¿CÓMO APRENDEN LOS NIÑOS EL LENGUAJE?
BREVE RECOPILACIÓN DE TEXTOS ESPECIALIZADOS
Compilación hecha
por Enrique Lepe García
¿EN QUÉ MOMENTO COMIENZAN LOS NIÑOS A APRENDER A LEER
Y A ESCRIBIR?
“Como ya se dijo, los niños no esperan a cumplir seis años para iniciar el proceso de
aprendizaje de lecto-escritura, tampoco esperan a que una maestra esté delante de
ellos y así empezar a aprender, ellos empiezan a desarrollar la adquisición del lenguaje
escrito desde que interactúan en su contexto; llegan al jardín con conocimientos que
han adquirido en el ambiente en que se desenvuelven ya sea por los medios de
comunicación o contacto con los textos que encuentra en su ámbito familiar así que
corresponde a la maestra de preescolar plantear situaciones de aprendizaje sin
presionar por resultados, sino por favorecer el proceso de aprendizaje.
Presenciar y participar en actos de lectura y escritura permite advertir que se escribe
de izquierda a derecha y de arriba abajo; que se lee en el texto escrito y no en las
ilustraciones –pero también que éstas significan y representan algo en el texto–; que
hay diferencias entre el lenguaje que se emplea en un cuento, en un texto informativo
y en otros textos, así como identificar las características de la distribución gráfica de
ciertos tipos de texto, la diferencia entre letras, números y signos de puntuación, entre
otras cosas. (SEP, 2011, p.45)
Prieto, K., Sáenz, E.E & Frías, A. J. (2017). “El lenguaje escrito en preescolar. Consideraciones a
partir de la práctica”. En COMIE. XIV Congreso Nacional de Investigación Educativa. Congreso
llevado a cabo en San Luis Potosí, México.
¿QUÉ APRENDEN LOS NIÑOS SOBRE EL LENGUAJE ESCRITO EN
EL CONTEXTO QUE LES RODEA?
“[…] Efectivamente, los niños entran en contacto con el lenguaje escrito en su medio
ambiente, están rodeados de mensajes escritos, algunos de los cuales reconocen y
saben asignarle su significado, aunque no descifrar los caracteres que lo forman. El
lenguaje escrito forma parte de la realidad en la que el niño se desarrolla, hay lenguaje
escrito en la calle, en la ropa, en las bolsas del supermercado, en carteles, en los
autobuses, en las tiendas... pero es necesario que vea a los adultos utilizar
activamente el lenguaje escrito para interesarse por él.
“Respecto a la escritura, los niños elaboran ideas en su intento de atribuirle significado;
ideas que irán cambiando en contacto con la enseñanza. Prueba de ello son las
primeras grafías que realiza el niño antes de conocer las letras, son formas abstractas,
que quieren parecerse a las letras, pero desde luego muy alejadas de un dibujo infantil,
no están dibujando están escribiendo. Conocen también la dirección de la escritura, la
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distribución en el espacio del papel, hacen sus propias inferencias sobre la
significación de lo escrito, o las caracteristicas que debería cumplir la escritura, pueden
diferenciar perfectamente un texto enumerativo de uno narrativo, etcétera.
“Un niño puede estar ya motivado hacia la literalidad antes de iniciar su proceso de
aprendizaje en la escuela, puede tener despiertos sus deseos de leer y escribir. De
hecho, algunos niños antes de tener contacto con la escuela son capaces de
“representar que leen": cogen el libro en su posición correcta, lo abren e inician un
discurso con las caracteristicas del lenguaje escrito, van pasando páginas y narrando
una historia. o simplemente describiendo sus ilustraciones, pero con unas
connotaciones muy distintas al lenguaje coloquial que emplean en las interacciones
habladas. Esto indica un caudal de conocimiento sobre la lectura imprescindible para
acceder al dominio del código escrito. Pues aunque el lenguaje escrito se construye
sobre el lenguaje oral, tiene peculiaridades que lo hace diferente y que supone un paso
más en las adquisiciones culturales. […]”
Cerrillo, P.C. y Yubero, S. (coords.) (2007). La formación de mediadores para la promoción
de la lectura. Cuenca: CEPLI-Fundación SM
¿CÓMO APRENDEN LOS NIÑOS EL LENGUAJE ORAL
“Los padres o cuidadores son, obviamente, los primeros responsables de estimular
que los niños hablen y escuchen, y por lo general lo hacen sin la intención de que los
niños aprendan a hablar; simplemente dan por hecho que lo harán, festejando
enormemente las primeras palabras. A pesar de que todos los grupos humanos
interactúan mediante el lenguaje, no todas las prácticas de crianza favorecen su
desarrollo de la misma manera. Hay comunidades y familias en las que se habla poco
a los niños y no esperan que éstos pregunten, pidan o intervengan en conversaciones.
Los niños a los que se les habla mucho sobre diferentes temas y que tienen personas
alrededor que muestran interés genuino en lo que ellos dicen muestran un nivel de
desarrollo mayor que aquéllos a quienes les hablan poco y no son escuchados. La
falta de estimulación lingüística puede provocar problemas lingüísticos y sociales
importantes (Lybolt y Gottfred, 2003).
“Los niños aprenden el lenguaje al que están expuestos para volverse parte de la
comunidad. El lenguaje los ayuda a interactuar, a aprender, a conocer todo lo que les
rodea. Cuando sólo están expuestos a un lenguaje limitado a lo estrictamente cotidiano
(la casa, la alimentación, la televisión, los intercambios usuales entre los miembros de
la familia) desarrollan un lenguaje que les permite hacer frente a esa realidad. Es por
eso que la educación preescolar juega un papel tan importante, pues da la oportunidad
de hablar y escuchar sobre temas diferentes a los que tratan en casa, establecer
contacto con personas diversas, conocer canciones y escuchar cuentos y relatos. En
otras palabras, el preescolar expande su mundo, los significados, el vocabulario y las
estructuras lingüísticas con las circunstancias a las que expone a los niños. Les crea
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la necesidad de hablar sobre distintos temas y de explorar diferentes maneras de usar
el lenguaje, buscando el más apropiado para cubrir esas necesidades de expresión”.
Vernon, Sofía A., y Alvarado, Mónica (2014). Aprender a escuchar,
aprender a hablar. La lengua oral en los primeros años de escolaridad.
Materiales para Apoyar la Práctica Educativa. México: INEE.
¿Y LA MADUREZ PARA LA LECTO-ESCRITURA?
“La tan mentada ‘madurez para la lecto escritura’ depende mucho más de las
ocasiones sociales de estar en contacto con la lengua escrita que de cualquier otra
factor que se invoque. No tiene ningún sentido dejar al niño al margen de la lengua
escrita, ‘esperando que madure’. Por otra parte, los tradicionales ‘ejercicios de
preparación’ no sobrepasan el nivel de la ejercitación motriz y perceptiva, cuando es
el nivel cognitivo el que ésta involucrado (y de manera crucial), así como complejos
procesos de reconstrucción del lenguaje oral, convertido en objeto de reflexión”.
Ferreiro, E. (1998). Alfabetización. Teoría y Práctica. México: Siglo Veintiuno Editores.
RELACIÓN ENTRE EL APRENDIZAJE DEL LENGUAJE ORAL Y
LENGUAJE ESCRITO
“La adquisición de la lengua escrita es un proceso de comunicación y como tal debe
ser aprendida dentro de los contextos de uso para todos los individuos. A partir del
surgimiento de la perspectiva psico-sociolingüística, el enfoque respecto al aprendizaje
de la lectura y escritura ha ido cambiando, hasta arribar a la conclusión de que éste se
da de manera natural, fácil y casi universal al igual que el lenguaje oral (Seda Santana,
1996). Por otro lado, aunque ambos procesos pueden ocurrir simultáneamente, hablar
y escuchar no son un prerrequisito para aprender a leer y escribir. Lo importante
durante este proceso será que los adultos (maestros, padres) conozcan lo que los
niños saben y cómo aprenden el lenguaje escrito, como resultado de las actividades
en las que ellos mismos participan. La lectura y la escritura serán entonces actividades
constructoras de significado mediante las cuales exploramos mensajes que los autores
comunican a través del lenguaje escrito y al escribir construimos y descubrimos
significados que nosotros comunicamos a los lectores también por medio de la
escritura (McGee y Richgels, 1990)”.
Morales Salinas. E. y I. Seda Santana (2003). “Las nociones de la lengua escrita en
el alumno con Síndrome de Down”. En Lectura y Vida, Año 24, Nº 3: 40-53.