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La Princesa y El Patriarcado

Este documento analiza el cuento "La princesa y el guisante" y cómo promueve estereotipos de género dañinos. Aunque la sociedad ha progresado en la igualdad de género, los cuentos infantiles a menudo presentan roles tradicionales como la princesa delicada. El autor argumenta que estos cuentos inculcan desde una edad temprana expectativas de género que limitan a niños y niñas. Aunque el cuento se escribió en el siglo XIX, aún se usa hoy en
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La Princesa y El Patriarcado

Este documento analiza el cuento "La princesa y el guisante" y cómo promueve estereotipos de género dañinos. Aunque la sociedad ha progresado en la igualdad de género, los cuentos infantiles a menudo presentan roles tradicionales como la princesa delicada. El autor argumenta que estos cuentos inculcan desde una edad temprana expectativas de género que limitan a niños y niñas. Aunque el cuento se escribió en el siglo XIX, aún se usa hoy en
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La princesa y el patriarcado.

Por: Sara Sofía Malaver Suárez.

Es un hecho que la sociedad ha logrado un cambio en temas de género, a la mujer se le


han otorgado más facultades y se le permite realizar más tareas, se podría decir que el
abismo que existe entre el hombre y la mujer se ha reducido, sin embargo aún existen
comportamientos y tradiciones que discriminan y condicionan la posición de la mujer sin
ser evidentes, se han invisibilizado y colado en nuestra sociedad y los hemos dejado
pasar sin fijarnos, un ejemplo claro de esto son los cuentos infantiles, esos que le leen a
los niños para dormir, que los acompañan a crecer y les enseñan lecciones de vida a
manera de moralejas, desde el principio todo está mal, pues aunque hay cuentos que no
tienen género, es sencillo encontrar en las librerías que los cuentos se dividen en cuentos para niñas, que se
basan en su mayoría en princesas con problemas de primer mundo, y en cuentos para niños, que normalmente
gozan de un repertorio más variado, el cuento a tratar el día de hoy lo encontré en un libro viejo que mamá solía
leerme antes de dormir, de portada rosada con tipografía en tonos dorados que dice : cuentos de princesas,
fábulas para niñas, así es como, desde niños nos dicen, muy por debajo de cuerda, que el mundo está dividido, y
que a los niños no deben gustarles las princesas, y a las niñas no deben gustarles los dinosaurios y los autos. 

El cuento se llama La princesa y el guisante, y, en pocas palabras es una oda a la opresión de la mujer, y sí,
podríamos decir que se justifica porque fue escrito en 1835, pero no se justifica que aún exista, que aún lo
pongan en libros para niñas, y que a las niñas todavía les digan, así muy por debajo de cuerda, que tienen que
ser frágiles y delicadas, porque si no es así, no valen la pena, o al menos no a los ojos de un hombre, que sea
príncipe o no, no debería tener decisión sobre lo que una mujer debe o no ser, aunque lo más triste del cuento es
que la mamá del príncipe, alías otra mujer oprimida, es quien rechaza mujeres a diestra y a siniestra solo porque
no cumplen sus expectativas condicionadas por una sociedad tan opresiva y machista como lo podía llegar a ser
la sociedad burguesa de la época, Demasiado alta, demasiado baja, muy habladora, demasiado callada, son los
supuestos defectos que la madre encontró en cada mujer, y a pesar de ser un cuento anticuado, refleja tintes de
una sociedad como la nuestra, con su machismo incrustado, con sus mujeres defendiéndolo porque no conocen
nada más, con niñas queriendo ser princesas tan delicadas que su piel sienta un guisante debajo de mil
colchones, porque si no es así, ¿cómo más es que algún príncipe va a casarse con ellas?.

Tal vez puede parecer exagerado, y muchos dirían que solo es una queja más de una millenial ofendida, pero no
se trata del cuento, sino de lo que representa, porque como este existen muchos más, que parecen ser
insignificantes, y el asunto es que no se queda solo en papel, pues existen videos animados en YouTube que
dramatizan el cuento y algunos de estos han obtenido más de cinco millones de vistas, el real problema es que
nadie ve el problema, y niñas como yo, que crecieron oyendo cuentos en los que se ponía en duda la
precedencia, la inteligencia, o incluso la pureza de una mujer solo por su apariencia física, van a pasar sus vidas
pensando que está bien, y no se van a enterar de que las cosas podrían ser diferentes, porque la mujer tiene su
lugar, que tanto la religión como la comunidad en general se han encargado de formar, y nadie parece darse
cuenta, porque una buena mujer es la dosis perfecta, ni muy alta, ni muy baja, ni muy gorda ni muy flaca, que
sepa callar, y por supuesto cocinar, y, ¿quién iba a protestar en contra de esto?, si incluso las mismas mujeres
que somos medio conscientes del problema nos encontramos fantaseando con ser la mujer perfecta, porque
destruir las raíces es difícil, y esta cultura que lo impregna todo parece hacer parte de nosotros y nosotras desde
que nacemos, y no digo que solo afecte a las niñas, pues afecta a los niños también, enseñándoles una
masculinidad tóxica en la que no hay espacio para lágrimas y sentimientos; como lo dije al principio, es un hecho
que mucho ha cambiado, y que parece que vamos por el buen camino, es por esto que necesitamos ser
conscientes de estas pequeñas discriminaciones escondidas, que a la final no son tan pequeñas, necesitamos
deconstruir y cambiar el chip, quitarle el género a los colores y a los sentimientos, y empezar a conocer a las
mujeres y hombres por lo que son y no por sus cualidades físicas.

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