Introducción
Una transición energética en México
Al 2018 éramos alrededor de 7.5 mil millones de habitantes en nuestro planeta, con necesidades
de todo tipo: comida, vestido, vivienda, educación y energía. A partir de la revolución industrial la
población mundial creció exponencialmente. En 1804, existían mil millones de habitantes: en
2018, ya éramos alrededor de 7.5 mil millones de habitantes; sólo bastaron 214 años para ver un
crecimiento de 6.5 mil millones de habitantes más, y todos con necesidad de energía para su
supervivencia diaria.
Países como China, India, Estados unidos e inclusive México, tienen un gran crecimiento
poblacional, lo que se traduce en enorme detonante de necesidad energética.
Población al 2019
1600000
1397715 1366417
1400000
1200000
1000000
Miles de personas
800000
600000
400000 328239
211049
200000 144373 127575
83132 37589
0
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Fuente de datos: https://datos.bancomundial.org/indicator/SP.POP.TOTL?name_desc=false
El consumo de energía eléctrica es importante en todas las actividades humanas. En México, por
ejemplo, la Comisión Federal de Electricidad (CFE) proporciona servicio de energía eléctrica a
alrededor de 40.6 millones de clientes, de los cuales, el 88.57% son clientes del sector doméstico,
0.32% agrícola, 0.8% del industrial, 9.80% del comercial, y 0.51% de servicios. ¡Se requiere de una
gran cantidad de energía eléctrica para el desarrollo de un país!
Esta demanda que parece ser solo aumentará en un futuro, es la que nos hace recapacitar sobre
nuestra capacidad energética actual y la necesidad de una transición energética a una energía
limpia y renovable. Estados Unidos produce alrededor del 80% de su energía eléctrica a través de
la quema de combustibles fósiles, o sea, contaminando nuestro medio ambiente, y no es el único
país en el mundo. Entre más población, mayor necesidad de energía y, desafortunadamente,
mayor contaminación: cruda realidad que está en nuestras manos resolver.
¿Qué es una transición energética?
Se entiende transición energética como un cambio del actual modelo de energético. Se trata de
abandonar las formas convencionales de producir energía e implementar nuevas formas de
generación donde la energía empleada provenga de fuentes renovables o menos contaminantes.
También implica concienciar sobre el uso responsable y sostenible de ella y establecer pautas de
eficiencia energética.
La transición energética es un tema que ha llegado al centro del debate político, y está en boga en
los medios de comunicación, principalmente en relación con el cambio climático. En el contexto de
la crisis climática el concepto de transición energética suele referirse a la sustitución de
combustibles fósiles –contaminantes– por fuentes renovables –limpias–.
¿Se puede alcanzar la transición energética?
La capacidad instalada de las fuentes renovables, particularmente solar y eólica, ha crecido de
manera exponencial en los últimos quince años, pero su crecimiento palidece frente a dos hechos
que rara vez se mencionan. El primero es que entre 1990 y 2018 la contribución de los
combustibles fósiles a la matriz energética mundial bajó sólo del 88% al 85% -en México del 90% al
87%–, y las renovables, excluyendo la hidroeléctrica, representaron en 2018 sólo el 4% –en México
el 1.6%–. El segundo hecho es que el incremento en la generación de energía producida con
combustibles fósiles en la última década ha sido más del doble que el obtenido por fuentes
renovables. A nivel global, la transición energética hacia fuentes renovables no está ocurriendo.
Así como nunca existió la transición del carbón al petróleo, lo que estamos haciendo ahora no es
sino añadir nuevas fuentes de energía a las que ya existen.
Consumo de energía primaria [TWh]
Por razones físicas, más que políticas, la transición energética hacia las renovables es un proyecto
cuesta arriba. Los combustibles fósiles son fuentes no renovables y contaminantes, pero
concentradas y controlables. Las fuentes renovables con mayor potencial de crecimiento, como la
eólica y la solar, son diluidas y variables. Debido a su menor densidad energética, reemplazar con
eólica y solar la infraestructura energética basada en combustibles fósiles requeriría la
construcción de aproximadamente cinco veces la capacidad instalada actual y ocuparía hasta
cincuenta veces más superficie.
El sistema eléctrico necesita alimentar constantemente una demanda variable. Los combustibles
fósiles, la geotermia y en menor medida la hidroeléctrica permiten generar electricidad cuando la
necesitamos, pero la eólica y la solar son irregulares y su producción no es controlable. Su
variabilidad se ha compensado tradicionalmente con combustibles fósiles –como en las plantas de
ciclo combinado con gas natural y en centrales térmicas de carbón–, reduciendo los beneficios de
la generación “limpia”. Además, la opción del almacenamiento es todavía incipiente, y puede
duplicar los costos.
En otro punto, no debemos olvidar que la producción de la infraestructura necesaria para el
aprovechamiento de fuentes renovables tiene también un impacto ambiental, ya que depende de
manera crítica de combustibles fósiles para su construcción y mantenimiento. Se requiere acero
para las torres de los aerogeneradores; carbón para su fundición; cobre, aluminio, cadmio, plata,
oro, cobalto y manganeso para los paneles solares; diésel para extraer dichos minerales; y litio y
plomo para las baterías. Estas materias primas tienen una disponibilidad limitada, y sólo en raros
casos pueden reciclarse. Por este motivo, gran parte de los aerogeneradores y los paneles solares
se convierte en “chatarra electrónica” al finalizar su vida útil.
¿México debería de embarcarse en una transición energética?
Pese a sus límites, las fuentes renovables son la energía del futuro. Las hacen cada vez más
atractivas el incremento del costo de producción de los combustibles fósiles -el petróleo de fácil
extracción se ha terminado- y su creciente impacto ambiental. Por lo que, si México no comenzara
a apostar por las fuentes limpias, se podrá traducir en un futuro rezago energético, ambiental y
tecnológico.
Conclusiones
Es claro, México no debe quedarse atrás en la transición energética, sin embargo, las renovables
por sí solas, no pueden solucionar la actual demanda energética del mundo, lo que podría
solucionarse no con una sustitución de un medio para obtener energía por otro sino, sino con
añadir nuevas fuentes de energía a las que ya existen. Traduciendo esto, México debería mantener
su matriz energética en combustibles fósiles, pero al mismo tiempo inyectar los recursos
necesarios en la participación de energías renovables en el país.
Pensando en una transición energética no inmediata, pero si alcanzable dentro de un futuro a
mediano plazo.
Bibliografía
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