Nihilismo y Crítica de La Religión en Nietzsche
Nihilismo y Crítica de La Religión en Nietzsche
Jacobo Muñoz
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JACOBO MUÑOZ NIHILISMO Y CRITICA DE LA RELIGIÓN EN NIETZSCHE
nombre, Nietzsche llegue incluso a autoasígnarse explícitamente el papel Esa ficción del no-destino se manifiesta en la ficción de un acceso a
de cronista del «necesario» advenimiento del nihilismo europeo, a la vez [as (presuntas) «verdades eternas». O, lo que es igual, en la tesis de que ía
que reclama para sí la condición de «primer nihilista consumado de verdad, lo verdadero, no son las cosas tal como aparecen o como hay que
.Europa». Un advenimiento necesario que no lo es, desde luego, por obra habérselas con ellas en la vida, sino que debe, por el contrario, acometer-
de la propia reflexión nietzscheana, sino de aquello de lo que ella misma se el intento, en el camino hacia esa presunta verdad, de tomar distancia
es también consecuencia: la sustancia nihilista del proceso civilizatorio respecto de las cosas de la vida inmediata. Sencillamente porque las cosas
de Occidente —de su religión, de su metafísica y de su moral— en cuan- no son tal como a primera vista se nos presentan, sino lo que sobre ellas
to proceso de progresivo autodesenmascaramiento —y, por tanto, de puede decirse en una teoría coherente. Esta sobrevaloración del acceso
vaciamiento y anulación última— de los valores, realidades supremas y lógico o teorético a lo verdadero significa, a la vez, una minusvaloración
criterios que siglo tras siglo han ido constituyendo su sentido. Y que por que, pensada hasta el final, lleva, en cualquier caso, a la depreciación de
mucho que aún perduren hoy, han perdido su wozu?, su para qué, con la vida y a la negación de este mundo nuestro en nombre de un mundo
una suerte de pérdida o desvalorización que reobra sobre ellos mismos. suprasensible o «mundo verdadero», constituido por múltiples formas
Porque son, en efecto, nuestros propios valores, los valores en los que (Dios, la esencia una e inmutable, el bien, la verdad o los valores superio-
hasta este momento nos hemos apoyado, ios que extraen en el nihilismo res a ía propia vida).
su última consecuencia. Por eso el nihilismo —que en uno de sus regis- Lo que al platonismo interesa no son las acciones individuales ni el
rros acaba por consumarse en el «todo carece de sentido»— es «la lógica posible efecto «retórico» del logos en una determinada situación, sino
pensada hasta el final de nuestros propios valores e ideales», algo que la teoría general en la que ha de ser explicado por qué determinadas
renemos que experimentar para poder ponernos, al fin, «en condiciones acciones deben ser hechas (en términos absolutos). Una acción no debe,
de percibir qué era realmente el valor de aquellos "valores"». en efecto, ser realizada por sí misma, sino por la justicia (o por algún
¿Qué son, pues, esas categorías, esos conceptos y esos valores cuyo otro valor/idea superior). Su enjuiciamiento debe ser realizado desde el
proceso de desvalorización y anulación —uno con el proceso mismo de punto de vista de un aspecto general en el que ha de coincidir con todas
desenmascaramiento de nuestra entera sustancia civilizatoria— ha vivi- las acciones —por ejemplo, dentro del t o d o de la polis—. La visión
do el propio Nietzsche «hasta el final», esto es, hasta haberlo dejado ya teorética de la «idea» de la justicia depende, evidentemente, del presu-
«tras sí», convirtiéndose de este modo, con gesto auroral, en «el primer puesto de la visibilidad de conexiones-de-acción en configuraciones
nihilista consumado de Europa»? políticas reducidas, del tipo efectivo de la polis griega. Las ideas a las
que lo particular se ve así subordinado y reordenado valen, pues, como
lo verdadero, o, lo que es igual, como algo que no puede verse, ni t o -
I. LA TRADICIÓN OCCIDENTAL
carse, sino sólo captarse, aprehenderse, en ideas (o lógicamente). Y en
La tradición que Nietzsche desenmascara y que en un momento dado relación, a la vez, con un todo ordenado. Los filósofos capaces de esa
procede ella misma a autodesenmascarar-se es el poderoso res-ukadodel. aprehensión inrelectual pura —y adiestrados largamente en ella— son
entretejimiento inicial y ulterior desarrollo de tres factores: la ratio elevados por Platón al rango de reyes: a ellos incumbe gobernar la polis,
socrática, el platonismo y el cristianismo. En los comienzos de esa tradi- O, cuanto menos, así es como debe ser pensado el Estado verdadero: a
ción el h o m b r e europeo es conformado como hombre teorético, como partir de esta idea. Al igual que es a partir de este ideal como debe ser
- contemplador de la vida, siendo en la evolución general del pensamien- mejorado el estado real (o empírico). En igual contexto teórico surge la
to griego precisamente la tragedia el lugar en el que es creado ese presu- ciencia como configuración de consideración lógico-teórica del mundo
puesto del pensamiento filosófico. «Teatro» y «teoría» tienen, en efec- y reflexión sobre verdades generales bajo el presupuesto de que lo gene-
t o , i g u a l raíz. El mismo proceso ocurre en el orden de lo religioso: el ral ha de ser puesto como la verdad sobre los «casos» iguales.
propio teatro pertenecía en sus inicios, como es bien sabido, al culto. En Sólo que para Nietzsche este presupuesto descansa sobre una ficción.
cualquier caso, y al hilo de una transformación en estos tres ámbitos, En las teorizaciones del m u n d o (que se manifiestan sobre todo en el
toma cuerpo una nueva actitud fundamental ante la vida. El hombre esquema de la explicación) late ya, para Nietzsche, y t a n t o en ei trato
asume frente a su propia vida la actitud de espectador y se forma su práctico-moral como en el científico con el mundo, el «nihilismo euro-
propia «representación» —obviamente «teorética»— sobre lo que peo». Un nihilismo que consiste en decir que algo es, en verdad, distinto
ocurre ante su vista: desde las condiciones vitales básicas hasta el desti- de como se nos ofrece de modo inmediato. El nihilismo surge, pues, en
no mismo, que pasa así a constituirse en objeto de contemplación para un principio como depreciación de ía inmediatez de la vida. Radica
un sujeto. Un sujeto que a la vez parecía verse libre de este destino. El sumariamente, en decir que lo que es, no es lo que parece ser en el tráfico
origen de la teoría es, pues, para Nietzsche, uno con el de esa ficción. normal de la vida, sino le que la correspondiente explicación, sobre todo
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Así, pues, si por un lado es cierto que para quien, como el propio U nada! ...No se dice "nada"; se dice, en su lugar, "más allá"; o "Dios";
Nietzsche, se sitúa «más aílá de lo bueno y de lo malo», la interpreta-
0 "la vida verdadera"; o nirvana, redención, bienaventuranza...». Y de
ción m o r a l convierte el m u n d o en algo propiamente «insoportable» ahí también que el sacerdote sea considerado, en el contexto nihilista-
por otro no io es menos que el cristianismo ha intentado, a su vez, supe- cristiano, como una especie superior de hombre, cuando en realidad no
rar con ella el m u n d o , vencerlo, reconciliando al tiempo al hombre es, siempre según el veredicto nietzscheano, sino un «negador, calum-
consigo mismo y con él. Con el odioso resultado de haber llevado final- niador, envenenador profesional de la vida».
mente al hombre al «ensombrecimiento», al «empequeñecimiento», ai Si en el cristianismo Nietzsche vislumbra una religión nihilista en la
«empobrecimiento». Sólo la más mediocre e insignificante especie de que late oculta una moral reactiva, inspirada en última instancia por
h o m b r e , la de los hombres del rebaño, encontró ahí su hora, sólo ella una moral decadente, que ha allegado al h o m b r e europeo de m o d o
fue impulsada y pudo, al precio de una ficción y un «no» sentirse refor-' poderoso y recurrente los ideales ascéticos, que en definitiva no son otra
zada. Es ésta, ha sido ésta una historia en la que lo que finalmente se ha cosa que el intento que hace la vida débil para sobrevivir impulsando
expresado es una voluntad de poder «mediante la que, bien los esclavos lejos de sí c u a n t o la contraría, en la religión como tal no descifra
y oprimidos, bien los fracasados y atormentados por ser como son, bien Nietzsche sino el conjunto de medios morbosos a que el hombre recurte
los mediocres, ha hecho el intento de imponer los juicios de valor más para confortar su enfermedad. Sin conseguir, claro es, en última ínsran-
favorables para ellos». cia, otra cosa que agravar su mal... Así, pues, si la religión encuentra su
El cristiano es, en efecto, para Nietzsche «el animal doméstico, el razón de ser, su fuerza genuina en el miedo, también es cierto que ese
animal de rebaño, el animal enfermo hombre», exactamente lo contra- miedo nace en el m o m e n t o mismo en el que el h o m b r e se enfrenta
rio, por t a n t o , de ese tipo superior, digno de vivir y seguro de fututo, —como subraya Nietzsche— a sí mismo y siente su incapacidad profun-
erguido sobre ia tierra con el gran «sí» en los labios, que él mismo da para autoafirmarse y afirmarse en un mundo hostil. En sus primeros
considera como «el más valioso». Porque «el cristianismo... ha hecho textos Nietzsche insiste tambiéa en otro tipo de miedo como «origen
una guerra a muerte a ese tipo superior de hombre, ha proscrito todos del culto religioso», en el miedo a la naturaleza exterior, una naturaleza
los instintos fundamentales» de ese mismo rípo —exactamente los que a la que el h o m b r e inrenta imponer leyes capaces de tranquilizarle y
el p r o p i o Nietzsche juzga c o m o h u m a n o s en el sentido más pleno y facilitarle su dominio. De ahí el papel del culto y la magia.
eminente, más interno a la propia vida—, «ha extraído de esos instin- Se trata, en cualquier caso, de un proceso que es el del paso mismo
tos, por destilación, el mal, el hombre malvado, el hombre fuerte, consi- del mago al sacerdote. Si el primero ejecuta el ademán auroral de domi-
derado como hombre típicamente reprobable...» nio de un cosmos al que —como luego hará mucho más eficazmente el
científico— impone leyes, el segundo se centrará ya en otra imposición,
El cristianismo ha tomado partido por todo lo débil, bajo, malogrado, ha hecho
un ideal de la cod.ti;adiccÍbn a los instintos de conservación de la vida fuerte; ha la de «leyes morales» del comporramiento, físico y moral, al hombre.
corrompido la razón incloso de las naturalezas dotadas de máxima fortaleza espi- Un comportamiento cuyo dominio requerirá también por tanto, un
ritual al enseñar a sentir cómo pecaminosos.-- los valores supremos de la espiritua- complejo arsenal de técnicas: castidad, ayuno, disciplina de los sentidos,
lidad. confesión, penitencia...
El veredicto final nietzgeheano del cristianismo como «religión de la
compasión» y caldo de cultivo de los valores nihilistas, de los valores de III. DEIDAD, GRAMÁTICA, NIHILISMO NEGATIVO
decadencia, encuentra aquí su lógica profunda. Una lógica en cuyo tras-
fondo late, poderosa, la concepción nietzscheana de vida como «instin- La crítica de Nietzsche al cristianismo se mueve, por otra parte, en el
to de crecimiento, de duración, de acumulación de fuerzas, de poder». marco, acaso no menos fundamental, de una crítica al esquema «grama-
De ahí, por lo demás, la vinculación profunda, a que ya hemos ido tical» en orden al que —como ya'tuvimos ocasión de contemplar— algo
haciendo referencia desde diferentes ángulos, que Nietzsche esrablece es dicho como algo diferente de lo que es, siendo subsumido bajo un
entre cristianismo y nihilismo. Porque la compasión, ese rasgo central concepto que debe satisfacer. Nietzsche había, en este contexto, de un
del cristiano, no es, desde este prisma, sino la praxis del nihilismo, un esquema que percibimos como tal esquema, pero que, sin embargo, «no
instinto depresivo y contagioso que «obstaculiza aquellos instintos que podemos echar por la borda», toda vez que sigue siendo el esquema de
tienden a la conservación y a la elevación del valor de la vida», un nuestro pensamiento, algo, pues, para lo que no tenemos alternativa.
instinto bajo que «tanto como multiplicador de la miseria cuanto como De intentar librarnos de él, dejaríamos de pensar. La filosofía greco-
conservador de todo lo miserable es un instrumento capital para la platóníca lo reelaboró, en un principio, simplificándolo, a partir de la
intensificación de la décadence —¡la compasión persuade a entregarse a gramática especial indogermánica, antes determinante de modo incons-
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cíente, y lo convirtió, absolurizándolo, en ei esquema sin más, del pensa- •¿ ser sus verdugos: «ésta es la forma europea del budismo, el hacer-no,
miento. Un esquema elevado a conciencia, primero en un ámbito acadé- una vez que toda existencia ha perdido su sentido».
mico de filósofos y, seguidamente, popuiarizado por el cristianismo Si el nihilismo como estado norfnal coincide con el desvalorizarse
—al que se debe, en definitiva, y como ya sabemos, la popularización de los valores supremos y velis nolis con la emblemática «muerte de
general de toda esta filosofía—. La actitud vital del hombre teorético Dios» a partir de un determinado momento de la historia de Occidente
pasa así a verse unlversalizada, sobre rodo en el ámbito de la moral en —ese momento en el que falta ya ia respuesta al «¿por qué?»—-, su radi-
sentido esrricto. El flujo y ia diversidad de la vida son tentativamente c a l i z a r o n , esto es, el nihilismo radical, es «el convencimiento de la
llevados, pues, a conceptos idénticos. El individuo debe comportarse de insosteníbilidad de la existencia, cuando se trata de los valores más altos
un modo determinado, esro es, sin diferencias o idiosincrasias persona- que se reconocen, añadiendo a esto ía comprensión de que no tenemos
íes evidenres. En esta «ontoiogía moral» de lo general, lo individual es ei menor derecho a piantear un más-aüá o un en-sí de las cosas que sea
remitido (y sometido} a una ley moral general, y con ello es negado en «divino», que sea moral viva».
su realidad. En este senrido, el nihilismo se confunde, para Nietzsche, El nihilismo activo, por último, es «un signo de fuerza», de la fuerza
con la historia entera del pensamiento, tai y como éste se conformó en de un espíritu tan acrecentado, que sus objetivos anteriores («conviccio-
la época socrátíco-plarónica y como ha ido desarrollándose, siempre en
nes», artículos de fe, etc.) vienen a resultarle (ya) inadecuados. Puede
esa misma dirección, hasta i'a ciencia y ía técnica de nuestros días. Pero,
tratarse, desde íuego, deí signo de una fuerza aún no ío suficientemente
a la vez, el nihilismo es adjetivable de modos distintos según los hitos de
grande «como para ponerse de nuevo productivamente un objetivo, un
esa misma historia.
"¿por qué?", una fe». Pero puede ser signo también de la fuerza violen-
Existe, en efecto, un nihilismo negativo, p r e p a r a d o por la ratio ta de la destrucción... Como puede asimismo tomar cuerpo definitivo
socrática y su despliegue platónico y consumado en y por el cristianis- «como ideal del supremo poderío del espíritu, de la vida más exuberan-
mo, en el que «al no ser situado ei centro de la vida en la vida, sino en el te, en parte destructivo, en parte irónico». En cualquier caso, el nihilis-
más allá, en la nada, se priva a la vida de un centro de gravedad». mo activo, del que aún habremos de ocuparnos, irrumpe en condiciones
Existe, asimismo, un nihilismo reactivo, propio de ese momento de la históricas y socio-vitales favorables, c u a n d o los antídotos contra
consciencia en el que el h o m b r e asume el lugar y la función del Dios «grados terribles de desventura» —Dios, moral, sumisión— no son ya
«muerto», toda vez que el poder por él alcanzado permite ya una dulci- (tan) necesarios...
ficación de ios medios de disciplinamiento, entre los que la interpreta-
ción morai era el más fuerte, y alienta, a u n tiempo, la convicción de
que «Dios» es una hipóresis demasiado «extrema». Este nihilismo, que IV. NIHILISMO CONSUMADO Y DECADENCIA DEL CRISTIANISMO
se identifica con la tesis de que no hay constitución absoluta alguna de
[as cosas, ni «cosa-en-sí», y que sitúa el valor de las cosas precisamente
La crítica nietzscheana de esra connotación profunda del pensamiento
en que «a este valor no le corresponda ni le haya correspondido (nunca)
occidental, en sentido lato, no se autoconcibe c o m o «moral» desde
realidad alguna», puesto que es sólo «un síntoma de fuerza por parte
luego. Y no sólo por situarse Nietzsche más allá de ese constructo iluso-
del valoradot», una «simplificación con fines vitales», podría tal vez ser
rio y «funcional», sino porque cree vivir en una época en la que esta
considerado también como una forma extrema del fenómeno. Es más,
constelación se consuma y pierde, a un tiempo, sentido y validez. Pierde
en la medida en que se confunde con la negación de un mundo y un ser
en cualquier caso, su funcionalidad vital... Mientras pudo creer —en un
verdaderos, podría incluso llegar a ser considerado como «una forma
nivel de escasa o nula consciencia de sí— que lo general es la verdad
divina de pensar».
frente a lo particular, pudo ser fuerte, pudo imponerse de forma deter-
Y existen, también, un nihilismo pasivo y un nihilismo activo. El minante y ganar terreno, todo ei terreno. Pudo alentar grandes configu-
nihilismo como «decadencia y retroceso del poder del espíritu» es, para raciones culturales. El descubrimiento de su carácter nihilista y de la
Nietzsche, un nihilismo pasivo, signo de debilidad y de fatiga. Un signo naturaleza última de «lógica de la decadencia» de este nihilismo, junto
que emerge, en cualquier caso, cuando esa «síntesis de valores y metas» con oíros factores de no menor peso, debilita, sin embargo, su fuerza.
sobre la que descansa toda cultura «fuerte» se disuelve, de modo que Aunque también cabría, sin duda, razonar, siguiendo a Nietzsche, que
ios diferentes valores pasan a competir y combatir entre sí en un marco el hecho de que haya perdido, a lo largo de todo un proceso en el que
general de disgregación. Con este nihilismo cabría acaso relacionar el aquella lógica ha sido llevada hasta sus últimas consecuencias, su fuer-
nihilismo como síntoma, esto es, como síntoma de que tos desheredados za, es lo que ha arrojado una luz nueva sobre su carácter nihilista. Y no
—aquéllos a los que íes ha ido mal— carecen ya de consueto y, privados sólo eso, sino que ese proceso ha sido también el de la negación (y auto-
de él, destruyen para ser destruidos a ia vez que fuerzan a ios poderosos negación) de la propia moral por rabones morales. Entre otras razones
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e s q u e m a t i z a d o ^ eieva ai nihilismo a la condición de filosofía trágica. teorética absoluta mas allá de la vida, el «conocimiento» de Dios así
Lo consuma, en efecto, potenciándolo, toda vez que el nihilismo pasa a afirmado lo es en y desde el nihilismo. Sólo que si en el caso del esque-
ser por fin auroconscíenue... El nihilismo asenrido, el nihilismo que se ma de la representación teotética o de la ontología moral el conocimien-
hace cargo de sí mismo, muta así en relación trágica con la vida. to desenmascarador de su condición de esquema condicionado y especí-
fico no hace, por sí mismo, posible ya su eliminación, aquí ío único que
queda, en principio, superado es «el Dios m o r a l » . Porque, como
V. MUERTE DE DIOS Y SUPERACIÓN DEL NIHILISMO
Níerzsche certeramente se pregunta, «¿tiene algún sentido imaginarse
T o d o está, para Nietzsche, al servicio de la vida. Para orienrarse, los un Dios "más allá de lo bueno y de lo malo"?». O también: «¿elimina-
seres humanos elaboran hipótesis, imponen leyes. Y deben hacerlo. N o mos la representación finaiístíca del proceso y asentimos, sin embargo,
hay mirada directa alguna sobre la vida, en el sentida de venir libre de v a pesar de ello, al proceso?». Las exigencias morales dejan de valer, en
todo rrasfondo y presupuesto. Todo lo que ocurre en ésta, incluida, por efecco, tan pronto como deja de creerse en el carácter absoluto de su
tamo, ioda determinación teorética, sirve a la vida de un modo indeter- pretensión. Pero las formas lingüísticas y las formas de pensamiento
minable, p o r q u e la vida no se ofrece globalmenre c o m o un todo, ni siguen obligándonos por mucho que seamos conscientes de su condi-
puede, dada la esencia de t o d o determinarse —que descansa sobre ción de mero esquema. Sencillamente p o r q u e no hay alternativa a las
ficciones—, hacerlo. N o hay, por otra parte, otro parrón o criterio a mismas. Así, pues, por mucho que Nietzsche hable de la «muerte» de
tenor del que medir o sopesar la vida que la vida misma, vida que es Dios, no nos libraremos de Dios «mientras creamos en la gramática»,
voiunrad de poder, como lo es también el mundo, ese mundo dionisíaco como él mismo nos advierte. El nihilismo es descrito, así, como la «fe»
de Nietzsche «que se crea a sí mismo etetnamente y erernamente a sí insuperable en un Dios ya muerto, como una fe no superable a volun-
mismo se destruye». tad, en fin, en una «filosofía común de la gramática», que opera más
Los llamados afectos, que por la vía de la interiorización acompa- allá de las propias diferencias de contenidos cosmovisionales.
ñan la génesis de la consideración teorética del mundo, como, por ejem- A propósito de esta vertiente del concepto nierzscheano de nihilis-
plo, «el odio, la alegría por el mal ajeno, la codicia y el despotismo y mo cabría recurrir, en consecuencia, a la figura lógicamente paradójica
todo cuanto es llamado malo», pero también, podríamos completar, ía de la presencia de un Dios muerto, que refrena la vida con una carga.
•<compasión-> y cuanto es llamado bueno, «pertenecen igualmente a la De ahí, por otra parte, las peculiaridades del lenguaje al que recurre
asombrosa economía de la conservación de la especie, una economía Nietzsche, tan rico en imágenes y metáforas, un lenguaje que hay que
que no deja de resultar, ciertamente, costosa,"despilfarradora y, global- comprender a la luz de la estructura del pensamiento en juego en cuan-
menre considerada, de lo más insensata». to pensamiento que soporta el nihilismo. Pocas imágenes tan glosadas,
Va de suyo que este discurso sobre una economía insensata y despil- en este sentido, como ía del Zaratustra nierzscheano, hasta el punto de
farradora roza lo paradójico. N o se sabe, en efecto, «por qué» han sido haber sido convertido casi —al menos en ciertos contextos hermenéuti-
en definitiva conformados estos afectos, ni «para qué», pues para ello cos— en el epónimo de la doctrina de Nietzsche. Desde la aurocompren-
habría que saín: cíe í'a vicia r acceder a la condición de «teorético» en un sión niezzscheana. no cabe, sin embargo, hablar de una «doctrina»
sentido cuasi-divino. La filosofía concibió ciertamente, a Dios como un asumibie como «verdadera en todas sus proposiciones». Nietzsche
teórico «puro» de este tipo, situado más allá de roda subjetividad y de apunta a u n a comprensión distinta de la mera comprensión de una
todas las concepciones telativas de los humanos y capaz, a ía vez, de doctrina, a una comprensión para ía que aún no hay esquemas ni
penetrar con su mirada en el corazón y en la raíz (o causa) de los afec- conceptos, y que en su negativídad puede ser llamada «estética». No se
tos. Dios fue, pues, concebido por los filósofos como absoiurízación del trata aquí de revelar ni predicar docrrinas sobre la finalidad de la exis-
esquema gramatical básico de la teoría y de la posición del espectador tencia o, en general, sobre la vida o la moral. Zararustra es, simplemen-
no participante. Éste es el Dios contra el que Nietzsche se dirige y cuya te, el portavoz de la vida. Y si algo enseña, es la doctrina de etetno
muerte anuncia. Un Dios pensado como causa de todas las cosas, esto retomo de lo Mismo, el más «abismal» de sus pensamienros.
es, como prolongación del esquema de nuestras explicaciones y simplifi- Queda así insinuada Ja posibilidad, que Nietzsche da por válida, de
caciones, en las que reducimos todo a «casos idénticos» y a leyes. Un una superación del nihilismo europeo. Pero esta superación no puede
Dios, en fin, que siendo el resultado de la absoiurízación de un esque- ser, a su vez, objeto de una nueva prescripción ni de un esfuerzo de
ma, lo es de la «fe», si se prefiere, en la gramática de nuestro pensa- orden moral. Entre las condiciones de posibilidad de tal superación figu-
miento como forma de una verdad absoluta. ran tanto la consideración, finalmente conseguida y asumida, de esa
La «muerte de Dios» significa, al menos desde esta perspectiva, que ontología morai que condiciona el espíritu europeo hasta en la más
con el concepto de Dios en el que éste es pensado como la posición profunda estructura del lenguaje y del pensamiento como algo deveni-
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do, y no absoluto, como ia aceptación, por parte del hombre europeo jl espíritu libre, al hombre que no se somete a las convicciones, ni cree
del nihilismo como destino. La aceptación, por tanto, de la propia situa- ¿ n ficciones, y cuyo «sí» oculto —fruto, sin duda, de una pasión ya no
ción. Y con ella, también la de la época «a la que hemos sido arroja- necesariamente trágica de la vida— es más fuerte que todos los noes o
- dos», por m u c h o que tal época venga finalmente a ser descifrada por acasos que padece con su é p o c a -
nosotros mismos en términos de decadencia. La Gran Política que corresponde a esta Gran Salud requerirá, claro
En este contexto hay, por otra parte, que situar las otras dos gran- es, de un tipo nuevo: hará posible el ultrahombre, un hombre capaz de
des piezas del Nietzsche positivo: la transvaloración de todos los valores crear al fin, desde un pathos afirmativo y libre de resentimiento, nuevos
y el u l t r a h o m b r e . Dicha transvaloración es concebida por Nietzsche valores, valores afirmativos e inmanentes a la vida. Lo que equivaldrá al
como «un acto de suprema autognosis de la humanidad», que permitirá desciframiento del sentido de nuestro ser. El ultrahombre será, en suma,
acabar con la consideración platónico-cristiana del m u n d o , con esa «él sentido de la Tierra». El sentido que brotará del sínsentido al que
«mentira del orden moral del mundo» que ha hecho del hombre y de la nos ha abocado la historia entera de Europa en cuanto historia del
vida algo culpable, y educará, al mismo tiempo, al hombre en la cons- despliegue —y consumación actual— del nihilismo, y redimirá, excul-
cíencia de la inocencia del devenir. Será así al fin posible una «gran polí- pando la culpa, la propia redención. Llegará así a su fin todo enjuicia-
tica»... miento del mundo o de la vida, cuyo valor no puede ser tasado. Porque,
La t r a n s v a l o r a c i ó n de t o d o s los valores n o equivale, pues, a un como dice Nietzsche, anticipándose literalmente al Wittgenstein del
simple cambio de Weltanschauung, en este caso de la platónico-cristia- Tractatus, «sería necesario estar fuera de la vida para que fuera lícito
na, con su insistencia en la culpa y el pecado y su sacrificio de! mundo tocar el problema del valor de la vida en cuanto tal».
real en aras de u n « m u n d o verdadero» situado más allá de él, a otra En el corazón y en la piel de la vida así entendida ni siquiera cabrá
distinta, v o c a d a a la exculpación de la vida y al reconocimiento de la hablar ya de algo tan deudor de lo que niega —como el joven Nietzsche
inocencia del devenir. La transvaloración debe, en efecto, asumirse más hizo ver a propósito de Strauss y de Schopenhauer— como el «ateís-
bien como una inversión del punto de partida: de la negación originaria mo»... Porque Zaratustra ama, en efecto, a «quienes no necesitan buscar
de la vida de la que surge la interpretación platónico-cristiana de ésta y. una razón para perecer y sacrificarse más allá de las estrellas, sino que se
de su sentido, a su afirmación genuina, originaria. Bajo su poderosa luz inmolan a la Tierra». Esto es, a quienes saben, como en cierto m o d o
la venganza, el resentimiento y la debilidad, la negación, en definitiva, sabemos ya nosotros, que ni la humanidad en su conjunto persigue fin
de la vida dejarán de ser criterio de los valores y la verdad. La bondad alguno, ni el hombre puede, en consecuencia, encontrar en ella sostén y
no será ya debilidad: consuelo, y, a la vez, se entregan como el niño a sus juegos con feliz
inocencia, definiendo al hacerlo su voluntad de ser ellos mismos.
Sólo a los hombres más espiríruales les está permitida la belleza, lo bello: sólo en
ellos no es debilidad la bondad.
BIBLIOGRAFÍA
La transvaloración conlleva, por tanto, una redefinición de lo bueno
y de lo m a l o . Pero no en el sentido de una propuesta de valores (tras- Deleuze, G.; Nietzsche y la filosofía, Anagrama, Barcelona, 1970.
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cendentes) nuevos que ocupen el lugar de los viejos, sino el de las virtu- Massuh, V.: Nietzsche y el fin de la religión, Sudamericana, Buenos Aires, 1976.
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sidad nuestra», siempre en el bien entendido, claro es, de que bueno es Weite, B.: El ateísmo de Nietzsche y el cristianismo, Taurus, Madrid, 1962.
cuanto eleva el sentimiento de poder, malo cuanto procede de la debili-
dad; y la felicidad, a su vez, no es sino el sentimiento de que el poder
crece, de que una resistencia ha quedado superada. TEXTOS
Liberados de las convicciones, que no son más que «prisiones»,
conscientes de que la auténtica libertad sólo «nace del exceso de fuerza 2. ¿Qué es bueno? — T o d o lo que eleva el sentimiento de poder, la
y se prueba mediante el escepticismo» y de que lo ttadicionaimente teni- voluntad de poder, el poder mismo en el hombre.
do-por-verdadero, las viejas creencias, etc., son estados indiferentes y ¿Qué es malo? —Todo lo que procede de la debilidad.
«de quinro orden» comparados con los instintos, accederemos a la gran ¿Qué es felicidad? —El sentimiento de que el poder crece, de que
salud. Una «gran saiud» con la que Nietzsche define, atribuyéndosela, una resistencia queda superada.
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JACOSO M U Ñ O Z NIHILISMO Y CRITICA DE LA RELIGIÓN EN NIETZSCHE
No apaciguamiento, sino más poder; no paz ante todo, sino guerra- Je ia humanidad» —y es posible que yo tenga que contarla— sería casi
no virtud, sino vigor (virtud al estiío dei Renacimiento, virtü, virtud sin rambién la aclaración de por qué el hombre está tan corrompido.
moraiina). ., 7 La vida misma es para mí instinto de crecimiento, de duración, de
Los débiles y malogrados deben perecer: artículo primero de nues- acumulación de fuerzas, de poder: donde falta la voluntad de poder hay
tro amor a los hombres. Y además se debe ayudarlos a perecer. decadencia. Mi aseveración es que a todos los valores supremos de la
¿Qué es más dañoso que cualquier vicio? —La compasión activa humanidad les falta esa voluntad, —que son valores de decadencia, valo-
con rodos los malogrados y débiles —ei cristianismo... res nihilistas los que, con los nombres más santos, ejercen eí dominio.
3. N o qué reemplazará a la h u m a n i d a d en la serie de ios seres es el 7. Al cristianismo se lo llama religión de la compasión. La compasión es
problema que yo planteo con esto (—el hombre es un final—}: sino qué antitética de los afectos tonificantes, que elevan la energía del sentimien-
tipo de h o m b r e se debe criar, se debe querer, como tipo más valioso, to vital: produce un efecto depresivo. Uno pierde fuerza cuando compa-
más digno de vivir, más seguro de futuro. dece. Con la compasión aumenta y se multiplica más aún la merma de
Ese tipo más valioso ha existido ya con basrante frecuencia: pero fuerza que ya eí padecer aporta en sí a la vida. El padecer {Leiden)
c o m o caso a f o r t u n a d o , como excepción, nunca como algo querido. mismo se vuelve contagioso mediante el compadecer [Mitleiden); en
Antes bien, justo él ha sido io más remido, él fue hasta ahora casi lo determinadas circunstancias se puede alcanzar con éste una merma
temible; —y por temor se quiso, se crió, se alcanzó el tipo opuesto: el global de vida y de energía vital, que está en una proporción absurda
animal doméstico, ei animal de rebaño, ei animal enfermo hombre, —el con el quantum (cantidad) de causa (el caso de la muerte del Nazareno).
cristiano... Este es el primer punto de vista; pero hay todavía otro más importante.
Suponiendo que se mida la compasión por el valor de las reacciones que
5. Al cristianismo no se le debe adornar ni engalanar: él ha hecho una elia suele provocar, su carácter de peligro para la vida aparecerá a una
guerra a muerte a ese tipo superior de hombre, él ha proscrito todos los' luz mucho más clara aún. La compasión obstaculiza en conjunto la ley
instintos fundamentales de ese tipo, él ha extraído de esos instintos, por de la evolución, que es ía ley de ia selección. Elia conserva lo que está
destilación, el mal, el hombre malvado, —ei hombre fuerte considerado maduro para perecer, ella opone resistencia para favorecer a los deshe-
como hombre típicamente reprobable, como «hombre reprobo». El cris- redados y condenados de la vida, ella le da a la vida misma, por la abun-
tianismo ha t o m a d o p a r t i d o por todo ío débil, bajo, m a l o g r a d o , ha dancia de cosas malogradas de toda especie que retiene en la vida, un
hecho un ideal de ía contradicción a los instintos de conservación de la aspecto sombrío y dudoso. Se ha osado llamar virtud a la compasión
vida fuerte; ha corrompido la razón incluso de las naturalezas dotadas (—en toda moral aristocrática se la considera una debilidad—); se ha
de máxima fortaleza-espiritual al enseñar a sentir como pecaminosos, ido más allá, se ha hecho de ella la virtud, el suelo y origen de todas las
como descargadores, como tentaciones, los valores supremos de la espi- virtudes, pero sólo, y esto hay que tenerlo siempre presente, desde el
ritualidad. ¡El ejemplo más deplotable —la corrupción de Pascal, el cual punto de vista de una filosofía que era nihilista, que inscribió en su escu-
creía en la corrupción de su razón por el pecado original, siendo así que do la negación de ¡a vida. Schopenhauer estaba en su derecho al decir:
sólo estaba corrompida por su cristianismo! mediante la compasión la vida queda negada, es hecha más digna de ser
negada; la compasión es la praxis del nihilismo. Dicho una vez más: este
instinto depresivo y contagioso obstaculiza aquellos instintos que tien-
6. Doloroso, estremecedor es el espectáculo que ante mí ha surgido: yo den a la conservación y a la elevación de valor de la vida: tanto como
he descorrido la corrina que tapaba la corrupción del h o m b r e . En mi multiplicador de la miseria cuanto como conservador de todo lo misera-
boca esa palabra esrá libre al menos de una sospecha: la de contener una ble es un instrumento capital para la intensificación de ia décadence; ¡la
acusación moral contra el hombre. Yo la concibo —quisiera subrayarlo compasión persuade a entregarse a la nadal... N o se dice «nada»: se
una vez más— Ubre de moralina: y ello hasta tal grado que donde con díce, en su lugar, «más allá»; o «Dios»; o «la vida verdadera»; o nirva-
más fuerza es sentida esa corrupción por mí es justo allí donde más cons- na, redención, bienaventuranza... Esta inocente retórica, nacida del
cientemente se ha aspirado hasta ahora a la «virtud», a ia «divinidad». teino de la idiosincrasia religioso-moral, aparece mucho menos inocente
Yo entiendo la corrupción, ya se adivina, en eí sentido de décadence tan pronto como se comptende cuál es la tendencia que aquí se envuel-
(decadencia): mi aseveración es que todos los valores en que la humani- ve en el manto de palabras sublimes: la tendencia hostil a la vida.
dad resume ahora sus más latos deseos son valores de décadence. Schopenhauer era hosril a la vida: por ello la compasión se convirtió
Yo llamo corrompido a un animal, a una especie, a un individuo para él en virtud... Aristóteles, como se sabe, veía en la compasión un
cuando pierde sus instintos, cuando elige, cuando prefiere lo que a él le es estado enfermizo y peligroso, al que se haría bien en tratar de vez en
perjudicial. Una historia de los «sentimientos superiores», de los «ideales
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cuando con un purgativo: él concibió la tragedia c o m o un purgativo^ una virtud, u n a santidad, establece una conexión entre la buena
Desde el instinto de la vida habría que buscar de hecho un medio de dar- conciencia y el ver las cosas de manera falsa, exige que ninguna otra
un pinchazo a esa enfermiza y peligrosa acumulación de c o m p a s i ó n especie de óptica tenga ya valor, tras haber vuelto sacrosanta la propia,
"representada por el caso de Schopenhauer (y también, por desgracia, d¿i dándole los nombres «Dios», «redención», «eternidad». En todas partes
toda nuestra décadence literaria y artística, desde San Petersburgo a" he seguido e x h u m a n d o yo el instinto propio de los teólogos: él es la
París, desde Tolstoí a Wagner): para hacerla reventar... N a d a es menos^ forma más difundida de falsedad que hay en la tierra, la forma propia-
sano, en medio de nuestra n a d a sana modernidad, que la compasión" mente subterránea. Lo que un teólogo siente como verdadero, eso es,
cristiana. Ser médico aquí, ser inexorable aquí, emplear el cuchillo aqufc necesariamente, falso: en esto se tiene casi un criterio de verdad. Es su
¡eso es lo que nos corresponde a nosotros, ésa es nuestra especie de más h o n d o instinto de autoconservación el que prohibe que, en un
amor a los hombres, así es como somos filósofos nosotros, nosotros los punto cualquiera, la realidad sea honrada o tome siquiera la palabra.
hiperbóreos! .- : s Hasta donde alcanza el influjo de los teólogos, el juicio de valor está
puesto cabeza abajo, los conceptos «verdadero» y «falso» están necesa-
" Mi tiamente invertidos: lo más dañoso para la vida es llamado aquí «verda-
8. Es necesario decir a quién sentimos nosotros como antítesis nuestra 1 dero», lo que la alza, intensifica, afirma, justifica y hace triunfar, es
—a los teólogos y a todo lo que tiene en su cuerpo sangre de teólogo—,
llamado «falso»... Si ocurre que, a través de la «conciencia» de ios prín-
a nuestra filosofía entera... H a y que haber visto de cerca la fatalidad, 1
cipes (o de los pueblos) los teólogos extienden la mano hacia el poder,
mejor aún, hay que haberla vivido en uno mismo, hay que haber casi
no dudemos de qué es lo que en el fondo acontece todas esas veces: la
perecido a causa de ella para no comprender ya aquí ninguna broma (el -
librepensamiento de nuestros señores investigadores de la naturaleza y : volunrad de final, la voluntad nihilista quiere alcanzar el poder...
fisiólogos es, a mis ojos, una broma, —les falta la pasión en estas cosas, : .
el padecer de ellas—). Ese envenenamiento llega mucho más lejos de lo 13. N o infravaloremos esto: nosotros mismos, nosotros los espíritus
que se piensa: yo he reencontrado el instinto propio de los teólogos, la • libres somos ya una «transvaioracíón de todos los valores», una vivien-
soberbia, en todos los lugares en que hoy la gente se siente «idealista»,'; te declaración de guerra y de victoria a todos los viejos conceptos de
en todos los lugares en que la gente reclama, en virtud de una ascenden- «verdadero» y «no-verdadero». Las intelecciones más valiosas son las
cia superior, el derecho a mirar la realidad con ojos de superioridad y que más tarde se encuentran; pero las intelecciones más valiosas son los
extrañeza... El idealista, exacramente igual que ei sacerdote, tiene en su métodos. Todos los métodos, todos los presupuestos de nuestra científi-
mano todos los grandes conceptos (¡y no sólo en su mano!), ios contra- cidad de ahora han tenido en contra suya, durante milenios, el despre-
pone, con un benévolo desprecio, al «entendimiento», a los «sentidos», cio más profundo, uno quedaba excluido, por causa de ellos, del trato
a los «honores», a la «buena vida», a la «ciencia», ve tales cosas por con los hombres «decentes», era considerado «enemigo de Dios»,
debajo de sí, como fuerzas dañosas y seductoras, sobre las cuales se cier- despreciador de la verdad, «poseso». En cuanto carácter científico uno
ne «el espíritu» en una paraseidad {Für-sicb-heit} p u r a : como si la era un chandala... Nosotros hemos tenido en contra nuestra el pathos
humildad, la castidad, la pobreza, en una palabra, la santidad, no hubie- entero de la humanidad —su concepto de lo que debe ser verdad, de lo
sen causado hasta ahora a la vida un daño indeciblemente mayor que que debe ser el servicio a la verdad: todo «tú debes» ha estado dirigido
cualesquiera horrores y vicios... El espíriru puro es la mentira pura... hasta ahora contra nosotros... Nuestros objetos, nuestras prácticas,
"Mientras el sacerdote, ese negador, calumniador, envenenador profesio- nuestro modo de ser, callado, cauteloso, desconfiado: todo eso le pare-
nal de la vida, siga siendo considerado como una especie superior de cía a la humanidad completamente indigno y despreciable. En última
h o m b r e , no h a b r á respuesta a la pregunta: ¿qué es la verdad? Se ha instancia sería lícito preguntarse, con cierta equidad, si no ha sido
puesto y a cabeza abajo la verdad cuando al consciente abogado de la propiamente un gusto estético el que ha mantenido a la humanidad en
nada y de la negación se lo tiene por representante de la «verdad»... una ceguera tan prolongada: elía pretendía de la verdad un efecto pinto-
resco, ella pretendía asimismo del hombre de conocimienro que actuase
enérgicamente sobre los sentidos. Nuestra modestia fue la que durante
9. A ese instinto propio de teólogos hago yo la guerra: en todas partes
más largo tiempo repugnó a su gusto... ¡Oh, cómo lo adivinaron, esos
he encontrado su huella. Quien tiene en su cuerpo sangre de teólogo
pavos de Dios...
a d o p t a de a n t e m a n o , frente a todas las cosas, una actitud torcida y
deshonesta. El pathos que a partir de ella se desarrolla se llama a sí 15. Ni la moral ni la religión tienen contacto, en el cristianismo, con
mismo fe: cerrar los ojos, de una vez por todas, frente a sí mismo para punto alguno de la realidad. Causas puramente imaginarías («Dios»,
no sufrir del aspecto de una falsedad incurable. De esa óptica defectuo- «alma» «vo». «espíritu», «la voluntad libre» o también «la no libre»);
sa con respecto a todas las cosas hace la gente en su interior una moral,
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efectos puramenre imaginarios («pecado», «redención», «gracia» cambien su Dios tiene que transformarse. Ese Dios vuélvese ahora un
«castigo», «remisión de los pecados»). Un trato entre seres imaginarios mojigato, timorato, modesto, aconseja la «paz del alma», el no-odiar-
(«Dios», «espíritus», «almas»); una ciencia natural imaginaria ( a n t r o más, la indulgencia, incluso el «amor» al amigo y al enemigo. Ese Dios
pocéntrica; compíera ausencia del concepto de causas naturales); una moraliza constantemente, penetra a rastras en la caverna de toda virtud
psicología imaginaria (puros malentendidos acerca de sí mismo, inter- privada, se convierte en un Dios para todo el mundo, se convierte en un
pretaciones de sentimientos generales agradables o desagradables, de hombre privado, se convierte en un cosmopolita... En otro tiempo
los estados del nervus sympatbicus (nervio simpático), por ejemplo, con representó un pueblo, la fortaleza de un pueblo, todas las tendencias de
ayuda del lenguaje de signos de una idiosincrasia religioso-moral, «arre- agresión y de sed de poder nacidas del alma de un pueblo: ahora es ya
pentimiento», «remordimiento de conciencia», «tentación del demo- meramente el Dios bueno... De hecho, no hay ninguna otra alternativa
nio», «la cercanía de Dios»); una teleología imaginaría («el reino de para los dioses: o son la voluntad de poder —y mientras t a n t o serán
Dios», «el juicio final», «la vida eterna»). Este puro mundo de ficción dioses de un p u e b l o — o son, por el contrario, la impotencia de poder, y
se diferencia, con gran desventaja suya, del mundo de los sueños por el entonces se vuelven necesariamente buenos...
hecho de que este último refleja la realidad, mientras que aquél falsea,
desvaloriza, niega ia realidad. Una vez inventado el concepto «naturale- 17. Allí donde, de alguna forma, la voluntad de p o d e r decae, hay
za» como anriconcepto de «Dios», la palabra para decir «reprobable» también siempre un retroceso fisiológico, una décadence. La divinidad
tuvo que ser «naruraí», rodo aquel mundo de ficción tiene su raíz en el de la décadence, castrada de sus virtudes e instintos más viriles, se
odio a lo natural (¡la realidad!), es expresión de un profundo desconten- convierte necesariamente, a partir de ese momento, en Dios de los fisio-
to con lo real... Pero con esto queda aclarado todo. ¿Quién es el único lógicamente retrasados, de los débiles. Ellos no se llaman a sí mismos
que tiene motivos para evadirse, mediante una mentira, de la realidad? los débiles, ellos se llaman «los buenos»... Se entiende, sin que sea nece-
El que sufre de ella. Pero sufrir de la realidad significa ser una realidad sario siquiera señalarlo, en qué instantes de la historia resulta posible la
fracasada... La preponderancia de los sentimientos de displacer sobre ficción dualista de un Dios bueno y un Dios malvado. Con el mismo
los de placer es ia causa de aquella moral y de aquella religión ficticias: instinto con que los sometidos rebajan a su Dios haciendo de éi el «bien
tal preponderancia ofrece, sin embargo, la fórmula de la décadence... en sí», borran completamente del Dios de sus vencedores las buenas
cualidades; toman venganza de sus señores transformando en diablo al
16. Una crítica del concepto cristiano de Dios obliga a sacar idéntica Dios de éstos. El Dios bueno, lo mismo que el diablo: ambos, engendros
conclusión. Un puebio que conrinúa creyendo en sí mismo continúa de la décadence: ¿Cómo se puede hoy seguir haciendo tantas concesío-_
teniendo también su Díos propio. En éi venera las condiciones mediante nes a !a simpleza de los teólogos cristianos, hasta eí punto de decretar
las cuales se encumbra, sus virtudes, proyecta el placer que su propia con ellos que es un progreso el desarrollo ulterior del concepto de Dios,
realidad le produce, su sentimiento de poder, en un ser al que poder dar desarrollo que lo lleva desde «Dios de Israel», desde Dios de un pueblo,
gracias por eso. Quien es rico quiere ceder cosas; un pueblo orgulloso al Dios cristiano, a la síntesis de todo bien? Pero hasta Renán hace eso.
necesita un Dios para hacer sacrificios... Dentro de tales presupuestos la ¡Como si Renán tuviera derecho a la simpleza! A los ojos salta, sin
religión es una forma de gratitud. Uno está agradecido a sí mismo: para embargo, lo contrario. Cuando del concepto de Dios quedan elimina-
ello necesita un Dios. Tal Dios tiene que poder ser útil y dañoso, tiene dos los presupuestos de la vida ascendente, todo lo fuerte, valiente,
que poder ser amigo y enemigo, se lo admira tanto en lo bueno como en señorial, orgulloso, cuando Dios va rebajándose paso a paso a ser
io malo. La antinatural castración de un Dios para hacer de él un Dios símbolo de un bastón para cansados, de un ancla de salvación para
meramente del bien estaría aquí fuera de todo lo deseable. Al Dios todos los que se están ahogando, cuando se convierte en Dios-de-ías-
malvado se lo necesita tanto como al bueno; la propia existencia no la pobres-gentes, en Dios-de-los-pecadores, en Dios-de-los-enfermos par
debe uno, en efecto, precisamente a la tolerancia, a la filantropía... ¿Qué excellence (por excelencia), y el predicado «salvador», «redentor», es lo
importaría un Dios que no conociese la cólera, la venganza, la envidia, que resta, por así decirlo, como predicado divino en cuanto tal: ¿de qué
la burla, ia astucia, la violencia?, ¿ai que tai vez no íe fuesen conocidos habla tal transformación?, ¿tal reducción de lo divino? Ciertamente con
ni siquiera los deliciosos ardeurs {ardores) de la victoria y de la aniqui- esto «el reino de Dios» se ha vuelto más grande. En otro tiempo Dios
lación? A tal Dios no se le comprendería. ¿Para qué se debería tenerlo? tenía únicamente su pueblo, su pueblo «elegido». Entre tanto, al igual
Ciertamente: cuando nn pueblo se hunde; cuando siente desaparecer de que su puebio mismo, él marchó al extranjero, se dio a peregrinar, desde
modo definitivo la fe en el futuro, SM esperanza de libertad; cuando entonces no ha permanecido ya quieto en ningún lugar hasra que acabó
cobra consciencia de que la sumisión es la primera utilidad, de que las teniendo su casa en todas partes, el gran cosmopolita, hasta que logró
virtudes de los sometidos son las condiciones de conservación, entonces tener de su parte «el gran número» y media tierra. Pero el Dios del
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«gran número», el demócrata entre los dioses, no se convirtió, a pesar to endurecimiento en lo corporal. El cristianismo quiere hacerse dueño
de todo, en un orgulloso Dios de los paganos: ¡siguió siendo judío - je animales de presa; su medio es ponerlos enfermos, el debilitamiento
siguió siendo el Dios de los rincones, el Dios de todas las esquinas y es la receta cristiana para la doma, para la «civilización». El budismo es
- - lugares oscuros, de todos los barrios insalubres del mundo entero!... Su una religión para el acabamiento y el cansancio de la civilización, el
reino del mundo es, tanto antes como después, un reino del submundo cristianismo ni siquiera encuentra la civilización ante sí, en determina-
un hospital, un reino-subterráneo, un reino-gueto... Y él mismo, taa das circunstancias la funda.
pálido, tan débil, tan décadent (decadence)... De él se enseñorearon,
hasta los más pálidos de los pálidos, los señores metafísicos, los albinos 24. Voy a tocar aquí únicamente el problema de la génesis del cristianis-
del concepto. Estos estuvieron tejiendo alrededor de él su telaraña todo mo. La primera tesis para su solución dice: el cristianismo resulta
el tiempo preciso, hasta que, hipnotizado por sus movimientos, él comprensible tan sólo a partir del terreno del cual brotó; no es un movi-
mismo se convirtió en una araña, en un metaphisicus (metafísico). A. miento dirigido contra el instinto judío, sino la consecuencia lógica de
partir de ese momento él tejió a su vez la telaraña del mundo sacándola éste, una inferencia más en su espantosa lógica. Dicho con la fórmula
de sí mismo —sub specie Spinozae (en figura de Spinoza)—, a partir de del Redentor: «la salvación viene de los judíos». La segunda tesis dice:
ese momento se transfiguró en algo cada vez más tenue y más pálido, se ei tipo psicológico del Galilea continúa siendo reconocible, pero sólo en
convirtió en un «ideal», se convirtió en un «espíritu puro», se convirtió su degeneración completa (la cual es a la vez una mutilación y una
en un absolutum (realidad absoluta), se convirtió en «cosa en sí»..,1 sobrecarga con rasgos extraños) ha podido servir para aquello para lo
Ruina de un Dios: Dios se convirtió en «cosa en sí»... - que se lo ha usado, para tipo de un redentor de ia humanidad. {El
Anticñsto, Madrid, 1974, trad. de A. Sánchez Pascual, 28-34, 37-43,
18. El concepto cristiano de Dios —Dios como Dios de ios enfermos, 47-49.)
Dios como arana, Dios como espíritu— es uno de los conceptos de Dios,
más corruptos a que se ha llegado en la tierra; tal vez represente incluso
el nivel más bajo en la evolución descendente del tipo de los dioses.
¡Dios, degenerado a ser la contradicción de la vida, en lugar de ser su
transfiguración y su eterno sñ. ¡En Dios, declarada la hostilidad a la
vida, a la naturaleza, a la voluntad de vida! ¡Dios, fórmula de toda
calumnia del «más acá», de toda mentira del «más allá»! ¡En Dios, divi-
nizada la nada, canonizada la voluntad de nada!...
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