Consejo Superior de la Judicatura
Consejo Seccional de la Judicatura del Atlántico
Tribunal Superior del Distrito Judicial de Barranquilla
Sala de Decisión Penal
CUI: 11 001 60 00 000 2018 00820 05
Radicación Interna: 2020-00112-P-CJ.
Procesado: Ramón Navarro Pereira
Delito: Enriquecimiento ilícito de particulares y otros.
Procedencia: Juzgado Único Penal del Circuito Especializado de Barranquilla
Funcionario: Jorge Torregroza Monsalve
Ponente: Jorge Eliecer Cabrera Jiménez
Acta N° 244
Proyecto
Barranquilla D. E.I.P., veintidos
dieciséis(22)
(16) de octubre de dos mil veinte (2.020).
Asunto
Resuelve la Sala de decisión penal los recursos de apelación
oportunamente por la defensa técnica del procesado y el representante del
ministerio público, en contra de la sentencia de fecha 7 de septiembre de
2.020, mediante la cual el Juzgado Único Penal del Circuito Especializado
de Barranquilla, declaró penalmente responsable a Ramón Navarro
Pereira de las conductas punibles de enriquecimiento ilícito de
particulares, falsedad en documento privado y administración desleal, a la
pena de prisión 55 meses de prisión y multa de 25.005 salarios mínimos
mensuales vigentes a la fecha de los hechos.
Antecedentes relevantes
Los hechos por los que se inició la investigación penal contra
Ramón Navarro Pereira, guardan relación con las actuaciones que
desarrolló como gerente de la empresa Triple A S.A. E.S.P., junto a la
gerente financiera de esa misma entidad Julia Margarita Serrano Monsalve
y a funcionarios de la empresa Inassa S.A., de la empresa Recaudos y
Tributos S.A. – R Y T S.A.- entre los años 2012 a 2015 en beneficio propio
y de la sociedad Inassa S.A., abusando de sus funciones para disponer de
los bienes de la sociedad de manera irregular y apropiarse de la suma de
Palacio de Justicia, Carrera 45 No. 44-12 Piso 2. Oficina 101.
Telefax: 3402093 [Link]
Correo electrónico: secpenbqlla@[Link]
Barranquilla – Atlántico. Colombia
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$[Link]., mediante la creación de 54 órdenes de pedido ficticias
y cuatro contratos de consultoría simulados cuyo objeto era el estudio de
viabilidad normativa para la aplicación de un mercado regional con base
en la Resolución CRA628 de 2013 y que suscribieron por una parte Ramón
Navarro Pereira en calidad de gerente de Triple A S.A. E.S.P. y Edmundo
Rodríguez Sobrino como gerente de Inassa S.A., y por otra los señores
Diego García Arias y Juan Acosta.
Esos gastos, según el ente acusador, se acreditaron como
operaciones normales de la empresa Triple A S.A. E.S.P., registradas en
los libros de contabilidad, declaración de renta de los respectivos años y
en cálculos para cancelar dividendos a los accionistas Inassa S.A., socios
particulares y al Distrito de Barranquilla, así como también los porcentajes
por regalías.
Por lo anterior, la Fiscalía formuló imputación en contra de Ramón
Navarro Pereira, por la presunta comisión de los delitos de enriquecimiento
ilícito de particulares, administración desleal, falsedad en documento
privado en concurso homogéneo sucesivo, en concurso con falsedad en
documento privado, bajo la modalidad de determinador; quien en
audiencia de fecha 21 de marzo de 2018 ante el Juez Quince Penal
Municipal con Funciones de Control de Garantías de esta ciudad, aceptó
los cargos formulados.
De la sentencia recurrida
Luego de hacer un recuento de los hechos descritos por la Fiscalía
en su escrito de acusación, el juez de primera instancia hace algunas
consideraciones sobre la materialidad de las conductas punibles de
enriquecimiento ilícito de particulares, administración desleal y falsedad en
documento privado que en concurso homogéneo y sucesivo aceptó haber
cometido el señor Ramón Navarro Pereira, afirmando que resultan
suficientes los elementos materiales probatorios que acompañan el
allanamiento a los cargos por parte del procesado y que no existen dudas
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sobre la vulneración que causó con su comportamiento a los bienes
jurídicos amparados en el Código Penal, que en su sentir, lo hace
merecedor de un reproche sobre todo por el dolo que acompaña la
comisión de los punibles.
Así las cosas y por estimar que la aceptación unilateral de los
cargos es vinculante, decide declarar la responsabilidad penal que le
asiste a Ramón Navarro Pereira por las conductas delictivas de
enriquecimiento ilícito de particulares, administración desleal y falsedad en
documento privado por las que impone una pena de 55 meses de prisión
que resultó luego de descontar el 50% de rebaja de la pena que reconoció
al procesado por haber aceptado la responsabilidad de las conductas
punibles en la audiencia de formulación de imputación. En cuanto a la
multa, impuso como pena principal a Ramón Navarro Pereira el pago de
25.005 salarios mínimos mensuales vigentes en el año 2015.
Al estudiar los mecanismos sustitutivos de la pena, encontró el juez
que respecto a la suspensión condicional de la ejecución de la pena, no se
cumplía con el requisito objetivo porque la pena impuesta para los delitos
objeto de condena, exceden los 48 meses de prisión y además porque el
delito de enriquecimiento ilícito de particulares está excluido de beneficios
en el numeral 2° del artículo 23 de la Ley 1709 de 2014.
Sin embargo, concede el sustituto de prisión domiciliaria tras
estimar que, aunque no se cumple con el requisito objetivo consistente en
que la pena mínima de prisión para cada punible sea inferir a 5 años y que
está excluido de beneficios, sí se cumplen las condiciones establecidas en
el artículo 314, numeral 2° del Código de Procedimiento Penal, que prevé
la sustitución de la prisión para aquellos imputados o acusados que sean
mayor a sesenta y cinco (65) años de edad, siempre que su personalidad,
naturaleza y modalidad del delito lo aconsejen. Tiene en cuenta también,
que, según el certificado de la condición de salud del procesado, este
padece de diabetes y problema psiquiátricos, por lo que ordenar una
prisión intramural –afirma el a quo- complicaría su situación para éste y
para su esposa que también padece de hipertensión.
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Recursos de apelación
Ministerio público:
El procurador judicial delegado interpone y sustenta el recurso de
apelación contra la sentencia condenatoria dictada en primera instancia
afirmando que, en primer lugar, el proceso penal adolece de nulidad por
violación a garantías fundamentales desde la audiencia de formulación de
imputación de cargos celebrada ante el Juez 15 Penal Municipal con
Funciones de Control de Garantías de Barranquilla el 21 de marzo de 2018
y la adición de imputación que se hizo el 22 de octubre de 2018, donde
Ramón Navarro Pereira aceptó de manera libre, espontánea y asistido de
su abogado de confianza, ser coautor de los delitos de enriquecimiento
ilícito de particulares en concurso con los punibles de administración
desleal y falsedad en documento privado, en concurso homogéneo y
sucesivo; y que con ellos, en su criterio, era evidente que el procesado
obtuvo un incremento patrimonial en favor de terceros y para sí de
veintinueve mil doscientos veintinueve millones setecientos sesenta y un
mil novecientos doce pesos ($[Link]).
Que en varias ocasiones solicitó tener en cuenta que si no se
devolvía la suma equivalente al incremento patrimonial para sí o para
terceros logrado con la comisión de las conductas punibles aceptada, no
se cumplía el requisito para que se terminara anticipadamente este
proceso penal y no debían ser concedidas las rebajas punitivas que
establece la ley; además, que en la audiencia de individualización de pena
lo reiteró y puntualizó sobre la improcedencia de subrogados penales por
la prohibición contenida en el artículo 68ª del Código Penal.
Sostiene que, pese a ello, el Juez no hizo efectiva la exigencia del
reintegro del incremento patrimonial producto de los delitos como lo
establece la reciente jurisprudencia sobre la materia que, incluso, lo
contempla como requisito, aunque la Fiscalía no haya afirmado que el
incremento patrimonial haya tenido lugar; sobre todo cuando en este caso
fácil se colige de la imputación fáctica, que tal evento si aconteció y se
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establecen las sumas a las que ascendió tal incremento patrimonial. Añade
que la declaración rendida por Edmundo Rodríguez Sobrino, carece de
veracidad y resulta contrario a lo aceptado por el procesado, por lo que no
debe ser tenido en cuenta.
Así entonces, afirma que como los jueces de control de garantías
ni el de conocimiento verificaron el cumplimiento del requisito legal del
reintegro del incremento patrimonial, debe declararse la nulidad de lo
actuado desde la audiencia de formulación de imputación a Ramón
navarro Pereira o, en su defecto, desde la decisión que aprobó el
allanamiento a los cargos para que se proceda a su rechazo.
Adicionalmente, hace algunas consideraciones sobre la
dosificación punitiva que realiza el juez de primera instancia y afirma que
no responde a las reglas establecidas en la ley, especialmente, la referida
a la motivación del proceso de individualización de la pena. Cuestiona que
el juez sin mayor explicación, se ubicó en el extremo mínimo del cuarto
menor de punibilidad sin ponderar la gravedad de la conducta, el daño real
causado, el dolo intenso que acompaño la comisión del desfalco, la
concurrencia de múltiples culpas y la necesidad de imponer una pena
ejemplar con la finalidad de cumplir con la prevención general y la
retribución justa.
Adicionalmente, señala que el juez erró al considerar sólo a partir
de la pena mínima más alta, que el delito de enriquecimiento ilícito era el
más grave y al incrementar el otro tanto por la falsedad en documento
privado sólo en cuatro meses cuando se trató de falsedades de cuatro (4)
contratos, cincuenta y cuatro (54) órdenes de servicio y nueve (9) facturas
simuladas.
Finalmente, expresa que la rebaja del 50% de la pena a imponer no
tenía lugar si se tiene en cuenta que el único beneficio reportado por la
aceptación de cargos, fue el de economía procesal; pero que no se obtuvo
como se debía el descubrimiento de la realidad material habida cuenta que
para la realización de las conductas punibles participaron otras personas
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que no ha sido judicializadas, así como tampoco se obtuvo la devolución
del dinero apropiado.
Del traslado a los no recurrentes:
- La defensa del procesado:
La defensa técnica de Ramón Navarro Pereira, considera que la
nulidad solicitada por el procurador judicial no es procedente porque no
cumple con los principios que las orientan según la jurisprudencia penal.
Agrega que el ministerio público, realiza afirmaciones sin sustento
en los medios de conocimiento que obran en la actuación, como cuando
sostiene que su defendido obtuvo incremento patrimonial, aspecto que
puntualiza no fue objeto de demostración alguna por parte de la Fiscalía,
ni aun, cuando el juez de control de garantías se lo inquirió al momento de
estudiar la inferencia razonable para imponer la medida de aseguramiento.
Afirma también que el momento para debatir el supuesto incremento
patrimonial, lo era la audiencia de verificación de allanamiento, pero ello
no se hizo y se carecía de medios de conocimiento que acompañaran tal
afirmación, como también la que hizo el representante del ministerio
público, de que la disposición de los recursos conllevaba necesariamente
a la apropiación de los mismos, lo que no ocurrió.
Además, la defensa recuerda que el ministerio público guardó
silencio ante el juez de control de garantías cuando el procesado aceptó
los cargos y en el debate sobre el reconocimiento de víctimas coadyuvó la
petición de la defensa de que se excluyera como tal a la empresa Inassa
por haber sido ésta la destinataria de los dineros. Con ello, considera que
la causal de nulidad se convalidó y, además, que no se cumple con el
principio de protección.
Sobre el principio de instrumentalidad, sostiene que el acto del
allanamiento a cargos cumplió su finalidad y que incluso, su defendido es
el único involucrado en estos hechos que ha ofrecido y pagado una
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reparación a las víctimas. Y sobre el de trascendencia, concluye que no
tiene ese carácter y que las decisiones judiciales traídas para soportar la
petición de nulidad no son del todo aplicables a este asunto, pues de
exigirse el reintegro patrimonial que no tuvo su apadrinado judicial, no sólo
se le obligaría a lo imposible, sino que se causaría un enriquecimiento sin
causa porque tanto él como los demás procesados por estos hechos,
tendrían que pagar una suma que resultaría superior a lo verdaderamente
apropiado.
Para terminar, considera que la pena fue debidamente dosificada y
obedece a las circunstancias particulares del procesado que tiene 69 años
de edad y enfrentará una pena superior a cinco años.
Representante de víctimas:
En desacuerdo con los argumentos del ministerio público, el
representante de víctimas sostiene que el debate sobre la exigencia del
reintegro del incremento patrimonial ya fue resuelto, sólo que el recurso
que en su momento presentó el procurador judicial fue declarado desierto
y la nulidad que también propuso, fue denegada. Agrega que de optarse
por la declaratoria de nulidad por las razones propuestas, se estaría ante
la posibilidad de que el procesado opte por ser vencido en juicio, lo que
ubica a las víctimas en la situación de tener que esperar largo tiempo para
obtener una reparación.
En cuanto a la modificación de la pena impuesta, apoya los
argumentos del apelante en el sentido de que la pena impuesta no debe
obedecer a un descuento punitivo del 50% y que si bien el Juez debe
ubicarse en el primer cuarto de punibilidad, debe señalar la pena en el
extremo máximo del mismo atendiendo a la afectación causada por las
conductas punibles.
Recurso de apelación de la defensa técnica:
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La censura que el apoderado judicial del procesado hace a la
sentencia de primera instancia, guarda relación con la pena principal de
multa que se impuso a su defendido y que debido a su monto considera
es inconstitucional, infundada y excesiva.
Explica que la razón por la cual el legislador estableció una pena
de multa en la conducta punible de enriquecimiento ilícito era atacar los
incentivos económicos a través de una sanción pecuniaria igual al valor de
ese incremento patrimonial; de ahí que, en este caso, al reconocerse en la
sentencia que Ramón Navarro no obtuvo ningún incremento patrimonial,
la pena de multa no era necesaria. Por otra parte, estima que al imponerse
la multa que se ordenó por el juez de primera instancia ocurrió una
verdadera confiscación y una sanción perpetua, porque sobre bienes de
su defendido que este no obtuvo como fruto del delito se está aplicando
este tipo de sanción y, además, porque de ser así el pago de esa multa
sería imposible porque solo podría hacerse por amortización y/o trabajo
social o arresto y ninguna de esas dos opciones sería viable si se observa
que el procesado tiene 68 años de edad.
Finalmente, indica que existe un error en el monto del
enriquecimiento que se tuvo en cuenta para calcular la multa porque si
bien la suma de las facturas era de $[Link], lo cierto es que de
ese valor debe descontarse el 16% que corresponde al IVA que pasó a
manos de la DIAN, es decir que al patrimonio de los terceros solo ingresó
$[Link],08.
Además, que en vista de que Triple A estaba conformada en un
83% por acciones controladas por el grupo empresarial INASSA y el dinero
se giró a esa misma entidad, sólo puede hablarse de una apropiación del
17% de esos dineros que debían estar en cabeza del Distrito y de los
socios minoritarios, por lo que el incremento patrimonial de los terceros por
estos hechos solo pudo ser de $[Link],03.
Por estas razones, solicita que se modifique parcialmente el
numeral tercero de la parte resolutiva de la decisión impugnada.
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Traslado a los no recurrentes:
Fiscalía:
El delegado del ente investigador, se opone a los argumentos
presentados en el recurso de apelación por el defensor técnico porque
considera que la norma penal preexistente al momento de los hechos, no
establece diferencia al imponer la sanción de multa para aquel que cometa
el delito de enriquecimiento ilícito a favor de terceros y que, tampoco es
esta la vía para alegar la inconstitucionalidad de una sanción penal que
viene establecida en la ley.
Finalmente, en lo que respecta al monto de la multa, tampoco
considera el fiscal que exista un error porque la ley no establece que deba
hacerse un descuento de ella por el pago de impuestos o algún otro
emolumento que haya generado la apropiación. Por todo ello, solicita que
se mantenga la decisión de primera instancia.
Representante de víctimas:
Frente a la imposición de la pena de multa, considera contrario al
apelante, que no hay error alguno porque está establecida en la ley de
forma independiente de sí el enriquecimiento ocurrió para sí o para un
tercero. Explica que la pena de multa debe pagarse a favor del tesoro
nacional, por lo que no puede decirse que tenga una finalidad resarcitoria
y que el juez, en el caso actual, no tiene habilitación para prescindir de
este tipo de pena.
Se opone al argumento de que la multa implique confiscación y
hace algunas precisiones conceptuales sobre ello, además, precisa que la
multa no recae sobre bien particular alguno de su defendido, no es
arbitraria y no es una represalia. Finalmente, arguye que tampoco se trata
de prisión perpetua porque, además, de la amortización mediante trabajo
o la conversión a arresto, existen otras alternativas para cumplir con la
pena de multa, tal como lo es el pago por cuotas, que tampoco implica que
la pena esté imponiéndose por deudas.
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Para concluir, sostiene que no es acertado el cálculo que el
apelante hace sobre el valor apropiado porque de ese mismo no puede
deducirse lo que estuvieron obligados a pagar por impuestos al hacer las
operaciones ficticias, ni se puede descontar el porcentaje que
correspondería como socio mayoritario a INASSA porque todos esos
negocios tuvieron una causa ilícita. Por ello, solicita dejar incólume este
aparte de la sentencia de primera instancia.
Consideraciones de la Sala
Este Tribunal, en su sala de decisión penal, es competente para
conocer de los recursos del delegado del ministerio público y la defensa
técnica del procesado Ramón Navarro Pereira, en contra de la sentencia
condenatoria de primera instancia, luego de que aceptara los cargos que
por los delitos de enriquecimiento ilícito de particulares, falsedad en
documento privado y administración desleal, le hiciera la Fiscalía General
de la Nación, en audiencia de formulación imputación ante Juez de Control
de Garantías.
Recordemos que la justicia premial fue creada con el propósito de
humanizar la actuación procesal y la pena; obtener pronta y cumplida
justicia; activar la solución de los conflictos sociales que genera el delito;
propiciar la reparación integral de los perjuicios ocasionados con el injusto
y lograr la participación del imputado en la definición de su caso, por lo que
la Fiscalía y el imputado o acusado podrían llegar a preacuerdo que
impliquen la terminación del proceso o en caso de que éste aceptare
unilateralmente la responsabilidad penal endilgada, se le concedería a
cambio un beneficio por tal razón 1.
Entonces, lo que se pretende con la aceptación de la
responsabilidad en etapas tempranas del proceso penal, es que por un
lado el procesado obtenga una rebaja punitiva, y por otro, el Estado evite
el desgaste de sus recursos en la persecución penal – investigación y
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Artículo 348 ley 906 de 2004.
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juzgamiento-. La dimensión del beneficio para el Estado depende, por
supuesto, del nivel de desgaste que se logre evitar según la etapa procesal
en la que se produzca la manifestación voluntaria de allanarse a los
cargos, que según la ley procesal penal pueden ser tres, a saber: en la
audiencia de formulación de imputación (artículo 288.3), en la audiencia
preparatoria (artículo 255.5) y en el juicio oral (artículo 367); y por otro lado,
el beneficio para el procesado dependerá de otros múltiples aspectos y
condiciones que deben estudiarse en cada caso particular porque –se
aclara- la rebaja punitiva establecida por el legislador en cada una de esas
oportunidades no opera de forma automática.
Dicho lo anterior, la concreta petición del delegado del ministerio
público en contra de la sentencia condenatoria objeto de revisión lo es el
que se decrete la nulidad de todo lo actuado desde la audiencia preliminar
de formulación de la imputación adelantada ante el Juzgado Quince Penal
Municipal con Funciones de Garantías de Barranquilla, de fecha marzo 21
de 2018, en el preciso apartado procesal que guarda relación con la
aceptación de cargos por parte del procesado Ramón Navarro Pereira o
en su defecto a partir de la decisión que aprobó e impartió legalidad al
allanamiento a cargos del mismo procesado por parte del Juez Único
Penal del Circuito Especializado de esta urbe y, por último, de no prosperar
las súplicas referenciadas este Tribunal imponga una pena que responsa
a las previsiones de los artículos 59, 60 y 61 de la Ley 599 de 2.000 o
Código Penal en armonía con el artículo 351 de la Ley 906 de 2.004, sin
dejar de tener presentes las exigencias del artículo 349 de la misma.
Huelga precisar que aquí en sede de segunda instancia también
existen peticiones contrarias a las esbozadas por el delegado del
ministerio público y unas van auspiciando a esta Corporación la
confirmación de la sentencia de primer grado y otras, es decir, la de la
defensa que postula la variación de la pena de multa como principal para
que sea rebajada en su monto considerado por el juez.
Para responder a todas estas inquietudes en primer término
tenemos que decir que se trata de la apelación de una sentencia proferida
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por el Juez Único Especializado de Barranquilla, por parte del ministerio
público, quien en ejercicio legítimo y procesal según las atribuciones del
artículo 111, numeral 2°, literal a y b de la Ley 906 de 2.004, propende en
representación de la sociedad la condena e indemnización de perjuicios a
los intereses colectivos. Todo derivado del sustrato constitucional surto en
el artículo 277 de la Constitución Política precisamente en el numeral
séptimo que señala “intervenir en los procesos y ante las autoridades
judiciales o administrativas, cuando sea necesario en defensa del orden
jurídico, del patrimonio público o de los derechos y garantías
fundamentales.”
En el caso nuestro, la pretensión del ministerio público en
representación de la sociedad desborda o amplifica con mayor protección
la garantía fundamental de velar por los intereses de la sociedad en contra
de esa protección allende constitucional que se cierne en favor del
procesado y que lo constituye la no reformatio in peius misma que emerge
en el artículo 31 Superior cuando el condenado es apelante único.
Esto para significar que dentro de la configuración de las normas
que guían y estructuran la justicia premial sea por negociaciones,
allanamientos o preacuerdos quiso el legislador que aquellos indiciados,
imputados o procesados que manifestaran su voluntad, consciente y libre
amen de la información respectiva de acogerse a ellos el Estado, por
intermedio del aparato judicial le reporta ciertos beneficios dependiendo
las circunstancias ónticas y jurídicas donde se halle el avance de la
actuación judicial.
Existe y ha existido unos conflictos interpretativos de las normas
arriba señaladas y que en nuestro caso guardan estricta relación con que,
si el allanamiento a cargos y el preacuerdo son similares y por ende le
corresponde la misma rebaja punitiva o no encontrándose el procesado en
igualdad de fáctico, lesión a un bien jurídicamente tutelado y revelada la
manifestación consciente y libre de acogerse a los cargos – artículos 8,
131, 348 y siguientes y en especial el 349 cuya interpretación polémica
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desde diferentes orillas doctrina, jurisprudencia y posturas defensivas nos
lleva a diferentes caminos interpretativos-.
Surge en nuestro caso unas preguntas obligadas para la solución
del caso planteado:
1. ¿Se decreta la nulidad de todo lo actuado hasta la audiencia de
formulación de imputación verificada ante el juez de control de
garantías y en donde Ramón Navarro Pereira, acepta los
cargos?
2. ¿Se decreta la nulidad de la audiencia de aprobación del
allanamiento a cargos de Ramón Navarro Pereira, que se
realizara ante el Juez Único Penal del Circuito Especializado de
Barranquilla? O,
3. ¿Se modifica solo lo que tiene que ver con el quantum o monto
de la pena que corresponda sin la rebaja del 50% de ella porque
el allanado Ramón navarro Pereira, no restituyó según el artículo
349 de la Ley 906 de 2.004, el 50% de lo apropiado ni tampoco
garantizó el resto mediante una garantía legítima?
Para responder los anteriores interrogantes empecemos por el
primero y ahí dentro del marco de lo que se considera como un instrumento
válido que es la nulidad debemos señalar con vehemencia y conteste con
el principio de celeridad y eficacia de la administración de justicia, que la
doctrina y jurisprudencia, de vieja data considera la nulidad como un
castigo extremo o residual si no refulge ostensible y válidamente una
solución pragmática al quebranto de un derecho fundamental o garantías
procesales.
Porque si a la mano del funcionario judicial se encuentra una
solución que enderece el entuerto procedimental y sustancial sin que se
conspire por ese solo hecho con cualquier derecho puesto de relieve en el
escenario procesal, la solución debe ser esa y no otra habida cuenta que
en nada se afecta los poderes de postulación de las partes. Por eso no es
aconsejable en estos momentos acudir a la nulidad para resolver la súplica
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o pretensión del ministerio público frente a su disconformidad con la
sentencia de condena en la especie del guarismo punitivo aplicado al
procesado Ramón Navarro Pereira.
Tampoco se observa viable la nulidad del auto que aprueba el
allanamiento a cargos en sede del Juez del Circuito Especializado de
Barranquilla, en el entendido que son los mismos argumentos que se
exponen en el segmento anterior y que además encuentra un amplio aval
no decretar la nulidad pedida por el ministerio público, en una sentencia
de la Corte Suprema de Justicia2, cuando señaló:
“….aunque no se satisfaga la exigencia del artículo 348 del C.P.P.,
la consideración jurisprudencial puesta de presente no impide la
terminación anticipada del proceso por allanamiento a cargos en
los delitos en los cuales el sujeto activo de la conducta punible
hubiese obtenido incremento patrimonial fruto del mismo, siempre
que el imputado, como en todos los casos, esté debidamente
informado sobre las reales consecuencias de su manifestación libre
y voluntaria, entre las que se cuenta, en estos eventos, la no
concesión de rebaja punitiva.”
Ahora bien, según el artículo 349 de la Ley 906 de 2.004, si no se
reintegra el 50% de lo apropiado y no se garantice el resto del mismo, no
tendrá derecho a la rebaja del 50% de que habla el artículo 351 de la ley
en cita.
Como viene de tratarse en la sentencia de primera instancia y se
acepta allí que el procesado Ramón Navarro Pereira, obtuvo un
incremento patrimonial para sí o para un tercero fruto de la comisión de la
conducta punible de enriquecimiento de particular cuya descripción
normativa se encuentra descrita y sancionada en el artículo 327 de la Ley
906 de 2.004, entre otros delitos aceptados, al punto que es una verdad
ineluctable del proceso pero lo que se ausenta aquí es el reintegro de por
lo menos el 50% y mucho menos la garantía del resto del dinero apropiado.
Siendo así por mucho que se elucubre que no se sabe cuánto fue
el monto de lo apropiado por parte del procesado, que éste no le
2
SP2259-2018, 47681 de 20 de junio de 2019, M.P. Patricia Salazar Cuéllar.
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correspondió ni un penique de lo defraudado o que otro u otros fueron los
que se hicieron con el dinero de la empresa defraudada en razón o con
ocasión de una administración desleal achacada a Ramón Navarro
Pereira, ello conspira con la teleología y la esencia que concibió el
legislador de reproche penal para enquistar en la Ley 599 de 2.000, el
artículo 327.
Porque su existencia o la existencia del delito de enriquecimiento
ilícito de particular igual obedece a un principio muy encumbrado y propio
del pensamiento aristotélico que lo es el de la razón suficiente3 o el de no
contradicción4 en cuanto que aplicado al caso concreto comete
enriquecimiento ilícito, lo acepto; pero ningún dinero tengo con ocasión de
esta conducta punible y mucho menos sé el monto de ese dinero cuando
contrario a ello el dinero obtenido ilícitamente fluye objetivo como bien se
relaciona en el cuerpo de la sentencia objeto de apelación. Sobre este
punto ha dicho la Corte Suprema de Justicia que:
“… que no haya sido directamente en favor del procesado la
apropiación de los recursos estatales, no es óbice para exonerarlo
del cumplimiento de dicha obligación. En el delito de peculado por
apropiación se sanciona el hecho de sustraer el bien o bienes de la
órbita de custodia del Estado, ya sea que el consiguiente provecho
se produzca para sí mismo o en favor de terceros. Por ello, al
margen de quién es el beneficiado frente a esta clase de conductas,
en los eventos de terminación anticipada del proceso, enfatiza y
reitera la Sala, existe la obligación de reintegrar, como lo dispone
el artículo 349 de la Ley 906 de 2.004, por lo menos, el 50% del
dinero objeto del ilícito, y garantizar el recaudo del remanente”. 5
Como quiera que la solución se muestra manifiesta o diáfana frente
a las nuevas orientaciones que nos brinda la Corte Suprema de Justicia –
Sala Penal- que ratifica una posición del año 2005, en donde se hacía
3
La Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia en sentencias como CSJ SP, 13 feb. 2008, rad.
21844, y CSJ SP, 12 sep. 2012, rad. 36824, ha definido al principio de razón suficiente como "aquel que
reclama, en aras de reconocer el valor positivo de verdad de un enunciado, un motivo apto o idóneo para que
ello sea así y no de cualquier otra forma". En la decisión SP3006, 2015 se define también como el que "alude
a la importancia de establecer la condición -o razón- de la verdad de una proposición" o "a la aserción que
requiere de otra para ser reconocida como válida”.
4
En la SP Radicado 21844 de13 de febrero de 2008, M.P. Julio Enrique Socha Salamanca, se define así:
“El principio de no contradicción, que al igual que el de identidad y el del tercero excluido constituye una de las
bases de la llamada lógica clásica o formal, es el que permite valorar como no verdadero todo lo que encierra
una contradicción, en la medida en que, respecto de un tema y situación idénticos, es imposible afirmar que
algo sea y no sea de manera simultánea”.
5
AP2113-2010, 56903 de 2 de septiembre de 2.020, M.P. Luis Hernández Barbosa.
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Procesado: Ramón Navarro Pereira
alegoría a que el allanamiento y preacuerdos eran similares – Rad. 21347-
y por ello había que cumplir estrictamente con el artículo 349 de la Ley 906
de 2.004, cuando se trataba de delitos que concretan un incremento
patrimonial injustificado al sujeto agente de estos delitos o terceros y hoy
a partir de la sentencia Rad. 39831 de 27 de septiembre de 2.017, vale
decir que se exige que se devuelva por lo menos la mitad de lo apropiado
y se garantice el resto para que opere el beneficio punitivo.
Luego, de conformidad con la sentencia del 20 de julio de 2.018,
Rad. 47681 de la Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal,
avistada la solución a la inquietud del recurrente y teniendo en cuenta que
el procesado Ramón Navarro Pereira, no devolvió el 50% de lo apropiado
y mucho menos garantizó el resto, habrá que modificar el quatum punitivo
impuesto sin el beneficio del 50% de disminución de la pena como a
continuación se procede.
Dosificación punitiva:
La imputación aceptada por Ramón Navarro Pereira fue por el
delito de enriquecimiento ilícito de particulares en favor de terceros en
concurso con administración desleal y falsedad en documento privado en
concurso homogéneo sucesivo, por lo que desde ya se anuncia que para
establecer la pena definitiva deben seguirse las reglas establecidas en el
artículo 31 del Código Penal tanto por el concurso heterogéneo como por
el concurso homogéneo sucesivo, este último, por las varias falsedades
en documento privado que, a la postre, el juez de primera instancia no tuvo
en cuenta en la individualización de la pena a imponer.
En primer lugar, corresponde establecer los extremos punitivos que
establece la ley para cada una de las conductas en particular:
1. El Enriquecimiento ilícito de particulares en favor de terceros,
tiene una pena que va de 96 a 180 meses de prisión y multa
correspondiente al doble del valor del incremento ilícito logrado, sin que
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supere el equivalente de 50.000 salarios mínimos legales mensuales
vigentes. Los cuartos de punibilidad son los siguientes:
1° Cuarto 2° Cuarto 3° Cuarto 4° Cuarto
96 a 117 meses 117 a 138 meses 138 a 159 meses 159 a 180 meses
En cuanto a la multa, la Sala debe aclarar que el valor del
incremento patrimonial percibido es pese a las discusiones que propone el
defensor técnico, el que viene establecido en el escrito de acusación y que
corresponde a los valores que el procesado aceptó fueron producto de
falsas transacciones o negocios celebrados para lograr el desfalco de la
empresa que administraba. Y ello se entiende de esta forma porque esta
actuación transita por el sendero abreviado de terminación del proceso
penal lo que quiere decir que no hay lugar a debates probatorios ni
discusiones sobre el contenido fáctico de la imputación que libre y
conscientemente fue objeto de aceptación por parte de Ramón Navarro
Pereira, quien a su vez conocía las consecuencias de admitir su
responsabilidad porque así se le puso de presente en la audiencia
respectiva.
Así las cosas, como por medio de las órdenes de pedido ficticias se
logró el pago a terceros de la suma de $[Link] y con los falsos
contratos de servicios profesionales se pagó la suma de $[Link],
estos son los valores que deben tenerse en cuenta para establecer que la
multa a pagar es la máxima permitida en la ley, es decir los 50.000 salarios
mínimos legales vigentes a la época de los hechos, en vista de que el
doble del dinero objeto de enriquecimiento ilícito excede ese máximo legal.
Ahora, frente a la pena de prisión, la Sala debe ubicarse en el
primer cuarto de punibilidad porque no fueron imputadas circunstancias de
agravación punitiva ni de ninguna otra especie; no obstante, como
fundamento para fijar la pena por este delito, la Colegiatura observa que
la conducta de quien era nada más y nada menos que el gerente de una
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entidad prestadora de un servicio público es grave, no sólo por la
naturaleza del servicio que prestaba esa entidad sino por su carácter
esencial que le demandaba una mayor responsabilidad en el manejo de
los recursos que terminó desviando a favor de terceros para procurar en
ellos el enriquecimiento que aquí se le enrostra y que, finalmente, se causó
por lo que entonces el daño causado es real y amerita la imposición de
una pena que cumpla las finalidades, especialmente, las de prevención
general y retribución justa y que, bajo ese entendido, no puede ser otra
que la del extremo máximo que lo es 117 meses de prisión.
2. El delito de administración desleal descrito en el artículo 250B
de la Ley 599 de 2000, contempla una pena de prisión de 4 a ocho 8 años
y multa de 10 a 1.000 salarios mínimos legales mensuales vigentes, por lo
que los cuartos de punibilidad son los siguientes:
1° Cuarto 2° Cuarto 3° Cuarto 4° Cuarto
48 a 60 meses 60 a 72 meses 71 a 84 meses 84 a 60 meses
Por esta conducta punible, tampoco se imputa a Ramón Navarro
Pereira, circunstancia de agravación punitiva por lo que,
indefectiblemente, la Sala debe ubicarse en el primer cuarto de punibilidad
y en el extremo máximo del mismo habida cuenta de que la administración
desleal que aceptó cometer el procesado, tuvo lugar como expresión de
una conducta evidentemente consciente y con voluntad para afectar
gravemente el patrimonio económico de la empresa de la que era gerente;
título que además le permitió defraudar a la compañía que le encomendó
la administración de su objeto social, inclusive, de sus bienes y recursos
que terminaron indebidamente en manos de terceros. Por tal razón, la
pena a la que haría merecedor por este delito sería de 60 meses de
prisión y multa de 400 salarios mínimos mensuales vigentes; pero en
razón del concurso de conductas punibles, se considera imponer como
otro tanto a la pena del delito base el de 15 meses de prisión sin que sea
posible por la limitación establecida en el numeral 1° del artículo 39 del
Código Penal, acumular los 400 salarios mínimos mensuales vigentes de
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multa, porque con ello se excedería el máximo legal que impera para este
tipo de pena.
3. Para el delito de falsedad en documento privado, el artículo
289 ejusdem, indica una pena de prisión que va de 16 a 108 meses de
prisión, para la cual se fijan los siguientes cuartos de punibilidad:
1° Cuarto 2° Cuarto 3° Cuarto 4° Cuarto
16 a 39 meses 39 a 62 meses 62 a 85 meses 85 a 108 meses
Ramón Navarro Pereira aceptó haber falsificado 4 contratos
denominados consultorías para el estudio de viabilidad normativa para la
aplicación de un mercado regional con base en la resolución CRA628 de
2013, con un objeto contractual inexistente y con el propósito de
apropiarse de recursos pertenecientes a la empresa Triple A S.A. E.S.P.
y, a su vez, se realizaron 54 órdenes de pedidos ficticias creadas y
pagadas a nombre de Recaudos y Tributos (R y T S.A.) de propiedad del
grupo Inassa S.A., con la misma finalidad; de manera que, se trató de 58
falsedades en documentos privados, según la imputación que realizó la
Fiscalía General de la Nación.
Esta forma sistemática en la que se vulneró la fe pública sin ningún
reparo frente a la verdad que se esquilmaba en su calidad de gerente y
con un total desprecio por la labor que la empresa había encomendado en
tan alto cargo, permiten que la Sala, nuevamente por la intensidad del dolo
con el que actuó el procesado, por lo grave de su comportamiento y la alta
afectación causada con el mismo, se ubique en el extremo máximo del
primer cuarto de punibilidad para imponer la pena de prisión de 39 meses
de prisión por cada una de las falsedades en documento privado, que por
el concurso de conductas punibles se traducirán en otro tanto para sumar
a la pena del delito base de 1 mes por cada una de las falsedades, esto
es, 58 meses de prisión por las 58 falsedades en documento privado que
Ramón Navarro Pereira aceptó haber cometido.
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Así las cosas, la pena de prisión definitiva por el concurso
heterogéneo de conductas punibles de enriquecimiento ilícito de
particulares, administración desleal y falsead en documento privado en
concurso homogéneo sucesivo, será de 190 meses de prisión que
resultan de sumar la pena impuesta para el delito base y los otros tantos
por el concurso de conductas punibles sin exceder la suma aritmética de
las penas que correspondían a cada una de las conductas punibles
debidamente dosificadas, conforme al artículo 31 del Código Penal.
Así mismo, se impondrá una pena principal de multa de 50.000
salarios mínimos mensuales legales vigentes a la fecha de los
hechos, de conformidad con lo normado en el artículo 39 y 327 del Código
Penal.
En cuanto a los mecanismos sustitutivos de la pena, la sentencia
de primera instancia concedió a Ramón Navarro Pereira la prisión
domiciliaria tras verificar que, como la defensa técnica lo alegó en el
traslado correspondiente, el procesado cuenta con 68 años de edad y que,
por tanto, podría acceder a la sustitución con base en el numeral 2° del
artículo 314 de la Ley 906 de 2004; sin embargo, como tal como lo sostiene
el ministerio público, en nuestro caso tal concesión debe revocarse porque
no se cumplen los requisitos legales para ello tal como se explica a
continuación:
- Más allá de los topes punitivos que afectan el factor objetivo
de los mecanismos sustitutivos de la pena de prisión, el artículo 68ª del
Código Penal, es claro en establecer la exclusión de beneficios y
subrogados penales para quienes hayan sido condenados por, entre otros
delitos, enriquecimiento ilícito de particulares, es decir que en nuestro caso
no es posible conceder la suspensión condicional de la ejecución de la
pena ni la prisión domiciliaria como sustitutiva de la prisión intramural.
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- Si bien el inciso tercero del mismo artículo dispone que no se
aplicará tal exclusión cuando se trate de sustitución de la ejecución de la
pena en los eventos contemplados en los numerales 2°, 3°, 4° y 5° del
artículo 314 del Código de Procedimiento Penal, también lo es que, si nos
remitimos a esa norma, se establece que dicha sustitución es procedente
cuando: “2. El imputado o acusado fuere mayor de sesenta y cinco (65)
años, siempre que su personalidad, la naturaleza y modalidad del delito
hagan aconsejable su reclusión en el lugar de residencia.”
- Es decir, que el solo cumplimiento de una edad igual o mayor
a 65 años, no genera automáticamente la concesión del beneficio, sino
que le asiste al juzgador la obligación de considerar los aspectos
relacionados con la personalidad, naturaleza y modalidad del delito para
saber si la decisión de que cumpla la pena en su residencia es
aconsejable.
- En nuestro caso, es la naturaleza grave y la modalidad dolosa
de gran intensidad que operó en la comisión de las conductas punibles la
que no hace aconsejable que esa sustitución sea otorgada a Ramón
Navarro Pereira quien, a juicio de la Sala, deberá cumplir con la pena
impuesta intramuros para lograr las funciones de prevención general y
retribución justa por los hechos cometidos y aceptados por éste y porque
además, no se logró el reintegro de las cuantiosas sumas de dineros –
($[Link] por órdenes de pedido ficticias y $[Link] por
falsos contratos de servicios profesionales)- que salieron de las arcas
de Triple A S.A. E.S.P., que no se puede perder de vista es la empresa
que presta a miles de personas el servicio público esencial de agua
potable, acueducto y alcantarillado en la costa norte colombiana.
Por todo ello, se dispondrá oficiar al INPEC para que traslade a
Ramón Navarro Pereira, al lugar de reclusión intramural donde cumplirá la
pena aquí dispuesta en vista de que no cumple con los requisitos para
acceder a la prisión domiciliaria que le fuere otorgada en primera instancia
como tampoco, huelga aclarar, la suspensión condicional de la ejecución
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de la pena tanto por el monto de la misma como por la ya mencionada
exclusión de beneficios y subrogados.
Por último, la solicitud de libertad condicional que había sido
presentada y que se observa en el expediente sin contestar a la defensa
técnica de Ramón Navarro Pereira, no ha de atenderse porque está
basada en el cumplimiento parcial de la pena impuesta en la sentencia de
primera instancia y que precisamente en esta decisión se está modificando
en punto de su monto que, notoriamente, es mayor al que sirvió de base
para hacer el cálculo de las 3/5 partes que se requieren para acceder a
dicho subrogado penal.
En razón y mérito de lo anteriormente expuesto, esta Sala de
decisión Penal administrando justicia en nombre de la República de
Colombia,
Resuelve:
Primero: Revocar parcialmente la sentencia condenatoria objeto de
impugnación.
Segundo: Modificar el numeral tercero de la parte resolutiva de la
sentencia apelada y, en consecuencia, condenar a Ramón Navarro Pereira
a la pena principal de prisión de 190 meses y multa de 50.000 salarios
mínimos mensuales legales vigentes al momento de los hechos.
Tercero: Revocar el numeral quinto de la parte resolutiva de la sentencia
apelada y, en consecuencia, denegar la prisión domiciliaria y la sustitución
condicional de la ejecución de la pena a Ramón Navarro Pereira. En virtud
de lo anterior, ordenar al INPEC el traslado de Ramón Navarro Pereira, a
un lugar de reclusión intramural para el cumplimiento de la sentencia.
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Cuarto: Abstenerse de resolver la solicitud de libertad condicional
presentada por la defensa técnica de Ramón Navarro Pereira, por las
razones expuestas en la parte considerativa de esta sentencia.
Quinto: Contra esta providencia procede el recurso extraordinario de
casación
Sexto: Las partes quedan notificadas en estrado.
Comuníquese y Cúmplase
Aprobado virtualmente
DEMOSTENES CAMARGO DE ÁVILA LUIS FELIPE COLMENARES RUSSO
Magistrado Magistrado
OTTO MARTÍNEZ SIADO
Secretario
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