MINISTERIO DE LA MUJER
La mujer cristiana y su ministerio en la iglesia
Consideremos
onsideremos el testimonio bíblico, sobre la participación de las mujeres en el ministerio.
En el Antiguo Testamento, se nota que Dios habla directamente con Eva (no a través de Adán), en Gén.
3:13.
Hay tres profetisas nombradas: María, hermana de Moisés (Exo. 15:20), Hulda (2 Rey. 22:14) y Noadías,
(Neh. 6:14). Hay una profetisa jueza, Débora,
(Jue. 4: 5). Por el otro lado, no había sacerdoti
sacerdotisas
sas entre los judíos, a pesar de su presencia en los ritos
paganos.
Cristo da las pautas para una mejor comprensión del tema del valor y el papel de la mujer cristiana.
Jesús nunca se declara feminista. Nunca se declaró a favor de los derechos de la mujer, nunca intentó
cambiar el papel de la mujer en la sociedad. Sin embargo, sus hechos, la práctica de su vida, nos hablan
de las puertas abiertas del reino de Dios a todos los que no tenían una herencia en esta tierra. Entre los
desposeídos estaban los niños,, los enfermos, los pobres y, por supuesto, las mujeres. Como los demás
desposeídos, las mujeres eran completamente humanas, completamente personas. Rompiendo las
normas de su día, Jesús hablaba con las mujeres en lugares públicos; les enseñaba, las tocaba y las dejó
tocarle. En el caso de la mujer samaritana Jesús rechazó las normas referentes al sexo, a la raza y a lo
impuro. Ella era para la sociedad judía una mujer extranj era y perversa. Para Jesús era un individuo con
un inmenso valor.
Es interesante notar que en la historia bíblica se nos muestra a la mujer como la última frente a la cruz y
la primera en presenciar la Resurrección. Pero, esto no sólo habla de que Dios reivindica a la mujer al
darle este maravilloso doble privilegio, también nos habla de la gran responsabilidad que la mujer tiene
de servicio al Señor, llevando el mensaje de las Buenas Nuevas. El ángel en aquel hermoso amanecer de
la Resurrección, les dijo a las mujeres que buscaban el cuerpo del Señor Jesús: “Id, decid...” No podemos
quedarnos
edarnos sentadas por vergüenza o porque no sabemos cómo ir. La verdad es que cuando las hijas de
Dios se unen para servirle con sinceridad, las posibilidades de lo que se puede hacer, no tienen límite.
A fin de poder entender en qué consiste, o cómo se exp
expresa
resa el ministerio cristiano de la mujer, debemos
comenzar por definir la expresión ministerio.
Creo que ministerio significa servicio. En efecto, es la expresión del llamamiento dado por Dios a cada
creyente para servir; la capacitación para ejercer una ffunción determinada.
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Jesús fue ejemplo de servicio en palabra y en vida. El siempre enseñó que el que sirve es más
importante. No el que ejerce autoridad. Podemos decir que vemos en él mismo que tenía toda la
autoridad y poder, la verdadera práctica del ser
servicio.
vicio. Cristo desechó la corona por la toalla y el lavatorio.
En el vocabulario bíblico existen varias expresiones para referirse a la palabra servicio. Miremos a las
expresiones del griego original y nos encontraremos con dos básicamente. Estas son: leitourgia y
diakonia. La primera fue una palabra común usada para designar al servicio que un sacerdote o un
sirviente prestaba en un templo. La segunda palabra se refiere, específicamente, a servicio o ministerio.
En efecto, el Nuevo Testamento cuando se refi refiere
ere al ministerio de los seguidores de Cristo utiliza la
expresión diakoneo, diakonia, diakonos (servir, servicio, servidor). Pablo y los otros apóstoles usan este
mismo término que usó el Señor Jesús al describir su trabajo y el de los otros miembros de la l
comunidad. Aunque también al hablar de servicio, emplean una palabra aún más fuerte (doulos- (doulos
esclavo). El seguidor de Cristo está al servicio de los otros cristianos y de la comunidad toda.
“El fin del servicio cristiano, entonces, podemos decir es acerca
acercarr a la gente a Dios en la fe y la
obediencia, cumplir con el propósito de Dios en el mundo y glorificarle a él.” f7
Cuando hablamos así del servicio no podemos pensar en jerarquías o poder, o derechos sobre otros.
Cada creyente está llamado a servir según el don que ha recibido del Señor. Servimos a Dios cuando
servimos primeramente a la familia de la fe y también a la comunidad toda.
1. Reflexiones histórico-religiosas
religiosas
Quisiera hacer aquí algunas reflexiones histórico
histórico-religiosas
religiosas de la presencia de la mujer,
mujer especialmente
en Chile. Si bien es cierto que éstas serán directamente relacionadas con este país, no por eso dejarán
de reflejar el rol religioso que históricamente se le ha dado a la mujer en Latinoamérica.
Corría el año 1571 cuando llegaron a Chile la
lass primeras “religiosas”, fundándose el primer monasterio
femenino. Pero éste estaba lejos del centro de la Colonia. En efecto, las Clarisas realizaron sus
actividades en la austral ciudad de Osorno, situada a unos 800 kilómetros de Santiago. La Colonia
española
añola apenas tenía 30 años de existencia y su sobrevivencia todavía estaba en duda. No sólo estas
mujeres fueron marginadas del centro de la colonia
chilena, también la obra misionera femenina católica ha estado marginada de las páginas de la historia
católica
lica en Chile. Ni los más abundantes escritores de material histórico dedican líneas a ellas. El
conquistador, el sacerdote, el general, es de quienes se escribe en la historia.
Pero, había religiosas en Chile antes de la llegada de las españolas en 1571, por lo menos en el sentido
más amplio de la palabra. En efecto, en la historia precolonial se describen “los machis” de los
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araucanos, nuestro pueblo indígena por excelencia. En los libros de historia se dice que el machi,
personaje muy considerado y temid
temido,
o, puede ser un hombre, pero más frecuentemente es una mujer. Si
es un hombre se viste como mujer y lleva los cabellos y las uñas muy largas. Aun en estos tiempos la
autoridad religiosa para los araucanos es la machi: una mujer.
Visitando México, con motivo o de las reuniones de UFBAL recién pasadas, la delegación chilena tuvo la
ocasión de visitar la hermosa ciudad de Taxco. Entramos al hermoso templo cubierto de oro, frente a la
plaza. Nuestro guía nos contó la historia. En el año 1748 el templo fue constru
construido
ido por don José de la
Borda, un hombre muy rico de la época. Su hijo era sacerdote y su hija monja. En varios lugares
destacados del templo hay retratos de don José y su hijo, no hay ni uno solo de su hija monja.
Consultamos al guía por esto y nos dijo: ““Nunca
Nunca verán el retrato de una mujer monja en algún templo.
Las mujeres religiosas no eran retratadas.”
Quisiera compartir aquí una historia misionera que sucedió en Chile. Es graciosa, pero muestra algo del
falso concepto de incapacidad con que ha tenido q que
ue luchar la mujer históricamente. Esta anécdota le
sucedió a la muy querida y recordada hermana María de Moore, fundadora de nuestra revista La
Ventana. Su hija Ruth cuenta en su libro sobre la vida de su madre, cómo en el año 1925 los misioneros
Moore recibieron
cibieron dinero de sus familiares en los Estados Unidos de Norteamérica para comprar un auto.
Así, ellos llegaron a
ser los primeros misioneros en tener uno. Un día la hermana María manejaba el auto de vuelta de una
de sus visitas,
“cuando un policía del tránsito la detuvo y sin mucha cortesía le pidió los documentos. María se los
entregó. Revisándolos cuidadosamente el policía movía la cabeza en forma incrédula. En tono cortante
le ordenó acompañarle a la Comisaría... no era posible que una mujer tuviera documentos para
manejar; las mujeres no tenían ningún derecho de manejar autos... alguna equivocación había en todo
esto. María le acompañó silenciosamente”. f8
Siempre han existido los prejuicios hacia la mujer. Esta historia es graciosa, pero, es una muestra de lo
que la mujer misionera ha tenido que sufrir a través del tiempo, no sólo en el plano religioso, sino
también en el plano cotidiano.
2. Oportunidades de servicio para la mujer en la iglesia
Cuando pensamos en las oportunidades que tiene una mu mujer
jer para servir en la iglesia, generalmente
pensamos en ella haciendo cosas de tipo casi doméstico. La mujer puede ayudar a hacer el aseo, puede
preparar la comida cuando hay reuniones sociales —yy luego lavar la vajilla, por supuesto—,
supuesto también
puede enseñarr a los niños y a otras mujeres. Sin desmerecer ninguna de estas tareas, pues son muy
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útiles y necesarias, debemos pensar que el campo de servicio para la mujer en la iglesia es mucho más
amplio. Es lamentable reconocer que se ha llegado a pensar y sentir así; en algunos casos porque la
misma mujer se siente disminuida e incapacitada y otras veces es porque la iglesia no ofrece otras
oportunidades de servicio para las mujeres en la congregación.
No podemos dejar de reconocer que Dios nos ha dotado a todos, sin distinción de sexo, ni nivel cultural,
ni menos social, o de ningún otro tipo. A todos Dios nos dotó con talentos y dones que debemos usar en
su servicio. Cuando no lo hacemos, estamos perdiendo no sólo la oportunidad de servir a otros, pero
también estamos
tamos perdiendo bendiciones para nuestra propia vida.
Debemos considerar todo el ministerio de la iglesia como servicio y todo el servicio cristiano como
ministerio.
Así pensadas las cosas, no debiera haber diferencia alguna entre el campo de acción abierto
abiert a la mujer y
el del hombre.
Vuelvo a citar a Catalina F. de Padilla en su ponencia “El Ministerio de la Mujer en la Iglesia”, presentada
en la consulta celebrada en Santa Cruz, Bolivia, en agosto de 1990. Esta consulta de la Asociación de
Seminarios e Instituciones
stituciones Teológicas (ASIT), estuvo dedicada al tema: “La mujer en la Educación
Teológica y en la Iglesia.” Ella dijo:
“La iglesia que reconoce los dones del Espíritu Santo en la vida de sus mujeres no debe tener problema
en reconocer también su área de ministerio en la iglesia. Lo que corresponde a la iglesia es proveer el
ambiente en que hombres y mujeres, juntos, puedan servir al Señor en el poder del Espíritu Santo.”
Quisiera que aquí nos detuviéramos a estudiar juntas, algunas maneras en las que la mujer
m puede servir
en su iglesia local. Es verdad que la iglesia ofrece oportunidades, pero si no las hay podemos crearlas.
Siempre habrá una
necesidad para ser satisfecha, siempre habrá un grupo no alcanzado al que se puede ministrar.
No deja de ser importante
ante el que debemos reconocer que la gran mayoría de los ministerios en las
iglesias son ejercidos en forma voluntaria, sólo por el profundo deseo de servir al Señor sirviendo al
prójimo. Precisamente, por ser éste el deseo del corazón del que sirve, siemp
siempre
re debe hacerse en forma
responsable y dando de lo mejor de uno mismo.
En la mayoría de las iglesias, las mujeres constituyen el número mayor de voluntarios. Se presentan de
tres maneras: las que se ofrecen, las que son reclutadas en forma informal y las q
que
ue son solicitadas para
hacer algo.
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En la primera situación se encuentra aquella hermana que se ofrece por su propia iniciativa, para alguna
tarea específica. Ella estará muy motivada y consciente de la necesidad que hay que satisfacer. Esta
hermana debieraa estar en todas las iglesias. Esta es la hermana que considera esta oportunidad como un
ministerio al Señor.
Debemos considerar todo el ministerio de la iglesia como
servicio y todo el servicio cristiano como ministerio.
Estas responsabilidades nuevas que se adquieren, deben traer aparej ado el reconocimiento de la
iglesia. Por supuesto, comprendemos el hecho de que no estamos buscando el reconocimiento de los
demás, pero la Biblia nos enseña que debemos darle la honra al que la merece. Es importante que nos
n
estimulemos los unos a los otros a las buenas obras.
La sociedad moderna ha traído con su desarrollo nuevas necesidades. La vida se ha complicado mucho
más, hay problemas emocionales y sociales. Hay abuso de drogas y alcoholismo. Han aumentado las
desviaciones
aciones sexuales. La independencia de la mujer ha traído como consecuencia, en algunos casos, el
divorcio y los hogares destruidos. La ciencia médica ha avanzado de tal manera que hay más ancianos,
pues estos logran vivir más tiempo. También hay más pobres
pobres.
Nosotras las mujeres cristianas debemos ver estas necesidades como un campo blanco para la siega.
Estas son nuevas oportunidades para emprender nuevos ministerios en el nombre de nuestro Señor
Jesucristo.
Veamos algunos ministerios que la mujer puede des
desarrollar
arrollar a través de la iglesia local.
a. Ministerio al adulto mayor.
La población en el mundo entero está viviendo más años y esto va en aumento cada vez.
Algunas sugerencias de actividades con el adulto mayor que quizás está viviendo en sus propios hogares
hogar
o con algún familiar:
(1) Visítelos. Esto debe ser regular, no lo defraude prometiéndole visitas que después no cumpla. El
adulto mayor generalmente sufre de soledad; quizás puede organizar grupos de niños de la iglesia que
vayan a una Casa de Reposo, o a u una
na casa particular y visitar llevando canciones y juegos. O los jóvenes
les pueden ayudar en algunas tareas domésticas como sacar basura, o maleza de los jardines, o pintar
alguna pared. Si el adulto mayor se encuentra en una institución se le puede llevar obsequios, como
artículos de tocador, golosinas, etc. También organizar estudios bíblicos, o tardes de canto. Celebrar
cumpleaños u otro acontecimiento importante.
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(2) Adopte a un adulto mayor. Si usted tiene hijos pequeños, ellos siempre serán beneficiados con
c un
abuelito más. Por supuesto, usted podrá realizar pequeños o grandes favores que le ayudarán a llevar
una vida más digna.
(3) Ayúdele a practicar un pasatiempo. Lo que más necesita un adulto mayor es sentirse útil. Déle esta
oportunidad.
(4) Organice reuniones frecuentes en su templo para ellos. No sólo los que se congregan con ustedes,
pero también los vecinos del templo. La hermana Brunilda y la hermana Clara tuvieron esta visión.
Invitaron a los hermanos mayores de 50 años y también a todos los del vecindario. Desde la primera
reunión han tenido un grupo numeroso y entusiasta. Se juntan a estudiar la Biblia, pero también a
ministrarse mutuamente, hacer artesanías, en fin, a conocerse y disfrutar de la vida. Se reúnen cada 15
días, alrededor de una taza de té.
(5) Organice un coro de adultos mayores. Ellos disfrutarán los ensayos y podrán ir a las reuniones de
otras iglesias llevando el mensaje cantado.
(6) Organice paseos para ellos. Algunos hermanos que tengan movilización propia, o arrendando un
vehículo
hículo los pueden llevar a ver una obra de teatro, a escuchar un concierto, a visitar un museo o a
algún punto turístico.
(7) Cualquier otra idea que a usted se le ocurra.
b. Ministerios a los adultos que cuidan padres enfermos.
Un hijo que cuida de sus padres enfermos y mayores sufre de mucho estrés. Hay muchas cosas que ha
dejado de hacer por estar con ellos. La mujer cristiana siempre proyectará confianza, por lo que podría
ofrecerse una tarde al mes —oo con más frecuencia
frecuencia— para acompañar a los padres mientras el hijo hace
alguna diligencia o simplemente se toma la tarde libre.
c. Ministerio a las viudas.
Ministrar inmediatamente después de producida la pérdida de un ser querido es importante. Más aún,
es esencial. Pero las necesidades posteriores que sufre la viu
viuda,
da, la madre, el hijo, u otro familiar cercano
no pueden ser ignoradas. Muchos pasajes en la Biblia nos animan a preocuparnos por esta necesidad. La
viuda, especialmente, necesita con el paso del tiempo de apoyo y comprensión. ¡Quién mejor que otra
mujer para
ara ministrar a esta necesidad! Aquí también no podemos dejar de mencionar cuánto ayudará a
una hermana que es viuda desde hace algún tiempo, el participar de este ministerio. Podrá transmitir su
experiencia a otros y también le servirá a ella misma como tterapia.
erapia. Es importante que reconozcamos
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esta necesidad, no sólo para ayudar a las viudas de la iglesia. También nos debemos a aquellas que, por
uno u otro medio, llega a nuestro conocimiento la situación por la que están pasando. Si algunas
hermanas sienten que el Señor las llama a un ministerio como éste, busquen maneras para hacer
contacto con algunas mujeres viudas. Aprendan de sus necesidades, mantengan un grupo de apoyo para
ellas, enséñenles a orar y a ser personas dependientes del Señor.
d. Ministerio a los enfermos.
Las mujeres tenemos una sensibilidad muy especial hacia las necesidades del que sufre.
Aprovechémosla para la gloria del Señor. La mujer cristiana puede tomar este ministerio en forma
personal, pero también como un grupo organizado dentro de la iglesia, ayudando al pastor en esta
labor. Con mayor razón cuando no hay pastor se necesita de hermanos que visiten a los enfermos.
Algunas sugerencias que considerar cuando se participa de este ministerio específico a los enfermos
pueden ser:
(1) Pida al pastor o encargado que le mantenga informado de los enfermos en su congregación.
(2) Si alguien va a ser operado, procure estar presente en el hospital junto con la familia, durante
las tensas horas de espera de los resultados de la cirugía.
(3) Si es la madre quien está enferma, lleve comida al visitarle, procure ayudarles en los quehaceres
de la casa. Atienda a los niños, planche ropa, etc.
(4) Si visita a una madre que acaba de dar a luz, y esta ya tiene otros hijos, no olvide reconocer
especialmente a los hermanos os mayores.
(5) Mantenga un interés constante por el enfermo, mantenga informado a su pastor o encargado
del estado de salud de la persona.
(6) Promueva cadenas de oración u otro ministerio de intercesión por los enfermos.
e. Ministerio a los enfermos de SIDA.
Este ess un ministerio que ha surgido en los últimos años debido a la aparición de esta enfermedad. Los
cristianos tenemos mucho que aportar para ayudar a las personas que están pasando por esta crisis. Al
ministrarlos no debemos olvidar a sus familiares. En Chil
Chile,
e, un grupo de hermanas consiguió autorización
en la cárcel pública para visitar a los enfermos de SIDA, pues ellos están separados del resto de la
población penal. Gracias a ellas algunos de los internos han conocido al Señor como Salvador en sus
últimos días de vida. Las hermanas, por supuesto, han sido las más bendecidas. Ellas tuvieron que
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vencer prejuicios, pero lo que lograron fue aún superior. Este es un campo blanco para la siega; hay
mucho que hacer con estos enfermos.
f. Ministerio a los divorciados y sus hijos.
Ahora que la realidad del divorcio va en aumento cada día en nuestra sociedad, y aun en la comunidad
cristiana, es necesario preocuparse por las necesidades de este grupo de personas. Más allá de los
argumentos teológicos y de encontrar culpab
culpables,
les, estas personas necesitan ser atendidas con
misericordia y amor. Hay muchas maneras como se puede atender a las necesidades de este grupo de
personas. Quizá a través de seminarios o talleres para ayudarles en los cambios por los que están
pasando. Quizáá cuidar a los hijos, si los hay, por una tarde, para que ellos puedan realizar diligencias, o
tan sólo tener un tiempo libre.
g. Ministerio de ayuda a los niños con sus trabajos escolares.
Muchas veces los padres no tienen tiempo para ayudar a sus hijos, per
peroo quizás en su iglesia se pueda
apartar una tarde a la semana para que los niños vayan al templo y resuelvan sus tareas escolares,
apoyados por mujeres de la congregación.
h. Ministerio a estudiantes que no viven con sus padres.
Muchos jóvenes deben salir de sus pueblos o ciudades pequeñas para seguir estudios superiores. Ellos
siempre podrán disfrutar de una comida casera, o tan sólo gozar de un programa de televisión en
familia. Quizás se les pueda ayudar lavándoles la ropa o mostrándoles la ciudad. Hay muchas
much maneras
en que se puede ayudar a un joven que sale por primera vez de la casa de sus padres.
i. Ministerio a la mujer que sufre de violencia familiar.
Esta es quizás, una de las necesidades en que mayormente una mujer puede ministrar a otra. La mujer
que sufre
ufre de violencia física está avergonzada y muy sola. Necesita a alguien en quien confiar. Según
unas últimas estadísticas de Chile, sólo el 40,3% de la población femenina de esta país no ha sufrido
alguna forma de violencia. El restante 59,7% sufre de vioviolencia:
lencia: 26,2% violencia física y 33,5% violencia
psicológica. Con estas mismas estadísticas se descubrió que las mujeres buscan ayuda en su iglesia en
tercer lugar, aún antes de llegar a la policía. Los dos grupos que son anteriores son los parientes, a
quienes
ienes acuden en primer lugar, y los amigos o vecinos a quienes acuden en segundo lugar. Hay mucho
por hacer con estas mujeres y sus grupos familiares. La coordinadora nacional del departamento de
violencia familiar en Chile, dice: “Los evangélicos son quie
quienes
nes más pueden ayudar al Estado frente a esta
realidad, pues las mujeres tienen mucha confianza en ellos.” Podemos agregar: ¡No desperdiciemos esta
hermosa oportunidad!
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j. Ministerio a las madres solteras.
Las mujeres que se encuentran en esta situación, especialmente cuando están embarazadas, sufren
mucho. Tienen sentimientos de culpabilidad, de rechazo, de inseguridad, etc. Quizás se pueden crear
hogares para la madre soltera, mientras espera la llegada de su hijo. Quizás se puede ministrar a ellas
proveyendo
yendo el ajuar para el bebé, o enseñándole a cuidar de su hijo. Pero, por sobre todo, se le debe
entregar amor y comprensión. ¡Cuan importante es que los niños lleguen al mundo amparados por el
amor de Cristo! No descuidemos la oportunidad de hacer una difdiferencia
erencia en la vida de estas mujeres
como en la de sus hijos.
k. Ministerio a los ciegos.
Existen muchas oportunidades en que la mujer cristiana puede ayudar a los ciegos. Quizás puede
escribir cartas o leerlas para ellos. Leerles la Biblia, revistas, etc. Pro
Proveerles
veerles de material en Braille.
Acompañarles a hacer diligencias, o hacerlas por ellos. Formar un club de ciegos en la iglesia, en el cual
se les provea no sólo la oportunidad de esparcimiento, sino también de conocer de la Palabra del Señor.
l. Ministerio a los sordos.
Una de las primeras cosas que necesita hacer una mujer cristiana que desea participar de este ministerio
es tener amor por las personas sordas. En segundo lugar, reconocer en ellos lo que son, personas
comunes y corrientes. Luego debe aprender el lenguaje de señas con las manos. Entonces estará
capacitada para comunicarse con ellos y ayudarles en sus necesidades; como por ejemplo servir de
intérprete en alguna diligencia, o cuando necesitan simplemente comunicarse con otra persona.
También pueden n traducir en forma simultánea los cultos y demás actividades de la iglesia.
m. Ministerio en las cárceles.
El Señor Jesús mismo nos habla de la importancia de este ministerio. No debemos descuidarlo. Hay
mucho que un grupo de mujeres cristianas puede hacer aall visitar una cárcel. Las secciones de mujeres
así como las cárceles de menores ofrecen muchas posibilidades en este sentido. Recuerde llevar el
mensaje de salvación por medio de Jesucristo, alguna golosina y, por sobre todo, de ninguna manera
lleve un espíritu
íritu crítico hacia la situación de la persona encarcelada.
n. Ministerio al analfabeto.
A pesar de los avances de nuestro mundo moderno, aún hay personas que no pueden gozar de los
beneficios de la página impresa. Primero que nada, se debe establecer la nece
necesidad
sidad de un programa de
esta naturaleza. En segundo lugar, identificar a las hermanas que tengan la disposición para emprender
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una tarea como ésta. En tercer lugar, hay que definir la estrategia por usar. Los materiales que se usarán
son muy importantes. Noo perdamos la oportunidad de abrir los ojos de las personas que no gozan del
placer de leer.
o. Ministerio de alimentación a los indigentes.
Si en el lugar donde usted vive hay pobreza extrema, algo muy común en muchos de nuestros países,
seguramente puede iniciar
iciar un ministerio para
ayudar a estas personas. Muchas veces no tienen qué comer, y desean tener la posibilidad de tomar un
caldo caliente o tan sólo un café caliente. Todas las mujeres sabemos cocinar, quizás se pudiera usar el
templo para preparar una comida una vez por semana, o aun con más frecuencia, para que estas
personas puedan venir y servirse.
p. Ministerio a las madres de preescolares.
Una mujer joven que tiene hijos en edad preescolar necesita de vez en cuando, tener un tiempo para
ella. Algunos días sólo hablan lenguaje de bebés por 24 horas, y necesitan tener un tiempo solas o
simplemente para descansar. Esta es una hermosa oportunidad que pueden realizar las mujeres de una
iglesia. Pueden ofrecer sus servicios una vez a la semana —un viernes porr la mañana, por ejemplo—
ejemplo o
con más frecuencia y tener un buen programa de cuidado para niños preescolares, en donde sus madres
sientan la confianza de dejarlos por algunas horas, y puedan así disponer de un tiempo para realizar
actividades que sean edificantes
antes para ellas. Este ministerio puede ser abierto a la comunidad, y seguro
que significará bendición para la iglesia toda.
q. Cualquier otro ministerio que usted pueda pensar.
Las mujeres hemos sido bendecidas por Dios con nuestra capacidad creativa. No la perdamos. Seguro
que usted puede pensar en algún ministerio que quizás no he nombrado y en el que se sienta cómoda
realizándolo.
Entonces, manos a la obra.
¿Ha tocado Dios su corazón con las necesidades especiales de un grupo determinado dentro de su
iglesia?
ia? Ore mucho, y pídale al Señor que le muestre cómo él puede usarle para satisfacer esas
necesidades.
Hay una verdad que no podemos desconocer. Cuando Dios llama, él capacita. No tenga temor de
enfrentar un ministerio nuevo para su iglesia o aun para uste
usted.
d. Por cierto que no será fácil, pero las
recompensas serán sin límites.
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Nosotros somos el instrumento de Dios para
traer bendición al mundo. No desperdiciemos la
oportunidad de hacerlo realidad.
Ampliemos nuestra visión de servicio en la iglesia
donde nos congregamos. No perdamos la
oportunidad de servir a Dios, sirviendo a otros.
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