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Críticas al Sensacionalismo Mediático

El documento critica el enfoque sensacionalista que adoptaron muchos medios de comunicación en la cobertura de un caso en el que un joven fue detenido bajo sospecha de abusar y matar a una niña de 3 años. Aunque luego fue declarado inocente, los medios continuaron acosándolo e incluso después de su liberación. Esto plantea preocupaciones sobre los límites éticos del periodismo y la necesidad de mecanismos de autorregulación para evitar excesos sensacionalistas que puedan dañar a personas inocentes. Los lectores expresan

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Críticas al Sensacionalismo Mediático

El documento critica el enfoque sensacionalista que adoptaron muchos medios de comunicación en la cobertura de un caso en el que un joven fue detenido bajo sospecha de abusar y matar a una niña de 3 años. Aunque luego fue declarado inocente, los medios continuaron acosándolo e incluso después de su liberación. Esto plantea preocupaciones sobre los límites éticos del periodismo y la necesidad de mecanismos de autorregulación para evitar excesos sensacionalistas que puedan dañar a personas inocentes. Los lectores expresan

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Emocionalismo

Teoría burguesa subjetivista de la moral; en ella se ha revelado, con máxima


claridad, el influjo del positivismo lógico sobre la ética. Principales
representantes: Ayer, Carnap, Reichenbach y Charles Stevenson. Al investigar
los juicios morales que contienen valoraciones y exigencias de moralidad, los
emocionalistas llegan a la conclusión de que tales juicios no “describen” nada
en realidad, sino que sirven tan sólo de expresión a las emociones morales del
hablante, a su sentimiento de aprobación o reprobación ante un determinado
proceder. Los emocionalistas consideran que es imposible fundamentar o
demostrar los juicios morales, que éstos son “arbitrarios”, que cada individuo es
libre de mantener en moral cualquier punto de vista. Más aun, afirman que
estimaciones morales opuestas no se contradicen lógicamente unas a otras,
pues no cabe refutar las que nos parecen erróneas. El emocionalismo es una
teoría en extremo nihilista y escéptica de la moral; legitimiza en el fondo la
arbitrariedad en la conducta y en las convicciones morales.

Emotivismo
(latín emovere.) Teoría burguesa subjetivista de la moral, en la que se aplica
del modo más consecuente la metodología del positivismo lógico.
Representantes principales: Ayer, Carnap, Reichenbach, C. Stevenson. Al
investigar los juicios y términos morales, los emotivistas establecieron que no
se someten a la verificación experimental directa (Principio de la verificabilidad)
y llegaron a la conclusión de que estos juicios y términos no contienen ninguna
información, carecen de sentido, por lo cual no son ni verdaderos ni falsos. La
significación de los enunciados morales es de carácter puramente “emotivo”, es
decir, sirve supuestamente tan sólo para expresar las emociones del que habla
y para inclinar al oyente a que sienta las mismas emociones y emprenda las
acciones correspondientes. Según el emotivismo, la diferencia entre las
posturas morales de los hombres se reduce a la de las emociones individuales
y de grupo. De ahí se saca la conclusión de que cada uno puede atenerse a
cualquier punto de vista en la moral y de que las convicciones opuestas
lógicamente no se contradicen. Por eso, la demostración de unas convicciones
y la refutación de otras no sigue una vía racional, sino puramente psicológica,
consistente en la sugestión subconsciente. El emotivismo es una teoría
escéptica y nihilista de la moral. Tratando de fundamentar la libertad absoluta
del individuo en la elección de la posición moral, esta teoría de hecho justifica
la arbitrariedad en la conducta y las convicciones morales y, al mismo tiempo,
neutraliza en el individuo la capacidad de elegir su posición moral de modo
real, independiente y consciente.
El 'efecto villano' del sensacionalismo
MILAGROS PÉREZ OLIVA

6 DIC 2009

Críticas al ensañamiento informativo contra el joven detenido por supuestos


abusos a una niña. El comportamiento de los medios preocupa a los lectores

Que una persona inocente y agredida por los medios de comunicación hasta
límites intolerables tenga que dejar Tenerife para eludir la presión que los
medios de comunicación siguen ejerciendo en la puerta de su casa debería
hacernos reflexionar sobre los límites de nuestra profesión. Ni siquiera cuando
ya ha quedado claro que es inocente, el ensañamiento mediático ha cesado.
Una cadena de errores médicos y policiales llevó a la detención de este joven,
acusado de la muerte de una niña de tres años, hija de su compañera
sentimental. El acusado pudo ser fotografiado durante la detención y un primer
plano de la fotografía tomada por la agencia Efe fue reproducida en casi todos
los diarios, e incluso uno de ellos, que habitualmente no lleva los sucesos a su
portada, la reprodujo en primera página con esta leyenda: "La mirada del
asesino de una niña de tres años". La presunción de inocencia hecha añicos.
Los medios ya le habían condenado. Muchos telespectadores pudieron ver
también en televisión imágenes en las que reporteros ávidos de escenas
impactantes jaleaban al público. ¿Qué tipo de periodismo es ése?

Los medios han entonado un mea culpa colectivo y las asociaciones de la


prensa y colegios profesionales han insistido en la necesidad de adoptar
códigos y normas de autorregulación. Una sana autocrítica..., hasta que surja
un nuevo caso y de nuevo vuelvan a caer en los mismos excesos. De hecho,
no hacía tanto del anterior mea culpa, a propósito del tratamiento de la
desaparición de la adolescente sevillana Marta del Castillo, en enero pasado.

En muy poco tiempo los medios de comunicación han sido objeto de duras
críticas en varias ocasiones y por asuntos muy diversos. La cobertura
exagerada y alarmista de la gripe nueva y el seguimiento del secuestro del
Alakrana son los más recientes. En todos estos casos, las críticas inciden en lo
mismo: en la tendencia hacia el amarillismo y la exageración.

Desde la perspectiva de un diario de referencia como EL PAÍS, que considera


el rigor y la seriedad sus principales señas de identidad, lo ocurrido plantea una
reflexión de carácter general: ¿le afecta este ecosistema mediático cada vez
más escorado hacia un tratamiento sensacionalista de la realidad? ¿De qué
manera?

Por la correspondencia que he recibido a propósito de este caso, creo que sí.
Nos afecta, en primer lugar, porque si se produce una erosión en la credibilidad
de los medios en su conjunto, también se reduce la confianza en cada una de
las partes que lo forman. Si crece la suspicacia respecto a lo que cuentan los
medios, todos acabarán afectados, de un modo u otro, por la falta de confianza
general. Incluso cuando, como ha ocurrido en este caso, la cobertura haya sido
correcta. Creo que el diario EL PAÍS ha dado a este suceso un tratamiento
ajustado y riguroso. En la primera crónica, el titular eradescriptivo y comedido:
"Muere una niña de tres años con signos de maltrato". En el texto se indicaba
que existía un informe médico sobre presuntos abusos y malos tratos, pero
también que había dudas, pues otro informe descartaba tales lesiones. El
corresponsal Juan Manuel Pardellas hacía un relato objetivo de lo ocurrido,
incluidas las incertidumbres que el caso todavía presentaba.

Posteriormente, EL PAÍS publicó la noticia de la puesta en libertad del acusado,


un extenso informe en la sección Vida y Artes sobre el injusto acoso mediático
del que había sido sido víctima y un editorial muy crítico con el comportamiento
de los medios. Y si bien es cierto que el primer día publicó la fotografía de Efe,
con un primer plano en la portada del segundo bloque del diario, en días
posteriores evitó reproducir esa imagen para no contribuir al ensañamiento. Los
lectores que comparen varios medios podrán observar la diferencia.

Pero no todos lo hacen, y si el balance global es muy negativo, crece el


desasosiego entre los lectores, como he podido comprobar en las cartas
recibidas.

"El veneno que recibimos los lectores es casi mortal", dice Milton Ortiz, desde
Houston (Tejas), comentando el editorial que se publicó el miércoles con el
título Culpable inocente. "La competencia entre los medios por generar oferta
se parece, cada día más, a los productos que vienen de Asia noroccidental,
baratos pero malos. La necesidad de atrapar audiencia desvirtúa el buen
hacer", escribe. En aras a esa competencia, sostiene, algunos medios
distorsionan, exageran y mienten si es preciso. Y por supuesto enjuician y
condenan, añade. "El editorial de hoy sobre el tema es cierto, pero no cabe
olvidar que su periódico estuvo en la ruleta".

A ello se refiere también Amando Vega: "Leo el interesante editorial de hoy,


donde se reconocen también fallos en la profesión periodística, que, tan crítica
con quienes desempeñan otras actividades con repercusión pública, tiene en
este desdichado episodio una muestra del desastre a que puede conducir la
ligereza a la hora de medir las consecuencias de lo que se dice o escribe". El
lector está de acuerdo con el editorial, pero subraya que después de la puesta
en libertad, y mientras hacían autocrítica, los medios seguía el acoso. "¿Hasta
dónde llega su coherencia?", pregunta; "creo que el negocio mediático se
alimenta también de la propia basura que genera, adornado con su
compromiso con la información objetiva y la defensa de los derechos de las
personas. Como dice Mario Benedetti, todo cabe bajo la ética de amplio
espectro".

Una lectora, Beatriz López Fernández, médico de familia, se anticipa y nos


escribe para pedir que no caigamos ahora en un nuevo linchamiento mediático,
el de los médicos que han intervenido en el caso. "En ocasiones", escribe
Antonio María Infante, de Madrid, "me he preguntado cuál debería ser el mejor
procedimiento de control ante el abuso, o parcialidad, de los medios de
comunicación. Alguna vez me ha pasado por la imaginación la promoción de
asociaciones de lectores, o de televidentes. Una buena alternativa es la
autorregulación. Pero, sobre todo en el caso de la televisión, está claro que no
siempre funciona. Tal vez sería necesaria la promoción de esas asociaciones
de consumidores... Pero para ello sería necesaria una sociedad civil mucho
más activa". A este lector le preocupa "lo fácil que resulta (...) que los medios
actúen como vanguardia de linchamientos. Desde mi punto de vista, y
reiterando que creo que no se trata de un pecado habitual de EL PAÍS, está
claro que la prensa más profesional debe huir de ese papel".

La facilidad con la que el conjunto de los medios cae una y otra vez en
exageraciones por las que luego tiene que pedir disculpas plantea la necesidad
de encontrar mecanismos que eviten la repetición de los mismos defectos. Está
claro que si se extiende la idea de que "todos son igual", todos perdemos. Es lo
que podríamos denominar el efecto villano. Un descrédito general que merma
la confianza. La industria farmacéutica que trabaja de forma rigurosa y con
responsabilidad social, que la hay, sabe mucho de las consecuencias de este
fenómeno.

La tendencia general al amarillismo no sólo extiende a todos los medios el


efecto villano. Afecta también de otras formas más sutiles: si el contexto
general es de una tolerancia cada vez mayor hacia el sensacionalismo y la
espectacularidad, si eso es lo que predomina, ¿no acabará eso condicionando
de algún modo las decisiones de los diarios serios? ¿No se primarán los temas
más espectaculares y se buscarán los titulares más impactantes para llamar la
atención de unos lectores cada vez más saturados de estímulos impactantes?
Defender el rigor exige tratar de mejorar también el ecosistema.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 6 de diciembre de


2009

El emocionalismo

La Biblia habla de las buenas emociones como el gozo, el amor, paz, etc.
(Gálatas 5:22,23) pero las presenta como el resultado de una fe sincera en
Dios y no como un fin en si mismos (véase el esquema). El emocionalismo, en
contraste, procura las emociones más allá de todo. Por tanto, las reuniones de
los pentecostales no son diseñadas tanto para promover el conocimiento de
Dios a través de su palabra, sino para estimular las emociones. Así en ellas se
ve la música apasionada con ritmos carnales, la repetición de palabras una y
otra vez, las velas, las luces, los testimoniales acerca de la muerte,
[Link]é la siguiente cita acerca de cómo recibir el bautismo en el Espíritu
Santo en un tratado publicado por un grupo pentecostal.

[ Levanta las manos al Señor, cierra los ojos y deja que tu mente permanezca
en Jesús. Se feliz en Jesús al pedir de tu padre celestial lo que te ha prometido.
Comienza a alabar su nombre, levanta tu voz a él. No te va a forzar a hablar en
lenguas. Al poner Dios una palabra extraña en tu lengua, dila con valor. Puede
ser que tus labios tartamudeen pero si repites la palabra con valor, el Espíritu te
dará más palabras. A veces salen solamente unas pocas palabras pero al
seguir hablando con fe, el Señor te dará un nuevo vocabulario con el cual
puedes alabar a Dios. ]

Imagine que usted está reuniéndose con los pentecostales y les ama. Quiere
recibir lo que ellos llaman “el bautismo en el Espíritu Santo.” Las luces están
bajas, la música está baja, sus amigos le rodean y están orando por usted.
Dicen que Dios va a poner alguna palabra extraña en su boca. Sale una
palabra extraña y ellos gritan y glorifican a Dios porque le están dando el
bautismo en el Espíritu.

El problema es que no hay nada de esto en la Biblia. En la Biblia no


aprendieron a hablar en lenguas por seguir instrucciones como estas, sino
recibieron el bautismo en el Espíritu Santo directamente del cielo (en el caso de
los apóstoles en Pentecostés) o los dones milagros al recibir la imposición de
las manos de los apóstoles (Hechos 8:18). Pero la verdad de las escrituras no
importa tanto en este sistema y este es su gran peligro. Así millones piensan
estar sujetándose a Cristo sin darse cuenta que Cristo no dice nada en cuanto
a muchas de sus prácticas, los cuales vienen de los hombres.

Cristo salva cuando no sujetamos a El, no de labios cuando en verdad estamos


siguiendo nuestras emociones y nuestros gustos, sino a Su palabra, Su única y
completa revelación para todos los siglos.

Una buena emoción no significa emocionalismo

Todo presente desarrolla sus modas y sus patologías propias. Una moda
intelectual que amenaza con anegar cualquier debate, es la moda neuro.
Reconociendo el avance de las neurociencias en el conocimiento en directo del
funcionamiento de nuestro cerebro, en gran parte, por el avance tecnológico
que nos permite su visualización en tiempo real, el prefijo neuro–se aplica a las
más variadas disciplinas (neuromoral, neuroeconomía…) con esa intención
de dotarlas de un vago prestigio, más allá de la existencia de una evidencia
rigurosa para muchas de sus tesis fuertes.

Si a esto le sumamos el enfoque que se ha abierto sobre las emociones en


diferentes corrientes psicológicas desde hace décadas –H. Gardner y la teoría
de las inteligencias múltiples; la inteligencia emocional, con autores como D.
Goleman, o Salovey/Mayer–, comprenderemos esa atmósfera intelectual donde
descansa esta patología: el emocionalismo.

Éste se puede definir como la legitimación de cualquier emoción,


absolutizándola, por el mero hecho de serla.

De este modo, lo importante es sentir porque el estar emocionado es un estado


positivo por sí mismo: hay que sentir, y si algo o alguien no te hace sentir, es
sospechoso, deséchalo ya. Lo diremos claramente: una falacia y, en su
afirmación acrítica, una estupidez. Dos argumentos que desmontan esta
patología contemporánea:

Existen emociones positivas y negativas, que dependen siempre para su


evaluación (una buena o mala emoción) de una situación y contexto
determinado.

Un ejemplo, se suele decir que el miedo es una emoción negativa, y lo es en


una gran cantidad de casos (fobias, complejos…), pero es el miedo como alerta
ante el peligro el que nos permite sobrevivir, como saben todos nuestros
antepasados en la evolución humana, o sea, el miedo también puede ser una
emoción positiva en ciertas situaciones, ¿por qué? Porque nos ha permitido
sobrevivir.

El segundo argumento es que el emocionalismo olvida que toda emoción está


entrelazada con nuestra racionalidad, de ahí que absolutizarla nos hace más
limitados, débiles y dependientes.

Dicho con claridad, no se trata de sentir por sentir, sino comprender que el ser
humano es una razón emocionada, o si quieren, una trama emocional capaz de
razonar y decidir desde sí mismo. Positivizar cualquier estado emocional es
una forma de justificar la tiranía de cualquier intensidad, más allá de su
situación y contexto. Frente a lo anterior, ahora cobra sentido el título de este
artículo: una buena emoción no significa ‘emocionalismo’.

LA EMOCIÓN VS EL EMOCIONALISMO

INTRODUCCIÓN

1. Mostrar una emoción o no emoción, esa es la pregunta…


a. Muchos critican la falta de emoción en la adoración y la vida de los demás
b. Otros advierten en contra del emocionalismo, mirando contra brote de
emoción

2. ¿Podemos tener emoción sin caer en el emocionalismo? ¡Creo que


debemos!
a. Las emociones tienen un papel Escritural en la vida del cristiano
b. Sin embargo, cuando las emociones se convierten en emocionalismo, hay un
grave peligro.

[¿Cómo podemos tener emoción sin emocionalismo? Consideremos primero lo


siguiente]

I. DOS EXTREMOS A EVITAR

A. Emocionalismo…
1. “El sentimiento es mejor que lo que se enseña” una especie de religión a.
Donde la gente depende más de lo que sienten en su corazón
b. En vez de lo que leen en la Biblia

2. Donde el culto se caracteriza por brotes irrestrictos de emoción


a. Por ejemplo, rodando en los pasillos.
b. Por ejemplo, estallar en palabras ininteligibles

3. Tal emocionalismo…
a. Desobedece la advertencia bíblica de la adoración “decente y de manera
ordenada” – cf. 1 Cor 14:40 b. Pasa por alto la advertencia: “El que confía en
su propio corazón es un tonto … “- Pr. 28:26

B. formalismo …

1. En el que hay una completa falta de emoción en la adoración y servicio


a. Tal vez en reacción contra el emocionalismo
b. Resultando en una actitud de “pan muerto”
c. Donde se cantan himnos y se predican sermones con poca reacción de los
que participan

2. Esta falta de “sentido” de religión es contrario a lo que Jesús a enseñado


a. Condenando a una religión en la que el corazón de uno es eliminado de Él –
Mt 15:7-8
b. Elogiar el amor de Dios implica todo el corazón – Mt. 22:37-38

[La tendencia es ir de un extremo a otro. El formalismo se puede evitar


recordando que …]

II. La emoción tiene un lugar adecuado

A. LA EMOCIÓN ES NECESARIA…

1. No ha de ser la emoción del amor – 1 Ped 4:8; 1 Cor 16:22


2. No ha de ser la emoción de la esperanza – Rom 12:12
3. No ha de ser la emoción de la alegría – Fil 4:04
4. No ha de ser la emoción de la tristeza – 2 Cor 7:10
5. No ha de ser la emoción de odio – Pr. 08:13
6. No ha de ser la emoción del miedo – Mt 10:28
– Hay un lugar para la emoción en la vida del cristiano!

B. La emoción debe ser arraigada en la Palabra…

1. Las emociones bíblicas deben estar enraizadas en la fe


a. Tal fe es por el oír la Palabra de Dios
b. Esto requiere el uso de nuestras facultades intelectuales

2. Observe cómo la Palabra de Dios está diseñada para estimular la emoción:


a. La lectura del amor de Dios, nos debe mover a amar – 1 Jn 4:9-11
b. Habla de las promesas que nos esperan, nos motiva a la esperanza- 1 Ped
1:3-4,13
c. Nos Informa de la obra reconciliadora de Jesús, nos sentimos impulsados a
regocijarnos
– Rom 5:10-11
d. Somos reprendido por la Palabra, que produce dolor – 2 Cor 7:08
e. Nos llena de conocimiento, llegamos a odiar ciertas cosas – Prov.1:7; 08:13
f. La lectura de las advertencias en las Escrituras, nos mueve a temer- Hebreos
10:25-27

– Las emociones escriturales se basan en la Palabra de Dios

C. La EMOCIÓN debe producir el fruto correcto …

1. Las emociones bíblicas deben dar sus frutos


a. Las emociones evocadas por la Escritura están allí para un propósito
b. A menos que el fruto no se confirme, se trata simplemente de emocionalidad

2. Observe el tipo de frutos por las emociones de las Escrituras:


a. La emoción del amor fructifica en la obediencia – Juan 14:15;1 Jn 5:3
b. La emoción de la esperanza da el fruto de la paciencia – Rom 8:24-25
c. La emoción de la alegría da el fruto de sacrificio – 2 Cor 8:2-5
d. La emoción de la tristeza da frutos de arrepentimiento – 2 Cor 7:10
e. La emoción del odio da frutos en rechazar el error o la mentira– Sal.119:127-
128
f. La emoción del miedo da frutos para apartarse del mal – Prov.16:6

– Las emociones Escriturales producen fruto en la vida de la Cristiano!

[Mientras que el formalismo se puede evitar mediante la comprensión de la


necesaria y adecuada emociones en la vida del cristiano, ¿cómo se puede
evitar el emocionalismo? Una de ellas es recordando …]

III. CUANDO la emoción se convierte en emocionalismo

A. Cuando la emoción se convierte en un fin en sí mismo…


1. Cuando la gente se estresa por causa de la emoción
2. Cuando la gente se olvida que las emociones son un medio para un fin
a. Para motivar a uno a producir el fruto adecuado
b. El objetivo no son las emociones, sino el fruto que está destinado a producir

– Si todo lo que muestra es la emoción, no teniendo el fruto adecuado, son


culpables de emocionalidad!

B. Cuando la emoción no se basa en la PALABRA DE DIOS …


1. Cuando uno está dirigido por los pensamientos e intenciones del corazón
a. Recuerde la advertencia de Pr 28:26
b. Tenga en cuenta también estas advertencias – Jer 17:9; Mr 7:21-23
2. Nuestras emociones deben tener sus raíces en la Palabra de Dios – cf. Pr
3:5
– Si las emociones se basan en otra cosa que la Palabra de Dios, somos
culpables de emocionalidad!

C. Cuando la emoción es la base de tu fe …


1. Cuando permitimos que los sentimientos dicten lo que creemos
2. Como cuando una persona…
a. Se niega a obedecer lo que leemos en las Escrituras, porque “Siente” que
debe ser diferente
b. Trata de cambiar el significado de un pasaje para apoyar lo que él “Siente”
que es correcto
– Si nuestra fe se basa en las emociones, somos culpables de emocionalidad!

CONCLUSIÓN

1. La capacidad de sentir y expresar emociones es un don maravilloso de Dios



a. Esto nos permite responder a las maravillosas verdades de Dios en Su
Palabra
b. Se motiva a los niveles superiores de servicio en respuesta a la voluntad de
Dios
– Pero como todo lo bueno, la capacidad de las emociones deben estar
correctamente utilizado

2. Para evitar ambos extremos de la emotividad y el formalismo…


a. Que nuestros corazones sean conmovidos por la Palabra de Dios
b. Deje que esa emoción nos provoque a dar los frutos que Dios desea
adecuados

“Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en vuestra fe, para que
abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo. “- Rom 15:13

El emocionalismo como enfermedad personal y política


Publicado por Ikael en 12:53

Desde la independencia catalana, pasando por el Brexit, o las falaces


argumentaciones de la defensa de "la manada", una enfermedad parece
haberse instalado en todo el discurso político. Bienvenidos a la era de la hiper-
emocionalidad o el emocionalismo como idea política. Donde mis emociones
son la medida de todas las cosas.
Como es arriba, es abajo

Hay una gran relación, que cada vez veo más aparente, entre la psicología
individual, y las distintas ideologías políticas y teorías sociales o colectivas. Las
ideologías son, ante todo, una manera de justificar y racionalizar a posteriori
nuestra cosmovisión personal ya preexistente, y en segunda instancia, son una
manera de intentar construír un entorno social que se adapte a las
particularidades, carencias y fortalezas de nuestra psicología personal. El
problema estriba en que cuando muchos individuos que presentan trastornos
mentales o emocionales o, más comunmente, simples defectos personales de
carácter (sin necesidad de ser patologías o enfermedades al uso), estos
pueden acabar derivando en ideologías francamente dañinas ya que intentan
forzar a la mayoría de la especie humana que no tiene sus carencias, a
adaptarse a las mismas. Así pues, uno puede argumentar que izquierdismo
procede del lógico deseo de justicia e igualdad, mientras que la izquierda
extrema bebe del defecto personal espúreo de la envidia y los celos. O que el
liberalismo económico procede del lógico deseo de libertad individual y
desarrollo, mientras que su vertiente extremista proviene de las tendencias al
darwinismo social, el narcisismo y la medición de pollas, hablando en plata. O
que el conservadurismo social proviene de la prudencia y del sensato "no lo
cambies si funciona", mientras que el conservadurismo extremo proviene del
miedo cerval al cambio y lo diferente. Así pues, toda ideología de masas tiene
su espejo en la psicología personal, y toda característica psicológica lo
suficientemente extendida acabará teniendo su reflejo en movimientos
políticos. No, no me lo agradezcan a mi, agradézcanselo a Ortega y Gasset,
que fue el primero que anticipó el auge del fascismo y el comunismo como
consencuencia lógica de ese "hombre masa" creado por la industrialización.

Del hombre masa al hombre emousions

Sin embargo, los tiempos cambian, y con él, el ser humano y su psicología. Si
el hombre masa propio de la revolución industrial encontraba refugio y
consuelo en los números y el aplastante anonimato de la masa, nuestra actual
era digital ha creado otro hombre distinto: Narcisista, personalista, amante de
su propio ombligo (nada de rostros anónimos) y ante todo, sobre - emocional.
¡Nuestras penas en Facebook son las penas del mundo! ¡Mi identidad es la
medida de todas las cosas! El hombre emousions es totalmente un producto de
las redes sociales, es decir, de su tiempo. Pero si hubiera que definirlo de
alguna manera, yo diría que es, en esencia, gente que no ha podido digerir
bien su adolescencia. Gente para la cual, todo el mundo gira (o debería girar)
entorno a una cosa de vital importancia: sus propias emociones y más
concretamente, su sentido de la identidad personal. Definirme cómo soy yo, o
como son los otros, se convierte en su principal preocupación. El sentimiento
es su única guía y señor, ya que todos los sentimientos son legítimos para él y
por lo tanto, incontestables. El emocionalista siente muy fuerte, pero tiene nula
inteligencia emocional ya que se niega en redondo a reflexionar sobre sus
propios sentimientos y sobre todo, a concluír que oye, que puede que quizás
haya sentimientos suyos que sean espúreos, dañinos o simplemente,
sintomáticos de algo relacionado tangencialmente con la situación que se los
provoca. Fuera con eso: Si algo me hace sentir mal, ese algo será malo, si me
hace sentir bien, será bueno, y nunca, nunca me plantearé si el problema lo
tengo yo o que los sentimientos puedan -gasp- traicionarnos o engañarnos.

Un discurso público dominado por la legitimidad e intensidad de las


emociones
El ascenso del hombre emousions viene acompañado, como no podía ser de
otra manera, de un discurso político marcado por las emociones. Lo cual tiene
una gran utilidad política para el demagogo, ya que las emociones son fáciles
de manipular a través de los medios (si alguien piensa que sus emociones son,
en efecto "suyas" y que parten de su interior, en vez de ser estados transitorios,
volubles y circunstanciales, se engaña al identificarse con ello), y nos permiten,
ante todo y sobre todo, generar problemas irresolubles, cosa que los políticos
son expertos en venderte. Las políticas, leyes, reformas estructurales y
medidas concretas basadas en el estudio de la realidad y sus efectos prácticos
a través de la experimentación, se ven sustituídas por los titulares, las
narrativas mediáticas, los discursos y las explicaciones "culturales", léase, por
teorías que justifiquen mis sentimientos ya preexistentes, y por golpes de
efecto mediáticos y simbólicos que me generen a su vez más emociones (sin
que por ello se vaya a solucionar nada concreto ni tangible: el objetivo es la
satisfacción emocional, no resolver problemas o conflictos). Así pues, el
problema de Cataluña es que hay muchos catalanes que no se sienten
españoles. El problema de la crisis económica es que mucha gente "se siente
excluída" (su nivel material de vida es irrelevante en la discusión, claro). El
problema de la eurozona es "la brecha cultural" entre el norte y el sur de
Europa, dos regiones que "se sienten" claramente diferentes. El problema de
Oriente Medio es que hay gente que se siente oprimida (así, en genérico). El
problema de la víctima de la violación de "la manada" es que, al parecer, no se
siente lo suficientemente mal después de que la violen. Y así hasta el infinito.
Así pues, el debate público, al centrarse en los sentimientos, queda totalmente
viciado, impracticable, y en última instancia, anulado por completo. Yo me
siento de esta manera, y tú de esta otra. ¿Quién tiene razón? Nadie, cuando
hablamos de sentimientos. Los sentimientos escapan a nuestro control así que
¿Qué puede hacerse? Nada en absoluto. Somos marionetas en manos del
destino, o del primer demagogo al que se le de bien manipular las emociones
ajenas, o del siguiente titular de televisión o meme de Facebook que resuene
emocionalmente con nosotros, sin importar que sea verdadero o falso, útil
o perjudicial.

Mis sentimientos contra los tuyos

Pues bien, esa es la siguiente conclusión: En un discurso público en el que la


emoción reina de manera indiscutible como un rey absolutista, la única manera
de "resolver" un debate o disputa pasa, necesariamente, por otorgar más
legimitidad a unos sentimientos que otros, creando agravios comparativos y por
supuesto, generando a su vez... malos sentimientos. El viciado debate territorial
en España es el ejemplo perfecto de esa dinámica, según la cual los
nacionalismos sólo son buenos cuando son los míos, o malos cuando son de
otra gente que me cae peor, porque claro, mis sentimientos son más
importantes que los ajenos, faltaría más. La "argumentación" emocionalista no
es tal, es simplemente el intento de imponer un sentimiento y narrativa a costa
de otro, en una suerte de juego demencial de suma cero: Hay sentimientos que
son más "auténticos" o "mayoritarios" o "fuertes" que otros. Y lo peor de todo es
que en ese escenario, una vez partes de la base de que el sentimiento es la
medida de todas las cosas, sólo aquel que siente más fuerte, siente con más
fuerza, y siente más en grupo, tiene más legitimidad. Da igual que tenga razón
o no. Da igual que sus actos y emociones tengan consencuencias tangibles y
objetivas más o menos perjudiciales para quienes le rodean. Da igual todo
aquello externo a mi propio sentimiento. La razón ha muerto para el hombre
emousions, y la realidad misma con él, en una suerte de solipismo emocional.

La tiranía del histérico y el perturbado


Así pues, un mundo dominado por la tiranía de las emociones se convierte en
un mundo donde el histérico es el rey. Quien sienta emociones más fuertes, se
dé más golpes de pecho, grite más fuerte y consiga arrastrar a un mayor
número de histriónicos con él, es el que gana. Las personas equlibradas,
estoicas, sensatas o simplemente reservadas, no contamos, ya que no somos
gente de verdad, puesto que no tenemos sentimientos "de verdad" o
"auténticos". Y me sinceraré con ustedes: No soporto este actual estado de las
cosas. No puedo sentir ningún respeto ni simpatía por alguien cuyos únicos
argumentos para sus propios actos o decisiones políticas sean "me siento así"
o "yo es que soy así". No puedo aceptar que una caterva de adolescentes de
veinte, treinta, cuarenta, cincuenta o sesenta años, demanden nada menos que
la maquinaria del estado se ponga a su servicio para satisfacer sus
necesidades emocionales, pretendiendo convertir una responsabilidad personal
en un asunto de estado, en vez de hacerse cargo de sus propias emociones
ellos solitos, como adultos que son. La gota que colmó el vaso de mi paciencia
fue ver ese razonamiento, que otras veces me había tenido que tragarme en mi
vida personal con efectos dramáticos, en plena palestra pública: resulta que la
víctima de "la manada", no parecía muy traumatizada. Por lo que, bueh, muy
mal no lo debería haber pasado. En la peor tradición del carácter latino, quien
no llora, no mama. Porque en el juego del emocionalista, en la tierra del
sálvame y de la pornografía emocional, donde lo único que importan son las
emociones más groseras, más exhibidas y sin adulterar; el histérico, el llorica,
el victimista (que no necesariamente víctima), el tarado, en definitiva, parte con
ventaja. Quien desee guardar la compostura, ser razonable, fuerte, sensato,
estoico, cabal, o simplemente, ser reservado, va dado. Eso no es "sentir de
verdad". Eso es que "tanto no te molestarán las cosas". Eso es la aquerosa
doble vara de medir del emocionalismo, que traza una línea divisoria entre mis
sentimientos que son más válidos porque grito más alto y porque dejo que me
afecten más, y los tuyos que ¡Ay, tonto de tí! Pretendes controlar y atemperar
para mejorar como persona en vez de abrazarlos para obtener un mayor
beneficio político o simpatía social.

El terrible futuro que plantea este nuevo mundo emocionalista no pertenece a


los cuerdos. Pertenece a los trastornados.

Frente al tsunami del emocionalismo, tan sólo hay una vacuna: Negarse a
entrar en ese juego, y señalarlo como lo que es.

La próxima vez que alguien les hable de sentimientos o pareceres, cíñanse a


los hechos contrastados.
La próxima vez que alguien discuta alterado, hagan por no entrar a trapo y
guardar la calma, pues el emocionalismo llama a más emocionalismo.
La próxima vez que una argumentación empiece por "yo me siento así" o
"mucha gente se siente así", respondan sin ningún tipo de remordimiento: "eso
es totalmente irrelevante para lo que estamos discutiendo".
Pues hay una lección que todos debemos de aprender para madurar: Ni
nosotros mismos, ni nuestros sentimientos somos tan importantes en el gran
esquema de las cosas. Y muchas veces deberemos renunciar a ellos para
conseguir algo verdaderamente importante, por extraño que eso suene. Pues el
amor, la justicia, la paz o la verdad son mucho más que sentimientos.

Por mucho que el emocionalista se empeñe en reducirlos a eso.

La cuestión de la inteligencia emocional

The problem of emotional intelligence


Rafael Manrique Solanaa
a
Psiquiatra. Práctica Privada. Santander, España.

RESUMEN

La inteligencia emocional, como concepto y como práctica, es revisada en este


artículo de forma crítica. Las bases de este concepto no parecen cumplir las
exigencias de cientificidad y precisión que cabe exigir. Por un lado se sitúan en
el positivismo y por otro en el innatismo. Eso las hace contradictorias y
ambivalentes. Con frecuencia están teñidas de un emocionalismo que poco
tiene que ver con la emoción como elemento de valoración del estado actual de
una persona o de motivación para una acción critica en su mundo interior y
exterior. La formación que propone y los conceptos que aplica acaban por
depender por completo de la personalidad y el interés de los que la aplican.
Asimismo su vinculación con la capacitación de trabajadores y directivos la
convierte en un instrumento sesgado de selección de personal. No hay
imbricación en sus textos con variables culturales como diferencias de clase,
de país, de sexo, de edad o de formación previa, lo cual tiene implicaciones
políticas muy importantes al promover un desarrollo acrítico de los actuales
sistemas neoliberales. Aceptando que la inteligencia y la emoción son variables
fundamentales de la existencia humana se propone otra forma de concebir y
aplicar estas importantes nociones.

La cuestión de la inteligencia emocional

En la pared de un edificio en Santander hay un graffiti enorme que pide:


"Piensa con el corazón". Al fondo, más lejano, se lee: All you need is love..., la
famosa sentencia hippie y posterior canción de los Beatles. Eso es todo lo
necesario, nada de derechos humanos, nada de justicia social, nada de
igualdad de oportunidades, etc., un beso y mucho amor. All you need...

Como toda actividad humana, la psicología y su derivada práctica, la


intervención psicológica, pasan por modas. Una de ellas es la inteligencia
emocional (IE). Asumo que es un tema conocido por cualquier lector interesado
en el mundo de la psicología y las relaciones personales. Asumo asimismo que
ese lector está familiarizado con el libro de Daniel Goleman (1) que popularizó
estas ideas y prácticas gracias al apoyo que le dio la popular y prestigiosa
revista Time. Y, por último, asumo que lo importante en una teoría sobre la
mente humana no es lo que se dice, sino lo que se hace, cómo se hace y a
dónde conduce. En este trabajo quiero examinar de forma crítica y básica,
aunque no exhaustiva, los referentes y sobre todo los efectos de este concepto.
Las propuestas de la llamada IE son una mezcla de las ideas rogerianas (2) y
del pensamiento budista, tal y como llegó a Occidente a finales de los años
sesenta: desarrollar la capacidad de motivarse, perseverar, soportar las
frustraciones y controlar los impulsos, diferir las gratificaciones, tener empatia y
confiar en los demás, etc. Un conjunto de proposiciones inespecíficas de corte
moral que se ofrecen de una forma acrítica y acontextual. Propone el desarrollo
del conocimiento de uno mismo (como el frontispicio del oráculo de Apolo en
Delfos), de las propias emociones y de las de los demás, así como aumentar la
capacidad de trabajar en equipo. Se podrá entonces llegar a un mayor
desarrollo personal, social y económico, a sentirse a gusto con uno mismo, con
los semejantes y con el universo social en el que uno vive. Estas son algunas
de las propuestas más frecuentemente citadas. Pero hay más: agradecer las
cosas a los demás, hablar con el niño interior, colgar deseos de un árbol, o
decirse por la mañana qué valioso y capaz es uno, etc. A pesar de que esas
descripciones pueden sonar caricaturescas, se encuentran en la práctica
totalidad de los libros sobre IE.

Y es que de eso trata: Pensar con el corazón. Metáforas irracionales o vacías


de contenido. El corazón no sirve para pensar, ni el hígado, ni los pulmones,
etc. Están hechos para otras cosas, igualmente importantes, pero no para
pensar. Es una afirmación metafórica y publicitaria. Y eso es peor aún. Las
emociones no son poéticas. Son el conjunto de percepciones, interpretaciones
y respuestas fisiológicas a una situación dada (sea esta real o imaginada). Es
el lugar donde lo biológico y lo cultural entran en contacto (3), donde una
alteración físico-psicológica adquiere un nombre y se convierte en amor, deseo,
miedo o enfermedad según los códigos culturales en los que la persona que la
sienta esté inscrita. Después, el conjunto nombrado se valora, se pule y se
comunica a los otros también según códigos culturales. Con mucha frecuencia,
las emociones nos sobrevienen o no las entendemos o no nos parecen
adecuadas o no tenemos otras. No disponemos de ellas libre e
individualmente. Conceptos como cultura, sociedad, clases sociales, pobreza,
dispositivos, alienación, etc., están en su misma base; sin embargo, no se
encuentran fácilmente en los textos y programas de EI.

Con frecuencia, las diferentes escuelas psiquiátricas y psicopatológicas


sostienen ideas no sólo opuestas, sino incompatibles. En el manual estadístico
y mercantil norteamericano conocido como DSM aparecen o desaparecen
nuevas enfermedades mentales que hoy, en su quinta edición, ya son cientos.
Pero las nuevas clasificaciones, las diferentes escuelas, parecen tener un
denominador común en el que convergen: la salud mental se entiende como el
producto final de un adecuado cauce de las emociones (4-5). No solo ellos.
Desde hace años, movimientos feministas, psicólogos, compañías de seguros,
ejércitos, academias, trabajadores sociales y compañías farmacéuticas han
llegado a esa misma conclusión, asumiéndola como garante de sus intereses.
Tal presión no podía sino afectar al pensamiento de los usuarios que ahora
comparten el mismo lenguaje e ideal (6). El de IE tiene la particularidad de
estar apoyado por poderosas instituciones y grupos financieros, que nunca han
sido particularmente dados a interesarse en las vicisitudes del alma, lo que le
hace especialmente sospechoso y atractivo para el análisis crítico.
Sostendré aquí que el auge de este concepto está relacionado con el hecho
evidente de que la globalización está alcanzando una dimensión universal. Se
necesitan seres humanos homogéneos que tengan la impresión de libertad,
autenticidad y expresividad. El neoliberalismo ha abandonado -en Occidente-
las estrategias represoras y violentas. Pensadores como Michel Foucault (7), y
más recientemente Byung Chul-Han (8), han insistido en la naturaleza
seductora y amable del sistema neoliberal de explotación. Y en este juego
entra la IE, que sostiene que uno ha de expresarse de manera tal que obtenga
beneficios personales y hasta económicos de ello. La lógica del mercado llegó
hasta donde nadie pensó que llegaría.

La emoción y la inteligencia, esa pareja malavenida

Unos de los problemas más básicos de este concepto es que no sostiene una
versión científica ni precisa de lo que es la I (Inteligencia) ni de lo que es la E
(Emoción). En sus textos y cursos se observa una versión vulgar y coloquial de
estas ideas: La emoción es lo que uno siente, es el corazón; la inteligencia, la
capacidad de comprender y moverse en el mundo. Hablan de factores que son
calificables, objetivos, medibles y entrenables. Duro positivismo en tiempos en
los que esa forma de entender la ciencia se ha demostrado falsa. Se olvidan de
la noción de emoción e inteligencia como procesos lábiles, un tanto
misteriosos, indeterminados, interpretables y culturalmente determinados (9-
10).

Por ello, aún de manera rápida, convendrá precisar estos conceptos. Todo ser
vivo tiene conocimiento, esto es, desarrolla una conducta que parece adecuada
a un observador para una situación específica. La inteligencia, por su parte,
puede comprenderse como la aptitud para resolver situaciones problemáticas,
así como para aprender de los errores y de la experiencia. Pero, en realidad, la
"inteligencia" como tal no existe. No es algo objetivo, ni observable, ni aislable.
Puede ocurrir que una persona sea inteligente, es decir, desarrolle una
conducta apropiada en un medio, y a la vez no lo sea en otros medios (11). Lo
que existen son acciones inteligentes. Pero tal y como la concebimos y
medimos, es un artificio creado con afanes de discriminación y clasificación.
Poco tiene que ver con la capacidad de manejarse en el mundo y menos aún
con el pensamiento. Lo que ocurre, más bien, es que se da en llamar a cierta
habilidad "inteligencia" y luego se diseña un instrumento para medirla. Es lo
que se hacía con el cociente intelectual, hoy ampliamente cuestionado.
Recuérdese que ha subido sin cesar desde principios del siglo XX en todos los
países en los que se ha venido midiendo. ¿Somos todos más listos que
Aristóteles?

Quizá lo primero que podamos saber acerca de nosotros mismos sea que
siempre tenemos algún sentimiento: aburrimiento, tristeza, ira, ansiedad,
alegría, etc. Tener emociones y vivir en estados sentimentales hacen posible la
vida. No existen porque permitan conocimiento, relaciones o placer, sino por su
utilidad para la supervivencia. Están relacionados con la satisfacción o
insatisfacción de necesidades y deseos. "Me gusta/no me gusta" es la
distinción básica. Tienen un carácter circunstancial; se sitúan en un momento
dado. Los sentimientos se relacionan con necesidades, deseos y valores que
se han desarrollado a lo largo de la historia de la humanidad y de cada
persona, y pueden ser comprendidos como disposiciones para la acción y
como evaluación de un estado (10). Pero eso no es pensar. Pensar es
reflexionar, es conectar unas cosas con otras, es extraer conclusiones, es
preparar proyectos más duraderos y profundos.

¿Y si la inteligencia emocional fuera un concepto vacío?

Las emociones, según se deduce de este modelo, se presentan como un


fenómeno individual, transparente, intenso e inmediato. No tienen una base
aprendida, histórica, cultural, de clase o económica que sea relevante. Son
igualmente definidas para todos los seres humanos. Esta abstracta y acrítica
definición oculta que el efecto final de la IE no es comprender las propias
emociones, sino hacer que el individuo se sienta aceptado, auténtico y
perteneciente al grupo. Algo que tiene más que ver con la domesticación y la
estandarización y que adquiere su fuerza, no de la potencia del concepto, sino
de una vinculación no consciente con lo sagrado. Aquello que es inefable,
discriminador y diferente de las demás realidades humanas. De esta manera
un tanto sacra, las emociones, en esta versión, se convierten en simulacro,
como decía Jean Baudrillard (12). Esto es, una copia de un original inexistente.
Y no sólo eso. A base de ser generales y entrenables, se convierten en banales
y alejan a las personas, paradójicamente, de su mundo emocional significativo
y crítico. ¿Será ese el objetivo?

Fue Sigmund Freud (13) quien nos convenció de que era importante el examen
de la propia sentimentalidad que para él se anclaba en la cuestión sexual. Ya
los confesores cristianos habían opinado lo mismo, pero tras la revolución
industrial habían perdido capacidad de convicción. El psicoanálisis tomó el
relevo y, como Wilhem Reich (14) o Michel Foucault (15) señalan, trató de
convertir el mundo interior inconsciente y no domado en un Yo capaz de ser
suave, blando y aceptable. Buen padre o madre y buen trabajador. La IE
hereda esa parte domesticadora, y sus razonamientos se hacen meramente
instrumentales y no comunicativos, utilizando la diferencia que realiza Jürgen
Habermas (16). Lo que conduce a una nueva forma de suave alienación.

La IE es una de las múltiples evoluciones de la teorías New Age que florecieron


a partir de los años setenta en EE. UU. Las teorías de la resiliencia, la
autosanación, la bioenergética o el mindfulness son otros de los derivados.
Posteriormente, se expandieron por todo el mundo. Hay varias razones para su
éxito. Citaré algunas de ellas (17-18):

- Proporcionan un marco de comprensión de uno mismo ajeno a la clase social,


al sistema capitalista, a las posiciones políticas feministas, críticas o
anticolonialistas.
- Ofrecen una clara y simple teoría, una forma clara de acción y una forma
operativa de enseñarse.

- No necesitan capacitación especial para ser implementadas ni seguidas (de


hecho, una de las más populares en los [Link]. fue desarrollada por un
vendedor de coches usados... experto en elaborar narrativas convincentes).

- Se ofrecen como "pensamiento positivo". Ya no tratan de conseguir una IE al


estilo de aquel ingenuo y manipulador "Método Carnegie". Van más allá.
Ofrecen formas de obtener una felicidad personalizada a través de un
programa de entrenamiento que algunas universidades y centros de enseñanza
para élites ya venden.

- No implican que uno tenga que comprender el sentido u origen de las


emociones. Se trata de saber utilizarlas de forma eficaz para generar
respuestas de similar IE en el grupo o relación en que esa persona esté
inmersa.

Se trata de métodos y conceptos ingenuos muy útiles para llenar fácilmente los
suplementos de los magazines y poder llegar, de ese modo, a miles de
personas. Desde luego, no se puede dudar de la importancia de lo emocional y
de su implantación en la mente humana desde muy temprano, aún antes de la
aparición de la palabra, pero es notable señalar que una buena parte de estos
conceptos que hoy se ofrecen se basan en nociones que actualmente sabemos
falsas y simplistas. Se suelen apoyar en las clasificaciones del cerebro en
áreas funcionales discretas que tanto se popularizaron a partir del siglo XIX.
Asimismo, utilizan unas teorías genéticas que tampoco se sostienen en la
actualidad. Si ese sistema emocional poderoso, automático y rápido sigue
presente en la mente humana es por razones evolutivas, es decir, porque tiene
importancia que así sea. No porque a la evolución se le haya olvidado
cambiarlo. Eso no implica, como tradicionalmente se dice, que tengamos
inteligencia y corazón y que haya que armonizar ambos. Es más probable que,
en realidad, el pensamiento racional dé cobertura al sistema emocional: ante el
miedo a un examen, la razón proporciona cómo hacer lo mejor para evitarlo
(19).

Conscientes de que sus bases teóricas son pobres recurren a esencialismos.


Afirman que lo positivo, lo expresivo, las capacidades, etc., ya están en uno,
sólo que, como en la Bella Durmiente, la IE está dormida a la espera de que un
príncipe azul (o rojo, que el color del logo ha cambiado mucho) la despierte.
Sólo que este cobra por horas.

La inteligencia emocional te ayudará a "ser tu mejor versión de ti mismo"

La psicología en la que se apoya sostiene, dentro de un optimismo un tanto


ingenuo, que la autorrealización es posible y deseable. Sostiene que, como
Abraham Maslow (21) y Carl Rogers (2) decían, existe un impulso natural hacia
ella, una tendencia casi mística hacia la felicidad. No parece importar mucho a
sus creadores que esa autorrealización de la que hablan esté definida sólo con
palabras altisonantes o tautológicas: alcanzar la libertad, la felicidad o la
armonía.

El caso es que esa realización se propone como el ideal que hay que alcanzar.
Obviamente, eso no es posible. Es como la santidad, que sólo Dios y algunos
elegidos obtienen. ¿Y los demás? Se conciben como enfermos, alienados,
cobardes, neuróticos o pobres de espíritu. Eso significa que necesitan terapia
(siglos antes era cárcel y castigo, ya es algo).

Tras la riña social que dice "debes cambiar", se propone un método. La terapia
de realización personal, el mindfulness, el psicoanálisis o el counselling se
conciben como técnicas con las que desarrollar una adecuada IE. Se postula
que si uno no llega a ser comunicativo, libre, armónico o realizado es que no lo
desea a causa de alguna necesidad, debilidad o deseo que hay que descubrir y
contrarrestar. Y si no lo consigue se convierte en un rebelde, antisocial y
egoísta que no se comunica bien y no tiene la apropiada IE. En ese caso, o se
reeduca o será despedido, con pena, eso sí, de su empresa y/o de su hogar.

En realidad, ofrece una narrativa que se apoya en la creencia de la existencia


de un ser humano defectuoso, posiblemente por traumas ocurridos en la
infancia. Es eso lo que le impide ser "él mismo" y compartir sus sentimientos.
Pero es lo contrario. Es esa narrativa de liberación que predica la que en
realidad ancla a las personas en una estructura de defecto personal que
siempre habrá que vigilar con las técnicas apropiadas. Sólo así logrará vivir por
encima de ese déficit (¿no suena al pecado original y a la enorme tarea
necesaria para superar esa mancha?). Hace que las personas descubran
sufrimientos psicológicos o abusos que desconocían o, como a veces se ha
demostrado, que se los inventen. El trabajo de Ian Hacking (22) argumenta
convincentemente sobre estos procesos de creación de patologías. Para quitar
hierro a este planteamiento se suele añadir que las personas no son
responsables de ello. Fueron los padres, el ambiente, el desconocimiento, la
crianza, la suerte o el destino. Es la tentación de la inocencia de la que nos
habla Pascal Bruckner (23). La IE participa de esa ética actual basada en la
inocencia, en el victimismo y en la reivindicación de los propios derechos, etc.,
no en la responsabilidad, la consciencia y los deberes, etc. La cultura cristiana
hacía a todos los seres humanos reos de una conducta de Adán y Eva que
desagradó a Dios. Pareciera quedar sólo el consuelo de pedir, como hizo el
príncipe Hamlet al morir, que alguien, al menos, contara nuestra historia de
dolor (24).

La inteligencia emocional o los peligros de querer ser transparentes

En la actualidad, las formas y el contenido de la experiencia están siendo


guiadas hacia dos posiciones. Por un lado, hacia una irracionalidad de la
expresión emocional; y por otro, hacia la racionalidad lineal de la inteligencia.
Racionalidad e irracionalidad que, al ser lógicamente incompatibles,
desencadenan una nueva situación de equilibrio (muchos no conseguíamos
entender a qué se refería aquello tan hegeliano de tesis, antítesis y síntesis,
etc.; pues a esto). Una emoción entendida como la libre expresión de lo que se
siente y una inteligencia que abandona su capacidad de innovación para
hacerse sistemática y predecible cristalizan en una comunicación, una relación
y una vida estereotipada y estandarizada. Tal vez por eso los grandes think-
tank del pensamiento conservador lo proponen como su técnica más querida
en la domesticación de niños y empleados.

Las clases medias se someten voluntariamente a este proceso de control para


poder progresar socialmente. Los menos formados, de clase social más baja,
serán excluidos y se convertirán en no necesarios. Destinados a ser carne de
cañón, como siempre fueron, excepto en este paréntesis de estado del
bienestar de la posguerra que ya se ha acabado. Pero esta vez lo serán de
forma obediente y hasta contentos.

Toda crítica al contenido, objetivos y resultados de la IE probablemente


empezará por señalar la "acultura" de este concepto. Aceptemos que la cultura,
como decía Clifford Geertz (25), es una red de significados. Y, por lo tanto, el
lenguaje, el arte, la música, el cine, el software, etc., son los instrumentos para
codificar, entender, transmitir esa cultura. Sin embargo, como he mencionado,
lo cultural está prácticamente ausente de su análisis. Y es lógico, ya que no le
interesa más que la creación de individuos desprovistos de relaciones de clase
e inconscientes de su posición en el proceso de explotación neoliberal. La IE
no busca un espacio de representación, sino un espacio de compraventa e
intercambio. Es un mercado. Yo me desvelo, yo te cuento, yo te comunico...,
yo..., yo... Y luego tú me desvelas, me cuentas... me ofreces, me..., me... Es
una exposición narcisista que, cuando se hace carente de toda narrativa,
cuando sólo se exhibe, se convierte en pornografía inútil. Es significativa la
petición que hace a favor del desnudo, en este caso, emocional. Que a su vez
fue inventado por San Ignacio para sus ejercicios espirituales: desnudarse en
fe. Los adictos a este modelo dicen en público, a los otros o a su pareja, todo lo
que piensan o sienten, ya que, si lo sienten, es que es verdad. Y la verdad
debe prevalecer, mientras esperan que el otro haga lo mismo.

Pide el control de las propias emociones y las del otro para que puedan ser
canalizadas de forma eficaz y previsible y puedan ser usadas como sistema de
intercambio y de valor. Es interesante recordar que este sistema que ahora
está extendido no nace del campo de la industria o las empresas
multinacionales, sino de los intentos de obtener un acercamiento a los
pacientes con esquizofrenia. Como ellos mostraban una labilidad emocional
muy intensa, parecía lógico pensar que vivir en ambientes muy "cargados"
desequilibraría su situación mental. Se les trataba con una gran contención
relacional, con amable distancia, y se pensaba que eso tenía la virtud de
domesticar a la psicosis. El procedimiento se denominaba "Expresión de
Emociones" (26). Constaba de un entrenamiento conductual al que eran
sometidos terapeutas, pacientes y familiares y que, como variante, ahora se ha
extendido a toda la población bajo una nueva forma rotulada IE. El objetivo
sigue siendo el mismo: obtener una domesticación, manejabilidad y
predictibilidad de las personas. Paz social.
Pero para que ese proceso funcione se necesita que el otro y uno mismo sean
transparentes, que no haya nada oculto que distorsione la comunicación. De
esa forma, las personas serían capaces de insertarse con facilidad tanto en los
requerimientos de la industria del nuevo capitalismo como en las nuevas
relaciones amorosas. Se harían, como decían Zygmunt Bauman (27) o
Kenneth Gergen (28), líquidos, inciertos y moldeables. Esa doma personal que
realiza la IE permite moverse con eficacia en esos ambientes sin que la
personalidad le juegue a uno una mala pasada.

Las prácticas y actitudes basadas en la IE hacen que una persona se relacione


con muchas otras de forma rápida y superficial. Funciona como la vaselina.
Ayuda a entrar. Así, la comunicación y el conocimiento apenas son posibles
con profundidad. Pero ¿quién quiere eso? No hace más feliz, más
comunicativo o más auténtico, como prometía. Hace personas más
conectadas, más flexibles, más fáciles, más dependientes de la lógica de las
redes sociales, más capaces. Y más explotables (21).

Karl Marx hablaba ya en el tomo I de El Capital (29) del fetichismo de las


mercancías. Para él, el consumo de mercancías hacía que se olvidara el
proceso y las relaciones de producción que habían llevado a la existencia de
ellas. Es como si crecieran de los árboles y no hubiera que explicarlas en
función de un trabajo humano con frecuencia explotador. En el modelo de IE,
donde las emociones son también mercancías, se puede aplicar el mismo
análisis marxista: un modelo que genera alienación. Y que, a la postre, se suele
abandonar pronto (a no ser que se viva de él), ya que no produce un genuino y
satisfactorio encuentro con el otro.

La izquierda y el feminismo, los dos movimientos sociales más eficaces de los


siglos pasados, se han visto muy afectados por estos procesos. El radicalismo
militante, o simplemente crítico, del feminismo y de la contracultura
sesentayochista se ha agotado debido al éxito que ha tenido. Hoy hacen falta
nuevas formas de masculinidad y de feminidad, así como de pensamiento
progresista, que no se hayan pasado inadvertidamente al "enemigo",
inteligentemente expresivo. Si nos fijamos bien, en realidad la IE va más allá,
ya que trata de borrar las diferencias entre las personas considerando a todos
como individuos. Ser hombre o mujer, blanco o negro, rico o pobre, educado o
no, carece de importancia. Todo se anula, todo se iguala, lo que al principio
sedujo a los movimientos proigualdad. Parecían haber dado con una teoría que
superaba las desigualdades. Pero era lo contrario, ya que las desigualdades no
hay que ocultarlas, sino reconocerlas, nombrarlas y explicarlas para poder
superarlas.

La expresión sentimental, tal y como se practica y aconseja en los manuales y


cursos de IE, tiende a borrar las diferencias entre los espacios íntimos,
privados y los públicos. Sin embargo, es muy importante que esas tres
dimensiones de la existencia humana estén claramente diferenciadas En esa
división está una parte importante de nuestra libertad y autonomía. Pero en la
construcción de la IE lo íntimo es visto con recelo. Se entiende como un acto
de egoísmo, como una petición de aislamiento. Obligan a permanecer siempre
en un mundo público en el que curiosamente ellos serán los más poderosos.
Tal vez se trata de eso. George Orwell lo anticipó (30).

la IE, al afirmar que lo importante es la comunicación, se une a un concepto


muy noble (¡quién puede estar en contra de la comunicación!), pero se
desvincula de cualquier análisis político y crítico de las relaciones humanas. el
planteamiento final es que el sufrimiento y la opresión no existen, es solo una
problema de bloqueo personal que se superará con el entrenamiento que se
propone.

La inteligencia emocional como una capacidad que se entrena

Desde hace unos años, un numeroso grupo de profesionales de lo "psi" han ido
creando, en conexión con grandes grupos empresariales, un lenguaje propio,
un sistema de entrenamiento y una propaganda acerca de la IE que tienen sus
estrictas reglas y códigos de aplicación. Si observamos el conjunto de los
procesos mencionados no es difícil comprender que el fin último de este
concepto es construir un sistema de definición y control emocional canalizado
por las corporaciones financiero-empresariales privadas y los sistemas
estatales a su servicio. A través de este entrenamiento, se reordena y se narra
de nuevo la biografía personal, que queda adaptada a sus presupuestos. Su
aparente neutralidad supone una patologización psiquiátrica de la existencia.
Sigmund Freud (31) nos pedía una privacidad, contención y normalidad que
nos hacía neuróticos. La IE nos pide expansión, conexión y narcisismo... lo que
nos hace psicópatas. En todas su explicaciones y cursos aparecen de una
forma u otra dos ideas. Una es la de que uno puede ser el agente completo de
su cambio (un narcisismo individualista muy del gusto norteamericano), y la
otra, una conceptualización personal como víctima de algún tipo de abuso (no
necesariamente físico) en la infancia del que uno muchas veces no se acuerda,
pero que sigue teniendo efectos en el presente.

Los estudios sobre los resultados de este entrenamiento muestran que los
empleados que han seguido cursos y másteres al respecto son más eficaces,
venden más, cambian menos de empresa y generan pocos problemas. Por
tanto, este entrenamiento se convierte en un recurso económico importante.
Por eso las corporaciones financieras financian estas prácticas en sus
organizaciones, en las universidades y escuelas. Los destinatarios más
importantes son los trabajadores de grado medio, cualificados, sin grandes
cuotas de poder, pero con elevada importancia en el funcionamiento cotidiano
de sus empresas o instituciones, y que han de trabajar hacia "abajo" con los
trabajadores manuales y hacia "arriba" con los propietarios o grandes
directivos, así como realizar trabajo en equipo.

Los cursos de IE presentan sus criterios y mediciones sobre la personalidad


como algo derivado de la lógica científica, pero en la actualidad hay más de
3000 tipos de test de personalidad, señal de que no saben bien ni cómo ni qué
están midiendo. Pero en todos ellos hay un supuesto no comprobado: que las
personas son clasificables alrededor de polos de personalidad estables y
medibles que siguen un patrón, y, más aún, que algunas de ellas son más
apropiadas que otras para tener éxito como trabajador o en la relaciones
privadas. La narrativa que se acaba por producir con estas técnicas puede
tener la fuerza de las convicciones religiosas, ya que es sencilla, eficaz e
inconmovible, gracias a ese enorme interés en el mundo propio e íntimo, en la
vinculación al presente, en la definición del pasado como una herida a sanar.
Con el tiempo estas prácticas y cursos cansan, agotan e inducen un difuso
estado depresivo derivado de una tarea obligatoria: ¡Sé libre!, ¡tú puedes! ¿No
se parece eso a la esclavitud? (32).

Efectos neocapitalistas de la inteligencia emocional

Lo que para el Yo es importante, lo que construye la propia identidad ha


variado a lo largo de los años. En la Edad Media lo importante eran los valores
eternos de los cuales uno era portador e imitador. Los nuevos desarrollos
económicos trajeron otros énfasis: la creatividad, el ser uno mismo, etc., y así
hasta llegar al último producto de la ingeniería social, la emocionalidad que se
expresa y se muestra: la inteligencia emocional. Es ese el valor del Yo. Eso por
lo que se le mide, y que resulta clave para vivir en un mundo como el que el
capitalismo global propone. De ahí que las potencias financieras y sus
instrumentos educativos, como el sistema escolar y universitario que financian,
se están encargando de esta labor muy rentable.

Las formas de control social han cambiado. En un tiempo fueron las llamas del
infierno las que mantenían a la población controlada. Ahora es la blanda y
espumosa autorrealización personal quien se encarga de ello. Eva Illouz (33) y
Marta Nussbaum (34) han realizado magníficas descripciones sobre las
emociones y la terapia psicológica. La lectura de sus libros resulta
imprescindible. Muestran la implacable presión amable hacia la autodisciplina.
Para tener éxito en el amor o en los negocios hace falta ser una persona
amable, fácil y predecible para los demás. También implica asumir que el otro
se comportará de la misma forma al quedar obligado por nuestra conducta.
Una reciprocidad que exige reconocer que el cónyuge, amante, amigo,
compañero de trabajo, empleado o jefe tiene necesidades y hay que estar
preparado para satisfacerlas. Un mundo de estilo hogareño en el que hay que
reducir al mínimo la diferencia entre las personas. ¿Hay algo que anestesie
más o que sea menos interesante que aquello que es predecible?

Todos deben saber comunicar, desvelarse ante los otros, desde el gerente
hasta el personal de limpieza. La comunicación es una nueva episteme que
crea nuevos conceptos y prácticas. Entre ellos el trabajo en equipo, noble
actividad donde las haya, pero que oculta en su lado oscuro una profunda
desconfianza sobre la capacidad creativa y "animal" del individuo. Nada hay
que justifique científicamente que el grupo sea superior al individuo y viceversa.
Son opciones y desarrollos distintos. Ambos valiosos. Pero el grupo sí tiene
algo que el individuo no tiene: una tendencia a generar uniformidad. Por eso
suele ser preferido. Elias Canetti (35) lo había advertido. El grupo puede
devorar a las personas, y sin luchar, que no es de buena educación emocional.
Una inteligencia y una emoción deseables

Lo que nació como una justificada y necesaria búsqueda de igualdad política y


legal, de lucha por la emancipación, ha desembocado en una anulación de
diferencias que ancla el deseo y la creatividad. Ambos necesitan del contraste,
de la separación, de la atracción de lo que no se es, de lo que no se tiene.

El sentimiento de igualdad obtenido gracias al intercambio emocional crea


muchas relaciones objetivas y racionales que, sin negar los aspectos positivos
que eso tiene, también destrozan el placer, la crítica y el deseo. No hay manera
de generar fuerza atractiva en la relación de individuos convertidos en piezas
predecibles, intercambiables y usables en el cambiante mundo de capitalismo
postmoderno. Las emociones no predisponen a nuevas acciones, ni informan
del estado actual de una persona. No hay comunicación, no hay libertad, no
hay creatividad. Sólo teatro más o menos bien ensayado.

Las diferencias de estilo, personalidad, ideas, proyectos, reacciones entre los


amantes o los compañeros de empresa se diluyen en una comunicación similar
para todos, entrenada en las decenas de talleres y cursos. ¡Comunícate y
muere!

Las emociones así entendidas se actúan, fluyen y se ofrecen a los otros o a


uno mismo de forma estereotipada y entrenada. Así, en vez de poder decir a tu
pareja "que te den", se pretende que se diga: "en este momento yo me estoy
sintiendo furioso contigo debido a que la relación que tenemos me está
dañando. Espero y deseo que podamos negociar una forma menos tóxica de
relación". Esa petición así expresada ya sería razón suficiente -casi hasta lo
haría necesario- para separarse.

Pero poco a poco, aunque apenas se escribe sobre ello, va cundiendo la idea
de que es una trivialidad de la que se aprovechan las grandes corporaciones
para amaestrar a su trabajadores. Eso va desprestigiándola, y va apareciendo
la necesidad de una sustitución. La propuesta de un mindfulness no ha podido
ser ese relevo, ya que era demasiado evidente la venta de un budismo
bucodispersable en comprimidos flas en la que se basaba. Algo rápido, fácil de
asimilar sin esfuerzo. Así que un posible heredero es la psicología positiva. Lo
"positivo", como concepto, aún está bien situado en el ranking de noble
palabras. Claro, suena mejor que lo "negativo", pero ¡donde esté la elegancia
del Conde Drácula, la maldad de baquelita a toda prueba de Darth Vader o el
viaje al Infierno de Dante, tan atractivo él (el infierno, me refiero), comparado
con la sosería del Paraíso!

No se puede olvidar que las emociones son hijas del deseo, la gran capacidad
humana. Tanto es así, que para autores como Gilles Deleuze (36), y antes
Baruch Spinoza (37), la más acabada definición del ser humano es la de "ser
deseante". Si hubiera que apoyar, entrenar algo, no sería la IE, sino la ID-
eseante. Una las características de la madurez humana es la capacidad de
gestionar de manera creativa, actual y eficaz los propios deseos. Y eso no es
nunca fácil. Nada que ver con la expresividad o transparencia de la que nos
habla la IE. La gestión del deseo, de la pasión, es lo que nos hace seres cultos.
Es la cultura un proceso de ocultación, de marginación de elementos naturales,
de simbolización, etc., eso es lo propio de los humanos. Las emociones no,
esas las compartimos con las bestias, esas sí que actúan emocionalmente.

Los seres deseantes que somos vivimos en un magma de múltiples


experiencias y relaciones. Más aún en estos tiempos de vida en red. Como ha
señalado Kenneth Gergen (28), el concepto coherente y unificado del yo está
dando paso a capacidades personales múltiples, incompletas, cambiantes y
contradictorias. Para lo bueno y para lo malo. No podemos seguir sosteniendo
una idea lineal unificada y previsible del sujeto humano. Heráclito estaría
desesperado. Ya no hay un solo río en el que bañarse: nadamos en las
múltiples corrientes de nuestro ser, concatenadas, a veces enfrentadas y
siempre cambiantes. Ciertamente, puede ser una realidad que nos rompa y
desconcierte. Puede fácilmente hacernos sentir aislados, deprimidos o
narcisistas. Pero también, derivado de esa incertidumbre y desconcierto, se
empuja la creatividad, la originalidad y la desobediencia. Tal vez sea malvado
pensar que para impedir esos meandros de libertad nació el entrenamiento y
condicionamiento operante emocional. Tal vez se rotuló como IE para así
disimular su contenido altamente pauloviano.

Los diversos modelos de comprensión psicológica basados en la aceptación y


el compromiso con el inevitable sufrimiento y renuncia de la existencia son, sin
duda, un procedimiento de crecimiento personal mucho más rico. La
fenomenología existencialista en la que se basan estos modelos no trata de
eliminar lo desagradable, temible o angustioso que nos sucede, como se
pretende en el pensamiento positivo típico de la IE, de tal manera que si uno no
es feliz es por su culpa o por falta de empeño. Puede uno imaginarse a donde
puede llevar esta posición: a desgraciados o sumisos esclavos. Es una forma
moderna del viejo problema de la evitación de lo desagradable sin asumirlo. Y
como alguna vez dijo Jean-Paul Sartre, lo importante no es lo que nos pasa
(eso muchas veces es, desgraciadamente, inevitable) sino lo que hacemos con
lo que nos pasa.

No hemos de entregarnos a las emociones, sino elaborar proyectos de vida a


los que después podamos entregarnos con la necesaria distancia crítica. Pero
la inteligencia, la emoción, la elaboración de proyectos han de tener en cuenta
también la ya conocida sentencia de Samuel Beckett (38): "Prueba otra vez.
Fracasa otra vez. Fracasa mejor.". O en términos de Homer Simpson: "Intentar
algo es el primer paso hacia el fracaso".

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