UNIVERSIDAD NACIONAL DE SAN MARTÍN
FACULTAD DE DERECHO Y CIENCIAS POLÍTICAS
ESCUELA PROFESIONAL DE DERECHO
DERECHO CIVIL I
TEMA:
El Comité
DOCENTE:
Grethel Silva Huamantumba
INTEGRANTES:
Ávila Senador Ruth Keyla
López Urbina Jocy Isabel
Patow Ramírez Keilly Ruthmery
Peláez Freitas Edwin Daniel
Pizarro Collazos Saulo Rubén
Ramírez Sinti Erick Martín
Salazar Lozano Jhan Teófilo
CICLO:
IV
FECHA DE ENTREGA:
Miércoles, 18 de noviembre de 2020
INTRODUCCIÓN
Ya sea en el mundo animal, mundo humano o mundo jurídico, los organismos o
colectividades siempre han existido, existen y lo seguirán haciendo hasta el fin de la
humanidad. Ya que todo organismo, por regla general, tiende a la socialización con el
objetivo de encontrar mejores oportunidades de las que tendrían por individual o por el
simple instinto de supervivencia. En cuanto al mundo jurídico, se cuenta con referencias
de su existencia en Roma y en las XII tablas. El hombre, entonces, crea una ficción,
estas son las personas jurídicas que, para sorpresa de algunos, tienen semejanzas con las
propias personas naturales, verbigracia, ser titular de derechos, obligaciones lo cual
involucra la capacidad de contratar o hacerse responsable, tener un nombre, domicilio,
etc.
Cuando hablamos de las personas jurídicas en nuestro Código Civil peruano, esto es, la
asociación, fundación y comité, debemos tener presente que ellas responden a las
normas, valores y fines valiosos, o sea a la “Teoría tridimensional del Derecho” y al
derecho fundamental a asociarse como cualidad inherente a toda persona por su
condición de tal, siempre y cuando lo haga en el marco de la ley y cuyas finalidades
carezcan de lucro.
Cuando hablamos de asociación nos referimos a un grupo de personas naturales o
jurídicas, o ambas, que en virtud a su derecho inherente a asociarse, realizan actividades
de carácter no lucrativo (caritativas, culturales, políticas, de caza, de pescadores,
deportistas, de defensores de sitios o monumentos en peligro), pero de carácter
económico lo cual involucra que puedan percibir dinero, mas no repartírselo entre ellos
sino destinarlo a la finalidad noble que hayan elegido.
Entendemos por comité aquel grupo de personas naturales, jurídicas o ambas que se
reúnen para recaudar bienes del público en general (y no aportando bienes de su propio
patrimonio) con el objetivo de realizar actividades no lucrativas pero de carácter
económico lo cual involucra que puedan percibir dinero (producto de los bienes) mas no
repartírselo entre ellos sino destinarlo a la finalidad noble que hayan elegido y deja de
existir una vez cumplida tal finalidad (carácter efímero).
La organización del comité cuenta con dos órganos: la asamblea general y el consejo
directivo. Queda disuelto: 1. cuando actividades o fines sean o resulten contrarios al
orden público o a las buenas costumbres; 2. cuando se cumpla con la finalidad
propuesta, o ella no se haya podido alcanzar (art. 121).
EL COMITÉ
I. CONCEPTO Y CARACTERÍSTICAS
El artículo 111 del Código civil define al comité como la organización de personas
naturales o jurídicas, o de ambas, dedicada a la recaudación pública de aportes
destinados a una finalidad altruista.
El comité es una de las novedades que trajo el Código al ser promulgado. La ley de
1936 no lo contemplaba como una de las personas jurídicas del derecho civil.
El legislador se inspiró en el Codice civile italiano de 1942 para introducir esta figura;
sin embargo, le dio un alcance distinto dado que en Italia el comité no es una persona
jurídica sino un ente no personificado.
El Código de 1984 concibe de una manera más amplia al comité, sobre todo porque le
acuerda la posibilidad de adquirir personalidad jurídica. Es más, prevé un régimen
especial para los comités no inscritos.
El comité tiene características muy bien definidas. Es, en primer lugar, una organización
de temperamento asociativo, al igual que la asociación. En esa medida, su constitución
exige la presencia de cuando menos dos personas, entre las que se crea, al igual que
entre ellas y el comité, un vínculo de “necesidad”. Es, en este aspecto, tan similar a la
asociación que en los países que no tienen un tratamiento especial se denomina a los
comités como asociaciones de hecho o asociaciones temporales.
Sus miembros también realizan actividades en común, pareciéndose, nuevamente, a la
asociación. No obstante, la participación excede ampliamente la actuación de quienes
hacen parte de él, pues el fondo de aportes que se forma es producto de la solidaridad
comunitaria, gracias a las contribuciones del público en la colecta que se lleva a cabo.
También se asemeja a la asociación (y se distingue, por ende, de la fundación) por ser
una organización abierta a la afiliación. Cualquier persona puede integrarse a ella
siempre que cumplan con las previsiones estatutarias para la admisión de nuevos
miembros.
El comité se distingue de las demás personas jurídicas por su existencia efímera.
Después de la recaudación de fondos del público y de aplicar los recursos captados a un
fin altruista, se disuelve. Se organiza para una colecta pública y nada más.
Por ello, para facilitar el recurso a este expediente, el legislador ha sido flexible en su
forma de constitución, pues puede ser creado por medio de un documento privado con
la firma legalizada por notario, que es suficiente para su inscripción en el registro. Nada
impide que sus fundadores opten por instrumentar el acto en escritura pública; sin
embargo, ello desvirtúa la concesión de la ley.
Los objetivos del comité son caracterizados como fines altruistas. ¿Cómo se diferencian
los fines de un comité con los de una fundación, que son de interés social? Intentemos
una respuesta.
Digamos, en principio, que todo fin altruista es de interés social, pero no siempre los
fines de interés social son altruistas.
El altruismo del propósito se revela a través de acciones de corte humanitario,
filantrópico. El comité es una muestra del interés de quienes se juntan con el objeto de
hacer participar a los demás, al público, en un fondo de aportes, en tómbolas, rifas, etc.,
que servirán para disminuir alguna situación ajena que espera una demostración de
solidaridad, muchas veces con relativa urgencia. Por lo general, quienes se encuentran
atravesando determinadas circunstancias derivadas de su escasez de recursos, de un
sismo o hecho fortuito, no se encuentran en aptitud ni espiritual ni económica de
emprender, por sí mismos, la tarea de organizarse y solicitar ayuda a la colectividad.
Inclusive el pedido formulado por los propios afectados suele ser visto, egoístamente,
con desconfianza. Es, entonces, cuando surge la acción solidaria de los demás, de
quienes están dispuesto a entregar su esfuerzo y tiempo para apelar a la cooperación
ciudadana.
Una fundación que, por ejemplo, se constituye para la investigación de las bondades de
una especie vegetal y su posible aplicación a terapias curativas tiene un fin abiertamente
social, más no filantrópico.
Dadas estas características, es claro que el comité persigue fines en bien de terceros, que
no son ni en favor de sus instituyentes y miembros, ni de aquéllos que lo administran,
diferenciándose así de la asociación y asemejándose a la fundación.
II. PATRIMONIO DEL COMITÉ
Al comité no le importa tanto tener un patrimonio propio formado por los instituyentes
(promotores) y miembros del mismo, cuanto recaudar dinero u otros bienes del público.
En verdad, su patrimonio proviene del público y se destina a un fin altruista, aspecto
que lo diferencia de la asociación por cuanto en ésta es formado en base a los aportes de
sus integrantes y es aplicado a satisfacer fines de ellos mismos.
En principio, una vez captada la recaudación prevista y planificada por el comité y
aplicados los fondos obtenidos a la finalidad motivadora, éste debe disolverse por
acuerdo de los miembros de la persona jurídica. Se entiende que los recursos resultantes
de la colecta, rifa, tómbola, etc., son enteramente destinados a los objetivos
promocionados. Ocurrido ello, ha de extinguirse el comité haciendo de conocimiento
del Ministerio Público las cuentas finales y balances.
No obstante, puede ocurrir que, después de haber pagado las deudas sociales y aplicado
los recursos entregados por los erogantes, de la liquidación realizada resulte un
remanente. En estos raros casos, y en la medida que el Ministerio Público no objete los
balances, el haber neto se adjudica a los erogantes, es decir, se distribuye entre quienes
contribuyeron a la formación del fondo de fin altruista. Dado que ello no es usualmente
posible, el art. 122 del Código civil establece que dicho haber neto resultante de la
liquidación ha de ser entregado a la Beneficencia del lugar en el cual tuvo su sede el
comité. La misma solución ha de aplicarse si el comité se disuelve y liquida por no
poder satisfacer sus propósitos, según se desprende del art. 121 del mencionado Código.
III. ÓRGANOS DEL COMITÉ
El comité presenta algunos rasgos similares con la estructura orgánica de la asociación,
en cuanto cuenta con una asamblea y un Consejo Directivo.
El Código se ha cuidado en no señalar que se trata de una asamblea de “asociados”.
Pese a ello se trata del órgano máximo del comité que está integrado por los promotores
y por quienes se integren con posterioridad.
La asamblea del comité no goza de las mismas libertades de las que puede gozar la
asamblea de una asociación. La limitación más importante que colorea y condiciona sus
decisiones es que sus integrantes no tienen, en conjunto, la capacidad para transformar
al comité con el objeto que persiga otros fines diversos a los propuestos (una vez
realizada la colecta o la obra prevista), dado que los erogantes o contribuyentes han
destinado parte de su patrimonio al comité, salvo que sea imposible que se pueda
alcanzar el objetivo. Y es que, como bien ha sido señalado, el comité, a través de sus
administradores, se convierte en una suerte de gestor de los fondos recibidos del público
para su aplicación al fin anunciado. De modo que aunque esta obligación recaiga
fundamentalmente en los administradores, ello impide a la asamblea tomar decisiones
que alteren el sentido de su creación.
En la acertada concepción originaria del Código civil, de la lectura del art. 121 se
desprendía que la asamblea general del comité carecía de la facultad de aprobar las
cuentas y balance por la labor realizada por los administradores. Para ello, debían, según
dicha norma rendir cuentas judicialmente. Era evidente que se requería de la
intervención de un tercero (distinto a los promotores y gestores del comité, así como de
los beneficiarios) que se encargase de velar por la exacta y fiel asignación de los
recursos a los fines publicitados, con conocimiento del Ministerio Público.
Cuando se promulgó el nuevo Código Procesal civil, esta norma introdujo cambios
sustanciales en el Código civil, bajo el insostenible argumento de que sólo modificaría
normas de orden procesal contenidas por este último.
A riesgo de ser considerada una posición intolerante, y exceptuando las reformas de las
normas procesales indebidamente recogidas por el Código civil, debo confesar que
quienes convinieron en plantear la modificación del art. 121 desconocían abiertamente
la esencia del comité y la realidad de las cosas.
El nuevo texto del art. 121 eliminó la rendición judicial de las cuentas e introdujo
implícitamente la facultad de la asamblea del comité para aprobar sus resultados. El
único paliativo a esta inaceptable solución fue conceder (también implícitamente, en
una serie de errores evidentes de técnica legislativa) al Ministerio Público la posibilidad
de aprobar, con su silencio, las cuentas del comité y, en caso contrario, solicitar la
desaprobación judicial de aquéllas, tal como fluye del también reformado (por obra del
Código Procesal civil) art. 122 del Código civil.
Entre los hombres de derecho sabemos, por duro que parezca, que la intervención del
Ministerio Público en estos menesteres es mínima, por no decir nula. De modo que
esperar la posible acción del Ministerio Público para solicitar la desaprobación judicial
de las cuentas del comité se ha convertido en una vana seguridad. El silencio de este
ente después de treinta días de que el comité le hubiere presentado las cuentas se
convertirá en una aprobación inatacable.
A ello se debe añadir que, como luego veremos, en los hechos la mayoría de los comités
que se conocen públicamente son comités no inscritos, respecto de los cuales no se sabe
de acción alguna del Ministerio Público.
Es interesante anotar que la asamblea de los miembros del comité no tiene funciones
contraloras que agoten la fiscalización que se debe poner en torno a la gestión del
consejo directivo del mismo. El control corresponde, más bien, al Ministerio Público.
Al menos en la buena intención del legislador (art. 119).
Pasando a otro tema, debemos señalar que el comité es administrado por un Consejo
Directivo que, al igual que el de la asociación, tiene funciones de gestión y de
representación.
Pero, debido a que los administradores se encargan de la recaudación de aportes de los
erogantes y éstos son aplicados en favor de terceros, el legislador ha considerado que
los gestores responden solidariamente de la conservación y aplicación de los fondos
recaudados, estableciendo una excepción a lo dispuesto por el art. 78 del Código civil.
Su responsabilidad, por ende, es mucho más severa que en el caso de la asociación,
dados los fines perseguidos por el comité.
IV. EL ACTO CONSTITUTIVO DEL COMITÉ
El acto de constitución y el estatuto del comité pueden constar, para su inscripción en el
registro, en documento privado con legalización notarial de la firma de los fundadores.
Es requisito, una vez inscrito, que el comité lleve en un libro con un registro actualizado
que contenga el nombre, domicilio, actividad y fecha de admisión de sus miembros, así
como de los integrantes del Consejo directivo o de aquellos que realicen cualquier
actividad administrativa.
V. ¿QUIÉN FORMA EL COMITÉ?
El comité está formado por personas que trabajan en la empresa, que han sido elegidas
de forma democrática y que ostentan la representación de toda la plantilla. Podrán votar
por ellos todos los trabajadores fijos e interinos que como mínimo lleven un mes dentro
de la empresa, tal y como prevé el artículo 69.2 del Estatuto de los Trabajadores.
Estos representantes son los interlocutores con la empresa y por lo tanto deben tener
suficiente experiencia en ella para conocerla a fondo, así como tener alguna habilidad de
negociación. Es importante que conozcan la situación de la empresa en el mercado, que
tipos de trabajadores hay, sus condiciones laborales, etc. para ello, normalmente se
exige que el trabajador que quiera presentarse a votación lleve un mínimo de seis meses
trabajando allí.
Según la normativa europea 97/74/CE, este tipo de comités son obligatorios en
empresas que tengan más de mil trabajadores. Aun así, esto no afecta a la
administración pública, que al tener unas condiciones laborales diferentes no disponen
de un comité de empresa como tal (de hecho sólo pueden votar representantes los
trabajadores de administración pública que estén sujetos al derecho laboral).
En la Guía Laboral del Ministerio de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social se
especifican algunos detalles más. Aquí os dejamos algunos, pero es recomendable leer
el texto entero si nos interesa saber más sobre este tema.
La composición numérica del comité se rige según el número de trabajadores que haya
en la empresa. Eso sería: Si hay entre 50 y 100 trabajadores, el comité debe tener cinco
representantes. Serán nueve si hay entre 100 y 250 trabajadores, trece si hay hasta 500
trabajadores, diecisiete si hay un máximo de 750 y veintiuno si hay mil trabajadores.
Para empresas de más de mil trabajadores, el comité debe tener dos representantes por
cada mil personas y con un máximo de 75.
El proceso de elección de estos delegados se anunciará mediante una convocatoria
abierta a todos los trabajadores que cumplan las condiciones necesarias. Eso significa
que podrán votar todos aquellos trabajadores nacionales o extranjeros que tengan más
de dieciséis años y que lleven un mínimo de un mes trabajando allí; y podrán
presentarse a votación todos los trabajadores que tengan un mínimo de dieciocho años y
que lleven un mínimo de seis meses trabajando en la empresa.
El Comité debe ser informado y consultado por el empresario siempre que se vayan a
tomar decisiones que afecten a los empleados. Algunos ejemplos:
– Información sobre la situación económica de la empresa, el ritmo de producción y
ventas, recursos humanos, estadísticas sobre absentismo o accidentes laborales, etc.
– Información sobre igualdad de género, si se está pagando lo mismo, si se están
asignando tareas con criterios de igualdad, etc.
– Cuando haya cambios importantes en algún proceso o forma de hacer, o si se plantea
hacer algún cambio en la plantilla, como por ejemplo una reducción de horas, un
cambio de horario, etc. Esta es una de las funciones más importantes, ya que suelen ser
los puntos más delicados y en los que se deberá tener capacidad de diálogo y
negociación para que los efectos sean los mínimos, sobre todo para los trabajadores.
– Informarse sobre medidas de protección, planes de formación en buenos hábitos
laborales o primeros auxilios, etc. Es importante que todo trabajador sepa los riesgos a
los cuales se expone ocupando esa plaza.
– Y tan o más importante que tener la información es saberla compartir: los
representantes del comité empresarial deben hacer llegar la información importante a las
personas a las que representan.
Los representantes tienen algunas ventajas como prioridad de permanencia en caso de
recortes de plantilla, no poder ser despedido, expresarse con total libertad, etc. Además,
se disponen de unas horas al mes para el ejercicio de sus funcionen (estas horas van
desde las 15 a las 40, dependiendo de lo grande que sea la empresa).
El comité de empresa puede jugar un papel crucial cuando tienen lugar momentos
difíciles tanto para la empresa como para los trabajadores. Uno de los caso mediático
fue el de Vueling y su incapacidad para atender todos los vuelos que tenía planeados
para el verano de 2016. El comité de empresa de Iberia Handling, la compañía que
prestaba el servicio de tierra en Vueling, había acusado la aerolínea de “improvisar” su
manera de gestionar y operar vuelos diariamente ante la insuficiencia de recursos
materiales y humanos. El personal de tierra, que era lo que había que dar la cara por
Vueling ante los pasajeros, amenazaba con convocar movilizaciones si la compañía no
solucionaba el caos y aumentaba las medidas de seguridad para evitar los ataques a los
trabajadores como respuesta a las cancelaciones y retrasos de vuelos y la pérdida de
maletas que se iban acumulando en el aeropuerto.
El peso específico del comité de empresa les llevó a reunirse con la dirección de Iberia
Handling para tratar el problema, que atribuía al “pésimo servicio” que estaba
ofreciendo Vueling, ya que no disponía de aviones ni tripulación suficientes para cubrir
todas las rutas que ofrecían durante la temporada alta del verano. Esta insuficiencia de
recursos había provocado que Vueling hubiera de “improvisar diariamente su operativa,
cancelando y retrasando vuelos durante horas”, según explicó el comité en un
comunicado.
El objetivo de Vueling con esta “política empresarial salvaje” era, según el comité,
“conseguir cuota de mercado y beneficios a costa de maltratar a los clientes y generar el
caos en el aeropuerto de Barcelona”, lo que acababa repercutiendo en el personal de
servicios de tierra que daba la cara ante el pasaje. Un juzgado de El Prat ya dictó una
sentencia condenando a pasajeros por agredir trabajadores de tierra de Vueling.
La solución al caos pasaba, según el comité de Iberia Handling, para aumentar la
plantilla para atender a los pasajeros y reforzar las medidas de seguridad para la
plantilla.
Este es un ejemplo de la actuación representativa de un comité de empresa en defensa
de los intereses de los trabajadores que representa.
VI. GARANTÍAS PERSONALES DEL COMITÉ
Los miembros del comité de empresa y delegados tienen las siguientes garantías:
Prioridad de permanencia en la empresa o centro en casos de extinción o
suspensión colectiva.
Para sancionarles por faltas graves o muy graves se les deberá abrir un
expediente contradictorio y oír, también, a los demás delegados de personal
sobre ello.
No pueden ser despedidos disciplinariamente durante su mandato ni durante un
año después ni se les puede discriminar en lo relativo a promociones y ascensos.
Expresarse con libertad en el desempeño de sus funciones.
Disponer de horas libres retribuidas para realizar sus funciones cuya cuantía
depende del tamaño de la empresa.
CONCLUSIONES:
El camino ha sido algo arduo y tedioso para arribar a una conclusión que, mal
que bien, nos suena familiar: la asociación, fundación o comité manejan fondos
ajenos, sirven de intermediarios entre los patrocinadores y los beneficiarios,
simplemente: son "gente de confianza". La bondad de la tesis propuesta radica
en proporcionar un marco teórico que explica el rol de estas entidades y
fundamenta los principios que deben inspirar la legislación que las regula.
Por lo general, quienes se encuentran atravesando determinadas circunstancias
derivadas de su escasez de recursos, de un sismo o hecho fortuito, no se
encuentran en aptitud ni espiritual ni económica de emprender, por sí mismos, la
tarea de organizarse y solicitar ayuda a la colectividad. Inclusive el pedido
formulado por los propios afectados suele ser visto, egoístamente, con
desconfianza. Es, entonces, cuando surge la acción solidaria de los demás, de
quienes están dispuestos a entregar su esfuerzo y tiempo para apelar a la
cooperación ciudadana.