1.
INTRODUCCIÓN
Es un hecho que nuestra Santa Iglesia está cimentada sobre la sangre de los Santos
Mártires; que dieron su vida por su fidelidad a Jesucristo y al anuncio del reino de Dios.
Desde sus inicios los cristianos, sufrieron persecución y muerte, por el simple hecho de
creer en Alguien que promete vida eterna. Jesucristo, que promete esta vida eterna fue
también perseguido y asesinado, pero Él, firme a la voluntad del Padre, sabía que era
necesario que pasara todo esto para glorificar al Padre; desde entonces, empezó una historia
que dura ya dos mil años: la de los mártires cristianos que no conocerá nunca la palabra
«fin». Lo dijo Él mismo: «Me han perseguido a mí, los perseguirán también a ustedes» 1. Es
una nota característica y perenne de la Iglesia de Cristo: es Iglesia de Mártires.
Son muchos los Mártires que dieron y siguen dando testimonio del amor y fidelidad
hacia Jesucristo, cada uno con una característica peculiar pero que provocan en uno, como
futuro sacerdote, mucho entusiasmo y coraje, para vivir con más alegría lo que se cree. La
Iglesia Católica en México, también desde sus inicios, ha sido testimonio de amor y entrega
por el anuncio del Evangelio, llegando incluso a derramar la sangre. Han sido (los mártires)
hombres valientes y dispuestos, que con su lucha espiritual han entregado su vida. Son un
ejemplo de fidelidad a Dios y de entrega a los demás, que la Iglesia nos propone.
Recordemos las palabras del ahora, papa emérito, Benedicto XVI: “Por la fe, los mártires
entregaron su vida como testimonio de la verdad el Evangelio, que los había transformado
y hecho capaces de llegar hasta el mayor don del amor, con el perdón de sus perseguidores”
2
Finales del siglo XIX e inicios del XX, ha marcado la histórica religiosa en México.
Innumerables sucesos “anticlericales” se desataron contra la Iglesia católica. Después de la
independencia de México, las cosas para los católicos no fueron igual, pues, una cacería de
brujas comenzó contra ellos, en especial, contra el clero. Todas las atrocidades post-
independencia contra la Iglesia, fueron ocultados en la Historia civil, pero un suceso de
1
Cfr. Jn 15, 20
2
Cfr. BENEDICTO XVI, Porta fidei, N°13.
gran magnitud, la guerra cristera, esa nada ni nadie la podrá ocultar, que se omita o que se
minimice en los manuales de historia, es muy diferente a que no se conozca, porque esa
guerra demostró la religiosidad natural del hombre, manifestada en el mexicano. Al hombre
no se le podía quitar ese o esos medios por los cuales, se relaciona y comunica con su
Creador. A la promulgación de las leyes que restringía el culto fue un golpe certero a la fe
del pueblo. Este hecho y otros más, hicieron que la reacción de los católicos rebasara toda
expectativa, ya que una vez agotadas las posibles vías de dialogo para llegar a un arreglo de
manera pacífica, el pueblo no dudó en lanzarse a una gesta sin precedentes que desembocó
el inicio de la lucha en favor de sus valores religiosos.
La guerra cristera o de los cristeros (1926-1929) dejó muchos santos mártires para la
Iglesia en especial, para nuestro país, varios canonizados, otros más son santos de la puerta
de al lado3, como le llama el Santo Padre Francisco. Es preciso especificar que estos santos
mártires, no han sido llevados a los “altares” por luchar con armas y morir en contiendas,
sino por su testimonio de fe y de vida, antes y en el momento de la lucha por la fe.
En este presente trabajo, nos centraremos en presentar la vida de uno de los Santos
mártires más jóvenes que tiene la Iglesia, a San José Sánchez de Río, que con su ejemplo,
nos hace recordar a la Iglesia primitiva perseguida por el imperio romano, por la cual se
derramó mucha sangre. El martirio de Joselito (así le decían de cariño), nos mostró con
fuerza eficaz la tradición cristiana de más de 20 siglos. Con las Frases ¡Viva Cristo rey y
santa María de Guadalupe!, o “¡Solo Cristo!” englobaba el sentir y la identidad de todo
mexicano. En ellas, también se resume la profesión de Fe de casi un niño, corto en años,
pero maduro en su personalidad de fe cristiana, de solida piedad y gallardía de fe.
3
Cfr. FRANCISCO I, Gautede et exsultate, 2018, N° 6-7. (aunque el papa al referirse a los “santos de la puerta
de al lado” lo hace en otro sentido, aquí lo parafraseamos para referirnos aquellas personas que lucharon y
defendieron la fe por amor a Cristo, pero que no han sido llevados a la canonización)
SAN JOSÉ SANCHEZ DEL RÍO
Los mártires4 son la gloria de la Iglesia, sobre todo cuando se trata de seres inocentes,
de niños como San José Sánchez del Río, un pequeño de 14 años a quien la Iglesia recuerda
el 10 de febrero. Un adolescente que anhelaba ser santo y al que Dios le concedió la gracia
de serlo. José, a su corta edad, era un hombre dispuesto a dar su vida por Cristo Rey, y la
dio, puesto que encontró en la guerra cristera la tierra fértil para cumplir su gran anhelo. De
ahí que brotó, una sublime frase de él. “Nunca ha sido tan fácil ganarse el cielo como
ahora”.
José Luis Sánchez del Río, nació el 28 de marzo de 1913 en Sahuayo, Michoacán, fue
el sexto de entre 7 hermanos de la familia; su padre, el Sr. Macario Sánchez Sánchez, su
madre, la Sra. María del Río Ortega; sus hermanos: María Concepción, Macario, María
Luisa, Guillermo, Miguel y Celia. Eran una familia acomodada y estimada por las personas
del lugar. Su padre, don Macario era un hombre recto y noble, de convicciones firmes; tenía
un hermano sacerdote que se llamaba Ignacio. Y su madre, doña Mariquita, como le
llamaban de cariño y respeto, era una mujer bondadosa, dedicada totalmente a su hogar y su
familia. De ahí las grandes virtudes de Joselito.
Fue bautizado el 3 de abril de 1913 en la parroquia de Santiago apóstol, por el Pbro.
Luis Amescua, vicario de la parroquia. A los cuatro años y medio (13 de octubre 1917),
recibió el sacramento de confirmación conferido por el Obispo de Tehuantepec, Excmo.
Ignacio Plasencia, que se encontraba de visita pastoral por aquellos rumbos. Sus padrinos
fueron, de bautismo, José E. Ramírez y Angelina Ramírez, y de confirmación, José del
Río.
4
Hemos usado mucho la palabra mártir y sus derivaciones, por lo cual, no veo de más, especificar como se
entiende la palabra mártir. “Mártir” es quien se convierte en testigo y confesor de la fe hasta el punto de
ofrecer su vida, de derramar su sangre por Cristo perdonando y rezando, como Jesús, por sus enemigos. El
mártir no “elimina” vida de otros en nombre de Dios o de la fe; es quien la da, la “ofrece” como respuesta a
un amor recibido y devuelto: “No hay amor más grande que el de Aquel que da la vida por los que ama” (Jn
15, 13). El martirio es el acto supremo de la fe (refrendada con el don de la propia vida), de la esperanza
(expresada en la confianza de encontrarse con Dios en el cielo) y de la caridad (amando a Cristo y, en Él, a los
hermanos, hasta dar la vida). Es también un gran acto de fortaleza moral.
La vida del niño transcurrió como la de la mayoría de los niños de su ambiente
mexicano, sencilla y tranquilamente en el ambiente sano de Sahuayo. Desde muy pequeño
tenía muchas inquietudes y era de un carácter muy agradable, jugaba a las canicas y al
trompo. Era muy obediente a sus papas y muy amigable, aunque era muy travieso, pero no
malcriado. También se le recuerda por ser un niño sano; de carácter agradable, amable y
sencillo, obediente y cariñoso con sus padres. A José se le puede resumir como a un
adolescente vivaracho, inteligente y activo. Sus padres lo formaron muy bien
cristianamente, pues le gustaba asistir a los actos de la Iglesia, al catecismo y sobre todo a
la Santa misa todos los domingos.5
La infancia de Joselito se vio envuelta por los años violentos de la revolución mexicana.
En todo el país se incrementó la inseguridad y, el bandidaje se desató por doquier. Sahuayo,
fue cuna de delincuentes y saqueadores. Esto orilló a muchas familias, dejar su lugar de
origen y buscar otro lugar, más seguro; muchas se dirigieron a varias partes del estado de
Guadalajara, entre ellas, la familia de Joselito, quienes no perdían la fe de volver a su
pueblo en tiempos mejores. En Guadalajara, José continúo yendo a una escuela católica y
cuando tenía nueve o diez años hizo su primera comunión, siendo su padrino, Rafael
Picazo6. El niño iba creciendo en fuerza de carácter y en una piedad en la que se distinguía
sobre todo su devoción a la virgen de Guadalupe y al rezo del rosario7 .
Entre los meses de Agosto y Septiembre de 1926, estalla la guerra cristera, en su
sentido formal, muchos católicos se enlistan a defender la fe, tanto sacerdotes como laicos,
que impulsados por el amor a Cristo y la defensa de sus derechos, estuvieron dispuesto a
dar la vida. Los hermanos mayores de José Sánchez (Macario y Miguel), se enlistaron a las
armas; Joselito también quería unirse a la causa porque tenía la idea clara del fin último del
hombre, la Santidad, y veía en este suceso el terreno fértil para lograr este objetivo. Pero su
edad, le impediría realizar su anhelo. Su corta edad (13 años) y la oposición de sus padres,
no le permitían ingresar a la causa.
5
Cfr. GONZALÉZ FERNÁNDEZ Fidel, José Sánchez del Río: el joven cristero David contra el tirano Goliat,
UVAQ, México, 2016, p. 82.
6
Este era un diputado local de la región de Jiquilpan Michoacán. A pesar de ser padrino de José, influyó en
su martirio.
7
Ibíd. 82-83.
Cuando se pensaba que el niño mártir iba de disentir de su objetivo, un suceso doloroso
le marcó y le recordó su ideal, la muerte del jefe y guía de la Asociación Católica de la
Juventud Mexicana (ACJM)8, Anacleto González Flores, quién fue asesinado el 1 de abril
de 1927. Este hecho doloroso afianzó en José su anhelo de dar su vida por defender la fe
que le habían inculcado y que seguía abrazando por convicción. Por demasiadas trabas que
le ponían sus padres, el joven pidió la intercesión del mártir, Anacleto, la gracia de
martirio9. Y así fue, logró el permiso de sus padres, ante su recta intención para lograr la
santidad, ya que con sencillez les respondía: “nunca había sido tan fácil ganarse el cielo
como ahora y no quiero perder la ocasión”, pero también logró el permiso por sus tías
María y Magdalena, tías paternas.
Emprendió el camino a Cotija Michoacán, para entrevistarse con el general cristero de
aquella región, Prudencio Mendoza y hacerle su petición de viva voz. Providencialmente
Dios le concedió un amigo que buscaba su mismo ideal, aunque él no lo alcanzó, J trinidad
Flores Espinoza. En medio de mil peripecias lograron llegar al cuartel del jefe cristero pero
antes, lograron pasar tres retenes (cristeros) que estaban antes del cuartel del general, en
cada uno lograban disuadirlos, diciéndoles que eran mejor que se volviera porque para el
movimiento no servirían por su juventud; que iban a ser estorbo y no aguantarían los
vicisitudes. También el general cristero, Prudencio, se negaba en aceptarlos por su edad
pero la inteligencia, gallardía, entusiasmo y sencillez de Joselito, los aceptó. El general, los
puso al mando del Jefe cristero, Rubén Guízar Morfín, que estaba al frente de las fuerzas
que operaban por el rumbo de Cotija.10
Con el pasar de los días, en el campamento, Joselito desempeño cualquier tipo de
tarea, ganándose así la confianza del Jefe y de los cristeros. Ya en el campamento, los
compañeros lo apodaban “Tarsicio” por su alegría, su actitud siempre amigable,
además de sus semejanza en el carácter y actitud con el niño mártir San Tarsicio (mártir
romano del siglo I d.C), y por convertir los momentos difíciles o triste en alegres. Además
8
La Asociación Católica de la Juventud Mexicana (por sus siglas: ACJM) es una organización católica fundada
en la Ciudad de México el 12 de agosto de 1913 por el sacerdote jesuita Bernardo Bergöend (1871 -1943),
con el fin de restaurar el orden social cristiano y organizar a los jóvenes católicos del país.
9
Cfr. GONZALÉZ FERNÁNDEZ Fidel, José Sánchez del Río: el joven cristero David contra el tirano Goliat,
UVAQ, México, 2016, p. 84.
10
Ibíd. 90
de demostrar cualidades en su trato diario como muy entusiasta e ingenioso, pero siempre
obediente. Dentro de las múltiples actividades que realizo, se enseñó a tocar el clarín,
llegando a ser el clarín oficial del grupo que comandaba Guízar Morfín. Y por su buen
comportamiento y sus múltiples dotes, dieron la confianza para que posteriormente portara
el estandarte de la tropa.
El suceso fatídico de Joselito llegó, pues el 6 de febrero 1928, cayó prisionero al sur de
Cotija, en manos de los federales comandados por el general Tranquilino Mendoza. Ese día
el niño otorgó su libertad por la de su Jefe Guízar, ya que a este, le mataron su caballo y
estaba a punto de ser capturado, pero José le cedió su caballo para que huyera, diciéndole:
“Mi general, tome usted mi caballo y sálvese; usted es más necesario y hace más falta a la
causa que yo”. Y así lo hizo el general, pudo escapar y Joselito resultó capturado junto con
otro niño Cristero11. Fueron trasladados al cuartel provisional de Cotija, que estaba a cargo
del General Anacleto Guerrero. Estando en presencia del general perseguidor, este le
reprendió duramente por combatir contra el gobierno y a su vez, lo invitaba a que se uniera
a sus soldados pero José le contestó enérgicamente: “¡Primero muerto! Yo soy su enemigo,
¡fusíleme!. También en este lugar logró escribirle a su mamá una carta porque pensaba que
podría estar preocupada12. Desde Cotija, José escribió a su mamá esta hermosa carta:
“Cotija, Mich., lunes 6 de febrero de 1928.
Mi querida mamá:
Fui hecho prisionero en combate en este día. Creo que en los momentos actuales voy a morir, pero nada
importa, mamá. Resígnate a la voluntad de Dios; yo muero muy contento, porque muero en la raya al lado de
nuestro Dios. No te apures por mi muerte, que es lo que me mortifica:
Antes diles a mis otros dos hermanos que sigan el ejemplo de su hermano el más chico, y tú haz la
voluntad de Dios. Ten valor y mándame la bendición juntamente con la de mi padre. Salúdame a todos por
última vez y tú recibe por último el corazón de tu hijo que tanto te quiere y verte antes de morir deseaba.
José Sánchez del Río.”
11
El niño se llamaba Lorenzo pero después le pusieron el nombre de Lázaro en alusión al hermano de María
y Marta, al que Jesús Resucitó. El niño, fue horcado enfrente de José para infundirle miedo, los federales lo
bajaron pensando que estaba muerto pero milagrosamente el niño seguía con vida, posterior se volvió a
unir a la causa.
12
Cfr. GONZALÉZ FERNÁNDEZ Fidel, José Sánchez del Río: el joven cristero David contra el tirano Goliat,
UVAQ, México, 2016, p. 84.
Después fue trasladado de Cotija a Sahuayo, su lugar de origen, en donde quedó a
disposición de su Padrino de comunión, el diputado local Rafael Picazo que en ese entonces
ejercía el poder “federal” en esa región. Este lo mando a encerrar a la parroquia de Santiago
Apóstol. Su padrino trató de persuadirlo para que apostatara y para que diera información
sobre los cristeros, le ofreció dinero para que se fuera al extranjero, también le propuso
mandarlo al colegio militar para que siguiera estudiando, pero José sin titubear rechazó
todas las ofertas. Su padrino, se encontraba entre la espada y la pared, porque por una parte
no quería que su ahijado fuera asesinado y por otra, no toleraba que José y sus hermanos lo
defraudaran, entrando a la resistencia.
En cada momento San José mostro su amor y su celo por las cosas de Dios, y lo
manifestó una noche estando de prisionero. El diputado Rafael Picazo había profanado la
Casa de Dios convirtiéndola en un gallinero; allí, Picazo guardaba sus gallos de pelea y un
caballo. José se indignó a la vista de aquel ultraje contra la casa de Dios. No lo pensó dos
veces, mientras dormía logró desatar sus manos de las ligaduras, se dedicó a retorcer el
pescuezo de los gallos hasta dejarlos muertos y al caballo lo cegó. Acabada su tarea, se
recostó en un rincón y se durmió. El día siguiente, 8 de febrero, al enterarse el diputado
Picazo de la suerte que habían corrido sus gallos y su caballo, se presentó iracundo en la
iglesia parroquial y con palabras gruesas e insultos recriminó a José su acción. Éste le
contestó con osadía: “La casa de Dios es para venir a orar, no para refugio de animales.”
Picazo lo amenazó diciéndole que si estaba dispuesto a todo. La respuesta del valiente
cristero no se hizo esperar. “A todo. Desde que tomé las armas estoy dispuesto a todo.
¡Fusílame!, para que yo esté luego delante de nuestro Señor y pedirle que te confunda.” En
sus palabras se dejaba ver que realmente buscaba la santidad con el martirio. 13 En este
gesto se veía la profundidad de su fe hacia la Eucaristía y de su amor sin condiciones por la
ley de Dios, como en una especie de historia de los jóvenes macabeos en versión
neotestamentaria.
Entre tanto, el papá de José ya estaba haciendo gestiones desesperadas para intentar
rescatarlo con dinero. Pero el callista general Guerrero exigía cinco mil pesos a cambio de
la libertad de José, una cantidad que en aquel entonces era una fortuna. El afligido padre no
13
Cfr. GONZALÉZ FERNÁNDEZ Fidel, José Sánchez del Río: el joven cristero David contra el tirano Goliat,
UVAQ, México, 2016, pp. 97-99
podía reunir tan enorme suma, y ofreció en cambio su casa, muebles y cuanto poseía. El
diputado Picazo vociferó que de todos modos, con dinero o sin él, “en las barbas de su
padre lo mandaría matar”. Entonces, José se enteró de los esfuerzos que hacía su familia
para liberarlo y pidió que no se pagara por su rescate ni un solo centavo. José ya había
hecho su resolución de morir antes que traicionar en lo más mínimo a Cristo Rey. Todo el
pueblo de Sahuayo sabía lo que pasaba y rezaba por José y su familia. La tensión por lo que
se veía que iba a suceder con el niño cristero crecía a medida que pasaban las horas.
Enterado ya de que se había dado la sentencia de muerte contra él, José escribió su última
carta y la dirigió a una de sus tías:
“Sahuayo, 10 de febrero de 1928.
Querida tía:
Estoy sentenciado a muerte. A las ocho y media de la noche llegará el momento que tanto he deseado. Te
doy las gracias por todos los favores que me hiciste tú y Magdalena. No me encuentro capaz de escribir a mi
mamá: tú me haces el favor de escribirle. Dile a Magdalena que conseguí que me permitieran verla por última
vez y creo que no se negará a venir (para que le llevase la Sagrada Comunión), antes del martirio. Salúdame a
todos y tú recibe como siempre y por último el corazón de tu sobrino que mucho te quiere… Cristo vive,
Cristo reina, Cristo impera y Santa María de Guadalupe.
Firmado: José Sánchez del Río.
Por fin llegó la hora del martirio. Lo había llevado a un mesón cercano a la Iglesia
donde se encontraba acuartelada la tropa federal; Allí lo comenzaron a torturar esperando
su apostasía o retractación, mofándose de él en varias maneras pero él los retaba diciendo
“¿Qué esperan, qué esperan?”. Ya cerca de las once de la noche le desollaron los pies con
un cuchillo, él no se lamentaba solo se oía que gritaba una y otra vez con valentía, “Viva
Cristo Rey y Santa María de Guadalupe”. Posterior, con los pies desollados y
ensangrentados, en carne viva, lo hicieron caminar hasta el cementerio municipal,
torturándolo más en el camino para obligarlo a que se callara, pero él no dejaba de gritar a
Cristo Rey y Santa María de Guadalupe. Nada ni nadie le podía hacer cambiar su ideal,
tenía muy claro lo que quería, lo demostró en su agonía con estas palabras: “ Ustedes –
federales- me podrán hacer todo lo que quieran, pero nunca ha habido tanta facilidad para
ganarse el cielo como ahora”.
Una vez llegados al panteón, viendo la fe y fortaleza del joven mártir, que no se
amilanaba ante el tormento, el jefe del pelotón ordenó a los soldados apuñalar el delgado de
Joselito, en cada puñalada gritaba con más fuerza: “¡Viva Cristo Rey!”. El oficial,
cínicamente, dirigiéndose a José le preguntó si quería enviar algún mensaje a sus padres, a
lo que contestó, indoblegable y entrecortado debido a la destrucción de su mandíbula: “Que
nos veremos en el cielo ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva santa María de Guadalupe!”. Esto fue un
golpe con guante blanco que enfureció más al oficial, quien en ese momento por la furia,
sacó su arma y le disparó en la cabeza a sangre fría. José cayó bañado de sangre, ahogando
así el último grito del mártir, consumando así su testimonio cristiano con aquella confesión
de fe que el grito expresaba hasta que la muerte lo ahogó en su garganta.14
Así, a última hora de la noche del 10 de febrero de 1928, su alma subió al cielo y fue
recibida con gozo por su querido Cristo Rey y su amadísima Madre, la Virgen de
Guadalupe. No cabe duda que Éste ha sido y será el ejemplo de vida de un niño que ha
demostrado al mundo que: “NUNCA HABÍA SIDO TAN FÁCIL GANARSE EL CIELO”
El milagro para su canonización
20 de noviembre de 2005, José Luis Sánchez del Río fue beatificado, por el Papa
Benedicto XVI, como parte de un grupo formado por él y otros 8 mártires mexicanos. Su
canonización fue el 16 de octubre del 2016 por el papa Francisco en San Pedro del
Vaticano, con una decisión que corresponde a su misión de Pastor supremo de la Iglesia
Católica, Vicario de Cristo y sucesor del apóstol Pedro.
El milagro que fue requerido por el derecho de la Iglesia como prueba sobrenatural,
debidamente documentada y demostrada, para proceder a la canonización o elevación a los
altares de un fiel cristiano por parte del papa en su magisterio solemne infalible, según la
doctrina católica, en el caso del mártir José Sánchez del Río, fue el de una curación,
humanamente imposible, según la ciencia actual, de una niña recién nacida, llamada
Ximena Guadalupe Magallón Gálvez, quien padecía tuberculosis pulmonar con
localizaciones secundarias infarturales (sic) intracerebrales bilaterales, epileptógenas
14
Cfr. GONZALÉZ FERNÁNDEZ Fidel, José Sánchez del Río: el joven cristero David contra el tirano Goliat,
UVAQ, México, 2016, p. 113.
(estado de mal epiléptico refractario). Su festividad quedo instituida el día de su martirio y
muerte, el 10 de Febrero.
Oración a San José Sánchez del Río
Señor Dios, que otorgaste la palma del martirio a San José Sánchez del Río, al profesar y
defender con su sangre la fe en Cristo Rey del universo.
Concédenos por su intercesión, alcanzar la gracia de ser como él, fuerte en la fe, seguros en
la esperanza, y constantes en la caridad.
Por Cristo Nuestro Señor. Amén15
CONCLUSIÓN
15
Cfr. http://webcatolicodejavier.org/sanjosesanchezdelrio.html
Las páginas de la historia de la persecución religiosa en México han sido escritas
con la sangre de los mártires, pero han sido arrancadas de la historia oficial de tal modo que
poco a poco se ha ido olvidando este verdadero genocidio en la medida en que van
muriendo los testigos presenciales de esa historia de intolerancia y de odio. Pero la Iglesia
no olvida, no debe olvidar, porque la sangre de los mártires es semilla de cristianos.
La historia de San José Sánchez del Río, nos muestra la figura de un muchacho con
un ideal claro y firme, algo por lo que valía la pena dar la vida, tan fácil que era pronunciar
“unas simples palabras” y quedar libre, pero no, su fe no estuvo nunca en venta; ahora, en
cambio, en nuestra sociedad tenemos un déficit de ideales, algo por lo cual dar la vida, y sin
ellos, la vida no merece ser vivida, pierde su sentido, he ahí el incremento del sinsentido. La
vida de este mártir Santo y del apenas canonizado, Carlo Acutis, deben de motivarnos a
todos los bautizados, a que no perdamos de vista, el ideal o nuestro fin último, y
consecuentemente, nos enseñan, que en medio de esta sociedad cada vez más alejada de
Dios, llena de un sinfín de distractores, se puede lograr el ideal de todo Cristiano, la
santidad. El testimonio de fe de Joselito, nos obliga a que digamos con nuestra vida que,
nunca ha sido tan fácil ganarse el cielo como ahora, y nos empeñemos en luchar todos los
días para que viva Cristo Rey en nosotros mismos y en el mundo en que vivimos; también
ahora, es un terreno fértil para ganarse el cielo, solo falta que nos lo propongamos y
pidamos por la intercesión de los santos, en especial de Joselito, la gracia de Nuestro Sr.
Jesucristo.
Por último, en la nueva evangelización, a la cual estamos llamados a realizar en
nuestro continente, la vida de este santo mártir, es un gran ejemplo y estímulo para entregar
nuestra vida por el anuncio del Reino de Dios, sino es por el derramamiento de sangre que
sea en la entrega total de nuestra persona, que no seamos “nosotros” sino Cristo el que viva.