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Condiciones y Medio Ambiente Laboral

Este documento describe dos concepciones de las condiciones y medio ambiente de trabajo. La concepción tradicional se enfoca en la seguridad física, mientras que la concepción renovada considera factores adicionales como la organización del trabajo y el bienestar de los trabajadores.

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Este documento describe dos concepciones de las condiciones y medio ambiente de trabajo. La concepción tradicional se enfoca en la seguridad física, mientras que la concepción renovada considera factores adicionales como la organización del trabajo y el bienestar de los trabajadores.

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LAS CONDICIONES Y MEDIO AMBIENTE DE TRABAJO

(CyMAT)
Este concepto, creado por los economistas clásicos, se refiere a la articulación existente
entre el uso de la fuerza de trabajo, que se aplica sobre la materia prima, los insumos, la
información con el apoyo de los medios de trabajo –materiales e inmateriales– para
producir un bien o un servicio que tenga una utilidad social.

Desde la emergencia del modo de producción capitalista y la revolución industrial surge la


relación salarial, es decir, el conjunto de condiciones jurídicas e institucionales que regulan
el uso de la fuerza de trabajo (el empleo) y la reproducción de la fuerza de trabajo de lo
cual deriva el modo de existencia de los trabajadores. Esta relación cambia históricamente
en función de las formas que adopta el modo de producción, pero el trabajo asalariado sigue
siendo subordinado, heterónomo, dominado y una parte del valor producido es apropiado y
constituye la esencia del régimen de acumulación del capital.

Es desde esta perspectiva que corresponde analizar las condiciones y medio ambiente de
trabajo (CyMAT) en las cuales se ejerce el trabajo. Las mismas pueden analizarse desde
dos concepciones antagónicas:

Una forma tradicional, reduccionista y muy cuestionada pero que todavía está vigente,
pone el acento en el trabajo como una obligación, o incluso como un castigo, que no toma
en cuenta el contexto económico y social y se sitúa solamente a nivel de la empresa u
organización ni reconoce la subjetividad del trabajador. Pone atención sólo en el uso de
fuerza física del trabajo, partiendo de la idea de que existe un “trabajador promedio” que
puede adaptarse a las necesidades de la producción. Los riesgos del trabajo se enfocan en
“la higiene y la seguridad” que impactan directamente sobre el cuerpo humano, pero que se
consideran inherentes e indisociables de toda actividad laboral y que deben ser aceptados
procurando protegerse por medio de los equipos de protección individual (casco,
protectores auditivos, botas de seguridad, etc.). Como los riesgos serían ineliminables, las
empresas justifican la negociación para fijar por anticipado un precio monetario a las
consecuencias de dichos riesgos sobre la salud, mecanismo mercantil de compensación del
deterioro de la salud, que adoptó múltiples modalidades de “primas por riesgo” (en
concepto de trabajo nocturno, en turnos rotativos, por trabajo por turnos u horas
extraordinarias, compensación por trabajo en altura, sometido a ruidos molestos, a altas o
bajas temperaturas, o a radiaciones, etc.). Lamentablemente, incluso muchos dirigentes
sindicales han caído en la trampa y han aceptado que en los convenios colectivos de trabajo
se instauren las primas por riesgo, que en última instancia significa poner un precio a la
salud porque de hecho se acepta la idea de que los riesgos serían ineliminables.
Para esta concepción sólo cuenta el riesgo objetivo, que se puede medir por alguien que es
extraño al trabajador y con la ayuda de instrumentos científicos y metodologías propias de
la ingeniería y de la toxicología, subvaluando o despreciando la percepción y las vivencias
subjetivas de los trabajadores. Desde dicha perspectiva los accidentes y enfermedades
profesionales son concebidos como hechos fatales, imprevisibles, determinados
necesariamente por los insumos, la tecnología y las características del trabajo, ante lo que
corresponde pagar indemnizaciones para poder tratar de reparar ex-post el daño. Existiría
una propensión natural a accidentarse y enfermarse, atribuyendo en principio siempre la
responsabilidad y la culpabilidad de los accidentes de trabajo y enfermedades profesionales
a quienes son alcanzados por los riesgos, es decir, atribuyéndola a las víctimas debido a su
ignorancia, imprudencia, desobediencia a las consignas, la negligencia de los trabajadores.
Visto así el problema, la solución propuesta es la obligación del trabajador de usar sus
equipos de protección individual, lo cual implica un esfuerzo físico suplementario como lo
es trabajar con protectores auditivos sin poder comunicarse fácilmente con los compañeros,
usar barbijos de seguridad que impiden respirar libremente, portar un pesado casco sobre
sus cabezas durante larga parte de la jornada.
La emergencia de una concepción renovadora surge por la acción de la OIT, cuando
emerge la crisis de los años ’70 antecedida por prolongados conflictos sociales y laborales
provocados por o derivados de las crisis, que obligaron a los gobiernos a adoptar políticas
con un nuevo enfoque orientado a la “humanización de trabajo” y a mejorar la “calidad de
vida laboral” incorporando un contenido complementario al de las reivindicaciones en
cuanto al empleo, las remuneraciones y la seguridad social, e incluyéndolo en las
negociaciones colectivas.

La Conferencia Internacional del Trabajo de 1974 recalcó en materia de condiciones de


trabajo la “necesidad de adoptar una visión global y de conjunto cuando intervienen
diversos factores, que se relacionan con el bienestar físico, psíquico y mental del
trabajador”. Bajo ese impulso se gestó en la Argentina (1984-89) una actividad de reflexión
conjunta entre el Ministerio de Trabajo de la época y el CEIL del CONICET de donde
surgió el concepto nombrado con el acrónimo CyMAT, y que amplía el panorama para no
limitar el problema sólo a la Seguridad, Higiene y Medicina del Trabajo.

En esta nueva concepción el trabajo no es visto como una penosa obligación social, sino un
derecho humano fundamental, una de las actividades más nobles que desarrollan los seres
humanos, que estructura su identidad y es la fuente de los derechos laborales. Si bien no es
un castigo, su ejercicio provoca siempre y normalmente un mayor o menor grado de fatiga
por el uso de la fuerza de trabajo. El problema no puede reducirse sólo a la higiene y de
seguridad en el trabajo con sus repercusiones directas sobre la salud, según sean el tiempo
de exposición a los riesgos, la intensidad de los mismos, y la existencia o no de medidas de
prevención. Los riesgos del medio ambiente pueden ser físicos (ruido, desequilibrios de
temperatura, exposición a rayos, transporte manual de cargas pesadas, etc.), químicos
(diversos productos tóxicos como el amianto), biológicos (virus, picaduras de insectos,
etc.), factores tecnológicos y de seguridad (lay out, problemas eléctricos), desequilibrios
ecológicos (inundaciones, temblores de tierra, descargas eléctricas, etc.). Pero el proceso
laboral se desarrolla en un contexto dado por las condiciones de trabajo; estos son factores
socio-técnicos y organizacionales, relacionados con la relación salarial y la formas en que
están organizadas las empresas, la producción y el trabajo. Se trata de la duración y
configuración del tiempo de trabajo; el contenido y la organización del proceso de trabajo;
las formas de gestión de la fuerza de trabajo (empleo seguro y estable, o precario, informal,
no registrado…); la ergonomía, es decir la técnica utilizada para que los medios de trabajo,
las instalaciones, las herramientas, el software utilizados, se adapten a las características del
trabajador para hacer más eficiente, más seguro y saludable el trabajo; la transferencia de
tecnologías verificando que su utilización no provoque daños a la salud de los trabajadores;
los sistemas de remuneración para que no impliquen una intensificación del trabajo,
aumentando la fatiga y haciéndolo propenso a contraer enfermedades; el acceso a los
servicios de bienestar que debería ofrecer la empresa u organización, y en especial las
posibilidades de participar en el mejoramiento de las CyMAT ya sea a través de delegados
a la seguridad o por medio de los comités mixtos de salud, seguridad y condiciones de
trabajo.
Precisamente son las condiciones de trabajo las que explican en buena medida el diferente
impacto de la carga de trabajo y de los riesgos ocupacionales sobre la salud de los
trabajadores y en particular sobre los riesgos psicosociales, que serán analizados en otro
capítulo de la revista Voces en el Fénix.

Desde esta perspectiva, establecer de manera impuesta, arbitrada individualmente o


aceptada y negociada colectivamente, la prima monetaria por riesgo es visto como una
compensación o amortización anticipada del deterioro de la salud, lo cual significa, de
hecho, tornar la fuerza de trabajo en una simple mercancía.

Las medidas de prevención contra los riesgos del medio ambiente físico que consisten en el
uso de equipos de protección individual no resuelven el problema, pues no eliminan el
riesgo, aunque pueden aceptarse como una medida temporaria. La actividad de prevención
es siempre posible y debe tener una dimensión colectiva, es decir, al mismo nivel que los
riesgos (colocar extractores del aire viciado y con productos tóxicos suspendidos, antes que
obligar a trabajar permanentemente con barbijos, por ejemplo): debe procurar en primer
lugar aislar a los trabajadores respecto del riesgo, limitar sus efectos nocivos, pero teniendo
siempre como objetivo final la eliminación del riesgo en su misma fuente. La ciencia y la
tecnología han logrado resultados efectivos en esta materia.
Dada la vertiginosidad del progreso científico, los cambios tecnológicos y organizacionales
introducidos por el nuevo paradigma productivo y el uso de nuevos insumos y productos
obligan a realizar de manera periódica estudios para identificar los nuevos riesgos
emergentes para prevenir los efectos nocivos que puedan producirse, lo cual impone
adoptar una actitud de permanente “vigilia” (por ejemplo, se ha comprobado que el mal uso
del glifosato produce cáncer).

Como el trabajo es una realidad compleja y multidimensional, dentro del establecimiento


los riesgos ocupacionales interactúan entre sí de manera sinérgica y combinada y se
neutralizan, adicionan o generalmente se potencian. Por esa causa la carga global de trabajo
efectivamente soportada por los trabajadores es siempre mayor que la suma de los riesgos
provocados individualmente por cada uno de ellos. Se impone por esto la necesidad de
adoptar una concepción sistémica.

Pero como los factores de las CyMAT repercuten sobre seres vivientes, y específicamente
sobre personas dotadas de un saber productivo y de capacidades cognitivas y psíquicas,
existe la posibilidad de que ellos perciban primero y vivencialmente el efecto que dichos
riesgos tienen sobre su vida y su salud. Esa capacidad de movilizarse para percibir, conocer
y evaluar las dimensiones subjetivas por parte de los trabajadores es aún mayor y más
eficaz cuando es el propio colectivo de trabajo quien lo asume, aunque no posean el
conocimiento científico de los riesgos inherentes. Así, la intervención de los actores del
proceso de trabajo se convierte en un elemento decisivo para la identificación de estos,
percibir sus consecuencias, proponer medidas eficaces de prevención y hacer el
seguimiento. Este es el secreto de los resultados estimulantes obtenidos cuando existen
Comités Mixtos de Seguridad, Salud y Condiciones de Trabajo, siempre y cuando sus
miembros tengan información, formación y estén comprometidos con la búsqueda
constante de un “trabajo más humano”. Los resultados de nuestras anteriores
investigaciones permitieron confirmar la vieja hipótesis de que si se crean las condiciones
adecuadas para que los trabajadores puedan expresar la subjetividad, “nadie conoce mejor
que los propios trabajadores de qué manera las condiciones y medio ambiente de trabajo
repercuten sobre su vida y su salud”.

Ciertos estudios pusieron de manifiesto que, en el pasado, las organizaciones sindicales no


asignaron mayor importancia a los problemas de salud síquica y mental porque los habían
naturalizado y los percibían como aspectos exclusivamente subjetivos e individuales, que
quedaban fuera de la acción sindical o en caso contrario los negociaban contra primas por
riesgo como las que están presentes en la mayoría de los convenios colectivos de trabajo y
en los estatutos de la función pública. Por su parte, los trabajadores expresaban de manera
atenuada su sufrimiento, porque para poder adaptarse y resistir los riesgos del trabajo, ellos
construyen colectivamente sus “ideologías defensivas” (expuestas con claridad por C.
Dejours y su equipo). Estas les permiten, por un tiempo y si no hay crisis mayores, intentar
negar o poner un velo sobre los riesgos y aspectos negativos del trabajo durante la jornada
laboral, haciendo funcionar la “estrategia defensiva” para invisibilizar los riesgos, negarlos,
subestimarlos, dado que no pueden renunciar a sus empleos si no tienen otra alternativa
mejor. Pero eso los lleva a confiarse en sí mismos y finalmente los accidentes suceden
porque los riesgos no desaparecen.

Las CyMAT impactan sobre la salud de todos los que trabajan


De los riesgos del medio ambiente y de la carga global de trabajo generada por el proceso
de trabajo se derivan los impactos diferenciales sobre la salud de cada uno de los
trabajadores y los resultados sobre la eficiencia productiva. Los más evidentes son:

1) La fatiga fisiológica. Es un estado y un proceso de desgaste de la fuerza de trabajo


recuperable normalmente con la comida, el sueño, el descanso, el deporte, la recreación, la
vida familiar y las relaciones sociales. Los principales síntomas son trastornos músculo
esqueléticos, dificultades psíquicas y mentales, perturbaciones del sueño, del apetito, de las
relaciones sexuales.

2) La fatiga patológica. Se genera cuando la misma se acumula porque no se ha podido


recuperar; eso constituye un estado previo a una ruptura del equilibrio de la salud, y
provoca a menudo “crisis nerviosas” que se manifiestan tanto en el lugar de trabajo como
en el hogar.

3) Las marcas del trabajo. Sobre el cuerpo humano quedan marcas características o huellas
duraderas provocadas por las condiciones y medio ambiente del trabajo realizado que se
pueden identificar pasando desde las más específicas hasta las más difusas y globales, por
ejemplo: deformaciones fisiológicas debidas a la utilización intensiva de ciertos órganos o
músculos, que pueden ser permanentes. A veces los trabajadores muestran sus heridas con
orgullo.

4) Los riesgos psicosociales provocados por las CYMAT sobre el funcionamiento psíquico y
mental pueden provocar enfermedades, así como modificaciones del comportamiento y de
la personalidad.
5) El envejecimiento prematuro, debido a la intensa carga de trabajo soportada de manera
persistente en ocupaciones específicas donde el trabajo es muy intenso y tienen muchas
exigencias debido a un uso desproporcionado de sus órganos vitales. No es difícil percibir
esa condición en ciertas categorías de trabajadores.

6) La diferenciación de la esperanza de vida, por parte de ciertas profesiones, según la


exposición a riesgos ocupacionales específicos cuyos miembros en promedio viven menos
que el conjunto de la población. Está probado estadísticamente y por esa causa la edad
jubilatoria es diferente. Existen investigaciones epidemiológicas del INSEE que justificaron
en Francia la diversidad de la edad jubilatoria, como muestra este cuadro:
7) Las enfermedades profesionales o vinculadas al trabajo, reconocidas por la legislación, pero
que con frecuencia son “listas cortas” y excluyen las de carácter psíquico y mental.

8) Los accidentes de trabajo.

9) La invalidez parcial o permanente como consecuencias de accidentes y enfermedades


profesionales.

10) Los accidentes “in itinere”, que pueden ser más o menos graves y dejar secuelas.
Actualmente es una de las principales causa de muerte de los trabajadores, como se señala
en otro capítulo de este número.

11) La muerte como consecuencia de accidentes de trabajo y de enfermedades profesionales.


En el país mueren aproximadamente dos personas por día a causa de los accidentes de
trabajo pero cabe recordar que es difícil contabilizar como tales a los que mueren como
consecuencia de enfermedades profesionales (por ejemplo el cáncer). Por otra parte en ese
cálculo no figura el 33% de los asalariados que actualmente tiene un empleo no registrado
(trabajan “en negro”) y donde los riesgos son más graves y abundantes.
Pero los impactos de las CyMAT no quedan limitados a la salud del
trabajador

Para concluir con esta sintética presentación cabe señalar que los impactos de las
CyMAT no solo pueden provocar muertes, dolor y sufrimiento de las personas, también
repercuten sobre la macroeconomía en términos de la competitividad sistémica, es
decir, las ventajas competitivas de un sistema productivo. Esto es un justificativo
adicional cuando se adopta una política nacional en materia de condiciones y medio
ambiente de trabajo para preservar la salud.

En un primer nivel, deficientes CyMAT acarrean elevados costos de prevención, de


reparación y de indemnizaciones que normalmente repercuten sobre los montos de
cotizaciones para los seguros contra riesgos del trabajo (ART), implican mayores gastos
del sistema nacional de salud, elevadas tasas de ausentismo que requieren reemplazos,
conflictos laborales justificados cuando hay compañeros que se accidentaron por falta
de prevención o mueren por esa causa en el lugar de trabajo a donde fueron
precisamente “a ganarse la vida”. Además se perturba el proceso productivo y ocurren
pérdidas de tiempo para la producción cuando ocurren incidentes o accidentes. A nivel
de la competitividad internacional, es difícil de imaginar que sin ejercer su derecho a
adecuadas CyMAT los trabajadores se puedan implicar de manera permanente y eficaz
para asistir regularmente, obtener elevada productividad, invertir su iniciativa y
creatividad para mejorar la calidad y reducir los costos de producción. Aceptar la
introducción de nuevas tecnologías informáticas y organizacionales cuyos riesgos son
aún desconocidos, formarse para operarlas de manera eficiente para fabricar nuevos
productos o prestar nuevos servicios, hacer frente a las innovaciones en cuanto a los
productos y los procesos, involucrarse y comprometerse para alcanzar los objetivos en
materia de cantidad y calidad y entregar la producción “justo a tiempo”, no se puede
lograr de manera sostenida y eficaz si el proceso de trabajo deteriora la salud de los
trabajadores porque esto disminuye su eficiencia productiva y genera conflictos.

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