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El documento resume la historia del sistema cambiario en Venezuela hasta antes del Viernes Negro de 1983. Inicialmente hubo un sistema de cambios diferenciales debido a las diferencias entre el sector petrolero y el agrícola. Este sistema duró desde 1940 hasta 1976 cuando se unificó el tipo de cambio. La crisis económica de 1983 se debió a la fuga masiva de capitales en los meses previos, llegando a US$22,700 millones fugados en febrero de ese año, lo que llevó al colapso del sistema de tipo de cambio fijo.

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El documento resume la historia del sistema cambiario en Venezuela hasta antes del Viernes Negro de 1983. Inicialmente hubo un sistema de cambios diferenciales debido a las diferencias entre el sector petrolero y el agrícola. Este sistema duró desde 1940 hasta 1976 cuando se unificó el tipo de cambio. La crisis económica de 1983 se debió a la fuga masiva de capitales en los meses previos, llegando a US$22,700 millones fugados en febrero de ese año, lo que llevó al colapso del sistema de tipo de cambio fijo.

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2.

RESEÑA HISTÓRICA

Carlos Rafael Silva, economista y ex-presidente del Banco Central de Venezuela, en un análisis
titulado "Desenvolvimiento de la economía en el Siglo XX". incluido en la edición "Venezuela
moderna: medio siglo de historia 1926-1976" , comenta el desarrollo de la actividad cambiaria
en el país hasta antes del Viernes Negro.

El experto financiero refiere que "uno de los sectores donde con mayor intensidad se puso de
manifiesto la discrepancia creada por el sector petrolero respecto al agropecuario tradicional
fue el cambiario. Prácticamente desde que comenzó la explotación de hidrocarburos en el país
se perfilaron dos sectores bien definidos que la literatura económica ha denominado sector
petrolero y resto de la economía".

El sector petrolero -deja entrever Silva- se caracteriza por ser altamente técnico, muy
productivo y rentable, con mercados exteriores estables, genera poca mano de obra y su
control productivo es monopólico. Caso contrario, el de la agricultura, pues esta es
rudimentaria, tiene mercados volubles, ocupa gran cantidad de pobladores y compite con
productos provenientes de países con monedas devaluadas.

"Esto dificultó - agrega Carlos Rafael Silva- establecer un tipo de cambio uniforme para ambos
sectores y obligó a buscar soluciones específicas, entre ellas el régimen de cambios
diferenciales que, con ligeras alteraciones, permaneció vigente en el país por más de 35 años,
desde 1940 hasta mediados de 1976, cuando se eliminó el dólar petrolero y se implantó una
virtual unificación cambiaria".

Silva clarifica que para que Venezuela tuviera un buen índice de rendimiento fiscal y en su
balanza de pagos y para que la nación pudiera tener una mejor y mayor participación en el
negocio petrolero, antes de la nacionalización, era "conveniente que el tipo de cambio del
bolívar respecto al dólar se ajustase lo más posible a la paridad de entonces -3,06 bolívares por
dólar- pues de ese modo las empresas petroleras tendrían que ofrecer una mayor cantidad de
divisas a cambio de los bolívares que necesitaban para cancelar en Venezuela sus obligaciones
con el Fisco, el pago de su personal y la adquisición de bienes de la más variada naturaleza" .

El dilema cambiario consistió hasta pasado el año 1935, en que las exportaciones no
tradicionales, fundamentalmente agropecuarias, no recibían igual valor en divisas al cambio
que el negocio petrolero.

En 1934 el Estado firmó con las empresas petroleras transnacionales el "Convenio Tinoco",
"según el cual el Ejecutivo Nacional adquiere los dólares vendidos por las compañías petroleras
al tipo de 3,90 bolívares por dólar, siempre que las divisas provenientes de la exportación de
café y cacao, más las aportadas por las citadas empresas, no excedieran la demanda de cambio
extranjero existente en el mercado" .

Hacia 1936 cambió el esquema anterior y por vez primera el Estado venezolano participó en un
régimen de pago de primas a las exportaciones con productos agrícolas. Un año más tarde, se
creó la Oficina Nacional de Centralización de Cambios, donde se compraban y se vendían las
divisas y demás exportaciones.

Con la fundación del Banco Central de Venezuela, en 1940, paralelamente se instauró en el


país el patrón de cambios diferenciales, casi de manera permanente hasta 1976.

"Este mecanismo fue sugerido por Hermann Max, economista alemán contratado para realizar
algunos estudios relacionados con la organización del Instituto recién creado. Max compartió
la tesis de que Venezuela no tenía una economía homogénea... juzgó que la política monetaria
y cambiaria para ambos sectores -petrolero y agropecuario- no podía ser la misma, razón por
la cual recomendó el establecimiento de un régimen de cambios diferenciales, que siguiera
patrones similares a otros ya aplicados en Europa".

Una vez las cosas así, en 1941, el Banco Central de Venezuela y el Ejecutivo eliminaron el
sistema de pagos de primas a las exportaciones y se fijó el siguiente esquema de cambios
múltiples: 3,09 bolívares por dólar para las compras a las empresas petroleras; 4,30 y 4,60
bolívares por dólar para las divisas agropecuarias (dependiendo del rubro); 3,355 bolívares por
dólar para la venta de divisas del Banco Central de Venezuela a la banca; y 3,35 bolívares para
la venta de dólares de la banca al público usuario.

Hasta 1960, "con muy pocas modificaciones", permaneció incólume el anterior cuadro
cambiario. Finalizada la Segunda Guerra Mundial, Venezuela ingresó al Fondo Monetario
Internacional (FMI) y durante muchos años tuvo que pedir prórrogas de entendimiento a sus
sistemas cambiarios, pues el organismo internacional era partidario del cambio único y
contrario a las "prácticas monetarias múltiples", según lo refiere Carlos Rafael Silva.

De 1965 en adelante comenzó en Venezuela el proceso de reunificación de la paridad


cambiaria, el cual culminó en 1976, a propósito de la nacionalización y la desaparición del dólar
petrolero. Surgió, entonces, el tipo único 4,30 bolívares que, luego, colapsó el Viernes Negro.
2.1 Antecedentes de RECADI

A comienzos de febrero de 1988, exactamente el 11 de ese mes, el diario El Nacional, preparó


una página especial con motivo de cumplirse el jueves 18 de febrero, cinco años del Viernes
Negro.

El 18 de febrero de 1988 se publicaron dos escritos extensos: el de Fuguet, denominado " La


crisis está viva", y el de El Nacional, titulado "Fuga de 20.236 millones de dólares precedió al
Viernes Negro" .

Cinco años después, entrevistaron al carismático ex-presidente del Banco Central de


Venezuela, Leopoldo Díaz Bruzual, y al ex-ministro de Hacienda de Luis Herrera Campíns,
Arturo Sosa. Los tres, sin duda, fueron los más importantes protagonistas de las medidas y
hechos económicos ocurridos entre el 18 de febrero y el 15 de septiembre de 1983.

Para el 18 de febrero, último día hábil de libre convertibilidad del bolívar frente al dólar
norteamericano, los egresos directos de divisas al exterior alcanzaron aproximadamente los
22.700 millones de dólares.

De esta cifra, una pequeña parte (2.500 millones de dólares aproximadamente) se


correspondieron con obligaciones del Banco Central de Venezuela, mientras que el resto se
fugaron producto de operaciones realizadas por particulares, en los tres meses precedentes.

Ya en enero de 1983, el BCV disminuyó sus egresos directos significativamente, en tanto que
desde la banca comercial se registraron operaciones de venta de divisas al exterior por 6.733
millones de dólares. La salida totalizó 7.464 millones de dólares ese mes.

En febrero, el mes crítico, las transferencias directas del Banco Central volvieron a disminuir a
703 millones de dólares, mientras que las colocaciones de particulares se redujeron a un nivel
no menos preocupante de 5.315 millones de dólares, para un total este otro mes de 6.018
millones de dólares.

La salida de divisas adquirió un promedio de venta diaria de unos 200 millones de dólares y,
específicamente, el Viernes Negro, 18 de febrero, de 160 millones de dólares.
Ya el daño estaba hecho. El anterior cuadro de cifras se cruzó con otros elementos importantes
del contexto internacional que evidenciaron de una manera brutal los llamados desequilibrios
estructurales "encubiertos" de la economía venezolana.

El liderazgo de Venezuela en el seno de la OPEP se vino a menos en las reuniones celebradas


en enero de ese año en Viena y Ginebra, donde no se pudo concertar una estrategia de
defensa de los niveles de precio y producción, frente a la acción de acumular inventarios en los
países industrializados.

Particularmente en México, la devaluación era muy abrupta, situación que demostraba, el


nivel de endeudamiento pronunciado en los países de América Latina, pues en ésta región se
aplicaban políticas económicas similares.

La misma banca acreedora, en los meses previos, había solicitado al gobierno de Luis Herrera
Campíns, el pago inmediato de unos 13.000 millones de dólares en créditos con vencimiento
en el corto plazo, para lo cual las autoridades monetarias y financieras del momento
negociaban la obtención de un crédito de grandes proporciones de 2.500 millones de dólares,
para empezar a enfrentar el problema. Pero la situación era demasiado dramática.

Corría el último año de gobierno de Herrera Campíns. Las elecciones nacionales que luego
ganó Jaime Lusinchi estaban encima. Leopoldo Díaz Bruzual y Arturo Sosa protagonizaban,
como presidente del BCV y por segunda vez Ministro de Hacienda, respectivamente, uno de los
enfrentamientos más notorios de la historia monetaria, financiera y económica del país, sobre
la manera de enfrentar la crisis.

En unas declaraciones a El Nacional dijo: "Cuando regresé al Ministerio de Hacienda había tres
problemas clave: 1) una reducción sustancial en los precios del petróleo de 38 dólares el barril
a 28 dólares el barril, con tendencia a seguir bajando; 2) recién se fracasaba en la obtención de
un crédito superjumbo por 2.500 millones de dólares solicitado a un supersindicato con el que
se pretendía pagar parte de la deuda externa a corto plazo (comenzando a gestionar por Luis
Ugueto); 3) en diciembre de 1982 ya la fuga de capitales marcaba un nivel de 9.213 millones
de dólares mensuales."

Sosa explicó en una entrevista que ya a fines de enero de 1983, le había sugerido al Presidente
Herrera Campíns, implantar alguna fórmula de control cambiario. "Luis Herrera de inmediato
mostró su absoluto rechazo a la idea, el Búfalo mostró reservas y, en aquel momento, no insistí
más sobre el asunto. Díaz Bruzual y yo viajamos juntos a Estados Unidos y yo luego a Europa, a
decirle a la banca que íbamos a reestructurar la deuda externa, por la baja de los ingresos y las
reservas en divisas. El 16 de febrero de 1983 me llamó el Presidente y regresé. La salida de
dólares continuaba. El sábado 19 de febrero me reuní todo el día con Díaz Bruzual y por la
noche fuimos a La Casona con dos tipos de soluciones: la mía y la de él" .

Sosa dijo que era partidario de un sistema de control de cambios diferenciales que " repitiera
la experiencia de los años sesenta, cuando se autorizaron dólares preferenciales para la deuda
externa pública y privada, importaciones esenciales, y servicios de los poderes en el exterior; y
otro esquema paralelo libre, para lo suntuario y particulares".

"…La otra fórmula fue la planteada por el Presidente del Banco Central de Venezuela. Consistía
en una devaluación lineal que yo consideré insuficiente, porque no detenía la salida
hemorrágica de los dólares y buscaba restablecer la paridad cambiaria entre 6,50 y 8 bolívares
por dólar en el país. Mientras tanto se suspendieron las operaciones de compra y venta de
divisas en dos oportunidades y por espacio de una semana, para buscar un acuerdo final".

De igual manera, El Nacional entrevistó al ex-presidente del Banco Central de Venezuela,


Leopoldo Díaz Bruzual, para reactualizar, cinco años después, su análisis. "Fueron tres las
causas sumadas que provocaron esa situación en febrero de 1983: la sobrevaluación del
bolívar frente al dólar norteamericano en el orden de 35 por ciento; el cobro abusivo de
13.000 millones de dólares de deuda ilegal externa por parte de la banca acreedora; y la caída
de los precios de nuestro petróleo de 32 dólares el barril a 25 dólares el barril. Esto hacía
imposible mantener un tipo de cambio a 4,30 bolívares por dólar y la libertad cambiaria en
Venezuela."

Reiteró Díaz Bruzual que en febrero de 1983 le planteó al presidente Herrera Campíns una
devaluación lineal, un tipo de cambio único de 6,50 bolívares por dólar, más un régimen de
control de cambios flexible, que asegurara el abastecimiento al consumo e industria del país.

"Sin embargo, debido a múltiples presiones hechas sobre el gobierno de Herrera, provenientes
del propio partido de gobierno (Copei), de las más diversas fuerzas económicas interesadas en
sostener un dólar privilegiado a 4,30 bolívares, del partido Acción Democrática en la oposición;
el lunes 28 de febrero, luego del cierre del mercado cambiario, se adoptó un sistema -aclara
que no fue un control-, al cual me opuse rotundamente, porque incorporaba mayores
distorsiones a la economía nacional"
Al ministro de Hacienda, Arturo Sosa, lo acompañaron en su enfoque, Hermann Luis Soriano
(FIV), Maritza Izaguirre (Cordiplan), Nidia Villegas (Agricultura y Cría), Humberto Calderón Berti
(Energía) y, al final, Enrique Porras Omaña (Fomento). Mientras que a Díaz Bruzual lo
apoyaron, primero Porras Omaña, y también los técnicos del Instituto Emisor, Oswaldo Padrón
Amaré y Francisco Faraco.

Mientras a la luz pública todo el mundo supuso que el enfrentamiento era protagonizado
fundamentalmente por Arturo Sosa y Leopoldo Díaz Bruzual, lo cierto fue que el peso técnico
de las propuestas recayó sobre Hermann Luis Soriano, Ministro de Estado Presidente del
Fondo de Inversiones de Venezuela, escogido por Sosa por ser muy cercano al Presidente
Herrera (había sido Viceministro y Ministro encargado de la Secretaría de la Presidencia); y
Omar Bello, uno de los hombres más capacitados del Banco Central de Venezuela, a quien El
Búfalo le entregó la responsabilidad de armar la contrapropuesta.

"El lunes 28 de febrero el presidente Luis Herrera Campíns escuchó de nuevo las dos tesis, y
finalmente, en Miraflores, sobre la madrugada, se decide la solución que yo sostuve y sobre
ella se legisló. La validez del enfoque hoy queda demostrada en que, a pesar de un cambio de
gobierno (de Lusinchi) y de un cambio en el partido de gobierno (Acción Democrática), en el
fondo se sigue haciendo lo mismo. Se han cambiado las paridades por devaluación,
ciertamente, pero en el fondo se trata del mismo enfoque cambiario. Sigue funcionando".

El ex-ministro de Hacienda señaló que todos los esfuerzos anteriores de restringir las
importaciones excesivas y los aranceles fracasaron, " porque no se podía competir con ese
pequeño monstruo llamado 4,30".

"Cinco años después -comentó el entonces presidente de Finalven- se ha creado una


producción interna importante en varias ramas como la industria, la agrícola y los servicios. Ya
no existe la euforia saudita de los dólares petroleros baratos y ya no existe la actitud colectiva
de estar importando chucherías. El ajuste fue difícil. Por eso pienso que lo de Viernes Negro,
especialmente lo de negro, pronto cambiará por otra denominación".

Un comentario final de Arturo Sosa, cinco años después, fue que el reconocimiento al pago de
las acreencias de los deudores privados con dólares a 4,30 bolívares fue un acto de justicia. "Lo
contrario hubiera significado una mera confiscación de activos".

Por su parte, Leopoldo Díaz Bruzual, también cinco años después, dijo que "ese Viernes Negro
para mi no existe, porque más bien el lunes 28 de febrero, lejos de ser negro, fue un lunes
esclarecedor: se pusieron de manifiesto todas las fallas estructurales de la economía
venezolana".

"De más está decir que el tiempo me ha dado la razón" -agregó en tono envolvente-. A partir
de febrero de 1984, con el nuevo gobierno de Lusinchi, los entuertos de la economía se han
agravado todavía más. De Allí el dicho enteramente popular que corre por todas las ciudades
de Venezuela: "El Búfalo tenía razón".

Díaz Bruzual todavía piensa que fue un exabrupto reconocer el registro y posterior intención
de pago con dólares preferenciales a la deuda externa privada. "El decreto del 15 de
septiembre de 1988 autorizaba el registro de estas acreencias y estableció una posibilidad de
pago. Durante el gobierno de Luis Herrera no pagué un solo dólar a 4,30 para la deuda privada
externa. Eso sí es verdad que lo hizo el gobierno de Jaime Lusinchi. Desde allí sí se pagaron
dólares a 4,30".

"Desafortunadamente- escribió más tarde El Búfalo en su texto Crisis y Recuperación - mi tesis


no fue la que triunfó, sino la del Ministerio de Hacienda, el que, más preocupado por las
repercusiones de la devaluación sobre el nivel del endeudamiento externo privado, que por el
reequilibrio de las cuentas externas de la Nación y la estabilidad futura del bolívar, propuso e
hizo aprobar un régimen (cambiario) con cuatro tipos de cambio: 4,30 para la mayor parte de
las importaciones de bienes y servicios, la deuda externa pública y los intereses de la deuda
privada, así como las remesas para estudiantes en el exterior; otro de 6,00 bolívares por dólar,
para los bienes y servicios considerados como no esenciales (de lista muy reducida por cierto);
uno más -de hecho, pues no estaba contemplado en las disposiciones legales- de 9 bolívares
por dólar, para las ventas efectuadas por el BCV por debajo del precio del mercado libre, y el
tipo del mercado libre.

2.2 Régimen de Cambio Diferencial (RECADI)

A propósito de la sobrevaluación del bolívar frente al dólar norteamericano, del colapso de los
precios petroleros, de la crisis de la deuda externa y de la fuga masiva de capitales, triunfó en
el Consejo de Ministros celebrado en Miraflores la madrugada del lunes 28 de febrero de 1983
la tesis defendida por el entonces Ministro de Hacienda, Arturo Sosa.

Ese día Venezuela amaneció con un régimen que rompió con la tradición última de libre
convertibilidad de la moneda. En uno de los decretos ejecutivos dictados antes del amanecer,
se instruyó la creación de la Oficina del Régimen de Cambios Diferenciales, Recadi, para que
administrara las acreencias externas de la República y del sector privado. Se legisló sobre las
remesas del sector público y de los poderes del Estado al exterior así como remesas a
estudiantes y se congelaron los precios.

Se corrió la bola de que Díaz Bruzual había renunciado, pero fue falso. Estaba en desacuerdo
en la sala de reuniones del directorio del Banco Central, esperando que los ministros del
gabinete económico llegaran para firmar los primeros convenios cambiarios entre el Ejecutivo
y la autoridad monetaria.

Fue así como desde la creación de la Oficina del Régimen de Cambios Diferenciales se vio
acosada, interna y externamente, por las más variadas formas de ejercer el delito y la
corrupción para acceder a los dólares baratos controlados por el sector oficial.

Durante ese año, fueron múltiples las noticias e informaciones que dieron cuenta de los
abusos y arbitrariedades que sobre el nuevo sistema cambiario se estaban desarrollando.

Con el cambio de gobierno de Luis Herrera Campins a Jaime Lusinchi (1984), vendrían nuevas
modificaciones al régimen de cambio diferencial, entre las cuales destacaban la absorción por
parte del BCV de muchas de las funciones de RECADI, sin embargo, el entonces Director de
este ente, Miguel Rodríguez Molina, discrepaba de esta opinión, pues éste alegaba que su
despacho debía seguir dependiendo del Ministerio de Hacienda, ya que el volumen de divisas
que se manejaba era mayor al que se controló desde el Banco Central de Venezuela en el
período 1960-1964.

La otra información aparecida el 2 de febrero El Nacional, estaba totalmente alejada del


campo político y económico. En la página D-20 se recogieron otras declaraciones donde el
director de Recadi, Miguel Rodríguez Molina, denunció que un empresario le había falsificado
la firma, buscando que le reconocieran su deuda externa privada".

En realidad, la Oficina no estaba viviendo su mejor momento. En los días precedentes el propio
Rodríguez Molina había resuelto intervenir la Dirección de Operaciones "hasta saber qué es lo
que está sucediendo". Por otra parte, la Disip efectuó varios allanamientos que afectaron,
incluso, hasta el personal de relaciones públicas y prensa. Este, entre otros muchos casos de
corrupción administrativa, duró varias semanas más allá de la transmisión de mando, y dio
como resultado que la Juez XIII Penal y de Salvaguarda, Morita Hernández dictara el 14 de
febrero de 1984 doce autos de detención contra los funcionarios: Pedro Rafael Molina, Ada
Marubo Planeta, Jean Carlos Ríos González, Daniel Benito Scalera Cabrera, José Novoa,
Francisco Antonio Cariol, Roque Vicente Rojas, José López, Arando Herrera, Ricardo Mora,
Orlando Rojas, Oscar Escalante, Juan Rosas, José Sagarmundi, Xiomara Antonetti y Carmen
Alicia Morales. De estos doce, diez autos fueron confirmados por el Tribunal Superior de
Salvaguarda del Patrimonio Público el 27 de julio de 1984.

Miguel Rodríguez Mendoza (asesor económico del candidato por AD, Carlos Andrés Pérez) el
14 de septiembre de 1988 dijo lo siguiente: "RECADI se convirtió en una distorsión más de la
economía, porque se desnaturalizó la acción cambiaria en un sistema discrecional". Moreno
León (asesor económico del candidato por COPEI, Eduardo Fernández) por su parte, planteó
que necesariamente el Banco Central de Venezuela -de ganar Eduardo Fernández- sustituiría a
la Oficina del Régimen de Cambios Diferenciales, puesto que "RECADI no significa otra cosa
que la distribución arbitraria de dólares que tenemos actualmente, y ha generado una de las
fuentes más escandalosas de corrupción".

Pero a la vez los candidatos, Carlos Andrés Pérez (AD) y Eduardo Fernández (COPEI) se
sintieron tranquilos, porque con la unificación cambiaria se les quitaría el dolor de cabeza de
los dólares preferenciales. Con el triunfo del candidato adeco, se eliminó la oficina de RECADI y
se dio paso a una liberación de los precios del dólar. Para el momento de entrar en vigencia el
nuevo esquema cambiario, se determina una paridad nominal del orden de 39,60 Bs/US$ que
era exactamente la paridad del mercado libre para el día en que se eliminó el control de
cambios, esto implicaba una fuerte devaluación, si se le compara con el tipo de cambio
preferencial que estaba vigente de RECADI, fijado en Bs. 14,50 por dólar desde diciembre de
1986.

La eliminación del régimen de cambio diferencial tuvo la virtud de extirpar una de las mayores
fuentes de corrupción que había existido en el país. Por otra parte, el nuevo esquema
cambiario tuvo un fuerte impacto en el nivel de los precios, ya que al suprimirse el tipo de
cambio preferencial, todos los bienes tendrían que importarse al cambio vigente en el
mercado, ello se tradujo como es natural en una aguda inflación de costos en los inicios del
programa de ajustes.

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