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Ejercicios de Descripción en Literatura

Este documento presenta 4 fragmentos de textos descriptivos. El primer fragmento describe a Amalia y su apariencia mientras se arregla el cabello. El segundo fragmento describe la ciudad de Vetusta durante la siesta, incluyendo detalles sobre el clima, ruidos en la calle y la catedral. El tercer fragmento describe a Teresa Serrat, enfocándose en detalles como su cuello, boca, cabello y espalda. El cuarto fragmento describe una escena de béisbol, incluyendo las posiciones de los

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Ejercicios de Descripción en Literatura

Este documento presenta 4 fragmentos de textos descriptivos. El primer fragmento describe a Amalia y su apariencia mientras se arregla el cabello. El segundo fragmento describe la ciudad de Vetusta durante la siesta, incluyendo detalles sobre el clima, ruidos en la calle y la catedral. El tercer fragmento describe a Teresa Serrat, enfocándose en detalles como su cuello, boca, cabello y espalda. El cuarto fragmento describe una escena de béisbol, incluyendo las posiciones de los

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Español II Modalidad Virtual

R2-2020
Practica 8: La Descripción.
a) Identifique en los siguientes textos, los párrafos descriptivos.
1.- Un fragmento de Amalia
Eran las diez de la mañana, y Amalia acababa de salir de un baño
perfumado.
La luz de la mañana entraba en el retrete que los lectores conocen ya, a
través de las dobles cortinas de tul celeste y de batista e iluminaba todos los
objetos con ese colorido suave y delicado que se esparce sobre el Oriente
cuando despunta el día.
La chimenea estaba encendida, y la llama azul que despedía un grueso
leño que arde en ella, se reflejaba, como sobre el cristal de un espejo, en las
láminas de acero de la chimenea; formándose así la única luz brillante que allí
había.
Los pebeteros de oro, colocados sobre las rinconeras, exhalaban el
perfume suave de las pastillas de chile que estaban consumiendo; y los jilgueros,
saltando en los alambres dorados que los aprisionaban, hacían oír esa música
vibrante y caprichosa con que esos tenores de la gran opera de la naturaleza
hacen alarde del poder pulmonar de su pequeño y sensible organización.
En medio de este museo de delicadezas femeniles, donde todo se
reproducía al infinito sobre el cristal, sobre el acero y sobre el oro, Amalia
envuelta en un peinador de batista, estaba sentada sobre un sillón de Damasco
caña, delante de uno de los magníficos espejos de sus guardas; su seno casi
descubierto, sus desnudos, sus ojos cerrados y su cabeza reclinada sobre el
respaldo del sillón, dejando que su espléndida y ondeada cabellera fuese
sostenida por el brazo izquierdo de una niña de diez años, linda y fresca como
un Jazmín, que, en vez de peinar el aquello, parecía deleitarse en pasarlos por
su desnudo brazo para sentir sobre su cutis la impresión cariñosa de sus sedosa
hebras.
En ese momento, Amalia no era una mujer; era una diosa de esas que
ideaba la poseía mitología de los griegos. Sus ojos entre dormidos, sus cabellos
sueltos, hombres y sus brazos descubiertos, todo contribuya a dar mayor realce
a su belleza. Era así, dormida y cubierta por un velo más descuidado que ella
misma, como algunos escritores de la Roma antigua describían a Lucrecia,
cuando se ofreció por primera vez a los ojos de Dextus, de quien el Bárbaro
crimen debía perder la mujer y salvar la patria quinientos años antes de Cristo.
Y cuando Cleopatra llegó hasta su vencedor, en su galera con popa de oro, con
velas de purpura y remos de plata, venia dormida sobre cojines egipcios,
sirviendo de velo a su seno de alabastro, sus cabellos negros como noche, y
Antonio olvido a Roma y a sus legiones y se hizo el esclavo de la diosa dormida.
Así, en ese momento, y de ese modo, Amalia, repetimos, no era una mujer, sino
una diosa.
Había algo de resplandor celestial en esa criatura de veintidós años, en
cuya hermosura la naturaleza había agotado sus tesoros de perfecciones, y en
cuyo semblante perfilado y bello, balado de una palidez ligerísima, matizado con
un tenue rosado en el centro de sus mejillas, se dibujaba la expresión
melancólica y dulce de una organización amorosamente sensible.
2.- Un fragmento de la regenta
La heroica ciudad dormía la siesta. Los vientos del sur calientes y
perezosos, empujaban las nubes blanquecinas que se rasgaban al correr hacia
el norte. En las calles no había más miedo que el rumor estridente de los
remolinos de polvo, trapos, -pajas y papeles que iban de arroyo en arroyo, de
acera en acera, de esquina en esquina revolando y persiguiéndose, como
mariposas que se buscan y huyen y que el aire envuelve en sus pliegues
invisibles. Cual turbas de pilluelos, aquellas migajas de la basura, aquellas
sobras de todo se juntaban en un montón, parábanse como dormidas un
momento y brincaban de nuevo sobresaltadas, dispersándose, trepando unas
por las paredes hasta los cristales temblorosos de los faroles, otras hasta los
carteles de papel mal pegados a las esquinas, y había pluma que llegaba a un
tercer piso, y arenilla que se incrustaba para días, o para años, en la vidriera de
un escaparate, agarrado a un plomo.
Vetusta, la muy noble y leal ciudad, corte en lejano siglo, hacia lo digestión
del conocido y de la olla podrida, descansaba oyendo entre sueños el monótono
y familiar zumbido de la campana de coro, que retumbaba allá en alto de la
esbelta torre, en la Santa basílica. La torre de la catedral, poema romántico de
piedra, delicado himno, de dulces líneas de belleza muda y perenne, era obra
del siglo XVI, aunque antes comenzada, de estilo gótico, pero, cabe decir,
moderado por un instinto de prudencia y armonía que modifica las vulgares
exageraciones de esta arquitectura.
La vista no se fatiga contemplando horas y horas de aquel índice de piedra
que señalaba al cielo; no era una de esas torres cuya guaja se quiebra de sutil,
mas flacas que esbeltas, amanerada, como señoritas cursis que aprietan
demasiado el Corsé; era maciza sin perder nada de su espiritual grandeza, y
hasta sus segundos corredores, elegante balaustrada, subía como fuerte castillo,
lanzándose desde allí en pirámides de ángulo gracioso, inimitable en sus
medidas y proporciones como haz de músculos nervios, la piedra enroscándose
en la piedra trepada a altura, haciendo equilibrio de acróbatas en el aire; y como
prodigiosos de juegos de malabares, en una punta de caliza mantenía, cual
imantada, una bola grande de bronce dorado, y encima otra más pequeña, y
sobre esta una cruz de hierro que acababa en pararrayos.
Cuando en las grandes solemnidades el cabildo mandaba iluminas la torre
con faroles de papel y vasos de colores, parecía bien, destacándose en las
tinieblas, aquella romántica mole; pero perdía con estas galas la inefable
elegancia de su perfil y tomaba los contornos enorme botella de champaña.
(La Regenta, Leopoldo Alas, Clarín)
3.- Un fragmento de las últimas tardes con Teresa
Si es cierto que la raza de una mujer se advierte en su cuello, Teresa
Serrat era un formidable exponente de la mejor raza: de su madre había
heredado un hermoso y esbelto cuello, una boca singularmente predestinada y
la suficiente alegría cordial para que ello le inspirase una encantadora idea mítica
del gesto. Ved si no su especial manera de ladear la cabeza despeinada y aguzar
el oído a los rumores de la noche: tiene alma de pez-mariposa y su destino es
vivir bajo una perfecta combinación de luz y azules aguas transparentes, aguas
poco profundas de los trópicos. Pero Teresa sufre nostalgia de cierto mar
violento y tenebroso, poblado de soberbios, magníficos y belicosos ejemplares,
de miserables suburbios oceánicos donde ciertos camaradas pelean
sordamente, heroicamente. Suspira como una gata de lujo añorando tejados y
luz de luna, se aburre. Sus insolentes y adorables pies desnudos, toda ella con
todos los atributos de su belleza: el fulgor celeste de sus ojos, sus caderas un
tanto pueriles, el oro viejo de sus cabellos, la miel y la seda de su nuca y también
la lánguida espalda adolescente revelan la herencia de un linaje materno
exquisitamente alimentado incluso en épocas de apuro, tanto si la estudiante
progresista lo cree justo como no, aquel prestigio de casta que ya desde niña
anunciaba su fino cuello de corza y la singular expresión de su boca; porque era
ahí, en los labios rosados, secos y ligeramente hinchados —especialmente el
superior, cuyos dos vértices puntiagudos, como ya una vez había observado el
murciano, se levantaban hacia la nariz en un gracioso mohín de desdeño— era
ahí donde estaba la raíz’ y el secreto de aquella expresión un poco infantil,
mimada y a la vez decididamente agresiva que, derramándose como una bruma
estival sobre la hostil plenitud de sus miembros soleados, determinaba la
naturaleza un tanto ambigua de la muchacha, una mezcla de candor y de
insolencia, de rosada languidez y de bronceada, adulta, fogueada rebeldía.
(Juan Marsé)

4.- Un minuto de expectación


El cuadro interior y el jardinero central jugaban a dos pasos delante; los
jardineros derecho e izquierdo estaban en posición normal, el lanzador se movía
un poco intranquilo; en la segunda y en la tercera bases, los corredores
avanzaban tres pasos, se detenían, retrocedían y se agachaban moviendo
constantemente los brazos; el bateador de turno se encamina al home, luego se
coloca en posición de bateo y comienza a movilizar el bate simulando una serie
de suins; el lanzador ya está intercambiando impresiones con su receptor, en
ese lenguaje telepático y esotérico que se usa entre camaradas. Todo está listo
para el desenlace.
Esta es la última oportunidad para el equipo visitante y la pizarra está
indicando que hay dos autos, sin duda, por eso el mánager ha traído al bate su
emergente estelar, quien sigue haciendo movimientos en el home o caja de
bateo. El lanzador ya tiene los pies y los brazos en aire, y lanza la pelota con una
velocidad impresionante, la cual solo oyó zumbar el bateador para el primer
strike. El lanzador nueva vez levanta los brazos, después consultas la seña del
receptor, esta vez es un misil lo que viene para la goma; como movido por el
instinto, el bateador presenta el bate y conecta la bola en línea sueva y elevada
por encima de la segunda base; correo él. Short stop buscando el batazo hacia
su derecha; el segundo base corre de espalda, desesperadamente; el jardinero
central avance de frente, velozmente; también avance desesperadamente el
jardinero izquierdo, todo parece que la bola se burlara de todos, pues ha
encontrado un círculo entre los cincos jugadores que la persiguen.
Entre tanto los corredores han emprendido la marcha sin regreso hacia la
posición anotadora; el Pícher en actitud previsora se ha desplazado hacia la
tercera base; el de la primera base se dirige nervioso hacia el centro del campo
de juego; el receptor avanza dos o tres pasos desde su posición habitual. Reina
la expectación y el nerviosismo. Los fanáticos se han parado de sus asientos:
uno como si quisieran atrapar la pelota, y otros, como si quisieran obstaculizar la
persecución que han emprendido los cinco hombres.
Ya la pelota va cayendo en el pequeño círculo que han formado los cinco
jugadores; los fanáticos aplauden jubilosos la llegada a la goma de los dos
corredores; pero se hace un mutismo: ha aparecido la mano enguantada de la
segunda base, que se volteó justamente en el momento en que la pelota iba a
caer en el centro del círculo. Los fanáticos que aplaudían medio segundo antes
se han quedado petrificados; la otra facción, se lanza al campo de juego y cargan
en brazos a sus héroes.
5.- Fiesta de los sentidos
La mañana era de cuaresma, el viento flojo y caliente. El trayecto por la
autopista se hacía soportable y el sol, que salía en rayos brillantes por las ligeras
aberturas de algunas nubes, se unía a la excursión como un solidario compañero
de viaje.
El verdor predominaba en el paisaje, pero comenzó a presentar
características diferentes, más bien contrastantes y enriquecedoras, al tomar la
carretera que conducía a Los Palos.
El mar se presentaba ante nuestros ojos como dueño del lateral izquierdo
de la carretera. Por momentos, fulgía como un ascua ante los reflejos del
candente sol del mediodía. La rebelde brisa con olor a algas, hacia elevar mi
pelo, provocando el milagro de agudizar mis sensaciones y mis percepciones.
Seguíamos avanzando hacia nuestro destino y junto con nosotros lo
hacían las nubes que solo nos permitían ver entre brechas, trozos de un cielo
azul. A la derecha de la carretera se observaba una llanura espaciosa que
comenzaba a poblarse y a animarse con centenares de reses que se
congregaban para buscar alimentos.
Algunas casas aparecían ante nuestras miradas, con sus pórticos
colocados en dirección frontal hacia el mar. Muchas de ellas, pintadas con
llamativos colores, vestigios de una soslayada cultura.
Las miradas penetraban por los sucesivos, espesos y enmarañados
bosques que se desvanecían para dar pasos a agrias y peladas cuestas. Luego,
un precipicio profundo. A cada paso, peñones enhiestos en las plataformas de
los bosques. Nuevas cuestas serpenteadas aparecen ante nuestras vistas.
Desde la altura, el mar parecía una enorme cinta verde decorada con
encajes festoneados. De pronto, al descender la elevación montañosa, aparece
el poblado y súbito, el espíritu se excita al ver la tierra deseada, al contemplar
sus pintorescas arquitecturas, sus elevados techos rojos, sus bandas de frágiles
palomas y sus prominentes cocoteros.
La tarde se presentaba su agónica despedida, al tiempo que el sol dejaba
en el firmamento una rica variedad de rayos: escarlatas, violetas, cobrizos,
metálicos. Estos intensos colores irradiaban una fuerza vital que inmovilizaba el
alma en éxtasis prodigioso.
b) Seleccione la respuesta correcta.
1. El objeto de la descripción No. 1. Es:
a) Una doncella
b) Una habitación
c) El amanecer
2. Esa descripción es predominante:
a) Científica
b) técnica
c) Artística o Literaria.
3. El objeto de la descripción No. 2 es:
a) El patio de una casa en la ciudad.
b) Una ciudad.
c) Una iglesia.
4. El objeto de la descripción No.3 es:
a) Un animal.
b) Una persona.
c) Una cosa.
5. ¿Qué tipos de rasgos se describen?
a) Psicológicos, filosóficos e intelectuales.
b) Físicos, intelectuales y habituales.
c) Morales, psicológicos y habituales.
6. Entonces ¿de qué tipo de descripción se trata?
a) De una etopeya
b) De un retrato
c) De una prosopografía.
7. El texto No.4 es predominante:
a) Descriptivo
b) Narrativo
c) Dialogo.
8. Los párrafos descriptivos del referido texto son predominantes:
a) Cinematográficos
b) Topográficos
c) estáticos
9. El texto No.5 es predominante:
a) Descriptivo
b) Topográficos
c) estáticos
10. Los párrafos descriptivos son mayoritariamente:
a) cinematográficos
b) Topográficos
c) Estáticos
c) Ahora piense en un personaje de la política dominicana (del presente o
del pasado), atribúyale algunas características físicas y rehaga la
descripción anterior de tal forma que se convierta en un retrato de dicho
personaje.
Leonel Fernández es de figura delgada, con una elegancia al vestir en todos
los eventos y encuentros políticos, de rostro un poco arrugado, nariz ancha,
labios pequeños, cabello canoso, de estatura alta, tez blanca, ojos oscuros.
Leonel Fernández es de figura delgada, con una elegancia al vestir en todos
los eventos y encuentros políticos, de rostro un poco arrugado, nariz ancha,
labios pequeños, cabello canoso, de estatura alta, tez blanca, ojos oscuros.
Cabe destacar que es una persona modernista, con una inteligencia admirable
y sorprendente, carismático, simpático, ingenioso, persuasivo y bastante ágil.

D) Describa un pueblo de la Republica Dominicana (Previo a la redacción


de la descripción, elabore una lista de rasgos).
Puerto Plata, una de las 32 provincias de la República Dominicana. Se sitúa en
la región Norcentral, junto a las provincias de Espaillat y Santiago.
Puerto Plata se encuentra en un enclave natural excepcional, situado
estratégicamente entre la Cordillera Septentrional y el océano Atlántico, cuenta
con numerosas playas y magníficas vistas de mucho verdor.
Puerto Plata la provincia de mayor extensión del litoral Norte, cuenta con
numerosos recursos costeros.
La actividad turística es el renglón más importante dentro de la economía. Es
uno de los principales polos turísticos del país, con magníficos complejos que
acogen miles de turistas al año en Sosúa, Cabarete, La Isabela y Luperón.
En Puerto Plata se realizan varias fiestas patronales como las del paraje, los
Cafeses, en honor a Nuestra Señora de Las Mercedes.
Lista de rasgos:
1. Es una de las 32 provincias de Republica Dominicana.
2. Se sitúa en la región Norcentral.
3. Se encuentra en un enclave natural excepcional.
4. Cuenta con numerosas playas.
5. Posee magníficas vistas de mucho verdor.
6. Es la provincia de mayor extensión del litoral Norte.
7. Posee numerosos recursos costeros.
8. La actividad turística es el renglón más importante dentro de la economía.
10. Es uno de los principales polos turísticos del país.

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