0% encontró este documento útil (0 votos)
35 vistas28 páginas

Ruano PDF

Cargado por

Octavio Estévez
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
35 vistas28 páginas

Ruano PDF

Cargado por

Octavio Estévez
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

La relación entre México y Europa: 1945-2010 7

ARTÍCULOS

La relación entre México y Europa: del


fin de la Segunda Guerra Mundial
a la actualidad (1945-2010)

Lorena Ruano

Este artículo ofrece al lector una visión panorámica y de largo


aliento sobre las relaciones entre México y el continente euro-
peo desde la Segunda Guerra Mundial hasta nuestros días.1
El argumento central es que durante estos años, a pesar de
ciertos episodios puntuales de acercamiento y de una creciente
complejidad en cuanto a temas y actores involucrados, la ten-
dencia general en la relación ha sido el distanciamiento, debido
a que no se trata de una relación prioritaria para ninguna de
las dos partes. Se han identificado cuatro periodos con dinámi-
cas distintas en la relación, que corresponden a las cuatro sec-
ciones en que se divide el texto.
La primera parte corresponde a la Guerra Fría y va desde
la victoria de los Aliados sobre las potencias del Eje en 1945
hasta finales de los años sesenta. En ese periodo Europa perdió

1 El artículo sintetiza la investigación que llevé a cabo para la obra: Antonia

Pi-Suñer Llorens, Paolo Riguzzi y Lorena Ruano, Europa, México, Secretaría


de Relaciones Exteriores (Mercedes de Vega, coord., Historia de las relaciones
internacionales de México, 1821-2010, vol. 5), 2011. Agradezco a mi asistente de
investigación, Michelle Torres Pacheco, el apoyo para la preparación de este ma-
nuscrito.
8 Revista Mexicana de Política Exterior

su papel central en la política mundial y, arruinada por la guerra,


se replegó hacia su propia región, con lo cual su relación con
México se situó en mínimos históricos y adquirió rasgos extra-
ños. Por un lado, España, el país europeo que históricamente
había tenido mayores vínculos con México, se convirtió en un
Estado “paria” cuando sus aliados fascistas perdieron la Segun-
da Guerra Mundial. Se enfrentó al ostracismo y al desprecio
diplomático de México, donde el gobierno republicano encontró
refugio, en tanto las relaciones “oficiosas” y entre las sociedades
de ambos países seguían vigentes.2 Por otro lado, con la Unión
Soviética, convertida en una “superpotencia”, se estrecharon los
lazos diplomáticos, sin que esto permeara las relaciones socia-
les, ni la relación con el comunismo internacional. Además, la
Guerra Fría acentuó el carácter eminentemente triangular de
una relación que pasaba por Estados Unidos, en tanto que las
relaciones bilaterales consistían en unos tenues lazos diplomá-
ticos cuya mayor utilidad residía en articular la convivencia en
las nuevas instituciones multilaterales.
El segundo periodo se caracterizó por una mezcla de coin-
cidencias y desencuentros entre México y Europa. Firmemente
anclados en el mundo occidental, los dos buscaron atenuar
los aspectos más extremos de la política exterior de Estados
Unidos durante los años álgidos de la Guerra Fría, al forjar
relaciones directas (aunque tenues y ambiguas) con la Unión
Soviética y sus satélites en Europa del Este. Ambas partes
buscaron abrir espacios de maniobra por medio de la construc-
ción y el fortalecimiento de las instituciones multilaterales,
tanto regionales como mundiales, aunque en distintos ámbitos
y con muy diferentes intensidades, con lo que contribuyeron al

2
Al respecto, véase Clara E. Lida (comp.), México y España en el primer fran-
quismo, 1939-1950: rupturas formales, relaciones oficiosas, México, El Colegio de
México, 2001.
La relación entre México y Europa: 1945-2010 9

resquebrajamiento del orden bipolar: México se convirtió en


líder del mundo en desarrollo en el seno de la Conferencia de
las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (cnuced), y
Europa fortaleció su integración por medio de la Comunidad
Económica Europea (cee) e institucionalizó su détente, gracias
a la Conferencia sobre la Seguridad y la Cooperación en Euro-
pa (csce). El episodio más claro de esta comunidad de intereses
en mantener políticas exteriores independientes de la estadu-
nidense fue el apoyo europeo al esfuerzo mexicano por apartar
de la Guerra Fría el conflicto en Centroamérica por medio del
Diálogo de San José.
El tercer periodo inició en los años ochenta y se caracterizó
por un acercamiento más acentuado, empujado por tres facto-
res. Primero, tras un lustro de traumático ajuste estructural,
México salió transformado de la crisis: en 1990 era una de las
economías más abiertas del mundo y sus relaciones diplomáti-
cas daban prioridad a los asuntos económicos. Segundo, Espa-
ña también cambió notablemente y al democratizarse tras la
muerte de Franco se reanudó el vínculo oficial con México. Ter-
cero, tras incorporarse a la cee en 1986, España buscó “europei-
zar” sus relaciones con América Latina y con México en particu-
lar. Esto cristalizó en la negociación y la firma de un Tratado de
Asociación México-Unión Europea que entró en vigor en el año
2000, poco antes de que tomara posesión el primer presidente
mexicano no priista, Vicente Fox.
Así, al iniciar el cuarto y último periodo, parecía que el
nuevo milenio traería una revitalización importante de los
vínculos entre Europa y México, basados en un andamiaje di-
plomático institucionalizado y sólido, un nuevo apego mexicano
a los valores democráticos liberales enarbolados por Europa
y un tratado de asociación. Si bien es cierto que ese tratado
representa un avance sustancial en contraste con la situación
de la relación en los años cincuenta, no parece ser suficiente
10 Revista Mexicana de Política Exterior

para revertir la tendencia de largo aliento hacia la integración


de México con Estados Unidos en términos económicos, demo-
gráficos y culturales. Europa, por su parte, desde el fin de la
Guerra Fría, ha mirado primordialmente hacia el Este y hacia
sí misma, concentrada en sus ampliaciones, sus guerras balcá-
nicas, sus relaciones con Rusia y Estados Unidos. En 2008 la
ue y México anunciaron una “alianza estratégica”, pero siguen
teniendo un papel secundario en las prioridades políticas, eco-
nómicas y de seguridad del otro.

Interacción mínima: posguerra y Guerra Fría, 1945-1970

Al terminar la Segunda Guerra Mundial, el sistema interna-


cional, hasta entonces dominado por las potencias europeas,3
se transformó sustancialmente y, con ello, las relaciones entre
México y Europa. El colapso económico y político de esta última,
derruida por la guerra, dejó un vacío de poder que llenaron Esta-
dos Unidos y la Unión Soviética, las llamadas “superpotencias”.
Muy pronto, una serie de desacuerdos entre éstas acerca de cómo
construir el nuevo orden de posguerra europeo y, en particular,
sobre qué hacer con Alemania, derivaron en un enfrentamiento
de alcance mundial, la Guerra Fría, que inició en Europa, la di-
vidió en dos bloques hasta 1989 y permeó todos los ámbitos de la
política internacional: económico, político, militar e ideológico.
Absorta por tres preocupaciones fundamentales, la re-
construcción económica y política, el “problema alemán”4 y el

3
Graham Ross, The Great Powers and the Decline of the European States Sys-
tem 1914-1945, Nueva York, Longman, 1983, pp. 127-147.
4 La rehabilitación económica de Alemania era indispensable para el despegue

del continente, pero una Alemania demasiado fuerte podría convertirse en una
nueva amenaza para los demás países europeos. Véase Timothy Garton Ash, In
Europe’s Name: Germany and the Divided Continent, Nueva York, Vintage, 1993.
La relación entre México y Europa: 1945-2010 11

manejo de la “amenaza soviética”, Europa Occidental se dedicó


a sí misma y a su alianza con Estados Unidos, de donde obtu-
vo, en 1947, un apoyo vital: una cuantiosa ayuda económica,
conocida como Plan Marshall, que, entre otros objetivos, pre-
tendía frenar el ascenso de los partidos comunistas en Francia
e Italia. Este plan fue uno de los principales focos de fricción
con la urss, ya que su líder, Josef Stalin (1927-1953), conside-
raba inaceptables las condiciones que lo acompañaban. Fuera
del continente, las antiguas potencias europeas emplearon sus
mermados recursos militares y políticos en lidiar con largos,
y a veces violentos, procesos de descolonización, otro síntoma
inconfundible de su declive. En su causa independentista, las
antiguas colonias europeas recibieron el apoyo de ambas super-
potencias que, por razones ideológicas distintas, encontraban
inaceptable el colonialismo.5
La debilidad europea se manifestó en otros dos aconteci-
mientos importantes. En 1948, la primera “crisis de Berlín”, de-
rivada del conflicto sobre el estatus definitivo de esa ciudad, dio
paso al establecimiento, en 1949, de la Organización del Trata-
do del Atlántico Norte (otan), una sólida alianza militar y polí-
tica entre Europa Occidental y Estados Unidos que sobrevivió
a la Guerra Fría y dura hasta hoy. Por otro lado, la partición de
Alemania en dos repúblicas bajo el control de las superpoten-
cias fue la base sobre la cual se pudo construir posteriormente
el complejo entramado institucional de la integración europea,
con el establecimiento de la Comunidad Europea del Carbón y
el Acero (ceca) en 1952 y la cee en 1958.6

5 La crisis del Suez en 1956 simbolizó este cambio, ya que, a pesar de sus dife-
rencias, las superpotencias se coaligaron para hacer retroceder a Francia y Gran
Bretaña en su intento por recuperar, mediante la fuerza, el canal nacionalizado
por el presidente egipcio Gamal Abdel Nasser (1956-1970).
6 Para una historia de la integración en Europa, véase Desmond Dinan, Euro-

pe Recast: A History of European Union, Boulder, Lynne Rienner, 2004.


12 Revista Mexicana de Política Exterior

Como resultado de estos cambios en el contexto europeo y


de una política exterior mexicana de tintes aislacionistas, los
vínculos con las potencias con las que México había tenido tra-
dicionalmente un contacto más cercano —Gran Bretaña, Fran-
cia y Alemania— se debilitaron enormemente. Una vez termi-
nada la reconstrucción, ninguno de los dos lados consideraba
esta relación como prioritaria, pues las energías se concentra-
ban en sus respectivos asuntos regionales. Con España, país
de Europa con el que tenía los vínculos más viejos y arraigados
socialmente, México no tuvo relaciones diplomáticas durante
este periodo. España se había convertido, bajo el régimen del
general Franco, en un “Estado paria”. Con la derrota del fascis-
mo en 1945, la dictadura franquista que había recibido apoyo
de Hitler y Mussolini vivía en la autarquía, despreciada por eu-
ropeos occidentales y orientales, por Estados Unidos y la Unión
Soviética. Sin embargo, para 1953, Franco logró contrarrestar
el aislamiento gracias a su ferviente anticomunismo. Incluso
para 1959, los contactos económicos fueron restableciéndose
gracias a la llegada de los “tecnócratas” al poder que llevaron a
cabo reformas de fondo. En este periodo se tuvieron relaciones
“oficiosas”, no “oficiales”, y se manejaron los asuntos consulares
por medio de la embajada en Lisboa. A pesar de los actos de
apertura, el régimen franquista no logró acuerdos comerciales
con la cee sino hasta 1970, pues siguió siendo autoritario hasta
la muerte de Franco en 1975.7 Este aislamiento contribuyó a la
debilidad de las relaciones entre América Latina y Europa en ese
periodo.

7 En contraste, otras dictaduras mediterráneas como Turquía, Grecia y Portugal

sí obtuvieron un acuerdo comercial con la cee desde los años sesenta y entraron
a la otan. La exclusión de España era sintomática del repudio particularmente
agudo que el franquismo generaba en el resto de Europa por su asociación con
el fascismo. Véase Charles T. Powell, “Spain’s External Relations 1898-1975”, en
Richard Gillespie, Fernando Rodrigo y Jonathan Story, Democratic Spain: Resha-
ping External Relations in a Changing World, Londres, Routledge, 1995, p. 19.
La relación entre México y Europa: 1945-2010 13

Por otra parte, en el nuevo orden bipolar, ocuparon un lu-


gar prominente las relaciones diplomáticas de México con la
superpotencia europea, la Unión Soviética, que no guardaban
proporción con el nivel de intercambios reales, económicos o so-
ciales. Así, durante la Guerra Fría, las relaciones entre México
y Europa fueron un tanto extrañas: la Unión Soviética cobró
una importancia que nunca había tenido, ni volvería a tener
después; Francia y Gran Bretaña prácticamente desaparecie-
ron, y la actitud hacia España fue de franca hostilidad. México
concentró sus esfuerzos en el manejo de la relación con Estados
Unidos y en la construcción de organismos multilaterales que
se convirtieron en el andamiaje del nuevo orden internacional.
El ámbito diplomático en estos organismos quedó casi como
la única arena de interacción significativa y no siempre en un
sentido de cooperación, pues muchas veces Europa y México no
compartieron visiones, ni intereses. Por ejemplo, uno de los ejes
de la postura mexicana era la protección de la industrialización,
que había despegado durante la guerra, de la caída de la de-
manda mundial que venía con la paz. “La delegación mexicana
manifestó su deseo de que el Banco Mundial que debía crearse
[en la conferencia de Bretton Woods en 1944] no tuviera como ob-
jetivo único ni más importante reconstruir Europa por urgente
que esto fuera”.8 Además, la diplomacia mexicana tenía preocu-
paciones sobre la pérdida de importancia de México en el es-
cenario internacional, lo que se tradujo en la defensa del prin-
cipio de igualdad jurídica de los Estados. Esto contravenía los

8 Blanca Torres Ramírez, De la guerra al mundo bipolar, México, Senado de

la República (México y el mundo. Historia de sus relaciones exteriores, vol. vii),


1990, p. 59. Véase Antonio Ortiz Mena L. N., “México ante el sistema monetario y
el comercio internacional: lecciones de Bretton Woods a la actualidad”, en Jorge
Schiavon, Daniela Spenser y Mario Vázquez Olvera (eds.), En busca de una na-
ción soberana: relaciones internacionales de México, siglos xix y xx, México, Cen-
tro de Investigación y Docencia Económicas (cide)/sre, 2006, pp. 512-521.
14 Revista Mexicana de Política Exterior

intereses de las potencias europeas que obtuvieron un asiento


permanente y la posibilidad de veto en el Consejo de Seguridad
de las Naciones Unidas.
El restablecimiento de los contactos oficiales con Europa
fue la primera labor del gobierno mexicano tras el fin de las
hostilidades. El proceso fue escalonado por razones geopolíti-
cas, por la extrema destrucción de la economía y de las infraes­
tructuras en Europa, así como por los problemas de presupuesto
de la Cancillería mexicana.9
Los vínculos económicos prácticamente desaparecieron
para renacer al final del periodo. Tres factores intervinieron en
la debilidad de los lazos económicos: el periodo de reconstruc-
ción europeo dio paso a una etapa de crecimiento acelerado en
un contexto de liberalización, el establecimiento de la cee para
la remoción de barreras comerciales entre los miembros de
ésta y, por ende, una discriminación comercial de regiones como
América Latina, y las políticas proteccionistas de México.10
Éste, por su parte, tenía un comercio exterior sumamente redu-
cido (debido a su política de desarrollo, basada en la sustitución
de importaciones) y concentrado, más que nunca, en Estados
Unidos. Los esfuerzos de diversificación del comercio 11 de
los presidentes Miguel Alemán (1946-1952) y Adolfo López

9
En la correspondencia de la embajada británica en México con el Foreign
Office (fo) en 1947, se hace notar que la Cancillería mexicana tenía buenas in-
tenciones, pero fondos reducidos (fo 371 97539, r. 130, p. 2). Numerosas cartas y
memorandos de la propia sre corroboran esta falta de recursos.
10 Un buen ejemplo eran los bancos, sector que México no contemplaba abrir;

véase fo 371 114267, r. 133 p. 14. Con respecto a la negativa británica de someter
sus inversiones a la jurisdicción de tribunales mexicanos, véase “Board of Trade
Saving Telegram”, 17 de enero de 1947, fo 371 60931, r. 120, p. 5.
11 Según los informes de la embajada británica al Foreign Office, México espe-

raba ansiosamente la revitalización de la economía europea para contrarrestar


su dependencia excesiva del comercio con Estados Unidos (fo 371 60931, r. 120,
pp. 111-113).
La relación entre México y Europa: 1945-2010 15

Mateos (1958-1964) dieron frutos, pues se recuperaron algunos


mercados e inversiones europeas, pero fueron episodios aisla-
dos de internacionalismo en un periodo que se caracterizó, en
general, por una tendencia al aislacionismo.
La diversificación también se dio en el ámbito político con
la intención de mediar entre las superpotencias. Así, con Euro-
pa Oriental y la urss, los acercamientos políticos dieron lugar
a algunos acuerdos de comercio y cooperación; por ejemplo, el
fortalecimiento de los vínculos con el Consejo de Ayuda Mutua
Económica (came), órgano que vinculaba económicamente a la
Unión Soviética con sus satélites de Europa del Este; con todo,
el intercambio real nunca despegó. Además, la relación tuvo
presentes ciertos altibajos como cuando México expulsó a dos
diplomáticos soviéticos.12
En el ámbito social, los europeos que llegaron a México en
el periodo inmediatamente posterior a la guerra, expulsados
por la penuria económica y política en sus países, no fueron
muy numerosos. A partir de los años cincuenta las cifras baja-
ron aún más, debido a la recuperación económica en Europa y
a que la política mexicana de inmigración era sumamente res-
trictiva. Se hizo, sin embargo, una excepción con los españoles
que huían de la dictadura y la pobreza en su país, y a quienes se
les dio facilidades para naturalizarse. A pesar de su reducido
tamaño con respecto a la población mexicana, los inmigrantes
europeos, sobre todo los republicanos españoles, tuvieron un

12 En 1958, año de la sucesión presidencial, las actividades de los enviados

soviéticos en México fueron causa de fricciones diplomáticas, cuando en el marco


del conflicto ferrocarrilero, Nikolai Remizov, agregado militar y naval, y Nikolai
Axionov, segundo secretario de la embajada, fueron expulsados por promover la
subversión. Véanse Cole Blasier, The Giant’s Rival: The ussr and Latin America,
Pittsburgh, Pittsburgh University Press, 1987, p. 207; Héctor Cárdenas (con
la colaboración de Evgeni Dik), Historia de las relaciones entre México y Rusia,
México, sre/Fondo de Cultura Económica (fce), 1993.
16 Revista Mexicana de Política Exterior

impacto visible en la vida económica, académica y cultural del


país.13

Contactos intermitentes, desencuentros estructurales:


détente, multipolaridad y tercermundismo, 1970-1982

Durante los años setenta el sistema internacional transitó por


un periodo de relativa calma entre las superpotencias, conocido
como détente (distensión). Una dinámica nueva que combinó
elementos cooperativos (por los cuales se redujo la tensión en el
ámbito estratégico y militar) con elementos competitivos en
lo político e ideológico.14 Cambios importantes fueron erosio-
nando la estructura bipolar rígida que había caracterizado a la

13 Dolores Pla explica que los inmigrados republicanos constituían una Es-

paña “selecta”, porque un porcentaje alto del exilio (28%) estaba formado por
intelectuales, artistas y profesionistas. Además tenían una tasa de analfabetismo
que apenas alcanzaba el 1%, cuando este índice era de entre 30% y 40% en Es-
paña (Dolores Pla Brugat, “Españoles en México (1895-1980). Un recuento”, en
Secuencia. Revista de historia y ciencias sociales, núm. 24, septiembre-diciembre
de 1992, p. 119). Para un recuento cualitativo de algunos de estos aspectos, véa-
se Agustín Sánchez Andrés y Silvia Figueroa Zamudio (coords.), De Madrid a
México. El exilio español y su impacto sobre el pensamiento, la ciencia y el sistema
educativo mexicano, Morelia, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidal-
go/Comunidad de Madrid, 2002. Sobre las políticas de inmigración mexicanas,
véase Mónica Palma Mora, De tierras extrañas: un estudio sobre la inmigración
en México, 1950-1990, México, Secretaría de Gobernación/Instituto Nacional de
Migración/Centro de Estudios Migratorios/Instituto Nacional de Antropología e
Historia/dge Ediciones, 2006.
14 Los acuerdos más representativos entre las potencias se dieron en el campo

estratégico: Strategic Arms Limitation Talks (salt). En el campo político, la co-


municación bilateral y el restablecimiento del comercio también resaltaron. Sin
embargo, esto no excluía la competencia por la lealtad de los nuevos regímenes
del Tercer Mundo. Véanse Mike Bowker y Phil Williams, Superpower Détente:
A Reappraisal, Londres, Royal Institute of International Affairs/Sage, 1988, y
Richard W. Stevenson, The Rise and Fall of Détente: Relaxation in Tension in us-
Soviet Relations: 1953-1984, Chicago, University of Illinois, 1985.
La relación entre México y Europa: 1945-2010 17

“primera Guerra Fría”: el “Tercer Mundo”, surgido de la desco-


lonización, cobraba fuerza; los dos choques petroleros de 1973 y
1979 sacudieron a la maltrecha economía mundial, generando
desempleo, estancamiento económico e inflación; Europa Oc-
cidental se comportaba con mayor independencia política y eco-
nómica de Estados Unidos, mientras surgían nuevos actores en
otras regiones como Asia y Medio Oriente. Entre tanto, Estados
Unidos normalizaba sus relaciones con China, la cual, a su vez,
desafiaba a la urss. En este contexto de mayor pluralidad en
el sistema internacional, la relación entre México y Europa
encontró nuevos espacios de contacto directo que redujeron la
triangulación vía Estados Unidos observada en el periodo ante-
rior. El clima de distensión también permitió una mayor interac-
ción entre México y los países de Europa del Este.
El proceso de integración alrededor de la cee fue afectado
por estos desajustes económicos, aunque el continuo desarrollo
del bloque fue notorio. La primera ampliación en 1973, con la
adhesión de Gran Bretaña, Irlanda y Dinamarca, convirtió a
la cee en el proyecto regional dominante. De hecho, en esos años,
mostró ser un proyecto con influencia mucho más allá del ám-
bito económico: tras el colapso de sus respectivos regímenes
autoritarios, Grecia, España y Portugal solicitaron su adhesión.
Así, obtener el estatus de candidato a la membresía de la cee
significaba obtener una especie de “sello de garantía” de que
se era un Estado democrático, digno miembro de la sociedad
interna­cional.
Otro cambio estructural del sistema internacional en este
periodo fue el fin del proceso de descolonización en Asia, África
y el Caribe, que afectó a ambas orillas del Atlántico, alejándo-
las. Para las antiguas potencias coloniales europeas, la pérdida
de ese vínculo reforzó la tendencia al repliegue regional que ya
se estaba dando desde 1945: sus prioridades estaban en Euro-
pa, en el proyecto de integración y en el manejo de su relación
18 Revista Mexicana de Política Exterior

con la Unión Soviética. Para México, en cambio, la descoloniza-


ción proveyó el escenario para un activismo multilateral más
allá del hemisferio americano, pues este número creciente de
Estados se convirtió en la nueva mayoría en la Asamblea Ge-
neral de la onu, lo cual transformó a la Organización. Una vez
obtenida la igualdad jurídica, muchos de estos nuevos Estados
se coaligaron en el llamado Grupo de los 77 para exigir una
redistribución internacional de la riqueza en el seno de la cnu-
ced. México se convirtió en líder de esta coalición al promover
la Carta de los Deberes y Derechos Económicos de los Estados
en ese foro.
El periodo de distensión abarcó dos presidencias, la de
Luis Echeverría y la de José López Portillo, marcadas en su
acción internacional por algunas características en común,
como la búsqueda de un liderazgo del Tercer Mundo, mencio-
nada anteriormente, y un cierto activismo.15 En términos di-
plomáticos, la retórica tercermundista mexicana no despertó
muchas simpatías entre los gobiernos de Europa Occidental,
aunque sí hubo avances en los temas que la Cancillería mexi-
cana trabajaba tradicionalmente en el seno de los organismos
multilaterales, como el desarme.
Si bien los esfuerzos de diversificación de las relaciones
internacionales de México del presidente Echeverría produje-
ron dos acuerdos económicos formales en 1975, uno con la cee y
otro con el came, éstos no se tradujeron en un aumento sustan-
cial del comercio, las inversiones o apoyo político para el pro-
yecto tercermundista del presidente. En cambio, años después,
la administración de López Portillo sí tuvo cierto eco europeo

15 Los especialistas en política exterior de México califican este periodo como

el de una política exterior “activa”. Véase, por ejemplo, Mario Ojeda, México: el
surgimiento de una política exterior activa, México, Secretaría de Educación Pú-
blica, 1986.
La relación entre México y Europa: 1945-2010 19

en cuanto al conflicto en Centroamérica. Éste fue el ejemplo


más concreto de la coincidencia de intereses entre México y
las potencias europeas por buscar enfoques alternativos que
permitieran abstraer los temas regionales del conflicto Este-
Oeste.16
Este contexto de distensión también permitió que tanto
Europa Occidental como México fortalecieran sus relaciones
con una Unión Soviética más pragmática que, en esta época,
normalizó sus vínculos con la mayoría de los países de América
Latina y Europa.17 Ambos presidentes mexicanos pusieron de
manifiesto su interés por acercarse a la urss, con sendas visitas
a Moscú. Entre 1973 y 1974 se iniciaron relaciones con Bulga-
ria, Rumania y la República Democrática Alemana (rda).18 Con
esta última, los contactos se intensificaron, pues era un país
que invertía en el desarrollo de relaciones con aquellos países que
consideraba útiles para su causa, como México y, sobre todo,
Cuba, en América Latina.19 Este nuevo ambiente, sin embar-
go, no estuvo exento de roces, ligados a la “doble política exte-
rior” de la urss; tampoco hizo crecer los ínfimos intercambios
económicos.
El hecho diplomático más relevante y con mayores conse-
cuencias a largo plazo para las relaciones entre México y Eu-

16 Este apoyo provino sobre todo de los partidos socialistas de España, Francia

y Alemania. Tuvo su episodio más visible durante los primeros años de la pre-
sidencia de François Mitterrand, cuya política exterior reavivó sus tendencias
antihegemónicas. Véase Eusebio Mujal-León, “El socialismo europeo y la crisis en
Centroamérica”, en Foro Internacional, vol. xxiv, núm. 2, 1983, pp. 155-198.
17 Véanse C. Blasier, op. cit., pp. 16-20 y Nicola Miller, Soviet Relations with

Latin America: 1959-1987, Cambridge, Cambridge University Press, 1989, p. 7.


18 sre, Informe de labores, 1972-1973, p. 35.
19 Wolf Grabendorff, “Germany and Latin America”, en Susan Kaufman y

François Simon (eds.), Europe and Latin America in the World Economy, Boulder,
Lynne Rienner, 1995, p. 88. La relación con la rda alcanzó un nivel diplomático
sorprendentemente alto, con la visita del presidente del Consejo de Estado Erich
Honecker en 1981 (sre, Informe de labores, 1981-1982, p. 37).
20 Revista Mexicana de Política Exterior

ropa en este periodo fue el restablecimiento de relaciones con


España en 1977. Tras el fin del franquismo, la transformación
de España en una democracia le permitió romper el cerco
con sus vecinos europeos y con México. Aunque no fue fácil ni
automático, hacia finales de los setenta, se restableció el papel
preponderante que ese país había tenido tradicionalmente en
las relaciones de México con el Viejo Continente y, con ello, se
puso fin a una situación extraña que había caracterizado al pe-
riodo anterior.
En el ámbito económico, fue difícil fortalecer los tenues la-
zos existentes, dados un modelo de desarrollo mexicano todavía
basado en la sustitución de importaciones y unas economías
europeas golpeadas por la crisis económica y refugiadas en el pro-
teccionismo. Además, la Preferencia Comunitaria a favor de los
países acp (ex colonias europeas de África, el Caribe y el Pacífi-
co) establecida en los Acuerdos de Lomé,20 y el proteccionismo
agudizado por la Política Agrícola Común (pac) no favorecían el
acceso a la cee de las exportaciones mexicanas, compuestas en
su mayoría por productos primarios y agrícolas.21 Sin embargo,
hacia finales de los setenta hubo un cambio, debido al papel

20
Estos acuerdos eran resultado de la adhesión británica a la cee, pues al
obligarla a adoptar la Preferencia Comunitaria, era necesario abrogar la Prefe-
rencia Imperial sobre la que se fincaban las relaciones con la Commonwealth.
La cee diseñó entonces los Acuerdos de Lomé para dar acceso preferencial al
Mercado Único a todas las ex colonias de Francia, Holanda, Bélgica y la Gran
Bretaña. Sin embargo, al dar acceso preferencial a estos países, los acuerdos dis-
criminaban a América Latina. Tiempo después, estos acuerdos se renovaron bajo
los nombres de Yaundé y Contonú. La Organización Mundial del Comercio (omc)
logró hacerlos desaparecer en 2008. El acuerdo de México con la cee de 1975
tenía justamente el propósito de desactivar las condiciones desfavorables que la
negociación de Lomé planteaba para México. Véase Institute for European-Latin
American Relation (irela) (ed.), Las relaciones entre México y la Comunidad Eu-
ropea, Madrid, irela, 1990.
21 Para una descripción de la pac y los orígenes de su proteccionismo, véase

Wyn Grant, The Common Agricultural Policy, Basingstoke, MacMillan (Euro-


pean Union Series), 1997. Para una descripción de la composición de las expor-
La relación entre México y Europa: 1945-2010 21

preponderante que adquirió el petróleo en la economía mexica-


na y que transformó la composición y el volumen del intercam-
bio económico con Europa. Este breve periodo de diversificación
exitosa terminó con la debacle económica que arrasó a América
Latina: la “crisis de la deuda” de 1982, provocada por un endeu-
damiento excesivo al colapsar los precios del petróleo y aumen-
tar las tasas de interés.22 En el ámbito social, las migraciones
europeas pasaron a un tercer lugar en cuanto a números, des-
plazadas por los refugiados centro y sudamericanos. También
cambió el tipo de inmigrante europeo y se establecieron una
serie de tendencias relacionadas con lo que hoy se conoce como
globalización, que marcarían el tono en los años por venir. Se
trató ahora de cuadros técnicos o empresariales, con menor
tendencia a echar raíces en el país, pues venían por tiempo
limitado. Con el paso de los años, la comunidad española de
refugiados se fue disolviendo y asimilando a la sociedad mexi-
cana, y terminó pareciéndose a otras comunidades de europeos
asentados en México. Los intercambios culturales, los acuerdos
de cooperación técnica, el turismo y el número de mexicanos
que fueron a estudiar a Europa aumentó como resultado de una
mayor actividad diplomática en el ámbito de la cooperación y del
incremento de los transportes aéreos en este periodo.

El acercamiento: crisis, apertura y globalización, 1982-2000

La década de los ochenta inició con un recrudecimiento de las


tensiones entre las superpotencias, que se manifestó princi-

taciones mexicanas en estos años, véase Mario Ojeda, Alcances y límites de la


política exterior de México, México, El Colegio de México, 1984, pp. 111-119.
22 Para un recuento de los orígenes de la crisis de la deuda mexicana, véase

José Ángel Gurría, La política de la deuda externa: una visión de la moderniza-


ción de México, México, fce, 1993, pp. 11-28.
22 Revista Mexicana de Política Exterior

palmente en el descarrilamiento del proceso de desarme,23 pero


terminó con la caída del Muro de Berlín en el otoño de 1989,
que simbolizó el fin de la Guerra Fría. La llegada al poder del
reformista Mijaíl Gorbachov (1985-1991) dio cuenta de la acep-
tación por parte del politburó de la impostergable necesidad de
introducir cambios significativos en la Unión Soviética, que se
tradujeron en dos programas conocidos como perestroika (re-
forma) y glasnost (transparencia).24 Gorbachov buscó reducir
la tensión en lo internacional, por lo que hizo propuestas radi-
cales de desarme,25 se retiró de Afganistán (1989) y permitió
que los satélites de Europa del Este tuvieran mayor indepen-
dencia.26 A esto le siguió la implosión de la Unión Soviética en
1991, que tuvo implicaciones sustanciales en todas las áreas de
la vida internacional.
Así, este periodo estuvo marcado por dos etapas muy dis-
tintas en términos de la distribución internacional del poder,
pues se pasó de la bipolaridad en los ochenta a la unipolaridad
de la década de los noventa, durante la cual, el poderío esta-

23 El fracaso del proceso salt ii marcó este deterioro. En su lugar, el presiden-

te Ronald Reagan emprendió la Iniciativa de Defensa Estratégica (Strategic De-


fense Initiative, sdi), también conocida como “Guerra de las Galaxias” que incluía
llevar la disuasión nuclear al espacio. Para un estudio acerca de las causas del
fin de la détente, véase M. Bowker y P. Williams, op. cit. Para México, que había
dedicado gran parte de su agenda exterior en el plano multilateral al tema del
desarme, este deterioro llevó a una intensificación de sus esfuerzos en la materia.
24 Archie Brown, The Gorbachev Factor, Oxford, Oxford University Press,

1997, pp. 130-216; Tsuyoshi Hasegawa y Alex Pravda, Perestroika, Soviet Domes-
tic and Foreign Policies, Londres, Royal Institute of International Affairs, 1990.
25 Tras la Cumbre de Reikiavik, en 1987, las superpotencias firmaron el tra-

tado Intermediate Nuclear Forces, por medio del cual se retiraron los misiles de
corto alcance instalados en las dos Alemanias a principios de la década.
26 Desde 1988, Gorbachov había puesto fin a la “doctrina Brezhnev” al anun-

ciar que la urss no intervendría en los asuntos internos de otros países, incluidos
sus satélites, en un famoso discurso ante la Asamblea General el 7 de diciembre
de 1988.
La relación entre México y Europa: 1945-2010 23

dunidense parecía no tener rival, especialmente a partir de la


Guerra del Golfo de 1991. Sin embargo, en términos económicos
y políticos, se puede hablar de un solo periodo caracterizado por
el ascenso del liberalismo: dos “olas” de democratización trans-
formaron a la mayoría de los países de América Latina (lo que
desembocó en el Consenso de Washington), Europa del Este
y Asia, mientras que una apertura económica generalizada,
acompañada de una revolución tecnológica en los transportes
y las comunicaciones, integró a gran número de países en una
economía global basada en el libre mercado. En este contexto
de profundas transformaciones estructurales, las relaciones en-
tre México y Europa mostraron una trayectoria de acercamiento
sin precedentes.
En México, este periodo abarcó tres presidencias, la de
Miguel de la Madrid (1982-1988), la de Carlos Salinas (1988-
1994) y la de Ernesto Zedillo (1994-2000), las cuales compartie-
ron el proyecto de abrir la economía mexicana e integrarla a la
mundial, mientras que relegaron la apertura política hasta el
último momento. En este sentido, tuvieron políticas exteriores
sumamente parecidas, dominadas por los temas económicos:
el manejo de la crisis de la deuda, la integración con Estados
Unidos y la diversificación con Europa. Los principios de defen-
sa de la soberanía y de no intervención siguieron invocándose
para blindar la política interna —que sufría una crisis de legi-
timidad cada vez más aguda— contra el escrutinio internacio-
nal.27 Éste era cada vez más feroz, debido al creciente consenso
internacional alrededor de los valores democráticos y los dere-
chos humanos que dejó el colapso soviético. Por tanto, durante

27 Luis Herrera-Lasso M., “Estrategia de política exterior: necesidad de un

nuevo rumbo”, en Luis Herrera-Lasso M. (coord.), México ante el mundo: tiempo


de definiciones, México, fce, 2006, pp. 254-270.
24 Revista Mexicana de Política Exterior

la negociación del Tratado de Asociación, la “cláusula democrá-


tica” fue un punto de fricción entre México y la ue.28
En lo diplomático, a lo largo de los ochenta, Europa Oc-
cidental apoyó los esfuerzos mexicanos por encontrar una so-
lución al conflicto en Centroamérica por medio del Diálogo de
San José. En los noventa, esta cooperación evolucionó hacia un
diálogo “birregional” entre la ue y América Latina, promovido
sobre todo por México y España, e institucionalizado, primero
en la Cumbre Iberoamericana de Guadalajara de 1991 y, lue-
go, en la Cumbre de Río Unión Europea-América Latina y el
Caribe de 1999.
En lo económico, la crisis de la deuda de 1982 desembocó
en la apertura unilateral de México a partir de 1985, año de su
ingreso al gatt. La política exterior dejó atrás el activismo ter-
cermundista para centrarse en dos objetivos casi únicos: la paci-
ficación en Centroamérica y la reparación de los daños que la
crisis de la deuda había dejado, lo cual incluía restaurar la mal-
trecha credibilidad del país en los mercados internacionales.
Por tanto, en primer lugar, fue necesario negociar los tér-
minos del pago de la deuda con Estados Unidos, el fmi y la co-
munidad bancaria internacional. En esta tarea, la relación con
Europa resultó fundamental, pues además de su importancia
en la toma de decisiones en el seno del fmi, 40% de la deuda
mexicana había sido contraída con bancos europeos.29 La flexi­
bilidad en la renegociación de la deuda fue variable entre los

28
José Antonio Sanahuja, “Trade, Politics, and Democratization: The 1997
Global Agreement between the European Union and Mexico”, en Journal of In-
teramerican Studies and World Affairs, vol. 42, núm. 2 (número especial: “The
European Union and Latin America: Changing Relations”), julio de 2000, p. 38.
29 Gran Bretaña, la República Federal Alemana, España y Francia partici-

parían más adelante con el 26% del “mecanismo de sustitución de la deuda por
inversión”. Véase Francisco Gil Villegas, “Opciones de política exterior: México
entre el Pacífico y el Atlántico”, en Foro Internacional, vol. xxix, núm. 2, 1988,
pp. 266 y 272.
La relación entre México y Europa: 1945-2010 25

países europeos; Francia y España mostraron una postura más


comprensiva, mientras que Gran Bretaña no mostró mucha
disposición a negociar dado el precedente que podría generar.30
En segundo lugar, la administración de Miguel de la Madrid
buscó en Europa la diversificación de las relaciones económicas
exteriores de México, ya no sólo en términos geográficos, sino
también en términos de su composición, pues era indispensable
reducir la dependencia del petróleo. La prioridad otorgada a
los asuntos económicos en la política exterior de esta adminis-
tración y las siguientes marcaría una tendencia encaminada a
atraer inversión y a insertar al país en la economía mundial.
Esta política tuvo su piedra de toque en la integración de
México con Estados Unidos y Canadá a partir de 1994, tras la fir-
ma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (tlcan).
Éste, a su vez, dio lugar a la negociación de un Tratado de Li-
bre Comercio Unión Europea-México (tlcuem) que forma parte
del Tratado de Asociación más amplio, firmado en 1997.31 Am-
bos entraron en vigor en el año 2000.
La desaparición del “socialismo real” tuvo sus repercusio-
nes más inmediatas y profundas en Europa Central y del Este,
donde se reconfiguró el mapa de manera radical. La reunifica-
ción de Alemania, la liberalización política y económica de los
antiguos satélites soviéticos de Europa Central y la violenta
desintegración de Yugoslavia obligaron tanto a México como
a Europa Occidental a reorganizar sus relaciones con la zona.

30 Robert Graham, “British Policy towards Latin America” (p. 64) y Stepha-

nie Griffith Jones, “Britain and Latin America: Financial Relations” (pp. 128-
132), en Victor Bulmer-Thomas (ed.), Britain and Latin America: A Changing
Relationship, Cambridge, Cambridge University Press, 1989. Véase también irela,
Europa Occidental y la deuda externa de América Latina, Madrid, irela, 1987.
31 El nombre de este Tratado de Asociación, que se conoce comúnmente como

“Acuerdo Global”, es Tratado de Asociación Económica, Concertación Política y


Cooperación entre México y la Unión Europea.
26 Revista Mexicana de Política Exterior

Pero aquí el contraste fue muy claro. Para México, los Estados
del espacio postsoviético, Rusia incluida, se volvieron prácti­
camente irrelevantes al perder la desmedida importancia po-
lítica que les había conferido la Guerra Fría,32 y colapsarse la
incipiente relación económica que nunca despegó. Por ejemplo,
la visita del presidente Carlos Salinas en el verano de 1991,
poco antes de que se desintegrara la urss, no tuvo mayores
repercusiones, fuera de resaltar las reformas por las que esta-
ban pasando ambos países.33 En cambio, para Europa Occiden-
tal, el manejo del conflicto y el cambio en su vecindario inme-
diato se convirtieron en su preocupación casi exclusiva. En ese
sentido, México tuvo que competir con Europa del Este por la
atención de una Europa Occidental extremadamente introver-
tida, que se dedicó a reforzar el proceso de integración, con dos
ampliaciones (España y Portugal en 1986, y Austria, Suecia y
Finlandia en 1995) y varios tratados, entre los cuales destaca el
de Maastricht que, en 1992, convirtió a la cee en uno de los tres
pilares de la ue.34 Salinas comenzó las negociaciones del tlcan
con Estados Unidos, tras una gira en enero y febrero de 1990
por Europa, en la que constató la falta de interés europea.
En el plano bilateral, aunque Alemania no perdió su lugar
de principal socio económico, sus intereses estaban en Europa
Central. En cambio, la relación con España adquirió un lugar
preeminente y desplazó a las otras potencias europeas, espe-
cialmente Francia y Gran Bretaña. Tras su adhesión a la cee
en 1986, Madrid se convirtió en el principal abogado de México

32
Humberto Garza Elizondo, “Las relaciones México-urss”, en Foro Interna-
cional, vol. xxviii, núm. 4, 1988, p. 761.
33 H. Cárdenas, op. cit., p. 237.
34 El Tratado de Maastricht o Tratado de la Unión Europea añadió dos “pila-

res” al proceso de integración, además del económico: la pesc y Justicia y Asuntos


de Interior. También planteó el establecimiento de la Unión Monetaria.
La relación entre México y Europa: 1945-2010 27

y del resto de América Latina ante otros Estados e institucio-


nes europeos. España era, claramente, el país de Europa más
interesado en México. Otro acontecimiento diplomático que
destacar en este periodo fue la normalización de relaciones con
el Vaticano en 1992.
En el ámbito económico, el desarrollo de los vínculos no
correspondió al acercamiento político y diplomático, porque
ambos lados dieron prioridad a la integración con sus vecinos
regionales a principios de los noventa. Aunque la apertura y el
crecimiento de la economía mundial trajeron un aumento de
los intercambios en términos absolutos, en términos relativos,
Europa perdió espacios en el mercado mexicano, el cual se con-
centró más que nunca en la relación con Estados Unidos, sobre
todo, a raíz de la entrada en vigor del tlcan. Este suceso generó
la necesidad de redoblar esfuerzos para diversificar el comercio
mexicano, por lo que, desde 1995, el Plan Nacional de Desarro-
llo anunció como prioridad en política exterior lograr un acuer-
do con la ue.35 Así, el tlcan fue el acicate principal que llevó a
las dos partes, Europa y México, a negociar un acuerdo de libre
comercio a finales de los años noventa. Otros factores, como la
entrada de México a la Organización para la Cooperación y el
Desarrollo Económicos (ocde) y la firma de acuerdos bilatera-
les para la promoción y la protección de inversiones, contribu-
yeron con la mejora de la imagen de México y la consolidación
del Tratado de Asociación con la ue. Este acuerdo contemplaba
tres pilares: diálogo político, libre comercio y cooperación.
En el plano de los intercambios a nivel de las sociedades,
éste fue un periodo de extraordinaria transformación, no sólo
entre México y Europa, sino de la naturaleza de las relaciones

35 sre, Informe de labores, 1991-1992, p. 85. Véase también “México pide estre-

char lazos con la ue para equilibrar su relación con Estados Unidos”, El País, 4
de junio de 1994.
28 Revista Mexicana de Política Exterior

internacionales en general, que se caracterizó por la aparición


de nuevos actores en la esfera internacional, especialmente los
no gubernamentales, y por la diversificación de los vínculos, fa-
cilitada por las nuevas tecnologías. Una de las primeras mues-
tras de estos cambios se dio cuando, gracias al uso de Internet,
la revuelta zapatista en Chiapas en 1994 tuvo eco inmediato
en una parte de la izquierda europea, que movilizó recursos y
organizaciones en su apoyo.36

Del entusiasmo al desencanto: el nuevo milenio, 2000-2010

Con el nuevo milenio, los factores que ordenaban el sistema


internacional se transformaron, dejando atrás el optimismo
liberal de los años noventa. Tras los atentados del 11 de sep-
tiembre de 2001, el tema de la seguridad cobró prioridad en la
agenda internacional por encima de la liberalización económica y
política. La reacción de Estados Unidos fue lanzar una “guerra
contra el terrorismo” que resultó sumamente divisiva entre sus
aliados europeos y la sociedad internacional en general. Dos
guerras, primero en Afganistán (2001) y luego en Iraq (2003),
enmarcaron la política exterior estadunidense, con innumerables
consecuencias para sus socios en ambas orillas del Atlántico.
La misión de la otan en Afganistán sentó el reto más inmedia-
to que enfrenta la Alianza Atlántica y que, cotidianamente, ha
puesto a prueba la lealtad de los gobiernos europeos para con
Estados Unidos, a la vez que ha dejado en evidencia la inferio-
ridad de su capacidad militar.
En el ámbito europeo, la guerra de Iraq dividió profunda-
mente a la Unión y afectó su capacidad de actuación exterior.

36 Ulrich Brand y Joachim Hirsch, “In Search of Emancipatory Politics: The

Resonances of Zapatism in Western Europe”, en Antipode, vol. 36, núm. 3, junio


de 2004, pp. 371-382.
La relación entre México y Europa: 1945-2010 29

Por un lado, el gobierno británico de Tony Blair (1997-2007) y


el español de José María Aznar (1997-2004) encabezaron el blo-
que de los países europeos que apoyaron la invasión, con altos
costos para ambos, pues sufrieron sendos ataques terroristas
en Madrid (2004) y Londres (2005). Por otro lado, la Francia de
Jacques Chirac (1995-2007) y la Alemania de Gerhard Schroë-
der (1998-2005) encabezaron el bloque que se opuso al ataque
y que el secretario de Defensa estadunidense denominó despec-
tivamente como “la vieja Europa”.37 Otros factores regionales
empeoraron esto. Por un lado, la ampliación de la ue de 15 a
25 Estados Miembros, el 1 de mayo de 2004 (más otros dos en
2007),38 la cambió fundamentalmente y, sobre todo, la volvió
más introvertida de lo que ya era. Por el otro, en 2005, el recha-
zo de los electores franceses y holandeses a ratificar el Tratado
Constitucional, que pretendía adecuar las estructuras de la ue
a su nuevo tamaño, sumió a la Unión en una crisis interna has-
ta la ratificación del Tratado de Lisboa en 2009. Además, la
política exterior de la ue se ha visto absorta por el manejo de su
compleja relación con Rusia, otro tema controvertido que divide
a la “vieja” Europa de la “nueva”. A partir de 2008, la guerra en-
tre Rusia y Georgia en verano y la escasez de gas en invierno,
generada por un contencioso entre Rusia y Ucrania, reforzaron
la tendencia europea a mirar al Este. En 2009, la crisis finan-
ciera iniciada en Wall Street se extendió a la economía real con
rapidez y con efectos sumamente negativos en todo el mundo.
Las respuestas a esto, marcadas por su carácter nacionalista,
incluso en contra de normativas comunitarias, han dejado claro

37 “Outrage at ‘Old Europe’ Remarks”, en bbc News, 23 de enero de 2003, en


http://news.bbc.co.uk/2/hi/europe/2687403.stm.
38 En 2004, se incorporaron Chipre, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Hun-

gría, Letonia, Lituania, Malta, Polonia y República Checa; en 2007, Bulgaria y


Rumania.
30 Revista Mexicana de Política Exterior

que la unidad europea no está en su mejor momento.39 A esto


se ha sumado, a partir de 2009, la crisis del euro.
En este entorno, las relaciones entre México y Europa
pasaron de un inicio marcado por el optimismo, al desencanto
gradual. El principal motivo de esperanza era que el Acuerdo
Global, negociado durante el gobierno de Ernesto Zedillo, pro-
veía un nuevo marco institucional de relación con la ue que,
ahora sí, permitiría explotar el potencial de intercambio y co-
operación entre las partes. Otra razón para el entusiasmo fue
que, en México, la llegada a la Presidencia de la República del
candidato del Partido Acción Nacional (pan), Vicente Fox (2000-
2006) tras 71 años en el poder del Partido Revolucionario Insti-
tucional (pri), generó muchas expectativas. En la primera gira,
poco antes de tomar posesión (principios de octubre de 2000),
Francia, España, Alemania, Bélgica y Reino Unido recibieron al
presidente electo Fox con alfombras rojas y muchísimo interés
por el cambio democrático que representaba.40 El “gobierno del
cambio” modificó las prioridades que tradicionalmente habían
marcado el comportamiento internacional de México, al buscar
un papel más activo en la escena internacional y darle priori-
dad al tema de los derechos humanos, lo cual fue bienvenido en
la ue. Los líderes europeos estaban encantados de tratar con un
presidente mexicano que buscaba ser un interlocutor importan-
te con el resto de América Latina, hacer respetar los derechos
humanos, resolver el problema en Chiapas y abrir los sectores

39
Por ejemplo, las ayudas francesas a la industria automotriz a finales de
2008 contravenían las reglas de competencia comunitarias, “Europe’s Baleful
Bail-outs”, The Economist, 30 de octubre de 2008. Véase también “Beware of
Breaking the Common Market”, The Economist, 12 de marzo de 2009. Más aún,
en 2009, la ue se rehusó a rescatar a los países de Europa Central en problemas
financieros, por lo que esta tarea recayó en otras instituciones, como el fmi y el
Banco Mundial (“Ailing in the East”, The Economist, 1 de marzo de 2009).
40 “Mexico’s Fox Gets the European Red Carpet”, Financial Times, 29 de sep-

tiembre de 2000, p. 14.


La relación entre México y Europa: 1945-2010 31

de telecomunicaciones y energético a la inversión extranjera.41


Sin embargo, rápidamente se conjugaron varios factores que
fueron minando el entusiasmo inicial. Las diferencias entre el
Poder Ejecutivo y un congreso en el que el pan no tuvo la ma-
yoría limitaron la capacidad de acción del gobierno federal a lo
largo de la década. Esto hizo imposible que se cumplieran mu-
chas de las expectativas que la ue tenía del cambio político en
México,42 lo cual llevó a la decepción en Bruselas y otras capi-
tales europeas, donde la imagen de México empeoró. En cuanto
al tema de los derechos humanos, el desencanto europeo con
el desempeño del gobierno ya se dejaba entrever. Aunque los
europeos reconocían los esfuerzos “desde los niveles más altos
del Estado” a favor de defender los derechos humanos, el sis-
tema judicial, las policías, el clima de violencia, la impunidad
generalizada y la expansión del mandato del Ejército parecían
neutralizar los efectos de esta política.43 A partir de 2006, la
prioridad otorgada por el gobierno de Felipe Calderón (2006-
2012) al tema de la seguridad y de la guerra contra el crimen
organizado produjo un desfase entre las prioridades internacio-
nales mexicanas y las de la ue. Ésta ha estado interesada en
los temas de cohesión social y la reconstrucción de la economía
mundial, y ha mostrado preocupación por las consecuencias de
la política de seguridad mexicana en el ámbito de los derechos
humanos.

41 “Le meilleur pays pour investir en Amérique Latine”, Le Monde, 3 de octu-

bre de 2000. Presidencia de la República, “El gobierno federal listo para sentarse
a dialogar y firmar el acuerdo de paz con el ezln”, comunicado de prensa, 28
de enero de 2001.
42 Los objetivos perseguidos por la ue en su relación con México para el perio-

do 2002-2006 quedaron expresados en el documento de la Comisión Europea (ce),


Informe estratégico nacional México: 2002-2006. Ahí se recogen los puntos prin-
cipales del Informe estratégico de 2000 y del Memorándum de Entendimiento
entre México y la ue para la cooperación, también de 2000.
43 ce, Informe estratégico nacional México: 2002-2006, p. 5, § 3.2.1.
32 Revista Mexicana de Política Exterior

A pesar de la pérdida de entusiasmo, la relación continuó


avanzando sobre el sólido andamiaje institucional que le brin-
daba el Acuerdo Global. Éste planteó una estructura de enorme
complejidad y numerosos vínculos, en una multiplicidad de
niveles y sectores, que generó mucha actividad diplomática.
Sin embargo, Europa se quedó esperando la liberalización del
sector energético, el fin de las concentraciones monopólicas en
el sector de telecomunicaciones y la resolución de problemas
burocráticos en las aduanas mexicanas.44
La interacción en el ámbito multilateral cobró particular
relevancia, entre otras razones, por la participación de México
en el Consejo de Seguridad (2002-2003) y, después, por el in-
terés europeo de involucrar a potencias emergentes, como
México, en las discusiones sobre la reforma del orden económico
mundial, al establecer una “alianza estratégica” anunciada en
2008. Este periodo también vio desarrollarse y decaer la interac­
ción en el ámbito birregional Europa-América Latina, con-
forme la polarización política fue dividiendo a esta última,
mientras la ue se concentraba en sus problemas internos.
En el plano bilateral, España conservó el lugar preemi-
nente que había ocupado en los últimos años y se convirtió en el
principal inversionista europeo, al cumplirse 30 años de la reanu-
dación de relaciones diplomáticas con México. El entonces
recién electo presidente del Gobierno español José Luis Rodrí-
guez Zapatero cambió el tono de la relación con América Latina
(que su predecesor había dejado maltrecha durante la guerra
de Iraq) al colocar a la región entre sus prioridades de política
exterior.45 Los vínculos oficiales se han seguido multiplicando e

44
Citado en “Pide ue apertura a inversión”, Reforma, 2 de mayo de 2002.
45
“Zapatero coordinará su política exterior con América Latina para evitar
nuevas rupturas”, El País, 28 de mayo de 2004; José Luis Rodríguez Zapatero,
“La nueva política exterior para España”, en Foreign Affairs en Español, vol. 4,
núm. 3, julio-septiembre de 2004, pp. 2-9.
La relación entre México y Europa: 1945-2010 33

institucionalizando en varios sectores, desde la cooperación an-


titerrorista, hasta la discusión del tema migratorio, y en 2007
se anunció una “asociación estratégica” entre los dos países.46
Con Europa Central se estrecharon los vínculos como nunca
antes, al entrar esos países en la ue y estructurar su relación
con México conforme al Acuerdo Global. En contraste, la rela-
ción con Rusia prácti­camente desapareció del horizonte político
exterior mexicano.
En cuanto a los temas centrales de las relaciones, cabe
destacar el ascenso de las discusiones sobre medioambiente
y lucha contra el crimen organizado, y la importancia que co-
braron las reuniones con el G8 (economías industrializadas),
el G5 (economías emergentes) y el G20 (economías más impor-
tantes).47 Por su parte, a pesar del trabajo para fortalecer y
volver más eficiente el acuerdo, el tlcuem no rindió los frutos
esperados. Una recesión en 2001 frenó la demanda y, por tanto,
el comercio y la inversión hasta prácticamente 2004, poco des-
pués de terminar la primera fase de reducción arancelaria.48
Aunque los intercambios repuntaron a partir de ese año, se

46 “Calderón promete a De la Vega estudiar el voto inmigrante”, El País, 6 de

agosto de 2008; “México extradita a España a seis presuntos colaboradores


de eta”, El País, 19 de mayo de 2006; “Zapatero llega hoy a México para firmar
una alianza estratégica”, El País, 15 de julio de 2007.
47 Desde 1973 se reúnen periódicamente los líderes de las siete economías más

industrializadas (Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y


Reino Unido) para discutir los temas centrales de la economía mundial. Este me-
canismo de consulta se conoce como G7. Desde 1998, se incluyó a Rusia y se con-
virtió en el G8. Se conoce como G5 a las cinco principales potencias económicas
emergentes de cada subcontinente: Brasil, China, India, México y Sudáfrica. Desde
2005, por iniciativa del primer ministro británico Tony Blair, han sido invitadas
a las reuniones del G8. El G20 incluye al G8, a las 11 economías emergentes más
importantes y a la Unión Europea como bloque, y se dedica a la discusión de
cuestiones financieras mundiales desde 1999.
48 La desgravación se dio de manera desigual, teniendo en cuenta los distintos

niveles de desarrollo de las partes, con una mayor velocidad en Europa que en
México.
34 Revista Mexicana de Política Exterior

volvieron a ver afectados a partir de la crisis de 2009. Se dio un


crecimiento importante de los intercambios en términos abso-
lutos, tanto en comercio como en inversiones, pero, en términos
relativos, no se logró que creciera la presencia europea en el
mercado exterior mexicano.
En el plano de los vínculos sociales, se continuó la trayec-
toria, iniciada durante el periodo anterior, de diversificación y
multiplicación de los actores participantes en la relación. Inclu-
so la ue insistió en organizar foros de diálogo con la “sociedad
civil” mexicana y europea para complementar las actividades
gubernamentales promovidas por el Acuerdo Global. La partici-
pación de estos nuevos actores ha generado vínculos más diver-
sos y obligado a los gobiernos a crear más puntos de contacto.
Esto ha tenido consecuencias en dos sentidos generales.
Hoy es mucho más difícil que un contencioso de­sate una guerra
o descarrile por completo una relación (como el desacuerdo con
Francia por el caso de Florence Cassez). Por otro lado, la mul-
tiplicación de puntos de contacto en temas que antaño se consi-
deraban de política interior está borrando la barrera entre lo
interno y lo internacional. En este contexto, la soberanía, concepto
nacido en Europa y que articuló por dos siglos la política exte-
rior de México, se vuelve cada vez más difícil de definir.

También podría gustarte