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Identidad en la literatura venezolana

Este documento resume un artículo académico sobre la identidad y literatura venezolana escrito por Lilia Boscán de Lombardi. El artículo explora el concepto de identidad y cómo ha sido definido por diferentes pensadores a lo largo de la historia de Venezuela. También analiza cómo los escritores venezolanos han expresado la identidad del país a través de sus obras literarias, desde el costumbrismo hasta novelas como Doña Bárbara que capturan la esencia de Venezuela. Finalmente, destaca cómo la literatura ha reflejado los

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Identidad en la literatura venezolana

Este documento resume un artículo académico sobre la identidad y literatura venezolana escrito por Lilia Boscán de Lombardi. El artículo explora el concepto de identidad y cómo ha sido definido por diferentes pensadores a lo largo de la historia de Venezuela. También analiza cómo los escritores venezolanos han expresado la identidad del país a través de sus obras literarias, desde el costumbrismo hasta novelas como Doña Bárbara que capturan la esencia de Venezuela. Finalmente, destaca cómo la literatura ha reflejado los

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Revista de Artes y Humanidades UNICA

ISSN: 1317-102X
revista@[Link]
Universidad Católica Cecilio Acosta
Venezuela

Boscán de Lombardi, Lilia


Identidad y literatura venezolana
Revista de Artes y Humanidades UNICA, vol. 9, núm. 21, enero-abril, 2008, pp. 147-157
Universidad Católica Cecilio Acosta
Maracaibo, Venezuela

Disponible en: [Link]

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Número completo
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Más información del artículo Red de Revistas Científicas de América Latina, el Caribe, España y Portugal
Página de la revista en [Link] Proyecto académico sin fines de lucro, desarrollado bajo la iniciativa de acceso abierto
Revista de Artes y Humanidades UNICA
Año 9 Nº 21 / Enero-Abril 2008, pp. 141 - 157
Universidad Católica Cecilio Acosta · ISSN: 1317-102X

Identidad y literatura venezolana

BOSCÁN DE LOMBARDI, Lilia


Universidad Católica Cecilio Acosta
lboscan@[Link]

Sobre este tema de la identidad se ha hablado y discutido mu-


cho a lo largo del tiempo y es indudable, que sigue teniendo gran
importancia e indiscutible actualidad. Habría que intentar definir
el término identidad, que aunque comprendido en su significación
global, es difícil precisar un concepto si se toma en cuenta la com-
plejidad cultural de nuestro país y de los otros países latinoameri-
canos.
El término identidad es esencialmente teórico y tiene múlti-
ples significaciones, de allí la necesidad de definirlo y delimitarlo.
Claude Levy Strauss ha dicho que la identidad es una especie de
recurso necesario para explicar un montón de cosas pero que en si
mismo carece de existencia real.
Lo real son las colectividades y agrupamientos concretos:
sus problemas, su historicidad, sus expectativas, sus manifestacio-
nes artísticas y culturales. El concepto de identidad es un recurso
teórico que ha hecho posible reducir colectividades históricas di-
versas, identificadas por algunos rasgos comunes, de allí su utili-
dad pero igualmente sus límites.
En un sentido general, se puede decir, que todo individuo y
toda sociedad tienen necesidad de auto- conocerse y de saberse
pertenecientes a un territorio en el que se comparten, una lengua,
una cultura y unas tradiciones.

Recibido: Junio 2007 Aceptado: Octubre 2007

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BOSCÁN DE LOMBARDI, Lilia

El término identidad se confunde con lo real histórico, es de-


cir, está íntimamente ligado al proceso histórico total de una colec-
tividad determinada. Nuestra identidad no es otra cosa que nuestra
historia y del conocimiento profundo de ella deriva el conocimien-
to de lo que somos y el esclarecimiento de nuestra identidad, en-
tendiendo por historia, no sólo los hechos políticos, económicos y
sociales, sino el proceso cultural en su totalidad. Los primeros que
van a preocuparse por definirnos son los conquistadores y cronis-
tas que han dejado una pintura idealizada y mitificada del indio y
de nuestra realidad americana, ya fuera porque en verdad se entu-
siasmaron con la exhuberancia de nuestra naturaleza o porque les
interesara valorizar ante Europa su descubrimiento.
Luego fueron los viajeros y naturalistas los que nos redes-
cubrieron y una vez lograda la Independencia, la necesidad de de-
finirnos en nuestra especificidad, se convirtió, en necesidad his-
tórica y prioridad nacional y americana, surgiendo interpretacio-
nes tan diversas como la de Domingo F. Sarmiento, José Martí,
Eugenio María de Hostos, Juan Montalvo, Juan Bautista Albert-
di, Manuel González Prada, José Enrique Rodó, A. Arguedas, G.
Freire, Ezequiel Martínez Estrada, Héctor A. Guillermo Sucre y
Octavio Paz, a las que hay que agregar los aportes del pensamien-
to marxista y las teorías de la Dependencia y la Dualidad que han
permitido avanzar de manera decisiva en ese largo proceso de au-
to-comprensión y auto-conciencia de nuestra identidad que no es
unitaria sino plural y producto de relaciones interculturales di-
versas. Ahora bien, si la identidad hay que buscarla en nuestra
historia, es evidente que las manifestaciones culturales son los
mejores exponentes de nuestra individualidad y de nuestra perso-
nalidad como pueblo, manifestaciones culturales que son expre-
sión de creencias populares, de tradiciones, que se conservan en
el tiempo como lo mas genuino del alma de los pueblos y es fun-
damento indiscutible de nuestra cultura. Son tradiciones que se
vinculan a la religión y que se materializan en festividades popu-
lares en todos los conglomerados sociales y alimentan el conteni-
do de obras literarias y artísticas en general.

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IDENTIDAD Y LITERATURA VENEZOLANA

Los escritores latinoamericanos han expresado la visión de


América en los diversos momentos de nuestra historia dando origen a
obras naturalistas de hondo color local, paisajistas, profundamente ro-
mánticas donde la intención era la exaltación de lo propio, la identifi-
cación con la naturaleza, la valoración del indígena, la denuncia polí-
tico-social, la pintura costumbrista y el planteamiento revolucionario.
La obra de Ciro Alegría, Jorge Icaza, Mariano Azuela, Rómulo Galle-
gos, José Eustasio Rivera, solo para citar algunos nombres, evidencia
un interés común por penetrar en el conocimiento de lo que somos e
identificar lo que nos caracteriza y nos da carácter propio. Resultado
de esta motivación es el costumbrismo, que constituye la primera for-
ma de llegar a la expresión de lo venezolano, cuyos exponentes más
relevantes son D. Mendoza, Nicanor Bolet Peraza y Francisco Sales
Pérez; el Tradicionalismo de Arístides Rojas y el Criollismo de Tulio
Febres Cordero. Después vendrá Eduardo Blanco, interesado en con-
tar nuestra epopeya libertadora, pero el que todos los críticos señalan
como el primer escritor que intenta “criollizar” plenamente nuestra
narrativa es Manuel Vicente Romero García con su novela Peonia
que abrirá el camino a una tradición de canto del llano venezolano que
será nota característica en la narrativa posterior, en la que se muestra
una identificación de lo venezolano con la vida llanera cuya culmina-
ción y más significativo exponente es Doña Bárbara de Rómulo Ga-
llegos, inmensa epopeya de la llanura venezolana, de su paisaje im-
placable, de sus inmensos ríos, de las pasiones que alientan en sus tre-
mendas almas primitivas. En realidad, toda la obra de Gallegos está
encaminada a dar una visión completa de nuestro país, inspirado por
un hondo venezolanismo y el deseo de profundizar en lo propio y pro-
clamar nuestro ser más profundo y auténtico. Las obras de Gallegos
representan una narrativa documental y testimonial de una época sig-
nada por el binomio civilización y barbarie donde el protagonista cen-
tral es la naturaleza devoradora, aniquiladora, que dista mucho del
paisaje idílico que es escenario del amor romántico de Efraín y María
en la novela del escritor colombiano Jorge Isaccs. La naturaleza indó-
mita y avasallante lo domina todo; la exhuberancia, el furor desatado
y aniquilador es el mismo de las pasiones encontradas que se mueven
entre los personajes de estas novelas violentas, agresivas como la sel-

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BOSCÁN DE LOMBARDI, Lilia

va misma. Igual que Sarmiento, Gallegos descubre la verdadera


realidad americana en ese momento histórico en que la barbarie se
levanta gigantesca frente a una precaria civilización. La literatura
refleja la preocupación por descifrar el problema de nuestra identi-
dad cultural y por enfatizar aquellos elementos que nos definen
como pueblo. La silva criolla de Lazo Martí, Vuelta a la Patria de
Pérez Bonalde, son expresión del más profundo americanismo, reve-
ladores de la intención de hacer notar lo valores propios que más nos
identifican. En todos los tiempos de nuestro proceso histórico, los es-
critores reflejan en sus obras los momentos cruciales y difíciles del
acontecer nacional y son testimonio de sociedad de su época. Son mu-
chas las figuras importantes en el panorama literario venezolano que
expresan la realidad del país. En el siglo XX, el país ha padecido tres
dictaduras particularmente primitivas: la de Cipriano Castro, la de
Juan Vicente Gómez y la de Marcos Pérez Jiménez que utilizaron
como política básica de dominación y poder, la represión , la persecu-
ción, la supresión de la libertad, el terror, la cárcel, los vejámenes y la
tortura. La literatura expresa nuestra vida política, esencialmente
marcada por la violencia y refleja también la otra violencia, la de la
pobreza, la de la marginalidad en un país de diferencias sociales y con
una estructura económica que privilegia a las minorías. El desequili-
brio social, económico y cultural favoreció la aparición de las guerri-
llas y la radicalidad de los partidos de izquierda en los años 60.
Hay que destacar las novelas de José Vicente Abreu, quien fue
testigo y víctima de las torturas de la Seguridad Nacional y estuvo
preso en Guasina durante el régimen de Pérez Jiménez. Se llamaba
SN (1964), Guasina donde el río perdió las siete estrellas (1969) son
testimonios vivos, descarnados, de las atrocidades a que eran some-
tidos los presos políticos, los horrores y refinamiento de las torturas,
el sadismo y la brutalidad de los torturadores, el infierno de la pri-
sión. José Vicente Abreu da la visión realista de experiencias perso-
nales vividas dolorosamente y expresadas con la dignidad del buen
escritor, en un estilo directo, desnudo, sobrio y descarnado como la
realidad misma que descubre con palabras que no vienen a sustituir
la realidad sino la transparentan con modestia.

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IDENTIDAD Y LITERATURA VENEZOLANA

Otros autores han escrito sobre este tema de la violencia y sus


obras denuncian el clima político que se vivía. Argenis Rodríguez
es autor de numerosas obras, entre las que cabe destacar El Tu-
multo (1961), Entre las breñas (1964), Donde los ríos se bifur-
can (1965), La fiesta del embajador (1968), Gritando su agonía
(1971), Relajo con energía (1980), La Amante del Presidente
(1980) etc. En todas estas obras, Argenis, expresa la realidad de su
época en una visión muy particular y muy subjetiva que lo presenta
como un escritor comprometido, sensible y angustiado por el país.
Otros escritores que han desarrollado el tema de la violencia
en Venezuela son Juan Sebastián Aldana, autor de Reten de Catia
donde narra la violencia del sistema carcelario, Victoria Duno, (El
desolvido, 1971), Carlos Noguera (Historias de la calle Lincoln,
1971), David Alizo (Quórum, 1967, Griterío, 1968), Humberto
Mata (Pieles de leopardo, 1978).
Miguel Otero Silva (1908, 1983) es autor de varias novelas
que dan testimonio de momentos cruciales de la historia nacional;
Fiebre es la novela de la generación del 28 publicada en 1939, en
que narra la lucha, la rebelión y las experiencias vividas por él y su
generación en las cárceles gomecistas. Casas Muertas es la nove-
la del país rural y atrasado que era Venezuela hasta la aparición del
petróleo. Oficina Nº 1, publicada la primera edición en 1961, es la
novela del comienzo de otro tiempo, el de la transición entre una
sociedad rural y agrícola y la sociedad minera en que se convertirá
Venezuela con la explotación petrolera. En La muerte de Hono-
rio (1963) hace el relato de cinco detenidos y los vejámenes y tor-
turas en las cárceles durante la dictadura de Pérez Jiménez y “En
cuando no quiero llorar no lloro”, expresa los años de la guerrilla
en los gobiernos de Betancourt, Leoni y Caldera. La narrativa de
Miguel Otero Silva es una unidad histórica del país como un pro-
ceso continuo y cada relato sitúa en momentos fundamentales que
significan un cambio y un paso más en el camino a la modernidad.
En esa “década violenta” irrumpen con fuerza, distintos gru-
pos literarios que introducen los movimientos vanguardistas en
Venezuela y producen una profunda renovación de la literatura. En

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BOSCÁN DE LOMBARDI, Lilia

Sardio (1958, 1961) se agrupan escritores de los años 50 y más


adelante, aparece El Techo de la Ballena en que destacan escrito-
res como Salvador Garmendia y Adriano González León. Eran los
años del “boom” de la literatura latinoamericana.
Augusto Roa Bastos, José María Argüedas, Mario Vargas
Llosa, Carlos Fuentes, Ernesto Sábato, Julio Cortázar, Gabriel
García Márquez y Adriano González León son solo algunos nom-
bres de los muchos, que con sus libros, revolucionaron la novela
contemporánea. Adriano González León gana el premio Bibliote-
ca Breve de la Editorial Seix Barral con su novela País portátil
(1969) que es considerado como el mejor retrato de la Venezuela
de los años 60, convulsionados por la violencia política.
En el proceso histórico de la novela venezolana, muchos au-
tores son significativos y desde el más lejano pasado hasta nues-
tros días, escritores y libros se destacan y son referencia obligada
para el conocimiento integral del hecho cultural. Manuel Díaz Ro-
dríguez, Rómulo Gallegos, Arturo Uslar Pietri, Enrique Bernardo
Núñez, Julio Garmendia, Guillermo Meneses, Miguel Otero Silva,
Antonio Márquez Salas, Héctor Malavé Mata, Gustavo Díaz Solís,
Alfredo Armas Alfonso, Francisco Massiani, Salvador Garmen-
dia, José Balza, Gustavo Luís Carrera, David Alizo, César Chiri-
nos, Ednodio Quintero, Laura Antillano etc., son expresión de la
mejor literatura nacional. Imposible nombrar a tantos escritores
que forman parte del quehacer literario en Venezuela en los últi-
mos años, más aún si tomamos en cuenta a los escritores del inte-
rior del país. Si nos referimos al estado Zulia, es justo afirmar que
ha existido un movimiento cultural intenso en el que destacan es-
critores y artistas que han sabido expresar lo más genuino de la cul-
tura zuliana. Este Estado, por su situación geográfica tan especial,
estuvo en épocas pasadas un tanto separado del resto del país y más
vinculado a las Antillas Holandesas, de donde venían, en sus bos-
ques legendarios, cargamentos de libros que contribuyeron a esti-
mular un movimiento literario y cultural en el siglo XIX que no tie-
ne parangón con el resto del país y que ha sido determinante en la
formación de una conciencia popular y una creencia de diferencia-
ción y singularidad que ha desarrollado un marcado regionalismo
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IDENTIDAD Y LITERATURA VENEZOLANA

y la conformación de un ser muy particular, con un habla inconfun-


dible, una psicología y una actitud vital que lo diferencia del andi-
no, del llanero, del oriental o del caraqueño, cada uno también, con
sus características propias, pero el maracucho, por el aislamiento
geográfico en el pasado, ha desarrollado una personalidad muy es-
pecial y un intenso amor y orgullo regional que se refleja en sus
manifestaciones artísticas y literarias.
En esos lejanos años del siglo XIX, la vida intelectual se ma-
nifiesta en la existencia de centros literarios, semanarios literarios
y otras publicaciones de este género, tertulias, actividades cultura-
les diversas y en la labor de un nutrido grupo de intelectuales que
se dedican a la poesía, al ensayo, al cuento, a la crítica literaria, al
periodismo, poseedores de densa cultura cimentada en las más di-
versas disciplinas, configurando un verdadero movimiento de ilus-
trados ávidos de conocimiento y erudición. Se leía y se traducía a
los románticos ingleses, a los parnasianos franceses, a los clásicos
españoles. Se cantaba a la mujer, a la noche y al Lago bajo la in-
fluencia de los modelos europeos y de Darío y el modernismo. En-
tre estos ilustrados hay que citar a Manuel Dagnino, quien además
de médico, fue literato filósofo, historiador, biógrafo, crítico y en-
sayista. Se escribía profusamente poesía y ensayo mientras que la
narrativa no despertó mucho interés, con excepción de Yépes,
quien con Anaida e Iguaraya, consigue dos esbozos bien logra-
dos de novela romántica y Marcial Hernández, Elías Sánchez Ru-
bio y posteriormente, Jesús Enrique Lossada, quienes escribieron
cuentos. En poesía cabe señalar el predominio de un canto nativis-
ta de exaltación de la naturaleza, del paisaje lacustre, sobre todo en
Yepes y otros poetas de su generación, así como también, se escri-
bió mucho sobre temas religiosos y patrióticos donde se exaltaban
y cantaban las glorias de nuestros héroes de Independencia. Imbui-
dos del espíritu de la Ilustración que floreció en Francia en el siglo
XVIII, los escritores zulianos son románticos cuando expresan en
imágenes, emociones profundas y sentimientos diversos, cuando
cantan a lo propio o se inspiran en una realidad que los afecta indi-
vidualmente, convirtiendo el poema, en un impetuoso desborda-
miento emocional. Son clásicos cuando predomina el orden y el

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BOSCÁN DE LOMBARDI, Lilia

equilibrio, la contención y el apego a los modelos formales que se


trataban de imitar. Mientras Baralt, mejor historiador que poeta,
escribe en el más depurado estilo clásico, José Ramón Yepes, es un
representativo exponente del romanticismo venezolano que canta
a la naturaleza y la expresa con imágenes marinas, visiones de luna
y sombra, cantos nocturnos sugerentes de íntimo misterio. No sólo
es el poeta del paisaje lacustre, sino también, el hombre angustiado
frente a los problemas del Ser. Al lado de Yepes hay una larga lista
de nombres que pertenecen a esta primera generación de poetas
que participaron activamente en la vida cultural del momento y
dieron impulso a las ciencias y a las artes. Se publicaron numero-
sos periódicos. Uno fue El Eco de la Juventud y Yépez fundó el
Rayo de Luz en 1862 y hubo otros como El Occidental y El Iris
para citar algunos, que recogen en sus columnas los aportes litera-
rios y las inquietudes de aquellos intelectuales. En 1886 fue funda-
da la Sociedad de Letras, Las Brisas del Lago y en 1878 circula-
ron El Libro, El Crepúsculo, La Atmósfera y La Industria en la
Villa de Altagracia del Distrito Miranda y en Maracaibo, el famoso
periódico-revista El Mentor al que siguieron dos periódicos muy
importantes y de larga duración, El Fonógrafo y Ecos del Zulia;
Octavio Hernández redacta La Revista Literaria del Zulia y apa-
recen diversas publicaciones netamente literarias como El Álbum
y Sonrisas y Flores.
Otra figura consagrada en las letras zulianas es el poeta Udón
Pérez con el que podría hablarse de una segunda generación de
poetas, a la que pertenecen Guillermo Quintero Luzardo, Armando
Troconis Montiel, Marcial Hernández, Jesús Carruyo y muchos
más, aunque esta generación no conoció el brillo de la anterior.
Más adelante fueron Elías Sánchez Rubio, Ismael Urdaneta, Ale-
jandro Fuenmayor, Rafael Yepes Trujillo, Jorge Schmidke, Jesús
Enrique Losada, Jesús Semprún, Aniceto Ramírez Astier, Emilia-
no Hernández, Héctor Cuenca, Graciela Rincón Calcaño, Tarcila
Reyes, Rosa Virginia Martínez, María Calcaño, etc. Estos poetas
sin abandonar el canto romántico acusan la presencia de nuevas
voces, de otras lecturas, conocen los parnasianos y simbolistas
franceses y la influencia de Rubén Darío se manifiesta en algunos

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IDENTIDAD Y LITERATURA VENEZOLANA

poetas asomados al modernismo; Elías Sánchez Rubio es uno de


los mejores poetas de su generación, calidad cimentada, no sólo en
sus coloreados cuadros de tierra zuliana, sino en aquella poesía de
tormentos interiores, de búsquedas ansiosas, de desazón interior
que transmite con el dominio de un arte poético flexible, musical,
rico en sugerencias y en un lenguaje ajeno al retoricismo académi-
co y al estilo ampuloso y declamatorio que empobreció a mucho
poetas de este periodo literario. Elías Sánchez Rubio fue fundador
de La Sociedad Vásquez, espacio de encuentro de escritores y
poetas y luego fueron creados los centros literarios Principios,
Ariel, Seremos, donde se analizaban las nuevas tendencias litera-
rias y se compartían inquietudes y nuevos modos de escribir poesía
y de aproximarse al hecho literario. El afán de conocer, de apren-
der, convierte a estos grupos en la vanguardia del momento y fue-
ron ellos quienes le dieron nueva vida y renovado vigor a la litera-
tura zuliana. Se fundaron El Círculo Artístico del Zulia y El Ate-
neo de Maracaibo. En 1888, López Ribas fundó El Zulia Ilustra-
do, prestigiosa revista a la que se agrega Alondra de Ana Yepes
Serrano, hija de José Ramón Yepes, y otras publicaciones como
Ariel, Luz y Sombra de José Agustín López, Proshelios de Bu-
trón Olivares, Prosa y Verso, Revista del Centro Literario del
Zulia en 1908. La Guitarra de Udón Pérez y Víctor Raúl Sando-
val, que tiene la particularidad de estar toda redactada en verso,
hasta los anuncios comerciales. Alma Latina, también de Udón
Pérez y Yepes Trujillo, la revista literaria Psiquis de Jesús Enrique
Lossada, La Hora Literaria de Héctor Cuenca y muchos más dia-
rios, revistas, semanarios, testimonios de la fecundidad literaria de
aquel movimiento cultural zuliano.
Después de la aparición del petróleo en 1914, se producen
cambios fundamentales en el estado Zulia, que van a reflejarse en
el hecho cultural. Aparecen los grupos literarios Seremos, Tierra,
Cauce y en 1935, María Calcaño, publica su primer libro de poesía
Alas Fatales al que siguió Canciones que oyeron mis muñecas
(1956) y posteriormente Entre la Luna y los hombres (1961). La
lectura de la poesía de María Calcaño es asombro y gozo creciente.
Se va penetrando en un círculo de intimidad que nos descubre a

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BOSCÁN DE LOMBARDI, Lilia

una mujer que amó y vivió intensamente. Fue una vida corta, ape-
nas cincuenta años, ya que nació en Maracaibo el 12 de diciembre
de 1906 y murió en la misma ciudad el 23 de diciembre de 1956.
Hay muchos méritos en la vida y en la poesía de María Calcaño,
pero la mayor grandeza radica en la clara conciencia de mujer li-
bre, con derecho a vivir, a amar, a ser feliz y a decir sin cobardía lo
que siente, lo que piensa, lo que espera. Su poesía es campo de cie-
lo abierto con brisa de amanecer. Se descorren los velos y brota
fresco como un manantial, el chorro de luz de su interior. Son ver-
sos de amor y de pasión de la amante que siente la fuerza de la vida,
son versos de ternura iluminada por el brillo de ser madre, son ver-
sos de tormentosa lucidez por el paso del tiempo y la conciencia de
la finitud, son versos de la angustia del vivir. Pero son, ante todo,
versos de rebeldía, que reivindican a la mujer siempre callada, víc-
tima sumisa en una sociedad machista, que protestaría escandali-
zada el atrevimiento de ser libre.
En los difíciles años 60, cuando en Caracas aparecían grupos
como Sardio y El Techo de la Ballena, en Maracaibo surge el
grupo Apocalipsis con propuestas de poesía surrealista y de van-
guardia, del que formaban parte Hésnor Rivera, César David Rin-
cón, Miyó Vestrini, Atilio Storey Richardson, Laurencio Sánchez
Palomares, Ignacio de la Cruz, Néstor Leal, Francisco Hung, Ré-
gulo Villegas, Homero Montes, Alfredo Áñez Medina. Es poesía
renovadora y atrevida que irrumpe para estremecer los cimientos
de la literatura tradicional con el planteamiento de libertad de aso-
ciaciones insólitas y la valoración del inconciente que propugnaba
el surrealismo.
Hésnor Rivera uno de sus más apasionados abanderados, es
autor de numerosos libros de poesía, producto de una profunda vo-
cación poética, tales como Puerto de Escala, Superficie del
Enigma, No siempre el tiempo es siempre, Las ciudades nati-
vas, etc. Llama la atención el hecho de la profunda identificación
de Hésnor con su ciudad natal y su entorno geográfico a pesar de
ser tan cosmopolita y admirador del arte y la vida parisina. Los
años de bohemia y de ausencia temporal intensifican la nostalgia y
el sentimiento amoroso del poeta por esta ciudad del Lago a la que
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IDENTIDAD Y LITERATURA VENEZOLANA

dedica los hermosos poemas de Las ciudades nativas, que en la


edición del año 2006, tiene una segunda parte titulada Contradan-
zas, con poemas vinculados a la presencia del petróleo en el Zulia y
a algunas de las poblaciones como Cabimas, Tía Juana, Lagunil-
las, etc, espacios desarrollados por efecto de la explotación petro-
lera. También aparece el poema El Lago de las diez mil torres,
dedicado al poeta Ismael Urdaneta quien había denunciado en los
versos de sus Poemas de la musa libre, el inicio y la expansión
creciente de la contaminación del lago de Maracaibo. En ese poe-
ma, El Lago de las diez mil torres, Hésnor expresa el sentimiento
unánime de impotencia y dolor por el deterioro y abandono de que
es víctima nuestro lago. Así queda expreso cuando dice:
“De los jardines sembrados
Por los pescadores en las ruinas
De las piraguas ya habían
Caído los pétalos finales
De las cayenas y las siemprevivas
Último alimento de los peces
Que se marcharon
Porque el Lago
Alrededor se moría”
Posteriormente, aparecieron otros grupos como el grupo
Guillo, con fuerte compromiso ideológico y político que lo marca
profundamente, integrado por artistas que buscaban expresar, unos
en la poesía, otros en la crítica, en la narración y en la pintura, la
realidad más próxima, la de Maracaibo, la de los barrios, la de
otros pueblos zulianos, la del Lago y los maleconeros. Son artistas
comprometidos que expresan con autenticidad, la entraña más ínti-
ma y lo más genuino y válido del alma popular. Guillo dio paso a
El Taller de Telémaco y en él continuaron las mismas inquietudes
y los mismos sueños poéticos. Escritores como José Quintero
Weir, Alexis Fernández, César Chirinos, formaron parte de esos
grupos literarios y promovieron un grupo que se llamó Los pode-
res creadores del pueblo Aquiles Nazoa; La Sociedad Gramáti-

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BOSCÁN DE LOMBARDI, Lilia

ca de Maracaibo liderizada por Enrique León, tuvo especial sig-


nificación en la vida cultural zuliana.
Luego, en 1973, aparece una propuesta literaria diferente, la
del Maracuchismo – Leninismo cuyos promotores son los poetas
Blas Perozo, Alberto Áñez Medina, Douglas Gutiérrez Ludovic y
Enrique León que se rebelaron, por impulsos político-ideológicos,
contra la escritura poética tradicional y se expresaron con absoluta
libertad, reivindicando el habla del marabino, la oralidad y espa-
cios poco convencionales como bares y calles. Abordaron temas
de la cotidianidad y con un lenguaje prosaico, provocaron reaccio-
nes diversas, mereciendo censuras y alabanzas y el calificativo de
creadores de la anti-literatura. Lo importante es que sacudieron el
ambiente literario regional aunque no tuvieron ni discípulos ni se-
guidores; la característica fundamental es la escritura directa en la
que los temas corresponden a vivencias personales, biográficas y
el lenguaje es el propio del habla del ciudadano común; es en la
irreverencia, en la provocación y en la ironía donde radica la singu-
laridad de una poesía que, en definitiva, es diferente.
Estos grupos han sido dinamizados, en su mayoría, por la Es-
cuela de Letras de la Universidad del Zulia, abierta a todas las ten-
dencias y modas de la época, escuela en la que hicimos vida activa
como docentes, escritores y promotores culturales, numerosos in-
telectuales y poetas como Agustín Millares Carlo, José Pascual
Buxó, José Antonio Castro, Esther María Osses, César David Rin-
cón, Douglas Gutiérrez Ludovic, Hésnor Rivera, Juan Gregorio
Rodríguez Sánchez, Lida Franco, Víctor Fuenmayor, Emérita
Fuenmayor, Enrique Arenas, mi persona, y otros más que partici-
pamos en la vida intelectual y escribimos y publicamos muchos de
nuestros trabajos en la Revista de Literatura Hispanoamericana del
Instituto de Investigaciones Literarias. En los difíciles años 70,
años de renovación y de protestas estudiantiles, que evocan las tur-
bulencias del Mayo francés, la influencia desestabilizadora de la
revolución cubana y la derrota de la guerrilla de la Izquierda Vene-
zolana, grupos literarios y escritores conforman un movimiento li-
terario vigoroso, de gran intensidad, al mismo tiempo que hay la
presencia de numerosos artistas plásticos renovadores y de gran
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IDENTIDAD Y LITERATURA VENEZOLANA

creatividad, que constituyen, lo que se ha llamado “La Escuela


Zuliana”, de la que forman parte artistas como Edison Parra, Car-
melo Niño, Ángel Peña, Edgar Queipo, Henry Bermúdez, Irma Pa-
rra, Ender Cepeda, Juan Mendoza en cuyas obras se exalta el color
local, lo popular, y todo un mundo de imágenes de sueño y poesía
que brotan de la más profunda identificación con el entorno y el es-
pacio geográfico de nuestra región. La literatura y el arte abordan
los mismos temas que reflejan, no sólo el paisaje zuliano, la explo-
sión de luz y color de las casas y las calles, los mitos y leyendas in-
dígenas, sino que expresan al ser zuliano y a su cultura única y di-
versa, en una manifestación de afirmación de identidad regional
que se muestra con la satisfacción y el orgullo de ser zulianos.
La obra de José Quintero es la expresión de su compromiso
con el pueblo. Es autor de varias obras: Maleconeros, Los An-
dantes, El Viejo Conde y El Barco Anclado, Axuduara, y Aros-
tomba. En el libro Maleconeros es significativa la dedicatoria: “A
los cargadores de sacos, carretilleros, ropavejeros, pescadores, bo-
buriteños todos, maleconeros de nacimiento”. José Quintero es el
escritor solidario con los más humildes, con los marginadas socia-
les, de allí su dedicación al estudio de la cultura de nuestro pueblo
indígena. Preocupado por la problemática social, vive y escribe
fiel a su ideología y a su compromiso. La conciencia de pertenen-
cia y de sus orígenes zulianos inciden en la manera de percibir al
mundo y propician una identificación profunda con la cultura zu-
liana, de ahí el empeño en destacar lo propio, las tradiciones, lo po-
pular, en un afán de valorización y reivindicación de lo auténtica-
mente zuliano, con una intención consciente de afirmación de
nuestro propio yo, de nuestra individualidad, de nuestra identidad.
César Chirinos es un escritor que se destaca en el ámbito de la
literatura regional y nacional por la novedad de su propuesta estética
y por la diversidad temática que aborda en sus numerosas obras. En
efecto, es autor de obras de teatro y novelas como Buchiplumas,
Diccionario de los hijos de papá, El quiriminduña del ñereñeres,
Si muero en la carretera no me pongan flores, Mezclaje y Som-
brasnadamas, en las que se expresa con lenguaje popular y humo-
rístico aunque haciendo planteamientos de alcance universal.
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BOSCÁN DE LOMBARDI, Lilia

Buchiplumas ha sido una de las novelas más elogiadas, li-


bro en el que, a través de impresiones reiterativas, obsesivas,
anárquicas, nerviosas, descubre una realidad caótica, bulliciosa
que busca una definición socio-histórica, una identidad, que exis-
te y no existe, pero que vive y está presente en la calle , en el ba-
rrio. En Buchiplumas, apretadamente, pasa de una evocación a
otra, en una serie acumulativa de pequeñas oraciones atropella-
das como en un largo y desarticulado monólogo interior donde se
revela el humor y la ironía.
Hay otros narradores zulianos de significativa importancia
como Laura Antillano, autora de la novela Solitaria solidaria
(1990) y de libros de cuentos como La bella época (1960), Un ca-
rro largo se llama tren (1975), La luna no es pan de horno y
otras historias (1983), Cuentos de película (1985), Tuna de mar
(1991), etc. En sus libros predomina la nostalgia y la evocación de
tiempos pasados. Enrique Romero, escritor culto y sensible, apoyo
fundamental del teatro y de la cultura en el Zulia, es el autor de un
importante libro de cuentos, Mujeres de Maracaibo (1990). Fáti-
ma Celis se destaca como escritora de cuentos y ha publicado va-
rios libros como Tierra azul sembrada de cenizas, Último potro
de mimbre, Todas las formas del descenso, Por el pequeño cie-
lo de la puerta, Los niños del Frío etc. Milagros Socorro, Destaca-
da periodista Zuliana, Publicó en 1991 un libro de cuentos, Una at-
mósfera de viaje. Entre los narradores más recientes se destaca
Norberto Olivar, historiador y narrador, que ha investigado sobre
épocas y personajes zulianos que se convierten en temas de sus li-
bros. Ha publicado El misterioso caso de Agustín Baralt (2000)
libro de relatos que se publicó en 1999 con el título Los Guerre-
ros. Luego publicó El hombre de la Atlántida (2003), novela en
la que escribe una polémica versión de la vida de Jesús Enrique
Lossada. Otros libros publicados son: La cuidad y lo herejes, La
conserva negra, Morirse es una fiesta y la novela mas reciente,
El fantasma de la Caballero, historia real del asesinato de Josefa
Caballero a manos de un juez.
Milton Quero es otro de los mas recientes escritores, muy
vinculado al teatro, de hecho es actor, no solo de teatro sino de
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IDENTIDAD Y LITERATURA VENEZOLANA

cine, actuando como actor principal en la película Borrador que


dirigió Jacobo Penzo. Es poeta y narrador y ha publicado, en poe-
sía, Actos lingüísticos (2004) y Geografía Urbana (2005); en
este mismo año fue publicada la novela Corrector de estilo que
mereció el Premio Adriano González León y luego, la Editorial
Monte Ávila, publica, en el año 2006, el libro de cuentos Hechos
de habla. En las obras de Milton Quero, Maracaibo es el personaje
central, se siente a la ciudad en toda su dimensión de ciudad espe-
cial y única, no solo por el calor extremo sino por la singularidad
de sus tradiciones, por la particularidad geográfica de haber nacido
y crecido a orillas de un lago y por la idiosincrasia de sus habitan-
tes. Maracaibo es la fiesta popular permanente, es el bullicio de las
calles y el color estridente de las casas del viejo Saladillo, que aún
se conserva en el barrio típico de Santa Lucía; Maracaibo es la me-
moria de los numerosos cines que forman parte de la vida y de la
nostalgia de muchos marabinos. Maracaibo es la Chinita, es la gai-
ta, es la fiesta de San Benito, es la ciudad puerto, abierta a todas las
influencias y a todas las novedades. Muchos la han considerado
una ciudad surrealista por las cosas insólitas que hay en ella, por
los contraste y el singular imaginario de una ciudad que puede ser
una y múltiple. Maracaibo y el Zulia están presente en todos estos
escritores que se definen a si mismos a través de una ciudad y de
paisajes que hablan de infancia y de sueños, memoria de los oríge-
nes, señas de identidad.
El Zulia es tierra de poetas. Son muchas las generaciones de
escritores que se han sucedido en el tiempo y actualmente son mu-
chos los poetas que continuamos escribiendo y publicando obras
diversas.
Un escritor muy importante es José Francisco Ortiz (1944),
autor de libros como El amanuense (1979) en el que se destaca la
escritura cuidada, la prosa densa, clara y sobria; El resplandor
(1996); un libro de ensayo, El hacedor y la fragua (1976); Diálo-
gos (1996); La realidad Tangencial de la comunicación (1995).
Ha publicado varios libros de poesía: Bajo esta soledad (1979),
Légamos (1985), Cantares (1986), Poemas del mediodía
(1990), Musgos de nuestras aldeas (2002) y el más reciente, Vo-
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BOSCÁN DE LOMBARDI, Lilia

cales de Ceniza (2005). José Francisco Ortiz escucha los llamados


incesantes de la memoria y transmite sentimientos, angustias y
nostalgias con la eficiencia del lenguaje poético.
Otro destacado escritor es Camilo Balza Donatti, autor de nu-
merosas obras de distintos géneros: narrativa, poesía y ensayo. En
uno de sus libros de poesía, Trópicos, el poeta descubre el mundo y
lo recrea; penetra en las profundidades del ser entabla un diálogo
consigo mismo y con la naturaleza que lo rodea. Alexis Fernández
(1951) es narrador y poeta de fecunda imaginación y voz caudalo-
sa y apasionada que se ha propuesto rastrear los orígenes, llegar al
punto más lejano para encontrar el rostro desdibujado del pasado;
se ha propuesto reunir fragmentos de leyendas y mitos para cons-
truir un universo de imaginación y poesía y explicar el misterio de
la creación. Como un cronista, quiere recuperar las raíces de los
pueblos del origen, para reconocerse y afirmar la propia identidad.
Alexis es el cantor del imaginario popular y de la naturaleza para-
disíaca del sur del Lago de Maracaibo, con sus aguas maternales y
la vegetación lujuriosa, ilimitada, ancestral. Ha publicado libros de
relatos como Estrafalarios (1975), Días de gracia (1985), la no-
vela Turbio fontanero (1992), y los libros de poesía Linaje del
sur (1997), Costa lejana (2000), Árbol de sombra (2003) y Cali-
grafías de agua (2005) que contiene los tres libros de poesía ya
mencionados. Alexis Fernández es el artífice de un universo poéti-
co de naturaleza vibrante, poderosa, envolvente, espacio mágico,
donde los hombres crecen con la luz de amaneceres, pueblan la tie-
rra y construyen casas de madera, casas de eternidad, para vencer
el tiempo y el olvido. Hay otros escritores zulianos que participa-
mos activamente en el quehacer literario actual, como Jacqueline
Goldberg, Carlos Pérez, Cósimo Mandrillo, Camilo Balza Donatti,
Solange Rincón, Jorge Luis Mena, Alberto Quero, Carlos de la
Cruz y mi persona, entre otros. La vida intelectual zuliana continua
siendo intensa y productiva. Desde las universidades se promue-
ven eventos, foros, seminarios, que son espacio para el encuentro y
el diálogo y para el intercambio fecundo de experiencias y conoci-
mientos. No se podría hablar de una tendencia o de algún estilo do-
minante. Cada escritor expresa de manera única y personal su

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IDENTIDAD Y LITERATURA VENEZOLANA

mundo interior y los temas que le obsesionan, así como su particu-


lar visión del mundo desde su espacio geográfico, desde su enclave
socio-político y desde su ideología y sensibilidad muy particular.
EL escritor es un ser social inmerso en los problemas de su época y
aunque formamos parte de una humanidad asustada por el deterio-
ro ambiental, por la amenaza de una guerra nuclear, por los desas-
tres naturales, la cultura sigue siendo la única alternativa para la
vida y la civilización. Lo que verdaderamente identifica a los pue-
blos es su cultura. Abiertos al mundo y a todas las vanguardias, no
se puede, sin embargo, dejar de oír el llamado de la memoria, no se
puede prescindir de los aportes culturales de una larga tradición
histórica que nos identifica como pueblo, o de una nación; es una
manera de Ser, de pensar, y de actuar y se expresa a diversos nive-
les antropológicos, psicológicos y culturales. En términos históri-
cos es la dinámica de la evolución de un pueblo, que va “siendo”;
un pueblo se hace “haciéndose” y al final lo que queda es la cultu-
ra, que aunque es particular y expresa la realidad y las característi-
cas de una región, sin embargo, también es universal. La necesidad
de expresarse, el impulso creativo, el arte y la poesía, existirán
siempre como expresión segura y cierto de que los seres humanos
somos fundamentalmente cultura.

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