Albert Caraco
Albert Caraco
Me aferro tanto al rechazo del dolor como al de la dicha, no amo más que la indiferencia absoluta
y ahora me confundo con ella, mi vida entera es un aprendizaje de la muerte, por cierto que no
tengo mucho mérito y desde niño nunca me he sentido del todo bien, presa de malestares
permanentes, y subsisto a fuerza de remedios.
Seré, pues, un desdichado? Como judío aparentemente había de serlo y la mayoría de los judíos
son desdichados, es por ello que profesan un optimismo delirante, su amor por la vida me
recuerda las erecciones de los ahorcados y no estoy lejos de pensar que tienen el mismo origen. El
rechazo a lo trágico, propio de los esclavos, y por demasiados siglos los judíos no han sido más que
eso, esa mentalidad les permitió sobrevivir al tiempo que los volvía perfectamente ruines,
consintieron en la abyección con tal de conservar la prenda, y la conservaron, pese a la abyección
y a quienes se la impusieron.
He ahí, me parece, un lenguaje amoroso bastante insólito en un hombre que pretende no querer a
su madre, esas contradicciones son naturales, estoy lleno de meandros, en fin escribo y eso lo dice
todo, me pierdo en mi propia senda.
Mientras que Señor Padre derrama unas lágrimas, mis ojos permanecen tan secos como siempre,
es cierto que nunca lloro, no debieran tacharme de indiferente, mis ideas me vedan el pathos, mi
estilo me prohíbe siquiera contemplarlo.
Las atenciones a las mujeres son, pues, naturales, nos esforzamos por consolarlas de la miseria
que conlleva su sexo, comúnmente nuestras leyes sirven para redoblarla, empezando por las leyes
morales y religiosas, las mujeres parecen ser sus víctimas, aún más deplorables al hacerlas
consentir en su condición. Durante siglos, las hemos obligado a la gravidez permanen-te y les
inculcamos las ideas más inhumanas: y, ¿qué cosa más atroz que nuestro ideal de fecundidad?
Degradamos a la mujer al nivel de un instrumento impersonal y la forzamos a producir a aquellos a
los que se inmola.
Señora Madre tenía una filosofía bastante similar a la que profeso en estas páginas, no quiso un
segundo hijo y esta resolución la tomó apenas al salir de la infancia: la visión de tantas familias
numerosas y todas , infelices, por ser numerosas, le dictó las razones de su conducta. Su recelo
hacia el amor, del que me alejó, no era del todo ajeno a semejantes móviles, pronto me aconsejó
un egoísmo razonable y me armó contra todos los placeres. El alumno le regresó sus lecciones al
maestro, finalmente el maestro se dio por vencido …
Que estos cuadros me sean perdonados, sólo retrato la verdad. No les guardo rencor a los
médicos, son unos pobres hombres al igual que sus enfermos, que se vuelven insensibles por
obligación, aunque hubiera deseado a veces que su oficio sólo estuviera disponible a santos
esperanzadores, y que el espectáculo de nuestros sufrimientos no los endureciera al grado de
acrecentarlos. Lo más extraño era que daban risa, en el momento mismo en que uno hubiera
llorado gustoso: a la cabecera de la agonizante representaban no la vida, sino la nada del mundo
víctima de su mueca, ni siquiera sabían cómo consolar a aquella a la que no podían curar.
El armario de Señora Madre está repleto de tesoros, Señor Padre, a decir verdad, no los descubre,
no ve en ellos más que pretextos para las lágrimas, todo le duele, el más mínimo recuerdo lo hiere,
los últimos meses le ocultan los años, la máscara de la muerte opaca las luces de una vida cien
veces más larga, de dos fantasías eligió la equivocada, y confundió la desdicha con la verdad
suprema, ¿Me atreveré a decirle que se engaña? ¿Qué prueban las semanas sombrías? Sólo se
prueban a sí mismas y no declaran ni en contra del pasado ni en contra del sueño que les seguirá
por siempre.
Las sombras de la muerte son los condimentos del amor y la vida eterna sería la escuela de la
frialdad absoluta.
Uno ama a quien amenaza el mañana, y más aún cuanto mayor sea la amenaza, Dios no ama y no
es un objeto de amor, el amor divino es un disparate, lo mejor, ciertamente, es no amar a nadie y
para ello es preciso empezar por nosotros mismos. El que hace profesión de odiarse a sí mismo
rompe con los apegos sensibles.
Nos mostramos hipócritas, engañamos sus temores y sus esperanzas, fue el teatro más horrible,
nuestros modales nos lo imponían y no nos atrevimos a enfrentarlos, lamento ese asesinato
espiritual y hubiese preferido la eutanasia, hubiera deseado que no engañásemos a la enferma y
que muriera voluntariamente en los inicios de la agonía, es ése mi único remordimiento.
Pobre Señora Madre, víctima de la caridad, que no la salvó de la decadencia, la abrumamos con
medicinas que su cabeza no pudo resistir, vivió ¡ay! Qué vida, en comparación de la cual el
asesinato físico resulta una bendición.
Esto, a mis ojos, hace su carácter más admirable aún y lo mejor en ella era una razón lúcida y
congruente. Señora Madre y yo argumentábamos como filósofos y sabíamos guardar silencio
juntos, adivinándonos, entendiéndonos, poniéndonos de acuerdo sobre cantidad de temas sin
reñir casi nunca. Ella mostraba una cortesía natural, aunada a una reserva exquisita, los miembros
de nuestras dos familias se lo reprochaban, pues mantenía a la gente a distancia y nunca bajaba la
guardia, se le acusaba de orgullo sabiendo que no era exactamente eso, sino el efecto mismo de
su excelencia.
Debemos olvidar a nuestros muertos como muertos, sin embargo nos está permitido seguir su
modelo y perpetuar sus obras, el resto es mera afectación.
Quise conservar las cenizas de Señora Madre, las leyes francesas lo prohíben, serán encerradas
entre las paredes de un pequeño casillero, es mejor que dejar el cuerpo podrirse bajo tierra e ir
ridículamente a dejar flores en su tumba. Soy la resurrección de aquella que dejó de ser, mi obra la
rescata de la nada, he aquí que se ha convertido en mi hija, no queda en mí tristeza alguna y Señor
Padre se encuentra tan sereno como yo.
La madurez es nuestra piedra de toque, es ahí donde demasiadas mujeres se descubren y donde
su sombra se revela: aquellas madres de familia a las que ensalzan por haber sido fértiles,
trabajadoras y piadosas, cuando se las ve de cerca, no tienen nada de entrañable, son unos pobres
seres estropeados que su estupidez salva de la malicia, sin encanto, sin gracia y sin luz, y que llamo
las ruinas que el orden, la moral y la fe dejan en el camino. Señora Madre se burlaba de la religión,
nunca practicó ninguna, sus supersticiones las desechó, en los años previos a su muerte se volvió
un filósofo.
Señora Madre me inspiró el desprecio absoluto hacia las mujeres piadosas a medias, tenía toda la
razón y, dicho sea entre nosotros, considero que esas fornicaciones en el aire son más
deshonestas que las verdaderas. Murió mientras dormitaba, agotadas sus fuerzas, y fue incinerada
sin sombra de ceremonia. Creía en mis palabras, y le demostré que si por ventura Dios existía no
podía ser personal, ya que la duración es el elemento constitutivo de la persona y la muerte eterna
la recompensa de toda vida. Amamos aquello que debe morir y sólo amamos porque nos sentimos
mortales y amenazados.
Dios no nos ama y no es objeto de amor, en el fondo el Misticismo no es más que un Narcisismo y
el Dios personal un absurdo, la necesidad que tienen los miserables de sentirse consolados
confirma la bajeza de los miserables y no la evidencia de las figuras que ellos suponen. Me basto
con el Dios de los filósofos, yo mismo soy una persona y no busco a nadie fuera de mí, consiento
en mi muerte perpetua y la idea de salvación me parece un delirio, ser salvado es una violación
metafísica. Señora Madre valoraba más el Clasicismo que cuaIquier forma de Mesianismo, tenía
santamente razón.
Había sufrido tanto por ser huérfana, había llorado tanto a su madre, que de alguna manera quiso
vengarse de la fortuna y tener sólo un hijo para mimarlo con exagerado furor. Me asqueó de todas
las ternuras abrumándome con sus caricias, y desde antes de la mitad de mi vida ya no quería que
nadie me besara, estoy harto hasta la muerte de procederes amables, estoy saturado de mimos,
es una fortaleza y se lo agradezco, no iré a mendigar las caricias, como tantos hombres mal
queridos a los que la sombra de una sonrisa incita.
No existe un lugar en que no me encuentre a Señora Madre y mi arrobamiento se mezcla con la
tristeza, la Ciudad se me figura un bosque de signos, todo me recuerda a aquello que perdí y me lo
restituye por una suerte de milagro eternamente renovado, tal fachada en la que nunca había
reparado se impone ante mi mirada y solicita mi remembranza, creía olvidar a Señora Madre y su
presencia es más real que nunca, la muerta está más viva que cuando vivía. ¡Qué sorpresa!, ¡qué
enriquecimiento!, y ¡qué revelación para un escéptico!
Tengo un espíritu poético, son fallas del sistema, el mundo es lo que es y los símbolos son
fantasías. Señora Madre no tenía nada de único y el universo es prolijo en mujeres adorables y a
menudo más infelices, esto es lo que me revela mi objetividad y me someto a sus enseñanzas. Que
si Señora Madre hubiese fallecido más joven yo hubiera sido mucho más miserable, y le agradezco
de alguna manera el haberme acostumbrado literalmente a su ausencia, la decadencia de su
cuerpo hace su pérdida más ligera a mis ojos, y también le agradezco el haber perdido el
conocimiento antes de apagarse.
Los muertos están muertos, pero vivimos para que no sean aniquilados, nuestros actos y nuestras
obras pueden inspirarse en su conducta y perpetuar su memoria, las cosas nunca llegarán más
lejos.
Señora Madre, pese a todas sus cualidades, no vale el retrato que hago de ella y lo reconozco: mi
juicio se inclina hacia la apoteosis y me vuelvo prisionero de las visiones que suscito, heme aquí,
preso, y satisfecho más que nunca de serlo.
Los seres pasan y las cosas permanecen, Señora Madre lo sabía, Señora Madre lo decía y yo le
contestaba que a ojos del Estado éstas tenían más importancia, mis argumentos la entristecían
pero admitía su exactitud, cuesta menos mantener a mil niños que a un castillo destartalado, o
que restaurar los cuadros de una galería.
No es razonable sufrir siempre, a menos que el dolor nos enmiende, los muertos que lloramos lo
ignoran, y si permanecemos en el desconsuelo seremos víctimas de nuestra complacencia. Nunca
perseveramos por mucho tiempo en una pureza que el hombre no está hecho para mantener, por
ello la vida de los santos es más arriesgada, y en ocasiones nos parecemos a ellos, cuando una
pasión nos embarga. ¿Acaso debía llorar sobre mi persona y sustituir a la muerta en pensamiento?
Todos los desconsolados acaban así, siento que valgo más que mis pesares…
Pronto ya no me será posible pensar en Señora Madre, los trabajos y los días vuelven a
reivindicarse, volveré a ellos por cansancio y la memoria de la muerta se borrará en un símbolo.
Me libró del peso de la fatalidad que hace del espíritu un esclavo por voluntad propia, es ahora
cuando seré la persona en que no podía convertirme bajo su dominio, y el eterno niño que parecí
mientras ella vivía muere del todo junto con ella. Creo que son dos muertos los que van a quemar
juntos: aquel que fui para ella, se lo lleva y le doy gracias por librarme de él.
El dolor está en todas partes y el primer deber consiste en evitarlo, es la moneda del amor, el
amor y el dolor caminan sobre la misma línea, mientras menos amamos menor es la amenaza, es
propio del amor degenerar en estremecimiento, entonces aprendemos a temblar por los demás y
cargamos con el yugo de la preocupación. Nuestro destino dormita en los ojos de las más
inocentes vírgenes, a la sombra de las más hermosas muchachas camina armada la servidumbre,
la ilusión renace en cada generación y los besos la prolongan, hace siglos y milenios que el único
remedio está en la continencia.
Les debemos respeto a las mujeres, les debemos un sinfín de cortesía, los que las insultan caen
bajo su yugo, y los que las atormentan acaban arrastrándose a sus pies: las honraremos para
evitarlas mejor, las ensalzaremos para alejarlas mejor y las divinizaremos para mejor aplastarlas
bajo su símbolo.
El remedio contra el dolor está en la trascendencia y ningún dolor puede resistirla, el camino no es
largo y nuestras virtudes sirven para abreviarlo, la recompensa de las virtudes está en la
disposición que imprimen a nuestras costumbres, y como la mayor parte del tiempo subsistimos
gracias a éstas, nuestras costumbres acabarán por naturalizar las virtudes menos naturales, somos
transformados y el resultado nos lo revela, el movimiento que nos transforma escapa a nuestro
entendimiento, en fin maduramos, y avanzamos imperceptiblemente del estado Natural al estado
de Gracia.
Mi duelo se irá borrando, mi dolor se mitigará, volveré al buen camino y lo que fue permanecerá,
aquello que en mi pasado adquiere forma ya no morirá del todo, el tiempo se ha suspendido para
ser recobrado, el presente me demuestra que ésa es mi tarea.
Todas las madres dignas de este nombre, todas las madres se parecen en tanto que todas son un
reflejo del Arquetipo, es el Arquetipo lo que reverenciamos en ellas, tiene perfecciones que la
persona como tal no posee, aunque la persona en sí suscite nuestra admiración. S
El sentido de lo eterno, aquellos que lo recobren serán consolados, y nada desanima a aquellos
que lo poseen. La vida es un soporte, no una razón, la vida es necesaria, mas no suficiente: ésa es
la lección que aprendemos de los muertos.
Señora Madre ha muerto y la Madre Eterna ha tomado su lugar. Es cierto que sólo se tiene una
madre, pero los elegidos saben que es una sola, una sola y la misma sin importar el país, el siglo o
la persona
Las mujeres más notables de la historia presentan ciertos rasgos característicos de las mujeres, ya
sean reinas unas y santas otras, debemos perdonárselos, es el tributo que su naturaleza debe al
orden y somos los autores del orden: el papel asignado por nosotros a la mujer, la mujer no lo
eligió, si se convirtieran en sacerdotisas y en amantes las mujeres nos impondrían otros aún más
humillantes, haciéndonos ver aún más pequeños de lo que ellas parecen, no debemos olvidar que
mientras tanto ellas son nuestras víctimas.
las lágrimas que brindamos a nuestros muertos nos las arranca nuestra complacencia y el hombre
se llora a sí mismo
Nunca volveremos a verlos y por eso mismo los amamos, la nada es el precio del amor y el amor es
la corona de la nada, es bueno que así sea, el tiempo y la persona se confunden, el amor y la nada
se corresponden, llamo sofistas a aquellos que nos engañan sobre ese tema. El aprendizaje del
consentimiento anuncia la grandeza, y la vida eterna es aquella que vivimos en este mundo, nunca
en otra parte, no existe otra parte cuando dejamos de ser. ¡He aquí lo que debemos enseñar, he
aquí lo que merecemos aprender y he aquí, sin embargo, lo que nos niegan e incluso por lo que
nos castigarían si llegáramos a creerlo!
Los muertos no sufren de estar muertos y los vivos sufren sólo porque viven.
Pues hasta en el dolor hay más presunción de lo que se cree, y más voluptuosidad de lo que se
reconoce. Al aislarnos, el duelo termina por reintegrarnos pues nos confiere un mayor peso:
entonces nos parecemos a cualquiera y una vez semejantes a todos, formamos junto con ellos una
masa de perdición, envueltos en las redes tejidas por el deseo, el miedo, el amor y el odio, títeres
de la ilusión y esclavos de la contingencia. En verdad, he roto la cadena, Señora Madre lo sabía,
puso a mi alcance los primeros elementos de dicha libertad, que a su vez me librarán de su
memoria.
El rechazo al amor nos eleva por encima de nuestros padres, esto Señora Madre lo sentía y yo se
lo insinuaba, le señalaba con mucha dureza que lo que me había transmitido no merecía ser
difundido, al contrario nuestro deber mutuo era desaparecer para que nuestros dolores fueran
enterrados junto con nosotros.
BREVARIO DEL CAOS
La muerte es nuestra unica certeza y siempre sabemos que vamos a morir, no importa cuando y
no im-porta donde, no importa la manera. La vida eterna es un sinsentido, la eternidad no es la
vida, la muerte es el reposo al que aspiramos, vida y muerte estan ligadas, aquellos que demandan
otra cosa piden lo imposible y no obtendran mas que humo como su recompensa.
La soledad es una de las escuelas de la muerte y el comiin no asistira a ella nunca, la integridad no
se obtiene en otra parte, es tambien recompensa de la sole-dad y si fuera necesario clasiflcar a los
hombres, los hombres formarian tres razas: los sonambulos, que son legion; los razonables y
sensibles, que viven sobre dos pianos y que, sabiendo lo que les falta, se esfuerzan en buscar lo
que no encuentran; los religiosos nacidos dos veces, quienes cami-nan hacia la muerte con igual
paso para morir solos y para morir por completo, cuando por ventura no escogen el momento, el
sitio y la manera, con el fin de marcar su des-precio por las contingencias. Los sonambulos son los
idola-tras; los razonables y sensibles, los creyentes; los religiosos nacidos dos veces adoran
mentalmente aquello que los pri-meros no imaginan y que los segundos no conciben, pues ellos
son plenamente hombres y como tales, no iran a bus-car aquello que han encontrado, ni lo
adoran, puesto que lo son ellos mismos
A cada vuelta de rueda, las ciudades, que nosotros habitamos, avanzan imperceptible-mente la
una contra la otra aspirando a confiindirse, es una marcha hacia el caos absoluto, en el rumor y en
el hedor. A cada vuelta de rueda el precio de los terrenes sube, y en el laberinto absorbente del
espacio libre las ganancias a la in-version elevan, dia a dia, un centenar de muros. Ya que es
necesario que el dinero trabaje y que las ciudades, que noso-tros habitamos, avancen, es todavia
legitimo que en cada generacion sus casas doblen su altura y el agua venga a fal-tarles cada dos
dias. Los constructores solo aspiran a sus-traerse al destine, que ellos nos preparan, yendo a vivir
al campo.
El orden no es amigo de los hombres, se limita a regentarlos, rara vez a civilizarlos, y aiin mas rara
vez a humanizarlos. No siendo infalible el or-den, es a la guerra a quien corresponde un dia
reparar sus faltas, y porque el orden contimia multiplicandolas mas y mas, vamos hacia la guerra,
la guerra y el future parecen inseparables. Esta es la unica certeza: la muerte es, en una palabra, el
sentido de toda cosa y el hombre es una cosa frente a la muerte, los pueblos lo seran de igual
forma, la Historia es una pasion y sus victimas legion, el mundo, que nosotros habitamos, es el
Infierno moderado por la nada, donde el hombre, negandose a conocerse, prefiere inmolar-se,
inmolarse como las especies animales demasiado nume-rosas, inmolarse como los enjambres de
langostas y como los ejercitos de ratas, imaginandose que es mas sublime morir, morir
innumerable, que reconsiderar finalmente el mundo que habita.
^Creen nuestros jovenes que aquí en la Tierra es suficiente declarar la paz al mundo para que el
mundo los escuche? Nosotros estamos en el Infierno, y no tenemos otra eleccion mas que la de
ser condenados atormentados o ser los diablos encar-gados de su suplicio.
Es por la muerte que nosotros vivimos, es por la muerte que nosotros amamos y es por ella que
nosotros engendramos y que nos afanamos, nuestros trabajos y nuestros dias se suce-den desde
ahora bajo la sombra de la muerte, la disciplina que observamos, los valores que mantenemos y
los proyec-tos que formamos responden todos a un mismo desenlace:
La muerte. La muerte nos segara maduros, maduramos por ella y nuestros descendientes, que no
seran mas que un pu-nado de hombres en la superficie de esta ecumene en ceni-zas, no pararan
de maldecirnos, acabando de quemar todo eso que nosotros adoramos. Adoramos a la muerte
bajo fi-guras prestadas y no sabemos que es ella, nuestras guerras son sacrificios de alabanza en
los que nos inmolamos en honor a la muerte, nuestra moral es una escuela de la muer-te y las
virtudes, a las que tenemos estima, no habran sido jamas mas que virtudes de muerte. No salimos
de ahí, no podemos cambiar el orden del mundo, estamos condena-dos a cargar aquello que nos
aplasta, apoyando eso que nos desmiembra, no nos resta mas que perecer o matar, antes que
morir nosotros mismos, aunque fuesemos los liltimos, una tercera via, lo digo en alto, es
imposible.
Cuando se quiera saber cuales fueron nuestros dioses verda-deros, sera necesario juzgarnos segiin
nuestras obras y jamas segiin nuestros principios.
Porque las ideas estan mas vivas que los hombres, es por las ideas que los hombres viven y es por
ellas que moriran sin murmurar. Ahora bien, todas nuestras ideas son mortlferas, ninguna de ellas
obedece a las leyes de la objetividad, de la mesura o de la coherencia, y nosotros, que
perpetuamos es-tas ideas, caminamos hacia la muerte como automatas.
Nuestros jovenes seran los primeros en perecer, saben que son victimas rituales, consideran al
universe destituido de sentido y no podemos desaprobarlos, nuestra mala fe crece sin cesar y nos
hace vacilar en nuestras respuestas. ^Que les diremos de ahora en adelante? El dialogo es
imposible, por-que ellos tienen razon y seran incluidos con los locos, los tontos y los mentirosos en
un mismo destine. Por mas que la nueva revelacion nos parezca mas que necesaria, antes es
necesario que el escandalo explote y que nuestras mortlferas ideas agoten su demencia exhalando
su malignidad, no elu-diremos la catastrofe, ella esta en el orden y nosotros somos los complices,
preferimos la catastrofe a la reforma, antes elegimos inmolarnos que repensar el mundo y no lo
repen-saremos mas que en medio de las ruinas.
Incluso hoy que el mundo estalla y que la tierra falta a los hombres, su sueno es el de construir
casas de cincuenta pisos y el de industrializar la ecumene, bajo el pretexto de garantizar las
necesidades de esos miles que na-cen, pues les son necesarios siempre mas vivos, siempre, a
pesar de lo que afirman. Ellos organizan metodicamente el Infierno, en el que nosotros nos
consumimos, y para impe-dirnos reflexionar, nos ofrecen unos espectaculos imbeciles, donde
nuestra sensibilidad se barbariza y nuestro entendi-miento acabara por disolverse, iran a
consagrar estos juegos presidiendo su mania con toda la pompa conveniente. Vol-vemos al circo
de Bizancio y ahí olvidamos nuestros verda-deros problemas, pero sin que estos problemas nos
olviden, los encontraremos manana, y sabemos ya que mientras scan insolubles iremos a la guerra
Si existe un Dios, el caos y la muerte figuraran entre Sus atributos, si no lo hay no cambia nada, el
caos y la muerte se bastan hasta la consumacion de los tiempos. Sin importar lo que se alabe, se es
presa de la sombra y de la disolucion, sin importar lo que se adore, no se evitara nada, los buenos
y los malos no tienen mas que un destine, un solo abismo acoge a los santos y a los monstruos, la
idea de lo justo y de lo injusto no ha sido nunca mas que un delirio, al cual esta-mos atados por
razones de conveniencia. En realidad, la fuen-te de las ideas religiosas y morales esta en el
hombre, buscarla fuera del hombre es un sinsentido, el hombre es un animal metafisico y quisiera
que el universe no existiera mas que para el, pero el universe lo ignora y el hombre se consuela de
esta ignorancia poblando la superficie de dioses, dioses hechos a su imagen. Asi, nosotros
llegamos a vivir conten-tandonos con razones huecas, pero estas razones tan bellas y tan
consoladoras se disuelven en nada cuando nuestros ojos se abren sobre la muerte y el caos, en los
cuales vivimos envueltos y siempre amenazados. La fe no es mas que una vanidad entre las
vanidades y el arte de enganar al hombre sobre la naturaleza de este mundo.
La fe no salva mas a los hombres, ,;que digo?, ella los preci-pita delante de su muerte, la fe no es
mas que una golosina y una fornicacion, pero golosina y fornicacion no nos ense-nan a reflexionar.
Pues no se trata ya de entregarse, eso seria demasiado facil; no se trata ya de cargar su cruz, eso
seria demasiado comodo; no se trata ya de imitar a tal y menos todavfa de seguirlo, eso no seria
mas que un camino de hui-da: se trata, en adelante, de repensar el mundo y de valorar nuestra
evidencia, de medir y de pesar y de arrojar nuevos fundamentos, estos deberes son mas
importantes que los otros. Ahora bien, no parecen al alcance de la mano de la mayoria de los
hombres, tambien la mayor parte de los hu-manos, no pudiendo cumplirlos, seran culpables y
castiga-dos, sin siquiera entender esto que les pasa. La masa de perdicion es la obra del caos, ella
es caos y regresa al caos, no tenemos que llorar por su muerte, porque ella es la legion de las
sombras y porque las sombras abortadas no tienen mas que un semblante de vida en el seno del
equfvoco: es por estas sombras por las que las religiones fueron hechas, las consolaban de su
abyeccion, pero ellas perpetuaban su abyeccion.
la buena voluntad no basta para preservar un orden que el futuro rechaza y que se perpetua
agotando nuestra evidencia, orden de muerte y en el que el caos sera legatario.
No podemos evitar la desdicha ni su logica sin defecto, esta-mos condenados a sufrir el desarrollo
de las fases, unas pre-visibles, otras imprevistas, no detendremos el movimiento que nos lleva: los
hombres continuaran engendrando, las mujeres pariendo y para alimentar la masa de perdicion
todo sera empleado y el futuro hipotecado. Nuestros descendien-tes, reducidos a alguna fraccion
mfima de la humanidad presente, heredaran un mundo devastado, cuya belleza no sera mas que
un recuerdo, pasaran siglos restaurandolo, li-mitaran sus nacimientos, a fin de que el suelo repose
y las aguas se purifiquen, no se daran a la tarea de violentar esta eciimene ni de buscar dioses y las
leyes de estos, no inmola-ran mas esta evidencia a la ilusion de la trascendencia, per-maneceran
fieles a laTierra, obligando al Cielo a santificarla
Nos volvemos cada vez mas conservadores y llegamos a mantener las antiguallas mas caducas y
mas vergonzosas, nuestras revoluciones son pu-ramente verbales y cambiamos las palabras para
darnos la ilusion de reformar las cosas, tenemos miedo de todo y de nosotros mismos,
encontramos la manera de eliminar la au-dacia exasperando la audacia y de tener ocupada la
locura exagerando la locura, no nos oponemos a nada y lo aborta-mos todo, es el triunfo de la
desmesura enfeudada en la impotencia. Con esto, vamos a la muerte, digo: la muerte universal,
excepto unos cuantos, comisionada para cerrar la Historia. Nuestras tradiciones nos lo habran
profetizado, estas tradiciones son coherentes y cuando las traducimos ri-diculamente, actuamos
de mala fe, ninguna seguridad pre-valece sobre sus anuncios y ninguna probabilidad las excluye.
Nuestras tradiciones no habian mentido, porque eran hu-manas y conocian al hombre, a pesar de
su ignorancia del mundo, y nosotros, que conocemos bien el mundo, a tal grado que lo
violentaremos cada vez mas, comenzamos a ignorar al hombre, no por falta de medios, sino en
razon de un vuelco de animo que nos ciega sobre nosotros mismos.
El hombre siendo superado, solo puede ser miserable y nos rehusamos a convenir en ello, esta
miseria nos molesta, con-traria nuestras intenciones y la exorcizamos, le huimos y reculamos, pues
ella anuncia el fracaso de nuestras obras.
Ahora bien, la superacion es nuestro idolo y sacrificamos ante ella la coherencia, renunciamos por
amor a ella a la idea de sintesis, quemaremos uno tras otro nuestros valores y nuestras razones de
vivir, pero el idolo es insaciable y esta-remos obligados a ofrecernos en holocausto. Eso que nues-
tros jovenes desesperados habran aprendido a hacer, nosotros lo haremos manana por millones,
la concretizacion sera el acto por excelencia donde la locura y la sabiduria operaran, en una
superacion suprema, su sintesis, a fin de que la muerte sea la linica viva y el caos el linico vestido
con los atributos del orden.
Es el estatuto fa-miliar el que deberemos cambiar un dia de arriba abajo, pues las familias
tradicionales son proliferantes y todos los moralistas publicaron su alabanza. A esos moralistas les
que-remos tomar la palabra y, volviendose criminal la fecundi-dad, prevaleceremos un dia contra
el crimen, trastornando el estatuto familiar. A lo que se anade que la escuela de la servidumbre no
reside en otra pane y por ello los tiranos aman las familias tradicionales, donde la mujer es
sirvienta y los ninos siibditos, pero el padre —sea obsceno, ridiculo y miserable— es el amo en su
casa y el arquetipo de nuestros principes, si, ;el modelo viviente de nuestros dioses y de nues-tros
reyes! Este arreglo ha durado demasiado, la masa de perdicion es la consecuencia de ello.
Somos huerfanos y no que-remos escuchar eso, buscamos en todas partes padres y madres, se
nos promete eso hasta en el Cielo, y nosotros los invocamos desde el fin de estos abismos donde
el orden moral nos hace subsistir. En el universe future no sera una masa de perdicion, no porque
los hombres seran todos Felices, sino porque ya no sera mas una masa. Con cien millones de
humanos laTierra seria el Paraiso; con los miles de millones que la devoran y la deshonran ella sera
el Infierno de polo a polo, la prision de la especie, el cuarto de tortura universal y la cloaca llena de
locos misticos subsistiendo en sus dese-chos. La masa es el pecado del orden, es el subproducto de
la moral y de la fe, eso basta para condenar el orden, la mo-ral y la fe, pues no sirven mas que para
multiplicar a los hombres y convertirlos en insectos.
Las virtudes no nos salvan del orden y el orden se sirve de ellas para perdernos, actualmente
somos los enganados de un sistema que nos extravia en cuanto a nuestros intereses y nos sacriflca
a los suyos, persuadiendonos tambien de que son los nuestros.
Asi nosotros creemos hacer todo bien y abusamos a cual mas, la locura siendo nuestra
recompensa y nuestro ambiente la estupidez, donde la ignorancia parece el deber primero, a fin
de que la mentira y el calculo tengan las manos libres.
Ya que no saldremos de nuestra Historia salvo si la agotamos y no la agotaremos mas que con la
ayuda de nuestras inmolaciones, sera nece-sario que el mundo entero se vuelva un cementerio
para que el cambio de sensibilidad lo logre, no abdicaremos por me-nos, preferimos nuestra
desdicha que la reforma y lo proba-remos, armas en manos seguiremos siempre a esos que nos
ensenaran el camino de la muerte y estaremos orgullosos de seguirlos.
El mundo que nosotros habitamos es duro, frio, sombrio, injusto y metodico, sus gobernantes son
o imbeciles pateti-cos o profundos perversos, ninguno esta mas a la medida de esta epoca,
estamos rebasados, seamos pequenos o grandes, la legitimidad parece inconcebible y el poder no
es mas que un poder de hecho, un peor de los casos al cual nos resigna-mos. Si se exterminara, de
polo a polo, a todas las clases dominantes, nada habria cambiado, el orden instaurado aqui hace
cincuenta siglos no seria siquiera turbado, la marcha a la muerte no se detendria ya un solo dia y
los rebeldes triun-fantes no tendrian mas que la opcion de ser los legatarios de las tradiciones
caducas y de los imperativos absurdos. La farsa se acabo, la tragedia comienza, el mundo se hara
cada vez mas duro, mas frio, mas sombrio y mas injusto, y, pese al caos invasor, cada vez mas
metodico: es tal la alianza del espiritu de sistema y del desorden que su caracter me parece menos
cuestionable, jamas se vera mas disciplina y mas absurdidad, mas calculo y mas paradojas, en
suma, mas pro-blemas resueltos, pero resueltos en pura perdida.
No podremos cambiar nuestras ciudades mas que aniqui-landolas, y sea esto con los hombres que
las pueblan, y ven-dra la hora en la que aplaudiremos este holocausto. Entonces no recularemos
ya ante nada y habra quien se mostrara el mas barbaro, nos volveremos los sacerdotes del caos y
de la muerte, es el orden quien sera nuestra victima y nosotros la inmolaremos para que el
absurdo cese, llevaremos mas lejos las plagas naturales y doblaremos su malignidad. Asi casti-
garemos a aquellos que han nacido indeseables y que se jac-tan de multiplicarse aiin, les
ensenaremos que vivir es un abuso, jamas un derecho, y que merecen perecer, porque ocupan
demasiado espacio aumentando la fealdad del mun-do, abrumado por un excedente de hombres.
Queremos res-taurar y por eso sonamos con destruir, queremos reencontrar una armonia y por
eso armamos el caos de nuestro amor, queremos renovarlo todo y por eso no dispensaremos ya
nada. Pues si los vivos eligen la opcion de ser unos insectos y de pulular en las tinieblas, el rumor y
el hedor, estamos ahí para impedirselos y salvar al Hombre exterminandolos.
La pros-peridad de los paises ricos no durara eternamente en el seno de un mundo que se hunde
en una miseria absoluta, y como es demasiado tarde para sacarlo de ahí, no tendran mas que la
opcion de exterminar a los pobres o de ser pobres a su vez, ellos mismos no evitaran ya el caos y la
muerte, si por ven-tura se deciden por la solucion mas barbara. Asi, por mas que se emprenda, no
se llegara mas que al horror, y al no comunicarse con nosotros el espiritu de las causas, seguire-
mos infaliblemente a Icaro en su caida o a Faeton en su abismo, yo no creo ya en el futuro de la
ciencia y al no ser la mutacion del hombre mas que una doble quimera, nuestros descendientes
deberan recuperarse sobre el caos y sobre la muerte, en la que nosotros vamos a perdernos.
El mundo es feo, lo sera cada vez mas, los bosques caen bajo el hacha, las ciudades crecen
engullendolo todo, y por do-quier los desiertos se extienden, los desiertos son tambien obra del
hombre, la muerte del suelo es la sombra que las ciudades proyectan a la distancia, se une a eso
en el presente la muerte del agua, despues sera la muerte del aire, pero el cuarto elemento, el
fiiego, subsistira para que los otros scan vengados, es por el fiiego que moriremos en nuestro
turno.
Caminamos hacia la muerte universal y los mejor enterados lo saben, saben que no hay remedio a
esas calamidades des-encadenadas por las obras, son tragicos entre los frivolos, guardan silencio
entre los charlatanes, dejan esperar a unos eso que otros les prometen, no se enredan en advertir
a los primeros ni en confundir a los segundos, juzgan que el mun-do es digno de perecer y que la
catastrofe es preferible a esta expansion en el horror absolute y en la fealdad perfecta, que no nos
seran evitadas mas que al precio de la ruina. jQue la ruina sea y que la disolucion se concluya!
Preferimos lo irre-parable que la supervivencia en un fracaso recomenzado.
Nosotros odiamos un mundo colmado de insectos, y aque-llos que juran que estos son hombres
mienten: la masa de perdicion no ha sido jamas de hombres, sino de rechazados, y ,;desde cuando
un automata espermatico debe ser mi pro-jimo? Si es necesario que este sea mi projimo, yo digo
que mi projimo no existe y que mi deber es el de no asemejarmele en nada. La caridad no es mas
que un engano y los que me la ensenan son mis adversaries, la caridad no salva un mun-do repleto
de insectos que no saben mas que devorarlo, manchandolo de su basura: no es necesario ni
prestarles asis-tencia ni poner impedimento a las enfermedades que los diezman, mientras mas
mueran, sera mejor para nosotros, pues no tendremos necesidad de exterminarlos nosotros mis-
mos. Entramos en un futuro barbaro y debemos armarnos de su barbaric, para estar a la medida
de su desmesura y resistir a su incoherencia, no tenemos mas que la eleccion de mantener o de
abdicar, debemos golpear hoy a aquellos que golpearan manana, tal es la regla del juego y esos
que nos imploran nos castigarian pronto por haberlo olvidado.
La masa de perdicion, he aqui el pecado del orden y si la masa ha invadido todo, contaminado
todo, marchitado todo, infestado todo, ofuscado todo, vuelto todo peor que el caos mismo al
punto de volver el caos mas deseable, es porque el orden tenia necesidad de ella. El orden, que
nosotros servi-mos y que nos en via al suplicio, el orden tiene necesidad de productores y de
consumidores, no de hombres enteros, los hombres enteros lo incomodan, preferira siempre los
en-gendros, los sonambulos y los automatas, su crimen esta ahi, el orden es a la vez pecador y
criminal, no le debemos mas que la flama, es por el fuego que el orden perecera.
jSanto, santo, santo es el fuego, que nos liberara del mons-truo y de sus obras monstruosas! jQue
amable es el caos vengador! jY que bella la segunda muerte! ;Y que dichosos somos de esperarles
y de saber que uno y otra son inevita-bles! En verdad, de aqui en adelante somos los conformistas
de nuestros mananas.
el hombre no esta aquf en la Tierra para producir y para consumir, producir y consumir nunca han
sido mas que el accesorio, se trata de ser y de sentir que se existe, el resto nos envilece al nivel de
las hormigas, de las termitas y de las abejas. Rechazamos la suerte de ser insectos sociables, a lo
que las ideologias de moda nos consagran, preferimos el caos y la muerte, y sabemos que estan en
marcha, sabemos que nuestras ideologias, por su parte, se precipitan inexora-blemente al
encuentro de la muerte y del caos, cuando ellas se jactan de instaurar el Paraiso sobre la Tierra, el
Paraiso perdido que reencontraremos sobre la tumba de las masas, de las masas de perdicion.
Somos ya demasiado numerosos para vivir, para vivir no como insectos, sino como hombres;
multiplicamos los de-siertos a fuerza de agotar el suelo, nuestros rios no son mas que sentinas y el
oceano entra a su vez en agom'a, pero la fe, la moral, el orden y el interes material se unen para
conde-narnos a ser tribu: para las religiones son necesarios los fie-les, para las naciones los
defensores, para los industriales los consumidores, es decir, que son necesarios nifios para todo el
mundo, sin importar eso en lo que se convertiran, adul-tos. Somos empujados por el lomo al
encuentro de la catas-trofe y no podemos mantener nuestros fundamentos salvo yendo a la
muerte, jamas se ha visto paradoja mas tragica, jamas se ha visto absurdo mas manifiesto, jamas
la prueba de que este universe es una creacion del azar, la vida un epifenomeno, y el hombre un
accidente, ha recibido mayor confirmacion general. No hemos tenido nunca un Padre en el Cielo,
somos huerfanos, nos toca a nosotros comprender-lo, a nosotros volvernos mayores, a nosotros
rehusar la obe-diencia a aquellos que nos enganan e inmolar a aquellos que nos consagran al
abismo, pues nadie nos redimira si no nos salvamos nosotros mismos.
La logomaquia, llamada dialectica, per-mite demostrar no importa que, segiin las necesidades del
momento y el interes de sus demostradores, porque abole los puntos de referencia junto con las
posibilidades de resis-tencia: es la maquina para producir el caos y aunque fuese en nombre del
orden, es verdaderamente el ultimo esfuerzo de nuestro entendimiento puesto al servicio del
absurdo y gracias al cual la disolucion tiene el campo libre, sus promo-tores seran los ultimos en
perecer, despues de haber inmola-do todo, continuando asi sintiendose importantes en la nada
Desafiamos a la Historia con el solo fin de poder negar la evidencia y perseverar en nuestras
ilusiones, creemos en el milagro, y aunque fiiese abandonandonos a la fatalidad, nos dejamos
llevar hacia eso que nos entusiasma, con la esperanza de un cambio que nada justifica, fuera de
esta fe que nosotros te-nemos en la Utopia. Se trata de una especie de delirio que se ha
apoderado de las mentes mas frias, mas matematicas y mas cinicas, es el rescate que ellos pagan
al idealismo y el futuro se burlara de estos profundos calculadores y de estos pretendidos
dialecticos, a la merced de ideas oscuras y con-fusas. Ningiin responsable tiene entre nosotros el
valor de prever la catastrofe y menos todavia de reconocerla, el im-perativo categorico de estos
tiempos es el optimismo y aun-que sea sobre los bordes del abismo, hemos vuelto a la magia
verbal, conjuramos y exorcizamos, lo mas extrano es que el ridiculo de nuestras actitudes parece
estar en adelante en el orden, nuestros Jefes de Estado no son mas que taumatur-gos y nosotros
no seremos ya, bajo ellos, mas que victimas consintientes.
Nuestros maestros de pensar no salen ya de la logomaquia y cuando ellos han reemplazado tres
docenas de palabras que nosotros entendemos por tres docenas de desconocidas, y mediante las
cuales ellos forma-ran un cddigo para su propio uso, nos ensenan que ellos han cfeado nuevas
bases y que nos conviene pagarles un tribute dc admiracion. Nunca las explicaciones del mundo
fueron tan miserables, los pesos y las medidas son falsos, los puntos de referenda todos
problematicos, por no hablar de la aceptacion de los te’rminos, entramos en el caos de las ideas y
es a lo que la prostitucion de las palabras nos enca-mina. Nadie es mds de lo que es y cada uno se
desea otro, rehusando volverse eso que aparenta parecer, de ahí cien trampas inconcebibles de
las que los autores pierden la pista en medio de las ilusiones que los envuelven. La consecuen-cia
de ello es un estupor universal y si se escuchara la leccion de la Historia, se sabria que del estupor
a la estupidez el camino es uno de los mas resbaladizos.
La humanidad, manana, sera el resto precioso que se querra siempre resto, mientras que la
supersticion del mimero se extinguira hasta la consu-macion de los siglos y esta sera la leccion de
la Historia que se preferira recordar: "No crezcan y no se multipliquen nun-ca, la fuente de la
desdicha es la fecundidad, teman agotar los recursos de la Tierra y mancillar su vestido de
inocencia, rechacen la suerte del insecto y recuerden a esos seres frus-trados que el fuego
consumio por miles de millones, que subsistian en medio de la basura y bebian sus deyecciones,
de a cinco o seis en un cuarto, en una legion de ciudades monstruosas invadidas por el rumor y el
hedor, donde ni un arbol crecia. Esos fueron sus padres, rememoren su abyeccion y no se inspiren
en su ejemplo, desprecien su moral y recha-cen su fe, igualmente inmundas, ellos fueron
castigados por haber permanecido ninos y por buscar un Padre en el Cielo.
El Cielo esta vacio y ustedes seran huerfanos para vivir y para morir como hombres libres".
Asi como el abismo llamara al abismo, y nosotros llevamos en nosotros la voluntad de muerte, de
la cual no somos amos, nos imaginamos que el furor de vivir nos anima, pero este furor se
convierte en su contrario y este desenfreno nos con-sagra al precipicio. El orden esta mas loco de
lo que cree, es mas tonto de lo que se figura y nosotros, quienes lo apoya-mos, probamos que se
nos asemeja, el orden no se concibe mas de lo que nosotros nos concebimos a nosotros mismos,
es el ciego llevando a los ciegos que somos. Nada es mas espantoso que este cuadro, pero solo el
futuro lo contem-plara, nosotros no tendremos nunca la inteligencia para ello, cumplimos nuestro
deber y lo disfrutamos, militamos y dormimos, nuestros anarquistas son los unices a los que este
acuerdo sorprende y rehiisan aprobar el arreglo, al cual en-tregaremos, sin murmurar, las manos,
los anarquistas tie-nen razon contra los hombres de orden. Los hombres de orden, sin embargo,
no pueden cambiar de sistema y el sis-tema los llevara al caos, ellos prefieren perecer victimas que
confesar su error. ,;De que les serviria, por lo demas, la con-fesion, no teniendo sus adversarios
nada que proponer?
Se me dira que soy inmoral, puesto que sacudo el eje de los valores e invierto los signos.
Reconozco mis errores, quiero declararme culpable y estoy conforme con perseverar en mis
gestiones: es que yo creo en el orden de nuestros dias si-guientes, este orden del cual yo soy uno
de los profetas y en el que nuestros descendientes reencontraran eso que habian profesado los
hombres arcaicos. Soy uno de los restauradores de eso que existio en los comienzos del mundo, el
orden segiin las mujeres es mas antiguo que este que nosotros ob-servamos y yo reanudo con
aquel, derribo nuestros funda-mentos con el solo fin de poner al dia eso que los sostiene e incluso
edifice ahí encima una Ciudad manana intemporal.
Aprenderemos a costa nuestra que la salvacion, el progreso y la superacion son ideas inadmisibles
en el instan-te en el que la mesura no es observada, y ,;c6mo se puede hablar de mesura en el
universe que varies miles de millo-nes corroen y manchan? El mundo perecera para que los
hombres en demasia mueran, sabemos de ahora en adelante que los ninos pequenos, que nacen,
son culpables, son cul-pables de estar aquí, el crimen no es mas consagrarlos a la nada, el crimen
fue darlos a luz. La vida no es sagrada a partir del momento en el que los vivos pululan, la de los
hombres en demasia no tiene mas valor que la de los insec-tos, y los soldados muertos en la
guerra no son mas ante los ojos de aquellos que los llevan a ella.
Si los hombres no esperaran nada, su suerte no seria ya la misma, si los hombres no creyeran en
nada, su condicion quiza cambiaria: asi la esperanza y la fe no anaden mas que a sus males, pero
hacen Felices a sus amos, y los religiosos, a pesar de su santidad, solo pueden ser los perros
guardianes.
El Dia del Juicio, ni la esperanza ni la fe serin perdonadas, ante la vista de los muertos que ellas
hicieron nacer y de los agonizantes a los que inducen a multiplicar su semilla hasta el ultimo
respiro. Que si los hombres no esperaran nada, las mujeres envejecerfan esteriles, que si los
hombres no creye-ran en nada, preferirian los vicios a la fecundacion, los vi-cios los volverian
menos desdichados que el deber, el deber es mucho peor que los vicios, el deber es un
establecerse en la calamidad. La verdad es puesta aquí al desnudo, ponerla al desnudo siempre
fue castigable y se entiende por que, ya que el orden necesita de la esperanza y es por el orden
que esta es consumida, el orden necesita aun mas de la fe, y es tan solo por el que la fe vive y que
los hombres viven multi-plicando la vida…
El Nacionalismo es una enfermedad universal cuya cura-cion sera la muerte de los freneticos, no
podemos subsistir en un mundo cada vez mas estrecho con ideas tan perjudi-ciales, y en
consecuencia pereceremos. El historiador del future dira que la naturaleza se ha vengado de los
pueblos comunicandoles un espfritu de vertigo, y que el Nacionalis-mo es un frenesi igual al que se
apodera de las sociedades animales, vueltas demasiado numerosas. Nosotros somos demasiado
numerosos y queremos morir, nos es necesario un pretexto noble y helo aquí encontrado, es el
carácter, el mas perfecto que existe, de la posesion y de la alienacion que nos permite entregarnos
crecientemente, segiin las ne-cesidades, a los actos mas despreciables, nos embriaga de nosotros
mismos consagrandonos al sacrificio, nos vuelve monstruosos candidamente, autoriza a nuestras
virtudes a prevenirse del atributo de todos los vicios y —lo que es me-jor— escogera para
nosotros eso que deseamos y no osamos elegir. Estamos completamente perdidos, la enfermedad
no perdona ya a ninguna nacion y todos los paises se parecen hasta en el tipo de furor que los
opone y los anima a degollarse unos a otros.
Nos hemos vuelto frivolos y la frivolidad no es un buen augurio, nuestros juicios sienten los efectos
del horror que nos devora y que nosotros desmentimos quiza como ultimo recurso
La voz profunda, que perciben todos aquellos que no son sordos, nos advierte eso que nos espera,
sabemos que el mal no tiene remedio y que la creencia en el milagro es una im-piedad, sabemos
que no subiremos de nuevo la pendiente y que aceptaremos descenderla por razones en
apariencia vali-das, sabemos que vamos a estallar de polo a polo y a perecer en el abrasamiento
que nuestras ideas preparan a la par de nuestros medios. Pronto el caos sera nuestro comun
deno-minador, lo llevamos en nosotros y lo encontraremos en mil lugares al mismo tiempo, en
todas partes el futuro del orden sera el caos, el orden ya no tiene sentido, no es mas que una
mecanica vacia y nos consumimos en perpetuarla, con el fin de que ella nos consagre a lo
irreparable. Elevamos un tem-plo a la Fatalidad, lo honramos con sacrificios y la hora en la que nos
ofreceremos nosotros mismos no esta lejos, el mun-do esta lleno de gente que suena con morir,
arrastrando a los otros a la muerte. Se diria que los hombres en demasia destilan un veneno que
se extiende sobre el universo y que vuelve la eciimene inhabitable. Asi el Infierno, lejos de ser la
nada, es la presencia.
Esto nos muestra tambien que la moral no vale nada y que la fe no es divina, las dos estan al
servicio de nuestros amos y no tenemos peores enemigos que aquellos que nos diri-gen. A los
amos les son necesarios los esclavos, mientras mas numerosos son los esclavos, mas se
enriquecen los maestros, todo medio para que las mujeres se embaracen y los ninos nazcan les va
bien, el despoblamiento seria su ruina, prefie-ren que el universo estalle, el paro del movimiento
—que salvaria al mundo— seria en perjuicio suyo. Somos en el mundo las victimas de nuestros
desholladores y cuando cree-mos obedecer a Dios, obedecemos hombres, hombres que nos
conducen al caos y que no nos preservan de la muerte, hombres ignorantes, hombres impotentes,
pero que se nos imponen, en nombre de esas tradiciones que ellos mismos nos imponen. Pues
nuestras autoridades no saben nada, no pueden nada, no valen nada, no nos evitan nada y no se
ponen de acuerdo mas que para arrullarnos con embustes, con el solo fin de mantener los
privilegios adquiridos y per-petuar su establecimiento.
Nuestras supuestas autoridades religiosas y morales no sir-ven mas que para desarmarnos frente a
nuestra evidencia, se oponen al espiritu de nuestros medios porque este espiritu las haria caducas,
ellas no quieren que nosotros seamos ma-yores, no suenan mas que con perpetuar los errores que
las acreditan, nos predican la sumision y la confusion, desde ahora su obra no anade mas que a las
desdichas del mundo.
Si vamos a morir vergonzosamente, es por culpa suya, pues ellas traicionan como respiran, son
pesos amarrados a nues-tros pies que tomamos por fundamentos, que nos sostie-nen, su
inmolacion nos habria vuelto libres y no osamos romper con ellas en el momento propicio. Asi
nuestra fide-lidad nos condena y nuestra obediencia nos sentencia, es demasiado tarde y nada
repararemos, no eludiremos mas la catastrofe y nuestra consolacion suprema, a la hora de pere-
cer, sera la de ver perecer, bajo nuestros pies, a aquellos que nos arrastran al precipicio y a
quienes pisaremos al sucum-bir, para extinguir a la vez su recuerdo y su semilla. No ha-bra,
manana, mas que victimas, y tal es la justicia de la Historia.
Un mundo que aiin fiiera pagano no habria violentado la naturaleza, los Paganismos la
consideraban divina, como regla general adoraban los arboles y los manantiales; en lu-gar del
tiempo, que las religiones pretendidas reveladas po-nen en el centre de sus dogmas, los
Paganismos giraban sobre el espacio y, con algunas excepciones, preferian la mesura a la
trascendencia y la armonia a cualquier cosa. Las religio-nes que se dicen reveladas han establecido
sobre nosotros el fanatismo, y la cristiana, que lo ha llevado al extreme, ha divinizado la locura,
glorificado la incoherencia y legitima-do el desorden, en nombre de un bien mayor. Mientras estas
tesis espantosas no dispusieron mas que de medios sin al-cance, los hombres se adaptaron a ello,
pero desde que nues-tras obras les responden, probamos la enormidad de nuestros imperatives y,
mas aiin, su demencia. La idea de la encarna-cion es la mas monstruosa y el futuro buscara en ella
la causa eficiente de nuestras paradojas insolubles, uno de sus resul-tados es la violacion de la
naturaleza, para la cual la trascen-dencia nos prepara y que el odio de este mundo legitima: es
necesario no olvidar nunca que a los ojos de los Cristianos, Mundo, Carne y Diablo forman una
anti-Trinidad.
Es necesario redefinir al hombre y repensar el mundo, pero ya es demasiado tarde, aunque fuera
mas que para sonar con ello.
Tomaran al hom-bre por eso que no ha cesado de ser y no por eso que deberia ser, no iran a
recaer en las ilusiones del profetismo, renuncia-ran a perfeccionar un automata imperfectible,
concebiran que la espiritualidad no es el destine de la mayoria y que el error es comunicar una
misma ensenanza a todos, a la ma-nera de las religiones pretendidas reveladas. Es mejor que la
mayor parte permanezca idolatra y carnal, el mal preludia a partir del momento en el que los
culpamos y los forzamos a mentirnos mintiendose, es mejor que los simples asocien las
divinidades al gozo que a la penitencia y que el orgasmo sea para ellos lo que es la
transustanciacion para los Cristianos.
Tenemos siglos y milenios errando el camino y ahora es ne-cesario pagar, el desengano no basta, y
no estamos en posi-cion de reencontrar el Paraiso que perdimos, antes que de agotar eso que el
Infierno tiene de mas caotico y de mas tenebroso. Hemos permanecido aun ahora tan ciegos que
gustamos de adorar a los que persisten en extraviarnos, los perdonaremos siempre a pesar de sus
crimenes y de sus erro-res, nos adherimos siempre a su ensenanza absurda y vamos bajo su tutela
como si fueran pastores y nosotros desprecia-bles animales. Y sin embargo nos conduciran al
precipicio, estos hombres infalibles y que nosotros reputamos divinos, tenemos generaciones
confundidas y nos negamos a com-prenderlo, les ofreceremos en sacrificio nuestros intereses y
hasta nuestro honor, les inmolaremos pronto nuestro futu-ro, la Historia conoce pocas locuras tan
pronunciadas. Los sobrevivientes de la ultima catastrofe meditaran sobre nues-tra ceguera, ahí
veran el anuncio del fin al que nosotros es-tamos destinados, ahí discerniran una logica de la que
no sospechamos lo que esta en juego.
Porque la mayor parte de los hombres no han salido de la infancia temprana, les es necesaria una
Revelacion para los menores actos de su vida, son los dioses quienes deben, en ultima instancia,
exhortarlos a no ser fecundos, si la fecun-didad amenaza la supervivencia de nuestra especie: ni
los poderes civiles ni los academicos, plagados de sabios de re-nombre, tendran nunca la
autoridad que solo los dioses re-unen sobre sus cabezas. Ahora bien, nuestros dioses predican o la
continencia o la fecundidad, nosotros no queremos ni lo uno ni lo otro, deseamos que la carne
tenga derecho al placer en tanto tal y que este placer se vuelva agradable a los dioses tanto como
a los hombres, queremos que los dioses esten asociados al placer y que los hombres crean
honrarlos cuando lo disfrutan. Nos es necesaria una nueva Revelacion para un nuevo Paganismo,
un nuevo Paganismo salvara al mundo, al que las religiones pretendidas reveladas pierden en el
laberinto de sus paradojas, estas paradojas desde ahora insostenibles, estas paradojas desde
ahora ilegitimas, estas paradojas desde ahora absurdas. Es la fecundidad, no la fornicacion, la que
destruye al universo, es el deber y no el placer.
El siglo quisiera escogerlo todo y por eso no tenemos estilo, el siglo quisiera comprenderlo todo y
esa es la razon por la cual ya no saldra del laberinto, el siglo quisiera incluso hu-manizar a la masa
de perdicion en tanto masa y por eso vamos hacia la carniceria planetaria. Queremos lo imposi-ble
y dentro de poco ya no tendremos la sombra de lo posi-ble, desembarcaremos sobre la luna y
beberemos nuestras heces aquí en el mundo, nuestros ninos comeran manana cosas reputadas
inmundas, la vida que nos espera es tan ab-surda y tan horrible, que los mejores preferiran la
muerte, la locura y el caos al orden, un orden para la muerte segunda, y la locura perpetua y el
caos organizado. El orden por venir sera por mucho el mas inhumane que se haya visto jamas, el
mas habil para mentirnos y el mas infalible para enganar-nos, un monstruo tibio y metodicamente
informe, miste-rioso y piano, huidizo y despotico, y siempre devorando sin dejar de ser
incomprensible. Lo peor es que despues de ha-bernos enganado, no nos impedira estar hundidos,
pues aunque pueda abusar de nosotros, el es aiin la debilidad misma.
No evitaremos el abuso de este orden y el orden no nos evitara el caos ni la muerte, esta es la
logica de la situacion y demostramos que cincuenta siglos nos destinaban a ello. Los peores de
entre los humanos seran desde ahora los mas des-preocupados, el estado de nuestros asuntos les
permite bur-larse tanto de los justos y de los santos, como de los sabios y de los filosofos, los
peores de entre los humanos triunfan indiscutiblemente y, segiin la apariencia, no tienen siquiera
culpa, pueden burlarse impunemente de las formas que se desmiembran y de los valores que se
descomponen, en un desorden que invade ellos pueden apoyarse en el orden, pueden elevarse
por encima de todo cuando todo amenaza con hundirse, pueden vanagloriarse de haber elegido la
cara sombreada y de morir como los vencedores de la fiesta, ha-bran tenido su recompensa. No
tenemos ya maneras de de-fendernos de ello, ellos siguen la corriente que lleva al precipicio, y
nosotros, nosotros buscamos ir contracorrien-te, los unicos en remar contra el curso del agua, los
unices en oponernos al orden y los unicos en perseverar en el re-chazo de ser, de ser en el mundo
los instrumentos de la fle-xibilidad en medio de la masa, victima de sus imposturas.
Nadie nos ha dicho la verdad, la verdad ya no tiene defenso-res sobre la Tierra, ella es demasiado
dificil de concebir, y aquellos que la penetran seran cada vez menos numerosos.
El siglo ha visto la muerte de las ideas claras y distintas, no nos entendemos en cuanto a nada, mas
que en cuanto a los sobreentendidos, las conveniencias y los intereses, en todo lo demas los
equivocos tienen el campo libre. No nos enten-demos en cuanto a nada e incluso no creemos ya
en nada, para creer algo hoy en dia es necesario ser un alucinado, todos nuestros mas excelentes
espiritus se han vuelto tragi-cos, eso demuestra que ellos ya no tienen fe. La religion no es mas
que un elemento del orden y, lo que es peor, de un orden para el caos y para la muerte, los que se
esfuerzan en vivirla seran los herejes del manana, y manana la here] fa ates-tiguara a la fe vuelta a
ser sincera, vamos en cientos de luga-res al estallido de los sistemas, luego al hormigueo de las
sectas, pero no seremos salvados por el fervor de algunos ni por la espontaneidad de algunos
otros. Ya es demasiado tar-de, hemos entrado en el remolino, no escaparemos ya a esto que nos
arrastra y nos sabemos condenados.
Cuando escucho a nuestros pretendidos religiosos asestarnos sus simplezas y cuando veo a una
muchedumbre, menos hombres que rumiantes, prestar oido a estas tonterfas, com-pruebo que
nos volvemos estiipidos y que merecemos la suerte que nos esta reservada. Yo se que todos esos
rumian-tes cumplen su deber de bestias, que tiran del arado y que copulan, que mugen y que
paren becerros, que ellos entre-gan al Estado su leche y algunas veces su carne, pero yo quisiera al
fin que se les ocurriera humanizarse y preguntar-se si eso que se les ensena o predica vale un
comino. ,;C6mo es posible que ellos den’credito, si no fuera por costumbre, a este hato de fabulas
que son para caerse de sueno? <;No les da vergiienza estar ahí, no sienten en lo mas minimo que
se deshonran y que la cortesia en estos asuntos no es mas que una confesion de fracaso? El
confort intelectual, que ellos buscan, es imposible de encontrar en adelante y ninguna tradicion se
los asegura, solo la estupidez es capaz de pro-porcionarselos ,;Hemos caido tan bajo para que los
Jefes de Estado, a falta de legitimidad, se mezclen con la manada, representando la comedia ante
los rumiantes que llevan a pastar?
Nos piden insistentemente confiar y creer, debemos confiar en lo que sea, para poder confiar en
algo, debemos creer, inclu-so en eso que queremos, para poder creer en algo somos li-bres de
elegir entre las tonterias de nuestra conveniencia, siempre que scan estiipidas. Ahora bien, todos
los fines que se asigna la esperanza y todos los objetos que la fe se otorga tienen en comun serlo,
ser estupidos ahora y para siempre, ademas, imperdonables, pues no podemos permanecer im-
beciles una generacion mas entre medios que se han vuelto mas libres que nosotros mismos.
Las leyes de la naturaleza se burlan tanto de los exorcismos como de las oraciones y ahora que se
apren-de a conocerlas mejor, se vuelve criminal infringirlas y do-blemente si es por amor a los
segundos. La negativa de hacer sacrificios a los dioses y de honrar a sus sacerdotes, en ver-dad ya
no hara morir a nadie, pero la ignorancia de la ecologia y el desprecio de la biologia preparan a la
especie entera el future mas trdgico. Nuestras religiones son pestes y los po-deres que los apoyan
conspiraciones de envenenadores, nues-tra espiritualidad no es mas que una masturbacion de las
facultades mentales, en adelante necesitaremos de todos nuestros recursos si queremos
reconsiderar el mundo, un mundo donde el hombre sea el linico amo de la vida y de la muerte, el
linico, digo yo, que se me entienda bien, ya que la coartada metafisica acaba de expirar y no
podemos ocul-tarnos tras nuestra impotencia.
Yo hablo a esas vfctimas rituales que el orden para la muerte termina por inmolar, por inmolar en
nombre de la moral, de una moral que el sacrificio informa y que la sangre forta-lece, yo les aclaro
sobre el porque de su insurreccion y la legitimo incluso, yo los apruebo entonces y, sin embargo,
les aconsejo obedecer despues de todo, pues no basta tener razon, razon por todos los tiempos,
es todavia necesario so-brevivir al presente y durar hasta el momento en el que el future
comience.
No nos entenderemos sobre nada, porque nos faltara de todo, no evitaremos ni el Hambre ni el
Racismo y no podremos sustraernos a la primera mas que abandonandonos al se-gundo, un dia
nos volveremos Racistas para comer, seremos hombres de necesidad en el peor sentido de la
palabra, sere-mos Materialistas y Racistas, los dos principios van a unirse como se unen en
nuestros dias el Nacionalismo y el Socia-lismo. Pues las ideas juegan en el presente con los
hombres, convertidos en estiipidos, los hombres creen elegir y eso que han elegido los habfa
prevenido, los pueblos no son mas que los juguetes de sus ideas y los objetos de sus medios,
nunca parecieron mas esclavos, nunca mas poseidos ni mas alienados, y los profundos cinicos que
los guian no son menos estiipidos que sus rumiantes subditos. Nadie ve claramente, porque ya no
hay ideas claras y distintas, vamos a la catas-trofe y todos los caminos nos llevan a ello, estamos
en el presente todavia mas excedidos de paradojas, buscamos la simplicidad, no la encontraremos
mas que en la muerte y por eso manana la muerte no hara recular a nadie.
Somos justamente castigados por no haber reconsiderado el mundo, el mundo se nos escapa a la
hora en que lo humanizamos, se nos escapa porque no nos concebimos a nosotros mismos, y no
nos concebimos por miedo a profanar eso que aiin sonaremos. La profanacion nos hubiera
salvado, el valor intelectual hubiera puesto un alto a la fatalidad, convertida en nuestra
quintaesencia: los Anarquistas y los Nihilistas querfan hacer tabla rasa y el fu-ture les dara la
razon, pero el orden los aplasta y los aplasta-ra, mientras subsista el orden que nos protege y nos
protegera de la subversion, no del caos ni de la muerte, a los cuales nos ordena marchar cerrando
filas, unos contra otros, a paso de carga y en la noche que vamos a ensangrentar pront