Extinción K/Pg: Impacto y Causas
Extinción K/Pg: Impacto y Causas
Causas
Hipótesis de Álvarez y colaboradores.
En 1980 un grupo de investigadores liderados por el físico Luis Álvarez (Premio Nobel), su hijo el
geólogo Walter Álvarez y otros colaboradores descubrieron, en las muestras tomadas por todo el
mundo de las capas intermedias entre los períodos Cretácico y Terciario de hace 65 millones de años,
una concentración de iridio cientos de veces más alta que lo normal.
Plantearon la así llamada «hipótesis Álvarez» o «hipótesis de Álvarez», conforme a la cual la extinción
de los dinosaurios y de muchas otras formas de vida habría sido causada por el impacto de un gran
meteorito contra la superficie de la Tierra hace 65 millones de años.
Para demostrar esta hipótesis, las investigaciones se centraron en encontrar una capa en la corteza de la
Tierra con niveles elevados de iridio. Los niveles del iridio son generalmente más altos en asteroides y
otros objetos extraterrestres. La evidencia del iridio fue descubierta anteriormente al hallazgo del cráter
de Chicxulub. Actualmente esta hipótesis es la más aceptada aunque también tiene sus problemas.
El cráter de Chicxulub
Durante la década que siguió a la publicación del estudio, la hipótesis de la extinción por el choque de
un asteroide continuó siendo tema de debate entre geólogos y paleontólogos.
Uno de las mayores objeciones a esta hipótesis era que no se conocía un cráter cuyas dimensiones
correspondieran al tamaño calculado, que debería tener entre 150 y 200 km de diámetro. Si bien no
sería imposible que la Tierra hubiera cambiado desde entonces escondiendo una deformación tal, en
1990 se ubicaron indicios en Haití de un tsunami de grandes proporciones que arrastró residuos de
iridio. Buscando estudios geológicos realizados desde los años 1960 en adelante se pudo ubicar un
cráter en Chicxulub, en la península de Yucatán, con un diámetro de unos 180 km.
Para algunos científicos, un problema de esta teoría es que la lectura de los registros fósiles sugiere que
la extinción masiva de hace 65 millones de años duró cerca de diez millones de años, lo que no cuadra
bien con que su causa fuera el impacto. Otros autores sostienen que la extinción fue muy rápida para la
mayor parte de las especies. Es evidente que gran parte de estas discusiones está condicionada por la
escasez de restos fósiles en grupos como los dinosaurios, si se calcula que la población al momento de
su extinción pudo ser de 10 000 millones de estos animales en todo el mundo. Hasta el momento, la
única zona conocida rica en restos de dinosaurios con continuidad sedimentaria a través del límite K/T
es la Formación Hell Creek de Norteamérica, donde los especialistas en dinosaurios llevan décadas
discutiendo sobre si su extinción fue catastrófica o se produjo gradualmente a lo largo de los últimos 10
millones de años del Cretácico.
A pesar de la dificultad de encontrar series ricas en fósiles de dinosaurios donde se haya registrado el
límite K/T, una buena aproximación al debate puede realizarse calculando cómo varía su diversidad
con el tiempo. En este sentido, el equipo de D. E. Fastowsky publicó en 2004, en la prestigiosa revista
Geology, un trabajo donde analizaban estadísticamente la base de datos más completa que existe sobre
la diversidad de restos óseos, huevos, coprolitos y huellas de dinosaurios encontrados en los cinco
continentes. Dichos autores concluyeron que, lejos de descender, la diversidad de géneros fósiles
relacionados con los dinosaurios dentro de los últimos 18,5 millones de años del Cretácico alcanzó un
máximo justamente durante los dos millones de años previos al límite K/T, contradiciendo el aparente
declive gradual que algunos autores han defendido.
Los foraminíferos planctónicos (organismos unicelulares marinos) son otro grupo muy estudiado en
relación con las extinciones del límite K/T. Según los recientes resultados científicos de un equipo
internacional de investigadores liderados por Gerta Keller (Universidad de Princeton, EE. UU.) y
Thierry Adatte (Universidad de Neuchâtel, Suiza), el cráter es 300 000 años más antiguo que la lámina
K/T (Cretácico-Terciario). Por el contrario, otros estudios con foraminíferos planctónicos llevados a
cabo por el equipo de Jan Smit (Universidad Libre de Ámsterdam) o por equipo de micropaleontología
de la Universidad de Zaragoza (España), sostienen que el impacto meteorítico tuvo lugar coincidiendo
con el límite K/T.
Teoría de los múltiples impactos
La teoría o hipótesis de los múltiples impactos es otro de los escenarios planteados como posible causa
de la extinción masiva del Cretácico-Terciario. La teoría guarda un parecido a la presentada por los
Álvarez, ya que también dice que la causa de la extinción habría sido la colisión de un objeto
extraterrestre con la tierra, pero plantea dos escenarios. Expone que múltiples meteoritos colisionaron
con la tierra, o bien, que un solo meteorito o asteroide se fragmentó en varias partes al entrar en
contacto con la tierra, siendo el impacto que causó el cráter de Chicxulub uno de ellos. Otros posibles
escenarios de impacto serían el cráter Silverpit y el cráter Shiva, en cuya formación pudo haberse
producido un ascenso del manto terrestre a través de la fractura, explicando el origen geológico de los
traps del Decán. El impacto podría haber sido parecido al ocurrido entre el cometa Shoemaker-Levy 9
con Júpiter.
Los traps del Decán
La gigantesca actividad volcánica que produjo los traps del Decán, en la India, también ha sido llamada
a ser la causa de la extinción. Hay varias maneras en que estas pudieron haber causado la extinción,
incluyendo la expulsión de polvo y otros gases que hubieran disminuido la cantidad de luz que ingresa
al planeta, dificultando así la fotosíntesis además de enfriar el planeta; para luego con otros gases como
el CO2 calentar el planeta y causar un efecto invernadero.
Originalmente se pensaba que la actividad volcánica empezó cerca de 68 millones de años atrás y duró
cerca de 2 millones de años, aunque estudios más recientes afirman que pudieron haber sido
aproximadamente 800 000 años.5 Años atrás esta teoría estaba asociada a una extinción lenta, sin
embargo, luego Luis Álvarez expuso que los paleontólogos estaban obviando el efecto Signor–Lipps.
Para problematizar más esta teoría, la mayoría de la evidencia encontrada desde la década de 1980
habla de una extinción más rápida que coincide más con el impacto de un meteorito.
La disminución del nivel del mar
Al final de Cretáceo, en el Maastrichtiense, hay evidencias de una fuerte disminución del nivel del mar,
lo que hubiera causado una significativa disminución del espacio de la plataforma continental, hábitat
de gran parte de la vida marina, además de otros cambios climáticos como el aumento de la
temperatura. Sin embargo, estudios más recientes contradicen esta teoría enfatizando que no es posible
que por sí sola haya logrado causar una extinción tan significativa.
Múltiples causas
Archibald y Fastovsky proponen, en 2004, un escenario que combina tres causas principales: la
actividad volcánica, la disminución del nivel del mar y el impacto de un objeto contra la tierra. En este
escenario, las especies tanto marinas como terrestres ya enfrentaban serios problemas causados por los
cambios climáticos y por la pérdida del hábitat; así, al ser los dinosaurios los animales más grandes,
fueron los primeros en ser afectados. Al mismo tiempo, el polvo y gases producto de la actividad
volcánica enfriaron y secaron grandes áreas del planeta. En medio de este ambiente de tensión y estrés
para la naturaleza, llegó el impacto de un meteorito, lo que causó el colapso de las especies que
utilizaban la fotosíntesis, que son la base de la cadena alimenticia, por lo que toda la cadena colapsó.
La mayor diferencia entre esta hipótesis con las otras que tratan solo una causa es que expone que las
especies ya se encontraban luchando por su supervivencia antes del impacto, lo que debilitó
severamente su capacidad de reacción y recuperación.7 Incluso se ha apuntado a la aparición de los
insectos como una causa más, ya que estos produjeron cambios no solo en el entorno, sino que también
contagiaron nuevas enfermedades que acabarían con la vida de los dinosaurios.
Link: [Link]
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Impacto K/T
El impacto K/T (del alemán: Kreide/Tertiär) es la hipótesis de un evento ligado a la extinción acaecido
por el choque de una roca extraterrestre contra la Tierra hace aproximadamente 65 millones de años. La
colisión se produjo cuando un meteorito, asteroide o cometa de unos diez kilómetros de largo, atravesó
la atmósfera e impactó a 75 000 km/h, frente a las actuales costas del estado de Yucatán en México.
Se cree que el impacto causó seis efectos directos sobre la vida en la Tierra: un cráter de unos 200 km
de diámetro (el cráter de Chicxulub), cambios en la corteza terrestre y también en el clima, con un
calentamiento inicial y un enfriamiento posterior. Todo ello provocó o contribuyó a provocar el evento
denominado extinción masiva del Cretácico-Paleógeno, con la desaparición del 75 % de las especies
existentes, incluyendo el fin de los dinosaurios como el escalón más alto de la cadena alimenticia y la
posterior ocupación de dicho lugar por los mamíferos, quedando un único grupo de dinosaurios
supervivientes, que son las aves.
Todos estos cambios quedaron documentados en el registro geológico, a partir del denominado límite
K/T, y supusieron un cambio de era geológica: el fin del Mesozoico y el inicio del Cenozoico.
La formulación de la teoría se debe al equipo de Luis Walter Álvarez y colaboradores; pero, ya con
anterioridad y posteriormente, numerosos científicos aportaron pruebas y pistas para poder demostrar
tanto la existencia del impacto como la localización del mismo, además de descartar más de sesenta
teorías que no fueron la causa de la extinción masiva, pese a poder coexistir y contribuir a ella.
El cuerpo extraterrestre
No está consensuado el tipo de objeto que provocó el Impacto K/T.n. 1 Carl Sagan (1995, p. 311 y
siguientes) se inclina hacia la hipótesis de un cometa, dejando abierta la posibilidad a otros cuerpos
extraterrestres. Por su parte, Ortiz Alemán et al. (2002) abogan más por un asteroide debido a la gran
cantidad de iridio y otros elementos esparcidos por todo el planeta; es decir, según los investigadores
mexicanos, aquel cuerpo estaba formado mayoritariamente por rocas y no por hielo de agua y de
anhídrido carbónico, pero no cierran la puerta tampoco a otro tipo de cuerpo.
No se conoce tampoco su origen. Pudo ser simplemente un cuerpo de tantos que aún viajan por el
sistema solar y chocan contra los planetas en una cantidad proporcional a su número.1 Sin embargo, se
han apuntado dos teorías según las cuales este tipo de colisiones tiene un ciclo. Por una parte estaría la
de la traslación del sistema solar a lo largo de la Vía Láctea.2 En cada vuelta de 240 millones de años
pasa por encima y por debajo del plano galáctico, lo que provocaría distorsiones gravitatorias y cruces
con todo tipo de cuerpos que terminarían chocando contra los planetas. En segundo lugar, estaría la
hipótesis Némesis postulada por Davis, Hut y Muller (1984), según la cual el Sol tendría una enana
marrón de compañera que crearía distorsiones periódicas en la nube de Oort, arrojando cometas hacia
los planetas interiores cada 27 millones de años.
La estimación más habitual del tamaño que podría tener el objeto es de 10 kilómetros de diámetro.3 Por
su parte, Ortiz Alemán et al. (2002, p. 9 y siguientes) calculan un intervalo comprendido entre los 6 y
los 14. Según ellos, un cuerpo con esas dimensiones choca prácticamente intacto contra el suelo, ya que
la fricción provocada por la atmósfera le despoja de una parte relativamente pequeña de su masa.
Por diferentes métodos Clark R Chapman y David Morrison llegaron a la conclusión de que la
gravedad terrestre aceleró el objeto hasta los 75 000 km/h,n. 2 dotándolo de una potencia destructiva
equivalente a 50 millones de megatones o más,4 superior a todo el arsenal nuclear fabricado en la
historia de la humanidad. A esa velocidad el asteroide o cometa tardó unos cinco segundos en cruzar
toda la atmósfera e impactar contra el lecho del océano. Durante muchos años se discutió este punto
porque no se había encontrado ningún cráter de grandes dimensiones.5 Sin embargo, ahora se sabe que
la colisión se produjo frente a la península de Yucatán. Ortiz Alemán et al. (2002, p. 8) lo ubican en un
lugar conocido como Chicxulub, al este de Puerto Progreso, razón por la cual al cráter se le denomina
cráter Chicxulub.
Efectos principales
Según Carl Sagan (2004), una colisión así produce los mismos efectos que una detonación atómica,
incluido el hongo nuclear, pero sin generar radioactividad. Dichos efectos serían los siguientes:
Fragmentación
Según Sankar Chatterjee, la Tierra fue ametrallada por distintos cuerpos hace unos 65 millones de años
y no solo por una gran colisión. Aunque no se ha confirmado ningún impacto además del de Chicxulub,
sí se cuenta con indicios para situar uno en Ucrania y otro en la India.6 En estos dos casos y a
principios del siglo XXI se detectaron indicios de cráteres de impacto. En el caso de la India, la posible
zona de impacto se la conoce como cráter de Shiva y se trata de una depresión con una superficie doble
a la del impacto mexicano, porque quizá penetró con un ángulo muy bajo.6 Estas evidencias han dado
pie a la llamada Teoría de los múltiples impactos, pese a que algunos expertos como Gerta Keller
albergan dudas sobre si lo detectado en Shiva es o no un cráter.
Dos indicios más contribuyen a reforzar la teoría de Chatterjee. El primero proviene de recreaciones
por ordenador del Bólido de Tunguska.8 Estas simulaciones sugieren que todo el cuerpo no llegó
entero a la superficie, sino que se fragmentaría en la entrada. El segundo se constató tras los impactos
del cometa Shoemaker-Levy 9 contra Júpiter, donde las imágenes enviadas por el telescopio espacial
Hubble mostraron cómo la gravedad del planeta rompió el cuerpo celeste antes incluso de penetrar en
su atmósfera.
Calor
La fricción con las distintas capas atmosféricas elevaría la temperatura del asteroide o cometa a unos
3000 grados centígrados.10 Dicha temperatura se propagaría en forma de calor y luz cegadora.
Asimismo, esta radiación calorífica incrementaría la temperatura del aire hasta los trescientos grados en
un radio de unos 800 kilómetros y probablemente superaría los dos mil en la zona del impacto, también
llamada zona 0. Cualquier forma de vida en el cráter y sus alrededores desaparecería por simple
descomposición de las moléculas orgánicas.11
Siguiendo a Carl Sagan (2004), las grandes temperaturas en la zona 0 harían expandirse los gases
primero en todas direcciones y después más en vertical hasta que su calor se fuera disipando. Entonces
la parte superior de la nube comenzaría a expandirse también, formando la conocida silueta de hongo
nuclear que probablemente sería vista desde varios miles de kilómetros de distancia, dado que su altura
salvaría la curvatura de la Tierra.
En la zona 0 los líquidos entrarían en ebullición y la tierra se fundiría o incluso quedaría vaporizada,11
formando un cráter de impacto de unos 180, 200 o más kilómetros de diámetro.10 La evaporación de
las aguas circundantes haría descender algo el nivel del mar; además se han encontrado pruebas de
grandes incendios, pues debió de arder toda o casi toda la vegetación existente dentro de al menos los
800 kilómetros afectados por la luz y la detonación.12 Estos incendios incrementarían las cenizas
expulsadas al aire, contribuirían a elevar aún más la temperatura y reducirían sensiblemente la cantidad
de oxígeno atmosférico en sus alrededores. Los animales que no hubiesen muerto por la exposición
directa lo harían a lo largo de los siguientes minutos, excepto, quizás, los que habitaban en
madrigueras.
Megaterremoto
Ortiz Alemán et al. (2002, p. 8) indican que los gases comprimidos por el cuerpo celeste y los
fragmentos no consumidos en la entrada descargarían toda su energía cinética contra el suelo. El golpe
expulsaría multitud de materiales al espacio, llamados eyecciones, muchos de los cuales volverían a
caer pasado un tiempo en un radio equivalente a varias veces el tamaño del cráter.11 La colisión
también provocaría un terremoto de magnitud 12 en la escala de Ritchter a cientos de kilómetros del
punto de impacto.13 Semejante sacudida puede lanzar por los aires piedras de considerable tamaño,
además de propagar ondas de choque por toda la corteza terrestre, capaces de catapultar en vertical
trozos de la misma y modificar la orografía del planeta, comprimiendo terrenos y abriendo fisuras.14
Para Ortiz Alemán et al. (2002, p. 8) fue uno de los mayores impactos sufridos en los últimos 1500
millones de años.
Onda expansiva
Como se ha indicado, la caída de un asteroide o cometa provoca los mismos efectos de una explosión
nuclear a gran escala;15 por tanto, el calor debió de desatar vientos que pudieron alcanzar los 200 km/h
a más de 2000 kilómetros del punto de impacto; es posible que incluso más.16n. 4 Estos vientos
lanzarían por los aires en todas direcciones multitud de cenizas y cuerpos enteros abrasados, incluso de
decenas de toneladas. A esa velocidad y a esa temperatura, la onda expansiva pasaría por las
superficies, ya calcinadas o ardiendo, acumulando más calor y ascendiendo aún más en forma de nube
piroclástica, calentando la Tierra varias decenas de grados y propagando los incendios a miles de
kilómetros de la zona 0, como han demostrado los hallazgos de hollín.
Megatsunamis
La zona del impacto era lo que quedaba del antiguo mar interior occidental que inundó buena parte del
centro de Norteamérica durante todo el Cretácico. La violencia y el calor excesivo del impacto habría,
primero, vaporizado toda el agua a 300 km alrededor y alzado olas gigantes.18 se estima que estos
tsunamis tendrían más de 1 km de altura.19n. 5 Estas olas se propagarían en todas direcciones a una
velocidad quizá superior a la del sonido. Cuando llegaran a la costa, el primer efecto sería el descenso
del nivel del mar para, seguidamente, penetrar con una fuerza que arrancaría plantas, mataría por
colapso a los animales y empujaría varios kilómetros hacia el interior cualquier cuerpo encontrado o
arrancado, particularmente arenas y sedimentos.17 Una vez consumida su energía cinética, las aguas
retrocederían, arrastrando nuevamente hacia el océano todo lo que contuviesen. Gran cantidad de
animales, que hasta entonces hubieran podido sobrevivir en sus cuevas y madrigueras, perecerían
ahogados o sepultados por los sedimentos.
Estos megatsunamis llegaron como mínimo al interior del actual continente americano, cubriendo de
lodos y agua marina la totalidad o parte de territorios como el actual estado de Texas.5 Estas tierras
quedarían encharcadas de agua salada y embarradas por los lodos y sedimentos arrastrados,12 privando
así de alimento a la fauna y dificultando la reforestación.
Lluvia de meteoritos
Mientras la nube ardiente continuaba propagándose por el planeta, las eyecciones expulsadas a la
estratosfera por el impacto y el terremoto volvieron a caer. Estos fragmentos se convertirían en bolas de
fuego por la fricción atmosférica, aumentando la destrucción, llevando a la ebullición masas de agua
aún no afectadas y sepultándolo todo bajo una capa de tierra que pudo alcanzar incluso kilómetros de
altura.
Invierno sobrevenido
Por los estudios realizados tras pruebas atómicas y por simulaciones de una guerra nuclear, se ha
llegado a la conclusión de que, pasada la onda de calor, la nube de polvo y cenizas residuales reducirían
drásticamente la luz solar en la superficie terrestre, lo que se conoce por invierno nuclear. Esto hizo
descender las temperaturas progresivamente, detuvo la fotosíntesis y afectó seriamente a toda la cadena
trófica.
El tiempo que duró este fenómeno es discutido: Carl Sagan (1996, p. 311 y 312) sostuvo que pudieron
ser varias semanas. Ortiz Alemán et al. (2002, p. 9) lo aumentan a varios meses. En ambos casos, las
temperaturas llegarían a cero grados o incluso menos en buena parte del planeta, por lo que muchas
especies de insectos morirían, así como otras especies de animales adaptadas a climas más cálidos.
Asimismo, sería perjudicial para las plantas, incapaces de crear su propio alimento. Esto trajo la muerte
o al menos la suspensión de la vida vegetal durante un año, quizá dos.12
Otro de los posibles efectos secundarios sería la lluvia ácida, pues la evaporación de agua marina y
también de las arenas y sedimentos debió de esparcir gran cantidad de compuestos sulfurados, entre
otros, que se precipitarían en forma de lluvias torrenciales y ácidas cuando las temperaturas
descendiesen.20 Sin embargo, Jakosky (1999, p. 33) afirma que no se tiene constancia de sus efectos
directos, al menos sobre los seres vivos. También es probable que la capa de ozono fuese destruida o
mermada considerablemente.
Extinción masiva
Pese a toda la devastación descrita, los científicos suponen que aún quedarían miles de dinosaurios y
otros especímenes vivos al finalizar el primer día tras el impacto.3 Es posible que varias especies de la
fauna se hubiesen extinguido casi de forma instantánea, especialmente los endemismos costeros, pero
muchas otras, terrestres y acuáticas, seguirían existiendo gracias a los pocos ejemplares vivos y a las
nidadas que pudieron aguantar cubiertas o rodeadas de tierra. Un efecto parecido pudo vivir la flora.
Numerosas especies pudieron seguir existiendo durante algún tiempo en forma de semillas y esporas
enterradas o esparcidas por los vientos. Pero la mayoría de los animales y vegetales terminaron
desapareciendo debido a las privaciones, es decir, a tener que crecer en un ecosistema tan acotado a
causa de la destrucción que no les ofreciese suficientes recursos para mantenerse a sí mismos y a sus
descendientes.3 Además las plantas sufrieron la sobrepresión de los herbívoros, desesperados por
conseguir comida. Estos, sin embargo, cada vez encontrarían más problemas para localizar las
cantidades de alimentos que necesitaban, y su debilidad los hacía víctimas fáciles de patologías y
depredadores. Por su parte los carnívoros que pudiesen quedar al principio cazarían presas fácilmente,
pero cada vez serían más escasas y famélicas.12 Otro problema que probablemente contribuyó a la
extinción masiva sería la endogamia. Los pocos ejemplares supervivientes podrían aparearse con muy
pocas parejas, lo que no garantizaría la diversidad genética suficiente para enfrentarse con éxito a
enfermedades, deformaciones y otras adversidades naturales. Era cuestión de décadas o siglos que
dichos problemas terminaran con un 76 % de las especies existentes.21 Según Urrutia-Fucugauchi et al.
(2010) todo animal con un peso superior a seis kilogramos desapareció.
Aun siendo las consecuencias del choque muy graves, paleontólogos como Brusatte et al. (2014)
publicaron que los efectos del Impacto K/T no bastarían para exterminar a los dinosaurios y otros
arcosaurios. Según estos autores, de no estar los ecosistemas debilitados a causa de diversos fenómenos
naturales, especialmente la gran actividad volcánica de los traps del Decán en la India, la extinción
masiva no se habría producido. También pudo deberse a múltiples impactos, pues hay indicios que
sugieren que la extinción pudo producirse 300 000 años después del impacto K/T.n. 6
Sin embargo no todo fue muerte. Tomando los datos de José A. de Azcárraga (1997, p. 65), la del
Cretácico/Terciario resultó una extinción relativamente benigna en comparación con las otras grandes
extinciones masivas. Ortiz Alemán et al. (2002, p. 11 y siguientes) indican que la formación de cráteres
de impacto libera mucha energía, pero en un espacio y período de tiempo limitados. Debido a esto, gran
número de animales pudieron sobrevivir, en especial los que no necesitaban grandes cantidades de
alimento, los que vivían en cuevas y madrigueras y los que poseían buenas defensas contra el frío,
como plumas o pelo. Por esta razón en Sudamérica las aves del terror ocuparon el lugar dejado por los
grandes saurios en la pirámide alimenticia, como hicieron los mamíferos en el resto de continentes.
Descubrimiento del impacto
La hipótesis de que pudo ser un meteorito, asteroide o cometa quien aniquilase a la mayoría de los
dinosaurios es muy antigua, pero no se la consideraba probable por las escasas o nulas evidencias
existentes. No se habían hallado tectitas vítreas o fuerzas de choque, un cráter de dimensiones
considerables, indicios de grandes tsunamis,...23 Teorías sin pruebas para explicar la extinción de los
grandes saurios habían surgido muchas con los años. Alan Charing (1985, p. 180 y siguientes) llegó a
contabilizar setenta.n. 7 Por otra parte, la tendencia a subestimar la teoría del Impacto se veía reforzada
por la presuposición de que los cráteres terrestres eran provocados por volcanes y no por objetos
cósmicos.
Tendrían que ser las imágenes aportadas por sondas no tripuladas al comienzo de la carrera espacial las
que hicieran mella en la idea preconcebida del origen volcánico de todos los cráteres.24 Pero las
primeras pruebas llegarían en 1979, cuando los científicos Luis Alvarez, Walter Alvarez, Frank Asaro
y Helen Vaughn Michael descubrieron, en la provincia italiana de Umbría, una capa de arcilla
carbonatada con concentraciones de iridio diez veces superiores a las esperadas. Este metal es
relativamente escaso en las rocas de la Tierra y más abundante en los objetos de tipo asteroidal, razón
por la cual Álvarez y sus colaboradores supusieron que dicho elemento provenía de un objeto
extraterrestre de grandes proporciones. Los investigadores estadounidenses calcularon que para
esparcir esa cantidad de iridio el impacto debió crear un cráter de unos 100 km de diámetro. Tras
publicar el trabajo, su teoría se vio reforzada por el hallazgo en Dinamarca y Nueva Zelanda de iridio
en cantidades similares y también dentro del Límite K/T. 25
Pero la hipótesis formulada por los investigadores californianos adolecía de varias lagunas. Por
ejemplo, la presencia de iridio e incluso de fuerzas de choque también podía tener una explicación
volcánica. Además, en toda la superficie de la Tierra no se había localizado ningún cráter de 100
kilómetros o más. Tampoco se habían encontrado tectitas con estructura vítrea, propias de terrenos
sometidos a presiones y temperaturas equivalentes a las de una explosión nuclear. El descubrimiento de
todas estas pruebas fue una historia de detectives, en palabras de Sankar Chatterjee (2015, p. 161)
En contra de lo que objetaban los defensores de otras teorías, en particular la del vulcanismo, sí había
indicios de un cráter gigante, pero no habían logrado suficiente difusión. En la década de 1950, la
empresa mexicana PEMEX descartó buscar petróleo frente a las costas de Yucatán porque sus sondeos
parecían indicar estar sobre un gran cráter volcánico y, por lo tanto, sin posibilidad de albergar
petróleo. Pero en 1979 los geólogos Glen Penfield y Antonio Camargo, trabajando para la misma
empresa, volvieron a revisar aquellos datos y concluyeron en 1981 que la formación geológica situada
en la costa mexicana se trataba de un cráter de impacto, no volcánico. Estos geólogos estimaron su
diámetro en unos 180 km.5
En 1987 y 1990 se dieron dos pasos más. Varios científicos, examinando una sección del río Brazos en
Texas, se percataron de la presencia de tsunamitas, compuestos arenosos similares a las areniscas, pero
producidas por grandes tsunamis. La localización de las tsunamitas coincidía con el límite K/T. Tres
años después, se publicó el descubrimiento en Haití de tectitas con estructura interna vítrea, también en
el límite K/T, lo que confirmaba la existencia de un impacto extraterrestre al final del Cretácico.17
Pero sería en 1990 cuando el geólogo canadiense Alan Hildebrand volvió a investigar las tsunamitas
del río Brazos y concluyó que los megatsunamis que las produjeron debían haber tenido su origen
varios cientos o miles de kilómetros al sur de Texas, en el mar Caribe. Para confirmar su teoría
recuperó el trabajo de Penfield y Camargo y presentó en 1991 las pruebas sobre la existencia de un
cráter en el golfo de México con las dimensiones esperadas, demostrando así la localización del
Impacto K/T.
Link: [Link]
Referencia: «On impact and volcanism across the Cretaceous-Paleogene boundary», de Picelli M. Hull
et al., en Science, 17 de enero 2020: vol. 367, número 6475, págs. 266-272.
Link: [Link]
debate-de-la-extincin-de-los-dinosaurios-18497