Perlas de Fe
Extraido de “Perlas de Fe que a su vez se extrajo de “En el Jardín de la Fe” Por el Rabino Shalom
Arush y traducido por el Rab Yonatán D. Galed, [Link])
La Respuesta a todas las preguntas
Este mundo está lleno de preguntas: ¿Cuál es la finalidad de la vida en este mundo lleno de sufrimiento?
¿Hacia dónde va el mundo y la humanidad? ¿Con quién está la justicia en todas las ideologías y
concepciones de la vida? ¿Cuál es el camino hacia la felicidad? ¿Cómo verdaderamente debemos vivir?
¿Finalmente será todo bueno o no? Y más y más…
Existe una sola y única respuesta a todas las preguntas – la Fe.
La fe se parece a una llave maestra que abre todos los cerrados dilemas de la vida y por medio de ella la
respuesta es simple y bien entendida: el universo posee un supremo y todopoderoso Creador que cuida de
cada uno de nosotros en una forma exacta, hecha a medida según nuestras específicas necesidades, y es
lo que se llama Divina Providencia o Supervisión Individual. él es Quien determina las condiciones exactas
en las que viviremos: en el seno de qué familia naceremos, con quién nos casaremos, cómo será nuestro
aspecto, cuáles serán nuestras cualidades y carácter, cuántos hijos tendremos, cuánto dinero poseeremos,
quiénes serán nuestros amigos y conocidos, y muchos más datos como arena hay en el mar.
Y no sólo en forma general, sino también en la vida cotidiana, en cada instante, todo está dirigido desde lo
Alto en una Supervisión Individual. Es el Creador quien decreta cuándo el hombre prosperará y cuándo
fracasará, cuándo será bien recibido y cuándo será despreciado y desdeñado, a quién encontrará y con
quién tropezará, e infinitamente más y más detalles.
Y debemos saber, que la Supervisión del Creador es siempre para el bien eterno de cada hombre, para
guiarlo al objetivo, al rango y a la buena y eterna finalidad para la que fue creado. El Creador sabe que tal
persona no llegará a la corrección de su alma sin la específica realidad en la que se encuentra, con todas
las muchas privaciones que tiene; y que aquella otra llegará a su meta justamente desde una realidad
distinta de abundancia y de placeres, etc. Cada dato de la vida del hombre, sin excepción, está bajo una
exacta Supervisión Individual, sin ningún error y no por azar, según lo que el hombre verdaderamente
necesita para llegar a su meta y a su corrección espiritual.
Confía en él y no temerás
El hombre necesita que toda su confianza esté en el Creador, y en nada más. En el momento en que confía
en personas o en alguna otra cosa y no en el Creador, entonces él pone a esa cosa o a esa persona en su
contra. Por ejemplo: Si una persona cree que para entrar en un determinado lugar depende de la voluntad
del guardián, y por lo tanto pone todo su esfuerzo en halagarlo; y si no le escucha – lo amenaza para que le
deje entrar, entonces el Creador endurece el corazón del guardián para que no le permita la entrada. Pero si
el hombre cree que el Creador es Quien lo determina, Le pide que le permita entrar, y trata de hacerlo. Si el
guardián le deja ingresar, señal que es la Voluntad del Creador; y si no, señal que él no desea que entre. Y
entonces, el hombre acepta Su Voluntad.
Lo mismo sucede cuando una persona tiene una cita con un funcionario de la oficina de empleos, o con su
jefe o el director de un banco para pedir un préstamo; si cree que todo depende del hombre con quien debe
encontrarse – casi seguro que el Todopoderoso le cerrará el corazón a ese hombre para que no le ayude. El
ser humano debe creer que todo depende sólo de la Voluntad del Creador. Debe rezar antes de la cita y
estar preparado moralmente para recibir también una respuesta negativa. Pues la fe significa que yo
deseo lo que el Creador desea, y no hago ninguna diferencia entre una respuesta negativa o
positiva. El hombre creyente confía que está en buenas manos y que el Creador decidirá lo mejor para él. Y
como dice el refrán popular: «Cuando Dios cierra una puerta, abre otras diez en su lugar».
Vamos a ver algunos ejemplos:
Un hombre que sufre una enfermedad, está en una prueba de fe. Por lo tanto, debe actuar según las «Tres
Reglas de la Fe»:
a) Debe saber que el Creador lo enfermó, y no debe atribuir la enfermedad a causas naturales o a errores
que cometió.
b) Debe saber que es para su bien eterno, y debe agradecer al Creador.
c) Debe auto-examinarse y buscar por qué transgresión le llegó esa enfermedad y arrepentirse. Sólo
después, lo apropiado es que rece al Creador para que lo cure.
Un hombre que es detenido por un policía de tránsito, con justicia o no, está pasando una prueba de fe, y
debe conducirse según las «Tres Reglas de la Fe»:
a) Creerá que «Así el Creador quiere», y de por sí, no culpará a nadie; no a sí mismo y no al otro
conductor por el cual se vio envuelto en esta infracción de tránsito, no a su esposa que lo apremió a viajar
rápido, ni tampoco al policía que lo molesta, porque incluso si lo detuvieron injustamente y no según las
leyes de este mundo, según las Leyes del Creador, todo es verdaderamente justo.
b) Creerá que «Todo es para bien», dejando de lado su razonamiento. Debe ignorar lo que su mente
entiende y determina que lo que le pasa no es bueno. él debe alegrarse y agradecer al Creador que le
mandó a ese policía, y creer que seguramente se oculta en este acontecimiento una salvación que es para
su bien eterno.
c) Creerá que cada cosa tiene una causa y finalidad, que no hay tribulaciones sin transgresiones, y que
este policía es sólo la vara del Creador que le fue enviado para estimularlo a arrepentirse por alguna falla o
pecado. Aunque existe una causa natural por la que fue detenido, ésta es sólo una causa desencadenada
desde lo Alto según lo que le fue decretado en el Tribunal Celestial. Por esto, examinará sus actos y buscará
el motivo de lo que le ocurre.
El poder de una simple plegaria
Debemos saber que la hora del «Aislamiento» que significa una plegaria personal diaria de sesenta minutos
que incluye un examen de conciencia, es tan poderosa, que posee la fuerza de proteger al mundo entero.
Como un gran Justo dijo una vez:
«¡¿Cómo es posible que permitamos que el Creador piense y traiga severos decretos al mundo?! Debemos
atraer Su atención de todas Sus otras ocupaciones, como por ejemplo promulgar duros Decretos para que
los deje de lado y Se dirija a nosotros, porque queremos hablarle y pedirle que nos acerque a él y a Su
servicio. Pues cuando una persona desea hablar con el Creador, él deja de lado todas Sus
ocupaciones, todos los Decretos que debería promulgar, y Se dirige exclusivamente a ese hombre
que quiere hablarle, conversar con él, y pedirle que le ayude acercarse a él».
El significado de estas palabras, es que cada persona – cada hombre, mujer, joven, niño, sin importar el
nivel en que se encuentra – sea bajo o alto, incluso el hombre más simple, innoble, despreciable y peor del
mundo, hasta el impío más grande sobre la Tierra – tiene la posibilidad y el derecho de dirigirse al Creador y
pedirle que le ayude a acercarse a él. ¡Y el Creador deja todo de lado y Se dirige a esa persona y escucha
su plegaria!
¡Es por mérito de ese hombre que el mundo se puede salvar de todo tipo de duros Decretos que podrían ser
promulgados por la Justicia Divina en ese momento! Si durante veinticuatro horas al día hubiera personas
ocupándose en el «Aislamiento», no habría severos y duros Decretos en el mundo.
Se cuenta qua antes que se declarara la Segunda Guerra Mundial, hombres piadosos en Europa solían
hacer una cadena de «Aislamiento» día y noche, de manera que siempre hubiera alguien aislándose. Un
día, por diversas causas, se cortó la cadena, e inmediatamente comenzó la terrible guerra…
El único consejo
Cada persona, hombre o mujer, viejo o joven, debe tomarse una hora entera de «Aislamiento» cada día,
donde se arrepentirá y rezará al Creador. Esta hora puede ser escogida según su conveniencia, de día o de
noche. El lugar no importa, con tal que sea cómodo y retirado, como un jardín, un bosque, un cuarto
privado, un balcón, etc. Lo esencial es que el hombre esté solo con el Creador, sin interferencias y sin ser
distraído. Es posible realizarlo parado, sentado o caminando, como se quiera; sin embargo, está
recomendado caminar, pues la marcha inspira las palabras.
Así se aconseja conversar:
• Al principio, debemos tratar de agradecerle al Creador por todo lo que tenemos en la vida, por todas
Sus maravillosas bendiciones que hemos recibido – nuestras buenas acciones, los Preceptos que
logramos cumplir, por Su gran regalo del arrepentimiento, por el mérito de estar hablando con él, por
nuestra salud, familia, el pan de cada día y hasta la ropa que tenemos puesta. No tomemos nada
por sobrentendido.
• Luego, Le contaremos todo lo que ocurrió en nuestra vida, desde nuestra última conversación del
día anterior, hasta el momento presente. No omitiremos ningún detalle, especialmente en las cosas
que nos alegraron y las que nos molestaron.
• Después Le agradeceremos por toda buena acción que alcanzamos a realizar desde la última
conversación.
• Empezaremos el «Auto-juicio», examinando si hemos cumplido nuestros actos con la perfección
requerida, o si podemos ser mejores la próxima vez.
• Luego confesaremos nuestras fallas y transgresiones, cumpliendo los «Cuatro Pasos del
Arrepentimiento» que explicamos a continuación.
• Finalmente, aumentaremos nuestras plegarias al Creador sobre nuestras necesidades y
privaciones, pidiéndole que nos ayude en todo lo que necesitamos.
Ya mencionamos la siguiente regla: «Siempre que hay una carencia – o no se rezó nada sobre ella, o se
rezó poco».
Este dicho contiene el secreto de la buena vida: puesto que la falta de plegaria es la causa de toda
privación, con la plegaria sobre cada detalle de su vida podrá el hombre lograr literalmente cualquier cosa y
suplir todas sus necesidades, tanto materiales como espirituales. ¡Sin embargo, increíblemente, hay mucha
gente que no reza en absoluto! Estas personas que dicen que no tienen el tiempo necesario para hacerlo –
¿a qué se parecen? – al hijo del Rey que va desharrapado, sucio, lastimado y hambriento. La gente lo ve
acostado sobre un banco del parque y le pregunta: «¿Acaso no eres el príncipe, el hijo del Rey que
gobierna todo los países y es dueño de toda riqueza?» «Sí», contesta, «soy yo». Cuando la gente
asombrada le pregunta: «Entonces, ¿por qué andas así? ¿Por qué no pides a tu padre, Su Majestad, que te
ayude, que te de ropa decente, comida y todo lo que te es necesario?». ¿Saben cuál es la respuesta de
este necio? – «No tengo tiempo»…
Así exactamente se parece el hombre que no reza y sigue sufriendo numerosas privaciones – problemas de
subsistencia, paz doméstica, malos rasgos, apetitos, tristeza, pereza, etc. Y cuando se lo interroga: «¿Por
qué no le pides a tu Padre en el Cielo, el Rey del Universo, que colme todas tus privaciones?», él responde:
«No tengo tiempo».
El hombre afortunado, que ha descubierto el secreto de la buena vida, no podrá pasar ni un día sin la
plegaria, por cierto rezará por todas sus necesidades, materiales y espirituales. En realidad, es necesario
que lo esencial de su oración sea sobre su espiritualidad y, en consecuencia, también sus otras privaciones
serán colmadas. Deberá rogar por cada detalle de su servicio al Creador: Sobre su propia plegaria – poder
rezar con alegría, dirigiendo su corazón hacia él, sobre su agradecimiento por todo lo que le da el Creador.
También sobre la preservación de su mirada y juzgarse si se defiende verdaderamente de mirar lo que no es
adecuado, si observa el Precepto de no codiciar o envidiar lo que pertenece a su prójimo, etc. Así, debe
analizar cada día que pasa, y rogar sobre cada detalle de su trabajo espiritual y de su comportamiento con
los demás, aumentando sus rezos hasta lograr colmar todas sus insuficiencias.
Cuanto más reza el hombre, más se acerca al Creador, y cuanto más es la proximidad que tiene con el
Creador, más iluminada está su alma; cuanto más iluminada está su alma – más feliz se siente. éste es
esencialmente el secreto de la buena vida.
«Bueno es el Eterno para todo»
Existe una regla muy importante – ¡Hay que rezar al Creador por todas las cosas del mundo!
La manifestación de la fe es la plegaria. Quien tiene fe – le habla al Creador.
Así está escrito (Salmos 145:9): «Bueno es el Eterno para todo; Su Misericordia se extiende sobre todas
Sus obras». Cuando el hombre posee la fe que el Creador es bueno para todo, para su salud, sustento,
hijos y todas las demás cosas, ciertamente que lo esencial de sus esfuerzos serán dirigidos a la oración,
pidiendo sus necesidades directamente a él sin ningún subterfugio. Sólo el que no cree en el Todopoderoso,
debe siempre utilizar todo tipo de subterfugios y esfuerzos, así por ejemplo, cuando necesita una curación,
busca toda clase de diferentes tratamientos y distintos médicos, y muchas veces descubre que son
inaccesibles o ineficaces.
Pero el Creador es bueno para todo, es bueno para curar todas las heridas y es siempre accesible, como
está escrito (Deuteronomio 4:7): «¿Quién es como el Eterno, nuestro Dios, accesible para nosotros siempre
que Le invocamos?».
En otras palabras, el hombre creyente sabe que en toda situación, el único que puede resolver sus
problemas y colmar sus faltas, es el Creador. Ya sea la falta de sustento, de paz doméstica, de salud,
problemas con la compra o venta de un apartamento, con sus vecinos o sus hijos, en su trabajo, cuando cae
en depresiones, etc. En todos los casos, el hombre creyente sabe invertir sus esfuerzos en la plegaria.
Y si éste es el camino para tratar los problemas materiales, con más razón se podrán resolver los problemas
y necesidades espirituales, que son mucho más importantes, y sobre las cuales debe concentrar sus
plegarias. Porque realmente, los problemas espirituales son la raíz de los problemas materiales…
(«Perlas de Fe» – Extraído de «En el Jardín de la Fe» Por el Rabino Shalom Arush y traducido por el Rab
Yonatán D. Galed, [Link])