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Consejería Bíblica: Principios y Prácticas

Este documento describe los principios bíblicos de la consejería. Explica que la consejería bíblica se basa en las Escrituras como su fundamento teórico y práctico. También afirma que la consejería no es exclusiva para profesionales, sino que es una responsabilidad de toda la iglesia de acuerdo a la Biblia. Además, destaca que las Escrituras son la única autoridad para resolver problemas espirituales y que Dios es el verdadero consejero.
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Consejería Bíblica: Principios y Prácticas

Este documento describe los principios bíblicos de la consejería. Explica que la consejería bíblica se basa en las Escrituras como su fundamento teórico y práctico. También afirma que la consejería no es exclusiva para profesionales, sino que es una responsabilidad de toda la iglesia de acuerdo a la Biblia. Además, destaca que las Escrituras son la única autoridad para resolver problemas espirituales y que Dios es el verdadero consejero.
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Principios Bíblicos en el Aconsejar

Jaime Morales
Extracto de “Consejería Bíblica Práctica”
Introducción
Los términos consejería y aconsejamiento no pertenecen al español
según el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), por lo menos no en
la connotación que nosotros les damos. Estos vocablos más bien son una
traducción de la jerga evangélica de la palabra inglesa counseling, una palabra
que describe una de las funciones más importantes del ministerio pastoral y de
todos los miembros de una iglesia.
        
Con la expresión “consejería bíblica” me refiero a aquella que tiene como
fundamento las Sagradas Escrituras. Con esto quiero decir que la Biblia es la
que define las motivaciones, los objetivos y las estrategias de la consejería.
Son las Escrituras las que nos dan el fundamento teórico para la práctica de
aconsejar.
Con esto me refiero no solamente a la parte espiritual sino todas las
partes del ser humano porque somos seres integrales. A veces creemos que
como cristianos podemos aconsejar sólo en el campo de las cosas espirituales,
pero según la Escritura todas las cosas son espirituales, todas están
interrelacionadas. Un problema de ira es espiritual, un problema matrimonial
es espiritual, etc. La Biblia es suficiente para cambiar vidas, no solo los
problemas “espirituales” (Salmo 119).
El consejero bíblico
Hoy en día existe la idea generalizada de que los únicos que pueden dar
la consejería son los psicólogos, psiquiatras, orientadores u otros profesionales
de las ciencias sociales. Pero la Biblia dice otra cosa, ella afirma que la
consejería no es exclusiva para los expertos o profesionales. La consejería no
es una ciencia es una cuestión espiritual.
La Biblia dice que la consejería puede ser dada por parte de toda la
iglesia (Ro 15:1, 14; Ga 6:1-2; Col 3:16; 1 Ts 4:18; 5:11; Hb 3:13; Stg
5:16).  Adams, lo expresa de la siguiente manera: “Dios llama a cada
aconsejar a otros en algún punto, algún tiempo, sobre algo. [1]” Con respecto a
Galatas 6:1, Adams continúa diciendo: “La orden es clara: todos tenemos que
restaurar a cualquier hermano o hermana a quién Dios haya colocado
providencialmente en nuestro camino cada día”[2].
La Consejería Bíblica es parte del discipulado cristiano que Dios nos
llama a hacer en la Gran Comisión (Mt 28:19-20) como parte de la missio dei,
este nos dice que debemos hacer “discípulos” en todas las naciones. Y parte
del discipulado cristiano es ayudar a los creyentes a que se conduzcan según la
Palabra de Dios, y una forma de hacer esto es mediante la consejería bíblica.
Así, que si el mandato de la Gran Comisión es para todos los creyentes, la
consejería también es un mandato para todos los creyentes.
John McArthur por su parte lo describe de la siguiente manera “desde los
tiempos apostólicos, la consejería se ha realizado en la iglesia como una
función natural de la vida espiritual del cuerpo de Cristo. Después de todo, el
nuevo testamento manda a los creyentes: “amonestaros los unos a los otros”;
“exhortaos los unos a nosotros”; “animaos unos a otros, edificaos unos a
otros”; “confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para
que seáis sanados”[3]. Todos en un momento u otro necesitamos consejo del
otro, o damos consejo a otros. Esto es un ministerio mutuo entre los
creyentes.
Por supuesto, el cristiano laico no debe andar buscando problemas que
resolver entre los hermanos, esto es ser un entrometido, lo que lo vuelve un
pecado (2 Tes 3:11), más bien, debe dar consejería cuando Dios ha colocado a
otro en su camino[4].
Es una necesidad que cada ministerio de la iglesia realice consejería, los
pastores, misioneros, maestros de escuela dominical, pastores de jóvenes,
líderes de varones o mujeres, etc. Cada uno de estos ministerios tiene bajo su
cargo la responsabilidad de una parte del Cuerpo de Cristo, y estos tienen la
necesidad de recibir consejo bíblico.
         Por supuesto, tampoco niego que puede haber especialistas en
[5]
consejería bíblica , y que en algunos casos podrían resultar necesarios, pero
tampoco hay que pensar que la consejería es exclusiva de estos últimos, la
iglesia en sí es una comunidad terapéutica [6].
         Atkinson y Field[7] y nos dicen “La iglesia debería constituir la mejor
comunidad terapéutica del mundo. A diferencia de cualquier otra, centrada en
un consejero psicológico y sus clientes, la iglesia no es una comunidad
artificial. Enfatiza la aceptación (Ro 15:7); el perdón (Ef. 4:32), la compasión
(Fil 2:1; Col 3:12) y la gracia; es decir, un amor incondicional y divino (Jn
13:34, 35; Ro 12:9, 10; 1 Co 13; Gá 5:13). Estás cualidades nacen del hecho
de que han recibido la aceptación, el perdón, la compasión y la gracia de
Cristo. Por tanto, se crea una verdadera comunión… La verdadera comunión
debería ofrecer seguridad, y ser el terreno perfecto para sanar las heridas y
alcanzar la madurez”. 
Ahora, como lo dije anteriormente considero que puede haber
especialistas en consejería bíblica y uno que es llamado a esto, es el pastor de
la iglesia. El pastor es esencialmente llamado a la tarea de aconsejar, el ha
sido llamado a pastorear la grey, y esto incluye la labor de la consejería.
Adams menciona “si bien todo cristiano tiene que ser un consejero para su
hermano cristiano, la obra de aconsejar, como una vocación especial es
asignada particularmente al pastor”[8]. El pastor ha sido llamado a la consejería
como su función u oficio dentro de la iglesia, además, de la labor de la
predicación.
Al pastor Dios le ha dado la carga y la autoridad para ejercer el
aconsejamiento. Adams, nos menciona que los pastores si son llamados a
“buscar los problemas entre los miembros de la iglesia, con miras a cortarlos
de raíz. Como pastores, no se les requiere sólo que se hagan cargo de los
problemas con los cuáles tropiezan en su camino, sino que han de vigilar sobre
las almas (vidas) de cada miembro”[9] (Hb 13:17).
         Por otra parte, hay personas con dones especiales dentro de la iglesia
que pueden apoyar al pastor en situaciones específicas. Por ejemplo, puede
que hayan personas que Dios los ha dotado de una mayordomía excelente de
sus finanzas, por tanto, el pastor puede recurrir a ellos cuando se busca dar
consejo a una persona que tiene problemas en esa área.
La consejería y la Biblia
En la consejería bíblica la revelación especial de Dios en las Escrituras
tiene preponderancia. Dios se ha revelado a nosotros a través de la Biblia, esto
es lo que los teólogos han llamado “revelación especial”. Así, Dios en las
Escrituras nos revela en forma especial las verdades sobre si mismo, y sobre la
relación del hombre en cuatro dimensiones: su relación con Dios, su relación
consigo mismo, su relación con su prójimo y su relación con la creación.
No hay nadie que conozca mejor el ser humano que el Dios que lo creo,
y este se ha revelado en las Santas Escrituras para guiarnos en los asuntos
prácticos de las Escrituras. Así, las Escrituras son la única fuente de autoridad
para resolver nuestros problemas espirituales (Sal 119:9; 24, 98-100; Jn
6:63; 2 Ti 3:16-17). La consejería sin las Escrituras es una consejería sin el
Espíritu Santo. 2 Timoteo 3:16 nos dice que las Escrituras son útiles para
perfeccionar a lo santos, mediante lo que podemos considerar los medios de la
consejería bíblica: enseñanza, reprensión, corrección e instrucción.  Dios es el
verdadero y único consejero, nosotros solamente somos sus voceros.
Adams nos dice: “Sólo la palabra de Dios mismo puede decirnos
propiamente como hemos de cambiar. Sólo en la Biblia puede hallarse la
descripción veraz del hombre, su situación apurada y difícil y la solución que da
Dios en Cristo. Sólo las escrituras pueden decirnos qué clase de personas
hemos de llegar a ser. Sólo Dios puede mandar, dirigir, y dar poder para
efectuar los cambios apropiados que van a permitir a los hombres, a los cuales
él redime, a que renueven su propia imagen corrompida por la caída.” [10]
        
La Palabra de Dios es suficiente para conducirnos en la vida
piadosamente. La Palabra trata todo lo que necesitamos. No hay un versículo
para cada tema, eso sería demasiado simplista, pero habla sobre todos los
temas. Podemos resumirlo en la expresión “En la Biblia no esta todo, pero
habla de todo”. La Biblia no es una enciclopedia, e ir a ella con la actitud
enciclopedista de la era de la información es incorrecto. Ella no está
acomodada así. Por supuesto, hay temas que en la Palabra de Dios que si tiene
versículos concretos, pero, en muchos otros casos solo contamos con principios
bíblicos, y estos hay que explicarlos a las personas.
Lo que nos dice la Biblia es que pensemos bíblicamente y visualicemos
las cosas desde la perspectiva de la Escritura. Por ello, la consejería cristiana
debe hacerse desde una verdadera cosmovisión bíblica. Por tanto, sus
conceptos sobre Dios, Jesucristo, el hombre, el pecado, los medios de la
gracia, la vida y del mundo en general; deben partir de las Sagradas
Escrituras. 
La consejería y el ser humano
La consejería bíblica debe de partir de una antropología bíblica y no de
una humanista o de otro tipo. Recomiendo que un consejero cristiano haya
leído libros y tomado cursos de antropología bíblica, ya que es esencial el
entender como Dios ve al ser humano para poder aconsejarle de manera
adecuada[11].
A continuación cito algunos principios que vienen de la Biblia sobre el ser
humano:
1.      Los seres humanos somos creados con la necesidad de consejo, eso
parte de la humanidad, desde Génesis vemos un Dios que nos muestra como
hemos de vivir. A Dios llamamos el es el admirable consejero (Isaías 9:6).
2.     El hombre fue creado por Dios a su imagen y semejanza para agradar a
Dios; aunque esa imagen ha sido distorsionada por el pecado desde la caída.
Contrario a lo que dicen los psicólogos humanistas, el hombre no es un animal,
no funciona por instintos (instinto sexual, instinto de supervivencia) sino por
decisiones. El hombre no tiene las respuestas dentro de sí mismo; ni es
autónomo como lo proclama el humanismo, especialmente la línea de Carl
Rogers. Sino que la única respuesta la tiene Dios y Él la ha revelado a través
de su Palabra en las Sagradas Escrituras. El hombre es totalmente dependiente
del Dios que lo ha creado, le ha dado la vida y le permite vivir; el hombre en
definitiva necesita a Dios.  
3.     El hombre no es naturalmente bueno sino que es pecador. El pecado es
una transgresión de la ley divina, una afrenta contra Dios (I Jn 3:6; Sal 7:11).
Muchos de los problemas humanos como el alcoholismo y la homosexualidad
no deben ser tildados simplemente como “enfermedades”, este concepto lo
que hace es quitar la propia responsabilidad. Muchos de los problemas del ser
humano son originados por el pecado (hamartiagénicos, es decir, engendrados
por el pecado) de la persona sea este sujeto pasivo o activo; y aún cuando es
sujeto pasivo[12] es responsable por sus reacciones pecaminosas. Nunca como
consejeros debemos minimizar el pecado; recordemos que es rebelión contra
Dios y debe ser tomado seriamente. Para el humanista Carl Rogers los
consejeros deben ayudar a los clientes a que acepten sus sentimientos
negativos, los admitan y los validen[13]. Para el consejero bíblico los
sentimientos negativos son pecado, y le llama a la confesión de pecados y al
arrepentimiento.  
4.     El hombre es responsable por sus problemas; los problemas no se deben
a baja autoestima (Ef 5:29; Ro 12:2) ni son producto de los pecados de los
demás. No hay que echarle la culpa a la sociedad u otros; la Biblia dice que yo
soy responsable por mi propio pecado (Jer. 31:29-30); desde el Edén el
hombre siempre ha buscado esconderse para no enfrentar sus problemas y
además, echarle la culpa a otro. La responsabilidad es la capacidad de
responder a cada situación de la vida según los mandamientos de Dios. 
5.     En nuestra condición de pecadores no somos aceptados por Dios (Sal
58:3; Ro 3:10-18; Sal 7:11); por tanto, la persona impía no debe simplemente
aceptarse tal y como es; ni mucho menos debe creer que Dios lo acepta tal y
como es. Aunque afirmamos paradójicamente que “Dios ama al pecador pero
odia al pecado”, esto no implica que Dios acepte al pecador. El Salmo 7:11 nos
dice más bien que “Dios está airado contra el impío todos los días”. Ahora bien,
es cierto que los cristianos son aceptados por Dios “en el Amado” (Efesios
1:6), que llevó nuestras culpas y nos acepta porque nuestros pecados han sido
perdonados, y también que como cristianos debemos aceptarnos los unos a los
otros solamente porque somos hermanos en Cristo (Romanos 15:7); pero, en
este tipo de aceptación no existe ninguna implicación que nos diga que no se
pueden hacer juicios sobre pecado. El pasaje en Mateo 7:1-5 lo que condena
son los juicios ilegítimos; en la Biblia se manda a juzgar en forma específica
(Jn 7:24). Recordemos, que “aceptar” el comportamiento pecaminoso ante los
ojos de la persona aconsejada es lo mismo que aprobarlo.  
La consejería y la santificación
El único tratamiento para el pecado es la justificación por la fe y la
santificación progresiva por medio del Espíritu Santo. El hombre debe confesar
su pecado, arrepentirse y aceptar el perdón de Dios. En el fondo la consejería
bíblica es una aplicación de los medios de santificación.  R.C. Sproul nos
menciona sobre el papel santificador del Espíritu Santo “Es tarea del Espíritu
Santo hacernos santos. Él nos consagra. El Espíritu Santo cumple el papel de
santificador. Ser santificado es ser hecho santo o justo. La santificación es un
proceso que comienza en el instante en que nos convertimos en cristianos. El
proceso continúa hasta nuestra muerte cuando el creyente es hecho justo por
última vez, completamente y para siempre”[14].
La santificación en las Escrituras es un estado pero también es un
proceso. De cierta manera somos santos e igualmente Dios nos está
santificando. Ningún cristiano puede afirmar “es que yo soy así”, eso es negar
el proceso de santificación. Nosotros como creyentes estamos siendo
santificados, estamos en construcción, Dios esta trabajando en nuestras vidas.
La consejería desde el punto de vista de la santificación es mostrarle a la
persona que Dios le está cambiando a él o a ella a través de las circunstancias,
no es cambiar las circunstancias.
La santificación implica cambios personales. Todo hombre puede
cambiar con la ayuda de Dios (Mt 19:25-26). El cambiar hábitos no es fácil
pero es posible, los cristianos no pueden decir no se puede (I Co 10:13; Fil
4:13). Recordemos que no hay nada imposible para Dios. La personalidad
puede ser cambiada, Dios nos da excelentes ejemplos en sus Escrituras de
hombres totalmente transformados como Israel, Pedro y Pablo. No se debe
permitir que una persona alegue que él es así y que no se puede hacer nada
respecto a ello.  
“El remedio de Dios para los problemas del hombre es la
confesión”[15] (Pr. 28:13); está debe ser primeramente a Dios y luego a las
personas afectadas; además de ello la Biblia demanda restitución. Además, de
confesar que se ha pecado contra la otra persona, y pedirle perdón, es bueno,
si esto es posible, solicitarle su ayuda para romper las viejas pautas y
establecer nuevos patrones bíblicos.
La consejería y el Espíritu Santo
El Espíritu Santo es el consejero por excelencia, el es llamado por Juan
“paracleto” (consejero) y por Isaías el “el espíritu de consejo” (Isaías 11:2). El
es el autor de la Palabra y por tanto, opera por medio de la Palabra de Dios (Jn
3:5; 15:3; Ef 5:26). “Para que la consejería sea realmente cristiana, tiene que
ser llevada en armonía con la obra regeneradora y santificadora del Espíritu de
Dios”[16]; recordemos que es el Espíritu Santo junto con la Palabra la que
produce los cambios (Hb 4:12; 6:3; Hch 20:32). John MacArthur nos dice “el
nuevo nacimiento es obra soberana del Espíritu Santo (Jn 3:8). Y todo aspecto
de verdadero crecimiento espiritual en la vida del creyente es producido por El,
utilizando las escrituras (Jn 17:17). El consejero que pasa por alto este punto
experimentará fracaso, frustración y desaliento[17]. Sólo el espíritu santo puede
lograr cambios fundamentales en el corazón; por tanto, él es el agente
indispensable en toda consejería bíblica efectiva. El consejero, armado con la
banda bíblica, puede ofrecer guía y pasos objetivos hacia el cambio. Pero, a
menos que el Espíritu Santo esté obrando en el corazón del aconsejado,
cualquier cambio aparente será ilusorio, superficial y temporario, y los mismos
o peores problemas reaparecerán muy pronto” [18].
En palabras de Jay Adams: “Si el aconsejar es en esencia un aspecto de
la otra de santificación, entonces el Espíritu Santo, cuya obra principal en el
hombre regenerado es santificarle, tiene que ser considerado como la persona
más importante en el contexto del aconsejar” [19]. Si el Espíritu Santo es la
persona más importante en el aconsejar, significa que la función del consejero
es simplemente declarar lo que Dios dice, los cambios le corresponden
solamente al Espíritu de Dios. De ahí la importancia de tener una buena
pneumatología[20].
La consejería y la gloria de Dios
La meta de la consejería no es que la persona se sienta mejor sino la
gloria de Dios. (Efesios 1:6, 12, 14; Ef 3:21; 1 Co 10:31). Su segunda meta es
perfeccionar a los santos (Ef 4:11-16). Al ser como Cristo, Dios será
glorificado. El objetivo de la consejería no es simplemente el resolver los
problemas, sino el cómo vamos a vivir la vida, como Adán o como Cristo, de
una manera que demos rienda suelta a nuestra naturaleza pecaminosa o de
una manera que agrade a Dios.
Si Carl Rogers[21] llama a su sistema terapia centrada en el cliente, los
creyentes tenemos consejería centrada en Dios. Los esposos Bobgan lo
expresan así “En lugar de centrarse en los problemas o procurar revelar lo que
hay en sus corazones, el pastor y su congregación deben ocuparse
activamente en la santificación, creciendo en el fruto del Espíritu, aprendiendo
a andar en el Espíritu, teniendo a Jesús por centro de atención y haciéndose
semejante a Él, que es la meta de nuestra vida”[22].
El consejero no está para remover los problemas sino para que la
persona se someta a la voluntad de Dios; no estamos para que la gente se
sienta bien, sino para que haya cambios en sus vidas y sean santificados; hay
que guiar y exhortar a las personas a que sus normas de comportamiento se
conformen a la norma bíblica; sólo de está forma se glorificará a Dios. Esto
especialmente cuando la consejería debe tomar forma noutética [23], es decir, de
exhortación por el pecado. El “éxito” en la consejería se mide en relación a si
Dios ha sido glorificado o no; no importa que la persona le haya gustado o no.
Recordemos que el consejero no trata de imponer sus propias normas
sino las normas de Dios; y se debe ser cuidadoso en no confundir ambas. Para
evitar la dependencia al consejero se debe por medio del modelado y la
práctica supervisada (hoy se hablaría de mentoría, en los tiempos
neotestamentarios de discipulado); enseñar a las personas a utilizar las
Escrituras por su propia cuenta a fin de dar respuesta a sus problemas. Una
forma de iniciar esto es promoviendo el desarrollo de devocionales personales
(que por supuesto incluya lectura y meditación de la Biblia) en los
aconsejados.
La consejería bíblica no consiste solamente en escuchar para que la
persona se sienta bien; por supuesto, la Biblia llama al consejero a escuchar;
pero esto es antes que responder (Pr 18:13). Escuchar es interesarse en lo que
el otro dice y responder de una manera adecuada de acuerdo a las normas
divinas. El humanista Carl Rogers menciona que el terapeuta debe estar alerta
y responder a los sentimientos expresados del cliente y no al contenido
intelectual[24]. Para Rogers el terapeuta debe evitar contestar y responder al
sentimiento acompañado por las expresiones[25]. Es decir, se refiere a que lo
importante es comprender los sentimientos del aconsejado y no responder a lo
que está diciendo realmente. Esto no es verdaderamente escuchar, es sólo
alcahuetear los sentimientos de la persona que normalmente están asociados
al pecado. El aconsejado está esperando una respuesta bíblica y sabia para
poder aplicar en el problema.
Por otra parte, la simple “catarsis” no es el objetivo de la consejería
bíblica sino el que las personas se sujeten a la voluntad de Dios. Esto es lo que
realmente glorificará a Dios. La consejería bíblica en este caso es opuesta a la
consejería humanista. Por ejemplo, para el consejero humanista Carl Rogers
uno de los elementos centrales de la terapia es la descarga emocional, es
decir, la liberación de los sentimientos [26]. Para él está descarga emocional o
liberación de los sentimientos se vuelve el propósito esencial de la consejería.
Pero como consejeros cristianos sabemos que sencillamente la descarga
emocional no tiene sentido si la persona lo hace como un fin en sí mismo, y no
con la motivación de agradar a Dios.
Según Rogers cuando el consejero muestra una simpatía vigilante ante
las actitudes expresadas por el cliente y reconoce y clarifica sus sentimientos,
la entrevista está centrada en el cliente [27]. Y esto, es cierto, está centrada en
el cliente, en el pecado del cliente, y no en como deben ser las cosas. La
entrevista debe tener en el centro a Dios y no a la persona. Cuando ponemos
en el centro a la persona estamos siendo humanistas, cuando ponemos en el
centro a Dios estamos siendo cristianos.
         Por otra parte, Adams nos dice “cada consejero debe ver claramente que
todo lo que hace en el aconsejar no sólo lo hace para el aconsejado sino
también para Cristo y para su iglesia”[28].
La consejería, la esperanza y la soberanía de Dios
La esperanza verdadera está fundada en la Escritura (Ro 4:18; 2 P
1:4.). Adams menciona “En un sentido, todo aconsejado necesita esperanza. El
pecado ha producido sus efectos de abatimiento y desánimo en las vidas de
todos. Todo cristiano está desanimado en una u otra ocasión. Con frecuencia,
esta actitud deteriora en el pecado de la falta de esperanza” [29].
Por otro lado, los psicoterapeutas solo pueden infundir falsa esperanza
(Pr 10:28; 11:7). Cuando las cosas no tienen sentido para los seres humanos,
para Dios si tienen sentido. El sabe que está haciendo en su soberanía, y es
algo en que podemos reposar los creyentes (Ro. 8:28). El consejero humanista
no tiene el recurso de la soberanía de Dios, sólo los consejeros bíblicos
podemos dar aliento en medio de las situaciones de crisis donde se cree que
las cosas no tienen sentido. Los casos de Job, José (Gn. 50:20), Sadrac, Mesac
y Abednego (Dn. 3:17) son testimonio de la soberanía de Dios sobre sus hijos.
Podemos confiar en que la soberanía de Dios es suprema.
Hay esperanza en el Dios soberano. En palabras de Jay Adams “Si Dios
es soberano, la vida no es absurda; tiene un designio, un significado, un
propósito”[30]. Dios tiene el control de todo, el es el que no permite que el
mundo se desboque.
Pero la esperanza es realista. Romanos 8:28 dice que todas las cosas
nos ayudan a bien, no que todo va a ser “color de rosa”. “Aún cuando la
verdadera esperanza aguarda que un bien resulte de las pruebas, no procura
negar la realidad el pecado ni del sufrimiento y dolor que esas pruebas pueden
causar”[31].
Nuestro objetivo es enseñar a las personas a que miren las cosas como
Dios las ve, desde la perspectiva de Él. Hay que enseñar a no solo mirar el lado
malo de las cosas, sino lo que Dios desea cumplir a través de la dificultad.
Conclusión
Hemos visto como las Sagradas Escrituras son el fundamento de la obra
de consejería. Ellas son indispensables para la tarea del aconsejamiento que
debe ser realizada por toda la iglesia, especialmente por aquellos que Dios ha
llamado al servicio pastoral. Estudiemos y meditemos en la Palabra para que
conduzca nuestras vidas y nos ayude a conducir a otros.

[1]
 Adams, J. Capacitados para restaurar, p. 13.
[2]
 Ibíd., p. 14.
[3]
 MacArthur, J. Una nueva mirada a la consejería bíblica, p.17
[4]
 Adams, J. Capacitados para restaurar, p. 16.
[5]
 Con esto me refiero a pastores que conocen lo suficiente la escritura como para poder aplicarla en diversos
casos prácticos. No me refiero en ninguna manera a expertos en psicología.
[6]
 No importa si la persona es una experta o no, lo que realmente es importante es si el consejo fue bíblico o
no lo fue.
[7]
 Atkison y Field. Ética Cristiana y Teología Pastoral, p. 80.
[8]
 Adams, J. Manual del Consejero Cristiano, p. 23.
[9]
 Adams, J. Capacitados para restaurar, p. 16.
[10]
 Adams, J. La práctica de la consejería, pp. 31-32.
[11]
 En el momento de escribir estás líneas, puedo mencionar que MINTS tiene dos cursos de antropología, uno
escrito por el Dr. Cornelio Hegeman, y otro escrito por la hermana Natalie Carley.
[12]
 Con el termino “sujeto pasivo”, me refiero a cuando pecan contra él, a diferencia del termino “sujeto
activo” con él cuál me refiero a que la persona ha pecado contra alguien o algo.
[13]
 Rogers, C. Orientación Psicológica y Psicoterapia, p. 123.
[14]
 Sproul, R.C. Las Grandes Doctrinas de la Biblia, p. 135
[15]
 Adams, J. Capacitados para orientar, p. 135.
[16]
 Adams, J. Capacitado para orientar, p. 47
[17]
 Peor aún, un consejero no nacido de nuevo, que no le conoce y que ignora su actividad.
[18]
 MacArthur, J. Una nueva mirada a la consejería bíblica, p. 160
[19]
 Adams, J. Manual del Consejero Cristiano, p. 20.
[20]
 Al momento de escribir estás líneas el reverendo chileno Carlos Antonio Mena Carreño está escribiendo un
curso de Pneumatología Reformada para MINTS y que pronto estará disponible. También recomiendo este
estudio para tener una buena perspectiva del papel del Espíritu Santo.
[21]
 Cito continuamente a Carl Rogers porque es el primer propulsor de la psicología humanista, y es
precisamente el teórico que utiliza más actualmente la psicoterapia. La mayoría de sistemas desarrollados por
otros teóricos parten de las mismas premisas básicas que estableció este psicoterapeuta.
[22]
 Bobgan, M. y Bobgan D. El ministerio centrado en Cristo comparado con el asesoramiento centrado en el
problema, p. 77.
[23]
 La consejería noutética es un término acuñado por el Dr. Jay Adams, viene del griego nouteteo que
significa: amonestar, advertir, instruir.
[24]
 Rogers, C. Orientación Psicológica y Psicoterapia, p. 114
[25]
 Ibíd., p. 134.
[26]
 Rogers, C. Orientación Psicológica y Psicoterapia, p. 113
[27]
 Ibíd., p. 118.
[28]
 Adams, J. Capacitados para restaurar, p. 21.
[29]
 Adams, J. Manual del Consejero Cristiano, p. 54
[30]
 Adams, J. La práctica de aconsejar, p. 74.
[31]
 Mack W. Una nueva mirada a la consejería bíblica, p. 217.

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