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Printed: 8/31/2020 12:40: 10 PM
Item 10: 98627
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ICall #: NXS2S.A1 L49 199~
Location:
Serial Information
Journal/Book Title: La visualidad infinita
Volume: Issue:
,
~
Q,l
MonthlYear:
ISSN:
~ I Article/Chapter Title: Recuerdos: Guy Perez de Cisneros
Q,l
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~ IPages: 278-2931
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.... Monograph Information
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==
Q,l Title: La visualidad infinita
~
c.., Author: Jose Lezama Lima
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Date: 1994
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rn Place: Havana
I..
COl Edition:
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ISBN:
~=
Barcode:
mill 1111
Course Information:
Course 10: 157796
Course Name: Caribbean Thought
Course Code: SPAN697401
Semester: 2020C
Instructor: Casamayor, Odette
Department: SPAN
Processing Location: *VANPEL T
Recuerdos: Guy Perez Cisneros
La casona, un ala del castillo del pcriodo de la Ilustracion,
se esconde en la sombra de sus provocacioncs, un tanto en
la bisagra secular de dos estiJos: la espaciosidad de la
piedra parece acercarse al circunspecto, extendido y so-
lcmnc herrcriano, y la humeda sombra grabada en una
dilatada angulosidad entreabre unas hojas historiadas, mi-
nuciosas; viene a recordarnos ese romanticismo severo de
cspadachines y desterrados, de embajadorcs otomanos y
ajedrecistas vieneses, de matematicos conspiradores y de
botanicos protestantes, que entre nosotros representa me-
jor que nadie Jose Antonio Saco, con su Jevit6n Montecris-
to y sus bolsillos llenos de estadlsticas, que despues disfru-
tara como bomboncs el Bar6n de Humboldt. En la casona
de Prado y Trocadero, con su yedra raspada en los archi-
piclagos vcrdinosos de una gran lajada de piedra. Pcro
entonces, por los alrededores de un 1935, que como es
clasica obligaci6n comienza ya a parecernos un poco loge-
nuo, los rnoradores de la casa, en UDOS balances para las
demoradas conversaciones, cl bolillo 0 el macrame, el
relato susurrado donde la chismosa nueva versi6n enarca
sobre el pondus del sucedido; se replicgan a una esquina
del portalon, dcjando bien subrayado un espacio que se
regala, sobrante, que todavfa cl orgullo no se decide a
merear, pero que subraya su indolencia, su vaciedad, y un
tanlo su innoblc Ialta de aprovcchamicnto, Si nos detenc-
mos un poco mas, levantando el regusto de la obscrvaci6n
por sombreadas persianas 0 sigilosos ronroneos, precisa-
mos que las caballcrizas estan vactas, y que por 10 menos
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aIli, el alazan caramelo no ha sido reemplazado por la
rea~eza del Rolls. Y cuando nos alejamos, sin creernos
obligados a dejar caer el goter6n de un juicio, acomoda la
espesura de la sombra en el brocal central de La casta
Venus, que como siempre, frente a la ConsteIaci6n de los
Jinetes, ha comenzado a rielar.
Los moradores renuentes a rendir el espacio sobrante,
o tal vez fueran eUos los sobrantes frente a un espacio que
no sabian incorporar, se defendian de la invasi6n de alfom-
bras, tumultuosas cristalizaciones del pisto manchego,jau-
las con tortugas, 0 de las agendas de prospectos para giras
internacionales. Pero apcgados a su orgullo los fantasmas
verbosos crecn poder, sin rnengua de su estelar dignidad,
conllevar las ruinas y la Ilustracion, los prestamos a plaza
fijo con la Aufklarung y para cllo han alquilado las piezas
de la azotea a unosAmigos de la cultura itatiana; donde en
eI incipicnte crepusculo sc transmite una de las formas mas
universales de la latinidad: la Gramatica, iAcaso en la
lucha entre cI orgulloso cella y la gramatica latina, la
influeneia de la prosa italiana, no habra ganado el cantabile
maestoso y vivace de Cervantes? Habra verificado e) ofieio
de la prcsentacion de un amigo a quien llamariamos el
Licenciado Torralbas, que parecia mostrarse contento. En
el balc6n corrido, que se interrumpe por alguna grata
espera para la ociosa pasamanerfa, las parejas, los cores,
descifran un sentido 0 cornprueban una vocalizacion, Des-
pues de la presentacion, que eran tan 5610 en este caso un
aJegre ritual, pues el liccnciado amistoso nos conocta, a
cada uno por su parte, desde hacia bastante tiempo, co-
mcnzamos con muyescasa vacilaci6n a convcrsar, COnuna
majestuosa cscenografta, la de memorizar el soneto del
Dante: «La donna mia» La rotundidad aguda de su pro-
nunciacion gala se prendfa del versoparece una coso venuta
de celo in terra a miracolo mostrare y mi aprcsurado cantu-
rrco de crioUo adolescente, se demoraba en que va dicien-
do 01 anima sospira. La conversaci6n se cxtendia, pues el
profesor, muy latino, se echaba a Cronos a la cspalda,
demostrandonos que a el tambien Ie interessba mas eJ
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parloteo que el comienzo de l~ clase, y muy pronto ?'le
sorprendta el baUestazo de una cita de Descartes, muybien
situada en la natural zozobra de un primer encuentro: «EI
hombre no puede crear, s610Dios puede crear, pero puede
pensar, y todo 10que Dios ha creado, el hombre 10puede
pensar», Era un encantamiento, un delicioso conjuro, una
amistad que en nuestras latitudes comenzaba por disimu-
lar la simpatfa en una cita cartesiana. Cartesio presentado
asr, tan graciosamente, podia comenzar a aturdirrne, y
cuando me repuse sin vacilaci6n del agrado de la cita, le
conteste con la sentencia de Tertuliano: «es cierto porque
es imposible». Nos miramos fijamente a traves del momen-
taneo antifaz de nuestras citas, y el timbre del comienzo de
la clase reemplaz6 a los gorgoritos de la vocalizaci6n y a
las risas de las parejas que movilizaban sus agrupamientos
a. 10 largo del balconcete,
Al alcanzar nuestra amistad su desarrollo y su necesi-
dad, Guy vivia en la calle de Consulado, yo en Ia de
Trocadero. Lo recuerdo tan s610para sefialar que estaba-
mos en un clima soreliano. lNo recordais el pasaje en que
J0010 Sorel, en Le rouge et le noir; adelanta su mano en el
inicio de una infidelidad para encontrarse con la de Mada-
me Renal? Despues cuando Madame Renal Ie extiende la
mano, Sorel considera un deber no extender la suya. Esta-
bamos pues en el elima de la voluntad, nos proponiamos
metas, sutilizabamos nuestras vueJtas para penetrar en 10
historico, buscAbamos el relieve de una confluencia donde
el arte, al alcanzar su saturacion, lograse la posibilidad de
un nuevo estilo en 10hist6rico nuestro. Crefamos que cada
forma alcanzada artisticamente tenfa que lograr, por una
nobleza mas evidente, una cIaridad para el estado, enton-
res, como ahora, indeciso, fluctuante, mcdiocrfsimo, No
confundtamos la nacion, que es acarreo, trabajo madrepo-
rario formado por el bandazo de la marea, donde el azar
extrae un destino y 10evidencia, con el estado, que es toma
de poder, irrupci6n, estreno de una. gene~aci6n, chispa
energetica que contrae la masa y la cruJe, denvandonuevas
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radiaciones para enarcar las zonas indolcntes hacia su
forma y su cjccuci6n.
La primera consecuencia de esa actitud, en un paradojal
reobrar era que trafa una primer a calidad en 10 artfstico,
Lo que era la naei6n, para las inserciones de la conducta
en 10 hist6rico, era 10 popular para las mas c6modas reso-
Iuciones de forma y de signo. Ouertamos un arte, no a la
altura de la naci6n, indecisa, claudicante y amorfa, sino de
un estado posible, constituido en meta, en valores de tina-
lidad que unicse la march a de las generacioncs hacia un
punto lejano pero operantc, futuridad entrafiada por un
presente tenso coo el areo poblado por una elastica ener-
gfa, Al detenernos en el acarreo lenlisimo y vegetative de
la nacion, al qucrer subrayar valores populares en el arle,
nos subordinabamos a 10 hispanico. ~No hemos visto acaso,
en colecciones de versos populares negros, el A Pedro. mi
hermano - el santo que tengo en la mana - roto y descosfo
=que no sabeni el santo queha sido= que era en realidad
una coplilla burlesca del XVI hispano? Surgian ast los tcmas
negros tratados en octosilabos romanceados y los cuentos
maIcriados, donde nueslros guajiros hablaban como anda-
luees, mascando rapidas mariposas. Cuando, generalmen-
te, un campesino nuestro, que merece penetrar en una
novela, es un hombre sobrio, sentencioso, que mira COD
ojos gigantes, mancbados, calmudos, de muy lenta rota-
cion, Como crefamos que el eslado debe ser la meta para
una gencracion, era tambien el buscado un artc viril, vo-
luntarioso, como la uiia siguiendo los bilos del diamante, a
la altura del hombre y de Dios. Que lorna la materia, y la
besa con sus dedos, y Ie haec la garganta, y Ie ca1cula el
rumor de sus entrafias, Un arte que asimilase el universe,
porque incorporar es la funcion de la salud; que operase
porque ahf esta cl destello de la sobrcabundancia, y que
fuese rcsistente, porque s610 cl Espiritu Santo circula a
traves de los canales del tiempo subito.
Si temrarnos a los integrantes nacionales, a 10 que es el
arte cuando se parte de la bllsqueda de la naci6n, que en
definitiva venia a rendirnos a 10 hisparuco, precisabamos
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ya que s610 la eticidad resistente de 10 hispanico, podria
lograr la unidad, no partiendo de los elementos pasivos 0
nacionales, sino de las violentas imposiciones de ]0 estatal
logrando sus ordenanzas para la conducta. Sabiamos ya
que 10 hispanico no podra ser la norma para lograr la
universalidad de nuestra expresi6n artfstica, pero si esta se
lograba, la eticidad hispanica alcanzarfa la rotundidad de
su pleno. Ya tencmos la provocaci6n primera de aqueUa
generacion, que por mi parte 10mismo puede llamarse de
Espuela de Plaia 0 de Origenes. Espuela de Plata, si nos
atenemos a las primeras escaramuzas y agrupamientos, a
los deseos que se proyectan 0 a los rcchazos que nos
consumen. Y de Ongenes, ala plenitud que recepta duran-
te diez aiios a los diez poetas cubanos. Yo la llamaria, por
contraste irritaate con el medio cubano, que despues de
1940 se endurece, logra su punto gelie, Ie molesta, por
satumiana y errante, la expresi6n espfritu, aunque enfatiza
con tosudez tecnica cuando habla de esptritu de empresa,
y si abomina tambien de 10 clasico, por chapucera, y febril-
mente inmcdiata, acepta la expresion tener clase, para
aplicarsela a un desdichado que sale a la calle a vender; yo
la llamarta, simplemente, por bostilidad a ese milieu carci-
nomoso, la generaci6n de la poesfa, cuya primera visible
consecuencia era brindarle al cubano una Ievadura mas
alta, mas nobles preocupaciones de vida y de forma. Pro.
curar levitarlo artfsticamente, para engendrar un ceo de
noble resistencia a la conducta. Que viesen en algun coro
de artesanos, burilador de vihuelas, 0 de escrituras musi-
cales, nobles dictados que derivasen su conducta a una
menestralia fuerte y hechizada. EI que piensa 10 mas hon-
do, siente 10mas vivo,dice Novalis, Asf aquella generaci6n,
la ultima realmente aparecida entre nosotros, buscaba en
la bondura, en los verfdicos planteamientos estihsticos,
sentir el caudal mayor de 10 historico, sin partir de la
configuracion actual de 10primigenio, que es la busqueda
de 10 artistico, sino por el contrario confluia bacia metas
donde se clarificase nuestro destino hist6rico. Por eso yo,
en mi «Coloquio con Juan Ram6n Jimenez», aDo 1937,
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propuse la expresi6n teleologfa insular. Desechando ahora
el desarrollo de esa expresi6n, bastenos subrayar que le
daba a su generaci6n un sentido hlmnico, whitmaniano,
buscaba el cantabile optimista, para diferenciados afluir a
lb universal, si se ahondaba era para lograr un centro de
operaciones dialectico 0 sensorial. Habfa hufdo de peligros
solapados 0 rotundos, vocingJeros 0 soterrados, y sefialaba
con sus hirientes fascinaciones, arremolinados metagra-
mas. Si habia desdefiado 10 popular turtstico, las faciles
onomatopeyas del negrismo musical 0 poetico, que eran
disfraces de 10 hispanico menor y del cosmopolitismo de-
sangrado; billa tambien del hieratismo enfatico mexicano,
de su rotundidad muralista, para tibrarnos de la poesla
diplomatica, «finas entrecomillada y como en marco de
doradilla. Y 10 que es mas irreemplazable y peri6dicamen-
te valioso de la imaginaci6n haitiana, del terror visto a 10
frances, donde a traves de los cristales de refraccion del
surrealismo, nuestros graciosos fantasmas comudos se
convierten en los sudorosos campesinos muertos en las
granjas de Haiti. Si habfa buscado esa generaci6n para 10
cubano una levadura mas alta, era natural que actuase por
saturaci6n, por una lenta acumulaci6n de 10 occidental y el
subito interviniendo en ese lie no, como pinchazo temporal
de la circunstancia, de 10 hist6rico a que se obligaba,
En medio de esa turbamuIta de replicas y provocacio-
nes, yeo, como ahora, ay, en el recuerdo, en el despliegue
del segundo tiempo matinal, Ilegar a mi casa a Guy Perez
Cisneros, y mientras preludiamos el oro criollo del crujido
silencioso de una torta de langosta, ponernos a saborear
las sflabas de «Notre Dame de Lierre», de Peguy (Guy
hablaba con frecuencia de un uo suyo, hermano de su
madre, la Senora Bouvel, que habra sufrido beroicamente
en el asalto a Verdun), y avanzar Ientamente en la selva
fLIol6gica de aqueI divertido y endemoniado capitulo de
Maese Alcofibras, eJ doctor Rabelais, tan del gusto de
Joyce. Esa manera de amistad, que hemos llamado sorelia-
na, muy alejada del Charmides, y del Lysis pJat6nico, vive
de riesgos, se alimenta de dificultades y espectaciones. Su
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propio combustible no es la voluptuosidad de la conversa-
ci6n 0 de la compafifa, sino la dificultad a veneer, la mo-
mentanea energfa para pcnetrar en 10 hostil, en una divini-
dad negada. Cada presencia es como un secreto peligro,
pues parece nutrirse de una mutua exigencia, de un com-
plementario ondulante y esquivo. Si la bemos Uamado
soreliana, es para evitar el enfasis de calificarla de ignacia-
na, alejandola de nuestra 6rbita por su rigor destemplado
y su ciega entrega a un absoluto teocratico. No es la amistad
entre la sabidurfa y el adoleseente bostigado por cI Eros
del conocimiento, sino entre dos adolescentes, que creen
COD decidida ingenuidad, que su energfa 0 su novedad
pueden producir comienzos 0 alteraciones en la masa
indolente, extendida 0 rencorosa.
Pero aun en su resultante historica, mas alla de la volun-
tad que se traza metas y se consume, pensamos siempre
que Stendhal ha desconocido a Sorel, cuaodo 10 hostiga
COn el dictum de bip6crita, la amistad ignaciana se funda
en el mflite, en la milicia, No s610 en dar pruebas mostrando
signos, multa signa [acit, en baeer obras, sino en reclutar,
por el proeesional, para no extinguir. Por eso, 10 mas
fascinante en la generaci6n de Orfgenes, no ba sido tan s610
su cerrada vocacion, sino el haberse integrado con una
parabola de todo 10 que ha sido creacional entre nosotros
a 10 largo de una vcintena de anos, que desechando 10
marginal alicaido, vagaroso e imploraote, comunicaba san-
guina y continuo a la cultura cubana. lNo cran todos
nombres dinamicos como verbo, clavilefio, espuela de pla-
ta, la fuerza indivisa de los origenes, los que parecen
arremolinarla? Y que aun en una revista como Grafos
mostraba a Thibaudet refutando a Spengler sobre el coo-
cepto del tiempo en los gricgos, ala hija de Joyee descu-
briendo un viejo poema irlandes, y aquella «Lettre a la
Etoile», de Supervielle, y los encuentros de Thibaudet y
Ernest Robert Curtius en Heidelberg. Doliendose Thibau-
det de Ja ausencia de muebles antiguos en los grandes
palacios del Palatinado, l.acaso no empleaban, Ie respon-
dia Curti us, los cocincros en Tournus, para cubrir los
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pasteles de boda, pergaminos antiguos? Y textos comple-
tos de Alain yde Valery, que lageneraci6n de Espuela de
Plaia daba para transformar una revista cortesana en una
expresi6n de generacion.
Guy fue uno de los propulsores de esa inicial formacion
y reclutamiento. No 10 sigui6 en el extenso de su parabola,
tal vez por los menesteres administrativos a los que tuvo
que entregarse en su totalidad. Fue aquella una generacion
a la que se Ie negaron y se le niegan muchas cos as y que
tuvo que ahondar su trabajo a la primera oportunidad
rendida por un azar de salvacion. Y que poco antes de
morir, despucs de haber recorrido muchos caminos y ha-
berse cansado en fundones subalternas de quiencs les eran
muy inferiores, repasaba de nuevo las cafeterias donde
habfa est all ado la verba generacional de sus primeros ami-
gos, comprendfa con cierta tristeza que no sc habia jugado
la carta a la totalidad de su destino, y se abrazaba con una
misteriosa decisi6n patetica, a los ejemplos mayores, que
como Van Gogh, hablan ocupado fanaticamente su ananke
en media de la miseria y la enfermedad. Convirtiendo,
segun el consejo de los griegos, al enemigo en auxiliar. En
los aforismos de Van Gogh, que recogfa como una exigen-
cia de su ensayo, volvia a subrayar la insistencia fabulosa
del artista ante el destino, que Ie niegan los ajenos inservi-
bles. Insistencia que es ya de por sf artizamiento; fanatismo
que es Dios acornpafiante. Vocaci6n, que cs llamado, que
cs buena obra. Vocaci6n que artiza; arte, que es llamado,
como la vista y el ofdo, en su altura humana y su rumor
horizontal. Mesa escrituraria de Santo Tomas de Aquino,
y adolescente que descubrc una cascada y se 10 cuenta al
gallo, en Rimbaud. Como el puente Icvantado por un
rumor; como la marea de la conversaci6n recogida par las
escaleras de la escritura, que es visible, que es vocaci6n. y
Guy, que sabia todo csto, se desesperaba.
Estan ya por los caminos flamencos, hacia Rorna, en
busca de la bula de la autoridad. EI fundador, el capitan,
cuida y enumera. Rivadeneyra, que lo cuenta, el mas jovcn,
comienza a sangrar, sc desvancce, su juventud Ie haee
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inc6moda la retaguardia. Se lamcnta, se empequefiece, y
quiere rectificar la misi6n. Disminuido, corre aI capitan, y
de un empuj6n suclta su terror ante Ignacio, el escudo .
..Me mir6 como un demonio», dice Rivadeneyra. Y siguio
en la marcha romana basta recibir la autoridad comunica-
da para la fundaci6n. Ay, ante nuestras vacilaciones, ya no
bay santos que miran como demonios. Sino unas palmadi-
tas y el pasaporte de regreso.
II
Admirables, en su proverbial conjetura, el despliegue de
los dos cuadrados, repletos de obras significativas, al coin-
cidir en un lado batiente en torno al nombre de Guy Perez
Cisneros. Aquf, no podemos negarlo en su rotunda conclu-
sion, nos encontramos con aquella laetitia; la alegrfa, que
cs la juventud, liberada de sus exigencias temporaIes, para
a1canzar las consagraciones de las esencias, M uy abundado
de frustracioncs, c6mo no subrayar esa alegna, que no nos
debe de llevar al enfasis de las actitudes sobrepasadas, los
logros, las sorpresas, habidas entre nosotros para la pintura
y la poesfa, Eo los 61timos aiios, no soJamente las salidas
que sc verifican para ahondar una sorpresa 0 para compro-
bar el reavivamiento de los estilos goticos 0 barrocos, sino
tambien eo las cosas que venfan a buscarnos, que ahora
veiamos en nuestra propia casa, sin sobresaltarnos ni rega-
lar pasmos de maravillas, nos daban aI par confesion de
pecados y esplendores, Periodicamente, con ondulantes
motivos, se articulan estas exposiciones corales, con noble
ritmo se entreabre esa brecha que penetra en nuestro
paisaje de cultura, para aportar el hombre allado del arbol,
con luz bat ida y diferente, De tal manera que 1a continui-
dad de ese ritmo de visibilidad nos permite tambien preci-
sas notaciones de sus junturas y resquebrajaduras, de sus
apoyos y de sus rcctificaciones. Pero cualquiera que sea la
sucrte que teoga que atravesar est a extensa teo ria de lien-
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zos, nos permite un punto de confluencias en el ejercicio y
la alabanza. Sabemos sus indecisiones, sus demoras, sus
ignorancias cuando debra mostrar sabidurta, sus astucias
cuando debfa regalarnos una como irrebatibJe salud, Pero
una nota DO se le puede negar, una suerte la acompaiia y la
define: su esplcndor comparativo. Pues en el Madrid ac-
tual, con eJ Prado a Ja vista. y un centelleo en el carro
excursionist a de la triple noche de Toledo, y en un caft
cercano Vazquez Dlaz, Zabaleta y Eduardo Vicente, tos-
tando las anguilas coo un jerez operatico, no superan a
nuestros Amelia Pelaez, Portocarrero 0 Mariano. Ni el
Mexico del sal6n vienes de Marfa Asunsolo, donde el
coyote con los ojos arafiados, 0 los payasos fantasmagori-
cos cubriendo las catedrales ondulantes de Tamayo, no
ternan mas esplendor telurico, mas soterrada mina que
Wifredo Lam. con sus caballos hundiendo su energia en la
sombra y en la humedad de las cubas frutales, Ni cn la
recepci6n cosmopolita de la siesta. del descanso abstracto,
del bonaerense restregarse los ojos para descubrir mas que
para incorporar, precede 0 rebasa la calidad de la caligra-
ffaminuciosa y gobernada de un Milian, de un Consuegra
° de un Llinas, lC6mo se ha ido integrando csta repu-
blica de las artes figurativas? Estc continuo sucesivo,
que durante mas de veinte y cinco afios, ha definido,
aclarado, incorporado la busqueda con el logro, la he-
roica frustr aci6n con eI espJendor, la alegrfa de las nuevas
playas y Lafatiga de los laberintos con mucho hilo y atra-
bancado toro durmiente.
La marca superficial de logeneracional en eJ subrayado
de la ruptura.Ios valores de intensidad y la energta que DO
se ejercita en la ocupauo de la totalidad. Faire autre chose,
[aire le contraire, otra cosa, 10 contrario de la generacion
anterior, es la primera piel de 10 gcneracional. Asf, por
ejemplo, en la actualidad hablase en poesfa, de la vuelta a
la sencillez, al bilito de agua franciscana, Contra una gene-
raci6n que se consideraba complicadtsima, barroca y ex-
tremadamente cargada, como escaparate de tees Junas
repleto de todos los enscres ancestralcs, familiares y per-
sonales. Pero una parada en tercia, como dicen los esgri-
mistas: una sencillez lograda a voluntad, escalada a soga
gimnastica, conseguida en marcha opuesta a la anterior
estructur a i.es acaso una sencillez? Sencillez como opuesto
a recargo barroco, no es una antftesis generacional, en una
generaci6n prepotente ambas coinciden y se fecundan en
sus reencuentros. Francis James sencillo complicado, al
lado de Valery, que funda sus premisas en pocos apoyos
de la tradicion de la inteligencia frente a 10 inmediato. Una
generaci6n voluntariosa de la sencillez, porque la anterior
fue lujosa y barroca, estrena una complicaci6n mas peli-
grosa y secreta que la anterior, y mucho me temo que esa
decant ada senciUez caiga en 10 simple del recuento 0 en la
disfrazada complicacion intermedia,
La rafz que prolifera en el extenso desfile de estos
lienzos, no es la marca generacional de 10 antitetico, de 10
intensivo desbecho sobre su propio apice, sino un estado
sucesivo, y esta es la alabanza que se gana una muestra
coral de nuestra plastica, un continuo que penetra en 10
oscuro, en los entresijos de la futuridad. En esa dimension,
las influencias, como las citas se vue1ven creadoras; las
relaciones con la Escuela de Paris tienen entre nosotros
motivos primigenios y fatales, pues una infl uencia se puede
volver mas creadora que el mismo ente influenciador.
lQut nos pucde precisar la influencia de Gauguin en
Victor Manuel, cuando sabemos que logr6 unos arqueti-
pos, unos entes que se hieratizan en el mundo de las
categorias esenciales? 0 la de Juan Gris eo la primera
Amelia Pelaez, cuando sabemos que nuestra pint ora habra
logrado esas definiciones de contorno adq uiridas por la luz
interviniendo como un plano que detiene nuestras frutas y
nuestros vitrales, para definirlos por detencion 0 acariciar-
los en su diedrica plenitud. Gusto del sefiorfo de Lasformas,
no mostrarse esquivo con las influencias, sino devolverlas
comprobadas en universalidad de intenciones. Asf nos
liberamos del terrorismo de las influencias, de la fobia de
la europcizacion, de las sonricillas provincianas frente a La
universalidad, manejadas coo malevola astucia por agentes
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macabros del resentimiento vernaculo. No basta 10 verna-
cular de la sequia, como 10 quieren los falsos pretendientes,
sino del zumo subito de rezumos lentfsimos.
Imaginad La Habana de 1935, henchida de politiquerta,
con un intitil y ramp ante subconsciente alborotado de
pesadilla colectiva. EI pseudo vitalismo desdeiia leer entre
Iineas, el definir para incorporar, el Eros cognoscente, la
suspension que recorre el campo de operaciones y se acoge
al romanticisrno de la inmediatez y la intensidad. La inte-
ligencia no aspira en aqueUos mementos, y verdad que
entre nosotros en ningun memento he visto coo mucha
claridad el perimetro de sus concentricos de influencias y
exigencias, no aspira a dominar por la saturacion ejercida
por sus obras, sino grita en las esquinas de la polis, carece
de varonil energta para enfrentar 0 espumar el demos, y
saborea el perfume de la guanabana, lentos COvlOS del eco
del subconcicnte siboney en los juegos de pelota, Prcfieren
Romain Rolland, en el limbo suizo, antes que a Proust
naciendo en la puesta de sol de sus polvos fumigatorios.
Les molesta Valery 0 Claudel, porque despiertos intenta-
ban incorporar la gran tradicion occidental, la tradicion de
la alianza entre los dos mundos del hombre y de Dios, de
10 exterior y de 10 invisible, y eUos querlan 10 onfrico, 10
mesianico, 10 confesional. Ouertan la poesta surgiendo del
suefio, pero el sueiio era tan prolongado, que apenas les
quedaba tiempo para las notaciones de la escritura poetica,
Yen medio de toda esa turbamulta eI horrible rechinar de
los tarjeteros del Bajo Imperio. Los tomos de la erudicion
apilando bofiigas, siguiendo los estanquillos del alfabeto
fenicio. Y el manualfabliaux profesoral . «Los opositores»
creando en la imaginaci6n una Edad Media musicalizada
por Offenbach, castillos con camaras bajo el rio, ruido de
cadenas, imploraciones, aparecidos, hachas de yeminas
c1avadas en el torre6n que se desmorona. Y la comision
estudiantil que visita a una alta autoridad universitaria para
pedir el honorable recinto y ofr la poesta dicha por Juan
Ram6n Jimenez. Y el Senor Pipe let, que se enfrenta con la
comision, y se oye: «Miren muchachos, hay que tenor
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cuidado con quien viene a hablar aqul les conocido ese
Senor Jimenez?» Y la prensa, tronada de incultura, que en
la insignificancia de a una columna nos previene: «han
llegado dos ilustres viajeros Menendez y Pidal», Y e) inte-
lectual, de muy alto rango segun el incesante susurro de sus
corifeos, que declara como una gracia «que no le gusta la
musica y que no comprende a Valery». Habfan propiciado,
ya en toscas ordenaozas 0 con rejuegos de malicia, una
zona pesimista, necrosada, indecisa, donde la frustracion
era la norma de acatamiento, y el perfume de las ruinas
intentaba sobreponerse a la colada brisa universal, dorada
y como prolongandose en la luz, que nos venian natural-
mente de las despiertas colinas de Cojfmar.
Pero llegaban con los bisofios nuevos saltos de la sangre
a la Universidad de aquelJos afios. Mis buenos amigos de
siempre Rene Villarnovo y Manuel Menendez Massana,
me habfan llamado, siendo yo tan solo un estudiante de
derecho, para hacer la revista Verbum. Surgian nuevos
nombres para la poesla que perfilaban la generaci6n, y
aparecfan, segun su unico poema publicado, los angeles
saxofonistas de Portocarrero. Era el momenta de descar-
gar la polemica generacional sobre la pintura. Yo habra
sido comisionado para inaugurar la primera exposici6n
universltarla de pintura, pero al frecuentar a Guy y captar
su fervor por nuestra plastica (el recuerdo de los Goya en
el Museo de Burdeos habra avivado desde la infancia la
curiosidad plastica), Ie cedi' muy gustosamente, aI descu-
brir su vocaci6n esencial de crftico de pintura, las palabras
inaugurales. En ellocal de la asociacion de estudiantes de
derecho, se colgaron los lienzos de cinco de los pintores
mas significativos de aquel momento. Detencr la avalan-
cha, hacer su antologfa, cribar la tolvanera, fue siempre
buscada csencia de aquella generaci6n. Las palabras de
Guy en aquella ocasi6n fueron revisionistas, historicas, de
exacerbada crftica, AI mismo tiempo que se dolia de pro-
fesores cubanos que en aquellos momentos dictaban en el
extranjcro. Crco que Guy. aDos mas tarde, integr6 su apre-
ciaci6n de la plastica cuban a en Mi SalOn. En Olra direc-
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ci6n pero en la unidad de identico fervor generacional,
Jose Ardevol, presentaba la primera orquesta de camara
en la Universidad, y desde entonces su clasica decislon.Ja
energfa de su discipLina, no ba dejado de acompaiiarnos.
Y comenzaba al margen de la frustraci6n de la historia
externa de tambour et trompette; la historia secreta. sote-
rrada del esplritu, que silenciosamente aquellageneraci6n
babfa inaugurado. La conferencia de Guy se daba con
total ausencia de publico, pues si recuerdo sus asisten-
tes, todos eran amigos curiosos de la expresi6n y del
culto vivir. Afios mas tarde en unas conferencias que
Guy daba, siendo aun estudiante de Filosoffa y Letras,
sobre Corneille y el heroe, aunque el era muy devoto de
Racine, se daba cuenta que para aqueUos primeros mo-
mentos de una generaci6n la beroica voluntad de Cor-
neille era mejor compafila, Pero ninguna nota de claro y
evidente optimismo fue, aJ inaugurarse eo la Uuiversi-
dad la Escuela de Pedagogfa, tan potente como la pri-
mera exposicion retrospectiva de pintura que se bacia
en nuestro pafs. Y despues las mismas salas COD la pintura
contemporanea reafirmaron la permanencia de la gran
tradicion, Guy lrabaj6 en su organizaci6n y la legltima
alegrfa que podia mostrar por aquella evidencia, por aquel
relieve adq uirido por una de las fases csenciales dc nucstra
cultura, justifica la plenitud de estos dos cuadrados batien-
do y asegurando su nombre.
En Mi salon Guy eofrentado el problema de motive y
sujeto, paisaje y hombre, ancestral problema que venla
rodando desde los spinocistas y los kantianos: sujeto y
naturaleza, que la pintura extraia de la metafisica para
cumplimentarlos. Guy al acercarse a este gordiano reafir-
maba «la mirada, no 10 mirado». Es decir, el sujeto tiene
que crear te/os y paisaje. Problema que se plantea en
culturas incipientcs, pucs la mirada, en Cezanne por ejem-
plo, Ueva ala cultura, al hombre, e1 paisaje de la Auvernia,
Error por error es preferible los dominios varoniles del
sujeto, y no la difcrenciaci6n del paisajismo. La mirada
cuando es legftima y crea paisaje de cullura, 10gra crear en
291
la coordcnada de su segunda naturaleza, los objetos que
ofrece 10 extenso como sujeto artizado creado por la mirada.
En e) siglo IV, en el gran memento de la plenitud hele-
nica, la pintura y la dialectica, formaban parte de 10 que
pudieramos llamar la cultura de] ojo. EJ ojo aseguraba el
contorno y tambicn 10 que Aristoteles llamaba la superficie
inlcrna de los cuerpos. Sefialo esos comienzos en los pro-
blemas de la luz y de la visibilidad, pero las variantes de ese
continuo de la cultura griega se altera en nuevos tipos de
cultura y en la cuhura de los epfgonos. En Francia, a pesar
de la gran tradicion clasica helenica, Poussin esta cerca de
los coros de laAtalie de Racine, como Delacroix de Ber-
lioz. Pero entre nosotros la aventura de la plastica, en 10
que me atreverfa a Damar la eultura del rumor al lado de
la poesfa, Dos fuerzas entre nosotros que despues de un
largo viaje han afirmado su universalidad,
Me detengo un poco mas y termino. He dicho rumor y
convendrfa fijarlo y definirlo para la pintura. EI rumor es
como la marcha de 10 que no se ve. Un podcroso rumor
invade la plaza. En 10 alto, el cuadrado que define. YalIi
la mirada, el sujeto que artiza. Muy pronto, sobre aquel
rumor el monstruo silencioso, el silencio, el vacto, luchan
por imponcr su realeza, su nuevo objeto, que apuntala el
silencio por encima de aquel rumor. En aquel rumor, de
no medible longitud, logra sus calmosas nubes el sentido,
y el silencio establece su mundo relacionable, y como su
acorde, sus coordenadas, logrando su decision en ese pa-
rentesis dellienzo, que Guy vela en eada cuadro como la
diagonal del paralelograrno de las Iuerzas. Rumor de ese
paralelogramo, anado yo, que evapora su senti do, relacio-
nando las interrupciones, los objetos, de ese cuadrado, en
eJ acorde silencioso captado por los agrupamientos, segun
la expresi6n algebraiea, de la tela rod ada, tal COmo la
vieron los chinos, inm6vil inagotable segun la gran tradi-
cion plastica occidental. Por eso Guy cerraba su sal6n
uniendo el sentido, derivado de una (rase de Marti, con el
acorde, de otra de Claudel, sentido del rumor y mundo
rclacionable del silencio, del acorde, que despiertan a la
292
alegrta de las intenciones y los secretos, de la frustraci6n y
el esplendor que en estas salas se reemplaza y misteriosa-
mente se restituye.
Exegetas andaluces, tener angel, pedia Ruben Dario.
Tener angel, Yo propondrta teller nove/a. Prolongarse de
10 visible bacia 10 invisible, gravitar de 10 invisible a 10
visible, es decir, tener novela. Ahora 61 esta muerto y
transcurre libremente por las paginas de lanovela. Recuer-
do capftulos, tenfa novela. Guy, nino, pregunta en Burdeos
por que Goya tan espafiol esta enterrado en un pueblo
frances. Oye los cuentos de su tfo acerca de c6mo se
llenaban las nochcs en Verdun. Guy scout sale a cazar
liebres, en un domingo muy meridional, cuando regresa su
padre acaba de pintar el retrato de un amigo. Yo duermo,
golpeo el muro, 10 traspaso y estoy en un cafe de La Habana
Vieja, en la tarde de una nochebucna, tomando vino chile-
no con Guy, con Portocarrero, con Lozano y con Mariano.
Lo veo en una exposicion acercarse a los grupos y decir con
una gran risotada: «Walt Disney es un artista academico.»
No sabra si era una mariposa que sc habra convcrtido en
un fi16sofo chino, 0 era un fil6sofo chino que se habia
convertido en una mariposa. Repasamos un Libraque nos
era muy querido y vamos leyendo:
«AI caer la tarde, dos desconocidos se encuentran en
los oscuros corredores de una galena de cuadros. Con un
ligero escalofrio, uno de ellos dijo:
»El lugar es siniestro. i.Usted cree eo fantasm as?
» Yo no - respondi6 el otro -. i,Y usted?
» Yo sf - dijo el primero y desaparecio,»
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Introduceidn, estudio crftico,
seleccton y notas de
Leonel Capote.
EDITORIAL LETRAS CUBANAS
La Habana, Cuba
Edicion; Carina PinO,SalllOs Navarro
Cubierta; ROberto Medina
lIustracion: La t'atejjral. Oleo de Maria,}o ROdrigue7
COlcCCion Musco Nacionnl Palacio de
Be lias Artes de Cu ba
Correcci6n. Dulce M. Sotolongo y
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Rctrato por Mariano (J9..f I)