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Tributo a la Hª Wendy Beckett

AÑO 2019. Artículos de Ron Rolheiser. Pensador contemporáneo que nos da pistas, desde la experiencia, para una vida encarnada en nuestro tiempo y con una visión amplia de la realidad espiritual y humana que nos toca vivir.
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Tributo a la Hª Wendy Beckett

AÑO 2019. Artículos de Ron Rolheiser. Pensador contemporáneo que nos da pistas, desde la experiencia, para una vida encarnada en nuestro tiempo y con una visión amplia de la realidad espiritual y humana que nos toca vivir.
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WENDY BECKETT – RIP

Ron Rolheiser (Trad. Benjamín Elcano, cmf) - Domingo, 20 de enero de 2019

Ninguna comunidad debería desaprovechar sus muertes. El renombrado antropólogo Mircea


Eliade sugirió esto, y su verdad se aplica a las comunidades en todos los niveles. Ninguna
familia debería despedir a un miembro sin la oportuna reflexión, ritual y bendiciones.
El 26 de diciembre de 2018, la familia del arte y la familia de la fe perdieron a un estimado
miembro. La Hª Wendy Beckett, de 88 años, afamada crítica de arte, comprometida mujer de fe
y amiga de infancia de muchos, murió. Desde 1970, la Hª Wendy había vivido como virgen
consagrada y retirada en un convento de carmelitas en Inglaterra, dedicada a la oración durante
varias horas al día, traduciendo publicaciones religiosas y asistiendo a la eucaristía diaria.
Desde el principio, después de elegir este modo de vida, empezó a estudiar historia del arte,
comenzó escribiendo artículos para revistas y publicó el primero de sus más de 30 libros sobre
arte. En 1991, hizo un corto documental de la BBC en televisión y resultó un éxito inmediato con
una amplia audiencia. Pronto empezó a presentar su propio espectáculo de la BBC, Sister
Wendy’s Odyssey (Odisea de la Hª Wendy), que fue tan popular que a veces atrajo a una cuarta
parte de la audiencia de la televisión británica.
Cualquiera que veía sus programas en seguida era atraído por tres cosas: La absoluta alegría
que reflejaba en sí mientras hablaba de una obra de arte; su capacidad para articular en un
lenguaje simple y claro el significado de un particular trabajo de arte; y su terrenal estimación de
la sensualidad y del cuerpo humano desnudo, que ella, como virgen consagrada, podía describir
con calmada apreciación.
Todas esas cualidades (su alegría, su simplicidad de lenguaje y su capacidad para dar la
contemplación pura de admiración al cuerpo humano desnudo) fueron lo que atrajo a su
audiencia, pero también le supuso el desprecio de parte de algunos críticos. Se mofaron de su
simplicidad de lenguaje, la criticaron por no ser más crítica del arte que presentaba y se
desentendieron de ella por el hecho de que una virgen consagrada pudiera tratar tan
cómodamente sobre la sensualidad y el cuerpo humano desnudo. Encontraban difícil aceptar
que esta mujer piadosa, una virgen consagrada, vestida con un hábito religioso tradicional,
luciendo gruesas gafas y dientes-pala, pudiera sentirse tan a gusto con la sensualidad. Robert
Hughes, de la revista Time, se burló de ella una vez como una “pseudo-eremita incansablemente
habladora con sus dientes característicos” cuyas observaciones eran “lanzadas a una audiencia
de 15 años”. Germaine Greer desafió su competencia a describir el arte erótico dado el hecho de
que ella era una virgen consagrada.
La Hª Wendy generalmente sonreía a estas críticas y les respondía de esta manera: “Yo no soy
crítica”, decía, “soy apreciadora”. En cuanto a su comodidad con la sensualidad y el cuerpo
desnudo, respondía que precisamente estar ella comprometida con el celibato no significaba que
no fuera plenamente apreciadora de la sensualidad humana, la sexualidad y la belleza del
cuerpo humano, todo él.
Hay, por supuesto, diferentes modos como un cuerpo humano desnudo puede ser percibido, y la
Hª Wendy fue una apreciadora sonriente y nada tímida de uno de esos modos. Un desvestido
cuerpo humano puede ser mostrado como “desnudo” o como “desnudado”. La verdadera arte
usa la desnudez para honrar el cuerpo humano (ciertamente, una de las grandes obras maestras
de Dios), mientras la pornografía usa la desnudez para sacar partido del cuerpo humano.
La Hª Wendy tampoco se lamentaba del hecho de que su virginidad consagrada no la previniera
de apreciar lo erótico. Estaba en lo cierto. En alguna parte hemos desarrollado la falsa y
debilitante opinión de que los célibes consagrados deben estar, como niños pequeños,
protegidos de lo erótico, de modo que, aun cuando se les supone que son médicos del alma,
deberían estar protegidos de los profundos impulsos y secretos del alma. La Hª Wendy no
opinaba así. Ni nosotros deberíamos hacerlo. No se intenta que la castidad sea esa especie de
ingenuidad.
Revelación total: Yo me relacioné personalmente con la Hª Wendy. Hace muchos años, cuando
yo era joven y aún estaba buscando mi propia voz como escritor espiritual, me mandó una copia
grande y bellamente encuadernada del famoso cuadro Eros, que Paul Klee pintó en 1923.
Durante los últimos 29 años, ha estado colgada en una pared detrás de la pantalla de mi
ordenador, de modo que la veo cada vez que escribo, y me ha ayudado a entender que es el
color de Dios, la luz de Dios y la energía de Dios lo que da forma al anhelo erótico.
En 1993, mientras estaba visitando el monasterio donde la Hª Wendy vivía, tuve la oportunidad
de salir a un restaurante con ella. Nuestro camarero se quedó atónito al principio ante su
tradicional hábito religioso. Algo azorado, le preguntó tímidamente: “Hermana, ¿piensa tomar
agua?”. Ella hizo brillar su sonrisa de marca registrada y dijo: “No, el agua es para lavar. Tráeme
vino”. El camarero quedó relajado y gozó mucho bromeando con ella durante el resto de la
comida.
Y eso era la Hª Wendy, una anomalía para muchos: una virgen consagrada que discutía sobre el
eros, una eremita, pero famosa crítica de arte y una mujer intelectualmente brillante que ofuscó a
los críticos con su simplicidad. Pero, como todas las grandes mentes, había una maravillosa
consistencia a un nivel más profundo, en ese lugar donde el crítico y el apreciador son uno.

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