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Jesus El Esenio

Este documento resume las enseñanzas de Edmond Bordeaux Székely sobre los grandes maestros de la humanidad según las tradiciones esenias. Menciona que según esta tradición, los primeros maestros fueron Enoch, Zaratustra, Moisés y Buda. Indica que Jesús fue el último y más cercano maestro, cuyas enseñanzas en el Sermón de la Montaña deben entenderse desde una perspectiva esotérica y exotérica. Explica brevemente que cada maestro reveló verdades

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Jesus El Esenio

Este documento resume las enseñanzas de Edmond Bordeaux Székely sobre los grandes maestros de la humanidad según las tradiciones esenias. Menciona que según esta tradición, los primeros maestros fueron Enoch, Zaratustra, Moisés y Buda. Indica que Jesús fue el último y más cercano maestro, cuyas enseñanzas en el Sermón de la Montaña deben entenderse desde una perspectiva esotérica y exotérica. Explica brevemente que cada maestro reveló verdades

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Edmond Bordeaux Székely

Jesús
el Esenio
Los Maestros
de la
Humanidad

Disertación realizada en 1940, en la


escuela esenia de La Puerta, Baja
California.

Así como la vida de los océanos no


es gobernada por las olas de la
superfi cie, sino por las
poderosas corrientes existentes
en las profundidades, sobre las que
descansan enormes montañas de
agua, del mismo modo, la historia
del género humano no se basa en
sus reyes y princesas, ni en la gloria
y la caída de los imperios, sino en
la sucesión de las grandes
revelaciones recibidas por la
humanidad.
Según las tradiciones esenias, el
primer maestro conocido de la
humanidad fue Enoch, fundador
de la Hermandad Esenia, quien
enseñó cómo unir la mente
humana con el océano cósmico
de pensamiento, infi nito y
eterno. Luego vino el sumerjo
Zaratustra, con sus enseñanzas
sobre el Asha, el orden cósmico.
Después de él, Moisés, quien bajó
del monte Sinaí y obtuvo las
tablas que contenían las
comuniones esenias con los
ángeles.
Otro eslabón fueron las
enseñanzas de Buda, quien en la
India, puso en movimiento la
rueda cósmica de la vida. Por
últi mo surgió la Hermandad
Esenia del Mar Muerto, donde
creció el árbol esenio de la vida,
cuya rama más importante está
representada por el esenio
Jesús, el últi mo y por consi-
guiente, el más cercano a
nosotros de todos los grandes
maestros de la humanidad. La
quintaesencia de su revelación
está manifestada en el Sermón
de la Montaña.
¿Por qué es necesario que cada
pocos miles de años un gran
maestro deba venir a la
humanidad? ¿Será porque las
enseñanzas de sus predecesores
estuvieron incompletas o fueron
insuficientes? ¿Es el último
maestro superior a los anteriores,
o al contrario? Para comprender
la esencia del Sermón de la
Montaña y el rol que juega Jesús
el Esenio, debemos responder a
estas preguntas.
De acuerdo a las tradiciones
esenias, cada uno de los
grandes maestros de la
humanidad nos reveló la verdad
completa y absoluta, pues las
leyes de la vida y del universo
han sido, son y serán siempre las
mismas.
Desde el punto de vista esenio,
las revelaciones de cada maestro
ti enen dos aspectos: uno
interno o esotérico y otro
externo o exotérico. El valor y
alcance de la revelación de cada
gran maestro no está limitado
por él mismo con todo su infi nito
conocimiento, sino por la
capacidad de sus discípulos
seguidores para entender sus
enseñanzas.
En todas las épocas, los grandes
maestros han aportado
conocimientos muy completos
acerca de las leyes de la vida y
del universo. Esta información ha
sido transmitida a sus discípulos,
los cuales representan una
minoría cuya evolución personal
les permitió asimilar las
enseñanzas de su maestro en su
totalidad.
Ésta es una realidad que aún se
mantiene, ya que sólo una
minoría es capaz de entender los
distintos aspectos de la verdad.
Es por esto que cada gran
maestro hizo sus revelaciones en
forma esotérica, para que estas
verdades fueran absolutas,
multifacéticas, ilimitadas y
universales, y al mismo tiempo
las hizo de un modo exotérico,
adaptado al grado de compren-
sión de las masas de su época.
Esta enseñanza exotérica, de fácil
comprensión para las multitudes,
llegó a ser el pensamiento de
millones de personas, entre
quienes fue propagada, aunque
en la expansión de esta verdad,
una parte de la profundidad de la
revelación tuvo que ser
sacrificada. La grandeza de cada
maestro residía en su habilidad
para revelar exactamente lo que
las multitudes necesitaban y
podían entender y seguir. La
adaptación de estas grandes
enseñanzas universales a una
época en particular es una tarea
de primera magnitud.
En lo que respecta a la enseñanza
esotérica, la genialidad de los
grandes maestros de la
humanidad fue su habilidad para
elegir de entre la multitud a los
pocos que tenían el necesario
nivel de evolución individual para
comprender, vivir y practicar las
revelaciones que recibieran.

La esencia del Sermón de la Montaña


está contenida en los primeros nueve
versos, dos de los cuales son introductorios,
y el resto lo componen las siete
Bienaventuranzas. Vamos a considerarlos
desde un punto de vista universal
como un resumen de lo dicho
antCri01771enre, y sus comentarios
estarán basados en dos textos: el Evangelio
según San Mateo, que ha sido oficialmente
adoptado por las iglesias, y el Evangelio de
los Esenios, el cual fue considerado como
ilegítimo y falso por los primeros sínodos.

LAS SIETE BIENAVENTURANZAS

«Viendo las multitudes, subió a una


montaña; y
sentándose, vinieron a él sus
discípulos. Y abriendo su
boca les enseñó, diciendo:...»

Estos dos versos usualmente son


considerados como poco
ese ncial es: se les t oma más
como una i ntroducc ión a l os
siguientes, como una estructura
para la enseñanza. Pero dado que
dichos versos son idénticos tanto
en los textos ofi ciales como en
los apócrifos, no debería
restárseles importancia. Al
contrario, deberían ser analizados
tanto desde el punto de vista
esotérico como exotérico. En estos
versos las palabras «multitudes»,
«montaña» y «discípulos» tienen
un gran significado.
El Evangelio de los Esenios muestra
que los términos «multitudes» y
«discípulos» se refieren
respectivamente a los aspectos
exotérico) y esotérico de la
revelación de Jesús. Cada verso del
Sermón de la Montaña debe ser
considerado desde esta doble
perspectiva, La revelación
esotérica es importante por su pro-
fundidad y universalidad, mientras
el significado exotérico lo es por los
cientos de millones de personas que
lo siguen, así como por su rol
histórico en la evolución del mundo
occidental.
La palabra «montaña» también
tiene ambos significados: uno
esotérico y otro exotérico.
Exotéricamente, ésta se refiere a
una forma material, parte de la
naturaleza. Según las tradiciones
esenias es, esotéricamente, el
símbolo de la altura, de la supe-
rioridad, y del más elevado grado de
evolución individual. En las historias
de los grandes maestros de la
humanidad el concepto de
«montaña» se presenta una y otra
vez. Así, Zaratustra vivió en lo alto de
una montaña en la antigua
Sumeria, antes de dar a conocer al
mundo su revelación; Moisés bajó
del Monte Sinaí con las tablas de
los Diez Mandamientos exotéricos
para las multitudes y las
comuniones esotéricas para los
elegidos, ascendiendo más tarde al
Monte Nebo para desaparecer de la
historia.
Del mismo modo, Jesús eligió
también una montaña para dar a
conocer sus revelaciones más
importantes. Pero en el texto del
Evangelio Esenio está claro que su
presencia en la montaña, sobre la
multitud, tiene un significado; ti
símbolo de la montaña también
significa que Jesús el Esenio
representa el más alto nivel de
ev olución ind iv id ual, como un
canal para revelar la verdad
absoluta, universal y eterna.
En el segundo verso, hay dos
palabras importantes: «boca» y
«enseñó». En un texto tan
importante como el Sermón de la
Montaña, el que se mencione en
San Mateo y San Juan («y abriendo
su boca les enserió, diciendo: ...» )
no es una redundancia. Algunos
han dicho que este verso es
pleonástico e ilógico, señalando
irónicamente que nadie puede
decir nada sin abril sil boca y nadie
puede enseñar sin decir algo.
Toman el texto literalmente, tal
cual, sin preocuparse de la
naturaleza dual de las
revelaciones, de su sentido
exotérico y esotérico. En este
texto cada palabra tiene su
significado e importancia.
De acuerdo a la tradición esenia, un
gran maestro siempre hace uso de
estos dos significados para
transmitir sus revelaciones a sus
seguidores: primero, su voz o
«palabra», y después su
pensamiento. El término «voz» o
«palabra» se repite muchas veces en
todos los libros sagrados de la
humanidad. La «palabra» es poder,
energía, vibración; es una de las
fuerzas de la vida y del universo, y
de acuerdo a las enseñanzas esenias
los grandes maestros utilizaron la
«palabra» o «voz» para poner en
acción el cuerpo emocional de sus
seguidores y discípulos. El cuerpo
emocional, en la tradición esenia,
consiste en la totalidad de los
sentimientos de la persona, lo que
conforma un campo de fuerzas a
su alrededor, de la misma forma
que un campo magnético se forma
alrededor de un polo magnético. El
pensamiento, por otro lado, es el
poder usado por estos grandes
pensadores para poner en acción el
cuerpo mental de sus seguidores.
Los dos poderosos instrumentos de
la voz y el pensamiento, han sido
repetidamente utilizados a lo largo
de toda la historia universal por
todos los grandes maestros de la
humanidad para transmitir su
revelación al cuerpo emocional y
mental de sus discípulos y de la
multitud. Es a estos dos poderes a
los que se refieren
respectivamente las palabras
«boca» y «enseñó».

«Bienaventurados los pobres en espíritu,


porque de ellos es el Reino de los Cielos»

El tercer verso contiene la primera


gran enseñanza de Jesús, que
también ha sido bastante
malinterpretada tanto por los
críticos de la Biblia, como por las
iglesias ortodoxas. Está claro que
con la expresión «pobres en
espíritu», Jesús no se refería a «las
personas de limitado
entendimiento»; esto tiene un
significado mucho más profundo.
Una y otra vez encontramos en los
evangelios cómo Jesús enfatizaba el
principio de la sencillez, y no es un
accidente o una casualidad que su
primera enseñanza sea sobre este
principio, el cual es una ley natural
y espiritual. De ninguna otra ley se
ha desviado tanto el hombre y la
humanidad —y nos seguimos
desviando—, como de la ley de la
sencillez. En otro pasaje del
Evangelio de los Esenios se
menciona cómo Jesús dice que los
hombres son amos y dueños de
todo cuanto poseen y les es
necesario para su crecimiento en la
verdad; sin embargo, todo lo
superfluo llegará a dominarlos y
ellos se convertirán en sus esclavos.
En casi cada ocasión en que Jesús
enseñaba, resaltaba la ley de la
sencillez como una ley natural y
espiritual. Tanto en los evangelios
sinópticos como en el Evangelio de
los Esenios hay numerosas
referencias acerca de todos los
tipos de desviaciones de esta ley y
sus distintas consecuencias. Así, nos
habla de la dificultad de un hombre
rico para entrar en el Reino de los
Cielos a causa de sus posesiones
innecesarias y del efecto de éstas
sobre su conciencia. Del mismo
modo, menciona a los escribas y
fariseos, que con sus pesadas
cargas de posesiones intelectuales
no pueden, bajo ninguna
circunstancia, entrar en el Reino de
los Cielos, pues dicho reino está
también en armonía con la ley.
¿Cuáles son las desviaciones más
comunes de esta ley de la sencillez
que Jesús enseñó? Primero, y desde
un punto de vista exotérico y
simple, el hecho de intentar tener
más de lo necesario para el
desarrollo personal, es una
enfermedad humana. Cuando Jesús
condena a los ricos, no los condena
como personas, sino que condena a
la desviación de la ley. No los
condena por sus grandes riquezas,
sino por su mentalidad tan apegada
a ellas. Sus posesiones materiales
ocupan gran parte de sus
sentimientos y pensamientos, de
sus energías y de su tiempo, en
detrimento de los verdaderos
valores de la vida: «las riquezas del
Reino de los Cielos». Corno
sabernos por el Evangelio, Jesús
tenía amigos entre los ricos, porque
él no consideraba las riquezas o las
posesiones como algo maligno en
sí, pero estaba en contra del
materialismo que ellas engendran.
Según las enseñanzas esenias, un
hombre rico, con muchas
posesiones, puede trabajar en total
armonía con la ley si no desarrolla
el espíritu materialista que
generalmente las acompaña. Y a la
inversa, un hombre pobre, sin
ninguna posesión, también puede
desviarse de la ley si su conciencia
es materialista y su pensamiento
está absorbido por el deseo de
obtener las riquezas que no tiene.
Jesús el Esenio enseñaba que ni la
pobreza ni la riqueza son un estado
ideal. Él simplemente enseñó esta
importante ley de la simplicidad y la
«sencillez»: las posesiones, o la
ausencia de estas, no deben ser "II
obstáculo para el avance individual
en el sendero hacia el Reino de los
Cielos.
Jesús señaló otras desviaciones de
la ley de la sencillez además (le la
posesión de cosas innecesarias.
Cuando llevamos con nosotros una
gran carga de tradiciones —
religiosas, sociales, raciales— que
alguna vez fueron adecuadas y
verdaderas para su época, pero
ahora resultan anacrónicas,
estamos obstaculizando nuestro
desarrollo personal. De acuerdo a
las enseñanzas de Jesús el Esenio,
nadie con esa gran carga de tra-
diciones petrificadas puede entrar
al Reino de los Cielos.
También podernos desviarnos de
esa sencillez que tanto disfrutaba
Jesús en el terreno intelectual, al
leer miles de libros, buenos y
malos, pasar muchos años de
estudio a fin de almacenar un
conocimiento estático acerca de
épocas pasadas; la adquisición de
títulos universitarios y la
importancia que se les atribuye a
éstos, a los conocimientos y a los
libros; todas estas cosas son un
equipaje pesado si ha de llevarse
cuesta arriba, hacia el Reino de los
Cielos. Es imposible entrar en el
Reino de los Cielos sin antes
desechar cada uno de los
obstáculos que nos impidan
comprender la simplicidad y la
sencillez de la verdad. Si cumplimos
con este requisito estaremos ya en
la antesala del Reino de los Cielos.
Además de las desviaciones
personales de esa ley de la
sencillez, hay desviaciones
colectivas de toda la sociedad
humana. Ésta y sus instituciones se
basan principalmente en
tradiciones superfluas y
anquilosadas, dogmas absurdos,
instituciones y conocimientos
inútiles: una inmensa variedad de
cosas totalmente innecesarias para
el desarrollo personal. La mayoría
de ellas no son sólo innecesarias,
sino decididamente dañinas. Es por
eso que Jesús dice: «Mi reino no es
de este mundo». Él enseñaba la
grandeza de los valores de la vida y
del universo, pero lograr la vida
eterna depende del sacrificio que
uno haga de todas estas cosas
complejas e innecesarias.
El tercer verso es la expresión
exotérica de la gran ley de la
sencillez, enseñada por los esenios
en todos los tiempos. La
Hermandad Esenia del Mar Muerto
—a la que pertenecía Jesús—era
una auténtica protesta viviente
contra las complicaciones inútiles
del mundo exterior. Los escritores
contemporáneos enfatizan la gran
sencillez de la vida de la
Hermandad Esenia del Mar Muerto.
Esta simplicidad está ejemplificada
en las palabras y enseñanzas de
Jesús. Un niño puede entender el
Sermón de la Montaña y sus
sencillas enseñanzas y el hombre
que desee entenderlo deberá llegar
a ser como un niño pequeño, que
no se ha desviado todavía de esta
gran ley de la simplicidad, que no
lleva a cuestas el peso muerto de
las cosas superfluas, ese equipaje
moral e intelectual que nos agobia
tanto individual como
colectivamente.

«Bienaventurados los que lloran,


porque ellos serán consolados»

Jesús y los esenios no predicaban


tristezas, sino gozo, y su gozo por la
vida fue una de las características
básicas observadas por los
escritores contemporáneos en la
Hermandad Esenia del Mar Muerto.
Los Evangelios sinópticos y más
claramente el Evangelio de los
Esenios, nos hablan repetidas veces
acerca del gozo y la alegría. Y sin
lugar a dudas, no existe enseñanza
alguna más optimista que las
enseñanzas de Jesús. Él nos revela
la ley, y mediante ésta nos otorga la
libertad, libera a la humanidad, nos
da poderes infinitos y abre la
puerta al bien supremo: el Reino de
los Cielos. Si es evidente que Jesús
no proclamaba desdicha, ¿cuál es el
significado de la expresión «los que
lloran» desde el punto de vista
esotérico?
Este verso del Sermón de la
Montaña también nos habla de las
leyes naturales y espirituales, y las
consecuencias de desviamos de
ellas. Otro gran maestro de la
humanidad, Buda, expresa un
pensamiento similar cuando dice
que en el mundo hay un océano de
sufrimientos como resultado de
desviarnos de la ley y por las
consecuencias que genera la ley de
causa y efecto. Buda usaba la
palabra «Samsara» para designar a
este océano de sufrimientos. Según
él, sufrimiento es llorar, estar
enfermo, envejecer, no lograr
aquello por lo que ya hemos tra-
bajado. Jesús el Esenio también nos
habla del océano de sufrimientos
en que la humanidad vive a
consecuencia de sus desvíos de la
ley.
Todos los hombres comienzan sus
vidas en este océano de
sufrimientos; no existe nadie en
este mundo que no lo haya
experimentado. Pero el sufrimiento
tiene un gran valor en el desarrollo
personal del hombre, ya que es el
poder o la fuerza que le muestra las
consecuencias de alejarse de la ley
Esto hace al hombre consciente de
su falta y consecuentemente de la
propia ley. Jesús el Esenio nunca
predicó el sufrimiento: sus
enseñanzas eran de la alegría y
gozo. En nuestra vida material, el
sufrimiento nos lleva a prestar
atención a los peligros que
representa el infringir las leves de
la naturaleza; su rol es el mismo
tanto para la vida material como
para la ley espiritual. Así, la
expresión «los que lloran»,
representa cierto logro: el haber
alcanzado un determinado grado de
evolución personal, pues es el
reconocimiento de la causa de
nuestro sufrimiento y la toma de
conciencia de nuestros desvíos de
la ley y de la propia ley. El acto de
llorar es un hito necesario en la
evolución individual, y quienes no
lo han alcanzado no pueden
progresar en el sendero hacia el
Reino de los Cielos. Sin reconocer
los errores del pasado y nuestros
desvíos de la ley, no es posible
pensar en una nueva vida, la vida
que Jesús el Esenio nos enseñó. El
comienzo a esta nueva vida está
marcado por el llanto y el
arrepentimiento por los errores
pasados, y por las faltas cometidas
a la ley.
Pero la palabra «llanto» también
tiene otro significado. Ya que la
mayoría de los hombres se desvían
de la ley, la mayoría experimenta
sufrimiento. Están sumergidos en el
océano de sufrimientos del que
Buda nos hablaba. Según las
enseñanzas de Jesús, no debemos
ser indiferentes a este gran océano
de sufrimientos causado por la
ignorancia y la desviación de la ley
por parte de la mayoría de la
humanidad. La ética del Sermón de
la Montaña y la moral de las
enseñanzas de Jesús el Esenio
superan todas las construcciones
teóricas, intelectuales y las
enseñanzas metafísicas que pierden
de vista al océano de sufrimientos
que existe a nuestro alrededor, que
desatienden el amor creativo —
quintaesencia de las enseñanzas de
Jesús— y que ignoran la gran ley de
la compasión.
La eterna vitalidad del Sermón de la
Montaña y de todas las enseñanzas
de Jesús radica en este mensaje de
amor activo y creativo, manifestado
en forma real y verdadera. Todos
los grandes maestros, incluyendo
Jesús, practicaron esta ley, como lo
hicieron los esenios, quienes fueron
maestros y sanadores. No vivieron
aislados en una torre de marfil para
establecer esa relación armónica
con la ley, sino que partieron a
enseñar y a curar. Su actividad fue
una cruzada fantástica contra el
océano de sufrimientos. Nos dieron
la fórmula para terminar con el
sufrimiento, erradicando sus causas
en el mundo. Un ejemplo de esto es
el aspecto ético que la palabra
«llanto» tiene en el Sermón de la
Montaña. Las buenas noticias
acerca del Reino de los Cielos
traidas a la humanidad por Jesús,
también representan buenas
noticias para terminar con el
sufrimiento individual y de la
humanidad, a través del
entendimiento y el seguimiento de
la ley, viviendo el ejemplo de Jesús.
Su vida es tan importante como sus
enseñanzas, porque la verdad que
vino a revelarnos también es vida.
Su vida expresaba la verdad, y en su
vida estaba la verdad hecha
manifiesta. La palabra «llanto» en
el Evangelio de los Esenios tiene
varios significados orientados a la
evolución individual y colectiva, al
amor creativo, el principio básico
más importante de todas las
enseñanzas morales de todos los
tiempos. El amor creativo que Jesús
enseñó a la humanidad en la forma
más simple y sublime, es nuestra
tarea para el mundo entero, el
mundo que tiene grandes razones
para llorar desde que los hombres
fueron sumergidos en el océano de
sufrimientos, provocado por las
faltas a la ley.

«Bienaventurados los mansos,


porque ellos heredarán la tierra»

A este verso se le han dado muchas


interpretaciones distintas. El
Evangelio de los Esenios no se
refiere a la mansedumbre hacia los
hombres, sino a la mansedumbre
hacia Dios, hacia la ley, así como a
su alabanza. Aquellos que sean
mansos con la ley heredarán la
tierra: esa es la gran ley revelada
por Jesús. A lo largo de la historia
universal, los jueces y gobernantes
han creado su propia ley, y han
tratado de sustituir a la que
gobierna al universo y es la fuente
de todas las formas de existencia.
En la lucha por imponer su propia
ley sobre la ley única y universal,
los jueces y gobernantes han
faltado a la mansedumbre,
desviándose de esta importante ley
de vida. En repetidas ocasiones a lo
largo de la historia, hombres como
Alejandro, Genghis Khan, Napoleón,
o Hitler han tratado de crear sus
propias leyes y de forzar a la
humanidad a seguirlas; de esta
forma no sólo se desviaron de la ley
vital enseñada por Jesús, sino
también de la ley pronunciada por
Moisés: «No tendrás dioses ajenos
delante de mí. No harás para ti
escultura, ni imagen...» Todos los
grandes conquistadores establecie-
ron sus propios dioses; se desviaron
de la ley y perecieron. La ley no fue
lo que los destruyó, sino que ellos
mismos fueron los que se
destruyeron. La ley es buena: hace
salir el sol y hace llover sobre justos
e injustos. Pero todos aquellos que
se alejan de la gran ley de la vida y
buscan seguir leyes artificiales
creadas por ellos mismos,
alcanzarán la destrucción.
Las desviaciones a esta gran ley de
la vida son múltiples. No sólo los
jueces y gobernantes se han
desviado de ella, sino todos
nosotros en distintas formas y
grados. En muchas familias los
padres también van contra esta ley
al crear sus propias leyes e
imponerlas a sus hijos, sustituyendo
a la ley única. Y en otras ocasiones
ocurre a la inversa: algunas veces
los hijos buscan crear sus propias
leyes y las imponen a sus padres.
No sólo los dictadores tratan de
crear sus propias leyes, sino
también las pequeñas potestades,
aunque éstas nunca tienen éxito
por mucho tiempo. Los hombres
sólo pueden trabajar con la ley. La
expresión más característica de la
desviación de la ley fue llevada a
cabo por Luis XIV, cuando declaró:
«El estado soy yo». Muchos de
nosotros sentimos, decimos y
pensamos esto en nuestros
limitados medios.
Esta ley de mansedumbre se
manifiesta corno una ley natural
en el universo material y también
como una ley espiritual superior.
En el universo material la
naturaleza tiene sus propias leyes
inmutables y ha creado diferentes
plantas, animales y razas. Estas
creaciones evolucionan siguiendo
las leyes de la naturaleza, y
muchas de ellas heredarán la
tierra en el sentido de que se
perpetuarán a sí mismas y
alcanzarán altos niveles de
evolución en el curso de las
generaciones. Otras plantas,
animales y razas se desviarán de
esta ley de mansedumbre,
siguiendo su propia ley: sin
reconocer a la única ley, y ello
puede estrangularlos y
consecuentemente llevarlos a la
destrucción. Animales prehistóricos
como los dinosaurios y el
mastodonte, fueron muy poderosos
en su tiempo; sin embargo, estos
monstruos perecieron, en tanto
que criaturas más modestas se
adaptaron a la ley, logrando su
supervivencia. El hombre, quien
por sus poderes superiores vive
en mayor armonía con esta ley
que otros seres del planeta, ha
llegado a ser la raza dominante y,
consecuentemente, ha heredado la
tierra. La naturaleza, como un
escultor, crea todo tipo de formas,
y aquellos que no cumplen con los
requerimientos de la ley son
destruidos. Los que actúan
conforme a ella y están en comple-
ta armonía, sobrevivirán, como
piezas esenciales de la naturaleza.
En el universo material la ley de
la mansedumbre se manifiesta en
el proceso natural de selección.
Pero esta gran ley también tiene
un aspecto espiritual. Aquellos
que respetan a Dios, a la ley de la
mansedumbre, a la ley en general,
alcanzarán niveles más altos de
evolución individual, mientras que
quienes la desechen y falten a la
mansedumbre a Dios, se toparán
con el mayor de los obstáculos en
su desarrollo. Nunca entrarán al
Reino de los Cielos, donde se vive en
armonía con la ley. Cuando el gran
maestro dijo: «Hágase tu voluntad, no
la mía», expresó perfectamente la ley
de la mansedumbre hacia Dios y
hacia la ley.

«Bienaventurados los que tienen


hambre y
sed de justicia, porque ellos serán
saciados»

La palabra central en éste verso es


«justicia», que en arameo antiguo
quiere decir: «verdad». En arameo la
misma palabra se utilizaba para
indicar «verdad» y «justicia». En
algunas versiones del evangelio se
traduce como «verdad», y en otras
como «justicia». Ambas son
correctas. La «verdad» representa
una noción más universal, y la
«justicia» podría definirse como la
verdad manifestada en acción. Si
leemos «Bienaventurados los que
tienen hambre y sed de verdad»,
tendremos frente a nosotros una de
las leyes más universales jamás
reveladas a la humanidad.
Hay varios aspectos que observar
dentro de esta ley. Una planta, por
ejemplo, tiene sed de agua y hambre
de los diversos ingredientes de la
tierra. La planta es un ser vivo
receptivo y asimila todos estos
requerimientos de la vida. El hombre
también tiene hambre y sed. Su
cuerpo material tiene hambre de
comida y sed de bebida, en tanto
que su mente tiene hambre y sed de
conocimiento, conocimiento de la ley
y de la verdad. Si experimentas esta
hambre y esta sed, tu estado será
receptivo y estarás listo para
absorber las fuentes de energía y
conocimiento. De acuerdo a la gran
ley de la vida aquí tratada, dicha
hambre y sed son los requisitos
indispensables necesarios para la
evolución individual hacia la
perfección y hacia el Reino de Dios.
Es esta hambre y esta sed que
sienten los discípulos, lo que
determina las enseñanzas del
maestro. La fuente es inagotable,
pero el discípulo sólo podrá
absorber tanto como su hambre y
su sed se lo permitan, lo que su
receptividad le permita. Una planta
es receptiva a la tierra, al agua y al
sol, todas ellas fuentes inmensas de
vida. Si pudiera incrementarse su
receptividad hasta un grado
ilimitado, absorbería todos los
ingredientes de la tierra, todo el
aire de la atmósfera, toda el agua y
toda la luz del sol. El grado de
evolución y la perfección alcanzada
por un organismo depende
totalmente de su receptividad, de la
cual el hambre y la sed son
símbolos. Mientras que el hambre y
la sed del cuerpo material son
limitados, las necesidades de la
mente por el conocimiento y la
verdad no tienen límites. Quienes
carecen de esta hambre y esta sed
espiritual nunca entrarán al Reino
de los Cielos. Uno de los más
grandes regalos que puede recibir
un hombre es su eterna hambre y
sed de verdad y conocimiento. Hay
personas que piensan estar
satisfechas porque lo conocen todo,
y poseen la verdad eterna; esos son
los que han perdido el hambre y la
sed. Este es un gran error. Cuando
el hambre y la sed de conocimiento
y verdad dejan de crecer, por algún
particular sistema de pensamiento, o
por algún maestro o enseñanza —sea
lo que sea— hay un fin en la
evolución individual. Una de las
razones de las reprensiones que
Jesús el Esenio hacía en contra de los
escribas y fariseos, era su creencia
de que ellos poseían la ley única y su
displicencia para escuchar algo
nuevo o diferente.
A la luz de ésta ley, los escribas y
fariseos —que todavía existen entre
nosotros— están espiritualmente
muertos, aunque aparentan tener
vida. Perder esta hambre y sed de
verdad, es uno de los desastres más
grandes que pueden ocurrirle a un
hombre. A través de la historia han
existido muchas instituciones,
jerarquías, religiones e iglesias que
han creído tener la verdad absoluta.
Persiguieron a los que tenían esta
sed y esta hambre de un
conocimiento y una verdad más
elevados, los mataron, los quemaron
y los crucificaron. La mayoría de estas
instituciones e iglesias hace mucho
tiempo que desaparecieron, pero el
espíritu de hambre y sed de una
verdad más elevada en nuestras
vidas perdura, y ésta es la ley que
domina la evolución espiritual de la
humanidad hasta nuestros días.
Esta gran ley es la única que puede
salvarnos del gran error de la
desigualdad y la injusticia. Aquellos
que han perdido la sed y el hambre
por conocer la verdad, y están
satisfechos con algún sistema de
enseñanza que ha llegado a ser
injusto y no buscan ese
conocimiento y esa verdad más
elevada, han puesto una barrera
entre ellos y el océano cósmico de
amor y verdad. Esa barrera los
separará y les impedirá obtener
mayor conocimiento, pues no
poseen ya el espíritu de hambre y
sed de verdad.

«Bienaventurados los misericordiosos,


porque ellos obtendrán misericordia»

Esta gran ley de la vida tiene varios


aspectos y significados. El primero es
que debemos ser misericordiosos en
pensamiento, palabra y acción con
los demás. Ser misericordioso
significa perdonar a otros y evitar
albergar cualquier pensamiento, sen-
timiento o acción negativa corno
respuesta a sus pensamientos,
sentimientos o acciones agresivas.
Muchos nos desviamos de esta ley.
Con frecuencia somos
inmisericordiosos y criticamos las
palabras o los actos de otras
personas. Haciendo esto, nos
alejamos de la ley, ya que el único
juez es la propia ley. No podemos
poner nuestro juicio en lugar de la ley.
Éticamente no tenernos razón para
opinar con el pensamiento acerca
de las faltas de otros, o si algo es
lógico o no. Solemos cometer un
doble error al introducir en nuestras
mentes la inarmonía y los
pensamientos negativos,
envenenarnos nuestra alma, nuestro
cuerpo mental, que es mucho más
importante que el cuerpo material.
Además de eso, el hecho de pensar
cosas negativas deteriora el
pensamiento y afecta a la persona
en la que estarnos pensando. El
movimiento molecular de nuestro
cerebro provoca una resonancia en
el movimiento molecular de las
células cerebrales de otras personas,
lo que resulta en un envenenamiento
de su cuerpo emocional, al igual
que del nuestro propio. La
intoxicación entonces afecta a
ambas partes. Las desviaciones a
esta gran ley de la vida que nos hacen
faltar a la misericordia, generan un
deterioro tanto en nuestra mente
corno en nuestros sentimientos y en
nuestro cuerpo físico, ya que la
actividad glandular de nuestro
cuerpo responde a la armonía o
inarmonía del sistema nervioso.
Así, el cuerpo físico sufrirá las
consecuencias de dichos
pensamientos inarmoniosos y sus
emociones.
Si miramos a nuestro alrededor
podremos ver muchas faltas y
desviaciones de esta ley de vida:
peleas, disputas, chismes,
calumnias, ofensas, groserías,
malos pensamientos y senti-
mientos negativos. En época de
elecciones políticas, los periódicos
están atestados de pensamientos
negativos que los contendientes se
envían unos a otros. La lucha de
clases en la sociedad humana
también es una desviación de esta
ley de vida. Cuando las naciones o
los partidos se atacan entre sí,
cometen faltas colectivas a la ley
lo que trae gran sufrimiento a los
individuos, familias, comunidades,
naciones y a la humanidad en su
totalidad. El precio que se paga
por transgredir esta ley es muy
alto, y la historia —nuestro pasado
y nuestro presente— lo
demuestra.
Cuando no somos misericordiosos,
vivimos en un reino de negaciones,
1

lleno de pensamientos,
sentimientos y actos inferiores.
Esto representa un atraso
tremendo en nuestra evolución
individual, ya que en lugar de ir
progresando vamos hacia atrás.
Tanto en el plano espiritual como
en el material no hay un lugar
donde podamos estancarnos:
evolucionamos o retrocedemos. Al
perder toda misericordia, también -

1

perdernos la misericordia
elemental hacia nosotros mismos.
Este hábito de ver las cosas desde
el punto de vista negativo nos
hace vivir en nuestras propias
cualidades negativas, en nuestros
propios errores y desviaciones.
Ello generará varios complejos
psicológicos, y
subconscientemente nos
criticaremos a nosotros mismos
igual que criticamos a los demás.
De esta forma, nos converti mos
en esclavos de nuestros propios
pensamientos, sentimientos y
actos negativos, esclavos de
nuestros propios errores pasados.
Faltar a la ley de la misericordia nos
separa del Reino de los Ciclos,
donde no hay negatividad, sino sólo
perfección. No debemos atacar el
mal, lo cual
Edmond Bordeaux Székely
es negatividad, sino fortalecer lo
positivo. Al tratar con los demás,
debernos mirar todas las cosas
buenas que tienen y tratar de
fortalecer esa imagen en lugar de
estar combatiendo las negativas. Al
fortalecer lo bueno, lo malo
desaparece por sí solo, corno una
sombra que se va ante la presencia
de la luz. La ley de la misericordia
revelada por Jesús es una de las
grandes leyes de la psicología
práctica y de las relaciones
humanas.
«Bienaventurados los limpios de
corazóíz,
porque ellos verán a Diosa
Este verso nos revela la ley de
mayor importancia para el cuerpo
emocional. Las enseñanzas esenias
nos hablan de que cada persona
tiene un cuerpo emocional o
espiritual, un cuerpo mental o
alma y un cuerpo material o físico.
De acuerdo a la tradición esenia,
los «puros de corazón» son
aquellos cuyo cuerpo emocional
es puro, un cuerpo alimentado de
amor y no de odio, de perdón y
no de venganza, de compasión y
no de crueldad. Todo aquel que
tenga un cuerpo emocional así,
verá a Dios; quien cumpla con la
gran ley de la pureza de corazón
estará en la antesala del Reino de
los Cielos. Si examinamos lo que
está detrás de nuestras acciones,
encontraremos siempre un
senti miento. Los senti mientos y
las emociones poderosas vienen
acompañados de actos que se dan
en forma automáti ca. No son los
pensamientos, sino las emociones
o sentimientos, los que se
encuentran tras nuestras
acciones. Esta es una verdad
psicológica que ofrece una gran
importancia a la ley de la pureza
de corazón, revelada en este
verso.
Hay muchas des\iaciones de esta
ley: una de las más ami-ollas
tradiciones zoroastrianas es el código
de ética: «Buenos pensamientos,
buenas palabras, buenas acciones».
Aquí las buenas palabras
representan el cuerpo emocional,
ya que detrás de las palabras
siempre hay emociones y
sentimientos. Cuando Jesús
resaltaba la gran importancia del
corazón -del cuerpo emocional-
hablaba de lo esencial, más allá de las
palabras y las acciones, porque él
sabia, que «el hombre es corno
siente en su corazón».
Otros maestros antes que él
condenaron las malas palabras,
pero Jesús las exterminó antes de
ser pronunciadas con sus
enseñanzas sobre cómo ser puros
de corazón. Si lo somos, nuestras
palabras y nuestras acciones
también serán puras y armoniosas
con la ley El cuerpo emocional, el
gran generador de ]as palabras y
las acciones, está una y otra vez
presente en la mente de Jesús
tanto en el Sermón de la Montaña
como en todos los Evangelios
sinópticos.
Todos hemos experimentado
alguna vez cierta sensación de
armonía o desarmonía en
presencia de alguien. Este fenó-
meno es consecuencia de las
reacciones instintivas del cuerpo
emocional. Los niños suelen tener
este instinto o intuición muy
desarrollado, porque sus cuerpos
emocionales no han tenido tiempo
para desviarse de la ley corno los
cuerpos emocionales de los
adultos. Incluso los animales, con
sus primitivos cuerpos
emocionales, tienen este instinto. El
cuerpo emocional es como un
campo de fuerza a nuestro
alrededor, y es muy poderoso en la
evolución individual. Si vivimos de
acuerdo a la ley, nos puede ayudar a
crecer cada vez más, pero si nos
desviamos de ella, sólo
atraeremos fuerzas destructivas
que pronto llegarán a dominarnos.
«Bienaventurados los pacificadores,
porque ellos serán llamados hijos de
Dios»
La séptima bienaventuranza nos
revela un principio básico. Proclama
la ley de la paz. «Paz» en arameo
expresa la misma idea que la palabra
griega «Armonía». Paz, de acuerdo a
las tradiciones esenias, es armonía
con todos los poderes y las fuerzas
internas y externas a nosotros. La
paz es el concepto más universal y
multidimensional. Cuando Jesús dice:
«Mi paz sea contigo», otorga los más
grandes dones. La paz es la prueba,
la manifestación de la comunión con
el Reino de los Cielos. Es la más
importante de las leyes reveladas en
las siete bienaventuranzas. Ésta es la
paz que ilumina todas las fronteras,
la que nos lleva al Reino de los Cielos
en la tierra. Todos los grandes
maestros la tuvieron y la trajeron a
la humanidad. «Los pacificadores» y
«los hijos de Dios» son lo mismo.
Cuando pensamos, sentimos y
actuamos de acuerdo a la ley,
estamos en armonía con el Reino
de los Cielos. Cuando estamos en
paz, somos co-creadores con Dios, y
continuamos su trabajo en el
planeta. La más grande de las
enseñanzas de Jesús el Esenio, el
último de los grandes maestros, es la
contenida en la séptima
bienaventuranza de paz, incluida
en el Evangelio de los Esenios. Este
mensaje se nos revela a través de las
siete bienaventuranzas del Sermón
de la Montaña, y significa armonía o
paz con el cuerpo, con la mente,
con nuestra familia, con la
humanidad, con la tierra, con todo el
reino de la Madre Terrenal y con el
reino del Padre celestial. La armonía
interna y externa es la paz, una de
las más sublimes revelaciones de
todos los tiempos. Cuando el
maestro nos reveló esta gran aran
tradición esenia en toda su
grandiosa simplicidad sencillez,
estableció su potestad como uno
de los más grandes maestros de
todos los tiempos en este planeta.

Edmond Bordeaux Székely
Jesús
el Esenio
Los Maestros 
de la
H u m a n i d a d
Disertación realizada en 1940, en la
escuela esenia de La Puerta, Baja 
California.
Así
del  monte  Sinaí  y  obtuvo  las
tablas
 
que
 
contenían
 
las
comuniones  esenias  con  los
ángeles.
Otro
 
eslabón
 
fuer
De  acuerdo  a  las  tradiciones
esenias,  cada  uno
 de
 los
grandes
 
maestros
 
de
 
la
humanidad nos  reveló la verdad
co
minoría es capaz de entender los
distintos  aspectos  de  la  verdad.
Es  por  esto  que  cada  gran
maestro hizo sus revelac
pocos  que  tenían  el  necesario
nivel de evolución individual para
comprender, vivir y practicar las
revelaciones que recib
dichos versos son idénticos tanto
en  los  textos  oficiales  como  en
los  apócrifos,  no  debería
restárseles
 
importancia
símbolo  de  la  altura,  de  la  supe-
rioridad, y del más elevado grado de
evolución individual. En las  historias
de  los
Montaña,  el  que  se  mencione  en
San Mateo y San Juan («y abriendo
su boca les enserió, diciendo: ...» )
no  es  una  redu
consiste  en  la  totalidad  de  los
sentimientos de la persona, lo que
conforma un  campo de fuerzas a
su  alrededor,  de  l

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