Tema IL
LA MACROESTRUCTURA DEL DICCIONARIO
M." Auxmuapora CasTisto Carmatzo
Universidad de Sevilla
1. Bl concepto de macroestructura
2, La lematizacién y la ordenacién de las entradas en los diccionarios
2.1. Orden onomasiol6gico
32. Orden semasiolégico. Ordenaci6n alfabética directa, ordenacién in-
versa. Ordenacién por rimas, por némero de letras
3. Criterios de seleceién de los lemas. Delimitacién del nimero y tipo de en-
tradas segtin el usuario
4, Tipos de entradas lexicogratficas
4.1, Inclusion de morfemas gramaticeles en la macroestructura: los afijos|
42. La ptesentacién de las unidades fraseolgicas, Las subentradas en el
diccionario
43._ Los nombres propios
44.” Inclusién de ncologismos, tecnicismos, regionalismos y americanismos
5. Disposicién de Jas entradas, Bl tratamiento de la homonimia en Jos diccio-
narios
Lecturas recomendadas1, El concepto de macroestruetura
El diccionario esté constituido por un ntimero determinado de articulos! (y, TEMA
1v-1), dispuestos, habitualmente, de forma alfabética® de acuerdo con el lema* o en-
trada que los encabeza. La suma de lemas 0 entradas que posee una lectura vertical
parcial constituye, pues, la macroestructura del diccionario (Rey-Debove, 1971: 21),
‘conocida también como nomenclatura’.
Por otro lado, es cierto que no todos fos Temas 0 entradas se registran de la mis-
ma forma en la obra lexicogréfica, pues unas se localizan en la macroestructura y
‘otras en el interior de los articulos lexicogréficos. El término entrada puede asociai-
se, asi, a dos sentidos diferentes:
4) en um sentido estricto, y entonces se toma como “unidad que es objeto de art
culo lexicogréfico independionte en cl diccionario’, y b) en sentido lato, como ‘eualquier
umidad léxica sobre la que el diccionario, sea en su macroestructura @ microestructura
ofrece informacién’. De scuerda con esto, pueden distinguirse dos tipos de entradas: las
entradas propiamente dichas, que son las que estin sometidas a lematizacién, esto es,
‘constituyen enunciado o eabecera de articulo, y las subentradas, pertenecientes a la mi-
‘eroestmuctura, esto es, que no estén sujetas a lematizacién (Porto Dapena, 2002: 136).
1 Elamiculo es Ia secueneia mds pequetia que dent del diccionario tiene autonoméa y ests cans:
tituido por una andad léxica, que representa una serie de formas que se pueden obtener a partir de ell,
mis el Conjunto de informaciones que sobre esta unidad se proporciona, denominado parte deinitoia ©
‘cuerpo det aticul.
2, Més adelane nos ceferremos a ots tipos de clasificacion de} material Iéxico, aunque este ese!
rns habit), hasta tak punto que se suele identifica el coucepto de diccionario con el de orden afasi-
‘co (Alvar Ezguerrs, 19838: 121-122).
5. Debe tenerse en cuenta que el lema es un forma que reine todas las variantes flexvas (por ejem
plo. en los diccionarios espafioles se ula el infieitivo para dar entrada alos verbos; v. «La LEMATIZA
{GON ¥ [Uk ORDENACION DE LAS ENTRADAS EN LOS DICCIONARIOS). Vézase, entre otros, Ladislav Zgusia
(97H: 250), Jean Dubois y Claude Dubois (971: 62), Josette Rey-Debeve (1870: 8-9) y Alsin Rey
(1977: 125)
4, Paca algunos autores como Ginter Haensch (1982c: 462) este término, proveniente de) inglés
entry. designa el arco lexicografico, cuando no posce una gran extensida, mientras que, en €2s0 con
feario, prefieren la vor monografia. Como consecuencia de ello, nillzan el nombre de lema pare reer
se 8 la unidad léxica que encsbe la pare definitrin, Otras denominaciones para lema es palabra-cla-
ve, vor ania 0 cabecera. No abstante, las dos primera se aplican, en lexicografia, a las voces que, ex los
repertorios lxicogréficos, se encuentian en el extemo superior derecho e izquerdo de la hoa, sextin sea
‘aro impr, respectivamente, con el Tin de ayudar & visalizar las palabras que empiezan Y teeminan en
fina pagina 9 en el conjnto de dos pina.
‘5. Estas la concep més habitual sobre Ia esructarslexicogréfca, pero exiten otras (¥, TEMA 2)82 LEXICOGRAFIA ESPAROLA
De acuerdo con estas consideraciones, la mayor parte de las unidades fraseol
‘cas que Se encuentran en los diccionarios, a veces, con una sistematizaciGn un tanto
iregular, conformaran las subentradas (¥, «LA PRESENTACION DE LAS UNIDADES FRASS*
‘OLOGICAS. LAS SUBENTRADAS EN EL DICCIONAR(O>), en Ia medida en que son elementos
4que, del mismo modo que la palabra, el hablante memoriza y repite sin posibilidad de
cambio, a no ser que pretenda introducir una modificacion en el sentido,
‘Asi mismo, conviene no olvidar que, aunque una de las partes mds importantes
del articulo lexicogréfico es Ja definicién (v. TEMA V), el usuatio del diccionario, no
pocas veces, acude @ este con la finalidad de informarse sobre fa ortogratia de una p2-
labra, por lo que su consulta iré destinada exclusivamente a la macroestructura. Este
Frecho ha propiciado que, en la tradicién lexicogrifica, haya existido una especial pre-
‘ocupacién por otorgarle una posicién destacada para facilitar las blisquedas. De este
modo, es frecuente e} uso de la letra negrita, y, en muchos diccionarios, de cuerpo
mayor a la de la informacién que le sigue’. Valga el siguiente ejemplo tomado del
Diccionario académico:
Entrada o lema ——+ baliza |(Del por. baliza, der. mozir. del Tat. palus,
palo). f. Mar. Sef fjao mévil que se pone de mazea
para indicar lgares peigros0s 0 para orientacién del
avegente I 2. Enel trlfico aéseo y terestre, otras Antevlo
lexicogratico
efile uizadias para fines semejanes. 13. Mar. Tito is
el derecho que en algunos puestos pagaban las
cembareaciones por el auxilioy buen servicio que les
prestaban las balzasestablecidas. estar fuera de 8
Mar. Navegar en frangut al slic de un Dyers,
N\
‘Subentrada
2, La lematizaci6n y la ordenacién de las entradas en los diccionarios
Para proceder a la organizacion del Iéxico que conforma la macroestructura 63
esencial Hlevar a cabo, como tarea previa, el proceso de lematizacién, segtin el cual se
reduce el paradigma a una forma canénica —el lema—, que representa, como ya se
ha sefialado, a todas tas variantes de Ia palabra. En este sentido, y para no entrar en
disertaciones teéricas innecesariss sobre si se puede aceptar 0 no la palabra como uni
dad lingifstica, convene tener en cuenta que en la préctica lexicogréfica occidental,
¥ especialmente en la hispsinica, se considera que las unidades de tratamiento lexico-
{_ gréfico serén todas las palabras, incluso las gramaticales, sin obviar los afijos, 0 al
6. Bn tomo a as convenciones graficas del artieulo lexicogrifico,véase TMA 1-1. 1LA MACROESTRUCTURA DEL. DICCIONARIO 83
sunos elementos no propiamente lexicales, como es el caso de las letras (Porto Ds-
£ Pena, 2000-2001 y 2002: 137). Asi mismo, sobre este controvertido tema, se ha se
falado to siguiente:
La concepciéa habitual es la de gue el diccionario recoge palabras, de lo cust se
hace eco nuestra Academia cuando define diccionario en su primera acepeién como ‘I:
bro en que por orden comtiamente alfabético se contienen y explican todas tas diccio
nes de uno 0 mds idiomas [...]", comando diecién como sinonimo de palabra, esto ¢5,
“unidad lingifstice portadora de’significados', Esto puede ser el punto de partida para
eterminar cufl es 1a unidad de tratamiento lexicografico, aungue el concepto de pala-
bra se haya puesto en ontredicho ris de una vez en Ia lingifstica (Alvar Ezquerra,
19936: 66).
Igualmente, es una realidad que, para todos los usuarios de diccionarios, Ia uni-
dad Linglfstica palabra esté muy arraigada. Sin embargo, otras unidades como el mo-
nema, el morfema y el lexema son tan solo un resultado de la terminologia cientifica
que tiene, en realidad, poca operatividad, incluso en el ambito de los estudios lin
gilsticos. Adem#s, la delimitacién gréfica de la palabra facilita la identificacién de
segmontos de texto virtuales y realizados (Wemer, 1982b: 225 y 228).
‘A pesar de todo, no se debe olvidar que también existen unidades léxicas mas
amplias que Ia palabra, por lo que una unidad léxica seré una unidad conceptual. En
este sentido, cualquier frascologismo se compondra de un niimero determinado de pa-
labras, pero seré ana sola unidad Iéxica con tn sentido concrefo’. Esto condiciona que
tos diecionarios también reflejen la fraseologia, aunque dndole una ubicacién, en la
mayoria de los casos, distinta a la que le proporciona a la palabra (V. «LA PRESENTA-
ION DE LAS UNIDADES FRASEOLOGICAS. LAS SUBENTRADAS EN EI. DICCIONARIOw)..
En cuanto a las entradas propiamente dichas, es decir las que encabezan el arti-
culo de diccionario, la eleccién de la forma cannica —el lema— va a regirse, en el
caso de las palabras flexivas, por una serie de criterios de acuerdo con 1a categoria
igramatical a la que perienezcan (Porto Dapena, 2002: 176-177)
4) Los sustantivos, segiin el género que posesn, aparecerin representados por
a forma del masculino singular o del femenino singular (diente m /escuela
£), y, si presentan variabilidad genérica, por la forma del masculino y fe-
menino singular (basurero, -ra). En el caso de los pluralia tantum fa forma
canonica ser, obviamente, la forma de plural (nupcias)..
1) Los adjetivos se lematizan mediante su forma singular. En los de dos termi:
naciones, se registrar el masculino acompatiado del femenino, y en los de
tuna terminacién, su tinica forma —masculina y femenina— (amable, hi-
bil); aunque también, siendo invariables, existen algunos que se usan solo
como adjetivos masculinos (pitorro ‘se dice del camero con cuernos fuer
tes y largos") 0 como femeninos (encinta).
©) Los pronombres, habitualmente, se representan de forma similar a los adje-
tivos (este, -ta,- to, alguno, -na); sin embargo, de los pronombres persona
“7. De acuerdo con 10s tipos de unidades fraseo¥igess, esa consderaciOn sera matizable, como ve
emos més adelante.
I
|as LEXICOGRAFIA ESPAROLA
les y las formas étonas de los posesivos, se registran todas sus variantes en
articulos independientes.
Fl articulo presenta en el diccionario una entrada distinta para cada una de
sus formas!
¢) Los verbos se catalogan por la forma del infinitivo. A veces, se incluye en
amticulo aparte el participio correspondiente, cuando puede tener funcién ad-
jetiva. Asi mismo, algunos diccionarios, con una finalidad esencialmente di
dactica, pueden dar cabida a las formas irregulares.
En el caso de las palabras que presentan variabilidad léxica, como las palabras
de doble acentuacién’ o de distinta representacién grifica, los diccionaribs suelen re-
gistrar, las primeras, separedas por una coma, 0 mediante el uso de la conjuncién dis-
yuntiva o Gite, elite/dinamo o dinamo)”, por fo que ocuparén la misma posicién en
i macroestructura. En cuanto a las segundas, 1o mids habitual es que se registren en
el lugar que les corresponda en la nomenclatura, de acuerdo con la organizacién in-
tema del léxico (Kiosco/quiosco, psicologia/sicologfa)"
Se ha sefialado, con asiduidad, que el diccionario es tina obra que se caracteriza
por el onten alfabético de sus materiales. No siempre se adopta este tipo de ordena-
cin, aunque sf se corresponde con la imagen que solemos tener de los repertorios le-
xicogrdficos (Alvar Ezquerra, 1993g: 81)", Con independencis de esto, se pueden di-
ferenciar dos tipos fundamentales de clasificacién del léxico: el orden onomasiolégi-
coy el orden semasiolégica, también conocidos, respectivamente, como conceptual y
formal? (v. TEMA t-4.7,).
8, Manuel Alvar Ezquerra (1983b: 247) ha sefalado que la organizacion general de registrar en ta
‘macroesirctir el singular pars los sutantivos, o infnitivo para los verbos y el masculino singular para
los adjetivos se rompe con cierto términos gramaticales —algunos pronombres y el articulo—, lo qle
pone de manfiesto una gran falta de eoheren
9. Respecto a odio ha ido aumentando progresivamente este tipo de entradas en el DRAB, a partir
Ge I edcion de 1956, hasta Tega en ta ediciOn de 1992 a unos doscientostérminoe (tendencia que con
‘ings en Ia edicién de 2001), y los problemas que de ello e desivan, como, por ejemplo, la falta de er
‘erios homogéneos para la unifiaciOn del acento en familias de palabras con inlieaterminacin, véase
‘Antonia M? Medina Guera (1993a y 1995)
10. Enel Diccionario académico, y en los que Yo roman como referenci, «Jf forma que apate
ce en primer lugares la preferiday ia recomeadida por Io Academia» («Advertncias para uso de exe
Aicecnarion, 2001+ x1)
11, Ea cambio, segtin consta también en las «Advertencas para el uso de este diccionasion det
RAE, «cusnde las vatiantes admitidas no pueden figura en un smo ariculo por exigencia del orden
alfabtico, la preferida por la Academia es fa que leva la definicién directa is aceptadas, peso no pre
feridas se definen mediante remisign a aque» (pip. xt). En muchos cates, no parece haber erterios
jos para la elecci6n de una forma con reapecto a otra (Medina Guerra, 1992)
12. Véanse también Manvel Alvar Ezquerra (1993¢: 61, Josette Rey Debove (1971) y Jean Dubois
+ Claude Dubois (1971).
13, Si bien ge hem destcado otros eiterie de claificacén, como el etimoldgico, en el que se apr
pen las unidades Iéxicas por familias de palabras, es decir, pemanecen juntas, bao una misma entad,
aguellas que poseen la misma raiz. Bn este caso, la vox de la eabecera& la que se tiene en cuenta para
el ordznamiento aabetico. Oxo erterio es el estadistico en el que impera et grado de frecuencia. Igual
mente, existen diceionarios que combinan el crierio semaatieo y el alfbética, como susede en algunos
Aiceionariastemtcns.LA MACROESTRUCTURA DEL DICCIONARIO 85
2.1. ORDEN ONOMASIOLOGICO -p AteciomOxie& idadoyicos
En el criterio de ordenacién onomasiolégica, se parte de las ideas para llegar a
las palabras, por lo que su finalidad esencial es Ia codificacién, en la medida en que
ayuda al usuario a disponer de los vocablos que designan con exactitud ia ideas que
‘quiere expresar. Esta clasificaciGn del material Iéxico ha dado lugar a repertotios le-
xicogrificos, conocidos como diccionarios ideologicos —por ejemplo, el Dicciona-
rio ideoldgico de la lengua espanola (Barcelona, 1942) de Julio Casares © el Diccio-
nario ideolégico de la lengua espafiola (Barcelona, 1995) de Vox-Biblograf (v. TEMA
XL-7)—. Sin lugar a dudas, esta organizaciGn del material 1éxico supone para el ha-
Dlante algo verdaderamente complicado, sino incompleto e inservible, por lo que
solo manejaré la parte alfabética que suele acompafiar a este tipo de obras. En este
sentido, Gtinther Haensch ha sefalado lo siguiente:
La idea fundamental de Ts agrupacién onomasiol6gica es Ia de tener en cuenta las
asociaciones que existen entre contenidos, tanto desde e! punto de vista de la lengua
como desde el de las cosas, Estas asociaciones se pueden tener en cuenta de dlstintas ma-
neras; pero los sistemas de ordenacin asf creados nunca tendrén el mismo rigor que el
del alfabeto. Por esto, es conveniente poner, al fin de los diccionarios onomasioldgicos
(generalmente no alfabéticos), un indice alfabético de todas las voces registradas (19820:
165-166).
De todos modos, la clasificacién ideal6gica tiene un gran prestigio, y no solo en-
te los especialiatas, pues se considers menos arbitariay, por tanto, mis cientfica
que Ia semasiolégica.
2.2. ORDEN SEMASIOLOGICO. ORDENACION ALFABETICA DIRECTA,
ORDENACION INVERSA. ORDENACION POR RIMAS, POR NOMERO DE LETRAS
La ordenacién semasioldgica consiste exactamente en lo contrario del criterio
‘onomasioléaico, pues el punto de partida son las palabras para eget a las ideas. Su
utilidad se centra, de este modo, en la descodificacién del mensaje. Y sera el orden
alfabético el que caracterice los diccionarios confeccionados desde un punto de vista
semasiolégico'. Las posibilidades que ofrece esta sistematizacién del léxico son muy
variadas. La més habitual, y también la més utilizada en la mayor parte de las obras
lexicogréficas, es el orden aljabético directo, segtin el cual ta alfabetizacién se efec- ”
tia de izquierda a derecha en ta palabra que sirve de entrada al articulo lexicografi-
co. Asf mismo, conviene tener en cuenta que, en la actualidad, se ha generalizedo la
clasificacién que considera ch y 1 como digrafos (c + h, 1+ 1), €s decir, como com-
bbinaciones de dos letras; a pesar de que representen a los fonemas africado palatal
sordo y el lateral palatal sonoro, respectivamente. A este procedimiento se ha incor-
porado, en la actualidad, la Academia en la Gitima edicién de su Diccionario, la vie
_gésima segunda, pues en la anterior, 1a del afto 1992, ch y If segufan siendo letras in-
14. Cuando el diccionario es de voces naturales, el onden deja de ser estictamentealfabético, ya que
son los fonemas,y no las gafis, los que imponen ls ordenscin (Bajo Pérez, 2000 21),LA. MACROESTRUCTURA DBL DICCIONARIO. 87
En primer lugar, se debe tener en cuenta la finalidad del diccionario que se pre
le elaborar, puesto que no es lo mismo tratar de recoger un Iéxico especializado
que uno de uso 0 uno escolar. De este modo, el objetivo primordial debers ser el de
registrar el méximo niimero de unidades léxicas que se ajusten a los fines que se quit
ren conseguir, evitando, en todo momento, incorporar voces ajenas al criterio de se-
lecei6n establecido. Asi mismo, hay que determinar también a quién se dirige el dic
cionario, es decir, cual va a ser Su usuario habitual. Hay que tener presente, por ej
plo, que. un repertorio destinado a un piiblico joven no es equiparable al que tiene
como objetivo el piiblico en general o un leetor de cultura elevada, En este sentido,
ya mado de ejemplo, sefiala Haensch Io siguiente:
[...] en un diccionario escolar, habrd que tener en cuenta las necesidades espe-
cificas de los alumnos (de la ensefianza primaria y secundaria), entre otras: de-
finiciones tan sencillas como claras, con uso preferente de un vocabulario bési-
co (por ejemplo, 3.000 a 5.000 palabras) y evitando tecnicismos cientiticos, pe-
Iabras vulgares tabuizades; en cambio, habré que dar ilustraciones y el maximum
de indicaciones gramaticales (1982c: 399)".
Otro factor que no habrfa que olvidar es el de la extensién del diccionario, que
esté determinada, por supuesto, por la finalidad de la obra lexicogréfica y por el usaa-
rio al que va destinada. De este modo, en un diccionario de bolsille (v. TEMA 11-49)
se debe eliminar la mayor parte de las voces especializadas, pues las pretensiones hi
bituales de este tipo de repertorios breves son muy concretas, las de recoger un voca-
bulario bésico. En muchas ocasiones, sérén los fines comerciales los que impondrén
el tamafio al diccionario, ya que el coste de la publicacién, més los irrenunciables be-
neficios de In venta son ia base de algunas editoriales y no las argumentaciones lin
silisticas, :
sf mismo, se ha referido que otto criterio selectivo podria ser el que viene mo-
tivado por la ideologéa, segin el cual, han quedado excluidos, con frecuencia, de los
repertorios generales ~-a imitaci6n del DRAB (v. TEMA 1X-3.2.)— aquellos vocablos
que son tabiies o palabras malsonantes,
La seleccién de entradas en Ia macroestructura también puede deberse a la fre-
ccuencia de uso, determinada por el anélisis estadfstico de vn corpus. Se trata de uno
de los criterios mas valorades en la actualidad, aunque, & pesar de su cardeter cientf-
fico, también puede tener sus lagunas, en la medida en que no siempre el indice de
frecuencia de un vocablo en el corpus lexicogrifico coincide con el uso. En este sen-
tido, ha sefialado Gunther Haensch (1982c: 402) que para corregir las deficiencias de
la estadfstica, se ha introducido el criterio de la disponibilidad, que se centra, me-
diante encuestas sociolingiisticas y psicolingifsticas en la eleccidn de cierto atimero
de palabras que forma parte del discurso de hablantes en una situaci6n tipo, Sin em-
bargo, este criterio es de dificil aplicacién,
‘Igualmente, se suele tener en cuenta, para la elaboracién de diccionarios de re:
gionalismos, de lenguaje popular, de jergas, de tecnicismos, etc., el criterio de la di-
15, Véanse también Humberto Hemnéndez Heminde2 (1989: 101-109) y Marta Concepcién Ayala
Casio (20010).88 LEXICOGRAFIA ESPAROLA,
ferenciaciGn frente a un diasistema de referencia, es decit. cuando se estudian las ve
riantes diatopicas, dastriticas o diafésicas frente a la lengua esténdar (v. TEMa 43)
Esta constrastividad es importante, también, para determinar la selecciGn de entradas
en un repertorio lexicogréfico de neologismos, en la medida en que se ponen en re.
lacién dos sistemas,
Por iltimo, otros factores que pueden estar presentes en la configuracién de la
macroestructura son el purista y el aperturista (v. TEMA I-4.5.). De acuerdo con la tr.
dici6n y,el buen uso, existen diccionarios que son reticentes a dar cabida a las voces
extranjeras, sobre todo si se tiene en cuenta su carécter normativo'®, En cambio los
diccionarios, esencialmente, descriptivos incluirsn los extranjerismos, en especial, tos de
uso frecuente,
4. Tipos de entradas lexicograficas
Como ya se sefial6 més arriba, las unidades de tratamiento lexicogrifico son to-
as las palabras, incluidas las grameticales, Sin embargo, de acuerdo con la tradicidn,
también ticnen cabida en los diccionarios tos morfemas derivativos 0 gramaticales
constitutivos, conocidos, ademés, con el nombre de gramemas, es decir, los aiijos.
Del mismo modo, como toda una unidad conceptual sera una unidad Iéxica, se regis.
‘ran, igualmente, en las obras lexicogréficas las unidades fraseol6gicas.” Veamos,
pues, con mas detalle algunos de los tipos de entradas que suelen conformar la no.
‘menclatura del diceionario.
4.1. INCLUSION DE MORFEMAS GRAMATICALES EN LA MACROESTRUCTURA: LOS AFIOS
Como ha sefialado Manuel Alvar Ezquerra (1993c: 91) si se adoptara una pos-
‘ura rigurosa habria que admitir que «(..] los morfemas gramaticales no son propios
de los diccionarios, sino de las gramdticas». No obstante, los podemos encontrar en
cuadros 0 apéndices como sucede, por ejemplo, en el Clave. Diccionario de uso del
espafiol actual (Medrid, 1997; v. TEMA Xi-5), en el que se recoge, al final, una rela-
cin de sufijos, aunque no de prefijos, porque estos se registran en la macroestruc
tura, Lo cierto es que la tendencia en la prictics lexicogréfica suele ser la de incluir
en la nomenclatura tanto sufijos como prefijos. Asf sucede con el Diccionario ge-
neral ilustrado de la lengua espafiola (Barcelona, 1987; v. TEMA x1-2.1,), con el
Diccionario de uso del espaiiol de Maria Moliner (Madi, 1966-1967, v. TEMA Xi-
3) © incluso con Ta slkima edicién del Diccionario académico (Madrid, 2001; v.
‘TEMA -3.2.),
16, En este sentido, Is Institucién ecadéuice siempre ha ido por deris en el. uso, No abstant, en Ja
dikima edicidn ha incuido un gran nimero de extranjersmos. Sobre este particular se puede leer en el
lo siguiente:
‘Aunque los téeminos que presentamos en este Volumen no estén en el DRAE, no
‘quiere decir que ao Jos eonozea la Academia (....
No ha de caerse, por otzo lado, en la ingenuidad de pensar que los términos no con-
signados en el DRAE, son por lo que nos coucierne ahora, neologismos. En el reperto-
rio académico no estén todas las palabras, sea por una actitd voluntasia de la Academia,
sea involuntaria (Alvar Ezquerra, 1994a: v1).
De todos modos, en la medida en que se afirma que «tal 0 cual diccionario ha
recogido un niimero determinado de neologismos», el criterio lexicogrifico deja de
tener sentido, ya que si un término es neolégico de acuerdo con su-inclusién 0 no en
los diccionarios, e6mo se puede utilizar el tsrmino neologismo cuando ya forma par-
te de la nomenciatura de cualquier repertorio lexicografico, Es evidente, no obstante,
‘que durante uri tiempo, se tendré conciencia de que esas compilaciones Kéxicas con-
tienen voces nuevas y se las tratard como tales; por lo que, en definitiva, no solo ha-
‘ria que preg le cudndo un tino & neoligeo sino hasta cud.
“aajerieanas, Como es lgico, en estos Ca505, ferencia en-
Jo novedoso", No obstante, en la actualidad se ha incluido en la obra académica un
} voces fordneas en la macroestructura se configura de una forma especial, es decir,
‘gran ndimero de ellos, de acuerdo con su extensi6n en el uso. La presencia de estas
'
32. Marcamos en negrta la forma recogida en el DRAF.
33. Si puede esular de gran uilidad ln exisencia hoy en dla de ls edxpora académmicos CORDE y
CREA (v, Tata XID,
|, 34. Es interesante, en este sentido, tener en cuenta que el Clave marca en la mngcroestractura, me-
ante un corchote de apertura, aqullas usidades que no est reagidas en el DRAB, lo cual puede re-
tarde gran wilidad al usuario, en la medida en que se le facia una informacign contrastva,
35. Bs el caso del Clave, del DGLE o del DEA.98 LEXICOGRARIA ESPAROLA,
las que, en cuanto a su escritura 0 su pronunciacién, se ajustan a los usos det espa-
fol figuran en letra redonda negrita (club, réflex, airbag): y, las que no, se regis-
tran, en letra cursiva (rock, pizza, blues). Esta determinaci6n no se lleva a cabo con
los derivados, por mucho que sean ajenos a la ortograffa o la fonologia espertolas
(izzeriay”. ;
La macroestructura de los diccionarios también reserva un espacio a las voces
de especialidad. En lineas generales, todos se ocupan de ellas, hasta los de wn caudal
ims reducido, como los diccionarios escolares (v. TEMAS 4.8 y Xi1-2.); pues los vo-
cablos técnicos son, especialmente, importantes en las primeras etapas de formacién
del hablante, ya que es cuando recibe una ensefianza de cardcter multidisciplinar. No
obstante, se suelen incluir en los repertorios generales los tecnicismos mas comunes
‘en el uso, aunque no todos los traten por igual. En el case Te reademta~ se puede
afirmar que, desde sus inicios, ha imperado el critetio de incluir aquellas voces téc-
nicas cuyo empleo rebasara los limites de la especialidad y ademas se docurentaran
regularmente —en especial, hoy en dfa— en los medios de comunicaci6n y en la con-
versacién perteneciente un registro elevado. En la dtima edici6n, se ha matizado
esta idea, puesto que la pretensién que ha guiado a la Institucién académica ha sido
la de dar cabida no solo a los tecnicismos de uso frecuente, sino también a los oc
sionales, que se atestiguan, por supuesto, en el dominio de la lengua comtin y culta,
[Bsto ha generado un incremento —que ya se empez6 notar en la vigésima edivion
(Alvar Ezquerra, 1993h: 246) — bastante apreciable de estos vocablos en la nomen:
clatura del DRAB. Ahora bien, resulta necesaria una revision profunda para despojar
al Diccionario académico de aquellas voces técnicas del pasado, que ain aparecen
con marcas de especialidad, pero que ya son tecnicismos obsoletos (Azorin Fernén-
dez, 1996: 20).
Por otro lado, las vores cassie oF api a estado presets en Tos die
cionarios «lo Targo de tods ta produccién lexicogrfica espaiOI-Las razones hay que
buscarlas en determinados hechos:
Unas veces as ha sido porque el lexicdgrafo no conoce sino aquello que he apeen-
dido en su entorno inmediato, otras por el deseo de presentar las diferencias léxicas que
pereibfaen el contacio con gentes diversas, mis recientemente, por su deseo de offever
todas las variedades de Ia lengua, y, imo no, desde los inicios de nuestros diceionares
por la intencién de mostramos nuevas realidades, en especial la americana (Alvar Ez:
‘guerra, 2002: 398).
‘Sin embargo, en el siglo xvx, se produjo un profundo cambio en el tratamiento
de estas voces. Tal es asf que, ante la escasez de americanismos en el DRAE, algu-
nos lexic6grafos, como Vicente Salvé (v. Tema X-2.1.), decidieron incorporar a sus
diccionarios vocablos de procedencia americana, Esta tendencia fue posteriormente
seguida por la Corporacién, ya que en la'décima quinta edicién se empieza a prestar
tuna mayor atenci6n a todas tas voces regionsles, aunque el tratamiento no es equita
36, Este dovjsin tal vez suponga un retroceso, ea fa medida en que algunos que estaban recogidos
eta vigésma primers edicidn en ef mismo tipo de Ja que el resto de las entradas, por tanto, con el
rmisino estatus, ahora aparecen marcados de ura forma distinta
‘37. Con adaptaeién parcial ala ontografia espatola, como lo demuestra el uso de la tildeLA MACROESTRUCTURA DEL DICCIONARIO 99
tivo, sino que se da preponderancia a las del otro lado del Atlantico (A;
1991: 33)"
f Hoy en dia, todos los diccionarios generales manifiestan un gran interés por re-
1g0 Jiménez,
coger estos términos restringidos geogrificamente, sobre todo a la luz de la profunda
| revision que ha efectusdo Ia Academis en la shkima ediciém de su Diccionario”, se-
sin consta en las «Advertencias para el uso de este diccionario»: «Requisite para el
antenimiento de estas entradas en el repertorio es que su empleo actual {..) pueda
set testimoniado por la documentacign académica 0 a través de otras vias, especial-
‘mente la informaciGn proporcionada por los académicos espaiioles y de los paises his.
pinicos» (pag, XxxIV). Se contribuye asf, sin duda, a acallareriticas como las que Ju
lio Casares dirigia a la Academia’
1. inexistencia del hecho lingitistico anotado;
2. tocatizaciones erréneas o deficientes;
3. valoracién inadecuada de su importancia en cuanto al mayor o menor attai~
go en el uso:
4. desconocimiento del matiz. que corresponde « determinada expresién en
la escala que va de lo urbano y culto hasta lo ristico, tabernario y jergal
(19446, pag. 53)
<
5. Disposicién de las entradas.
El tratamiento de la homonimia en los diccionarios
Es inmegable la presencia de voces homonimicas en la macroestructura del dic-
cionario. Si bien solo hay que tener en cuenta los casos de hotnografia y no de ho-
mofonta, ya que los términos homéfonios ocupan sui posicién correspondiente en la
macroestructura, segtin el orden alfabético (piénsese en el caso de palabras como
vaca/baca, hola/ola). Esto supone, pues, un reflejo parcial de Ia homonimia en el
nivel macroestructural (Clavecfa Nadal, 2000: 365). Del mismo modo, al registrar-
se en Ja cabecera del artfculo lexicogréfico la forma candnica de las palabras, como
‘ya se ha°dicho (v. «LA LEMATIZACION Y LA ORDENACION DE LAS ENTRADAS»), el dl
Cionario no se hard eco de Ta homonimia existente entre como verbolcomo conj. Pero
si sordn dos entradas diferentes, de acuerdo con la categorfa gramatical del lema, las
formas verbales y sus sustantivaciones (piénsese en el caso de poder), en cambio
cuando se trata de categorias sustantivas.y adjetivas se suelen registrar en una sola,
salvo algunas excepciones en fas que, en funcién del crterio etimol6gico, ambas exis.
38. Aunque también hay quienes opinan lo contario: «A pesar de oe esfuerzos de fa Acadera, la
presencia det léxioo dialectal sigue siendo uno de los puntos debiles del actual DRAE, donde tos dle
tos peninsulas siguen estando proporcionalmente mejor represeniados frente al uso americano. Hecho
{que a servido, en no pooas ocasiones, para que Is Academia sex fildada de “centraiss"s (Azo Fes.
pndez, 1996: 19). Véase también Luis Fernando Lara (1990).
i 39. La palpable evolucion de los americanismos en el DRAB, contrasta con Tas voces provistas de
{ Ecce atone pases pas tats tan cbnieacteams tj oollac saore was
[Gin dept teats sno
0. Ercan, en ls macosvctas lguos dion, cn por mao) DGLE, se
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