considetarse menos deseables que los académicos, y los
historiadores que los ocupaban raras veces recibian una
formacién especifica en la historia pblica. Esa situacién
est cambiando con rapider a medida que la historia pui-
blica va ganando cada vez més importancia y una buena
parte de los puestos académicos se ha convertido en em-
pleos a tiempo parcial. vo
Los historiadores puiblicos poseen ya sus propias orga-
nizaciones, ademas de un lugar reconocido dentto de las
asociaciones de historiadores mas antiguas. En 1979 se
fund6 un Consejo Nacional de Historia Pablica en Esta.
dos Unidos, y hacia 2003 casi une de cada cinco miem-
bros de la Asociacién Histérica Americana trabajaba en
la historia piiblica, Al menos veinticuatro universidades
estadounidenses ofertan ya estudios de doctorado o titu.
lacién equivalente en historia pablica. Nueve universi-
dades de Reino Unido ofertan un mastet en historia pt
blica © un master en historia que incluye titulacién en
historia piblica: Teniendo en cuenta que los primeros
Programas de estudios de ese tipo aparecieron en 2009,
el crecimiento en este campo ha sido notable. En 2009 se
constituy6 una Federacién Internacional de Historia Pi
blica con el propésito de reunir a historiadores puiblicos
36
4. Albora més gue munca
de todo el mundo. La historia piiblica es cada ver mas
importante en Australia, Canada, Nueva ‘Zelanda, Brasil
y Holanda. Y nuevos programas de estudios estén isn-
planténdose en otros muchos paises,
Elementos muy diversos conforman las memorias co-
lectivas: desde los libros y museos alos programas de te,
levision y la rumorologia de internet. Y ya se trate de
acontecitientos traumaticos o de triunfos nacionales,
las memorias colectivas ejercen una labor sumamente
Gil y duradera en la formacién de las identidades cass.
do se basan en relatos verdaderos del pasado. El publico
merece que los acontecimientos y procesos hist6ricos se
ke presenten del modo més riguroso posible 5, ademés,
de una manera que consiga atraer su atencidn, La cace.
tion es saber encontrar el equlibrio entre rigor y habil
dad. Lo que nos conduce al problema delice id hi
torica y de la mejor manera de determinaila,2. La verdad en la historia
Determinar la verdad histérica es crucial. Sin ella, las
mentiras dé los politicos o de quienes niegan el Holo-
causto no podrian refutarse; las controversias acerca de
monumentos y libros de texto nunca se resolverian; las
guerras de la memoria se prolongarian indefinidamente,
yl pablico no podria confiar en la historia que se le pre-
senta, La verdad historica pose dos niveles: los hechos
estén sobre la tesa en el pier niv terpretacio-
NGS, ei el SeRUROY, alinguc séa posible separarlos en
aras dela claridad de nuestra explicacién, ambos niveles
sc hallan conectados entre sf en la practica propiamente
dicha de la historia. Un hecho es algo inerte hasta que se
incorpora a una interpretacién que le conifiere significa-
do, y la capacidad de interpretar depende, a su vez, de la
habilidad para encontrar sentido a los hechos.
En principio, los hechos parecen mas sencillos: u Oba-
ma nacié en Estados Unidos 0 no nacié en Estados Uni-
39Historia
dos; o seis millones de judios murieron durante un deli-
berado intento de exterminarlos o la cifra es exagerada y
no hubo premeditacién en Ja matanza. La interpreta-
cién, por el contrario, nunca es sencilla ni clara. Se pue-
de convenit en los hechos (seis millones de judfos murie-
ton en un espantoso genocidio) y, aun asi, disentir en
cuanto a cémo, por qué o en qué secuencia los hechos
sucedieron. Y ni siquiera los hechos son tan sencillos
como parecen a primera vista, pues el pasado nunca es
estahle. Nuevos documentos, objetos y datos que pue-
den dar Ja vuelta a hechos supuestamente establecidos
estan descubriéndose sin cesar: se inventaron las prue-
bas de ADN, por ejemplo, y ello cambié los hechos en
tomo a la paternidad de los hijos esclavos de Jefferson.
Aunque esa potencialidad provisional tampoco significa
que existan ?. La mitad de los historiadores que obtuvieron
una cétedra universitaria en Estados Unidos durante las,
décadas de 1880 y 1890 habjan estudiado en Alemat
Ranke fue el primer extranjero nombrado miembro hono-
rifico de la Asociacién Histérica Americana tras su funda-
cién en 1884, y tras morir, en 1886, la Universidad de Si-
racusa en Nueva York compr6 su legajo personal por su.
labor clave en el establecimiento de la disciplina moderna
dela historia.
La voluntad de Ranke de superar las fronteras de la his-
toria alemana no impidié, sin embargo, que la historia se
desarrollase como disciplina histérica de la mano del na-
cionalismo y de una creciente conviecién de la superiori-
Curious History (Cambridge, MA: Harvard University Press, 1999),
2. Gabriele Lingelbach, «The Historical Discipline in the United States:
Following the German Model?» en Eckhardt Fuchs y Benedikt Stachtey
(eds), Across Cultural Borders: Historigrapky in Global Perspective (Lan-
har, MD: Rowman & Litlfield), p. 194.
33Historia
dad de Europa sobre el resto del mundo. Los historiado-
res se apresuraron a contar Ia histotia de sus propias
naciones, y se centraron en particular en el nacimiento del
Estado nacién burocrético modemno como preeminente
signo de la supetiotidad europea, La’historia escrita en
Europa se convirti6 asf en el patrén oro no solo para los
historiadores de Estados Unidos; sino también para los de
todo el mundo, Estudiantes sudameticanos, afticanos y
asidticos fueron a Europa a cursar estudios de doctorado
en historia; la Europa occidental se convirtié en el modelo
de toda evolucién histérica, y las técnicas histotiograficas
desarrolladas en Europa influenciaron el modo de eseribie
historia de todo el planeta, Enfrentados a los desafios del
imperialismo eutopeo, los historiadores de China y Japon,
por ejemplo, se esforzaron por seguir el modelo de sus co.
Jegas occidentales.
‘Tras el éxito de los movimientos descolonizadores que
siguieron ala Segunda Guerra Mundial, habria cabido
esperar que este modelo «eurocéntrico» hubiera queda-
do en el punto de mira mucho antes de la década de
1990, pero solo a partir de entonces los ataques se han
vuelto constantes ¢ implacables. Dipesh Chakrabarty se-
al6 el camino con una protesta que vio la huz por prime-
ra vez en 1992 y tuvo una influencia amplia:
Que Europa opera como un silencioso referente en el conoci-
micnto de la historia resulta obvio. Hay, al menos, dos sinto-
‘mas cotidianos de la condicién subalterna de las historias no
occidentales del tercer mundo. Los histotiadores del tercer
‘mundo sienten Ja necesidad de referir sus obras a la historia
‘europea; los historiadores de Europa no sienten ninguna ne-
54
2. Laverda en la historia
cesidad recfproca [...] os «grandes hitos» y los modelos de la
iniciativa del historiadot son siempre, al menos, culturalmen-
te,europeos. «Ellos» realizan su trabajo en una relativa igno-
rancia de las historias no occidentales,y esto no parece afectar
ala calidad del mismo. Pero ese es un gesto que «nosotros»
10 podemes devolver: No podemos permitimos siquiera una
ignorancia ‘equivalente-a estas alruras sin correr el riesgo de
‘parecer «anticuados» o «superddos»*.
La ctitica de Chakrabarty marcé un punto de inflexién.
Aunque los modelos de estudio hist6rico occidentales si
guicron ejetciendo gran influencia, a partir de la década
de 1990 los historiadores de Europa y Estados Unidos
fueron prestando cada vez mayor atencién a estudios y es-
tudiosos de Asia, Africa y América, Las universidades oc-
cidentales empezaron-a competir por historiadores no oc-
cidentales. El propio Chakrabarty no es mas que uno solo
demuchos ejemplos; nacido y educado en la India, realiz6,
su tesis doctoral en Australia y hoy ensefia en la Universi-
dad de Chicago.
Dado que los modelos de verdad histdtica que se desa-
rollaron en Europa ‘acompafiaron al dominio de la his-
toriograffa europea, las protestas contra el «eurocentris-
mo» a menudo han implicado también desafios a dichos
modelos. Presuntamente, combatir el eurocentrismo
requiere atacat la supuesta idea occidental de la verdad.
Pero, gacaso Ia insistencia en las fuentes de primera
‘mano, las notas a pie de pagina y la coherencia y la ex-
5. Dipesh Chakrabarty, Provincializing Europe: Postolonial Thought and Hix
‘orca Difference (Princeton, NJ: Princeton University Pres, 2000), p. 28,
55Historia
haustividad de las interptetaciones se hallan irremisible-
mente contaminadas por sui relacién con el imperialismo
occidental? En una critica que censuraba a Chakrabar-
ty por no haber Hegado lo bastante lejos, afirmaba cier-
to estudioso de la literatura que la-historia como disci-
plina que autoriza; conocimientos’ y- verdades “era
«profundamente cémplice ‘con’ ch: colonialismo, y no
puede rastrearse en sentido estricto antes del momento
polftico-epistemol6gico que ha recibido el nombre de
modernidad», Una afirmacién que no hace sino susti-
tuir el enrocentrismo por un temporocentrismo en el
que Ia «moderidady marca la ruptuta definitiva’ con
todo Io anterior. Pero, en lo que respecta al conocimien-
to histético y a la verdad histérica, tal afirmaci6n resulta
insostenible; los estudiosos de la historia ya exigian co-
nocimiento y verdad contrastados mucho antes de la in-
vencién de la disciplina universitaria de la historia.
Ni la historia ni Ja preocupacién por la verdad hist6-
tica-son: exclusivamente occidentales. Los estudiosos
chinos han cultivado la historiografia desde el siglo 1x
a.n.¢.,y su voluntad de establecer los hechos de forma
tigurosa ha sido tan intensa que algunos incluso lega-
ton'a enfrentarse a la ejecucién por no ceder a las pre-
siones de: sus gobernantes para que los alteraran. El
cronista musulmén del siglo x11 Ibn al-Qalanisi exponta
sus propésitos en unos términos que hoy nos resultan
familiares:
4, Qadri Ismail, (Not) at Home in (Hindu) India: Shahid Amin, Dipesh
(Chakrabarty, and the Critique of History», Cultural Critique, 68: 1 (2008)
210-247, itp. 214,
56
2, Laverdad en la historia
He completado la nazracién de los hechos descritos en esta
cr6nica y los he ordenado procurando no incurrir en erro-
zes,juicios apresurados ni descuidos con los materiales, que
he transcrito a partir del testimonio. de personas dignas de
credibilidad y solo he transmitido después de someterlos a
Jas mas rigurosas investigaciones con el propésito de verifi-
carlos’ '
Las tradiciones historiogréficas china y ardbigo musul-
‘mana (al igual que otras muchas) comparten asf la preo-
cupaci6n, supuestamente occidental y moderna, por la
veracidad hist6rica,
Una larga historia de aspiraciones a la verdad com-
partidas de manera muy amplia indica que la historio-
grafia ha sido y seguiré siendo cultivada fiiera de los Ii-
mites de los departamentos académicos; no es necesario
un marco universitario para aspirar a la veracidad. Lo
que también demuestra que la aspiracién a la veracidad
no es exclusiva de Occidente: Esa aspiracién es ante-
rior al colonialismo y al imperialismo occidentales.y
puede hallarse en numerosas y diversas tradiciones his-
toriograficas, Desde los tiempos del historiador ate-
niense Tucidides, c. 430-400 a. n. e., los estudiosos no
han dejado de proclamarse mas objetivos que quienes
los precedieron 0, lo que es lo mismo, mas veraces. Y
pudieron presentarse de ese modo porque tuvieron la
oportunidad de construir a partir del trabajo de sus
predecesores.
5. Chase FE. Robinson, Islamic Historiography (Cambridge: Cambridge
University Press, 2003), p. 143.
57Historia
Pero setfa un error, pese a todo, concluir sin mas que
Ia historia es siempre la misma a'lo largo del tiempo y a
través de las diversas culturas, Toda historia, ya sea escri-
ta, oral, pictogeéfica o performativa descansa sobre tina
forma de nattacién; es decir, un relato qué aspita'a te-
presentar el pasado a través de algan tipo de disposicién
cronol6gica. Pero esas formas se presentan en utia varie
dad inimaginable. Y tan diversas son que a menudo los
historiadores occidentales se muestran incapaces de en-
tender que los poemas épicos; las telas y los textos picto-
stificos, los «nudos patlantes» (los quipus de los incas,
de Sudamérica) o las narraciones épicas cantadas, como
las del gamelén indonesio, comparten un parecido de fa-
milia narrativa con los anales, crénicas, manuscritos y li-
bros historiogeaficos de Occidente. Tienen en comin
con ellos ciertas caracteristicas, pero también difieren de
ificativas, y al cabo la‘comprensién de las
as de cada forma es lo tinico que logra ex-
pandir la concepcién de la historia y de la-verdad histé-
rica, La condescendencia hacia esas formas de la historia
que resultan poco familiares ha perdido el favor de los
lectores en la actualidad, al igual que, en general, ha ocu-
rrido con el-desprecio hacia las formas mas vernéculas
de historia. Los referentes de la veracidad de los hechos,
la coherencia y la exhaustividad muestran una asombro:
sa amplitud de formas de expresidn historiogrifica.
Con todo, aun sin ser latinica forma posible de verda-
dero conocimiento hist6rico, el modelo de los historia-
dores del siglo x1x europeo, formados por la universi-
dad en la investigacién de Jas fuentes, resulté ser
extraordinariamente poderoso, No habria sido imitado
58
2. Laverdad en la historia
en otros lugares del mundo de no haber sido capaz. de
generar un impactante y nuevo conocimiento del pasa~
do, Cuiando se establecié la primera facultad de historia
en la Universidad de. Tokio en 1887, tinicamente se en-
sefiaba historia europea: Suprimer catedrético fue un
historiador aleman de Berlin, Ludwig Riess, un discipu-
lo de Ranke especialista en la historia constitucional in-
lesa, Mientras la facultad de historia se ampliaba para
incluir la historia japonesa y la historia-«orientaly, la his-
toria «occidental» consistia en la historia alemana, in-
lesa y francesa, pucs se consideraban los modelos de la
practica historiografica y el desarrollo del Estado nacién
moderno. Y, por la misma razén, a historia europea que
se ensefiaba en las: universidades norteamericanas se
centré en'la historia alemana, inglesa y francesa hasta
que la Guerra Fria en la década de-1950 aliment6 un
mayor interés por la historia de Rusia y de la Europa
Oriental. ‘
‘Anécdotas similares ‘sobre la influencia europea po-
drian contarse de otros muchos lugares distintos. El mo-
delo rankeano se abrié camino en Argentina a principios
del siglo xx, cuando la Universidad de La Plata encargé
a dos profesores que estudiasen los métodos histotiogra-
ficos que se estaban ensefiando en Norteamérica y Euro-
pa, especialmente en Alemania, Esos mismos métodos
fueron empleados desde entonces para el estudio de la
historia de Argentina, y posteriormente se introduijeron,
en México, Chile, Pert, Venezuela y Cuba. Y, aunque re-
sulta absurdo decir, como muchos han sostenido en el
pasado, que el sur de Asia carecfa de conciencia histérica
con anterioridad a la llegada de sus colonizadores brité-
59Historia
nicos, un importante ‘historiador indio como Partha
Chatterjee sigue hablando del influjo que libros escritos
por historiadores briténicos tuvieron sobre él. Para él,
What is History? (1961) de E. H, Catt supuso «el nuevo
testamento del método histérico» en los afios sesenta del
siglo20¢ al defender la importancia de la historia social y
econ6mica en una época en la que la mayoria de los his:
toriadores esctibfan sobre las instituciones.y laé élites
politicas*. El enérgico manifiesto de Cart tuvo influencia
en todo el mundo, pues los debates y controversias que
agitaron a los histotiadores britdnicos, franceses y alema-
nes siguieron dando forma a las discusiones histéricas
internacionales en la segunda mitad del siglo 30x.
Pero, como sugieren los ejemplos de Chakrabarty y
Chatterjee, aquellos que fueron formados o inspirados
por los métodos europeos también pudieron convertir
esos mismos métodos en instrumentos para desafiar la
dominacién occidental. Al igual que Chakrabarty, Chat-
terjee defendié la resistencia a la colonizacién europea
de las demas historias:
Polo visto, la historia ha dictado que nosotros, en el mundo
poscolonial, no seamos més que perpetuos consumidores de
modemidad. Europa y las “Américas, las tnicas verdaderas
protagonistas de Ia historia, han escrito por nosotros no solo
el guion de la ilustracién y la explotacién coloniales, sino
también el de nuestra resistencia anticolonial y nuestra mise-
6, Partha Chatterjee, «Introduction: History and the Present» en Partha
Chatterjee y Anjan Ghosh (eds.), History and the Present (Londies: An
them Press, 2005), p. 1.
60
2, Laverda en la historia
xia poscolonial. Incluso nuestra imaginaci6n ha de permane-
cer colonizada para siempre’.
‘No hace falta decir que no tenia intencién de dejar pa-
sar esa colonizacién sin desafio; asi que emples eviden-
cias extraidas de las fuentes originales para desarrollar
su propia interpretacié[Link] nacionalismo anticolonial
como una forma provista de sus propias caracteristicas
distintivas que:no podia reducisse a la pobre imitacién
de los modelos occidentales.
Aungue esta gran atencién al curocentrismo sea relati-
vamente reciente, los historiadores formados en los
todos europeos han estado aplicando esas herramientas
con sus propios objetivos desde finales del siglo xxx, Al
mismo tiempo que los historiadores franceses, ingleses y
alemanes indagaban en los archivos de sus respectivos
gobiernos con-el objeto de apuntalar la cohesién nacio-
nal en Francia, Gran Bretafia y el relativamente joven es-
tado de Alemania (que no se habfa unificado hasta 1871),
los historiadores japoneses empleaban los procedimien.
tos de Ranke para apoyar las tradiciones imperiales y
promover el nacionalismo japonés: Incluso-pusieron el
concepto'europeo de civilizacién al servicio de sus pro-
pésitos. En 1869, el emperador Meiji ordené la elabora-
cién de una historia que «estableciera con clatidad la
distincién entre civilizaci6n y barbarie» y mostrara Ja-
pén como representante de la civilizacién. Uno de los
7, Parthe Chatterjee, Empire and Nation: Selected Essays (Nueva York:
Columbia University Press, 2010), p.26 (obra publicada por primera vez
1991),
6Historia
principales historiadores japoneses de la primera mitad
del siglo xx, Tsuji Zennosuke, defendia en 1950 que Ja-
én habfa integrado elementos extranjeros como el con-
fucionismo yel budismo, pero los habia asuinido en su
forma otiginal,-y, como resultado de ello, «la ésencia de
Ia cultura oriental se:contenia solo‘en Japén»*.
Argentina presenta un caso atin més llamativo si tene-
‘mos en cuenta el gran ntimero de argentinos que son in-
migrantes procedentes de Europa, Ricardo Rojas; uno
de aquellos dos profesores que fueron enviados fuera
del pais para estudiar los métodos hist6ricos, publicé a
su regreso, en 1909; un informe titulado La restawracion
nacionalista que evidenciaba el intencionado vinculo
con el nacionalismo argentino. En él defendia que; para
contrartestar la influencia de las ideas foréneas, los ar-
gentinos necesitaban desarrollar: su propia identidad
nacional a través de la ensefianza de la historia argentina
cn sus escuelas. Cuando se cumplia el centenario de la
independencia de Argentina, en 1916, publics su obra
La argentinidad, donde ensalzaba la historia heroica y la
memoria colectiva de su nacién. Insistia alli en que el
movimiento de independencia no habia sido inspirado
por ideas europeas, sino desarrollado a partir de fuentes
autéctonas. Como muestran estos ejemplos, los méto-
dos europeos de estudid de Ia historia también pudie-
ron emplearse como refuerzo de identidades no euro-
peas y antieuropeas.
8. John S. Brownlee, Japanese Historians and the National Myths, 1600—
1945: The Age of the Gods anid Emperor Jinmmu (Vancouver: UBC Press,
1997), pp. 82, 157.
62
i
2. La verdad en ahora
Verdades provisionales
Tncluso cuando la interpretaci6n histérica se basa en he-
chos verdaderos, resiilta Coherente [Link] punto-de-vis~
a l6gico y posee toda la exhaustividad que puede:confe-
title; un estudioso, la verdad de toda_interpretacion
ie inal. Nuevos hechos pueden salir a la
la exhaustividad cambian con el tiem-
pos Los historiadores han estado reforzando:la cohesién
nacional desde-hace mucho al’ proporcionar. discursos
acerca-de la,identidad supuestamente diferenciada de
una na¢ién; pero leerlos ahora revela unas-deficiencias
que en su momento no se reconocieron. Ese efecto cega-
dor del patriotismo no se limita a Europa ni a Occidente;
seida en todas partes, Aunque, antes de que nuestra auto-
complacencia nos Ileve a sentirnos por encima de aque-
Ilos esfirerzos del pasado, admitamos que un dia nuestras
historias de hoy parecerén tan incompletas como estas
‘nos tesultan a nosotros.
Durante dos siglos, el modelo de discurso narrativo de
del primer intento en Jamesiowin (1607). Aunque fran-
ceses y espaiioles controlaron territorios mucho mas ex-
tensos; Ios historiadotes justificaban centrarse en los in-
18563 argumentamds que tanto la Jengua como las
institiGiones Tegales y politicas inglesas fueron las que
ainericanos 0 «indios», como se los llamaba, apenas fue-
ron fénidos en cuenta. En su popular libro-de texto titu-
63Historia
lado An American History, que conocié miltiples edicio~
nes entre 1911 y 1933, David Savile Muzzey no dudaba
en menospreciar a las tribus indias notteamericanas y,
de paso, a la poblacién’aftoameticana contemporénes
«{Las tribus indias] posefan tina gran variedad de juegos
y-danzas, solemnes y alegres, y eran aficionadas a tomar
el sol con indolencia; como los negros del Misisipi de
hoy’. Muzzey consideré su relato coherente y completo
sin necesidad de dedicar verdadera atenci6n a nativos ni
afroamericanos. En cambio, lleg6 a verse acusado de ha-
ber escrito un «texto traidot» por no hablar de manera
suficientemente elogiosa sobre los padres fundadores de
Ja nueva reptblica.
Limitaciones similares en las antiguas nociones de ex-
haustividad pueden hallarse en las historias de otras colo-
nias como Australia, pero también en las de naciones im-
petiales como Gran Bretaiia y Francia, por no hablar de la
India 0 de China, Hasta décadas recientes, los libros de
texto escolares australianos comenzaban con la llegada de
James Cook en 1770 e ignoraban la larga historia de los
pueblos aborigenes. The Oxford History of Britain, actua-
lizada en 2010, sigue contando la historia de «Gran Breta-
fia» desde la perspectiva de los ingleses: Gales: padecia
desgobiero y desérdenes; los ingleses le levaron la paz y
un gobierno exitoso. Las historias de Francia pasan bas-
tante por alto la esclavitud o la violencia de la coloniza-
ci6n y ensefian el pasado a los franceses desde la perspec-
tiva de la metrépoli. Las vidas de esclavos y mestizos
apenas si aparecen en ella, Y los estudiosos angl6fonos se
9, David Saville Mizzny, An Americon History Boston: Gin, 1920), p.20.
64
2. Laverdad en la historia
dejaron guiar por los franceses en este aspecto. En 1989,
Gitizens, el best seller de Simon Chama sobre la historia de
Ja Revolucién francesa, dedicaba una tiica linea en un
tomo de novecientas paginas al levantamiento de esclavos
de 1791 en la colonia francesa de Santo Domingo, y ello
solo para explicar el descontento en Francia pot los eleva
dos precios del azticar yel café. Los libros de texto france-
ses no empezarén a tratar la historia de la esclavitud en las
colonias francesas hasta los comienzos del siglo xx1.
Los historiadores naci
¢émo incorporar
© que habian pre-
ipétialistas cuopeas. En la In-
dia, ‘dos importantes’ discursos siguen disputéndose la
atenci6n. Los nacionalistas hindiies sostienen desde hace
mucho tiempo que la India es en esencia una nacién hin-
di que intenta defenderse de las influencias extranjeras;
desde su petspectiva, los mogoles musulmanes, que go-
bernaron gran parte de la India actual durante dos si-
slos, aparecen como extranjeros brutales que ejercieron
una violenta represién. Los historiadores nacionalistas
seculares sostienen, en cambio, que la religién no dividi6
al pais hasta que los ingleses se apoderaron de él y auspi-
ciaron las divisiones comunales entre musulmanes hin-
dies, Y, para defender su causa, minimizan las manifes-
taciones anteriores de comunalismo. A lo largo del siglo
Xx, los historiadores chinos han puesto énfasis en el po-
det asimilador del Estado chino para justificar la incor-
poraci6n de ottos pueblos, y algunos incluso han llegado
a presentar a dichas etnias como inferiores en cultura y
civilizacién, A los manchiies, que gobernaton China du-
65Historia
ante mis de dos siglos, los han descrito como incompe-
tentes, barbaros y analfabetos.
La historiografia que apoyaba las ideas dela superiori- |
dad Gccidental también exigia una vision que ahora pa-
rece mis miope qué de mirayamplias; Occideite spin
‘taba“coiiio la Tiienté de“la fanovacién tecnolégica y-el |
avance cultural (la «moderhidad»); Orierite era minus-
valorado'a menudo con caracterizaciones autoritarias no
muy diferentes de las que empleaba Muzzey para’ descri-
bir a Jos nativos americanos. El filésofo aleman'G. WE,
Hegel inauguré en 1820 una larga histotia de menospre-
cio del Este u Oriente en sus lecciones sobre el significado
de la historia universal; «Oriente sabia y sigue sabiendo —
hoy que solo wo ¢s libre; el mundo griego y romano supo
que algunos son libres; el mundo'aleman sabe que todos
somos libres». Ello se debia, para él, a que los alemanes se
habian beneficiado de Lutero y dela Reforma protestante,
gue «aseguraba a la humanidad la libertad espiritual>",
Hasta hoy mismo, muchos siguen creyendo que la demo-
ctacia, el mercado libre, los derechos humanos y el estado
de derecho (todas cllas variaciones de la idea de libertad
de Hegel) son valotes occidentales; segtin esa linea de
pensamiento no esta claro qué valores son los que Oriente
podria ofrecer. Para Hegel, Oriente representaba inma-
dure, irreflexién, sometimiento, sensualidad y fanatismo.
Sin embargo, como demuestran los ejemplos de la In-
dia y de China, la afici6n a alardear de la propia superio-
10. Georg Wilhelm Friedrich Hegel, Lecciones sobre la Filosofia de la
Historia Universal. Hay traduccion al castellano en Alianza Editorial
(2004) a cargo de José Gaos con prélogo de José Ortega y Gasset.
66
2, Laverdad en a hisonia
ridad étnica, cultural o de civilizacién no se limita a los
paises occidentales. En Nigeria, por tomar un ejemplo
muy diferente, los politicos yoruba, igbo o hausa-fulani
sehhan servido de las historias de sus etnias para respal-
dar sus teivindicaciones en la hucha por el poder sobre el
pais. Algunos historiadores han querido defender que
fueron las [Link] briténicas las que en
realidad ctearon la nocién de la etnia unificada y en con-
flicto con las otras, pero otros también contribuyeron a
construir un sentido de Ia etnia. No existirfa una «na-
cién» yoruba sin los esfuerzos pioneros de estudiosos
africanos como los de Samuel Jonson al escribir The
History of the Yorubas (1921), donde recopilaba tradi-
ciones orales y testimonios de primera mano. Bajo ell
control briténico, los nigerianos tuvieron que defenderse
dela idea, extendida en Gran Bretaiia, de que antes dela
Iegada de los europeos Jos africanos catecian de escritu-
ra y, por tanto; de historia. Desde su independencia en
1960, en cambio, Ia historia nigeriana se ha arriesgado a
ladivisién a causa de la etnicidad; los esfuerzos titubean-
tes del gobiemo nigeriano:por mantener una autoridad
central con demasiada frecuencia han tenido como re-
sultado la divisié[Link] los recursos para la investigacién
hist6rica entre regiones identificadas, fundamentalmen-
te, por el origen étnico. Resulta muy dificil distanciarse
dela propia comunidad y mirar con perspectiva.
eDemuestran estos ejemplos que la verdad hist6rica es
imposible? Aunque indican que la verdad absoluta si lo
és, contemplados més de cerca, nos revelan que los mode-
los ide verdad hist6rica son increiblemente poderosos,
pues favorecen la critica. . Disponible en: [Link]/about-aba-and-
smembership/as-history-and-archives/archives/he-sudy-of history in
73La primera brecha
Los autores del informe de 1898 querian desarrollar un
curriculum de historia adecuado para nifios y nifias, pero
en la medida en que la historia en la universidad segufa
siendo «la escuela de la habilidad politica», el lugar de
las mujeres quedaba lejos de estar asegurado. Ninguna
mujer pudo votar ni presentarse como candidata al par-
Jamento en’ Reino Unido hasta 1 hasta 1928 no se
Jogré la igualdad en el derecho al voto. En 1881, Cam-
bridge comenz6 a admitir mujeres en
pero en repetidas ocasiones se negé a entregar titulos a
Jas mujeres hasta 1923. Tres afios mas tarde, finalme
las mujeres obtuvieron el derecho a ocupar puestos uni
ios. E] célebre economista politico Alfred Mars-
hall se mostré excepcional al argiiir que la mente de las
mujeres era demasiado inferior como para aprovechar la
educacién de Cambridge, pero parece que la mayoria de
los. hombres de la universidad creyeron que las mujeres
no seguirian las mismas carreras que los varones ni com-
petirfan con ellos por sus puestos de trabajo.
Apesar de todo, gracias a que se establecieron colleges
femeninos, en Cambridge en 1869
(Newnham), alg
setios, asistir a
us exdmenes,
universitario y obtener becas para prolongar sus estu
dios. Eileen Power (1889-1940) fue una de las mas nota,
bles, y llegé a convertirse en una in
a votar en contra de otorgar titulaciones a las mujeres en
74
5, La politica dela historia
1921, acepté un puesto en Ja London School of Econo-
mics a pesar de haber escrito en carta privada a un all
gado: «Lo hago @ mi pesar, pues; aunque a menudo me
hairtitado ser enjaulada en Girton, amo el college y amo
Cambridge»
Las mujeres de Estados Unidos obtuvieron el derecho
al voto en'I930, pero disfrutaron de oportunidades mas
teinprana’ de acceder a la educacién ya los puestos pro-
fesorales debido en parte al éxito de los colleges femeni-
nos como Mount Holyoke (1837), Vassar (1861), Welles-
ley (1875), Smith (1875) y Bryn Mawr (1885)..A medida
las universiades ptiblicas se establecieron a lo largo
del Medio Oeste y el Oeste con ayuda de las concesiones
de tietras federales, crecié también la presién para admi-
tir a mujeres en ellas, y hacia 1900 las mujeres ya consti-
tufan mas de un tercio de los estudiantes de colleges de
toda la nacién. La tinica mujer integrante del equipo de
trabajo que escribi6 el informe de 1898 sobre las escue-
Jas:de secundaria, Lucy Maynard Salmon (1853-1927),
obtuvo uno de los primeros titulos de grado otorgados a
mujeres por la Universidad de Michigan.
La carteta de Salmon refleja los dilemas que las mujeres
tuvieron que afrontar. Estudié en Michigan en la década
de 1870 con Charles K. Adam, uno de los primeros parti
datios del método del seminario rankeano. Aunque Adams
no consideraba a las mujeres aptas para el trabajo de semi-
nario, acepté ser su consejero durante sus estudios de gra-
do, Luego continué estudiando en Bryn [Link] el futu-
4! Maxine Berg, A Woman in History: Eileen Power, 1889-1940 (Cam:
bridge: Cambridge University PHistoria
ro presidente Woodrow Wilson, por entonces profesor de
ciencia politica e historia. Wilson no se interes6 especial-
‘mente por ella, pero cuando su tesis de maesttia acerca de
las facultades de nombramiento de la presidencia de Esta-
dos Unidos fue publicada con éxito, el college Vassar le
oftecié un puesto como profesora de economia, ciencia
politica ¢ historia. De inmediato introdujo el método de
ensefianza del seminario, y junto con los demas coautores
del informe de 1898 alenté a las escuelas de secundaria a
salir de Ja mera memorizacién de datos para acercarse al
pensamiento critico y al estudio de las fuentes originales.
La trayectoria del estatus de las mujeres en la profesién
de Ja historia no fue ininterrumpidamente ascendente
desde el principio. Pudo retroceder, en realidad, en Esta-
dos Unidos durante las décadas de 1950 y 1960. Y mu-
chos departamentos de historia de las universidades se re~
sistfan a contratar a mujeres en la década de 1970, Cuando
me nombraron profesora ayudante de historia en la Uni-
versidad de California, Berkeley, en 1974, cien afios des-
pués de que Salmon obtuviese su titulo de grado y cin-
cuenta afios después de que Cambridge admitiese otorgar
titulos a mujeres, yo era tan solo la cuarta mujer en acce-
der a un puesto en el departamento de historia. La prime-
radeellas, Adrienne Koch, enseiié en Berkeley entre 1961
y 1965; la segunda, Natalie Zemon Davis, llegé en 1970. Y
‘cuando llegué a ser profesora titular en 1984, yo era la tini-
ca mujer que ostentaba ese puesto (pues Davis se habia
marchado a Princeton) en una facultad de historia que
contaba con cuarenta profesores titulares.
Toda historiadora de mi generacién puede contar la
misma experiencia. A comienzos de la década de 1970,
76
3. Lapolitica dela historia
1.13% de los titulos de doctorado en historia en Esta-
dos Unidos los recibieron mujeres, pero las mujeres solo
formaban el 1% de las facultad@s de historia en las es-
cuelas de posgrado. La situacién cambié radicalmente
en las siguientes décadas: en 2008, las mujeres consti-
tuian més del 40% de los iuevos titulos de doctorado y
el 35% de los éstiidiantes de las faculiades dé historia
ei zolleges de cuatro afios y universidades’. En 2017, el
departamento de historia de la Universidad de Califor-
nia, Berkeley, contaba con nueve mujeres entre sus vein-
, el departamento de historia contaba
con quince mujeres entre sus treinta y siete profesores.
En 2012, en Reino Unido las mujeres ocupaban casi el
40% de la plantilla académica de historia, pero
constituian el 21% de los profesores titulares de his
ria, El nimero de mujeres disminuye a medida que va-
mos ascendiendo en la jerarquia académica en todos los
paises.
Abriendo las puertas
La entrada de las mujeres en la profesién de la historia es
solo"tiha parte de la historia de todas las puertas que se
5. Robert B. Townsend, «What the Data Reveals about Women Histori-
in UK High-
&+ Edicion» feo de 213) penile ca tp foalsuce ey
-wp-content/uploads/2015/02/RHSGenderE qualityReportJan-15 pa.
7Historia
abrieron. Estudiantes pertenecientes a minotias, pueblos
indigenas e incluso ‘a Jas clases obreras blancas tuvieron
que enfrentarse a obstéculos tan grandes como los de las
mujeres pata ser aceptados, en muchos casos incluso ma-
yores. Pocos académicos de alto nivel expresaron'su pun-
to de vista mas abiertamente que el ilustre historiador de
la Norteaméri¢a colonial Cail Bridenbaugh. Producto de
Darmouth y Harvard, Bridenbauigh enseiié en la Univer-
sidad de California, Berkeley, entre 1950 y 1962, ¥ no po-
dia soportat la afluencia de inmigrantes blancos mascue
Tinos que se produjo inchiso-antes de la incursién de las
miijeres y las minorfas. En el discurso’ que, como presi-
dente dela misma, dirigié a la Asociacién Historica Ame-
ricana en 1962 (jno estamos hablando de 1862!), la-
mentaba el creciente nimero de historiadores jévenes
«procedentes de Ja clase media 0 de origen extranjero»
cuyas «emociones no era faro que se interpusiefan en el
camino de las reconstrucciones histéricas». Al parecer, no
aquejaba semejante desventaja a los historiadores (varo-
nes y blancos) de la alta clase media, Tal vez estaba pen-
sando en los judios, que acababan de poner un pic en la
profesién tras décadas de exclusién, al concluir que «la
mayoria de los estudiosos de hoy, criados en la ciudad»
iban a encontrar dificultades a la hora de resucitar el pasa-
do para sus estudiantes’.
No sorprende que los obsticulos a los que tuvieron
que enfrentarse en la profesién de la historia quienes no
eran de raza blanca fueran especialmente dificiles. Hasta
7. Cari Bridenbaugh, «The Great Mutation», The American Historical Re-
view, 68:2 (1963), 315-31, eit. pp. 322-323, 328,
7B
3. La politics de Is hisonia
1999, los no blancos constituian tan solo el 7% de todos
Jos doctores en historia activos en Estados Unidos y alre-
dedor del 12%:de los nuevos doctores en historia, En
2010, la proporcién de las minorias raciales y étnicas en-
tre los nuevos doctores en historia alcanzaba casi el 19%
[Link] época en la que; segtin el censo de Estados Uni-
dos para ese mismo afio, el 28% de la poblacién era no
blanca. La historia en Estados Unidos ha seguido la sen-
da de otras disciplinas a este respecto. Lo que también
parece verificarse en Reino Unido, aunque resulta dificil
encontrar estadisticas equiparables. Segtin los datos re-
copilados pot la Higher Education Statitistics Agency
(HESA), en 2015 el 22% de los estudiantes de-primer
afio en la universidad de Reino Unido, tanto de grado
como de posgrado, procedia de minorias étnicas; pro-
porcién ligeramente superior a la de las minorias étnicas
en la poblacién en edad universitaria, Pero los estudios
hist6ricos y filos6ficos (tomados en conjunto) arrojaban
tan solo el-10,7% de minorias étnicas entre los estudian-
tes de grado en 2015.
Las cifras ni siquiera empiezan a contar las cosas
como fueron. En su autobiografia publicada en 2005,
John Hope Franklin (1915-2009), el primer presidente
afroamericano de la Asociacién Historica Americana,
hacia un resumen de las ofensas raciales a las que tuvo
que enfrentarse durante su vida. A los scis afios lo obli-
garon.a bajar'de un tren por haber ocupado sin darse
cuenta un asiento reservado pata blancos; a los dieci-
‘ueve estuvo a punto de ser linchado en Mi alos
veintiuno se negaron a servirle en una cita cuando era
un estudiante de grado de la Universidad de Harvard;
79.Historia
a Jos cuarenta lo lamaron «negro de Harvard» en la
oficina de un registro local en el Sur-(en algunos archi-
vos surefios simplemente se negaban a admitir a afroa-
mericanos), y a los ochenta le pidieron que colgara el
abrigo de un blanco en un club de Washington D. C.
del que era miembro, no empleado. La lista continga.
Resulta casi imposible entender lo dificil que fue, y que
a menudo sigue siendo, para los estudiantes de las mi-
norias, abrirse camino en la universidad aun cuando
sus profesores sean; como Franklin en Harvard, abso-
lutamente comprensivos.
Encuestas recientes han demostrado que las minorfas
é:nicas siguen sintiéndose aisladas, marginadas y exclui-
das también en las universidades de Reino Unido. El
muy influyente critico cultural nacido en Jamaica Stuart
Hall decfa no haber experimentado un racismo manifies-
to cuando lleg6 por primera vez a Oxford en 1951 con
una beca Rhodes, aunque «a menudo, era la tinica perso-
nanegra dela sala». Oficialmente, Oxford era cortés con
sus estudiantes negros («éramos tan pocos que nos vefan
més como ratezas-curiosas que como encarnacién de
cualquier tipo de amenaza»). Pero, al entrar en cualquier
pub o café, descubria: «mi cuerpo siempre estaba en ten-
sidn [...] sabfa que la raz6n por la que la gente me mira-
ba era la incémoda presencia de la diferencia»’, En
2015-2016, segiin la HESA, menos del 2% del personal
académico de las universidades de Reino Unido era ne-
ato, y solo el 8% eta asitico
8. Stuart Hall (con Bill Schwarz), Familiar Srranger: A Life Between Tico
Islands (Durham, NC: Duke University Press, 2017), pp. 157-158.
80
i
3. La politica de a historia
Dado que los cambios en la composicién de los estu-
diantes y, especialmente, de los profesores de historia lle-
garon lentamente al principio y solo'se aceleraron més
tarde, qui2é no sea sorprendente que Io quese considera:
ba estudio hist6rico fuera modificandose primero poco a
poco también, y luego experimentase transformaciones
més profundas en las tiltimas décadas. Como sefialaba-
mos antes, los estudios universitarios de historia en Euro-
pay Estados Unidos se centraron en sus comienzos en la
historia grecolatina y de la Europa medieval. Las historias
nacionales ganaron terreno a finales del siglo x1X, y en la
década de 1910 habfan llegado a constituir la oferta pte
dominante, al menos en Estados Unidos. La programa-
cin de Harvard para 1911 incluye decenas de cursos re-
lacionados con los estudios histéricos, y casi la totalidad
de los que se oftecian acerca de la historia moderna euro-
ea tenfan que ver con la historia de un Estado nacién,
Inglaterra y Francia eran los que recibjan*tratamiento
mas detallado, pero también se ofertaban cursos especifi-
cos sobre Ja Alemania, la Ttalia, la Rusia y la Espafia mo-
detnas. La era de la especializacién habia amanecido, El
centro de gravedad se habia desplazado desde el mundo
antiguo hasta el'modemo, con la consecuencia de que
ahora el Estado nacién daria forma al estudio y la investi-
gacién de la historia. Con todo, la historia de Estados
Unidos, aunque era objeto de mayor ntimero de cursos
que en la década de 1870, seguia eclipsada por la historia
medieval y modema europea; ni siquiera en Estados Uni-
dos ocupaba aiin el centro de los estudios histéticos.
Todavia sigue siendo una sefial de estatus de élite en
un departamento de historia estadounidense conceder
aHistoria
més atencién a la Europa medieval y moderna que a Es-
tados Unidos. La pagina web de 2017 del Departamen-
to de Historia de la Universidad de California, Berke-
ley, mostraba una lista de. dieciséis profesores de
historia europea moderna y medieval y trece de historia
de Estados Unidos. Sin embargo, en total, en 2015, mas
del 41% de las facultades de colleges de cuatro afios y
universidades en Estados Unidos impartian historia de
Estados Unidos frente al 32% de las que impartian his-
toria europea. La cifra de la historia europea ha ido de-
creciendo ininterrumpidamente desde la década de 1970,
mientras que el porcentaje de especializacién de las fa
cultades en Ja historia no occidental ha crecido, En Es-
tados Unidos, asi pues, el declive de la historia europea
y el auge de la no occidental han acompafiado a la de-
‘mocratizacién del cuerpo de estudiantes, quiz en par-
te porque la historia europea parece no solo elitista,
sino también blanca.
Lademocratizacién de la historia como materia de estu-
dio, sin embargo, fue consecuencia no tanto del cambio
cn las grandes areas geogrificas de las que se ocupaba
como de la transformacién de los modos de abordarla. De
manera nada sorprendente, los nuevos métodos han ad-
quitido parte de su impetu de relativas outsiders como las
historiadoras pioneras Lucy Salmon y Eileen Power. Ha-
biendo comenzado como historiadora politica, Salmon no
tard6 interesarse por la historia social, primero con un
muy reseiiado libro acerca del servicio doméstico (1897) y
mds tarde en articulos llamativamente visionarios sobre la,
importancia de estudiar lo que hoy conocemes como cul-
tura material, En
que empez6 a ser con la llegada de la politica de masas
a finales del siglo xix. Pero la ciudadania se halla ahora
definida de manera mucho mas amplia. Ya no solo se tra-
ta de pettenccer a nuestia nacién (aunque también), sino
de cémo nuestra nacién, y por tanto, cada individuo que
Ia integra, encaja en un universo global més amplio e in-
cluso césmico. La historia nacional seguira teniendo
prioridad en las escuelas de primaria y secundaria, pues-
to que la mayor parte de los actos de ciudadanta, como
votar, se realizan dentro del marco de los Estados na-
ci6n, Los esfuerzos de la Unién Europea han demostra-
do que no es facil establecer la soberania plurinacional
en ausencia de un sentido de historia plurinacional sub-
yacente. Por esa tazén, la Unién Europea ha intentado
estimular atin més la ensefianza de la historia curapea en.
sus Estados thiembros. Lo irénico es que la historia eu-
ropea;yno simplemente la francesa, la alemana.o la bri-
+ténica, ha tenido una historia mucho més extensa en Es-
tados Unidos que en Ja propia Europa, pues la ensefianza
de la historia europea en Estados Unidos sirvié primero
para formar a una élite y luego, con la llegada de la Pri-
meray la Segunda Guerra Mundial, para crear un senti-
do de los valores comunes compartidos por Estados
Unidos y sus aliados europeos. Un papel que ha retroce-
dido en la medida en que la guerra en Europa parece im-
probable y el gobiemo de Estados Unidos ha mostrado
86
3. La police de la historia
cada vez mayor preocupacién por el desarrollo de los
acontecimientos al sur de la frontera y en Asia.
La historia global y la historia nacional ahora van de la
mano en Estados Unidos no solo porque los intereses
politicos y econémicos estadounidenses sean globales,
sino también porque la inmigracién ha traido al pais a
gentes de todo el planeta. La proporcién de europeos
entre la poblaci6n estadounidense nacida en el extranje-
to cayé del 75% de 1960 al 11% de. 2014; al mismo tiem-
po que la inmigracién latinoamericana y asidtica se dis-
paraba. El discurso nacional de Estados Unidos, pot
tanto, se muestra ahora mas inclusivo con los americanos
procedentes de paises no europeos, a pesar de que los
euroamericanos atin sigan ocupando el primer lugar.
Pero atin més lamativo resulta que la historia universal
haya reemplazado en gran parte a la historia europea
como engatce con la historia de Estados Unidos en las
escuelas de secundaria-e incluso en las universidades. El
niimero de estudiantes de secundaria que eligen exami-
narse de historia universal avanzada en las pruebas de
acceso a la universidad dobla al de los que eligen exami-
narse de historia europea.
La historia global y nacional también van de la mano
en Reino Unido, pues Gran Bretaia gozaba de un impe-
rio de extensi6n mundial en el siglo xvm, y el pais atrae
a inmigrantes de todo el planeta. La poblacién de Reino
Unido nacida en el extranjero se ha duplicado con creces
entre 1993 y 2015, y en 2015 constituia el 13,5% de la
poblacién (la cifta en Estados Unidos era un casi idénti-
co 13,7%). Las pantas del gobierno de Reino Unido
para obtener el Certificado General de Educacién Se-
87Hiscoria
cundaria en historia (al que acceden escolares de edades
comprendidas entre los 15 y los 16 afios) requiere'que al
‘menos el 40% de los contenidos sean de historia briténi-
cay exige atencidn a tres contextos geogréficos diferen-
ciados: la historia local, la/historia de Gran Bretafia'y la
historia europea o universal. La historia universal pose
asi el mismo peso que la de Europa.
La creciente importancia de la historia:global puede
verse también en la composicién de las facultades de his-
toria del Reino Unido. Entre los profesores de historia
de la Universidad de Cambridge en 2017, menos de una
cuarta parte centraba su trabajo primordialmente en
Gran Bretafia, en tanto que més de un tercio lo centraba
en el mundo exterior a Occidente. En la Universidad de
Warwick, casi dos tercios de la plantilla académica mos-
traba algiin interés en cuestiones globales; aproximada-
mente la mitad se ocupaba de la historia europea, y casi
la misma proporcién se interesaba por la historia de
Gran Bretafia. Podria sozprender el hecho de que no pa-
rezca haber mayor atencién a la historia global en Aus-
tralia, aunque, segtin los modelos de Estados Unidos 0
Reino Unido, gran parte de la historia australiana cuente
como historia global, Alrededor de un tercio de la plan-
tilla académica de Historia de la Universidad de Sidney
tenia como principal objeto de interés la historia austra-
liana en 2017, mientras que algo mas de un tercio se de-
cantaba por la historia europea, el 15% por la historia
americana, y otro 15% por la historia no occidental”.
10. En todos los casos he consultado los sitios web de las universidades.
Para la Universidad de Cambridge, he tenido en cuenta los que figuran
88
>. La politica de a historia
El grado de atencién prestado a la historia nacional y,
dentro de la historia nacional, a la historia de diversos
grupos diferenciados, continuaré generando nuevas
cuestiones. En-Estados Unidos, el Comité Nacional Re-
publicano aprobé, en agosto de 2014, una resolucién
que condenaba un reciente plan de mejora de la ense-
fianza de la historia estadounidense en las escuelas de se-
cundaria argumentando que esta reflejaba «una visién
radicalmente revisionista de la histéria americana que
enfatiza los aspectos negatives de la historia de nuestra
nacién mientras omite 0 minimiza los aspectos positi-
vos». En 2015, un representante del estado de Oklaho-
ma present6 una proposicién de ley para exigir que ell
Consejo. de Educacién del Estado -rechazara el nuevo
plan y que se ensefiara, en su lugar, alos alumnos una se-
rie de documentos «fundacionales» que inclufan la Carta
Magna, los Diez Mandamientos y varios discursos de
Ronald Reagan. El legislador en cuestién era miembro
del Black Robe Regiment, red que, segiin informa su
propio sitio web, promueve «la responsabilidad biblica
de defender a nuestro Sefior y Salvadorvy proteger los
principios y lbertades otorgados a un pueblo moral por
la Constitucién, de inspiracién divina, de los Estados
Unidos»", ;Para ellos la separacién entre iglesia y Esta-
‘como profesores de historia. Para la Universidad de Warwick, he utilizado
setae le td sb ida
ads {e una materia. Para la Universidad de Sidney, he tenido en
Soe eine eae
Se cp ceo
Hace Gam ohana ee oi sea
Will Have ‘Devastating’ Impact» (The Guardiar, 20 de febrero de 2015).
Bipeiicore dime he Cu or 20.
89Historia
do, sencillamente, no existe! La proposicién de ley fue
rechazada tras generat criticas fulminantes, pero repeti-
das protestas consiguieron una revisién del plan con ma-
yor énfasis en el excepcionalismo americano y en los pa-
dres fundadores. ‘
EI debate en Reino Unido ha sido menos virulento,
pero igual de persistente. La preocupacién por la insula-
ridad cuenta con una latga historia en Gran Bretafia. Ea
1926 los inspectores escolarés ya expresaban su inquie-
tud por el hecho de que la ensefianza de la historia en la
escuela primaria estuviese demasiado exclusivamente
centrada en Gran Bretafiay el Imperio briténico, en tan-
to que la historia universal apenas se trataba, Sugitieron
que una mayor“atencisn a Ja historia universal podria
prevenir el estallido de futuras catastr6ficas guerras
undiales. Y, aunque aquella esperanza se demostrase
ingenua, la importancia que se concede a la historia bri-
tainica en las escuelas sigue generando controversias pe-
iédicamente. Cuando el secretario de Estado de Educa-
cién conservador Michael Gove intenté introducir
reformas orientadas a reafirmar la presencia de la histo-
ria briténica en el curriculum escolar en 2013, una ruido-
sa oposici6n de maestros e importantes académicos lo
obligé a rectificar, a dar mayor cabida a la historia
versal y conceder més espacio a la ensefianza de las his-
torias iskimicas y de la inmigraci6n.
Diferentes versiones de estas polémicas estén produ-
ciéndose en el mundo en este momento, pero adoptan
history-bil- devastating dan-fsher. Sobre el Black Robe Regiment, vase
beeps [Link]/
90
3. La politica dela historia
formas particulares en funci6n de la politica local y la si-
tuacién geopolitica. En Taiwan, estudiosos y represen-
tantes del gobierno discuten acerca del peso relativo de
la historia taiwanesa en comparacién con la historiade la
China continental en el’ curriculum escolar. En Canadé,
Ia discusién enfrenta’a quienes son partidarios de una
‘mayor atenciétra la historia angl6fona y a quienes lo son
de una mayor atenci6n a la historia francéfona. En Bra-
sil, algunos educadores estin mas a favor que otros de la
inclusién de la historia indigena y afrobrasilefia. Y los
maestros sudafricanos han intentado abandonar un cu-
sticulum que apoyaba el régimen racista del apartheid
por uno més inclusivo y democritico.
A veces la historia universal representa una preocupa-
cién mayor por el multiculturalism, como sucede en
Estados Unidos y Reino Unido, y en esos casos supone
una concepcién de la ciudadania que trasciende a la na-
cién sin negar la necesidad de-una ciudadania nacional.
Una forma verdaderamente cosmopolita de historia glo-
bal no trata de suplantar la historia nacional ensefiada en
Jas escuclas de primaria y secundaria, y ni siquiera pare-
ce que semejante forma de ensefianza fuera deseable,
pues la historia sigue desempefiando un papel vital en la
cohesién nacional. La historia solo puede escribirse des-
de un punto de vista, y no est claro cual seria el punto
de vista cosmopolita. ¢Desde ningtin sitio en particular?
eDesde varios lugares al mismo tiempo? zAcaso desde el
espacio exterior?
Peto, pese a todo, la perspectiva global se halla hoy en
alza, y en parte porque son muchos los distintos lugares
que se enfrentan al mismo tipo de cuestiones objeto de
onHistoria
polémica. Nuevas organizaciones y publicaciones peri6-
dicas ofrecen foros: para el: intercambio de opiniones
acerca de estos diversos debates nlacionales que cruzan
Jas fronteras nacionales. En 2004, tomé forma la History
Educators International Research Network (HEIRNET)
y funds la publicacién International Journal of Histori-
cal Learning, Teaching and Research para facilitar tales
discusiones. La International Review of History Educa-
tion sixve a propésitos similares. La convocatoria para
la presentacién de comunicaciones a un congreso de la
HEIRNET en 2017 hace referencia a «las miltiples cri-
sis actuales del cambio climatico, el conflicto global, la
igracién masiva y el auge del nacionalismo». Durante
mucho tiempo el nacionalismo ha sido un aliado de la
historia, pero también a veces puede convertitse en su
principal enemigo.
Aligual que los libros de texto, los programas y mode-
los escolares son cuestiones candentes porque se dirigen
al corazén mismo de la identidad nacional, y estan cam-
biando casi de forma continua porque la identidad na-
cional jamés queda fijada de una vez para siempre. La
historia se asegura de ello. Los debates en tomo a la his-
toria se producen cuando una politica es lo bastante séli-
da como para permitit que el pasado de una nacién se
replantee y se reformule. La eliminacién del debate sobre
la verdad histérica viene dela mano del autotitarismo.
En 2012, quince afios después de que los chinos recu-
peraran Hong Kong de manos de los briténicos, intro-
12, Véase [Link]/stem_education_innovation_global_studies/
cevents/2017/May/HIEIRNET-2017-Conference shtml,
9
5. La politica dela historia
dujeron un nuevo curriculum que hacia alarde de un
partido comunista «progeesista, genetoso y unido» al
tiempo que minimizaba la violencia de la Revolucién
Cultural de finales de la década de 1960 y comienzos de
Ja de 1970, asf como la cruenta represién contra los di-
sidentes en la plaza de Tiananmén en 1989. Pese a las
manifestaciones de protesta de decenas de miles de pa-
des contra aquel lavado de cerebro, el gobierno refor-
26 los nuevos modelos; Los regimenes autoritarios de
Franco en Espaiia y de Antonio Salazar en Portugal no
intentaron inculcar una nueva ideologia, a diferencia
del comunismo; en su lugar, se cuidaron de ejercer un
control exhaustive sobre docentes y libros de texto
Para que estos ensefjaran los valores tradicionales de
obediencia a la familia, a la iglesia catdlica y al Estado
Salazar se habia presentado a si mismo en cetemonias y
Publicaciones oficiales como el sucesor natural de si-
glos de historia portuguesa, y se opuso a la democrati-
zacién de la educacién argumentando que esta minaria
la jerarquia necesaria en una sociedad bien organizada.
Bajo el régimen del apartheid en Sudéftica, los libros de
texto ensefiaban que Dios habia dispuesto una division
eterna entre blancos y negros.
Aunque hay incontables ejemplos que podriamos ci-
tar, la reaccién del gobierno turco contra los escritos
acerca de los asesinatos masivos de armenios en los afios
1915-1916 nos ofrece una muestra que atin sigue interfi-
riendo en las relaciones internacionales. El propio go-
bierno turco admite la muerte de centenares de miles de
armenios cuando los otomanos los deportaron de la
Anatolia oriental, Los desacuerdos atafien a la cifra (tres-
83Hiscoria
cientos mil, segiin los turcos; un millén y- medio, segin
las estimaciones armenias) y, sobre todo, a la intencion,
@Se traté del genocidio premeditado de-un pueblo? La
cuestién no ¢s que el gobierno turco piieda errar en sti
interpretacién de que no lo fue, pues existe margen para
discutirlo, sino-que intente impedir el propio debate y se
sirva de una ley contra «el insulto-al turquismo» (que
pas6 a Hamarse en 2008 contra', y pot l6gica mas apta para el periodismo que para la
historiografia académica. La historia del si jlo XIX se
afianz6 en Francia en la década de 1970 yla del siglo xx la
sigui6 en Ja década de 1990. Ahora los més importantes
historiadores de Francia, como los de Gran Bretafia y
Estados Unidos, tienden a ser aquellos que escriben sobre
el siglo xx,
Como demuestran las cifras de matriculaciones en
cualquier institucién de educacién superior, los estu-
diantes prefieren los cursos de historia que tratan de los
periodos mas recientes. Adin pueden ser atraidos hacia la
historia antigua 0 medieval gracias a algin profesor ca-
tismatico 0 a los requisitos de una universidad determi.
nada, pero acuden en masa a los. cursos de historia del
siglo Xx. Lo mismo ocurre con las tesis doctorales, Un
te estudio sobre las tesis doctorales de historia es-
critas en Estados Unidos en los tiltimos ciento veinte
afios demuestra que las tesis anteriores a 1950 solian tra-
n7Historia
wr de la historia anterior a 1800 (en todos los campos de
lathistoriayno soto dente dé la historia de Estados Uni-
dos): Sin embargo, tomadas en conjunto, la’abrumadora
mayoria de las tesis se centra'en algiin momento del pe-
tiodo 1750-1950*.'La historia como. campo académico
corre asi el peligro. de olvidar una gran parte del pasado:
El «presentismo» adopta formas distintas:y [Link] la
del interés:por la historia més reciente; también incluye
juzgar a las gentes del pasado segin las normas actuales,
‘Hegel fue presentista al considerar que la idea alemana de
libertad podia ser un referente universal, pero nosotros lo
somos en la misma medida cuando censuramos a Hegel
por no compartir nuestra comprensién actual del mundo:
El presentismo es una tensién permanente en la relacion
dela historia con el pasado. La historia careceria por com-
pleto de interés sino hablase de nuestros intereses presen-
tes; por lo que necesitamos cierta dosis de presentismo.
Pero, si:solo miramos él pasado desde nuestro punto de
vista, sentillamente estamos imponiéndole nuestros mo
delos. La dosis de presentismo no puede ser demasiado
elevada, pues de ese modo nos lleva a incurrir en el ana-
ctonismo, a no saber respetar la cronologia. Entonces el
pasado se transforma en un espejo inerte de nosotros mi
mos més que en un lugar que podemos descubrir y del
que podemos aprender, Pero la le presentismo tam-
poco débe ser insuficient 105 que juzgar el
pasado de acuerdo con nuestros propios valores. ¢Que-
6, Ben Schmit, «What Years Do Histotians Write About?» (Sapping Ar
tention, 9 de mayo de 2013). Disponible en: htrp://sappingsttention blog-
[Link]/2013/05/twhat- years-do-historians-write-about html
118
4. El fuuto de a historia
‘rianios analizar a Hitler igual que'a cualquier otro politi-
coyal trato que dio a discapacitados, judios, gitanosy es-
lavos igual que si se tratara de una opcién politica sin
s? Conseguir la dosis de presentismo exacta es un con=
two reto; y probablemente solo podamos conseguitla si
1uestras elecciones permanecen siempre abiertas a la dis-
cusién y al debate.
¢Qué aprendemos del pasado? Para mi, el respeto a
quienes nos precedieron ésta por encima de todo, Inclu-
so ante la aparicién de una noci6n del tiempo hist6rico
més profunda y més amplia, las dos primeras formas de
aproximacién al tiempo permanecen con nosotros pro-
Porcionandonos un acceso nico al conocimiento de la
historia. Una cultura globalizadora sigue necesitando
modelos efemplares que pueden hallarse en muchos si.
tios, no solo en la antigtiedad grecolatina. La Epopeya de
Gilgamesh, los dichos del Buda; las ensefianzas de Con-
fucio y las tradiciones orales de incontables tribus aftica-
has o sudamericanas son solo unos pocos de esos mode-
los posibles. La sabiduria [Link] ve alterada en esencia
por los cambios en la tecnologfa, el crecimiento de la po-
nn ni la especializacién en las ocupaciones. La sabi-
duria siempre puede encontrarse aprendiendo cémo las
sgentes del pasado se enfrentaron a sus desafi
EL progreso podra estar en cuestién, pero el acto mis-
10 de contar un relato (y toda historia esté formada por
relatos, de una u otra forma) requiere un comienzo y un
final y, en consecuencia, cierto sentido de progresién.
No todo en el pasado ha de conducir inexorablemente a
las conclusiones que elegimos para nuestras historias,
Peto el final influye en la manera en que la histotia es
ngHistoria
contada, La tensién-entre la explicacin de cémo legé
ese final y el mantenimiento de-un sentido de las elec-
ciones hechas en el camino es una de las mas dificiles de
sortear cuando se esctibe historia. La historia no tiene,
interés sin sentido de la elecci6n; pero la historia carece
de'sentido si no existe una légica en las elecciones. AGn
seguimos necésitando grandes relatos, por tanto,.aun-
que no tengan-que ser la historia del progreso. Yre-
flexionar sobre aquello que tales relatos deberfan ser es
una de las tareas que hacen el campo de la historia tan
apasionante.
‘Nuevas perspectivas surgen continuamente. Al tiempo
que los medios de comunicacién se han vuelto mas om-
nipresentes en nuestras vidas, los historiadores han co-
menzado a prestar mayor atencién al papel de las repre-
sentaciones -visuales de toda clase. La historia como
campo ha sido definida por sus relaciones con los docu-
mentos textuales, y ese foco no desaparecerd, pero otras
formas de transmnitir informacién empiezan a tenerse en
cuenta. En las sociedades sin alfabetizaci6a universal, lo
que equivale a decir todas las sociedades anteriores a las
postrimerias del siglo xtx, las formas visuales desempe-
fiaron un papel primordial: los monumentos, las proce-
siones y desfiles, las reliquiias y las tallas en madera habla-
ban més ditectamente a la gente comin que los folletos,
los tratados 0 los documentos oficiales. Y, de la misma
manera, la llegada del mundo digital esta estimulando
nuevas aproximaciones. Los historiadores ahora tienen
acceso a bases de datos masivos de toda indole que pue-
den ser consultadas en cuesti6n de segundos, y el néme-
10 de estas no hace mas que incrementarse. Por ello los
120
4. El futuro dela bistrie
estudiosos no solo tienen que aprender a usarlas, sino
también a evaluar su fiabilidad.
La eclosién de nuevos campos como la historia visual
y digital nos recuerda que la historia no puede predecir
el futuro, pero si beneficiarse de los cambios que esie
trae. El futuro solo lo predice nuestra imaginacién, y no
sabremos qué predicciones aciertan hasta que el futuro
no se haga presente. En cambio, si podemos conocer el
pasado, aunque sea de forma incompleta, y no necesita-
‘mos una méquina del tiempo para llegar a él. Todo cuan-
do necesitamos es curiosidad y el deseo de saber c6mo
quienes nos precedieron comprendicron sus mundos,
Por qué necesitamos hacerlo lo explicé hace més de dos
mil afios el politico romano Cicerén:
Ignorar lo que ocurrié antes de que naciéramos es como ser
nifio para siempre, ¢Qué valor tiene una vida humana si no
se halla entretejida con la de nuestros ancestros a través del
testimonio de la historia?”
7. Peter G. Bictenhols, Historia and Fabula: Myths and Legends in Histor-
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