La milpa de
Don Erasmo
Este cuento es parte del proyecto BioPop financiado por el Fondo Mixto
La milpa de
CONACYT-Gobierno del Estado de Veracruz y fondos del Instituto de Ecología A.C.
Don Erasmo
Texto: Jimena Mejía Alemán
Ilustración: Rafael Ruiz Moreno
Idea original: Simoneta Negrete Yankelevich
Diseño: Belinda Ugalde Mellado
Asesoría Científica: Simoneta Negrete Yankelevich (Ecología Funcional, INECOL),
Ignacio Maldonado-Mendoza (CIIDIR, IPN), Esperanza Martínez Romero (Centro de
Ciencias Genómicas, UNAM)
La información científica en la cual se sustenta está publicada en:
Negrete-Yankelevich, S. et al. 2013. Environmental Management. 52: 45-60.
López-López A. et al. 2013. Systematic and Applied Microbiology. 36: 33-38.
Negrete-Yankelevich et al. 2013. Biology and Fertility of Soils. 49: 201-212.
Sangabriel-Conde, W. et al. 2014. Biology and Fertility of Soils 50:405–414.
Yo soy Don Erasmo, tengo 54 años y desde que tengo memo-
ria mi familia trabaja la tierra, pero creo que mi gusto por el
campo comenzó cuando tenía nueve años, y mi padre me
dijo que ya era momento de que yo, y mi hermano Anselmo,
le ayudáramos a trabajar la milpa. Me gustaba trabajar a su
lado pues, mientras lo hacíamos, él me relataba historias
que, a su vez, su padre le había contado acerca del maíz.
Le contó, entre otras cosas, que la observación cotidiana
del campesino sobre la naturaleza que le rodeaba, le llevó,
con el tiempo, a saber cuándo era bueno sembrar y cuándo
no, reconociendo la llegada de las lluvias.
Además, que nuestros antepasados, apreciaban mucho
la Tierra ya que esta había sido creada por los dioses para
que sobre ella se asentara el hombre y creara las plantas que
habrían de alimentarlo.
Es así como, gracias al trabajo y al valor sagrado que nues-
tros antepasados le dieron a la tierra y al maíz, éste fue ha-
ciéndose resistente y comenzó a tener muchas variedades,
en su color y en su forma. Sin las manos y el trabajo duro
de los hombres, el maíz no sería lo que es hoy, la base de
nuestra alimentación, ¡Imagínense una comida sin tortillas
calientes en la mesa!
Claro que al maíz no le gustaba estar solo y se le sem-
braba acompañado de otras plantas domesticadas como el
frijol y la calabaza, a eso le llamamos “Milpa” y como si se
tratase de un jardín comestible, de la milpa, ¡lo comíamos
casi todo!; quelites, chile, camote, yuca, tomatillo, cebollín,
piña, entre muchas otras plantas.
Nuestro trabajo en la milpa no era fácil, había que saberle
a las pendientes del terreno, en aquellos días la quema era
común, teníamos que limpiar a machete constantemente,
no había problemas de plagas y el maíz tenía mejor precio y
había más espacio.
Pero muchas cosas cambiaron pues tiempo después se
comenzó a escuchar de los fertilizantes químicos y los
herbicidas, así como también, de los polvos que matan a
los hongos, esos que luego le salen a las semillas, a estos les
llaman fungicidas.
Mi padre tuvo sus dudas pero pronto comenzó a meter
el fertilizante en polvo, que compraba por bulto, al igual
que muchos otros campesinos de la región.
Este fertilizante químico parecía darnos muchos bene-
ficios, pues las plantas crecían bien y producían más maíz
que antes de aplicarlo.
Otro cambio se fue dando, al utilizar el herbicida el traba-
jo era menos pesado, nos ahorrábamos tiempo pues ya no
teníamos que machetear tanto para limpiar y cosechar. Sin
embargo, gracias al herbicida, las otras plantas que formaban
“el jardín” de nuestra milpa, desaparecieron.
Después nos ofrecieron comprar maíces de fuera que
venían mejorados, estos maíces se maduraban más rápido
y eso aceleraba los tiempos de cosecha.
Parecía que un buen cambio había llegado, el trabajo sería
menos y la cosecha mayor.
Todos estábamos contentos y festejamos, el inicio de lo
que parecía una mejor época para nuestro maíz, y también,
para nuestra economía.
Al pasar de los años, fue mi madre la que se cuestionó si
esos cambios eran buenos para nuestra familia, y es que, a pe-
sar de que ella nunca dejo de sembrar frijol y calabaza, cada
vez se daban menos, y ya no teníamos nuestros quelites, ni
verdolagas, ¡cómo extrañaba yo un taco de quelites en casa!
Otra cosa que notamos es que cuando venían las lluvias
fuertes se llevaban todo, dejando casi destruida la milpa.
Además, las semillas mejoradas si maduraban más rápido,
pero no eran tan resistentes como las de nosotros, pues les
pegaban más las plagas y a veces antes de cosecharlas ya se
estaban pudriendo. Las semillas de estos maíces son más
difíciles de guardar de un año para otro, por lo que teníamos
que comprar de nuevo si queríamos seguir sembrándolas.
Para entonces yo ya no estaba tan chamaco, y me daba
cuenta del problema. Mi padre se miraba cansado y tuvo
que aceptar otros trabajos fuera, como jornal, para com-
pletar el dinero que traía a casa. Mi madre, Anselmo y yo
nos encargábamos casi solos de la milpa. Luego Anselmo
se casó, y al tiempo, se fue a trabajar al otro lado para poder
mantener a su familia.
Un día tuve la oportunidad de
platicar con unas personas que
vinieron a ver nuestra milpa,
ellos querían saber cómo estaba
nuestra comunidad y me expli-
caron algunas cosas acerca del
manejo que le estábamos dando.
Luego me informé más y me en-
teré de muchas cosas…
Descubrí que existe un mundo enorme y maravilloso en
nuestros suelos, en la tierra. En este mundo viven miles de
animalillos como lombrices, cochinillas, escarabajos, hor-
migas, milpiés y gallinas ciegas; estos yo ya los conocía, lo
que no sabía es que, gracias a su continua labor, generan un
abono muy rico para la tierra y ayudan así a mantener un
suelo fértil. ¡Y yo antes creía que todos eran plagas!
Pero mi mayor sorpresa vendría después, cuando descubrí
que junto con estos bichos viven hongos y bacterias, que son
casi invisibles para nuestros ojos. Estos microorganismos
son incontables y fundamentales para que las plantas crezcan
y se desarrollen.
Pero, ¿Por qué? ¿Cómo es que esos hongos y bacterias
ayudaban a mantener fuertes y nutridas las plantas?
¡Ah! Pues para empezar, una planta necesita del sol, agua y
nutrientes del suelo como nitrógeno (N), fósforo (P) y potasio
(K). Y aquí es en donde comienzan las dificultades porque,
aunque en el suelo halla muchos de esos nutrientes, las
plantas no pueden tomarlos todos por si solas. Por ejemplo,
el fósforo es importantísimo para el maíz, pero necesita la
ayuda de los hongos llamados “micorrizas” para obtenerlo.
Ellos lo desatoran del suelo y alimentan a la planta con él.
El maíz tiene diferentes micorrizas pegadas a su raíz. A
unas micorrizas les gusta más el blanco, a otras el amarillo
y otras más, prefieren el negro.
¡Ah! pero no todos nuestros maíces son igual de buenos
para hacerse amigos de los hongos y obtener el fósforo ¡el
maíz negro es el mejor! Este maíz ha hecho muy buena
amistad con las micorrizas.
¿Y las bacterias? Las bacterias que se llaman fijadoras se
acompañan con otras plantas, como son jícamas y frijoles.
Ellas ayudan a desatorar el nitrógeno para nutrir a las plantas
con él.
Mientras más tipos de plantas, más variedad de hongos y
bacterias tendremos también, y eso significa un suelo fértil.
Además, esto también beneficia a nuestras familias, pues
plantas bien nutridas son un alimento más saludable.
Los maíces y plantas que traemos de fuera (mejorados,
híbridos y modificados) no conocen bien a los hongos y
bacterias de nuestro suelo y por eso es que quieren tanto
fertilizante.
Estaba claro, los fertilizantes, her-
bicidas y fungicidas nos prometían
beneficios pero eso nos salió muy
caro, por que, sin saberlo, envene-
namos nuestro suelo, matando a
esos pequeños organismos, per-
diendo variedad de plantas en las
milpas, y afectando incluso nues-
tra salud, además todo ese exceso
de fertilizante que está en el suelo
termina llevándoselo el agua, resul-
tando contaminante para la gente y
para la tierra.
Pero aún estamos a tiempo, ya tengo varios años traba-
jando de nuevo mi milpa, mi hijo Ramón ya me empieza
a ayudar, y mientras yo le voy contando las historias de
nuestros antepasados. También le explico que una mane-
ra de aumentar el rendimiento de los cultivos y mejorar
el suelo es mantener a los microorganismos que acompa-
ñan a las plantas y sembrar de nuevo nuestra variedad de
maíces, acompañados siempre del negro, para tener más
fósforo disponible.
También sé lo importante que es seguir sembrando mis fri- Otra cosa que hacemos es dejar la mayor cantidad de planta
jolitos para tener más nitrógeno. Siembro de varios: frijol picada para que se pudra en la milpa, pues esto regresa el
de monte, frijol negro de mata, chipo; pero siempre me ase- alimento a las plantas el año que viene.
guro de tener el Pataxte o Copik y bejuco negro, pues éstos Después de todo lo que supe de los fertilizantes químicos,
son los que hacen mejor intercambio con las bacterias de ahora los uso con mucho cuidadito, porque sé que pueden
nuestras tierras. estar dañando plantas y suelos, así que si llego a poner siem-
pre me fijo que sean los que más fósforo (P) tienen y menos
potasio (K), pues ahora los suelos tienen demasiado potasio
por todo lo que hemos echado sin saber con los fertilizantes.
También tengo mucho cuidado con los fungicidas, cuan-
do los uso para mantener mis semillas lejos de los hongos
que las pudren, las enjuago muy bien antes de sembrarlas,
pues no quiero dañar a las micorrizas de mi milpa.
Aprendí también que siempre debo sembrar surcos
contra la pendiente y quemar lo menos posible, con media
o un cuarto de quema para no afectar a mi suelo.
Desde que supe que estos cambios afectaron mucho
el suelo y la vida que hay en él veo diferente mi tra-
bajo como productor, porque sé que mientras que la
formación de suelo puede llevar cientos de años, su
deterioro puede ocurrir en unos pocos años.
Nuestra labor debe darnos beneficios económicos,
produciendo alimentos de calidad y que no causen
daño al ambiente.
Ahora cuando voy con mi familia a trabajar en la
milpa y pisamos el suelo que nos sostiene, les enseño
a hacerlo con el respeto y el valor sagrado con que
lo hicieron mis antepasados pero también, ahora sé
que nuestra vida depende de la increíble variedad
de organismos que habitan en él.
La milpa de Don Erasmo
Impresión y encuadernacion:
Códice / Taller Editorial
codice@[Link]
Se imprimieron 1,000 ejemplares
en papel Recicla100 San José de 115 y 200 gr
producido a partir de polienvases tetrapack.
Xalapa, Veracruz
marzo 2014