TEMA
LA NUEVA LEY PROCESAL DEL TRABAJO
¿AVANCE O RETROCESO?
INTRODUCCION
El presente trabajo constará de un análisis de La Nueva Ley Procesal del
Trabajo, refiriendo los pros y contras que pudo y puede tener la antes
mencionada ley. Se referirá los avances que se han tenido asimismo de haber
alguna deficiencia en la normativa se resaltará de manera suscinta explicando
los motivos que conllevaron a realizar tal aportación.
Se hará un recuento de los aspectos relevantes de la Nueva Ley Procesal del
Trabajo y su aporte en la resolución de conflictos del ámbito laboral. Por
ejemplo, con respecto a los procesos escritos donde hacía que el mismo dure
años y con la implementación de los procesos orales.
También por ejemplo la concentración de las partes al momento de
demandar a su empleador, esto es con el beneficio del abogado, pero genera
un aumento de la carga procesal y hace tedioso y largo el proceso, como las
audiencias que por tales motivos se programan para un año en adelante
debido a lo antes mencionado, el aumento de la carga procesal
LA NUEVA LEY PROCESAL DEL TRABAJO
¿AVANCE O RETROCESO?
El origen de la Nueva Ley Procesal del Trabajo, la Ley Nº 29497, se remonta al 07 de
febrero del 2008. En esa fecha el entonces ministro Mario Pasco Cosmópolis
constituyó un grupo de trabajo1 al cual encargó elaborar un anteproyecto de
nueva ley procesal que girase en torno a dos ejes: la oralidad y el uso intensivo de
la tecnología. Los siguientes ministros, Jorge Villasante Araníbar y Manuela García
Cochagne, apoyaron la idea y finalmente el Congreso, por unanimidad, aprobó la
ley que, casi en su integridad, correspondió al inicial trabajo plasmado en el
anteproyecto.
El grupo cumplió el encargo y presentó un anteproyecto de ley en el cual la
audiencia pasó a tener el peso gravitante como método de conocimiento y de
resolución de los conflictos. La idea que animó el diseño procedimental fue que la
audiencia se constituye en el momento estelar del proceso en tanto reúne al juez,
las partes, sus abogados y todo el material probatorio: todo y todos juntos a la vez
a fin de permitir el cabal conocimiento de la causa y la resolución inmediata del
conflicto.
Junto con esto se reguló la notificación electrónica, la base de datos de
jurisprudencia, la implementación de un sistema de cálculo de beneficios sociales,
la remisión de información de las planillas electrónicas y la posibilidad del
expediente electrónico.
Pero el anteproyecto de ley no sólo giró en torno a la oralidad y el uso intensivo de
la tecnología, sino que, sobre todo, se fundó en la idea -del Estado Constitucional
de Derecho- de acceso a la justicia. La idea, entonces, no era solo cómo diseñar un
proceso laboral que permita una justicia más rápida y mejor hecha, sino cómo
diseñar un proceso laboral que permita a más trabajadores, a más ciudadanos,
acceder a sus derechos. La preocupación central fue cómo hacer para que los
trabajadores, formales e informales, accedan al sistema jurídico y, con ello, a los
derechos que la Constitución y las leyes les reconocen.
Es así que la Nueva Ley Procesal del Trabajo está cruzada transversalmente por
diferentes elementos o instituciones que dan cuenta del acceso a la justicia como
una idea recurrente y obstinada. Es el caso, por ejemplo, de comprender en su
ámbito no sólo a lo laboral, sino también a las relaciones formativas,
cooperativistas y administrativas; la participación de los sindicatos; la atribución de
legitimación especial en los casos de discriminación en el acceso al empleo y
quebrantamiento a los prohibiciones de trabajo forzoso y trabajo infantil; la
instauración de los procesos colectivos, de grupo o de clase; el derecho a la
defensa pública a favor de la madre gestante, el menor de edad y la persona con
discapacidad; la presunción de laboralidad ante la existencia de cualquier
prestación personal de servicios; la amplitud de las medidas cautelares; la
ejecución de las resoluciones administrativas firmes que reconocen obligaciones a
favor de los trabajadores; el uso de formatos de demanda y la limitación de la
defensa cautiva; entre otros.
En ese contexto cabe preguntarse sobre las consecuencias que en la Nueva Ley
Procesal del Trabajo trae la regulación de los procesos ordinario y abreviado,
respecto de la procedencia de la acción de amparo en materia laboral. Dicho en
otras palabras, ¿los nuevos procesos laborales constituyen una vía procedimental
específica igualmente satisfactoria que determina la improcedencia del amparo en
materia laboral? El presente documento busca responder esta interrogante para lo
cual analiza con detenimiento el significado de la regla de residualidad contenida
en el inciso 2 del artículo 5 del Código Procesal Constitucional.
Actualmente es positivo el balance desde su entrada en vigencia del 15 de julio del
2010 ya que por el simple hecho de que introduzcas una reforma, como la
contenida en la Nueva Ley Procesal del Trabajo, ya es en sí misma un avance. Esto
implica un cambio de visión, una manera distinta de hacer las cosas. Eso no es fácil
ya que tienes todo un sistema de justicia que fue formado con una visión bastante
distinta, que es la visión del proceso escrito. El que cuentes con un nuevo sistema
que está basado en la idea de transmitir en argumento por escrito generaba una
serie de problemas de estructura de la formación misma del proceso que este
nuevo modelo rompe de manera radical, obligando a los abogados y a los jueces a
mirarlo desde otra perspectiva.
Por ejemplo: Un proceso judicial escrito se basa en un sistema de actos de
comunicación que supone que una parte escriba algo, el juez lo evalúe, lo notifique
a la otra parte, la otra parte responda también por escrito, el juez lo evalúe y
resuelva y también responda por escrito.
Todo ello implica que cada acto procesal no solamente tome mucho tiempo, sino
que todo el proceso resolutivo y de comunicación consuma mucho tiempo, lo que
termina convirtiéndose en un problema y en una característica sustancial de este
tipo de proceso. El resultado sería: Seis años de proceso y no necesariamente
porque el Poder Judicial sea lento, sino porque el proceso mismo se encuentra
estructurado de una manera tal que se llega a eso. Detrás de esto entonces hay
una serie de incentivos para que se formen colas. La estructura del proceso oral de
la “Nueva Ley Procesal del Trabajo” es totalmente opuesta. No se trata de un
proceso en el que “El proceso va a las partes”, sino que “Las partes van al proceso”.
Como están ya involucradas en él, todos los actos de comunicación son hechos de
manera directa o, excepcionalmente, por medios digitales. Eso ya es un cambio
estructural muy grande, que hace que el Juez cuente con una herramienta muy
potente que tiene que explotar.
Esa es probablemente la nueva etapa que viene. Habiéndose ya instaurado desde
hace 10 años esta nueva estructura del proceso, lo que toca ahora es seguir
haciendo un uso económico, racional, razonable y sobre todo muy efectivo del
proceso. Eso pone un reto a los jueces que es el de la gestión, y a los abogados el
de aprender a usar esos procesos.
Otro ejemplo sería: En un conflicto laboral, el incumplimiento de un empleador
afecta a muchas personas porque los actos de dirección en una empresa se
encuentran estructurados de esta manera: un jefe dando disposiciones y
decidiendo respecto de muchos trabajadores. Ello lleva a que una mala decisión o
un incumplimiento afecte a muchos trabajadores. Esos trabajadores podrían
plantear un solo reclamo; sin embargo, tienden a hacerlo de manera individual.
La ley sí permite hacerlo de manera concentrada, pero los abogados optan por
hacerlo de una manera individualizada. Ello probablemente por razones
económicas. Entonces se presentan dos problemas, una necesidad de que se
gestione mejor; y, por otro lado, que los abogados traten de sacarle partido a
aquello que dice en la norma. El balance de la nueva normativa es favorable, más
allá de que uno pueda advertir la existencia de gran carga procesal, lo concreto es
que, en términos de aplicación, los procesos son más cortos y los procesos de
decisión son muchísimo más concentrados. Es decir, en un proceso escrito llegar a
la decisión toma años; en un proceso oral llegar a la decisión toma horas, más allá
de que el proceso en su conjunto dure mucho. Esa es una diferencia que a veces
uno no puede advertir porque se pierde en el hecho de la excesiva carga judicial.
Esto quiere decir que en un proceso oral el proceso de toma de decisión es un
proceso que viene antecedido de algo que es fundamental:
1) El planteamiento de todas las argumentaciones.
2) El desarrollo de toda la actividad probatoria para convencer de la ocurrencia o
no de un hecho ocurren en una sola audiencia.
Luego de eso corresponde aplicar los mandatos de una norma jurídica para decidir,
o sea, sentencia. Todo el tiempo que normalmente toma un proceso judicial de
conocimiento y decisión ocurre en un solo acto.
Entonces puede que, en la práctica ocurre en la mayoría de juzgados donde hay
muchísima carga y por tanto las audiencias las programan para dentro de un año,
el proceso tome mucho tiempo, sin irnos muy lejos sería la ciudad de Chiclayo,
pero incluso esos procesos van a estar sujetos a un proceso de conocimiento y de
toma de decisión en un solo acto, porque esos casos se resolverán en una sola
audiencia.
¿SE DEBERÍA IMPLEMENTAR ALGUN ASPECTO EN LA NUEVA LEY
PROCESAL DEL TRABAJO?
Se puede producir muchos cambios normativos, pera esas acciones no cambiarán
el proceso. En sistemas jurídicos como el nuestro siempre se ha creído que los
cambios sociales se hacen a través de leyes. Los cambios sociales se hacen a través
de las personas, a través de actitudes. El proceso no escapa a eso, pues el proceso
judicial no va a ser mejor porque una regla te explique qué cosa hay que hacer con
las cuestiones probatorias de manera más claras. No se necesita algo como eso
para mejorarlo. A mi parecer creo que cuando una norma procedimental tiene
menos regulaciones y más espacios para que los jueces, guiados simplemente por
un principio de debido proceso y de equilibrio, den la solución a los problemas que
se le presente, es más eficaz. Creo que con eso basta. El gran problema de una
norma procesal no está en la ausencia de regulaciones, sino más bien en lo que se
hace (o puede hacer) con esa norma en el contexto en el cual se tiene que aplicar.
Existe una problemática; primero, porque la reforma procesal peruana ha sido una
reforma muy austera. No puede ser que un país como el nuestro, que tienen un
sistema laboral tan complejo, invierta la quinta parte de lo que invirtió Chile y lo
digo no porque se trate de Chile, sino porque los problemas de laborales de Chile
son menos complejos que los del Perú. Chile desde mi perspectiva tiene un sistema
de relaciones mucho más sencillo que el nuestro y no tiene el nivel de conflictividad
que tenemos. Sin embargo, el Perú tiene menos juzgados, hay historias que son
terribles, pero a la vez entrañables, jueces que con su propio dinero se han ido a
capacitar solos a Arica, por ejemplo. Hay que aplaudirlos, por supuesto, pero
también hay que llamar la atención del Estado, pues era este el que debió haber
costeado esa capacitación. Es muy importante que los jueces este capacitados.
Nuevamente, vuelvo al carácter instrumental del proceso. Si tú tienes un
instrumento y no tienes todas las competencias para usarlo, no vas sacarle el
máximo provecho, entonces el instrumento no va a mostrar todo su potencial, y lo
que tenemos es que no lo está mostrando justamente porque no se ha destinado
recursos para tener juzgados y tecnologías suficientes. Y lo más grave es que no se
han destinado recursos para capacitar a los jueces. Pero eso no es todo, los
abogados tampoco hacen mucho para capacitarse. El resultado de la estadística es
malísimo, incluso abogados que merecen el más absoluto respeto y que son muy
competentes, no se han capacitado en el manejo del nuevo proceso.
Se han producido procesos de implementación diferentes, sujetos a las condiciones
de cada uno de esos distritos judiciales. Por ejemplo, hay distritos en donde la
carga procesal es muy poca y donde, por tanto, el tiempo dedicado a los procesos
ha sido mayor y el proceso de adaptación muy sencillo. En cambio, hay lugares
donde la carga es mucho más grande y compleja y, por lo tanto, el nivel de
adaptación ha sido más complicado. En segundo lugar, hay distritos judiciales
donde los jueces han mostrado más disposición para capacitarse y conocer de este
proceso. Diría que hasta más entusiasmo. Esto influye notablemente en el manejo
del proceso, porque buena parte de lo que ocurre en el proceso depende de la
habilidad que tenga el juez para procesar lo que está ocurriendo en una misma
audiencia y de la habilidad que tengan los abogados para forzar el uso de las
herramientas que saben que el juez tiene. Entonces me es muy difícil hacer un
balance de cuál es mejor que otro. He visto casos que me han dejado sorprendido,
por lo grato, y otros en los que creo que no se ha estado está sacando todo el
provecho a esta Nueva Ley.
Al final, yo creo que lo que sí tiene de bueno esta ley es que revalora el carácter
instrumental del proceso. Mucha gente ha salido a decir que el carácter
instrumental es malo porque el proceso no es un instrumento. Yo creo que sí es un
instrumento y sirve para algo. La utilidad de este instrumento hace que el mismo
tenga valor o no. Si tú usas un instrumento solo por el hecho de usarlo no va a
tener ningún atractivo, y probablemente tu juicio este inclinado hacia lo crítico.
Pero cuando ese instrumento lo usas para algo relevante, el instrumento como
objeto de estudio se vuelve hasta algo fascinante. Si algo tiene de bueno esta
norma es el darle un valor especial al proceso y potenciar su carácter instrumental.
También resaltemos la importancia y necesidad de los principios en La Nueva Ley
Procesal del Trabajo. Los principios del Derecho del Trabajo nos llevan a interpretar
los derechos sociales desde su verdadera y más elemental dimensión. Aunque
muchos lo ocultan, son esencialmente derechos de la persona o derechos
humanos.
Se trata de derechos que deben gozar todos los trabajadores como personas y
ciudadanos de manera efectiva, pues no se alcanza fin alguno solamente por el
reconocimiento de los derechos en general si el Estado no se preocupa por la
suerte de hombres y mujeres considerados ya no sólo como trabajadores y como
consecuencia, debe garantizar simultáneamente el respeto a los derechos
fundamentales y a las libertades políticas.
Los principios del Derecho Procesal de Trabajo poseen sus propias características y
funciones dentro del Derecho Laboral: sustantividad propia en razón de su
generalidad y obedecen a la inspiración de justicia social, que es la razón de ser
desde su nacimiento, de ahí que busquen favorecer al trabajador. Se vinculan con
cada institución procesal en una determinada realidad social, en donde actúan o
deben actuar, ampliando o restringiendo el criterio de su aplicación; por ello, es
importante la necesidad de una autonomía dogmática a través de sus principios
propios, así como autonomía normativa que permitan construir un sistema del
Derecho Procesal del Trabajo. En tanto que un sistema, denota una relación de
coherencia entre los principios y las normas que la componen.
En general, el principio protector es el que traduce mejor la inspiración primordial
del Derecho del Trabajo: la protección al trabajador. Mientras otras ramas del
Derecho se preocupan por establecer una paridad entre las partes involucradas,
desde sus inicios históricos, ha tendido a proteger a la parte más débil de la
relación laboral; de ahí que históricamente las legislaciones hayan establecido
normas protectoras en sus leyes positivas como principio compensatorio de la
diferencia entre el trabajador y el empleador en la relación contractual. Eduardo
Couture estimaba que el procedimiento lógico de corregir las desigualdades es el
de crear otras, de forma tal que los privilegios creados por el legislador le permitan
al trabajador recuperar, en el campo jurídico, lo que ha perdido en el campo
económico. En ese sentido es que en esta rama del Derecho se introduce la idea de
la igualdad jurídica compensada. La dependencia del trabajador al empleador es
triple: facultad de dirección, administrativa y poder disciplinario, que les son
inherentes como empleador; por lo tanto, tiene una especial incidencia en el
surgimiento de este principio. Además, el trabajador se encuentra sometido a una
dependencia económica del empleador al poner su fuerza de trabajo, de cualquier
índole que ésta sea, al servicio de otro a cambio de una remuneración económica.
Entonces, la justificación de este principio se centra precisamente en la necesidad
de dotar al trabajador, quien se presenta como la parte jurídicamente más débil
frente a los poderes del empleador, de los elementos necesarios para que
compense su situación. Por otro lado, también en general, el principio de equidad
traduce mejor la inspiración fundamental del Derecho Procesal del Trabajo. La
palabra equidad, que viene del latín aequitas, expresa la idea de relación y armonía
entre una cosa y aquello que le es propio, y se adapta a su naturaleza. Aristóteles
caracterizaba la equidad como una manera de justicia que se adapta a la
singularidad de cada caso. Es decir, la equidad pertenece a lo justo, es la justicia
singularizada al caso individual como proporción que hay entre la norma y las
exigencias reales encerradas en cada caso. En términos jurídicos, la equidad atenúa
el derecho positivo, disminuye el rigor de la ley. Según Kant el derecho más estricto
constituye la mayor injusticia. En otros campos del derecho, las consecuencias de la
rigidez jurídica implacable pueden ser muy dramáticas. Procesalmente, el principio
de equidad sirve al juez como criterio para aplicar las normas jurídicas cuando el
derecho positivo se lo permite. De ahí que “la naturaleza propia de la equidad está
en corregir la ley, en la medida en que ésta resulta insuficiente en virtud de su
carácter general”. Es decir, Aristóteles consideraba a la equidad como juris legitimi
enmendatio (legítima corrección del derecho) y como legis supplementum
(suplemento de la ley), y a la cual se debía acudir para interpretarla y que debía
prevalecer en caso de duda, según determinados principios.
En conclusión, después de haber analizado ciertos aspectos que presenta La Nueva
Ley Procesal del Trabajo, afirmaría que sea tenido un gran avance ya que desde de
por sí ser una reforma pues involucra un cambio para bien, eso sí, la normativa está
puesta a disposición de los operantes del derecho y su aplicación se verá
condicionada de si para ellos les resulta útil dicha normativa o si no, ya que a partir
de ellos se genera la discusión de si ha avanzado o ha retrocedido nuestra
legislación.