MATERIAL PARA TRAYECTO DE INGRESO
EJE II
ACTIVIDAD
1. Leer el texto que sigue sobre las metáforas de la lectura:
Metáforas de la lectura
El término “leer” tiene su origen en el latín legere, que significa ”recoger”.
Metafóricamente, la operación de lectura está además asociada a la acción de espigar en la
superficie de un campo. Esta concepción de la lectura explica su resultado: el lector junta,
reúne, recoge… ¿Qué? Materiales que lo entretienen o lo tornan más sabio, más erudito,
porque la lectura es también un modo de asimilar el saber de otro. La actividad del lector
varía, por supuesto, según la naturaleza del texto leído. Se examina un contrato, se devora
una novela, se recorre una revista o se hojea un diario.
El trabajo de lectura también se compara a menudo con el modo en que la abeja que
liba se apropia del polen y lo transforma en miel. Pero la noción de apropiación del saber por
la lectura puede tomar formas menos pacíficas. Así, para Valery, la lectura es una operación
de fuerza por la cual se extrae en dos horas la poca sustancia de un libro, de modo de no
dejar más que un cadáver exangüe:
“Un hombre de valor (en cuanto al espíritu) es en mi opinión un hombre que ha
matado sobre él un millar de libros, y que leyendo, en dos horas, bebe solamente lo poco
que yerra en tantas páginas. Leer es una operación militar. “(p.29-30)
Con la reproducción del escrito y la puesta en circulación cotidiana de millones de
palabras en la web, el modo extensivo de lectura va a encontrar nuevas metáforas. Se sabe
que hoy no se lee un hipermedia: se navega o se surfea en él. Parece, en efecto, difícil
encontrar términos más apropiados para describir la acción del cibernauta que surfea en la
cresta de una ola de información permanentemente renovada o que navega de un nodo a
otro en un océano de documentos interconectados. La navegación supone un
desplazamiento aproximado en un espacio sin balizas, en el que no existen señales estables
ni rutas trazadas con precisión. Es una actividad que presenta también peligros y sorpresas:
uno puede perderse, llegar a tierras nuevas, encallarse en un arrecife (durante muchos años,
esto correspondió al famoso error 404). Viejas direcciones desaparecieron o se
transformaron, surgieron nuevas: la información se posa en un vasto y constante movimiento
de marea.
¿Pero puede decirse del intrépido navegante que lee aún? Ciertamente, está obligado
a leer para trasladarse de un nodo a otro. Pero en la medida que navega, su lectura será
cortada, rápida, instrumental y enteramente orientada hacia la acción. Como quien hace surf,
el cibernauta se desliza sobre la espuma constituida por millares de fragmentos textuales.
En materia de escritura, la metáfora de la navegación es mucho más antigua de lo que
deja sospechar su reciente popularidad. Curtius nos enseña que los poetas romanos tenían
la costumbre de comparar la redacción de una obra con una travesía en barco. Para Virgilio,
componer era “zarpar, hacerse a la mar”1. Más tarde Dante alertará a sus lectores: “Oh
Vosotros que, deseosos de escucharme, habéis en una pequeña barca seguido a mi nave
que boga cantando, regresad a vuestras riveras, dejad el camino de alta mar!”2. Se encuentra
también un eco de esta metáfora en al navegación de Celine: “ El lector(...)es un pasajero.
Él pagó su boleto, compró el libro, (...) No sabe cómo se conduce la nave. Quiere gozar. La
delectación. Tiene el libro, debe deleitarse…”3
Para celine, Dante o Virgilio, el principal trabajo de navegación recae sobre el autor, el
lector solo sigue, con deleite, como un simple pasajero, al capitán de un barco que pensó y
escribió para él. En la Web, el lector se transformó en su propio capitán porque no hay en
este caso un texto único y, para avanzar, el lector necesita tomar decisiones constantes, a
merced de nodos que se ofrecen a su vista y que él recorre con una mirada rápida sin jamás
detenerse en ellos.
Notemos que el término de navegación combina la noción de desplazamiento entre
documentos con el hecho de adquirir conocimientos de ellos. De modo que, mientras en la
civilización de la imprenta, el hojear era considerado secundario en relación con el leer, en
materia de hipermedia, por el contrario, la operación de leer es marginal en relación con la
de surfear. El hipermedia tiende así a engendrar un nuevo modo de consumación de signos,
situado a mitad de camino entre el libro y el espectáculo. En la acción de surfear, se
reencuentra, por cierto, el movimiento de la lectura, cuyo principio reposa en el usuario, quien
decide los nodos que recorre y el tiempo que consagra a la página visitada. pero, al mismo
tiempo, ese lector capta apenas más que imágenes o fragmentos textuales. Y privado del
movimiento dado por el texto - sobre todo bajo su forma narrativa- corre el riesgo rápidamente
de girar en redondo o de cansarse. Esta forma de lectura no podría entonces satisfacer las
necesidades a las que responde el modo tradicional de la lectura ficcional.
Otras series metafóricas se han propuesto para definir la actividad de lectura. Mark Heyer
distingue tres posturas fundamentales: el pastoreo, en la que el lector avala sistemática y
puntillosamente todo lo que le es propuesto; el husmear, en la que recorre una gran masa
de información sin tener un objetivo determinado; y finalmente la caza en al que el lector
está en busca de una información precisa.
Aún cuando estos modos diversos son evidentemente susceptibles de coexistir en un
mismo individuo, corresponden a conquistas intelectuales sucesivas, y el modo más reciente,
la caza, exige herramientas muy sofisticadas. El lector en busca de una información disponía
ya de instrumentos complejos como son el index, el diccionario, la enciclopedia y las bases
de datos. pero la computadora ha permitido refinar aún más esas operaciones, al ofrecer la
posibilidad de buscar todas las apariciones de una palabra en un documento dado.
Más recientemente, hicieron su aparición herramientas que permiten al lector encontrar
solo los elementos mínimos de información, dejando oculto los elementos no deseados. Este
modo ha sido particularmente explotado por los sitios web que ofrecen índices a los amateurs
de juegos de aventuras4. Con el fin de asistir al jugador bloqueado ante un enigma, estos
hipertextos especializados destilan las informaciones en dosis infinitesimales, de modo de
aportar justo las indicaciones necesarias como para que el lector pueda continuar el juego
después de haber recibido un primer indicio, solicita un segundo, después un tercero, hasta
1
Geórgicas, II,41.
2
El Paraíso, 2, I.
3
Citado por Drillon, 1991, p.75.
4
Ver por ejemplo Universal Hint System: www.uhs-hints.com/
descubrir completamente el enigma. La metáfora más apropiada a este tipo de lectura sería
la de operación de excavación en capas concéntricas o de desembalaje de muñecas rusas.
Christian Vandendorpe, du papyrus á I´hipertexte, París, La Decouverte, 1999.5
1.1 ¿Cuáles son las metáforas sobre la lectura que explica el texto? Haga un listado y
sintetice sus sentidos.
2. Lea los textos que se reproducen a continuación:
2.1 ¿Identifica en ellos alguna de las metáforas señaladas por Vandendorpe? ¿Cuál o
cuáles? En caso de ser diferentes identifíquelas mediante colores diferentes.
3. Elabore una reflexión final acerca de la importancia de la lectura para un estudiante
del Nivel Superior. ( Extensión 10 reglones)
Texto I:
(...) Inicialmente me parece interesante reafirmar que siempre vi la alfabetización de
adultos como un acto político y un acto de conocimiento, y por eso mismo como un acto
creador. Para mí sería imposible comprometerme en un trabajo de memorización mecánica
de ba-be-bi-bo-bu, de la-le-li-lo-lu. De ahí que tampoco pudiera reducir la alfabetización a
la pura enseñanza de la palabra, de las sílabas o de las letras. Enseñanza en cuyo proceso
el alfabetizador iría “llenando” con sus palabras las cabezas supuestamente “vacías” de los
alfabetizandos. Por el contrario, en cuanto acto de conocimiento y acto creador, el proceso
de la alfabetización tiene, en el alfabetizando, su sujeto.(...)
La lectura del mundo precede siempre a la lectura de la palabra y la lectura de esta
implica la continuidad de la lectura de aquel. De alguna manera, podemos ir más lejos y
decir que la lectura de la palabra no es sólo precedida por la lectura del mundo sino por
cierta forma de “escribirlo” o de “reescribirlo”, es decir de transformarlo a través de nuestra
práctica consciente. (...)
Solíamos desafiar a los alfabetizandos con un conjunto de situaciones de cuya
descodificación o “lectura” resultaba la percepción crítica de lo que es la cultura. Esta
“lectura” crítica permitía a los grupos populares, a veces en posición fatalista frente a las
injusticias, una comprensión diferente de su indigencia.
Es en este sentido que la lectura crítica de la realidad, dándose en un proceso de
alfabetización o no, y asociada a ciertas prácticas de movilización y organización, puede
constituirse en un instrumento para lo que Gramsci llamaría acción contrahegemónica. Leer
implica siempre percepción crítica, interpretación y reescritura de lo leído.
12 de noviembre de 1981
Paulo Freire, “ La importancia del acto de leer”. en La importancia del acto de leer y el
proceso de liberación, México, Siglo XXI, 1984
Texto II
(…) Sin duda, la amistad, la amistad que con respecto a los individuos es algo frívolo, y la
5
La traducción fue realizada por las autoras.
lectura es una amistad. Pero al menos es una amistad sincera, y el hecho de que se profese
a un muerto, a un ausente le da algo de desinteresado., algo casi conmovedor. Se trata
además de una amistad desprovista de todo aquello que afea las demás amistades. Como
en fondo todos nosotros, los vivos, no somos más que muertos que todavía no hemos
entrado en funciones, todos esos cumplidos, todas esas reverencias en el vestíbulo que
llamamos deferencia, gratitud, afecto, con las que mezclamos tantas mentiras, son inútiles
y fastidiosas.
En la lectura, la amistad a menudo nos devuelve su primitiva pureza. Con los libros, no
hay amabilidad que valga. Con estos amigos, si pasamos la velada en su compañía, es
porque realmente nos apetece. A menudo tenemos que dejarlos contra nuestra voluntad.
Y una vez nos hemos ido, ni sombra de esos pensamientos que echan a perder la amistad:
¿Qué habrán pensado de nosotros? ¿No habremos estado faltos de tacto? ¿Hemos
gustado?, y el miedo a que prefieran a cualquier otro. Todos estos sobresaltos de la
amistad, desaparecen en el umbral mismo de esta amistad pura y tranquila que es la
lectura. Como tampoco aquí es necesaria la deferencia; sólo reímos de lo que dice Moliere
en la medida misma en que lo encontremos divertido; cuando nos aburre, no nos preocupa
parecer aburridos, y cuando estamos definitivamente cansados de su compañía, le
devolvemos a su sitio sin miramientos, sin importarnos su genio ni su celeridad. La
atmosfera de esta amistad pura es el silencio, más puro que la palabra.
Marcel Proust, Sobre la lectura, Valencia, Pre-Textos, 1997
TEXTO III:
Ridha, argelino, veintidós años, sus padres no saben leer ni escribir, vive en los
suburbios de una ciudad francesa:
“Hay un libro que yo tuve y que volví a encontrar aquí (en la biblioteca municipal), lo cual
me dio mucho gusto. Está un poco estropeado pero al tocarlo sentí algo extraño. Hay
recuerdos que se pierden pero con los que uno vuelve a encontrarse al tocar algún objeto.
Lo que encontré en primer lugar fue el placer de volver a ver más o menos tal como fui
cuando era niño, y no tengo fotos mías. Pero era aún más emotivo que una foto, me parece.
Es como encontrar algo como una referencia. Una experiencia, un rastro en un momento del
camino. Uno siente una sensación agradable, pero dentro de uno se siente algo más fuerte
aún, y es el ser dueño de su destino.
(…) Cuando era chico cada uno de los libros que leía era una puerta, una posibilidad, una
alternativa. Para mí fue muy importante leer historias, tal vez por el puro placer de contar,
mostrar que se puede soñar y que hay salida. Que uno inventa su vida, que es posible
inventarse la vida…La búsqueda de sí mismo, el encuentro consigo mismo, es la cosa más
importante para un ser humano, para un individuo.”
Daoud, de origen senegalés, tiene unos veinte años, vive también en los suburbios de
una ciudad de Francia:
“Cuando se vive en los suburbios está uno destinado a tener malos estudios, a tener un
trabajo asqueroso. Hay una gran cantidad de acontecimientos que lo hacen ir a uno en cierta
dirección. Yo supe esquivar eso, convertirme en anticonformista, irme por otro lado, ahí está
mi lugar… Los “rudos” hacen lo que la sociedad espera que hagan y ya. Son violentos, son
vulgares, son incultos. Dicen: “Yo vivo en los suburbios, entonces soy así”, y yo ya fui como
ellos. El hecho de tener bibliotecas como ésta me permitió entrar allí, venir, conocer otras
gentes. Una biblioteca sirve para eso. Yo escogí mi vida y ellos no.
(…)La lectura para mí no es una diversión, es algo que me construye. La biblioteca me dio
la posibilidad de imaginar películas, mis propias películas como un realizador…”
Wassila, joven de un barrio marginal de una ciudad de Francia:
“La biblioteca representa el lugar del saber porque hay en ella muchos libros sobre los
conocimientos históricos, científicos, matemáticos, astronómicos. Se encuentra también allí
el arte en general, la pintura, la escultura […] El saber equivale a la libertad porque
difícilmente puede uno dejarse engañar.”
Testimonios recogidos por Michele Petit en Nuevos acercamientos a los jóvenes y la lectura, México,
Fondo de Cultura Económica, 1999.
Para reflexionar…
Sintetizando lo visto en este bloque se puede observar que la lectura y escritura
en el Nivel Superior es distinta a la que se utilizaba en el Nivel Medio. La relación que
se entablaba con textos periodísticos, manuales, textos literarios, etc. Resulta
insuficiente en esta nueva cultura académica, esto no significa que no será útil en
algunos momentos, sino en la situación de “apropiarnos” de un texto académico de una
materia específica, otra será la estrategia de lectura a utilizar, cuya principal
característica consistirá la relectura de los textos.