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De Alegatos de Conclusión en El Sistema acusatorio/PROCEDIMIENTO PARA

Este documento presenta la sentencia C-616/14 de la Corte Constitucional colombiana. La Corte determina que no existe una omisión legislativa que impida que las víctimas presenten réplicas en los alegatos de conclusión, ya que esto podría poner en desventaja a la defensa y afectar principios como la igualdad de armas. Además, resume la jurisprudencia sobre los derechos de las víctimas, como el derecho a la verdad, la justicia y la reparación, y la libertad de configuración del legislador

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De Alegatos de Conclusión en El Sistema acusatorio/PROCEDIMIENTO PARA

Este documento presenta la sentencia C-616/14 de la Corte Constitucional colombiana. La Corte determina que no existe una omisión legislativa que impida que las víctimas presenten réplicas en los alegatos de conclusión, ya que esto podría poner en desventaja a la defensa y afectar principios como la igualdad de armas. Además, resume la jurisprudencia sobre los derechos de las víctimas, como el derecho a la verdad, la justicia y la reparación, y la libertad de configuración del legislador

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Sentencia C-616/14

CODIGO DE PROCEDIMIENTO PENAL-Turnos para alegar

CODIGO DE PROCEDIMIENTO PENAL-Procedimiento para presentar réplicas


de alegatos de conclusión en el sistema acusatorio/PROCEDIMIENTO PARA
PRESENTAR REPLICAS DE ALEGATOS DE CONCLUSION EN EL
SISTEMA ACUSATORIO-Inexistencia de omisión legislativa relativa

No se configuran los requisitos exigidos por la jurisprudencia para el reconocimiento de


una omisión legislativa relativa por los siguientes motivos: (i) La norma no omite incluir
un ingrediente o condición que, de acuerdo con la Constitución, resulta esencial para
armonizar el texto legal con los mandatos de la Carta, pues no existe un mandato
constitucional que exija que las víctimas tengan una intervención directa en todas las
etapas del juicio oral, pues por el contrario, la jurisprudencia ha señalado que su
participación en esta fase puede ser menor, ya que en la misma se concentra el debate
adversarial entre la Fiscalía y el imputado. En este sentido, el grado de participación de
las víctimas en esta fase depende de la estructura del sistema acusatorio y de la
posibilidad de que en la actuación concreta se puedan afectar sus derechos a la verdad, a
la justicia y a la reparación. (ii) La imposibilidad de que la víctima realice directamente
una réplica en los alegatos de conclusión es razonable, pues éstos concentran el debate y
la pugna entre la acusación y la defensa y por ello no pueden contemplar reglas que
impliquen un desbalance desproporcionado de la posición del acusado como permitir que
éste tenga que recibir al mismo tiempo las réplicas de varias partes e intervinientes como
la Fiscalía, los apoderados de las víctimas e incluso el Ministerio Público. (iii) Lo anterior,
no quiere decir que las víctimas no puedan participar en los alegatos de conclusión, pues
la norma demandada permite que tengan una intervención inicial, a lo cual cabe agregar
que la propia Fiscalía tiene el deber constitucional y legal de proteger los derechos de las
víctimas y por ello si presenta una réplica no deberá concentrarse en la tutela del interés
de la sociedad, sino también de la protección de los derechos a la verdad, a la justicia y a
la reparación. (iv) La imposibilidad de que las víctimas presenten una réplica no genera
una desigualdad injustificada entre los distintos actores del proceso penal, sino que busca
evitar que la defensa quede en una situación de desventaja en el debate procesal. (v)
Finalmente, la imposibilidad de que las víctimas presenten una réplica a los alegatos de
conclusión de la defensa no constituye un incumplimiento de un deber específico impuesto
por el constituyente al legislador, pues la ley puede limitar la participación de la víctima
en la etapa de juicio oral si se afectan los rasgos esenciales del sistema acusatorio como el
principio de igualdad de armas.

CONTROL CONSTITUCIONAL DE OMISION LEGISLATIVA RELATIVA-


Requisitos para su procedencia

La Corte Constitucional definió los requisitos para que el cargo de inconstitucionalidad


por omisión pueda prosperar: (i) que exista una norma sobre la cual se predica; (ii) que
una omisión en tal norma excluya de sus consecuencias aquellos casos que, por ser
asimilables, deberían subsumirse dentro de su presupuesto fáctico (iii) que dicha exclusión
no obedezca a una razón objetiva y suficiente; (iv) que al carecer de una razón objetiva y
suficiente, la omisión produzca una desigualdad injustificada entre los casos que están y
los que no están sujetos a las consecuencias previstas por la norma y; (v) que la omisión
implique el incumplimiento de un deber constitucional del legislador.

LIBERTAD DE CONFIGURACION LEGISLATIVA EN MATERIA


PROCESAL-Jurisprudencia constitucional

LIBERTAD DE CONFIGURACION LEGISLATIVA EN MATERIA


PROCESAL-Alcance
2

LIBERTAD DE CONFIGURACION LEGISLATIVA EN MATERIA


PROCESAL-Límites

La Corte Constitucional ha señalado que según el artículo 150-2 de la C.P., le corresponde


al Congreso de la República “expedir los códigos en todos los ramos de la legislación y
reformar sus disposiciones”. Con fundamento en esta competencia y en la importancia de
la ley como fuente del Derecho, el Legislador posee por mandato constitucional “amplia
libertad para definir el procedimiento en los procesos, actuaciones y acciones originadas
en el derecho sustancial”. En este sentido, se ha reconocido una amplia potestad de
configuración normativa del legislador en la definición de los procedimientos judiciales y
de las formas propias de cada juicio, a partir de la cual, le corresponde “evaluar y definir
las etapas, características, términos y demás elementos que integran cada procedimiento
judicial”. En virtud de esta facultad, el legislador es autónomo para decidir la estructura
de los procedimientos judiciales, no obstante que, en ejercicio de dicha autonomía, aquel
está obligado a respetar los principios establecidos en la Carta Política. Por lo anterior,
pese a que la libertad de configuración normativa del legislador es amplia, tiene límites
que se concretan en el respeto por los axiomas y fines del Estado, la vigencia de los
derechos fundamentales y la observancia de las demás normas constitucionales. En este
sentido, la discrecionalidad para la determinación de las actuaciones procesales o
administrativas no es absoluta, pues debe ejercitarse dentro del respeto a valores
fundantes de nuestra organización política y jurídica, tales como, la justicia, la igualdad y
un orden justo (Preámbulo) y de derechos fundamentales de las personas como el debido
proceso, defensa y acceso a la administración de justicia (C.P., arts. 13, 29 y 229).
Igualmente, debe hacer vigente el principio de la primacía del derecho sustancial sobre
las formas (C.P., art. 228) y proyectarse en armonía con la finalidad propuesta, como es la
de realizar objetiva, razonable y oportunamente el derecho sustancial en controversia o
definición; de lo contrario, la configuración legal se tornaría arbitraria. Por lo anterior, el
legislador debe asegurar la protección ponderada de todos los bienes jurídicos implicados
que se ordenan, cumpliendo con los principios de proporcionalidad y razonabilidad frente
al fin para el cual fueron concebidas, con el objeto de asegurar precisamente la primacía
del derecho sustancial (art. 228 C.P.), así como el ejercicio más completo posible del
derecho de acceso a la administración de justicia (art. 229 C.P.), el debido proceso (art. 29
C.P), el cumplimiento del postulado de la buena fe de las actuaciones de los particulares
(CP art. 83) y el principio de imparcialidad.

LEGISLADOR-Proporcionalidad y razonabilidad en normas procesales/DEBIDO


PROCESO-Legitimidad de normas procesales dada por su proporcionalidad y
razonabilidad

La Corte ha señalado que la legitimidad de las normas procesales está dada en función de
su proporcionalidad y razonabilidad “pues sólo la coherencia y equilibrio del engranaje
procesal permite la efectiva aplicación del concepto de justicia y, por contera, hace posible
el amparo de los intereses en conflicto”. Así las cosas, la violación del debido proceso
ocurriría no sólo en el supuesto de la omisión de la respectiva regla procesal o de la
ineficacia de la misma para alcanzar el propósito para el cual fue diseñada, sino
especialmente en el evento de que ésta aparezca excesiva y desproporcionada frente al
resultado que se pretende obtener con su utilización.

DERECHOS DE LAS VICTIMAS-Jurisprudencia constitucional

DERECHOS DE LAS VICTIMAS-Alcance

DERECHO A LA VERDAD-Concepto/DERECHO A LA VERDAD-


Exigencia/DERECHO A LA VERDAD-Alcance/DERECHO A LA VERDAD-
Criterios jurisprudenciales/DERECHO A LA VERDAD-Dimensiones/DERECHO
A LA VERDAD-Garantías
3

DERECHO A LA JUSTICIA-Alcance

DERECHO A LA JUSTICIA-Reglas jurisprudenciales

En cuanto al derecho a la justicia, la Corte Constitucional ha establecido las siguientes


reglas en las sentencias C-715 de 2012 y C-099 de 2013:“(i) La obligación del Estado de
prevenir las graves violaciones de derechos humanos, especialmente cuando se trata de
violaciones masivas, continuas y sistemáticas como el desplazamiento forzado interno. (ii)
La obligación del Estado de luchar contra la impunidad. (iii) La obligación de establecer
mecanismos de acceso ágil, oportuno, pronto y eficaz a la justicia para la protección
judicial efectiva de los derechos de las víctimas de delitos. En este sentido, se fija la
obligación del Estado de diseñar y garantizar recursos judiciales efectivos para que las
personas afectadas puedan ser oídas, y de impulsar las investigaciones y hacer valer los
intereses de las víctimas en el juicio. (iv) El deber de investigar, procesar y sancionar
judicialmente a los responsables de graves violaciones de derechos humanos como el
desplazamiento forzado. (v) El respeto del debido proceso y de que las reglas de
procedimiento se establezcan con respeto del mismo. (vi) El deber de establecer plazos
razonables para los procesos judiciales, teniendo en cuenta que los términos
desproporcionadamente reducidos pueden dar lugar a la denegación del derecho a la
justicia de las víctimas y a la no obtención de una justa reparación. (vii) El deber de iniciar
ex officio las investigaciones en casos de graves violaciones contra los derechos humanos.
(viii) El deber constitucional de velar porque los mecanismos judiciales internos tanto de
justicia ordinaria, como de procesos de transición hacia la paz, tales como amnistías e
indultos, no conduzcan a la impunidad y al ocultamiento de la verdad. (ix) El
establecimiento de limitantes y restricciones derivadas de los derechos de las víctimas,
frente a figuras de seguridad jurídica tales como el non bis in ídem y la prescriptibilidad de
la acción penal y de las penas, en casos de violaciones protuberantes a los derechos
humanos, el derecho internacional humanitario y el derecho internacional de los derechos
humanos. (x) La determinación de límites frente a figuras de exclusión de responsabilidad
penal o de disminución de las penas en procesos de transición, en cuanto no es admisible la
exoneración de los responsables de graves violaciones a los derechos humanos y al
Derecho Internacional Humanitario, y por tanto el deber de juzgar y condenar a penas
adecuadas y proporcionales a los responsables de los crímenes investigados. Esta regla,
como lo ha señalado la Corte, solo puede tener excepciones en procesos de justicia
transicional en los cuales se investiguen a fondo las violaciones de derechos humanos y se
restablezcan los derechos mínimos de las víctimas a la verdad y a la reparación integral y
se diseñen medidas de no repetición destinadas a evitar que los crímenes se repitan. (xi) La
legitimidad de la víctima y de la sociedad, en casos de graves violaciones de los derechos
humanos y del derecho internacional humanitario para hacerse parte civil dentro de los
procesos penales con el fin de obtener la verdad y la reparación del daño. (xii) La
importancia de la participación de las víctimas dentro del proceso penal, de conformidad
con los artículos 29, 229 de la Constitución y 8 y 25 de la Convención Interamericana
sobre Derechos Humanos. (xiii) La garantía indispensable del derecho a la justicia para
que se garanticen así mismo los derechos a la verdad y a la reparación de las víctimas”.

DERECHO A LA JUSTICIA-Deberes de las autoridades

El derecho a que se haga justicia en el caso concreto, es decir, el derecho a que no haya
impunidad. Este derecho incorpora una serie de garantías para las víctimas de los delitos
que se derivan de unos correlativos deberes para las autoridades, que pueden
sistematizarse así: (i) el deber del Estado de investigar y sancionar adecuadamente a los
autores y partícipes de los delitos; (ii) el derecho de las víctimas a un recurso judicial
efectivo; (iii) el deber de respetar en todos los juicios las reglas del debido proceso.

DERECHO A LA REPARACION-Instrumentos internacionales

DERECHO A LA REPARACION-Alcance/DERECHO A LA REPARACION-


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Fundamento constitucional/DERECHO A LA REPARACION-Parámetros y


estándares constitucionales/MEDIDAS DE REPARACION-Principios de
integralidad y proporcionalidad

En cuanto al derecho a la reparación, la jurisprudencia de la Corte Constitucional en las


sentencias C-715 de 2012 y C-099 de 2013 ha fijado los siguientes parámetros y
estándares constitucionales, en armonía con el derecho y la jurisprudencia internacional
en la materia:“(i) El reconocimiento expreso del derecho a la reparación del daño causado
que le asiste a las personas que han sido objeto de violaciones de derechos humanos, y de
que por tanto éste es un derecho internacional y constitucional de las víctimas, como en el
caso del desplazamiento forzado; (ii) El derecho a la reparación integral y las medidas que
este derecho incluye se encuentran regulados por el derecho internacional en todos sus
aspectos: alcance, naturaleza, modalidades y la determinación de los beneficiarios,
aspectos que no pueden ser desconocidos y deben ser respetados por los Estados
obligados; (iii) El derecho a la reparación de las víctimas es integral, en la medida en que
se deben adoptar distintas medidas determinadas no solo por la justicia distributiva sino
también por la justicia restaurativa, en cuanto se trata de la dignificación y restauración
plena del goce efectivo de los derechos fundamentales de las víctimas;(iv) Las obligaciones
de reparación incluyen, en principio y de manera preferente, la restitución plena (restitutio
in integrum), que hace referencia al restablecimiento de la víctima a la situación anterior
al hecho de la violación, entendida ésta como una situación de garantía de sus derechos
fundamentales, y dentro de estas medidas se incluye la restitución de las tierras usurpadas
o despojadas a las víctimas. (v) De no ser posible tal restablecimiento pleno es procedente
la compensación a través de medidas como la indemnización pecuniaria por el daño
causado; (vi) La reparación integral incluye además de la restitución y de la
compensación, una serie de medidas tales como la rehabilitación, la satisfacción y
garantías de no repetición. Así, el derecho a la reparación integral supone el derecho a la
restitución de los derechos y bienes jurídicos y materiales de los cuales ha sido despojada
la víctima; la indemnización de los perjuicios; la rehabilitación por el daño causado;
medidas simbólicas destinadas a la reivindicación de la memoria y de la dignidad de las
víctimas; así como medidas de no repetición para garantizar que las organizaciones que
perpetraron los crímenes investigados sean desmontadas y las estructuras que permitieron
su comisión removidas, a fin de evitar que las vulneraciones continuas, masivas y
sistemáticas de derechos se repitan; (vii) La reparación integral a las víctimas de graves
violaciones a los derechos humanos tiene tanto una dimensión individual como colectiva;
(viii) En su dimensión individual la reparación incluye medidas tales como la restitución,
la indemnización y la readaptación o rehabilitación; (ix) En su dimensión colectiva la
reparación se obtiene también a través de medidas de satisfacción y carácter simbólico o
de medidas que se proyecten a la comunidad; (x) Una medida importante de reparación
integral es el reconocimiento público del crimen cometido y el reproche de tal actuación.
En efecto, como ya lo ha reconocido la Corte, la víctima tiene derecho a que los actos
criminales sean reconocidos y a que su dignidad sea restaurada a partir del reproche
público de dichos actos. Por consiguiente, una manera de vulnerar de nuevo sus derechos,
es la actitud dirigida a desconocer, ocultar, mentir, minimizar o justificar los crímenes
cometidos; (xi) El derecho a la reparación desborda el campo de la reparación económica,
e incluye además de las medidas ya mencionadas, el derecho a la verdad y a que se haga
justicia. En este sentido, el derecho a la reparación incluye tanto medidas destinadas a la
satisfacción de la verdad y de la memoria histórica, como medidas destinadas a que se
haga justicia, se investigue y sancione a los responsables. Por tanto, la Corte ha
evidenciado el derecho a la reparación como un derecho complejo, en cuanto se encuentra
en una relación de conexidad e interdependencia con los derechos a la verdad y a la
justicia, de manera que no es posible garantizar la reparación sin verdad y sin justicia;
(xii) La reparación integral a las víctimas debe diferenciarse de la asistencia y servicios
sociales y de la ayuda humanitaria brindada por parte del Estado, de manera que éstos no
pueden confundirse entre sí, en razón a que difieren en su naturaleza, carácter y finalidad.
Mientras que los servicios sociales tienen su título en derechos sociales y se prestan de
manera ordinaria con el fin de garantizar dichos derechos sociales, prestacionales o
5

políticas públicas relativas a derechos de vivienda, educación y salud, y mientras la


asistencia humanitaria la ofrece el Estado en caso de desastres; la reparación en cambio,
tiene como título la comisión de un ilícito, la ocurrencia de un daño antijurídico y la grave
vulneración de los derechos humanos, razón por la cual no se puede sustituirlas o
asimilarlas, aunque una misma entidad pública sea responsable de cumplir con esas
funciones, so pena de vulnerar el derecho a la reparación. (xiii) La necesaria articulación
y complementariedad de las distintas políticas públicas, pese a la clara diferenciación que
debe existir entre los servicios sociales del Estado, las acciones de atención humanitaria y
las medidas de reparación integral”.

GARANTIA DE NO REPETICION-Contenido y alcance

GARANTIA DE NO REPETICION-Relación con el derecho a la reparación

GARANTIA DE NO REPETICION-Relación con la obligación del Estado de


prevenir graves violaciones de derechos humanos

GARANTIA DE NO REPETICION-Criterios

En particular, se han identificado los siguientes contenidos de esta obligación: (i)


Reconocer a nivel interno los derechos y ofrecer garantías de igualdad; (ii) Diseñar y
poner en marcha estrategias y políticas de prevención integral; (iii) Implementar
programas de educación y divulgación dirigidos a eliminar los patrones de violencia y
vulneración de derechos, e informar sobre los derechos, sus mecanismos de protección y
las consecuencias de su infracción; (iv) Introducir programas y promover prácticas que
permitan actuar de manera eficaz ante las denuncias de violaciones a los DDHH, así como
fortalecer las instituciones con funciones en la materia; (v) Destinar recursos suficientes
para apoyar la labor de prevención; (vi) Adoptar medidas para erradicar los factores de
riesgo, lo que incluye el diseño e implementación de instrumentos para facilitar la
identificación y notificación de los factores y eventos de riesgo de violación; (vii) Tomar
medidas de prevención específica en casos en los que se detecte que un grupo de personas
está en riesgo de que sus derechos sean vulnerados.

DERECHOS DE VICTIMAS EN SISTEMA CON TENDENCIA


ACUSATORIA-Jurisprudencia constitucional

PARTICIPACION DE LA VICTIMA EN EL SISTEMA ACUSATORIO-


Parámetros generales

De acuerdo a lo anteriormente señalado se pueden determinar una serie de parámetros


generales en relación con el análisis de la participación de la víctima en el sistema
acusatorio: 1. La protección de los derechos de las víctimas a la verdad, a la justicia, a la
reparación y a la no repetición exigen una protección especial en el proceso penal,
derivada de la profundización de las relaciones entre el derecho constitucional y el
Derecho Penal del Estado Social de Derecho. 2. Los derechos de las víctimas también se
encuentran protegidos en el sistema penal con tendencia acusatoria, aunque el esquema de
su intervención no deberá ser idéntico al consagrado en la Ley 600 de 2000, sino que debe
ser compatible con los rasgos estructurales y las características esenciales del nuevo
sistema procesal. 3. Debe buscarse que la intervención de la víctima sea compatible con el
modelo de sistema acusatorio contemplado en la Constitución Política, para lo cual
deberán analizarse los siguientes factores: (i) el papel asignado a otros participantes, en
particular al Fiscal; (ii) el rol que le reconoce la propia Constitución a la víctima respecto
a la finalidad de la medida correspondiente; (iii) las características de la audiencia o
actuación en la cual se pretende su participación; (iv) las características de cada una de
las etapas del proceso penal; y (v) el impacto que esa participación tenga tanto para los
derechos de la víctima como para la estructura y formas propias del sistema penal
acusatorio.
6

PRINCIPIO DE IGUALDAD DE ARMAS-Concepto y alcance

La Corte Constitucional se refirió a la definición y concepto del principio de igualdad de


armas, afirmando que con este axioma se quiere indicar que: “(…) en el marco del proceso
penal, las partes enfrentadas, esto es, la Fiscalía y la defensa, deben estar en posibilidad
de acudir ante el juez con las mismas herramientas de persuasión, los mismos elementos
de convicción, sin privilegios ni desventajas, a fin de convencerlo de sus pretensiones
procesales. La igualdad de armas implica una garantía de equiparación entre dos (2)
sujetos diferentes que pueden presentar desequilibrios en los medios de que disponen para
acudir a la administración de justicia a sustentar sus argumentos y defender sus intereses,
por lo que se impone a las autoridades públicas y, en especial, a los operadores de la
justicia el deber de promover el debate procesal en condiciones de igualdad en el ejercicio
del derecho de contradicción entre la acusación y la defensa. Sin embargo, la igualdad de
armas no significa absoluta igualdad de trato en todas las etapas procesales ni el deber
legal de establecer idénticos contenidos del proceso, pues este principio debe ser
compatible con la potestad de configuración del debido proceso que corresponde
libremente al legislador dentro del marco constitucional. En efecto, en aras de proteger la
igualdad de oportunidades en el proceso penal no podría pretenderse que los intervinientes
y todos los sujetos procesales tengan idénticas condiciones sustanciales y procesales para
ejercer sus derechos, puesto que ello conduciría a la uniformidad de los procedimientos y a
la anulación de la discrecionalidad del legislador para configurar el derecho. En este
sentido, se ha venido sosteniendo reiteradamente que el principio de igualdad de armas
puede admitir limitaciones, especialmente justificables en la etapa de investigación penal,
puesto que a pesar de que es fundamental que las partes cuenten con los medios procesales
suficientes para defender sus intereses en el proceso penal, esa igualdad de trato no puede
conducir a la eliminación de la estructura de partes que consagra el sistema penal
acusatorio.

PRINCIPIO DE IGUALDAD DE ARMAS-Fundamento


constitucional/PRINCIPIO DE IGUALDAD DE ARMAS-Hace parte del núcleo
esencial de los derechos de defensa y debido proceso/PRINCIPIO DE IGUALDAD
DE ARMAS-Garantía del derecho a la defensa

PRINCIPIO DE IGUALDAD DE ARMAS-Característica fundamental del sistema


penal de tendencia acusatoria

PRINCIPIO DE IGUALDAD DE ARMAS-Efectos esenciales

La jurisprudencia de la Corte Constitucional ha reconocido algunos efectos esenciales del


principio de igualdad de armas dentro de los cuales cabe destacar los siguientes: (i) La
defensa debe estar en posibilidad de conocer los elementos de juicio que se encuentra a
disposición de la Fiscalía, pues de ellos depende el diseño de su estrategia defensiva: “Por
ello, en aras de mantener el equilibrio de la contienda y de garantizar la vigencia del
plano de igualdades en el debate, en otras palabras, con el fin de hacer realidad el
principio de la igualdad de armas, la defensa debe estar en posibilidad de conocer los
elementos de juicio que se encuentra a disposición de la Fiscalía, pues de ellos depende el
diseño de su estrategia defensiva”. (ii) La Fiscalía debe conocer también el material de
convicción que la defensa ha podido recopilar desde el momento en que presentó la
formulación de la imputación e, incluso, desde el instante en que tuvo conocimiento de la
existencia de la indagación preliminar, si así hubiese ocurrido. Por ello, en la diligencia de
descubrimiento, el fiscal también puede pedir a la defensa que entregue copia de los
elementos materiales de convicción, de las declaraciones juradas y demás medios
probatorios que pretenda hacer valer en el juicio. (iii) El principio de igualdad de armas o
igualdad de medios, también supone que la carga probatoria del acusador es proporcional
a sus medios y que las reglas de ejercicio del principio contradictorio en virtud de esa
carga, buscan equiparar la participación en el proceso penal, tanto optimizando lo más
posible las garantías de la defensa, como incrementando la exigencia del cumplimiento de
7

la labor probatoria del acusador. (iv) Este principio tiene una aplicación importante
relativa al pleno ejercicio de la defensa penal, la cual incluye el contar necesariamente con
un abogado, un intérprete, o con la posibilidad de ser oído en defensa si fuere el caso, así
como con el tiempo y medios razonables para interactuar con quien va a obrar como
representante y, para ejercer las facultades en cuanto al recaudo de material probatorio
dentro del proceso penal, la solicitud de las pruebas que considere pertinentes y la
interacción frente a las pruebas que presente el ente acusador. (v) La defensa debe estar
en posibilidad de ejercer las facultades que le han sido otorgadas por la misma ley para el
recaudo, solicitud y contradicción de pruebas, tanto en la etapa de investigación como en
la etapa de juicio, y ello sin ninguna limitante por parte de su contraparte, esto es, del ente
acusador, sino con las restricciones propias del Estado de Derecho respecto de la
afectación de terceros y la vulneración de derechos fundamentales, control que le
corresponde ejercer a un juez de la República, en la etapa de investigación al juez de
control de garantías y en la fase de juicio al juez de conocimiento. (vi) El principio de
igualdad de armas tiene aplicación también en relación con la posibilidad para el
imputado y su defensa de escoger la entidad de carácter técnico científico que deba
conceptuar respecto del material probatorio recaudado por el imputado y su defensor
durante la etapa de investigación, y no estar sujeto a una entidad que depende de su
contraparte, esto es, del ente acusador.

Referencia: expediente D-10110

Demanda de inconstitucionalidad contra el inciso


3º del artículo 443 de la Ley 906 de 2004.

Magistrado Ponente:
JORGE IGNACIO PRETELT CHALJUB

Bogotá D. C., veintisiete (27) de agosto de dos mil catorce (2014)

La Sala Plena de la Corte Constitucional, conformada por los magistrados Luis Ernesto
Vargas Silva -quien la preside-, María Victoria Calle Correa, Mauricio González Cuervo,
Luis Guillermo Guerrero Pérez, Gabriel Eduardo Mendoza Martelo, Gloria Stella Ortiz
Delgado, Jorge Iván Palacio Palacio, Jorge Ignacio Pretelt Chaljub y Martha Sáchica
Méndez, en ejercicio de sus atribuciones constitucionales y en cumplimiento de los
requisitos y trámites establecidos en el Decreto 2067 de 1991, ha proferido la presente
sentencia con fundamento en los siguientes, 

1. ANTECEDENTES

Los ciudadanos Vanessa Suelt Cock, Javier Darío Coronado Díaz, Carlos Duque Morales y
Manuel López Rusinque en ejercicio de la acción pública de inconstitucionalidad,
demandaron el inciso 3º del artículo 443 de la Ley 906 de 2004. A esta demanda se le
asignó la radicación D – 10110.

1.1. NORMA DEMANDADA

“LEY 906 DE 2004


"Por la cual se expide el Código de Procedimiento Penal.
Artículo 443. Turnos para alegar. El fiscal expondrá oralmente los
argumentos relativos al análisis de la prueba, tipificando de manera
circunstanciada la conducta por la cual ha presentado la acusación.
A continuación se dará el uso de la palabra al representante legal de las
víctimas, si lo hubiere, y al Ministerio Público, en este orden, quienes podrán
presentar sus alegatos atinentes a la responsabilidad del acusado.
Finalmente, la defensa, si lo considera pertinente, expondrá sus
argumentos los cuales podrán ser controvertidos exclusivamente por la
8

Fiscalía. Si esto ocurriere la defensa tendrá derecho de réplica y, en todo


caso, dispondrá del último turno de intervención argumentativa. Las
réplicas se limitarán a los temas abordados”.

1.2. DEMANDA

Los demandantes señalan que el inciso tercero del artículo 443 de la Ley 906 de
2004 no les permite a las víctimas presentar réplicas respecto de los alegatos de
conclusión de la defensa, lo cual constituye una omisión legislativa que vulnera sus
derechos a la verdad, a la justicia y a la reparación, por los siguientes motivos:

1.2.1. Señalan que la norma no le permite a la víctima presentar réplicas de los alegatos de
conclusión de la defensa, por lo cual excluye de su presupuesto fáctico a un sujeto
que debería estar incluido, vulnerando sus derechos a la verdad, a la justicia y a la
reparación.

1.2.2. Destacan que el alegato de cierre es la oportunidad que confiere la Ley a los sujetos
e intervinientes dentro del proceso penal, para que presenten sus consideraciones en
torno a la decisión que debería adoptar el juez de conocimiento, por lo cual es
posible que la defensa tergiverse la prueba, utilice citas doctrinales o
jurisprudenciales inexistentes o inexactas o utilice argumentos impertinentes o
términos ofensivos, frente a lo cual la víctima no debería guardar silencio. Al
respecto manifiesta concretamente la forma como se desconocerían cada uno de los
derechos de las víctimas en virtud de la omisión legislativa señalada:

1.2.2.1. En relación con el derecho a la justicia manifiestan que la defensa podría presentar
alegaciones ilegítimas que afectan la expectativa de la víctima de obtener una
decisión condenatoria, pero de acuerdo con la norma demandada esta última no
podría rebatir su contenido.

1.2.2.2. Frente a los derechos a la verdad y a la reparación, afirman que atendiendo el


diseño de la norma, la víctima no podría defenderse frente a posibles alegaciones
que pretendan distorsionar el esclarecimiento de las circunstancias que rodearon la
comisión del delito.

1.2.3. Expresan que no existe razón objetiva y suficiente que explique válidamente la
exclusión, pues la Corte Constitucional ha reconocido en sentencias como la C –
209 de 2007 que la víctima puede participar activamente en el proceso penal, salvo
aquellos eventos en los cuales se puedan desconocer las características esenciales
del sistema procesal acusatorio introducido a través del Acto Legislativo 03 de
2002.

En este sentido, aducen que no existe una justificación para que la víctima no se
encuentre en posibilidad de rebatir el alegato de conclusión de la defensa, pues ello
no desconoce ninguno de los fines del sistema acusatorio reconocidos en la
Sentencia C – 591 de 2005:

“En Colombia, la adopción mediante reforma constitucional,  de este


nuevo sistema procesal penal, perseguía en líneas generales las
siguientes finalidades: (i) fortalecer la función investigativa de la
Fiscalía General de la Nación, en el sentido de concentrar los esfuerzos
de ésta en el recaudo de la prueba; (ii) establecimiento de un juicio
público, oral, contradictorio y concentrado; (iii) instituir una clara
distinción entre los funcionarios encargados de investigar, acusar y
juzgar, con el propósito de que el sistema procesal penal se ajustase a los
estándares internacionales en materia de imparcialidad de los jueces, en
especial, el artículo 8 del Pacto de San José de Costa Rica; (iv)
9

descongestionar los despachos judiciales mediante la supresión de un


sistema procesal basado en la escritura para pasar a la oralidad, y de
esta forma, garantizar el derecho a ser juzgado sin dilaciones
injustificadas; (v) modificar el principio de permanencia de la prueba
por aquel de la producción de la misma durante el juicio oral; (vi)
introducir el principio de oportunidad; (vii) crear la figura del juez de
control de garantías; e (viii) implementar gradualmente el nuevo sistema
acusatorio”.

Indican que incluso bajo una concepción del juicio como un debate entre Estado y
acusado, ello se circunscribe a la fase inicial y a la discusión probatoria, tal como
señala la Sentencia C - 209 de 2007, pero no a las alegaciones finales.

1.2.4. Aseveran que se genera una situación de desigualdad injustificada entre los
diferentes actores del proceso penal, por cuanto se entorpece una vía legítima para
que las víctimas se pronuncien frente a argumentaciones fraudulentas de la defensa
que podrían viciar el concepto del juzgador y apartarlo de una decisión de acuerdo a
la realidad de los hechos y a la responsabilidad del acusado.

1.2.5. Exponen que la omisión entraña el incumplimiento por parte del legislador del
deber constitucional de consagrar la participación de la víctima, exigida en virtud de
los artículos 1, 2, 15, 21, 229 y 250 de la Constitución y por los estándares
internacionales en materia de protección de derechos humanos, como los artículos 8
y 25 de la Convención Americana de Derechos Humanos, tal como se ha reconocido
por la Corte Constitucional en las sentencias C – 228 de 2002, C – 1154 de 2005, C
– 979 de 2005, C – 454 de 2006, C – 516 de 2007, C – 250 de 2011 y C – 260 de
2011.

1.2.6. Por lo anterior, concluyen que el legislador, de manera injustificada, no habilitó a las
víctimas para que controvirtieran los alegatos de cierre de la defensa, sin atender las
finalidades del sistema acusatorio y afectando de manera grave sus derechos a la
verdad, a la justicia y a la reparación.

En consecuencia, los demandantes solicitan que se declare la exequibilidad


condicionada de la norma acusada en el entendido que la víctima también puede
presentar réplicas de los alegatos de conclusión.

1.3. INTERVENCIONES

1.3.1. INTERVENCIÓN DEL MINISTERIO DE JUSTICIA

El Director de Desarrollo del Derecho y del Ordenamiento Jurídico del Ministerio


de Justicia y del Derecho solicita a la Corte que declare la constitucionalidad de la
norma demandada por los siguientes motivos:

1.3.1.1. Considera que no existe una omisión legislativa, por cuanto la


víctima en la etapa de juicio y en la exposición de los alegatos de conclusión
ejerce sus derechos a través del fiscal, para lo cual fundamenta su posición
en la Sentencia C-260 de 2011.

1.3.1.2. Señala que la norma acusada está ajustada a la Constitución Política


ya que la no inclusión de la víctima en la disposición que regula los turnos
para los alegatos de conclusión en la etapa de juicio del proceso penal
acusatorio no significa una vulneración de sus derechos fundamentales a la
verdad, a la justicia y a la reparación, pues la misma ha podido participar
10

como interviniente especial en el curso del proceso, ejerciendo sus derechos


a través del Fiscal.

1.3.1.3. Resalta las consideraciones que hizo esta Corporación en la sentencia


C-209 de 2007 en la cual indicó que los derechos de las víctimas a la verdad,
la justicia y la reparación integral están protegidos en la Ley 906 de 2004,
los cuales deben ejercerse de manera compatible con la estructura y las
características del nuevo sistema penal.

1.3.1.4. Manifiesta que en la mencionada sentencia se estableció la forma en


que pueden intervenir las víctimas de manera especial a lo largo del proceso
penal conforme a las reglas previstas en el Código de Procedimiento Penal y
expresa que en la etapa del juicio se estableció que no era posible que la
víctima interviniera para presentar una teoría del caso, diferente o contraria a
la de la defensa, por cuanto en las etapas anteriores había podido participar
como un interviniente especial.

1.3.1.5. Expresa que mediante el numeral 7 del artículo 250 Superior, la


Fiscalía General de la Nación tiene la función de proteger a las víctimas,
testigos y demás personas que intervienen en el proceso penal, y que le
corresponde al Legislador fijar los términos en los cuales los perjudicados
pueden intervenir en el curso del proceso.

1.3.1.6. Frente a los aspectos que aduce relevantes de la Sentencia C-260 de


2011 resalta que se señaló que la participación directa de la víctima en el
juicio conllevaría modificar rasgos en la estructura del sistema penal
acusatorio frente al principio de igualdad de armas, ya que se convertiría en
un segundo acusador lo cual no permitiría materializar el carácter adversarial
entre la Fiscalía y la defensa.

1.3.1.7. Finalmente, indicó que la sentencia en cuestión adujo frente a la


constitucionalidad del artículo 371 del Código de Procedimiento Penal que
no existía omisión legislativa relativa al permitir que al inicio del juicio sólo
la Fiscalía y la Defensa presenten su teoría del caso, ya que se consideró que
la limitación de los derechos de las víctimas estaba plenamente justificada.

1.3.2. INTERVENCIÓN DE LA UNIVERSIDAD CATÓLICA DE COLOMBIA

El Grupo de Acciones Constitucionales de la Universidad Católica de Colombia


considera que la disposición acusada es inconstitucional por los argumentos que se
exponen a continuación:

1.3.2.1. Aseveran que la disposición aquí acusada establece una omisión


legislativa relativa, dañosa de los derechos fundamentales de la víctima en
cuanto al acceso a la justicia, a la verdad y a la reparación integral,
violentando así garantías para un debido proceso constitucional. Lo anterior,
por cuanto el inciso 3° del artículo 443 de la Ley 906 de 2004 define que la
soberanía de impugnar el alegato de conclusión de la defensa se encuentra
guiada por la Fiscalía General de la Nación, sin interesar que dicha facultad,
también debió haber sido otorgada a la víctima.
11

1.3.2.2. Exponen que todo lo anterior resulta contrario a los derechos que
deben ser protegidos por la Constitución a las víctimas dentro del Proceso
Penal, puesto que no puede defenderse frente a posibles alegaciones que
pretendan distorsionar el esclarecimiento de las circunstancias que rodean la
comisión del delito. Por lo anterior, consideran que la norma acusada
constituye un evento de omisión legislativa relativa por lo que resulta
contraria a la Constitución Política gobernadora de los derechos y garantías
de las personas.

1.3.3. INTERVENCIÓN DE LA UNIVERSIDAD SERGIO ARBOLEDA

Los doctores José María del Castillo Abella, decano de la Escuela de Derecho de la
Universidad Sergio Arboleda, Luis Andrés Fajardo Arturo, Director del
Departamento de Derechos Humanos y DIH y María Camila Jiménez Molina,
estudiante del semillero de investigación de Derechos Humanos y DIH de la
Universidad Sergio Arboleda consideran que se debe declarar la constitucionalidad
de la norma demandada por las siguientes razones:

1.3.3.1. Argumentan que con la entrada en vigencia de la Ley 906 de 2004 se


pasó a un sistema penal con tendencia acusatoria que permite a las víctimas
desarrollar un importante rol durante el desarrollo del proceso penal,
protegiendo y garantizando de esta manera los derechos de las mismas, lo
cual se ve reflejado en el artículo 11 del Código de Procedimiento Penal.

1.3.3.2. Consideran que no es válido el señalamiento que hacen los


demandantes frente a la vulneración de los derechos de las víctimas por no
poder controvertir las alegaciones realizadas por la defensa, ya que la falta
de intervención de la víctima en esa fase del proceso penal no es sinónimo
de restricción del deber de participación que ostenta.

1.3.3.3. Señalan que en diversos pronunciamientos de la Corte Constitucional


se ha manifestado que los derechos de las víctimas en el proceso no implican
convertirse en una parte autónoma y diferente de la Fiscalía, ya que lo
anterior generaría un desequilibrio en la igualdad de armas.

1.3.3.4. Manifiestan que en esta etapa se condensa la línea de defensa que


tiene el acusado y se genera la oportunidad de ejercer su derecho al debido
proceso, por su parte, la Fiscalía tiene la opción de resumir su línea de
argumentación de acusación y valoración de pruebas que la sustentan. Por lo
anterior, señalan que esta fase no es una discusión abierta de los hechos y el
contexto de los mismos, sino una fase formal sobre el análisis de la
responsabilidad en cada caso.

1.3.3.5. Afirman que si se presentan argumentos indebidos o inexactos


durante esta fase del proceso, la Fiscalía debe contar con las condiciones
suficientes para detectar tal situación y garantizar los derechos de la víctima,
por lo que permitir que se debatan los argumentos por la Fiscalía y las
víctimas supondría un desequilibrio en la carga procesal del defensor, quien
se enfrentaría a una doble argumentación frente a la cual no tendría ni en
tiempo ni en derecho la misma oportunidad que sus contrapartes.
12

1.3.3.6. Expresan que la norma acusada es resultado de la aplicación del


principio de igualdad de armas en el proceso penal de conformidad con la
igualdad procesal y el debido proceso, aduciendo diversos argumentos de la
Corte Interamericana de Derechos Humanos y de la Corte Constitucional al
respecto.

1.3.3.7. Resaltan que el proceso es un medio para asegurar la solución justa


de una controversia e indican que para la Corte Interamericana no habría
igualdad de armas si la Fiscalía y la víctima pueden controvertir los alegatos
de la defensa, ya que se generaría un claro desbalance.

1.3.3.8. Aducen que no es cierto que el concepto proferido por el juez pueda
padecer de vicios o apartarse de la realidad de los hechos al no existir una
vía legítima que autorice la participación de la víctima ante argumentaciones
fraudulentas de la defensa, ya que tal función la tiene el fiscal, generando un
carácter igualitario al proceso en donde el defensor y el acusador tienen el
mismo plano de actuación.

1.3.4. INTERVENCIÓN DE LA UNIVERSIDAD EXTERNADO DE


COLOMBIA

Laura Carolina Galeano Ariza, Camila Andrea Torres Mafiol y Héctor Wiesner
León, integrantes del Departamento de Derecho Constitucional de la Universidad
Externado de Colombia solicitan que la Corte Constitucional se inhiba para emitir
pronunciamientos sobre los cargos presentados por los siguientes motivos:

1.3.4.1. Indican que en la demanda presentada no se formula un cargo sino


que se consideran posibles efectos prácticos de la disposición ya que el
demandante considera que al negarle a las víctimas la posibilidad de
controvertir los alegatos de conclusión de la defensa se pueden tergiversar
pruebas, utilizar citas doctrinales o jurisprudenciales inexistentes o
inexactas, sin expresar las razones que los llevan a realizar tal afirmación.

1.3.4.2. Aseveran que el cargo no cumple con el requisito de certeza ya que


no se formula un reparo de orden constitucional a la disposición demandada,
sino una serie de conjeturas sobre las consecuencias de la aplicación de la
norma en un caso concreto.

1.3.4.3. Exponen que los demandantes intentan formular un cargo de


inconstitucionalidad fundamentándose en las consecuencias prácticas de la
norma y no de una confrontación del texto legal con la Constitución.

1.3.4.4. Consideran que la víctima no está desamparada si se originan los


supuestos descritos por los demandantes, ya que el juez tiene facultades
disciplinarias para limitar a la defensa si esta se excede y de realizar un
control concreto de constitucionalidad si se hace necesario.

1.3.4.5. Señalan que los derechos de las víctimas a la verdad, justicia y


reparación integral están protegidos por la Ley 906 de 2004, lo cual no
13

significa que se deban aceptar todas las formas y esquemas de intervención


del afectado durante el proceso ya que el ejercicio de tales derechos se debe
hacer conforme a la estructura y las características propias del sistema penal.

1.3.4.6. Manifiestan que conforme al Acto Legislativo 03 de 2002 la víctima


como interviniente especialmente protegido tiene derechos de participación
para actuar dentro del proceso sin que eso signifique sustituir la figura del
fiscal.

1.3.5. INTERVENCIÓN DE LA ACADEMIA COLOMBIANA DE


JURISPRUDENCIA

El Doctor Augusto Ibáñez Guzmán, como académico de la Academia Colombiana


de Jurisprudencia considera que no existe un quebranto constitucional por parte de
la disposición demandada por cuanto solicita sea declarada la constitucionalidad de
la norma con base en los siguientes argumentos:

1.3.5.1. Afirma que la Corte Constitucional en sus diversos pronunciamientos


ha establecido la forma como puede actuar la víctima, los rasgos que de este
rol se consagran en el artículo 250 numeral 3 Superior, las implicaciones de
actuar como interviniente especial, su participación en las diferentes etapas
del proceso y en especial en el juicio oral que es de naturaleza adversarial, lo
cual significa que solo pueden estar enfrentadas dos partes: acusador y
acusado.

1.3.5.2. Aduce que de acuerdo a las anteriores precisiones no es posible que


la víctima en la etapa de juicio presente su propia teoría del caso,
adicionalmente considera que a partir de una lectura minuciosa de la norma
no se puede concluir que la víctima esté excluida de su participación,
encontrándose en equilibrio la ecuación defensa, interés de la víctima y su
derecho a participar.

1.3.5.3. Indica que la víctima no puede intervenir en el cierre del juicio oral
por alegar falta de garantías y manifestar otra postura, ya que esto implicaría
presentar una nueva teoría del caso.

1.3.5.4. Concluye indicando que los derechos de la víctima no se vulneran en


su participación por la norma demandada, ya que se garantiza el uso del
recurso judicial efectivo, la igualdad de armas, entre otros, por lo que
admitir la propuesta formulada por el accionante generaría un juicio oral
interminable, por cuanto las réplicas se darían una tras de otra.

2. INTERVENCIÓN DEL MINISTERIO PÚBLICO.

El Procurador General de la Nación solicita a la Corte Constitucional se declare la


exequibilidad del inciso 3° del artículo 443 de la Ley 906 de 2004 por los siguientes
motivos:

2.1. Manifiesta que el artículo 250 contiene tres (3) mandatos concretos que
originaron las tres (3) subreglas que son aplicables en el presente caso: (i) el
constituyente catalogó a la víctima como un interviniente en el proceso penal,
14

no como parte en el mismo; (ii) le confirió al Legislador la posibilidad de fijar


los términos en los cuales puedan intervenir las víctimas; y (iii) se consagró
como una característica esencial del nuevo sistema penal que la etapa del juicio
oral fuera adversarial y acusatoria, lo cual implica una confrontación con
igualdad de medios o armas entre el acusador y el acusado para persuadir al juez
de sus posturas.

2.2. Afirma que esta Corporación ha deducido unos estándares que considera son
relevantes para poder solucionar este caso:

2.2.1. La víctima es un interviniente y participa en varias etapas del proceso, no en


todas. Por lo anterior se han establecido unos factores para identificar si es
posible que la víctima intervenga de manera directa en una determinada etapa
como por ejemplo el rol de otros intervinientes, el momento procesal en el que
se pretende asegurar la participación de la víctima y el impacto de dicha
intervención en la estructura del sistema penal con tendencia acusatoria.

2.2.2. Como intervinientes, las víctimas no pueden desplazar o sustituir al Fiscal quien
se encarga de ejercer la acción penal, acusar ante el juez de conocimiento y velar
por los derechos de las víctimas.

2.2.3. Una de las características de la etapa del juicio oral es la confrontación directa
entre el acusado y el acusador (adversarial). La participación autónoma y
separada de la víctima se limita en esa etapa ya que no puede ser un segundo
acusador en contra del acusado quien tendría que defenderse de varios
contradictores. Adicionalmente, indica que el juez de conocimiento debe
garantizar que la comunicación entre el Fiscal y la víctima sea efectiva, de tal
modo que sus derechos se garanticen por conducto del Fiscal.

2.2.4. Expresa que la participación de las víctimas se restringe en la etapa del juicio
oral, por cuanto éste tiene un carácter adversarial por el principio de igualdad de
armas derivado del derecho de defensa y así mismo, resalta que las víctimas
pueden intervenir en esa fase del proceso a través del Fiscal, quien debe tener
comunicación permanente con ellas.

2.2.5. Resalta que el Legislador no incurrió en una omisión legislativa parcial al


promulgar la disposición acusada por cuanto no se presentan los requisitos para
que se configure tal omisión:

2.2.5.1. Existencia de una norma sobre la cual se predica la acusación: la


demanda se realizó contra el inciso 3° del artículo 443 de la Ley 906 de
2004, por lo tanto, la primera exigencia se cumple. Sin embargo los otros
tres requisitos no se presentan en la norma demandada.

2.2.5.2. Existen varias razones objetivas que justifican que la víctima no


pueda controvertir el alegato de la defensa: la disposición acusada regula los
turnos para alegar en el cierre del juicio oral, de esta manera queda
establecido que el Fiscal presenta sus argumentos, posteriormente lo hacen
las víctimas y el Ministerio Público, y finalmente, la defensa planteará sus
alegatos que solo pueden ser controvertidos por el Fiscal.
15

2.2.5.3. Aduce la importancia que la norma señale que el juicio oral se


produce entre dos contendientes que tienen la calidad de parte en el proceso
penal: el Fiscal como acusador y la defensa como acusado, permitiéndose
por una sola vez que participen dos intervinientes como el Ministerio
Público y las víctimas, ya que lo anterior significa que la víctima no es un
sujeto igual al fiscal, por lo que no puede tener el mismo tratamiento dentro
del proceso penal.

2.2.5.4. Reitera que si se permite que la víctima controvierta los alegatos de


la defensa se quebrantaría el principio de igualdad de armas, ya que ésta
tendría que responder a las refutaciones que le hagan el Fiscal y la víctima
teniendo así dos acusadores.

2.2.5.5. Así mismo, indica que el tercer elemento no se cumple, ya que no se


presenta una situación de desigualdad negativa para las víctimas, por cuanto
la imposibilidad de que éstas puedan responder y debatir el alegato de la
defensa no implica una situación que perjudique sus intereses. Lo anterior lo
sustenta con varios argumentos:

2.2.5.5.1. La jurisprudencia de la Corte Constitucional ha ampliado la posibilidad para


que la víctima pueda intervenir en diversas etapas del proceso, previas y posteriores
al juicio, por tal motivo la víctima puede ejercer sus derechos en varias
oportunidades durante el proceso penal y esa participación que se realiza de manera
directa garantiza que al momento en el que la defensa presente sus alegatos de
conclusión, la Fiscalía, el juez y el Ministerio Público, estén al tanto de sus derechos
a la verdad, a la justicia y a la reparación.

2.2.5.5.2. Durante el juicio oral, el fiscal debe procurar que se garanticen los derechos de
las víctimas. Para lo anterior en diversos fallos de la Corte Constitucional se ha
determinado que el juez de conocimiento está obligado a permitir la comunicación
entre el Fiscal y la víctima, tanto que si el Fiscal lo solicita, el juez deberá decretar
un receso para facilitar esta comunicación. Esto quiere decir que si la víctima
considera que en el alegato del defensor se presentan irregularidades puede pedirle
al Fiscal que le solicite al juez un receso para expresarle las mismas.

2.2.5.5.3. Asevera que los intereses de la víctima en el juicio oral y frente a los alegatos
de cierre hechos por la defensa se pueden proteger por el juez de conocimiento,
quien también tiene la obligación de garantizar los derechos de las víctimas, ante
alegatos erróneos o inexactos por parte de la defensa.

2.2.5.5.4. Expone que aunque los mecanismos de protección de los derechos de las
víctimas expresados anteriormente pueden resultar insuficientes, las víctimas
cuentan con otros recursos para resguardar sus derechos sin tener que desvirtuarse el
carácter adversarial del juicio oral ni afectar el derecho de defensa del acusado.

2.2.5.6. Finalmente argumenta que no existe un incumplimiento a un deber específico


impuesto por el Constituyente al Legislador, sino que éste último ha cumplido con
las obligaciones que le impuso la Constitución por los siguientes motivos:
16

3.2.5.6.1. En la Constitución no está establecido un deber específico que obligue al


Legislador a expedir una regulación en la que se permita la participación directa de
la víctima durante el juicio oral. Si bien es cierto que el Congreso tiene el deber de
garantizar los derechos de las víctimas, la Constitución no lo obliga a determinar
una fórmula específica para lograr este objetivo. Por lo anterior, frente a la
inexistencia de un mandato constitucional específico o de una prohibición
constitucional concreta en la que se haga indispensable que el Legislador le permita
a las víctimas controvertir el alegato de cierre de la defensa, esa decisión se enmarca
dentro del margen de configuración legislativa del Congreso de la República.

3.2.5.6.2. En la Carta Política se establece una obligación específica a cargo del


Legislador, en el que se le impone el deber de expedir regulaciones que permitan
que la víctima participe, siempre que no se desvirtúe el carácter adversarial que
implica el juicio oral (art. 250.4 de la Constitución), resaltando que si se genera una
situación contraria se establecería una excepción al derecho a la defensa del acusado
al permitir la posibilidad de que en el juicio oral existan dos acusadores
simultáneos.

3. CONSIDERACIONES

3.1. COMPETENCIA

La Corte Constitucional es competente, de conformidad con lo dispuesto en el


numeral 4 del artículo 241 de la Constitución, para pronunciarse sobre la demanda
de inconstitucionalidad presentada en contra del inciso 3º del artículo 443 de la Ley
906 de 2004.

3.2. APTITUD DEL CARGO FORMULADO EN LA DEMANDA

3.2.1. El artículo 2° del Decreto 2067 de 1991 señala los elementos indispensables que
debe contener la demanda en los procesos de control de constitucionalidad 1.
Concretamente, el ciudadano que ejerce la acción pública de inconstitucionalidad
contra una disposición determinada debe indicar con precisión el objeto
demandado, el concepto de la violación y la razón por la cual la Corte es
competente para conocer del asunto.

3.2.2. Por otro lado, en la Sentencia C-1052 de 2001, esta Corporación señaló las
características que debe reunir el concepto de violación formulado por el
demandante, estableciendo que las razones presentadas por el actor deben ser
claras, ciertas, específicas, pertinentes y suficientes, posición acogida por esta
Corporación en jurisprudencia reiterada2.

3.2.3. En este caso, la demanda señaló de manera clara argumentos ciertos, específicos,
pertinentes y suficientes. En este sentido, cabe destacar que resulta completamente
1 Artículo 2º del Decreto 2067 de 1991: “Las demandas en las acciones públicas de inconstitucionalidad se presentarán
por escrito, en duplicado, y contendrán: 1. El señalamiento de las normas acusadas como inconstitucionales, su
transcripción literal por cualquier medio o un ejemplar de la publicación oficial de las mismas; 2. El señalamiento de las
normas constitucionales que se consideren infringidas; 3. Los razones por las cuales dichos textos se estiman violados; 4.
Cuando fuera el caso, el señalamiento del trámite impuesto por la Constitución para la expedición del acto demandado y la
forma en que fue quebrantado; y 5. La razón por la cual la Corte es competente para conocer de la demanda.”
2 Sentencias de la Corte Constitucional C – 480 de 2003, M.P. Jaime Córdoba Triviño; C – 656 de 2003, M.P. Clara Inés
Vargas Hernández; C – 227 de 2004, M.P.: Manuel José Cepeda Espinosa; C – 675 de 2005, M.P. Jaime Araujo Rentaría;
C – 025 de 2010, M.P. Humberto Antonio Sierra Porto; C – 530 de 2010, M.P. Juan Carlos Henao Pérez; C – 641 de
2010, M.P. Gabriel Eduardo Mendoza Martelo; C – 647 de 2010, M.P. Luis Ernesto Vargas Silva; C – 649 de 2010, M.P.
Humberto Antonio Sierra Porto; C – 819 de 2010, M.P. Jorge Iván Palacio Palacio; C – 840 de 2010, M.P. Luis Ernesto
Vargas Silva; C – 978 de 2010, M.P. Luis Ernesto Vargas Silva; C – 647 de 2010, M.P. Luis Ernesto Vargas Silva y C –
369 de 2011, M.P. Jorge Iván Palacio Palacio.
17

cierto que en virtud de la norma demandada las víctimas no pueden presentar


réplicas respecto de los alegatos de conclusión de la defensa, lo cual tiene gran
pertinencia constitucional, pues está directamente relacionado con el ejercicio de
sus derechos a la verdad, a la justicia y a la reparación, los cuales han sido
contemplados por la Constitución y reconocidos por la Corte Constitucional.

3.2.4. En relación con la suficiencia, la demanda plantea de manera sistemática el


cumplimiento de los cinco (5) requisitos para el reconocimiento de una omisión
legislativa:

3.2.4.1. Identifica la norma sobre la cual se predica la omisión, en este caso el artículo 443
de la Ley 906 de 2004.

3.2.4.2. Señala que la omisión excluye de sus consecuencias aquellos casos que, por ser
asimilables, deberían subsumirse dentro de su presupuesto fáctico, al expresar que
la norma excluye de sus consecuencias el derecho a la réplica de las víctimas, lo
cual según los demandantes vulnera los derechos a la verdad, a la justicia y a la
reparación.

3.2.4.3. Manifiesta que dicha exclusión no obedece a una razón objetiva y suficiente, pues
la Corte Constitucional ha reconocido en sentencias como la C – 209 de 2007 que
la víctima puede participar activamente en el proceso penal.

3.2.4.4. Afirma que la omisión produce una desigualdad injustificada entre los casos que
están y los que no están sujetos a las consecuencias previstas por la norma,
señalando puntualmente que esta exclusión genera consecuencias muy negativas
para las víctimas, pues no podrían desvirtuar argumentos falsos o inexactos de la
defensa.

3.2.4.5. Finalmente aduce que la omisión implica el incumplimiento de un deber


constitucional del legislador de consagrar la participación de la víctima, exigido en
virtud de los artículos 1, 2, 15, 21, 229 y 250 de la Constitución y por los estándares
internacionales en materia de protección de derechos humanos

3.3. PROBLEMA JURÍDICO

Los demandantes consideran que el inciso 3º del artículo 443 de la Ley 906 de 2004
no permite que las víctimas presenten una réplica respecto de los alegatos de
conclusión de la defensa, lo cual constituiría una omisión legislativa relativa que
vulnera los artículos 1, 2, 93, 229 y 250 de la Constitución Política, pues desconoce
sus derechos a la verdad, a la justicia y a la reparación.

Para resolver este problema jurídico se estudiarán los siguientes temas: (i) la libertad
de configuración legislativa en materia procesal, (ii) la tutela de los derechos de las
víctimas, (iii) los derechos de las víctimas en el sistema con tendencia acusatoria,
(iv) el principio de igualdad de armas y (v) la norma demandada.

3.4. LIBERTAD DE CONFIGURACIÓN LEGISLATIVA EN MATERIA


PROCESAL. REITERACIÓN DE JURISPRUDENCIA
18

3.4.1. La Corte Constitucional3 ha señalado que según el artículo 150-2 de la C.P., le


corresponde al Congreso de la República “[e]xpedir los códigos en todos los ramos
de la legislación y reformar sus disposiciones”. Con fundamento en esta
competencia y en la importancia de la ley como fuente del Derecho, el Legislador
posee por mandato constitucional “amplia libertad para definir el procedimiento en
los procesos, actuaciones y acciones originadas en el derecho sustancial”4.

3.4.2. En este sentido, se ha reconocido una amplia potestad de configuración normativa


del legislador en la definición de los procedimientos judiciales y de las formas
propias de cada juicio5, a partir de la cual, le corresponde “evaluar y definir las
etapas, características, términos y demás elementos que integran cada
procedimiento judicial”6.

3.4.3. En virtud de esta facultad, el legislador es autónomo para decidir la estructura de


los procedimientos judiciales, no obstante que, en ejercicio de dicha autonomía,
aquel está obligado a respetar los principios establecidos en la Carta Política. 7 Por
lo anterior, pese a que la libertad de configuración normativa del legislador es
amplia, tiene límites que se concretan en el respeto por los axiomas y fines del
Estado, la vigencia de los derechos fundamentales y la observancia de las demás
normas constitucionales.8

3.4.4. En este sentido, la discrecionalidad para la determinación de las actuaciones


procesales o administrativas no es absoluta, pues debe ejercitarse dentro del respeto
a valores fundantes de nuestra organización política y jurídica, tales como, la
justicia, la igualdad y un orden justo (Preámbulo) y de derechos fundamentales de
las personas como el debido proceso, defensa y acceso a la administración de
justicia (C.P., arts. 13, 29 y 229). Igualmente, debe hacer vigente el principio de la
primacía del derecho sustancial sobre las formas (C.P., art. 228) y proyectarse en
armonía con la finalidad propuesta, como es la de realizar objetiva, razonable y
oportunamente el derecho sustancial9 en controversia o definición; de lo contrario,
la configuración legal se tornaría arbitraria10.

3.4.5. Por lo anterior, el legislador debe asegurar la protección ponderada de todos los
bienes jurídicos implicados que se ordenan 11, cumpliendo con los principios de

3 Sentencias de la Corte Constitucional C-005 de 1996, M.P. José Gregorio Hernández Galindo; C-346 de 1997, M.P.
Antonio Barrera Carbonell; C-680 de 1998, M.P. Carlos Gaviria Díaz; C-742 de 1999, M.P. José Gregorio Hernández; C-
384 de 2000, M.P. Vladimiro Naranjo Mesa; C-803 de 2000, M.P. Eduardo Cifuentes Muñoz; C-596 de 2000, M.P.
Antonio Barrera Carbonell; C-1512 de 2000, M.P. Álvaro Tafur Galvis; C-1717 de 2000, M.P. Carlos Gaviria Díaz; C-
1104 de 2001, M.P. Clara Inés Vargas Hernández; C-1104 de 2001, M.P. Clara Inés Vargas Hernández; C-426 de 2002,
M.P. Rodrigo Escobar Gil; C-316 de 2002, M.P. Marco Gerardo Monroy Cabra; C-798 de 2003, M.P. Jaime Córdoba
Triviño; C-204 de 2003, M.P. Álvaro Tafur Galvis; C-1091 de 2003, M.P. Manuel José Cepeda Espinosa; C-899 de 2003,
M.P. Marco Gerardo Monroy Cabra; C-318 de 2003, M.P. Jaime Araujo Renteria; C-039 de 2004, M.P. Rodrigo Escobar
Gil; C – 279 de 2013, M.P. Jorge Ignacio Pretelt Chaljub.
4 Sentencia de la Corte Constitucional C-927 de 2000, M.P. Alfredo Beltrán Sierra.
5 Sentencia de la Corte Constitucional C-043 de 2002. M.P. Álvaro Tafur Galvis.
6 Sentencias de la Corte Constitucional C-927 de 2000, M.P. Alfredo Beltrán Sierra; C-893 de 2001, M.P. Clara Inés
Vargas Hernández; C-1104 de 2001, M.P. Clara Inés Vargas Hernández; C-309 de 2002, M.P. Jaime Córdoba Triviño; C-
314 de 2002, M.P. Marco Gerardo Monroy Cabra; C-646 de 2002, M.P. Álvaro Tafur Galvis; C-123 de 2003, M.P. Álvaro
Tafur Galvis; C-234 de 2003, M.P. Jaime Araujo Rentería; C-1146 de 2004, M.P. Humberto Antonio Sierra Porto; C-275
de 2006, M.P. Álvaro Tafur Galvis; C-398 de 2006, M.P. Alfredo Beltrán Sierra; C-718 de 2006, M.P. Álvaro Tafur Galvis;
C-738 de 2006, M.P. Marco Gerardo Monroy Cabra y C-1186 de 2008, M.P. Manuel José Cepeda Espinosa.
7 Sentencias de la Corte Constitucional C-316 de 2002, M.P. Marco Gerardo Monroy Cabra; C-227 de 2009, M.P. Luis
Eduardo Vargas Silva y C – 279 de 2013, M.P. Jorge Ignacio Pretelt Chaljub.
8 Sentencias de la Corte Constitucional C-012 de 2002, M.P. Jaime Araujo Rentería y C–279 de 2013, M.P. Jorge Ignacio
Pretelt Chaljub.
9 Sentencia de la Corte Constitucional T-323 de 1999 M.P. José Gregorio Hernández Galindo.
10 Sentencias de la Corte Constitucional C-204 de 2003 M.P. Álvaro Tafur Galvis; C-471 de 2006, M.P. Álvaro Tafur
Galvis y C – 279 de 2013, M.P. Jorge Ignacio Pretelt Chaljub.
11 Sentencias de la Corte Constitucional C-736 de 2002, M.P. Jaime Araujo Renteria; C-296 de 2002, M.P. Marco
Gerardo Monroy Cabra y C-1075 de 2002, M.P. Manuel José Cepeda Espinosa.
19

proporcionalidad y razonabilidad frente al fin para el cual fueron concebidas 12, con
el objeto de asegurar precisamente la primacía del derecho sustancial (art. 228
C.P.), así como el ejercicio más completo posible del derecho de acceso a la
administración de justicia (art. 229 C.P.), el debido proceso (art. 29 C.P) 13, el
cumplimiento del postulado de la buena fe de las actuaciones de los particulares (CP
art. 83)14 y el principio de imparcialidad15.

3.4.6. De esta manera, la Corte ha señalado que la legitimidad de las normas procesales
está dada en función de su proporcionalidad y razonabilidad “pues sólo la
coherencia y equilibrio del engranaje procesal permite la efectiva aplicación del
concepto de justicia y, por contera, hace posible el amparo de los intereses en
conflicto”.16 Así las cosas, la violación del debido proceso ocurriría no sólo en el
supuesto de la omisión de la respectiva regla procesal o de la ineficacia de la misma
para alcanzar el propósito para el cual fue diseñada, sino especialmente en el evento
de que ésta aparezca excesiva y desproporcionada frente al resultado que se
pretende obtener con su utilización.17

3.4.7. Con el objeto de garantizar el respeto a tales límites amplios de la potestad


legislativa, la jurisprudencia ha decantado una serie de criterios recogidos
inicialmente en la sentencia C-227 de 2009: “i) que atienda los principios y fines
del Estado tales como la justicia y la igualdad entre otros; ii) que vele por la
vigencia de los derechos fundamentales de los ciudadanos 18 que en el caso procesal
(…) puede implicar derechos como el debido proceso, defensa y acceso a la
administración de justicia (artículos 13, 29 y 229 C.P.) 19; iii) que obre conforme a
los principios de razonabilidad y proporcionalidad en la definición de las formas 20
y iv) que permita la realización material de los derechos y del principio de la
primacía del derecho sustancial sobre las formas (artículo 228 C.P.)21”.

3.5. LA TUTELA DE LOS DERECHOS DE LAS VÍCTIMAS. REITERACIÓN DE


JURISPRUDENCIA.

La jurisprudencia constitucional colombiana ha efectuado un profuso y consistente


desarrollo de los derechos de las víctimas, basándose para ello en la propia
normativa constitucional (Arts. 1º, 2º, 15, 21, 93, 229 y 250)22 y en los avances del

12 Por ende, se decía en la sentencia C-520 de 2009, M.P. María Victoria Calle Correa, siguiendo el precedente
(Sentencias C-1512 de 2000, M.P. Álvaro Tafur Galvis y C-925 de 1999, M.P. Vladimiro Naranjo Mesa.): “‘la violación
del debido proceso ocurriría no sólo bajo el presupuesto de la omisión de la respectiva regla procesal o de la ineficacia de
la misma para alcanzar el propósito para el cual fue diseñada, sino especialmente en el evento de que ésta aparezca
excesiva y desproporcionada frente al resultado que se pretende obtener con su utilización’”.
13 Sobre el particular se observó en la sentencia C-316 de 2001: “(…) Es así como la eliminación de una institución
procesal puede generar el desamparo de un derecho, cuando quiera que el ordenamiento jurídico no ofrezca alternativas
diferentes para protegerlo (…)”, escenario en el que el control jurisdiccional de la Corte resulta definitivo. Pues, “excluida
del debate acerca de la pertinencia o impertinencia de los modelos procedimentales, la Corte reclama su competencia
cuando se trata de definir si el legislador ha hecho uso ilegítimo de la autonomía de configuración que le confiere el
constituyente. En esos términos, el Tribunal determina si la potestad configurativa se ejerció respetando los principios
constitucionales y las garantías protegidas por el constituyente o si éstas han quedado desamparadas por la decisión
legislativa que se estudia”.
14 Sentencia de la Corte Constitucional C-798 de 2003, M.P. Jaime Córdoba Triviño.
15 Sentencias de la Corte Constitucional C-925 de 1999, M.P. Vladimiro Naranjo Mesa; C-203 de 2011, M.P. Juan Carlos
Henao Pérez y C–279 de 2013, M.P. Jorge Ignacio Pretelt Chaljub.
16 Sentencia de la Corte Constitucional C-925 de 1999, M.P. Vladimiro Naranjo Mesa.
17 Sentencia de la Corte Constitucional C-1512 de 2000, M.P. Álvaro Tafur Galvis.
18 Sentencias de la Corte Constitucional C-728 de 2000, M.P. Eduardo Cifuentes Muñoz y C-1104 de 2001, M.P. Clara
Inés Vargas.
19 Sentencia de la Corte Constitucional C-1512 de 2000, M.P. Álvaro Tafur Galvis.
20 Sentencias de la Corte Constitucional C-1104 de 2001, M.P. Clara Inés Vargas yC-1512 de 2000, M.P. Álvaro Tafur
Galvis.
21 Sentencia de la Corte Constitucional C-426 de 2002, M.P. Rodrigo Escobar Gil; C-203 de 2011, M.P. Juan Carlos
Henao Pérez y C – 279 de 2013, M.P. Jorge Ignacio Pretelt Chaljub.
22 En la sentencia C-228 de 2002, Manuel José Cepeda Espinosa y Eduardo Montealegre Lynett.
20

derecho internacional de los derechos humanos. Desde la sentencia C-228 de 200223,


la Corte Constitucional estableció el alcance y la naturaleza compleja de los
derechos de las víctimas y perjudicados con el hecho punible, decantando las
siguientes reglas que han sido reiteradas con posterioridad24:

3.5.1. El derecho a la verdad

La Corte Constitucional en la Sentencia C-228 de 200225, reiterada en múltiples


ocasiones26, ha señalado que las víctimas tienen derecho a la verdad, la cual es
definida como “la posibilidad de conocer lo que sucedió y en buscar una
coincidencia entre la verdad procesal y la verdad real”. En todo caso, esta
Corporación ha reconocido que para la garantía del derecho a la verdad se exige
“revelar de manera plena y fidedigna los hechos dentro de los cuales fueron
cometidos los delitos”27.

Este derecho comporta a su vez: (i) el derecho inalienable a la verdad; (ii) el deber
de recordar; y (iii) el derecho de las víctimas a saber:

“El primero, comporta el derecho de cada pueblo a conocer la verdad


acerca de los acontecimientos sucedidos y las circunstancias que llevaron
a la perpetración de los crímenes. El segundo, consiste en el
conocimiento por un pueblo de la historia de su opresión como parte de
su patrimonio, y por ello se deben adoptar medidas adecuadas en aras del
deber de recordar que incumbe al estado. Y el tercero, determina que,
independientemente de las acciones que las víctimas, así como sus
familiares o allegados puedan entablar ante la justicia, tiene el derecho
imprescriptible a conocer la verdad, acerca de las circunstancias en que
se cometieron las violaciones, y en caso de fallecimiento o desaparición
acerca de la suerte que corrió la víctima.

En este sentido, la jurisprudencia constitucional ha determinado que el


derecho de acceder a la verdad, implica que las personas tienen derecho
a conocer qué fue lo que realmente sucedió en su caso. La dignidad
humana de una persona se ve afectada si se le priva de información que
es vital para ella. El acceso a la verdad aparece así íntimamente ligado al
respeto de la dignidad humana, a la memoria y a la imagen de la
víctima28”29.

23 Sentencia de la Corte Constitucional C-228 de 2002, MP. Manuel José Cepeda Espinosa y Eduardo Montealegre
Lynett, con Aclaración de Voto del Magistrado Jaime Araujo Rentería. En esta sentencia la Corte Constitucional precisó el
alcance constitucional de los derechos de las víctimas en el proceso penal y resolvió lo siguiente: Primero.- Declarar
EXEQUIBLE, en relación con los cargos estudiados, el inciso primero del artículo 137 de la Ley 600 de 2000, en el
entendido de que la parte civil tiene derecho al resarcimiento, a la verdad y a la justicia en los términos de la presente
sentencia. Así mismo, declarar EXEQUIBLES, en relación con los cargos estudiados, los incisos segundo y tercero del
artículo 137 de la Ley 600 de 2000, salvo la expresión “en forma prevalente y desplazar la constituida por las entidades
mencionadas”, contenida en el inciso segundo, que se declara inexequible. Segundo.- Declarar EXEQUIBLE el artículo
30 de la Ley 600 de 2000, en relación con los cargos estudiados, en el entendido de que las víctimas o los perjudicados,
una vez se hayan constituido en parte civil, pueden acceder directamente al expediente. Tercero.- Declarar EXEQUIBLE
el artículo 47 de la Ley 600 de 2000, en relación con los cargos estudiados, salvo la expresión “a partir de la resolución de
apertura de instrucción” que se declara INEXEQUIBLE.
24 Sentencia de la Corte Constitucional C-1033 de 2006, M.P. Álvaro Tafur Galvis. Ver también la Sentencia de la Corte
Constitucional C – 579 de 2013, M.P. Jorge Ignacio Pretelt Chaljub.
25 Sentencia de la Corte Constitucional C-228 de 2002, M.P. Manuel José Cepeda Espinosa.
26 Sentencia de la Corte Constitucional C-004 de 2003, M.P. Eduardo Montealegre Lynett. 
27 Sentencia de la Corte Constitucional C-370 de 2006, M.P. Manuel José Cepeda Espinosa, Jaime Córdoba Triviño
Rodrigo Escobar Gil, Marco Gerardo Monroy Cabra, Álvaro Tafur Galvis, Clara Inés Vargas Hernández
28 Sentencias de la Corte Constitucional T- 443 de 1994, MP. Eduardo Cifuentes Muñoz y C- 293 de 1995, M.P. Carlos
Gaviria Díaz.
29 Sentencia de la Corte Constitucional C-454 de 2006, M.P. Jaime Córdoba Triviño.
21

El Conjunto de principios para la protección y la promoción de los Derechos


Humanos, para la lucha contra la impunidad señalan el derecho inalienable a la
verdad30, el deber de recordar31 y el derecho de las víctimas a saber 32 a partir de los
cuales se derivan una serie de garantías particulares señaladas en el principio: “Las
medidas apropiadas para asegurar ese derecho pueden incluir procesos no
judiciales que complementen la función del poder judicial. Las sociedades que han
experimentado crímenes odiosos perpetrados en forma masiva o sistemática pueden
beneficiarse en particular con la creación de una comisión de la verdad u otra
comisión de investigación con objeto de establecer los hechos relativos a esas
violaciones de manera de cerciorarse de la verdad e impedir la desaparición de
pruebas. Sea que un Estado establezca o no un órgano de ese tipo, debe garantizar
la preservación de los archivos relativos a las violaciones de los derechos humanos
y el derecho humanitario y la posibilidad de consultarlos”.

En relación con el derecho a la verdad, las sentencias C-715 de 201233 y C-099 de


201334 han señalado los siguientes criterios:

“(i) El derecho a la verdad, se encuentra consagrado en los principios 1 a 4 de los


Principios para la protección y promoción de los derechos humanos mediante
la lucha contra la impunidad, y encuentra su fundamento en el principio de
dignidad humana, en el deber de memoria histórica y de recordar, y en el
derecho al bueno nombre y a la imagen.

(ii) Así, las víctimas y los perjudicados por graves violaciones de derechos
humanos tienen el derecho inalienable a saber la verdad de lo ocurrido.

(iii) Este derecho se encuentra en cabeza de las víctimas, de sus familiares y de la


sociedad en su conjunto, y por tanto apareja una dimensión individual y una
colectiva.

(iv) La dimensión individual del derecho a la verdad implica que las víctimas y sus
familiares conozcan la verdad sobre los hechos, los responsables y las
consecuencias de lo sucedido. Este derecho apareja por tanto, el derecho a
conocer la autoría del crimen, los motivos y las circunstancias de tiempo, modo
y lugar en que ocurrieron los hechos delictivos, y finalmente, el patrón criminal
que marca la comisión de los hechos criminales. Esto último, implica el
derecho a conocer si el delito que se investiga constituye una grave violación a
los derechos humanos, un crimen de guerra o un crimen de lesa humanidad.

30 ONU. Comisión de Derechos Humanos. “Conjunto de Principios para la Protección y la Promoción de los Derechos
Humanos, para la Lucha contra la Impunidad”: Principio 2: “El derecho inalienable a la verdad. Cada pueblo tiene el
derecho inalienable a conocer la verdad acerca de los acontecimientos sucedidos en el pasado en relación con la
perpetración de crímenes aberrantes y de las circunstancias y los motivos que llevaron, mediante violaciones masivas o
sistemáticas, a la perpetración de esos crímenes. El ejercicio pleno y efectivo del derecho a la verdad proporciona una
salvaguardia fundamental contra la repetición de tales violaciones”.
31 ONU. Comisión de Derechos Humanos. “Conjunto de Principios para la Protección y la Promoción de los Derechos
Humanos, para la Lucha contra la Impunidad”: Principio 3: “El deber de recordar. El conocimiento por un pueblo de la
historia de su opresión forma parte de su patrimonio y, por ello, se debe conservar adoptando medidas adecuadas en
aras del deber de recordar que incumbe al Estado para preservar los archivos y otras pruebas relativas a violaciones de
los derechos humanos y el derecho humanitario y para facilitar el conocimiento de tales violaciones. Esas medidas deben
estar encaminadas a preservar del olvido la memoria colectiva y, en particular, evitar que surjan tesis revisionistas y
negacionistas”.
32 ONU. Comisión de Derechos Humanos. “Conjunto de Principios para la Protección y la Promoción de los Derechos
Humanos, para la Lucha contra la Impunidad”: Principio 4 :El derecho de las víctimas a saber. Independientemente de
las acciones que puedan entablar ante la justicia, las víctimas y sus familias tienen el derecho imprescriptible a conocer
la verdad acerca de las circunstancias en que se cometieron las violaciones y, en caso de fallecimiento o desaparición,
acerca de la suerte que corrió la víctima”.
33 Sentencia de la Corte Constitucional, C-715 de 2002, M.P. Luis Ernesto Vargas Silva.
34 Sentencia de la Corte Constitucional, C-099 de 2013, M.P. María Victoria Calle Correa.
22

(v) La dimensión colectiva del derecho a la verdad, por su parte, significa que la
sociedad debe conocer la realidad de lo sucedido, su propia historia, la
posibilidad de elaborar un relato colectivo a través de la divulgación pública
de los resultados de las investigaciones, e implica la obligación de contar con
una “memoria pública” sobre los resultados de estas investigaciones sobre
graves violaciones de derechos humanos.

(vi) El derecho a la verdad constituye un derecho imprescriptible que puede y debe


ser garantizado en todo tiempo;

(vii) Con la garantía del derecho a la verdad se busca la coincidencia entre la


verdad procesal y la verdad real.

(viii) Este derecho se encuentra intrínsecamente relacionado y conectado con el


derecho a la justicia y a la reparación. Así, el derecho a la verdad se encuentra
vinculado con el derecho de acceso a la justicia, ya que la verdad sólo es
posible si se proscribe la impunidad y se garantiza, a través de investigaciones
serias, responsables, imparciales, integrales y sistemáticas por parte del
Estado, el consecuente esclarecimiento de los hechos y la correspondiente
sanción.

(ix) De otra parte, el derecho a la verdad se encuentra vinculado con el derecho a


la reparación, ya que el conocimiento de lo sucedido para las víctimas y sus
familiares, constituye un medio de reparación.

(x) Los familiares de las personas desaparecidas tienen derecho a conocer el


destino de los desaparecidos y el estado y resultado de las investigaciones
oficiales. En este sentido, el derecho a conocer el paradero de las personas
desaparecidas o secuestradas se encuentra amparado en el derecho del
familiar o allegado de la víctima a no ser objeto de tratos crueles, inhumanos o
degradantes y debe ser satisfecho, incluso, si no existen procesos penales en
contra de los presuntos responsables (por muerte, indeterminación o cualquier
otra causa)35.

(xi) Finalmente, en cuanto al derecho a la verdad, la Corte resalta no solo la


importancia y la obligación del Estado de adelantar investigaciones criminales
con el fin de esclarecer la responsabilidad penal individual y la verdad de los
hechos, sino también la importancia de mecanismos alternativos de
reconstrucción de la verdad histórica, como comisiones de la verdad de
carácter administrativo, que en casos de vulneraciones masivas y sistemáticas
de los derechos humanos, deben servir a los fines constitucionales antes
mencionados”.

3.5.2. El derecho a la justicia

Este derecho implica que toda víctima tenga la posibilidad de hacer valer sus
derechos beneficiándose de un recurso justo y eficaz, principalmente para conseguir
que su agresor sea juzgado, obteniendo su reparación. En este sentido, los Principios
de Joinet señalan que “no existe reconciliación justa y durable sin que sea aportada
una respuesta efectiva a los deseos de justicia”. Ahora bien, también se establece en
los Principios que “(e)l derecho a la justicia confiere al Estado una serie de
obligaciones: la de investigar las violaciones, perseguir a sus autores y, si su

35 La Corte Interamericana de Derechos Humanos y el Tribunal Europeo de Derechos Humanos han estimado que las
personas que ignoran el paradero de familiares desaparecidos se encuentran en una situación tal de angustia y ansiedad
que encuentran violado su derecho a la integridad psíquica y moral y, por tanto, constituyen un trato cruel, inhumano o
degradante. Al respecto se puede consultar, entre otras, la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos en
el Caso Blake Vs. Guatemala, (Sentencia de enero 24 de 1998); Caso Villagrán Morales y otros Vs. Guatemala, (Sentencia
de Noviembre 19 de 1991); caso Bámaca Velásquez s. Guatemala, (Sentencia de noviembre 8 de 2000).
23

culpabilidad es establecida, de asegurar su sanción. Si la iniciativa de investigar


corresponde en primer lugar al Estado, las reglas complementarias de
procedimiento deben prever que todas las víctimas puedan ser parte civil y, en caso
de carencia de poderes públicos, tomar ella misma la iniciativa.”36

De esta manera, el derecho a que se haga justicia en el caso concreto, es decir, el


derecho a que no haya impunidad37. Este derecho incorpora una serie de garantías
para las víctimas de los delitos que se derivan de unos correlativos deberes para las
autoridades, que pueden sistematizarse así38: (i) el deber del Estado de investigar y
sancionar adecuadamente a los autores y partícipes de los delitos; (ii) el derecho de
las víctimas a un recurso judicial efectivo y; (iii) el deber de respetar en todos los
juicios las reglas del debido proceso.

En cuanto al derecho a la justicia, la Corte Constitucional ha establecido las


siguientes reglas en las sentencias C-715 de 201239 y C-099 de 201340:

“(i) La obligación del Estado de prevenir las graves violaciones de derechos


humanos, especialmente cuando se trata de violaciones masivas, continuas y
sistemáticas como el desplazamiento forzado interno.
(ii) La obligación del Estado de luchar contra la impunidad.
(iii) La obligación de establecer mecanismos de acceso ágil, oportuno, pronto y
eficaz a la justicia para la protección judicial efectiva de los derechos de las
víctimas de delitos. En este sentido, se fija la obligación del Estado de diseñar y
garantizar recursos judiciales efectivos para que las personas afectadas puedan
ser oídas, y de impulsar las investigaciones y hacer valer los intereses de las
víctimas en el juicio.
(iv) El deber de investigar, procesar y sancionar judicialmente a los responsables
de graves violaciones de derechos humanos como el desplazamiento forzado.
(v) El respeto del debido proceso y de que las reglas de procedimiento se
establezcan con respeto del mismo.
(vi) El deber de establecer plazos razonables para los procesos judiciales, teniendo
en cuenta que los términos desproporcionadamente reducidos pueden dar lugar
a la denegación del derecho a la justicia de las víctimas y a la no obtención de
una justa reparación.
(vii) El deber de iniciar ex officio las investigaciones en casos de graves
violaciones contra los derechos humanos.
(viii) El deber constitucional de velar porque los mecanismos judiciales internos
tanto de justicia ordinaria, como de procesos de transición hacia la paz, tales
como amnistías e indultos, no conduzcan a la impunidad y al ocultamiento de la
verdad.
(ix) El establecimiento de limitantes y restricciones derivadas de los derechos de
las víctimas, frente a figuras de seguridad jurídica tales como el non bis in ídem
y la prescriptibilidad de la acción penal y de las penas, en casos de violaciones
protuberantes a los derechos humanos, el derecho internacional humanitario y
el derecho internacional de los derechos humanos.

36 Sentencia de la Corte Constitucional C-370 de 2006. M.P. Manuel José Cepeda Espinosa, Jaime Córdoba Triviño
Rodrigo Escobar Gil, Marco Gerardo Monroy Cabra, Álvaro Tafur Galvis, Clara Inés Vargas Hernández.
37 Sentencias de la Corte Constitucional C-871 de 2003, M.P. Clara Inés Vargas Hernández; C-1033 de 2006, M.P:
Álvaro Tafur Galvis y C-209 de 2007, M.P. Manuel José Cepeda Espinosa.
38 Sentencia de la Corte Constitucional C-454 de 2006. M.P. Jaime Córdoba Triviño; C-936 de 2010, M.P. Luis Ernesto
Vargas Silva; C-260 de 2011, M.P. Jorge Iván Palacio Palacio.
39 Sentencia de la Corte Constitucional C-715 de 2012, M.P. Luis Ernesto Vargas Silva.
40 Sentencia de la Corte Constitucional C-099 de 2013, M.P. María Victoria Calle Correa.
24

(x) La determinación de límites frente a figuras de exclusión de responsabilidad


penal o de disminución de las penas en procesos de transición, en cuanto no es
admisible la exoneración de los responsables de graves violaciones a los
derechos humanos y al Derecho Internacional Humanitario, y por tanto el deber
de juzgar y condenar a penas adecuadas y proporcionales a los responsables de
los crímenes investigados. Esta regla, como lo ha señalado la Corte, solo puede
tener excepciones en procesos de justicia transicional en los cuales se
investiguen a fondo las violaciones de derechos humanos y se restablezcan los
derechos mínimos de las víctimas a la verdad y a la reparación integral y se
diseñen medidas de no repetición destinadas a evitar que los crímenes se
repitan.
(xi) La legitimidad de la víctima y de la sociedad, en casos de graves violaciones
de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario para hacerse
parte civil dentro de los procesos penales con el fin de obtener la verdad y la
reparación del daño.
(xii) La importancia de la participación de las víctimas dentro del proceso penal,
de conformidad con los artículos 29, 229 de la Constitución y 8 y 25 de la
Convención Interamericana sobre Derechos Humanos.
(xiii) La garantía indispensable del derecho a la justicia para que se garanticen así
mismo los derechos a la verdad y a la reparación de las víctimas”.

3.5.3. El derecho a la reparación

El derecho a la reparación integral comprende la adopción de medidas individuales


relativas al derecho (i) a la restitución, (ii) a la indemnización, (iii) a la
rehabilitación, (iv) a la satisfacción y (v) a la garantía de no repetición. En su
dimensión colectiva, involucra medidas de satisfacción de alcance general como la
adopción de medidas encaminadas a restaurar, indemnizar o readaptar los derechos
de las colectividades o comunidades directamente afectadas por las violaciones
ocurridas41.

Este derecho tiene un soporte constitucional no sólo en las disposiciones que


contemplan las funciones y competencias de la Fiscalía General de la Nación (art.
250, 6º y 7º) en su redacción proveniente de las modificaciones introducidas
mediante el Acto Legislativo No. 3 de 2002, sino también en la dignidad humana y
la solidaridad como fundamentos del Estado social del Derecho (art. 1º), en el fin
esencial del Estado de hacer efectivos los derechos y dar cumplimiento al deber de
las autoridades de asegurar la vigencia de un orden justo (Preámbulo y art. 2°), en el
mandato de protección de las personas que se encuentran en circunstancia de
debilidad manifiesta (art. 13), en disposiciones contenidas en los tratados que hacen
parte del bloque de constitucionalidad o que sirven como criterio de interpretación
de los derechos (art. 93) y en el derecho de acceso a la justicia (art. 229)42.

En efecto, como lo ha dicho en múltiples oportunidades esta Corporación 43, el

41 ONU, Comisión de Derechos Humanos. Conjunto de principios para la protección y la promoción de los derechos
humanos mediante la lucha contra la impunidad. Doc. E/CN.4/ Sub.2/1997/20/rev.1, Art. 33. Ver también ONU. Comisión
de Derechos Humanos. Conjunto de principios actualizado para la protección y la promoción de los derechos humanos
mediante la lucha contra la impunidad. Informe de Diane Orentlicher, experta independiente encargada de actualizar el
conjunto de principios para la lucha contra la impunidad. (8 de febrero de 2005) E/CN.4/2005/102/Add.1.
42 Sentencia de la Corte Constitucional C-409 de 2009, M.P. Juan Carlos Henao Pérez. 
43 En relación con la amplitud del concepto reparación integral del daño causado por el delito, pueden consultarse, entre
otras, las sentencias C-805 de 2002 y C-916 de 2002. En cuanto al fundamento constitucional del derecho a la reparación
de las víctimas, véanse las sentencias de la Corte Constitucional C-570 de 2003, M.P. Marco Gerardo Monroy Cabra; C-
899 de 2003, M.P. Marco Gerardo Monroy Cabra, C-805 de 2002, M.P. Manuel José Cepeda Espinosa y Eduardo
Montealegre Lynett.
25

derecho constitucional a la reparación integral de las víctimas no sólo tiene


fundamento expreso en los artículos 1º, 2º y 250 de la Constitución, sino también en
varias normas del derecho internacional que hacen parte del bloque de
constitucionalidad y, por consiguiente, resultan vinculantes en nuestro ordenamiento
jurídico. Así, entonces, dijo la Corte, que la petición de reparación del daño causado
surge: i) del concepto mismo de dignidad humana que busca restablecer a las
víctimas las condiciones anteriores al hecho ilícito (artículo 1º superior), ii) del
deber de las autoridades públicas de proteger la vida, honra y bienes de los
residentes y de garantizar la plena efectividad de sus derechos (artículo 2º de la
Carta Política), iii) del principio de participación e intervención en las decisiones
que los afectan (artículo 2º de la Constitución), iv) de la consagración expresa del
deber estatal de protección, asistencia, reparación integral y restablecimiento de los
derechos de las víctimas (artículo 250, numerales 6º y 7º, idem) y, v) del derecho de
acceso a los tribunales para hacer valer los derechos, mediante los recursos ágiles y
efectivos (artículos 229 de la Constitución, 18 de la Declaración Americana de
Derechos del Hombre, 8 de la Declaración Universal de Derechos Humanos y 25 de
la Convención Americana sobre Derechos Humanos44.

Las medidas de reparación deben regirse por dos principios, el de integralidad y el


de proporcionalidad. El segundo exige que la medida sea proporcional a la gravedad
de las violaciones y al daño sufrido por la víctima45:

(i) El principio de integralidad, supone que las víctimas sean sujetos de


reparaciones de diferente naturaleza, que respondan a los distintos tipos de
afectación que hayan sufrido, lo cual implica que estas diferentes reparaciones
no son excluyentes ni exclusivas, pues cada una de ellas obedece a objetivos de
reparación distintos e insustituibles46.

(ii) Por su parte, sobre el principio de proporcionalidad, se aduce que la reparación


a las víctimas debe estar en consonancia con la altura del impacto de las
violaciones de los derechos humanos. Una reparación, debe tener en cuenta el
restablecimiento de los derechos de las víctimas, la mejora de sus condiciones
de vida, asimismo, la investigación y juzgamiento de los autores de las
conductas punibles, de lo contrario dicha medida perdería su eficacia y sentido.

En cuanto al derecho a la reparación, la jurisprudencia de la Corte Constitucional


en las sentencias C-715 de 201247 y C-099 de 201348 ha fijado los siguientes
parámetros y estándares constitucionales, en armonía con el derecho y la
jurisprudencia internacional en la materia:

44 Al respecto, puede verse la sentencia C-228 de 2002. M.P. Manuel José Cepeda Espinosa y Eduardo Montealegre
Lynett; C-210 de 2007, M.P. Marco Gerardo Monroy Cabra.
45 Ver ONU. Relator Especial sobre la promoción de la verdad, la justicia, la reparación y las garantías de no repetición y
Resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas 60/147 de 2005, “Principios y directrices básicos, sobre el
derecho de las víctimas de violaciones manifiestas de las normas internacionales de derechos humanos y de violaciones
graves del derecho internacional humanitario a interponer recursos y obtener reparaciones”.

46 Sentencia de la Corte Constitucional C-454 de 2006, M.P: Jaime Córdoba Triviño: “El derecho de reparación,
conforme al derecho internacional contemporáneo también presenta una dimensión individual y otra colectiva. Desde su
dimensión individual abarca todos los daños y perjuicios sufridos por la víctima, y comprende   la adopción de
medidas individuales relativas al derecho de (i) restitución, (ii)  indemnización, (iii)  rehabilitación, (iv) satisfacción y (v)
garantía de no repetición. En su dimensión colectiva, involucra medidas de satisfacción de alcance general como la
adopción de medidas encaminadas a restaurar, indemnizar o readaptar los derechos de las colectividades o comunidades
directamente afectadas por las violaciones ocurridas.
La integralidad de la reparación comporta la adopción de todas las medidas necesarias tendientes a hacer desaparecer
los efectos de las violaciones cometidas, y a devolver a la víctima al estado en que se encontraba antes de la violación.”
47 Sentencia de la Corte Constitucional C-715 de 2012, M.P. Luis Ernesto Vargas Silva.
48 Sentencia de la Corte Constitucional C-099 de 2013, M.P. María Victoria Calle Correa.
26

“(i) El reconocimiento expreso del derecho a la reparación del daño causado


que le asiste a las personas que han sido objeto de violaciones de
derechos humanos, y de que por tanto éste es un derecho internacional y
constitucional de las víctimas, como en el caso del desplazamiento
forzado;
(ii) El derecho a la reparación integral y las medidas que este derecho
incluye se encuentran regulados por el derecho internacional en todos
sus aspectos: alcance, naturaleza, modalidades y la determinación de los
beneficiarios, aspectos que no pueden ser desconocidos y deben ser
respetados por los Estados obligados;
(iii) El derecho a la reparación de las víctimas es integral, en la medida en
que se deben adoptar distintas medidas determinadas no solo por la
justicia distributiva sino también por la justicia restaurativa, en cuanto se
trata de la dignificación y restauración plena del goce efectivo de los
derechos fundamentales de las víctimas;
(iv) Las obligaciones de reparación incluyen, en principio y de manera
preferente, la restitución plena (restitutio in integrum), que hace
referencia al restablecimiento de la víctima a la situación anterior al
hecho de la violación, entendida ésta como una situación de garantía de
sus derechos fundamentales, y dentro de estas medidas se incluye la
restitución de las tierras usurpadas o despojadas a las víctimas.
(v) De no ser posible tal restablecimiento pleno es procedente la
compensación a través de medidas como la indemnización pecuniaria
por el daño causado;
(vi) La reparación integral incluye además de la restitución y de la
compensación, una serie de medidas tales como la rehabilitación, la
satisfacción y garantías de no repetición. Así, el derecho a la reparación
integral supone el derecho a la restitución de los derechos y bienes
jurídicos y materiales de los cuales ha sido despojada la víctima; la
indemnización de los perjuicios; la rehabilitación por el daño causado;
medidas simbólicas destinadas a la reivindicación de la memoria y de la
dignidad de las víctimas; así como medidas de no repetición para
garantizar que las organizaciones que perpetraron los crímenes
investigados sean desmontadas y las estructuras que permitieron su
comisión removidas, a fin de evitar que las vulneraciones continuas,
masivas y sistemáticas de derechos se repitan;
(vii) La reparación integral a las víctimas de graves violaciones a los
derechos humanos tiene tanto una dimensión individual como colectiva;
(viii) En su dimensión individual la reparación incluye medidas tales como
la restitución, la indemnización y la readaptación o rehabilitación;
(ix) En su dimensión colectiva la reparación se obtiene también a través de
medidas de satisfacción y carácter simbólico o de medidas que se
proyecten a la comunidad;
(x) Una medida importante de reparación integral es el reconocimiento
público del crimen cometido y el reproche de tal actuación. En efecto,
como ya lo ha reconocido la Corte, la víctima tiene derecho a que los
actos criminales sean reconocidos y a que su dignidad sea restaurada a
partir del reproche público de dichos actos. Por consiguiente, una
manera de vulnerar de nuevo sus derechos, es la actitud dirigida a
desconocer, ocultar, mentir, minimizar o justificar los crímenes
cometidos;
(xi) El derecho a la reparación desborda el campo de la reparación
económica, e incluye además de las medidas ya mencionadas, el derecho
a la verdad y a que se haga justicia. En este sentido, el derecho a la
reparación incluye tanto medidas destinadas a la satisfacción de la
verdad y de la memoria histórica, como medidas destinadas a que se
haga justicia, se investigue y sancione a los responsables. Por tanto, la
27

Corte ha evidenciado el derecho a la reparación como un derecho


complejo, en cuanto se encuentra en una relación de conexidad e
interdependencia con los derechos a la verdad y a la justicia, de manera
que no es posible garantizar la reparación sin verdad y sin justicia;
(xii) La reparación integral a las víctimas debe diferenciarse de la asistencia
y servicios sociales y de la ayuda humanitaria brindada por parte del
Estado, de manera que éstos no pueden confundirse entre sí, en razón a
que difieren en su naturaleza, carácter y finalidad. Mientras que los
servicios sociales tienen su título en derechos sociales y se prestan de
manera ordinaria con el fin de garantizar dichos derechos sociales,
prestacionales o políticas públicas relativas a derechos de vivienda,
educación y salud, y mientras la asistencia humanitaria la ofrece el
Estado en caso de desastres; la reparación en cambio, tiene como título
la comisión de un ilícito, la ocurrencia de un daño antijurídico y la grave
vulneración de los derechos humanos, razón por la cual no se puede
sustituirlas o asimilarlas, aunque una misma entidad pública sea
responsable de cumplir con esas funciones, so pena de vulnerar el
derecho a la reparación.
(xiii) La necesaria articulación y complementariedad de las distintas
políticas públicas, pese a la clara diferenciación que debe existir entre
los servicios sociales del Estado, las acciones de atención humanitaria y
las medidas de reparación integral”.

3.5.4. La garantía de no repetición

Si bien en algunos casos el derecho a la no repetición se ha asociado al derecho a la


reparación, el mismo merece una mención especial en contextos de justicia
transicional. Esta garantía está compuesta por todas las acciones dirigidas a impedir
que vuelvan a realizarse conductas con las cuales se afectaron los derechos de las
víctimas, las que deben ser adecuadas  a la naturaleza y magnitud de la ofensa49.

La garantía de no repetición está directamente relacionada con la obligación del


Estado de prevenir las graves violaciones de los DDHH 50, la cual comprende la
adopción de medidas de carácter jurídico, político, administrativo y cultural que
promuevan la salvaguarda de los derechos51.

En particular, se han identificado los siguientes contenidos de esta obligación: (i)


Reconocer a nivel interno los derechos y ofrecer garantías de igualdad 52; (ii) Diseñar
y poner en marcha estrategias y políticas de prevención integral; (iii) Implementar
programas de educación y divulgación dirigidos a eliminar los patrones de violencia
y vulneración de derechos, e informar sobre los derechos, sus mecanismos de
protección y las consecuencias de su infracción 53; (iv) Introducir programas y

49 Sentencia de la Corte Constitucional C-979 de 2005, M.P. Jaime Córdoba Triviño.


50 Ver la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer el art. 4.f.
51 Ver Corte IDH. Caso Velásquez Rodríguez Vs. Honduras, sentencia del 29 de julio de 1988. Párr. 175. De forma
similar, el art. 4.f de la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer dispone que los estados deben
“[e]laborar, con carácter general, enfoques de tipo preventivo y todas las medidas de índole jurídica, política,
administrativa y cultural que puedan fomentar la protección de la mujer contra toda forma de violencia”. Sobre la
obligación de adoptar medidas de prevención en distintos ámbitos de los derechos humanos, consultar: arts. 7.d y 8 de la
Convención de Belem do Pará; Asamblea General de las Naciones Unidas, A/RES/52/86 “Medidas de prevención del
delito y de justicia penal para la eliminación de la violencia contra la mujer”, 2 de febrero de 1998; Comisión
Interamericana de Derechos Humanos, CIDH, informe “Acceso a la justicia para las mujeres víctimas de violencia en las
Américas”, OEA/Ser.L/V/II. Doc. 68, 20 enero 2007;
52 Organización de las Naciones Unidas ONU, “La violencia contra la mujer en la familia”: Informe de la Sra. Radhika
Coomaraswamy, Relatora Especial sobre la violencia contra la mujer, presentado de conformidad con la resolución
1995/85 de la Comisión de Derechos Humanos, UN Doc. E/CN.4/1999/68, 10 de marzo de 1999, párr. 25. Cita tomada en
Corte IDH, caso González y otras (Campo Algodonero) vs. México, sentencia del 16 de noviembre de 2009.
53 Por ejemplo, en el Sistema Universal de Protección de los Derechos Humanos el art. 3.a de la Convención sobre la
28

promover prácticas que permitan actuar de manera eficaz ante las denuncias de
violaciones a los DDHH, así como fortalecer las instituciones con funciones en la
materia54; (v) Destinar recursos suficientes para apoyar la labor de prevención 55; (vi)
Adoptar medidas para erradicar los factores de riesgo, lo que incluye el diseño e
implementación de instrumentos para facilitar la identificación y notificación de los
factores y eventos de riesgo de violación56; (vii) Tomar medidas de prevención
específica en casos en los que se detecte que un grupo de personas está en riesgo de
que sus derechos sean vulnerados57.

Los Principios y Directrices Básicos sobre el Derecho de las Víctimas de


Violaciones Manifiestas de las Normas Internacionales de Derechos Humanos y de
Violaciones Graves del Derecho Internacional Humanitario a interponer recursos y
obtener reparaciones aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas
mediante Resolución 60/147 de 2005, señalan que las garantías de no repetición
han de incluir, según proceda, la totalidad o parte de las medidas siguientes, que
también contribuirán a la prevención:

“a) El ejercicio de un control efectivo de las autoridades civiles sobre las


fuerzas armadas y de seguridad;
b) La garantía de que todos los procedimientos civiles y militares se
ajustan a las normas internacionales relativas a las garantías procesales,
la equidad y la imparcialidad;
c) El fortalecimiento de la independencia del poder judicial;
d) La protección de los profesionales del derecho, la salud y la asistencia
sanitaria, la información y otros sectores conexos, así como de los
defensores de los derechos humanos;
e) La educación, de modo prioritario y permanente, de todos los sectores
de la sociedad respecto de los derechos humanos y del derecho
internacional humanitario y la capacitación en esta materia de los
funcionarios encargados de hacer cumplir la ley, así como de las fuerzas
armadas y de seguridad;
f) La promoción de la observancia de los códigos de conducta y de las
normas éticas, en particular las normas internacionales, por los
funcionarios públicos, inclusive el personal de las fuerzas de seguridad,
los establecimientos penitenciarios, los medios de información, la salud,
la psicología, los servicios sociales y las fuerzas armadas, además del
personal de empresas comerciales;
g) La promoción de mecanismos destinados a prevenir y vigilar los
conflictos sociales;
h) La revisión y reforma de las leyes que contribuyan a las violaciones
manifiestas de las normas internacionales de derechos humanos y a las
violaciones graves del derecho humanitario o las permitan”.

3.6. LOS DERECHOS DE LAS VÍCTIMAS EN EL SISTEMA CON TENDENCIA


ACUSATORIA. REITERACIÓN DE JURISPRUDENCIA.

La Corte Constitucional ha señalado en reiterada jurisprudencia la importancia de


eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer, CEDAW, dispone que los Estados deben adoptar
medidas para “a) Modificar los patrones socioculturales de conducta de hombres y mujeres, con miras a alcanzar la
eliminación de los prejuicios y las prácticas consuetudinarias y de cualquier otra índole que estén basados en la idea de
la inferioridad o superioridad de cualquiera de los sexos o en funciones estereotipadas de hombres y mujeres”.
54 Ver Corte IDH, caso González y otras (Campo Algodonero) vs. México sentencia del 16 de noviembre de 2009. Párr.
258.
55 Por ejemplo, el artículo 4.h de la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer resalta la
importancia de destinar suficientes recursos para prevenir y eliminar la violencia contra la mujer.
56 Ver ONU. Comité de los Derechos del Niño, Convención de los Derechos del Niño, Observación General 13 relativa
al “Derecho del niño de no ser objeto de ninguna forma de violencia” (18 de abril de 2011).
57 Ver Corte IDH, caso González y otras (Campo Algodonero) vs. México, sentencia del 16 de noviembre de 2009. Párr.
258.
29

los derechos de las víctimas en el sistema acusatorio y ha delimitado su intervención


a través de facultades específicas que garantizan su participación como interviniente
especial y la tutela de sus derechos a la verdad, a la justicia, a la reparación y a la no
repetición:

3.6.1. La Sentencia C-1154 de 200558 declaró la exequibilidad del artículo 79 de la Ley


906 de 2004 en el entendido de que la expresión “motivos o circunstancias fácticas
que permitan su caracterización como delito” corresponde a la tipicidad objetiva y
que la decisión será motivada y comunicada al denunciante y al Ministerio Público
para el ejercicio de sus derechos y funciones.

En este sentido, se consideró que como la decisión de archivo de una diligencia


afecta de manera directa a las víctimas, dicha determinación debe ser motivada para
que aquellas puedan expresar su inconformidad a partir de fundamentos objetivos y
para que puedan conocer esta decisión. Así mismo, se señaló que cuando exista una
controversia sobre la reanudación de la investigación entre la Fiscalía y las víctimas,
éstas últimas podrán solicitar la intervención del juez de control de garantías.

3.6.2. La Sentencia C-1177 de 200559 declaró exequible la expresión “En todo caso se
inadmitirán las denuncias sin fundamento”, del inciso 2° del artículo 69 de la Ley
906 de 2004, en el entendido que la inadmisión de la denuncia únicamente procede
cuando el hecho no existió, o no reviste las características de delito. Así mismo,
expresó que esta decisión, debidamente motivada, debe ser adoptada por el fiscal y
comunicada al denunciante y al Ministerio Público.

En este sentido, se manifestó que la preservación de los derechos de las víctimas en


el proceso penal exige que la decisión sobre el mérito de la denuncia esté rodeada de
un mínimo de garantías y que por ello se le debe investir de publicidad y motivación
necesarias para que si es posible, el denunciante ajuste su declaración a los
requerimientos de fundamentación que le señale el fiscal, o para que el Ministerio
Público despliegue las facultades que el artículo 277 numeral 7° de la Constitución
le confiere60.

Así mismo, declaró exequible la expresión “por una sola vez”, contemplada en los
incisos 2° y 3° del artículo 69 de la Ley 906 de 2004, por los cargos analizados en
esta sentencia y señaló que la ampliación de la denuncia “por una sola vez”, debe
entenderse sin perjuicio de los derechos de intervención que la Constitución y la
Ley prevén para las víctimas de los delitos.

3.6.3. La Sentencia C - 454 de 200661 declaró exequible, en relación con los cargos
estudiados, el artículo 135 de la Ley 906 de 2004, en el entendido que la garantía de
comunicación a las víctimas y perjudicados con el delito opera desde el momento en
que éstos entran en contacto con las autoridades, y se refiere a los derechos a la
verdad, a la justicia y a la reparación. Por su parte, también declaró exequible por
los cargos estudiados, el artículo 357 de la Ley 906 de 2004, en el entendido que los
representantes de las víctimas en el proceso penal, pueden realizar solicitudes
probatorias en la audiencia preparatoria, en igualdad de condiciones que la defensa
y la fiscalía.

En esta sentencia, la Corte Constitucional señaló la explícita consagración


constitucional de la víctima como sujeto que merece especial consideración en el
conflicto penal, derivada de la profundización de las relaciones entre el Derecho
Constitucional y el Derecho Penal del Estado Social de Derecho, que promueve una
58 Sentencia de la Corte Constitucional C-1154 de 2005, M.P. Manuel José Cepeda Espinosa.
59 Sentencia de la Corte Constitucional C-1177 de 2005 M.P Jaime Córdoba Triviño.
60 Sentencia de la Corte Constitucional C-1177 de 2005 M.P Jaime Córdoba Triviño.
61 Sentencia de la Corte Constitucional C-454 de 2006, M.P. Jaime Córdoba Triviño.
30

concepción de la política criminal respetuosa de los derechos fundamentales de


todos los sujetos e intervinientes en el proceso. En este sentido reconoció que “los
intereses de la víctima, elevados a rango constitucional se erigen así en factor
determinante de los fines del proceso penal que debe apuntar hacia el
restablecimiento de la paz social”.

Por otra parte, se afirmó que los fundamentos constitucionales de los derechos de
las víctimas, así como los pronunciamientos que sobre la Ley 906 de 2004 ha
realizado la Corte, permiten afirmar que la víctima ocupa un papel protagónico en el
proceso, que no depende del calificativo que se le atribuya (como parte o
interviniente), en tanto que se trata de un proceso con sus propias especificidades,
en el que los derechos de los sujetos que participan están predeterminados por los
preceptos constitucionales, las fuentes internacionales acogidas por el orden interno
y la jurisprudencia constitucional62.

3.6.4. La Sentencia C-822 de 200563 declaró exequible el artículo 250 de la Ley 906 de
2004, que consagraba el procedimiento en caso de lesionados o de víctimas de
agresiones sexuales, en el entendido que: “a) la víctima o su representante legal
haya dado su consentimiento libre e informado para la práctica de la medida; b) de
perseverar la víctima en su negativa, el juez de control de garantías podrá
autorizar o negar la medida, y la negativa de la víctima prevalecerá salvo cuando
el juez, después de ponderar si la medida es idónea, necesaria y proporcionada en
las circunstancias del caso, concluya que el delito investigado reviste extrema
gravedad y dicha medida se la única forma de obtener una evidencia física para la
determinación de la responsabilidad penal del procesado o de su inocencia; c) no
se podrá practicar la medida en persona adulta víctima de delitos relacionados con
la libertad sexual sin su consentimiento informado y libre; d) la práctica de
reconocimiento y exámenes físicos para obtener muestras físicas, siempre se
realizará en condiciones de seguridad, higiene, confiabilidad, y humanidad para la
víctima, en los términos del apartado 5.5.2.6. de esta sentencia”.

En esta sentencia, la Corte consideró que la restricción a la autonomía de la víctima


que consagra la norma es inconstitucional, porque desvaloriza el consentimiento de
la misma y la expone a una doble victimización64.

3.6.5. La Sentencia C-209 de 200765 declaró inexequibles las expresiones “y contra esta
determinación no cabe recurso alguno” del artículo 327 de la Ley 906 de 2004 y
“con fines únicos de información” del inciso final del artículo 337 de la misma ley.
Así mismo, declaró la exequibilidad condicionada de una serie de normas con el
objetivo de conceder unas facultades a las víctimas dentro del proceso penal:

“1. El numeral 2 del artículo 284, en el entendido de que la víctima


también puede solicitar la práctica de pruebas anticipadas ante el juez de
control de garantías.
2. El artículo 289, en el entendido de que la víctima también puede estar
presente en la audiencia de formulación de la imputación.
3. El artículo 333 de la Ley 906 de 2004, en el entendido de que las
víctimas pueden allegar o solicitar elementos materiales probatorios y
evidencia física para oponerse a la petición de preclusión del fiscal.
4. El artículo 344, en el entendido de que la víctima también puede
solicitar al juez el descubrimiento de un elemento material probatorio
específico o de evidencia física específica.
5. El artículo 356, en el entendido de que la víctima puede hacer
62 Sentencia de la Corte Constitucional C-454 de 2006, M.P. Jaime Córdoba Triviño.
63 Sentencia de la Corte Constitucional C-822 de 2005. M.P. Manuel José Cepeda Espinosa.
64 Sentencia de la Corte Constitucional C-822 de 2005. M.P. Manuel José Cepeda Espinosa.
65 Sentencia de la Corte Constitucional C-209 de 2007. M.P. Manuel José Cepeda Espinosa.
31

observaciones sobre el descubrimiento de elementos probatorios y de la


totalidad de las pruebas que se harán valer en la audiencia del juicio
oral.
6. El artículo 358, en el entendido de que la víctima también puede hacer
dicha solicitud.
7. El inciso primero del artículo 359, en el entendido de que la víctima
también puede solicitar la exclusión, el rechazo o la inadmisibilidad de
los medios de prueba.
8. Los artículos 306, 316 y 342, en el entendido de que la víctima también
puede acudir directamente ante el juez competente a solicitar la medida
correspondiente.
9. El artículo 339, en el entendido de que la víctima también puede
intervenir en la audiencia de formulación de acusación para efectuar
observaciones al escrito de acusación o manifestarse sobre posibles
causales de incompetencia, recusaciones, impedimentos o nulidades”.

En esta sentencia, la Corte Constitucional consideró que los derechos de las


víctimas también se encuentran protegidos en el sistema penal con tendencia
acusatoria instaurado por la Ley 906 de 2004, aunque el esquema de su intervención
no deberá ser idéntico al consagrado en la Ley 600 de 2000, sino que debe ser
compatible con los rasgos estructurales y las características esenciales de este nuevo
sistema procesal:

“Los derechos de la víctima del delito a la verdad, la justicia y la


reparación integral también se encuentran protegidos en el sistema penal
con tendencia acusatoria instaurado por la Ley 906 de 2004, pero dicha
protección no implica un traslado automático de todas las formas y
esquemas de intervención en los que la víctima ejerció sus derechos en el
anterior sistema procesal penal regulado por la Ley 600 de 2000, sino que
el ejercicio de sus derechos deberá hacerse de manera compatible con los
rasgos estructurales y las características esenciales de este nuevo sistema
procesal, así como con las definiciones que el propio constituyente adoptó
al respecto, v.gr, caracterizar a las víctimas como intervinientes
especiales a lo largo del proceso penal, no supeditadas al fiscal, sino en
los términos que autónomamente fije el legislador (artículo 250, numeral
7 C.P.)”.

En este sentido, reconoció que la forma como puede actuar la víctima en el proceso
penal de tendencia acusatoria implantado por el Acto Legislativo 03 de 2002,
depende de varios factores: (i) del papel asignado a otros participantes, en particular
al Fiscal; (ii) del rol que le reconoce la propia Constitución a la víctima; (iii) del
lugar donde ha previsto su participación; (iv) de las características de cada una de
las etapas del proceso penal; y (v) del impacto que esa participación tenga tanto para
los derechos de la víctima como para la estructura y formas propias del sistema
penal acusatorio.

3.6.6. La Sentencia C-210 de 200766 se refirió a las medidas cautelares y a la prohibición


de enajenar como instrumentos consagrados para la protección de las víctimas,
reconociendo que en la configuración de las etapas del proceso penal, los derechos
de las víctimas tienen relevancia constitucional y, por consiguiente, el legislador
debe respetar principios básicos de defensa, contradicción y protección a las
víctimas del delito para que, entre otros asuntos, se garantice su derecho a la
indemnización integral del daño67.

Así mismo, recordó que los derechos de las víctimas estaban fundados en el
66 Sentencia de la Corte Constitucional C- 210 de 2007. M.P. Marco Gerardo Monroy Cabra.
67 Sentencia de la Corte Constitucional C- 210 de 2007. M.P. Marco Gerardo Monroy Cabra.
32

concepto dignidad humana, en el deber de las autoridades públicas de proteger la


vida, honra y bienes de los residentes y de garantizar la plena efectividad de sus
derechos, en el principio de participación e intervención en las decisiones que los
afectan, en el deber estatal de protección, asistencia, reparación integral y
restablecimiento de los derechos de las víctimas, y en el derecho de acceso a los
tribunales para hacer valer los derechos68.

3.6.7. La Sentencia C-343 de 200769 declaró estarse a lo resuelto en la Sentencia C-209


de 2007 y además declaró exequible el artículo 390 de la Ley 906 de 2004 sobre el
examen de los testigos, señalando que el hecho de no haberle concedido a la víctima
las facultades probatorias otorgadas a la Fiscalía, la defensa, las partes y el
Ministerio Público, no se traduce en un trato diferente e injustificado entre los
distintos actores e intervinientes en el proceso penal, ya que las facultades previstas
en los referidos artículos corresponden a la etapa del juicio oral y en esa etapa la
víctima no tiene participación directa, de modo que de permitirla se modificarían los
rasgos estructurales del sistema penal acusatorio, tal como fue concebido por el
Acto Legislativo 03 de 2002 y se alteraría de manera sustancial, la igualdad de
armas y, además, se convertiría a la víctima en un segundo acusador o contradictor.

En este sentido, se afirmó la imposibilidad de controvertir los medios de prueba,


elementos materiales probatorios y evidencia en el juicio oral y en especial de
participar en los interrogatorios de los testigos, pues la omisión advertida no es
inconstitucional, pues no genera una desigualdad carente de justificación, evita la
alteración de los rasgos estructurales del sistema penal, pues en la etapa del juicio
oral la víctima no tiene participación directa y constitucionalmente no resulta
factible convertirla en segundo acusador y afectar de esa manera la igualdad de
armas70.

3.6.8. La Sentencia C-516 de 200771 declaró la exequibilidad condicionada de los artículos


348, 350, 351 y 352 de la Ley 906 de 2004, en el entendido  que la víctima también
podrá intervenir en la celebración de acuerdos y preacuerdos entre la Fiscalía y el
imputado o acusado, para lo cual deberá ser oída e informada de su celebración por
el fiscal y el juez encargado de aprobar el acuerdo.

En esta sentencia, la Corte reconoció que la exclusión patente de las víctimas de los
procesos de negociación, no responde a las finalidades que la misma ley le atribuye a
la institución, pues desconoce la humanización de la actuación procesal, la eficacia
del sistema y el derecho a la participación de las víctimas y no propicia la solución
del conflicto ni la reparación integral72.

En este sentido se aclaró que si bien la víctima no cuenta con un poder de veto de los
preacuerdos celebrado entre la Fiscalía y el imputado, debe: (i) ser oída; (ii)
informada del acuerdo; (iii) conservar la potestad de aceptar las reparaciones
efectivas que puedan resultar de los preacuerdos entre fiscal e imputado o acusado, o
rehusarlas y acudir a otras vías judiciales;  (iv) impugnar la sentencia proferida de
manera anticipada y ; (v) promover, en su oportunidad, el incidente de reparación
integral73.

Así mismo, declaró inexequibles: (i) las expresiones “si el interés de la justicia lo
exigiere” del artículo 11 literal h), que limitaba el derecho a ser asistido durante el
juicio y el incidente de reparación integral por un abogado que podrá ser designado
68 Sentencia de la Corte Constitucional C- 210 de 2007. M.P. Marco Gerardo Monroy Cabra.
69 Sentencia de la Corte Constitucional C-343 de 2007. M.P. Rodrigo Escobar Gil.
70 Sentencia de la Corte Constitucional C-343 de 2007. M.P. Rodrigo Escobar Gil.
71 Sentencia de la Corte Constitucional C-516 de 2007. M.P. Jaime Córdoba Triviño.
72 Sentencia de la Corte Constitucional C-516 de 2007. M.P. Jaime Córdoba Triviño.
73 Sentencia de la Corte Constitucional C-516 de 2007. M.P. Jaime Córdoba Triviño.
33

de oficio solamente si el interés de la justicia lo exigiere; (ii) “directa” de los incisos


primero y segundo  del artículo 92 y “directo” del artículo 132 que limitaba el
concepto de “víctima” a las víctimas de daños directos y; (iii) el inciso segundo del
artículo 102, que contemplaba que “cuando la pretensión sea exclusivamente
económica, solo podrá ser formulada por la víctima directa, sus herederos,
sucesores o causahabientes”.

En este sentido, la Corte consideró que la restricción del concepto de víctima a


aquella que hubiera sufrido un daño directo limita de manera inconstitucional la
posibilidad de intervención de los perjudicados en el proceso penal y su derecho a un
recurso judicial efectivo, concluyendo que “la determinación de la calidad de
víctima debe partir de las condiciones de existencia del daño, y no de las
condiciones de imputación del mismo”. Así mismo, afirmó que reducir la posibilidad
de solicitar medidas cautelares a las víctimas directas del delito “cercena de manera
injustificada las posibilidades de acceso de otros sujetos de derechos que por haber
sufrido un menoscabo material o moral con la conducta punible tendrían derecho a
una reparación integral”.

También declaró inconstitucional el numeral 4° del artículo 137 que señalaba que
“En caso de existir pluralidad de víctimas, el fiscal, durante la investigación,
solicitará que estas designen hasta dos abogados que las represente. De no llegarse
a un acuerdo, el fiscal determinará lo más conveniente y efectivo”.

Adicionalmente se declaró exequible el artículo 340 de la Ley 906 de 2004 que


dispone que en la audiencia de formulación de acusación se determinará la calidad
de víctima, al considerar que no es cierto que las víctimas solamente puedan
participar en el proceso a partir de esta audiencia, pues las mismas pueden intervenir
en fases anteriores acreditando sumariamente su condición de tal, como lo prevé el
artículo 136, y lo ha reafirmado y precisado la jurisprudencia74.

Finalmente, declaró constitucional el inciso primero del artículo 340 de la Ley 906
de 2004, que disponía que “de existir un número plural de víctimas, el juez podrá
determinar igual número de representantes al de defensores para que intervengan
en el transcurso del juicio oral”, considerando que la facultad del juez de limitar  el
número de apoderados de las víctimas, desarrolla finalidades legítimas como
asegurar la eficacia del procedimiento, y establecer un equilibrio entre la acusación
y la defensa compatible con el carácter adversarial del sistema acusatorio75.

3.6.9. La Sentencia C-060 de 2008 76 declaró inexequible la palabra “condenatoria” y


exequible el resto de la expresión acusada contenida en el inciso segundo del
artículo 101 de la Ley 906 de 2004, que consagra la medida de cancelación de
registros obtenidos fraudulentamente, en el entendido de que la cancelación de los
títulos y registros respectivos también se hará en cualquier otra providencia que
ponga fin al proceso penal.

En esta sentencia, se afirmó que los derechos de las víctimas dentro del proceso
penal tienen una importancia cardinal y no se agotan en la mera reparación
económica de los perjuicios irrogados con la conducta punible, pues además de la
reparación que debe ser integral, se agregan la posibilidad de conocer la verdad
acerca de lo sucedido y que se haga justicia, sancionando conforme a la ley a quien
o quienes hayan cometido el delito

74 Sentencia de la Corte Constitucional C-516 de 2007. M.P. Jaime Córdoba Triviño.


75 Sentencia de la Corte Constitucional C-516 de 2007. M.P. Jaime Córdoba Triviño.
76 Sentencia de la Corte Constitucional C-060 de 2008. M.P. Nilson Pinilla Pinilla.
34

3.6.10. La Sentencia C-409 de 200977 dispuso declarar inexequibles las expresiones


“exclusivamente” y “quien tendrá la facultad de participar en dicha conciliación”
y exequible la expresión “para los efectos de la conciliación de que trata el art.
103”, contenidas en el artículo 108 de la Ley 906 de 2004.

Esta norma señalaba que la víctima, el condenado, su defensor o el tercero


civilmente responsable podrán pedir exclusivamente para efectos de la conciliación
de que trata el artículo 103, es decir, la señalada respecto del incidente de reparación
integral, la citación del asegurador de la responsabilidad civil amparada en virtud
del contrato de seguro válidamente celebrado. En esta sentencia, la Corte señaló que
el precepto acusado se convierte en una medida nugatoria del derecho de la víctima
a la reparación integral, pues burla la esperanza que se había generado de que el
contrato suscrito con él, pudiera servir al propósito del sistema penal constitucional
y legalmente dispuesto de reparar a la víctima y de hacerlo prontamente a instancias
del juez de la causa penal, en el incidente de reparación integral.

3.6.11. La Sentencia C-936 de 201078 declaró inexequible el numeral 17 del artículo 2º de


la Ley 1312 de 2009 que contemplaba la posibilidad de aplicar el principio de
oportunidad a los desmovilizados de acuerdo a la Ley 975 de 2005 y declaró la
exequibilidad condicionada del parágrafo 3º del artículo 2º de la Ley 1312 de 2009,
en el entendido de que la exclusión de la aplicación del principio de oportunidad
también comprende las graves violaciones a los derechos humanos.

3.6.12. La Sentencia C-250 de 201179 declaró exequible el artículo 100 de la Ley 1395 de
2010, en el entendido de que las víctimas y/o sus representantes en el proceso penal,
podrán ser oídos en la etapa de individualización de la pena y sentencia.

Al respecto se consideró que de acuerdo a lo dispuesto por el artículo 250.7 de la


Constitución que determina que corresponde al Legislador fijar los términos de
intervención de las víctimas dentro del proceso penal, en concordancia con los
artículos 29 y 229 de la misma, la omisión de la víctima o su representante en la
etapa de la individualización de la pena y la sentencia, entraña el incumplimiento
por parte del legislador de su deber de configurar una verdadera “intervención”
tendiente a la garantía y a la protección de los derechos a la verdad, a la justicia y a
la reparación, que implica no solamente el desconocimiento injustificado de su
derecho a la igualdad frente al condenado, sino también la limitación de su derecho
al acceso a la justicia.

3.6.13. La Sentencia C-260 de 2011 80 declaró exequible la expresión “Una vez terminados
los interrogatorios de las partes, el juez y el Ministerio Público podrán hacer
preguntas complementarias para el cabal entendimiento del caso” contemplada en
el artículo 397 del Código de Procedimiento Penal, al considerar que la exclusión de
la posibilidad de que las víctimas formulen directamente preguntas complementarias
no constituye una omisión legislativa relativa contraria a los derechos de los
perjudicados, por cuanto existen motivos fundados que justifican de manera objetiva
y suficiente el tratamiento disímil previsto en la norma, ya que tanto al juez como al
Ministerio Público les compete, en cumplimiento de sus roles, el deber de mantener
la imparcialidad y evitar desequilibrios a favor o en contra de una de las partes, en
tanto que a la víctima le asiste un interés por defender la acusación formulada por la
Fiscalía y por esa vía obtener un fallo condenatorio.

En este sentido, la Corte reiteró que en el sistema penal acusatorio colombiano, la

77 Sentencia de la Corte Constitucional C-409 de 2009. M.P. Juan Carlos Henao Pérez.
78 Sentencia de la Corte Constitucional C-936 de 2010. M.P. Luis Ernesto Vargas Silva.
79 Sentencia de la Corte Constitucional. C-250 de 2011. M.P. Mauricio González Cuervo.
80 Sentencia de la Corte Constitucional C-260 de 2011. M.P. Jorge Iván Palacio Palacio.
35

víctima no tiene la condición de parte, sino de interviniente especial, de donde la


naturaleza adversarial especialmente notoria en la etapa del juicio, reduce
significativamente su facultad de participación directa, pues su intervención alteraría
los rasgos estructurales del sistema penal y por esa vía menoscabaría otros derechos
o principios como el de igualdad de armas, aunque a través de su abogado, podrá
ejercer sus derechos en la etapa del juicio sin convertirse en una parte que pueda
presentar y defender su propio caso al margen del Fiscal. En este sentido concluye
que “el derecho de intervención de las víctimas no se ve drásticamente afectado
puesto que pueden canalizar su derecho de intervención en el juicio no solamente a
través de una vocería conjunta, sino mediante la intervención del propio Fiscal, tal
como lo ha señalado la Corte en anteriores oportunidades, refiriéndose al aspecto
probatorio y de argumentación”.

3.6.14. La Sentencia C-782 de 201281 declaró exequible el artículo 90 de la Ley 906 de


2004, en el entendido que la víctima podrá solicitar en la audiencia contemplada en
la norma la adición de la sentencia o de la decisión con efectos equivalentes, que
omita un pronunciamiento definitivo sobre los bienes afectados con fines de comiso,
con el fin de obtener el respectivo pronunciamiento.

En esta sentencia, la Corte Constitucional reconoció que si bien el fiscal representa


los intereses del Estado y de la víctima, ello no implica que la víctima carezca del
derecho de participación en el proceso penal, señalando que su participación
depende de los siguientes factores:“(i) del papel asignado a otros participantes, en
particular al fiscal; (ii) del rol que le reconoce la propia Constitución a la víctima;
(iii) del ámbito en el cual ha previsto su participación; (iv) de las características de
cada una de las etapas del proceso penal; y (v) del impacto que esa participación
tenga tanto para los derechos de la víctima como para la estructura y formas
propias del sistema penal acusatorio”82.

Así mismo se afirmó que la intervención de la víctima, está supeditada a la


estructura del proceso acusatorio, por lo cual la posibilidad de actuación directa y
separada de la víctima al margen del fiscal, es mayor en las etapas previas o
posteriores al juicio, y menor en la etapa del juicio83.

3.6.15. La Sentencia C-839 de 201384 declaró exequible el inciso primero del artículo 101
de la Ley 906 de 2004 en el entendido que la víctima también puede solicitar la
suspensión del poder dispositivo de los bienes sujetos a registro cuando existan
motivos fundados para inferir que el título de propiedad fue obtenido
fraudulentamente.

En este aspecto señaló que se cumplen los requisitos para el reconocimiento de una
omisión legislativa relativa relacionada con la no consagración de la facultad de las
víctimas de la suspensión del poder dispositivo de los bienes sujetos a registro, pues
privar a las víctimas de la posibilidad de solicitar que se suspendan o cancelen los
registros obtenidos fraudulentamente afecta en especial: (i) la garantía del
restablecimiento del derecho, que se vulnera si se permite que los registros
obtenidos fraudulentamente sigan circulando en el tráfico jurídico, aumentando los
perjuicios causados a la víctima y (ii) el derecho a la reparación, en especial el
derecho a la restitución, que solamente será posible si se vuelve al estado anterior al
delito, cancelándose los registros obtenidos fraudulentamente.

81 Sentencia de la Corte Constitucional. C-782 de 2012. M.P. Luis Ernesto Vargas Silva.
82 Sentencia de la Corte Constitucional. C-782 de 2012. M.P. Luis Ernesto Vargas Silva. Sentencia C-209 de 2007, M.P.
Manuel José Cepeda Espinosa. Reiteración en la Sentencia C-651 de 2011 M.P. María Victoria Calle Correa.
83 Sentencia de la Corte Constitucional. C-782 de 2012. M.P. Luis Ernesto Vargas Silva.
84 M.P. Jorge Ignacio Pretelt Chaljub.
36

3.6.16. De acuerdo a lo anteriormente señalado se pueden determinar una serie de


parámetros generales en relación con el análisis de la participación de la víctima en
el sistema acusatorio:

3.6.16.1. La protección de los derechos de las víctimas a la verdad, a la justicia, a la


reparación y a la no repetición exigen una protección especial en el proceso penal,
derivada de la profundización de las relaciones entre el derecho constitucional y el
Derecho Penal del Estado Social de Derecho.

3.6.16.2. Los derechos de las víctimas también se encuentran protegidos en el sistema


penal con tendencia acusatoria, aunque el esquema de su intervención no deberá ser
idéntico al consagrado en la Ley 600 de 2000, sino que debe ser compatible con los
rasgos estructurales y las características esenciales del nuevo sistema procesal.

3.6.16.3. Debe buscarse que la intervención de la víctima sea compatible con el modelo de
sistema acusatorio contemplado en la Constitución Política, para lo cual deberán
analizarse los siguientes factores: (i) el papel asignado a otros participantes, en
particular al Fiscal; (ii) el rol que le reconoce la propia Constitución a la víctima
respecto a la finalidad de la medida correspondiente; (iii) las características de la
audiencia o actuación en la cual se pretende su participación; (iv) las características
de cada una de las etapas del proceso penal; y (v) el impacto que esa participación
tenga tanto para los derechos de la víctima como para la estructura y formas propias
del sistema penal acusatorio.

3.7. EL PRINCIPIO DE IGUALDAD DE ARMAS

3.7.1. Concepto y alcance

3.7.1.1. El principio de igualdad de armas (level playing field en inglés o Waffengleichheit


en alemán), se refiere a la igualdad de oportunidades entre las partes en el proceso
penal y ha sido recogido por los sistemas acusatorios del Derecho penal
anglosajón85, de los cuales el sistema colombiano ha recibido aportes
fundamentales86. Este axioma supone la existencia de dos (2) partes en disputa y se
estructura como un mecanismo de paridad en la lucha, de igualdad de trato entre los
sujetos procesales o de justicia en el proceso 87. De esta manera, implica que cada
parte del proceso penal pueda presentar su caso bajo condiciones que no representen
una posición desventajosa frente a la otra88:

“Las garantías fundamentales en el procedimiento penal han procurado


un alcance más profundo del principio de contradicción. No sólo la
posibilidad de controvertir frente a la otra parte en igualdad de
condiciones (principio del juicio justo o equitativo), sino procurar la

85 La doctrina especializada ubica el origen de la figura en el diseño procesal norteamericano, particularmente en el


proceso Roviaro Vs United Status, del que conoció la Corte Suprema de los Estados Unidos. Ante la necesidad de que la
defensa tuviera oportunidad de producir evidencias a su favor, la Corte Suprema estableció que, en aplicación del
principio de justicia procesal (fairness), la Fiscalía estaba obligada a revelar la identidad de un testimonio que adujo como
prueba de cargo. Con posterioridad, la Corte Suprema de Justicia ha extendido los alcances del principio buscando que la
Fiscalía revele información y evidencia relevante para el proceso, siempre y cuando la misma no esté sujeta a una reserva
específica. Entre las decisiones más importantes en la materia figuran Money Vs Holohan 294 U.S. 103 (1935); Brady Vs
Maryland, 373 U.S. 83 (1963) y United Status Vs. Agurs, 427 U.S. 97 (1976) Ver, “Fundamentos teórico constitucionales
del nuevo proceso penal”. Oscar Julián Guerrero Peralta, Ediciones Jurídicas Gustavo Ibáñez, 2005, p. 282 Ver también
la sentencia de la Corte Constitucional C-536 de 2008, M.P. Jaime Araújo Rentería.
86 Sentencia de la Corte Constitucional C-1194 de 2005, M.P. Marco Gerardo Monroy Cabra.
87 Sentencia de la Corte Constitucional C-118 de 2008, M.P. Marco Gerardo Monroy Cabra.
88 AMBOS Kai. “Der Europäische Gerichtshof für Menschenrechte und die Verfahrensrechte” [El Tribunal Supremo
europeo para los derechos humanos y el derecho procesal]. En ZStW 115 Heft 3. Pág. 592 y 593. Este autor explica que el
principio de igualdad de armas entendido como la nivelación de la participación en el proceso, del acusado frente al
acusador, se da a partir del cambio de postura del Tribunal Supremo Europeo para los Derechos Humanos, frente a la
posición y al rol del Procurador General austríaco y el Procurador General belga, como entes estatales acusadores
(Ibídem).
37

participación del acusado en el proceso, en condiciones que enmienden


el desequilibrio entre los medios de que dispone éste y de los que dispone
el fiscal o acusador, los cuales son claramente superiores”89.

3.7.1.2. La Corte Constitucional se refirió a la definición y concepto del principio de


igualdad de armas, afirmando que con este axioma se quiere indicar que: “(…) en el
marco del proceso penal, las partes enfrentadas, esto es, la Fiscalía y la defensa,
deben estar en posibilidad de acudir ante el juez con las mismas herramientas de
persuasión, los mismos elementos de convicción, sin privilegios ni desventajas, a fin
de convencerlo de sus pretensiones procesales"90.

3.7.1.3. La igualdad de armas implica una garantía de equiparación entre dos (2) sujetos
diferentes que pueden presentar desequilibrios en los medios de que disponen para
acudir a la administración de justicia a sustentar sus argumentos y defender sus
intereses, por lo que se impone a las autoridades públicas y, en especial, a los
operadores de la justicia el deber de promover el debate procesal en condiciones de
igualdad en el ejercicio del derecho de contradicción entre la acusación y la
defensa91.

3.7.1.4. Sin embargo, la igualdad de armas no significa absoluta igualdad de trato en todas
las etapas procesales ni el deber legal de establecer idénticos contenidos del
proceso, pues este principio debe ser compatible con la potestad de configuración
del debido proceso que corresponde libremente al legislador dentro del marco
constitucional. En efecto, en aras de proteger la igualdad de oportunidades en el
proceso penal no podría pretenderse que los intervinientes y todos los sujetos
procesales tengan idénticas condiciones sustanciales y procesales para ejercer sus
derechos, puesto que ello conduciría a la uniformidad de los procedimientos y a la
anulación de la discrecionalidad del legislador para configurar el derecho92.

3.7.1.5. En este sentido, se ha venido sosteniendo reiteradamente que el principio de


igualdad de armas puede admitir limitaciones, especialmente justificables en la
etapa de investigación penal, puesto que a pesar de que es fundamental que las
partes cuenten con los medios procesales suficientes para defender sus intereses en
el proceso penal, esa igualdad de trato no puede conducir a la eliminación de la
estructura de partes que consagra el sistema penal acusatorio93.

3.7.2. Fundamento constitucional

El principio de “igualdad de armas” en el proceso penal acusatorio es un imperativo


constitucional que no solamente se deduce del artículo 13 de la Carta, sino también
del Acto Legislativo número 3 de 2002 que señaló la estructura del nuevo proceso
penal, y éste constituye una de las premisas fundamentales del mismo, pues está
dirigido a garantizar que el acusador y el acusado tengan a su alcance posibilidades
reales y ciertas para ejercer sus derechos y las herramientas necesarias para situarse
en un equilibrio de poderes y hacer respetar sus intereses94:

3.7.2.1. La aplicación del principio de igualdad de armas en el proceso penal hace parte del
núcleo esencial de los derechos al debido proceso y de igualdad de trato jurídico
para acceder a la justicia (artículos 29, 13 y 229 de la Constitución), según el cual
las partes deben contar con medios procesales homogéneos de acusación y defensa,
89 Sentencias de la Corte Constitucional T-1110 de 2005. M.P. Humberto Sierra Porto y C-118 de 2008, M.P. Marco
Gerardo Monroy Cabra.
90 Sentencia de la Corte Constitucional C-536 de 2008, M.P. Jaime Araújo Rentería.
91 Sentencia de la Corte Constitucional C-118 de 2008, M.P. Marco Gerardo Monroy Cabra.
92 Sentencia de la Corte Constitucional C-118 de 2008, M.P. Marco Gerardo Monroy Cabra.
93 Sentencia de la Corte Constitucional C-118 de 2008, M.P. Marco Gerardo Monroy Cabra.
94 Sentencia de la Corte Constitucional C-118 de 2008, M.P. Marco Gerardo Monroy Cabra.
38

de tal manera que se impida el desequilibrio entre las partes y, por el contrario, se
garantice el uso de las mismas posibilidades y cargas de alegación, prueba e
impugnación. La desigualdad institucional, evidente en el sistema penal acusatorio
(el aparato estatal investigativo, por regla general, tiene mayor fortaleza económica,
orgánica y funcional, que la defensa a cargo de los particulares), supone la necesaria
intervención legislativa para superarla y propiciar la igualdad de trato y de
oportunidades de defensa95.

3.7.2.2. Por otro lado, el principio de igualdad de armas es un elemento esencial del
derecho de defensa, de contradicción, y más ampliamente del principio de juicio
justo, y hace relación a un mandato según el cual, cada parte del proceso penal debe
poder presentar su caso bajo unas condiciones y garantías judiciales, que permitan
equilibrar los medios y posibilidades de actuación procesal96.

3.7.2.3. En este sentido, la jurisprudencia constitucional ha sido enfática en sostener que


este principio hace parte del núcleo esencial de los derechos a la defensa y al debido
proceso,97 y su garantía plena es particularmente relevante si se considera que de su
ejercicio se deriva la garantía de otros derechos como el de igualdad de
oportunidades e instrumentos procesales98. Al respecto ha señalado la Corte
Constitucional:“En resumen, para esta Corte el derecho de defensa en materia
penal encuentra uno de sus más importantes y esenciales expresiones en el
principio de igualdad de armas, en procura de garantizar la protección de los
imputados frente a aquellas situaciones que desequilibran su actuación en el
proceso”99.

3.7.2.4. A partir de ello, la protección del principio de defensa y contradicción debe


garantizarse, de tal manera que se permita en el desarrollo del proceso penal, tomar
medidas para equiparar en el mayor grado que se pueda, las posibilidades para que el
imputado, el acusado y su defensa presenten el caso desde una posición que no sea
manifiestamente desventajosa frente a la Fiscalía100.

3.7.3. La igualdad de armas en el sistema procesal penal con tendencia acusatoria

3.7.3.1. El principio de igualdad de armas constituye una de las características


fundamentales de los sistemas penales de tendencia acusatoria, pues la estructura de
los mismos, contrario a lo que ocurre con los modelos de corte inquisitivo, es
adversarial, lo que significa que en el escenario del proceso penal, los actores son
contendores que se enfrentan ante un juez imparcial en un debate al que ambos
deben entrar con las mismas herramientas de ataque y protección101.

3.7.3.2. En relación con el nuevo sistema acusatorio, la Corte ha concluido que la igualdad
de armas es una característica esencial de los sistemas penales de tendencia
acusatoria, en cuanto éstos tienen una configuración estrictamente adversarial, esto
es, que tanto el ente acusador como el acusado se deben enfrentar en igualdad de
condiciones en materia de acusación y defensa, ante un juez imparcial que debe

95 Sentencias de la Corte Constitucional C-396 del 2007, M.P.: Rodrigo Escobar Gil y C-536 de 2008, M.P. Jaime Araújo
Rentería.
96 Sentencia de la Corte Constitucional C-536 de 2008, M.P. Jaime Araújo Rentería.
97 Sentencias de la Corte Constitucional C-507 de 2001, M.P. Álvaro Tafur Galvis; C-131 de 2002, M.P. Jaime Córdoba
Triviño; C-228 de 2002, M.P. Manuel José Cepeda Espinosa y Eduardo Montealegre Lynett; C-040 de 2003, M.P. Clara
Inés Vargas Hernández; C-328 de 2003, M.P. Manuel José Cepeda Espinosa y C-152 de 2004 M.P. Jaime Araújo
Rentería.
98 Sentencia de la Corte Constitucional C-617 de 1996, M.P. José Gregorio Hernández Galindo.
99 Sentencia de la Corte Constitucional C-536 de 2008, M.P. Jaime Araújo Rentería.
100 Sentencia de la Corte Constitucional C-536 de 2008, M.P. Jaime Araújo Rentería.
101 Sentencia de la Corte Constitucional C-1194 de 2005, M.P. Marco Gerardo Monroy Cabra.
39

valorar el acerbo probatorio para fallar. Así lo ha expresado la Corte 102: “(E)l
principio de igualdad de armas constituye una de las características fundamentales
de los sistemas penales de tendencia acusatoria, pues la estructura de los mismos,
contrario a lo que ocurre con los modelos de corte inquisitivo, es adversarial, lo
que significa que en el escenario del proceso penal, los actores son contendores que
se enfrentan ante un juez imparcial en un debate al que ambos deben entrar con las
mismas herramientas de ataque y protección”103.

3.7.3.3. En virtud de lo anterior, la jurisprudencia de la Corte Constitucional ha reconocido


algunos efectos esenciales del principio de igualdad de armas dentro de los cuales
cabe destacar los siguientes:

3.7.3.3.1. La defensa debe estar en posibilidad de conocer los elementos de juicio que se
encuentra a disposición de la Fiscalía, pues de ellos depende el diseño de su
estrategia defensiva:“Por ello, en aras de mantener el equilibrio de la contienda y
de garantizar la vigencia del plano de igualdades en el debate, en otras palabras,
con el fin de hacer realidad el principio de la igualdad de armas, la defensa debe
estar en posibilidad de conocer los elementos de juicio que se encuentra a
disposición de la Fiscalía, pues de ellos depende el diseño de su estrategia
defensiva”104.

3.7.3.3.2. La Fiscalía debe conocer también el material de convicción que la defensa ha


podido recopilar desde el momento en que presentó la formulación de la imputación
e, incluso, desde el instante en que tuvo conocimiento de la existencia de la
indagación preliminar, si así hubiese ocurrido. Por ello, en la diligencia de
descubrimiento, el fiscal también puede pedir a la defensa que entregue copia de los
elementos materiales de convicción, de las declaraciones juradas y demás medios
probatorios que pretenda hacer valer en el juicio105.

3.7.3.3.3. El principio de igualdad de armas o igualdad de medios, también supone que


la carga probatoria del acusador es proporcional a sus medios y que las reglas de
ejercicio del principio contradictorio en virtud de esa carga, buscan equiparar la
participación en el proceso penal, tanto optimizando lo más posible las garantías de
la defensa, como incrementando la exigencia del cumplimiento de la labor
probatoria del acusador106.

3.7.3.3.4. Este principio tiene una aplicación importante relativa al pleno ejercicio de la
defensa penal, la cual incluye el contar necesariamente con un abogado, un
intérprete, o con la posibilidad de ser oído en defensa si fuere el caso, así como con
el tiempo y medios razonables para interactuar con quien va a obrar como
representante y, para ejercer las facultades en cuanto al recaudo de material
probatorio dentro del proceso penal, la solicitud de las pruebas que considere
pertinentes y la interacción frente a las pruebas que presente el ente acusador107.

3.7.3.3.5. La defensa debe estar en posibilidad de ejercer las facultades que le han sido
otorgadas por la misma ley para el recaudo, solicitud y contradicción de pruebas,
tanto en la etapa de investigación como en la etapa de juicio, y ello sin ninguna
limitante por parte de su contraparte, esto es, del ente acusador, sino con las
restricciones propias del Estado de Derecho respecto de la afectación de terceros y
la vulneración de derechos fundamentales, control que le corresponde ejercer a un
102 Sentencia de la Corte Constitucional C-536 de 2008, M.P. Jaime Araújo Rentería.
103 Sentencias de la Corte Constitucional C-1194 del 2005, M.P.: Marco Gerardo Monroy Cabra y C-536 de 2008, M.P.
Jaime Araújo Rentería.
104 Sentencia de la Corte Constitucional C-1194 de 2005, M.P. Marco Gerardo Monroy Cabra.
105 Sentencia de la Corte Constitucional C-1260 de 2005, M.P. Clara Inés Vargas Hernández.
106 Sentencia de la Corte Constitucional C-536 de 2008, M.P. Jaime Araújo Rentería.
107 Sentencia de la Corte Constitucional C-536 de 2008, M.P. Jaime Araújo Rentería.
40

juez de la República, en la etapa de investigación al juez de control de garantías y en


la fase de juicio al juez de conocimiento108.

3.7.3.3.6. El principio de igualdad de armas tiene aplicación también en relación con la


posibilidad para el imputado y su defensa de escoger la entidad de carácter técnico
científico que deba conceptuar respecto del material probatorio recaudado por el
imputado y su defensor durante la etapa de investigación, y no estar sujeto a una
entidad que depende de su contraparte, esto es, del ente acusador109.

3.8. ANÁLISIS DE LA CONSTITUCIONALIDAD DE LA NORMA


DEMANDADA

La jurisprudencia de la Corte Constitucional ha venido reconociendo una serie de


requisitos necesarios para la procedencia de los cargos por omisión legislativa
relativa.

La Sentencia C-427 de 2000110 decidió abstenerse de emitir pronunciamiento sobre


el artículo 9º de la Ley 399 de 1997, salvo en cuanto a su parágrafo el cual se
declaró exequible. En esta sentencia, la Corte Constitucional definió los requisitos
para que el cargo de inconstitucionalidad por omisión pueda prosperar: (i) que exista
una norma sobre la cual se predica; (ii) que una omisión en tal norma excluya de sus
consecuencias aquellos casos que, por ser asimilables, deberían subsumirse dentro
de su presupuesto fáctico (iii) que dicha exclusión no obedezca a una razón objetiva
y suficiente; (iv) que al carecer de una razón objetiva y suficiente, la omisión
produzca una desigualdad injustificada entre los casos que están y los que no están
sujetos a las consecuencias previstas por la norma y; (v) que la omisión implique el
incumplimiento de un deber constitucional del legislador.

Estos requisitos fueron reconocidos con algunos matices en las sentencias: C-780 de
2003111 , C-800 de 2005112, C-192 de 2006113, C-891 A de 2006114, C-1043 de
2006115, C-240 de 2009116, C-936 de 2010117, C-090 de 2011118, C-100 de 2011119, C-
127 de 2011120, C-600 de 2011121 y C-619 de 2011122, en virtud de lo cual
actualmente la jurisprudencia de la Corte Constitucional el análisis de la existencia
de una omisión legislativa exige el estudio de los siguientes criterios:

3.8.1. Que exista una norma sobre la cual se predique necesariamente el cargo

En este caso, la norma sobre la cual se predica el cargo se encuentra plenamente


determinada y corresponde al inciso tercero del artículo 443 de la Ley 906 de 2004,
en virtud del cual: “Finalmente, la defensa, si lo considera pertinente, expondrá
sus argumentos los cuales podrán ser controvertidos exclusivamente por la

108 Sentencia de la Corte Constitucional C-536 de 2008, M.P. Jaime Araújo Rentería.
109 Sentencia de la Corte Constitucional C-536 de 2008, M.P. Jaime Araújo Rentería.
110 M.P. Vladimiro Naranjo Mesa.
111 M.P. Marco Gerardo Monroy Cabra
112 M.P. Alfredo Beltrán Sierra. 
113 M.P. Jaime Cordoba Triviño. 
114 M.P. Rodrigo Escobar Gil. 
115 M.P. Rodrigo Escobar Gil. 
116 M.P. Mauricio González Cuervo.
117 M.P. Luis Ernesto Vargas Silva. 
118 M.P. Jorge Ignacio Pretelt Chaljub. 
119 M.P. María Victoria Calle Correa.
120 M.P. María Victoria Calle Correa .
121 Sentencia de la Corte Constitucional C-600 de 2011, M.P. María Victoria Calle Correa. 
122 M.P. Humberto Antonio Sierra Porto.
41

Fiscalía. Si esto ocurriere la defensa tendrá derecho de réplica y, en todo caso,


dispondrá del último turno de intervención argumentativa. Las réplicas se
limitarán a los temas abordados”.

3.8.2. Que la norma excluya de sus consecuencias jurídicas aquellos casos que, por
ser asimilables, tenían que estar contenidos en el texto normativo cuestionado,
o que el precepto omita incluir un ingrediente o condición que, de acuerdo con
la Constitución, resulta esencial para armonizar el texto legal con los mandatos
de la Carta

La norma demandada excluye la posibilidad de que las víctimas presenten una


réplica a los alegatos de conclusión de la defensa, pues coloca esa facultad
exclusivamente en la Fiscalía, lo cual constituye una manifestación de la libertad de
configuración del legislador en el diseño del proceso penal que no omite incluir un
ingrediente o condición que, de acuerdo con la Constitución, resulte esencial para
armonizar el texto legal con los mandatos de la Carta.

Si bien la Corte Constitucional ha reconocido múltiples derechos de las víctimas en


el sistema acusatorio, también ha señalado que su intervención directa puede ser
limitada durante juicio oral de acuerdo con las características de esa etapa procesal,
pues podría menoscabar otros derechos o principios como el de igualdad de armas,
lo cual es más notorio en la fase de juicio oral, teniendo en cuenta el carácter
adversarial de esta etapa:

“La intervención directa de la víctima en todas y cada una de las


instancias del proceso puede alterar los rasgos estructurales del sistema
penal colombiano y por esa vía menoscabar otros derechos o principios
como el de igualdad de armas. Es por ello que no en todos los casos es
admisible que los derechos y garantías otorgadas a las partes u otros
intervinientes se hagan extensivos a las víctimas y demás actores
procesales.
Esta circunstancia se hace particularmente notoria durante el juicio oral
y se explica por varias razones que ya han sido recogidas en la
jurisprudencia, las cuales se relacionan con la naturaleza adversarial de
esa etapa según la configuración dada por el Constituyente, el rol que
cumple la Fiscalía durante el juicio y la función constitucional de velar
por los derechos e intereses de la víctima y de garantizar una
comunicación efectiva con ella durante todo el proceso123”124.

En este sentido, la sentencia C – 209 de 2007 ha señalado que la posibilidad de


intervención directa es mayor en las etapas iniciales del proceso y menor en la
etapa del juicio:“De lo anterior surge entonces, que los elementos definitorios de
la participación de la víctima como interviniente especial en las diferentes etapas
del proceso penal depende de la etapa de que se trate, y en esa medida, la
posibilidad de intervención directa es mayor en las etapas previas o posteriores al
juicio, y menor en la etapa del juicio”125.

Teniendo en cuenta lo anterior, la Corte ha señalado que “la participación directa


de la víctima en el juicio oral implicaría una “modificación de los rasgos
estructurales del sistema penal acusatorio”, en lo concerniente al principio de
igualdad de armas, convirtiéndola en un segundo acusador en desmedro del
carácter adversarial entre Fiscalía e imputado”126.

123 Sentencias de la Corte Constitucional C-209 de 2007, M.P. Manuel José Cepeda Espinosa; C-396 de 2007, M.P.
Marco Gerardo Monroy Cabra y C-516 de 2007, M.P. Jaime Córdoba Triviño.
124 Sentencia de la Corte Constitucional C-260 de 2011, M.P. Jorge Iván Palacio Palacio.
125 Sentencias de la Corte Constitucional C-209 de 2007, M.P. Manuel José Cepeda Espinosa.
126 Sentencia de la Corte Constitucional C-260 de 2011, M.P. Jorge Iván Palacio Palacio.
42

De esta manera, no existe un mandato constitucional que exija que las víctimas
tengan una intervención directa en todas las etapas del juicio oral, pues por el
contrario, la jurisprudencia ha señalado que su participación en esta fase puede ser
menor, por cuanto en la misma se concentra el debate adversarial entre la Fiscalía y
el imputado. En este sentido, el grado de participación de las víctimas en esta fase
depende de la estructura del sistema acusatorio y de la posibilidad de que en la
actuación concreta se puedan afectar sus derechos a la verdad, a la justicia y a la
reparación.

3.8.3. La exclusión de la participación de las víctimas no carece de un principio de


razón suficiente

La Corte ha señalado que la participación directa de las víctimas en el juicio oral


puede limitarse cuando afecte los rasgos estructurales del sistema penal acusatorio y
comporte una alteración sustancial de la igualdad de armas, convirtiendo a la
víctima en un segundo acusador o contradictor en desmedro de la dimensión
adversarial de dicho proceso:

“sin embargo, dado que la posibilidad de ejercer estas facultades ocurre


en la etapa del juicio oral, sí existe una razón objetiva que justifica la
limitación de los derechos de la víctima, como quiera que su participación
directa en el juicio oral implica una modificación de los rasgos
estructurales del sistema penal acusatorio que comporta una alteración
sustancial de la igualdad de armas y convierte a la víctima en un segundo
acusador o contradictor en desmedro de la dimensión adversarial de
dicho proceso”127.

En este sentido, la Corte ha considerado que dado el carácter adversarial de esta


etapa del juicio penal y la necesidad de proteger la igualdad de armas, no puede la
víctima participar de manera autónoma y al margen de la actuación del fiscal:

“De conformidad con lo que establece el artículo 371, en la etapa del


juicio oral, el fiscal presentará la teoría del caso, y lo mismo hará la
defensa, pero dicho artículo no prevé que la víctima tenga participación
alguna en este momento del juicio oral. No obstante, tal como se señaló
al rechazar la posibilidad de que la víctima interviniera directamente
en la audiencia del juicio oral para controvertir pruebas o interrogar a
los testigos, aquí también está justificada la limitación de sus derechos.
Dado el carácter adversarial de esta etapa del juicio penal y la
necesidad de proteger la igualdad de armas, no puede la víctima
participar de manera autónoma y al margen de la actuación del fiscal”
128
.

Por lo anterior, la salvaguarda del carácter adversarial del sistema con tendencia
acusatoria y de la igualdad de armas que éste exige puede implicar que la
participación de la víctima sea limitada en algunos casos.

Como ya se señaló previamente, el principio de igualdad de armas exige que las


partes enfrentadas, es decir, la Fiscalía y la defensa, deben estar en posibilidad de
acudir ante el juez con las mismas herramientas de persuasión, los mismos
elementos de convicción, sin privilegios ni desventajas, a fin de convencerlo de sus
pretensiones procesales129.

127 Sentencias de la Corte Constitucional C-209 de 2007, M.P. Manuel José Cepeda Espinosa.
128 Sentencias de la Corte Constitucional C-209 de 2007, M.P. Manuel José Cepeda Espinosa y C-069 de 2009, M.P.
Clara Inés Vargas Hernández.
129 Sentencia de la Corte Constitucional C-536 de 2008, M.P. Jaime Araújo Rentería.
43

En este sentido, los alegatos de conclusión constituyen uno de los momentos


esenciales del debate adversarial, pues concentran la discusión y el debate jurídico
entre la acusación y la defensa, por ello no se pueden contemplar reglas que
impliquen un desbalance desproporcionado de la posición del acusado como
permitir que éste tenga que recibir al mismo tiempo las réplicas de varios
intervinientes como la Fiscalía, los apoderados de las víctimas e incluso el
Ministerio Público. Por ello es razonable que sólo la Fiscalía pueda presentar una
réplica a los alegatos de conclusión de la defensa.

Lo anterior, no quiere decir que las víctimas no puedan participar en los alegatos de
conclusión, pues la norma demandada permite que tengan una intervención inicial,
pero sin que puedan hacer réplicas posteriores, a lo cual cabe agregar que la propia
Fiscalía tiene el deber constitucional y legal de proteger los derechos de las víctimas
y por ello si presenta una réplica no deberá concentrarse solamente en la tutela del
interés de la sociedad, sino también en la protección de los derechos a la verdad, a la
justicia y a la reparación.

3.8.4. No se genera para los casos excluidos de la regulación legal una desigualdad
negativa frente a los que se encuentran amparados por las consecuencias de la
norma

Como se ha señalado, la limitación de los derechos de las víctimas durante el juicio


oral no genera una desigualdad, sino que busca evitar una desventaja injustificada,
tal como expresó la Corte Constitucional en la Sentencia C – 209 de 2007 al
referirse a la imposibilidad de que pudieran participar en la práctica de pruebas:

“Por ello, esta omisión no genera una desigualdad injustificada entre los
distintos actores del proceso penal, sino que busca evitar que la defensa
quede en una situación de desventaja en el juicio oral dados sus rasgos
esenciales definidos por el propio constituyente”130.

Por otro lado, la víctima no se encuentra desprotegida en aquellas actuaciones en las


cuales excepcionalmente no pueda intervenir durante el juicio oral, sino que en este
caso el ejercicio de sus derechos se materializará a través del fiscal, quien debe oír
al abogado de la víctima:

“Por lo tanto, la Corte reiterará que, dado que en las etapas previas del
proceso penal la víctima ha tenido la oportunidad de participar como
interviniente especial para contribuir en la construcción del expediente
por parte del fiscal, en la etapa del juicio oral la víctima, a través de su
abogado, podrá ejercer sus derechos sin convertirse en una parte que
pueda presentar y defender su propia teoría al margen del Fiscal, y en
esa medida, el ejercicio de sus derechos se materializará a través del
fiscal, quien debe oír al abogado de la víctima. Dada la importancia
que tiene para la víctima la posibilidad de que el fiscal le oiga, el juez
deberá velar para que dicha comunicación sea efectiva, y cuando así lo
solicite el fiscal del caso, decretar un receso para facilitar dicha
comunicación”131. (Resaltado fuera de texto)

Adicionalmente, debe tenerse en cuenta que las argumentaciones falsas, erróneas o

130 Sentencia de la Corte Constitucional C-209 de 2007, M.P. Manuel José Cepeda Espinosa.
131 Sentencias de la Corte Constitucional C-209 de 2007, M.P. Manuel José Cepeda Espinosa y C – 651 de 2011, M.P.
María Victoria Calle Correa.
44

incompletas que realice la defensa dentro de sus alegatos de conclusión deberán


verificarse por parte del Juez, quien como máximo guardián de la legalidad en el
proceso deberá verificar la certeza de lo dicho por todas las partes e intervinientes
durante el proceso penal.

De esta manera, la imposibilidad de que las víctimas presenten una réplica no


genera una desigualdad injustificada entre los distintos actores del proceso penal,
sino que busca evitar que la defensa quede en una situación de desventaja en el
proceso.

3.8.5. La omisión no es el resultado del incumplimiento de un deber específico


impuesto por el constituyente al legislador

La Corte Constitucional en la Sentencia C – 209 de 2007 señaló que la limitación


de la intervención de la víctima en el juicio oral no supone un incumplimiento por
parte del legislador del deber de configurar una participación efectiva de la víctima
en el proceso penal:

“(T)ampoco supone un incumplimiento por parte del legislador del


deber de configurar una intervención efectiva de la víctima en el
proceso penal, como quiera que la posibilidad de que la víctima (o su
apoderado) intervenga para controvertir los medios de prueba, los
elementos materiales probatorios y la evidencia física presentados en la
etapa del juicio oral, así como interrogar al testigo y oponerse a las
preguntas que se planteen en el juicio oral, se ejercerá a través del fiscal
con base en la actividad propia y en la de las víctimas en las etapas
previas del proceso, según los derechos que le han sido reconocidos en
esta sentencia y en la ley. En efecto, a lo largo del proceso penal, en las
etapas previas, la víctima ha podido participar como interviniente
especial en la construcción del caso para defender sus derechos, de tal
forma que en el juicio mismo éstos se proyectarán mediante la actividad
fiscal.
No obstante, la víctima, a través de su abogado, podrá ejercer sus
derechos en la etapa del juicio sin convertirse en una parte que pueda
presentar y defender su propio caso al margen del Fiscal. El conducto
para culminar en esta etapa final del proceso el ejercicio de sus
derechos es el fiscal, quien debe oír al abogado de la víctima. Así, por
ejemplo, éste podrá aportar a la Fiscalía observaciones para facilitar la
contradicción de los elementos probatorios, antes y durante el juicio
oral, pero solo el fiscal tendrá voz en la audiencia en aquellos aspectos
regulados por las normas acusadas. En el evento de que la víctima y su
abogado estén en desacuerdo con la sentencia podrán ejercer el derecho
de impugnarla, de conformidad con el artículo 177 de la Ley 906 de
2004”132.

En el mismo sentido, la Corte ha expresado que en la etapa del juicio oral la víctima,
a través de su abogado, podrá ejercer sus derechos sin convertirse en una parte que
pueda presentar y defender su propia teoría al margen del Fiscal, y en esa medida, el
ejercicio de sus derechos se materializará a través del mismo, quien debe oír al
abogado de la víctima:

“Por lo tanto, la Corte reiterará que, dado que en las etapas previas del
proceso penal la víctima ha tenido la oportunidad de participar como
interviniente especial para contribuir en la construcción del expediente

132 Sentencia de la Corte Constitucional C-209 de 2007, M.P. Manuel José Cepeda Espinosa.
45

por parte del fiscal, en la etapa del juicio oral la víctima, a través de su
abogado, podrá ejercer sus derechos sin convertirse en una parte que
pueda presentar y defender su propia teoría al margen del Fiscal, y en
esa medida, el ejercicio de sus derechos se materializará a través del
fiscal, quien debe oír al abogado de la víctima. Dada la importancia
que tiene para la víctima la posibilidad de que el fiscal le oiga, el juez
deberá velar para que dicha comunicación sea efectiva, y cuando así lo
solicite el fiscal del caso, decretar un receso para facilitar dicha
comunicación” 133. (Resaltado fuera de texto)

Por lo anterior, puede concluirse que la imposibilidad de que las víctimas presenten
una réplica a los alegatos de conclusión de la defensa no constituye un
incumplimiento de un deber específico impuesto por el constituyente al legislador.

3.9. Conclusiones

3.9.1. Sobre los derechos de las víctimas

3.9.1.1. El derecho a la verdad exige “revelar de manera plena y fidedigna los hechos
dentro de los cuales fueron cometidos los delitos” y comporta a su vez: (i) el
derecho inalienable a la verdad; (ii) el deber de recordar; y (iii) el derecho de las
víctimas a saber.

3.9.1.2. El derecho a la justicia implica que toda víctima tenga la posibilidad de hacer valer
sus derechos beneficiándose de un recurso justo y eficaz, para conseguir que su
agresor sea juzgado.

3.9.1.3. El derecho a la reparación integral comprende la adopción de medidas individuales


relativas al derecho (i) a la restitución, (ii) a la indemnización, (iii) a la
rehabilitación, (iv) a la satisfacción y (v) a la garantía de no repetición. En su
dimensión colectiva, involucra formas de satisfacción de alcance general como la
adopción de medidas encaminadas a restaurar, indemnizar o readaptar los derechos
de las colectividades o comunidades directamente afectadas por las violaciones
ocurridas.

3.9.1.4. La garantía de no repetición exige la adopción de medidas de carácter jurídico,


político, administrativo y cultural que promuevan la salvaguarda de los derechos de
las víctimas frente a nuevos delitos.

3.9.2. Sobre el análisis de la norma demandada

No se configuran los requisitos exigidos por la jurisprudencia para el


reconocimiento de una omisión legislativa relativa por los siguientes motivos:

3.9.2.1. La norma no omite incluir un ingrediente o condición que, de acuerdo con la


Constitución, resulta esencial para armonizar el texto legal con los mandatos de la
Carta, pues no existe un mandato constitucional que exija que las víctimas tengan
una intervención directa en todas las etapas del juicio oral, pues por el contrario, la
jurisprudencia ha señalado que su participación en esta fase puede ser menor, ya
que en la misma se concentra el debate adversarial entre la Fiscalía y el imputado.
En este sentido, el grado de participación de las víctimas en esta fase depende de la
133 Sentencia de la Corte Constitucional C-209 de 2007, M.P. Manuel José Cepeda Espinosa.
46

estructura del sistema acusatorio y de la posibilidad de que en la actuación concreta


se puedan afectar sus derechos a la verdad, a la justicia y a la reparación.

3.9.2.2. La imposibilidad de que la víctima realice directamente una réplica en los alegatos
de conclusión es razonable, pues éstos concentran el debate y la pugna entre la
acusación y la defensa y por ello no pueden contemplar reglas que impliquen un
desbalance desproporcionado de la posición del acusado como permitir que éste
tenga que recibir al mismo tiempo las réplicas de varias partes e intervinientes
como la Fiscalía, los apoderados de las víctimas e incluso el Ministerio Público.

Lo anterior, no quiere decir que las víctimas no puedan participar en los alegatos de
conclusión, pues la norma demandada permite que tengan una intervención inicial, a
lo cual cabe agregar que la propia Fiscalía tiene el deber constitucional y legal de
proteger los derechos de las víctimas y por ello si presenta una réplica no deberá
concentrarse en la tutela del interés de la sociedad, sino también de la protección de
los derechos a la verdad, a la justicia y a la reparación.

3.9.2.3. La imposibilidad de que las víctimas presenten una réplica no genera una
desigualdad injustificada entre los distintos actores del proceso penal, sino que
busca evitar que la defensa quede en una situación de desventaja en el debate
procesal.

3.9.2.4. Finalmente, la imposibilidad de que las víctimas presenten una réplica a los
alegatos de conclusión de la defensa no constituye un incumplimiento de un deber
específico impuesto por el constituyente al legislador, pues la ley puede limitar la
participación de la víctima en la etapa de juicio oral si se afectan los rasgos
esenciales del sistema acusatorio como el principio de igualdad de armas.

3. DECISIÓN

Con fundamento en las consideraciones precedentes, la Sala Plena de la Corte


Constitucional, administrando justicia en nombre del pueblo y por mandato de la
Constitución,

RESUELVE:

PRIMERO. Declarar EXEQUIBLE por el cargo analizado, el inciso tercero del artículo
443 de la Ley 906 de 2004.

Cópiese, notifíquese, comuníquese, cúmplase y archívese el expediente.

LUIS ERNESTO VARGAS SILVA


Presidente
Ausente con excusa

MARÍA VICTORIA CALLE CORREA MAURICIO GONZÁLEZ CUERVO


Magistrado Magistrado
Impedimento aceptado
47

LUIS GUILLERMO GUERRERO PÉREZ GABRIEL EDUARDO MENDOZA MARTELO


Magistrado Magistrado

GLORIA STELLA ORTIZ DELGADO JORGE IVAN PALACIO PALACIO


Magistrada Magistrado

JORGE IGNACIO PRETELT CHALJUB MARTHA VICTORIA SÁCHICA MÉNDEZ


Magistrado Magistrada

SONIA VIVAS PINEDA


Secretaria General

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