HISTTORIA DE LAS ARMAS
Desde el siglo XI d. C. se conocían en China mezclas pirotécnicas
de salitre, carbón y azufre que fueron empleadas como explosivos de escasa
potencia.
Algunas crónicas de los siglos XII y XIII relatan que dichas mezclas explosivas
se utilizaron para la impulsión en armas rudimentarias de bambú, para el
lanzamiento de ciertos proyectiles.
Los árabes fueron los grandes comerciantes de la edad media, y gracias a ellos
éste invento llegó a Europa, y su avanzada cultura les permitió desarrollar el
concepto básico del arma de fuego, en el que la pólvora al quemarse genera
gases que impulsan el proyectil por el tubo-cañón.
Promediando el siglo XIII se comenzaron a ver piezas de artillería en las
batallas europeas, sobre todo en la España, ocupada por los árabes, y en
constante guerra para mantenerla bajo su dominio.
Los materiales empleados en su construcción comenzaron con madera dura,
hasta las diversas aleaciones metálicas posteriores.
Muy lentamente la artillería se fue ganando la confianza de los ejércitos, pero
éstos todavía luchaban armados de espadas y flechas, fue necesario el
perfeccionamiento del proceso de elaboración de la pólvora, mediante el
sistema de separación de los granos de diferentes tamaños, para poder
desarrollar armas portátiles eficaces.
Al avanzar hacia el siglo XIV d. C. hubo crónicas sobre la utilización de las
mezclas explosivas como artificio bélico.
La referencia más antigua se encuentran en el Tratado de Marco Greco, que
describe la composición de la pólvora negra, aunque existen referencias más
fidedignas en dos manuscritos de Walter de Milimete, capellán de Eduardo III
de Inglaterra, que se remontan a 1326 y que describen lo que actualmente se
consideran los modelos más antiguos de armas de fuego.
Sin embargo, es a partir de la segunda mitad del siglo XIV d. C. cuando se
registran mayores y frecuentes referencias al uso bélico de las armas de fuego,
de las cuales las primeras en desarrollarse fueron las armas portátiles, que son
aquellas armas que pueden ser fácilmente empleadas y transportadas por una
sola persona.
Estas armas se cargaban introduciendo la pólvora por la boca del cañón, un
taco y el proyectil (o proyectiles). Con toda probabilidad, el método de ignición
para estas armas era el botafuego, es decir, una varilla con un trozo de yesca o
mecha encendida asegurada a uno de sus extremos.
El gancho o prominencia inferior que presentan algunas de estas piezas
portátiles servía para apoyar el arma contra un muro, parapeto o la regala en
las bordas de los barcos. En el momento del disparo, buena parte del retroceso
se amortiguaba con este saliente.
En Alemania, las armas provistas de este tipo de ganchos se llamaban "Haken-
büchse" (arma con gancho), de cuya voz derivaron más tarde los términos
"hackbut" en inglés, "arquebuse" en francés y, siguiendo la misma línea,
"archibugio" en italiano. El gancho inferior de estas armas portátiles,
especialmente en las armas de muralla, se mantendrá durante todo el siglo
XVI.
Con la ballesta como base, se evoluciona en el diseño ergonómico de la cureña
de las armas de fuego portátiles, así podía manejarse con la cureña apoyada
en el hombro del tirador, sujeta por la mano izquierda, y con la mano derecha
preparada para acercar la brasa al fogón. También de otra forma, podía
sujetarse la cureña en la axila. Como es de imaginar, a pesar de su poderosa
fuerza disuasoria, poca puntería podía hacerse con esas armas.
Las primeras armas de fuego aparecieron a mediados del siglo XV; a principios
del siglo XVI se moderniza con dispositivos de disparos, considerados como el
precursor de los actuales y más perfectos dispositivos de disparos. A principios
del siglo XVII aparece el sistema de fulminación mediante el eslabón y el gatillo
en lugar de la rueda dentada. Con este mecanismo de disparo llega el sistema
de percusión hoy en día usado.
Primeras armas de fuego
Arcabuz: Fue el invento más importante, apareció en el siglo XV y se
convirtió en el arma principal de la infantería. Consistían en un cañón de
hierro cilindrado con una abertura en el extremo superior; un bloque de
hierro con fogón y cámara de explosión en el extremo inferior; el cañón
estaba colocado en una entalladura y una culata. La carga se efectuaba
por el extremo anterior mediante la introducción del explosivo y
del proyectil. La fulminación se realizaba a través del fogón.
Con el arcabuz el arma larga de fuego individual se vuelve tan efectiva
como para dominar las tácticas en las batallas. El alcance efectivo ronda
los 100 m.
El sistema de ignición de la pólvora fue mejorando, comenzando con el
cordel ó mecha con brasa al rojo, el cual se arrimaba a la cazoleta de
polvorín para producir el disparo, evolucionando luego a un mecanismo
que lo sostenía hasta el momento que se deseaba disparar, acercándolo
manualmente denominado llave de mecha .
La llave de rueda mejoró la ignición de la pólvora, pues en él un
mecanismo de resorte imprime un movimiento giratorio a la rueda de
metal, provocando un torrente de chispas sobre el polvorín.
La llave de chispa llegó para quedarse casi dos siglos, (XVII al XIX) un
mecanismo de resorte imprime un movimiento pivotante y con fuerza al
trozo de pedernal, que al chocar con el depósito de pólvora produce
chispas que incendian el polvorín. Ya tenían disparador por lo que se
podía controlar con bastante precisión el momento del disparo.
Con éste tipo de arma se lucharon las guerras napoleónicas y las de
emancipación de casi toda América.
Mosquete: Arma creada por los españoles. Era un pequeño cañón de
mano y de mecha. En el siglo XVI pesaba entre 8 y 10 kg, y solo
soldados muy vigorosos podían utilizar, debido a que era pesado, para
poder disparar debía estar apoyado sobre una horquilla y requería 3
minutos para poder cargarse.
Su calibre era de hasta 22 mm. y el peso de la bala unos 50 gramos,
para la carga de pólvora se tomaba la mitad del peso del proyectil. Pero
lentamente con el desarrollo de nuevas técnicas se fueron mejorando los
componentes y hacia el siglo XVII un arcabuz tenía unos cinco kilos de
peso, lo que le hacía utilizable por una persona normal y sin necesidad
de la horquilla.
Pedreñal: Tenía forma de escopeta corta, se empleó entre los siglos
XVI y XVII principalmente en Cataluña, España. Fue el arma preferida
por los bandoleros a pesar de que tenía baja potencia, ya que era corta
y la podían esconder de una manera fácil y así aproximarse a sus
víctimas sin que ellas se den cuenta del arma.