POLICIA NACIONAL DEL PERÚ
DIREED EESTP CHICLAYO
TRABAJO APLICATIVO INDIVIDUAL
ASIGNATURA : ETICA Y DERECHOS HUMANOS
TEMA : ¿Decencia?
DOCENTE : Comandante PNP Carlos Enrique MORI RIMACHI
SECCION : “D”
PARTICIPANTE : Alumno PNP García Chafloque Erick Jhoel
N° DE ORDEN : 10
CHICLAYO, PERÚ
2016
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INTRODUCCION
La presente monografía trata un tema muy importante para la policía, como es la
Decencia, la cual deriva del latín decentia, es el recato, la compostura y
la honestidad de cada persona. El concepto permite hacer referencia a
la dignidad en los actos y en las palabras. Por ejemplo: “No me gustan los
espectáculos que trascienden los límites de la decencia”, “Encontrar un político con
decencia es tan difícil como hallar una aguja en un pajar”, “Si el entrenador tuviera
decencia, ya debería haber renunciado”.
Es más prioritario originar una sociedad decente que una sociedad justa. Margalit
parte concretamente del contexto en el que vivimos, con todas las indignantes
humillaciones que tan difícil hacen la vida en el mundo. Su precisa argumentación
se inspira en Judith Shklar e Isaiah Berlin. Se trata de una filosofía social inmune a
todos los amenazadores clichés que fomentan la desidia moral y que nos insta a ir
más allá del comportamiento que caracteriza a otros seres humanos. Lo que
emerge del análisis que realiza Margalit respecto a la corrosiva función de la
humillación en sus diversas formas es cómo ser decente, cómo construir una
sociedad decente. Nos encontramos ante un libro cuidadosamente argumentado y,
lo que es aún más importante, profundamente sentido, que surge de la experiencia
de Margalit en las fronteras de los conflictos entre europeos orientales y
occidentales, entre palestinos e israelíes.
Entre los hallazgos tenemos: Al enterarse los jóvenes cual es la verdadera
realización personal no se puede alcanzar solamente con la satisfacción de los
placeres si no que conviviendo ya sea en el trabajo, en el desarrollo profesional en
los cuales socialmente no tendrían que preocuparse por la calidad moral. Los
filósofos cuyas contribuciones sean importantes son: Samuel von Pufendorf,
Thomas Hobbes y John Locke son los que estaría fundamentando con el desarrollo
de una dicha teoría de ley natural como principio. En resumen de todo nosotros los
humanos tienen intereses creados y seres humanos lo cual se ven sometidos a los
cuales los seres humanos nos debemos conformar y asi poder oponer sus
verdugos.
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Índice
INTRODUCCION...........................................................................................................................................2
CAPÍTULO I: DECENCIA.............................................................................................................................4
1.1 Decencia.........................................................................................................................................5
1.2 La decencia en el hombre.............................................................................................................8
1.3 La decencia en la mujer.................................................................................................................9
1.4 Cultivando la cultura ciudadana en la decencia.......................................................................12
1.5 La decencia en la sociedad.........................................................................................................12
1.6 Decencia judicial...........................................................................................................................13
CAPÍTULO II: LA MORALIDAD DEL SER HUMANO.............................................................................16
2.1. Hablemos de la moralidad, sino de la decencia......................................................................17
2.2 La Ley Natural..............................................................................................................................18
2.3. La crueldad como experimento: Donde la Ley Natural no existe..........................................21
2.4 El lapso imprevisto de la Ley Natural y sus consecuencias psicológicas.............................22
CONCLUCIONES........................................................................................................................................23
RECOMENDACIONES...............................................................................................................................24
BIBLIOGRAFÍA............................................................................................................................................25
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CAPÍTULO I: DECENCIA
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1.1 Decencia
Decencia, del latín decentia, es el recato, la compostura y la honestidad de cada
persona. El concepto permite hacer referencia a la dignidad en los actos y en las
palabras. Por ejemplo: “No me gustan los espectáculos que trascienden los límites
de la decencia”, “Encontrar un político con decencia es tan difícil como hallar una
aguja en un pajar”, “Si el entrenador tuviera decencia, ya debería haber
renunciado”.
Es posible definir la decencia como el valor que hace que una persona
sea consciente de la propia dignidad humana. Por eso, prefiere guardar su cuerpo,
pensamientos y sentidos para evitar exponerlos a la morbosidad.
La decencia suele asociarse a la desnudez o a la provocación sexual. Un
ejemplo común de persona indecente es aquélla que se muestra sin ropa o con
vestimenta inadecuada en público y mantiene una actitud provocativa más allá de
la intimidad.
Decencia, del latín decentia, es el recato, la compostura y la honestidad de cada
persona. El concepto permite hacer referencia a la dignidad en los actos y en las
palabras. Por ejemplo: “No me gustan los espectáculos que trascienden los límites
de la decencia”, “Encontrar un político con decencia es tan difícil como hallar una
aguja en un pajar”, “Si el entrenador tuviera decencia, ya debería haber
renunciado”.
Es posible definir la decencia como el valor que hace que una persona
sea consciente de la propia dignidad humana. Por eso, prefiere guardar su cuerpo,
pensamientos y sentidos para evitar exponerlos a la morbosidad.
La decencia suele asociarse a la desnudez o a la provocación sexual. Un ejemplo
común de persona indecente es aquélla que se muestra sin ropa o con vestimenta
inadecuada en público y mantiene una actitud provocativa más allá de la intimidad.
Veamos algunas oraciones de ejemplo: “Es evidente que el hijo de la cantante no
tiene ningún sentido de la decencia”, “Disculpa que te lo diga, pero ese traje de
baño no resalta tu decencia”, “Tal vez no haya ascendido en la empresa porque
siempre conservé mi decencia y no visité la casa del jefe”.
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Al tratarse de una noción algo abstracta, puede resultar complicado explicarle a un
niño qué es la decencia e instruirlo al respecto. Los psicólogos afirman que la
decencia debe enseñarse en todo momento a partir del ejemplo propio, tanto en
conversaciones como en los gestos, las actitudes y la vestimenta. Es importante
trabajar en la difusión de este valor ya que los pequeños no tienen conciencia
sobre las consecuencias de un comportamiento indecente.
En parte, la dificultad de enseñar a un niño el concepto de decencia en toda su
extensión, reside en la pobreza que caracteriza la educación de los más pequeños;
por lo general, la crianza está formada por una serie de mentiras y por la negación
de muchas verdades, para evitar supuestos daños psicológicos causados por la
exposición a ideas imposibles de procesar a temprana edad. De acuerdo con estos
principios, hablar de desnudez y provocación sexual no es una opción viable antes
de la adolescencia.
Sin embargo, una de las consecuencias más graves de ocultar los temas
relacionados con el sexo a los más pequeños es la falta de recursos para
defenderse de potenciales abusos a nivel mental y físico. Ha sido comprobado en
numerosas ocasiones que los niños con conocimiento de la perversión humana y
de los límites que deberían establecer a su entorno con respecto a la relación que
mantenga con su cuerpo, tienen muchas posibilidades de salvarse a tiempo de
violaciones y maltrato psicológico.
Por lo tanto, no cabe duda de la importancia de inculcar durante la infancia los
conceptos que resultarán indispensables para el desarrollo de una vida sana en la
adultez. Y la decencia, como se expone en párrafos anteriores, no sólo está
relacionada con el plano sexual, sino que hace referencia al conjunto de acciones y
de ideas que definen la calidad de una persona, sus inclinaciones en cuestiones
como la justicia, la compasión y el respeto de la libertad ajena.
Parte de la complejidad de este concepto reside en el contexto y las circunstancias;
por ejemplo, la acción de robar no siempre se mira con los mismos ojos, ya que si
bien se considera indecente quien toma el dinero ajeno por mera codicia, quien lo
hace para dar de comer a su familia recibe un juicio compasivo. No todos
comparten esta visión, y existen límites para la doble interpretación: matar en
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defensa propia es aceptable, pero abusarse sexualmente de alguien o torturarlo
durante meses en un cuarto oscuro, no.
La palabra decencia es un término que empleamos con frecuencia en nuestro
idioma y que usamos para referir diversas cuestiones.
Cuando un individuo actúa y se comporta en diferentes situaciones con recato y
respeta las convenciones sociales establecidas en su comunidad o en el contexto
en el cual se halle, se dirá que se destaca por su decencia. Para la celebración de
su santidad se pide que los fieles vistan con decencia.
Por otra parte, cuando se emplea el concepto a instancias de un contexto sexual es
para referir el respeto a la moral sexual. Que mantengas relaciones sexuales con tu
novia atenta contra la decencia propuesta por esta familia.
De esto se desprende que lo opuesto a esta referencia es el deshonor, que implica
la pérdida de respeto, de estima y de honor y por tal cuestión es que situaciones
como la provocación sexual y la desnudez se considerarán opuestas a la decencia.
Por ejemplo, aquellos contextos o sociedades que se caracterizan por ser muy
conservadores impulsarán y promoverán acciones y pensamientos en orden a la
decencia, mientras que se mostrarán contrarios a aquellas acciones que se
enmarcan en la provocación.
Asimismo, cuando alguien actúa y piensa con honestidad, también se hablará de
su decencia. Mario es un periodista que se destaca por la decencia de sus
opiniones.
La deshonestidad se caracteriza por la ausencia de honestidad, de ética, de
honradez y de rectitud en cuanto al pensar y al actuar.
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Cabe destacarse, que la decencia, en la mayoría de las culturas del mundo está
considerada como un valor notable.
Otro uso que también se le atribuye a la palabra decencia es como sinónimo de
aseo. El aseo implica la limpieza, el cuidado y el esmero con el cual alguien trata
algo o bien con el cual se presenta. El concepto que se contrapone a este sentido
es el de suciedad, porque justamente indica la impureza y la falta de aseo que
dispone algo o alguien.
1.2 La decencia en el hombre
En los barrios se reconocen aquellas personas que se distinguen por su decencia,
una cualidad que mucho tiene que ver con la forma correcta de comportarse, de
hablar y de dirigirse a los demás en tono bajo y sin gestualidades. La decencia es
uno de los valores más importantes para darse a respetar.
Por lo general a estas personas se les reconoce su actitud ante la vida: los adultos
son trabajadores y los más jóvenes van a la escuela con sistematicidad y
constancia en los diferentes niveles educativos. No tiene que ver esa cualidad con
el nivel cultural que se tenga ya que se trata de una actitud ante la vida y la forma
de comportarse.
Se reconoce a la decencia como un concepto amplio que tenemos ante si cuando
existe respeto hacia los demás, se tiene la medida exacta de lo que afecta o no al
resto y se cuida la convivencia colectiva para no molestar.
La persona decente es honrada, incapaz de tomar algo ajeno y recta a la hora de
tomar decisiones vinculadas a la honestidad. Por lo general esa forma significativa
de ser se transmite de generación a generación.
No es esta cualidad sinónimo de pasividad; al contrario, pues defienden lo justo con
pasión y comunica su opinión sobre aquellos que actúan de forma incorrecta.
Aunque no son de los que van con frecuencia a otras casas de visita, todos saben
que se puede contar con ellos ante una urgencia de cualquier miembro de la
comunidad ya que siempre están dispuestos a ayudar. Estas personas dan los
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buenos días al salir de sus casas en la mañana y las buenas tardes al regresar del
trabajo, aunque algunos no les respondan.
Son admiradas porque los caracteriza la sencillez y aunque tengan un alto nivel
educativo y profesional se relacionan con la mayor naturalidad.
La verdadera decencia viene del interior, y consiste en los íntimos sentimientos de
honestidad y modestia, en la conformidad de las acciones exteriores, con las leyes
positivas y con las que impone la opinión general – afirma el sitio wikilengua-.
No obstante sus virtudes, una minoría en las comunidades no los ve bien y en
ocasiones hasta se burlan de ellos: son los amigos de los escándalos, de la música
estridente, de la vulgaridad y el desparpajo.
La persona formada en un hogar donde prima la decencia, despierta confianza en
los demás por la integridad de su conducta; sus relaciones son estables porque se
basan en el respeto. Es un valor que templa el carácter, lo fortifica y ennoblece.
1.3 La decencia en la mujer
Busca algo que estimule su imaginación y sentidos (revistas, películas, internet,
etc.); la mirada se vuelve inquieta, buscando enfocarse en personas físicamente
atractivas; asiste a espectáculos y lugares donde la sexualidad humana es sólo una
forma de tener placer..
Una vez que se entra en este sucio círculo todo cambia de dimensión, en vez de
considerar como importantes los aspectos más humanos de las persona
(inteligencia, cualidades, sentimientos), ahora es la presencia y atracción física lo
que cuenta por el placer que pueda obtenerse, debido a que los afectos ya no
importan.
Faltar a la decencia hace que las relaciones con personas del sexo opuesto sean
inestables y poco duraderas, fundamentadas en la búsqueda de placer, con una
evidente falta de compromiso y obligaciones. Por eso no debe sorprendernos el
aumento de infidelidades y divorcios; jóvenes que cambian de pareja con mucha
facilidad, madres solteras, orfandad, abortos...
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Lamentablemente, parece ser que en determinadas empresas el poseer un buen
físico y poca calidad moral son los requisitos para obtener un empleo, debido a ello,
muchas son las mujeres que pierden “estupendas” oportunidades de trabajo, por
vivir la decencia, por no permitir que se abuse de su condición. ¿Políticas
empresariales? Seguramente son las personas al frente de los recursos humanos,
quienes abusando de su posición pretenden aprovecharse de la necesidad que los
demás tienen. Así es, una sola persona es capaz de destruir la imagen de una
empresa.
Al vivir este valor se garantiza la unión y estabilidad familiar, los hijos pueden
contar con la presencia y ayuda de ambos padres; los jóvenes descubren que la
verdadera realización personal no se alcanza con la satisfacción de los placeres,
sino a través del desarrollo profesional, el trabajo y la formación intelectual; y
socialmente las personas no tendrían que preocuparse de la calidad moral de los
ambientes que le rodean.
En medio de un ambiente que parece rechazar las buenas costumbres y se
empeña en cerrar los oídos a toda norma moral, emerge la personalidad de quien
vive el valor de la decencia: una forma de vestir discreta, con buen gusto, elegante
si lo amerita la ocasión; sus conversaciones no tienen como tema principal el sexo;
en su compañía no existe la incomodidad de encontrar miradas obscenas; su
amistad e interés son genuinos, sin intenciones ocultas y poco correctas.
Esta personalidad en ningún momento se asusta ante la sexualidad humana, se
puede afirmar que la conoce y entiende con mucho más perfección que el común
de las personas. Conocedor de su propia naturaleza, evita los espectáculos,
imágenes, conversaciones y compañías que puedan despertar su sensualidad. No
es su propósito fingir que no tiene esas inclinaciones, les da su lugar, su
importancia; ha decidido que lo más valioso del hombre se alcanza a través del
entendimiento, el autodominio, el trabajo y la sana convivencia con sus semejantes.
La persona decente hace valer la integridad de su comportamiento, cuida de que
no existan interpretaciones equivocadas sobre su conducta: evita trasnochar sin
necesidad; se informa con anterioridad sobre los espectáculos y lugares a los que
desea asistir y no conoce; aunque trata a todo las personas con respeto y cortesía,
evita las compañías cuya conducta es incompatible con su formación.
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Para vivir mejor el valor de la decencia, puedes considerar como importante:
A toda costa debes evitar el ocio y la soledad. En estas circunstancias, la
sensualidad se despierta fácilmente.
Manifiesta respeto por los demás. Cuida que tu mirada no ofenda o
incomode a las personas del sexo opuesto. Evita que tus conversaciones y
bromas hagan alusiones a la sexualidad.
Ten especial cuidado con tu forma de vestir. Los atuendos demasiado cortos
o ligeros, efectivamente hacen que te conviertas en centro de atención, pero
no te hace lucir con formalidad, además, puedes llevarte una sorpresa al
descubrir las intenciones que despiertas en los demás.
No vivas con ingenuidad pensando que tu educación y principios bastan
para vivir decentemente. Evita las ocasiones y los medios que pongan en
peligro tu integridad: revistas, espectáculos, películas e incluso compañías.
Al cuidar tu mirada formas un carácter recio: Evita observar con insistencia a
las personas, esto siempre demuestra intenciones poco honestas.
No basta ser decente, es necesario actuar como tal: sin cometer falta
alguna, se pone en entredicho la honorabilidad de una jovencita que llega a
su casa en la madrugada, sobre todo si salió con el novio y en automóvil; lo
mismo ocurre con la mujer casada que viste con prendas demasiado cortas;
quien adquiere revistas con publicidad demasiado sugestiva, aunque el
contenido haya sido el propósito...
La persona que se preocupa por vivir el valor de la decencia en los detalles más
mínimos, paralelamente despierta confianza en los demás por la integridad de su
conducta; sus relaciones son estables porque se basan en el respeto y el interés
auténtico que tiene por colaborar con los demás.
Tal vez por eso la decencia es motivo de burla, porque no es un valor para tímidos
y cobardes que se dejan llevar por lo que la comodidad y el placer dictan, es un
valor que templa el carácter. Lo fortifica y ennoblece.
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1.4 Cultivando la cultura ciudadana en la decencia
Vale la pena incrementar en nuestra sociedad este gran valor para vivir en armonía
y para esto se necesita: educación, compostura, refinado vocabulario, respeto por
la demás y buena presencia.
Al vivir este valor se garantiza la unión y estabilidad familiar y social en todos los
ámbitos.
Las personas sociables y decentes consideran importante aplicar en la vida los
siguientes tips:
Evitar el ocio y la soledad.
Respetar a los demás, no incomodar a sus semejantes, ser tolerantes, tener
educación e irradiar cultura por sus poros.
Vivir evitando las ocasiones de ofender, maltratar, herir de palabra, gritar, y
poner en peligro la integridad personal.
Preocuparse por vivir este valor de la decencia, porque despierta confianza y
establece buenas relaciones.
Tener mucho cuidado en la presentación personal, en la manera de vestir,
lucir con formalidad y sin desbordarse en lo inmoral.
Seamos realistas, una persona decente será reconocida y cuando muera será
recordado… un indecente si es inteligente es más famoso en vida que después de
muerto.
1.5 La decencia en la sociedad
Avishai Margalit construye su filosofía moral a partir de la premisa siguiente: una
sociedad decente, o una sociedad civilizada, es aquella cuyas instituciones no
humillan a las personas sujetas a su autoridad, y cuyos ciudadanos no se humillan
unos a otros. Lo que la filosofía política necesita urgentemente es una vía que nos
permita vivir juntos sin humillaciones y con dignidad. En la actualidad, la filosofía
centra básicamente su atención en el ideal de la sociedad justa basado en el
equilibrio entre libertad e igualdad. El ideal de la sociedad justa es sublime, pero
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difícil de poner en práctica. En cambio, el de la sociedad decente se puede
materializar incluso en la vida de nuestros hijos.
Es más prioritario originar una sociedad decente que una sociedad justa. Margalit
parte concretamente del contexto en el que vivimos, con todas las indignantes
humillaciones que tan difícil hacen la vida en el mundo. Su precisa argumentación
se inspira en Judith Shklar e Isaiah Berlin. Se trata de una filosofía social inmune a
todos los amenazadores clichés que fomentan la desidia moral y que nos insta a ir
más allá del comportamiento que caracteriza a otros seres humanos. Lo que
emerge del análisis que realiza Margalit respecto a la corrosiva función de la
humillación en sus diversas formas es cómo ser decente, cómo construir una
sociedad decente. Nos encontramos ante un libro cuidadosamente argumentado y,
lo que es aún más importante, profundamente sentido, que surge de la experiencia
de Margalit en las fronteras de los conflictos entre europeos orientales y
occidentales, entre palestinos e israelíes.
1.6 Decencia judicial
Los padres son nuestros primeros juecesCuando las personas violan la ley o no
llegan a un acuerdo para superar sus diferencias deben recurrir a un tercero para
que solucione su caso en justicia.
Ese tercero es un juzgador y por antonomasia el juez. El juzgador debe conocer en
detalle las normas y su espectro de aplicación, los hechos probados sin duda y las
circunstancias de todo orden que rodean esos hechos. El juez no puede imponer
sus convicciones políticas ni ideológicas, ni resolver para ser protagonista de
noticias. Su visión no puede separarse de la justicia y menos ignorar los efectos
secundarios de sus fallos cuando pueden generar polémicas.
Algunos juzgadores se comportan como supremos dictadores del despacho, dejan
ver su histeria y su falta de cultura social. Es irónico que instituciones y funcionarios
encargados de sembrar la semilla del buen trato en la familia, maltraten, regañen y
censuren a quienes llegan a sus casas u oficinas a clamar justicia. Me refiero de
manera específica a los padres de familia, a los integrantes de la pareja, a los
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Defensores de Familia, a los Comisarios de Familia, a los jueces de Familia y a los
Magistrados de Familia.
Es un contrasentido que los padres “corrijan” a sus hijos a golpes, a los madrazos
como se dice popularmente, que los integrantes de la pareja “concilien sus
diferencias” a puñetazos, con palabras soeces y que lleguen hasta el punto de
agredirse físicamente y lo peor que causen la muerte y digan que no les importa
pagar esa muerte con cárcel. Que un usuario de la justicia llegue a una oficina
estatal y deba esperar hasta dos horas para que lo atiendan mal o lo censuren por
haberse dejado agredir o haber dado motivo para que lo agredieran. La ley sin un
buen operador de justicia puede generar el efecto negativo de la injusticia.
A principios de mayo de 2016 tuve la buena suerte de asistir a una audiencia en la
que el juez, un verdadero SEÑOR JUEZ, demostró ser persona prudente que
inspira respeto y se muestra modestamente sabio. Y su equipo de trabajo sigue su
valioso ejemplo.
Es un juez que tiene pasión de la buena por su oficio, que sabe que en la audiencia
hay seres humanos, que no es prepotente, que mira de manera amable, que no
prejuzga, que actúa con la idea de acertar en lo más justo, de no equivocarse, que
sabe que su decisión debe generar satisfacción para la partes no importa que
niegue las pretensiones. Habrá actores que no estarán de acuerdo con los fallos,
pero jamás censurarán la honradez y la ponderación del JUEZ. Cada palabra que
pronuncia lleva un mensaje de confianza y una voz positiva y confiable.
Los códigos disponen que el juez es el director el proceso, pero para nada se
refiere a la necesidad de que el funcionario muestre calidades humanas y menos
que se comporte decentemente. Por eso hay quienes imitan el actuar de las
máquinas y arrasan con lo que encuentran por delante así sean la misma
Constitución y las leyes las que resulten lesionadas.
Los comportamientos humanitarios vienen de las buenas enseñanzas del hogar y
de la experiencia decantada. Bien por los juzgadores que rinden culto a la decencia
y a la bondad como el buen juez MAGNAUD. Ellos son verdaderos sembradores de
PAZ. Y si de verdad queremos paz o mejor si queremos, en términos amplios,
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minimizar la guerra necesitamos soluciones en justicia, que inspiren respeto y
acatamiento.
Y la cita de esta experiencia es para que todas las personas que directa o
indirectamente debemos ayudar a solucionar conflictos de familia nos preparemos,
nos corrijamos y para ser buenos conciliadores y en términos muy amplios, para
ser buenos jueces.
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CAPÍTULO II: LA MORALIDAD DEL SER
HUMANO
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2.1. Hablemos de la moralidad, sino de la decencia
La moralidad como concepto es de uso relativo y conveniente. Todos la buscamos
para apremiarla a nuestro servicio, solamente cuando la necesitamos --- Como
igualmente hacemos con todos los principios éticos, que, como seres civilizados
pretendemos respetar y que en la realidad, con presteza oportuna, descartamos,
cuando hacerlo nos sea expediente.
Todos compartimos, el odio hacia el engaño y el desdén por quienes nos mienten.
No obstante, todos mentimos y, si podemos hacerlo, todos engañamos. (Véase mi
artículo: La mentira).
Como especie, la más inteligente, inclinada a la autodecepción y a la falsedad. A
veces nos cegamos pretendiendo que nosotros, como individuos, somos puros,
limpios, espiritualmente excepcionales e irreprochables --- condición tan ilusoria
como ventajosa.
Quizás no todos así piensen, porque no todos los seres humanos son venales o
volubles. Pero sí que existe un grupo de personas religiosas, políticas y líderes
sociales que, a pesar de ser corruptos, se califican a sí mismos como dechados de
perfecciones y que asimismo demandan que los demás los reconozcamos.
Igualmente así se piensan los miembros de la amplia porción de la población que
padece de trastornos de la personalidad. Pero, éstos representan una categoría
especial, ya que operan a distancias considerables de toda salud emocional.
O. J. es uno entre tantos que pretenden ser especiales y que están por encima de
la moralidad, de la ley y de la ética.
Nos preguntamos…
¿Es que en realidad existen, seres que son más limpios, puros, mejores que el
resto, y exentos de faltas?
No serían los políticos ni los economistas dominicanos… ¿Verdad?
¿Será, entonces los que como O. J. y sus abogados se conducen y piensan?
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¿Existe evidencia, que nos confirme la existencia de personas que están ungidas
por alguna deidad, y quienes, debido a la naturaleza inmaculada de sus vidas
“virtuosas” --- aunque viciosas --- tienen el derecho de descalabrar, como
pecadores al resto de los demás?
De ser así…
¿Dónde está el árbitro que decide, quién peca y quién no?
La moralidad humana no nació de los principios decretados por las iglesias
institucionales, ni por los curas; muchos de los cuales son alcohólicos, pedófilos y
mujeriegos. Ni por los Papas, muchos de entre los mismos, depravados e
incestuosos, cuyos vicios fueran plétora, deshumanizantes, e interminables…
Ni ahora por los atletas que, la juventud identifica como modelo para imitar, o las
celebridades mediocres. Que Paris Hilton encabeza como la santa patrona de esta
manada.
La moralidad humana es producto de nuestros módulos natos expresados en la
esencia misma del concepto sociológico e inmanente de la Ley Natural.
Basado en que la moralidad es producto de módulos natos podemos comprender,
que los actos de aquéllos quienes se burlan de los valores éticos compartidos, nos
causan repulsión y asco.
2.2 La Ley Natural
Tomás de Aquino (1225-1274) fue el primero, de todos los pensadores, cuyas
enseñanzas establecieran las fundaciones básicas para el estudio de la Ley
Natural, operando como principio ético, moral y filosófico. (Véase mi tesis: La ley
Natural).
Desde los tiempos de Aquino, la Ley Natural ha evolucionado, hoy siendo incluida
como parte del currículo de enseñanza de todos los juristas --- aunque en nuestras
universidades no se hace --- no sabemos por qué.
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Los proponentes modernos de los principios que gobiernan este concepto fueron:
Hugo Grotius, quien definiera la Ley Natural como el conjunto de reglas que nos
gobierna y que pueden ser descubiertas por el uso de nuestra razón. Éste mismo,
también propuso que el entendimiento de la Ley Natural es deductivo, nomotético,
e independiente de la experiencia.
En otras palabras que es instintivo, intuitivo y módulo nato.
Los nombres de otros filósofos, cuyas contribuciones fueran de importancia, son los
de Samuel von Pufendorf, Thomas Hobbes y John Locke; quienes proporcionarían
ideas y establecieron principios que asentarían las bases fundamentales para el
desarrollo de una teoría de Ley Natural como principio inmanente.
Con el transcurso de los años, y en la estela dejada por el Holocausto Nazi, las
Naciones Unidas en diciembre 10 del 1948, adoptó la Declaración Universal de los
Derechos Humanos. Documento que fuera basado totalmente, en la aplicación de
la Ley Natural.
La Declaración de los Derechos Humanos es otro documento que todos los
dictadores, tiranos y aspirantes a autócratas del mundo, han ignorado
sistemáticamente desde que se divulgara. Aunque, a pie juntillas y sin problema de
índole moral, todos mantienen que lo observan.
Peor, quienes ignoran la Ley Natural, como dijéramos al principio de este ensayo,
la invocan en su defensa.
Por ejemplo, Saddam Hussein, quien como su alter ego, Fidel, nunca fuera electo
presidente de nada. Durante el primer día de su juicio, alegaba que todo era una
farsa fabricada por los sicarios del Presidente Circunstancial, para que Bush fuera
electo a un segundo término --- Quizás, quizás, quizás…
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Pero, la Ley Natural, como principio, se remonta, por supuesto, a nuestro pasado
distante, cuando aún no sabíamos ni cómo leer ni cómo escribir.
Las leyes Naturales se aplicaban, entonces, de modo racional.
La mentira y el engaño. Ambos, como el uso de las palabras feas, tienen sus
usos, pero solamente bajo circunstancias específicas. El mentiroso habitual
y empedernido, que falsea para destruir reputaciones, para justificar el
homicidio, el incesto, o engaña para robar, está excluido.
La monogamia. Comportamiento sofisticado, que forma parte adaptadora de
la naturaleza de nuestra especie, es módulo nato esencial, ya que la hembra
permanece incapacitada por tiempos prolongados, luego de parir un bebé.
La mujer necesita del hombre y no necesita que éste se ausente para
inseminar a otras en un período crucial…
La lealtad tribal. Es obligatoria, para que la agregación de los residentes del
mismo lugar, puedan defender la propiedad colectiva, con mayor eficiencia.
El intercambio de promesas y de artículos de venta --- el comercio --- era un
asunto esencial de honradez y de honor. Lo que cualquier mercante, hoy,
viola sin resquemores.
La tendencia al chismeo y al murmuro infundado está anulada por la
necesidad racional de verificar los hechos. (Véase mi artículo: Los Chismes
y la Persona Chismosa…).
Aquí sería conveniente releer mi artículo: La autoestima, la dignidad, el auto-
respeto y lo que arruinamos cuando los comprometemos… Publicada en
monografía.com y en Psikis.
Para evitar los excesos de la aplicación errónea de la Ley Natural, el hombre
primitivo, en toda sociedad, escogía un juez, de entre su tribu, para arbitrar las
disputas; consecuencias inevitables de la vida comunal.
Ese juez, en su selección, sería persona sabia, respetada y proveída con
cualidades excepcionales que le garantizaban a quienes a su juicio acudieran, una
audiencia imparcial.
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Todo estuvo bien, hasta que se inventara la aplicación ingeniosa del dinero en aras
de la extorsión y del soborno, y de que se experimentara la embriaguez del poder y
la fama.
Todo cambió, cuando la injusticia avanzaría los intereses del juez y cuando el
poder adquiriera la posibilidad de tramar, con impunidad, la eliminación física de los
adversarios y oponentes.
En ese mismo instante, la Ley Natural se esfumó, dejando en su lugar una farsa de
lo que antes rigiera como principio efectivo y como sistema imparcial.
Ahora, el centro del tablado le correspondería al político bullanguero, o al macho
dominante, personificado con frecuencia por el atleta engreído. Ambos, quienes
harían uso de la coerción, de la manipulación y de la corrupción para ejercer el
capricho dudoso de embaucar los demás por medio de la propaganda.
La verdad muy pronto fue supeditada a la “versión oficial” de la misma, y todo lo
que contradijera esa versión; se convertiría en mentira y no necesitaría ser
corroborada ni sujeta al escrutinio moral de la Realidad. (Véase mi artículo: La
Versión Oficial, en monografías.com)
Así se estableció el clima propiciatorio para el desarrollo de los trastornos de la
personalidad que penetran nuestros grupos humanos y para el nacimiento insidioso
del animal político (Homo politicus).
2.3. La crueldad como experimento: Donde la Ley Natural no existe
En varios centros en Alemania y en partes de los Estados Unidos, se han
conducido experimentos humanos, donde se asigna el rol de carcelero y prisionero
a grupos de personas de origen común.
Dado el sentimiento de tener poder absoluto sobre otros, muy pronto, los
“carceleros”, se convierten en maníacos desalmados, enloquecidos por la visión del
sufrimiento que pueden infligir a los “cautivos” a ellos confiados.
Así operan igualmente padres depravados, esposos abusivos y personas en
posiciones de poder que se aprovechan del uso de la autoridad a ellos confiada.
(Véanse: Obedience to Authority: The Unique Experiment that Challenged Human
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Nature por S. Milgram y The Lucifer Effect: Understanding How Good People Turn
Evil por P. Zimbardo).
2.4 El lapso imprevisto de la Ley Natural y sus consecuencias psicológicas
La violación sistemática de la Ley Natural posee un efecto disruptivo en los
sistemas serotoninérgicos del cerero humano.
Las actividades biológicas de la serotonina --- como quienes manufacturan el
Prozac, bien lo saben --- controlan la autoestima y el matiz de nuestros afectos.
Cuando la Ley Natural se quebranta; instintivamente, nuestros sistemas de alarma,
que responden al peligro, se aprestan a confrontar situaciones que nos amenazan.
Es éste el proverbial quebranto de la ley y del orden, que presagia disturbios civiles
y la posibilidad espantosa de la anarquía.
El resultado es la ansiedad.
Pero, cuando se carece de sistemas de justicia imparciales, como en algunos
países, Nord Corea y Cuba, como ejemplos, la ansiedad se torna contra el ego,
convirtiéndose en la depresión maligna, de que antes ya habláramos.
En resumen, cuando la Ley Natural se subvierte a intereses creados, y seres
humanos se ven sometidos al dominio trágico a que los obligan los controladores
del sistema. Los seres humanos no tienen el deber de conformar, sino que deben
oponer sus verdugos y destronarlos como sea.
Es por ello que el circo de la “justicia” en el caso de O. J. adquiere configuraciones
que la apartan de su naturaleza.
La turba desea el linchamiento del héroe caído, a quien puede haberle llegado su
Juicio Final… (Véase: Tótem y Tabú por S. Freud).
Así se restaura el equilibrio mental. Es la Ley Natural. Es nuestra herencia
paleolítica. Es el principio de nuestra supervivencia final.
Así nos lo explica Darwin y nos lo confirma Spencer
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CONCLUCIONES
En parte, la dificultad de enseñar a un niño el concepto de decencia en toda su
extensión, reside en la pobreza que caracteriza la educación de los más pequeños;
por lo general, la crianza está formada por una serie de mentiras y por la negación
de muchas verdades, para evitar supuestos daños psicológicos causados por la
exposición a ideas imposibles de procesar a temprana edad. De acuerdo con estos
principios, hablar de desnudez y provocación sexual no es una opción viable antes
de la adolescencia.
Al vivir este valor se garantiza la unión y estabilidad familiar, los hijos pueden
contar con la presencia y ayuda de ambos padres; los jóvenes descubren que la
verdadera realización personal no se alcanza con la satisfacción de los placeres,
sino a través del desarrollo profesional, el trabajo y la formación intelectual; y
socialmente las personas no tendrían que preocuparse de la calidad moral de los
ambientes que le rodean.
Los nombres de otros filósofos, cuyas contribuciones fueran de importancia, son
los de Samuel von Pufendorf, Thomas Hobbes y John Locke; quienes
proporcionarían ideas y establecieron principios que asentarían las bases
fundamentales para el desarrollo de una teoría de Ley Natural como principio
inmanente.
En resumen, cuando la Ley Natural se subvierte a intereses creados, y seres
humanos se ven sometidos al dominio trágico a que los obligan los controladores
del sistema. Los seres humanos no tienen el deber de conformar, sino que deben
oponer sus verdugos y destronarlos como sea.
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RECOMENDACIONES
Que para la formación de los niños lo cual le informan diciendo mentiras es por el
mismo motivo que pueden tener daños psicológicos lo cual es causado por la
exposición de ideas imposibles de procesar a temprana edad.
Al enterarse los jóvenes cual es la verdadera realización personal no se puede
alcanzar solamente con la satisfacción de los placeres si no que conviviendo ya
sea en el trabajo, en el desarrollo profesional en los cuales socialmente no tendrían
que preocuparse por la calidad moral.
Los filósofos cuyas contribuciones sean importantes son: Samuel von Pufendorf,
Thomas Hobbes y John Locke son los que estaría fundamentando con el desarrollo
de una dicha teoría de ley natural como principio.
En resumen de todo nosotros los humanos tienen intereses creados y seres
humanos lo cual se ven sometidos a los cuales los seres humanos nos debemos
conformar y asi poder oponer sus verdugos.
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BIBLIOGRAFÍA
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hombre/
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decencia/
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