Marcelo Bertuccio
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Argentores (toda puesta en escena de este texto deberá contar con su autorización)
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Señora, esposa, niña, y joven desde lejos
Obra para escuchar
Marcelo Bertuccio
PERSONAJES
La Señora
60 años
La Esposa
40 años
La Niña
edad indeterminada
El Joven
edad indeterminada
Estrenada el 10 de enero de 1998 en el Callejón de los Deseos.
Invitada a participar en el Festival Internacional de Viena 2000
Schaubühne Lindenfels, Leipzig, 2000
Hebbel Theater, Berlín, 2000
Editada en Teatro de la Desintegración, Eudeba, 1999
ACERCA DE “SEÑORA, ESPOSA, NIÑA, Y JOVEN DESDE LEJOS”
Buenos Aires. 1996. Promedia el segundo año de la Carrera de Dramaturgia de la Escuela Municipal de Arte
Dramático. Florece la avidez por los concursos. Una compañera menciona uno de obras para radio en Barcelona. Bases:
tema libre, duración entre 30 y 35 minutos. Me estimulan amores: las obras para radio de Brecht y de Beckett, dos
referentes inevitables; la radio, la añeja ilusión de “hacer” radio alguna vez; la investigación sobre el lenguaje hablado,
la palabra como instrumento de significación hasta las últimas consecuencias.
La primera imagen es agua. Agua turbia. Mi propia mirada bajo el agua. Mi mirada sin cuerpo. Veo pedazos de
cuerpos. Llego, aterrado, a los cuerpos arrojados sin vida con vida al Río de la Plata durante la masacre. La palabra más
allá de la muerte bajo el agua. Yo soy quien habla en primera instancia. “Hoy hace un poco de frío. (...) La humedad
produce una difusa sensación de frío sin serlo.” El Joven quiere recordar. Yo quiero recordar. Arremete con violencia la
palabra memoria. No sé bien por qué me es imposible nombrarla sin opinión. “La momeria debe estar ya oxidada.” Y
comienza la degradación del lenguaje que quiere recordar. El primer monólogo de El Joven desde la oscuridad ya está
en marcha. Sufro y disfruto sin límite la visión de “Underground”. Allí también los muertos van al agua. Regocijo y
estremecimiento. Lo inasible de la creación. La unidad en la creación. Vuelvo a casa. Sólo quiero escribir.
Descubro que El Joven es un desaparecido. Y allí comienza la ardua reflexión y la inevitable contradicción. Repaso con
minuciosidad mi historia de espectador. Las pérdidas ocasionadas por la censura. El estallido democrático. La
especulación alevosa en el cine y en el teatro. Materiales que me conmocionan ideológicamente pero me defraudan
SEÑORA, ESPOSA, NIÑA, Y JOVEN DESDE LEJOS - Marcelo Bertuccio 2
artísticamente. El golpe bajo. La mirada frívola. Los premios internacionales. Los éxitos de público. La lágrima como
sinónimo de status. El petardismo como sinónimo de compromiso. Busco consuelo en mis contemporáneos. Y otra vez
la defraudación. La “nueva” dramaturgia no se acerca al tema con profundidad. No se mete en el agua. Ni en ninguna
parte. No. Toma la posta de la especulación. Complace, tranquiliza, desagota las consciencias para que los olvidadizos
y sus cómplices puedan dormir tranquilos. Y la generación que, como me dice Cristian Drut (director de la obra), se
adueñó celosamente del tema, continúa lanzando sus dardos inofensivos lacrimógenos desde los teatros oficiales.
Entonces me defino. Mucho cuidado con El Joven. ES un desaparecido. NECESITO que sea un desaparecido. Me niego
a dar respuestas, exijo preguntas del receptor. Y aparecen las mujeres: la madre, la esposa y la hija. La hija piensa en su
papá. Y les pregunta a su madre y a su abuela. ¿Cómo les pregunta? El concurso lo organiza Barcelona. ¿Cuál es el
registro de habla por el que voy a decidirme? Luego de cortas dudas, vuelvo a definir. Castellano perfecto. ¿O acaso no
abrí ya en el monólogo una reflexión sobre la degradación del lenguaje, signo de la degradación de la memoria? “¿Por
qué no abandonáis la idea de engañarme de una vez?”, increpa La Niña. “¿No sabéis acaso que desde hoy yo tampoco
volveré a dormir?” Alerta rojo. El material pide Madres de Plaza de Mayo. Escucho por radio el episodio de la
represión cuando las ollas populares. Asocio. Escucho y escribo sin pensar. Debemos reconstruir nuestra memoria. Y
vuelvo a definir. Si es que no somos capaces de nombrar ese pasado, la obra no se va a hacer cargo de eso. El receptor
se verá obligado a reconstruir el discurso de la obra, ya que ésta no se dejará oír fácilmente. La plaza, los jueves,
cacerolas pateadas por policías enojados, camioncitos negros. Ninguna precisión espacio-temporal. Hagámonos
responsables. Reconstruyamos. Si es que podemos.
Y reconstruyo. Primera clase de teatro a los catorce años el 24 de marzo de 1976. El miedo inconcebible. Una noche en
la Comisaría 17º. La mochila repleta de libros prohibidos. La ausencia de Brecht y de Sartre. Y de María Elena Walsh y
de Rodolfo Walsh. Y de Haroldo Conti y de Mario Benedetti. El Mundial 78. Las alabanzas a Galtieri en la Plaza.
Malvinas. La clase 61 convocada. La espera desesperada del cartero en la casa paterna. La rendición. Y saber.
Irremediablemente haber sabido desde el principio. Bergman me dice, desde “Detrás de un vidrio oscuro”, “nadie puede
imaginar lo espantoso que resulta ver la confusión y comprenderla”. Y allí estoy, en agosto del 96, frente a mi
computadora, sano y salvo, intentando relatar el horror para ganar un premio en pesetas. La cobardía del que relata el
combate de los otros, los valientes. Borges, Müller. Y vuelvo a definir. La Niña busca a su papá por Internet. Por
Internet se navega. El agua virtual. La dificultad de la búsqueda. Infructuosa.
Otra vez a definir. No escribo una obra política. No “bajo líneas”. Reflexionar sobre mí y mi propia memoria y mi
posicionamiento frente a esta historia y mi contradicción y mi ignorancia y mi dolor y mi deuda. No puedo decir nada
porque no SÉ nada. Como La Niña, me ahogo en la computadora, sucumbo en un mar de nosé. Como El Joven, olvido
hasta el mismo lenguaje, me veo imposibilitado de decir. Y concluyo la obra. La corrijo, la imprimo, la ensobro, la
envío a Barcelona. Como La Niña, no recibo respuesta alguna.
¿Qué hago con una obra para radio de 35 minutos? Compulsivamente, invento un espacio de oscuridad para El Joven y
tres sillas iluminadas para La Señora, La Esposa y La Niña. Y listo. Obra para escuchar. ¿Por qué no?
En diciembre del 96 conozco a Cristian Drut gracias a Género Chico. Él había elegido una obra brevísima de mi
autoría: “Eugenia”, una aproximación elíptica al tema. Me pide y le doy todo lo que tengo escrito, incluida “Señora,
esposa, niña, y joven desde lejos”. Casi de inmediato recibo su llamado telefónico pidiéndome la autorización para
ponerla en escena. También de inmediato respondo sí. Me entusiasma que Drut se autodefina como ignorante sobre la
cuestión, entre otras cosas por su juventud. Esto me garantiza, y lo confirmo hoy, ya estrenado el espectáculo, el
indispensable mecanismo dialéctico. Agradezco y celebro la inteligencia de Drut, de Graciela Schuster, de Vilma
Rodríguez, de Berta Gagliano, de Cecilia Peluffo, de Bernardo Cappa, de Gonzalo Córdova. El espectáculo es la obra y
la obra es el espectáculo. ¿Qué otra cosa puede desear un dramaturgo? Y sigo preguntando.
SEÑORA, ESPOSA, NIÑA, Y JOVEN DESDE LEJOS - Marcelo Bertuccio 3
MARCELO BERTUCCIO. 1998.
1
Espacio absolutamente oscuro. Negrísimo.
El silencio es muy profundo.
Desde la oscuridad se escucha la voz de El Joven.
El Joven.
Hoy hace un poco de frío. Eso creo. En este lugar siempre hizo frío. Aunque no sé si debería llamarlo frío
exactamente. Es la humedad. La humedad produce una difusa sensación de frío sin serlo. Ni pensar en una
manta porque se mojaría. Averiguar si estoy o no vestido me haría sentir un poco más seguro. Aunque si
estuviese vestido no se solucionaría el problema de la humedad y su frío difuso. ¿Había dicho difuso? Es muy
difícil recordar. La momeria debe estar ya oxidada. Quizá sea cierto eso que decían en casa. Eso de Todo lo
que no se usa se atrofia. No, era Todo órgano que no se usa se atrofia. Pero la momeria no es un órgano. ¿Qué
es la momeria? Inútil. Nadie a quien consultar. Estos seres descerebrados. No están descerebrados, ése es un
pensamiento fascista. La costumbre. Tienen un cerebro muy pequeñito. Pero tienen. ¿Por qué negarles su
derecho al cerebrito solamente porque es pequeño? ¿Qué derecho -derecho era- qué derecho tengo yo para
transmitir una falacia acerca de sus cualidades, de sus pertenencias, de sus habilidades? Habilidad. Era lo que
tenía la señora de la casa donde yo vivía para hacer las milanesas. Qué milanesas. Las mejores que he comido
en toda mi vida. Aquí no hay milanesas. No habría cómo prepararlas, claro. Me imagino el pan rellado
flotando a mi alrededor y me hace cierta gracia. Cómo me gustaba ver a la señora preparando sus milanesas.
Siempre estaba yo enfermo cuando tenía esa posibilidad. Si no estaba enfermo las encontraba ya preparadas y
hervidas. No. No eran hervidas. Estaban fretas. Fratas. No, fretas. Estaban fretas. Yo llegaba de aquel lugar de
instrucción, y allí estaban las milanesas fretas con la pasta de papa. ¿Sería una forma de compensación poder
ver su factura cuando estaba enfermo? Porque no recuerdo haber visto la preparación de las milanesas estando
sano. Sano, la instrucción. Qué lindo era ver en sus manos las rojas rodajas rojas sumergirse en el viscoso
huevo amarillo, sucio de aromas verdes, y luego al pan rellado, a secarse, a untarse, a empanarse de pan
rellado. La señora me daba besos y después se iba a dormir. Dormía siempre con el mismo señor. Las señoras
dormían con los señores. Eso sí lo recuerdo. Mi mala momeria no llegó hasta eso.
Cae una gota de agua, sobre agua.
2
Interminable e ininteligible relato de un locutor desde un aparato de radio.
SEÑORA, ESPOSA, NIÑA, Y JOVEN DESDE LEJOS - Marcelo Bertuccio 4
Tres sillas alineadas, ocupadas por La Señora, La Esposa y La Niña.
Están vestidas, peinadas y maquilladas con una impronta contemporánea pero distorsionada.
Miran siempre al frente. No accionan. Sólo La Niña, eventualmente, intenta entablar un diálogo abierto.
Pero siempre es en vano.
El locutor se escucha durante toda la escena.
La Señora.
¿En qué estás pensando, nietecita?
La Niña.
En papá.
La Esposa.
Señora, ¿podría hacer hoy usted las milanesas? Sucede que hoy es jueves y regreso tarde a casa.
La Señora.
¿Hoy vas a ir? Hoy no, por favor.
La Esposa.
Hoy justamente. Hoy debería haber sido día de fiesta en esta casa. Y ni siquiera tenemos una tumba donde
dejarle flores. Hoy justamente.
La Niña.
Quiero ir contigo, mami.
La Esposa.
No, mi amor. Hoy usted se queda con su abuelita y le ayuda a preparar las milanesas.
La Niña.
¿Cuando vuelvas vamos a cantar el Feliz Cumpleaños?
La Señora.
No, mi amor. Hoy no vamos a cantar. Cuando regrese mami comeremos las milanesas y luego a dormir.
La Niña.
Pero, ¿no habrá torta?
La Esposa.
No, querida mía. Sólo milanesas.
La Señora.
Con puré.
La Esposa.
Claro, con puré.
SEÑORA, ESPOSA, NIÑA, Y JOVEN DESDE LEJOS - Marcelo Bertuccio 5
La Niña.
Ufa. Qué fiesta más triste.
Desaparece el locutor.
Las mujeres miran al frente.
3
Silencio profundo.
Surge la voz de El Joven de la oscuridad.
Ellas, aparentemente, no lo escuchan.
El Joven.
Yo también dormí con una señora en un tiempo. Pero no era la misma. Además era más joven. Otra vez esa
sensación. Cada vez que pienso en esa señora algo se contrae. Pero dónde. No puedo verme. Qué soy. Estos
seres que me rodean, que se exasperan, se aletargan, que nunca son los mismos, son. Son seres, con ojos, boca,
cola. Yo no puedo encontrar mis ojos, mi boca, mi cola. Pero los veo. Eso quiere decir que ojos, al menos,
tengo. Dónde. También comen. Abren sus bocas y tragan trozos de olgas. Algunos de ellos se parecen a las
olgas. Yo no siento apeteto. Hace mucho tiempo que no siento apeteto. Ni siquiera recuerdo cómo se sentía.
La contracción sí la siento. No es en este lugar desde donde pienso. Está a mi alrededer.
Dos gotas sobre agua.
4
Tic tac de un reloj despertador.
La Niña.
Feliz cumpleaños, papito. Comí muchas milanesas pero no comí torta porque mami no quiso hacerla.
Tampoco la abuela. Hoy estuve navegando en Internet. Me pareció verte. Te canté, pero creo que no me oíste.
¿No tienes un e-mail para que yo pueda entrar donde estás? Si lo tienes intenta comunicármelo de alguna
manera. Sabes que yo podría escucharte o leer algún trocito de papel que me envíes. Hace poco más de un mes
estuve con mami en la plaza. Me encantó ir. Siempre es lindo estar en esos lugares donde casi nunca se nos
permite estar. Y con más razón si una vez por semana la madre de una va allí religiosamente. Y, a veces, hasta
lleva carteles. Mami cree que no advertí lo que advertí. Pero aquello parecía una ceremonia mortuoria. Y mami
llevaba prendida en la solapa de su abrigo una foto tuya. ¿Eso quiere decir que has muerto? ¿Cómo podrías
ayudarme a confirmarlo? Esto me haría mucho bien ya que cuando volvimos a casa, y hasta hoy, me sentí un
poco confundida. Es que nos cruzamos con otra manifestación -creo que así se llaman-. Estos portaban unas
cacerolas repletas de un guiso que olía deliciosamente. No como las milanesas de la abuela, pero rico rico. Su
SEÑORA, ESPOSA, NIÑA, Y JOVEN DESDE LEJOS - Marcelo Bertuccio 6
voluntad era darle de comer a la gente pobre que no tenía casa ni ropa ni pan ni nada. Mami, y todas las otras
mujeres, se acercaron muy satisfechas y estaban ya dispuestas a prestar ayuda en la repartija, cuando un
montón de policías, enojadísimos, gritaron que eso de la comida estaba prohibido, y, con los pies, voltearon
las cacerolas -mami les decía ollas populares, pero yo no entendí- y todo el guiso se derramó en el césped y en
las piedritas rojas y en los bancos y en todo lo que hay en la plaza. Algunos pobres de los que no tienen nada
-según decían las señoras de los carteles- se arrojaban sobre los trozos de carne. A ésos los policías los
zamarreaban y luego los hacían entrar a la fuerza en un camioncito negro -creo que negro, todo era tan
confuso-. Entonces yo me pregunto. ¿Tú eres pobre y no tienes casa y por eso no vives con nosotras? ¿Tú estás
muerto y en tu memoria se realiza aquella ceremonia de los jueves? ¿No estás en Internet porque no quieres, o
estás y no quieres? Aquí tu madre y tu esposa responden siempre con evasivas. Pero tu esposa no falta un solo
jueves, ni hoy que es tu cumpleaños, a la plaza peligrosa -porque lo es ¿tú que crees?-. Encontrarás estas
palabras entrando a niña arroba waterly punto des punto ar.
5
Voz del locutor desde la radio, alarmada y excitada, durante toda la escena.
La Niña.
Le escribí a papá y aún no he recibido la respuesta. Terminaré por creer que es como vosotras. Indiferente.
La Señora.
¿De verdad crees que somos indiferentes, nietecita?
La Esposa.
Ya no sé a qué recurrir para quitarte esas ideas de la cabeza, hija. A tu padre ya no hay dónde escribirle.
La Niña.
¿Y puede saberse por qué?
La Esposa.
Todavía no es tiempo de que lo sepas. Digamos que está de viaje.
La Niña.
¿Por dónde?
La Señora.
Aquí estamos, las tres sentadas, hasta el año que viene.
La Niña.
¿Dónde viajó papá?
La Esposa.
En lo que a mí respecta, hasta el próximo jueves. No comprendo por qué nunca quiso acompañarme.
SEÑORA, ESPOSA, NIÑA, Y JOVEN DESDE LEJOS - Marcelo Bertuccio 7
La Niña.
Yo siempre quiero acompañarte. ¿Dónde viajó papá?
La Señora.
No te acompaño porque no sabría muy bien para qué, cuando me encontrase allí, girando y girando en silencio
junto a un montón de desconocidas.
La Esposa.
Era su hijo.
La Niña.
¿Por qué dices era, mamá?
La Señora.
Justamente. Era mi hijo. Sólo mío. No estoy obligada a compartir mi dolor con un manojo de desconocidas.
La Niña.
Era se dice de los muertos, mamita.
La Esposa.
Ellas ya empiezan a desconfiar. Cada vez con más frecuencia me preguntan por usted.
La Señora.
Diles que me he muerto.
La Niña.
Mami, ¿acaso desaparecido y muerto son sinónimos?
Desaparece el locutor.
6
Silencio profundo.
Surge la voz de El Joven de la oscuridad.
El Joven.
La momeria. La momeria. ¿Dónde se aloja la momeria? Esa perna que tengo delante es algo muy conocido por
mí. Sin embargo, no puedo recordar para qué servía. Sospecho que yo también tuve una alguna vez. Formaba
(*)
parte de mi . De mis cosas. De las cosas que yo usaba para. Para. Moverme. Para moverme. ¿O para tomar?
¿Para acariciar a la señora que dormía en mi cama? No. Fuera con la señora. Que no quiero volver a sentir esas
contracciones. Para moverme. Para cominar. Aunque creo que era más de una. Una más una. Tres. Tres pernas
tenía yo para moverme. Se llama perna porque al final termina en un pe. Un pe en una perna y otro pe en otra
perna. ¿Dónde estaban pegadas? Esta aparece despegada. Y de la parte de adentro no tengo recuerdo. Bueno,
(*)
mi. Posesivo. Sin acento.
SEÑORA, ESPOSA, NIÑA, Y JOVEN DESDE LEJOS - Marcelo Bertuccio 8
era de esperarse con esta momeria. Ya se va la perna. Nada permanece mucho tiempo frente a mis. Frente a
mis. Lo que tengo delante se va muy de prisa. Antes de que pueda. De que pueda. Recomenzarlo. Recolocarlo.
Recobrarlo. Reconoci. Reconocem. Reconocerme. Reconocerle. Antes de que pueda reconocerle. Eso me
pasaba con las glebas. No. Con las globas. Las globas desaperían con un estrondo mucho antes de que yo
pudiera disputarlas. Disfutarlas. Drisfutarlas. Drisfrut. Disfrut. Desaperían. Las glebas. Las globas. Una globa.
Una globa tenía la señora que dormía en mi cama. Sí. Una globa, Dies mío. Una globa pegada a las pernas.
Pero yo no tenía globa. Cómo es eso. Y esa gran globa, gleba, globa, no desapería con estrondo. Duraba.
Duraba. Duraba.
Tres gotas sobre agua.
7
Dos locutores aterrados desde el aparato de radio, durante toda la escena.
La Señora.
Cada noche resulta más difícil lograr que se duerma. Gracias a Dios, tarde o temprano se duerme. Quién sabe
cuánto durará esto. Cuándo dejará de dormir definitivamente.
La Esposa.
Yo intento retardar ese momento. Usted la empuja a la vigilia. Usted no es prudente. Usted no la cuida.
La Señora.
Yo sólo deseo acabar con mi propia vigilia. De una vez. Para siempre. Allí están todas mis expectativas. Todo
lo que no sea eso me desespera. Quién cuidó de mí. Quién cuidó de él. Que cada cual se defienda de la vigilia
eterna como pueda.
La Esposa.
Usted me produce un enorme asco.
La Señora.
Y tú me inspiras una profunda lástima.
La Niña.
Mami.
La Señora.
Ya no volverá a dormir. Te lo dije.
La Esposa.
Cierre la boca.
La Niña.
Mami. Tengo una magnífica idea. Apúrate, antes de que la olvide.
SEÑORA, ESPOSA, NIÑA, Y JOVEN DESDE LEJOS - Marcelo Bertuccio 9
La Señora.
Voy yo, querida. Quédate tranquila. Sentada.
La Esposa.
La silla es para usted. Demonio.
Desaparecen los locutores.
8
Silencio profundo.
La voz de El Joven desde la oscuridad.
El Joven.
¿Qué sucedió entre la globa y esto? ¿Qué sucedió entre la globa y esto? Allí hay una globa. Una globa, con
una perna, sin pe, y con una perna de las otras. Qué concidencia. Pienso en la globa de mi se. De mí. De mi
señora. Ah, Dies. Eran por eso las contracciones. La señora era de mí. No otra señora cualque. Era mi señora.
La de las milanosas, milanesas, era la del señor que venía de noche. Ah. Sin estrondo. Se abre la globa. Se
abre. Se abre. Se abre. Ah. ¿Qué es? ¿Qué es? Ahí está todo. Y ya se va. Se va. Y ya entró en otra parte. Y no
pude ver. Otra vez no pude ver. Otra vez no pude ver. Otra vez no pude ver. Ven. De puta. Mi mu. Mi mujer.
De tu mujer. Mi mujer está. Mi mujer está en. Mi mujer está empanada. Mi mujer está emparanada. Mi mujer
está emparadada. Mi mujer está embaratada. Ah. Ah.
Varias gotas sobre agua.
Luego, puerta que se cierra.
9
Varios locutores exasperados durante toda la escena.
La Niña.
¿Y la abuela?
La Esposa.
Tiene cosas que hacer.
La Niña.
Entonces no te cuento. Es importante. Creo que deberíamos reunirnos las tres y discutirlo.
La Esposa.
Hijita, vas a olvidar tu idea. Vamos, cuéntamela. Luego lo discutiremos con la abuela.
La Niña.
Un velatorio. Deberíamos organizar un velatorio. Cada vez que alguien muere se organiza un velatorio.
SEÑORA, ESPOSA, NIÑA, Y JOVEN DESDE LEJOS - Marcelo Bertuccio 10
La Esposa.
Tu papá no está muerto.
La Niña.
Entonces deberíamos celebrar sus cumpleaños con más alegría. E invitarlo, lógicamente.
La Esposa.
Está viajando te dije. Lejos.
La Niña.
Mamá. Con eso del viaje no me dices nada. Deberías ser más específica. Hay muchas clases de viaje. La
muerte podría entenderse como una de ellas.
La Esposa.
Hija, te lo ruego.
La Niña.
¿Qué? ¿Qué me ruegas, mamita?
La Señora.
Nietecita, ¿por qué no duermes?
La Niña.
¿Por qué no abandonáis la idea de engañarme de una vez? ¿No sabéis, acaso, que desde hoy yo tampoco
volveré a dormir?
La Esposa.
¡Fuera de aquí, señora!
La Señora.
Estoy en la casa de mi hijo. Cálmate.
La Esposa.
¡Su hijo ya no está aquí y yo le ordeno que se vaya!
La Niña.
No te comprendo, mami.
La Señora.
Mami está un poco nerviosa. No te preocupes.
La Niña.
Abuelita, te quiero. Pero mami quiere que te vayas.
La Esposa llora.
No creo poder resistir. Agonía. Agonía.
Desaparecen los locutores.
SEÑORA, ESPOSA, NIÑA, Y JOVEN DESDE LEJOS - Marcelo Bertuccio 11
La Esposa continúa llorando.
La Señora.
¿Dónde vas, nietecita?
La Niña.
Me corresponde ayudar a mi mami, abuelita.
Disparo de arma larga.
Cuerpo que cae.
La Esposa grita.
La Señora se levanta y sale.
No te inquietes, mami. La abuelita se fue de viaje.
10
Durante toda la escena: Gotas que caen sobre agua.
Crescendo.
Desde la oscuridad, la voz de El Joven.
El Joven.
va a estar atendenda una mujer alcanzada por una recciones lamantables qui nos recorden otras mementos otres
colomnas etán gresando no ha llagado todovía la cosa di gobirno muy grasas más ión sobre lo concintroción
manana qué va paar las ambolonsas estén despuestas la gen estó agobada ingresá le camonero esporo que el
gabierno tienda el masaje que el da le peble el secrtaro do segridad el presiente por puesto delante le colna con
más frecoca acú a poc cue las dirg acerco al globa de adntro agua cozco yo do ontes aleja y acrca contracción
per distinto dende lu tirra de les pirotas despes di osto qué digrama do morgencia apagán le dici eletrica pro no
lloga lo atinc du lis camanterios li jante sta ofrién la jante no me tinde pirsono jeréquico canta se lliga osta osta
perte so perde par pre urginsa di on sucar ul bosura yo qué segne yo vene vene vene quín yo no quín a a a ya
yo quín vene quín a yo vene yo a quí vene a yo vene quí vene yo lu qui on supa ma ma mi no no ne gle pi yu
di ol ong cres d d d d m ou l l m f f f
Gran chorro de agua sobre agua, que sepulta la voz de El Joven.
11
Silencio profundo.
La Niña.
SEÑORA, ESPOSA, NIÑA, Y JOVEN DESDE LEJOS - Marcelo Bertuccio 12
Adiós, mamita. Prometo llegarme hasta aquí cada día de tu cumpleaños. Además de las milanesas, entonces,
habrías de preparar zapallitos con arroz. Si consideraras que es mucho trabajo para ti, intenta avisarme, y
estaré aquí más temprano para prestarte la ayuda que necesitares. No lleves mi foto a la plaza peligrosa.
Querría pasar desapercibida para quienes no me han querido como tú, o como la abuelita. Seguiré
escribiéndote a menudo, siempre que pueda. Sospecho que me aguarda una tarea de mucho tiempo, pero aún
así me haré un espacio para recordarte y enviarte algunas señales. Desapareces de mi vida lentamente. Pero en
el sector que se encuentra inmediatamente después de la vida -no sé explicarlo bien, debería dibujarlo, pero
tengo cierta prisa-, allí no desapareces, allí estarás para siempre. No sufras. El agua no está tan fría como quizá
puedas tú imaginarlo desde allí.
Gotas de agua sobre agua, hasta el final.
Crescendo.
La Niña se levanta y se interna en la zona de oscuridad.
Es que hay que sentirlo en el cuerpo para saber cómo es en realidad, ¿no te parece? Pues yo estoy aquí, y
puedo afirmarte sin dudas de ninguna índole, que no está tan fría. Es casi como volver a ti, al principio.
Tampoco puedo explicarlo bien -también debería dibujarlo, discúlpame-. Casi resulta placentero más que una
traba, pero te aseguro que a medida que el agua, cálida como dejé que entrevieras, penetra por mis poros,
empieza a serme dificultosa la acción de explicar. ¿Has visto? Dos veces quise explicarte algo y hube de
renunciar. Pero no es grave, créeme. No podría explicarte bien por qué. Y es la tercera. Antes de perder otras
facultades, anota por favor, niña arroba fatherly punto des punto ar. Será mi nuevo e-mail. Allí, si así lo
deseas, me encontrarás, seguramente. Ya te estoy olvidando, mamita. Recuérdame. Ahora estoy viendo. Algo.
Confuso. Todavía. Partes. Otras. Partes. Niña. Father. Ly. Abu. Mami. Aquí. Estoy. Niña. Aquí. Papá.
Torrente de agua que cae sobre agua.
Largo.
La Esposa se levanta y mira la zona de oscuridad.
Se ilumina todo el espacio.
No hay nada. No hay nadie.
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Marcelo Bertuccio. Buenos Aires, septiembre 1996.
Dirección Nacional del Derecho de Autor. Expediente Nº 741851