•J L.
Austin
COMO HACER
COSAS
CON PALABRAS
«k
PATDOS STUDIO
CONFERENCIA I
L o que habré de decir aquí rio es difícil ni polé
m ico; el único mérito que quisiera reivindicar para
m i exposición es que es verdadera, por lo menos en
parte. El fenóm eno que exam inaré es m u y difun
dido y m u y obvio, y sería imposible que otros no lo
hubieran advertido, al menos ocasionalmente. Sin
embargo, no he visto que se le preste atención de
manera específica.
Durante m ucho tiempo los filósofos han presu
puesto que el papel de un “ enunciado” sólo puede
ser “ describir” algún estado de cosas, o “ enunciar
algún hecho” , con verdad o falsedad. Es cierto que
los gramáticos han señalado siempre que no todas
las “ oraciones” son (usadas para form ular) enun
ciados 1: tradicionalmente, junto a los enunciados
(de los gramáticos) hay también preguntas y ex
clamaciones, y oraciones que expresan órdenes o
deseos o permisiones. Y los filósofos no se han p ro
puesto negarlo, pese a algún em pleo poco riguroso
de “ oración” para significar “ enunciado” . Sin duda,
también, tanto los gramáticos com o los filósofos han
caído en la cuenta de que ni siquiera es en m odo á l-
1 Por supuesto, nunca es realmente correcto decir que una
oración es un enunciado. M as bien lo correcto es decir que la
oración es usada al hacer un enunciado. El enunciado mismo
es una “ construcción lógica” a partir de las form ulaciones de
enunciados.
¡2 J. L. A U S T IN
guno fácil distinguir las preguntas, las órdenes, etc.
de los enunciados por medio de los escasos e insa
tisfactorios criterios gramaticales disponibles, tales
com o el orden de las palabras, el modo verbal, etc.,
aunque quizá no ha sido com ún detenerse en las
dificultades que este hecho obviamente suscita. P or
que, ¿cóm o habrem os de decidir cuál es cuál?
¿Cuáles son los límites y las definiciones de cada
grupo?
Pero en los últimos años, muchas cosas que ante
riorm ente habrían sido aceptadas sin objeciones
com o “ enunciados” , tanto por los filósofos com o por
los gramáticos, han sido examinadas con renovada
atención. Este exam en, en cierto m odo, surgió en
form a indirecta, al menos en el campo de la filo
sofía. Prim ero apareció el punto de vista, no siem
pre expuesto sin un infortunado dogmatismo, de que
un enunciado (fáctico i debe ser “ verificable” . y
esto llevó a pensar que m uchos “ enunciados” sólo
son lo que puede denom inarse seudo-enunciados.
En prim er término, y en form a más obvia, se m os
tró que m uchos “ enunciados’' son, com o Kant fue
quizás el prim ero en sostener sistemáticamente,
sinsentidos estrictos, pese a su forma gramatical
impecable. El continuo descubrimiento de nuevos
tipos de sinsentidos ha sido, en conjunto, benefi
cioso, por poco sistemática que haya sido la clasifi
cación de ellos, y por misteriosa que hava seguido
siendo su explicación. Sin embargo, aun los filóso
fos establecemos ciertos límites a la dosis de sinsen-
tido que estamos dispuestos a reconocer que deci
mos; de tal m odo fue natural preguntar, en una
segunda etapa, si m uchos que parecían seudo-enun-
ciados eran en realidad enunciados. Ha llegado a
sostenerse corrientem ente que muchas expresiones,
PALABRAS Y A C C IO N E S 43
que parecen enunciados, o bien no son formuladas
en absoluto para registrar o suministrar inform a
ción directa acerca de los hechos, o tienen ese p ro
pósito sólo en parte. Por ejem plo, las ‘‘ proposiciones
éticas” quizá persiguen manifestar emociones, ex
clusiva o parcialmente, o bien prescribir conducta o
influirla de maneras especiales. Tam bién aquí Kant
se cuenta entre los pioneros. A menudo, también
usamos expresiones en modos que. por lo menos,
están más allá del ámbito de la gramática tradi
cional. Se ha llegado a advertir que muchas pala
bras especialmente desconcertantes, incluidas en
enunciados que parecen ser descriptivos, no sirven
para indicar alguna característica adicional, par
ticularmente curiosa o extraña, de la realidad, sino
para indicar (y no para registrar) las circunstan
cias en que se formula el enunciado o las restric
ciones a que está sometido, o la manera en que debe
ser tomado, etc. Pasar por alto estas posibilidades,
tal com o antes era com ún, es com eter la llamada
falacia ‘ ‘descriptiva” . Quizás esta no sea. empero,
una buena denom inación, puesto que “ descriptiva”
es. en sí misma, una palabra específica. No todos
los enunciados verdaderos o falsos son descripcio
nes; por esta razón prefiero usar la palabra “ cons-
tatativo” *. Siguiendo esta línea se ha mostrado,
fragmentariamente hasta ahora, o por lo menos se
lo ha presentado com o probable, que muchas per
plejidades filosóficas tradicionales han surgido m er
ced a un error: el error de tomar com o enunciados
fácticos lisos v llanos a expresiones que son sinsen-
* “ Constatativo" es. por supuesto, un neologismo derivado
del galicismo “ constatar". Austin usa “ constalive" que. en
inglés, también es un neologismo. (T .)
44 J. L. A U S T IN
tidos de maneras interesantes, aunque no desde un
punto de vista gramatical, o bien que han sido for
muladas con un propósito diferente.
Cualquiera sea nuestra opinión acerca de alguno
de estos puntos de vista y sugerencias, y por m ucho
que podamos lamentar la confusión inicial en que
la doctrina y el m étodo filosófico fueron sum ergi
dos, no se puede dudar que aquéllos están produ
ciendo una revolución en filosofía. Si alguien desea
llamarla la m ayor y más saludable revolución en
toda su historia, esta no sería, después de todo, una
pretensión desmesurada. N o debe sorprender que
los com ienzos hayan sido fragmentarios, con parti
pris y guiados por fines diversos. Esto es com ún en
todas las revoluciones.
Delimitación preliminar del realizativo * 2
El tipo de expresión lingüística que hemos de
considerar aquí, no es en general un tipo de sinsen-
tido; aunque, com o veremos, el m al uso de ella
puede originar variedades especiales de “ sinsen-
tido” . M ás bien pertenece a la segunda clase: a la
de las expresiones lingüísticas que se disfrazan.
Pero en m odo alguno se disfraza necesariamente de
enunciado fáctico, descriptivo o “ constatativo” . Sin
embargo, es bastante com ún que así lo haga y, cu-
* “ R ealizativo" es un neologism o derivado de “ realizar” .
Lo m ism o ocurre, en el original inglés, con “ perform ative” .
derivado del verbo “ to perfórm*’ . Austin aclara, más adelante,
por qué ha elegido osa expresión. Esas mismas razones pue
den extenderse a “ realizativo". (T .)
2 T od o lo que digo en estos apartados es provisional, y
debe ser revisado a la luz de lo que se expresa más adelante.
PALABRAS Y A C C IO N E S 45
l iosamente, que ello ocurra cuando asume su forma
más explícita. Creo que los gramáticos no han visto
lo que hay detrás del "‘disfraz” , y los filósofos, en el
m ejor de los casos, sólo lo han hecho en forma inci
dental :i. Será conveniente, en consecuencia, estu
diar prim ero dicho tipo de expresión lingüística en
esta form a engañosa, para poner de manifiesto sus
características contrastándolas con las de los enun
ciados fácticos que imitan.
Comenzaremos, pues, poniendo com o ejemplos
algunas expresiones lingüísticas que no pueden ser
subsumidas en ninguna categoría gramatical a dm i
tida hasta ahora, excepto la de “ enunciado” . Dichas
expresiones 1 1 0 son un sinsentido, y no contienen
ninguna de esas señales de peligro verbales que los
filósofos han descubierto, o creen haber descubierto.
M e refiero a palabras curiosas com o “ bueno” o “ to
dos” . a verbos sospechosos tales com o “ poder” o
"deber” , y a construcciones dudosas tales com o la
de los enunciados hipotéticos. Todos nuestros ejem
plos tendrán, com o se verá, verbos en la primera
persona del singular del presente del indicativo en
la voz activa 4. Se pueden hallar expresiones que
satisfacen estos requisitos y que. sin embargo:
A j no "describen” o “ registran” nada, y 1 1 0 son
"verdaderas o falsas” ; y
B) el acto de expresar la oración es realizar una
acción, o parte de ella, acción que a su vez no sería
Á Los juristas debieran ser. entre todos, los más conscientes
del verdadero estado de cosas. Algunos, quizá, ya lo son. Sin
embargo están dispuestos a entregarse a su medrosa ficción
fie que un enunciado ‘ de derecho" es un enunciado de hecho.
4 Esto no es casual: todos ellos son realizativos “ explícitos**
y pertenecen a esa clase avasalladora que más adelante
llamaremos la de los ' ‘eji»rcitativos'\
46 J. I.. A U S T IN
n orm alm ente descripta com o consistente en decir
algo.
Esto dista de ser tan paradójico com o puede pare
cer, o com o, no sin m ala intención, he tratado de
presentarlo. En realidad los siguientes ejem plos
pueden parecer decepcionantes.
E.a) “ Sí, juro (desem peñar el cargo con lealtad,
honradez, etc.” ), expresado en el curso de la cere
m onia de asunción de un cargo 5.
E .b) “ Bautizo este barco Q ueen Elizabeth” , ex
presado al rom per la botella de champaña contra
la proa.
E .c) “ Lego m i reloj a m i herm ano” , com o cláu
sula de un testamento.
E .d) “ T e apuesto cien pesos a que mañana va a
llover” .
En estos ejem plos parece claro que expresar la
oración (por supuesto que en las circunstancias
apropiadas) no es describir ni hacer aquello que se
diría que hago al expresarme asi u, o enunciar que
lo esto}- haciendo: es hacerlo. N inguna de las ex
presiones mencionadas es verdadera o falsa; afirm o
esto com o obvio y no lo discutiré, pues es tan poco
•* En el original inglés se alude a una cerem onia nupcial
y se ejem plifica con las palabras “ I do” dichas por el novio.
J. O. Urm son incluyó allí la siguiente nota: “ Austin advirtió
demasiado tarde que la expresión « / do» no se usa en la
ceremonia nupcial; ya no podía enmendar su error. No
hemos m odificado su ejem plo porque el error carece de im
portancia filosófica” . Nosotros hemos reemplazado aquí y en
el resto del libro, los ejem plos referentes al acto de casarse
porque ios contrayentes no emplean, entre nosotros, expre
siones realizativas ni otras que puedan confundirse con
ellas. (T .)
R M enos aún algo que ya he hecho o que no he hecho
todavía.
PALABRAS Y A C C IO N E S 47
discutible com o sostener que “ ¡m aldición!” no es
una expresión verdadera o falsa. Puede ocurrir que
la expresión lingüística “ sirva para inform ar a
otro” , pero esto es cosa distinta. Bautizar el barco
es decir (en las circunstancias apropiadas) la pa
labra “ Bautizo. . . ” Cuando, con la mano sobre los
Evangelios y en presencia del funcionario apro
piado, digo “ ¡Sí, ju ro!” , no estoy inform ando acerca
de un juram ento; lo estoy prestando.
¿Cómo llamaremos a una oración o a una expre
sión de este tipo ? 7 Propongo denom inarla oración
realizativa o expresión realizativa o, para abreviar,
“ un realizativo” . La palabra “ realizativo” será
usada en muchas form as y construcciones conec
tadas entre sí, tal com o ocurre con el término “ im
perativo” s. Deriva, por supuesto, de “ realizar” , que
es el verbo usual que se antepone al sustantivo
“ acción” . Indica que emitir la expresión es realizar
una acción y que ésta no se concibe normalmente
com o el m ero decir algo.
H ay otras palabras que pueden presentarse com o
candidatas, cada una de las cuales cubriría adecua
damente esta o aquella clase más o menos amplia
de realizativos. Por ejem plo, m uchos de éstos son
7 Las oraciones form an una clase de “ expresiones lingüís
ticas” . Esta clase debe ser definida, según pienso, en forma
gramatical. T en go mis dudas, empero, de que se haya dado
ya una definición satisfactoria. Las expresiones realizati
vas son contrastadas, por ejem plo y esencialmente, con las
expresiones “ constatativas” . Em itir una expresión constatativa
(es decir, emitirla con una referencia histórica) es hacer
enunciado. Em itir una expresión realizativa es, por ejem plo,
hacer una apuesta. V er infra lo relativo a “ ilocuciones” .
K En otras ocasiones usé la palabra “ realizatoria” ( “ p erfor-
m atory” ) , pero ahora prefiero “ realizativa” porque es menos
fea. más manejable, y porque su form ación es más tradicional.
48 J. 1.. A U S T IN
expresiones contractuales ( ‘ 'te apuesto” ) o decla
ratorias ( ‘ 'declaro abierta la sesión" i. Pero 11 0 co
nozco ninguna palabra en uso corriente que tenga
amplitud suficiente com o para abarcarlos a todos.
La palabra que más se aproxima a lo que necesi
tamos es, quizás, el término técnico inglés “ opera-
tive’ ’ ( '‘operativo” ) en el sentido estricto que le dan
los abogados para aludir a aquellas cláusulas de un
instrumento que sirven para realizar la transacción
(transferencia de un inm ueble o lo que sea) que
constituye el objeto principal de aquél, mientras
que el resto dwl m ism o simplemente “ refiere las
circunstancias en que el acto se lleva a c a b o 9. Pero
‘op erative” tiene otras acepciones, y h oy en día se
usa a m enudo para significar poco más que “ efi
caz” o “ conducente” . M e he decidido por una
palabra nueva; aunque su etimología 1 1 0 es irrele-
vante. quizás no nos sintamos tentados a atribuirle
algún significado preconcebido.
Decir y hacer
Cabe preguntar entonces si habremos de afirm ar
cosas com o estas:
‘ Bautizar es decir unas pocas palabras” , o
“ Apostar es simplemente decir algo” .
En un principio tal idea suena rara o aun im per
tinente. pero puede llegar a no serlo si adoptamos
suficientes precauciones. Una objeción inicial de
peso, que no carece de importancia, puede ser ésta.
En m uchos casos es posible realizar un acto exac
tamente del mismo tipo, no con palabras, escritas
D ebo esta observación al profesor H. I.. A. Hart.
PALABRAS Y A C C IO N E S 49
o habladas, sino de otra manera. Por ejemplo,
puedo apostar colocando una moneda en la ranura
de una m áquina automática. Podríamos entonces
transformar la correspondiente proposición anterior
de algunas de estas maneras: “ decir ciertas pocas
palabras es apostar” , o “ apostar, en algunos casos,
es simplemente decir unas pocas palabras” , o “ decir
simplemente algo determinado es apostar” .
Pero probablemente la verdadera razón que hace
que tales observaciones parezcan peligrosas reside
en otro hecho obvio, al que tendremos que volver
con más detalle más adelante. Se trata de lo si
guiente: expresar las palabras es, sin duda, por lo
com ún, un episodio principal, si no el episodio prin
cipal. en la realización del acto (de apostar o de
lo que sea), cuya realización es también la finali
dad que persigue la expresión. Pero dista de ser
com únm ente, si lo es alguna vez, la única cosa
necesaria para considerar que el acto se ha llevado
a cabo. H ablando en términos generales, siempre
es necesario que las circunstancias en que las pala
bras se expresan sean apropiadas, de alguna m a
nera o maneras. Adem ás, de ordinario, es menester
que el que habla, o bien otras personas, deban
también llevar a cabo otras acciones determinadas
"físicas” o "m entales” , o aun actos que consisten
en expresar otras palabras. Asi. para bautizar el
barco, es esencial que vo sea la persona designada
a esos fines; para asumir el cargo es esencial que
yo reúna los requisitos correspondientes, etc.; para
que tenga lugar una apuesta, es generalmente n ece
sario que haya sido aceptada por otro (el que tiene
que haber hecho algo, por ejem plo, haber dicho
“ aceptado” ); y difícilm ente hay un obsequio si
digo “ te doy esto” pero jamás entrego el objeto.
50 J. L. A U S T IN
Hasta aquí no hay problemas. La acción puede
ser llevada a cabo sin usar expresiones realizativas,
y en todos los casos las circunstancias, que incluyen
otras acciones, deben ser las adecuadas. Pero al fo r
m ular la objeción podemos estar pensando en algo
com pletam ente distinto y, esta vez, equivocado.
Ello puede ocurrir, al considerar algunos de los
realizativos más intimidatorios, tales com o “ T e pro
m eto. . . ” Claro está que las palabras deben ser
dichas “ con seriedad” y tomadas de la misma m a
nera. ¿N o es así? Esto, aunque vago, en general es
verdadero: constituye un importante lugar com ún
en toda discusión acerca del sentido de una expre
sión cualquiera. Es menester que no esté brom ean
do ni escribiendo un poema. Nos sentimos in cli
nados a pensar que la seriedad de la expresión
consiste en que ella sea formulada — ya por con ve
niencia, ya para fines de inform ación— com o (un
m ero) signo externo y visible de un acto espiritual
interno. De aquí hay un solo paso a creer, o dar por
sentado, que en muchas circunstancias la expresión
externa es una descripción, verdadera o falsa, del
acaecim iento del acto interno. La expresión clásica
de esta idea puede hallarse en el H yp p olytn s
(1. 6 1 2 ). donde H ippolytus dice:
f| yÁrona' fyi/ójioy’ f) 5 e <pgr|v avcnu-Otó?,
es decir: “ m i lengua lo juró, pero no lo juró m i
corazón” (o m i mente u otro protagonista o cu lto )10.
Así, “ te p rom eto. . . ” , m e ob liga : registra m i adop
ción espiritual de una atadura espiritual.
10 N o m e propongo exclu ir a todos los otros participantes
que no aparecen en el escenario: los iluminadores, el director,
ni siquiera el apuntador. Sólo objeto a algunos oficiosos acto
res reemplazantes.
PALABRAS Y A C C IO N E S 51
Es interesante observar en este ejem plo cóm o el
exceso de profundidad, o más bien de solemnidad,
allana el cam ino a los irresponsables. Poi que quien
dice “ ¡prometer no es meramente cuestión de ex
presar palabras, se trata de un acto interno y espi
ritual!” puede parecer un sólido moralista erguido
frente a una generación de teóricos superficiales.
Lo vemos com o él se ve a sí mismo, oteando las
profundidades invisibles del espacio ético, con toda
la prestancia de un especialista en lo sui generis.
Sin embargo, nuestro moralista proporciona una
escapatoria a H ippolvtus. una excusa al perjuro que
ha dicho “ Sí, ju ro” , y una defensa al tramposo
que ha dicho “ te apuesto” . La precisión v la moral
están igualmente en favor de la expresión común
según la cual la palabra em peñada nos obliga.
Si excluimos actos internos ficticios tales com o
éste, cabe preguntar si podemos suponer que alguna
de las otras cosas que. por cierto, normalmente se
requieren com o com plem ento de expresiones del
tipo de “ te prometo que. . . o “ Sí, juro (desem pe
ñar el cargo. . . son en realidad cosas descriptas
por estas expresiones y que. por lo tanto, hacen que.
cuando esas cosas se dan, la expresión sea verda
dera. y falsa cuando ocurre lo contrario. Em pe
zando por esto último, consideremos ahora qué
es lo que efectivamente decimos acerca de la expre
sión en juego cuando uno u otro de los hechos
normalmente concomitantes con ella está ausente.
En ningún caso decimos que la expresión es falsa,
sino que ella, o más bien el acto 11 (por ejem plo, la
11 N o in te n ta r é a q u í d is t in g u ir esto de m a n e r a p recisa
p o r q u e la d is t in c ió n n o tie n e r e le v a n c ia p a ra lo (p ie e sta m os
e x a m in a n d o a h o ra .
52 J. L. A U S T IN
promesa;), es nulo, o hecho de mala fe, o in com
pleto, o cósa semejante. En el caso particular del
prometer, com o ocurre con muchos otros realizati-
vos,,- es apropiado que la persona que expresa la
promesa tenga una determinada intención, a saber,
cum plir con su palabra. Y quizás este parece ser,
entre todos los episodios concomitantes, aquel que
m ejor resulta descripto o registrado por la expre
sión “ te prom eto” . ¿A caso cuando tal intención
falta no hablamos de una promesa “ falsa” ? Sin
em bargo, hablar así no es decir que la expresión
“ te prom eto q u e . . . ” es falsa, en el sentido de que
aunque el que enuncia eso dice que promete, en
realidad no lo hace, o que aunque describe, des
cribe falsamente. Porque quien usa la fórm ula “ te
prom eto q u e . . . ” , p rom ete; la promesa no es si
quiera nula, aunque es hecha de mala fe. La expre
sión es quizás equívoca, probablemente engañosa
y sin duda m oralm ente incorrecta, pero no es una
mentira ni un enunciado erróneo. L o que más
podemos argumentar es que implica o insinúa una
falsedad o un enunciado erróneo (a saber, que el
promitente se propone hacer a lg o ); pero eso es una
cosa totalmente distinta. Adem ás, no hablamos de
una apuesta falsa o de un bautismo falso; y el
hecho de que rea lm en te hablamos de una promesa
falsa no tiene que com prom eternos más que el
hecho de que hablamos de una acción falsa. La pa
labra “ falso” no sólo se usa respecto de enunciados.
CONFERENCIA II
Ibam os a con sid erar, se record a rá , a lgu n os casos
y sentidos (¡s ó lo algu nos, D ios n o asista!) en los
que d ecir a lgo es h a cer a lg o; o en los q u e p o rq u e
d ecim os algo o al d ecir a lgo h acem os algo. Este tó
pico con stitu y e un d esa rrollo — h a y m u ch os otros—
d en tro del recien te m o v im ie n to q u e cu estion a una
vetusta su posición filo só fica : la su posición de que
d ecir algo, al m en os en todos los casos d ign os de ser
con siderad os, esto es, en todos los casos con sid era
dos, es siem pre en u n cia r a lgo, y nada m ás q ue eso.
N o h a y duda de q u e esta su posición es in con scien te
y errón ea, p ero al p arecer es com p leta m en te n atu
ral en filosofía. D eb em os a p ren d er a -correr antes
de p oder cam in ar. Si n u n ca com etiéra m os errores,
¿c ó m o p odría m os correg irlos?
C om en cé lla m a n d o la a ten ción , a m an era de
ejem p lo, sobre unas pocas exp resion es lin gü ísticas
sim ples del tipo q u e lla m é realizatorias o rea liz a
tivas. E llas m u estran en su rostro la apariencia
— o p or lo m en os el m a q u illa je gram a tica l— de
"'en u n cia d os” ; sin em b a rg o, cu a n d o se las m ira m ás
de cerca, no son ob via m en te exp resiones lin g ü ís
ticas que p odría n ca lifica rse de “ verda d era s” o
“ falsas” . Ser “ v erd a d e ro ” o “ fa lso-’, em p ero, es tra
d icion a lm en te el signo ca ra cterístico de un e n u n
ciado. U n o de nuestros ejem p los fu e la expresión
"S í, ju ro (d esem p eñ a r fiel v lealm en te el c a r
54 J. L.. A U S T I N
go. . . )” formulada durante la ceremonia de asun
ción de un cargo. En este caso diríamos que al
decir esas palabras estamos haciendo algo: a saber,
asumir un cargo y no dando cuenta de algo, o sea,
de que estamos asumiendo el cargo. Y el acto de
asumir el cargo, al igual, por ejem plo, que el
de apostar, puede ser por lo menos preferiblem en te
descripto (aunque no con total corrección ) com o
el acto de decir ciertas palabras, más que com o el
acto de realizar una acción diferente, interna y
espiritual, de la cual esas palabras serían sim ple
mente el signo externo y audible. Quizá sea m u y
d ifícil probar esto, pero m e atrevería a afirm ar que
es un hecho.
Es interesante señalar que en el derecho procesal
norteamericano se admite com o prueba la referen
cia a lo que otro ha dicho, si lo que éste ha dicho
es una expresión de tipo realizativo. N o se consi
dera que esa referencia apunta a algo que la otra
persona dijo — porque si fuera así la declaración
sería considerada un testimonio de segunda m ano
(h ea r-sa y), 1 1 0 admisible com o prueba— sino más
bien com o algo que esa persona hizo, esto es. com o
una acción de ella. Esto coincide perfectamente
con nuestro primer enfoque acerca de los reali-
zativos.
Hasta aquí sólo hemos sentido que el terreno
firm e del prejuicio se torna resbaladizo. Pero ahora,
en tanto que filósofos, ¿cóm o habremos de prose
guir? Una cosa que. por supuesto, podríamos hacer
sería em pezar de nuevo. Otra, sería adentrarnos,
por etapas lógicas, en el tembladeral. Pero todo esto
llevaría tiempo. Comencemos, por ahora, por con
centrar nuestra atención en una cuestión m en cio
nada al pasar: la de las “ circunstancias apropia
PALABRAS Y A C C IO N E S 55
das” . Apostar tío es simplemente, com o hemos
dicho, pronunciar las palabras “ te apuesto, etc.” .
Alguien podría pronunciarlas y, sin embargo, no
estaríamos dispuestos a aceptar que ha conseguido
hacer una apuesta o, al menos, hacerla cabalmente.
Para probar esto, basta considerar — por ejem plo—
el caso de la persona que anuncia su apuesta cuan
do la carrera ya ha terminado. Adem ás de pronun
ciar las palabras correspondientes al realizativo, es
menester, com o regla general, que muchas otras
cosas anden bien y salgan bien para poder decir
que la acción ha sido ejecutada con éxito. Espera
mos descubrir cuáles son estas cosas examinando v
clasificando tipos de casos en los que algo sale mal
y, com o consecuencia de ello, el acto — asumir un
cargo, apostar, legar, bautizar, o lo que sea— es
un fracaso o, por lo menos, lo es en cierta medida.
Podemos decir entonces que la expresión lingüística
no es en verdad falsa sino, en general, desafortu
nada. Por tal razón, llamaremos a la doctrina de
las cosas que pueden andar mal y salir mal, en
oportunidad de tales expresiones, la doctrina de los
Infortunios.
Tratemos primero de enunciar esquem áticam en
te — y no pretendo atribuir carácter definitivo a
este esquema— alguna de las cosas que son nece
sarias para el funcionam iento “ afortunado” , o sin
obstáculos, de un realizativo (o, al menos, de un
realizativo explícito altamente elaborado tales com o
los que hasta ahora hemos tenido en cuenta). Luego
pondremos ejemplos de infortunios v de sus efectos.
M e temo, pero al mismo tiempo espero, que las
siguientes condiciones necesarias resultarán obvias.
56 J. I.. A U S T IN
A . l ) T ien e que haber un procedim iento convencional acep
tado, que posea cierto efecto convencional; dicho pro
cedimiento debe in cluir la emisión de ciertas palabras
por parte de ciertas personas en ciertas circunstancias.
Además,
A .2 ) en un caso dado, las personas y circunstancias par
ticulares deben ser las apropiadas para recurrir al
procedim iento partim lar que se emplea.
B . l ) El procedim iento debe llevarse a cabo por todos los
participantes en forma correcta, v
B.2) en todos sus pasos.
i . l ) En aquellos rasos en que. com o sucede a menudo, el
procedim iento requiere que quienes lo usan tengan
ciertos pensamientos o sentimientos, o está dirigido
a que sobrevenga cierta conducta correspondiente de
algún participante, entonces quien participa en él y
recurre así al procedim iento debe tener en los hechos
tales pensamientos o sentimientos, o los participantes
deben estar animados por el propósito de conducirse
de la manera adecuada 1, y, además.
r.2 ) los participantes tienen que comportarse efectiva-
te así en su oportunidad.
A hora bien, si violamos una (o m ás) de estas seis
reglas, nuestra expresión realizativa será (de un
m odo u otro) infortunada. D e más está decir que
hay diferencias considerables entre estas “ form as”
de ser infortunadas. Las letras y números elegidos
para identificar cada uno de los apartados prece
dentes se proponen poner de manifiesto estas for
mas diversas.
La primera distinción importante se da entre las
primeras cuatro reglas A y B, tomadas conjunta
1 M ás adelante se explicará por qué el tener estos pensa
mientos, sentimientos e intenciones no se in cluye com o una
más fie las otras “ circunstancias” a que nos referim os en ( A) .
PALABRAS Y A C C IO N E S
mente, en oposición a las dos reglas r (de ahí el
uso de letras romanas y griegas). Si transgredimos
algunas de las primeras (las reglas del tipo A o B ).
esto es si — por ejem plo— emitimos la fórmula
incorrectamente, o si — por ejem plo— no estamos
en situación de asumir el cargo porque ocupamos
ya un cargo incom patible con aquél, o porque quien
nos recibe el juram ento es el ordenanza y no el m i
nistro. entonces el acto en cuestión, esto es. asumir
un cargo, no es realizado satisfactoriamente, no
tiene lugar, no se lleva a cabo. Por oposición, en los
dos casos r el acto es llevado a cabo, aunque lle
varlo a cabo en esas circunstancias com o, por ejem
plo, cuando somos insinceros, constituye un abuso
del procedimiento. Así, cuando digo “ prom eto” sin
intención de cum plir, he prometido pero. . . N ece
sitamos nombres para referirnos a esta distinción
general. Por ello llamaremos desaciertos a los infor
tunios del tipo A .l a B.2, en los que no se consigue
llevar a cabo el acto para c uya realización, o en
cuya realización, sirve la fórm ula verbal correspon
diente. Y , por otra parte, llamaremos a b u s o s a
aquellos infortunios (los del tipo T) en los que el
acto es llevado a cabo. (N o hay que subrayar de
masiado las connotaciones normales de estos nom
bres. )
Cuando la expresión es un desacierto, el procedí
miento al que pretendemos recurrir queda recha
zado (no autorizado) y nuestro acto (jurar, etc. ¡
resulta nulo o carente de efecto, etc. Nos referimos
a él llamándolo un acto intentado o, quizá, un in
tento, o nos valemos de una expresión tal com o
“ sólo usé una fórm ula de juram ento” , por oposi
ción a “ juré” . Por otra parte, en los casos F nos
referimos a nuestro acto desafortunado llamándolo
58 J. L. A U S T IN
" pretendido" o “ h ueco” , más que intentado, o tam
bién calificándolo de no perfeccionado, o no consu
m ado, más que de nulo o carente de efecto. Quiero
apresurarme a añadir, sin embargo, que estas dis
tinciones no son firmes y nítidas; en especial, que
no hay que atenerse en demasía a palabras tales
com o “ intentado” y “ pretendido” . Haré dos obser
vaciones finales respecto de la calidad de nulos o de
carentes de efecto que pueden presentar los actos.
Predicarles estas calidades no significa decir que no
hemos hecho nada; podemos haber hecho muchas
cosas — por ejem plo, podemos haber com etido el
delito de usurpar un cargo— , pero no habremos
hecho el acto intentado, esto es, asumir el cargo.
Adem ás, “ carente de efecto” no significa aquí “ sin
consecuencias, resultados, efectos” .
En segundo lugar, debemos tratar de poner en
claro la distinción general entre los casos A y los
casos B, esto es, entre los dos tipos de desaciertos.
En los dos casos rotulados A se da una mala apela
ción a un procedimiento. Sea porque — hablando
vagamente— no h ay tal procedim iento o porque el
mismo no puede hacerse valer en la form a en que
se intentó. En consecuencia, los infortunios de la
clase A pueden ser denom inados Malas A pela cio
nes. Entre ellos, podemos razonablem ente bautizar
al segundo tipo (A . 2 ) — esto es, al caso en que el
procedimiento existe pero no puede aplicarse com o
se intenta hacerlo— Malas Aplicaciones. N o he
podido encontrar una buena denom inación para la
clase A .l . En oposición a los casos A , ocurre que
en los casos B existe el procedim iento y es aplicable
a la situación, pero fallamos en la ejecución del rito
con consecuencias más o menos calamitosas. Por
ello, los casos B. por oposición a los casos A , pueden
PALABRAS Y A C C IO N KS 59
llamarse Malas E jecuciones, en oposición a las
Malas Apelaciones-, el acto que se intentó está a fec
tado. ya sea porque hay un vicio en la realización
ile la ceremonia o porque ésta no se llevó a cabo en
forma completa. La clase B.1 es la de los Actos V i
ciados y la clase B.2 la de los Actos Inconclusos.
Obtenemos, asi. el cuadro siguiente 2:
Infortunios
A B r
Desaciertos Abusos
Acto intentado pero nulo Acto pretendido
pero hueco
/ \
A B / \
Malas Malas r.i r.2
Apelaciones Ejecuciones Actos
Acto no Acto Insinceros
autorizado afectado
/ \ / \
A .l A .2 B.l B.2
Malas Actos Actos
Aplicaciones Viciados Inconclusos
Supongo que pueden surgir algunas dudas res
pecto de A .l v r.2, pero pospondremos un poco su
consideración detallada.
Antes de entrar en detalles, permítaseme form u
lar algunas observaciones generales acerca de los
infortunios. Podemos preguntar:
2 Cabe hacer notar que a veces Austin usó otros nombres
para los distintos infortunios. Asi, por ejem plo, llam ó a los
casos r .l “ Sim ulaciones” y a los l'.2. entre otros nombres.
“ Incum plim ientos” . J.O.U.
(>() J. I.. A U S T IN
I ) , A qué variedad de "actos’ ' se aplica la noción de infor
tunio?
2) ( Kn qué medida es completa esta clasificación de los
infortunios?
i i Estas clases de infortunios, r son mutuamente exclu-
ventes?
Ocupém onos de estas preguntas en (ese) orden.
1 ) (Hasta dónde se extiende el radio de acción
de lo* infortunios?
En primer lugar, parece claro que aunque los
infortunios nos han atraído (o 1 1 0 han logrado
atraernos ) en conexión con ciertos actos que en
todo o en parte consisten en em itir palabras, son
una afección de la que son susceptibles todos los
actos que poseen el carácter general de ser rituales
0 ceremoniales, esto es. todos los actos con ven cio
nales. Por cierto que no todo rito está expuesto a
todas v cada una de estas formas de infortunio
1pero esto tampoco ocurre con todas las expresiones
realizativas). Esto resulta claro ya por el m ero
hecho de que m uchos actos convencionales, tales
com o apostar o transferir el dom inio de una cosa,
pueden ser realizados por medios 110 verbales. Los
mismos tipos de reglas deben ser observados en to
dos estos procedimientos convencionales; basta con
om itir en A la referencia especial a la expresión
verbal. T od o esto es obvio.
Vale la pena señalar, o recordar, cuántos actos
de los que se ocupan los juristas son o incluyen la
emisión de realizativos o, por lo menos, son o inclu
yen la realización de algunos procedimientos con
vencionales. Y, por cierto, se apreciará que de una
u otra form a los autores de derecho han sido cons
PALABRAS Y A C C IO N E S fíl
cientes en forma constante de las variedades de
infortunio e incluso, a veces, de las peculiaridades
de la expresión realizativa. Sólo la obsesión todavía
difundida de que las expresiones jurídicas y las
expresiones usadas en los llamados actos jurídicos
tienen que ser de algún m odo enunciados verdade
ros o falsos ha impedido que muchos juristas vean
esto con m ayor claridad; ni siquiera m e animaría
a sostener que algunos de ellos 1 1 0 lo han hecho ya.
Sin embargo, tiene un interés más directo para
nosotros advertir que. de la misma manera, muchos
de los actos que caen dentro del dom inio de la Etica
no son simplemente y en último extremo, tal com o
los filósofos dan por sentado con demasiada facili
dad, mol imientos físicos. M uchos de ellos tienen
el carácter general, en todo o en parte, de ser actos
convencionales o rituales, v por ello, entre otras
cosas, están expuestos a infortunios.
Por último, podemos preguntar — y aquí tendré
que poner algunas de mis cartas sobre la mesa—
si la noción de infortunio se aplica a expresiones
que son enunciados. Hasta aquí hemos presentado a
los infortunios com o característicos de la expresión
rea/izntirn. que fue 'defin ida" ( si es que pode
mos decir que dimos una definición) contraponién
dola a la clase supuestamente fam iliar de los en un
ciados. M e limitaré por ahora a señalar que una de
las cosas que los filósofos lian hecho recientemente
ha sido exam inar detenidamente enunc iados que. si
bien no son exactamente falsos ni “ contradicto
rios” , resultan sin embargo c hoc antes; por ejem plo,
enunciados que se refieren a algo que 110 existe,
tales com o “ El actual Rey de Francia es calvo” .
Podríamos sentirnos tentados a asimilar este caso
al del intento de legar algo que no nos pertenece.
62 J. I.. A U S T IN
¿N o hay acaso en uno y otro ejem plo una presupo
sición de existencia? ¿N o podemos decir que un
enunciado que se refiere a algo que no existe es
nulo, y no que es falso? Y cuanto más consideramos
a un enunciado no com o una oración (o proposi
ción) sino com o un acto lingüístico (del cual aqué
llos son construcciones lógicas), tanto más estamos
estudiando todo el problema en cuanto acto. A de
más. hay obvias similitudes entre una mentira y
una promesa falsa. Más adelante volveremos sobre
el particular 3.
2) Nuestra segunda pregunta fue: ¿En qué m e
dida es com pleta esta clasificación?
i) Lo prim ero que hay que recordar es que,
com o al em itir nuestros realizativos estamos sin
duda, y en un sentido correcto, “ realizando accio
nes” , entonces, en cuanto tales, esas acciones esta
rán expuestas a toda la gama de deficiencias a que
están expuestas las acciones en general. Esas defi
ciencias son distintas o distinguibles de las que aquí
exam inam os bajo el rótulo de infortunios. En otras
palabras, las acciones en general (aunque no todas)
están expuestas, por ejem plo, a ser realizadas por
la fuerza, o por accidente o debido a este o a aquel
tipo de error, o en otras circunstancias que perm iti
rán calificarlas de no intencionales. En m uchos de
estos casos nos resistimos, ciertamente, a afirm ar
que se ha hecho tal acto o bien que el sujeto lo hizo.
N o desarrollaré aquí la doctrina general correspon
diente: en m uchos de esos casos podemos incluso
decir que el acto fue “ nulo” (o anulable por violen
cia o por influencia indebida), etc. Supongo que
A Vt»r pág. ^ v sigs. .1.0.1-
PALABRAS Y A C C IO N E S 63
una concepción de m uy alto nivel podría abarcar
en una sola doctrina los que he llamado infortunios
y estas otras características “ desdichadas” que se
pueden presentar en la ejecución de acciones, en
nuestro caso, de acciones que contienen una expre
sión realizativa. Pero no nos ocuparemos de este
otro tipo de “ desdichas” . Tendrem os que recordar,
sin embargo, que en todos los casos que estamos
examinando pueden presentarse características de
este tipo y que, de hecho, se presentan en for
ma constante. Las características de este tipo p o
drían ser norm alm ente rotuladas “ circunstancias
atenuantes” o “ factores que reducen o eliminan la
responsabilidad del agente” , etcétera.
ii) En segundo lugar, en tanto que expresiones
nuestros realizativos son tam bién susceptibles de
padecer otros tipos de deficiencias que afectan a
todas las expresiones. A unque estas deficiencias p o
drían a su vez ser englobadas en una concepción
más general, 1 1 0 nos ocupam os de ellas deliberada
mente. M e refiero, por ejem plo, a lo siguiente: una
expresión realizativa será hueca o vacía de un
modo peculiar si es form ulada por un actor en
un escenario, incluida en un poema o dicha en un
soliloquio. Esto vale de manera similar para todas
las expresiones: en circunstancias especiales com o
las indicadas, siempre hay un cam bio fundamental
de ese tipo. En tales circunstancias el lenguaje no
es usado en serio, sino en modos o maneras que son
dependientes de su uso normal. Estos modos o m a
neras caen dentro de la doctrina de las decolora
ciones del lenguaje. E xcluirem os todo esto de nues
tra consideración. Las expresiones realizativas, afor
tunadas o no, han de ser entendidas com o emitidas
en circunstancias ordinarias.
64 J. L. A U S T IN
iii) Es en parte para dejar a un lado m om entá
neamente este tipo de consideraciones que no he
m encionado hasta ahora un tipo de “ infortun io”
— podría realm ente llamárselo así-— que nace de la
“ mala com prensión” . Obviamente para que pueda
decirse que he hecho una promesa es norm alm ente
necesario.
A ) que y o haya sido oído por alguien, quizá por el desti
natario de la promesa;
B) que el destinatario de la promesa haya entendido que
hice una promesa.
Si no se satisfacen una u otra de estas condiciones
surgen dudas acerca de si he prometido realmente,
y podría sostenerse que m i acto fue sólo un in
tento o que fue nulo. En el campo del derecho se
adoptan precauciones especiales para evitar este y
otros infortunios, por ejem plo, en materia de noti
ficaciones. M ás adelante, en otro contexto, tendre
mos que volver sobre esta consideración particular,
que reviste gran im portancia.
3) Estas clases de infortunios, ¿son mutuamente
excluyentes?
La respuesta es obvia.
a) N o, en el sentido de que podemos fallar de
dos maneras a la vez (podem os prometer insincera
mente a un burro darle una zanahoria).
b) No, y esto es más importante, en el sentido
de que las maneras de fallar “ no se distinguen
entre sí nítidam ente” y “ se superponen” ; decidir
entre ellas es “ arbitrario” de distintas maneras.
Supongamos, por ejem plo, que veo un barco en
el astillero, m e dirijo hacia él y rom po la botella
que cuelga de la proa al par que exclam o “ bautizo
PALABRAS Y A C C IO N E S 65
a este barco Stalirí’ y, además, retiro las cuñas. El
problema es que no soy la persona designada para
bautizarlo (se agregue o no la com plicación adicio
nal de si Stalin era el nom bre elegido; en cierto
modo em peoraría las cosas si lo fu era). Podemos
estar de acuerdo en que:
1 ) el barco no ha sido b au tiza d o4;
2 ) todo esto es una calamidad.
Podría decirse que “ sólo en las form as” bauticé
el barco pero que m i “ acción ” fue “ nula” o “ sin
efecto” por cuanto y o no era la persona indicada,
no tenía “ capacidad” para realizar el acto. Pero
también podría decirse, en form a alternativa, que
cuando, com o sucede en nuestro caso, no hay si
quiera una apariencia de capacidad, o una preten
sión m ínim a de ella, entonces no existe un proce
dimiento convencional aceptado; el acto es una
farsa com o sería casarse con un m ono. Tam bién
podría decirse que form a parte del procedimiento
hacerse designar para bautizar el buque. Cuando el
santo bautizó los pingüinos, este acto, ¿fue nulo
porque el procedim iento del bautismo no se aplica
a los pingüinos o porque no h ay un procedim iento
aceptado para bautizar nada que no sea un ser h u
m ano? N o creo que estas cuestiones tengan im por
tancia en teoría, aunque sea agradable investigarlas
y resulte conveniente en la práctica tener a mano,
com o los juristas, una term inología para lidiar con
ellas.
* E] caso de bautizar niños es aun más com plicado. Podría
darse la situación de que el nombre esté equivocado y que
el sacerdote no es el que deba intervenir en la ceremonia.
Esto es, que se trate de alguien autorizado a bautizar niños,
pero que no tenía que bautizar a éste.