1.
Respeto
El respeto es la capacidad de reconocer, apreciar y valorar a los otros teniendo en cuenta que
todos somos válidos. El respeto es un valor que requiere de reciprocidad, lo que implica derechos
y deberes para ambas partes.
El respeto requiere aprender a escuchar a los otros cuidando todas las formas de vida diferentes.
Es un valor importante para la sociedad, ya que genera apoyo y solidaridad en el grupo social.
LU E ISAIAS
Lú era una niña que tenía una muñeca a la quería tantísimo que la trataba con una delicadeza
infinita. Sus amigos se reían de ella por ser tan cuidadosa y por llevarla a todas partes. Al cole cada
mañana, a los cumpleaños de los compañeros de clase, a merendar los sábados con sus primos, a
la playa en verano… Allá donde iba Lú, iba su muñeca, que se llamaba Conchita. Era una muñeca
de plástico, pero muy real. Con sus pestañas, sus ojos azules y un baúl lleno de vestidos que
ponerle. Lú podía pasarse horas y horas vistiéndola y desvistiéndola, haciéndole trenzas e ideando
mil y una aventuras que vivir con Conchita.
Con el paso del tiempo, Lú fue creciendo, se cambió de casa con su familia y se hizo mayor. Al cabo
de los años, se casó, tuvo dos hijos y, décadas después, incluso tres nietos. Pero siempre había
arrastrado una gran pena. En una de las mudanzas, que habían sido muchas por el trabajo de su
madre, Conchita se había perdido. La había buscado durante semanas por todas partes. En casa,
en el jardín, en la escuela, en las tiendas del barrio. Todo en vano porque la muñeca no apareció
por ningún lado.
Un día de Navidad, Lú volvió a su ciudad natal y a su antigua casa. Tenían que recoger y limpiar,
porque habían decidido venderla. Entre cientos de cosas, la anciana encontró a la querida muñeca
de su infancia. Estaba tan bien cuidada como siempre. Conservaba todos sus vestidos y zapatos, su
larga cabellera y sus brillantes ojos azules.
Emocionada, se la llevó a casa y le quitó el polvo. La vistió con el traje más elegante de los que
había en el baúl y la metió con cariño en una caja de regalo con un gran lazo. Su intención era
regalársela a uno de sus nietos en Navidad. Pero no sabía a cuál. Así que decidió que se quedaría
con el más respetuoso y el que más cuidase las cosas. Lucas era un poco bruto y, por ejemplo, los
playeros no le solían durar ni siquiera un mes. Además, cuidaba fatal de los libros del cole y perdía
montón de cosas. La siguiente, Carla, se cansaba enseguida de las cosas porque era muy
caprichosa. Así que la anciana Lú pensaba que su nieta tampoco iba a ser la que mejor cuidaría de
Conchita. El nieto que quedaba era Isaías, el pequeño, un niño que siempre había destacado por
su delicadeza y cariño hacia las cosas. Cuidaba mucho todos sus juguetes y, por ejemplo, leía con
sumo cuidado todos sus cuentos para no arrugar las hojas y siempre con las manos limpias.
La abuela pensó que su nieto pequeño era por lo tanto quien mejor cuidaría de Conchita. De
hecho, cuando Isaías cumplió 90 años, la muñeca aún descansaba en su cómoda, dispuesta a pasar
a la siguiente generación
2. Amor
El amor es uno de los valores fundamentales de la sociedad porque nos empuja a velar por la
felicidad del otro. Las relaciones sociales se basan en los fundamentos de afectividad en las
relaciones interpersonales que se mantienen en forma de amistad.
El amor es un valor que induce el bienestar en los otros, ya que nos esforzamos por agradar y
querer a todos los individuos que componen nuestra sociedad.
La lucha de Nelson Mandela
Nelson Mandela. Nació en 1918 en El Cabo (Sudáfrica). A los cinco años era pastor de ovejas y
becerros y fue el primer miembro de su familia en ir a la escuela.
Al terminar la primaria se sacó el título de Bachiller en Artes y empezó a tener contacto con la
política. Con su amigo Oliver Tambo participó en una huelga estudiantil en 1940 que hizo que le
expulsasen del centro. Después entraría a trabajar en un despacho de abogados.
En 1944, junto a 3 compañeros, Nelson Mandela fundó la rama juvenil de uno de los principales
partidos de su país y empezó su lucha contra el apartheid. En africano significa “separación” y fue
el sistema de segregación racial que se aplicó hasta 1992 en Sudáfrica y Namibia. Por ejemplo,
existían lugares separados para los diferentes grupos raciales y los blancos eran los únicos que
podían votar. Además, estaban prohibidos los matrimonios entre blancos y negros. Nelson
Mandela fue uno de los principales luchadores contra todo aquello. De hecho, fundó el primer
despacho de abogados dirigido por personas negras en Sudáfrica. En diciembre de 1952, fue
detenido y se le prohibió acudir a mítines y abandonar el distrito de Johannesburgo. Esta
prohibición duró nueve años.
En diciembre de 1956 fue juzgado por traición. El juicio terminó con la absolución de todos los
cargos, es decir, los jueces decidieron que no era culpable. Después, su partido político fue
prohibido. Como consecuencia, Mandela pasó a la clandestinidad y recorrió en secreto Sudáfrica
para organizar una huelga de tres días.
En 1962 viajó a Etiopía, Argelia y Londres. A su vuelta, fue detenido y acusado de rebelión y
abandono ilegal del país. Se le condenó a cadena perpetua. De hecho, estuvo en la cárcel 27 años
y cuando salió en 1990 tenía ya 71 años. En 1991 se acabó para siempre con el apartheid en
Sudáfrica y en 1993 le dieron a Mandela el Premio Nobel de la Paz por sus esfuerzos para
establecer la democracia y la armonía racial en Sudáfrica. De hecho, en 1994 se celebraron las
primeras elecciones generales en los negros tuvieron derecho al voto y Nelson Mandela se
convirtió en el primer presidente de raza negra de la República de Sudáfrica. Murió en el año 2013
a los 95 años.
3. Libertad
La libertad es un valor que nos ayuda a realizarnos como personas. La libertad individual se
enmarca dentro de lo social. Esta dinámica está íntimamente relacionada con el respeto y la
responsabilidad. Si una sociedad no tiene la libertad como uno de los valores más importantes,
esta se torna represiva y dictatorial limitando la realización personal y social.
EL LEOPARDO GRIS
Había una vez un leopardo sin color. Era gris y blanco en vez de tener un pelaje dorado como el
resto de sus compañeros y familia. No obstante, esta falta de color le había hecho tan conocido en
la comarca, que los mejores veterinarios y biólogos del mundo querían viajar hasta allí para
conocerle. Querían investigar hasta dar con una pócima que le devolviese el color. Hasta el
momento, ninguno lo había conseguido porque todos los colores resbalaban sobre la piel del
leopardo. Lo que no sabían es que la falta de color era en realidad símbolo de tristeza, que el
hecho de vivir en cautividad, expuesto a los ojos de los visitantes del zoo en el que estaba, había
ido poco a poco borrando sus colores.
Un día llegó a la comarca un investigador muy prestigioso, pero algo loco. Lo hacía todo con prisas
y se le rompían las cosas cada dos por tres. Al llegar a la jaula del leopardo, el doctor chiflado
empezó a decirle muy bajito, cerca de la oreja, que él le devolvería el color. Se puso a preparar una
poción hecha con hierbas del bosque y se la dio a beber al leopardo. Al momento, el animal
comenzó a tomar colores y tonos vivos. Lo que la gente no había es que en realidad esa poción no
tenía ningún efecto, era solo una maniobra para distraerles y ocultar sus verdaderas intenciones.
Sin embargo, todos quisieron saber cuál era el secreto. Lo que había hecho para lograr que el
leopardo dejase de ser gris. No hubo más secreto que prometer al animal que le devolvería la
libertad y, por supuesto, cumplir su palabra. Viendo la tristeza que causaba al leopardo su
encierro, era lógico que la idea de ser libre le devolviese la ilusión y la sonrisa. Al final, tras largas
negociaciones, los responsables del zoo donde vivía finalmente accedieron a llevarlo a la selva y
liberarlo. Allí, nunca más volvió a perder su color.
4. Justicia
La justicia es un valor importante porque busca el equilibrio entre el propio bien y el de la
sociedad. La justicia da a cada ciudadano lo que le corresponde para suplir sus necesidades básicas
para que pueda aportar a la sociedad. La justicia implica conjugar la libertad individual, la igualdad
y la interdependencia de cada miembro de una comunidad.
WOODY
Hace muchos años, un anciano llamado Woody vivía en una pequeña aldea. Cada mañana, cargaba
desde la granja de unos amigos un saco lleno de plumas de oca porque se dedicaba a fabricar
cómodas almohadas y cojines que vendía en el mercado. Los hacía de todos los colores y tamaños.
Pequeños para cunas de bebés, resistentes para niños que hacían guerras de almohadas y flexibles
para las personas a las que les gustaba dormir abrazadas a la almohada. Sus creaciones eran
famosas en todo el mundo. Pero, un día de repente, la gente dejó de comprarlas.
El anciano, desesperado y sin entender nada, quiso encontrar una respuesta. Le preguntó a una
anciana vecina que le dijo que, un joven envidioso y muy vago llamado Pancracio, había decidido
hundir la reputación del pobre fabricante de almohadas y cojines. Su idea era construir una gran
fábrica en la que fueran máquinas las que hicieran el trabajo.
-El trabajo artesanal no da suficientes beneficios- decía desafiante el joven.
Lo que pasaba era que, aunque las almohadas del joven fueran más baratas, no estaban hechas
con el mimo y dedicación de las del anciano y la gente no las compraba. Así que pagó mucho
dinero al periódico del pueblo para difundir el bulo de que las almohadas del anciano estaban
llenas de chinches y pulgas.
La gente, como era un periódico muy famoso, se creyó la mentira casi sin rechistar. Incluso el
ayuntamiento mandó a una empresa de desinfección al taller del anciano. El joven se había
ocupado de, la noche anterior a la inspección, llenarlo todo de pulgas. Tristemente y sin que
pudiera hacer nada para impedirlo, le cerraron el taller de almohadas al anciano. Con lo que no
contaba el joven era con que el ayudante del anciano era una amante de la astrología.
Esa noche, había colocado una cámara para grabar un eclipse de luna que iba a haber. Se equivocó
y, en vez de apuntar el objetivo para la calle, lo hizo para el interior del taller. Fue así como quedó
todo grabado. Se pudo ver al joven Pancracio abrir los botes en los que llevaba las pulgas y
repartirlas por toda la habitación. Con esas pruebas, la policía no tuvo duda y reabrieron el taller
del anciano Woody. Como no era rencoroso, no tuvo problema en dar trabajo al joven en su taller.
5. Tolerancia
La tolerancia es el valor que concede dignidad, libertad y diversidad en una sociedad, asumiendo
que todos somos diferentes. La tolerancia significa que abrazamos opiniones, estilos de vida y
creencias diferentes a las nuestras para relacionarnos como seres humanos.
EL NIÑO VERDE
Era el primer día de curso en Villanormal, un pueblo normal y corriente en el que nada ni nadie
destacaba sobre lo demás. Y es que en Villanormal existía una ley de normalidad, en la que se
decía cómo tenían que ser las cosas para que fueran normales.
Un día llegó al pueblo una mujer extraña. Había heredado la casa de una tía abuela lejana y había
decidido irse a vivir allí. Pero como no era como los demás, la gente no le dirigía la palabra, y se
apartaba de su camino al pasar.
Poco a poco, la gente empezó a ser más y más antipática con ella. La mujer estaba muy enfadada,
pues no entendía qué pasaba.
Solo un niño, Tito, el hijo del alcalde, era amable con ella.
- Te tratan así porque eres diferente -le dijo el niño-. Para ellos no eres normal. Pero a mí… A mí
me encantaría ser diferente.
- ¿Cómo de diferente? -preguntó la mujer.
- Me encantaría ser un niño verde -dijo Tito.
- ¿Y que haría tu padre entonces? -preguntó la mujer.
- Supongo que no le quedaría más remedio que cambiar la ley de normalidad para que no me
echaran del pueblo -dijo el niño, riendo solo de pensarlo.
- Yo puedo ayudarte si quieres -dijo la mujer-. Soy bruja. Estoy jubilada, pero todavía puedo hacer
hechizos interesantes.
- ¡Claro!
- De acuerdo. Mañana, antes de ir a clase, ven a verme a casa y haré el hechizo.
A la mañana siguiente, Tito se pasó por casa de la bruja, que lo convirtió en un niño verde. Y así se
fue el niño al colegio, tan contento y como si no pasase nada raro.
Cuando entró en el colegio, los profesores se pusieron muy nerviosos, le riñeron, y quisieron
expulsarlo de allí, así que llamaron de inmediato a su padre, que no sabía dónde meterse. ¡Su
propio hijo, violando la ley de normalidad! Eso era algo que no podía soportar.
Una niña se levantó de la mesa y se dirigió a Tito:
- Me gusta tu nuevo estilo. Yo también estoy harta de ser normal. Dime cómo lo has conseguido,
porque yo quiero ser rosa.
Otro niño se levantó gritando que él quería ser rojo, y luego otro diciendo que quería ser violenta,
y otro diciendo que quería tener la piel de lunares.
Tito, muy satisfecho, le dijo a su padre:
- Me parece papá, que vas a tener que eliminar la ley de normalidad, porque si no este pueblo se
va a quedar sin niños.
Ese día el alcalde cambió la ley y, desde entonces, lo normal en Villanormal es que cada uno elija
ser como quiera y que todos se acepten tal y como son.
La que no para de trabajar es la bruja, que ahora es la persona más importante del pueblo.
6. Equidad
La equidad es tratar a todos por igual, independiente de su clase social, raza, sexo o religión. La
equidad es un valor fundamental para reforzar el respeto a las características particulares de cada
individuo y dar un sentido más profundo a la justicia como derecho fundamental.
LOS CHICOS SABEN TAMBIEN USAR LA ESCOBA
Esteban miraba con recelo el suelo de su dormitorio. Estaba lleno de papeles y bolitas de plástico.
El envoltorio del juguete que le había regalado su tía Ana tenía la culpa. El juguete era genial, pero
con el envoltorio se lo había pasado genial. El problema es que lo había dejado todo hecho un
asco.
Esteban recogió todo lo que pudo y lo tiró a la papelera. Pero no era suficiente. Así que fue a
buscar a su madre, a ver si le ayudaba.
-Coge la escoba y barre el suelo, Esteban -dijo mamá-. Ya verás qué bien queda todo.
-Pero no sé barrer, mamá -dijo el niño-. No lo he hecho nunca.
-Dicen por ahí que siempre tiene que haber una primera vez para todo -dijo mamá-. Inténtalo. En
cuanto acabe con esto voy a verte.
Esteban cogió la escoba y fue a su cuarto. Se sentó en la cama y empezó a mirar la escoba.
-Esto es cosa de chicas -pensó Esteban. Y se quedó sentado, observando la escoba.
Un rato después Esteban escuchó a su madre
-¿Qué tal Esteban? ¿Has terminado? ¡Voy en un minuto!
Esteban se levantó dando un respingo y empezó a mover la escoba. Enseguida llegó su madre, y le
preguntó:
-¿Ya has descubierto cómo funciona la escoba?
-No, mamá -dijo Esteban-. Es que esto es cosa de chicas.
-¿Ah, sí? -dijo mamá-. Ponte los zapatos, que vamos a hacer unas cuantas visitas ahora mismo.
No habían pasado ni cinco minutos y ya estaban en la calle.
-Vamos a ir a visitar a unos cuantos amigos míos -dijo mamá-. En su trabajo tienen que usar unos
artefactos muy interesantes sin los cuales no podrían cumplir con su misión.
Esteban conoció a mucha gente esa tarde. Primero conoció a Felipe, un chico que trabajaba en
una empresa de limpieza limpiando oficinas. Felipe barría, fregaba y limpiaba el polvo. Lo hacía
con tanta gracia que parecía que bailaba.
Luego conoció a Juan, un barrendero que, cuando creçía que no le veía nadie, cantaba coplas
mientras barría las calles.
Esteban también conoció Lucio, el dueño de un pequeño bar en el que hacía de todo, incluido
barrer y fregar el suelo, para tenerlo todo limpio.
De vuelta a casa Esteban y su madre pasaron por el taller de coches de Andrés. Y allí lo pillaron
limpiando el garaje, escoba en mano.
-¿Sigues pensando que barrer es cosa de chicas? -preguntó mamá.
-Ya he visto que no. Ahora mismo cojo la escoba a ver qué tal se me da -dijo Esteban.
-Luego paso por tu habitación a ver qué te apañas -dijo mamá.
-Gracias, mamá.
Esteban probó a barrer su habitación con la escoba. Su madre fue por allí al cabo de un rato.
-No me ha quedado muy bien barrido el suelo, mamá -dijo Esteban.
-No te preocupes -dijo mamá-. Al menos está mejor que antes. Y eso es lo importante. Ven, que te
voy a contar un par de trucos.
Esteban practicó con la escoba barriendo el pasillo y el comedor. Y se sintió muy orgulloso de
poder colaborar en casa.
7. Paz
La paz es un valor que busca formas superiores de convivencia. Es un ideal que evita la hostilidad y
la violencia que generan conflictos innecesarios. La paz es la base para la armonía consigo mismo y
con los demás para tener una vida serena y tranquila agradeciendo la existencia.
Buscando la paz
Había una vez un rey que ofreció un gran premio a aquel artista que pudiera captar en
una pintura la paz perfecta. Muchos artistas lo intentaron. El rey observó y admiró todas las
pinturas, pero solamente hubo dos que a él realmente le gustaron y tuvo que escoger entre ellas.
La primera era un lago muy tranquilo. Este lago era un espejo perfecto donde se reflejaban unas
plácidas montañas que lo rodeaban. Sobre estas se encontraba un cielo muy azul con tenues
nubes blancas. Todos quienes miraron esta pintura pensaron que esta reflejaba la paz perfecta.
La segunda pintura también tenía montañas. Pero estas eran escabrosas y descubiertas. Sobre
ellas había un cielo furioso del cual caía un impetuoso aguacero con rayos y truenos. Montaña
abajo parecía retumbar un espumoso torrente de agua. Todo esto no se revelaba para nada
pacífico.
Pero cuando el Rey observó cuidadosamente, vio tras la cascada un delicado arbusto creciendo en
una grieta de la roca. En este arbusto se encontraba un nido. Allí, en medio del rugir del la violenta
caída de agua, estaba sentado placidamente un pajarito en su nido...
- ¿Paz perfecta...?
- ¿Cuál crees que fue la pintura ganadora?
El Rey escogió la segunda.
- ¿Sabes por qué?
Explicó el rey: "Paz no significa estar en un lugar sin ruidos, sin problemas, sin trabajo duro o sin
dolor. Paz significa que a pesar de estar en medio de todas estas cosas permanezcamos calmados
dentro de nuestro corazón. Este es el verdadero significado de la paz."
8. Honestidad
La honestidad es un valor social que genera acciones de beneficio común y se refleja en la
congruencia entre lo que se piensa y lo que se hace.
La honestidad propicia un ambiente de confianza si existe la sinceridad para uno y para los demás.
La seguridad y credibilidad que la honestidad genera ayuda a la construcción de una sociedad que
valora la verdad, sin engaños ni trampas.
Juanito (para la honestidad)
Érase una vez un niño muy pobre que vivía con sus padres en una zona en las afueras de la ciudad.
Juanito, que así se llamaba el niño, se iba todas las mañanas bien temprano al mercado de la ciudad,
a tratar de buscar algo que hacer para que los comerciantes lo ayudaran con algunas cosas que le
regalaban: frutas, hortalizas, verduras, con las cuales él contribuía a la economía hogareña, a pesar
de que como era un niño era bien poco lo que podía conseguir.
Un día, estando sentado frente a una tienda de frutas, vio a una anciana comprando algunas cosas,
que echaba en una bolsa grande. Juanito se acercó a ella para tratar de ayudarla, pero la anciana, al
verlo tan desarrapado, lo echó de su lado, porque temía que el niño le fuera a coger algunas frutas.
Juanito no le hizo mucho caso, pensando que quizás la viejecita había tenido anteriormente algún
tipo de experiencias desagradable, y se puso a mirar otras cosas.
En eso la anciana se va y, como era muy viejita, echó su bolsa del dinero en la bolsa, y esta se cayó
al suelo sin que se diera cuenta. Juanito corrió donde la bolsa había caído, y cuando la abrió ¡Cielos,
allí había dinero como para que toda su familia comiera una semana! ¡Qué suerte!.¿Y sabéis lo que
hizo Juanito? Corrió donde la anciana que ya se iba del mercado, y ésta al verle de nuevo le dijo:–
“Mira niño, ¡ya te dije que no quiero que me ayudes!”– “Señora, no es para eso, sino para
devolverle esta bolsa que se cayó sin que usted se diera cuenta.”La anciana incrédula tomó la bolsa,
miró dentro y exclamó:– “Que injusta he sido, un niño tan honesto y yo rechazándolo.” “Pero
vamos, ven conmigo a mi casa, para que te de todo lo que necesites para ti y tu familia.”
Y dicen que desde entonces todo el mundo en la vecindad llama a Juanito “el honrado”, por lo
honesto que había sido en su conducta.
9. Responsabilidad
La responsabilidad significa asumir las consecuencias de nuestros actos y cumplir con nuestros
compromisos y obligaciones ante los demás.
La responsabilidad como valor nos hace conscientes sobre las implicaciones, los alcances y los
aspectos críticos que conllevan nuestras acciones y decisiones tornando al ciudadano más maduro
y más ético.
La dragona Eleanor
estaba cuidando sus huevos. Pronto nacerían de ellos tres preciosas crías de dragón. Y allí estaba
ella, dando calor a sus huevos, cansada y hambrienta. Pero no podía irse. No podía arriesgarse a
que alguien robara sus huevos.
Mientras tanto, los ladrones de crías de dragón acechaban. Ocultos a una distancia prudente, los
ladrones vigilaban la guarida de la dragona. Sabían que estaba sola. El dragón llevaba semanas sin
aparecer. Probablemente lo habría capturado algún cazarrecompensas como ellos.
-Esto será muy fácil -dijo uno de los ladrones-. La dragona no tendrá más remedio que salir a
buscar comida para los recién nacidos. Y con lo cansada y hambrienta que está, tardará en
regresar.
Por fin, los dragoncitos salieron de sus huevos. Dos dragones y una dragona. La dragona Eleanor
estaba entusiasmada. Los dragoncitos, hambrientos. Y a la dragona Eleanor ya no le quedaba nada
de comida.
-Tendré que ir a por comida, hijitos míos -dijo la mamá dragona-. Tendréis que estar callados y
quietos en el nido.
Los dragoncitos lo entendieron todo muy bien, porque incluso desde que nacen son muy listos, y
obedecieron. En cuanto la vieron salir, los ladrones salieron de su escondite y, sigilosamente,
iniciaron el camino a la guarida del dragón.
-No hagáis ruido -dijo uno de los ladrones-. No queremos que los dragoncitos se asusten.
Pero en cuanto los ladrones asomaron la nariz por la guarida, los dragoncitos empezaron a gritar.
-No os servirá de nada gritar, pequeños -dijo uno de los ladrones-. Vuestra madre no llegará a
tiempo. Tal vez esta comida os haga callar más …. ¡Ah, ah, ah! ¡Mi trasero!
Todos los ladrones empezaron a gritar. Algo les estaba quemando el culete. Era la dragona, que
había regresado y había lanzado una buena llamarada a sus posaderas.
-¡Qué buena idea haber traído comida! -dijo la dragona Eleanor-. Eso os salvará de ser nuestro
almuerzo. Y ahora, ¡fuera de aquí!
Los ladrones se fueron de la guarida de la dragona Eleanor con el trasero bien caliente y el orgullo
realmente herido.
-Creo que deberíamos dedicarnos a otra cosa -dijo uno de los ladrones.
-Sí -dijo otro-, alguna que no requiera que nos sentemos, porque vamos a estar una buena
temporada sin poder hacerlo.
10. Lealtad
La lealtad es un valor que se relaciona con la formación de carácter. La lealtad es la fidelidad que
se tiene en las acciones y comportamientos individuales y sociales para ser dueños de la propia
voluntad. La lealtad impulsa a la consecución de objetivos que caracteriza a un emprendedor, por
ejemplo. Una persona leal conserva las amistades y relaciones por los valores que transmite sin
conformarse con los placeres pasajeros.
EL PRINCIPE VANISDOSO
Había una vez un príncipe muy presumido que solo se preocupaba de lucir una hermosa melena y
endurecer sus abultados músculos. El rey, su padre, le insistía para que estudiara, leyera y
aprendiera cómo funcionaba el gobierno. Pero al príncipe todas esas cosas le daban lo mismo.
-Hijo, algún día serás rey, y de nada te servirá tener un pelo bonito y cuerpo escultural si no sabes
gobernar -decía el rey a su hijo, un día tras otro-. Tienes que hacer otras cosas, además de
peinarte y levantar pesas.
Pero el príncipe todo esto le entraba por un oído y le salía por el otro, mientras se miraba en el
espejo y contemplaba lo guapo que era.
Un día el príncipe se dio cuenta de que su padre tenía razón en una cosa: tenía que hacer algo
más. Lo que hacía no era suficiente. Y entonces empezó a correr para ganar agilidad y resistencia.
-¡Qué voy a hacer con este muchacho! -se lamentaba el rey.
El tiempo pasaba y el príncipe seguía a lo suyo, sin preocuparse del reino de su padre, a pesar de
que el rey era ya mayor y pronto tendría que cederle la corona a su sucesor. Todo iba bien hasta
que un día el jefe de la guardia real dio la voz de alarma. El castillo iba a ser asaltado.
-Hijo,corre y escóndete en el bosque -dijo el rey-. No vayas por donde puedan verte. Cuando estés
salvo debes organizar el rescate del castillo y recuperar el trono. Yo ya soy viejo para huir. Vete y
recuerda tu deber.
El príncipe huyó y corrió. Pero estaba acostumbrado a correr por los caminos, donde todos podían
admirarle al pasar, al internarse en el bosque se tropezó una y otra vez, y su pelo y sus hermosos
ropajes se enredaron entre las ramas.
Quiso esconderse, pero tenía tanto miedo que decidió buscar alguna aldea donde ocultarse. Pero
estaba tan sucio y tenía las ropas tan rotas que nadie le reconoció. Y, confundiéndolo con un
mendigo, nadie le dio posada. Así que no le quedó más remedio que buscar aceptar un trabajo en
una cuadra para poder conseguir un lecho de paja en el pasar la noche y algo caliente para comer.
Días después, el jefe de la guardia, famoso por ser un gran explorador, encontró al príncipe y le
ayudó a organizar un pequeño grupo para recuperar el castillo y la corona. Al príncipe no le quedó
más remedio que confiar en el jefe de la guardia, un hombre leal que le ayudó hasta alcanzar su
objetivo.
Después de aquello el príncipe fue coronado rey y, aunque siguió preocupándose por su aspecto y
su forma física, nunca más volvió a desatender sus deberes como monarca de su pueblo. Al fin y al
cabo, una cosa no está reñida con la otra, como el joven rey se encargó de demostrar siendo el
mejor gobernante que ese reino había tenido jamás, además del más guapo y el más fuerte, como
no podía ser de otra manera.