La naturaleza del conocimiento según Kant
Kant establece una diferencia fundamental que es decisiva para la justa
comprensión de su pensamiento. Es la diferencia entre conocer y pensar. Dicho
breve y sencillamente: no todo lo real es susceptible de ser conocido, pues
conocer significa, en vigor, conocimiento científico.
No todo lo pensable es susceptible de ser conocido científicamente, pero no por
ello el pensar carece de sentido; antes al contrario, abre otras vías de
comprensión de la compleja realidad. Detengámonos en el texto siguiente:
«Para conocer un objeto se requiere que yo pueda demostrar su posibilidad (ya
sea por el testimonio de la experiencia, a partir de la realidad efectiva de él, ya
sea a priori, por la razón). Pero pensar puedo [pensar] lo que quiera, con tal [de]
que no me contradiga a mí mismo, es decir, con tal [de] que mi concepto sea un
pensamiento posible, aunque yo no pueda asegurar que en el conjunto de todas
las posibilidades a este [mi concepto] le corresponde, o no, un objeto. Pero para
atribuirle a tal concepto validez objetiva (posibilidad real, ya que la primera era
solamente la [posibilidad] lógica), se requiere algo más. Este algo más, empero,
no precisa ser buscado en las fuentes teóricas del conocimiento; puede estar
también en las prácticas».
Kant, I.: Crítica de la razón pura, B-XXVI.
1 Fuentes fundamentales del conocimiento
La doctrina kantiana del conocimiento se basa en la distinción fundamental entre
dos facultades o fuentes del conocer: la sensibilidad y el entendimiento, que
tienen características distintas y opuestas entre sí:
1) La sensibilidad es pasiva, se limita a recibir impresiones.
2) Por el contrario, el entendimiento es activo. Tal actividad (a la que Kant llama
«espontaneidad») consiste en que el entendimiento produce de forma espontánea
ciertos conceptos sin derivarlos de la experiencia.
«Nuestro conocimiento surge de dos fuentes fundamentales del ánimo, de las
cuales la primera es la de recibir las representaciones (la receptividad de las
impresiones), y la segunda, la facultad de conocer un objeto mediante esas
representaciones (la espontaneidad de los conceptos); por la primera, un objeto
nos es dado; por la segunda, este es pensado en relación con aquella
representación (como mera determinación del ánimo). Intuición y conceptos
constituyen, por tanto, los elementos de todo nuestro conocimiento; de modo que
ni los conceptos, sin una intuición que de alguna manera les corresponda, ni
tampoco la intuición, sin conceptos, pueden producir un conocimiento».
Kant, I.: Crítica de la razón pura, A-50, B-74.
2 Empírico-puro. A posteriori-a priori
He aquí una tesis básica de Kant: «No hay duda de que todo nuestro conocimiento
comienza por la experiencia. […] Pero aunque todo nuestro conocimiento
comience con la experiencia, no por eso surge todo él de la experiencia» (Kant,
I.: Crítica de la razón pura, B-1).
Pues bien, partiendo de esta tesis sobre el conocimiento, Kant distingue entre:
1) Lo «a posteriori»: es aquello que en el conocimiento procede de la
experiencia a través de la sensación. Es lo empírico en el conocimiento. Por
darse en la sensación, o intuición empírica, que es singular y fáctica, lo empírico y
a posteriori en el conocimiento es, asimismo, singular y contingente.
2) Lo «a priori»: es aquello que en el conocimiento no procede ni se deriva de la
experiencia, sino que la antecede de alguna manera y surge
independientemente de la experiencia. Al no derivarse ni proceder de la
experiencia empírica, lo a priori en el conocimiento es universal y necesario en y
para el conocimiento.
Ambos (intuiciones y conceptos) son, o bien puros o bien empíricos:
1) Empíricos, cuando una sensación (que presupone la presencia efectiva del
objeto) está allí contenida.
2) Puros, cuando a la representación no se le mezcla ninguna sensación. Se
puede llamar a esta última la «materia del conocimiento sensible». Por eso, la
intuición pura contiene solamente la forma en la cual algo es intuido, y el concepto
puro contiene solamente la forma del pensar un objeto en general. Únicamente las
intuiciones puras o los conceptos puros son posibles a priori; los empíricos, solo a
posteriori (Kant, I.: Crítica de la razón pura, A-50-51, B-74-75).
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Navarro Cordón, Juan Manuel y Pardo, José Luis. Historia de la Filosofía, Madrid,
Anaya, 2009