“Y perezca primero la patria que humillarse sin brío ni honor…”.
La guerra centroamericana contra los filibusteros, 1856-1857
Carlos Pérez Pineda
Colección Cultura y Violencia
Volumen 2
San Salvador, El Salvador, abril de 2014
Dirección Nacional de Investigaciones en Cultura y Arte de la Secretaría de Cultura de la Presidencia
Introducción
En la presente obra trataré de poner de relieve la importancia de la contribución de las fuerzas militares
de los Estados de Guatemala, El Salvador y Honduras en la guerra contra los filibusteros americanos en
Nicaragua.
Se ha insistido en las diferentes memorias de la Guerra Nacional que las rivalidades y las disputas entre
los jefes de los ejércitos aliados entorpecieron las operaciones militares conjuntas contra el ejército de
Walker pero no se ha examinado detalladamente en qué consistían tales disputas, en qué circunstancias
se produjeron, a qué motivos obedecían y el modo específico en que dificultaron las operaciones
militares contra los filibusteros americanos. En el trabajo se intenta dar respuesta a esas interrogantes.
La guerra tuvo una importancia central en el proceso de construcción estatal en Iberoamérica durante el
siglo XIX. La llamada Guerra Nacional de 1856-1857 tuvo particularidades propias que la
diferenciaron de los numerosos conflictos armados centroamericanos de la época. No obstante, la
guerra contra los filibusteros comparte con dichos conflictos una serie de características importantes,
por lo que su estudio permite conocer la manera en que se libraban las guerras en esa época, el modo de
financiarlas y, en general, el funcionamiento del Estado en condiciones de guerra. El presente trabajo
pretende también contribuir a explicar la relación entre guerra y deuda pública en el siglo XIX a través
del análisis de la experiencia salvadoreña en la guerra antifilibustera.
Las relaciones internacionales y la política de poder en Centroamérica
El istmo centroamericano, dividido después del fracaso de la Federación en cinco pequeños estados, era
el escenario de pretensiones hegemónicas por las fuerzas que gobernaban aquellos estados que gozaban
de mayor estabilidad política y que habían establecido vínculos amistosos con Gran Bretaña, la primera
potencia de la época. La consolidación del poder interno de las élites en los Estados de Guatemala y
Costa Rica creó las condiciones para una relación de colaboración entre ambas entidades que favorecía
cierta unidad en la región bajo la égida conservadora. El historiador Ralph Lee Woodward Jr. Utiliza la
denominación Eje Guatemala-Costa Rica para describir las relaciones entre ambos Estados, destacando
que las relaciones próximas del presidente costarricense Juan Rafael Mora Porras con Guatemala y
Gran Bretaña en materia de política exterior evidencian una alianza conservadora.1
En un marco geopolítico internacional en el que la creciente rivalidad entre Gran Bretaña y los Estados
Unidos de América por el dominio de la ruta interoceánica había causado tensiones serias, el encargado
de negocios de Gran Bretaña en América Central, Frederick Chatfield, utilizó todos los medios a su
disposición para construir una alianza probritánica fuerte entre los conservadores centroamericanos,
promoviendo exitosamente la alianza entre los gobiernos de Guatemala y Costa Rica, dirigida contra
los estados del centro, en los que los liberales conservaban cierto poder después de la derrota de la
1 Woodward ha observado que “los historiadores costarricenses se han resistido frecuentemente a la idea de conceptuar a
Mora como conservador, conforme han desarrollado el mito de que todos los dirigentes de Costa Rica en el siglo XIX
eran liberales. De esta manera tienden a hacer hincapié en la simpatía de Mora hacia el cultivo del café, hecho tan
largamente asociado con el surgimiento del partido liberal en la América Central, así como en su buena voluntad de
permitir a los exiliados liberales de otros Estados residir en Costa Rica. Ciertamente, el conservatismo de Mora era
considerablemente menos reaccionario que el de Carrera en Guatemala. No obstante, un examen cercano de las políticas
de Mora en Costa Rica sugieren que es más adecuado clasificársele (sic) como un conservador moderado. Ciertamente
en política exterior, de particular trascendencia aquí, las relaciones próximas de Mora con la Gran Bretaña y con
Guatemala, por lo menos, sugieren una alianza conservadora”. Ralph Lee Woodward Jr., Rafael Carrera y la creación
de la República de Guatemala, 1821-1871. (Serie Monográfica 12, Guatemala, Plumsock Mesoamerican Studies,
Centro de Investigaciones Regionales de Mesoamérica, 2002), 317.
Federación. La injerencia británica en las luchas políticas internas de los Estados de la región y sus
intervenciones en los territorios centroamericanos de la costa del Caribe generaron sentimientos
antibritánicos entre los liberales centroamericanos que cada vez más dirigían sus miradas hacia los
Estados Unidos de América, no solamente como su modelo de progreso sino también como su eventual
protector ante los abusos británicos.
El presidente vitalicio guatemalteco, Rafael Carrera Turcios, parece haber considerado necesaria “una
división de responsabilidades con Guatemala, El Salvador y Honduras bajo su responsabilidad directa,
y con Nicaragua y Costa Rica bajo Mora” para mantener la hegemonía conservadora en América
Central.2 En una carta dirigida al capitán general Rafael Carrera en octubre de 1857, el general José
Joaquín Mora, hermano del presidente costarricense, después de subrayar la necesidad del control
costarricense del río San Juan y del Lago de Nicaragua, manifestó lo siguiente:
Celebro infinito los deseos que me manifiesta de que Guatemala y Costarica [sic] caminen siempre en
armonía: estos son mis conatos, persuadido, como estoi [sic] de que mientras estemos unidos, los
Estados del Centro tendrán que caminar bien. Mientras que yo pueda influir en la política, no dejaré
de trabajar por estrechar mas y mas los vínculos de amistad que ligan a los dos países.3
En su respuesta a una carta del presidente de la República de Costa Rica, don Juan Rafael Mora, del 19
de febrero de 1857, el presidente Carrera destacó que Costa Rica y Guatemala eran “en Centro America
los dos Estados mas llamados a sostenerse íntimamente por la analogía de su genio, costumbres e
instituciones”.4
Entre los liberales centroamericanos existía la convicción de que los británicos habían favorecido a
Rafael Carrera para alcanzar y conservar el poder en Guatemala y el ministro plenipotenciario de los
Estados Unidos de América, Ephraim George Squier, a principios de la década de 1850, consideraba a
Costa Rica como un “instrumento en manos inglesas” del cual solo podía esperarse “servilismo a los
designios británicos”.5
Las tensiones angloamericanas en América Central durante la aventura expansionista de William
Walker tuvieron lugar en un contexto mucho más amplio. Los británicos temían que los Estados Unidos
se apropiaran de la ruta interocéanica en Nicaragua y complicaran su acceso al importante comercio
asiático en un momento en que se encontraba involucrados en la llamada Guerra de Crimea, conflicto
que fue seguido con mucho interés por los lectores de las gacetas de los gobiernos centroamericanos
que brindaron información detallada sobre el mismo. 6 Los costarricenses probritánicos celebraron en
2 Ralph Lee Woodward Jr. “La política centroamericana de un caudillo conservador: Rafael Carrera, 1840-1865”,
Anuario de Estudios Centroamericanos (Costa Rica), 9, 1983: 55-68.
3 Sor. Capitán Gral. Dn. Rafl. Carrera, Serie Guerra, 1857, No. 10.083. Archivo Nacional de Costa Rica.
4 Exmo. Señor Don Juan R. Mora. Presidente de la República de Costa Rica, Guatemala Marzo 7 de 1857, Serie Guerra y
Marina, Signatura 13436, Archivo Nacional de Costa Rica.
5 Oficio de Squier al ministro de Relaciones Exteriores de EEUU, John Clayton, 5 de enero de 1850. Citado por Armando
Vargas Araya, Juan Rafael Mora y la Guerra Patria: dimensiones latinoamericanas (1850-1860). San José, Costa Rica,
Editorial XXX, 2013, 31.
6 La Guerra de Crimea de 1853-1856 fue el mayor conflicto internacional del siglo XIX. El historiador británico Orlando
Figes ha señalado que las dos guerras mundiales del siglo XX han oscurecido la gran escala y los enormes costos
humanos de la Guerra de Crimea. Las pérdidas humanas fueron realmente inmensas, por lo menos tres cuartos de
millón de soldados muertos en batalla o fallecidos por enfermedades. Nadie se preocupó de contar las víctimas civiles
que también fueron muy numerosas. La Guerra de Crimea es el ejemplo más temprano de una guerra moderna peleada
con nuevas tecnologías industriales: rifles modernos, buques de vapor y ferrocarriles, novedosas formas de
comunicación, el telégrafo, y de logística, importantes innovaciones en medicina militar y la presencia de reporteros de
las calles de San José, junto a residentes británicos y franceses, la caída de la fortaleza rusa de
Sebastopol cantando los himnos Dios Salve a la Reina y la Marsellesa, acompañados por la banda del
Ejército Nacional de Costa Rica.7 La opinión pública americana, sobre todo en los estados del sur,
generalmente favoreció a los rusos.8
Los esfuerzos de Juan Rafael Mora por mantener a sus tropas en la región de la ruta del tránsito y su
aparente interés en las disputas faccionales de sus aliados centroamericanos pueden ser mejor
comprendidas considerando el contexto geopolítico revelado por Woodward.9 Del mismo modo, la
interpretación de Woodward contribuiría a explicar el involucramiento directo de los jefes militares
guatemaltecos, hondureños y salvadoreños en la política faccional interna de Nicaragua. Los diversos
comportamientos de costarricenses y centroamericanos no obedecían a las virtudes individuales del
presidente costarricense ni a una irreprimible predilección insana por participar en disputas aldeanas
por parte de los jefes aliados centroamericanos. En los años del conflicto nicaragüense estaban en juego
los que se consideraban, por los costarricenses, como intereses vitales territoriales y comerciales
puestos en peligro por la irresponsabilidad suicida del faccionalismo nicaragüense y renovadas
aspiraciones guatemaltecas de dominio hegemónico regional. Por el otro lado, estaba el empeño del
Gobierno salvadoreño por impedir la derrota de sus acosados aliados democráticos, con el fin de evitar
el aislamiento regional a que lo condenaría una victoria legitimista en Nicaragua después del
derrocamiento del general Cabañas en Honduras por sus adversarios conservadores con el apoyo
guatemalteco. Reconociendo su situación desventajosa, los salvadoreños pugnaban por conservar un
grado aceptable de autonomía política en relación a Guatemala.
Los tres Estados cuya contribución a la campaña militar contra los filibusteros americanos es el objeto
del presente trabajo, concentraban a principios de 1850 el 62.3% de la población total, calcukada en
dos millones de habitantes, de los cinco Estados que integraron la República Federal de Centro
América.10 La amenaza del filibusterismo en Nicaragua obligó a los Estados de Centroamérica a
organizar fuerzas militares relativamente numerosas considerando su capacidad fiscal y militar. Los
guerra y fotógrafos en el escenario de los combates. La guerra tuvo una escala global: los Balcanes, el Cáucaso, el Mar
Negro, el mar Báltico y el mar Blanco. Orlando Figes, The Crimean War. A History. (NY, Metropolitan Books, 2010).
7 Armando Vargas Araya, [Link]., 33.
8 Las relaciones angloamericanas habían sido tensas en aquellos años debido a las preocupaciones británicas acerca de
reclamos territoriales de los Estados Unidos sobre Canadá y sobre supuestos planes de una invasión militar americana a
Cuba. El ministro británico del Exterior, Clarendon, informó al gabinete que si Cuba fuera invadida Gran Bretaña
declararía la guerra a EEUU. Las relaciones entre Estados Unidos y Rusia se hicieron más estrechas en las condiciones
de aislamiento ruso en Europa impuestas por los grandes poderes occidentales, Francia y Gran Bretaña. Convenios
comerciales fueron suscritos entre ambas naciones unidas por su enemistad hacia Gran Bretaña. Una delegación militar
americana, en la que figuraba el futuro comandante de los ejércitos de la Unión en la primera etapa de la Guerra Civil,
George McClellan, viajó a Rusia para instruir al ejército del zar. Armas y municiones fueron enviadas a Rusia por
ciudadanos americanos. Inclusive el famoso fabricante de armas Samuel Colt ofreció enviar rifles y pistolas a los rusos.
Voluntarios americanos marcharon a Crimea para combatir o para prestar sus servicios como ingenieros en el bando
ruso. Cuarenta médicos americanos fueron asignados al departamento de medicina del Ejército Ruso. Figes, [Link].,
313-314.
9 Definitivamente, el costarricense Mora no estaba solo en su empeño para mantener a sus soldados operando en la ruta
del Tránsito. William Walker expuso claramente que su “política invariable” durante la guerra de Nicaragua “era llegar
tan cerca del Tránsito como fuera posible, a fin de reclutar entre los pasajeros que iban para California o los que de allá
venían, así como para tener medios de comunicación rápidos y fáciles con los Estados Unidos. En cuanto a la Falange
era ocioso malgastar sus energías y fuerzas en una campaña que no la llevase hacia el camino del Tránsito”. William
Walker, La Guerra de Nicaragua. (San José, EDUCA, 1970), 75.
10 “La población se estima solamente en 2,000,000 de habitantes, de los cuales Guatemala tiene 850,000; El Salvador
394,000; Honduras 350,000; Nicaragua 300,000 y Costa Rica 125,000”. En su obra Notes on Central America,
publicada en 1855, Squier anotó que la población de Centroamérica solamente podía calcularse de manera aproximada.
Squier, Apuntamientos sobre Centro América: Honduras y El Salvador, (Managua, Fundación VIDA, 2004), 48-49, 69.
pequeños Estados centroamericanos participantes en la Guerra Nacional tenían diferentes grados de
desarrollo institucional y de centralización del poder político y esas diferencias se reflejaron en los
diferentes tamaños de los contingentes militares enviados a Nicaragua por cada uno de ellos. El
historiador costarricense Víctor Hugo Acuña Ortega ha asignado una importancia de primer orden al
proceso de centralización política de los diversos Estados centroamericanos como factor explicativo de
la llegada de William Walker y sus filibusteros a Nicaragua, así como también para entender los
diferentes grados de involucramiento militar de los Estados del istmo en el conflicto nicaragüense.
Acuña sostiene que una de las facciones contendientes en la guerra civil nicaragüense contrató a
Walker y a sus hombres para inclinar la lucha a su favor y que, precisamente, el factor que provocó tal
iniciativa fue “el carácter inacabado del proceso de centralización política y militar alcanzado en
Nicaragua hasta 1855”. Por otra parte, el mayor grado de desarrollo del proceso de construcción del
Estado en Costa Rica, Guatemala y El Salvador explicaría la capacidad de dichos estados de enviar y
sostener números muy considerables de tropas en Nicaragua.11
De acuerdo con Acuña, los Estados centroamericanos eran en su mayoría institucionalmente débiles
pero en grados muy diversos. Indudablemente el Estado más consistente en términos de centralización
política y fiscalidad era el costarricense, probablemente seguido muy de cerca por el Estado
guatemalteco, fortalecido considerablemente durante el Gobierno presidido por Rafael Carrera, y por el
Estado salvadoreño cuyo proceso de centralización era retardado por la dificultad de subordinar a los
poderes locales representados en las corporaciones municipales. El Estado hondureño y el nicaragüense
se encontraban seguramente en una situación muy similar de debilidad. El fenómeno recurrente de la
guerra condicionó a lo largo del siglo XIX el proceso de construcción de los Estados centroamericanos.
El presente trabajo se inscribe en el campo de una historia militar que no ignora relevantes contextos
sociales, culturales y políticos y tiene el propósito de contribuir a llenar un vacío historiográfico. El
interés principal del trabajo es determinar el significado de la participación de los Estados occidentales
centroamericanos en la campaña militar contra el ejército de filibusteros americanos en Nicaragua.
La participación salvadoreña en la guerra ha recibido una atención especial en la obra. La investigación
comprendió la búsqueda de documentación sobre el periodo histórico en archivos y bibliotecas de El
Salvador y Costa Rica. Lamentablemente no ha sido posible encontrar abundante información sobre el
período de la guerra contra los filibusteros en el Archivo General de la Nación de El Salvador debido a
que la mayor parte de la documentación del período de la administración de don Rafael Campo Pomar
se perdió definitivamente en el incendio del Archivo Nacional en 1889. La información encontrada
sobre el tema es escasa y en su mayor parte discontinua, exceptuando a los números de la Gaceta del
Gobierno del Salvador publicados en 1856 y 1857. La memoria histórica del acontecimiento es
actualmente inexistente y las causas de su desaparición son una cuestión no esclarecida que demanda
investigación.
El acceso a los archivos guatemaltecos, hondureños y nicaragüenses es tarea pendiente para futuras
investigaciones sobre el tema. Desafortunadamente, la carencia de financiamiento impidió la
realización de permanencias de investigación en esos lugares de memoria que, seguramente, guardan
valiosa documentación sobre la guerra centroamericana contra William Walker y sus filibusteros.
Espero que mi modesta contribución, que es el resultado de una investigación denominada “Cultura,
Estado y guerra en Centroamérica durante el siglo XIX”, llevada a cabo en la Dirección Nacional de
11 Víctor Hugo Acuña Ortega, “Filibusteros, estados e imperios: Centroamérica (1855-1860)”, Juan Carlos Garavaglia y
Claudia Contente (eds.), Configuraciones naturales, regiones y sociedades locales. América Latina, siglos XIX-XX.
Barcelona, Universidat Pompeu Fabra, 2011, pp. 135-154.
Investigaciones en Cultura y Arte (DNI) de la Secretaría de Cultura de la Presidencia en el año 2013,
motive el interés de historiadores que eventualmente deseen profundizar en aspectos particulares de
este fascinante tema tan desconocido en los países del occidente centroamericano.
CAPÍTULO I:
Las fuerzas militares de los Estados y la organización de las expediciones aliadas a Nicaragua
En el período de la guerra contra los filibusteros, las fuerzas militares de los nuevos Estados
centroamericanos estaban constituidas por un pequeño núcleo de tropa veterana, que se aproximaba a
lo que podría ser considerada una fuerza regular, y un sistema auxiliar de milicias cuyo antecedente se
remonta al pasado colonial.12
Los ejércitos de los Estados del istmo eran fuerzas preprofesionales, las academias militares para la
formación de oficiales eran inexistentes, los problemas de financiamiento constantes, el armamento
escaso y en mal estado por falta de mantenimiento adecuado. 13 El caudillismo era un rasgo persistente
de las fuerzas militares centroamericanas del siglo XIX. Muchas veces, los campesinos rápidamente
movilizados en las fuerzas militares faccionalistas se encontraban vinculados de manera personalista
con su jefe. Tal fue el caso de los texiguats y curarenes hondureños y de los calvareños de San
Salvador, leales hasta el fin al general Francisco Morazán Quezada, o el de los indios de Cojutepeque y
su caudillo, el general José María Rivas.
La reflexión de Juan Carlos Garavaglia sobre los ejércitos iberoamericanos en el siglo XIX corresponde
ampliamente con las características generales de las fuerzas militares organizadas por los pequeños
Estados centroamericanos en la época de la guerra contra los filibusteros. De acuerdo con Garavaglia:
Los ejércitos (…) eran como los estados mismos a los que sostenían, una extraña mezcla de elementos
antiguos -conocidos desde la colonia- y de elementos nuevos, ligados al proyecto moderno de la
nación surgido de la Revolución. Encontramos milicias y redes clientelares, discriminaciones étnicas y
localismos persistentes, cuando no una continuidad pura y simple de unidades militares, de formas de
organización y de personas procedentes de la época colonial. Pero, junto a ellas, formando una
amalgama difícil de separar, también aparecen la acción nacionalizadora de la guerra defensiva, las
excitaciones al patriotismo y la introducción del arte de la guerra traído de la Europa
posrevolucionaria. Ambas partes de la ecuación -lo antiguo y lo nuevo- forman los ejércitos del siglo
XIX.14
12 Las milicias, en sus diversas modalidades, fueron indudablemente “las unidades más característicamente americanas, y
las que más influyeron en el mundo militar colonial, tanto por sus implicaciones sobre la estructura social americana,
como por constituir el legado colonial más importante, en el terreno de lo militar, para la América contemporánea”.
Juan Marchena Fernández (coord.) y otros, El Ejército de América antes de la Independencia. Ejército Regular y
Milicias Americanas 1750-1815. Hojas de Servicio y Uniformes.
13 “Después de 1821, la organización de las tropas era deficiente, existiendo únicamente el Batallón del Fijo, la Brigada de
Artillería, casi sin material, el Escuadrón de Dragones, medio organizado, sin embargo, estas unidades más que todo
durante esos años solo sirvieron para desfiles y paradas. Las guerras de la federación obligaron a organizar las tropas y
se incrementaron los efectivos”. Marco Antonio Sánchez Samayoa (Cnel.), “Evaluación histórica del Ejército de
Guatemala”, Revista Militar (Guatemala) 40 (mayo-diciembre de 1987), 17-48.
14 Juan Carlos Garavaglia, Juan Pro Ruiz y Eduardo Zimmerman (editores), Las fuerzas de guerra en la construcción del
Estado: América Latina, siglo XIX, (Rosario, Argentina: Prohistoria Ediciones, 2012), 18. Énfasis del original.
Cuando había que librar una guerra se organizaba apresuradamente una fuerza militar adecuada a la
escala del desafío levantando nuevas tropas que se sumaban a la pequeña fuerza permanente del estado.
Como los ingresos fiscales ordinarios de los débiles Estados centroamericanos y su capacidad de
recaudar impuestos no bastaban para financiar a fuerzas militares numerosas, se decretaban empréstitos
forzosos y se solicitaban préstamos voluntarios. Los ejércitos milicianos organizados para enfrentar las
emergencias militares eran inmediatamente disueltos una vez que todo había terminado.
La demora de los Estados centroamericanos en acudir con fuerzas militares a apoyar las tropas de Costa
Rica para expulsar a los filibusteros debe atribuirse no solamente al estado insuficiente de sus
preparativos militares, sino también a una primera interpretación de los cambios políticos en Nicaragua
en términos partidaristas: el presidente Carrera de Guatemala estaba más preocupado por eliminar la
amenaza representada por la presencia del general José Trinidad Cabañas Fiallos en Honduras que en
los sucesos de Nicaragua, mientras que el Gobierno salvadoreño, preocupado en primer lugar por las
maniobras hegemonistas guatemaltecas en Honduras, no consideraba a la pequeña fuerza americana al
servicio de los democráticos de León como una amenaza. El caudillo liberal salvadoreño, Gerardo
Barrios, justificó el reclutamiento de americanos por los democráticos leoneses, comentando que para
Jerez, Pineda y otros prominentes dirigentes democráticos “era mejor un amo que un verdugo”. 15
Barrios estaba a favor del reconocimiento del gobierno títere de Patricio Rivas en León y de que El
Salvador se comprometiera a no auxiliar a ningún partido al interior de Nicaragua a condición de que el
Gobierno de Rivas se comprometiera a reducir la fuerza americana a su servicio.16
La pequeña fuerza americana llevada por William Walker a Nicaragua en 1855 había recibido el
nombre de “Falange Americana” propuesto por el jefe civil de la administración leonesa, Francisco
Castellón, y su participación en la guerra civil nicaragüense no fue vista, por lo menos en un primer
momento, como una amenaza por los simpatizantes centroamericanos de la causa liberal. El periódico
salvadoreño El Rol, editado en San Vicente, criticó al periódico granadino El Defensor del Orden,
número 56, por falsificar los hechos de la expedición de Walker sobre el departamento Meridional a
finales de junio de 1855 y por utilizar el epíteto de “filibusteros” para denominar a los voluntarios
americanos contratados por el bando democrático. El Rol publicó un despacho del prefecto legitimista
del departamento Meridional en el que éste narraba hechos atroces cometidos contra los leoneses, a los
que el periódico salvadoreño calificó de “actos piratas y salvajes”. El Rol destacó:
tan lejos estaba el coronel Walker de haber imitado tal conducta, que habiendo hecho prisionero al
capitán Cruz, comandante de Tola, le salvó la vida, lo mismo que a otros, y mandó fusilar, según
15 El “verdugo al que hacía referencia Barrios era el enemigo legitimista granadino. Barrios consideró que “si los
nicaragüenses vieran en el ejército de los Estados hombres que les garantizaran que después de espulsar a los
americanos no se restablecía el partido lejitimista que tanto les costó derrocar, yo creo que podía contarse con ellos,
pero mientras ellos vean las tropas de Honduras remitidas por Guardiola que ha sigo Gefe de los legitimistas; tropas
remitidas por el General Carrera que protejió a los lejitimistas, es imposible es indudable que todo el partido
democrático que es la mayoría de Nicaragua, no se una al demonio para defenderse, pues, ya han experimando que el
lejitimista no les da cuartel”. Presumiblemente pensando en él mismo, Barrios añadió “y si a ésto se agrega que por
parte del Gefe del Salvador no se ha ocupado ni a un invitado á ninguno liberal de prestijio, mayor desconfianza para
los nicaragüenses y aun alarma para nosotros”. Carta de Gerardo Barrios a Carlos Meany, San Miguel, mayo 26 de
1856, Gerardo Barrios: Recopilación Documental 1856-1878, (San Salvador: CONCULTURA, AGN, 2007), 12.
16 Ibid, 13. El reconocimiento del Gobierno de Rivas en ese momento hubiera favorecido los planes de Walker. El
gobierno títere de Patricio Rivas trató de detener por medio de la diplomacia la intervención militar de Guatemala, El
Salvador y Honduras en Nicaragua. Rivas aseguró a representantes de los tres Estados centroamericanos occidentales en
León que no deseaba la guerra y que no había necesidad de un rompimiento pues un Gobierno solamente quería
mantener relaciones armoniosas con sus vecinos. Rivas fracasó en su empeño y finalmente abandonó a Walker.
Woodward, “Rafael Carrera”, 406-407.
sabemos, a dos hombres, por haber incendiado el cuartel de San Juan del Sur. Con que, si éste castiga
el incendio, y los granadinos lo aplauden; si aquel trató con humanidad a los prisioneros, y estos son
crueles, aún con los soldados rendidos, ¿Cuál de los dos merece el epíteto de Pirata? Juzgue el
mundo; decidan los hombres imparciales.17
Una vez despejadas las dudas sobre las verdaderas intenciones de Walker y sus filibusteros, los Estados
de El Salvador y Guatemala tuvieron que organizar sus fuerzas expedicionarias partiendo de un estado
de preparación muy básico.
17 El Rol, número 39, San Vicente, 15 de agosto de 1855.