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Monarquía Visigoda y Al Ándalus

La monarquía visigoda tenía un poder casi absoluto y era electiva en lugar de hereditaria, lo que generaba inestabilidad. Los reyes Leovigildo y Recaredo unificaron territorial, políticamente, religiosa y jurídicamente el reino. Las disputas entre la nobleza debilitaron el reino y llevaron a la invasión musulmana en el 711.

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Monarquía Visigoda y Al Ándalus

La monarquía visigoda tenía un poder casi absoluto y era electiva en lugar de hereditaria, lo que generaba inestabilidad. Los reyes Leovigildo y Recaredo unificaron territorial, políticamente, religiosa y jurídicamente el reino. Las disputas entre la nobleza debilitaron el reino y llevaron a la invasión musulmana en el 711.

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Grupo 2

-Características de la monarquía visigoda.


A partir del s. III, coincidiendo con la crisis del Imperio Romano, se producen
invasiones de pueblos germanos. Los visigodos, un pueblo de las estepas de Asia central,
penetran en Hispania a comienzos del s. V, poco después de que lo hicieran suevos,
vándalos y alanos. Los visigodos, como aliados del imperio romano, logran expulsar a los
alanos y vándalos de la Bética. Pero la Península será territorio de los visigodos solo
después de la caída del Imperio romano de Occidente (476) y la derrota ante los francos.
El nuevo reino visigodo en la Península tendrá como capital la ciudad de Toledo.
El monarca ejercía un poder casi absoluto y tenía un carácter electivo y no
hereditario, lo que generaba constante inestabilidad por intrigas y luchas por el poder. El
rey gobernaba con la ayuda del Officium Palatinum en el que intervenían dos órganos de
gestión: el Aula Regia (formada por altos funcionarios, aristócratas y clérigos que
asesoraban al rey en asuntos administrativos, militares y judiciales) y los Concilios de
Toledo, que eran asambleas formadas por obispos, rey y nobles, que se encargaban de
tareas legislativas y asuntos de gobierno.
La monarquía visigoda construyó su dominio sobre las tierras peninsulares a partir
de un proceso de unificación territorial, político, religioso y jurídico.
Los monarcas Leovigildo y su hijo Recaredo consiguieron dominar a vascones,
cántabros, expulsar a los suevos y conquistar territorios a los bizantinos.
La unificación cultural-religiosa se hizo a través de la conversión al catolicismo en el
reinado de Recaredo, o el fomento de matrimonios mixtos (población romana y visigoda)
en época de Leovigildo. La Iglesia alcanzó un gran poder religioso y político. El rey
visigodo será el jefe de la Iglesia que designa a los obispos y convoca concilios.
El rey Recesvinto promovió una única ley para ambos pueblos: el Fuero Juzgo, que
supuso la unificación jurídico-administrativa.
Las disputas entre los nobles visigodos acabaron con el reino. Muerto el rey Witiza
sus apoyos quisieron transmitir la corona a su hijo; pero la facción rival se impuso y colocó
al frente del reino a Don Rodrigo. Los witizanos llamaron en su ayuda a los musulmanes.
En el año 711 un ejército de bereberes procedentes del norte de África derrotó a las tropas
leales a Rodrigo en Guadalete, iniciándose la invasión musulmana de la península.

-Explica las causas de la invasión musulmana y de su rápida ocupación de la


Península.

Durante el califato del Omeya Alwalid se produjo la segunda ola de la expansión


territorial del Islam. En el occidente el poder islámico ya se había asentado sólidamente en
el norte de África, donde el cargo de gobernador recayó en el árabe Musa ibn Nusayr.
En la otra orilla del Mediterráneo, la situación del Estado visigodo de Hispania era
decadente. Los signos de descomposición eran claros: crisis política y debilidad de
la monarquía, corrupción de la aristocracia separada de las clases populares, luchas por el
trono, querellas internas y malestar social, regresión económica y disensiones doctrinales
entre el catolicismo oficial y el arrianismo extendido entre el pueblo.
Esta situación de fragilidad del poder y de descontento por parte de algunos sectores
sociales hispanos fue aprovechada por el Estado islámico, que se hallaba en plena fase de
expansión territorial y al que se acababa de incorporar la población norteafricana. Tras
unas expediciones de tanteo en 709-710, el año 711 el ejército bereber musulmán cruzó el
estrecho de Gibraltar y se apoderó de Algeciras. Tras vencer al rey Rodrigo en el río
Barbate, el lugarteniente de Musa, Tariq siguió avanzando en la conquista y la propia
capital del reino visigodo, Toledo, se le entregó. El año 712 Musa llegó también a la
Península Ibérica con un ejército formado por árabes en su mayoría que abrió otro frente
de conquista hasta reunirse y, desde Toledo, ambos ejércitos se dirigieron a conquistar el
valle del Ebro. Zaragoza cayó en 714 y la expansión continuó hacia el norte. La conquista
y organización de la nueva provincia se completó con el hijo de Musa, Abdelaziz,
nombrado gobernador de Al- Ándalus cuando su padre fue a rendir cuentas de la
conquista ante el califa de Damasco. En cinco años los musulmanes conquistaron
prácticamente toda la Península Ibérica. Fue una ocupación rápida y fácil, sin apenas
resistencia porque los musulmanes respetaban la preeminencia social de los visigodos, y
les dejaban mantener su religión y sus bienes patrimoniales a cambio de tributos y de
someterse a su autoridad.
Cabe destacar también la sencillez y funcionalidad de la religión musulmana y su
parecido doctrinal con la versión arriana del cristianismo y las ventajas de pertenecer a un
sistema de gran desarrollo y fortaleza en todos los aspectos (económico, político, cultural,
etc.) como era el islam en la Alta Edad Media.
Hispania quedó incluida dentro del Imperio islámico con el nombre de al-Ándalus y
se convirtió en una provincia o emirato musulmán dependiente del califato omeya de
Damasco. Solo las regiones montañosas de las zonas cantábrica y pirenaica quedaron
fuera del control de los musulmanes.

-Describe la evolución política de Al Ándalus. Fases

de la evolución política de al-Ándalus:

-Emirato dependiente (711-756). Desde la conquista de 711, la nueva provincia del


Imperio islámico en la Península Ibérica, que recibió el nombre de al-Andalus, quedó al
mando de un gobernador (walí) delegado del gobernador del Magreb que, a su vez, ejercía
el poder por delegación del califa de Damasco. Este periodo de los gobernadores estuvo
marcado por la rivalidad entre los clanes árabes y los intentos de expansión más allá de
los Pirineos.

-Emirato independiente (756-929). En 756, Abderrahmán I, único superviviente de


los Omeyas destituidos y aniquilados en Oriente por la nueva dinastía califal, la Abbasí, se
instaló en Córdoba con el título de emir.
Ese emirato omeya, independiente del califa Abbasí de Bagdad, duró más de siglo y
medio durante el cual se profundizó en la islamización y arabización de la población
andalusí. Los emires debieron hacer frente a diversas revueltas internas,
fundamentalmente en las Marcas o zonas fronterizas, y a la presión de los reinos cristianos
que desde el norte peninsular iban ganando terreno.

-Califato omeya de Córdoba (929-1031). Abderrahmán III se proclamaría califa en


Córdoba en 929, restaurando la autoridad omeya dentro y fuera de sus fronteras e
iniciando la etapa más floreciente del islam andalusí. Pero con el tercer califa el poder
efectivo cayó en manos de su mayordomo Almanzor, quien ejerció una dictadura personal
durante la cual la actividad militar contra los reinos cristianos fue muy
intensa. La dictadura continuó con sus hijos hasta 1009, cuando en el califato andalusí
comenzó una guerra civil que llevaría a su caída y desmembración en diversos reinos de
taifas independientes gobernados por linajes árabes, bereberes, muladíes o eslavos, todos
enfrentados entre sí.

-Reinos de Taifas (1031-1086). La desintegración del califato provocó la formación


de pequeños Estados independientes llamados taifas. Estos comenzaron a enfrentarse
entre sí lo cual fue aprovechado por los reinos cristianos para imponerles tributos y
avanzar en su conquista. Este periodo es uno de los más brillantes culturalmente, pero su
debilidad política y sus enfrentamientos marcan el inicio de la decadencia de la presencia
musulmana en la península.

-Dinastías norteafricanas (1086-1237). En ayuda del islam andalusí llegaron desde el


Magreb los Almorávides en 1086 quienes, ante la desunión de los reyes de taifas, los
destituyeron y anexionaron a su Imperio. A mediados del siglo XII fueron sustituidos en el
control de sus territorios magrebíes y andalusíes por otro grupo del mismo origen, los
Almohades. Estos en 1146 enviaron sus tropas para frenar a los cristianos, pero en 1212
fueron derrotados por los cristianos, cuyo avance territorial era ya imparable.

-Reino nazarí de Granada (1237-1492). A inicios del siglo XIII la autoridad política de
los almohades era débil y a mediados de siglo al-Ándalus quedó reducido al reino nazarí
de Granada. Este se mantuvo como reino islámico durante más de dos siglos, aunque
tributario del rey castellano, hasta acabar siendo anexionado al reino cristiano de los
Reyes Católicos en 1492 cuando éstos pactaron con el rey Boabdil la rendición de
Granada.

-Resume los cambios económicos, sociales y culturales introducidos por los


musulmanes en Al Ándalus.

La unificación de los habitantes del territorio islámico siguió dos procesos: la


islamización y la arabización. Ambos fueron progresivos pero muy intensos y extensos. La
adopción de la lengua árabe afectó también a los no-musulmanes, de forma que toda la
población andalusí hablaba árabe y todos participaron de la cultura araboislámica.
La actividad económica predominante el al-Ándalus fue la agrícola. Impulsaron los
cereales, la vid y el olivo. Perfeccionaron los sistemas de regadío (acequias y norias) e
introdujeron arroz, cítricos, algodón, azafrán… Destacó la apicultura y en ganadería la
oveja y el caballo.
La ciudad vivió una revitalización y la economía urbana basada en la artesanía y el
comercio fueron claves. Prosperó la producción de tejidos de seda o lino, el trabajo del
cuero, la fabricación de cerámica y vidrio… El comercio, favorecido por la acuñación de
moneda, fue muy importante gracias a una extensa red urbana y a un eficaz sistema de
comunicaciones. Se exportaban productos de lujo y agrarios y se importaban materias
primas, armas y esclavos.

La sociedad andalusí fue urbana; los musulmanes fundaron nuevas ciudades como
Madrid y Guadalajara. Estas se organizaban alrededor de la medina y en ella se ubicaban
la mezquita, la alcazaba (recinto fortificado) y el zoco (mercado). La sociedad estaba
encabezada por una aristocracia árabe o hispanovisigoda (paulatinamente islamizada),
que poseía las mejores tierras y ocupaba cargos públicos. Debajo de ellos estaban los
guerreros, agricultores, artesanos, comerciantes... formado por bereberes, muladíes,
cristianos (mozárabes) y judíos. Les
seguían los libertos (esclavos que habían conseguido su libertad al convertirse al
islam) y los esclavos (de origen africano o eslavo).

En el campo científico destacaron Maimónides y Averroes y se


desarrollaron la astronomía, las matemáticas, la medicina.... Los musulmanes
actuaron como transmisores de conocimientos, sobre todo del mundo helenístico
y del Oriente: destacó Avempace o Averroes, redescubridor de Aristóteles.
Córdoba fue uno de los focos más activos culturalmente del mundo islámico. La
Península Ibérica fue, precisamente, el puente que trasvasó esos grandes
avances intelectuales y científicos a Europa occidental.
Nuestro léxico conserva muchas palabras de origen árabe. El arte, fue una
mezcla del islámico y de las tradiciones romana y visigoda: destacan la Mezquita
de Córdoba, la Alhambra de Granada y la Aljafería de Zaragoza.

-Explica el origen de los reinos cristianos y su organización política.

El dominio musulmán no se extendió a la totalidad de la Península. Las


tierras situadas al norte del Duero y zonas pirenaicas no fueron ocupadas por
tropas islámicas y aunque tuvieron que pagar tributos, el control fue casi
inexistente, sobre todo en la zona Cantábrica. A partir de esta situación se
configurarán los primeros reinos cristianos. Los habitantes de la Cordillera
Cantábrica se terminaron mezclando con los grupos de hispano-visigodos que
huyeron del territorio dominado por los musulmanes y en el año 722, el noble
visigodo Pelayo, derrotó a los musulmanes en la batalla de Covadonga. Este
hecho se considera el inicio de la conquista cristiana frente a al-Ándalus. Los
sucesores de Pelayo consolidaron el dominio sobre la zona y con Alfonso II se
expandirá el reino hacia Galicia y a parte de la actual Vizcaya, trasladando la
capital a Oviedo. En esa época aparecía el mito de Santiago. En el siglo X, tras
haber ocupado en el siglo IX la zona hasta el valle del Duero, se trasladó la
capital a León, pasando a denominarse reino de León. Uno de los condados, el
condado de Castilla, fue adquiriendo una fuerte autonomía y en el año 927, con
Fernán González se independizó.
El emperador Carlomagno había establecido en los pirineos la Marca
Hispánica, una franja fortificada para protegerse de los musulmanes. A partir del
siglo IX, los territorios al sur de los Pirineos fueron adquiriendo mayor autonomía:
Aragón, Ribagorza, Sobrarbe, Barcelona, Girona, Besalú... El reino de Aragón se
gesta tras la muerte de Sancho III el Mayor de Navarra (en 1035) cuando su hijo
Ramiro hereda el condado de Aragón y lo amplia con las posesiones de
Sobrarbe y Ribagorza.
La organización política de los reinos cristianos medievales en la península
se basaba en tres instituciones: la monarquía, las Cortes y los municipios.
El monarca ejercía el poder supremo y el reino se consideraba su
patrimonio, aunque su poder estaba limitado por la autonomía de los señoríos y
los privilegios de nobleza e Iglesia. En la Corona de Castilla tuvo un carácter más
autoritario y menos feudal y en la de Aragón más pactista.
Entre los s. XII y XIII surgieron las Cortes, en las que se reunían los tres
brazos (nobleza, Iglesia y ciudades) convocados por el rey. Las cortes
castellanas tuvieron un carácter consultivo y de aprobación de subsidios. En
Aragón las cortes tenían una función legislativa y votaban los impuestos.
Los municipios gozaban de cierta autonomía y recaían en manos de la
oligarquía urbana: regidores y corregidores en el caso de la Corona de Castilla y
en el de la de Aragón un cabildo de jurados presididos por un justicia o alcalde
nombrados por el rey; en Cataluña el municipio era gobernado por unos
magistrados locales.

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