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Extinción K/Pg: Impacto y Causas

La extinción masiva del Cretácico-Paleógeno ocurrió hace aproximadamente 66 millones de años y causó la desaparición del 75% de las especies biológicas, incluyendo la mayoría de los dinosaurios. La hipótesis más aceptada es que fue causada por el impacto de un gran meteorito en la Tierra, el cual creó el cráter de Chicxulub en México. Otras teorías incluyen la actividad volcánica en los Traps del Decán y cambios en el nivel del mar, pero

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Extinción K/Pg: Impacto y Causas

La extinción masiva del Cretácico-Paleógeno ocurrió hace aproximadamente 66 millones de años y causó la desaparición del 75% de las especies biológicas, incluyendo la mayoría de los dinosaurios. La hipótesis más aceptada es que fue causada por el impacto de un gran meteorito en la Tierra, el cual creó el cráter de Chicxulub en México. Otras teorías incluyen la actividad volcánica en los Traps del Decán y cambios en el nivel del mar, pero

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Extinción masiva del Cretácico-Paleógeno.

La extinción masiva del Cretácico-Paleógeno o Cretácico-Terciario fue un período de extinciones


masivas de especies hace aproximadamente 66 millones de añ[Link] al final del período
Cretácico y al inicio del período Paleógeno (primer periodo del Cenozoico). También se le conoce
abreviadamente como extinción masiva del límite K/T (del alemán Kreide/Tertiär Grenze) o K/Pg. El
término Terciario está en desuso, por lo que la literatura científica moderna se refiere a la extinción del
Cretácico-Paleógeno (K/Pg) para este evento.
No se conoce la duración exacta de este evento. Cerca del 75 % de los géneros biológicos
desaparecieron, entre ellos la mayoría de los dinosaurios, los reptiles voladores (pterosaurios), la mayor
parte de reptiles acuáticos (plesiosaurios, pliosaurios e ictiosaurios) y los ammonites. Se han propuesto
muchas explicaciones a este fenómeno, y una de las más conocida es que fue resultado del Impacto K/T
por un objeto extraterrestre.

Causas
Hipótesis de Álvarez y colaboradores.
En 1980 un grupo de investigadores liderados por el físico Luis Álvarez (Premio Nobel), su hijo el
geólogo Walter Álvarez y otros colaboradores descubrieron, en las muestras tomadas por todo el
mundo de las capas intermedias entre los períodos Cretácico y Terciario de hace 65 millones de años,
una concentración de iridio cientos de veces más alta que lo normal.
Plantearon la así llamada «hipótesis Álvarez» o «hipótesis de Álvarez», conforme a la cual la extinción
de los dinosaurios y de muchas otras formas de vida habría sido causada por el impacto de un gran
meteorito contra la superficie de la Tierra hace 65 millones de años.
Para demostrar esta hipótesis, las investigaciones se centraron en encontrar una capa en la corteza de la
Tierra con niveles elevados de iridio. Los niveles del iridio son generalmente más altos en asteroides y
otros objetos extraterrestres. La evidencia del iridio fue descubierta anteriormente al hallazgo del cráter
de Chicxulub. Actualmente esta hipótesis es la más aceptada aunque también tiene sus problemas.
El cráter de Chicxulub
Durante la década que siguió a la publicación del estudio, la hipótesis de la extinción por el choque de
un asteroide continuó siendo tema de debate entre geólogos y paleontólogos.
Uno de las mayores objeciones a esta hipótesis era que no se conocía un cráter cuyas dimensiones
correspondieran al tamaño calculado, que debería tener entre 150 y 200 km de diámetro. Si bien no
sería imposible que la Tierra hubiera cambiado desde entonces escondiendo una deformación tal, en
1990 se ubicaron indicios en Haití de un tsunami de grandes proporciones que arrastró residuos de
iridio. Buscando estudios geológicos realizados desde los años 1960 en adelante se pudo ubicar un
cráter en Chicxulub, en la península de Yucatán, con un diámetro de unos 180 km.
Para algunos científicos, un problema de esta teoría es que la lectura de los registros fósiles sugiere que
la extinción masiva de hace 65 millones de años duró cerca de diez millones de años, lo que no cuadra
bien con que su causa fuera el impacto. Otros autores sostienen que la extinción fue muy rápida para la
mayor parte de las especies. Es evidente que gran parte de estas discusiones está condicionada por la
escasez de restos fósiles en grupos como los dinosaurios, si se calcula que la población al momento de
su extinción pudo ser de 10 000 millones de estos animales en todo el mundo. Hasta el momento, la
única zona conocida rica en restos de dinosaurios con continuidad sedimentaria a través del límite K/T
es la Formación Hell Creek de Norteamérica, donde los especialistas en dinosaurios llevan décadas
discutiendo sobre si su extinción fue catastrófica o se produjo gradualmente a lo largo de los últimos 10
millones de años del Cretácico.
A pesar de la dificultad de encontrar series ricas en fósiles de dinosaurios donde se haya registrado el
límite K/T, una buena aproximación al debate puede realizarse calculando cómo varía su diversidad
con el tiempo. En este sentido, el equipo de D. E. Fastowsky publicó en 2004, en la prestigiosa revista
Geology, un trabajo donde analizaban estadísticamente la base de datos más completa que existe sobre
la diversidad de restos óseos, huevos, coprolitos y huellas de dinosaurios encontrados en los cinco
continentes. Dichos autores concluyeron que, lejos de descender, la diversidad de géneros fósiles
relacionados con los dinosaurios dentro de los últimos 18,5 millones de años del Cretácico alcanzó un
máximo justamente durante los dos millones de años previos al límite K/T, contradiciendo el aparente
declive gradual que algunos autores han defendido.
Los foraminíferos planctónicos (organismos unicelulares marinos) son otro grupo muy estudiado en
relación con las extinciones del límite K/T. Según los recientes resultados científicos de un equipo
internacional de investigadores liderados por Gerta Keller (Universidad de Princeton, EE. UU.) y
Thierry Adatte (Universidad de Neuchâtel, Suiza), el cráter es 300 000 años más antiguo que la lámina
K/T (Cretácico-Terciario). Por el contrario, otros estudios con foraminíferos planctónicos llevados a
cabo por el equipo de Jan Smit (Universidad Libre de Ámsterdam) o por equipo de micropaleontología
de la Universidad de Zaragoza (España), sostienen que el impacto meteorítico tuvo lugar coincidiendo
con el límite K/T.
Teoría de los múltiples impactos
La teoría o hipótesis de los múltiples impactos es otro de los escenarios planteados como posible causa
de la extinción masiva del Cretácico-Terciario. La teoría guarda un parecido a la presentada por los
Álvarez, ya que también dice que la causa de la extinción habría sido la colisión de un objeto
extraterrestre con la tierra, pero plantea dos escenarios. Expone que múltiples meteoritos colisionaron
con la tierra, o bien, que un solo meteorito o asteroide se fragmentó en varias partes al entrar en
contacto con la tierra, siendo el impacto que causó el cráter de Chicxulub uno de ellos. Otros posibles
escenarios de impacto serían el cráter Silverpit y el cráter Shiva, en cuya formación pudo haberse
producido un ascenso del manto terrestre a través de la fractura, explicando el origen geológico de los
traps del Decán. El impacto podría haber sido parecido al ocurrido entre el cometa Shoemaker-Levy 9
con Júpiter.
Los traps del Decán
La gigantesca actividad volcánica que produjo los traps del Decán, en la India, también ha sido llamada
a ser la causa de la extinción. Hay varias maneras en que estas pudieron haber causado la extinción,
incluyendo la expulsión de polvo y otros gases que hubieran disminuido la cantidad de luz que ingresa
al planeta, dificultando así la fotosíntesis además de enfriar el planeta; para luego con otros gases como
el CO2 calentar el planeta y causar un efecto invernadero.
Originalmente se pensaba que la actividad volcánica empezó cerca de 68 millones de años atrás y duró
cerca de 2 millones de años, aunque estudios más recientes afirman que pudieron haber sido
aproximadamente 800 000 años.5 Años atrás esta teoría estaba asociada a una extinción lenta, sin
embargo, luego Luis Álvarez expuso que los paleontólogos estaban obviando el efecto Signor–Lipps.
Para problematizar más esta teoría, la mayoría de la evidencia encontrada desde la década de 1980
habla de una extinción más rápida que coincide más con el impacto de un meteorito.
La disminución del nivel del mar
Al final de Cretáceo, en el Maastrichtiense, hay evidencias de una fuerte disminución del nivel del mar,
lo que hubiera causado una significativa disminución del espacio de la plataforma continental, hábitat
de gran parte de la vida marina, además de otros cambios climáticos como el aumento de la
temperatura. Sin embargo, estudios más recientes contradicen esta teoría enfatizando que no es posible
que por sí sola haya logrado causar una extinción tan significativa.
Múltiples causas
Archibald y Fastovsky proponen, en 2004, un escenario que combina tres causas principales: la
actividad volcánica, la disminución del nivel del mar y el impacto de un objeto contra la tierra. En este
escenario, las especies tanto marinas como terrestres ya enfrentaban serios problemas causados por los
cambios climáticos y por la pérdida del hábitat; así, al ser los dinosaurios los animales más grandes,
fueron los primeros en ser afectados. Al mismo tiempo, el polvo y gases producto de la actividad
volcánica enfriaron y secaron grandes áreas del planeta. En medio de este ambiente de tensión y estrés
para la naturaleza, llegó el impacto de un meteorito, lo que causó el colapso de las especies que
utilizaban la fotosíntesis, que son la base de la cadena alimenticia, por lo que toda la cadena colapsó.
La mayor diferencia entre esta hipótesis con las otras que tratan solo una causa es que expone que las
especies ya se encontraban luchando por su supervivencia antes del impacto, lo que debilitó
severamente su capacidad de reacción y recuperación.7 Incluso se ha apuntado a la aparición de los
insectos como una causa más, ya que estos produjeron cambios no solo en el entorno, sino que también
contagiaron nuevas enfermedades que acabarían con la vida de los dinosaurios.
Link: [Link]
%C3%B3geno

Impacto K/T
El impacto K/T (del alemán: Kreide/Tertiär) es la hipótesis de un evento ligado a la extinción acaecido
por el choque de una roca extraterrestre contra la Tierra hace aproximadamente 65 millones de años. La
colisión se produjo cuando un meteorito, asteroide o cometa de unos diez kilómetros de largo, atravesó
la atmósfera e impactó a 75 000 km/h, frente a las actuales costas del estado de Yucatán en México.
Se cree que el impacto causó seis efectos directos sobre la vida en la Tierra: un cráter de unos 200 km
de diámetro (el cráter de Chicxulub), cambios en la corteza terrestre y también en el clima, con un
calentamiento inicial y un enfriamiento posterior. Todo ello provocó o contribuyó a provocar el evento
denominado extinción masiva del Cretácico-Paleógeno, con la desaparición del 75 % de las especies
existentes, incluyendo el fin de los dinosaurios como el escalón más alto de la cadena alimenticia y la
posterior ocupación de dicho lugar por los mamíferos, quedando un único grupo de dinosaurios
supervivientes, que son las aves.
Todos estos cambios quedaron documentados en el registro geológico, a partir del denominado límite
K/T, y supusieron un cambio de era geológica: el fin del Mesozoico y el inicio del Cenozoico.
La formulación de la teoría se debe al equipo de Luis Walter Álvarez y colaboradores; pero, ya con
anterioridad y posteriormente, numerosos científicos aportaron pruebas y pistas para poder demostrar
tanto la existencia del impacto como la localización del mismo, además de descartar más de sesenta
teorías que no fueron la causa de la extinción masiva, pese a poder coexistir y contribuir a ella.
El cuerpo extraterrestre
No está consensuado el tipo de objeto que provocó el Impacto K/T.n. 1 Carl Sagan (1995, p. 311 y
siguientes) se inclina hacia la hipótesis de un cometa, dejando abierta la posibilidad a otros cuerpos
extraterrestres. Por su parte, Ortiz Alemán et al. (2002) abogan más por un asteroide debido a la gran
cantidad de iridio y otros elementos esparcidos por todo el planeta; es decir, según los investigadores
mexicanos, aquel cuerpo estaba formado mayoritariamente por rocas y no por hielo de agua y de
anhídrido carbónico, pero no cierran la puerta tampoco a otro tipo de cuerpo.
No se conoce tampoco su origen. Pudo ser simplemente un cuerpo de tantos que aún viajan por el
sistema solar y chocan contra los planetas en una cantidad proporcional a su número.1 Sin embargo, se
han apuntado dos teorías según las cuales este tipo de colisiones tiene un ciclo. Por una parte estaría la
de la traslación del sistema solar a lo largo de la Vía Láctea.2 En cada vuelta de 240 millones de años
pasa por encima y por debajo del plano galáctico, lo que provocaría distorsiones gravitatorias y cruces
con todo tipo de cuerpos que terminarían chocando contra los planetas. En segundo lugar, estaría la
hipótesis Némesis postulada por Davis, Hut y Muller (1984), según la cual el Sol tendría una enana
marrón de compañera que crearía distorsiones periódicas en la nube de Oort, arrojando cometas hacia
los planetas interiores cada 27 millones de años.
La estimación más habitual del tamaño que podría tener el objeto es de 10 kilómetros de diámetro.3 Por
su parte, Ortiz Alemán et al. (2002, p. 9 y siguientes) calculan un intervalo comprendido entre los 6 y
los 14. Según ellos, un cuerpo con esas dimensiones choca prácticamente intacto contra el suelo, ya que
la fricción provocada por la atmósfera le despoja de una parte relativamente pequeña de su masa.
Por diferentes métodos Clark R Chapman y David Morrison llegaron a la conclusión de que la
gravedad terrestre aceleró el objeto hasta los 75 000 km/h,n. 2 dotándolo de una potencia destructiva
equivalente a 50 millones de megatones o más,4 superior a todo el arsenal nuclear fabricado en la
historia de la humanidad. A esa velocidad el asteroide o cometa tardó unos cinco segundos en cruzar
toda la atmósfera e impactar contra el lecho del océano. Durante muchos años se discutió este punto
porque no se había encontrado ningún cráter de grandes dimensiones.5 Sin embargo, ahora se sabe que
la colisión se produjo frente a la península de Yucatán. Ortiz Alemán et al. (2002, p. 8) lo ubican en un
lugar conocido como Chicxulub, al este de Puerto Progreso, razón por la cual al cráter se le denomina
cráter Chicxulub.
Efectos principales
Según Carl Sagan (2004), una colisión así produce los mismos efectos que una detonación atómica,
incluido el hongo nuclear, pero sin generar radioactividad. Dichos efectos serían los siguientes:
Fragmentación
Según Sankar Chatterjee, la Tierra fue ametrallada por distintos cuerpos hace unos 65 millones de años
y no solo por una gran colisión. Aunque no se ha confirmado ningún impacto además del de Chicxulub,
sí se cuenta con indicios para situar uno en Ucrania y otro en la India.6 En estos dos casos y a
principios del siglo XXI se detectaron indicios de cráteres de impacto. En el caso de la India, la posible
zona de impacto se la conoce como cráter de Shiva y se trata de una depresión con una superficie doble
a la del impacto mexicano, porque quizá penetró con un ángulo muy bajo.6 Estas evidencias han dado
pie a la llamada Teoría de los múltiples impactos, pese a que algunos expertos como Gerta Keller
albergan dudas sobre si lo detectado en Shiva es o no un cráter.
Dos indicios más contribuyen a reforzar la teoría de Chatterjee. El primero proviene de recreaciones
por ordenador del Bólido de Tunguska.8 Estas simulaciones sugieren que todo el cuerpo no llegó
entero a la superficie, sino que se fragmentaría en la entrada. El segundo se constató tras los impactos
del cometa Shoemaker-Levy 9 contra Júpiter, donde las imágenes enviadas por el telescopio espacial
Hubble mostraron cómo la gravedad del planeta rompió el cuerpo celeste antes incluso de penetrar en
su atmósfera.
Calor
La fricción con las distintas capas atmosféricas elevaría la temperatura del asteroide o cometa a unos
3000 grados centígrados.10 Dicha temperatura se propagaría en forma de calor y luz cegadora.
Asimismo, esta radiación calorífica incrementaría la temperatura del aire hasta los trescientos grados en
un radio de unos 800 kilómetros y probablemente superaría los dos mil en la zona del impacto, también
llamada zona 0. Cualquier forma de vida en el cráter y sus alrededores desaparecería por simple
descomposición de las moléculas orgánicas.11
Siguiendo a Carl Sagan (2004), las grandes temperaturas en la zona 0 harían expandirse los gases
primero en todas direcciones y después más en vertical hasta que su calor se fuera disipando. Entonces
la parte superior de la nube comenzaría a expandirse también, formando la conocida silueta de hongo
nuclear que probablemente sería vista desde varios miles de kilómetros de distancia, dado que su altura
salvaría la curvatura de la Tierra.
En la zona 0 los líquidos entrarían en ebullición y la tierra se fundiría o incluso quedaría vaporizada,11
formando un cráter de impacto de unos 180, 200 o más kilómetros de diámetro.10 La evaporación de
las aguas circundantes haría descender algo el nivel del mar; además se han encontrado pruebas de
grandes incendios, pues debió de arder toda o casi toda la vegetación existente dentro de al menos los
800 kilómetros afectados por la luz y la detonación.12 Estos incendios incrementarían las cenizas
expulsadas al aire, contribuirían a elevar aún más la temperatura y reducirían sensiblemente la cantidad
de oxígeno atmosférico en sus alrededores. Los animales que no hubiesen muerto por la exposición
directa lo harían a lo largo de los siguientes minutos, excepto, quizás, los que habitaban en
madrigueras.
Megaterremoto
Ortiz Alemán et al. (2002, p. 8) indican que los gases comprimidos por el cuerpo celeste y los
fragmentos no consumidos en la entrada descargarían toda su energía cinética contra el suelo. El golpe
expulsaría multitud de materiales al espacio, llamados eyecciones, muchos de los cuales volverían a
caer pasado un tiempo en un radio equivalente a varias veces el tamaño del cráter.11 La colisión
también provocaría un terremoto de magnitud 12 en la escala de Ritchter a cientos de kilómetros del
punto de impacto.13 Semejante sacudida puede lanzar por los aires piedras de considerable tamaño,
además de propagar ondas de choque por toda la corteza terrestre, capaces de catapultar en vertical
trozos de la misma y modificar la orografía del planeta, comprimiendo terrenos y abriendo fisuras.14
Para Ortiz Alemán et al. (2002, p. 8) fue uno de los mayores impactos sufridos en los últimos 1500
millones de años.
Onda expansiva
Como se ha indicado, la caída de un asteroide o cometa provoca los mismos efectos de una explosión
nuclear a gran escala;15 por tanto, el calor debió de desatar vientos que pudieron alcanzar los 200 km/h
a más de 2000 kilómetros del punto de impacto; es posible que incluso más.16n. 4 Estos vientos
lanzarían por los aires en todas direcciones multitud de cenizas y cuerpos enteros abrasados, incluso de
decenas de toneladas. A esa velocidad y a esa temperatura, la onda expansiva pasaría por las
superficies, ya calcinadas o ardiendo, acumulando más calor y ascendiendo aún más en forma de nube
piroclástica, calentando la Tierra varias decenas de grados y propagando los incendios a miles de
kilómetros de la zona 0, como han demostrado los hallazgos de hollín.
Megatsunamis
La zona del impacto era lo que quedaba del antiguo mar interior occidental que inundó buena parte del
centro de Norteamérica durante todo el Cretácico. La violencia y el calor excesivo del impacto habría,
primero, vaporizado toda el agua a 300 km alrededor y alzado olas gigantes.18 se estima que estos
tsunamis tendrían más de 1 km de altura.19n. 5 Estas olas se propagarían en todas direcciones a una
velocidad quizá superior a la del sonido. Cuando llegaran a la costa, el primer efecto sería el descenso
del nivel del mar para, seguidamente, penetrar con una fuerza que arrancaría plantas, mataría por
colapso a los animales y empujaría varios kilómetros hacia el interior cualquier cuerpo encontrado o
arrancado, particularmente arenas y sedimentos.17 Una vez consumida su energía cinética, las aguas
retrocederían, arrastrando nuevamente hacia el océano todo lo que contuviesen. Gran cantidad de
animales, que hasta entonces hubieran podido sobrevivir en sus cuevas y madrigueras, perecerían
ahogados o sepultados por los sedimentos.
Estos megatsunamis llegaron como mínimo al interior del actual continente americano, cubriendo de
lodos y agua marina la totalidad o parte de territorios como el actual estado de Texas.5 Estas tierras
quedarían encharcadas de agua salada y embarradas por los lodos y sedimentos arrastrados,12 privando
así de alimento a la fauna y dificultando la reforestación.
Lluvia de meteoritos
Mientras la nube ardiente continuaba propagándose por el planeta, las eyecciones expulsadas a la
estratosfera por el impacto y el terremoto volvieron a caer. Estos fragmentos se convertirían en bolas de
fuego por la fricción atmosférica, aumentando la destrucción, llevando a la ebullición masas de agua
aún no afectadas y sepultándolo todo bajo una capa de tierra que pudo alcanzar incluso kilómetros de
altura.
Invierno sobrevenido
Por los estudios realizados tras pruebas atómicas y por simulaciones de una guerra nuclear, se ha
llegado a la conclusión de que, pasada la onda de calor, la nube de polvo y cenizas residuales reducirían
drásticamente la luz solar en la superficie terrestre, lo que se conoce por invierno nuclear. Esto hizo
descender las temperaturas progresivamente, detuvo la fotosíntesis y afectó seriamente a toda la cadena
trófica.
El tiempo que duró este fenómeno es discutido: Carl Sagan (1996, p. 311 y 312) sostuvo que pudieron
ser varias semanas. Ortiz Alemán et al. (2002, p. 9) lo aumentan a varios meses. En ambos casos, las
temperaturas llegarían a cero grados o incluso menos en buena parte del planeta, por lo que muchas
especies de insectos morirían, así como otras especies de animales adaptadas a climas más cálidos.
Asimismo, sería perjudicial para las plantas, incapaces de crear su propio alimento. Esto trajo la muerte
o al menos la suspensión de la vida vegetal durante un año, quizá dos.12
Otro de los posibles efectos secundarios sería la lluvia ácida, pues la evaporación de agua marina y
también de las arenas y sedimentos debió de esparcir gran cantidad de compuestos sulfurados, entre
otros, que se precipitarían en forma de lluvias torrenciales y ácidas cuando las temperaturas
descendiesen.20 Sin embargo, Jakosky (1999, p. 33) afirma que no se tiene constancia de sus efectos
directos, al menos sobre los seres vivos. También es probable que la capa de ozono fuese destruida o
mermada considerablemente.
Extinción masiva
Pese a toda la devastación descrita, los científicos suponen que aún quedarían miles de dinosaurios y
otros especímenes vivos al finalizar el primer día tras el impacto.3 Es posible que varias especies de la
fauna se hubiesen extinguido casi de forma instantánea, especialmente los endemismos costeros, pero
muchas otras, terrestres y acuáticas, seguirían existiendo gracias a los pocos ejemplares vivos y a las
nidadas que pudieron aguantar cubiertas o rodeadas de tierra. Un efecto parecido pudo vivir la flora.
Numerosas especies pudieron seguir existiendo durante algún tiempo en forma de semillas y esporas
enterradas o esparcidas por los vientos. Pero la mayoría de los animales y vegetales terminaron
desapareciendo debido a las privaciones, es decir, a tener que crecer en un ecosistema tan acotado a
causa de la destrucción que no les ofreciese suficientes recursos para mantenerse a sí mismos y a sus
descendientes.3 Además las plantas sufrieron la sobrepresión de los herbívoros, desesperados por
conseguir comida. Estos, sin embargo, cada vez encontrarían más problemas para localizar las
cantidades de alimentos que necesitaban, y su debilidad los hacía víctimas fáciles de patologías y
depredadores. Por su parte los carnívoros que pudiesen quedar al principio cazarían presas fácilmente,
pero cada vez serían más escasas y famélicas.12 Otro problema que probablemente contribuyó a la
extinción masiva sería la endogamia. Los pocos ejemplares supervivientes podrían aparearse con muy
pocas parejas, lo que no garantizaría la diversidad genética suficiente para enfrentarse con éxito a
enfermedades, deformaciones y otras adversidades naturales. Era cuestión de décadas o siglos que
dichos problemas terminaran con un 76 % de las especies existentes.21 Según Urrutia-Fucugauchi et al.
(2010) todo animal con un peso superior a seis kilogramos desapareció.
Aun siendo las consecuencias del choque muy graves, paleontólogos como Brusatte et al. (2014)
publicaron que los efectos del Impacto K/T no bastarían para exterminar a los dinosaurios y otros
arcosaurios. Según estos autores, de no estar los ecosistemas debilitados a causa de diversos fenómenos
naturales, especialmente la gran actividad volcánica de los traps del Decán en la India, la extinción
masiva no se habría producido. También pudo deberse a múltiples impactos, pues hay indicios que
sugieren que la extinción pudo producirse 300 000 años después del impacto K/T.n. 6
Sin embargo no todo fue muerte. Tomando los datos de José A. de Azcárraga (1997, p. 65), la del
Cretácico/Terciario resultó una extinción relativamente benigna en comparación con las otras grandes
extinciones masivas. Ortiz Alemán et al. (2002, p. 11 y siguientes) indican que la formación de cráteres
de impacto libera mucha energía, pero en un espacio y período de tiempo limitados. Debido a esto, gran
número de animales pudieron sobrevivir, en especial los que no necesitaban grandes cantidades de
alimento, los que vivían en cuevas y madrigueras y los que poseían buenas defensas contra el frío,
como plumas o pelo. Por esta razón en Sudamérica las aves del terror ocuparon el lugar dejado por los
grandes saurios en la pirámide alimenticia, como hicieron los mamíferos en el resto de continentes.
Descubrimiento del impacto
La hipótesis de que pudo ser un meteorito, asteroide o cometa quien aniquilase a la mayoría de los
dinosaurios es muy antigua, pero no se la consideraba probable por las escasas o nulas evidencias
existentes. No se habían hallado tectitas vítreas o fuerzas de choque, un cráter de dimensiones
considerables, indicios de grandes tsunamis,...23 Teorías sin pruebas para explicar la extinción de los
grandes saurios habían surgido muchas con los años. Alan Charing (1985, p. 180 y siguientes) llegó a
contabilizar setenta.n. 7 Por otra parte, la tendencia a subestimar la teoría del Impacto se veía reforzada
por la presuposición de que los cráteres terrestres eran provocados por volcanes y no por objetos
cósmicos.
Tendrían que ser las imágenes aportadas por sondas no tripuladas al comienzo de la carrera espacial las
que hicieran mella en la idea preconcebida del origen volcánico de todos los cráteres.24 Pero las
primeras pruebas llegarían en 1979, cuando los científicos Luis Alvarez, Walter Alvarez, Frank Asaro
y Helen Vaughn Michael descubrieron, en la provincia italiana de Umbría, una capa de arcilla
carbonatada con concentraciones de iridio diez veces superiores a las esperadas. Este metal es
relativamente escaso en las rocas de la Tierra y más abundante en los objetos de tipo asteroidal, razón
por la cual Álvarez y sus colaboradores supusieron que dicho elemento provenía de un objeto
extraterrestre de grandes proporciones. Los investigadores estadounidenses calcularon que para
esparcir esa cantidad de iridio el impacto debió crear un cráter de unos 100 km de diámetro. Tras
publicar el trabajo, su teoría se vio reforzada por el hallazgo en Dinamarca y Nueva Zelanda de iridio
en cantidades similares y también dentro del Límite K/T. 25
Pero la hipótesis formulada por los investigadores californianos adolecía de varias lagunas. Por
ejemplo, la presencia de iridio e incluso de fuerzas de choque también podía tener una explicación
volcánica. Además, en toda la superficie de la Tierra no se había localizado ningún cráter de 100
kilómetros o más. Tampoco se habían encontrado tectitas con estructura vítrea, propias de terrenos
sometidos a presiones y temperaturas equivalentes a las de una explosión nuclear. El descubrimiento de
todas estas pruebas fue una historia de detectives, en palabras de Sankar Chatterjee (2015, p. 161)
En contra de lo que objetaban los defensores de otras teorías, en particular la del vulcanismo, sí había
indicios de un cráter gigante, pero no habían logrado suficiente difusión. En la década de 1950, la
empresa mexicana PEMEX descartó buscar petróleo frente a las costas de Yucatán porque sus sondeos
parecían indicar estar sobre un gran cráter volcánico y, por lo tanto, sin posibilidad de albergar
petróleo. Pero en 1979 los geólogos Glen Penfield y Antonio Camargo, trabajando para la misma
empresa, volvieron a revisar aquellos datos y concluyeron en 1981 que la formación geológica situada
en la costa mexicana se trataba de un cráter de impacto, no volcánico. Estos geólogos estimaron su
diámetro en unos 180 km.5
En 1987 y 1990 se dieron dos pasos más. Varios científicos, examinando una sección del río Brazos en
Texas, se percataron de la presencia de tsunamitas, compuestos arenosos similares a las areniscas, pero
producidas por grandes tsunamis. La localización de las tsunamitas coincidía con el límite K/T. Tres
años después, se publicó el descubrimiento en Haití de tectitas con estructura interna vítrea, también en
el límite K/T, lo que confirmaba la existencia de un impacto extraterrestre al final del Cretácico.17
Pero sería en 1990 cuando el geólogo canadiense Alan Hildebrand volvió a investigar las tsunamitas
del río Brazos y concluyó que los megatsunamis que las produjeron debían haber tenido su origen
varios cientos o miles de kilómetros al sur de Texas, en el mar Caribe. Para confirmar su teoría
recuperó el trabajo de Penfield y Camargo y presentó en 1991 las pruebas sobre la existencia de un
cráter en el golfo de México con las dimensiones esperadas, demostrando así la localización del
Impacto K/T.
Link: [Link]

Link: [Link] información extra

El Límite K-T, Evidencia De Un Impacto


Hace aproximadamente 65 millones de años un objeto de unos 10 kilómetros de diámetro impactó
directamente contra La Tierra colapsando por completo el planeta. A causa de la velocidad, que sería
de varios kilómetros por segundo y de su tamaño, el impacto resquebrajó la corteza terrestre y levantó
un manto de escombros que a su vez taparon la luz del Sol interrumpiendo el proceso de fotosíntesis de
las plantas. No es la única consecuencia que tuvo tal impacto, los materiales incandescentes que
cayeron a la superficie de la tierra tras el impacto, provocaron una gran cantidad de incendios
forestales, además los polos magnéticos se invirtieron y la actividad volcánica se reactivó. Al
desaparecer gran cantidad de especies vegetales y alterarse la atmósfera y el clima, más del 70 por
ciento de las especies del planeta desaparecieron, como por ejemplo los dinosaurios.
Como no podía ser de otra manera un cambio tan radical, quedó plasmado en los estratos de la
superficie de La Tierra con una delgada línea de unos pocos centímetros llamado límite K o K-T, que
debe su nombre al cambio del periodo Cretácico con el Terciario. Este estrato se ha perdido en muchos
lugares a causa de los continuos cambios que ha experimentado La Tierra desde entonces, los
movimientos tectónicos y la propia erosión nos han dejado unos pocos lugares en los que encontrar
dicho límite. Dos de los lugares que se pueden visitar están muy próximos a nosotros y no hemos
querido desaprovechar la ocasión de visitarlos y estudiarlos. En la localidad alicantina de Agost y en la
murciana de Caravaca de la Cruz se encuentran restos de dicho límite.
Estas dos capas tiene en común una delgada línea de unos milímetros de espesor con un alto contenido
en Iridio, casi 100 veces por encima de lo normal, material muy escaso en la Tierra pero abundante en
asteroides y meteoritos, lo que indica que esta primera capa está compuesta, en parte, por restos del
propio meteorito que se vaporizó al impactar, además también se han detectado microtectitas que solo
son posibles a causa de explosiones en las que se libera una gran cantidad de energía como en las
explosiones nucleares. Por encima de dicha capa encontramos otra compuesta principalmente por
arcilla oscura que se debe a los materiales mas finos procedentes de la corteza terrestre y que quedaron
en suspensión durante años en la atmósfera bloqueando como ya hemos dicho, la luz del sol. Además el
color oscuro se debe a los continuos incendios y erupciones volcánicas que se sucedieron.
La famosa teoría de la extinción de los dinosaurios se postuló en parte en el límite K-T de Caravaca,
pues fue aquí donde el equipo Álvarez, compuesto por Luis Álvarez, premio nobel de física y científico
pionero en el estudio nuclear y de física de partículas, y su hijo Walter Álvarez, geólogo, llegaron a la
conclusión a raíz de una serie de casualidades de que los dinosaurios y gran parte de las especies que
hoy conocemos a través de los fósiles se extinguieron a causa de un impacto meteórico.
La visita a cualquiera de estos dos lugares es atractiva, pues se encuentran en entornos que están
plagados por todo tipo de fósiles marinos, ya que en ambos casos formaban parte del medio marino
hace más de 65 millones de años. El Limite K de Caravaca, también conocido como Capa Negra, se
encuentra en el barranco del Gredero, un entorno que ha sido declarado por la Unesco de interés
geológico. El Limite K-T de Agost, es más fácil de visitar y encontrar, pues se encuentra en la misma
carretera que une dicha población con Castalla a la altura del kilómetro 9, también emplazado cerca de
un barranco muy interesante a nivel geológico.
Link: [Link]

Extinción K-T (Por qué se extinguieron los dinosaurios?)


¿Por qué se extinguieron los dinosaurios? Nadie sabe a ciencia cierta, y los científicos tienen una serie
de teorías para explicar por qué hace unos 65 millones de años murieron, repentinamente, los
dinosaurios. Este acontecimiento de extinción se conoce como extinción total Cretáceo-Terciaria, o
extinción K-T.
La prueba científica nos muestra que para cuando murieron los dinosaurios, la Tierra, experimentó un
aumento en actividad volcánica, y también fue chocada varias veces por asteroides o cometas. La
mayoría de los científicos creen que estas cosas habrían podido afectar la Tierra de manera tal que
habría sido muy difícil para los dinosaurios sobrevivir.
La actividad volcánica creciente puede haber lanzado polvo hacia la atmósfera, bloqueando la luz del
Sol y causando una caída en la fotosíntesis (y crecimiento vegetal). Esto habría debilitado la capacidad
que tiene la Tierra de sostener los ecosistemas que prosperaban durante el Período Cretáceo. Lo mismo
podría ocuriir cuando uno o más asteroides de gran tamaño impactaron la Tierra, la combinación de
volcanes e impactos de asteroides pudieron haber envenenado la Atmósfera de la Tierra por años,
imposibilitando el crecimiento de las plantas y de plancton, y alterando cadenas alimentarias por todo
el mundo.
Otros factores pudieron haber contribuído con la extinción de los dinosaurios. Por ejemplo, sabemos
que durante el período cretáceo los niveles de oxígeno en la atmósfera de la Tierra eran mucho más
elevados de lo que son hoy en día. Esto significa que cuando un asteroide grande chocó contra la
Tierra, pudo haber generado haber grandes incendios, que habrían causado un efecto invernadero
temporal que habría podido matar a gran cantidad de organismos. También hay prueba científica de que
los niveles del mar de la Tierra cayeron notablemente hacia finales del K-T, y aunque nadie sepa
exactamente qué causó esto, pudo haber causado extensos cambios de clima, lo cual pudo haber
difícultado la sobrevivencia de los dinosaurios.
Nadie sabe a ciencia cierta por qué murieron y se extinguieron los dinosaurios, y hay muchos
científicos en todo el mundo todavía realizan investigaciones para probar diversas teorías y contestar
esta pregunta.
Link: [Link]

¿Volcanismo o impacto? Un rápido fin cae sobre el debate de la extinción de los


dinosaurios
La paleontóloga Pincelli Hull ha determinado con gran precisión el momento y velocidad de la
extinción que mató a los dinosaurios. Los detalles contienen advertencias inquietantes para nuestros
días.
La última vez que fue el fin del mundo se conjugaron dos cataclismos. Sobre un lado del planeta cayó
un asteroide perdido como uno de esos yunques de los dibujos animados; perforó el borde de la
península de Yucatán y penetró hondamente en la corteza terrestre. Más o menos al mismo tiempo,
hace 66 millones de años, un millón de kilómetros cúbicos de lava borbotearon hasta la superficie y
desprendieron en la atmósfera dióxido de carbono y azufre, con su capacidad de alterar el clima, y
formaron las que hoy se conocen como las Traps (o «escaleras») del Decán, en la actual India.
Capas de roca muestran alrededor del mundo lo que pasó a continuación. Los dinosaurios, aparte de los
pájaros, no sobrevivieron. Tampoco los amonites, parecidos a los calamares, que se enroscaban como
los cuernos de los carneros, ni diversos reptiles marinos, entre ellos los plesiosaurios (digan lo que
digan las teorías de la conspiración sobre el lago Ness). Pero como el asteroide y el volcanismo se
encontraban tan cerca en el tiempo, los geólogos se han pasado años fortificando sus posiciones en una
polémica cada vez más acre acerca de cuál de los dos fenómenos tuvo la culpa. En 2018, la revista The
Atlantic decía que el debate era «la disputa más enconada de la ciencia».
Hasta hace poco, Pincelli Hull se había mantenido fuera de la pelea. En su subdisciplina, los fósiles
marinos planctónicos, se consideraba que el impacto era obviamente la única causa de la extinción del
Cretácico-Paleógeno. Se centraba, por el contrario, en cómo se recuperó la vida, no en aquello que casi
acaba con ella. «Había mucho que hacer sin sacar a nadie realmente de sus casillas», dice Hull,
paleontóloga de la Universidad de Yale.
Eso cambió con el tiempo. Primero, un amigo paleontólogo que trabajaba en otros períodos de tiempo
sostuvo que no había duda de que contribuyeron tanto el asteroide como el volcanismo. «Recuerdo que
me irritó», dice Hull. «No es tu tema de estudio; ¿cómo tienes una opinión sobre eso?»
Pero cuando comprendió que los investigadores que analizaban otros registros de la extinción pensaban
que la teoría del volcanismo era una cuestión aún abierta y no solo un punto de vista minoritario, hizo
por entenderlos. Muchos de esos científicos trabajaban en formas más exactas de datar con exactitud la
erupción de las Traps del Decán; quiso conocer las pruebas que estaban haciendo aflorar.
Se sabía desde hacía mucho que la erupción de las Traps del Decán se produjo como mucho unos
millones de años antes de que cayera el asteroide. Pero en 2015 un grupo de la Universidad de
Princeton estrechó mucho ese lapso. Vieron que la lava empezó a brotar de la tierra solo 250.000 años
antes del impacto y siguió haciéndolo durante 500.000 años. El año pasado calcularon que se produjo
un brote grande de lava solo decenas de miles de años antes del impacto. (Al mismo tiempo, un grupo
de Berkeley sostuvo, por el contrario, que un gran brote empezó justo después).
Puede parecer que no es más que una oscura querella cronológica, pero es importante: si las Traps del
Decán liberaron lava y gas justo antes de que cayese el asteroide, cabrá atribuir al menos parte del
exterminio posterior al cambio climático creado por los volcanes. «Hizo que pensara 'pues bueno,
entonces es que el problema sigue pendiente'», dice Hull.
No pensaría así mucho tiempo. Se hizo cargo de la dirección de un proyecto en el que cooperaban
investigadores de instituciones de distintas partes del mundo que, a principios de este año, ha publicado
una cronología definitiva de cómo se fue desarrollando la hecatombe entre los pequeños fósiles de los
océanos. El equipo fue siguiendo los cambios de la temperatura mundial a lo largo del tiempo. El
planeta se calentó antes del impacto, descubrió Hull, pero se volvió a enfriar antes de que llegase el
asteroide. Y mientras que el episodio de calentamiento no parece que esté correlacionado con
extinciones marinas, tras el impacto desapareció bruscamente más del 90 por ciento de las especies de
plancton. El estudio indica que el efecto principal de las Traps del Decán fue la de guiar la evolución
posapocalíptica de las especies supervivientes, no la de impulsar la extinción misma.
Quanta le ha preguntado a Hull acerca del cataclismo (cuyo nombre se abrevia a menudo como
extinción K-T) y sobre su profundo amor a las criaturas planctónicas; también sobre en qué se parece
aquella extinción a la que hoy está en marcha. La entrevista se ha resumido y corregido para que resulte
más clara.
¿Recuerda cuándo oyó hablar por primera vez de la extinción de los dinosaurios? Cuando yo era
niño, siempre se le echaba la culpa al impacto del asteroide.
Tengo que reconocer que de niña no me interesaban los dinosaurios ni lo más mínimo. Me metí en todo
esto un poco reculando. Soy de Ohio y me crié sin ver el mar. Me acuerdo de la primera vez que lo vi y
de la primera vez que vi amplificado el plancton, esas cosas que había en el agua. Me enamoré de lo
extraño que era; ¡era una locura su rareza! Así que al final escogí hacer el doctorado sobre los
ecosistemas oceánicos modernos y solo entonces fue cuando me puse a estudiar las extinciones
masivas; en líneas generales, se puede decir que fui retrocediendo desde el presente.
En algunas charlas ha contado que dejó el instituto para salir a navegar.
La clave de esta historia es que soy una procrastinadora crónica. En vez de hacer mi proyecto de
graduación en el instituto estaba con el ordenador viendo cómo podría navegar por el mundo. Dejé a
medias mi último año de bachillerato para ir a la Asociación de Educación Marina en Woods Hole y
recibí alguna formación en oceanografía, historia marítima y literatura. Me embarqué en un buque
oceanográfico y me gustó tanto que no quería ir a la universidad. Mis padres estuvieron en el plan de ¿y
si pruebas con la universidad un semestre? Pero probé con la universidad un semestre y me quedé hasta
el final.
Empezó su carrera estudiando los ecosistemas modernos pero de ahí saltó a la extinción que acabó con
los dinasaurios. ¿Es ese un momento, 66 millones de años atrás, al que resulte lógico saltar?
La gente se pregunta si estamos o no estamos en medio de una extinción masiva en estos mismos
momentos. La extinción masiva más reciente es la K-T y su influencia es tan grande que la verdad es
que la puedes ver, con una huella muy profunda. Otra razón de que venga bien estudiar la gran
extinción masiva más reciente es que a medida que nos alejamos más en el tiempo se tienen
exponencialmente menos archivos fósiles, ya que el mundo entero es en esencia una gigantesca fábrica
de reciclado de roca.
¿Significa eso que es raro extraer del fondo del mar un testigo que llegue siquiera sea hasta esa
extinción?
Ya lo creo. Soy bióloga, y cuando llegan los testigos se produce no poca expectiva, pero como la crea
mirar las nubes. Viene a ser como ¡ay, otro tuvo de barro marrón!, ¡otro tubo de barro grisaceoazulado!
Pero cuando te topas con una frontera como la K-T, es atronador. Es sobrecogedor.
¿Recuerda la obtención de los testigos en que se basa su nuevo artículo?
Muchos de esos datos se conocían hace tiempo, la verdad. Participé en una expedición en 2012 en la
que extrajimos una de esas sobrecogedoras secciones de la frontera K-T, y nos emocionó lo bella que
era. Estaba tan bien conservada. Me pasé toda la noche, entiéndase al pie de la letra, levantada tomando
fragmentos diminutos de la muestra a lo largo de la frontera K-T con unos amigos, algunos de los
coautores del [nuevo] artículo. Hicimos montañas de análisis químicos muy, muy básicos, análisis
isotópicos del carbono y del oxígeno. Y cuando tienes al final los resultados, ves que se trata del
registro más aburrido del mundo.
¿Por qué era aburrido?
Lo aburrido es que estás mirando millones de años del final del Cretácico. El clima se despierta, se
calienta un poco, o se enfría, se calienta, se enfría. Pero lo cierto es que no hay mucho que decir. Y
entonces, justo cuando el impacto, todos los registros enloquecen. La historia, la aburrida historia, y la
interesante, es que se produjo una cierta cantidad de volcanismo antes de la frontera, pero los registros
son bastante estables en todo momento. Muestran un ligero calentamiento y un ligero enfriamiento.
Pero nada como para que repiquen las campanas. Lo único que te salta a los ojos es el impacto. En el
fondo del mar todo se vuelve loco.
¿Por lo tanto, confirmó la que usted pensaba que era la historia estándar y por eso abandonó el
asunto?
Sabía que había algo que contar ahí, pero en aquel momento me interesaban otros temas. Así que me
dediqué a otras cosas y luego a otras. Pero en esas se publicaron dos artículos en 2019. Usaban dos
cronómetros geológicos diferentes para datar las Traps del Decán. Lo que contaban acerca de cuándo
empezó el principal pulso de lava era bien diferente. Los investigadores de Princeton decían que
empezó justo antes del impacto; los de Berkeley, que justo después hubo uno grande. Me di cuenta de
que era mi momento. Podíamos usar los datos de nuestro fondo marino para poner de verdad a prueba
esas dos hipótesis.
¿Con qué se encontró?
Los datos en que nos fijamos en este estudio eran en realidad datos de temperatura. Ejecutamos
entonces una serie de modelos del ciclo del carbono para intentar ver si podíamos simular esos registros
de temperatura. Si hubo ese volcanismo en marcha antes del impacto, tuvo que terminar unos 200.000
años antes [para reproducir las temperaturas que se ven]. Y si nos fijamos en las especies, veremos que
en realidad no se extinguió nada en ese momento. Todas las especies que se movieron hacia latitudes
más altas por el calentamiento retrocedieron después. Los ecosistemas reaccionaron a ese
calentamiento, que seguramente se debió al volcanismo, pero volvieron a su estado base normal de
antes del impacto.
Y entonces, cuando se produce el impacto, todo se vuelve loco. Ahora no hemos sufrido el impacto de
un asteroide, pero su trabajo ¿nos dice algo sobre lo que está pasando hoy?
Algunas de las extinciones masivas que vemos en el registro fósil debieron de desarrollarse durante
cientos de miles de años. Se trata de un conjunto de mecanismos diferentes del que intervino en una
extinción como la de la frontera K-T, de la que sostenemos que se produjo en el curso de cientos de
años. Cientos de años es una escala humana de tiempo. Es lo que estamos haciendo ahora.
Lo que dice el estudio es que la extinción K-T es quizá en verdad un buen análogo de lo que pasa ahora
por lo rápido, rápido que es. No estamos hablando de que el volcanismo vaya dándole fuerza a la
extinción. Basta con unas circunstancias verdaderamente malas durante unas décadas o unos pocos
cientos de años.
Nos pone los pies en el suelo
Esta es otra de las razones de que me dedicase al registro fósil. Cuando practicaba la biología de
conservación moderna al principio de mi doctorado me deprimía mucho. Sentí que las cosas antiguas
eran suficientemente abstractas como para no tener que pensar en ello demasiado.
Y en escalas de tiempo suficientemente largas, la nota alegre la pone el que, como decía Stephen Jay
Gould, la vida nunca se ha extinguido por completo desde que surgió. La vida, en su conjunto, tiene
mucho aguante. Pero las especies que son dominantes antes de una extinción masiva casi nunca son las
dominantes después. Y eso ya lo creo que nos pone los pies en el suelo. Si uno se irrita con la
humanidad, puede pensar que, bueno, algún otro tendrá una oportunidad. Estoy bastante esperanzada
en que la vida seguirá, y cuando la vida sigue es pero que muy interesante y creativa. Eso es bueno.
Pero como ser humano, siento preocupación por nosotros, y es deprimente.
Joshua Sokol / Quanta Magazine
Artículo traducido por Investigación y Ciencia con el permiso de [Link], una publicación
independiente promovida por la Fundación Simons para potenciar la comprensión pública de la ciencia.

Referencia: «On impact and volcanism across the Cretaceous-Paleogene boundary», de Picelli M. Hull
et al., en Science, 17 de enero 2020: vol. 367, número 6475, págs. 266-272.

Link: [Link]
debate-de-la-extincin-de-los-dinosaurios-18497

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