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Caso de La Central de Cercs - Derecho Penal Económico

Este documento presenta el caso de la Central de Cercs, una central térmica ubicada en España que emitía altos niveles de contaminantes entre 1985 y 1986, dañando 30,000 hectáreas de bosque cercano. El director de la central, Ernesto Domingo Ibars, fue condenado por un delito contra la salud pública y el medio ambiente. Aunque el gobierno había aprobado niveles más altos de emisiones, el tribunal determinó que estas resoluciones eran nulas y que se habían sobrepasado los límites legales.

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Este documento presenta el caso de la Central de Cercs, una central térmica ubicada en España que emitía altos niveles de contaminantes entre 1985 y 1986, dañando 30,000 hectáreas de bosque cercano. El director de la central, Ernesto Domingo Ibars, fue condenado por un delito contra la salud pública y el medio ambiente. Aunque el gobierno había aprobado niveles más altos de emisiones, el tribunal determinó que estas resoluciones eran nulas y que se habían sobrepasado los límites legales.

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FACULTAD DE DERECHO

ESCUELA DE DERECHO

DERECHO PENAL ECONÓMICO

CASO DE LA CENTRAL DE CERCS

ALUMNA:
Guillermo Carbonel, Olenka Lisset.

PROFESOR:
Constantino Espino, José.

17 de septiembre del 2020


CASO DE LA CENTRAL DE CERCS

1. Análisis del caso de la Central de Cercs


En primer lugar, cabe señalar que Cercs era una central térmica ubicada en Alt
Berguedá, dicha central formaba parte de las propiedades de la Fábrica Española
de Confecciones S.A (FECSA) y comenzó a funcionar en noviembre de 1971.
Desde octubre de 1980 estuvo dirigida por Ernesto Domingo Ibars, quien era el
único encargado y responsable de la operatividad de dicha central.
En cuanto a su funcionamiento, la central de Cercs emplea como combustible
carbón tipo lignito de las cuencas mineras, el mismo que tiene una elevada
cantidad de azufre. Es por ello que, durante el proceso de combustión, por la
misma naturaleza de los lignitos, se originan humos que contienen elevadas
cantidades de azufre, y que, al estar en contacto con la atmósfera del lugar se
transforma, en ciertas ocasiones, en ácido sulfúrico ocasionando lo que
conocemos como lluvia acida. En consecuencia, se extiende en toda la masa
boscosa o bosques densos ocasionando perjuicios conjuntamente con las
partículas sólidas del carbón rico en azufre que utilizaban.
Posteriormente, se verificó que desde 1985 hasta abril de 1986 las emisiones eran
mayores a los 9.000 mg/ Nm3 y, por otro lado, las partículas sólidas alcanzaban
un nivel de 500 mg/Nm3 (porcentaje que no se consideró probado en Instancia),
cifras máximas permitidas, llegando a alcanzar una media de 2.000 mg/Nm3.
Tales emisiones generaron una alta contaminación a toda la zona siendo que, un
aproximado de 30.000 hectáreas sufrieron cierto daño, descartándose que haya
existido alguna repercusión a las personas, animales o al agua, que estaba cerca
de la zona contaminada.
Una cuestión importante en este caso en particular es que, durante ese tiempo en
que se verificó la presencia de tales emisiones, la Generalitat y el Ministerio de
Industria consintieron dichas emisiones por encima de los índices reglamentarios,
a través de dos resoluciones: la primera de fecha 2 de agosto de 1985 y la
segunda de fecha 24 de julio de 1987, expedidas ambas por la Dirección General
de Industria, las mismas que superan los límites de dióxido de azufre a 12.500
mg/Nm3 ya que, la central térmica se rehusaba a la colocación de determinados
filtros que evitaban las emisiones de este componente químico aduciendo que, ello
traería consigo el cierre de la central a causa de que no era rentable por lo ya
señalado.
2. Posición del Tribunal
Sobre el caso anteriormente expuesto, en primera instancia, la Audiencia
Provincial de Barcelona el 20 de febrero de 1988 dictó la primera sentencia
aplicando el art. 347 bis del Código Penal Español. En consecuencia, condenó al
director de la central de Cercs con una pena de un mes y un día de arresto y una
multa ascendiente a 30.000 pesetas por un delito contra la salud pública y el
medio ambiente. Cabe precisar que, en la Audiencia Provincial de Barcelona se
logró probar la extralimitación de los 9.000 mg/Nm3, pero no se consideró probada
la superación de los 500 mg/Nm3.
Seguidamente, a instancia del Tribunal, éste dictó sentencia el 30 de noviembre
de 1990, elevando la pena a ocho meses de prisión y una multa de 1.400.000
pesetas en contra de Ernesto Domingo Ibars, director de Cercs, por el delito contra
la salud pública y el medio ambiente al permitir el vertimiento de ciertos
contaminantes en una cantidad que superaba la autorizada por reglamento,
porcentaje que, posteriormente, es elevado por el Gobierno a través de dos
resoluciones.
Ahora, de acuerdo a los fundamentos que esbozó el Tribunal a lo largo de la
sentencia podemos considerar que, el Tribunal consideró que ambas cifras se
sobrepasaron los máximos autorizados. Por ello, cuestiona la supuesta validez de
las resoluciones emitidas previamente por la Administración considerándolas
nulas. En relación a ello, el imputado alegaba que su conducta resultaba atípica
puesto que, los porcentajes de emisión habían sido elevados mediante Órdenes
Ministeriales expedidas por la Dirección General de Industria, por ello, el Tribunal
indicaba que sus argumentos deben ser desestimados en virtud que:
“a) Los Tribunales no pueden apartarse de las conclusiones contenidas en los
dictámenes periciales, salvo cuando surjan razones objetivas que lo
justifiquen. b) Por el principio de legalidad penal, en virtud del cual las
Órdenes Ministeriales posteriores no pueden derogar ni las leyes ni los
reglamentos vigentes al momento de ocurrir la conducta imputada (en este
caso la Ley 38/1972 de 22 de diciembre, de Protección del Medio Ambiente y
su Reglamento, de fecha 6 de febrero de 1975, Decreto 833/1975).” (Zúñiga,
2004)

Es por ello que, al ser estas resoluciones emitidas por la Dirección General De
Industria, el Tribunal consideró que puede existir responsabilidad de parte de la
Administración, pero no podía ser discutida ya que, no formaba parte del proceso.
Otra cuestión importante que indicó el Tribunal es que, el delito en que se
subsumieron los hechos forman parte de los delitos de estado. En este tipo de
delitos, la consecuencia tiene su origen en las continuas omisiones, siendo que,
según el caso, la lesión al bien jurídico no se producirá por la sola emisión de
humos en uno o dos días sino por la sucesiva contaminación, en donde el
encargado de controlar estas emisiones es el garante a efectos de que el daño no
repercuta en

las personas, animales u objetos. En relación a ello, se evidenció que el


responsable del funcionamiento de la central, Ernesto Domingo Ibars, no aplicó
determinados mecanismos en aras de contrarrestar tales emisiones que
generaban perjuicios alrededor, a través de la instalación de aparatos correctores.
Como sabemos, existió vulneración de una norma extrapenal. Por ende, el
Tribunal en todo momento avaló la jerarquía normativa, es decir, indica que no hay
justificación en cuanto a la existencia de normas de inferior rango que de manera
ilegítima consientan porcentajes más altos de contaminación que los establecidos
por ley y reglamento por lo que, el contenido de dichas órdenes ministeriales es
arbitrario y no tienen un contenido direccionado al interés social, en consecuencia,
ello generaría cierta responsabilidad de la Administración vulnerando, además, el
art 45 de la constitución española relacionada al derecho al medio ambiente.
Agregado a ello, esta norma extrapenal no cumple las exigencias requeridas del
tipo penal en blanco.
3. Postura personal
En primer lugar, es menester traer a colación el tipo penal que resultó aplicable en
tal caso. El artículo 347 bis del Código Penal Español señalaba que:
“Será castigado con la pena de arresto mayor y multa de 50.000 a
1.000.000 de pesetas [años más tarde se elevaría la cuantía de la multa de
175.000 a 5.000.000] el que, contraviniendo las Leyes o Reglamentos
protectores del medio ambiente, provocare o realizare directa o
indirectamente emisiones o vertidos de cualquier clase, en la atmósfera, el
suelo o las aguas terrestres o marítimas, que pongan en peligro grave la salud
de las personas, o puedan perjudicar gravemente las condiciones de la vida
animal, bosques, espacios naturales o plantaciones útiles. Se impondrá la
pena superior en grado si la industria funcionara clandestinamente, sin haber
obtenido la preceptiva autorización o aprobación administrativa de sus
instalaciones, o se hubiere desobedecido las órdenes expresas de la
autoridad dela Administración. También se impondrá la pena superior en
grado si los actos anteriormente descritos originaran un riesgo de deterioro
irreversible o catastrófico. En todos los casos previsto en este artículo podrá
acordarse la clausura temporal o definitiva el establecimiento, pudiendo el
Tribunal proponer a la Administración que disponga la intervención de la
empresa para salvaguardar el derecho de los trabajadores”

De este dispositivo inferimos, en resumidas cuentas, que, se trata de un delito de


peligro ya sea, según Simons (2015) “peligro concreto si afectaba a la salud de las
personas, y de peligro abstracto si afectaba a las condiciones de los animales,
bosques, espacios naturales o plantaciones útiles” (pág.8).
Además, como supuesto de hecho evidenciamos que, el sujeto activo tiene que
contravenir Leyes o Reglamentos en materia ambiental, siendo que, el sujeto
activo puede ser cualquier persona y no necesariamente que ostente cierta
cualidad en particular, por ello, estamos frente a un delito común. Y, como
consecuencia jurídica se establece la pena de arresto mayor y multa de 50.000 a
1.000.000 de pesetas.

Por ende, la interpretación por parte del Tribunal del precepto, a mi parecer, fue
correcta, más aún si determinó que es un delito de omisión impropia, pues tal
como lo señala Gómez (2009):

“Concurre un no hacer que produce un resultado lesivo para un bien jurídico,


es decir, se incumple un mandato de actuar una acción posible que genera la
lesión de un bien jurídico. Se exige la concurrencia de una posición de
garantía que origina un deber de actuación y de evitación, que impone el
deber de actuar positivamente en la protección de ese bien jurídico. De esta
forma, solo ciertas personas que tienen una determinada cercanía y
vinculación social con ese bien jurídico, se encontraran en el deber de
conjurar los peligros que se presenten y evitar que se conviertan en un
proceso lesivo de estos”.

Ante ello, en el presente caso denotamos que el director se encontraba en una


posición, dentro de la Central Térmica de Cercs, que le otorgaba toda la
responsabilidad del funcionamiento de dicha central, es así que, pudo evitar tales
emisiones de azufre que ocasionaron daños perjudiciales, si bien es cierto, no
incidió en las personas, pero, no significa que hubiesen estado exentas de tales
daños. Agregado a ello, lo que ocasionaron tales emisiones de humo fue que el
ambiente se viera contaminado, el mismo del que son parte distintos seres vivos.

Otro punto a agregar es que, la pena impuesta a Ernesto Domingo Ibars fue muy
baja a sabiendas que, los perjuicios no eran en perjuicio de una sola persona, sino
que, podía traer ciertas incidencias en una población mayor, en animales y en
zona vegetal. Ante lo dicho, traemos a colación lo establecido por el Auto de la
Audiencia Provincial de Ávila 37/1998, de 12 de junio de 1998, que en su
fundamento jurídico segundo expresa que:

“el bien jurídico protegido en todos los delitos cometidos contra los recursos
naturales y el medio ambiente es de titularidad colectiva, en tanto se trata de
un interés difuso, el sujeto pasivo de cada una de las infracciones que lo
integran lo configura, necesariamente, la propia colectividad, y no una sola
persona o personas determinadas, ya que todos los ciudadanos que la
conformen son susceptibles de sufrir perjuicios en su vida y salud o bienestar
general, cuando se atenta contra el medio ambiente a través de actos de
determinada intensidad.” (Simons, 2015, pág., 16)

Tal como se desprende de lo citado, el delito imputado en el caso en particular


surgió como consecuencia de un daño al medio ambiente, por ende, el bien
jurídico que se protegerá no solo tienen titularidad a título personal, sino que se
extiende a toda una colectividad en general.

Además, me acojo a lo señalado por el Tribunal, en cuanto las resoluciones que


de manera excesiva aumentaron los porcentajes de contaminación, ya que, no
cumple con los requisitos que exige la ley penal en blanco, al contrario, vulnera lo
establecido constitucionalmente en lo concerniente a la protección y el respeto del
medio ambiente como obligación constitucional de todos los poderes públicos.
Estas dos cuestiones, sin duda alguna, no se evidenciaron en el caso en
particular, y resultó importante que el Tribunal las trajera a colación en aras de
enmarcar lo que se debe considerar como ley penal en blanco. Estas leyes son
preceptos que contienen la sanción, pero no tienen de manera íntegra todos los
elementos del supuesto de hecho, por lo cual necesitan remitirse a otras
disposiciones legales.

Ello, en concordancia con lo que sostiene Bacigalupo, citado por Zúñiga (2004),
considera que “sólo sería posible aceptar la remisión a disposiciones de inferiores,
reglamentos e incluso, ordenanzas municipales, si no se afectan derechos
fundamentales; si se diera su menoscabo, resulta indispensable una ley orgánica.”
(pág. 6). Ahora, esas ordenanzas municipales, con respecto al caso, vulneran
derechos fundamentales puesto que, se aumentaron los porcentajes de
contaminación ocasionando un inminente daño al ambiente.

Considero de suma relevancia este caso, y más aún si fue el primero que trajo
consigo un juicio por delito ecológico en España. Por ende, “era de esperar que
tuviera mucho eco en los medios de comunicación, y en la sociedad, sobre todo
por la gravedad de los hechos y la escasa sanción impuesta.” (Simons, 2015, pág.
8)

Es de conocimiento que, después de suscitarse este caso, y como la protección al


medio ambiente aún era muy escasa, tal situación cambió con la entrada en vigor
de la Ley Orgánica 10/1995 de 23 de noviembre:

“Se estableció una nueva regulación de los delitos relativos a la ordenación


del territorio y de los recursos naturales. Con esta nueva ley el artículo 347 bis
queda derogado y se dedica todo un título, el XVI, a la regulación “de los
delitos relativos a la ordenación del territorio y la protección del patrimonio
histórico y del medio ambiente”, dedicando específicamente el Capítulo III a
los delitos contra los recursos naturales y el medio ambiente, y el Capítulo IV a
los delitos relativos a la protección de la flora y la fauna” (Simons, 2015, pág.9)

A comparación del artículo 347 bis, este nuevo precepto legal define de manera
clara el bien jurídico protegido: “el equilibrio de los sistemas naturales” además, se
ampliaron las conductas punibles reguladas en el art. 347 bis. Es por ello que, el
caso de la Compañía Térmica Cercs, al ser el primero y con un gran impacto en la
comunidad jurídica y social, generó cambios en la legislación española, por lo que,
actualmente se utilizan los diversos conceptos que surgieron de dicha situación
como doctrina o referencia para el análisis de casos en particular.

LINKOGRAFÍA
 Gómez, P. (2009). El delito de omisión impropia (tesis de pregrado).
Universidad de Chile. Santiago de Chile. Recuperado de:
[Link]
gomez_p.pdf

 Simons, R. (2015). La problemática de los delitos contra el medio ambiente.


(tesis de grado). Universidad Miguel Hernández de Elche. España.
Recuperado de: [Link]
%20Segura%[Link]

 Zúñiga, S. (2004). Cuando las normas penales en blanco vulneran el


principio de legalidad. REVISTA DE DERECHO: Alcalá. Recuperado de:
[Link]

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