Universidad Abierta Interamericana Prof. Titular: Dr.
León Roberto
Gindin
Asignatura: Sexualidad y Salud Prof. Asociada: Lic. Cristina Tania
Fridman
Introducción al Estudio de la Sexualidad Humana
Eusebio Rubio Aurioles
Resumen
En este artículo se presenta un panorama de las maneras de conceptualización de la
sexualidad humana y se revisan el modelo psicoanalítico de Sigmund Freud, el modelo de la
Secuencia de la Conducta Sexual de Donn Byrne y la Teoría Sociológica de la Sexualidad
Humana de Ira Reiss. Además, se propone un modelo de la sexualidad humana con base en la
Teoría del Sistema General, denominado El Modelo de los Cuatro Holones Sexuales, que el
autor propone.
El Modelo de los Cuatro Holones Sexuales propone que la sexualidad está conformada por
cuatro holones o subsistemas: reproductividad, género, erotismo y vinculación afectiva. La
estructuración mental de la sexualidad es el resultado de las construcciones que el individuo
hace a partir de las experiencias que vive y que se originan en diversas potencialidades vitales,
a saber, la de procrear, la de pertenecer a una especie dimórfica, la de experimentar placer
físico durante la respuesta sexual y la de desarrollar vínculos afectivos con otras personas. La
significación mental que el individuo hace de estas fuentes de experiencia, conforma su
sexualidad, - cuando comparte dichas significaciones con otras personas, hace posible la
consideración social de los procesos sexuales.
El estudio de la sexualidad puede hacerse desde las perspectivas biológica, psicológica, social,
antropológica y legal. Cada una de estas disciplinas del conocimiento ha abordado diversos
ángulos de la sexualidad humana. Presentamos un panorama de las principales áreas
especificas de estudio de la sexualidad humana organizada con base en los cuatro holones
mencionados. El trabajo finaliza con una breve consideración de los problemas sexuales. Se
concluye que el abordaje científico de la sexualidad humana necesita de un enfoque
multidisciplinario. Para que la integración del conocimiento sobre la sexualidad humana sea
posible, se requiere de modelos conceptuales integradores. El modelo propuesto puede ayudar
en esta tarea.
Introducción
Estudiar la sexualidad humana no es una empresa humana nueva. Sus misterios, la
fascinación por resolverlos y el poder sentido por el saber sexual, han funcionado, desde hace
siglos, como motores en el interés humano de entender la sexualidad. La ciencia del siglo XX,
aunque con algunos titubeos, ha emprendido también el camino hacia lograr una formulación
científica - que pretende ser objetiva - de la sexualidad humana.
Existen dos problemas fundamentales para que el intento científico fructifique: uno debido a la
naturaleza de la sexualidad, el otro consecuencia de la naturaleza de la ciencia. Veamos.
Primero, la mera definición de la sexualidad, objeto de estudio del científico que pretende
explicarla, o por lo menos parte de sus manifestaciones, expresiones, y condicionantes, es
algo que ha demostrado ser complicado. La razón de esta dificultad se encuentra en una de
las características fundamentales de la sexualidad: la sexualidad es ante todo una abstracción,
una manera de conceptualizar, es decir, de realizar formulaciones mentales ante realidades
percibidas de nuestra existencia que intentan ser capturadas por nuestro entendimiento. Si
bien es cierto que nuestras conductas de reproducción han sido siempre iguales desde que el
ser humano es ser humano, la manera en que los seres humanos se han explicado a sí
mismos esas conductas ha variado enormemente a lo largo de la existencia humana y, por
consiguiente, la sexualidad se ha ido conformando de maneras también diferentes. Esta
situación, que es observada de manera muy clara cuando se estudia la sexualidad desde los
puntos de vista histórico o transcultural, en el mundo de la ciencia, ha determinado también
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formulaciones científicas muy diversas, es decir, explicaciones y definiciones de la sexualidad
muy diferentes.
El segundo problema, en el estudio científico de la sexualidad humana, es resultado de que la
ciencia ha desarrollado múltiples estrategias para asegurarse - hasta donde esto es posible -,
de que sus conclusiones no son producto de la apreciación individual (subjetiva) del estudioso,
sino producto de la realidad que se intenta estudiar (objetividad). En este aún, se han
desarrollado maneras de asegurarse de que lo observado es lo que existe en la realidad
percibida y no en la mente del observador. La metodología científica (maneras de observación
y comprobación), busca, entonces, asegurarse de que lo que se ve pueda ser visto de la
misma manera, independientemente de quien observa y, para ello, se buscan maneras de
medir lo que se estudia. La medición científica, herramienta fundamental en las acciones de
describir, comparar y comprobar, se convierte, entonces, en una de las características
fundamentales del actuar científico y dota al estudioso de un poderoso medio para el logro de
sus objetivos. ¿Por qué digo, entonces, que esto es un problema, para el estudio científico de
la sexualidad'?. Ocurre que las técnicas de medición científica requieren, para ser usadas, de
la delimitación precisa de lo que se va a medir y, para ello, los científicos escogen fenómenos
que pueden medirse a determinado nivel; por ejemplo, al nivel de la concentración de
determinada molécula en un líquido o, bien, al nivel de la frecuencia de aparición de
determinado patrón de conducta repetitiva, o de la vigencia de determinadas ideas en un
grupo de personas o de pacientes, por mencionar solo algunos casos. Cuando una dimensión
humana se manifiesta en varios de los niveles estudiados, es posible que distintos científicos
estudien la misma cosa, pero con metodologías de medición diferente. Por otro lado, la
complejidad de las cosas humanas hace extremadamente difícil el estudio objetivo de algún
aspecto humano sin esta necesaria atomización del conocimiento. Este es el problema al que
el estudio científico de la sexualidad se enfrenta: la sexualidad se manifiesta en todos los
niveles de la existencia humana, pero su estudio científico requiere de la elección de un nivel
determinado de medición; la ciencia sexual se encuentra buscando el camino de la integración
del conocimiento ante la sexualidad que, en la actualidad, es producto de la participación de
muchas disciplines científicas. La formulación integral de la sexualidad humana, es aún un
deseo de la ciencia que no se ha visto satisfecho.
En este artículo, vamos a revisar varios modelos de la sexualidad que, a mi juicio, contienen
elementos que son titiles en nuestros intentos por entender nuestra realidad sexual. Incluyo los
conceptos psicoanalíticos postulados por Freud y dos autores, Bryne y Reiss, de pensamiento
empírico-positivista, que han propuesto modelos de la sexualidad humana. Después, presento
un modelo de la sexualidad humana que intenta resolver el segundo problema mencionado
arriba, a saber, la dificultad de integración del saber científico en sexualidad, a partir de un
modelo construido con base en la Teoría del Sistema General. Los conceptos básicos para el
estudio de la sexualidad son explicados dentro de este marco de pensamiento sistémico. Para
finalizar, consideraremos brevemente los problemas sexuales que pueden impedir que el
individuo y la sociedad alcancen el bienestar.
Los conceptos de sexualidad
Una definición de sexualidad humana requiere de un concepto que, a su vez, se enmarque en
una teoría determinada. Por esta razón, existen varias definiciones de lo que es la sexualidad
humana. Vamos a revisar los principales modelos de pensamiento que se han derivado de
conceptos de sexualidad para, al final, describir un modelo de pensamiento sistémico que da
origen a nuestra definición de sexualidad humana.
Los conceptos de sexualidad no son, contra lo que pudiera pensarse, fácilmente identificables
en los escritos de los diversos autores que han abordado el tema. Con frecuencia, los autores
empiezan a hablar de sexualidad simplemente asumiendo que son entendidos por sus
lectores. Esta situación es grave si se identifica una de las características fundamentales de la
idea de la sexualidad: lo que un grupo social en particular entiende, lo que a cada individuo en
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particular le significa, el término sexualidad es el resultado de como (el grupo o el individuo) ha
construido el concepto. En efecto, la sexualidad es, ante todo, una construcción mental de
aquellos aspectos de la existencia humana que adquieren significado sexual y, por lo tanto,
nunca es un concepto acabado y definitivo, pues la existencia misma es continua y cambiante.
Jeffrey Weeks (1980) es, tal vez, quien mejor ha explicado esta característica de la sexualidad
humana. Sobresalen, sin embargo, algunos intentos por caracterizarla o representarla en
modelos que faciliten su comprensión. Los modelos de la sexualidad humana y los conceptos
de sexualidad que de ellos se derivan, pueden agruparse en dos polos de un continuo en el
que, en un extremo, se encuentran aquellos modelos que atribuyen a la sexualidad un carácter
de imperativo biológico que, ante la estructura social y educativa, lucha por expresarse; en el
otro, la sexualidad es vista básicamente como la resultante de la interacción grupal que, a
partir de una base biológica relativamente invariante, origina la diversidad característica de
ideas, sentimientos, actitudes, regulación social e institucional de lo que el grupo entiende por
sexualidad. En el centro de ese continuo, me parece, se encuentra el modelo de sexualidad,
con base en la teoría de sistemas que desarrollamos hace algunos años.
El modelo psicoanalítico de la sexualidad humana
El representante mas conocido del primer polo del continuo, el que adscribe a la sexualidad un
carácter biológico e innato, es la teoría psicoanalítica de Sigmund Freud.
El siguiente es un resumen hecho con base en mi interpretación de sus escritos fundamentales
(Freud, 1973a, 1973b, 1973c, 1973d; para un buen resumen escrito para audiencias
sexológicas, ver Halberstadt-Freud, 1977). La divulgación popular de esta teoría ha adulterado
muy gravemente sus planteamientos originales. Freud siempre consideró los orígenes de los
fenómenos sexuales en la vida como las manifestaciones de energía que llamó libidinal y que
tenía como fuente la matriz biológica del sujeto. El pensar que Freud explicaba todo con la
sexualidad y confundir su insistencia en reconocer la importancia de la vida sexual en la
conformación psicológica del individuo con una explicación simplista que nunca le caracterizó
es ignorar su pensamiento.
Figura 1. Representación del modelo psicoanalítico de la sexualidad humana
Freud postuló la existencia de pulsiones: la pulsión libidinal primero, luego la pulsión agresiva.
Pulsiones en contraposición con la idea generalmente transmitida de instintos - imperativos
biológicos heredados -, divulgada como resultado de errores en las traducciones de los
trabajos de Freud. La idea de pulsión es mejor identificada con la idea de fuerza, de impulso
que se presenta dinámicamente para lograr su objetivo. En la dinámica de manifestación
aparecen, según la óptica de Freud, los problemas que la manifestación no regulada de las
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pulsiones representarían: Freud es un teórico del conflicto. Primero el conflicto entre la
manifestación libidinal (placentera) y la imposibilidad dictada por la realidad (de vivencia
placentera continua) implicada la necesidad de supervivencia del individuo y la especie (tanto
el individuo como la especie necesitan hacer mas que dedicarse a experimentar placer para
sobrevivir); más tarde en el niño este conflicto se manifiesta con el surgimiento de sus
impulsos placenteros y sexuales a los que se opone la sociedad por medio de sus
representantes (Padre y Madre); en el adulto el Padre y la Madre son sustituidos por los
principios, valores y normas que, adquiridos (introyectados), por el individuo conforman el
super-yo. Posteriormente se agrego al pensamiento Freudiano la idea de conflicto en las
pulsiones: la pulsión libidinal (eros o pulsión de vida) y la pulsión agresiva (tánatos o pulsión de
muerte). Para Freud y muchos de sus seguidores, la satisfacción de la pulsión libidinal, puede
darse en formas que a la simple observación parecen no tener relación alguna con su objeto
original (y.e. el encuentro genital generador de vida); hay tres maneras en las que esto puede
suceder y reciben los nombres de perversión, sublimación y neurosis. La primera forma se
establece cuando el objeto de gratificación permanece siendo alguno de los que tuvieron
importancia fundamental en la infancia y la gratificación adulta se encuentra dificultada por
algún evento (vicisitud) en el desarrollo que hace que el individuo viva la realización adulta de
la sexualidad como peligrosa o difícil dando por resultado una perversión. En la segunda, el
objeto es sustituido en forma tan completa que parece no tener que ver nada con la forma de
gratificación original de la pulsión sexual, algunas de las más sofisticadas y admiradas
expresiones artísticas y culturales son vistas por el psicoanálisis como el resultado de este
proceso que se denomina sublimación. En la tercera forma las vicisitudes del desarrollo de la
pulsión sexual pueden dar por resultado que ninguno de los dos procesos anteriores se
estructure, pero que la gratificación de la pulsión, aunque con una gran cantidad de represión,
siga siendo buscada con la participación de muchos mecanismos de defensa, ante la culpa y
la ansiedad que generan su gratificación y el resultado es llamado proceso neurótico. La
normalidad se adquiere, según la perspectiva psicoanalítica, cuando los conflictos propios del
desarrollo se resuelven satisfactoriamente y es posible la búsqueda de gratificación libidinal en
la vida adulta de manera menos rebuscada (Ver figura 1).
Las implicaciones sociales del pensamiento de Freud han sido traducidas a la idea de que una
sociedad libre de represión sexual sería una sociedad con mayor bienestar. Sobresalen, entre
quienes tienen este abordaje más social en el esquema psicoanalítico, Wilhelm Reich (I 977) y
Herbert Marcuse (I 900), quienes han subrayado la importancia de liberar al placer de la
represión para favorecer una sociedad mejor. Desgraciadamente, la lectura de las propuestas
psicoanalíticas por los no entrenados en esta discipline es difícil y conduce con frecuencia a
simplificaciones. La riqueza del pensamiento psicoanalítico es tal, que su influencia se ha
evidenciado en una multitud de quehaceres intelectuales del mundo Occidental. Sin embargo,
la amplitud con la que se conceptualize la sexualidad en el marco del psicoanálisis, hace difícil
el desarrollo de modelos conceptuales con aplicabilidad fuera del marco teórico del propio
psicoanálisis.
Los modelos empírico-positivistas de la sexualidad
PARALELAMENTE, los científicos de orientación empírico-positivista, ban desarrollado
enfoques y modelos que es conveniente resumir. El empirismo científico busca reducir la
realidad percibida y aislar las variables que permitan la predicción de los fenómenos
estudiados. Debido a este modo de proceder, el enfoque se caracteriza por la búsqueda de
definiciones que puedan ser aplicables por diversos estudiosos de manera inequívoca, es
decir, se busca la operacionalización de los conceptos de las variables estudiadas, en
contraste con el enfoque psicoanalítico anteriormente resumido. Un buen ejemplo es la
definición de conducta sexual que Beach y Ford (1972) ofrecen: las actividades que suponen
excitación y estimulación de los órganos genitales. Definiciones así son muy precisas y de
posible verificación empírica pero dejan sin considerar la experiencia interna del individuo, que
es mucho más difícil comprobar. Tratando de resolver este problema, los autores que trabajan
desde la psicología experimental han desarrollado una multitud de conceptos que, gracias a
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las técnicas psicométricas, pueden ser medibles y objeto de verificación independiente. Este
punto de vista ha podido desarrollar modelos que explican con mayor amplitud las
determinantes de la conducta sexual, misma que se sigue conceptualizando como aquella en
la que se observe respuesta fisiológica de excitación genital. Revisaremos dos modelos
recientemente presentados y que pueden enmarcarse dentro de los modelos empírico-
positivistas: El Modelo de la Secuencia de la Conducta Sexual de Byrne (198o) y el Modelo
Sociológico de Reiss (1980).
El modelo de la Secuencia de la Conducta Sexual
Los representantes de la teoría del aprendizaje han desarrollado vanos modelos para entender
la conducta sexual humana. Los proponentes originales legaron a un nivel de simplificación
notable en el que la conducta observada (i.e. la conducta sexual definida como la búsqueda y
consecución de orgasmos) era vista como el resultante de estímulos específicos y sus
resultados, en un esquema que clásicamente se ha conocido como el del condicionamiento
operante (Skinner, 1953), sin embargo, este enfoque ha dejado de tener vigencia ante la
aceptación muy generalizada entre los representantes de esta escuela de la importancia de los
procesos internos, es decir, lo que ocurre dentro del individuo. La variedad de procesos
internos considerados es grande, pero los que mas han llamado la atención de los
investigadores, son los procesos cognitivos. El mas acabado de los modelos derivados de
esta escuela es el Modelo de la Secuencia de la Conducta Sexual que a continuación
explicamos.
El Modelo de la Secuencia de la Conducta Sexual fue propuesto por Donn Byrne (I 980) (ver
figura 2). Este modelo tiene tres niveles de observación: los estímulos externos, los procesos
internos y la conducta manifiesta. Los estímulos externos pueden ser de naturaleza no
aprendida o aprendida (estímulos a los que se les adscribe calidad erótica). Los procesos
internos son de varios tipos: afectivos, actitudinales, informacionales, de expectativas,
imaginarios y fisiológicos. La conducta manifiesta tiene como variables observables: los actos
instrumentales (los actos conducentes a hacer factible la actividad sexual), las respuestas
meta (interacción sexual conducente a excitación y/u orgasmo) y el o los resultados a corto y
largo plazo, que a su vez tienen relevancia para la modulación de los procesos internos. Todas
las variables enunciadas por Byrne se pueden operacionalizar, esto es, pueden ser evaluadas
en función de las operaciones que producen
Figura 2. Representación de Modelo de la Secuencia de la Conducta Sexual de Donn Byne
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y por tanto ser medibles. El estudio de esas variables ha permitido la documentación de las
relaciones entre ellas. Como la intención científica que guía esta vertiente de pensamiento es
el poder desarrollar predicciones, este modelo resulta muy interesante para quienes están
buscando incidir en la conducta de las personas, sea para modificar un modo de
funcionamiento patológico o para lograr cambios sociales deseables. Diversas investigaciones
empíricas,(ver por ejemplo Byrne y Kelley, 1986) documentan cómo las variables deducidas de
los conceptos propuestos y están relacionadas a la variabilidad en la conducta sexual, con
una forma de interacción, por cierto bastante compleja y que se ilustra en la figura no. 2, como
la multiplicidad de direcciones en las interacciones señaladas por flechas del dibujo.
El Modelo Sociológico de Ira Reiss
Trabajando también desde una óptica empírico - positivista, el sociólogo norteamericano Ira
Reiss ha propuesto un modelo explicativo de la sexualidad en sus niveles sociales (Reiss,
1986). Reiss toma el concepto de guión sexual propuesto por Simon y Gagnon (1984)
extendiéndolo a nivel cultural. El concepto de guión cultural se refiere de hecho a un "modelo
de interacción" conformado por papeles o roles sociales. El guión es una especie de código
compartido por los miembros de un grupo que entienden quo se debe hacer sexualmente (o
mejor dicho, quo espera el grupo), con quién, cómo, para qué y por qué. Propone entender la
sexualidad como "el conjunto de guiones culturales compartidos acerca de las conductas de
excitación erótica que se supone inducen a la excitación erótica y a las respuesta genitales".
Reiss documentó que la conducta erótica tiene dos consecuencias universales (i.e.
observadas en todas las culturas de las que se tienen datos científicos): a) esta revestida de
importancia cultural y b) la conducta sexual conlleva a la formación de vínculos entre los
participantes, ya que: 1. Es indispensable que los mismos muestren sus partes ocultas (tanto
literalmente con la desnudez física como en términos más psicológicos con el desarrollo de
intimidad) y 2. Generalmente hay una calidad placentera en la experiencia.
Investigando empíricamente lo conocido de una gran variedad de culturas, Reiss documento
como la sexualidad, así entendida, se relaciona directamente con tres instituciones sociales: A)
los roles genéricos a través de su función como filtros de poder; B) la estructura de celos que
en cada sociedad regula con precisión quienes y con quien se tienen "acceso" a la actividad
erótica y que se traduce en la estructuración social de parentescos y C) Las
conceptualizaciones sociales de normalidad sexual, que se traducen en ideologías reguladoras
de la conducta sexual, de su importancia y de las vinculaciones sexuales. Los conceptos
ofrecidos por Reiss están representados en la figura 3.
El modelo sistémico de la sexualidad
Uno de los problemas epistemológicos más importantes en esta área del saber científico, es
el hecho de que con frecuencia se confunde un método para averiguar un saber con el objeto
del saber mismo. Voy a ilustrar. Si se estudian con una metodología psicológica-empírica las
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Figura 3. Representación de la teoría sociológica de Ira Reiss de la sexualidad humana
las manifestaciones sexuales, con facilidad se concluye erróneamente que la sexualidad es un
problema psicológico pues, sorprendentemente se encuentran en ese nivel de estudio
múltiples evidencias de su presencia. Si se abordan con una metodología sociológica las
manifestaciones de la sexualidad ocurre un fenómeno similar y la tentación de concluir que la
sexualidad es un fenómeno social es grande, pero conducente al error. Quienes estudian los
niveles biológicos y moleculares de las manifestaciones sexuales, encuentran tanta evidencia
de su presencia y regulación, que la conclusión errónea aparece de nuevo. Motivado por esta
situación de paradoja epistemológica, encontré hace unos años en la Teoría del Sistema
General propuesta a mediados de siglo por Ludwing von Bertalanffy (1968, propuesta
originalmente en 1945) un marco conceptual que permite la resolución de este problema: La
Teoría del Sistema General, propone principios de funcionamiento y características de los
sistemas que se encuentran presentes en todos los niveles de jerarquía, y que por lo tanto,
permite el desarrollo de conceptos que tengan aplicabilidad vertical, es decir, que puedan ser
usados independientemente del nivel de estudio que se elija. Cualquiera que sea el que se
quiera estudiar: biológico, psicológico, social, cultural, las características de los sistemas
presentes en un nivel: (digamos social) aparecerá en los otros (biológico, por ejemplo). Este
planteamiento lleva a conclusiones radicalmente diferentes de las ideas comúnmente
aceptadas. Por ejemplo, en esta óptica es fácil observar que la sexualidad no es
fundamentalmente ni biológica, ni psicológica, ni social. A las manifestaciones de la sexualidad
las encontramos en todos esos niveles y nuestro método de estudio las puede amplificar
artificial y erróneamente. Lo que en realidad sucede es que la sexualidad puede (y necesita) ser
estudiada con métodos de la biología, la psicología, la sociología, la antropología y por todas
las otras disciplines humanísticas para que nos aproximemos a un conocimiento integral, pero
por esa misma razón se necesitan conceptos (instrumentos de estudio) que permitan
trasladamos de un nivel de estudio a otro.
Por otro lado, la idea central de la Teoría del Sistema General, es que todos los sistemas están
formados por elementos en interacción, y que estos elementos son a su vez sistemas. Arthur
Koestler (1980) propuso que se les denominara holones para subrayar el hecho de que son
partes constituyentes de un sistema (de ahí el uso del sufijo on como electrón o protón) pero
que tienen en sí mismos, un alto grado de complejidad e integración (holos en griego quiere
decir Todo). Digamos que el reto para aplicar la teoría, es identificar los holones sexuales.
Los holones sexuales o sea las partes, elementos o subsistemas de la sexualidad, deberán ser
conceptos que conserven su aplicabilidad vertical, es decir, que puedan aplicarse a las
diversas metodologías de estudios: antropológica, sociológica, psicológica y biológica.
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El desarrollo de estas ideas me llevó a proponer (Rubio, 1983, 1984, 1992a, 1992b) que la
sexualidad humana es el resultado de la integración de cuatro potencialidades humanas que
dan origen a los cuatro holones (o subsistemas) sexuales, a saber: la reproductividad, el
género, el erotismo y la vinculación afectiva interpersonal. Como señalaba arriba, estos
conceptos tienen aplicabilidad vertical, esto es, cada uno de ellos tiene manifestaciones en
todos los niveles de estudio del ser humano y por ello no son ofrecidos como conceptos
biológicos, sociales o psicológicos. El contar con conceptos que puedan aplicarse a los
diversos niveles y disciplines que aporten conocimiento, reduce el riesgo que describí antes:
pensar que si un proceso tiene manifestaciones en un nivel digamos, el biológico, el proceso
es biológico. Recientemente, por ejemplo, al proceso de la vinculación afectiva humana se le
han encontrado correlatos en el plano neurobioquímico, (i.e. la identificación de modificación
en las concentraciones de neurotransmisores correlacionadas con la experiencia del
enamoramiento, ver Ortega-Soto y Brunner, en esta misma obra); la posibilidad de que a partir
de este hecho lleguemos a la conclusión errónea de que el fenómeno del amor humano es un
fenómeno biológico se ve reducida si mantenemos en mente nuestra cualidad holónica. Este
ejemplo, útil por reciente, se repite en cada uno de los abordajes posibles de las
manifestaciones sexuales.
Por otro lado, la idea de integración es central en este modelo teórico. Por integración se
entiende, en el pensamiento de sistemas, que un elemento no puede ser correctamente
representado si se considera aisladamente, pues su actuar depende de los otros elementos
del sistema. La integración en los sistemas se alcanza de diversas maneras pero en el caso de
la sexualidad, ésta se hace presente gracias a los significados de las experiencias, es decir, la
integración es fundamentalmente mental, producto de la adscripción de sentido,
Figura 4. Representación de la sexualidad humana de acuerdo con el modelo de los Cuatro
Holones
significado y afecto a aquello que el individuo en lo personal y el grupo social en general, viven
como resultado de que las potencialidades sexuales están biológicamente determinadas (y por
tanto son compartidas por la mayoría de individuos). Sin embargo, lo que está determinado
por nuestra naturaleza biológica es la potencialidad para tener experiencias en las cuatro
dimensiones señaladas: la reproducción, el género, el erotismo y el vínculo afectivo; de la
potencialidad a la actuación hay un proceso que recorrer. Literalmente, la sexualidad se
construye en la mente del individuo a partir de las experiencias que su naturaleza biológica y la
interacción con el grupo le hacen vivir. En un proceso paralelo pero que solo se observa si el
método de estudio es social, los grupos humanos construyen ideas compartidas acerca de
sus potencialidades sexuales. En la figura 4 se observan los cuatro holones sexuales unidos
por líneas que van desde cada uno de los holones a los otros tres, estas líneas representan las
significaciones mentales que integran el significado de las experiencias de un holón, por
ejemplo, el placer genital con otro, el género. Si bien la caricia genital que el niño de meses de
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edad percibe como placentera es una experiencia erótica relativamente simple, una caricia en
la misma zona corporal sentida por un adulto casi siempre se significa en relación (en
interacción) con el género propio y el de la persona que acaricia, es decir, existe una
significación que integra el erotismo con el género. La complejidad de nuestras sexualidades
se debe en gran medida a que las significaciones casi siempre aluden a los cuatro holones.
Los significados de las experiencias, entonces, permiten la construcción e integración de la
sexualidad. Ocurre que los significados en cada una de las áreas interactúan con las otras
porque, precisamente, están en relación unas con otras. No es posible modificar los
significados reproductivos, por ejemplo, si no se contempla la resignificación genérica, erótica
y vinculativa. La significación sexual, entendida con amplitud comprende entonces el
significado de la reproducción como posibilidad (reproductividad), de la experiencia de
pertenecer a uno de dos sexos (género), de la significación de la calidad placentera del
encuentro erótico y la significación de los vínculos afectivos interpersonales. En tanto que
estos holones operan integralmente, cuando el abordaje educativo o terapéutico ignora alguno
de ellos, aumenta sus posibilidades de ineficacia.
Los holones sexuales
EN ESTA sección abordaremos cada uno de los holones que conforman la sexualidad. Su
tratamiento en forma independiente debe contextualizarse con los comentarios de la sección
procedente puesto que la sexualidad es, en realidad, resultante de la integración de cada uno
de estos subsistemas. Sin embargo, estos elementos son lo suficientemente complejos como
para merecer un estudio independiente, razón por la que formalmente se les denomina
holones.
El holón de la reproductividad humana
La potencialidad de reproducimos es consecuencia directa del hecho de ser seres vivos. La
sexualidad humana se ha desarrollado con sus múltiples niveles de manifestación y
complejidades de organización e integración, como resultado de la necesidad de la especie
humana de reproducirse eficientemente. Parece paradójico, pero la necesidad actual de los
grupos sociales por desarrollar patrones reproductivos menos azarosos, es resultado
precisamente de que nos es indispensable optimizar nuestras estrategias de permanencia, de
reproductividad.
Por reproductividad se quiere decir: tanto la posibilidad humana de producir individuos que en
gran medida sean similares (que no sean idénticos) a los que los produjeron, como las
construcciones mentales que se producen acerca de esta posibilidad. Existen consecuencias
evolucionarias de la mayor trascendencia en el hecho de que los seres humanos no nos
reproducimos como réplicas exactas de nuestros predecesores, consecuencias que han sido
resumidas por los estudiosos de la evolución de las especies (Galup, 1986). Desde luego, el
tema de la reproductividad parece ser identificado de inmediato con nuestra condición
biológica y es en ese nivel en el que generalmente se estudia, sin embargo, la reproductividad
humana es un holón sexual que tiene manifestaciones psicológicas y sociales de la mayor
importancia y no se limita al evento biológico de la concepción, embarazo y parto. Hay
manifestaciones de nuestra reproductividad en hechos tan lejanos de la concepción como el
acto educativa mismo. En el momento en que escribo estas líneas, de varias maneras estoy
expresando mi reproductividad.
En el nivel biológico de la reproductividad, existe una riqueza de conocimiento que literalmente
aumenta día con día en el mundo actual. Los avances más notables de la ciencia biológica en
los últimos años, se localizan precisamente en el esclarecimiento del nivel molecular, es decir,
de la posibilidad de definir la composición química de las moléculas que regulan el hecho
reproductivo. El descubrimiento de la composición del ácido desoxirribonucleico (DNA), matriz
de la reproductividad de los seres vivos, ha disparado las posibilidades de nuestro entender
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hacia límites que están aún por descubrirse (ver Castañeda, 1985). El DNA, su acomodo en
genes, así como su empaquetamiento en los cromosomas, constituyen el objeto de estudio de
la genética, ciencia que promete respuestas a una multitud de problemas humanos. En el
plano del organismo, la reproductividad se manifiesta en la serie de estructuras corporales
conocidas como aparatos reproductores. Su funcionamiento, las posibilidades de control de la
reproducción sin evitar la interacción erótica, así como para lograr su consecución cuando
está problematizada, constituyen temas comunes de la reproductividad.
El plano psicológico de la reproductividad humana suele ser ignorado con mayor facilidad que
los temas biológicos. Resulta claro observar como la función reproductiva no termina con el
nacimiento de un nuevo ser, la función de maternidad y paternidad se prolonga de hecho
muchos años antes de poder considerar completo el evento reproductiva. Otros temas
psicológicos suelen ser relevantes: la reproductividad, como anotamos no se limita a la
reproducción biológica, sino que puede expresarse a través de la maternidad y paternidad en
adopción o bien, a través del ejercicio de muchas actividades humanas cuyo resultado final es
la reproducción de la completud del ser humano.
En el plano sociológico, la reproductividad suele estudiarse en temáticas como las
significaciones sociales del hecho reproductiva y la contracepción. La institucionalización de
las políticas reproductivas, los procesos sociales ante la reproducción humana que son base
de los fenómenos demográficos, son expresión, en el plano sociocultural, de la
reproductividad.
El holón del género
En la evolución de los seres vivos apareció en cierto momento el sexo, es decir, el hecho de
que en un mismo tipo de organismos ( una misma especie) surgieron dos formas. Los
científicos le llaman a esta cualidad de los seres vivos dimorfismo, que quiere decir dos
formas. La base biológica del género es el dimorfismo, y esta es la base para la conformación
del segundo elemento de la sexualidad que vamos a considerar.
En este contexto, entendemos género como la serie de construcciones mentales respecto a la
pertenencia o no del individuo a las categorías dimórficas de los seres humanos: masculina y
femenina, así como las características del individuo que lo ubican en algún punto del rango de
diferencias. El género, al igual que los otros holones sexuales, tiene manifestaciones en todos
los niveles de estudio de nuestra naturaleza humana.
La dimensión humana del género, expresión de este holón, permea casi toda la existencia
humana. Es por medio del género que los grupos sociales realizan una multitud de
interacciones. La identidad misma, es decir, el marco mental interno de referencia de nuestro
ser esta construido en el género como elemento central.
En sus niveles biológicos, existen desarrollos importantes que hay que considerar: la
determinación del mismo, los múltiples niveles en los que opera en proceso prenatal y
postnatal de diferenciación sexual (genérica), las manifestaciones anatómicas (más que
evidentes) del dimorfismo, las manifestaciones (menos evidentes) del dimorfismo en el sistema
nervioso central, entre otros temas.
En el plano psicológico, el género adquiere relevancia central en la conformación de la
identidad individual. La identidad es el marco interno de referencia que nos permite
respondernos quiénes somos, qué hacemos, qué queremos y a dónde vamos. Uno de los
principales componentes de la identidad es precisamente el género, en la llamada identidad
genérica: yo soy hombre, yo soy mujer. La identidad de género es tan importante en el
desarrollo humano que cuando no puede conformarse el desarrollo completo se detiene. Este
concepto, tal como se usa en la actualidad, fue articulado por John Money y Anne Erhardt
(Money y Erhardt 1972) como la mismidad, unidad y persistencia de la individualidad personal
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como hombre, mujer o ambivalente, en mayor o menor grado, especialmente como en los
planos de la autoconciencia y la conducta (Money, 1980).
La expresión pública de nuestra identidad genérica se llama papel sexual o papel genérico
(también llamados roles sexuales o genéricos). Cuando estos papeles sexuales son estudiados
en los grupos humanos, es posible la identificación de guiones que dictan lo que es esperado
por el grupo en función del género de los individuos y la sociedad norma muchas de sus
interacciones en función de estas conceptualizaciones. El género, y su institucionalización en
papeles, estereotipos y guiones, es uno de los filtros más eficaces para la regulación del poder
entre los seres humanos.
El holón del erotismo
El erotismo es un elemento de la sexualidad que nos remite a las experiencias mas
comúnmente identificadas como sexuales. En algunas mentalidades, sexualidad es erotismo.
Aquí como se ha visto, lo consideramos como uno más de los holones de lo sexual. Cuando
en nuestras pláticas cotidianas hablamos de experiencias sexuales, casi siempre nos
referimos a experiencias en las que se experimentan los cambios corporales que han hecho
que los científicos empírico-positivistas, encuentren en la experiencia de excitación y orgasmo,
la manera más eficaz para la operacionalización del concepto de conducta sexual. Otra
vertiente de pensamiento identifica al erotismo con el amor, porque la vivencia erótica está
muy frecuentemente relacionada con la experiencia amatoria (entre otras razones por las
identificadas por Reiss, 198o, ver arriba). Sin embargo, es posible que la experiencia erótica,
sea tenida en contextos no amatorios, por lo que pienso que, para mayor claridad de
conceptos, es preferible identificar al erotismo con el componente placentero de las
experiencias corporales (individualmente vividas o, más frecuentemente, en interacción con
otro), en las que se presentan los procesos de activación de respuesta genital y corporal
(muchos de estos procesos ocurren -de hecho- lejanos a los genitales, en el sistema nervioso
central).
Por erotismo entendemos: los procesos humanos en torno al apetito por la excitación sexual, la
excitación misma y el orgasmo, sus resultantes en la calidad placentera de esas vivencias
humanas, así como las construcciones mentales alrededor de estas experiencias. Al igual que
los otros holones sexuales, el erotismo tiene niveles de manifestación biológica, pero son sus
componentes mentales, especialmente en lo que se refiere a las representaciones y
simbolizaciones, así como a la significación social y su regulación, lo que hacen del erotismo,
una característica específicamente humana.
El reciente prestigio de la sexología como ciencia, de manera especial entre los médicos, es
debido al esclarecimiento de muchos de los procesos fisiológicos responsables de la
experiencia erótica humana. Si bien en este campo del conocimiento aún existen lagunas
importantes, mucho se ha avanzado en la formulación de modelos que explican la biología del
erotismo. La forma más aceptada de conceptualización de la fisiología del erotismo humano,
es verlo como el resultado de tres procesos fisiológicos interdependientes, concurrentes, pero
distintos: El deseo o apetito sexual, la excitación y el orgasmo (Kaplan, 1979).
No obstante, como se ha insistido, no es posible limitar la temática de ningún holón sexual a
sus dimensiones biológicas sin perder la posibilidad de una comprensión integral. De manera
similar a lo que sucede con el género en la identidad genérica, todos desarrollamos una
identidad erótica. La simbolización de lo erótico es uno de los mecanismos más poderosos
por lo que el erotismo se integra al resto de nuestra sexualidad y de hecho, al resto de nuestra
vida.
Los sociólogos y antropólogos, han identificado guiones de conducta erótica en cada una
de ]as culturas que han venido estudiando. Una de las primeras consecuencias del estudio
transcultural, es la identificación de códigos de conducta tan diversos, que permiten la
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visualización del carácter relativo de las normas de conducta erótica vigentes en nuestra
cultura.
El holón de la vinculación afectiva interpersonal
Ninguna consideración sobre lo sexual puede estar completa sin incluir el plano de las
vinculaciones afectivas entre los seres humanos.
El desarrollo de vínculos afectivos es resultado de la particular manera en que la especie
humana evoluciono: a mayor tiempo de desarrollo, mayor necesidad de cuidado. Una vez
rotos los vínculos físicos prenatales, la presencia de afectos intensos relacionados con los
otros se constituye en la forma de garantizar el cuidado y el desarrollo. La especie humana
tiene un tiempo de desarrollo del individuo adulto extremadamente prolongado, el cuidado
parental y la permanencia de apoyo entre el par de engendradores, se traducen en estabilidad
y aumento de las posibilidades que tiene la especie de permanecer en el mundo.
Por vinculación afectiva entendemos la capacidad humana de desarrollar afectos intensos
(resonancia afectiva) ante la presencia o ausencia, disponibilidad o indisponibilidad de otro ser
humano en especifico, así como las constricciones mentales, individuales y sociales que de
ellos se derivan. La forma mas reconocida de vinculación afectiva, es el amor. Sin embargo, y
contra lo que suele pensarse, se le puede dar el mismo nombre a formas de vinculación
afectiva totalmente diferentes y hasta opuestas. Ocurre que por amor se entiende tanto la
necesidad imperiosa de contar con la presencia de alguien, al punto que se siente
indispensable para la vida: "yo sin ti no puedo vivir", como el supremo acto de ofrecer la vida
por otro: "me muero por ti", se le llama amor tanto al gozo de ver al ser querido feliz, como al
dolor que experimentamos cuando nos abandona. Esta situación plantea problemas
conceptuales que pueden resolverse si identificamos el componentes indispensable de todas
estas situaciones: la presencia de resonancia afectiva intensa. Es esta resonancia afectiva la
que se hace presente por la interacción entre los significados de los otros holones de la
sexualidad. Los seres humanos nos vinculamos gracias a que los afectos provocados por los
otros, (o por EL 0 LA OTRO/A) son lo suficientemente intensos como para tratar de
mantenerlos o evitarlos. El amor es una forma ideal de vinculación.
Del amor se han ocupado casi todos los escritores en el mundo Occidental (ver por ejemplo
Hutchins, 1988). Las características del vínculo afectivo amoroso, es decir, de la forma ideal de
vinculación, han sido revisadas por varios autores. Uno de los mas conocidos es Erich Fromm
(1991) quien enumera las características del amor así:
el amor da y además tiene cuidado, El amor tiene un carácter activo, responsabilidad, respeto
y conocimiento por la otra persona con la que experimentamos afectos intensos.
El estudio de las vinculaciones afectivas entre los seres humanos tiene contenidos en todos
los niveles en los que los otros holones sexuales se manifiestan. Las bases biológicas de estos
fenómenos empiezan a identificarse, cuando menos en lo que se refiere a algunas formas de
vinculación afectiva como el amor romántico, el enamoramiento y posiblemente la matriz del
vínculo materno-infantil.
La experiencia subjetiva del amor y los patrones de vinculación (llamado por algunos autores
patrones de apego), constituyen temas centrales en la psicología. El establecimiento de la
pareja humana, su formación, ciclo y disolución, así como la institucionalización de los
vínculos afectivos a través del matrimonio, su disolución a través del divorcio y otras formas
de terminación de vínculo, así como la regulación institucional y legal de estos procesos, se
estudian por métodos de la psicología de la interacción, la psicología social, la sociología y la
antropología. Finalmente, muchos de los fenómenos demográficos Como las migraciones y los
patrones de formación de uniones, están relacionados en alguna medida con los fenómenos
de la vinculación humana.
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Múltiples niveles, multidisciplina
Las reflexiones de las secciones precedentes nos llevan a identificar algunos de los problemas
del abordaje de la sexualidad como objeto de estudio. Un problema ya discutido es el de la
multiplicidad de modelos teóricos en la definición del objeto mismo de estudio. Otro, es el de
la necesaria intervención de múltiples disciplines científicas para poder esclarecer las diversas
cuestiones que el conocimiento sexual plantea. En efecto, la intervención de la biología, la
psicología individual, la psicología grupal, la sociología y la antropología es indispensable para
el avance del saber científico. Por otro lado, las soluciones a las diversas problemáticas de la
sexualidad reclaman de la intervención de profesionales en la educación, la medicina y la
psicoterapia, la legislación y la definición de políticas de población.
La intervención de todas estas disciplines hace del estudio de la sexualidad, una labor
multidisciplinaria. Esto plantea otros problemas. La metodología que cada una de estas
disciplinas sigue, si bien comparte los principios de la ciencia, usualmente es lo
suficientemente diferente como para provocar problemas de comunicación entre los
estudiosos de la sexualidad que no siempre trabajan con la misma metodología, ni usan el
mismo lenguaje, ni tienen el mismo grado de familiaridad con los otros niveles en los que la
sexualidad puede estudiarse. La comunicación interdisciplinaria es pues algo que resulta
indispensable, aunque para que ella sea eficiente se requiere de modelos conceptuales que
permitan este flujo de información
El cuadro I es un intento de ordenar los niveles de estudio de la sexualidad en función del
modelo presupuesto de los cuatro holones sexuales. Como podrá observarse, ante el análisis
detallado de este cuadro, la temática de estudio sexual esta más delimitada a medida que nos
acercamos a la biología. En cuanto empezamos a considerar procesos humanos de
interacción interpersonal, encontramos que las temáticas sexuales son cada vez más
"integradas", es decir, pertenecen primariamente a cada holón sexual, pero contienen
elementos de los otros. Esta es una característica de los sistemas integrados, es decir, en
realidad no se puede estudiar ninguno de los elementos aislados en -forma completa sin
integrar los otros.
Existe otro problema más alrededor del carácter multidisciplinario del estudio de la sexualidad
humana. Donn Byme (198o), ha utilizado la metáfora del elefante y los investigadores
vendados de los ojos, frecuentemente objeto de cuentos infantiles, para ilustrar este problema:
En esta, un elefante es explorado por cinco personas con los ojos vendados pero cada uno de
ellas explora una parte diferente del elefante. El comparar lo que cada uno de ellas encontró
resulta, en el cuento infantil, una incomprensible suma aislada de hallazgos sin sentido.
Por eso, a pesar de que la metodología de la ciencia empírica actual implica el aislar los
procesos de la realidad hasta niveles capturables por una metodología específica que permita
su estudio objetivo, la consideración de estos hallazgos en una acción integradora, es
indispensable. Para ello se requiere de modelos conceptuales que permitan la comunicación
interdisciplinaria por un lado, y que faciliten, la integración del conocimiento por el otro.
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CUADRO I.
RELACION DE ALGUNOS CONCEPTOS Y VARIABLES DE LA SEXUALIDAD DE ACUERDO AL
NIVEL DE ESTUDIO Y HOLON SEXUAL
Vinculación
Holón Sexual Reproductivida Género Erotismo Interpersonal
d Afectiva
BIOLÓGICO Sistema Dimorfismo en Bases Bases biológicas
Reproductivo, los niveles bioquímicas y de los
Concepción, genético, neuronales de fenómenos de la
Embarazo y anatómico, la vivencia vinculación
parto. genital, erótica. humana.
Anticoncepción neurológico, Fisiología de la
con su respuesta
expresión sexual.
funcional.
PSICOLÓGICO Identidad Identidad de Identidad Emociones
INDIVIDUAL reproductiva. género. erótica. vinculativas.
Significados Desarrollo de Simbolización Experiencia
psicológicos de las conductas erótica. amorosa.
la paternidad y dimórficas. Experiencias Patrones de
la maternidad. autoeróticas. vinculación
(apego).
Enamoramiento.
PSICOLÓGICO Determinantes Papeles Significados Patrones de
SOCIAL de la conductas sexuales. grupales de la formación de
reproductivas y Masculinidad experiencia pares.
contraceptivas y feminidad. erótica. Formación y
en grupos. Actitudes ciclo de las
sociales ante la parejas.
virginidad.
Permisividad
premarital.
SOCIOLÓGICO Guiones Guiones Guiones de la Determinantes
parentales. sexuales. conducta sociales de la
Estereotipos erótica. formación de
sociales de la Reacciones pares.
masculinidad ante conductas Significados
y feminidad aceptadas y sociales ante la
(machismo, prohibidas. vinculación.
hembrismo). Homofobia.
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ANTROPOLÓGICO Papel y lugar de Género en su Códigos Matrimonio.
la maternidad y dimensión morales (doble Divorcio.
paternidad en la cultural. El moral sexual). Disoluciones de
cultura. género con vínculos.
otras variables
culturales
como el
manejo del
poder.
LEGAL Legislación de la Legislación de Legislación Legislación
paternidad, la género; sobre la sobre el divorcio.
maternidad, función de ser conducta.
adopción, hombre o
herencias, etc. mujer.
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Los problemas sexuales
La definición de lo problemático en sexualidad, es una de las acciones que más claramente
muestran la relación entre sexualidad y los deseos de desarrollo sostenido por los seres
humanos. La sociedad define un estado de bienestar que se considera digno de perseguirse,
consecuentemente, se hace posible el identificar los obstáculos que, a diversos niveles
pueden surgir para su logro.
El bienestar social, requiere de una definición de la calidad de vida que se propone. Por
ejemplo, Manuel Urbina (1992), ha sintetizado los retos actuantes del desarrollo social en
México: 1) Combatir la desigualdad económica, 2) Aumentar la capacidad técnica y mejorar la
educación básica, 3) Mejorar la salud y la nutrición y 4) Reducir el crecimiento de la población
y reordenar su distribución en el territorio.
En lo que se refiere a sexualidad, el bienestar puede ser entendido como el resultante de la
integración armónica de la misma a la vida de las personas y para ello se requiere de: libertad,
plenitud de desarrollo de las potencialidades, congruencia en los diversos niveles y formas de
expresión y responsabilidad por los actos ante el propio individuo y los demos. Lo que sigue
abajo es una relación de situaciones problemáticas en sexualidad que, para el logro de metas
sociales mas amplias, se deben evitar, remover o prevenir.
La reproductividad puede problematizarse en dos sentidos: porque no es posible cuando es
deseable, y porque es una realidad cuando no es deseable. La esterilidad y la infertilidad,
condiciones en las que la realización o culminación del embarazo no es posible, es motivo de
incomodidad en muchas personas que, por fortuna, pueden encontrar soluciones en la
tecnología módica actual. La imposibilidad de resolver este problema plantea a la adopción y
otras formas de expresión reproductiva, como alternativas a su ejercicio. La aparición de
embarazos no deseados, tanto por lo temprano del suceso en la vida de la mujer o la pareja,
como por lo extremo de la carga de trabajo que puede representar para la mujer y la pareja
después de algunos embarazos. Las consecuencias negativas del embarazo no deseado, se
han documentado tanto si éste concluye con un aborto que es en si otro problema, como si el
embarazo Ilega a término. Determinando por lo general deficiencias en la calidad del maternaje
y paternaje.
El género puede problematizarse en todos los niveles de expresión. Deficiencias en el proceso
biológico de diferenciación sexual, se traducen en una variedad de condiciones que reciben en
su conjunto el nombre de estados intersexuales. La falta de congruencia entre los niveles de
conformación de la identidad genérica, se traducen en las llamadas disforias del género, la
más conocida de las cuales es la llamada transexualidad, situación a la que un individuo con
cuerpo de un sexo (i.e. masculina) integra una identidad transpuesta (i.e. femenina). En el
plano de interacción interpersonal el género presenta el aun sin resolver problema de la falta
de equidad entre los sexos. La condición de la mujer en México, según muchos indicadores,
continúa siendo desventajosa cuando se le compara con la del hombre. Hay avances en la
eliminación de obstáculos institucionales a la equidad entre las mujeres y hombres, pero en la
practica se mantienen muchas conductas discriminatorias.
El erotismo puede problematizarse en dos sentidos: cuando el individuo o la pareja no lo
pueden vivir en forma plena, y cuando o,este es vivido de manera que incide en la calidad de
vida de otras personas. El primer grupo de problemas han recibido el nombre de disfunciones
sexuales, que suelen tener determinantes tanto biológicos como psico1ogicos y culturales, en
estas situaciones las vivencias eróticas se encuentran obstaculizadas causando deterioro en la
calidad de la vida erótica de los individuos y las parejas. En el segundo grupo de problemas,
se encuentran las parafilias, nombre que se refiere a condiciones en las que el individuo
necesita de una -forma de estimulación sexual en la cual la calidad del vínculo afectivo es casi
nula (como el exhibicionismo), inexistente (como el fetichismo) o desvirtuada (como en la
paidofilia, en la que hay un vínculo dispar entre el adulto y el niño). Ciertas -formas de parafilia
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se constituyen en problemas en los que la agresión es componente de la vivencia sexual, en
este caso los problemas se presentan tanto en la víctimas de agresión sexual como en el
hecho mismo de que existen individuos agresores sexuales.
La vinculación afectiva se problemática siempre que el individuo deja de desarrollar su
capacidad de expresión amorosa. Múltiples formas de desamor constituyen la base de
interacciones humanas desafortunadas. Algunas formas de vinculación problemática, merecen
mención especial. La explotación de los seres humanos en base a sus afectos, es una de las
mas notables. Son también los vínculos afectivos problematizados los que determinan las
múltiples formas de violencia intrafamiliar.
El hecho de que existan enfermedades infecciosas que se transmiten por contacto erótico,
convierte en problema de la sexualidad a las mismas, sobre todo, en lo que se refiere a las
acciones que se pueden tomar para evitar su contagio. Si bien la fama de enfermedades tales
como la gonorrea, la sífilis, el herpes genital y las infecciones genitales por Chlamydia han
cedido el paso al temible y mortal síndrome de inmunodeficiencia adquirida, su incidencia
hace que deban ser consideradas hasta nuestros días dentro de los problemas por resolver.
Finalmente, una variedad de condiciones en la vida pueden interferir con la calidad de la
sexualidad en los individuos y las parejas. Tal es el caso de numerosas enfermedades que
deterioran el desarrollo tanto físico como mental. La consideración de la sexualidad de las
personas con deficiencia mental, así como de las personas con necesidades físicas
especiales, es indispensable. El efecto de las enfermedades crónicas sobre la vida sexual,
recientemente ha sido objeto de atención por los profesionales módicos. Lo mismo sucede
con los efectos, ciertamente indeseados, de muchos fármacos de intervenciones quirúrgicas y
de drogas, de abuso con el alcohol, el tabaco y la marihuana.
Conclusiones
LA SEXUALIDAD humana se construye en la mente del individuo a partir de las experiencias
que tiene desde temprano en la vida y que la hacen significar e integrar las experiencias del
placer erótico con su ser hombre o mujer (género), sus afectos que le vinculan con otros seres
humanos y con su potencialidad reproductiva. Estudiar a la sexualidad científicamente,
reclama de un marco teórico que pueda poner énfasis en diversos aspectos de la vivencia
sexual sin menoscabo de la necesidad científica de buscar la objetividad. En este afán, el
contar con un modelo de pensamiento que no limite nuestras formulaciones y conceptos a
determinada metodología de medición, puede ser una ayuda importante en la aún inacabada
tarea de lograr la integración del conocimiento científico de la sexualidad humana.
De cualquier forma, la sexualidad y sus problemas reclama la intervención de un gran número
de profesionales. Cuando se visualiza la importancia de los procesos mentales en la
conformación de la sexualidad humana, una conclusión inevitable es la de reconocer el papel
preponderante de la educación, sea esta formal o no, en la determinación de la calidad de vida
sexual del individuo y de la sociedad. Las acciones terapéuticas, sean éstas de carácter físico
o psicológico, reclaman de un esfuerzo individual, profesional y social mayor que, si bien
ofrecen a la persona y la sociedad problematizadas con su sexualidad la oportunidad de
mejoría, deberían ser siempre consideradas como acciones a realizar ante el fracaso de la
educación (o de la biología de nuestros cuerpos). Una sociedad mejor requiere de una
sexualidad vivida en forma armónica, responsable, plena y libre.