República Bolivariana de Venezuela
Ministerio del Poder Popular para la Educación
U.E.P. “Cecilio Acosta”
Área: Castellano
Profa. Maira González
Grado: 1cs “U”
III unidad: Poema “La Ilíada” de Homero
Biografía de Homero
Homero fue un poeta épico legendario al que se le atribuyen obras tan populares como la Ilíada y la Odisea.
Los antiguos griegos creen tradicionalmente que Homero fue, ciertamente, un personaje histórico; sin
embargo, en la actualidad, los estudiosos creen cada vez más que Homero no existió. De acuerdo a Martin
West, Homero no es el nombre de un poeta histórico, sino un nombre ficticio o algo así como un pseudónimo.
De la vida de Homero se conoce muy poca información, pero ha sido uno de los nombres más citados y
respetados en el mundo de la literatura, la filosofía y el arte. Su lugar de nacimiento es incierto, debido a que
hay varios lugares que reclaman serlo, incluyendo Quíos, Esmirna, Colofón, Atenas, Argos, Rodas, Salamina,
Pilos, Cumas e Ítaca. Según Heródoto, Homero vivió 400 años antes que él, lo que correspondería al año 850
d.C. Otras fuentes antiguas, indican que, en realidad, vivió cerca del supuesto tiempo de la Guerra de Troya.
Según Eratóstenes, la guerra se desarrolló entre los años 1194 y 1184 d.C. También se acepta en la actualidad,
que la edad de Homero se refiere al tiempo en que se crearon los poemas. Se acepta como fecha el siglo VIII
o el siglo IX, siendo la Ilíada más antigua que la Odisea por algunas décadas. Así, la Ilíada sería el libro más
antiguo de la literatura occidental.
Algunas de las creencias más aceptadas es que fue un poeta y recitador de versos. Fue posiblemente ciego y
acostumbraba a cantar sus poemas en eventos como fiestas y banquetes. Habría muerto en Íos, según
Heródoto, en el curso de un viaje a Atenas. A Homero se le atribuyen la “Ilíada” y la “Odisea”, pertenecientes
al repertorio de los aedos, poetas que recitaban y cantaban en las fiestas aristocráticas. Están escritos en
dialecto jonio, con un lenguaje muy elaborado y grandes cualidades poéticas. Otras obras que se le atribuyen
son “Batracomiomaquia” (una épica menor cómica), los “himnos homéricos” (serie de poemas breves), y
algunas obras pérdidas o fragmentarias como “Margites”, el “Ciclo épico” y algunas epopeyas. Sin embargo,
algunos autores modernos están de acuerdo en que todos estos últimos fueron escritos después de la Ilíada y la
Odisea.
Es importante destacar la llamada “cuestión homérica”, que surgió luego de las diferentes teorías sobre
Homero. François Héde fue el primero en sugerir que Homero no había existido, publicándolo en sus
“Conjeturas académicas sobre la Ilíada” en 1664. Postuló que los poemas homéricos eran una obra colectiva
que se realizó en varias etapas. Más adelante, la cuestión homérica fue tratada por una serie de eruditos como
Giambattista Vico, Wolf, Lachmann y Hermann. En la actualidad, se ha dicho que Homero es el creador del
núcleo original de la obra; también se dice que fue el primer poeta en fijar la tradición oral. Otros dicen que,
en realidad, fue una mujer. Debido a las diferencias de fondo entre la Ilíada y la Odisea, algunos han pensado
que las obras tienen dos autores en lugar de uno.
Homero fue un poeta de la Antigua Grecia que nació y vivió en el siglo VIII a.C. Es autor de dos de las
principales obras de la antigüedad: Los poemas épicos La Ilíada y La Odisea.
Muchos historiadores y arqueólogos no han llegado a la conclusión sobre si Homero realmente existió o se
trata de un personaje legendario, pues no hay pruebas concretas de su existencia. Sus obras pueden haber sido
escritas por otros autores antiguos o tal vez son apenas recopilaciones de tradiciones orales del periodo de la
época de la Antigua Grecia.
La vida de Homero es una mezcla de leyenda y realidad. De acuerdo con la tradición, Homero era ciego y
pudo haber nacido en cualquier localidad de la Antigua Grecia: Esmirna, Colofon, Atenas, Quios, Rodas,
Argos, Itaca o Salamina.
Aunque son varias las vidas de Homero que han llegado hasta nosotros, su contenido, incluida la famosa
ceguera del poeta, es legendario y novelesco. La más antigua, atribuida sin fundamento a Herodoto, data del
siglo V a.C. En ella, Homero es presentado como el hijo de una huérfana seducida, de nombre Creteidas, que
le dio a luz en Esmirna. Conocido como Melesígenes, pronto destacó por sus cualidades artísticas, iniciando
una vida bohemia. Una enfermedad lo dejó ciego, y desde entonces pasó a llamarse Homero.
Sobre la muerte de Homero también hay mucho misterio. De acuerdo con documentos históricos del siglo V
a.C., él habría muerto en la isla de Ios. Investigadores modernos afirman que no hay ningún dato seguro de las
fuentes de antigüedad que hablan sobre Homero. De acuerdo con los historiadores modernos, en caso que
haya existido, es probable que haya nacido y vivido en la zona colonial griega del Asia Menor. Esta
conclusión se extrae a partir de las características lingüísticas de sus obras y las tradiciones abordadas que son
típicas de la región jónica.
Algunos investigadores modernos afirman también que a partir de sus obras, es posible concluir que
Homero tenía mucho contacto con la nobleza de la época. Aún persiste el debate sobre si Homero fue una
persona real o bien el nombre dado a uno o más poetas orales que cantaban obras épicas tradicionales.
Además, es una obra épica mas importante de la literatura antigua y representa de la cultura pagana griega.
Se inspira en un acontecimiento de gran significado; La Guerra de Troya; pero no se refiere a ella en su
totalidad, sino a un aspecto concreto de la misma; la colera de Aquiles, los héroes de “La Ilíada” son los
principales del pueblo asqueo, fuerte aristocracia guerrera, que procedente de la Grecia continental, somete a
sitio a la heroica ciudad de Troya.
La épica como poesía, al igual que la lirica y la dramática, presenta diferentes formas o modalidades, en
atención a la naturaleza y trascendencia del hecho narrador. Las manifestaciones mas corrientes de la poesía
épica son la Epopeya y el poema épico. Ambas cantan grandes acciones realizadas por personajes, cuya
dimensión están por encima de lo natural.
El poema épico presenta una serie de características fundamentales son:
1. El viaje como estructura de la acción épica: Todo poema épico es un viaje en el sentido de su
estructura comporta un conjunto de acciones que realiza un personaje al desplazarse con una
dirección de sentido hacia un lugar previsto o no. El viaje se traduce en un movimiento. Un desfilar
de seres por variados y extraños ambientes. “La Ilíada”, como relato épico, presenta la estructura de
un viaje, aun cuando lo descubrimos solo en su llegada.
2. Personajes: En todo poema épico- epopeya o canto épico- el personaje principal desarrolla acciones
grandiosas, se enfrenta a obstáculos que un ser normal no puede realizar. En el poema épico pueden
ser dioses, semidioses o seres humanos; estos últimos con cualidades no corrientes en otros
humanos.
3. La acción: Se realiza el héroe épico se distingue por sus dimensiones extraordinarias y por la
trascendencia de los sucesos que la motivan. Esta acción épica esta constituida generalmente por
hazañas guerreras, aventuras portentosas, algunas de carácter maravilloso, las cuales deben estar
estructuradas en una unidad, ya que todo debe girar en torno a un acontecimiento principal y único.
4. Lo maravilloso poético: Es un elemento de gran importancia en la intensidad y grandeza de la
acción épica y este dado por la presencia e intervención de dioses y mitos que contribuyen a detener,
agilizar o cambia el rumbo de los acontecimientos y las actuaciones del héroe. En la epopeya griega
y latina lo maravilloso viene dado por la intervención de los diferentes dioses, semidioses, ninfas,
sacerdotisas, etc.
5. La visión o punto de vista del narrador: El discurso es la manera como el narrador nos hace
conocer la historia o acontecimiento del relato. El discurso varia de acuerdo a la actitud del narrador,
es decir de su posición frente al objeto y a la visión que nos ofrece de él. La visión o punto de vista
viene a ser el modo como los acontecimientos relatados son percibidos por el lector. En la epopeya
es el autor quien lo narra todo.
Actividad
1. ¿Qué año nació y falleció el escritor?
Nacimiento: ca. siglo VIII a. C. Smyrna (Imperio bizantino)
Fallecimiento: ca. siglo VIII a. C. Ios (Grecia)
2. Investigar un resumen del contexto histórico de la obra “La Iliada”.
Agamenón, el líder de los griegos, hace montar en cólera a Aquiles, el más feroz de los
guerreros griegos, al arrebatarle su justo botín. Airado, Aquiles se retira de la lucha llevándose
consigo a sus seguidores –los mirmidones–. El príncipe troyano Héctor encabeza un ataque
contra la flota griega, varada en la playa, y los griegos, dirigidos incompetentemente por
Agamenón, están a punto de ser destruidos por completo. Aquiles se niega a volver a la lucha,
pero envía a su mejor amigo, Patroclo, a luchar en su lugar. Héctor mata a Patroclo y Aquiles,
atormentado por la rabia y la pena, se lanza a buscar a Héctor para matarlo. Héctor, aunque es
sabedor de que no puede vencer a Aquiles, decide luchar contra él de todas formas y resulta
muerto. Aquiles, entonces, deshonra el cuerpo de Héctor arrastrándolo con su carro en torno
a la ciudad. Todos estos acontecimientos ocurren en el lapso de dos días de lucha separados
por dos días de tregua, y ocupan los primeros 22 libros de la Ilíada.
3. ¿Qué año publico la obra?
Se publicó el 762 A.C.
4. ¿Qué corriente literario corresponde esta obra?
Es una Epopeya Griega y el poema épico
5. Seleccione 2 características del poema épico y ubicar en el texto leído.
a) Personajes
b) La visión o punto de vista del narrador
CANTO I
Peste – Cólera
Canta, oh diosa, la cólera de Aquiles hijo de peleo; cólera funesta que causó infinitos males a los aqueos y
precipitó al Hades muchas almas valerosas de héroes, que fueron pasto de perros y pasto de aves. Se cumplía
así el designio de Zeus, desde el día en que una querella dividió al hijo de Atreo, protector de su pueblo, y al
divino Aquiles. ¿Cuál de los dioses promovió entre ellos tan terrible querella? El hijo de Leto y de Zeus. Él
fue quien airado contra el rey, suscitó en el ejército una cruel enfermedad, y los hombres morían por el ultraje
que el Atrida infiriera a Crises, su sacerdote. Crises, deseando redimir a su hija, se había presentado en las
ligeras naves aqueas con un rescate de inmenso valor y las ínfulas del arquero Apolo sujetas el áureo báculo
que tenía en la mano; y a todos los aqueos, y particularmente a los dos Atridas, caudillos de pueblos, así les
suplicaba:
-¡Atridas y también vosotros, aqueos de hermosas grebas! Que los dioses, que poseen olimpo os permitan
destruir la ciudad de Príamo y regresar felizmente a vuestros hogares! Poned en libertad a mi hija y recibid el
rescate, en atención al hijo de Zeus, el arquero Apolo, el que hiere de lejos. Todos los aqueos aprobaron a
voces que se respetara al sacerdote y se admitiera el espléndido rescate; más el Atrida Agamenón, a quien no
plugo la proposición le mando enhoramala y le dijo brutalmente:
-¡Ten cuidado, anciano! Que no vuelva a encontrar cerca de las cóncavas naves, ya porque ahora demores tu
partida, ya porque vuelvas luego, pues quizás entonces o te valgan el báculo y las ínfulas del dios. No
libertare a tu hija; por el contrario, le sobrevendrá la vejez en mi casa en Argos, lejos de su patria, trabajando
en el telar y compartiendo mi lecho. Pero vete; ya y no me irrites si quieres irte sin daño. Dijo, y el anciano
al oírle sintió temor y obedeció el mandato. Sin desplegar los labios fuese por la orilla del sonoro mar; y al
hallarse solo imploro insistentemente al soberano Apolo, hijo de Leto, la de hermosa cabellera:
- ¡Óyeme, tú que llevas arco de plata y proteges a Crisa y a la divina Cila, e imperas en Ténedos
poderosamente! ¡Oh Esmintio! Si he edificado para ti un templo de tu agrado y he quemado en tu honor
pingües muslos de toros o de cabras, atiende mi deseo has que los danaos paguen mis lágrimas bajo con tus
flechas. Dijo; y Febo Apolo oyó su suplica, e irritado profundamente, descendió, semejante a la noche de las
cumbres del Olimpo con el arco carcaj y el cerrado por ambos extremo al hombro; y a cada uno de sus
movimientos resonaban las flechas en la espalda del irritado dios. Fue a situarse algo apartado de las naves y
disparo una flecha; un sonido terrible broto del arco de plata. Empezó disparando contra los mulos y los
veloces perros; luego dirigió sus aguzadas saetas contra los hombres, y las piras fúnebres, a centenares,
ardieron sin cesar. Durante nueve días volaron sobre el ejército las flechas del dios. En el décimo, Aquiles
convocó al pueblo para que se reuniera en asamblea. Hera, la diosa de los níveos brazos, se lo había inspirado
pues sufrir por los dánaos, viéndoles a perecer de aquella manera. Acudieron estos y, una vez reunidos,
Aquiles, el de los pies ligeros, se levantó y dijo:
- ¡Atrida! De continuar las cosas así, tendremos que volver atrás, desistiendo de nuestro proyecto, si es que
podemos escapar a la muerte; de lo contrario, pues, si no, la guerra y la peste unidas acabarán con los aqueos.
Consultemos, pues a un adivino, a un sacerdote o a un intérprete de sueños -también el sueño es mensajero
de Zeus-, para que nos diga que provoco la ira de Febo Apolo; si está quejoso por algún voto o sacrificio
omitido y si quemando en su obsequio grasa de corderos y de cabras escogidas querrá apartar de nosotros
este azote. Dijo, y se sentó. Levantóse Calcas, hijo de Testor, el mejor de los augures -conocedor del presente,
del futuro y lo pasado, que había guiado las naves aqueas hasta Ilio por medio del arte adivinatoria que le
otorgaba Febo Apolo-, comedidamente tomo la palabra y dijo: -¡Oh Aquiles, amado por Zeus! Deseas que
explique la cólera de Apolo, el arquero dios que hiere de lejos. Pues bien, hablaré; pero tu compréndeme y
jura antes que estás pronto a defenderme de palabra y de obra, pues temo irritar a un varón que goza de gran
poder entre los argivos al que obedecen todos por los aqueos. Un rey resulta siempre vencedor cuando se
enoja con un particular; y si por un día contiene su ira, guarda el rencor en el fondo de su pecho hasta que
halla la hora propicia para vengarse. Di tu si estás dispuesto a garantizar mi vida. Respondiéndole Aquiles, el
de los pies ligeros, le dijo: Tranquilízate, y con toda franqueza danos a conocer lo dispuesto por los dioses;
pues, ¡por Apolo, amado por Zeus; a quien tú, Calcas, invocas cada vez que revelas oráculos a los dánaos!,
ninguno de ellos, mientras yo viva y vea la luz, podrá en ti sus pesadas manos junto a nuestras cóncavas
naves, aunque nombraras al mismo Agamenón, que al presente blasona de ser el primero más poderoso de
todos los aqueos. Entonces eximio vate cobro ánimo y dijo: -No está el dios quejoso por algún voto o
sacrificio omitido, sino a causa del ultraje que Agamenón ha inferido al sacerdote, negándose a devolverle su
hija y aceptar el rescate. Por esto el Arquero os causa tantos males y os causara más todavía. Y no librará a los
dánaos del ultrajante azote hasta que sea restituida a su padre, sin trato ni rescate, la joven de ojos vivos, e
inmolada en Crisa una sacra hecatombe. Solo entonces podemos aplacarla y convencerle. Dijo y se sentó.
Levantóse al punto el poderoso héroe Agamenón Atrida, afligido, con las negras entrañas llenas de profunda
cólera y los ojos semejantes al deslumbrante fuego; y, dirigiendo a Calcas una mirada sombría, exclamó:
-¡Adivino de males! jamás me has anunciado nada grato. Tu corazón se complace en todo momento en
profetizar desgracias y nunca anunciaste ni atrajiste felicidad alguna. Y ahora aun, vaticinando en nombre de
los dioses ante los dánaos, afirmas que si el Arquero les envía calamidades es porque yo no quise admitir el
espléndido rescate de la joven Criselda, a quien deseo guardar. La prefiero, ciertamente, a Clitemnestra, mi
legítima esposa, porque no le es inferior en estatura ni en continente, ni en inteligencia, ni en destreza. Sin
embargo, consiento en devolverla, si esto lo que debo hacer; prefiero de mi ejército se salve, no que perezca.
Pero disponed sin tardanza para mi otro botín de honor, a fin de que no sea yo el único argivo que se quede
sin tenerlo; afrenta que no podría sufrir. Y todos los sois testigos de que se me va de las manos el que me
había correspondido. Y le contesto el divino Aquiles:
- ¡Atrida gloriosísimo, el más codicioso de todos! ¿Cómo pueden darte otra recompensa los magnánimos
aqueos? No se que tengamos un tesoro común en reserva, pues cuando obtuvimos del saqueo de las ciudades
están repartidas, y no es conveniente obligar a los hombres a que lo entreguen de nuevo. Libra ahora esa joven
al dios, y los aqueos te pagaremos dándote el triple o el cuádruple, si Zeus nos permite algún día tomar a
Troya, la de las fuertes murallas. El rey Agamenón en respuesta le dijo: Por más que seas esforzado,
Aquiles, semejante a un dios, no intente ocultarme tu pensamiento, pues no me dejare sorprender ni
persuadirme. ¿Pretende, acaso, que mientras guardas tu tu recompensa, que me quede yo sin la mía? ¿Quizás
por esto me aconsejas que la devuelva? Pues, si los magnánimos aqueos me dan otro botín de honor, de
acuerdo con mis deseos e igual al que pierdo, sea. Pero si me rehúsan, yo mismo me apoderaré del tuyo; o de
la de Ayax, o me llevaré la de Ulises, y veremos la cólera de aquél a quien me dirija. Pero nos ocuparemos en
esto mas tarde; por el momento botemos la negra nave al divino mar, formemos un equipo de escogidos
remeros y embarquemos victimas para una hecamote. Que suba a bordo la de hermosas Criseida, y sea
elegido un jefe entre los que tienen voz en el Consejo, Ayax, Idomeneo, el divino Ulises o tú mismo, Pelida,
el más terrible de todos los hombres, para que lleves a cabo el sacrificio que aplaque al Arquero. Y Aquiles,
el de los pies ligeros, dirigiéndole una mirada sombría, le dijo así: - ¡Ah, impudente y codicioso! ¿Cómo
quieres que ningún aqueo esté dispuesto a obedecer gustoso tus órdenes, sea para cumplir algún cometido o
marchar al combate? A fin de cuentas, no he venido yo a pelear aquí obligado por los belicosos troyanos, que
ningún agravio me infirieron. No se llevaron nunca mis vacas ni mis caballos, ni destruyeron jamás la cosecha
en la fértil Ptía, porque entre ellos y nosotros se levantan muchas montañas frondosas y se extiende el sonoro
mar. Te seguimos a ti insolente, por complacerte y obtener a costa de los troyanos un rico botín para vosotros,
Menelao y tu cara de perro. Pero esto no quieres verlo ni lo agradeces; y, además, me amenazas con quitarme
el botín de honor que alcance a costa de grandes fatigas y que me dieron los aqueos. Sin embargo, Jamás mi
parte iguala a la tuya cuando los aqueos saquean una populosa ciudad. La parte mas pesada de la imperiosa
guerra la sostienen mis brazos; en cambio, al hacerse el reparto, la mejor de ti; y yo vuelvo a mis naves,
cansado del combate, satisfecho, empero con la parte interior que me correspondido. Pero ahora volveré a
Ptía, más me vendrá que regrese a mi hogar en las cóncavas naves. No quiero permanecer ya más aquí
humillado para proporcionarte ganancia y riqueza. Contestó en seguida el rey de hombres, Agamenón:
-Huye, pues, si tu corazón a ello te incita; no seré yo quien te ruegue que te quedes por complacerme; otros
hay dispuestos a honrarme y en especial el próvido Zeus. Eres para mí el más odioso de los reyes vástagos del
Cronida, porque siempre te han gustado las riñas, luchas y las peleas. No obstante, si eres fuerte, solo a los
dioses de debes… ve, pues, a tu hogar, llevándote tus naves y los compañeros, y reina sobre los mirmidones,
no me preocupas, ni me importa tu rencor. Oye, sin embargo, mi amenaza: ya que Febo Apolo me quita a
Criseida, la enviare en una nave mía con mis amigos; pero yo mismo en persona iré a tu tienda y me llevaré a
la hermosa Briseida, la de hermosas mejillas, tu recompensa, para que sepas bien que soy más fuerte que tú, y
para que en adelante ninguno se atreve a hablarme como a un semejante ni a igualarse conmigo en presencia.
Así dijo. Acongojóse el Pelida, y dentro del viril pecho su corazón titubeaba entre dos decisiones: o desnudar
la acerada espada que llevaba junto al muslo, y poniendo ya fin a la asamblea: matar al Atrida, o reprimir su
furor apaciguando su ánimo. Mientras tales pensamientos revolvían en su mente y en su corazón, cuando
sacaba ya de la vaina la gran espada, llego Atenea desde el cielo, porque Hera, la diosa de los níveos brazos,
que amaba y protegía por igual a ambos habiala enviado. Situose detrás del Pelida, y colocando su mano
sobre la rubia cabellera, se hizo visible solo para el: ninguno de los demás la podría ver. Aquiles, sorprendido,
volvióse y al instante reconoció a Palas Atenea; cuyos ojos centelleaban de un modo terrible, y dirigiéndose a
ella, pronunció estas aladas palabras:
- ¿A qué vienes de nuevo, oh hija de Zeus, que lleva la égida, has venido? ¿Acaso a presenciar la insolencia
de Agamenón, hijo de Atreo? Pues bien, te diré lo que va a ocurrir: su arrogancia le costara muy presto la
vida. Respondiéndole Atenea, la diosa de ojos de garzos: -Vengo del cielo para apaciguar tu cólera,
obedéceme. Me envía Hera, la diosa de los níveos brazos, que os ama y protege a ambos por igual. En cesa,
pues, de disputar; no desenvaines la espada. Limítate a insultarle de palabra y, para humillarte, notifícale lo
que le espera, pues lo que voy a decirle se cumplirá: como precio de este ultraje te ofrecerán un día
triplicaciones, espléndidos presentes. Domínate y obedécenos. contestándole, Aquiles, el de los pies ligeros le
dijo: -Una orden de vosotros dos, diosa, siempre es acatada. Por mas airado que es mi corazón será sin duda,
lo mejor, ya que los dioses se muestran benignos con aquel que les obedece. Dijo; y detuvo la robusta mano
en el argénteo puño. Luego envainó la enorme espada dócil a la voz de Atenea, mientras la diosa regresaba al
Olimpo, hacia la mansión de Zeus, que lleva la égida, a reunirse con las demás deidades. Nuevamente el hijo
de Peleo rebosando de colera denostó al Atrida con injuriosas palabras:
- ¡Tarro de vino! ¡ojos de perro, corazón de ciervo! Jamás te atreviste a amarte para la guerra con solo tu
gente ni a salir al acecho con los más esforzados aqueos; ¡tanto le temes a la muerte! es, sin duda alguna, mas
provechoso arrebatar los dones en el propio campamento de los aqueos, al que te hable abiertamente. ¡oh rey
sin honor, devorador de tu pueblo! Si no mandas a hombres insignificantes, este hubiera sido tu último ultraje,
hijo de Atreo. Pues bien, algo mas voy a decirle y sobre ello prestaré solemne juramento. Por este báculo que
ya no producirá hojas ni ramos, ni echara flores, pues dejó el árbol del que fue cortado en la montaña; ni
reverdecerá, porque el bronce lo despojó de las hojas y de la corteza, y ahora lo empuñan los aqueos que
administran justicia y en nombre de Zeus mantiene el derecho -este será para ti el juramento más seguro-, día
vendrá en que los hijos de los aqueos echaran de menos a Aquiles. A partir de aquel momento, tú, por mas
que te aflijas, no podrás socorrerle cuando sucumba y perezcan en gran numero a manos de Héctor
exterminador de hombres. Entonces interiormente se desgarrará tu corazón, afligido por haber privado de todo
honor al más esforzado de los aqueos.
Actividad
1. ¿Qué características tienen las acciones que realizan los personajes?
Los personajes de la iliada pueden ubicarse en dos planos: Algunos héroes son semidioses
porque son hijos de dioses y mortales: por ejemplo, Aquiles y Eneas son mortales.
Derrotaron a los humanos pero fueron diseñados por Dios entre esclavos
El humano y el divino:
Algunos héroes son semidioses porque son hijos de dioses y mortales: por ejemplo,
Aquiles y Eneas son mortales. Derrotaron a los humanos pero fueron diseñados por Dios
entre esclavos podemos mencionar a Criseida cautiva de Agamenón y Briseida cautiva de
Aquiles .
2. Explique el conflicto que se plantea entre los personajes Aquiles y Agamenón.
El conflicto de Aquiles y Agamenón comienza con la captura de Briseida, Aquiles quería
quedarse con ella y Agamenón, solamente para enfurecer a Aquiles, no lo permitió. Esta
disputa no llega a terminar, Aquiles sentía demasiado rencor sobre Agamenón.
3. Saque una conclusión acerca de la conducta observada por los dioses. Haga
referencias en cada caso al texto leído.
El papel de los dioses en la Iliada En la guerra de Troya no solo combatían aqueos y
troyanos, héroes o simples mortales, sino que los dioses también participaban de las
batallas. Afrodita, Ares y Apolo se situaron como aliados y protectores de los troyanos.