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Poemas Pedro Casaldáliga

Este documento presenta un prólogo escrito por José García Nieto para introducir el libro de poemas "PALABRA UNGIDA" de Pedro María Casaldáliga. En menos de 3 oraciones, el prólogo describe a Casaldáliga como un nuevo poeta religioso que aporta una perspectiva nueva y entusiasta a la poesía nacional, con conocimiento y pasión, mostrando la capacidad de los poetas religiosos de elevar el lenguaje poético sobre temas divinos de una manera precisa.

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Poemas Pedro Casaldáliga

Este documento presenta un prólogo escrito por José García Nieto para introducir el libro de poemas "PALABRA UNGIDA" de Pedro María Casaldáliga. En menos de 3 oraciones, el prólogo describe a Casaldáliga como un nuevo poeta religioso que aporta una perspectiva nueva y entusiasta a la poesía nacional, con conocimiento y pasión, mostrando la capacidad de los poetas religiosos de elevar el lenguaje poético sobre temas divinos de una manera precisa.

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PALABRA UNGIDA

(Poemas)

Pedro CASALDÁLIGA
1955

Prólogo

Era preciso, sí; era urgente, si queréis mejor, que al


camino real de la Poesía llegaran de una vez esos
recoletos senderos de la Poesía hecha por religiosos; pero
la urgencia de la llamada -bien lo sabían los convocados, y
bien también los que a diario ensayaban provisionalidades
inútiles- no suponía que se abundara de nuevo en la
endeble Poesía devota, ocasional y de calendario a que
ciertas formas todavía persistentes nos tenían
acostumbrados. No nos bastaba con que los religiosos
cuajaran de flores fáciles el ya abundante jardín de las
rimadas jaculatorias de estampita; no nos bastaba la
reiterada buena intención del clérigo "con puntos" de
literato que pasaba de sus latines a su versificación, sin
hacer mal a nadie, es verdad, pero sin bien ninguno para
Dios ni para el César. Frente a este amaneramiento de los
que entraban en un campo sin preparación, para lograr
cosechas de floración indudablemente precaria y gratuita,
se encontraron los poetas seglares que, descubridores
aparentes de una tierra antigua y propicia, comenzaron a
dialogar a lo divino tomando el rábano por las hojas y
saliéndose mil y una veces de lo que el tiesto y el credo
mandaban.
Por eso han sido bien venidas estas huestes -el número
hace ya fuerza- de eclesiásticos que, desde una nueva y
entusiástica posición, han irrumpido en la Poesía nacional,
con conocimiento y causa por un lado, con fervor e
inspiración por otro. Estaba demasiado llevado y traído el
coloquio con Dios, había sido manejado sobradamente,
ligeramente muchas veces su Nombre; oficiaban los no
preparados, sin darse cuenta de que la materia que
manejaban sus manos era sustancia hermosa, de
exigencias y precisiones inalterables. Y eran las manos del
sacerdote las que tenían que venir a elevarla, y esas
manos las que tenían que entregarla a los demás hombres
con cuenta de su exacto y definitivo sentido.

Pedro María Casaldáliga es un nuevo soldado, portador de


estas dobles armas que la campaña hacia Dios necesita en
el vuelo de la Poesía. Que el vuelo no quita -no lo quitaba
en San Juan de la Cruz- anclaje y lugar exacto para la
palabra, recuperación de su espléndido pero limitado
ministerio. ¡Qué gozo el de ver cómo en estos versos las
enormes palabras Vida, Muerte, o Amor, o Dios, se sitúan
de una vez y para siempre en su certero y clarísimo
espacio! Cómo el doble magisterio hombre-religioso y
hombre-poeta maneja el vocablo en la oración, y en la
Oración. Plegaria y gramática, plegaria y retórica, servidas
sin declinaciones a mayor gracia de Dios, a gracia menor
de los hombres.

La glosa de los tópicos pasajes bíblicos, las santas


efemérides, los humanos pasos en la tierra bajo la divina,
vigilante mirada, cobran en este poeta personalidad
auténtica, frescura y donaire, entereza y emoción, llama,
en suma, unitaria e inextinguible de verdadera Poesía. Ah,
cómo sólo un poeta, y solamente un sacerdote-poeta
puede alcanzar estos versos:

"Todos se me arrodillan. Y me dejan,


en mitad de las horas, suspendido
entre el cielo y la tierra..."

o el riesgo y la fortaleza de aquéllos:

"Como un perro encendido


que va a caza de Dios,
mi corazón..."

¿Influencias...? ¿Fuentes de estos poemas...? Y ¿por qué


no, si la garganta aparece limpia y virgen en el trago?
Demos gracias a los hombres por lo que puedan darnos
cuando no sea suficiencia y exceso, cuando no sea
confusión o soberbia. Y la voz de este poeta no es
prestataria de nada ni de nadie, ya que genealogía e
independencia se han logrado con una actitud humilde
ante el mensaje.
Pero además es precisamente en estos momentos, en que
la aceptación de un molde anterior podía lastrar el poema
quitándole sorpresa y fragancia, cuando el autor de
"PALABRA UNGIDA" consigue aciertos de una
sorprendente novedad. Así en esta canción que parece
arrancada de la mejor vena tradicional y que se adensa
primero, y se aligera después, y se quiebra y se suspende,
por último, con una gran eficacia técnica y personalísima:

"Cuando El llegó
¿qué hora daba, Madre,
tu Corazón?
(Mientras no llegaba
daba la hora
de la esperanza)
Pero cuando llegó
¿qué hora daba...?"

Puede bastar esta muestra para recordar a un poeta por


mucho tiempo. Y poemas de este encanto y delgadez,
como otros donde el verso más ancho y capaz acoge con
grave cometido la voz más honda del autor, pueden
encontrarse en esta entrega del Padre Casaldáliga, al que
debemos gratitud por su llegada. Las huestes avanzan. El
es uno más. Uno más de los doblemente elegidos.
Habladnos de Dios. Habladle. Manos puente, manos
dadoras, entregádnoslo también en el pan de las más
hermosas y terrenas palabras.

José García Nieto

ÍNDICE

LA GRANADA ABIERTA
A LA VIRGEN DE NAVIDAD
A LA VIRGEN DE LA EPIFANIA
LETRILLA DE LA HUIDA A EGIPTO
ANTIFONAS DE LA CANDELARIA
ANTIFONAS DE JUEVES SANTO
ANTIFONAS DEL SABADO SANTO
RETABLO VEHEMENTE
BRINDIS DEL ESTADIO
POESIA CORDIMARIANA
PAISAJE
MARINAS
SALMO EN GALICIA
NADIE ME DICE TU
EPIFANIA

LA GRANADA ABIERTA

Abriré el corazón rotundamente,


igual que una granada.
Para que se lo lleven, grano a grano,
los pájaros del cielo,
las almas de los hombres...

Tú cuídame, Señor, que esté maduro:


que no me caiga a tierra,
inútil, ni una sola
de sus talladas margaritas rojas...

Las palabras no son


más que un eco,
muerto,
casi no mío ya.
La voz es el silencio.

Apenas son el viento


de este pinar oscuro de la carne...
La palabra del alma es el silencio.

Con tiento el corazón,


alma: con mucho tiento,
que lleva vino de Consagración...

Copla
Río abajo se va al mar.
Y a la fuente río arriba.
Tú, bajando hacia tu mar,
subes a tu fuente, Vida.

Tu vestido de alegría
me engaña a veces, Señor.
No me ha engañado nunca todavía
tu vestido de dolor.

Supervivencia

Pero quédate en la playa,


viviendo en todas tus cosas.
Entero, presente, claro.

(El mar ha encerrado toda


su alma infinita en cada
una de estas caracolas).

Aunque tú no las veas,


siguen luciendo las estrellas.
Ya has entrado en la noche,
para verlas...?

La muerte

Como a una hermana. Sin rubor. De frente


y en un paso a nivel de mi avenida...
¡Quiero esperarte agradecidamente,
como si hubiera entrado ya en la Vida!

Tú, el Principio y el Fin.


Yo, un ahora peregrino
desde Ti a Ti.

Señor, no quiero ser más que lo que soy: nada.


Para que, de este modo,
en mi mansión deshabitada
Tú, Huésped dueño, lo seas todo.

Misacantano misionero
¡Qué unción de plenitud la tuya, hermano,
al coronar —ya Cristo— la senda dolorida,
hoy que gime en tus velas la voz del mar lejano
y abres al holocausto la rosa de la vida!

Yo no soy más que un chopo claro


sobre las aguas del Deseo.

Boca del viento, y brazo de la noche


para la alta limosna del rocío.

Subo hacia Ti, Señor, sinceramente:


pero con las raíces empapadas
del afán de la [Link] sin fruto:
pero en la luz de tu Misericordia
soy todo plata como un candelabro.

¡Yo no soy más que un chopo claro


sobre las aguas del Deseo...!

El campo y Dios
A Lorenzo Gomis

Por debajo del alma


me pasa el agua.

Por encima del alma


las nubes altas.

Por en medio del alma


la gran nostalgia.

Corazón, échate al mar


como una barca sin velas;
ni te pongas a remar.
Suelta al viento la canción
y apaga tus luces. Pon
un niño por timonel...

¡Mar adentro, corazón,


que Dios velará por él!

Propósito
Por fin echaré a andar...
Sólo, por donde sea,
por donde quiera Dios y su momento
y mi sinceridad.

Ya me estaba cansando
de pisarme la vida tristemente.

¡Aire, cielo, aire, mar, cielo, mar, aire!

Sólo, o con vosotros, ¡con los hombres!


¡¡ pero fuera de mí !!

La oración de la impaciencia

Como se espera una cita que nunca ha faltado,


te esperaré. De rodillas sentado,
paseándome a lo largo de la impaciencia del río...

Por todo el tiempo que Tu amor lo quiera.

Te esperaré, Dios mío,


como tu Paz espera!

Más allá del martirio de los hombres,


la corona de Dios Y su palabra
más allá de las fútiles
palabras de los hombres, decisiva.
¡Más allá, la corona
viva de su Palabra!

Eres el mar.
Son tuyas todas las playas,
pero ninguna es la tuya...
¡Oh corazón, glorioso
cosmopolita sin hogar ni patria!

A LA VIRGEN DE NAVIDAD

La olvidada campana de la estrella


toca la hora del Amor, y el viento
dispersa en las tinieblas el lamento
de los cautivos y la Paz lo sella.
Porque eres Madre, siendo aún Doncella,
y el río de tu leche es ya sustento;
porque duerme el Señor bajo tu aliento,
heno de tu campiña en la gamella:

En la Noche del Tiempo renacido,


incapaz de decir tu dulce nombre
la Palabra del Padre hecha vagido;

capullo de las fajas y del sueño,


tembloroso y mortal capullo de hombre
¡nuestro hermano mayor y el más pequeño!

A LA VIRGEN DE LA EPIFANÍA

Del Oriente, del Mar, del Mediodía,


¡todas las gentes hoy ganamos puerto
—caravanas de Dios por el desierto,
de su querencia—, en esta Epifanía

del Verbo consagrado en Ti, María,


y en Sacramento de humildad cubierto!
Doblada el alma y el tesoro abierto,
ganamos hoy, por fin, la teofanía

del Sinaí velado en mansedumbre


y al aire de tus brisas apagado:
el rostro del Señor, sobre tu cumbre:

la Nueva Ley, grabada en la sencilla


Presencia de un infante recostado
sobre este Sinaí de tu rodilla.

LETRILLA DE LA HUIDA A EGIPTO


A mi gran amigo Martín
Calladamente solos, con la noche,
guardando la Presencia
perseguida de Dios.

La sombra del asnillo


mide la luz del sol.
Y el viento borra en la arena
las huellas y las palmeras
os van cogiendo la voz...

El Niño duerme. (¿No sabes


que te persiguen, Señor?
¿No sabes que nos estorbas...?)
¡Tú, desvelada como una
golondrina en la tormenta,
Virgen, y tu Corazón
como un niño perseguido
entre tus brazos, con Dios!

Sólo quince primaveras


te han recogido la flor,
y ya eres Madre de un fruto
de dolor.
Madrecita de Belén
¡qué pronto se atravesó
en el gozo de tu vida
la espada de Simeón!

...Peregrinos por la arena


de nuestra desolación,
calladamente solos, con la noche,
la Madre y la Presencia
perseguida de Dios...

ANTÍFONAS DE LA CANDELARIA

I
¡Oh Patriarca que has visto, niño anciano
con la sorpresa de la Nueva Alianza
cumplida sobre el ara de tu mano!
¡Con qué alborozo, cuando el Sol alcanza
el sostenido ocaso de tu vida,
se derrama en tu barba florecida
la poscomunión de la esperanza!

II
Iahvé apaga el Viejo Sacrificio,
y muere en el gemido de las tórtolas
la voz caduca de la sangre...
Que el Niño es una hostia
pacífica y la Madre
celebra el Ofertorio, y en la boca
lenta de Simeón
la Profecía inmola.
(Tu Corazón se abre
al filo de la espada redentora.
Y a tus ojos ausentes
el viento bate una bandera roja...
¡Qué larga es la sombra del Calvario!)

El Niño es una hostia


pacífica y la Madre
celebra el Ofertorio, mientras
toda la voz caduca de la sangre muere
en el gemido de unas tórtolas.

ANTÍFONAS DE JUEVES SANTO

"In qua nocte tradebatur"


Ganando el paso ágil de la intriga,
Tú mismo, por amor, te has entregado;
cautivo por las lanzas de la espiga,
dócil al beso y al bocado.

El lavatorio
A mí lávame el alma. Toda el alma,
desnuda y polvorienta...
—¡Este lobo de mar que te ha seguido!—
Sosténmela, Señor, entre tus manos
como para adentrarla en el Camino
definitivamente.

A la Virgen del Cenáculo


Tu voz estremecía su palabra
Y la densa ternura
de tu Maternidad
desbordaba las cuencas de sus ojos...

Tu Corazón velaba ardientemente


su pobre Corazón incomprendido.
Y el pulso de tu Sangre conducía
el Vino derramado de su Sangre...
ANTÍFONAS DEL SABADO SANTO

En la restauración de sus Oficios nocturnos. 1951.-

El llanto vegetal
del incienso. Y el agua.
Y el fuego del pedernal...
Porque hoy empieza todo,
hoy habla lo elemental.

Y el Verbo se hace Luz


en la carne labrada de la cera...

Como en Belén tu Madre, en la gozosa


alba de ocaso de tu Navidad,
sobre esta cuna de inmortalidad,
en retorno de amor, vela tu Esposa.

Ni el día. Ni la aurora.
Ni los hombres... ¡Tú, Noche veladora
entre las flores del huerto!

¡Sólo tú sabes la hora!

¡Ha vuelto la golondrina


del Aleluya!

Tu Cuerpo es la Primavera.
Todas las rosas se cifran
en tus cinco rosas nuevas.

Cuando El llegó
¿qué hora daba, Madre,
tu Corazón?
(Mientras no llegaba,
daba la hora
de la esperanza).
Pero cuando llegó
¿qué hora daba...?

Tú, la primera. Habías de ser Tú.


¡Si hasta que vino a verte,
no hubo resucitado enteramente!

Hoy, Madre Fuente, conresucitado,


me renuevo en la muerte del Bautismo,
para volver a ser, ya hombre, el mismo
que nací de tu seno inmaculado.

¡Yo te seré testigo de Sábado:


como este exultante Diácono!

RETABLO VEHEMENTE

Adviento
El Angel de la espera
está despierto.
Y su lámpara evangeliza
desde la tarde morada de Adviento.

Todas las cosas, en vigilia


como Israel, esperan
tu advenimiento.
La Esposa, en vela, te ha enviado
por los caminos oscuros de invierno
el Amigo de las bodas.
Y en la ilusión de unos pañales nuevos
te espera también tu Madre,
oh Cristo de su seno.

.. ¡Y hasta los que no te esperan,


te están llamando en su desasosiego...!

Navidad

Calla, Isaías... que ya ha florecido


el tronco viejo de tu voz:
Una aureola virgen vela el parto,
y el heno estremecido
ciñe el cuerpo de Dios.

Callad, sombras, callad...


que se ha abierto el Oriente
sobre esta breve Humanidad.

(La boca de su vida balbuciente


ha acallado las lanzas de la guerra.
El aire se ha llenado de palmas de Verdad
y de olivos benignos de Gracia, y en la tierra
la Justicia se ha dado un beso con la Paz...
¡Sobre el heno oloroso de tu pesebre toda
la Creación, en Ti, está de boda!).

Tienes vida y hacienda


en el seno del Padre
desde la Eternidad.
¿Por qué te has hecho esa mezquina tienda?
¿Qué buscas en la leche de tu Madre
y en la ruda amistad
de los pastores, Verbo?

¡Hasta el ojo del buey te ve, Señor...!

Epifanía

¿Sólo para los tres Magos


esa tu palabra inmensa?
¿Sólo tres vasallos, Rey... ?
¡No malgastes la estrella!

Que se congreguen en tu gruta


todas las caravanas de la tierra.
Llama a las del Oriente entumecido
—que trajo las primeras
y en la hora del alba—. Al Occidente
llámalo... como si no estuviera.

¡Todas a Ti, aunque se turbe Herodes!

(¿No quieres, Madre, que tu Fruto sea


para todos,
como el de Eva...?)

Pasión

Tú, leproso y ludibrio... Varón


de dolores, sin gloria, que has pisado
solo—y ebrio—el lagar, y te has manchado
de mosto de amargura...
Tú que traes, Señor, el Corazón
roto bajo la prensa del pecado.
¡Gusano y no hombre, que, en sanción
de tus propios amores condenado,
eres el gran Pecado sin perdón!
¿Has medido, Amador, el loco exceso
que te ha sacado del Séptimo Día...?
¿No te bastó cubrirte de prestado?
¿No te basta ser preso
de la exigua envoltura de un bocado?
¿Por qué te rindes, Fuerte, a la agonía
y a la celada trémula de un beso?

Secuencia de Pascua

Por siempre más ya es Día.


Por las palmas de alegría
de tu victoria nuestra...
Con tu Pascua
¡oh Cirio de las llagas olorosas!
ha renacido en fuego nuevo el ascua
sobre el altar difunto de tu Esposa.
Y hemos nacido hijos de la Luz
—del árbol nuevo de tu Cruz
y de tu Madre nueva—
los hijos muertos de Eva.
Azimos, sin la levadura
agria del viejo Adán:
masa fresca y pura
para el leudo incorrupto de tu Pan.

Por siempre más ya es Día,


¡oh Pascua verdadera
que alzas la inmarcesible Primavera
en las rosas tempranas
de tu carne, reciente de agonía!
¡Tú, que al vuelo sonoro
de las altas campanas,
con tu lengua de llama, nuestra y tuya,
oh Cirio de las cinco bocas de oro,
abres el "júbilus" del Aleluya...!

Pentecostés

Tú te has ido. Con la primavera.


Pero aún nos guía tu Presencia ausente,
Cristo, por el camino
de la esperanza, verde.

Hacia el maduro Otoño y la Vendimia...


Tú te has ido, pero refloreces
en nosotros ¡oh Vid
cosechada y perenne!

En nosotros que vamos—y Tú vienes—


bajo el estío del Amor
por el camino luminoso y verde...

BRINDIS DEL ESTADIO

-A todos los que han recibido conmigo


el Sacerdocio sobre el Estadio de Montjuich,
en el Congreso Eucarístico Internacional de Barcelona. 1952-

¡Levantemos el Vino del Señor, por la salud del mundo!


Brindemos, en la Iglesia de los Santos,
para que la promesa de este Mayo
—Primavera ecuménica de Paz—
alcance la sazón de las espigas
que entregaron su carne al Sacramento.

Apuremos el Vino por nosotros, hermanos: que en la verde


palestra del Estadio nos citamos
al odio y a la muerte y al tremendo poder de las tinieblas...
¡Destaquemos la densa falange de su Sangre
en la débil calzada de las venas!
¡Y en los músculos flojos ciñamos la panoplia de su Cuerpo!

¡Brindamos por nosotros, Señor Jesús...! —Tendidos


sobre el ara profana del Estadio.
Llamados por tu Amor, de entre todos los hombres,
al mismo gesto de partir el Pan...
En la ansiosa vigilia de lanzarnos al mundo a dar la cara por Ti.
¡Estas mil bocas nuevas que darán testimonio de tu Nombre!—
Consérvanos atléticos; ágiles por el duro masaje de tu Espíritu;
"seniores" en la vida y la palabra;
fieles al Corazón que nos ha amado desmedidamente:
dignos de Ti.

(¡Virgen anclada sobre el oleaje de la Montaña electa,


Madre también de estos Cristos muchachos
que hoy abordan la ruta del Misterio!
Guárdanos Tú conformes al Pontífice;
lenguas vivientes de Pentecostés; dulces, contigo, y maternales.
...En las altas mareas del corazón, sosiéganos
con la casta hermosura de tu mano...)
¡Hermanos! ¡Caballeros del Grial!
¡Atletas de Jesús desde la verde arena del Estadio!
En la ardiente vigilia de lanzarnos al mundo a dar la cara por El,
¡levantemos el Vino del Señor por la salud del mundo!

POESÍA CORDIMARIANA

Al R. P. Carlos E. Mesa, cmf.,


Maestro inolvidable.

Los hombres van por defuera,


recorriendo tus ermitas
calzadas de primavera.

Romero de dentro, yo
me voy con la romería
que sube a tu Corazón.

Yo también soy un hombre


con caudal de pasión.

El fuego de la Gracia ha calcinado


la piedra de mi voz.
Pero aún soy un hombre incontenible
contra las aguas rojas de las venas.
Y el corazón señala, cada día,
sin falta, cada día,
la hora del amor...

¡Y sin falta respondes


—cada día más cerca—
con la campana de tu Corazón!
Mañana ya, tal vez, desde mí mismo...

Como un perro encendido


que va a caza de Dios,
mi corazón se sacia
del agua de tu amor.

Sobre tu carne virgen nace el cielo.


La tierra ha descubierto la flor de la alegría
bajo las dulces alas de tus pies.
Y los hombres, que somos unos niños sin paz,
por la cuna incansable de tus manos
ya sabemos soñar...
¡Y en la hondonada de tu Corazón
se ha abierto el trébol de la Trinidad!

Yo plantaré la encina de mi voz


en mitad de la tierra desolada.
Tú bajarás como en Iría...
¡y te verán todos los hombres, Madre!

En esta pobre noche de Belén,


mis hermanos, pastores inconscientes;
te verán con los ojos de Jacinta.

La sangre derramada será una rosa inmensa.

Sobre la cuna de tu Corazón


Dios nacerá, otra vez, al mundo.

Mi vida como un río


desde tu Corazón.

Impetuosamente
hacia tu Corazón
el río de mi sangre.

¡Mi muerte, como un río


contra tu Corazón
abierto, Madre!

PAISAJE

Centinelas del invierno

Junto al cauce muerto,


tres álamos secos.
Parados.

—¿Qué aguardáis, en fila,


centinelas blancos?
Invierno ¿qué esperan?

—Que agite el ribazo


campanillas nuevas
y pase el cortejo de risas
—por el cauce muerto—de la Primavera:
para abandonarme,
rindiéndose a ella...
¡Siempre me traicionan
estos centinelas!

Almendros rosas:
peladillas de boda.
La Primavera es la novia.

Agua ideal

Agua redonda y cerrada,


el agua del pozo piensa.

El agua andante del río


es buena como una arteria.

La del mar... está muy lejos


para la sed de la tierra.

El torrente lleva el agua


sin saber por qué la lleva.

La fuente, en su boca clara,


la lleva como un poeta.

...Yo busco un agua sin cauces,


pero pensativa y buena.
Honda y cercana. Y sonora.
¡Señor, el agua perfecta!

Los dos bueyes hermanos


sorben pausadamente
la sangre del ocaso.

Los plátanos aplaudían


en silencio, con sus manos verdes
y aterciopeladas.

La torrentera embestía
las rocas como una vaca
de lengua turbia.

Y la tarde
se moría desangrada...
En la feria de tus viñas,
los cascabeles dorados
—de miel y de sol—, Septiembre.
Bajo el toldo de tu cielo,
¡dulce domingo del año!

MARINAS

—Calafell, Abril 1950—

En el aire de abril, aún sin rosas,


danza un sol de verano.
El cielo hincha las velas de su barco azul.
Es mediodía.

Voy hacia el mar, sonámbulo...


Y el mar me espera con el corazón
abierto y dominado.
(El padre mar
ya tiene muchos años).
Mientras se riza la barba,
florida de sol y llanto,
tres barcas niñas, cerquita,
se ríen del viejo cano.
Entre las barcas y el mar
van de puntillas dos galgos...

***

Arrebujado en una manta negra,


sobre el tibio regazo
de la playa, dormido, un pescador
hunde en la arena conocida el brazo
desnudo, como un áncora de carne
desde su sueño...

El portalejo blanco
de la casa marina, enfrente, se alza,
sobre un niño que juega, como un arco.
Juega de cara al mar y al sol
el pescadorcillo dorado:
con un sable de madera
entre la risa y la mano
y un grito menudo al viento....
Como un capitán corsario.

***

Entraban en el agua
los pescadores, sin pensar,
vestidos,
como en su propia calle...
El mar—el perro amigo—
les lamía, llenándoles de baba.

***

De la mano yodada
de un niño cuelgan dos
lenguas de plata.

El crepúsculo tiembla como un pez


agónico sobre el agua.

Los sueños van y vienen,


verdes y blancos, en la marejada...

SALMO EN GALICIA

—Baltar, Julio de 1952—

Junto al montón de paja de mi vida,


entre el cielo y el mar
y la arboleda oscura donde braman
todas las fieras de la juventud,
he levantado un hórreo sensible
y fiel como una arqueta.

Junto al montón de paja de mi vida


— broza muerta de sol...

Aquí recogeré el mensaje nuevo


de tu boca, Señor: en la frenada
ternura de estos hombres; en el mirlo
huésped de la paloma; en el aliento
de los húmedos bronquios del paisaje;
en la lengua cartuja de esta celda
donde ya estamos solos...
¡Señor, y en la caliente
sangre del mar! ¡en el latido bronco
de este pobre muchacho incomprendido!

En el hórreo fiel nos guardaremos


un volumen reciente de Ejercicios
y los primeros versos
de Fray Juan de la Cruz...

(Sobre esta clara mesa donde escribo


duerme el Conde de Orgaz.
Sobre el benigno corazón del Greco.
...Los sentidos se visten
de negros caballeros, demacrados,
y el deseo se alarga en las antorchas
altas serenamente...
Y en los pontificales
brazos de la Prudencia
y en las manos del alma, casta y joven,
el conde muerto espera tu llamada...)

Aquí recogeré el mensaje nuevo


de tu boca, Señor...

Deshojaremos, juntos, en tu Gracia


la rosa móvil de las estaciones,
y, al fin, me llamarás,
claro, de lejos,
por la ruta del mar iluminada...

¡Al marcharnos, Señor, abrasaremos


toda esta broza muerta de mi vida,
junto a la cual te he levantado un hórreo!

NADIE ME DICE TÚ

A José García Nieto,


que me ha tratado
de «tú» con su benevolencia.
Muy agradecido.
Nadie me dice tú.
Me lo dice mi madre porque aún me siente niño.
Me lo dicen también, alguna vez,
los pequeños gorriones del Colegio...
De todos los que saben que soy hombre,
nadie me dice tú.

Veintiséis primaveras nada más,


y ya voy por la vida como un muerto solemne
que levanta un revuelo de silencio a su paso.

¿Cómo se lo diré
que tengo las entrañas
estalladas de rosas,
crepitantes de pájaros divinos?

...Veintiséis primaveras nada más,


y ya soy un anciano venerable,
un hombre de consejo
que ha de oír y callar...

"Todos me llaman Padre", decía Father Bob.


Todos se me arrodillan. Y me dejan,
en mitad de las horas, suspendido
entre el cielo y la tierra
como una estatua incólume,
ausente a los latidos de la sangre...
¡Nadie me dice tú!

(¡Yo no sé vivir sin compañía;


que lo amo todo, para siempre,
de una sola mirada...!)

Tú que me has inmolado la ternura


sobre el ara implacable de tu Gloria,
¡dímelo Tú, Señor! Cerca. Despacio.
Con el acento exacto que tenías
en tu boca mortal.
Como si me estrecharas con tus manos ardientes
el corazón solemnemente aislado...

EPIFANÍA

—A Juan Rosell
y a otros amigos como él,
con mucho afecto.

¡Los pobres, no lo saben! No lo quieren


saber algunos. Muchos no lo saben, ¡los pobres!
(En la plaza cansada de los hombres
las estrellas son niñas sin prestigio
que juegan con la vida.
La estrella de Belén...
¿no va a ser una niña más del corro...?)

Han visto, apenas, compasivamente


la escasa caravana
de los que vamos en Su busca, tristes,
vergonzantes, prudentes...
porque sabemos que es el rey Herodes,
que en el mercado se nos reirían,
y hemos perdido el golpe de los cascos
y el clamor de los siete colores de la Gracia
y la ingenua esperanza
de preguntar a todos por El... ¡Ya no turbamos
la rutina del mundo!

Jerusalén—esta ciudad cualquiera—


no se ha enterado aún. Y ellos ¡los pobres!
pasan llevando el agua de su vida
como un río perdido por las calles...
—¡Los hermosos muchachos, maltraídos
como barcas inútiles del Tiempo.
Y los hombres, tan serios y seguros
con su trabajo de contar la arena!—

Pero Tú nos esperas, en la esquina,


—cotidiana como tus palomas,
con la ternura al borde de las manos...—
La rutina del mundo se incorpora
como un perro de caza, palpitante.
—El rastro de la sangre es tierno ahora—.
Dios es un pajarillo recién hecho
y el cariño del mundo se despierta,
y estos hombres, ¿no ves?, ¡ellos, nosotros,
nos estamos turbando fuertemente
y empezamos a ver, como unos niños,
las estrellas, las calles y tu rostro
y el Pajarillo extraño que ha nacido
en el nido caliente de tu seno!
CLAMOR ELEMENTAL
Pedro CASALDÁLIGA
Editorial Sígueme, Salamanca 1971

ÍNDICE

I. LAS AGUAS DEL TIEMPO


Memoria y víspera
Presencias
Rio das Mortes
Señora de la esperanza
Amanecida en el río das Mortes
Romance de voadeira
Nuestras vidas son los ríos
Che Guevara
"Um Deus diferente"
Ocaso fluvial
Parábola
Saber esperar
Carretera de Sertão
He plantado un jardín
Las lluvias
"Estrada federal"
Está verde el sertão
Compunción
Pobreza evangélica
La garza blanca
Orgullo sertanejo
Nocturno
Autorretrato
Santa Isabel de la Isla del Bananal
Canción quebrada por un "Canarinho morto"
Tempestad en el río
Diciembre
En la vergüenza del ocaso
Barreira amarela
Belleza perfecta
"Acuérdate de Jesucristo"
Romance Guadalupano
"Aldeia velha"
Nou cant dels ocells
Os peixes
Biafra
Proclama subversiva
Asombrado corazón
Miércoles de ceniza
Testamento
Pasaje Lóriga 10
Llover, llorar
Hotel Kennedy, del Bananal
Dios en la farinheira
Santa María sin más títulos
Alegre amanecida
Castell de Balsareny
Mare
Espérame sin hora
Record Punyent
Cancioncilla de la tarde de la Ascensión
Vanderléia
La vaca blanca
Singladura
Balsa de ganado
La prostituta
Papagayo
Telegrama em hi-fi para o padre Henrique
La vieja negra
Elegía Kennedy en prosa "demagógica"
Hai-Kai de la luna ocupada
Rectificación
Nadal de 1969
Aldeia Tapirapé
Prueba
Sacrificium laudis
Acción de gracias
Equívocos
Convalecencia
Postdata urgentísima

II. CRIATURAS HERMANAS


Troncos muertos
Pote carajá
Bananas
Bota española
Tercera dimensión
"Canarinhos"
Uraura
Devagar
Ipê
Descalzos
¡Estos niños!
Bolinha
Pacu
Nido de tortuga
Abacaxi
Palmera
La red de dormir
Jaburús
Caballo sertanejo
Cupim
Canoa
Estrellas
Beija-flor
Camaleón
La luna
El pez
Manguari
Pájaro sumergible
Lianas
Vovó Josefa
Vida de perro
Gaviota
Fontoura
Tierra abierta
Horario sertanejo
Luciara
Anu
Pájaros
"Los árboles son unos profesores"
Murure
Sabiá

EpÌlogos abiertos

*****

Nota preliminar
Vivo ahora al Norte del Mato Grosso, más exactamente entre el Araguaia
y el Xingú, en el corazón geográfico del Brasil. De Misión, en una área de
150.000 kilómetros cuadrados; con otros cuatro compañeros, españoles
también: Manuel, José María, Leopoldo, Pedro Mary.
En una zona de latifundios escalofriantes, destinados a la explotación
agropecuaria, y a la explotación del hombre por el hombre. Tierra sin ley,
aún ahora con frecuencia. Una especie de Far-West amazónico, muy
semejante al norteamericano en la violencia y en la voluntad de
"desbravar" terrenos vírgenes.
Ríos. Floresta. Selva. Grandes pastizales. Zonas pantanosas. Plantaciones
de mandioca, arroz, maíz y frutas tropicales.
A 10 grados del Ecuador. Con el año dividido en dos estaciones únicas:
las lluvias y la seca.
Con un buen sol crudo, de día. Y con la maravillosa luna característica de
las "noites de luar".
Puerta del "Infierno Verde". Objetivo final de la "Marcha hacia el Oeste",
que es consigna hace unos años de la política y de la codicia de los
poderosos del Brasil y del exterior. Polo de desarrollo, muy desigualmente
repartido en beneficios y en durezas.
Entre indios de varias razas. Algunos en estado primitivo aún, y
confinados. Otros en contacto bienhechor con misiones cristianas y
puestos indígenas, más o menos discutibles aquellas y éstos en
procedimientos y aciertos. Y otros, finalmente, ya deteriorados por el
acoso irresponsable de la llamada civilización: comercio, organismos
oficiales, turismo.
Y también entre "sertanejos" emigrantes del duro Nordeste del país.
Gentes sufridas, "retirantes" de sus regiones de origen áridas y
hambrientas en busca del mínimum vital: tierra libre (?), agua y una casa
de palmas y barro.
Más que hablar a los posibles "lectores amigos", como se acostumbra en
los prólogos -innominada y aventuradamente-, yo me dirijo a "amigos
lectores", sustantivados como amigos, con nombre propio y con lugar
concreto en la geografía del corazón.
Estas páginas son una carta de amistad y de gratitud. Un deber hasta cierto
punto. (También un derecho: el derecho de gritar, siquiera en solfa. Pensé
publicar el diario en que voy recogiendo mis impresiones de permanencia
y misión por estas tierras y estos ríos del Mato Grosso. Pero he tenido que
aceptar, con otros muchos, la evidencia de que el horno del Brasil no está
para ciertos bollos...).
En una página de ese diario -comprometedor por culpa de la vida y por
culpa del Evangelio- escribí un día: "Danos, Señor, una ira dulce, una
pacífica rabia".
Sé que estos poemas podrán parecer, a veces, iracundos, amargos, tristes.
Pienso que también esto es evangélico. Lo social no es moda en estas
pobres palabras mías. Y la amargura o la tristeza no niegan la Esperanza:
la purifican, le dan su razón de ser desde abajo, la multiplican
repartiéndola. Quien no compartió el dolor ¿cómo podría compartir la
Esperanza?
América Latina -y, más en general, todo ese mal llamado Tercer Mundo-
es motivo suficiente de coraje para cualquier espíritu medianamente
humano. Para un cristiano es una carga infinita de remordimiento y de
vocación.
Mi primer librejo de poemas -adolescente y clerical- lo titulé "Palabra
fingida". Pienso que el Clamor Elemental de este libro no es menos
espiritual que aquella palabra primera; al mismo tiempo que es más
cristianamente humano, más terrestre, más de quien vive entre hombres -
que son pobres, por añadidura- y entre animales y plantas y ríos; y camina
todavía.
Los espíritus fuertes me perdonarán la nostalgia, el embebecimiento, las
minucias.
Los eficaces me perdonarán esta lamentable pérdida de tiempo.
Los técnicos me habrían de perdonar -si me leyeran- la algarabía
sentimental, ideológica e idiomática, entre la cual estos poemas han
nacido, como una fauna amazónica incontrolable.
Algunos poemas están en catalán, mi lengua nativa. Y algunos otros en
portugués.
Joan Maragall, el querido catalán universal, escribió:
"que si per llei d'amor la Ibèria és una,
per la llei del parlar és una i trina".
En medio de la renuncia que supone el vivir y hablar una lengua extraña,
hablar catalán, castellano y portugués, al mismo tiempo, significa también
un complemento enriquecedor; un recuperar viejos tesoros de familia;
como un oír a la vez las voces de todos los rincones de la casa.
Doy la equivalencia de algunas palabras brasileñas que aparecen en el
libro -a veces intraducibles, a veces entrañablemente incorporadas al
propio pensamiento, espontáneas como la vida diaria-. Otras palabras que
no traduzco aquí, se traducen fácilmente o se interpretan por el contexto.
"Sertão", descampado; tierras del interior, infinitas y duras.
"Sertanejo", habitante o propio del "sertão".
"Carajá", "Xavante", "Tapirapé", tribus de indios que viven en esta región.
"Retirante", emigrante dentro del propio país; nortista, generalmente.
"Mato", bosque, floresta.
"Mata", selva.
"Cachaça", "pinga", un aguardiante bravío, extraído de la caña de azúcar.
"Jacaré", caimán.
"Mangueira", mango: árbol exuberante, de fruto muy jugoso.
"Capim", hierba.
"Fazenda", compañía latifundiaria; a veces, casa de campo simplemente.
"Voadeira", lancha a motor, generalmente todavía con el casco de madera.
"Muriçoca", el mosquito impertinente y voraz de las tardes y noches de
estas latitudes.
"Brinquedo", juguete.
"Farinheira", cuenco, de madera o de otro material, para servir a la mesa
la harina de mandioca.
"Farofa", harina de mandioca tostada o escaldada.
"Sotaque", acento, deje.
"Bandeirante", explorador paulista, conquistador de las regiones interiores
y, entre ellas, principalmente, el Mato Grosso.
"Piranha", pez voracísimo.
"Gado", ganado vacuno.
"Estrada", carretera.
"Enchente", la crecida de los ríos, en la época de las lluvias.
"Roça", tierra de cultivo.
"Banzeiro", oleaje, bandazos del agua.
"Criança", "criançada", niño, chiquillería.
"Cobra", serpiente, culebra.
"Jeito", manera, traza, estilo.
"Pote", vasija de barro labrada por los indios carajás.
"Beró", "Berocà", el río Araguaia en idioma carajá.
"Aruaná", casa de iniciación y fiesta de los carajás.
"Fumo", tabaco.
"Vovó", abuela.
"Maloca", choza indígena.
"Jenipapo", fruto de un árbol cuyo zumo sirve a muchos indios del Brasil
para marcarse de negro el rostro y el cuerpo.
"Lavoura", plantación, agricultura.
Acentúo gráficamente las palabras agudas terminadas en "i" o en "u" -
indígenas, de ordinario, y que en brasileiro no se acentúan- para facilitar
su correcta dicción y el ritmo del verso.
Estamos aquí, en el Mato Grosso, de Misión, he dicho antes. Por motivos
de Fe. Por causa del Evangelio. Por eso pido -otra vez- a los "amigos
lectores" que no dejen de acompañarnos también con su oración. Y por
eso me atrevo a exigirles que acojan con responsabilidad cristiana estas
palabras frágiles (¡versos, ¿para qué versos?), este Clamor Elemental
salido de un bello rincón de la tierra, habitado por hijos de Dios muy
olvidados de otros hombres, muy oprimidos por los propios hermanos.

São Félix, julio de 1970

I. LAS AGUAS DEL TIEMPO

MEMORIA Y VISPERA

El sol abrasa, libre, el mediodía


de este sertão sin horas ni respuestas.
Y el Araguaia estira la piel cruda
de jacaré, tostándose,
salpicado de niños y de pájaros.
Yo, recuerdo y espero.
Prendidos por la brizna
del Pirineo aquel de una igual fecha,
de siempre igual memoria,
-junto a las aguas frías del Esera naciente,
la Maladeta y sus cuchillas blancas,
la Renclusa y, abajo, los pastores-,
rezo los salmos, tibios, ya sin verlos,
mientras me siento lleno de sentido,
lleno de mil razones para estarme,
lleno de esta vigilia, tan amada,
tan poblada de amigos ya gloriosos;
seguro del Amor que me conduce,
transido de la muerte que reclamo...

São Félix, 14 de agosto

PRESENCIAS

con amigos ausentes.


Me encuentro siempre
entre el instante y la muerte.
Me encuentro siempre
con un libro enfrente,
con un hombre doliente,
y un paisaje y la corriente,
y el sol rusiente,
y el sueño, por fin, clemente.
Y un pájaro, un niño, y un árbol, vivientes.
Y Dios persistentemente presente...

RI0 DAS MORTES

Unas garzas, blanquísimas al sol,


describen lentos vuelos sobre el "mato".
Se ha parado el motor, y el barco flota
a merced de las verdes aguas mansas.
Todo es cielo y orilla.
Viajamos desde ayer. La noche ha sido
de luna y de quimeras.
Y antes que el día abriera sus rescoldos
ardían ya la arena y mi garganta.
El barquero David, el "velho nego",
-la esclavitud que fue, la que perdura-
"retirante" a la búsqueda de un hijo,
pregunta, mira, calla, ríe, espera.
Pregunta sobriamente, y calla mucho.
Como un árbol cansado.
Lee las aguas con los ojos tensos,
y alguna vez levanta el brazo noble,
para indicarnos la presencia exótica
de un pájaro en la orilla...
Este hermoso caudal, rizado apenas,
de verdioscura miel,
es el Rio das Mortes...

SEÑORA DE LA ESPERANZA

Señora de la Esperanza,
porque diste a luz la Vida.
Señora de la Esperanza,
porque viviste la Muerte.
Señora de la Esperanza
porque creíste en la Pascua,
porque palpaste la Pascua,
porque comiste la Pascua,
porque moriste en la Pascua,
porque eres Pascua en la Pascua.

AMANECIDA EN EL RI0 DAS MORTES

Con la estela del barco


se estremece la móvil porcelana,
como un vientre preñado de sorpresas.
La mañana se filtra, victoriosa,
por las balsas ceniza de las nubes.
Juan de Brito ha contado ya su vida
y habla ahora de peces y cruzeiros.
Los árboles sumergen sus sombras, como remos
flexibles, en las aguas que cortamos...
Y aún flota, fulgurante, curso arriba
la plata de un tesoro
que la noche volcara por esta misma ruta.
Una hilera de patos colegiales
espera el autobús, allá en la orilla.
ROMANCE DE VOADEIRA

-Yo, leyendo en estos libros.


Y tú, leyendo en las aguas.
Manuel, Manuel, perillán,
secuestrador de muchachas...
(Me mira con ojos tibios,
como dándome las gracias.
Por la brecha de las dientes
la sonrisa se le escapa).

Dentro van seis hombres lacios.


bebedores de cachaça,
bebedores de ilusiones;
que mueren mientras trabajan;
que gastan lo que han ganado
antes de volver a casa;
que beben, también, a sorbos,
mi cariño y mis palabras.
¡Bandeirantes de tercera
que van sin gloria y sin armas;
carne del Brasil, anónima
pródigamente sembrada!

Estoy leyendo a Casona:


"Los árboles mueren -canta-
en silencio y de pie". Y siento
que se hace historia la barca.

Manuel dirige el timón


con la punta de sus plantas:

-"Nuestras dos vidas unidas


sólo Dios puede apartarlas"...
La niña que huyó de noche,
gustosamente robada,
mujercita de tres días,
lo espera allá en Luciara.

Manuel espera que un día


yo le bendiga la hazaña;
mientras el río no espera,
y florece en una lata
la pimienta, blanca y verde,
sobre las húmedas tablas.
Cuando llegamos al puerto,
son ya las cinco cansadas.
Día de sed y de ayuno,
entre Casona y la barca.

NUESTRAS VIDAS SON LOS RÍOS...

¿Cómo no cantarlo aquí,


Manrique, mi viejo amigo?

Los ríos son este río:


¡mi vida es este Araguaia!
El río indescriptible, indescifrable,
que se mira, se acepta, se posee;
nos posee,
se ama, se agradece, se teme, se desea...

(Y "así nunca vivimos;


apenas si esperamos
vivir", dice Pascal).

La multiforme fauna,
exhuberante y cruel,
maravillosa,
de jacarés y rayas;
y los paces eléctricos, fulminantes; la muerte;
y los peces de todos las tamaños y luces;
y los peces pacíficos,
menudos,
voladores.

Los pájaros vestidos de etiqueta,


señores,
diplomáticos.

Y, de pronto, el latido de madera,


frágil, de una canoa.

Y las nubes, encima,


cansadas y fecundas.

Las familias que llegan, "retirantes";


los enfermos que van a la deriva;
las cargas, y las cartas temblorosas;
las mujeres batiendo la colada indiscreta;
los hombres en la popa; los hombres en el remo;
y los niños bañándose,
sumándose a las aguas, como peces.
Y yo, por la mañana, lavándome del sueño
con el espejo incandescente al sol de la otra orilla;
yo, por la tarde, entrando,
reverente, extranjero,
vestido por la luz poniente y pura,
en la liturgia de estas grandes aguas...

CHE GUEVARA
"Vem, companheiro Che" -Geraldo Vandré-

Y, por fin, me llamó también tu muerte


desde la seca luz de Vallegrande.
Yo, Che, sigo creyendo
en la violencia del Amor (Tú mismo
decías que "es preciso endurecerse
sin perder nunca la ternura").

Pero tú me llamaste. También tú.


(Los temas compartidos, dolorosos.
las múltiples miradas moribundas.
La inerte compasión exasperante.
las sabias soluciones a distancia...
¡América. Los pobres. El tercer mundo ése,
cuando no hay más que un mundo,
de Dios y de los hombres!)

Escucho, al transistor, cómo te canta


la juventud rebelde,
mientras el Araguaia late a mis pies, como una arteria viva,
transido por la luna casi llena.
Se apaga toda luz. Y es sólo noche.
Me cercan los amigos lejanos, venideros.
("Por lo menos tu ausencia es bien real",
gime otra canción... ¡Oh la Presencia
en Quien yo creo, Che,
a Quien yo vivo,
en Quien yo espero apasionadamente!
...A estas horas tú sabes bastante
de encuentros y respuestas).

Descansa en paz. Y aguarda, ya seguro,


con el pecho curado
del asma del cansancio;
limpio de odio el mirar agonizante;
sin más armas, amigo,
que la espada desnuda de tu muerte.
(Morir siempre es vencer
desde que un día
Alguien murió por todos, como todos,
matado, como muchos...)

Ni los "buenos" -de un lado-,


ni los "malos" -del otro-,
entenderán mi canto.
Dirán que soy poeta simplemente.
Pensarán que la moda me ha podido.
Recordarán que soy un cura "nuevo".
¡Me importa todo igual!
Somos amigos
y hablo contigo ahora
a través de la muerte que nos une;
alargándote un ramo de esperanza,
¡todo un bosque florido
de iberoamericanos jacarandás perennes,
querido Che Guevara!

"UM DEUS DIFERENTE"


"Honest to God"

Hoy este río es otro.


las raíces desnudas;
la coraza de troncos y ramaje
aprisionando las riberas sueltas.
La playa, solitaria,
expuesta al sol despiadadamente.
Llena el agua de aceite babeante en la orilla,
y la floresta, atrás, densa y cerrada.

...Todavía se exhiben las serpientes temidas


y surge, en la penumbra,
la antigua faz de los Xavantes fieros...

-"A piranha, menina!",


chilla una voz en la fazenda próxima.
Vamos solos, después; vamos cansados;
sin otra embarcación , leguas y leguas.
Con tres semanas nuevas de Evangelio, delante.

El sol rutila, terco, contra el cobre nervioso.

-"Dios no está encima ni está fuera" ...Dios,


¿dónde está Dios?
¡Dios mío! ¡nuestro! ¡vuestro!
¡Tan verdadero y vivo; tan lejano y tan próximo!
¡Padre nuestro que "estabas" en los cielos!
¡Padre nuestro que estás aquí, en mi vida,
por el Río das Mortes...!

En Quien soy, a Quien llamo,


a Quien vamos,
en Quien espero a gritos.
¡A Quien, viviendo simplemente, amo!

...Y el río tierra abajo, tarde adentro.


Y el barco río arriba...

OCASO FLUVIAL

La luz no viene ya de parte alguna.


Las formas monstruosas de las nubes
se acumulan, fugaces, sobrepuestas.
Baja la espuma en tenues salibazos.

Los mosquitos, feroces,


achicharran los nervios.

Ronca el motor, y el agua chapotea.


Y un pájaro se quiebra en claros trinos.

La floresta se espesa, temerosa, cerrándose.


Y cuelgan en el río
las sombras de los árboles,
pretéritos, inertes.

Todos vamos entrando en las tinieblas.


El barquero adelgaza la mirada
(¡hay tantas luces falsas en el agua dormida!).

Manuel pregunta a la guitarra vieja.


Yo rezo el salmo ciento y treinta y ocho.
("Ni las mismas tinieblas te van a ser oscuras...").

Una lengua de arena enfaja el río.


Sopla, por fin, el viento
descargando la atmósfera abrasada.
Y un trino, sostenido, poderoso,
proclama a contratiempo la alegría.
Tres colhereiros rosa se levantan,
como llamas unísonas, diluidas en vuelo,
igual que una palabra de tres sílabas
que respondiera a mi interior llamada...

Recostado en el mástil del crucero


me columpian el barco y la esperanza.
Mis sandalias enfilan, descalzas, en la proa,
no sé qué singladuras.

¡Río das Mortes, todo el día andado:


bautizado en tus aguas primitivas,
me renuevo, renazco, me descubro, me libro!

PARÁBOLA

El sol, rojo, se clava en la "barreira".


las nubes se despliegan en la gloria
de un ocaso otoñal -si fuera otoño cierto.
Y, arriba, la hoz blanca
de una luna muy niña.
¡Y el lucero impoluto de la tarde!

Amarramos el barco en la ribera.


Llegan del otro lado del río, ya en las sombras,
los amigos del novio.

¡Es hora de parábola evangélica!

Los primeros candiles


marchan hacia la playa
en alegre acogida.
Y celebramos Misa, de campaña y de noche,
cara al río y la selva.

SABER ESPERAR

Saber esperar; sabiendo


que el tiempo no existe ya.

Ni el correo ni la prensa
tienen caja forestal.

El sol es de ayer, de siempre.


Y un día es un día más.

La noche, con "muriçoca".


La tuna, no es de fiar.

Mañana será otro día,


y arroz no nos faltará...

Despertaremos cansados,
"com vontade de sentar";

pero con la espera al hombro,


¡y nos tocará esperar

otro día, todo el día,


...para aprender a esperar!

CARRETERA DE SERTÃO

Línea del Roncador. Apenas ruta.


Atajo de los pobres.
El Xavantino nace allá, en la sierra.
Y el sol, exasperado, quiere fundir las planchas trepidantes.

A ambos lados de la carretera


-polvo, tajadas secas, baches, polvo-
fulgen, como banderas, los muchos verdes varios,
todo un clamor de verdes generosos
rompiendo la opresión del secarral.

Primeras pinceladas de las lluvias,


las flores sertanejas
quiebran quizás albores
de alguna profecía...
Y entonces platicamos del Cielo sertanejo:
con un caballo blanco para andar por las nubes.
¿Sería cielo un cielo sin caballos?

Un avestruz, delante de nosotros,


recoge, perseguida, sus dieciocho hijos,
-treintaiocho zancadas bosque adentro-.

Calor y sed, amargos.


Los regatos, sedientos como gargantas rotas.
Las "pinguelas", podridas, como trampas.
Y un sorbo de cachaça,
como un cauterio loco, pecho abajo.

Siento, como una culpa apropiada,


la soledad de todas estas gentes.
¡La barba de Badía, transparente de sal y de silencio,
podría ser la barba de mi padre!

¿De quién es el Brasil?


¿Qué esperan esos hombres?

("-Dios ya no ha de volver. ¡Vino a su día!


Sólo quedan los gritos de estas armas!").
Cada dolor humano tiene un límite.

Vienen del Norte, bárbaros de casa.


Vienen buscando la "bandeira verde",
la fanática voz del padre Cícero.

Yo soy un comentario, a frívola distancia...


Los périquitos verdes, siempre de dos en dos,
prosiguen el idilio.
Y las palmeras continúan gráciles:
¿inútiles?, ¿hermosas?, ¿displicentes?

Después, mientras relinchan


fuera, como una tropa,
docenas de caballos impacientes,
compartimos la leche coagulada,
bebemos el café, como una droga;
y celebramos Misa...

Sangre. Sudor. Y lágrimas.


HE PLANTADO UN JARDÍN

He plantado un jardín. Cultivo flores


en macetas y en latas.
Practico la belleza inútilmente.
Riego las hojas verdes y sus gritos efímeros.
Las protejo del viento huracanado;
del sol calcinador. Doy cada día
tres o cuatro miradas protectoras,
y sorprendo la Creación haciéndose...
Ellas, las flores, nunca me han dicho cómo sienten
este humano desvelo sin codicias;
pero viven, florecen, me acompañan;
atienden las visitas gratamente,
como hablando por mí, como diciéndome;
acordonan de paz el Araguaia;
y mojonan de esperas, de preguntas,
de respuestas, de cantos florecidos,
el horizonte largamente opaco.

LAS LLUVIAS

Llegan, por fin, las lluvias.


Llora el dios de las lluvias aquí también quizás.

Lechosidad total, oscurecida luz,


sin hora alguna,
sin horizonte -río, tierra y cielo
fundidos en un halo vaporoso-.

Con gaviotas aún, destornilladas


sobre el río que crea no sé qué extrañas playas, en sus senos
para acoger el viento cómplice.

La lluvia bate, cruje, chapotea,


en el agua, en la tierra, en los tejados,
en los supuestos árboles.

Vuelve a llover, un día y otro día.


Hoy es la "chuba branca",
la horchata cósmica.
Pasa un hombre mojado.
Juega en los charcos tibios
el niño universal.
Lavan ropa en la lluvia las mujeres,
con las ropas vestidas,
lavándose en el río y en la lluvia.

Un caballo, asustado, sin destino,


-cenizas empapadas-
mira no sabe dónde,
ni sabe bien qué espera.
Es carne del sertão. Se está mojando
impotente y anónimo...

Arrecia el agua; azota el agua intensa.

Entre el crucero seco y la verde "mangueira" exhuberante,


hay un árbol en flor,
todo flor sólo,
parasol y bandeja de alegría,
de un naranja carmín.

Pían los gorriones


en el nido de casa que alquilaron sin cobro y sin permiso.

Llueve. Vuelve a llover.


¿Es día aún?
Llueve tan manso ahora
que se empapan las cosas, con el alma,
de una gracia de Dios hecha bautismo agreste.

Tres barcos, en el agua y en la arena,


como calzado viejo, mojándose, sumisos.

Y el cielo, como un mármol.

Llueve.
Llueve...
Esta lluvia, que llega,
de pronto,
como un tren desconocido,
invadiéndolo todo locamente.

"ESTRADA FEDERAL"

Once peones y yo,


en la caja desencajada
del viejo Ford.
Tres horas, yo, cribando huesos y Evangelio;
y, ellos, huesos y pasión.

Nos sacude contra los baches


el camión.
La sed quema el cansancio
y se amasa en el barro la mirada
y el corazón.

Las garzas son apenas garzas.

Ellos se ríen, de soslayo, cómplices.


Yo, pobre de mí, soy
un sacerdote, segregado,
aún intentando la encarnación.

Por entre los harapos de las nubes


llora una acumulada desolación.

(Trescientos mil alqueires de tierra poseída,


siete billones ahorrados,
¡y faltando el soporte de un tablón!)

"Mástil de soledad", el bronco gris de esa palmera


quizá sobrevivió
para ser eje flotante de todas las reivindicaciones
de la floresta sacrificada sin compasión.

El viento trae bocanadas


de agrio olor
a vaca.
Hambre,
sed y calor.
Y luego, el horizonte, abierto, alanceado
por otros muchos restos de la verde escuadra
que perdió
sus dominios, agredida
por la codicia de la nueva colonización.

¡Y la "Fazenda" allá, coqueta, impune,


con la carne desnuda y provocante
de sus tejas al sol!
(Fortaleza feudal, acordonada de cruzeiros sulistas.
Parque de "tiburones" engordados en la segregación...)
¡Tierra ¿de quién?! ¡Verde tierra infinita
robada y bendecida por la legislación!
Para los peones fluctuantes del Norte,
asalariada prisión.

ESTÁ VERDE EL SERTÃO

Está verde el sertão. El Xavantino


se desborda, y los lagos incontables,
tapizados de un verde terciopelo,
cercan la alfombra del "capim" crecido.

Cae el don de las lluvias


sobre este paraíso del ganado.
(¡De los hombres ya menos, Mato Grosso!).

'Las reses van y vienen, vagabundas;


nos miran, se responden.
Cruzadas de zebú;
ceniza, beig,
leonado, café, leche terrosa.
Con la jiba doliente.
Con los ojos menores
porque cierran los árboles el campo.

Verdor y hermosura
que hace olvidar, un poco solamente,
la codicia quemando las florestas
y expulsando al exilio -¡de estas tierras tan suyas!-
los xavantes robustos,
nobles como las fieras no acosadas.
¡De estas tierras tan suyas,
a las que han de volver, un año y otro año,
para matar saudades y vergüenza;
para cortar los broncos del patí
de los arcos tribales!

Algunas garzas blancas adornan, como un jarro


de luz, cualquier orilla de estas diversas aguas.
Y bandean las flores carrillones amarillos y rosa.
Los árboles menudos,
nietos de los señores de la floresta primigenia intacta,
se agazapan detrás de las palmeras
quemadas en el agua como un exvoto trágico.

Llueve otra vez. El sol ha sido crudo,


pero es el reino de las grandes aguas...
Con un sorbo de pinga sertaneja
entonamos el vientre destemplado.
-Está verde el sertão. ¡Vamos, amigos,
vámonos, vida adentro...!

COMPUNCIÓN

Pon un freno en mi boca.


Ponme bridas.
Hinca la espuela de tu mansedumbre
en esta carne de mis prisas.

Devuélveme a la memoria
con la sorpresa aprendida.
(Guarda también en tu odre
las lágrimas de este día...).

Tu Palabra, en mi palabra
cría espinas.

Tu Perdón, en mi perdón
se encoleriza.
Llevo los años quebrados
y voy derramando Misa.
¡Cuarenta rutas andadas,
que llaman toda una vida!
La soledad quema el aire
y viene tarde la brisa.
¿Volver? ¿A dónde? ¿Por dónde?
De llegar no es todavía.

¡Cómo me tira el silencio


y cómo el alma adivina
los caminos interiores
que hoy "destemporalizan"!

Las aguas bajan, profundas.


Las nubes callan, henchidas.
Y entre floresta y floresta,
la "voadeira" y mi vida.

POBREZA EVANGÉLICA

No tener nada.
No llevar nada.
No poder nada.
No pedir nada.
Y, de pasada,
no matar nada;
no callar nada.

Solamente el Evangelio, como una faca afilada.


Y el llanto y la risa en la mirada.
Y la mano extendida y apretada.
Y la vida, a caballo dada.

Y este sol y estos ríos y esta tierra comprada,


para testigos de la Revolución ya estallada.
¡Y "mais nada"!

LA GARZA BLANCA

...Y la garza en la ribera.


La paz que llega a su hora.
Una carta alentadora.
La vieja amistad que espera.

Aquella verdad primera


que se hace noticia ahora.
El Espíritu que aflora
en una cosa cualquiera.
¡Y toda el alma, caída,
se pone en pie, tan señera...!
Porque le basta a la vida
saber que hay corriente franca
y encontrarse en la ribera
con alguna garza blanca.

ORGULLO SERTANEJO

Para disparar la rabia


y hacer alardes de blanco,
cuatro balas en el tronco
y el revólver en la mano.
Y el corazón de Camilo
lejos del hijo casado...
Le doy la paz. Se la pido.
Y nos cogemos las manos.
-"Es preciso comprender,
que el hijo tiene sus años..."

El abaja la cabeza,
como un animal domado.
Cuando él viaja "de tropa",
va el primero su caballo.
Cuando rema, de canoa,
se desespera remando.
Por la esquila de sus bueyes
que espantó tanto venado,
entre la sierra y el río,
los indios se la han jurado.
Como ese dedo del pie
que se le llevó el "machado",
el filo del amor, duro,
un hijo se le ha llevado.
Y el orgullo se arremansa,
turbio, en las aguas del lago...

Nace una casa en la orilla,


con siete troncos pelados.
Las pieles de caitetú,
en los jarás acunados,
protegen bajo su sombra
la densa leche de "gado".
De vuelta del Lago Feio,
flota el amor, aliviado.
Los caimanes duermen hondo.
La floresta cierra el paso.
La "tiririca" descuelga
sus cuchillos afilados...
Pero vamos todos juntos,
y el agua es ya Río Manso.
El río que ríe ahora
con el sol, por fin, logrado.
La voadeira que muge,
con la canoa al costado.
Un sólo río nos lleva,
y el río nos va hermanando.

NOCTURNO

Hierve la noche, toda,


como una olla viva de élitros y sapos...
Todas las hierbas gritan, exaltadas,
como escocidas por la cura bárbara
de un alcohol celeste
que la lluvia vertiera.
Ronda la casa, húmeda en mis huesos,
el cencerro desnudo de un caballo
que pace las tinieblas,
desposadas las patas,
dando lata y desvelo, como un loco.
Como un loco en protesta por las trabas del hombre.

Yo estoy entre la fiebre y el sueño quebradizo,


colgado de la red, como en la espuma
de un mar que nunca llega.
David suspiraría por la aurora.
Yo reclamo también el día nuevo,
luchando por salirme de esta tela de araña
que me envuelve las sienes y los ojos.

Sigue la noche, larga. Sigue hirviendo


la olla. Sigue el sueño quebrándose, imposible,
contra su propia espuma.
Sigue latiendo el corazón, cansado,
sumisamente bueno...

AUTORRETRATO

Instinto de soledad.
Vocación de compañía.
Mercaderes y tratantes.
Pastores y "pagesia".

La palabra de mi madre,
fácil, nerviosa, incisiva.
Los silencios de mi padre
y sus esperas tullidas.

La guerra, porque "es la guerra".


La paz, porque es paz vencida.
Y la llamada de Dios
tan precoz como la vida.

SANTA ISABEL DE LA ISLA DEL BANANAL

Ilha do Bananal. Noviembre. ¿Otoño?


Kubitschek, y sus sueños en las nubes.
Y el Hotel en la orilla, como una placa fácil,
como una dentadura de anuncio de dentrífico,
para el turismo escaso.
Los edificios blancos, funcionales,
como de cuartel nuevo.
Los altos postes sorprendidos del aeropuerto prematuro.
Y el jardín de la escuela, abandonado.

El agua de los charcos se hace de un cristal lúcido.

Pasa el modelo azul de un suboficial de la Aeronáutica.

Bajo el cielo plomizo,


bandadas en desorden de "oscuras golondrinas".
Las que vuelven de aquellas tierras viejas
que sienten ya el invierno.

(¡Qué bien las recibía, a su llegada,


precursorcillas de la Primavera,
en los postes altísimos de mi pueblo tan niño!)
Son las negras y blancas galondrinas.
(-"Les orenetes, saps?").
Un gavilán, enorme, cruza el cielo,
barriendo el cielo de alas:
de esas alas tan trémulas y tensas,
menudas y afiladas como navajas de cortar el viento.
Yo voy a "celebrar".
Espero un poco;
que esperar es virtud. Y aquí no hay Tiempo.
Después voy a la "aldeia".
Me chillan las araras desplumadas,
pico de bruja antigua.
Y se despliega sorprendentemente, sobre el techo de paja y en mis ojos,
maravillosamente roja, la arara consentida.
Gime sobre los charcos
el lloro-cantinela por un muerto reciente.
Semanas y semanas,
lunas y lunas, gime...
Yace un tatú -la diminuta lengua fuera-
y la escama óarmadilloó de un museo medieval.
Los peces de betún
se esponjan, como vivos, al gato que los lame.
Las esteras de palma, y los niños durmiendo.
Y en las jarras de barro
los logros que Picasso envidiaría.
El jefe Oataú, con las ojeras de carbón, solemne.
Y en una lata vieja tres jacarés "filhotes"...
Llegan dos empleados de la VASP
con un cuarto de vaca, perseguida
-a pesar de las coces de los hombres-
por los perros hambrientos;
sanguinolenta, negra, ¿muerta de muerte mala?
Después, los futbolistas carajás
-cultura del Brasil ya asimilada-,
con sus "chuteiras" nuevas que compró la FUNAI ¡baratamente!)
y los maillots a rayas,
viajan en nuestro barco.
Sobre cubierta juegan a cerillas,
juegan a cartas. Juegan a dinero.
Llevan el cerco étnico en los pómulos
y unas patillas de play-boy apátrida.
Yo me siento con ellos y reímos,
como niños felices, inconscientes,
por las "ventanas" de los calcetines
¡tan inútiles siempre en esta tierra!
Vamos subiendo por el Araguaia
-el Berocâ materno,
el agua hermosa y buena
de estos perdidos hombres-peces...-.

CANCIÓN QUEBRADA POR UN "CANARINHO MORTO"

Herido en el ojo, herido en la pata,


de un "jeito" cobarde que mata,
no habrá quien lo cure: la herida es fatal.
-"Agua boricada"
-"Baños de agua y sal"
-"Não tem
não pomada
p'ra sarar pardal?"

No lo pudimos salvar...
El tirabeque de un niño
lo acababa de matar.

-"¡Que nada, gente, que nada!"


El no murió de pedrada.
Murió del mismo pesar
de ver cómo les agrada
a niños y hombres matar...!

Cerró los ojos, rendido


de tanto mirar con miedo,
y se paró su latido
como un reloj de "brinquedo".
Mientras la lluvia, llorando,
cegaba el balcón del día,
él se estaba transformando
en muerte y en poesía.

¡Canarinho morto sin razón ninguna,


pardo y amarillo como esta canción.
Que el sol y la lluvia y el viento y la luna
encuentren florido tu buen corazón!
Tu corazón molido por esta tierra amiga
dará una flor sonora, y otros pájaros nietos
recogerán la herencia de tu rota cantiga
para todos los niños pobres y analfabetos...

TEMPESTAD EN EL RÍO

Se acaba toda playa.


El río entra en la tierra.
La floresta, en el río.
El cielo es como un río boca abajo.
Y es un cauce de verde sumergido
la orilla forestal.
Crecen las alas. Es un mar el río.
El agua baja turbia, roja,
fusilada de lluvia.

"Las aguas superiores,


las aguas inferiores"
del Génesis se llevan
el barco en los bandazos.

Leo cosas de Iglesia. Canto y grito,


elemental y loco de esperanza.
Moverse ya es vivir. Crecen las aguas
del Araguaia nuestro:
ha llegado la hora de la "enchente",
y se puede cortar el lento viaje
entrando rectamente por los canales nuevos...

El barco ruge y marcha solo,


pobre,
libre, débil, seguro.
Y truena el cielo como un vientre grávido
hacia el glorioso parto teilhardiano.
Es Adviento en la misa y en las aguas.
Es Adviento en la tierra de los hombres.
DICIEMBRE

¡Ay lluvia de cada día,


penetrante compañía
entre el recuerdo y la espera,
que calas el alma mía
y la haces más sementera!

Agua en las bocas del viento,


agua en los lomos del río...
¡qué olor de presentimiento
exhala este cuerpo mío
bajo la lluvia de Adviento!

EN LA VERGÜENZA DEL OCASO

Otra vez este río, inalterable


en su color de miel, pero crecido,
y estrenando riberas.
Y el otoño infiltrado
-emigrante también de otros países-
en las hojas sangrantes y amarillas;
en las hojas rojizas de la humilde goiaba.

Han crecido las aguas. Nos perdemos


por entre un laberinto
de islotes y floresta lujuriante.

Atracamos. Es tarde.
El cielo está sombrío,
con un sol diseñado solamente.
Desciende en este puerto de arcilla, resbalando,
una mujer delgada,
con un niño desnudo y desnutrido.
Los vaqueros controlan, en slips de colores,
el paso del ganado por el río.
Hay un toro amarrado en una estaca,
sacudiendo, furioso, los cuernos humillados
mientras sangra el ocaso, de vergüenza.

Vamos cargados de beneficiencia:


leche en polvo y en plásticos; harina;
macarrones pulidos como huesos;
óleo de soja ultratransparente.
¿Devolvemos apenas las migajas
de un tesoro robado desde siempre?

El motor se rebela, como un bicho.


Va a llover. Todo el día está queriendo
llover,
llorar quizás.

(La prensa esa,


ese crudo papel teñido, pardo,
pestilente de mugre y de palabras,
-¡que ya estaba ignorando!-
habla estúpidamente de unos curas
presos allá por Minas,
que declararon no sé qué emboscadas...).
Yace un hombre en el barco
con malaria y el hígado rusiente.
Me duele todo el vientre entumecido.
Me duele todo el mundo contra el seno,
como un herido grave,
como un muerto naciente.
(¡Mostrencos! ¡Fariseos! ¡Miserables!).

El río se ha hecho un lago de petróleo.


Y el sol quiebra las urnas de las nubes.
Chispea. No llegamos.
La noche va a cerrar sobre el camino...

Las golondrinas, en revuelo informe,


-estudiantes en huelga incontrolable-
nos cubren, nos saludan, nos alientan:
¡vienen, de tantas partes de la tierra,
con las mismas banderas afiladas...!

BARREIRA AMARELA

Estoy sólo en la choza hecha de paja;


rodeado de pieles, curtidas y viscosas, por el suelo,
sobre el barro empapado de salivas
y de orina infantil y de sudores.

Con fiebre. La cabeza


batiéndome en las sienes,
como un campano viejo.
Y está la vaca roya
enfrente, al otro lado del umbral primitivo:
vallas de un Far-West no publicado.
Me mira con sus grandes ojos tristes,
resignados,
enfermos.
(¡Los ojos de las vacas, tan de casa,
que yo siempre he querido!).

Todo el dolor del mundo


que ahora siento en mí, extrañamente,
con mi fiebre y el ansia de otros días,
reverbera en los ojos
de este animal doliente que va huyendo
de la crecida de las aguas nuevas.

Es la tarde. Y el río,
tan hermoso,
parece una blasfemia,
satisfecha de sí, contra mis ojos...

(¡Oh Dios, escucha!


¡Vuelve por tus pobres!
¡Libértanos del yugo!
¡Sálvanos de las aguas que nos llegan,
crecientes, poderosas, concordadas!)

BELLEZA PERFECTA

Quiero escribir el alma de esta hora


como quien prende en un ojal de fiesta
la mariposa última
-crema, limón, canario-
que acaba de latir ante mis ojos
borrachos de hermosura...

La belleza perfecta de estas aguas amigas;


la vida exhuberante de esta floresta múltiple:
el rastrero "sará" chapoteando,
el alto "lôro" mozo,
la "imbaúba" higuera de solapa girada,
el "vermelhão" tendido,
y la "taboca" pelarruecas
de filamentos amarillos y de lancetas verde claro.
Revuela un papagayo, travieso de alegría.
Cruzamos islas, lagos, ensenadas.
Las nubes lacias dan al río quieto
un tono de transida madreperla.
Y el sol del Mato Grosso se hace tibio
para no calcinar tanta hermosura...

El barco se ha parado. Hablan los chicos


del muy hablado amor.
Y ríen dos muchachas morenas en la orilla,
descalzas, despeinadas,
pura belleza india en bruto.
¡Otra vez se ha aplazado el casamiento!

Ronca el motor de nuevo. La chiquilla,


cruzada de mil sangres
-Asia, Africa, Europa: ¡Es América!-
me sonríe, con dientes espaciosos
y unas trenzas minúsculas,
enmarcada en la luz por el ventano
abierto a flor de río.

Después, entre las páginas del libro


-la palabra y la orilla paralelas-
una iúma, de pechera blanca,
alza el vuelo, inefable, de esta arena
erizada de un verde escalofrío...

"ACUÉRDATE DE JESUCRISTO"

"Acuérdate de Jesucristo,
resucitado de entre los muertos...
(Me acuerdo muy bien de El.
A todas horas.
Me acuerdo de El, buscándolo;
sintiéndome buscado por sus ojos gloriosamente humanos).

"En él, nuestras penas..."


(La soledad innata, donde crezco
como un tallo de menta.
El complejo indecible que me envuelve
las raíces del alma más profundas,
abiertas sólo a Dios, como al océano...
La durísima cruz de esta esperanza
donde cuelgo seguro y desgarrado.
La infinita ternura que me abrasa
como un viejo rescoldo
de montañas nativas.

La impaciencia sin citas y sin puertos...


"En El, nuestra Paz..."
(La Paz pedida siempre.
La Paz nunca lograda.
La extraña Paz divina que me lleva
como un barco crujiente y jubiloso.
La Paz que doy, sangrándome de ella,
como una densa leche).

«¡En El, la Esperanza, y en El la Salvación!"


(...Y entretanto celebro su Memoria,
a noche abierta, cada día...).

ROMANCE GUADALUPANO

Señora de Guadalupe,
patrona de estas Américas:
por todos los indiecitos
que viven muriendo, ruega.
¡Y ruega gritando, Madre!
La sangre que se subleva
es la sangre de tu Hijo
derramada en esta tierra
a cañazos de injusticia
y en la cruz de la miseria.

¡Ya basta de procesiones


mientras se caen las piernas!
Mientras nos falten pinochas
¡te sobran todas las velas!

(Ponte la mano en la cara


-carne de India morena-
¡la tienes llena de esputos,
de mocos y de vergüenza!
¡La justicia y el amor!:
ni la paz ni la violencia.

Señora de Guadalupe:
por aquellas rosas nuevas,
por esas armas quemadas,
por los muertos a la espera,
por tantos vivos muriendo,
¡salva a tu América!

"ALDEIA VELHA"
Aldeia velha, en la tarde,
bajo la nueva tormenta
que llega batiendo el sol.

(¿Qué años de prehistoria


la "aldea vieja" vivió,
cuando en la historia no tiene
la mitad de años que yo?)

Cuatro perros juguetones


taladran con sus ladridos
este naciente verdor.
Y cuatro niños desnudos
se esconden, por aprensión.
Llora, de miedo, el pequeño.
Ríe, de gozo, el mayor:
los caramelos baratos
hacen buena comunión.

De la "roça", con la azada


y un contenido sudor,
el padre -dientes en ristre
contra la lluvia y el sol-
viene con el desenfado
de un bandeirante mayor.
La madre es la estampa india
de una lejana resignación...

Aldeia velha, en la tarde,


y mientras "plou i fa sol".
Se están mojando las aguas
y me canta el corazón.
Doce del doce, del año
de más gracia del Señor.
Entre un puerto y otro puerto
ha llovido mucho Dios...

NOU CANT DELS OCELLS


-Als de casa meva, lluny-

Del Mato Grosso estant,


que en tinc d'ocells cantant
aquesta Nit que es Dia...
Cantant tots ells, amb mi,
-ocells d'enllà i d'ací-
l'eterna melodia!

Cantant perquè és Nadal


i arreu hi ha un Portal
i Déu s'és fet dels nostres!
Cantant, tots ells, a cor,
que ja val més l'amor
que el to de pell dels rostres...

Cantant, crescuts d'afany,


perquè és Nadal tot l'any
i Déu tothora espera
-fet indi o fet nadó,
fet pobre o pecador-
cercant la Fe sincera...!

OS PEIXES

Olha, irmão, como é que pulam os peixes dêstes rios;


olha, irmão, como é que bebem, por verem Deus nascido.
Pulam e bebem e voltam a beber os peixes dêstes rios
por verem Deus nascer.

-Nas águas dêste Araguaia o bôto brinca à porfia,


e até as piranhas esquecem seus dentes e traidoria.

-Beira do Rio das Mortes o jacaré está festeiro


porque seus olhos têm visto o resplendor dum luzeiro.

-Na flor da "bandeira verde" todo o Xingu se arremansa,


e o coração do Brasil bate com nova esperança.

-Na areia tapirapé, perto da cova escondida,


a tartaruga já sabe que chega uma nova vida.

-Na beira do Xavantino, a onça bebe amansada.


Não tem mais xavante bravo; não tem mais ódio ou facada.

-Os carajás têm sabido o Aruaná da Alegria,


e dançam a noite toda, e dançam de noite e dia.

-Os sertanejos do Norte já têm a roça ganhada,


pois Jesus não teve albergue p'ra todos termos morada.
-E todos nós, batizados nas águas vivas de Cristo,
cantamos na noite santa a graça de termos visto!

-Desde Belém da Judéia até Belém do Pará


o mar é um berço de braços para Jesus balouçar...

BIAFRA

Dos millones de muertos,


"contando también niños y mujeres",
como dicen las crónicas.
¡En este siglo veinte, que llegará a la Luna
para traer más piedras;
que conversa en París, un año entero,
sobre la Paz que no interesa a nadie...!

(Recuerdo mi escalada.
Era noche y Nigeria.
Y el aliento de Africa abrasado
sorprendía mi piel y mis pulmones.
Era mi encuentro con el Mundo Negro
que ha despertado, al fin,
llorando sangre y sacudiendo grillos
y escupiendo memorias denigrantes...
Los múltiples insectos
hervían en la luz
bajo la grande noche poderosa,
frente a las blancas cales del aeropuerto tropical
donde el viento pulsaba encajes de ladrillos.
Sobre la arena aún caliente,
la demasiada paz británica...).

¡Dos millones de muertos!


De hambre.
Por razones de tribu.
Por razones mayores de codicia extranjera,
subterráneas
como el uranio y el petróleo.
(¿Por qué siguen sobrando los negros en el mundo?).

¡Africa dolorosa, doliéndome en la vida,


como un amor jamás renunciado!

PROCLAMA SUBVERSIVA

Voy a cambiaros el revólver chulo


por un bolígrafo de cuentas.
Para que no os engañen nunca
ni los fazendeiros, ni los comerciantes,
ni el Ministerio de Hacienda.

¡Disparad hojas de libros


entre las hojas de la floresta!

¡Bebed, en las noches claras,


la "pinga" de otra Fiesta!
¡Emborrachaos de sabiduría
y de belleza,
sertanejos mozos,
hijos biennacidos
de los legítimos emperadores de América!

Muchachas, garzas torvas,


madres -niñas apenas-,
que guardáis en las arcas de vuestros ojos indios
todas las lunas de las abuelas:
aprended a lavar niños
y a conducir con ritmo vuestras piernas.

Hombres heroicos
¡exigid la tierra!

Mujeres mártires
¡exigid la diadema!

Viejos desollados por tantos caminos


¡exigid la poltrona,
la televisión y la libreta!

Dios se hace Pan de familia


sobre esta mesa.
En Brasília y en Washington
ni lo saben ni lo esperan.
Pero el sol y la lluvia
sellan
la única ley de Derechos Humanos
de validez cierta.

ASOMBRADO CORAZÓN

El río tiene color de pez:


verde-plata, azul-violeta;
porque yo tengo, a mi vez,
color de río y de pez
mi corazón de poeta.

La lana de mil corderos


se esponja en las nubes lacias.
De nubes y de corderos
llevo rebaños enteros
entre mi fiebre y Sus gracias.

Y la floresta y la arena,
llegada de gozo y pena
de este impreciso entretanto...
Y la floresta y la arena
entre mi sangre y mi canto.

Con cada mirada mía,


a solas o en compañía
mi asombrado corazón,
yo recreo, día a día,
entera, la Creación...!

MIÉRCOLES DE CENIZA

"Recuerda que eres polvo" ¡y algo más!


¡Ayuna del ayuno! ¡Sal del miedo!
¡Rasga las vestiduras... de los demás!
¡Echarte todavía más ceniza, no puedo!

TESTAMENTO

Que me entierren en el río,


cerca de una garza blanca.
Lo demás ya será mío.
Y aquella corriente franca
que yo pedía a mi paso
será patria recobrada.
El éxito del fracaso.
La gracia de la llegada.

La sombra en cruz de la vida,


bajo este sol de verdad,
tiene la exacta medida
de la paz de un hombre muerto...
¡Y el tiempo es eternidad
y toda la ruta es puerto!
PASAJE LÓRIGA 10

"Pasaje Lóriga, diez.


Madrid, dos". (Y aquel teléfono
sobre la cena ya fría,
en las fronteras del sueño...)

En los "días laborables,


de cinco a nueve, excepto
los viernes". En "Castelló,
cincuenta y siete, primero...".
(Y aquellas tardes sentadas,
para el pecado y el miedo;
para la gracia y la vida:
entre Dios y el cenicero!)
Los grillos, con sus bandurrias;
y el buzón, boquiabierto.
Y Mathieu, quizás, cantando.
Y aquel nocturno tecleo
de las fichas de Teófilo,
desde la Pascua al Adviento.
Tras la ventana, una loca.
Y Madrid, calles adentro.
La raíz del Guadarrama
y los grises de Cerezo.
Y el Amor en Quien se cree,
a pesar de los tropiezos...

...Dice la tarjeta blanca,


señal de un libro de versos,
con mi nombre en el membrete,
y una lista de recuerdos;
mientras sube el Araguaia
mi corazón tan pequeño.

LLOVER, LLORAR

Río y lluvia todo el día.


Y el corazón empapado
de aquella melancolía
que llueve sobre mojado.
Llorar también es llover,
y hay lluvia mansa muy brava...
¡Por esa carta de ayer,
llovió lo que no esperaba!
Sin embargo, el viento en mí
y en el río apenas riza,
expertos ya en lluvia ciega;
y el vuelo del manguarí
es sólo cruz de ceniza
sobre la Pascua que llega.

HOTEL KENNEDY, DEL BANANAL

Los cinco patos rojos, por el vientre


de este cielo de bronce que han preñado
los clamores de todo un continente.
Y el hotel de puntillas, tan aislado
de la tierra inmediata y del presente.
Y el viento, con su afán contracorriente,
como el nombre de Kennedy, frustrado...!

DIOS EN LA FARINHEIRA
-Para ZÈ MarÌa y Manuel-

Tan despierto en su gloria, mientras rige


la armonía del mundo,
El está aquí, en el dormitorio, dentro
del cuenco claro de la farinheira
hecha para un puñado de mandioca.

Bajo el techo cribado,


tan fácil a la lluvia y las estrellas!,
cuelgan las ropas leves y los sueños
entre la red y el barro.

Y en el paño de lino que lo encubre,


duerme, blanca, sin nombre todavía,
la promesa de un pueblo redimido...

El preside el aseo de la barba,


antes del sol. El venda, con la noche,
el inventario de los pies cansados.

Unas flores silvestres, cada día,


repetirán con entereza anónima
el olor de su fe; y la guitarra
rasgará con los filos de su gozo
la soledad y el miedo.

Por El un hombre habla


y camina y espera,
extranjero y nativo como el mismo Evangelio.
Con El, vive en la carne del Misterio ignorado.
Mientras gobierna el río y la floresta
y este claro de luna
que baña, fuera, el pozo,
El está aquí en la chata farinheira,
levadura del Reino,
fermentando Luciara.

SANTA MARÍA SIN MAS TÍTULOS

El disco de "las Vírgenes Patronas"


se hace luna de ensueño y teología
en esta noche de sertão;
entre los ojos de un muchacho sirio
y el rostro de un mulato espiritista.

Veinticinco de marzo:
-"Dios te salve, María".
Después de tanto hablar de ti,
casi te callo ahora
concorde con la voz de tu silencio.
(Decir el "fiat" y entregar el seno.
Cantar, agradecida, en la montaña,
para todos los vientos de la Historia,
el gozo de los pobres libertados.
Y ya callar, detrás del Evangelio...
Y darle al mundo el Redentor humano.
Y devolverle al Padre el Hijo).

¡Dios te salve, María,


-25 de marzo y Mato Grosso-,
Madre de la Palabra, en el silencio!

ALEGRE AMANECIDA

El gato niño juega


con los polluelos blancos.
El cerdo negro ronca como un hombre,
como un hombre feliz en apariencia.
El papagayo verde
piensa, tal vez malicia,
colgado en la traviesa,
viajero de un metro con el techo de paja.

Ha pasado la noche con insomnias de golfo.


No está para entablar conversaciones...
Tres gallitos gallean en el patio mojado
entre las cañas de turquesa
y los ramos de esmalte
de los adolescentes limoneros.
El pozo se abre al día. La luna ¿estará dentro?
Y el agua es clara y buena, como un signo de Pascua.

Yo me afeito, cantando por lo bajo,


mientras me bulle el corazón despierto
como una granja nueva de Walt-Disney en cine de colores.
Es el in albis. Y en la orilla
de este Río das Mortes, ya hecho calle
Me espera el bollo tierno y amarillo,
y un buen café, rasposo.
Y la misa, después.
Y el río luego, siempre.
Y antes de andar de nuevo,
yo me afeito la barba y la existencia...

CASTELL DE BALSARENY

Castell del meu record; bressol i via


de més alts horitzons.
Roca pairal dels meus neguits...: un dia
em tornaràs la cendra i els petons?

Castell de Balsareny,
vora del riu atrafegat
i a mig camí del mar i la frontera!
Arrel de pedra del meu seny;
ermita del delit ja consagrat;
heràldica de lluita i de quimera!

Casal de l'esperit, fogall de casa,


muntanya dels mous ulls i dels meus peus;
Marlets tallats per l'ala i per l'espasa:
marlets, muntanya i horitzons tan meus!
Oh, si pugués refer-te jo tothora,
construint-me en castell de pedra i vol:
terreny i alçat alhora,
paraula i vida al sol,
home dels homes i de Déu, fidel;
ala i rocam en feina redemptora;
fita pels caminants, resposta al cel!
MARE
-Ella fa el sant el 27 d'abril-

Rosa d'abril florint per tu el meu cor,


i, un mont-serrat de penes i alegries,
la tendresa creixent del teu record!

ESPÉRAME SIN HORA


"EspÈrame sin hora". Pem·n.

Espérame sin hora, donde la garza blanca


se posa sin hollar.
Espérame en el río,
que está lejos el mar.

Espérame en la noche de estas tinieblas claras


sin luz artificial.
Espérame en el sol, callado y crudo,
sentado a cualquier puerta que convide a sentar.

Espérame más viejo, más joven, más sin años,


más sin tiempo; quizás
más cerca de mí mismo
y de toda verdad.
Desnudo y libre, como un niño indio
que aún no han podido civilizar!

RECORD PUNYENT

La soledat omplena els cels, la terra,


el riu, el cor...
(Crida la nostra barca,
però ningú respòn).
Les aigües, verdes, baixen
tremint de por.
I els àrbres es fan ombra els uns als altres,
fugint del massa sol.
Una gavina xiscla,
punyent, com el record!

CANCIONCILLA DE LA TARDE DE LA ASCENSIÓN

Regresaré, en la tarde,
con la alegría humilde
de haber andado todas
las aguas que me diste...
Absortas, en la orilla,
como un coro de vírgenes,
las garzas del arbusto
¿te estarán viendo irte?
Entre las nubes rotas
las violetas persisten.
Y el día sella en sangre
la verdad de sus límites.
Arde el ocaso. Arde
todo lo que era triste.
Todo el llanto del mundo
esa estrella redime...

VANDERLEIA

Tengo una amiga


que tiene un año.
Con dos dientes arriba
y dos abajo.
Y una sonrisa
por todo lo ancho.
Va desnuda como un lirio,
por los mosquitos picado.
Rubia y azul, como la niñas
de los cuentos importados,
pero muy hija
del "mato".
De la leche a la farofa,
Vanderléia tiene un paso;
y ya le abrieron camino
sus cinco hermanos.
Mi ternura por ella,
según los muy freudianos,
sería amor de padre
célibemente frustrado.
(Capítulo 13, bis;
párrafo cuarenta y cuatro!)
Vanderléia se ríe
por todo lo ancho,
y el corazón del Mato Grosso
se esponja con cien mil pájaros.

LA VACA BLANCA
La vaca
blanca,
con manchas
grises. Con la mirada
indecisamente asombrada.
Plantada
como un árbol doliente en la margen cortada.
Las orejas caídas como una campanada.
Y el sol, nublado, en las espaldas;
y el agua
como una estera hindú, a sus plantas,
tornasolada...

SINGLADURA

Doce horas de río. El sol tostando


los muslos. Y la sed cegando el pozo
de la frágil consciencia.
...El hambre, sorda, dentro,
con un sabor de vermes que devuelve,
viscosa, la saliva.

El bote emborrachado o hecho cuna


de todos los bagajes; del cansancio;
del silencio prudente.
Y el corazón a pulso en el "banzeiro"
como un motor que falla a cualquier hora.
(Botas. Cazuelas. Platos de aluminio.
El colchón del tamaño de un sueño de juguete.
Los libros. Las toallas de colores.
La espingarda española de dos caños).
Las horas dando vueltas, lentamente,
al margen de las márgenes del río,
inacabablemente largas...
Y siempre el sol.
El sol. Y la memoria.
¡Y la esperanza abierta hacia adelante
como un pájaro impune...!

De vez en cuando una palabra buena,


torneada en la boca.
Y el rasgueo
de esta guitarra de José María,
junto a las barbas negras de Leopoldo,
detrás de mis espaldas...
Como una lluvia en los ausentes montes.
Mientras el río cruje y se estremece
y repliega su piel y la acostumbra.
Mientras se irisan, como el agua, al viento,
nuestras tres libres vidas embarcadas...

BALSA DE GANADO

En la balsa llegada por el río,


docenas de terneros,
blancos de un blanco sucio
como leche que lleva ya el café.
Magros por el ayuno del viaje inacabable;
prisioneros, como una muchedumbre
de quintos inexpertos;
como una turba que regresa de un campo de trabajo...

(En la balsa pequeña, casi un junco,


va la parida vaca pardiclara
y el terneruelo blanco, puesto en pie
en el torpe equilibrio
de las crías recientes).

Al abrirse las verjas,


rompen enloquecidos,
se amontonan, se empujan,
se pisan, a pesar de los sombreros
agitados al aire
como guardias-de-tráfico-esperpentos.
Y, apenas recobrados del júbilo imprevisto,
se lanzan al verdor de la pradera,
hacia la libertad del Mato Grosso.

'(Mientras otros hermanos,


cebados ya, maduros, ya vendidos,
en la misma pradera ribereña
esperan el viaje de regreso
para los mataderos de São Paulo).

El muchacho paulista
-cabello beatle y jersey limón
y el poco sol tomado en la piel nueva-
lamenta mucho no tener ahora su kodak fulgurante.
Y los fuertes vaqueros se sonríen,
se exhiben vanidosos, como atletas,
escupen la saliva sedienta y pegajosa,
y traman el desquite del trabajo...
LA PROSTITUTA

Como un dolor pasado de paciencia,


ella es morena oscura.
El flequillo limita en la mirada
con una leve cicatriz antigua.
Y una cruz de oro falso le cuelga sobre el pecho,
sobre las fuertes lilas del vestido.
Lleva el liso cabello de india suelto.
(Las muñecas baratas de mis tiempos de niño
se vestían como ella).

¿Será, el reloj pulsera,


de un rico deportista-bandeirante?
¿Será de un pobre, duro, camionero?

Ella se sienta en el bordillo, ausente.


Viene, a la hora de comer, a popa;
le doy un vaso de agua;
y se vuelve, discreta.

María Magdalena, en el barco de Pedro,


se sentaba a los ojos del Señor,
y el Señor la miraba.

La ribera es más tierna


que los tiestos de arroz del jueves santo.
Y el río es como un óleo,
bajo las muchas nubes descendidas.

PAPAGAYO

Levita verdiparda, con tintes amarillos.


Histérico feliz.
Equilibrista.
Soplón y presumido. Astuto y charlatán.
Mientras el perro lobo
aguanta su cadena vergonzosa,
torvo y agazapado,
él se mece en las ramas
de una exótica adelfa.
Detrás de los ladrillos franciscanos
bota un balón, y cruje
la carreta de bueyes
con la festiva leña de San Juan.
El loro silba, lelo.
Imita el grave hablar
del fraile americano,
un poco a lo Bing Crosby.
Escucha.
Corta ramas.
Cotillea.
El curvo pico, rápido.
La pata en alto, frívola.

(Las rojas flores lánguidas del patio,


bajo los postes de la luz labriega,
casi sobre las nubes.
Y una papaia grande, enfajada de sol, hecha convite).

...Ya está al otro lado


el Mato Grosso mío.
Y ya estoy con saudades
de estar a ese otro lado, de regreso...
¡Corazón, papagayo impenitente,
equilibrista y loco!

TELEGRAMA EM HI-FI PARA O PADRE HENRIQUE


-assassinado oficiosamente em Recife; colaborador do formidável Dom
Hélder Câmara.

Trinta peregrinos sem mais honorário


do que o Evangelho em sotaque vário;

unidos en aula e em Eucaristia;


destas serras verdes que a História vigia
mandamos-te, Henrique, a mensagem nossa:
Não é ação política nem é som de bossa;
é apenas a simples resposta ao Senhor,
pela qual tu deste a prova maior...

Com legal pronúncia ou em voz estrangeira,


a Palavra segue clara e verdadeira,
e não há quem possa barrar-lhe a passagem!
E até ajuda a pista do sangue no chão
para andar mais firmes, levando a Mensagem,
sem mêdos vendidos,... "seguindo a canção"!

LA VIEJA NEGRA

La negra gorda, de blusa blanca,


vuelve otra vez por agua,
con las dos viejas latas.
Millones de esclavas,
desde muchas patrias,
desde muchas antiquísimas datas,
con ella marchan.
En esta tierra donde -dicen- que no es problema la raza,
la fuente llora, la fuente canta,
la vieja negra gorda vuelve otra vez por agua.

ELEGIA KENNEDY, EN PROSA "DEMAGÓGICA"

Si usted, candidato demócrata a la presidencia de los Estados Unidos,


hubiera facilitado la muerte de 1.000.000 de hombres
-sangre americana incluida-,
allá en el Vietnam:
el caso era otra cosa.
¡Peru usted provocó la muerte de una muchacha rubia!
¡Y usted no puede ser ya el inmaculado presidente
de los inmaculados Estados Unidos de América,
prototipo, de todas las naciones del mundo!
Mientras la bandera yanqui llegaba a la luna
-y el pueblo hablaba de John-,
Usted, ¡tú, Edward!
te precipitabas con la noche,
por despiste, por fiesta, por accidente,
en las aguas de la laguna,
en la muerte de Mary,
en la ignominia...
...¡Basta de aspiraciones!
Punto final
para la dinastía de los Kennedy.
(Edward, Bob, John, Joseph, Kathellen...)
A la suciedad de la exsecretaria de Jacqueline
y a la jugosa mancha de petróleo de Onassis
se sobrepone ahora la mancha de sangre de la exsecretaria de Bob.
¡Todo es ya "ex"
y todo está muy sucio para los limpios fariseos!
Aquí, en Latinoamérica, o en cualquier pobre tierra humana,
al otro lado de la nunca alcanzada nueva frontera,
lo sentimos, llorando, con un dolor fatal.

(¡Viva la luna yanqui!


¡Viva Nixon, que ríe por lo menos!
¡Viva el capitalismo conservador que no ha matado nunca
una muchacha rubia!)

Todos nosotros, los que somos sucios,


gracias a Dios,
y lo sabemos:
bajamos la cabeza
contigo,
pobre Ted.

-En un lugar, cuyo nombre no me da la gana decir.


A 26 de julio de 1969. Año de la Luna.

HAI-KAI DE LA LUNA OCUPADA

Cada vez que miro la Luna,


siento el pie de Amstrong
en mis ojos.

RECTIFICACIÓN

Saber esperar, sabiendo,


al mismo tiempo, forzar
las horas de aquella urgencia
que no permite esperar...

NADAL DE 1969

I
Aquest Nadal arriba
amb una lluna gran
com una "roda viva"
molent tot el sertão...
Qui mantindrà la Mare?
Qui gronxarà l'InFant?
(Nadal de Luciara,
amb tents Nadals davant!)

II

Nadal de pluges, i els rius creixent,


amb les canoes contra-current.
Esclata un crit de verd salvatge.
(Els boars i mules del sertão
prou que en tindran
de pasturatge!)
Els bous i mules de Nadal vetllen ací per tot arreu
infants neixent pobres com Déu,
sota la palla i sense roba...
(El veil Herodes i el Senadrí,
vivent tan bé, tan lluny d'ací,
no sabran pas aquesta "nova"!)
El rei Pelè ha fet un gol,
i el ceptre d'or Pelè el vol
per fer feliç la "criançada".
Quina oportuna publicitat
Papai-Pelè que ens ha donat
...per oblidar, amb un "present",
el greu futur, la fam precària...!
Si hem arribat a fer el mil gol,
qui es pot queixar? quin dropo vol
que encara fem reforma agrària...?
Nadal de pluges, i els plors creixent,
amb l'esperança contra-current!

III

-"On aneu, ó gent de Déu",


sense béns i sense veu?
-Rics de verms i de malària,
sóm "els pobres de Iahvè",
la "misèria necessària",
o la revolta potser!
Es Nadal, i ltany setanta
ni ens enganya ni ens espanta,
que hem sentit moltes mentides
i hem enterrat moltes vides
al llarg de tots els cumins...
(Prô el futur ja s'endevina,
i aquell que no és mort camina).
Vols venir Brasil endins
amb nosaltres, per cridar
la subversió de l'amor,
la dignitat necessària
dels senyors d'un sol Senyor,
el gran dret de l'alegria,
i aquesta reforma agrària
-tant de gent tant de "feijão"-
que va començar aquell dia
en que el Fill de Déu prenia
tota la terra del món
en la terra de Maria...?

ALDEIA TAPIRAPÉ
-A las Herrnanitas de Jes™s, en entraÒable comuniÛn. Lago TapirapÈ.
Navidad de 1969.
Los naranjos de tierna piel cuidada
guardan la aldea verde
todavía en la paz del paraíso
y en mi fe sorprendida.

Bajo las nubes plata de un otoño


que ni es otoño, amigo, ni es cielo de Bretaña,
los villancicos de las Hermanitas
bordan el gran Mensaje del total abandono.

Bala una flauta exótica, primera;


la misma de Belén, aquella Noche.

Huele el fogón caipira; llora el humo;


huele la paja buena.

Una canoa pesca los peces de colores del ocaso


en la perfecta placidez del agua.
Y en la arcilla cocida,
sobre la arena, pura
como polvo de estrellas,
Dios ha nacido indio...

(Foucauld sonríe, con su barba leve


-esa hierba comida a fuego lento-;
con sus cansados ojos beatíficos.
Y en la carne desnuda de los indios dichosos
puntea el Evangelio, miniado
de jenipapo negro).

PRUEBA

La soledad, por fin,


lejana y próxima.
La soledad total.
¿Dónde están los caminos conocidos?
¿Dónde está la alegría, compañeros?
¿Es la última víspera?
¿Por qué me abandonaste?
Me palpo y no me encuentro.
Me miro en los espejos a mi alcance
y no me reconozco.
¡Calladme, por ahora, el nombre que tenía!
¿Será que me bautizan en aguas de pobreza
los amigos llamados tantas voces, otrora?
¿Me espera, en la mañana,
algún camino nuevo?
¡Dejadme el pan cocido en el rescoldo!
Como el Rey que Tagore vio en ensueños,
llega el Señor, cargado de exigencias,
por todas las orillas...
Ahora es noche aún. Cerrada noche.
La red cuelga en el túnel de las falsas minúsculas
dejando apenas el preciso espacio
para sacar un muerto.

SACRIFICIUM LAUDIS

Primero fue "la dolça llengua mare",


empapada de leche y Llobregat.
(Yo era un niño tristemente sabio,
de "después de la guerra").
Luego, la lengua esposa, de los libros;
del Ebro y los suburbios emigrados;
del Pirineo y de Madrid...

Diez horas sobre el mar, y el otro mundo.


Y a empezar otra vez, nombre por nombre.
(¿Dónde es taban los años y el prestigio?)
-"Habla usted bien", te dicen. Y uno entiende.
-"Queda el 'sotaque', claro".
Te miran asombrados. Se sonríen. Se encogen.
No hay modo de cerrar una verónica:
el chiste aquel, el toque de ternura,
la incisiva respuesta del momento.
Se traban en los dientes las palabras,
no nacidas aún, extrauterinas.
Se mueren en las grutas del silencio
-una de cada tres, la más hermosa-
como peces de pronto sorprendidos
fuera del agua madre.

ACCIÓN DE GRACIAS

Igual que una postal tuya,


oportuna en la respuesta,
la hoja del almanaque
sobre mis ojos húmedos de llanto,
°Santa María siempre al quite!

EQUÍVOCOS

Donde tú dices ley,


yo digo Dios.
Donde tú dices paz, justicia, amor,
¡yo digo Dios!
Donde tú dices Dios,
¡yo digo libertad,
justicia,
amor!

CONVALECENCIA

I
La múltiple campana de tus flores
inalterable al viento.
Desnuda la raíz,
libre, a la noche
y al sol; abiertamente.
¡Orquídea compañera!
Venida del sertão a la ciudad,
eres siempre tú misma,
sencilla y sin complejos.

Pasan los coches, locos.


Llueve. Salen la luna y las estrellas.
Apolo XIII falla.
Yo recupero el hígado cansado,
delante de tu leve testimonio.
Y Dios se deja oír, como un silencio,
en esta galería de Goiânia...

II

La tarde es otra vez azul y verde,


y en las nubes se esponja la alegría.
Chillan, libres, los niños en el patio.
Bebo un libro, jugoso el pensamiento,
y las horas, luminosas,
como un caballo amigo,
campo adentro.
El corazón, más sabio, está de vuelta,
y ha crecido, en la tarde, la Esperanza.

POSTDATA URGENTÍSIMA
Contra la compañía X y contra otras muchas Fazendas. Con mucha ira.
Con más amor aún.
Voz del pueblo,
voz de Dios:
¡condenada!

Campo de esclavitud, patrocinado


por el silencio,
por la anuencia,
por el consorcio.

¡Cebada prostituta del Progreso!


¡Concubina pagada ante la Ley!

Ganado grueso,
ricas "lavouras",
grandes "estradas":
¡Futuro esplendoroso del Brasil
asentado en los huesos
de los peones muertos de malaria,
clavados a pistola de negrero,
desangrados de hambre y de mentira!

Hélder, Vandré ¡gritad!


¡Gritadle a Dios, los muertos!
Lloremos de vergüenza
nosotros, los cobardes.

II. CRIATURAS HERMANAS

TRONCOS MUERTOS

Los troncos muertos, en el río,


viven aún ahora.
Al agua que los lleva
ellos le dan la forma.
(Arcos, músculos, redes,
"cobras"...).

Sacuden contra el agua,


como un cuello, su historia.
En la orilla vivieron,
por esta agua jugosa;
y se han muerto en la orilla
bajo esta agua traidora.

Cada pájaro libre


que sobre ellos se posa
lleva un nombre y su fecha,
un dolor y su gloria.

Los muertos, en el río,


viven, conmigo, ahora.

POTE CARAJÁ
-Pila bautismal de São Félix-

Escuela prehistórica
de Picasso y Miró.
Dibujos de carbón, con las llamas mojadas.
Collares de colmillos bienhechores,
de cruces intuidas.
Barro cocido y blanco,
de una arcilla primera.
Vientre de agua bautismal
que unas manos paganas trabajaron
para engendrar a Cristo.

BANANAS

Pecosas.
Verdinegras.
Y doradas: de sol y de divisas.
Al alcance de todos,
proletarias.
Codicia de macacos lamineros.
Exhuberantes ubres tropicales.

-"De mañana, son oro"...


¿Y sólo de mañana?

Con las hojas cortadas a tijera


¿el bananal espera algún festejo?

Moisés recibiría, dando gracias a Dios,


este primer racimo,
de las manos alegres de João Paulo.
-Nuestras bananas de cada día,
¡dánoslas hoy!

BOTA ESPAÑOLA

"Recuerdo de Pamplona"
Sanfermines.
Sangre de toro,
sangre de mozos,
sangre de España.
Y con vino de misa, a falta de otro.
Trago a presión que hierve en la memoria.
Las cintas rojas y el pañuelo al cuello,
española cabeza torturada.
Húmeda piel de muchas singladuras
o de muchos serenos.

Gaita. Vides cantadas.


Pala de pelotari.
Contorno de pernil.
Recuerdo de las siegas de mi infancia
en la casa "pairal" y los pinares.

Para algunos profanos: Souvenir, typical.


Para nosotros:
familiar y pura,
compañera,
tibiamente sagrada.

¡Pobre bota española


que acabarás linchada, en la orilla del Mortes,
mártir de la amistad,
víctima misionera!

TERCERA DIMENSÓN

Tercera dimensión:
aguas adentro.
Porcelana cubista.
La floresta en cristales, encantada.
Los broncos muertos, ya perennizados
por el barniz del agua amanecida:
agua-piel-vegetal,
de un leve escalofrío al ser mirada...
Rascacielos de árboles y nubes.
Y el pez borda el enigma
con su torso de plata interrogante,
tensado a flor de río.

"CANARINHOS"

Canarios verdipardoamarillos,
primos hermanos de los gorriones,
"escabreados" como todos ellos
en todos los rincones de la tierra.
Tal vez, anteriores a las trampas.
Canarios menuditos, charlatanes.
Tercos realquilados.
Queridos vividores.
Muchedumbre de críos sin escuela,
señores de las plazas.
Cogollo de plumones,
polvillo de una tierra que rompe en flores y alas.

URAURA

La garza blanca es así:


blanca, blanca, blanca toda;
vestidita de organdí
para el bautismo y la boda.

Perfil etrusco, si está posada.


Pañuelo
para el adiós o la llamada,
si va de vuelo.

Novia del sol, inviolada.


Flor invicta del estío.
Invitación a la gran Fiesta.
Catecúmena del río.
Novicia de la floresta.

DEVAGAR

Despacio:
"devagar,
devagarinho",
que "o tempo é nosso e o Brasil é grande".
Sin muchas precisiones: "mais ou menos".
-"Sempre andando na base
da maré mansa"
decía aquel bahiano comerciante,
sensato y comilón.
-"Dejar más bien que sean las playas que se acerquen"...

"Se Deus quiser,


com fé,
Deus ajudando"...
"Logo a gente, procura".
"Vamos sentando! Senta!"
"Espera aí..."

...Todo el día esperando, aquí en el puerto,


con la sierra en el aire, y la palabra;
mientras arranca el viento, embravecido,
la techumbre de paja resequida;
y el motor del Pastor americano
no decide arrancar, de ningún "jeito":
que no está el Araguaia
para esas prisas yanquis...

IPÊ

Ipê amarillo.
Arbol de mi llegada.
Constante, como un hito, en el trayecto.
"Ginesta" del Brasil.
Flor nacional.
Flor símbolo.
Bandera de una paz sólo futura,
salvada en el sertão...

DESCALZOS

Las havaianas en cualquier rincón,


como cáscaras mugres, olvidadas.

Pies indios, cincelados.


Bronceados de sol. Pies sin retorno.
Trenzados de picadas, de golpes y de heridas.
Cortados por los cascos
de las sucias botellas importadas.

Pies libres,
por la selva y los espinos.
Armoniosamente resignados
sobre la arena hirviente.
Hechos al tacto de la madre tierra.
Viviente barro andando.

Anchos dedos, comidos


como lomos de pez,
por las continuas aguas cotidianas.

¡ESTOS NIÑOS!

Negros, rubios, tostados.


Hijos de toda raza que ha conocido el sol.
Colgados de los pechos de las madres ausentes.
Barrigudos de vermes; amarillos
de hambre y de malaria.
Comiendo arroz y carne negra
y una banana de superavit.
Muchos en cada casa, sin birth control ni píldoras,
sobrevivientes en la despiadada selección natural.
Ojos grandes. Caritas macilentas.
Cariñosos. Pasmados. Juguetones. Inermes.
Chapoteando, libres, en los charcos.
Desnudos en la lluvia.
Revestidos de sol.
Nadadores olímpicos más allá de los récords y la prensa.
Expertos de la faca y la canoa.
Obreros sin edad y sin salario,
y tal vez sin "cartilla"...!

(Los cuatro niños muertos


la primera semana de mi llegada aquí,
como esperando
mi horror y testimonio.
Enterrados en este cementerio
del herbazal vecino,
debajo de los árboles,
mecidos por el río interminable,
llorados por los pájaros y los lagartos verdes...
¡Y acompañados bajo el mismo sueño
por tantos otros niños,
a lo largo de todo el calendario!).

Los niños del sertão, horas y horas


con la sed y el caballo.
El negrito Iraní, hucha del Domund.
Cara de luna llena: Marinalva.
Isabel, quisquillosa.
Valdilene, perfecta.
Mi amiga Vanderléia, picada de mosquitos .
Valdivino, formal, siempre con hambre.
Japí, chupete triste.

Futuros brasileiros, ¿con título de voto?


¿con tierra propia en la reforma agraria?
"Formiguinhas de fogo", hormiguero del alma,
¡dolientes y adorables hormiguillas!

BOLINHA

Bolinha es "pequeño, peludo, suave".


No tiene la facha de un perro formal.
Juguete de veras, que vive y que sabe,
Bolinha es un simple capricho animal.

Perra entre los perros, y entre niños niño,


orejas caídas, travieso, consciente,
la panda de amigos, hijos "do Firminho",
lo olvida y lo espera, lo acosa y consiente.
Se cuela en la iglesia, a la hora de misa,
pasado por agua su abrigo de pieles.
Y al sermón se sale, sin causa y sin prisa,
como un rutinario fiel entre los fieles.

PACU

-"Del otro lado es más bonito aún",


dice, sabio, Agripino, el zagal victorioso,
campeón pescador de pacuzinhos.
Y levantan sus manos
todo un ristre de búcaros de plata.

Pacú, pez etiqueta;


estilizada gracia nadadora.

Le ha planchado los ojos la corriente;


y el vientre tiene forma de corazón anclado,
pulido por la lima de la tuna.

¡El pan de cada día de este Araguaia fértil!


Holocausto de Dios y de los hombres,
entre la brasa y la pimienta!

NIDO DE TORTUGA
Son cien pelotas de ping-pong,
cien huevos de tierno plástico,
de nácar tibio.

En la playa cocida y deslumbrante.


A medio metro, dentro de la arena,
en esa plazoleta que bien podría ser un monumento
a la maternidad...
(Viaja con nosotros,
echada en una red,
una mujer escuálida,
inmediata ya de espera).

Camino de ida: del río a la arena;


camino de vuelta: de la arena al río:
el rastro de tortuga.
En el centro, la huella de la apisonadora abdominal.
Los bordes, floreados
como dibujos de natilla
de una tarta de Pascua.

Si no llegasen antes
el urubú, la onça, las culebras, los puercos,
los muchos enemigos coaligados;
si no llegase el hombre:
llegarían las aguas;
crecerían los bichos diminutos,
y otras cien "tartarugas" verdinegras,
grisáceas,
de piedra antigua y bronce,
caminarían por el agua dócil,
por la arena esponjosa,
con la concha a la espalda
como un juego de damas primitivo.

ABACAXÍ

Las mil escamas verdes boca arriba,


sobre un capullo abierto de espadines.
Rodajas de miel clara,
de helado nylón vivo.
Corazón de cristal,
agridulce,
oloroso.
Cacto casero y útil.
Cotidiana tú,
hecha proverbio,
sabrosa piña americana,
que tantos europeos pagarían a precio respetable.
Bienvenida en las lluvias y el Adviento.

PALMERA

Babaçú, tucum, patí...


Bella de muchos nombres.
Para todos los usos:
techo de casa;
zumo y bebida;
vestido y red;
arco de indio.
¡Siempre hermosa y esbelta!
Peinada. Despeinada.
Peine del propio viento.
Memoria bíblica.
Leit-motiv de canción americana.
Estandarte de todas las luchas tropicales.
¡Bandera natural del Tercer Mundo!

LA RED DE DORMIR

Columpio de mayores y de niños.


Malla de sueños pobres,
tejida, a huso, por las hilanderas
que ya Velázquez conocía.
Indispensable compañera.
Novia del sertanejo.
Para el árbol quizá, porque la noche manda;
para las vigas del cubierto;
para la escarpia de las galerías
con pretensión de bungalow;
para la barca en ruta interminable.
Colgada como un surco suspendido,
donde sembrarse enteramente...
Mantilla del sudor de cada día.
Algodón del silencio y la amargura.
Hecha a todos los cuerpos.
Tan llevadera como un fardo.
Cuna, cama y mortaja.

JABURÚS

Las viejas jaburús,


con el pañuelo negro y la chepa cansada,
esperando los peces en la orilla.
Patilargas, calladas, resabidas.

Con un mantón maravilloso


cuando, por fin, despliegan las grandes alas blancas...
Sorprendidas de estar viviendo aún,
pobres abuelas nobles,
frente a un barco a motor de gasolina...

CABALLO SERTANEJO

Cien, doscientos: "de tropa".


Delgadas las costillas, como cuerdas al viento.
A sólo hierba y agua, en casa de los pobres.
Sumisamente fieles, hasta para los niños.
Hechos a cualquier hora,
y a todos los caminos, largas leguas y leguas...
Largos días de sed y de cansancio.

El jinete los monta con una posesión complementaria.


Los calzones de cuero; la pistola en el cinto;
prieto sombrero al sol; y la pinga en la grupa.
¡Figuras de leyendas y novelas nortistas!

Llegan a la caída de la tarde;


o salen con la noche, selva adentro;
llegan, también, a pie de madrugada.
Saludan por la "estrada" sobriamente,
desviando los cochos profanamente intrusos.
Y "encostarão" en casa del compadre.

Caballo y caballero toman baño en el río,


hechos un solo nado, un solo aliento.

Caballo blanco, pardo, negro, bajo.


Caballo duro, sobrio, noble, viejo.
'

Para un trote exhibido, a la salida


de la aldea sentada.
Para un lento cansado caminar,
tierras adentro, días y más días.
Hasta el rancho de paja.
De vuelta para el pasto conocido,
pasado y repasado bajo soles y lunas y aguaceros,
comida y lecho breve,
¡de pronto electrizado por el fuste siniestro de una "cobra"!

CUPIM

Termites tropicales.
Plaga digna
de un Faraón, abierta a flor de asco;
que hierve en las heridas de las parades húmedas;
con su horquilla afilada y el vientre de ámbar fláccido.

En cúmulos de tierra, de ceniza mojada,


por el sertão desierto.
Mojones de caminos subversivos.
Laberintos labrados
insidiosamente
bajo el suelo.
Subterráneas legiones enemigas.

Luego... mariposillas indefensas,


comidas por los pájaros,
por los sapos astutos;
caídas, en la luz, dentro del agua;
dispersas a capricho
del viento y las escobas,
en las alas más frágiles del mundo...

CANOA

Simplicidad perfecta.
Juego de niños grandes.
Réplica fiel de pájaros y peces.
¡El más bello vehículo que labraron los hombres!

Tallado, a pie y a hacha,


por el arte supremo de los indios.

Pura estabilidad,
sin peso y sin medida,
sólo a merced del remo, del viento y la mirada...

ESTRELLAS

En el cauce creciente de la noche,


un chorro, un río, un temporal de estrellas,
sobre el sueño feliz del Araguaia.
Estrellas grandes, limpias, muchas, todas.
Ya todo el cielo hecho Vía Láctea,
envolviéndome el cuerpo y el espíritu.
Sin otra luz humana.
Próximas como amigas confidentes.
Con sus voces de plata enardecida.
...¡La Poesía es.
Es la Esperanza.
Y hay otra orilla, luego...!

BEIJA-FLOR

Menudísimas alas,
casi insecto.
A dos palmos de mí, aureolándome,
o en el "ora-pro-nobis" espinoso
de florecillas rojas.
Con el pico insistente y obsesivo,
goloso de las flores,
alfiler de perfumes y de néctar.
Beija-flor: colibrí,
de seda verde-miel y plata-oro.
Viruta de la luz, cristalizada.
Hélice de arcoiris.

CAMALEÓN

Solemne y esponjoso;
grande lagarto verde,
color de metal virgen, electrizado al sol;
distinto, como un verde primigenio,
entre todos los verdes.

Arbol arriba, sobre el río trémulo.

Cremallera dorsal.
Perfecto en la vitrina del ensueño.
Principesco presente
para novios poetas.

LA LUNA

¿Es otra luna ésta? ¿la intocable?


De este lado de acá
no le llegan los rusos
ni los americanos.
Quizás ni la conocen, de este lado.

Los carajás danzan todas las noches


de "aruaná", con máscaras de paja,
en la pista esponjada de la arena,
frente al Beró materno.

Y ella riela, pura, sobre el río.


Abre un surco de plata movediza,
una estela de ensueño,
un puente de cristal -sólo de ida-.

Primero nace en la floresta, roja


como un escudo en llamas,
como un sol en rescoldo para velas nocturnas.
Se hace luego naranja, y oro antiguo,
y, finalmente, nácar.

Lleva en la cara la criptografía


del carbón carajá.
Es como un "pote" cósmico.
De ella aprendieron estos indios muelles
la artesanía de la forma...
Quizás, cuando hacen "potes",
remodelan la luna en barro próximo,
y la acarician, viva criatura.

EL PEZ

Latido de las ondas.


Plata viva.
Tornasolada seda de esta casulla única
con que celebro misa, cada noche.
Vidriados los ojos,
sacude, agonizante, contra el toldo del barco
la esperanza perdida.
La mancha de la muerte lo ennegrece
por ósmosis callada.
Y las agallas ceden, en tácitos sollozos,
mientras la tierna arruga de la boca
bisbisea palabras de un cósmico reproche.

Las huellas digitales del pescador en las escamas frías


dan fe de que fue vivo,
de que fue preso,
de que es un muerto apenas.

MANGUARI

Se posa, como un ramo


de espuma recogida,
sobre el tronco caído,
o en la flexible rama nueva.
Con perezosa rebeldía
levanta el vuelo, displicente
para turistas y paisanos.
Y vuela en oleadas, con el río;
las altas patas finas, descuidadas;
el cuello, torneado, berbiquí de las nubes,
preguntando a los vientos...

PÁJARO SUMERGIBLE
Para Pedro Mary

Un submarino beatle.
de juguete;
espiando, exhibiéndose.
La zambullida, pícara y cobarde;
y la cabeza, periscopio.
Zurcidor de las aguas descosidas.
Abanico cansado por el sol,
sobre el tronco ya viejo.
Pájaro "mergulhão", buen compañero
de toda singladura;
que esperas, atrevido y socarrón,
nuestra proximidad,
para burlarte, luego, de nosotros, huyendo.
Pescador de minucias,
callejero,
comadre de la orilla.
Anfibio de caprichos y de resoluciones
-ni pájaro ni pez-,
sales, del baño, estilizado
como un plumero principesco
pasado por el agua,
levantando en el río,
con el vuelo batiente,
toda una pasarela de salpicaduras...

LIANAS
Telar del sol,
raíces de las aguas,
raíces de las copas.
Escaparate de collares indios.
Red del silencio y de las sombras.
Maraña de cordones
umbilicales
de la madre tierra.
Cortinas desplegadas
en la interioridad de la floresta.

VOVÓ JOSEFA

La vovó Josefa, borracha de años,


apenas cien nietos, y los mismos paños
del antiguo corte de su Maranhão,
collar y rosario sobre el corazón;
entre pausa y pausa de recuerdo y risa,
antes de la muerte y antes de la misa,
contra el tedio absurdo, contra el día largo,
"da conta" del "fumo" y del café amargo.

VIDA DE PERRO

"Guaraní" perseverante
en conatos de cocina.
Y el mismo grito cascado
y el látigo que fustiga
o el sombrerazo en el aire,
¡y un revuelo de gallinas!
La contraorden que enrosca,
con la vuelta aún no cumplida,
ese vaivén de ser perro
en una ronda infinita.
Y el rabo pegado al vientre,
y aquella melancolía
de la mirada de un perro
que arrastra su perra vida.

GAVIOTA
Para Leopoldo

Mensaje a flor de sueño, a flor de río.


-Verdes las aguas, verde la floresta-.
Con las alas quebradas, al capricho del viento,
pero siempre tan dueña.
Con el pico amarillo,
por florete de pesca.
Sin mástil ni balcón;
toda bandera.
Gavina, gaviota, gaivota.
Ala latina. Vela.
Chilladora festiva de entre luces:
blanca, para el ocaso; para la aurora, negra.

A flor de sueño, a flor de río, a flor de ruta.


Por error, de un tiro muerta...

Mensaje en cifras.
Palabra a medias.

FONTOURA

Seis abanicos de palma verde:


Fontoura.
De palma seca,
once "malocas".
Y la iglesia adventista,
diversa y sola.

Los carajás en la estera,


fumando horas.
Y en el agua que pasa,
quietas canoas.

Y este sol de ayer


que es el sol de ahora
y el sol de mañana,
dora que te dora...

TIERRA ABIERTA

En la hondonada oscura, cortando la floresta,


y cómplice el vaivén de los palmares,
la carretera rota por el tractor paulista:
roja, lila, amarilla, ceniza, crema, blanca.
Con un feraz olor de tierra núbil,
de tierra herida y limpia,
de virgen parturienta.

HORARIO SERTANEJO
"Antes do almôço.
Depois.
Quando o sol estiver lá, bem alí...
De tarde.
De manhã.
Ao pôr do sol.
Já na bôca da noite.
Amanhã, cedo...".
Reloj de instinto y de rutina.
La rueda de la vida y el cansancio,
en la esfera del sol, borrachamente;
entre el sol y una luna y otra luna...

LUCIARA

El pozo del "quintal"


anoche estaba
bañado en luna, y en las altas copas
las "mangueiras" brindaban las estrellas
como un fruto celeste,
accesible, con todo, a las pedradas.

ANU

Ebano grácil, alado,


línea de cocktail burgués,
escapado la noche de una fiesta
hacia las tierras puras.

PÁJAROS

¡Qué libre libertad la vuestra, pájaros,


dueños del horizonte desde arriba,
sin señalizaciones ni fronteras...!

"LOS ÁRBOLES SON UNOS PROFESORES"

"Los árboles son unos profesores


de idealidad".
Tan sencillos y señores
al sol y en la tempestad.
Soportan con entereza.
Se entregan sin vanidad.
Detrás de la vejez de la corteza
crían la savia de la actualidad.
Bajo las flores, los frutos granan.
Las hojas muertas caídas
sustentan las nuevas vidas.
Los árboles se buscan; se protegen; se hermanan.

Dan paso al viento. Acogen la canción.


Previenen la sequía duradera.
Ríen, vivaces, en la ribera.
Y aguantan, sobriamente, en el sertão.

Donde están, están; y son,


vivos o muertos, servicio:
comida, sombra, madera;
muralla en el precipicio,
y mojón en la ruta pionera.

MURURE

Calas de agua en carrillón.


Flor de viudez ya vencida.
Trashumante procesión
de marginales nutrida.
Sobreviviente esperanza
que haces, del destino, danza,
y, de la derrota, vida.
Mururé: nombre canción,
historia nunca aprendida
de mi propio corazón...

SABIÁ

Paró el motor. (El río no paraba,


pero callaba todo él, tendido,
mientras el sol doraba el intervalo,
y la lluvia esperaba, contenida
en la frontera gris del horizonte...)
Y entonces, invisible como el alma,
rompió a cantar el sabiá divino.

Epílogos abiertos

I
-Leyendo a Tiago de Melo
El río de la vida que va al mar.
La garza en la ribera, a toda hora.
Y terco, el corazón, para cantar
"la dolorida brasa de la aurora".

II
-Profecía extrema, ratificada-

Yo moriré de pie como los árboles.


(Me matarán de pie).
El sol, como un testigo mayor, pondrá su lacre
sobre mi cuerpo doblemente ungido,
y los ríos y el mar
se harán camino de todos mis deseos,
mientras la selva amada sacudirá sus cúpulas, de júbilo.

Yo diré a mis palabras: no mentía gritándoos.


Dios dirá a mis amigos: "Certifico
que vivió con vosotros esperando este día".

De golpe, con la muerte,


se hará verdad mi vida.
¡Por fin habré amado!

III

Y llegaré, de noche
con el gozoso espanto
de ver,
por fin,
que anduve,
día a día,
sobre la misma palma de Tu mano.
EL TIEMPO Y LA
ESPERA
Pedro CASALDÁLIGA
Editorial Sal Terrae, Santander 1986

A los pobres,
a los mártires,
a los contemplativos,
a los militantes
y a los teólogos
de la liberación,
por quienes y con quienes
-por Él, con Él y en Él-
el tiempo se hace cristiano
y la espera esperanzada.

ÍNDICE

Prólogo de José María Valverde

I. SONETOS
Identidad
En éxodo
Claridad
Sonetillo yo
Silencio hablado
No Te he negado
Carta de navegar
Calumnia que Alguien queda
Ella vendrá
Como un río
Agustiniano
Versión de Dios
Jesús de Nazaret
Espérame también
Gratuidad
Aviso previo a unos muchachos que aspiran a ser célibes
Mar de São Paulo
Al ciprés de Itaicí
Rebaño de becerros

II SALMOS DE VIGILIA
Preguntas para subir y bajar el Monte Carmelo
Salmo de abril en São Paulo
Amanecer
Atardecer
De vuelta voy
Al Cristo de la Trinidad de Maximino Cerezo Barredo
Deja la Curia, Pedro
Retiro espiritual en el cerro de santa Terezinha
Bendición de San Francisco a fray Leonardo Boff
¿Y qué le diría, un año después, mi compadre San
Francisco a fray Leonardo?
¿Me dejáis solo?
Testimonio y escándalo
Porque sé las cosas soy
Hambre de Ti
Por ese mero hecho de ser también obispo
De Hipona hasta São Félix
América Latina

III. CANTO LLANO


Mi soledad
Nuestra hora
El perro ciego
Verde navidad
La rosa
Personalidad
Decirlo así
¡Oh Dios mayor!
El misterio
Quizás esta soledad
Palabra guaraní
Va mi palabra
Calla y escucha
Vivir
No toquéis el ocaso
Somos, en última instancia
Olvido/Memoria
Los árboles y el bosque
Tu tierra y mi lluvia
Un poema
Colina
Mirada humana
Kénosis
Palabra de caminante
Supracartesiana
Podría ser el mar de Tiberíades
Con mi garza blanca
Espérame en la curva luminosa del Viento
Llega por fin a Tu anhelado rostro
Mi vida, mi muerte
Adviento
Otro cantar
Claroscuro
El corazón lleno de nombres
Paz a distancia
Solidaridad
Carretera de misión
Hablemos del Tiempo, hermano
Retornar para vivir
Si no hubiera garzas blancas
Lo mío y lo tuyo
Sólo llegando a la gruta
A contramano
Hiciste la belleza
El pobre y Tú
Si faltan los pastores
¿Sólo para mí?
Jo, yo, eu
Muchos espejos te mienten
Te has de encontrar
Los conquistadores
El poeta

Prólogo
Me abruma la invitación a escribir algo —algo superfluo,
sin duda— antes de estos versos de Pedro Casaldáliga:
acostumbrado a la cómoda posición del literato que puede
permitirse organizar sublimes palabras en formas
presuntamente memorables sin necesidad de
comprometerse apenas con su lenguaje, me siento ahora
como si recibiera una tremenda descarga eléctrica al tener
ante mis ojos unos versos que son expresión transparente
de una vida por completo entregada a lo que dice.
Ciertamente, no por ello hay en esta poesía ninguna
ingenuidad literaria, sino, por el contrario, un «oficio»,
bien dominado por este poeta. Y aun cabría entrar en
detalles técnicos de crítica, señalando, por ejemplo, cómo
este hombre de expresión trilingüe —en catalán, como
lengua materna; en castellano, como lengua literaria,
alternada con la catalana; en «brasileiro», como lengua de
pastor y obispo— tiene su referencia tradicional más
efectiva, por lo que toca a su forma en verso, en la
habitualmente desaprovechada lección del poeta
Unamuno.
Pero a mí lo que más me importa aquí no es eso, sino la
rarísima calidad que puede dar a una expresión poética la
entrega absoluta a la fe, al amor divino —que, sobre todo
hoy día, ya no hay excusas para no reconocer, a la vez,
como amor al prójimo incluso en su sufrimiento colectivo y
en su rebeldía contra la tradicional opresión social y
económica—. El fuego de tal entrega a la fe solía, en otros
tiempos, en auténticos poetas religiosos —pienso, entre
los más altos, en un San Francisco de Asís, en un
Iacopone da Todi, en un San Juan de la Cruz— acrisolar
materias más puras y simples: hoy día ese fuego puede
asumir también en poesía toda la suciedad de la miseria,
el sufrimiento de los «parias de la tierra», la dureza de la
explotación capitalista, junto con el escalofrío del riesgo en
medio de la rebeldía revolucionaria de tantos pueblos
contra la represión.
Aquí, la intensidad de este ánimo creyente no sólo hace
alta poesía de tales cosas que en otros tiempos no podían
ser líricas, sino que asume sus propios recursos literarios
volviéndolos casi invisibles, dentro del empuje de quién ha
renunciado a su "yo'', uniéndolo en el Otro con los otros.
En términos kierkegaardianos diríamos que Casaldáliga
escribe «en indicativo», mientras los demás solemos
escribir «en subjuntivo» o «en condicional»:
«quisiéramos» o «querríamos» que algo «fuera» o
«fuese», cuando en él «es» —y lo respalda con todo su
vivir—.
Los que no pasamos de ser «escritores», quizá nos
preguntemos cómo cabe seguir escribiendo versos cuando
se ha puesto en juego la vida entera —y ello no sólo en
casos explícitamente religiosos, sino en casos de entrega a
la lucha y el riesgo de muerte por afán de justicia
humana—. Eso también se lo preguntan a veces los
mismos que viven —o sobreviven— más allá de tales
entregas: por ejemplo, Leonel Rugama, ya para siempre el
más joven de los buenos poetas nicaragüenses —porque
murió en combate a los veinte años después de haber
escrito, en anticipada ironía, que «los héroes no dijeron
que morían por la patria, sino que murieron»—, escribió
estas palabras, aparente despedida de la poesía, que
Pedro Casaldáliga pone al frente de su libro, testimonio de
un viaje, « Nicaragua: combate y profecía»:
Ya platicamos.
Ahora vamos
a vivir como los santos.
Y sin embargo, Rugama no dejó de «platicar» en verso en
el poco tiempo que aún vivió, y sin duda habría seguido
haciéndolo así de vivir hasta hoy. La ofrenda de la vida no
tiene por qué acabar con la poesía, sino que, al contrario,
le da a ésta una calidad nueva, una sublimidad
privilegiada.
Tal es la calidad, en un plano a la vez humano y
transcendente, que tienen los versos de Casaldáliga,
surgidos de una vida de entrega cristiana, siempre con
riesgo de martirio, sin dejar el «platicar», la palabra para
él y para los demás, en prosa y en verso.
El verso —como señaló alguien, por supuesto inglés, con
aparente modestia— tiene la ventaja sobre la prosa, por lo
menos, de que es más corto y se recuerda mejor. En el
caso de Casaldáliga, tiene otras ventajas de gracia formal,
pero no por ello rebaja la razón de ser de su obra en
prosa. Su obra en verso, aun en contra de las
pretensiones de la «poesía pura», todavía gana si se la
engasta entre las páginas en que él da en prosa su
experiencia y su reflexión. Ahí, en efecto, se enriquece
más el contexto de una vida de santidad en la forma por la
que hoy «clama al cielo»' la conciencia universal: «en
representación de todo el mundo», según el verso de
César Vallejo, asumiendo a todos los hermanos que sufren
y que entran en un vasto movimiento de rebeldía y
esperanza, de camino al último Amor.

José María Valverde

I. SONETOS

IDENTIDAD

Si no sabéis quién soy. Si os desconcierta


la amalgama de amores que cultivo:
una flor para el Che, toda la huerta
para el Dios de Jesús. Si me desvivo

por bendecir una alambrada abierta


y el mito de una aldea redivivo.
Si tiento a Dios por Nicaragua alerta,
por este Continente aún cautivo.

Si ofrezco el Pan y el Vino en mis altares


sobre un mantel de manos populares...
Sabed: del Pueblo vengo, al Reino voy.

¡Tenedme por latinoamericano,


tenedme simplemente por cristiano,
si me creéis y no sabéis quién soy!

EN ÉXODO

La vida sobre ruedas o a caballo,


yendo y viniendo de misión cumplida,
árbol entre los árboles me callo
y oigo como se acerca Tú Venida.

Cuanto menos Te encuentro, más Te hallo,


libres los dos de nombre y de medida.
Dueño del miedo que Te doy vasallo,
vivo de la esperanza de Tú vida.

Al acecho del Reino diferente,


voy amando las cosas y la gente,
ciudadano de todo y extranjero.

Y me llama Tú paz como un abismo


mientras cruzo las sombras, guerrillero
del Mundo, de la Iglesia y de mí mismo.

CLARIDAD

Decir el pan, la lucha, el gozo, el llanto,


el monótono sol, la noche ciega.
Verter la vida en libación de canto,
vino en la paz y sangre en la refriega.

Desnuda al viento mi palabra os llega.


Sobre la plaza de la fiesta canto.
Pido que todos entren en la siega.
Vengo a espantar las fieras del espanto.

Mediterráneamente luminosa
escancio en mi palabra cada cosa,
vaso de luz y agua de verdad.

Si el Verbo se hace carne verdadera,


no creo en la palabra que adultera.
Yo hago profesión de claridad.

SONETILLO YO

Catorce surcos de tierra,


catorce ríos de sangre,
catorce almenas en vela
y el sueño en catorce mares.

Catorce vuelos sin nido,


paloma en catorce aras,
catorce noches testigo,
catorce veces el alba.

La muerte sobre el camino,


el Pueblo por compañía
y el Viento por toda voz.

Como un silencio que digo,


catorce versos mi vida,
catorce versos y Dios.

SILENCIO HABLADO

Si amar es mi costumbre,
la tengo mal sabida:
llena de muchedumbre,
sola de mí mi vida.

La guerra fue mi lumbre;


mi madre, la partida.
Velo mi mansedumbre
como una espada herida.

Derramando palabras,
de mis silencios vengo
y a mis silencios voy.

Y en Tus silencios labras


el grito que sostengo
y el silencio que soy.

NO TE HE NEGADO

Por causa de Tú causa me destrozo


como un navío, viejo de aventura,
pero arbolando ya el joven gozo
de quien corona fiel la singladura.

Fiel, fiel..., es un decir. El tiempo dura


y el puerto todavía es un esbozo
entre las brumas de esta Edad oscura
que anega el mar en sangre y en sollozo.

Siempre esperé Tú paz. No Te he negado,


aunque negué el amor de muchos modos
y zozobré teniéndote a mi lado.

No pagaré mis deudas; no me cobres.


Si no he sabido hallarte siempre en todos,
nunca dejé de amarte en los más pobres.

CARTA DE NAVEGAR
(Por el Tocantins amazónico)

«Leer las aguas» será siempre un sueño


mayor que mis estudios. No consigo
leerme por debajo, serme dueño,
tenerlas todas, a la vez, conmigo.

Flotan sombras de mí, maderas muertas.


Pero la estrella nace sin reproche
sobre las manos de este niño, expertas,
que conquistan las aguas y la noche.

Me ha de bastar saber que Tú me sabes


entero, desde antes de mis días;
que en Ti voy siendo la verdad que hago;

que has puesto en mis tesoros y en mis llaves


Tus luminosos ojos por vigías
¡y que eres mi Camino de Santiago!

CALUMNIA, QUE ALGUIEN QUEDA

Voy a engarzar en paz esas espinas


entre las rosas todavía nuevas.
Mi voluntad rendida Tú examinas,
Tú mi holocausto sin retorno pruebas.
Tus manos han ceñido mis riñones
desde la mocedad. Te ha reservado
mi corazón la flor de sus carbones.
Si he amado, Señor, a Ti te he amado.

Mi opción de eunuco por el Reino ostento


sobre esta frágil condición de hombre,
capaz, con todo, de acoger Tu aliento.

Cuando el lagar su desazón concluya,


Tú salvarás la causa de mi nombre
que sólo quiere ser la Causa Tuya.

ELLA VENDRÁ

Ya la acogí, en las sombras, muchas veces


y la temí rondándome, callada.
No era el vino nupcial, eran sus heces;
era el miedo al amor, más que la amada.

Pero sé que vendrá. Confío en ella,


amada fiel de todos y maldita.
No hay modo de escapar a su querella.
Sin hora y sin lugar, ella es la cita.

Vendrá. Saldrá de mí. La llevo dentro


desde que soy. Y voy hacia su encuentro
con todo el peso de mis años vivos.

Pero vendrá... para pasar de largo.


Y en la centella de su beso amargo
vendremos Dios y yo definitivos.

COMO UN RÍO
(Por el Río das Mortes)

Como un río que me invade mansamente.


Que penetro, deslumbrado. Como un río
que me arrastra, poderoso, en su corriente
mientras abro, libremente, el curso es mío.

Como un río que respeta mis orillas.


Con el cielo todo entero en su regazo.
Que yo sigo, por las noches, de rodillas
y circundo, bajo el sol, con un abrazo.

Como un río que me acuna, que me sacia.


Que yo invento con las aguas de Su gracia.
Como un río ya llegado y por llegar.

Donde muere el día y nace el día nuevo.


Como un río que me lleva y que yo llevo.
Como un río que se sabe río y mar.

AGUSTINIANO

«Ámame más, Señor, para quererte».


Búscame más, para mejor hallarte.
Desasosiégame, por no buscarte.
Desasosiégame, por retenerte.

Pódame más, para más florecerte.


Desnúdame, para no disfrazarte.
Enséñame a acoger, para esperarte.
Mírame en todos, para en todos verte.

¡Por los que no han sabido sospecharte,


por los que tienen miedo de encontrarte,
por los que piensan que ya te han perdido,

por todos los que esperas en la muerte,


quiero cantarte, Amor, agradecido,
porque siempre acabamos por vencerte!

VERSIÓN DE DIOS

En la oquedad de nuestro barro breve


el mar sin nombre de Su luz no cabe.
Ninguna lengua a Su Verdad se atreve.
Nadie lo ha visto a Dios. Nadie lo sabe.

Mayor que todo dios, nuestra sed busca,


se hace menor que el libro y la utopía,
y, cuando el Templo en su esplendor Lo ofusca,
rompe, infantil, del vientre de María.

El Unigénito venido a menos


traspone la distancia en un vagido;
calla la Gloria y el Amor explana;

Sus manos y Sus pies de tierra llenos,


rostro de carne y sol del Escondido,
¡versión de Dios en pequeñez humana!

JESÚS DE NAZARET

¿Cómo dejarTe ser sólo Tú mismo,


sin reducirte, sin manipularte?
¿Cómo, creyendo en Ti, no proclamarte
igual, mayor, mejor que el Cristianismo?

Cosechador de riesgos y de dudas,


debelador de todos los poderes,
Tu carne y Tu verdad en cruz, desnudas,
contradicción y paz, ¡eres quien eres!

Jesús de Nazaret, hijo y hermano,


viviente en Dios y pan en nuestra mano,
camino y compañero de jornada,

Libertador total de nuestras vidas


que vienes, junto al mar, con la alborada,
las brasas y las llagas encendidas.

ESPÉRAME TAMBIÉN

Porque lo espero a El, y porque espero


que, al encontrarlo, todos nos veamos
restablecidos por el sol primero
y el corazón seguro de que amamos;

porque no acepto esa mirada fría


y creo en el rescoldo que ella esconde;
porque tu soledad también es mía;
y todo yo soy una herida, donde

alguna sangre mana; y donde espera


un muerto, yo reclamo primavera,
muerto con él ya antes de mi muerte;

porque aprendí a esperar a contramano


de tanta decepción: te juro, hermano,
que espero tanto verLo como verte.

GRATUIDAD

Os desvivís para morir de hastío


delante de la Esfinge que bosteza.
La gran Ciudad os ha secado el río.
Sois cauces de orfandad y de impureza.

Aquí, la luna cruza el Araguaia;


los ojos a su encuentro, como remos,
y el corazón tendiéndole su playa.
Hijos del cielo, de Belleza ardemos,

libres aún para cantar Su Nombre


y el Uni-verso que Su Mano escribe,
las cosas escanciadas, una a una.

Comer, sumar, poder, no es todo el Hombre.


No sólo de progreso el Hombre vive,
vive también de Dios y de la Luna.

AVISO PREVIO A UNOS MUCHACHOS


QUE ASPIRAN A SER CÉLIBES

Será una paz armada, compañeros,


será toda la vida esta batalla;
que el cráter de la carne sólo calla
cuando la muerte acalla sus braseros.

Sin lumbre en el hogar y el sueño mudo,


sin hijos las rodillas y la boca,
a veces sentiréis que el hielo os toca,
la soledad os besará a menudo.

No es que dejéis el corazón sin bodas.


Habréis de amarlo todo, todos, todas,
discípulos de Aquel que amó primero.

Perdida por el Reino y conquistada,


será una paz tan libre como armada,
será el Amor amado a cuerpo entero.

MAR DE SÃO MATEUS

Azul la paz, al menos este día,


la lengua pertinaz de blanca espuma,
olas, miradas, velas, vuelos suma,
llamándome, inviable lejanía.

Anchieta con sus versos por la arena,


las tribus con sus huesos por la muerte,
mi corazón como una playa inerte
ante los pobres entre sol y pena.

El mar que soy, el mar que me convida,


de donde viene, a donde va mi vida,
el mar que nunca habré de terminar.

Volviéndome, envolviéndome en sí mismo,


roca, horizonte, singladura, abismo,
el mar aún, de nuevo, siempre el mar.

AL CIPRÉS DE ITAICÍ

Capucha, el sol latinoamericano.


La asceta soledad estalla en flores.
Pero no dejará de ser hermano
de todos los cipreses rezadores.

Savia del Pueblo, lluvia de Tu Gracia,


ora y convoca, vela y desafía.
Cirio pascual de verde pertinacia,
horada las tinieblas y abre el día.

Ciprés también, acógelo, Señor:


¡el mismo anhelo lo levanta a Ti!
Allá, mudo el ciprés en el fervor

de Silos. ¿Todavía mudo? Aquí,


aljaba de combates, el clamor
de este ciprés profeta de Itaicí.

REBAÑO DE BECERROS

Marejadas de furias, domeñada


por la voz de un vaquero y el estío,
manada sois y moriréis manada,
yerta la sangre y humillado el brío.

Cueros de cal en serie, la alambrada


os delimita el mundo con su hastío.
Carga, divisas, carne congelada,
no ha de salvaros este verso mío.

No me miréis, atónitas preguntas.


Rendid la inútil lira de dos puntas.
En vano mugiréis contra la suerte.

Sin libertad, sin hijos, sin arenas,


número y peso os toca ser apenas
para engordar los lucros de la muerte.
II. SALMOS DE VIGILIA

PREGUNTAS PARA SUBIR Y


BAJAR EL MONTE CARMELO

(A Gustavo Gutiérrez,
maestro espiritual
en los altiplanos de la Liberación,
por su itinerario latinoamericano
«Beber en su propio pozo'').

«Por aquí ya no hay camino».


¿Hasta dónde no lo habrá?
Si no tenemos su vino
¿la chicha no servirá?

¿Llegarán a ver el día


cuantos con nosotros van?
¿Cómo haremos compañía
si no tenemos ni pan?

¿Por dónde iréis hasta el cielo


si por la tierra no vais?
¿Para quién vais al Carmelo,
si subís y no bajáis?

¿Sanarán viejas heridas


las alcuzas de la ley?
¿Son banderas o son vidas
las batallas de este Rey?

¿Es la curia o es la calle


donde grana la misión?
Si dejáis que el Viento calle
¿qué oiréis en la oración?

Si no oís la voz del Viento


¿qué palabra llevaréis?
¿Que daréis por sacramento
si no os dais en lo que deis?
Si cedéis ante el Imperio
la Esperanza y la Verdad
¿quién proclamará el misterio
de la entera Libertad?

Si el Señor es Pan y Vino


y el Camino por do andáis,
si al andar se hace camino
¿qué caminos esperáis?

(Desde la Amazonia brasileña,


en tiempos de probación
y de invencible esperanza criolla).

SALMO DE ABRIL EN SÃO PAULO

«Quaresmeiras» en flor, banderas cálidas, verdad de rosa


y lila,
velan junto a los tintes de las frías banderas
al pie de los cajones monstruosos de cemento.
Ellas vencen la niebla del miedo persistente
y salvan, con la gracia de sus pequeñas risas,
las prisas de los hombres, llevados por las máquinas,
la desazón de la ciudad violenta,
la maldición del mundo.

El metro de São Paulo me lleva, como un túnel de


anónimas preguntas,
lucha adentro.
(El metro de Madrid, rueca de noches mías, inflamadas,
regresaba, por fin, a Buen Suceso).

Caminos, los semáforos, guiñan el ojo verde.


Guiñan el ojo rojo de los riesgos,
la vida.
(Por los barros y pastos, integrando colores, por mi ancha
Amazonia,
santiguaba la tarde el arco iris,
semáforo de nuevas alianzas.
Noé lo contemplaba con mis ojos, un poco más maduros).
Tres días de cansancio
—cada Jonás, su Nínive—,
toda una vida yendo, de llamada.
Pero el verde invadía la tierra y el anhelo,
y las garzas me daban su lección
—¡Todavía
es posible ser libres!

En la ciudad, perdidos yo y Tu Nombre,


el mundo es tan pequeño como un nido olvidado,
tan triste como un pájaro sin alas ni gorjeos.
¡Pero Tus Alas cubren su llorada miseria, mi dormida
esperanza!

En Taboão da Serra
la juventud ensaya
muerte y eucaristía.
Las rosas de la Serra, deshojándose, vuelcan
sus redomas cansadas.
María Liliane ha entregado a la muerte su rosa prematura.
Cantan los compañeros, con Milton Nascimento:
—«Amigo é coisa (amigos)
de se guardar
debaixo
de sete chaves (libres)
dentro do coração...»
¡Nunca debajo de una losa fría!, replica el Evangelio.
—¡Lázaro, Liliane, salid fuera!

Con el vino de misa, bebieron muchos vinos, en sus


frenados sueños,
estos curas alcólatras que ahora
pacen, como corderos, la vergüenza vencida.
Duval, el chansonier,
soñó también, un día (muchas noches),
en su petite tête y su corazón grande,
la luna y le grand ciel...
y ahora nos sorprende, con toda su guitarra de rodillas,
sabiendo más que nunca, lejos de todo palco,
que el Señor reviendra, que il l'a promis,
que il reviendra la nuit qu'on n'l'attend pas...!

Los guacamayos tiemblan—como yo deportados—


del frío de São Paulo, del frío de este mundo.
«Es invierno en la Iglesia», advertía Karl Rahner, haciendo
testamento de profeta.
(Y el frío es la tristeza del Mundo,
y el invierno
es pecado en la Iglesia que ha abrasado el Espíritu)
—¿Qué estas haciendo ahora?
le preguntaba el papa (¿inquisidor? ¿benévolo?).
Respondía el teólogo (¿evasivo? ¿maestro?):
—Me preparo a vivir el gran Encuentro.
Y a sus ochenta abriles, bien pensados,
oyente del Misterio en la Palabra,
se ha zambullido en el total Futuro.

Abril portará encara, per les nostres carenes, els ganfalons


florits?
Les rosas de Sant Jordi besaran els timbals, encara joves,
o s'esfereiran pels dracs de tota mena?
A Montserrat, l'abril quin virolai hi canta?
Com sabrà celebrar la primavera
el meu enfeinat Poble?
Les roses y l'abril, els fulls, les fulles,
els llibres que embreçolen la meva saviesa,
els llibres que festejo, tents, quimèrics,
els llibres que em fan pare...
les roses que em fan nen immarcescible.

La mare ja no hi és a Catalunya,
ja és a dalt de Casa.

Ginesta catalana, groga de tants records,


què hi fas ací, paulista?

En São Miguel Paulista dos hombres más reclaman,


con el título póstumo de su sangre extendida,
la tierra que les hurta el latifundio,
la casa que les niega la ciudad sitiada, exceso de codicias.
Floresta de pancartas enseña por las calles el abc del
hambre:
—«Também os professores querem comer».
Diretas!»
«Diretas já!», gritan todos los muros, derramando
impaciencia
El comercio pregona
una pascua de huevos
de chocolate (amargo
para los otros niños).
¿Socarres piensa con los pies sus dólares?
Las huelgas paralizan las máquinas del lucro homicidas.
¿En vano?
Estudiarán en vano estos sindicalistas, acosados de leyes
y de arbitrios,
la autogestión, la autonomía, el Pueblo?
Geraldo, en Santarém, arde, como una ofrenda,
[con los huesos roídos, en la fragua.
Por la madera noble del labio mentuktire —palabra de
verdad pirografada—
Amerindia reclama, desde el Xingu irredento:
—«Devolvednos la tierra, respetadnos la paz,
y haremos, con vosotros, la gran fiesta».
19 de abril, ¡Día del Indio!

«Cabo Anselmo (ex-Nordeste, ex-Marinha, ex-Guerrilha,


ex-Traição)
contra tudo»
Esses cabos-fantasma, os comandantes-zero,
ñao contam com o Povo!

¿Por qué el 9 por ciento de los niños se mueren


«antes de tiempo» aún, Santo Padre las Casas?
Genocida e impune, Reagan mina en los puertos
la núbil libertad de Nicaragua
donde ya nuestros mares, recobrados, bebían
su sed adolescente.

Arde el Líbano y mueren los penúltimos cedros.

Mueren los palestinos, ¡Palestino!

Arde en la India el corazón de Gandhi (¿inútilmente


manso?).

El Chile de Neruda (¿inútilmente fiero?)


quiere estallar a gritos su losa interminable.

...¿Por que sembraré versos


delante de este Mundo?
Obispo, como un niño sin embargo.
Poeta, como un hombre simplemente.
Siempre un poco en la sola compañía.
Siempre un poco extranjero en todas partes.
Como una «quaresmeira», lila y rosa,
florida de nostalgia, ¿florida de Evangelio?

Rahner lo ha dicho. Y ya no hay más lecciones:


—La cima de mi vida está aún por llegar:
es el abismo
del Misterio de Dios
donde nos despeñamos,
libres por fin,
muriendo...

Capitulo ante Ti, oh Dios, Innominado, ¡Mayor siempre!


«Solitarios extraños» vamos hacia Tu encuentro,
¡Sentido de la sed de todos los sentidos!
Capitulo ante Ti,
abril humano yo, loca esperanza niña,
¡oh Dios, mi Primavera,
Abril del Mundo entero,
Dios ya por siempre Humano!

AMANECER

El lago y yo amanecemos llenos


de Dios, de Dios, de Dios...

—Tú me das el vigor de ese toro muchacho


tallado al sol naciente
junto al cactus asceta.

Las cigarras ensayan, pertinaces,


la alegría monótona del Tiempo.

Penachos de maíz, niños del todo,


saludan los caminos de los hombres.

La golondrina, sola,
haciéndome verano,
pulsa el hilo sonoro de distancias.
'Dejadme hacer acopio de ternura:
¡tengo la vida, entera, entre las manos!

ATARDECER

El hombre segaba esperas


cortando el césped maduro.

Subía un silencio monje


por los cipreses oscuros.

Venía el alma a la boca.

La tarde ganaba el muro.

¿Qué Dios es éste que muere,


Ausente que siempre busco,
Presente en aquel hondón
donde mi yo es todo suyo,
donde termina el vacío
de mi soledad y el mundo?

DE VUELTA VOY

Discretamente sordo a los agudos,


nuevas me llegan las vivencias graves:
los cantos de la paz, los llantos mudos,
el vuelo independiente de las aves,

la trama del pecado y su reverso,


la soledad de todos tan cercana,
la síntesis del mundo como un verso,
la voz de Dios más otra y más humana.

Suelta la crin y la ternura suelta,


la libertad por brida entre los dientes,
ya en la recta final, estoy de vuelta
de ciertas cabalgadas impacientes.

No he de colgar la lira ni la espada,


no negaré mi brazo a quien lo quiera,
pero se pone el sol en la calzada
y abro de par en par la antigua espera.

AL CRISTO DE LA TRINIDAD
DE MAXIMINO CEREZO BARREDO

Tus manos sobre los Pobres,


por Ti llegados a Dios
y acogidos en familia
de igualdad comunitaria.

Tus manos en las del Padre,


corriente de un mismo Espíritu.

Tus manos en cruz, tendidas


hacia las manos del Mundo,
villas del Tiempo Nuevo,
Camino, Verdad y Vida.

Trinidad venida a menos


para hacernos todo a todos.
Manos/Casa,
Llagas/Pascua,
Alas/Vuelo
¡Uno y nuestro!

¡Trinidad que nos arrastra


lucha adentro, Pueblo adentro,
con el Hijo,
pobre Hermano,
también muerto!

DEJA LA CURIA, PEDRO

Deja la curia, Pedro,


desmantela el sinedrio y la muralla,
ordena que se cambien todas las filacterias impecables
por palabras de vida, temblorosas.
Vamos al Huerto de las bananeras,
revestidos de noche, a todo riesgo,
que allí el Maestro suda la sangre de los Pobres.

La túnica inconsútil es esta humilde carne destrozada,


el llanto de los niños sin respuesta,
la memoria bordada de los muertos anónimos.

Legión de mercenarios acosan la frontera de la aurora


naciente
y el César los bendice desde su prepotencia.
En la pulcra jofaina Pilatos se abluciona, legalista y
cobarde.

El Pueblo es sólo un «resto»,


un resto de Esperanza.
No Lo dejemos sólo entre guardias y príncipes.
Es hora de sudar con Su agonía,
es hora de beber el cáliz de los Pobres
y erguir la Cruz, desnuda de certezas,
y quebrantar la losa—ley y sello— del sepulcro romano,
y amanecer
de Pascua.

Diles, dinos a todos,


que siguen en vigencia indeclinable
la gruta de Belén,
las Bienaventuranzas
y el Juicio del amor dado en comida.

¡No nos conturbes más!


Como Lo amas,
ámanos,
simplemente,
de igual a igual, hermano.
Danos, con tus sonrisas, con tus lágrimas nuevas,
el pez de la Alegría,
el pan de la Palabra,
las rosas del rescoldo...
...la claridad del horizonte libre,
el Mar de Galilea ecuménicamente abierto al Mundo.
RETIRO ESPIRITUAL EN EL CERRO DE SANTA
TEREZINHA

Respiro a Dios.
El cerro, como un novio,
se ha vestido de flores sertanejas,
porque la madre noche ha derramado
sus plácidas vasijas
sobre el programa cierto de noviembre.

El aire amanecido
—la brisa del profeta—
visita mis pulmones.
¡Dios sea bienvenido!

El campo huele auténtico.


Olor de Dios me llega.

El sol me arropa, tibio,


la espalda caminante, cerro y Carmelo arriba.

Las olas de los montes que modeló Su Mano


cubren de paz mis ojos vespertinos.
Escribo «Paz», sobre la arena húmeda,
sobre la carne frágil de esta Tierra en combate.
Firma de paz, el río, certifica el encuentro
y sigue su camino hacia la mar lejana.

Un pájaro me canta: «Bem-te-vi».


¡El, El, me ve, mejor que yo me veo!

Abro mi cruz, mis brazos,


a todo lo que venga.
Sé que también me espera la jornada de Elías...

Pero ahora, hermanos, respiro a Dios, lo huelo a campo


abierto.
Y callo, bajo el sol de su presencia,
como un niño dormido.
Ahora Dios me abraza enteramente.
BENDICIÓN DE SAN FRANCISCO
A FRAY LEONARDO BOFF

¿Qué le diría mi compadre San Francisco


a su hijo, Leonardo Boff,
en esta hora de probación?

—Hermano Leonardo,
teólogo de la Gracia Libertadora
por el designio del Padre:
aunque no sea muy conforme con el Evangelio de la
libertad de los hijos de Dios
esta manera vaticana de tratar a los hermanos en la fe,
Tú, hermano Leonardo,
en memoria y seguimiento de Nuestro Señor y Libertador
Jesucristo
que se hizo obediente hasta la muerte y muerte de cruz,
obedece con humor de hermano menor del Reino.
Sé por unos días, en sementera fecunda,
teólogo del silencio del Verbo.
Comparte en profundidad el misterio de los Pobres
que no tienen voz ni en la Sociedad ni en la Iglesia.
Tu libro, tan temido, se ha revestido ahora de razones
más próximas.
Escucha, en mayor silencio,
el grito de los oprimidos que brota de este Continente de
la muerte y la esperanza
y el canto nuevo que ya rompe de las aldeas indígenas,
[de los campos y las ciudades.
La mujer, una vez ha dado a luz, olvida los dolores que
sufrió en el parto,
feliz por haber entregado un nuevo hijo al Pueblo.
La noche va pasando
y el día se aproxima.
Apresta, durante esta vigilia, las vestes de la nueva luz.
El viento libre del mar de Tiberíades
y las aves evangelizadoras del monte de las
Bienaventuranzas
invadirán, para alegría de los Pobres,
todo el recinto de la Iglesia de nuestro Salvador Jesús.

¡Paz y Bien, hermano Leonardo!


Toda la hermandad te acompaña,
en la oración de la fe,
con las serenatas impacientes de la esperanza
y en la rebelde fidelidad de los adultos corresponsables
por el Reino de Dios.
Profeta escogido de tantas palabras luminosas,
sé, por un poco de tiempo, profecía callada...
... y tu corazón experimentará la perfecta alegría.
Para gloria del Padre que nos creó libres,
en la Pascua del Hijo que con su sangre nos liberó de todo
cautiverio
y en la consolación del Espíritu Santo que es el sello vivo
de nuestra Libertad.
Amen, ¡Aleluya!

Y QUE LE DIRIA, UN AÑO DESPUÉS,


MI COMPADRE SAN FRANCISCO
A FRAY LEONARDO?

—Hermano Leonardo,
teólogo confirmado de la Liberación
por la gracia del Padre y el apremio del Pueblo:
ahora que nuestros señores,
los maestros de Roma,
te han devuelto la Palabra,
devuélvesela entera
a tu Señor, el Pobre;
vestida ya por siempre con el hábito
del color de la tierra
que es sepultura y surco;
del color de madera del leño de la Pascua.

¿ME DEJÁIS SOLO?

¿Me dejáis solo?


¿Con la verdad?

¿Por qué no me ayudáis


a examinar la piedra fascinante
que me ha atraído siempre a la frontera?

Los caminos trillados


son caminos de todos.
Nosotros, por lo menos,
debemos arriesgar estas veredas
donde brota la flor del Tiempo Nuevo,
donde las aves dicen la Palabra
con el vigor antiguo,
por donde otros arriesgados buscan
la humana libertad...

Si el corazón es limpio
no ha de atraparnos nunca
la noche intransitable.
El viento y las estrellas
nos dictarán los pasos.

¿Por qué me dejáis solo,


con o sin la verdad?

TESTIMONIO Y ESCÁNDALO

Cada día sé más


que no me pertenezco.
Ropa tendida al sol y al comentario,
públicamente vivo.
No tengo cercas, ni jardín,
ni un perro que me espante,
por lo menos de noche,
los visitantes más inoportunos.
Ya han hecho de mi capa
muchos sayos.
Sertão que el fuego puso al descubierto,
que todos los viandantes clasifican
con ojos suficientes.
Tierra que Dios calcina de exigencias
y cubre tercamente de ternura,
de un verde renacido con los años,
contra toda esperanza.
Ya soy, a cada paso que insinúo,
testimonio o escándalo,
testimonio y escándalo.
PORQUE SÉ LAS COSAS, SOY

Porque sé las cosas, soy


y me sé Señor del mundo.

La mañana me acaricia,
luz devuelta, cheque en blanco,
tiempo mío todavía.

Las gallinas y los patos


me circundan, sometidos.
Sobre el césped, cuentas vivas
las frutillas del «cajá»
y las manos de los niños.

Canta un pájaro sin nombre,


pero es mía su belleza.

Solamente la justicia
—estos ojos, el transistor,
la sospecha escarmentada—,
solamente la justicia
se me escapa de las manos
por las manos de otros hombres,
como yo, señores, libres.

HAMBRE DE TI

«Amor de Ti nos quema,


blanco Cuerpo».
Unamuno

Hambre de Ti nos quema, Muerto vivo,


Cordero degollado en pie de Pascua.

Sin alas y sin áloes testigos,


somos llamados a palpar tus llagas.

En todos los recodos del camino


nos sobrarán Tus pies para besarlas.

Tantos sepulcros por doquier, vacíos


de compasión, sellados de amenazas.
Callados, a su entrada, los amigos,
con miedo del poder o de la nada.

Pero nos quema aun tu hambre, Cristo,


y en Ti podremos encender el alba.

POR ESE MERO HECHO


DE SER TAMBIÉN OBISPO

Por ese mero hecho


de ser también obispo,
nadie me va a pedir
—así lo espero, hermanos—
que deje yo de ser
un hombre humano.
(Humanamente frágil, como todos.
Humanamente libre, como algunos.
Humanamente vuestro).

Nadie me va a pedir
que deje de tener yo mis amores:
los niños, por ejemplo,
las garzas,
Nicaragua,
«Geró», la vieja gata de verdes ojos sabios,
los libros, un poema,
las cartas, un abrazo,
una canción reciente,
una canción antigua
la tarde recogida bajo la luz domada,
los indios de estos pueblos que fueron tan desnudos,
aquellas viñas viejas de mi lejano pueblo,
América Latina como una esposa última,
los Pobres de la Tierra,
¡Jesús de Nazaret!

Por ese mero hecho....


nadie me va a pedir que ponga piedras
en esta honda cavidad del pecho.
DE HIPONA HASTA SÃO FELIX

La vida de Agustín
me acoge como un poyo
al borde del camino contestado.
Hay huellas por la arena solitaria,
de Hipona hasta São Félix.
La Iglesia viene antigua
diversa,
caminante.

¡No faltarán los elegidos bárbaros


que doblen el Imperio, hermanos de provincias!

Con rostro palestino y al viento de la Historia,


Dios marcha en caravana con nosotros.

¡Las dos Ciudades irán siendo una!

AMÉRICA LATINA

Sobre su larga muerte y esperanza


desnudo el cuerpo entero
—la palabra, la sangre, la memoria—,
definitivamente
será mi cruz
América Latina.

Dios, pobre y masacrado,


grita al Dios de la Vida
desde esta colectiva cruz
alzada
contra el sol del Imperio y sus tinieblas,
ante el velo del Templo estremecido.

Mañana será Pascua


—porque El ya es mañana para siempre—.
(Revestida de llagas y sorpresas,
vendrá por el jardín
la Libertad,
hermanos.
Y hay que poner ternura en las quenas despiertas
y quebrar los aromas solidarios
y conminar el miedo del sepulcro
desarmando a los guardas).

Pero hoy todavía es Viernes Santo.


Todos somos testigos,
entre dados y lanzas,
mientras la madre llora sobre el hijo ciado.

Yo no quiero negarme a ese misterio.


¡Yo no quiero negarTe!

América Latina
será mi cruz
definitivamente.

III. CANTO LLANO

MI SOLEDAD

Mi soledad soy yo.


No hay compañía
que me acompañe todo.
En honda gran medida
vivir es andar solo.

NUESTRA HORA

Es tarde
pero es nuestra hora.

Es tarde
pero es todo el tiempo
que tenemos a mano
para hacer futuro.
Es tarde
pero somos nosotros
esta hora tardía.

Es tarde
pero es madrugada
si insistimos un poco.

EL PERRO CIEGO

Soga al cuello, como un reo,


callada víctima cierta,
en borracho devaneo
hacia la luz y una puerta,
la blanca pupila muerta,
hambrientos los huesos finos,
desecho de peregrinos,
fardo sin dueño a mi lado,
en un cruce de caminos,
sin camino abandonado.

VERDE NAVIDAD

Verdes periquitos
rompen a cantar
sobre el campo verde
bajo el sol feraz.

Piel de niño verde,


brota el arrozal.
Las colinas verdes
de vigía están.
Y el aire de Adviento
Lo presiente ya.

Solamente faltan
una lluvias más.
Háblame, Esperanza;
temores, callad;
que, a pesar de todo,
¡El nos nacerá!

Verde, verde, verde,


verde está mi paz.

Madura la Niña,
de tan verde edad.

¿Navidades blancas?
¡Verde Navidad

LA ROSA

La rosa es ella.
Y, sin embargo,
solamente es la rosa
si la cantamos.

PERSONALIDAD

Pájaro
que tiene
personalidad,
quiere el aire,
el riesgo,
de la libertad.
No le van las jaulas,
no le van.

DECIRLO ASÍ

Decir la marcha y su sentido,


lo porvenir y lo vivido,
decir la voz y la canción,
decir las cosas como son,
el Tiempo oscuro y redimido...
¡no por oficio, por pasión!¡
¡OH DIOS MAYOR!

Voy a intentar querer lo que Tú quieres


y hacer Tu voluntad contra la mía.
Quiero dejarTe ser lo que Tú eres:
¡Unico, Otro, Nuevo cada día!

EL MISTERIO

Os quedaréis sin la vida


si le quitáis el misterio.

Hay que salvar el aroma


de la madera cortada.

La mano de Dios confina


con las murallas del mundo,
con la esperanza del hombre.

Jugarse el tipo, de gracia,


como los niños que juegan.
Servir bajo el día a día.
Crecer contra la evidencia.
Decir siempre una palabra
última de lucha, para
caer luego de rodillas
en silencio.

QUIZÁS ESTA SOLEDAD

Quizás esta soledad


sea palpar horizontes
donde la noche se cierra
y andar, a pesar del miedo,
cuando tantos se recogen
al abrigo, y la montaña
se nos viene toda encima.
Soledad no es estar solo,
es vencer la compañía
que nos detiene y seguir,
con la mochila del riesgo,
consciente de la frontera
y el destino de ser hombre.

PALABRA GUARANÍ

Envíanos tu verbo
y en él habitarás
en medio de nosotros.
Tú eres tu palabra.

VA MI PALABRA

No voy,
va mi palabra.
¿Qué más queréis?
Os doy
todo lo que yo creo,
que es más que lo que soy.

CALLA Y ESCUCHA

Cállate ya
y escucha.
Escucha en paz humillada
—en humos de libertad—
la voz contraria de tantos.
Escucha Su Voz opaca,
la voz ambigua del pueblo.
Escucha también tus voces,
borbor de pozo confuso
que cifra toda su [Link]
Vivir es ir poniendo
el corazón y un pie detrás del otro
sobre el camino que se vaya abriendo.
NO TOQUEIS EL OCASO

No toquéis el ocaso.
Dejadlo se,
como una muerte noble.
Veladlo con el alma de rodillas
sobre la arena clara del silencio.

(Ahora recogidas, como en un pecho en gracia,


el Araguaia ofrenda las aguas luminosas,
leche y saliva y llanto y sangre nuestros).
Dejaos penetrar de esta lección suprema:
la paz vendrá al final de la jornada.

SOMOS EN ÚLTIMA INSTANCIA

Somos, en última instancia,


el Reino que nos es dado
y que hacemos cada día
y hacia el que, anhelantes, vamos

OLVIDO / MEMORIA

Al morir recibiremos
como sacramento último
el olvido de lo malo.
La Gloria será, en gran parte,
un recuerdo agradecido.

LOS ÁRBOLES Y EL BOSQUE

Porque soy yo,


porque eres tú
—humano empeño singular
y ningún bosque nos impide
la florecida identidad—,
puedes amarme,
te puedo amar.
Porque somos nos-otros,
te doy, me das
—la voz y el eco mutuamente,
en compartida humanidad—.

TU TIERRA Y MI LLUVIA

Tempestad
y bruma,
mis iras,
tus dudas.

Si es acantilado,
la palabra abrupta.

Sementera fértil,
tu tierra y mi lluvia.

UN POEMA

Soy el yunque del árbol derribado


el gavilán posaba su aéreo martillo,
fraguaba el sol la imagen en mis ojos
y los cuatro forjábamos este poema efímero

COLINA

Largos vientos la amasaron


como un pan de sumisión;
como un pecho que se entrega
sin rubor.

Un día los pies Xavante


la estremecieron, tambor.
Y la luna la segaba
con los ritos de su hoz.
Lluvias nuevas la revisten
de terciopelo, y el sol
la oblaciona, luminosa,
entre el cielo y el sertão.
Y mis ojos la defienden
como un alto corazón
que se arranca de estas tierras
calcinadas de ambición.

Colina verde, colina


única; peldaño hoy
de las Bienaventuranzas;
mañana, de la Ascensión.

MIRADA HUMANA

Una flor lila bastaba


para que todo el sertão
floreciese en mi mirada.

KÉNOSIS

Entra en picado
por aquella kenosis
que el Verbo aventuró
desnudamente,
de abismo en abismo,
hasta el foso fecundo de la muerte.

PALABRA DE CAMINANTE

Palabra de caminante
que me dice, con que digo
si es ala o piedra el instante,
si llega o muere un amigo.
Palabra que no consigo
decirme, decir entera;
que hablo soñando despierto
—plegaria, verso, bandera—,
parto de mí mismo cierto
cuando, callándome, muera.
SUPRACARTESIANA

Pienso en Dios
luego existo
capaz
del Infinito.

PODRÍA SER EL MAR DE TIBERÍADES

Podría ser el mar de Tiberíades,


orilla se Sus Pies.

Simón llegaba, adusto,


y echaba la mirada como una inquieta red:
—Maestro, ¿tú que dices?

—Pedro, vamos a ver...


El Reino, como sabes, pasa bajo las aguas
igual que un pez.

Podría ser el mas de Tiberíades,


si el Araguaia es.

CON MI GARZA BLANCA

Pero en todo caso


con mi garza blanca.

Sabia en sus esperas,


alegre en sus alas.

¡Majo el cazador
que piense cazarla!

Pasan las tormentas


y las noches pasan,
y amanece el río
con mi garza blanca.

ESPÉRAME EN LA CURVA LUMINOSA DEL VIENTO

Espérame en la curva luminosa del viento.


Cansancio, miedo, intriga,
dejaremos atrás.
Llevaremos la flor, quizás la espiga,
del solo Mandamiento.
La curva de ese viento
nos convoca a la Paz

LLEGAR POR FIN


A TU ANHELADO ROSTRO

Llegar, por fin, a Tu anhelado Rostro


y echarme entre Tus brazos con todos los llegados.

Dejar toda la vida sobre Tu Corazón,


como un niño dormido, despierto para siempre,
¡y darte a boca llena el nombre: Padre!

MI VIDA, MI MUERTE

Mi vida
son
muchos días.
Mi muerte
será
la hora.

ADVIENTO

Adviento,
otra vez Adviento,
sea siempre Adviento,
sea sólo Adviento
el Tiempo.

OTRO CANTAR

Ellos recitan mirtos, enciclopedias, mármoles.


Yo nombro las mazorcas, las horas, las heridas.
Ellos gozan ( o escupen) el Mar Mediterráneo.
Yo cargo el Araguaia y muchas vidas.

Ellos están de vuelta, o pasan, o suponen


que la Historia se hace como una digestión.
De espaldas al Dios vivo, coronan dioses muertos.
Ellos, si están, no son.

Yo creo en la canción hija del Hombre,


guitarra de una sola cuerda al alcance: hoy
Su Brazo en nuestros hombros, mi brazo en muchos
brazos,
yo nunca estoy de vuelta, siempre voy.

CLAROSCURO

Claroscuro del sentido,


claroscuro de la fe.
Creo la luz que se ve,
veo el misterio escondido.
Claroscuro voy perdido
de belleza y de verdad.
Sombras, decidme. Callad,
luces sabidas. Creer
es la manera de ver
total la realidad.

EL CORAÓON LLENO DE NOMBRES

Al final del camino me dirán:


—¿Has vivido? ¿Has amado?
Y yo, sin decir nada,
abriré el corazón lleno de nombres.

PAZ A DISTANCIA

Entre tu paz y mi paz


el ancho mar de por medio
como una cortina adulta
que nos preserve el recuerdo.

La distancia, como un aire,


para respirar sinceros.

SOLIDARIDAD

Para encender vuestra espera.


Para ayudarme a ayudar.
Porque es la sola manera
que a veces tengo de amar:
simplemente ser y estar,
donde sois y estáis ahora.
Ese nenúfar limón
bajo la niebla que llora
¿no apuesta mi corazón
para dar fe de la aurora?

CARRETERA DE MISIÓN

Las raposas y el ganado


alternan días y noches,
en tu pulso accidentado,
con la fiebre de los coches,
la malaria y el pecado.
El alma en fiebre transida, luces y sombras también
alterno yo en tu vaivén
¡carretera, larga herida
del tamaño de mi vida!
HABLEMOS DEL TIEMPO, HERMANO

Hablemos del Tiempo, hermano,


antes de sea ido
lo que pudo ser humano.
Antes de que sea en vano
llorar un día perdido,
un surco sin nuestro grano,
un canto sin nuestro oído,
un remo sin nuestra mano.

Hablemos de la tarea
de nuestra caducidad,
que es hacer que el Tiempo sea,
todo él, Eternidad.

RETORNAR PARA VIVIR

La nieve se hace presente


—recordar para vivir—
en el río, bajo el puente.

Los ojos siempre en la fuente


—retornar para vivir—
los pies sobre la corriente
¡y el alto mar por venir!

SI NO HUBIERA GARZAS BLANCAS

Si no hubiera garzas blancas


tras los montes de la Muerte,
¿cómo afirmaría el alma
sus admiraciones verdes?

¿Cómo plantaría el cuerpo


sus mojones extasiados?
¿Y qué cara Te pondría,
Señor, yo, decepcionado?
LO MÍO Y LO TUYO

Porque esta rosa es mía,


la corto y me la llevo.

Porque esta rosa es tuya,


mustia te la devuelvo.

Y entre lo mío y lo tuyo,


sin rosas nos quedaremos.

SÓLO LLEGANDO A LA GRUTA

Sólo llegando a la gruta


de la mayor soledad
voy a encontrarme de lleno
con el manantial.

A CONTRAMANO

A contramano viene el Reino.


A contramano va el amor.
A contramano de mí mismo
voy.

HICISTE LA BELLEZA

Hiciste la belleza
porque sabías que mis ojos
exultarían viéndola.

Me esperas, en la Muerte,
porque sabes
que necesito verTe!

EL POBRE Y TÚ
El pobre,
como Tú,
piedra de escándalo.
¡El pobre, como Tú,
piedra angular,
Jesús!

SI FALTAN LOS PASTORES

Porque los pobres son la mayoría,


si faltan los pastores
Belén es una farsa.

¿SÓLO PARA MÍ?

¿Sólo para mí
estas mariposas?
Constan en mis ojos,
¡constan en mis hojas!

JO, YO, EU

Por tres fuentes me derramo


y no me derramo entero.
El agua más honda y mía
se me está quedando dentro.

Jo, yo, eu.


Los tres.
Ninguno.
El bressol d'un temps més alt
me nace y me niega al mundo.

(Cachoeira sou,
camino de acequia
y aigua de pou).

Por tres lenguas digo más,


tres lenguas me dicen menos.
Si las tres son fuentes mías,
sólo yo soy el venero.

MUCHOS ESPEJOS TE MIENTEN

Muchos espejos de mienten,


muchos ojos te delatan.
Sólo te ven todo entero
Dios y tu propia mirada.

TE HAS DE ENCONTRAR

Tarde o temprano
te has de encontrar.
No sigas siendo un extraño
en tu heredad.

Vuélcate sobre ti mismo,


abierto de par en par.

Sólo el que sabe enfrentarse


descubrirá la verdad.

Solamente el que se acepta


acogerá a los demás.

Sólo encuentra al Dios oculto


el que se sabe buscar.

LOS CONQUISTADORES
(Completando a Pemán.
Y avisando, a tiempo, para
las conmemoraciones
de los 500 años...).

«Llevaban la espiga»
(y también la espada).
«Llevaban la rosa»
(con muchas espinas).

«Y los mandamientos»
(todos conculcados).

«Y el avemaría»
(¡ llena de desgracias
para la Amerindia!

EL POETA

«El poeta es su infancia».


Y el niño Rilke lo supo.

Una infancia bien soñada.


La que soñara y no tuvo.

Todo poeta es un niño


que se niega a ser adulto.

Podrán crecerle las barbas


de la ira o del orgullo.

Y caérsele a pedazos
el corazón ya maduro.

Pero conserva los ojos


deslumbradamente puros.
«LLENA DE DIOS, Y
TAN NUESTRA»
Antología mariana
Pedro CASALDÁLIGA

PRÓLOGO:
Porque MARIA es alguien en la vida creyente del
obispo Casaldáliga

«Agradezco esta nueva ocasión de cantarle a la Señora»,


escribió Pedro Casaldáliga al director de Publicaciones
Claretianas, respondiendo a la solicitud de esta antología
de sus poemas marianos. Y en esa carta, escrita desde las
tierras preamazónicas del pueblo brasileño donde
Casaldáliga es obispo desde hace casi veinte años,
anotaba Pedro esta ironía del destino: «¡Fijaos que algún
obispo ha llegado a decir que yo no creo en la Virgen...!».
Decir eso de Pedro Casaldáliga es confesar que no se tiene
idea de él, ni de su vida, ni de sus poemas. Porque él
arrastra fama de «mariano», y hasta de ser un «chiflado
por la Virgen», desde que era seminarista.
Hay dos caminos para llegar a ver quién es Maria en la
vida, en la misión y en la poesía de Pedro Casaldáliga. Un
camino arranca de Balsareny (Barcelona), donde nació
Pedro en 1928, y va siguiendo el curso de su vida hasta
nuestros días; desde ahí se desvela cuanto él dice en sus
poemas marianos. Y está el camino inverso, el que parte
de la lectura de estos poemas, y hace ver a María en la
acción pastoral de Casaldáliga y en su vida creyente.
Esa doble vía -de la fe y la vida de Pedro a sus poemas, y
de sus poemas a su vida y a su fe- permanece abierta
porque la poesía de Casaldáliga es vivencial y testificante.
José María Valverde, poeta y profesor de ética y estética
en la Universidad de Barcelona, califica autorizadamente la
poesía de Casaldáliga como «expresión transparente de
una vida por entero entregada a lo que dice». Poesía
testimonial, cien por cien. «Sin que por ello haya en esa
poesía -añade Valverde- ninguna ingenuidad literaria; hay,
por el contrario, un 'oficio' bien dominado por este poeta».
Lo más importante para José María Valverde en los
poemas de Casaldáliga es «la rarísima calidad que puede
dar a una expresión poética la entrega absoluta de la fe y
al amor divino, que es también amor al prójimo incluso en
su sufrimiento colectivo y en su rebeldía contra la
tradicional opresión social y económica».
Se comprenden desde ahí las calidades de estos poemas
marianos de Pedro Casaldáliga; y se sabe que en ellos
está el hilo de su vida mariana y de la presencia de María
en su misión.
Fe, misión y poesía se entrelazan vitalmente en
Casaldáliga desde muy temprano, y en esas tres fibras de
su ser están las manos de María. De niño, Pedro dijo en
casa (la lechería, ¿la ternura?), que quería ser sacerdote,
y lo dijo entre miradas a la ermita de la «Mare de Déu del
Castell», sobre el Llobregat. Dijo también a sus padres
que él sería poeta. Luego le atrajo ser misionero, y María
lo alumbró para la misión desde el carisma claretiano.
Siempre andará María en su fe, en su vida y en su misión.
Una María, Virgen y Madre, la misma siempre pero
cambiante con la geografía de las vivencias de Pedro, y de
sus lecturas y su oración, al ritmo de la conciencia de la
Iglesia y de los sufrimientos y las esperanzas de los
pueblos a quienes Pedro sirve.
Ese proceso mariológico se transparenta en sus escritos,
siempre testimoniales, sea en la prosa o en los poemas.
Así, en el primer poemario de Casaldáliga, Palabra ungida
(1952), que selló la ordenación sacerdotal de Pedro
cuando contaba 24 años, María es la Virgen del Adviento,
de Navidad, de la Epifanía, de la huida a Egipto, «La
Candelaria», la Virgen del Cenáculo y de Pentecostés;
también es la Madre de los nuevos sacerdotes; y todas
ellas son su Corazón, su Corazón de Madre.
Hay que notar que el poeta García Nieto saludó en un
prólogo la llegada de Pedro Casaldáliga con su poesía
religiosa -«verdadera poesía»-, y tomó unos versos
marianos para decir que «el autor consigue aciertos de
una sorprendente novedad, como en esta canción que
parece arrancada de la mejor vena tradicional y que se
adensa primero, y se aligera después, y se quiebra y se
suspende, por último, con una gran eficacia técnica y
personalísima»:
Cuando El llegó ¿qué hora daba, Madre, tu Corazón?
(Mientras no llegaba
daba la hora de la esperanza.)
Pero cuando llegó
¿qué hora daba... ?
«Puede bastar esta muestra para recordar a un poeta por
mucho tiempo», concluía José García Nieto.
Entre 1960 y 1962, Pedro Casaldáliga escribió sobre María
un libro en prosa poética -«mitad poesía, mitad oración y
siempre Gracia», decía al presentarlo- que tituló Nuestra
Señora del siglo XX. En esas páginas, además de ser Ella
Nuestra Señora del Rosario, del Domund, del 8 de
diciembre, de Navidad y de los Reyes Magos, y además de
ser Santa María de Czestochowa y Nuestra Señora de
Fátima, María es Nuestra Señora de la bicicleta y del
volante, Santa María de la «Expo», Nuestra Señora de los
golfos, Santa María de las modistillas, Nuestra Señora de
los turistas, Santa María de la moda, de la cadenilla, del
Festival de Venecia; y Nuestra Señora de los no nacidos,
de los sin albergue, de los emigrantes, de los negros; y de
la vida interior, de la comprensión, de la expectación, del
miedo, de todos los dolores y de los alegrones...
En el poemario Llena de Dios y de los hombres (1965),
María es Niña del sí, Mujer de cada día, Negra, Campesína,
Comadre de suburbio, Señora de la ciudad, Madre de los
ausentes, Soledad, Vencedora de la muerte, Alegría y
Madre del mundo nuevo.
Y a partir ya de 1967, hasta nuestros días, en los
sucesivos poemas del obispo Casaldáliga, desde los
sufridos pueblos de América Latina, María es Señora de
Guadalupe, Santa María de nuestra liberación y Santa
María sin más títulos; sin dejar de ser también -y allá
acaso sobre todo- Señora de la Esperanza y Causa de
nuestra Alegría...
Sugiere Pedro esos procesos de su mariología en dos
páginas de El Credo que ha dado sentido a mi vida (1975),
cuando «confiesa» su relación personal con María desde
que era seminarista. Son esas dos páginas la mejor
introducción a esta antología de sus poemas marianos:
«Entre los amigos tengo fama de "mariano"
Y realmente he contado mucho con la Virgen en mi vida. Y
he hablado y he escrito mucho de Ella. He rezado mucho a
la Virgen. He meditado bastante en Ella. La he sentido
muy presente. La amo. Confío en Ella.
Creo en María, Pobre de Yahvé, inmaculada llena de
Gracia, siempre Virgen, Madre del Hijo de Dios, Jesucristo,
maternalmente asociada a la Vida y a la Muerte de su
Hijo, singularmente glorificada en su Asunción, figura y
madre de la Iglesia..
Desde la ermita del castillo de mi pueblo -laderas de
"romaní i farigola-, todas las ermitas y santuarios
marianos de mis años de formación o de ministerio, han
merecido mis fervores de peregrino y hasta mis lágrimas.
Por citar algunos nombres, citaré la Mare de Déu del
Castellvell de Solsona, la Mare de Déu de la Salut de
Sabadell, la Virgen del Pueyo de Barbastro.
Son títulos patronales de lugares de la Prelatura,
escogidos por mí intencionadamente, la Asunción, Nuestra
Señora de los posseiros, Nuestra Señora Aparecida, la
Virgen de la Liberación...
Cometí incluso locuras, de seminarista o de fraile, por
visitar los santuarios de la Señora. Como las he cometido
por escribir programas de radio, artículos, poemas y libros
mananos, jugándome noches y descansos. Como las
cometí en las grandes campañas de las peregrinaciones de
Fátima, o del año Mariano, o con ocasión de la definición
dogmática de la Asunción, o en varias de las
circunstancias significativas -Congresos,
Conmemoraciones, Peregrinaciones, Consagraciones- de
esta Era de María que en buena parte, y en hora buena,
me ha tocado vivir.
Me apasione por la Mariología. Estudié los gruesos
volúmenes de los Estudios Marianos, de la Sociedad
Mariológica Española y otros tratados. Y creo que conseguí
una doctrina mariana sólida y duradera en sus líneas
básicas: María y Cristo, María y la Biblia, María y la Gracia,
Maria y la iglesia.
Debo citar un pequeño libro de oro, mojón en mi itinerario
mariano: el opúsculo de Hugo Rahner María y la Iglesia.
Con los años, y la nueva Teología en la Iglesia nueva,
después del Vaticano II; con la experiencia cristiana de la
lucha social; con la pobreza de ambiente y de espíritu que
le han cincelado a uno en este Mato Grosso, también mi fe
en María se ha ido desnudando, más libre y verdadera. Y
Ella ha venido a ser cada vez más, en mi pensamiento y
en mi corazón, la cantadora del magníficat, profetisa de
los pobres libertados; la mujer de pueblo, madre
marginada en Belén, en Egipto, en Nazaret y entre los
grandes de Jerusalén; la que creyó, y por eso es
bienaventurada; la que rumiaba, en el silencio de la fe, sin
visiones, sin muchas respuestas previas, las cosas, los
hechos y las palabras de Jesús, su Hijo; la madre del
Perseguido por los poderes; la dolorosa madre del
Crucificado; la testigo más consciente de la Pascua; la más
auténtica cristiana de Pentecostés; una gran señal
escatológica en medio del Pueblo de la Esperanza...»
Porque María es alguien ligada estrechísimamente al Dios
de la Vida -por el Espíritu del Padre y del Hijo-, por eso es
María la madre de los crucificados en la tierra. Y,
precisamente por eso, María es quien es en la vida
creyente del obispo Casaldáliga: Alguien que actúa en su
acción pastoral, en su oración profética y en su expresión
de poeta, a impulsos del Espíritu de ese Dios de la Vida;
quien, desde Jesús, el Cristo crucificado y resucitado,
privilegia para su Reino de vida a los desheredados y
crucificados por el injusto orden internacional vigente en
este mundo, que lo destroza dividiéndolo en dos, tres y
cuatro mundos.
Pedro Casaldáliga quedará en la historia de la Iglesia
universal y en la memoria pascual de América Latina por
varias razones; una de ellas será María. Esto lo comprende
quienquiera que lea esta antología de sus poemas
marianos.

Teófilo Cabestrero cmf


Madrid-Panamá, 8 de diciembre de 1990
Fiesta de María Inmaculada

CANCION RECIENTE SOBRE MARÍA DE NAZARET


Tengo tres amores, tres: el Evangelio,
la Patria Grande
y el Corazón intacto de una mujer:
la llena de Dios,
tan nuestra,
María de Nazaret.

Toquen o no las campanas


-que el computador es ley-,
todavía sigue hablando
el arcángel Gabriel,
Y le responde María
con un colectivo amén.
Y el Verbo se hace carne
en el vientre de su fe.

Pasan, iguales, las horas


sobre el serrín de José.
La Biblia y los periódicos,
juntos, se han puesto a leer.
Y crece el Niño y el Reino
y crece el Pueblo también.
Pasan romanos y gringos
y en ese imperial vaivén
se llevan sueños y vidas,
al Calvario, del Quiché.

Pero María y las madres


rumian la paz de Belén,
el polvo de Galilea,
el sol de Genesaret,
el gusto del pan partido
y el ausente amanecer
de la mañana de Pascua
que siempre está por volver.

NIÑA DEL SÍ

Todo estaba pendiente de tu boca.


Igual que si los hombres, de golpe, se sintieran
con la vida en las manos, detenida,
como un reloj callado y a la espera.

Como si Dios tuviera que esperar un permiso...

Tu palabra sería la segunda palabra


y ella recrearía el mundo estropeado
como un juguete muerto que volviera a latir súbitamente.
Tú pondrías en marcha, otra vez, la ternura.

Orilla virginal de la palabra, niña del sí preñada con el


Verbo,
sin la más leve sombra de no, toda en el Día.
Dios encontraba en ti, desde el primer albor de tus latidos,
la respuesta cabal a su pregunta
sobre la Nada en flor...
Tú lo hacías dichoso desde el Tiempo.
Tu corazón se abría como una playa humilde, sin diques
fabricados,
y en la arena sumisa de tu carne el mar de Dios entraba
enteramente.

Niña del sí, perfecto en la alabanza como una palma de


Cadés invicta;
jugoso en la alegría rebrotada, como la vid primera;
pequeño como el viento de un párpado caído, y poderoso
como el clamor del Géresis.

Niña del sí desnudo, como un tallo de lirio


bajo el filo implacable de la Gloria...
Cuanto más cerca de la Luz vivías,
más en la noche de la Fe topabas, a oscuras, con la Luz,
y más hondas raíces te arrancaba tu sí, ¡niña del sí más
lleno!
Tú diste más que nadie, cuando más recibías,
infinita de seno y de esperanza.
¡Tú creíste por todos los que creen y aceptaste por
todos...!
Creías con los ojos y con las manos mismas, y hasta a
golpes de aliento
tropezaba tu fe con la Presencia en carne cotidiana.
Tú aceptabas a Dios en su miseria, conocida al detalle, día
a día:
en las especies torpes del vagido
y en las especies del sudor cansado
y en el peso vencido de la muerte...

¡Rehén de la victoria de la Gracia, fianza de la tierra


contra el Cielo,
gavilla de cordera, presentada y encinta!
Porque has dicho que sí,
Dios empieza otra vez, con tu permiso, niña del sí, María.
Las alas de Gabriel abren el arco por donde pasa entera la
Gloria de Yahvé.
El arca de tu seno, de madera de cedros incorrupta, viene
con el Ungido.
La Primavera acecha detrás de Nazaret, regada por el
llanto,
y sobre las banderas blancas de los almendros
el trino de tu voz rompe en el júbilo, humildemente solo.

MUJER DE CADA DÍA

Mientras crece la noche, cada día


prende el Amor su llama
en tu candil de aceite desvelado,
siempre igual y creciente.
El pan de tus moliendas se cuece, cada día,
bajo el fuego tranquilo de tus ojos,
mientras crece también la madrugada.
La fuente de la plaza te entrega, cada día, su limosna
mientras le crece el corazón al mundo.

Como el ave del Tiempo vas y vienes,


de la casa a la calle, del Misterio al misterio,
muchas veces al día,
y llevas con tus pasos el compás de las horas...
Tú sabes qué es vivir a pulso lento,
sin novedad para la prensa humana.
Apenas sin distancia: la de un grito.
En esta pobre aldea que vigilan
las higueras comadres
y el centinela de un ciprés oscuro.
-¿De Nazaret va a salir algo bueno?
José viene cansado, cada noche.
Y el Niño trae el hambre entre los dedos
por undécima vez.
-¿Qué quieres, hijo?
(Las almendras se miran, asustadas de gozo,
y el plato ríe miel por todas partes).

Tú ya has dejado el huso sobre el banco dormido


y la lana suspira blancamente.
Esta mañana has ido por retama,
y te sangran las manos, en silencio,
y te huelen las manos a lejía de yerbas.
Has ordeñado luego las dos cabras sumisas,
y sabes toda a leche.
Ayer vino el siroco, y te abrasó las flores.
Hoy irrumpe el simún
como una tropa de soldados romanos,
y hay que cerrarlo todo y, con la prisa, a oscuras,
se te pierde una dracma, rescatada
del tributo de Herodes.

Si las vecinas rompen tu retiro, como gallinas locas,


tú sonríes.
Un día nace un niño, y tú lo acunas.
Y un día muere un hombre, y tú lo velas.
En la olla inservible crece un lirio morado,
y tú riegas su lenta profecía.
Nazaret se despuebla, cuando llega la Pascua,
y tú marchas con todos,
peregrina del Templo,
con Yahvé de la mano,
con un salmo en la boca.
La ruta de Israel converge en tus sandalias.
Y los caminos múltiples del mundo
arrancan de tus pies caravaneros.

Tu corazón no para, día y noche.


Día y noche recogen sus limpios cangilones
el agua de la Vida.
Y el Verbo se hace Hombre, día y noche,
delante de tus ojos,
al filo de tus manos,
detrás de tu silencio...
SOLEDAD

Unica siempre, desde que subiste, como un canto


de alondra no cazada,
a las manos de Dios, para sus juegos,
tú rompiste en la Gracia como un lirio entre espinas,
isla de soledad en tu inocencia cercada por las aguas del
Pecado...

Sola de toda humana compañía


capaz de acompañarte totalmente,
con la vida apostada en la aventura del Reino,
con las fieras del Odio y del Amor acechándote,
impunemente sola,
¡con la carga de Dios sobre la espalda de tus catorce años
sorprendidos!

Sola contra la noche del Misterio,


por las arenas de la Fe abrasadas,
sin otra luz que tu mirada pura y sometida,
descalzo el pie y el corazón abierto, como un río
desangrándose entero ...

Madre en la soledad, Virgen con Hijo:


sólo tú has vencido, a todo riesgo,
la extraña soledad de dar a luz sin padre,
sin poder compartir con otra orilla
la mirada y el aire del Hijo, confluentes,
Madre sin Hijo, al fin,
tú, sólo, has consentido invictamente el despojo total de
tus entrañas,
saqueadas por Dios y por los hombres...
¡Tú, solamente, has sido rechazada por el amor de un
Hijo!
Madre sin Hijo y con el Hijo enfrente
¡con el Hijo a merced de todo el mundo!

¡Mujer de la más honda soledad,


viuda y sin Hijo y aun en flor perenne, como un árbol
despojado en abril, apenas núbil!

Madre en la soledad,
Madre en la muerte, para darnos vida
con la vida del Hijo subastada.
Madre en la noche del mayor silencio,
a tientas el andar del corazón
y la palabra humilde sin respuesta,
como una flauta en el desierto frío.

¡Sin respuesta de Dios ni de los hombres


sola en tu Soledad!
Más sola que el Dolor, dormido en tu regazo para siempre.
Más sola que la Muerte, renacida en tu gozo,
como una golondrina libertada.
Sola de todo Mal, con el Pecado muerto al pie de tu
sonrisa.

Camino del sepulcro, con el llanto caído como un velo


piadoso,
detrás de la derrota de tu Carne,
la soledad del mundo caminaba a tu paso, redimida.
De vuelta del sepulcro, mientras tu Soledad iba bordando
los ocultos senderos de la Pascua,
la Paz se recostaba sobre tus manos puras
y la Esperanza amanecía a tiempo, al filo de tus hombros,
¡alborada!

¡Te llamaremos todos, muchas veces, desde esta nuestra


soledad tan sola,
María Soledad!
Soledad tan cercana y sin estorbos,
tan sonora de aroma y de ternura,
que hasta los niños ciegos han de poder hallarte.
María Soledad,
toda llena de Dios y de los Hombres,
Oh Soledad, oh compañía nuestra!

NEGRA

«Ma somo wa, María, one ndzean ya grasia...»


Con el tam-tam creciente de mi pasión bantú
yo te saludo, Negra, divinamente hermosa.
Con todas las palmeras yo te aplaudo, «Morena por el sol
de la alegría».
¡Yo te grito con todos los cachorros que amamanta la
selva!

Déjame descargar en tus espaldas


este niño africano, de tres meses de fuego,
que ha crecido conmigo, poderoso
como un clamor de mar, como un desierto, como la noche
viva ...

Traigo el dolor del Africa naciente sobre mis pobres


manos.
Ven y verás el llanto de las cribas
y oirás el silencio rugiente de los tigres.
Las playas profanadas sollozan de vergüenza, contra el
cielo.
¡Toda el Africa sangra de heridas ululantes!
Con los libros debajo de los brazos,
vaga por las estrellas, sobre el bikoro insomne,
la sombra virginal de Meredith.
Las niñas, recién hechas, acunan, como un saco doliente
de cacao,
producto de un mercado sin reclamo posible,
los hijos tatuados de rasgos extranjeros.
Un viento advenedizo dispersa las hogueras sagradas de
las tribus,
y, mientras en las fincas paternas, desoladas,
la hierba multiplica sus machetes impunes,
los hombres balbucientes engrosan, en manada, como
cebús centrados en su furia,
las fábricas salvajes y los muelles febriles y los bares
borrachos...
¡En las nobles muñecas aún palpitan las boas enroscadas!

Pero los muertos velan, boca arriba.


Cada dólar, ganado en la codicia, es un ojo de nsué sobre
el camino.
¡Todos los ríos bajan cargados de memoria!

Han llegado mil dioses importados, en una sola hora.


¿Tú vas a llegar tarde con Cristo, Madre negra?
¡Ven y verás, tú misma, cómo se agrietan, rotas
de sed estas gargantas, pobladas de canciones!
Hay trescientos millones de negros que te esperan, con
sus banderas niñas,
en esta patria, verde de Esperanza.
Rebaños de elefantes se acercan a tus pies, con sus
antorchas de marfil en alto,
y el ébano levanta sus columnas para acoger tu carne
transparente.
Todos los ojos, turbios de nostalgia, se vuelven a tus ojos.

Belén ha abierto ya, de par en par, su corazón de nipa


y un carrillón de dátiles va tocando la hora de dar a luz la
Luz.
Mientras las gruesas nubes cruzan el sol, incólume,
los ibis se han posado blandamente
y un ángel de la Paz sobre las grandes aguas.
Maigangu, ¿por qué lloras?
el niño que ha nacido es blanco y negro:
¿quién va a ponerse a odiar?
...Los soldados romanos sepultarán sus armas debajo de
las piñas olorosas
¡y hasta los mercaderes caerán de rodillas, con todos los
diamantes en las manos!

Ma somo wa, María...


La noche tropical vuelca sus arcas
en tu mirada fiel, sobre la aurora.
Mecida en tu regazo, donde se acuesta Dios con nuestro
sueño,
toda el Africa late con un ritmo de cuna...

CAMPESINA

Llamados a las filas de una nueva milicia,


marchan los hijos mozos con un macuto prematuro de ira,
y queda el campo fiel abandonado...

El pedazo de tierra que teníais, detrás de aquel otero


por donde entraba el sol,
lo trabajaban juntas tus manos y Sus Manos.
Salía el Sembrador una mañana, y abría el mundo el
corazón estéril.
De pronto sorprendían Sus Ojos creadores
un filo de cizaña advenediza.
El grano de mostaza se hacía ya posada para todas las
aves viajeras,
y crecía en el trigo la forma presentida de Su Carne...

Volvían los pastores, con la noche a la espalda


-¿con la muerte a la espalda volverían?-,
y balaba el aprisco recobrado y concorde.
Él volvía también, y te llamaba
como quien grita alerta, cada tarde,
a la hora precisa de las hostias.

Pero un día se fue, ya para siempre.


Junto al taller, cerrado por ausencia,
el mástil de un madero naufragaba en la sangre del ocaso,
y el campo y tú quedabais a la espera.

Se van los hijos mozos...


La tierra ya no da para la vida. No da para los ojos y el
deseo.
Detrás del oleaje varado de los surcos
la múltiple sirena de la ciudad invita a la aventura.
Los brazos se han cansado de echar semilla al viento
irresponsable,
¡y están muy lejos del dolor del campo
el Sanedrín blindado de leyes y el Pretorio!

Llegarán los tractores, ¿pero a tiempo?,


¿desplazarán los brazos?, ¿se llevarán las almas?

Sobre la tierra, núbil a pesar de los hombres desalmados,


tarde o temprano llueve.
Dios sigue amaneciendo cada día.
Aún tiene el horizonte camino para el alba y el regreso.
Y en el soto erizado de chopos de esperanza
permanece de guardia la alondra de tu ermita.

COMADRE DE SUBURBIO

La cueva no tenía más higiene que el viento de la noche.


Dios tuvo un vecindario de pobres amahares.
-Vallecas o Belén, Belén o Harlem, Belén o las favelas-.
Tú tenías apenas las dos manos para alternar con ellas el
pesebre.
Las ricas caravanas llegaban siempre a punto.
Vosotros llegaríais con las puertas cerradas.
No hubo piso en Belén; ni hubo piso en Egipto;
y no hay piso en Madrid, para vosotros.

José estará de paro forzoso muchos días.


Después tendrá, por fin, unas chapuzas de esperanza en
madera.
Quizás abrirá zanjas, sin subsidios.

Hebreos sospechosos en un barrio de Egipto acorralado,


viviréis al contado de la suerte, como viven las aves.
El Nilo gastará, día tras día, la piel y la hermosura de tus
manos anónimas,
sangre del rey David venida a menos.
Y el Niño crecerá sin más escuelas que la lección del sol y
tu palabra.

Vecina del pecado y la vergüenza,


con el Verbo hecho carne que habita entre nosotros
tú has instalado a Dios en el suburbio humano.
Carmen, Dolores, Soledad, María:
todos los nombres llevan la concha de bautismo de tu
nombre.
Vives realquilada por la pena y el miedo
en un cuadro de tela reluciente
o en un yeso pintado
o en la fe vergonzante de una estampa escondida en la
cartera;
y tu sola presencia rutinaria
traspasa las miserias del suburbio del mundo
con un hilo irrompible de alegría,
¡comadre de suburbio,
ensanche de la Gracia,
puerta y solar de la Ciudad Celeste!

SEÑORA DE LA CIUDAD

¡También te perderías, aldeana, por las calles o el


metro...!
Todos flotamos en las turbias aguas de la ciudad,
perdidos,
sonámbulos del Tiempo,
llevados y traídos como troncos sin memoria del bosque
originario,
frebricitantes de pasión, de sueños, de soledad, de prisa.

No cabemos los hombres y los coches.


Los ladrillos se comen el espacio del cielo, descartado del
mapa.
Mil gritos fluorescentes suplantan las llamadas del retorno.
¡Falta el aire de Dios para el aliento!
¿Dónde puede posarse la alegría de aquel recodo humano,
plantado de promesas,
cuando tenía nombre cada brizna?
¿Quién aparca en su sitio la Esperanza?
Vaga el dolor proscrito, como un perro.
Los cubos de basura demandan vanamente los talones del
lujo retumbantes.
Los vecinos no tienen más historia que el número de un
piso.
Un hombre es un codazo.

Jerusalén tenía sus resacas, y se perdía un niño


fácilmente.
Pero bramabas tú, como una cierva,
y el servicio de urgencia de tu llanto
suplía de antemano la fiebre derramada de todos los
perdidos por la vida.

Vuelve a subir de Nazaret, Señora.


¡Te reclamamos todos, sin saberlo siquiera muchas veces!
¡Creemos en la Piedra tallada en la cantera de tu seno,
oh torre de David amurallada de escudos y palomas,
ciudad de Dios alzado sobre el monte
Sión, donde termina la lenta caravana convocada a la
Pascua verdadera... !

Perdidos o exilados, rebeldes al hogar o en su nostalgia,


todavía avanzamos, en la noche, con el sello de Dios en
nuestras frentes,
camino de la tierra presentida...
Y en esta misma patria de márgenes flotantes,
sin casa permanente,
queremos levantar con nuestras manos,
¡con el cemento vivo de nuestra propia sangre!,
una nueva ciudad, a cielo abierto,
con muchas zonas verdes de gozo redimido,
donde quepamos todos, sin reservas de tribu en la
mirada...
¡...mientras vamos, cantando, hacia la gloria de la Ciudad
futura
que ilumina la antorcha del Cordero!

MADRE DE LOS AUSENTES

Entra en casa y verás el frío que hace, con el cristal de la


Alegría roto
y el Pecado azotando como un viento...
Se cruzan los hermanos sin mirarse,
ausentes de alma a alma.
Funcionan la cocina, la tele y la nevera, y la electricidad
suple al Amor;
y cantan las monedas como urracas, cazadas bobamente,
por todos los rincones.
¡Pero toda la casa está llena de ausencia!
(El Pan de cada día se calcina en los hornos electrónicos.)

El mundo está vacío como un cántaro, abultado de sed.

Desgajada, la piel, del sol que los ciñó con sus pañales,
emigrantes del agua cercada de la esposa,
desguarnecidos de los torreones de los hijos, flotantes
como lonas de cámping;
deportados en masa, como unos campamentos de llanto y
de vergüenza:
emigrantes, ausentes, perdidos, locamente perdidos por la
estepa asolada y sin retorno.
Lejanos a dos palmos de distancia;
partidos por el hacha de los celos,
en el patio de casa. ¡Inmensamente
ausentes de los hombres
los hombres...!

Entra y verás qué frío.


(Tú no emigraste nunca así de ausente.
La Patria te envolvía caminante, como una brisa dócil,
con un tacto de anémonas.
Y en la orilla del Nilo, la orilla de José te conducía al paso
de paloma,
y el torreón del Hijo te crecía en los brazos.
¡Las espadas de Herodes no cabían entre Cristo y tus ojos!
¡La Presencia llenaba, en Carne viva, las noches de tu
ausencia!).

Hasta la mesa del Altar separa a los hermanos.


Nos bebemos de espaldas el vino de la Fe, y el Pan
antiguo
se nos desmiga, seco, entre los dientes.
La Túnica inconsútil que bordaron la aguja de tus manos y
el oro del Espíritu
viste al Hijo del Hombre, desgarrada, de una nueva
miseria,
en harapos de incógnito...

Inmensamente ausentes los hombres de los hombres:


¡inmensamente ausentes
de Dios...!
(El cántaro del mundo está vacío junto al pozo de Dios
abierto en vano).
Entra en casa y verás cuántos hijos le faltan a la mesa del
Padre. '
Se han partido la herencia con las uñas, y viven
como pueden, borrachos de tierra, igual que topos.
Viven porque les toca vivir, como la grama...
¡muertos!

Madre de los ausentes,


umbral de la ternura recobrada,
postigo del retorno vergonzante:
todos los hijos pródigos te llaman, sin saberlo,
con la boca vacía bajo los algarrobos desmayados
mientras muere la tarde sin respuesta,
en la ausencia de Dios ...

Refugio de los muertos pecadores, hogar de todo llanto:


tú que sabes la pena de haber perdido a Cristo
y buscarlo en las calles, día y noche,
y preguntar inútilmente a todos, desvivida en la busca de
su Cara...,
¡recoge en la gavilla de tus brazos a todos los dispersos,
abre la puerta a todos los pródigos que llaman, tiritantes
de neón y de frío,
y acógelos a todos, oh seno de la Vida!,
¡congréganos a todos bajo el techo del júbilo paterno,
con el pan del Amor entre las manos nuevas!

VENCEDORA DE LA MUERTE

Los cipreses también creen en ti...


Todos los muertos caen buscando tu mirada.
¿No te han citado todos, muchas veces, para esa hora
oscura?
Todos los huesos crecen, reclamados, hacia el abril
temprano de tu carne gloriosa,
¡humana vencedora de la Muerte,
poyo de los que llegan agotados del día!

Si esperas tú a la entrada de la Muerte


-igual que en Nazaret anochecido, cuando volvía el Hijo
del trabajo-
morir ya no es hundirse de bruces en las sombras
o desplomarse, solo, en los filos de la supuesta Ira:
¡desde tus brazos hay un paso apenas hasta el cuello del
Padre!

Morir bajo tu nombre es encontrar, de pronto,


detrás de las cortinas, la Fiesta preparada...
(Por la plata mugrienta de tu nombre sobre la piedra fría
de un latido
parado en el segundo de llamarte,
yo sé que más de un pródigo se ha colado en la Fiesta).

Detrás de ti la vida se abre paso por entre los sepulcros,


como por los pasillos de casa acostumbrados,
con una luz a mano en cada esquina.

La Muerte se ha vestido de tu aroma después de haberte


hallado.
Tú dejabas, al irte detrás del Renacido,
-como una estrella viva para aclarar la tarde
sobre el opaco monte de este lado del Tiempo-
esa mirada blanda que buscan, cuando caen, los muertos
redimidos.
Y aunque moriste, como el sol, intacta, vestida de
promesas,
cogida de las sienes por las manos de Dios, y con su boca
cortándote el aliento de la boca encendida,
¡tú sabes qué es morir al modo humano!
Habías muerto antes, muchas veces, a espada y a suspiros
y en silencio...
La muerte se hizo carne también en tus entrañas, con la
carne del Hijo,
y creció por tus años, como un árbol votivo, hasta quebrar
los muros, golpe a golpe.
Con la Sangre del Hijo derramaba tu alma, gota a gota, su
aceite en agonía.
¡Y en Su Muerte expiraste toda entera!

...Tú sabes qué es la Muerte, como nadie en el mundo lo


ha sabido.
Tú conoces las muertes, una a una, como las caras
mismas de tus hijos pequeños,
y las llamas, segura, por su nombre.
junto al Cuerpo de Cristo, recostado en tu seno por la
Muerte vencida,
aquella tarde, todas
las muertes de los hombres descansaron su grito en tu
regazo...
(Su Carne era la carne destrozada por todas las metrallas
y torturas
y expuesta a la vergüenza de todas las picotas;
y Su rictus cerraba los espasmos de todas las asfixias y de
todos los vuelcos.
Su Muerte voluntaria varaba en las riberas desoladas de
todos los suicidios,
y las muertes anónimas dormían en sus párpados...).

Señora de la Muerte y de la Vida,


puerta grande del Cielo, a nuestra!
¡vida, dulzura y esperanza
Cuando nos llegue aquella hora oscura
de caer, con los muertos, en la fila implacable;
cuando busquemos, al caer, desnudos de todo, Su
mirada...
¡vuelve a nosotros esos ojos tuyos,
como una luz templada y a la espera, igual que una caricia
sobre el rostro salvado para siempre,
como el beso de Dios, por fin logrado...

...¡«Y después del destierro, muéstranos a Jesús»!

ALEGRÍA

Contra tanta mentira de tristeza


yo he de rezarte a gritos, Alegría:
¡Dios te salve, María, llena eres de gozo!
¡el Señor es contigo, como un río de leche que se sale de
Madre...!

Una mujer de hoy, desamparada, les ha dicho a los


hombres: «buenos días, tristeza».
Y ellos se lo han creído.
Hace ya mucho tiempo que se han puesto a ser tristes...
La fiebre de la angustia les ha cercado el alma con sus
tropas.
La palabra y la luz y la armonía se han quemado en la
angustia
como un bosque en la guerra.
La angustia ha carcomido la carne y la mirada de los
muchachos rotos,
(Beber, bailar, tocarse,
y quedarse vacíos, como un corro de copas,
con las últimas babas, en la mesa del bar abandonado...).
Los hombres están tristes, se empeñan en ser tristes.
Se empeñan en perderse, por las minas, a gatas, acosados
del miedo.
Se empeñan en morirse corroídos de hambre y de
nostalgia
¡cuando estáis al alcance de la mano
tú como un Paraíso de manzanas primeras
y Dios como un jilguero consentido...!

¿«Buenos días tristeza», después que tú alumbraste la


Alegría?
(¡Campanas de Belén, recién nacidas, que no saben oíros,
detrás de los motores,
más allá del clamor de las antenas,
sobre los parlamentos y las plazas,
detrás de los anuncios, ¡dentro del corazón!).

Romeral y colmena: Dios te salve, María, llena eres de


gozo.
En el umbral abierto de Ain-Karim, de cara al horizonte
amanecido,
tu corazón se ha roto de Alegría...
Sus crecidas de miel saltan de cumbre en cumbre,
con el sol en la risa, sobre el llanto del mundo,
y penetran el seno de la tierra, preñada,
¡y los niños futuros se incorporan, de un brinco!

Llena eres de gozo


y el Señor es contigo, como un río de leche que se sale de
Madre
para todos los hijos.

La Alegría, María, es tu nombre -¡María!-: tú la llevas,


María,
crecida sobre el pecho, como una flor silvestre huida a la
Botánica.
La humildad de tus manos la encontró junto al cauce de
Dios, inmarcesible,
Cada día la hallabas, olorosa de Gracia, dondequiera
pacías tus ojos recentales.

En la fuente del pueblo te cantaba con la voz de Gabriel


estremecida.
En el hombro sudado de José te aguardaba, en silencio,
como una encina buena con palomas posadas.
Y en la boca del Niño te hablaba con su boca verdadera.

Cada día era Sábado en tus días, porque eran la


Esperanza.
Y un día fue Domingo.
(¡Se abrió el Sol en tus brazos, salido del sepulcro, y te
vistió de Gloria!).
Después ya fue Domingo para siempre...
Y tu gozo ha crecido como un río de leche que se sale de
Madre hasta llenar el mundo.
-¿«Buenos días, tristeza»?
-¡Dios te salve, María!

MADRE DEL MUNDO NUEVO

Estamos otra vez en el Principio.


Dios quiere hablar y el aire se acrisola.
Como un niño, en la sangre, nace el mundo;
y del caos emerge la Esperanza, con sus flores salvadas de
la muerte.
(Este ramo de olivo que crece en tus pisadas, paloma de
Sus Ojos,
tendrá toda la Tierra penitente para echar las raíces...).

Aún no mugía el mar, ni tendía sus lonas el cielo por los


montes,
y tú jugabas ya -la consentida- en la plaza infinita de Sus
Manos:
primera siempre al mimo de Su Gozo...
Si estamos otra vez en el Principio, tendrás que amanecer:
el Mundo Nuevo
necesita la puerta de tu seno para llegar incólume,
(Belén se apuesta siempre detrás de tus espaldas).

Mientras los hombres buscan sus tesoros piratas -¡los


bajeles perdidos de sus rutas sin norte!-,
un día, inesperado, tú surges de las simas del Paranagua,
viva,
como un tesoro tierno a la memoria,
antigua de ternura y de favores, coronada de espuma de
sorpresas,
con el Niño en los brazos, ofrecido...
La Tierra está en mantillas, dormida en tu regazo.

La Europa verdadera, como un cruzado loco que vuelve


escarmentado
de tantas aventuras,
espera tu venida junto a Chartres y en la umbría sagrada
de Einsiedeln.
Los almendros latinos aún tienen primavera para acoger
tus plantas.
Todavía hay pastores y un buey manso en la cumbre.
¡Todo el cuerpo de Europa se ha hecho gruta, en la herida,
para enmascarar la luz de tu presencia!

América sacude sus pañales, con un grito rebelde, contra


el mar transitado,
pero en su boca niña balbucea, cantando, tu nombre,
Guadalupe,
y late la manigua como un puerto que siente tu llegada:
-¡Vendrá Santa María, libre de carabelas!
Como una diosa estéril y fecunda, empapada en la lluvia
de la Espera,
como una cruz cansada de martirio,
Asia cruje, sangrando por sus lotos...
¡Pero el bambú ya ensaya cañas de profecía detrás de las
Comunas;
la Luna sabia sigue tus pies para calzarte,
y en la liturgia hindú llama a tu Hijo el arpa de Tagore y
de los parias!

Mientras llegan los sueños en cayuco inestable,


y acosada por todos los pájaros secretos que hierven en la
selva con la noche,
Africa arrulla, alborotadamente, sus veinte cunas nuevas.
Se quiebran sus tambores en parches de alegría
y las lanzas preguntan por la aurora:
¡porque el mar no termina en la mirada!
Y danzan sus miningas, con las anillas rotas,
enarbolando el sol entre las risas,
¡porque hay una Mujer sobre las chozas, detrás de las
estrellas,
con el sol en los hombros, como un clote!
Con los sueños que llegan en cayuco inestable, arriba el
Evangelio mecido por tus manos;
llegan tus manos fieles, con la Paz en la proa.

Neófitas de sal y de promesas, las Islas balbucientes


acuden al marfil de tu garganta,
con un abrazo tenso de siglos de impaciencia, seguras del
Encuentro.

¡Todos los meridianos se enhebran en la rosa de tu


Nombre...!
Estamos otra vez en el Principio
y nace el mundo, nuevo, del seno de tu Gracia,
hermosamente grande y sin fronteras.
¡Que callen los profetas fatídicos! Cabemos
todos juntos, hermanos, en la mesa que el Padre ha
abastecido.
¡Que calle todo miedo, para siempre!

Los átomos dispersos se engarzarán, sumisos, en tu


manto;
y el cielo, descubierto en mil caminos,
se hará pista a tus viajes de ¡da y vuelta -de Dios hasta
los hombres-,
¡nostalgia nuestra, Asunta!

...Dios llega al aeropuerto de la Historia;


a tiempo en todo Tiempo, el heredado pulso de tu sangre.

Los sellos del Concilio acuñan tu figura sobre la piel lavada


de la Iglesia,
y llega una corona de voces alejadas, en pleamar dichosa,
al pie de tu Misterio...

Estamos otra vez en el Principio y ha empezado tu era:


¡por derecho de Madre tú patentas la luz amanecida!

SEÑORA DE LA ESPERANZA

Señora de la Esperanza,
porque diste a la luz la Vida.

Señora de la Esperanza,
porque viviste la Muerte.

Señora de la Esperanza,
porque creíste en la Pascua,
porque palpaste la Pascua,
porque comiste la Pascua,
porque moriste en la Pascua,
porque eres Pascua en la Pascua.
ROMANCE GUADALUPANO

Señora de Guadalupe,
patrona de estas Américas:
por todos los indiecitos
que viven muriendo, ruega.
¡Y ruega gritando, madre!
La sangre que se subleva
es la sangre de tu Hijo,
derramada en esta tierra
a cañazos de injusticia
en la cruz de la miseria.

¡Ya basta de procesiones


mientras se caen las piernas!
Mientras nos falten pinochas
¡te sobran todas las velas!

Ponte la mano en la cara,


carne de india morena:
¡la tienes llena de esputos,
de mocos y de vergüenza!

¡La justicia y el amor:


ni la paz ni la violencia!

Señora de Guadalupe:
por aquellas rosas nuevas,
por esas armas quemadas,
por los muertos a la espera,
por tantos vivos muriendo,
¡salva a tu América!

SANTA MARÍA SIN MÁS TÍTULOS

El disco de «Las Vírgenes Patronas»


se hace luna de ensueño y teología
en esta noche de sertão, callada,
entre los ojos de un muchacho sirio
y el rostro de un mulato espiritista.
Veinticinco de marzo:
-¡Dios te salve, María!

Después de tanto hablar de ti,


casi te callo ahora,
concorde con la voz de tu silencio.
(Decir el «fiat» y entregar el seno.
Cantar, agradecida, en la montaña,
el gozo de los pobres libertados.
Y ya callar, detrás del Evangelio.
Y darle al mundo el Redentor Humano
y devolverle al Padre el Hijo).

¡Dios te salve, María


-veinticinco de marzo y Mato Grosso-,
madre de la Palabra, en el silencio!

ASUNCIÓN

Plenitud de agosto,
vuelo de Asunción.
Bodega con mosto
de tu Corazón.

Rutas de Araguaia,
con mi pueblo en cruz.
Mi «seca» y tu playa:
la Paz de Jesús.

Lograda María,
llegada Asunción,
que reclama y guía
nuestra romería
de Liberación.

EL DIFÍCIL TODO

Tan sólo mejor


que la mejor parte
que escogió María,
el difícil todo.
Acoger al Verbo,
dándose al silencio.
Vigilar Su Ausencia,
gritando Su Nombre.
Descubrir Su Rostro
en todos los rostros.

Hacer del silencio


la mayor escucha.
Traducir en actos
las Sagradas Letras.

Combatir amando.
Morir por la vida,
luchando en la paz.

Derribar los tronos


con las viejas armas
quebradas de ira,
forradas de flores.

Plantar la bandera
-la justicia libre
en los gritos pobres.

Cantar sobre el mundo


el Advenimiento
que el mundo reclama,
quizás sin saberlo.

El difícil todo
que supo escoger
...la otra María.

EL VERBO QUISO DE MÍ

Para no ser sólo Dios,


el Verbo quiso de mí
la carne que hace al Hombre.
Y yo le dije que sí,
para no ser sólo niña.
Para no ser sólo vida,
el Verbo quiso de mí
la carne que me hace a la Muerte.
Y yo le dije que sí
para no ser sólo madre.

Y para ser Vida Eterna


el Verbo quiso de mí
la carne que resucita.
Y yo le dije que sí
para no ser sólo tiempo.

MARIA PENTECOSTÉS

María Pentecostés,
cuando la Iglesia aún era
pobre y libre
como el Viento del Espíritu.

María Pentecostés,
cuando el fuego del Espíritu
era la ley de la Iglesia.

María Pentecostés,
cuando los Doce exhibían
el poder del testimonio.

María Pentecostés,
cuando era toda la Iglesia
boca del Resucitado

.DECIR TU NOMBRE, MARÍA

Decir tu nombre, María,


es decir que la Pobreza
compra los ojos de Dios.

Decir tu nombre, María,


es decir que la Promesa
sabe a leche de mujer.
Decir tu nombre, María,
es decir que nuestra carne
viste el silencio del Verbo.

Decir tu nombre, María,


es decir que el Reino viene
caminando con la Historia.

Decir tu nombre, María,


es decir junto a la Cruz
y en las llamas del Espíritu.

Decir tu nombre, María,


es decir que todo nombre
puede estar lleno de Gracia.

Decir tu nombre, María,


es decir que toda suerte
puede ser también Su Pascua.

Decir tu nombre, María,


es decirte toda Suya,
Causa de Nuestra Alegría.

ORACION FINAL A SANTA MARÍA DE NUESTRA


LIBERACIÓN

María de Nazaret, esposa prematura de José el carpintero,


aldeana de una colonia siempre sospechosa,
campesina anónima de un valle del Pirineo,
rezadora sobresaltada de la Lituania prohibida, indiecita
masacrado de El Quiché,
favelada de Río de Janeiro,
negra segregada en el Apartheid,
harijan de la India,
gitanilla del mundo;
obrera sin cualificación, madre soltera, monjita de
clausura;
niña, novia, madre, viuda, mujer.

Cantadora de la Gracia que se ofrece a los pequeños,


porque sólo los pequeños saben acogerla;
profetisa de la Liberación que solamente los pobres
conquistan,
porque sólo los pobres pueden ser libres:
queremos crecer como tú,
queremos orar contigo,
queremos cantar tu mismo Magníficat.

Enséñanos a leer la Biblia -leyendo a Dios-


como tu corazón la sabía leer,
más allá de la rutina de las sinagogas
y a pesar de la hipocresía de los fariseos.

Enséñanos a leer la Historia


-leyendo a Dios, leyendo al hombre-
como la intuía tu fe,
bajo el bochorno de Israel oprimido,
frente a los alardes del Imperio Romano.

Enséñanos a leer la Vida


-leyendo a Dios, leyéndonos-
como la iban descubriendo tus ojos, tus manos, tus
dolores, tu esperanza.

Enséñanos aquel Jesús verdadero,


carne de tu vientre, raza de tu pueblo, Verbo de tu Dios;
más nuestro que tuyo, más del pueblo que de casa,
más del mundo que de Israel, más del Reino que de la
Iglesia.
Aquel Jesús que, por el Reino del Padre, se arrancó de tus
brazos de madre
y se entregó a la muchedumbre,
solo y compasivo, poderoso y servidor, amado y
traicionado,
fiel ante los sueños del Pueblo,
fiel contra los intereses del Templo,
fiel bajo las lanzas del Pretorio,
fiel hasta la soledad de la muerte

Enséñanos a llevar ese Jesús verdadero


por los callados caminos del día a día,
en la montaña exultante de las celebraciones,
junto a la prima Isabel,
y a la faz de nuestros pueblos abatidos que, a pesar de
todo, Lo esperan.

María nuestra del Magníficat,


queremos cantar contigo,
¡María de nuestra Liberación!

Contigo proclamamos la grandeza del Señor, que es el


único grande,
y en ti nos alegramos contigo, porque, a pesar de todo, Él
nos salva.

Contigo cantamos, María, exultantes de gratuidad,


porque Él se fija en los insignificantes;
porque su poder se derrama sobre nosotros en forma de
amor;
porque Él es siempre fiel,
igual en nuestras diversidades,
único para nuestra comunión,
de siglo en siglo, de cultura en cultura, de persona en
persona;
porque su brazo interviene históricamente
-por intermedio de nuestros brazos, inseguros pero libres-
y porque un día intervendrá, definitivamente Él;
porque es Él quien desbarata los proyectos de las
transnacionales
y sostiene la fe de los pequeños
que se organizan para sobrevivir humanamente;
porque vacía de lucros los cofres de los capitalistas
y abre espacios comunitarios
para el plantío, la educación y la fiesta
en favor de los desheredados;
porque derriba de su trono a todos los dictadores
y sostiene la marcha de los oprimidos
que rompen estructuras en busca de la Liberación;
porque sabe personar a su sierva, la Iglesia,
siempre infiel creyéndose señora,
siempre amada escogida, sin embargo,
por causa de la Alianza que El hizo un día con la sangre de
Jesús.

María de Nazaret, cantadora del Magníficat, servidora de


Isabel:
¡quédate también con nosotros, que está por llegar el
Reino!;
quédate con nosotros, María,
con la humildad de tu fe, capaz de acoger la Gracia;
quédate con nosotros,
con el Verbo que iba creciendo en ti,
humano y Salvador, judío y Mesías, Hijo de Dios e hijo
tuyo,
nuestro Hermano,
Jesús.

EPÍLOGO:
Un poeta místico a quien le duele el mundo

Se me ha pedido un análisis -sin adjetivo ninguno- de este


poético florilegio mariano de Pedro Casaldáliga. Y aquí
está, cerrando el libro que otro hermano en religión,
Teófilo Cabestrero, abriera con su presentación del autor,
ya conocido de todos, al que seguramente se sentirán
desde hoy más cercanos en el espíritu.
Centraremos nuestro sencillo análisis -sea ese el adjetivo
por nuestra parte intencionadamente añadido al
sustantivo- en dos puntos: la imagen polivalente de María,
que como en límpida corriente se va reflejando en estos
poemas y es su musa inspiradora, y el valor demiúrgico de
una palabra poética en la que duele el mundo. Al
refractarse en la palabra poética de Casaldáliga, el halo de
divina belleza que envuelve la figura de María viene a
convertirse en calor de humana -por fraterna y maternal-
cercanía, que parece estar haciendo a la SEÑORA más
presente entre nosotros y más nuestra que nunca.

Imagen polivalente de María


Nuestro insigne Lope de Vega concluía así su retrato de
nuestra Señora:
«... Ésta es María, sin llegar al centro, que el alma sólo
retratarla puede. Pintor que tuvo nueve meses dentro.»
Nunca, dentro del tema mariano, ha sido tarea fácil hacer
poesía nueva u «original». Y menos aun llegar al «centro»
o intimidad de María. Lograrlo es un mérito extraordinario.
Y Casaldáliga lo ha logrado en esta miniantología mariana,
que nos atreveríamos a calificar de «Mariología poética»,
en la que el «centro» o misterio de María se ha
exteriorizado de alguna manera e identificado con lo que
hay de más humano -valga la redundancia- en el misterio
del hombre, proyectándolo, a su vez, como sólo esta
MUJER, tan divina y al mismo tiempo tan humana, podía
proyectarlo.
En la obra poético-literaria de Casaldáliga se advierte casi
de continuo una clara presencia mariana. ¿No tendrá en
ello buena parte su vocación, vida y misión de Hijo del
Inmaculado Corazón de María?
«Tengo tres amores, tres el Evangelio,
la Patria Grande,
y el corazón intacto de una Mujer
María de Nazaret, la llena de Dios, tan nuestra.»
Y ¡tan suya! No, esta María de Nazaret retratada en el
presente poemario no es la mujer de los privilegios. No es
una imagen metacósmica, distante, ausente, o que no
supiera ya caminar por nuestro suelo, María es aquí la
mujer inserta en nuestro mundo, con su «operante
presencia», ¡cómo no!, pero también, y hasta sobre todo,
con su mensaje -el mensaje de su propia vida- hoy más
actual que nunca. Es la mujer de la cotidianidad, llena de
Dios y, por eso, rebosando ternura y amor -de hermana y
madre- sobre el hombre de ayer y de siempre. Es la mujer
sencilla y humilde del Magníficat, que no dudara en
proclamar a Dios como vindicador de los pequeños y los
oprimidos, identificada con el pueblo y sus sufrimientos;
pero sabiendo que ese pueblo sufriente es hoy, aquí o allá,
el pueblo preterido o subestimado por los poderosos.
Como Nazaret, del que, según los «grandes», muy poco
cabía esperar.
Encontramos ya aquí una marcada diferencia entre estos
poemas marianos y los más abstractos y esteticistas de su
primera época. Los de hoy dan a María un rostro más
concreto, más popular y más humano, más familiar y más
al alcance de nuestras manos y de nuestros besos. Es,
concretamente -y aquí empieza a retractarse su imagen-
MARÍA DE NAZARET, que, al estilo de las demás madres,
«rumia la paz de Belén,
el polvo de Galilea,
el sol de Genesaret,
el gozo del pan partido...».
Es la NIÑA DEL SÍ más comprometido que ha podido un
ser humano dar a Dios: un sí en tono de humildad que en
las sinfonías de Dios es siempre tono mayor,
«el sí desnudo como un tallo de lino
bajo el filo implacable de la Gloria
Es la MUJER DE CADA DIA, que va y viene,
«como el ave del tiempo,
de la casa a la calle, del Misterio al misterio...».
Es la CAMPESINA, cuyo
«pedazo de tierra, detrás de aquel otero por donde
entraba el sol,
lo trabajaban juntas sus manos y las Manos de Dios»;
y campesina para siempre, porque ha querido establecer
su morada entre los afanes y la paciente espera del
sembrador, viendo crecer el trigo como forma presentida
de la Carne de su Hijo, y porque
«en el soto erizado de chopos de esperanza
permanece de guardia la alondra de su ermita».
Es la COMADRE DE SUBURBIO, simbolizado en aquella
«cueva» que
«no tenía más higiene que el viento de la noche»,
pero que, desde entonces, se ha multiplicado casi hasta el
infinito. Y, como ayer, también hoy María se multiplica
para instalar ahí a Dios:
«Tú has instalado a Dios en el suburbio humano...,
Comadre de suburbio,
ensanche de la Gracia,
puerta y solar de la Ciudad celeste!».
En su soñar muy despierto, el poeta contempla a María
perdiéndose en la inmensa Africa, como una africana más:
«Yo te saludo, Negra, divinamente hermosa...
Déjame descargar en tus espaldas este niño africano, de
tres meses de fuego, que ha crecido conmigo, poderoso
como un clamor de mar, como un Desierto, como la noche
viva
o en la soñadora América, y con rostro indio,
maternalmente inclinado hacia los indios:
«Señora de Guadalupe...,
carne de india morena
Por aquellas rosas nuevas,
por esas armas quemadas,
por los muertos a la espera,
por tantos vivos muriendo,
¡salva a tu América!».
Casaldáliga ve a María como SEÑORA DE LA CIUDAD, que
fue ayer Jerusalén, que es hoy cualquiera de nuestras
grandes urbes, donde todos tenemos un no poco de niños
grandes perdidos en la vida:
«Jerusalén tenía sus resacas, y se perdía un niño
fácilmente.
Pero bramabas tú, como una cierva,
y el servicio de urgencia de tu llanto
suplía de antemano la fiebre derramada de todos los
perdidos.
...Vuelve a subir de Nazaret, Señora.
¡Te reclamamos todos, sin saberlo siquiera muchas
veces...!
Como pastor de la Iglesia, Casaldáliga sabe, por dolorosa
experiencia, mucho acerca de esos «ausentes», con
quienes tal vez nos encontramos y hasta convivimos, sin
percatarnos de sus «ausencias». El poeta,
comunicándonos la suya, quiere despertar nuestra propia
experiencia, esperando que sea ésta una voz, un mensaje,
una oración, una luz, que señale a tantos y tantos
«ausentes» el camino de retorno a la casa del Padre y de
los hermanos mayores. La poesía, sin dejar su región
propia, se hace ahora patética oración sálmica. ¿A quién?
No podía ser por menos: a María, a quien se invoca como
MADRE DE LOS AUSENTES:
«Entra en casa y verás el frío que hace, con el cristal de la
Alegría roto
y el Pecado azotando como un viento
Se cruzan los hermanos sin mimarse, ausentes de alma a
alma...
Nadie se entiende. Todos tienen frío. Y el hambre los
consume.
Madre de los ausentes,
umbral de la ternura recobrada,
postigo del retorno vergonzante.
todos los hijos pródigos te llaman, sin saberlo
¡Congréganos a todos bajo el lecho del júbilo paterno,
con el pan del Amor entre las manos nuevas...!»
Con resonancias tal vez autobiográficas, desde una fuerte
vivencia de honda soledad, el poeta se refugia en María
SOLEDAD, «compañía nuestra», solidaria de nuestros días
o noches de soledad, para hacerla soledad sonora de amor
y de ternura, como la suya:
«Sola de toda humana compañía
Sola contra la noche del Misterio...,
Sin otra luz que tu mirada pura y sometida,
descalzo el pie y el corazón abierto,
como un río desangrándose entero
Soledad tan cercana y sin estorbos,
tan sonora de aroma y de ternura...
María Soledad
toda llena de Dios y de los Hombres
¡Oh Soledad, oh compañía nuestra!»
Pero tras la noche amanece siempre. La última noche
tendrá su fin. Mas no lo tendrá el último día. Porque
representa la definitiva victoria de la luz sobre la
oscuridad. Después de contemplar a María frente a sus
noches y las nuestras, el poeta nos la retrata ahora
iluminada e iluminadora con luces de Pascua,
preanunciando nuestra victoria, nuestra alegría, nuestro
Pentecostés, nuestra asunción. Porque todo eso es María.
Y en superlativo.
María es, concretamente, la VENCEDORA DE LA MUERTE,
en su sentido más realístico; pero también en su más
simbólico significado:
«Tú sabes qué es 1la Muerte, como nadie en el mundo lo
ha sabido.
Tú conoces las muertes, una a una, como las caras
mismas de tus hijos pequeños,
y las llamas, segura, por su nombre.
Junto al Cuerpo de Cristo, recostado en tu seno por la
Muerte vencida,
aquella tarde, todas
las muertes de los hombres descansaron su grito en tu
regazo ...
Todos los muertos caen buscando tu mirada...
Morir bajo tu nombre es encontrar, de pronto,
detrás de las cortinas, la Fiesta preparada...
Desde tus brazos hay un paso apenas hasta el cuello del
Padre.»
Y es la mujer saludada por el mismo Dios con el nombre
de ALEGRIA, frente a tanta mentira de tristeza:
«¡Dios te salve, María, llena eres de gozo!
¡EI Señor es contigo, como un rió de leche que se sale de
madre!
Una mujer de hoy, desamparada, les ha dicho a los
hombres:
'Buenos días, tristeza'
Y ellos se lo han creído...
¿'Buenos días, tristeza', después que tú alumbrastre
Alegría?
La Alegría, María, es tu nombre... Tú la llevas
crecida sobre el pecho, como una flor silvestre huida a la
Botánica.»
Es la alegría de su sábado cotidiano, que un día sería ya
para siempre Domingo de Pascua, irradiándose sobre
todos los hombres:
«Cada día era Sábado en tus días, porque eran la
Esperanza.
Y un día fue Domingo... Domingo para siempre ..
Y tu gozo ha crecido como un río de leche que se sale de
Madre
hasta llenar el mundo.»
Y es, por consiguiente, la SEÑORA DE LA ESPERANZA, con
luces de Pascua definitiva en sus ojos, en sus manos, en
su boca, en su vida, en su muerte; Pascua para sí y para
todos en la gran Pascua del Hijo que Ella -Madre pascual-
nos diera como Víctima de redención liberadora:
«Señora de la Esperanza
porque creíste en la Pascua,
porque palpaste la Pascua,
porque comiste la Pascua,
porque moriste en la Pascua,
porque eres Pascua en la Pascua.»
Desde una Pascua que todo lo ha hecho nuevo, María es la
MADRE DEL MUNDO NUEVO que para el nuestro tantas
veces hemos soñado y quisiéramos ver convertido en
realidad en sus cinco continentes. El mundo nuevo es
volver otra vez al principio, a ese segundo principio en el
que un nuevo Adán y una nueva Eva dan vida para
siempre a una nueva humanidad:
«Si estamos otra vez en el Principio, tendrás que
amanecer el mundo Nuevo
necesita la puerta de tu seno para llegar incólume.
(Belén se apuesta siempre detrás de tus espaldas)
Todo el cuerpo de Europa se ha hecho gruta, en la herida,
para enmarcar la luz de tu presencia.
América sacude sus pañales, con un grito rebelde, contra
el mar transitado
Como una diosa estéril y fecunda..., como una cruz
cansada de martirio,
Asia cruje, sangrando por sus lotos
Acosada por todos los pájaros secretos que hierven en la
selva de la noche,
Africa arrulla, alborotadamente, sus veinte cunas nuevas...
¡porque hay una Mujer sobre las chozas, detrás de las
estrellas, con el Sol en los hombros...!
Neófitas de sal y de promesas, las lslas balbucientes
acuden al marfil de tu garganta,
con un abrazo tenso de siglos, de impaciencia, seguras del
Encuentro.
¡Todos los meridianos se enhebran en la rosa de tu
Nombre...!
Estamos otra vez en el Principio
y nace el mundo, nuevo, del seno de tu Gracia,
hermosamente grande y sin fronteras...
Dios llega al aeropuerto de la Historia
a tiempo en todo Tiempo
Estamos otra vez en el Principio y ha empezado tu era:
¡por derecho de Madre tú patentas la luz amanecida!»
Una luz pascual, que se hace fuego de Pentecostés en ella
y por ella en los moradores de ese mismo mundo nuevo
del que ella es MADRE, ahora como MARIA PENTECOSTÉS,
es decir, María plenitud sobre plenitud, marianizando con
su operante presencia la acción del Espíritu Santo en la
Iglesia, al igual que
«cuando la Iglesia aún era
pobre y libre,
como el Viento del Espíritu..,
cuando el fuego del Espíritu
era la ley de la Iglesia. »
Tras la definitiva plenitud de Pentecostés, en la tierra, no
hay ya más plenitud que la del cielo, la de la ASUNCIÓN,
con la que María se adelanta como Madre universal, que
nos abre camino, que nos espera,
«que reclama y guía nuestra romería de Liberación».
Y ahora sí se comprende ya bien por qué, para
Casaldáliga, María escogiera, no simplemente «la mejor
parte», sino
«el difícil todo:
acoger al Verbo,
dándose al silencio.
Vigilar Su ausencia,
gritando Su Nombre.
Descubrir Su Rostro
en todos los rostros...
Cantar sobre el mundo
el advenimiento
que el mundo reclama
quizás sin saberlo.»
Lo cual significa -y el signo también aquí se hace realidad-
que el NOMBRE DE MARIA es totalidad intensiva, de cuya
desbordante plenitud están llenos el cielo y la tierra,
porque
«Decir tu nombre, María,
es decir que la Pobreza
compra los ojos de Dios...
Es decir que la Promesa
sabe a leche de mujer...
Es decir que nuestra carne
viste el silencio del Verbo...
Es decir que el Reino viene
caminando con la Historia...»
Y es decir que el Reino va encaminando la Historia hacia
su plenitud en un incesante proceso de liberación. El poeta
ve a María, no sólo como la imagen más perfecta de la
libertad y de la liberación de la humanidad y del cosmos,
sino sobre todo como «Cantadora» y «Profetisa» de la
liberación. Haciendo eco al salmo oracional de María en el
Magníficat, el poeta corona su florilegio poético-mariano
con la sálmica ORACIÓN FINAL A SANTA MARIA DE
NUESTRE LIBEACIÓN. Ella es la
«Cantadora de la Gracia que se ofrece a los pequeños,
porque sólo los pequeños saben acogerla;
profetisa de la Liberación...
Queremos creer como tú,
queremos orar contigo,
queremos cantar tu mismo Magníficat María nuestra del
magníficat, queremos cantar contigo, ¡María de nuestra
Liberación...».

Valor demiúrgico de esta poética mariana


¿Cómo calificar ahora esta poética mariana de
Casaldáliga? Cuando la poesía es verdaderamente tal,
sobran todas las etiquetas. El mejor calificativo es su
mismo desnudo sustantivo: poesía, Aquí, el adjetivo
mariana es sólo fuente y vehículo de inspiración poética.
Casaldáliga ha contemplado a María de Nazaret, la mujer
de todos los siglos. Y, después de haber, extático ante
ella, exclamado: ¡poesía eres tú!, nos ha brindado su
poético recital lírico. En palabra transparente como la luz,
alígera como el viento, dolida y doliente como una llaga
sangrante, pero cargada de una, aunque melancólica,
infinita esperanza alentada por «el Corazón intacto de esa
Mujer» encarnada, a lo largo de los siglos, en todos y cada
uno -hombre o mujer- e identificada con sus problemas y
sus más nobles aspiraciones, y que, ya asunta -
ASUNCIÓN-, «reclama y guía nuestra romería de
liberación»,
Poesía mariana, sí, en su sentido más teológico; pero
desde una teología que, a través de María, se eleva en
nombre de Dios mismo hasta Dios. Poesía filtrada, desde
el principio hasta el fin, de fe, esperanza y ternura en lo
que de más divino y más humano descubre el poeta en
esta humano-divina Musa de su inspiración:
«Creo en Ia pobre María y en toda la Iglesia pobre.
Creo en la tierra de todos como la madre primera...»
Y es que, para Casaldáliga, si la fe, la esperanza, el amor,
tienen que ver con el misterio de María -el más sensible
resonador del Misterio de Dios-, desde ella -el más
sensible resonador del misterio del hombre- tienen
también no poco que ver con la vida y muerte de los
hombres, la justicia, la verdad, la libertad, A diferencia de
otras expresiones, llamémoslas más individualistas, en la
poesía de Casaldáliga hay un profundo sentimiento de
humana solidaridad universal. Es lo propio del verdadero
poeta. Porque, como también aquí diría Unamuno, el
auténtico poeta, dirigiéndose a una masa de hombres, no
se dirige a la masa, sino a cada uno de ellos.
No se trata, pues, en el caso de nuestro vate, de la etérea
poesía de una simplemente lúdica imaginación. La suya
revela la existencia no como algo pensado en general, sino
como algo vivido una y muchas veces. Y por eso revela
una aguda sensibilidad y honda inquietud, en las que ni la
ternura esconde vergonzosamente el sufrimiento de un
mundo que le duele al poeta en el alma, ni el dolor ahoga
la esperanza: una esperanza que no nace del simple
optimismo psicológico o de una confianza meramente
sociológica en las fuerzas de la historia, sino de la Pascua,
es decir, de quien, en pos de la Señora de la esperanza,
cree, como ella, en la Pascua, palpa y come la Pascua, es
Pascua en la Pascua.
Cabalmente, por eso, su dolor y su esperanza y hasta su
ternura se convierten en combate, en espera ardiente, en
apoyo a la causa del Reino, en colaboración con todos
cuantos luchan por la justicia y la fraternidad universal.
Es, tal vez, este apasionamiento ante todo por el hombre
sufriente y esta esperanza de su liberación lo que confiere
a su palabra poética fuerza de arrastre y de seducción. Y,
acaso, sea ésta, precisamente, su originalidad: una
originalidad que, con independencia de las clásicas formas
poéticas, brota de la llamada a expresar su compleja
personalidad -humana, sacerdotal, misionera- en todas
sus relaciones, Casaldáliga nos brinda aquí todo un mundo
personalizado, el mundo entero hecho hombre, el verbo
hecho mundo. Ese es, en el fondo, el misterio de la
Encarnación, que parece estar sirviendo aquí para
ejemplificar el proyecto e intención de su poesía. Y así es
cómo, desde el valor estético y el sentido religioso-
mariano hasta el valor más humano y social, todo resulta
enriquecedor. Sean pocos o muchos quienes se decidan a
leerlo, con toda certeza se puede afirmar que su lectura -
fácil y sugestiva- tendrá ya ahí su recompensa.
Puestos, pues, a calificarlos, diríamos -utilizando de nuevo
una expresión de Unamuno, con quien tanta sintonía deja
transparentar Casaldáliga- que son poemas de una
«castísima desnudez espiritual», en los que se acompasan
y hasta se funden sinfónicamente su límpida cadenciosidad
y su eufonía dinámica, su secreto ritmo interior y su
misma acústica musicalidad, dentro de una exigencia
simetría nunca demasiado sistemática.
Ya lo hemos dicho: estos poemas son la traducción, en
verbo poético, de una experiencia que ve a María
«sacramentalizada» en la
«aldeana de una colonia siempre sospechosa,
campesina anónimo de un valle del Pirineo,
rezadora sobresaltada de la Lituania prohibida,
indiecita masacrada de el Quiché,
favelada de Río de Janeiro,
negra segregada en el Apartheid,
harijan de la India,
gitanilla del mundo,
obrera sin cualificación, madre soltera, monjita de
clausura,
niña, novia, madre, viuda, MUJER».
Y es que la experiencia -religiosa y humana, aquí una y
otra formando unidad- encuentra mejor expresión en el
lenguaje poético-lírico que en el puramente lógico o
conceptual, siempre demasiado frío e impersonal¡zado.
Como muy bien se ha dicho, a propósito precisamente de
Casaldáliga, «su poesía constituye como un estado térmico
del lenguaje que permite expresar la plusvalía de sentido
que el discurso meramente racional no puede soportar».
Leyendo estos poemas, se comprende mejor por qué un
teólogo como Rahner llegara a afirmar que al poeta le han
sido confiadas palabras originales o «protopalabras»,
preñadas de sentido y que permiten que las cosas sean
ellas mismas aun dentro de ese ámbito en que las
contempla el poeta.
Más que expresar poéticamente unas doctrinas teológicas
de mariología, Casaldáliga aparece aquí verbalizando
poéticamente, a través de «protopalabras», su experiencia
del misterio de María con toda su fuerza humanizadora y
liberadora y con todo su hálito espiritualizante. Y
espiritualizante no sólo porque desde las sensaciones haya
podido saltar a lo espiritual, sino también -y hasta, aquí,
sobre todo- porque desde lo más espiritual ha sabido
llegar a lo material, con lo que lo espiritual -nuevo reflejo
del misterio de la Encarnación- se «materializa» en su
poesía y lo material se trascendentaliza.
A veces, se tiene la impresión de estar escuchando un
diálogo entre el poeta y María, del que nos llega su parte
más humana y hasta más dramática: un diálogo a lo
divino desde lo humano, y a lo humano desde lo divino.
Cabalmente, merced a esa unidad entre lo espiritual y lo
material entre lo divino y lo humano, Casaldáliga poeta es
el demiurgo que dota a sus creaciones -sus poemas- de
realidad corpórea y espiritual, como reflejo de la auténtica
existencia humana.
El poeta nos hace, así, sentir su calor humano y nos deja
tocados y alcanzados a lo divino en lo más hondo de
nuestro ser. Hay que subrayarlo: no entenderá esta poesía
de Casaldáliga quien no la vea conjunta y unitariamente
como experiencia de un ideal evangélico y de una vida en
contradicción, de hecho, con tal ideal. Es lo que provoca
esa ira profética, esa ternura, esa sed de liberación, ese
combate por el Reino.
Y hasta pecaría de inobjetivo -incluso, de superficial- quien
no viese en estos poemas más que al poeta religioso-
social protestatario de hoy. Es, más bien, el místico y
contemplativo de la realidad descarnada -por exceso de
encarnación- sobre la que proyecta luz desde la figura de
María no como mujer ideal, sino como ideal de mujer que
todos -hombres y mujeres- podemos y debemos
«encarnar». Casaldáliga es aquí el «niño» crecido a la
sombra de María que nos confía su música interior y, con
ella, su espíritu, amasado con la levadura del Evangelio,
pero con el pan de la dura realidad humana, que él
describe con ese realismo que se gesta siempre y se
alumbra en toda mística y en toda lírica religiosa. Sus
«protopalabras» expresan de esta manera, lo que él es y
lo que está viviendo, lo que cree y lo que ama, lo que
sueña con sus ojos bien despiertos, lo que, finalmente,
espera: una liberación sin miedo ya a ninguna clase de
alucinaciones.
Por eso, sin dejar de ser la suya una poesía de creación,
acaso aparezca, al menos aquí, más catalogable
Casaldáliga como poeta de expresión. Lo refleja en todo,
incluso en la libertad de su verso, no sometido a norma ni
sistema clásico, cargado sin embargo, como ya hemos
dicho, de ritmo interior, de armonía y de acústica
musicalidad. Sus contrastes poéticos, sus metáforas, sus
reiterativas imágenes -tres veces, por ejemplo, utiliza la
de la «leche», tan expresivo símbolo de lo femenino y
maternal-, no son sino formulaciones distintas para
transmitirnos sus sentimientos frente a María de Nazaret,
a quien él tan finamente ha sabido descubrir en nuestro
mundo de hoy. Y en quien, como más próxima a nosotros,
está descubriendo la ayuda a esa fe, esperanza, ternura y
amor, justicia y libertad que hoy el mundo está
necesitando. También aquí parece estar nuestro poeta
haciendo eco a la vivencia de Unamuno cuando dice:
«...Por esto el pobre que sufre
busca a la Virgen bendita,
la Virgen de los dolores,
la que el dolor purifica.»
Evidentemente, el poeta no ha querido guardarse su
música interior. Ha querido hacerse resonador de la
misma entre sus hermanos los hombres. Es parte de su
misión evangélica y evangelizadora en el pueblo de su
pertenencia. Pero haciéndonos saber que ese pueblo
adquiere aquí dimensiones intercontinentales, que se
hacen, por ejemplo, evidentes en su poema «SENORA DEL
MUNDO NUEVO». El poeta da con la manera de
desentrañar la verdad, de excitar las conciencias para
despertarlas de su letargo, de ponerlas en acción y a la
búsqueda de respuestas eficaces. De esta manera, su
poesía mariana viene a desempeñar una función social:
despertar el dolor que duerme, aguijonearlo y excitarle,
azuzarlo «y todo preñado», como diría una vez más
nuestro Unamuno, «devolvérselo enseguida en acicate que
quema al pueblo que en él dormía».
La poesía de Casaldáliga refleja, pues, con ternura, sí,
porque María es eso: esencial ternura -«un río de leche
que se sale de Madre hasta llenar el mundo»-, pero
haciendo resonar en tono mayor toda la lucha y el
inconformismo que puede sentir una persona ante la
humillación y la explotación del hombre por el hombre.
Con tal reflejo y tal resonancia, una única intencionalidad
persigue aquí el poeta: lograr una comunión de intereses e
ideales y, sobre todo, una comunión con su ideal principal
y más básico de creyente y obispo: creer en el Reino.

Macario Díez Presa cmf


TODAVÍA ESTAS
PALABRAS
Pedro CASALDÁLIGA
1994

A los que conmigo dicen


de rodillas la Palabra,

a cuantos gritan conmigo


-quizá contra los que callan,
siempre contra los que mienten-,

a los que conmigo emplazan


la lenta aurora del Reino,

... todavía estas palabras.

ÍNDICE

I. Y VAN A SER 500 AÑOS


A Cristóbal Colón o Colombo, o Colom
A las tres carabelas
A Moctezuma
A Bartolomé de Las Casas
A Antonio Valdivieso
Al conquistador anónimo
Al indio anónimo
Al negro anónimo
A la madre anónima
Soneto libre a la Patria Grande

II. CENTROAMÉRICA NUESTRA


Centroamérica nuestra
Canto del Tiempo Maya
Chetumal
De México a Chiapas
Guatemala
¡No pasarán, se pasarán!
Leonel Rugama
Canción salvadoreña
Honduras clandestina

III. CONFESIONES
Voy a pasar la vida
Dentro de Auschwitz
Me anuncian otra vez la esperada
El posible revólver convocaba
El tiempo y yo
Tiempo de frustración
Salmo 23
Maldita sea la cruz
Algo tenemos, Roma, de romanos
Cardenales de Roma
Yo, pecador y obispo, me confieso
Piensa también con los pies
Te llamarán poeta
Dios es Dios
Amor celoso
IV. SACRAMENTOS
Esposa tierra
Pájaro sabiá`
Al ciprés de Embú
Las garzas blancas
Río das Mortes
La hiedra cubre el tronco
¡Esas madres!
Loca de un parto muerto
Gustavo Gutiérrez
Los mártires de la andadura del pueblo
Meruri, 10 años después
Decir tu nombre, María
Eucaristía
V. ANTÍFONAS
Deus absconditus
Asamblea episcopal

VI. PROVERBIOS
Proverbios
Palabra

I. Y van a ser 500 años...

A CRISTÓBAL COLÓN O COLOMBO O COLOM

La mar era más ancha que Castilla


y el finis terrae no era la verdad.
Mejor que tu ambición soñó tu quilla
y abrió los muros de la Humanidad.

No fue misión de España ni de Roma:


nos encontraste por casualidad.
(Armada ya la paz de tu paloma
contra la paz de nuestra libertad).

Tierras, tesoros, vidas, de un acaso,


perdido nos hallaste y nos vendías,
Cristóbal, ¿de qué Cristo portador?

El Nuevo Mundo te salía al paso,


mientras buscabas sólo especiarías,
sirviendo, sin saberlo, a un Rey mayor.

A LAS TRES CARABELAS

Palomas de la fiebre de Moguer


tan dulces en la boca vuestros nombres,
niñas las tres violadas por los hombres
del oro y de la sangre y del poder.

Calzabais horizonte y aventura,


volviéndole la página a la Historia.
Pero al azar de vuestra trayectoria
la mar se inundaría de amargura.

El grito de Pinzón hirió la tierra


y el vuelo del quetzal dejó varado
y puso a la subasta nuestra suerte.

Palomas mensajeras de la guerra,


detrás de vuestros sueños han llegado
todas las carabelas de la muerte.

A MOCTEZUMA

Dioses por dioses, sin piedad trocaban;


madres por viudas, reyes por vasallos.
La muerte cabalgaba en sus caballos.
Sus cruces y sus preces blasfemaban.

No «fue Dios quien les dio tanta victoria».


No andaba Dios metido en sus degüellos.
Menos que maceguales todos ellos,
quemaron con sus naves su memoria.

Y basta ya de imperios y de oro.


Sea el maíz el único tesoro
y soberano el Pueblo y ley la Vida.

Libre la sangre en las banderas rojas,


verás reverdecer piedras y hojas,
Tenochtitlán verá la amanecida.

A BARTOLOMÉ DE LAS CASAS

los Pobres te han jugado la partida


de una Iglesia mayor, de un Dios más cierto:
contra el bautismo sobre el indio muerto
el bautismo primero de la vida.

Encomendero de la Buena Nueva,


la Corte y Salamanca has emplazado.
Y ese tu corazón apasionado
quinientos años de testigo lleva.

Quinientos años van a ser, vidente,


y hoy más que nunca ruge el Continente
como un volcán de heridas y de brasas.

¡Vuelve a enseñarnos a evangelizar,


libre de carabelas todo el mar,
santo padre de América, las Casas!

A ANTONIO VALDIVIESO

Llenos de unción y libertad tus labios,


repletas de oro y de terror sus arcas,
Pedrarias o Somoza los tetrarcas,
y tú y tu Pueblo frente a sus agravios.

Pastor, espejo claro de pastores,


que el óleo de las Casas ha bruñido,
un Pueblo nuevo vela, estremecido,
la herencia de tus huesos redentores.

Pastor de Nicaragua, todavía


necesitamos hoy tu parresía
contra el Imperio o en la Iglesia ausente.

Primer ocote de la Iglesia alerta,


rosa de sangre pastoral abierta
en el costado azul del Continente.

AL CONQUISTADOR ANÓNIMO

Cierzo y candil, tocino y vino rancios,


tu geografía te encuadraba en tres
todos los altercados y cansancios:
la plaza, la bodega y el ciprés.

Pastor de puercos, plantador de esperas,


ahíto de servir o de soñar,
de pronto se te abrieron las fronteras
y te sentiste dueño de la mar.

Venías para el rey, por la fortuna,


perdones y oro codiciando a una,
héroe y bandido mitad por mitad.

Pobre traído para matar pobres,


dejabas, entre lágrimas salobres,
conquistas de embarazos y orfandad.

AL MISIONERO ANÓNIMO

Quizás no daba más tu teología,


del Reino y de un imperio servidor,
salvar y conquistar la paganía,
cruzado entre las armas y el Amor.

La espada tu Evangelio desmentía,


los yelmos apagaban tu fervor,
¡la mucha sangre de tu Eucaristía
no era sólo la sangre del Señor!

¿Pudo la Pascua hacernos gente esclava?


¿Qué nueva libertad nos liberaba
en las violentas aguas del Bautismo?

¿Qué paz traían tus atadas manos?


¿Hacía de verdad hijos y hermanos
el Padre Nuestro de tu catecismo?

AL INDIO ANÓNIMO

Eras tierra, pasión, memoria, mito,


culto en la danza y fiesta en el sustento.
Pero ellos te imputaron el delito
de ser otro y ser libre como el viento.

Te hicieron colectivo anonimato


sin rostro, sin historia, sin futuro,
vitrina de museo, folclor barato,
rebelde muerto o salvaje puro.

Y, sin embargo, sigues siendo, hermano,


ojos-acecho al sol del altiplano,
huesos- murallas en los tercos Andes,

raíces-pies en la floresta airada,


sobreviviente sangre congregada
por todo el cuerpo de la Patria Grande.

AL NEGRO ANÓNIMO

Los labios gruesos del amor y el canto


no besarían más la tierra amada.
Toda la sal del mar sería llanto;
sólo muerte y exilio, la mirada.

La argolla y la blasfemia del cauterio


cancelaron tu paz, tu Dios, tu gente.
En las blancas razones del imperio
tú no eras, servías solamente.

Pero llevabas Africa en la entraña


y hacías tuya toda patria extraña
y siempre algún tambor salvó tu hora.

Carbón de libertad, diamante duro,


arde en tu sangre el fuego del futuro
hacia la prohibida negra aurora.

A LA MADRE ANÓNIMA

Madre de hijos hechos a la lumbre


y de hijos impuestos por acoso,
somos la despoblada muchedumbre
de tu amor y tu vientre sin reposo.

Molías las palabras y el maíz,


trenzabas los caminos y las palmas.
Indios, negros, mestizos, tu matriz
nos ha dado los cuerpos y las almas.

Guarda tu soledad nuestros despojos


y en el claro de luna de tus ojos
el horizonte irrenunciable vemos.

También bendita entre las mujeres,


no tienes nombre, madre, pero eres
la América que somos y seremos.

SONETO LIBRE A LA PATRIA GRANDE

Y serás tú, por fin, la Patria Grande,


India, negra, criolla, libre, nuestra,
un Continente de fraternos Pueblos,
del Río Bravo hasta la Patagonia.

Banqueros, dictadores y oligarcas


engrosarán el polvo del olvido.
No pagarás la deuda que te hicieron.
No aceptarás más multinacionales

que Dios, la paz, el mar, el sol, la vida.


Despertarás los huesos de tus santos
y los arbolarás en pie de Historia.

Serás un parto de utopías ciertas


y el canto de tus bocas hermanadas
enseñará la dignidad al Mundo.

II. Centroamérica nuestra


CENTROAMÉRICA NUESTRA

Como un volcán en ti,


la paz de la Justicia.
Bandera de los Pobres,
como un viento de luchas,
la Libertad, en ti.

¡Centroamérica nuestra!,
toda en dolor de parto,
futura como el Reino,
diaria como el llanto.

Maíz de tierra y sangre, madura, la Esperanza.


Amor en cada piedra, tatuada de Historia.
Tortilla compartida, la Pascua verdadera.

¡Eje del Mundo Nuevo,


Centroamérica nuestra!

Calladla, eruditos, fariseos.


Dejadla en paz, los grandes, invasores.
Veladla, de rodillas, los pequeños.
(Dios la tenga en sus manos, día y noche,
como un pájaro en vuelo).

Que nadie aborte el sueño que late en la montaña.


Que nadie apague el fuego que dora de Promesa
las tiendas del exilio.

Que nadie vista el día


desnudamente nuestro
nace de la noche en Centroamérica.

CANTO DEL TIEMPO MAYA

Sopla el viento consignas


por las duras almenas,
y las piedras palpitan, como senos preñados,
revestidos de carne combatiente.
El tiempo es Tiempo Maya.

Con verde terquedad,


al sol de todos,
yergue el maíz paterno
sus millones de antorchas.

Entre el poder y el miedo,


transitorios,
muchos brazos custodian la insurrecta alborada.

Indígenas, no más,
sin credenciales,
allá en los campamentos -las tiendas del desierto-
los refugiados en su propia tierra
esperan regresar:

-Regresaremos
cuando en Guatemala
la «democracia»
ceda
lugar
a la Justicia;
cuando sea «cristiana»
la Verdad y no el nombre.
Yo vuelco en garzas blancas
sobre el campo, reseco y conculcado,
mis presagios profetas.

Cae la tarde como un desafío


de incitantes penumbras
delante de los montes
que se las saben todas.
Dolor y furia y canto desbordados,
el Agua Azul viene de Historia adentro,
y sube de la entera tierra maya,
como un cuenco hervoroso de promesas,
la sangre de los mártires.

El tiempo es Tiempo Maya.

-¡Seremos otra vez un Pueblo libre,


la nueva Guatemala!
Con almendrados ojos
veremos nuevamente la hermosura.
Veremos los quetzales caseramente nuestros.
Cruzaremos los cerros prohibidos,
ya en continua oleada de paz y fértil canto.
Cerraremos la herida de la impuesta frontera.
Barreremos, por fin, del calendario
tantos «días nefastos».
Sabias manos capaces
de darle al mundo opaco
luces de artesanía,
tejeremos la vida de colores,
trenzaremos la Historia de sorpresas diarias,
trabajadas en Paz y con Justicia
por el telar del Pueblo.

El tiempo es Tiempo Maya.

CHETUMAL

Yo me fui a comprar futuro


junto al mar.
La zona franca
no lo era bastante para mí.
No se compra la gracia de la vida.
No se negocia con el Pueblo.

La bandera en la piedra no ondeaba,


era piedra.
Pero el mar desplegaba, azul y verde,
más allá de mis ojos
su estandarte indomable.

El águila dorada posaba muerta al sol,


como una momia,
mientras cantaban libres, sobre el césped,
muchos zanates negros.

Centroamérica es, toda, esperanza.


Y «ellos» se están volviendo monumento irrisorio,
sal de olvido.

Daba el reloj las diez.


Daba la hora
de ser ya para siempre solidario
mi corazón.
América era mía como un beso de nupcias.
El Mar Caribe y yo seríamos mañana:
la singladura azul de la utopía.

DE MÉXICO A CHIAPAS

Manando leche y miel


cualquier tierra sería
promesa
para mí,
y para todos.

La espumosa blancura
que subía mi padre,
con sus manos venosas,
desde los olorosos mugidos del establo.

Los niños de El Quiché


no tienen leche.
Ven, beben,
sangre,
miedo.

Chochos los borriquillos


vuelven a su rutina.
Vuelve la Primavera
-nunca se sabe cómo-.

Y las abejas liban


el gozo del futuro,
compañeras del aire soleado,
guerrilleras tenaces del silencio.

-«Vamos seis años»,


dice el campesino,
como un Moisés;
y su mirada miel
se rasga en horizontes.

El viento ha desnudado
esos cerros insomnes.
La fe desnuda el corazón dispuesto.
Centroamérica toda
se me enrosca en el alma
como un pacto
de furor y ternura.

Quiero mirar sus niños


jugando a trastos viejos
con el imperio roto;
jugando a tierra libre,
como pájaros.

El mundo se hace tarde.


Pero la luna exhibe
su medallón de sueños.

Caminos solidarios
los caminos de Chiapas,
transitados de Reino.
las Casas nos acoge
como un dogma de piedra incontestable
perforando la noche.

GUATEMALA

Quetzales,
incapaces de ser esclavos,
dadnos
la fatal hermosura de vuestra Libertad.

Guatemala imposible ¡tan segura del Tiempo!


Invencible derrota,
conquistada esperanza,
matriz de sangre antigua,
¡Guatemala!

Maíz del Continente,


pan de nuestro futuro,
amasado en la piedra del silencio,
con las aguas del llanto...
Al rescoldo feraz de tus aldeas
coceremos la hogaza del mañana.
Dios traerá de nuevo hasta tus pechos los hijos exiliados,
y será cada muerto, redivivo, una aurora en tus ojos,
una raíz en flor para los nuestros.
La Biblia, secuestrada por los dioses del lucro y de la muerte,
será palabra viva en la boca del Pueblo.

Cada espera oprimida


-Guatemala que esperas hace siglos tu hora-
será un siglo de surcos venideros,
cosecha colectiva de esperanzas fraternas: ¡Amerindia!

¡Guatemala esperada tanto tiempo,


india hermosura nuestra,
imprescindible,
tan agónicamente deseada!¡

NO PASARÁN, ¡SE PASARÁN!

«No pasarán, amor, no pasarán».


¡Se pasarán!
Se pasarán de listos los que piensan
que pueden impedir que nazca el Día.
Se pasarán de necios si pretenden
acallar el volcán de corazones
de América Latina
Momotombo
de luchas y esperanzas.

Se pasarán de pútridos
recontando sus dólares de muerte.
Se pasarán de viejos
mientras nuestra chavala rojinegra
contamina de fiebres de utopía
a todas sus hermanas.
Se pasarán de escribas, esclavos de la ley,
mientras Jesús de Nazaret camina
-presencia solidaria de Dios- entre los Pobres.

... Si pasan por encima de nuestro cuerpo, un día,


no pasaremos nunca: ¡Amor, no pasarás!

LEONEL RUGAMA

-¡Que se rinda su madre,


que se rindan sus armas,
que se rindan sus dólares,
que se rinda su imperio!

Nosotros seguiremos avanzando


más allá de la muerte.

Santo negro amerindio,


Leonel,
compa,
hermano,
¡niño maestro nuestro!

Cada verso que dabas era un código vivo.


Y fue un volcán de luz tu testamento.

Decías «Libertad» y era el vuelo tu alma.


Decías «Compañero» y era el Pueblo.
Decías «Nicaragua» y era tu cuerpo muerto
la asteada bandera.

Decías «Hombre Nuevo» y eras tú.

Si callabas el Nombre sacrosanto,


lo gritaba tu vida consagrada al servicio.
Era el Dios de los Pobres
quien venía gritando en tus silencios.
Era el Cristo que un día reclamaste
quien se vino, de golpe,
derramado en tu sangre.

CANCIÓN SALVADOREÑA

Farabundo, corazón
que en El Salvador porfía.
Tan pequeña geografía,
tan tenaz revolución.
Se hace verdad la utopía
de Morazán, compañero.
Mujer, campesino, obrero
trenzaron sus manos ya.
Va a florecer San Romero
y El Salvador vencerá.
HONDURAS CLANDESTINA

Honduras, dulce Honduras,


calladamente nuestra,
hermana clandestina,
tus hermanas te llaman.
Todas las caracolas,
todas las garzas libres,
todos los muertos fieles
te llaman al abrazo.
(¡Centroamérica unida, Morazán,
«nuestro amor que no muere»!
¡Por amor de tu vida,
Centroamérica nuestra,
no callaremos más
hasta que rompa
la aurora en tu mirada,
hasta que estalle el sol de la Justicia
en mitad de tu pecho!).

Lempira, yergue el duro


pedernal de tu rostro
contra los invasores.
(Los traidores, Lempira, tú lo sabes,
cabalgan en la grupa del imperio).
Sea otra vez consigna
el Peñón de Cerquín.
Convoca en la unidad
a todos los rebeldes.

Sobre tu paz, Honduras,


la orquídea morada
oficia un prolongado Viernes Santo.
La sangre de Pavón y Landaverde
chorrea de tu boca, reciente de martirios.

Chorrea de tu cuerpo
mucha sangre sin nombre,
Honduras desangrada.
(Las malas Compañías
te han desangrado siempre).
Las bases del imperio, como clavos,
hierran tu pobre carne,
Honduras ocupada, Palmerola,
¡corazón ocupado de América Latina!

... Y, sin embargo, Honduras,


limpias bajan tus aguas
como el alma del Pueblo.
Duros, como verdades, perseveran
los guijarros desnudos, en tu cauce.
La niebla, como un código,
protege tus pinares
y el ritmo cauteloso
de tus hijos mejores.
Cimarrones alzados,
montaraces del día,
en las minas de Olancho
los esclavos despiertan
Los mártires de Olancho
vibran al sol sus palmas.
Tercos de rebeldía,
los huesos de Zelaya
levantan su trinchera.
Guadalupe, el testigo,
ha escrito en muchos ojos
sus huellas solidarias.

Llamas de Dios, unidas,


ocotes de la Iglesia,
crecen tus campesinos.
La Palabra germina en sus silencios.

Forjan los sindicatos


los brazos del futuro.
Campesinos y obreros
entrelazan sus pasos,
«taulabés» de la Historia,
«acortando el camino».

Hondureños, hermanos, ¡sed vosotros!


Grabad en cada piedra
de todos vuestros montes y quebradas
esta sola palabra: Dignidad.
Ponte de pie, en la noche,
y urge la madrugada,
Honduras clandestina.
Sean tuyos los montes,
limpios de mercenarios.
Tuyo sea el maíz,
libre de Compañías.
Sea tuya la vida, liberada.

Sobre tu boca, rota


de miseria y de espanto,
el Padre de los pobres
pondrá un guacal de Pascua,
leche y miel de alegría.
Cosecharás cantando
tu siembra de dolores.
No dirán más de ti «la que no es Pueblo».

La Virgen pequeñita de Suyapa


ha recorrido como una paloma
toda la patria herida, y con su vuelo
ha suscitado un aire de promesas.
¡En el Nombre de Dios,
contra todos los dioses,
amanece en tus cerros la esperanza!

III. Confesiones

VOY A PASAR LA VIDA

-Voy a pasar la vida


más o menos inútil,
más o menos poeta.
No habré tenido un hijo.
No habré sido magnate ni gerente de lucros,
ni albañil o mecánico.
Habré plantado unos contados árboles
y habré escrito unos libros,
muchas cartas,
hojas hijos al viento.

-Procura que la Gracia y la Ternura


llenen de vino nuevo ...
tu ánfora de barro.
Dios mide a su manera la eficacia.
Ama a todos los hijos de los hombres.
Di tus palabras como las semillas
que mueren pero brotan.
Haz de tu corazón célibe solo
un ambulante hogar desatrancado,
una lona de circo bullanguero.
Deja las digitales de tus pies peregrinos
como besos en llama solidaria
sobre la carne de la Madre Tierra.
Posa tus ojos, tibios ya de ocaso,
como lumbres de aceite, acurrucadas
en la vigilia universal del Tiempo.

DENTRO DE AUSCHWITZ

¿Cómo
hablar de Dios
después de Auschwitz?,
os preguntáis vosotros,
ahí, al otro lado del mar, en la abandancia.

¿Cómo
hablar de Dios
dentro de Auschwitz?,
se preguntan aquí los compañeros,
cargados de razón, de llanto y sangre,
metidos en la muerte
diaria
de millones...

ME ANUNCIAN OTRA VEZ LA ESPERADA

Me anuncian otra vez la esperada.


Me anuncian Tu visita.

Voy a poner en orden la casa del recuerdo.


Voy a vestir de flores de pobreza
mis sueños y mis iras.

A orillas de la tierra me aguarda la canoa...

Después,
mientras se explican
los pájaros, las ruedas,
los soles y las lunas,
yo espero que el silencio
diga, sobre mi sangre,
palabras verdaderas.

EL POSIBLE REVÓLVER CONVOCABA

El posible revólver convocaba


los odios y las sombras.
Dios estaría al quite, en todo caso,
y era preciso andar hasta la hora.
Pero mi corazón, chapado en fuegos,
sellaba, como el sol, la tarde agónica.

EL TIEMPO Y YO

-I-
La noche y yo luchamos
impotentes
y el gallo no proclama
los rounds de este combate.

El día
caerá
como un decreto
sobre esta lucha sorda
y yo seguiré siendo
el mismo personaje
de antes de esta noche.

-II-
El día y yo reñimos
azorados
por las contadas horas
que van de seis a veinte.
Mientras la luz nos cubre, como un manto,
el miedo de llegar a no ser día.

-III-
La tarde y yo morimos
silenciosos.
La noche
caerá
como un decreto
sobre las hojas mudas
que olvidarán la gloria de esta tarde
y el paso de mis ojos.

Mañana serán otros


el día y los humanos.

(Si no tuviera fe para negar la muerte,


quizás yo no tendría coraje de nombrarla).

TIEMPO DE FRUSTRACIÓN

Fueran otros tiempos,


yo te cantaría
soñándote nuestro
lucero del alba...
Hoy los gallos roncos
quiebran la redoma
de tu cara inútil
y un caballo exhausto
rumia en mis silencios
la impotente hora.
¿Para qué amaneces
si no va a ser día?
Lentamente el Pueblo,
fatalmente pobre,
surcará el cansancio
sobre el Araguaia.
Las orillas, ciegas,
impondrán el curso
de la ley y el orden.
Y arderemos todos,
como tablas sueltas
del difícil barco,
bajo un sol injusto.

SALMO 23
El Señor es mi Pastor...

Los pastores de mi casa


me enseñaron a sentirLo.
La «chivita» deportada
por la guerra fratricida
me ayudó a reconocerme
vigilado por sus Ojos,
añorado por sus Manos.

Yo sería un pastor
¿bueno?

Tu Palabra me alimenta, cada día,


como un valle.
Me convida tu Misterio, como un monte.
Como un río me penetra,
perdonado,
tu Ternura.

Pirineo y sus pastores,


por las rocas,
en la nieve,

por el Ésera desnudo tierra abajo,


por las noches estrelladas cielo arriba.

Los balidos impotentes me acosaban, siendo niño.


Los balidos de los pobres, degollados, me traspasan.
¿No bastaba con tu sangre, Pascua nuestra?

Si atardece en mis majadas,


Tú serás su paz caliente.
No les faltará tu silbo
cuando rompa el día nuevo.

Los mayores desencantos


puedo atravesar seguro.
¡Tú me llevas como un hombro,
Pastor bueno!

MALDITA SEA LA CRUZ

Maldita sea la cruz


que cargamos sin amor
como una fatal herencia.
Maldita sea la cruz
que echamos sobre los hombros
de los hermanos pequeños.

Maldita sea la cruz


que no quebramos a golpes
de libertad solidaria,
desnudos para la entrega,
rebeldes contra la muerte.

Maldita sea la cruz


que exhiben los opresores
en las paredes del banco,
detrás del trono impasible,
en el blasón de las armas,
sobre el escote del lujo,
ante los ojos del miedo.

Maldita sea la cruz


que el poder hinca en el Pueblo,
en nombre de Dios quizás.
Maldita sea la cruz
que la Iglesia justifica
- quizás en nombre de Cristo-
cuando debiera abrasarla
en llamas de profecía.

¡Maldita sea la cruz


que no pueda ser La Cruz!

ALGO TENEMOS, ROMA, DE ROMANOS

Algo tenemos, Roma, de romanos


todos los que heredamos
la leche del latín, la fe de Pedro.
A pesar del Imperio, detrás del Vaticano,
en la piedra y la sangre compartidas
todos tenemos mucho de romanos.

CARDENALES DE ROMA
Cardenales de Roma,
hermanos todavía:
¿Qué somos
si no somos
Pascua viva?
¿Qué celebramos
si no celebramos
toda la sangre en cada Misa?
¡Ay de las Curias
sin romerías!

No me quitéis la sangre de los mártires


del cáliz que alimenta mi osadía.

Si les priváis del Testimonio,


¿qué les queda a los Pobres de América Latina?

Roma, la misma Roma,


¿qué sería
si callase en sus piedras
la hermana sangre antigua?

YO, PECADOR Y OBISPO, ME CONFIESO

Yo, pecador y obispo, me confieso


de haber llegado a Roma con un bordón agreste;
de sorprender el Viento entre las columnatas
y de ensayar la quena a las barbas del órgano;
de haber llegado a Asís,
cercado de amapolas.

Yo, pecador y obispo, me confieso


de soñar con la Iglesia
vestida solamente de Evangelio y sandalias,
de creer en la Iglesia,
a pesar de la Iglesia, algunas veces;
de creer en el Reino, en todo caso
-caminando en Iglesia-.

Yo, pecador y obispo, me confieso


de haber visto a Jesús de Nazaret
anunciando también la Buena Nueva
a los pobres de América Latina;
de decirle a María: «¡Comadre nuestra, salve!»;
de celebrar la sangre de los que han sido fieles;
de andar de romerías...

Yo, pecador y obispo, me confieso


de amar a Nicaragua, la niña de la honda.
Yo, pecador y obispo, me confieso
de abrir cada mañana la ventana del Tiempo;
de hablar como un hermano a otro hermano;
de no perder el sueño, ni el canto, ni la risa;

de cultivar la flor de la Esperanza


entre las llagas del Resucitado.

PIENSA TAMBIÉN CON LOS PIES

Piensa también
con los pies
sobre el camino
cansado
por tantos pies caminantes.

Piensa también, sobre todo,


con el corazón
abierto
a todos los corazones
que laten igual que el tuyo,
como hermanos,
peregrinos,
heridos también de vida,
heridos quizá de muerte.

Piensa vital, conviviente


conflictivamente hermano,
tiernamente compañero.

TE LLAMARÁN POETA

Te llamarán poeta
para reirse de tus razones
que desentonan de su razón;
para zafarse de tu Evangelio
que les cuestiona a su propio Dios.

Te llamarán profeta
para exigirte lo que no son,
para llevarte hasta la muerte
y darte un póster en su salón

DIOS ES DIOS

Yo hago versos y creo en Dios.


Mis versos
andan llenos de Dios, como pulmones
llenos del aire vivo.
Carlos Drummond de Andrade
hace -hacía- versos,
mejores que los míos,
y no creía en Dios.
(Dios no es simplemente la Belleza).

El Ché entregó su vida por el Pueblo


y no veía a Dios en la montaña.
Yo no sé si podría convivir con los Pobres
si no topara a Dios en sus harapos;
si no estuviera Dios, como una brasa,

quemando mi egoísmo lentamente.


(Dios no es simplemente la Justicia).

Muchos humanos izan sus banderas


y cantan a la Vida,
dejando a Dios de un lado.
Yo sólo sé cantar dando Su Nombre.
(Dios no es simplemente la Alegría).

Quizá yo no sería capaz de estos caminos


si no estuviera Dios, como una aurora,
rompiéndome la niebla y el cansancio.
Y hay sabios que caminan imperturbablemente
contra el viso de Dios,
haciendo Historia,
desvelando misterios y preguntas.
(Dios no es simplemente la Verdad).
... Belleza sin ocaso,
Verdad sin argumentos,
Justicia sin retomos, Amor inesperado,
¡Dios es Dios simplemente!

AMOR CELOSO

Tú pides,
pides siempre,
pides mucho,
Señor.
Lo pides todo.
Te gusta ir entrando, como un fuego,
vida adentro de aquellos que te aman
y abrasarles las horas, los derechos, el juicio.
Tú haces los eunucos y los locos del Reino.
Abusas del amor
de los que son capaces
de abusar de tu Amor.

No muchos, más bien pocos.

(Todos podrán salvarse,


pocos quieren salvarte plenamente).

Teresa de Jesús, que lo sabía


de andar trochas y noches del Carmelo,
te lo advirtió. Inútilmente, claro.
Sigues siendo el Total,
la zarza ardiendo
sobre el Horeb de todos los llamados.

Delante de tu Gloria, Amor celoso,


no hay más gesto posible que descalzar el alma.
Tú eres. Tú nos haces.
Calcinándonos,
el Viento de tus llamas nos liberta.
Tú nos amas primero, en todo caso.

IV. Sacramentos
ESPOSA TIERRA

No quiero irme
sin haberte amado,
Tierra,
como una esposa.

Todos mis hijos nacen


de tu carne rasgada.

PAJARO SABIÁ

¿Qué me quieres decir,


profeta impenitente, no invitado,
oculto en los follajes de la Historia,
cantando todo el día
bajo un cielo incapaz de definirse?

¿Qué incómoda consigna


pretendes ensartarme con tu canto,
como una espina oscura, voraz,
atornillándome
el corazón cansado de consignas?

AL CIPRES DE EMBÚ

El cielo, los humanos y las cosas


devanas en la paz de tus follajes.
Brindan sus llamas junto a ti las rosas.
Los pájaros te cruzan sus mensajes.

Ovillo de certezas y desvelos,


la noche te clausura penitente,
el día aguza el filo de tus vuelos
y el corazón, gemelo, te consiente.

Adusto, no te niegas a la vida;


compacto, no rehuyes la acogida;
torre de Dios, subiendo no te evades...
Tenso vigía del entorno humano,
madura soledad, poeta hermano
de mis enardecidas soledades.

LAS GARZAS BLANCAS

No consigo mirarlas
indiferentemente.

Me saben todavía
a detalle de Dios.

Capullos de blancura
dando entorno a las aguas.

Anforas escogidas,
llenas de sol primero.

Algodones alados
que vendan mis poemas.

RIO DAS MORTES

No pasa nada en este río.


Pasan
las formas de las nubes,
las copas invertidas,
la sombras de las alas,
nuestros ojos.
Pasamos.
Pasa el río.

LA HIEDRA CUBRE EL TRONCO

La hiedra cubre el tronco


muerto del Latifundio.

Las venas de mi Pueblo


trepan hacia el futuro.
¡ESAS MADRES!

¡Esas madres
con sus hijos
que son tuyos, Padre nuestro!
¡Esas pobres de la tierra
que se mueren dando vida!
¡Ese mundo que las mata!
¡Esa casa inhabitable
que fue casa de tu Hijo!
¿¡Dónde estamos,
Tú y nosotros,
Padre nuestro?

LOCA DE UN PARTO MUERTO

Loca de un parto muerto,


vuelta a sus cinco años
leves como unas plumas
de antes de las ciudades
india tapuia ella,
ríe toda, callada,
pájaro en los cabellos
de su marido niño.
Sabe que él la ama
y es todo lo que sabe.

El incrusta en silencios
sus contadas palabras
de un dolor prematuro.
Vuelve el rostro a la tierra
del menguado destino
y recoge el abrazo
de la niña demente
como un hombre de antaño,
corazón enterizo.

GUSTAVO GUTIÉRREZ
Guiña chistes y chismes escolásticos,
cortando
con el aire de su nariz incaica,
el miedo y la tristeza
de todo un Continente.

Cojeando, bajito, va muy alto y muy lejos...

La pelada testuz de un adivino


-roca del Machu-Pichu, morada del Misterio-
corona su cabeza luminosa.

(Perú
-Costa del Mar, menos pacífico,
que debería ser vaivén hermano.
-Sierra del Viento nuestro en flautas libres.
-Selva a las puertas de la Amazonía,
conquista de codicia y de masacre,
Oriente del Mañana de los pobres).

Ronca palabra de maestro antigno,


suelta en sabias cascadas. Tiempo adentro,
recogiendo las rocas de la Muerte,
fecundando los valles de la Vida.

«Suma» criolla de Liberación.

Exegeta de Marx,
críticamente
sabe afeitarle al viejo
la dialéctica barba,
respetándole el rostro
de profeta del Lucro y de la Historia.

Testigo fiel del Verbo y de los hombres,


lleva su corazón en punto alerta
con la Hora de América Amerindia.
Agudo curtidor de odres nuevos
para el antiguo Vino.
Asesor de las células cristianas
que hacen nueva la Iglesia,
desde la base, al soplo del Espíritu.

Tomasito de América Latina


(con el perdón de la cansada Europa,
con la segura complacencia hermana
de Tomás, el de Aquino).

LOS MÁRTIRES DE LA ANDADURA DEL PUEBLO


Ante el mural
de Maximino Cerezo Barredo,
en el Santuario de los Mártires
de Riberão Bonito, MT.

Amparan el Camino las manos de Su Padre.


Y el Espíritu sella la andadura,
con las alas abiertas Paz adentro.
El Primero en nacer desde la muerte,
Jesús, Testigo Fiel, rompe la marcha
y con la gloriosa mano herida
cancela la vigencia de la antigua tiniebla.

El rostro cotidiano del Pueblo está en Su Rostro.


Y van con El, hermanos de combate,
João Bosco, Margarida,
Rodolfo, Gringo, Tião,
Josimo, Chico, Santo,
¡... tantos, tantas!

San Romero celebra Eucaristía


en el ara mayor del continente,
vistiendo en profecía derramada
la estola de los mayas redivivos.
Mientras Marçal, el guaraní, empuña
la espiga del maíz,
pan de nuestra Amerindia.

Gritan las herramientas


la fuerza del trabajo organizado,
el fraterno poder de las manos unidas.

Por detrás de la cárcel, derribada


a golpes de una terca rebeldía,
rompe la gracia matinal del Reino.
Y las cercas de alambre se retuercen,
quebradas por la marcha justiciera.

La noche todavía mantiene en sus mazmorras


hermanos torturados.
Hay desaparecidos todavía
en los silencios cómplices.

¡Inútilmente, Imperio, inútilmente!


Nuestros caídos mueren
con la Esperanza en flor entre las manos.
Nuestros muertos caminan empujando la Historia.
Contra los alaridos de la Muerte,
gritamos las consignas: ¡Tierra! ¡Liberación!,
canto coral de todo un Pueblo en marcha.

Bajo esa clara nube de tanto testimonio,


herederos de Sangre,
testigos de testigos,
con ellos caminamos liberando el Futuro.
Caminamos por El, Horizonte y Camino.
Hijos de un mismo Padre,
nacidos de Su Muerte,
memoria de El y de Ellos,
¡celebramos la Pascua!

MERURI, 10 AÑOS DESPUÉS


En la aldea de Meruri, de los indios Bororo
escenario del martirio del P. Rodolfo y del indio Simão,
durante la segunda celebración funeraria.

La tarde dora el aire estremecido


y dora el polvo sobre el coche intruso,
zurcido por las aves sorprendidas.

La tarde dora la palmera inmóvil,


testigo del vaivén de los humanos
- indios, terratenientes, misioneros-.

Meruri acoge el llanto arremansado


sobre los huesos que las plumas ciñen
de un vuelo imprevisible pero cierto.

La luna nos contempla, retraída,


como un sello de plata prematuro.
La tarde dora el aire y la memoria,
dora en semilla de Bororo y Cristo
la sangre de Simão y de Rodolfo.

DECIR TU NOMBRE, MARÍA

Decir tu nombre, María,


es decir que la Pobreza
compra los ojos de Dios.

Decir tu nombre, María,


es decir que la Promesa
sabe a leche de mujer.

Decir tu nombre, María,


es decir que nuestra carne
viste el silencio del Verbo.

Decir tu nombre, María,


es decir que el Reino viene
caminando con la Historia.

Decir tu nombre, María,


es decir junto a la Cruz
y en las llamas del Espíritu.

Decir tu nombre, María,


es decir que todo nombre
puede estar lleno de Gracia.

Decir tu nombre, María,


es decir que toda muerte
puede ser también Su Pascua.

Decir tu nombre, María,


es decirte Toda Suya,
Causa de Nuestra Alegría.

EUCARISTÍA
Para Arturo Paoli
Mis manos, esas manos y Tus manos
hacemos este Gesto, compartida
la mesa y el destino, como hermanos.
Las vidas en Tu muerte y en Tu vida.

Unidos en el pan los muchos granos,


iremos aprendiendo a ser la unida
Ciudad de Dios, Ciudad de los humanos.
Comiéndote sabremos ser comida.

El vino de sus venas nos provoca.


El pan que ellos no tienen nos convoca
a ser Contigo el pan de cada día.

Llamados por la luz de Tu memoria,


marchamos hacia el Reino haciendo Historia,
fraterna y subversiva Eucaristía.

V. Antífonas
¿Para qué tu Navidad
si no hay gloria en las alturas
ni en la tierra paz?
y a José y María
no les dan lugar
ni dentro ni fuera
de la ciudad?
y la Buena Nueva
ya no es novedad?
y mandan
callar
a todos los ángeles
que osan cantar?
¿Para qué,
para quién, Niño,
tu Navidad?

Dinos cuál es tu Dios, Jesús; enséñanos


a no hacerlo el Dios que no lo haces.
¡Devuélvenos tu Dios,
mostrándonos el Padre!

Entre tu rostro humano


y la gloria de Dios
está el abismo
de nuestra fe y tu muerte.

¿Dónde estará
la Paz
que Tú nos has dejado
si no hay paz
en medio de nosotros?

Tú eres
tanto
la Paz
como el Desasosiego.

DEUS ABSCÓNDITUS

Eres un Dios escondido,


pero en la carne de un hombre.
Eres un Dios escondido
en cada rostro de pobre.
Más tu Amor se nos revela
cuanto más se nos esconde.

Siempre entre Tú y yo,


un puente.
Es imposible el vado.

Tanto me llamas Tú
como Te busco yo.
Los dos somos encuentro.
Haciéndome el que soy
-anhelo y búsqueda-
Tú eres el que eres
-don y abrazo-.

ASAMBLEA EPISCOPAL

¡Este lujo, Señor,


de pensar tu Evangelio,
cercados de jardines,
y hacer la Eucaristía,
hartas siempre las mesas,
y lanzar documentos,
sin lanzarnos nosotros,
mientras la muerte sigue...!

Voy a decir de Ti
mi última palabra.
(Siempre penúltima
y mía siempre).

Espero que me digas


tu palabra
reproche,
tu palabra
respuesta,
tu palabra
convite.
¡Díteme tú, Palabra!

De ti, sólo de Ti, siento sed y nostalgia.


Todas las aguas vivas
me hablan de Ti, oh Fuente.
Vivo para el retorno.
Busco, como un espejo
herido de penumbras,
la llama de Tu Rostro.

VI. Proverbios
El pobre malo
tiene una ventaja:
la de ser pobre.
El rico malo,
dos inconvenientes.

De astilla
en astilla
hasta el Madero.
-Hay que prevenir la guerra
haciéndola,
dictaminan las geopolíticas.
Matemos para vivir
militarmente.
¡Abajo las vidas,
arriba las armas!

El Sur,
el Sur,
¡no el Occidente, hermanos!

Somos pobres,
pero somos
mayoría
¡y el futuro!

Gracias a tu ayer,
habrá para ellos
un mañana,
hermano.

Mi hoy, entre los dos,


ha de ser responsable
como un arco de Historia
en el puente del Reino.

¿Qué le dice el Tercer Mundo


al Primer Mundo?
- ¡Si no fuerais lo que sois,
podríamos ser
los que somos!
¿Por qué lo que es de todos
no es de nadie,
si todos somos todos?

Dos son los problemas,


dos:
los demás
y yo.

Vuestros tiempos perdidos


son mi tiempo de canto.
Me anticipo a gritaros que ya es hora.
(Quizás roncos de angustia,
por causa de la noche,
los gallos, los poetas, despertamos el día).

PALABRA

Este frágil sonido con que abrazo


el río, tu mirada, la estrella de Belén,
la barca inevitable hacia el ocaso
y el mismo Dios también.

El primer tomo de CEHILA


-ese reverso de la Historia-
es nada menos que la Biblia

.Como un péndulo
voy,
viviente y libre,
entre la angustia y la acción de gracias.
El contemplativo
es un productor
de gratuidad.

Después del Viernes Santo,


Jerusalén es margen y camino,
fuera de las murallas.
Fuera de la Ciudad,
en el velo del Viento
Dios esconde y revela
su mirada de hombre.

Volver al mismo surco,


pero hundiendo
la reja del arado
cada vez más adentro.
Hasta la tierra viva
de donde brota el Reino.

El silencio de Dios ignora el grito


de esas noches humanas.
La muerte las habita.
No os riáis de sus miedos
invocando a la luna

.Otra vez hecho carne


de locura
acontecía Dios
en mi silencio

.La Eucaristía
que no es mesa
acaba siendo
pura blasfemia.
Solamente en el Kronos,
con sus días ceniza,
se da el Kairós del Reino,
luminoso y opaco.

Franqueó su corazón
como un silo.
Grano a grano,
los dolores de su Pueblo
lo han colmado.

No basta con dar pan,


hay que dar hambre.
No basta con que des el Evangelio:
has de abrir, con tu vida,
la pasión de comerlo.

En los ásperos dientes de la Historia


vuelca tu corazón como una alcuza
llena de Dios
y de ternura.

El camello que no pasa


por el ojo de una aguja,
entra en cualquier catedral.

Lo malo no será
perder el tren de la Historia,
sino perder el Dios vivo
que viaja en ese tren.
El amor no es bueno
por ser mandamiento,
mas por ser amor

.Paz,
pan,
paz:
Con una «n» no más,
ya le has puesto sangre nueva
al corazón de la Paz.

Como esta rosa


en medio
de las espigas útiles,
tú debes ser ternura en el combate.
Mientras caen los granos para el surco del Reino,
no dejes se marchiten los pétalos del canto.

Si en medio de la Iglesia
te sientes hoy, hermano,
como un leproso antiguo,
¡no atropelles el tránsito
ni dejes el Camino!

Junto con los otros,


pero abierto al Otro,
como el gran Ausente,
como el gran Presente,
como el otro Otro.

Contra los cañones,


versos. Y versos
bajo los cánones...
Libre,
pero ceñido de una malla
de límites sumisos,
de escándalos ajenos.

No encajes la amargura
del golpe de la azada.
Abrete a la fecunda
visita de la siembra.

La paz, como la rosa,


en cualquier clima,
sólo crece cuidada
y con espinas.

Delante de los ojos


el calendario entero.
Pero en la mesa
el pan diario.

Jesús es
en persona
la controversia de Dios.
¿De qué Dios se trata, hermanos?

No hay prueba mayor de Dios


que ese final de la Cruz.

No hay cabeza viva


sin su corazón:
¡la ideología!
Tu cabeza sólo anda
en la medida en que
caminan sobre la tierra
tus propios pies.

Si no tienes
demasiado,
podrás tener el Espíritu
y ser hermano,
hijo en el Hijo.

Entre tú y yo,
la distancia, yo.
Pero el puente, hermano,
nosotros dos.

No sé los nombres de todos,


pero me aprendo sus ojos,
y por sus ojos los llamo.

El pájaro se fue
y dejó de sí,
por todo testamento,
este latido verde
temblando sobre el río.

Esta es nuestra alternativa:


vivos
o resucitados.

Este libro fue editado originalmente por


Editorial Verbo Divino
Estella, España, 1989
Koinonia Vd esta aquÌ: KoinonÌa> MonseÒor Romero > San Romero de AmÈrica

San Romero de América, Pastor y Mártir nuestro

El ángel del Señor anunció en la víspera...

El corazón de El Salvador marcaba


24 de marzo y de agonía.
Tú ofrecías el Pan,
el Cuerpo Vivo
-el triturado cuerpo de tu Pueblo;
Su derramada Sangre victoriosa
-¡la sangre campesina de tu Pueblo en masacre
que ha de teñir en vinos de alegría la aurora conjurada!

El ángel del Señor anunció en la víspera,


y el Verbo se hizo muerte, otra vez, en tu muerte;
como se hace muerte, cada día, en la carne desnuda de tu Pueblo.

¡Y se hizo vida nueva


en nuestra vieja Iglesia!

Estamos otra vez en pie de testimonio,


¡San Romero de América, pastor y mártir nuestro!
Romero de la paz casi imposible en esta tierra en guerra.
Romero en flor morada de la esperanza incólume de todo el Continente.
Romero de la Pascua latinoamericana.
Pobre pastor glorioso, asesinado a sueldo, a dólar, a divisa.

Como Jesús, por orden del Imperio.


¡Pobre pastor glorioso,
abandonado
por tus propios hermanos de báculo y de Mesa...!
(Las curias no podían entenderte:
ninguna sinagoga bien montada puede entender a Cristo).

Tu pobrería sí te acompañaba,
en desespero fiel,
pasto y rebaño, a un tiempo, de tu misión profética.
El Pueblo te hizo santo.
La hora de tu Pueblo te consagró en el kairós.
Los pobres te enseñaron a leer el Evangelio.

Como un hermano herido por tanta muerte hermana,


tú sabías llorar, solo, en el Huerto.
Sabías tener miedo, como un hombre en combate.
¡Pero sabías dar a tu palabra, libre, su timbre de campana!

Y supiste beber el doble cáliz del Altar y del Pueblo,


con una sola mano consagrada al servicio.
América Latina ya te ha puesto en su gloria de Bernini
en la espuma-aureola de sus mares,
en el retablo antiguo de los Andes alertos,
en el dosel airado de todas sus florestas,
en la canción de todos sus caminos,
en el calvario nuevo de todas sus prisiones,
de todas sus trincheras,
de todos sus altares...
¡En el ara segura del corazón insomne de sus hijos!

San Romero de América, pastor y mártir nuestro:


¡nadie hará callar tu última homilía!

Pedro Casaldáliga
AL BUEN PASTOR GERARDI, MÁRTIR DE LA
MEMORIA

Venías del Quiché, del Quiché mártir;


de la tierra arrasada;
de los muchos exilios de tu Pueblo;
de una larga agonía de silencios y esperas;
de unos altos volcanes, contenidos
de indignación profética....

Querías "construir un país otro",


soñabas una nueva Verapaz.
"La construcción del Reino tiene riesgos",
lo sabías muy bien, pero vivías
los derechos humanos como sueños divinos;
con tu sed de justicia verdadera;
en tu opción por las víctimas, que son también los pobres.

Venías libre y fuerte, curtido en Evangelio,


vestido de una chumpa popular,
con buen humor chapín,
Juanito, monseñor, sabio y correcto
como un patriarca maya.

Levantaste tu voz en el Congreso,


en los foros del mundo,
y el informe del REMHI y de la ODHA
recogían, por fin, la voz callada,
la verdad de la Historia.
Vigía de la noche y de la aurora,
pastor de un Pueblo insomne,
la paz necesitaba la firma de tu sangre
y la diste, total, limpia y hermosa
como un cáliz de Pascua.

Quebrantaron tus ojos, porque vieron


la masacre de un Pueblo;
la concha de tu oído que acogió su clamor inteminable;
tu boca profetisa que le ha devuelto el canto....
Pero en tu rostro, roto por el odio,
como en un colectivo lienzo de la Verónica,
han reaparecido todos los rostros muertos,
vivientes para siempre!
Las columnas matrices de nuestra catedral
han puesto al sol de Dios y de la Historia
los nombres que ha marcado la sangre del Cordero.
Y el 26 de Abril se ha vuelto fecha-hito,
aleluya pascual de marimba y claveles,
kairós de libertad en la Iglesia y la Patria.
La piedra que trizó tu cuerpo ungido
te hizo piedra angular de la memoria viva.

Vamos a hacer verdad de la memoria


y "esa verdad será que no hay olvido".
Habrá perdón, pero no habrá olvido.
Juramos: "Guatemala: ¡Nunca más!"
Nunca más dictaduras ni masacres,
ni miedos suicidas, ni cómplices silencios.
¡Siempre más Guatemala, libre, india, fraterna!
Y granará el maíz de la justicia maya,
florecerá la paz en las orquídeas
-blancas de luz, moradas de memoria-,
y el vuelo del quetzal bordará la utopía.

Tu muerte, buen pastor, no ha sido en vano.


Guiados por tu ejemplo, nosotros seguiremos
forjando la verdad y la justicia,
dando la voz al canto enmudecido,
dando esperanza al Pueblo caminante,
dando la vida al Reino de los pobres.
La sombras del poder y la mentira
pretenden empañar, inutilmente,
la gracia de tu gloria.
¡Ya estás en plena Luz, en vera Paz,
y eres la Iglesia viva, la nueva Guatemala!

¡Nadie nos borrará de la memoria


tu memoria, Gerardi,
mártir de la Memoria !

Pedro Casaldáliga

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