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Queja por inconstitucionalidad en caso Escobar

Este documento presenta el resumen de una decisión judicial sobre una queja presentada por un fiscal contra la denegación de un recurso de inconstitucionalidad. El juez a cargo hace lugar a la queja y al recurso de inconstitucionalidad, argumentando que la decisión de la cámara que declaró la nulidad del requerimiento de juicio y sobreseyó al acusado carecía de fundamentos válidos y vulneraba las garantías del debido proceso legal.

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Queja por inconstitucionalidad en caso Escobar

Este documento presenta el resumen de una decisión judicial sobre una queja presentada por un fiscal contra la denegación de un recurso de inconstitucionalidad. El juez a cargo hace lugar a la queja y al recurso de inconstitucionalidad, argumentando que la decisión de la cámara que declaró la nulidad del requerimiento de juicio y sobreseyó al acusado carecía de fundamentos válidos y vulneraba las garantías del debido proceso legal.

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Expte.

nº 9439/12 “Ministerio
Público —Fiscalía de Cámara
Este de la Ciudad Autónoma de
Buenos Aires— s/ queja por
recurso de inconstitucionalidad
denegado en: ‘Incidente de
apelación en autos: Escobar,
Neris s/ infr. art. 149 bis,
amenazas, CP (p/L 2303)’”

Buenos Aires, 27 de diciembre de 2013

Vistos: los autos indicados en el epígrafe.

Resulta

1. El Sr. Fiscal a cargo de la Fiscalía de Cámara Este interpone


recurso de queja (fs. 32/36) contra el auto de fs. 26/30 que declaró
inadmisible el recurso de inconstitucionalidad cuya copia obra agregada a fs.
18/23. Este último remedio procesal estaba dirigido contra la decisión de la
Sala II de la Cámara de Apelaciones que declaró la nulidad del
requerimiento de juicio y dispuso el sobreseimiento de Neris Escobar. Para
así decidir, los jueces consideraron que debía controlarse el mérito de la
acusación en beneficio del derecho de defensa y de los principios de
celeridad y economía procesal, aun cuando el sustento del requerimiento no
hubiese sido objetado por la defensa.

2. En su recurso de inconstitucionalidad, la fiscalía denunció que la


decisión de la Cámara resultaba arbitraria porque se había pronunciado de
manera sorpresiva por fuera del marco del recurso de apelación interpuesto
por la defensa y mediante una fundamentación basada en la mera voluntad
de los magistrados, omitiendo, además, exponer los motivos por los cuales
el acto, supuestamente nulo, no podía ser reproducido de acuerdo a las
reglas procesales aplicables al caso.

3. La Sala II declaró inadmisible el recurso de inconstitucionalidad por


entender que el Ministerio Público Fiscal no había planteado un caso
constitucional sino tan solo su disconformidad con lo resuelto por la Cámara.

4. Al tomar intervención en este proceso, el Fiscal General solicitó


que se hiciera lugar a los recursos interpuestos por la Fiscalía de Cámara y,

“2013. Año del 30 aniversario de la vuelta a la democracia.”


1
por entender que la resolución cuestionada mediante recurso de
inconstitucionalidad debía ser descalificada como acto jurisdiccional válido,
propició que se la dejase sin efecto (fs. 40/47).

Fundamentos

El juez José Osvaldo Casás dijo:

1. La queja agregada a fs. 32/36 fue interpuesta ante el Tribunal, por


escrito y dentro del plazo legal y expone una crítica concreta y desarrollada
que logra poner en crisis el auto denegatorio del recurso de
inconstitucionalidad.
La decisión atacada por el recurso de inconstitucionalidad que el
representante del Ministerio Público Fiscal viene a defender es la sentencia
definitiva mencionada en el art. 27 de la ley n° 402, en tanto resuelve sobre
el fondo de la cuestión propuesta a los magistrados y ha dispuesto el
sobreseimiento del imputado y el consecuente archivo de las actuaciones.
La recurrente, por otra parte, ha logrado exponer una cuestión
constitucional, al confrontar de modo concreto y suficiente la decisión de los
jueces de la cámara en el caso, con las previsiones de los arts. 18, CN y
13.3, CCABA, en tanto señala una extralimitación jurisdiccional por parte de
los magistrados actuantes que no se ajusta al desenvolvimiento natural que
debe imponerse al debido proceso. En ese sentido, denuncia la falta de
fundamentación de la decisión que declaró la nulidad del requerimiento de
juicio sin dar cuenta de una afectación al derecho de defensa que pudiera
motivarla, ni ordenar la reproducción del acto descalificado, de acuerdo a las
reglas procesales vigentes.

2. También procede el recurso de inconstitucionalidad interpuesto en


cuanto al fondo de la cuestión traída a estudio de este Tribunal cuando
critica la sentencia de Cámara en torno a las cuestiones expuestas
precedentemente.
En el caso, el representante del Ministerio Público Fiscal requirió el
juicio del señor Escobar. Durante la audiencia prevista en el art. 210, CPP,
la defensa planteó una excepción de atipicidad por manifiesto defecto en la
pretensión (art. 195, inc. c, CPP). Rechazado el planteo por el juez
interviniente, tras un recurso de apelación interpuesto por la defensa, los
integrantes de la Sala II declararon la nulidad del requerimiento de juicio
efectuado por el Ministerio Público Fiscal y sobreseyeron al imputado.
Sin embargo, tal como lo expone el recurrente, esa resolución de la
Cámara carece del fundamento necesario y no tiene sustento en las reglas
que se invocan como fuente de la decisión. Esto en tanto, en rigor, los
jueces no argumentaron que el requerimiento de juicio carezca de alguno de
los requisitos impuestos bajo pena de nulidad por el art. 206, CPP, sino que

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Expte. nº 9439/12

afirmaron que la prueba propuesta por el Fiscal no sería suficiente para


acreditar los hechos imputados durante el debate. En efecto, los
magistrados consideraron que de la declaración brindada por la supuesta
damnificada ante la Oficina de violencia Domestica y ante el personal de
prevención “se desprende que no existió testigo presencial que convalide el
relato de la denunciante, contando tan sólo con su solitaria versión, relato
contrapuesto por el brindado por el inculpado cuando fue intimado de los
hechos (foja 17).
La situación descripta no encuadra en ninguno de los supuestos
previstos en el art. 206, CPP en función del 71, párrafo segundo, del mismo
cuerpo legal. Tampoco se ha expuesto cuál es el motivo por el que el
requerimiento de juicio, tal como está realizado, podría poner en juego el
derecho de defensa en juicio del imputado, o implique la violación de
garantía constitucional alguna (art. 71, in fine, CPP), circunstancia que
permitiría habilitar la declaración de “nulidad” dispuesta de oficio en el caso,
sino que se aventura la insuficiencia de la prueba ofrecida —y que no se ha
producido todavía— como causal de dicha “nulidad”. Por lo demás, en todo
caso, el art. 75, CPP establece que el tribunal que declara la nulidad de un
acto procesal, ordenará cuando le fuere requerido y sea posible, la
renovación o rectificación de los actos anulados y los jueces de la Cámara
no explicaron los motivos por los cuáles las supuestas deficiencias no
podían ser subsanadas por el representante del Ministerio Público Fiscal en
un nuevo requerimiento.
El “control del mérito de la acusación” que se confiere la Alzada, no
se encuentra previsto en las reglas procesales vigentes, al menos del modo
en que se pretende realizarlo. Si bien el art. 210 CPP lleva por título
“Audiencia. Resolución sobre la prueba. Remisión o rechazo del juicio”, su
contenido alude a formas determinadas de ese “rechazo”: las previstas en
las excepciones del art. 195, CPP. La Cámara, aun cuando la defensa
encuadró su petición en una de aquellas excepciones, no argumentó con
fundamento en ninguna de ellas y, si bien la declaración de nulidad del
requerimiento sí se encuentra dentro de las opciones brindadas por el
ordenamiento procesal, como se dijo más arriba, no se advierten los
supuestos previstos para dicha declaración en el caso.
En las circunstancias descriptas, el planteo del recurrente triunfa pues
excede la exposición de un mero desacuerdo con la interpretación de reglas
procesales y demuestra la existencia en el caso de una vulneración a las
reglas del debido proceso legal. En ese sentido, cabe señalar que los jueces
no pueden abrogarse el papel de legisladores estableciendo por actos de
pura autoridad la regulación de exigencias adicionales para la habilitación de
los estrados o la tramitación de acciones o recursos. Actos de tal naturaleza
no se exhiben como una derivación razonada del derecho vigente con
aplicación a las circunstancias de la causa, y deben, por tanto, ser
descalificados como actos jurisdiccionales válidos (cf., mutatis mutandi, este

“2013. Año del 30 aniversario de la vuelta a la democracia.”


3
Tribunal in re “Consejo de la Magistratura de la Ciudad Autónoma de
Buenos Aires s/ queja por recurso de inconstitucionalidad denegado en:
‘Asociación de Magistrados Int. del Mrio. Publ. y Fun. P.J. C.A.B.A. c/
Consejo de la Magistratura s/ otros procesos especiales’”, expte. nº
7005/10, resolución del 18/8/2010 y “Resp. Hogar El Huerto —Sra. Marta—
s/ infr. art. 106 Código Penal s/ recurso de inconstitucionalidad concedido”,
expte. nº 7533/10, resolución del 10/2/2011).
Finalmente, cabe señalar que la producción y valoración de
elementos de prueba es, en principio, propia de la etapa del debate oral y el
“estándar” aplicado por la Alzada antes del juicio pone en juego lo dispuesto
en la “Convención de Belem do Pará” en tanto establece el deber de
prevenir, investigar y sancionar sucesos de violencia contra la mujer (cf.,
mutatis mutandi, lo resuelto por la CSJN en “Góngora, Gabriel Arnaldo
s/causa n° 14.092”; Registro del Alto Tribunal Letra G, N° 61, Libro: XLVIII,
sentencia del 23 de abril de 2013).

3. Por las razones expuestas en los puntos anteriores, corresponde


hacer lugar a la queja y al recurso de inconstitucionalidad deducidos y, en
consecuencia, dejar sin efecto la decisión de la Cámara que está agregada
a fs. 89/90 de los autos principales. En atención a que los magistrados que
intervinieron hasta hoy en el proceso, de alguna manera, ya han emitido
opinión sobre el punto debatido en las circunstancias descriptas en los
puntos precedentes, corresponde enviar la causa a las instancias de mérito
a fin de que jueces distintos resuelvan el recurso de apelación interpuesto
por la defensa contra el rechazo de la excepción de falta de acción por
atipicidad manifiesta.

Así lo voto.

Las juezas Ana María Conde e Inés M. Weinberg dijeron:

Adherimos al voto del doctor José Osvaldo Casás.

La jueza Alicia E. C. Ruiz dijo:

Comparto los fundamentos y la solución propiciada por el Juez de


trámite, José Osvaldo Casás y, en consecuencia, voto en igual sentido.

El juez Luis Francisco Lozano dijo:

1. Corresponde hacer lugar a la queja deducida, pues, los agravios


articulados por el Ministerio Público Fiscal acreditan que la decisión

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Expte. nº 9439/12

impugnada, aquella que resolvió declarar la nulidad del requerimiento de


juicio y de todo lo obrado en consecuencia (cf. arts. 71 y ss. del CPP) y
disponer el sobreseimiento del imputado, además de impedir la continuación
del proceso, o su replanteo, compromete el margen de actuación que la
CCBA libra a los jueces para resolver las “causas” que son puestas a su
consideración al tiempo que pone en vilo atribuciones que el constituyente
puso en cabeza de aquel Ministerio (arts. 106 y 13.3 de la CCBA).

2. Con fundamento en la doctrina de la arbitrariedad y en el principio


acusatorio, el apelante se agravia de la sentencia del a quo que, para así
decidir, entendió que: (i) “…con precedencia a la celebración de un juicio
oral y público, resulta necesario que el órgano jurisdiccional controle el
mérito de la imputación de la acusación —pública o privada—, en beneficio
del derecho de defensa en juicio y de los principios de celeridad y economía
procesal. A tales fines, en nuestro ordenamiento procesal el momento
oportuno para cumplir con dicho cometido, esto es, el juicio o control sobre
la acusación, consiste en la audiencia regulada por el art. 210 del CPPCABA
(…). Es por ello que el mismo art. 210 enuncia expresamente la facultad
jurisdiccional de ´rechazo de juicio´” (fs. 16 vuelta); y (ii) operando el punto
anterior como premisa, “…no existe el mérito suficiente para llevar este caso
a juicio” (fs. 17), toda vez que, entre otras cosas, “…en su deposición, el Sr.
Escobar hizo mención a 2 testigos, quienes expusieron su versión de los
hechos (…). Sin embargo, tales manifestaciones no fueron ofrecidas por el
Fiscal para la remisión a juicio, pues de ellas no surge elemento alguno que
sustente el suceso endilgado” (fs. 17).

3. Ahora bien, en primer término, asiste razón a la parte recurrente


cuando afirma que la Cámara abordó de manera extra petita el punto cuya
solución viene objetada. En este sentido, la competencia de la Cámara,
cuando es abierta por medio de un recurso de apelación, está limitada,
como principio, a la revisión de aquellos puntos de la sentencia de primera
instancia que constituyeron materia de agravio. Es decir, la segunda
instancia no está llamada a expedirse acerca de los hechos sobre cuya base
se instó el proceso. Su competencia, reitero, se limita, como principio, a
tratar los agravios formulados contra la sentencia del juez de grado que es
llevada a su conocimiento por medio de un recurso de apelación (cf. la
doctrina de mi voto in re “Consejo de la Magistratura de la Ciudad de
Buenos Aires s/ queja por recurso de inconstitucionalidad denegado en:
Frieiro, Sergio c/ Consejo de la Magistratura s/ cobro de pesos”, expte. nº
7548/10, sentencia de este Tribunal del 11 de octubre de 2011). Sentado lo
anterior, la decisión del a quo importó un exceso jurisdiccional incompatible
con el art. 106 de la CCBA y el artículo 276 del CPP que lo reglamenta. En
efecto, la sentencia de primera instancia que fue materia de apelación ante
la Cámara había resuelto, entre otras cosas, “RECHAZAR el planteo de

“2013. Año del 30 aniversario de la vuelta a la democracia.”


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atipicidad efectuado por la Defensa” (fs. 14). Frente a esa resolución, la
defensa dedujo un recurso de apelación (cf. fs. 11/12) en el que,
básicamente, sostuvo que “…la amenaza, de haber existido, no produjo un
temor en la damnificada como para tenerla por configurada (…) [por lo que]
la frase amenazante ‘te voy a matar’ no tenía aptitud suficiente para causar
el amedrentamiento que exige la figura legal” (fs. 11 vuelta). En ese marco,
el recurso de apelación sólo le había atribuido competencia a la Cámara
para expedirse acerca del rechazo de la excepción de atipicidad articulada
por la defensa; no para expedirse acerca del mérito del requerimiento de
elevación.

4. Establecido lo anterior, se desprende que, a criterio del a quo, una


vez formulado el requerimiento de juicio por parte del fiscal, los jueces de
mérito, sobre la base de un alegado examen del mérito de la acusación en
una etapa del proceso anterior a la de debate, se encuentran habilitados
para disponer el sobreseimiento del encartado.
Ahora bien, es posible advertir que un control como el ejercido en el
caso por los jueces refleja un desborde del rol jurisdiccional que repercute
en menoscabo del principio acusatorio. En efecto, la resolución controvertida
no hace una lectura constitucionalmente posible de las reglas que
estructuran el proceso (cf. arts. 106 y 13.3 de la CCBA), sino que, por el
contrario, importa darles un alcance incompatible con el modo en que la
Constitución delinea la función jurisdiccional, al tiempo que vacía de
contenido el principio acusatorio que guía el desenvolvimiento del proceso.
Tampoco es sistemática, porque quiebra el orden con que el CPP diseña el
ejercicio de la acción y, en general, el proceso. Ninguno de esos
apartamientos encuentra respaldo en el derecho de defensa en juicio; ni los
principios de celeridad y economía procesal podrían ser invocados para
desdibujar el proceso (fs. 16 vuelta).

4.1. Cabe aquí recordar que, en el marco de procesos que adoptan el


esquema acusatorio, quien toma la decisión final no puede obrar a instancia
de sí mismo, sino que debe hacerlo a instancia de otro. Esto significa que no
pueden ser reunidas en un mismo órgano las condiciones de juez e impulsor
de la acción. Es decir, por elevados que sean sus propósitos y acertadas
sus soluciones, los jueces no pueden obrar a su propia instancia, sino que
una parte legitimada a ese fin debe estimularlos. Por ello, las atribuciones
del juez no aparecen orientadas a controlar la decisión del fiscal de impulsar
o no la acción, cosa que le incumbe privativamente al ministerio público (V.
mi voto in re “Ministerio Público —Fiscalía ante la Cámara de Apelaciones
con competencia en lo Penal, Contravencional y de Faltas nº 2— s/ queja
por recurso de inconstitucionalidad denegado en: ‘Fabre, Walter Atilio s/ infr.
art. 111 CC—conducir en estado de ebriedad o bajo los efectos de
estupefacientes—’”, Expte. n° 6247/08, sentencia del 29 de abril de 2009).
De ese modo de estructurar el proceso se deriva también que, asignado el

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Expte. nº 9439/12

ejercicio de la acción pública al MPF (cf. arts. 3 y 4 CPP, con las


modulaciones que la participación de la querella acarrea), no cabe a los
jueces subrogarse en el rol del acusador a los efectos de revisar las razones
por las que éste desechó prueba en el contexto de esa acusación o aquellas
otras sobre cuya base intentará demostrar su caso en la etapa de juicio; es
decir, no pueden revisar la estrategia procesal de quien insta la acción. En
cambio, en su rol de árbitros del proceso adoptan sus decisiones, entre otras
cosas, en función de los efectos que esas estrategias procesales proyectan
sobre la solución.

5. Conforme quedó reseñado anteriormente, el tribunal de mérito


declaró la nulidad del requerimiento de elevación a juicio y, en
consecuencia, sobreseyó al imputado porque, en su visión, básicamente, la
prueba propuesta por el Fiscal no sería suficiente para acreditar los hechos
imputados durante la etapa de debate. No obstante ello, de la lectura de la
decisión controvertida, se advierte que nada dijeron los jueces acerca de
que el requerimiento de juicio careciese de alguno de los requisitos
impuestos bajo pena de nulidad por el art. 206 del CPP, ni cuál sería el
motivo por el cual el requerimiento de juicio, tal como ha sido efectuado,
podría poner en juego el derecho de defensa en juicio del imputado, o
implicaría la violación de garantía constitucional alguna (cf. el art. 71 in fine
del CPP). Únicamente, reitero, manifestaron que, a partir del análisis que de
las pruebas ofrecidas se adjudicaron de acuerdo a una lectura errada del art.
210 del CPP, “…no existe el mérito suficiente para llevar este caso a juicio”
(fs. 17). Así las cosas, el tribunal de mérito no ha llevado a cabo un control
de validez formal de la acusación vinculado al cumplimiento de los requisitos
legales establecidos en el art. 206 del CPP, sino, por el contrario, uno
referido a la selección probatoria efectuada por el fiscal para avanzar hacia
la etapa de debate y vinculado al mérito del plexo probatorio del que habrá
de servirse el titular de la acción en la etapa subsiguiente. En ese marco, a
partir de lo estipulado en el código de forma, la nulidad del requerimiento de
elevación ha sido resuelta sobre la base de una exigencia que no viene
impuesta por el legislador a los fines de avanzar hacia la etapa de juicio; ni
se observan las razones por las cuales el a quo consideró que el acto
anulado no podría ser renovado o rectificado (cf. el art. 75 in fine del CPP).
En este contexto, aun cuando cupiere entender que el CPP pone
deberes en cabeza del MPF (ver los arts. 5, 168, 206 del CPP, entre otros),
no se deriva de ello que quien pueda corregir su incumplimiento mediante la
imposición de sanciones sea el juez. El principio acusatorio importa que el
juez no puede influir en las decisiones acerca del ejercicio de la acción sino
que su ámbito es el proceso; sin embargo, esa regla nada predica acerca de
la discrecionalidad mayor, menor o nula de que sea dotado el órgano al que
se atribuye el ejercicio de aquella. En otras palabras, de la idea de que el
juez obra como un árbitro y no como un jugador —idea que inspira la regla

“2013. Año del 30 aniversario de la vuelta a la democracia.”


7
según la cual sólo un órgano distinto del juez puede impulsar el proceso—
no se sigue que el fiscal pueda hacerlo a su arbitrio. Pero, se sigue, en
cambio, que la asunción del ejercicio de la acción por el juez no puede
constituir un remedio legal para subsanar un incumplimiento, por parte del
fiscal, del deber de acusar, o de hacerlo bajo ciertas condiciones, vgr.,
vinculadas a la viabilidad de que la pretensión prospere. Es decir, si el
legislador quiere imponer al fiscal el deber de acusar sin acordarle margen
para disponer de la acción atendiendo a circunstancias que el fiscal
encuentra justificantes o, vgr., quiere que acuse sólo una vez agotadas las
medidas probatorias imaginables en el contexto de la investigación, puede
hacerlo; pero, cualquier consecuencia que asigne al incumplimiento, a
saber, sanción penal, remoción, apartamiento por su superior, deberá ser
distinta de poner el ejercicio de la acción, o el control sobre las razones por
las que desecha ciertas pruebas en el marco de ese ejercicio, en manos del
juez (cf., mutatis mutandi, mi voto in re “Porro Rey, Julio Felix s/ infr. art. 189
bis, portación de arma de fuego de uso civil, CP s/ recurso de
inconstitucionalidad concedido”, Expte. n° 7909/11, sentencia del 07 de
diciembre de 2011). Así las cosas, pretender fiscalizar en el sub lite la
acusación del modo y en la etapa en que ello ocurre supone ejercer un
control sobre el criterio de oportunidad con que se ejerce la acción
incompatible con la función del juez. En otros términos, el control que ejerció
el a quo sobre la acusación es equivalente a decidir acerca de cuándo el
ejercicio de la acción penal (en el caso, pública) queda justificado; es decir,
es equivalente a definir qué política criminal o estimaciones deben guiar la
acusación; aún más, importa conducir el ejercicio de la acción penal y,
eventualmente, limitarlo sin apoyo legal alguno.
De lo dicho hasta aquí se desprende que, más allá de cuál sea la
interpretación que corresponda asignar a las reglas procesales que el a quo
estimó aplicables al caso, la que se escoja no puede conducir a poner en
cabeza de los jueces el control acerca de su cumplimiento.

6. Conectado con lo anterior, aunque desde un ángulo ligeramente


distinto que no tiene que ver inmediatamente con el rol del juez sino con la
igualdad entre las partes, el CPP piensa en una acción ejercida por el fiscal,
que obra como las partes —con un interés cuya representación le incumbe
privativamente— obran en cualquier acción: toma las decisiones por sí y lo
que somete al juez es la acción, no su elucubración previa. A partir de ello,
el fiscal puede atender o no una prueba. Si no atiende una prueba que la
otra parte entendía atinente, podrá quedar embarcado en un ejercicio
infructuoso de la acción, pero no cabe castigar esa decisión, que,
privativamente, le corresponde, con el sobreseimiento del encartado, pues
ello, por lo dicho, resulta incompatible con los arts. 106 y 13.3 CCBA e
inconsistente con el cuerpo normativo del que forman parte las reglas en
juego. Durante la etapa de investigación, el fiscal está preparando su acción
y, en ese contexto, las reglas que organizan el proceso no le imponen

8
Expte. nº 9439/12

revelar su estrategia a la contraria ni ofrecer aquellos elementos de cargo


que no estime conducentes al propósito al que está abocado. Es que la
etapa de investigación preparatoria no constituye una anticipación del
proceso judicial propiamente dicho, menos aún del juicio que lo remate.
Por lo demás, ni el art. 210 CPP, ni nada en el Código procesal,
permite un análisis del mérito del requerimiento de elevación a juicio por el
juez de garantías, análisis que es propio, en cambio, del juez de juicio, y
resultado del debate. Ello no obsta a que el CPP dé al juez de garantías
competencias para decidir sobre cuestiones que en alguna medida
(concebida como mínima) puedan acarrear algún análisis del mérito de esa
imputación, pero, esas cuestiones vienen taxativamente enunciadas y
delimitado el margen de análisis que conllevan en función de la razón que lo
suscite. Así, como resultado de un análisis de esa especie, el juez de
garantías debe resolver las excepciones que plantee la defensa (ámbito que
comprende, vgr., la de atipicidad, cf. art. 195 CPP), o disponer cuáles
medidas de prueba son admisibles (art. 210 CPP).
Entonces, de acuerdo a lo reseñado, un control como el ejercido en el
caso por los jueces refleja un desborde del rol jurisdiccional que menoscaba
el principio acusatorio. Por su parte, no aparece explicado cómo ello podría
tener fundamento en una afectación al ejercicio de la defensa del acusado,
que cuenta con una oportunidad de requerir la salida anticipada del proceso
(cf. arts. 195 y 196 del CPP) y producir prueba en respaldo de esa
pretensión. Finalmente, la interpretación de las reglas procesales en que los
jueces sustentaron la nulidad del requerimiento no encuentra apoyo ni en su
texto ni en los fundamentos de política jurídica que sustentan el CPP.
Por lo dicho, corresponde hacer lugar a la queja y al recurso de
inconstitucionalidad deducidos, revocar la sentencia impugnada y devolver
las actuaciones para que, por otros jueces, se resuelva el recurso de
apelación articulado por la defensa del Sr. Escobar.

Por ello, y habiendo tomado la intervención que compete al Fiscal


General,

el Tribunal Superior de Justicia


resuelve:

1. Hacer lugar al recurso de queja interpuesto.


2. Hacer lugar al recurso de inconstitucionalidad; dejar sin efecto la
decisión impugnada, cuya copia obra a fs. 16/17 y reenviar las actuaciones
para que jueces distintos resuelvan el recurso de apelación presentado por
la defensa.

“2013. Año del 30 aniversario de la vuelta a la democracia.”


9
3. Mandar que se registre, se notifique y oportunamente se remitan
las actuaciones a la Cámara de Apelaciones en lo Penal, Contravencional y
de Faltas.

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