NO TE RINDAS, ESO YA PASÓ DE MODA
“Mas tú, Jehová, eres escudo alrededor de mí; Mi gloria, y el que levanta
mi cabeza”. Salmos 3:3
ESTO SOMOS
Pasa que, no puedes ser enaltecido de corazón y aparentar ser humilde de
espíritu. O lo que es peor, ser “humilde” de bolsillos y ser un petulante en
orgullo y vanidad. No puedes y no debes dejarte llevar por lo que oculta una
bendición; que es el ego por ser bendecido.
Jamás olvides que la mirada de Dios se aleja al igual como se acerca, y estoy
seguro que te conviene mantenerla cerca.
No lo tomes a mal, pero te voy a decir lo que pienso: «sin Dios, no somos
nada.»
Posiblemente puedas ver a gente triunfando por la vida sin tener necesidad de
involucrar a Dios, pero no te imaginas la pobreza que viven día a día cuando
están en aprietos y no hay nadie quién les brinde un abrazo sincero. Y es por
esto que la mayor parte del mundo considera que siempre los buscan por
conveniencia. En cambio, un seguidor de Cristo es distinto; su trabajo es
ganar almas, aplausos, fama, gratitud, lágrimas, alabanzas, gozo, entre
muchas cosas más; y todo, absolutamente todo cuanto gana, es de
ofrenda para el Dios del cielo y la tierra. Se puede decir que un pastor
famoso, en realidad no lo es; porque el centro es Cristo, el famoso es Él.
Considero en mi corazón que seguir a Dios atrae almas sedientas de Él.
Aunque también creo que roba miradas acusadoras de quienes no pueden
entender que Dios atrae momentos perfectos y llenos de bendición.
Nadie, (lee bien por favor) absolutamente nadie alcanzará la felicidad
hasta que no acepte que Dios es el centro de lo que hace.
Somos el bolígrafo, Dios el escritor.
Somos instrumentos, Dios el músico.
Somos el pincel, Dios el pintor.
Somos el vehículo, Dios el conductor.
Y somos quien visita, Dios es nuestro guía.
Sé humilde, pues no se ve bien presumir con cosas ajenas
.
INTIMIDAD CON DIOS
El problema de un hombre enamorado, es su sensibilidad a la ausencia de su
verdadero amor. Veo cristianos que se frustran ante el silencio del cielo sin
imaginar que a Dios suele callarlo el amor. (Sofonías 3:17)
Dejarse llevar por la frustración de no haber alcanzado una unción fresca y
recién llegada al momento de decir muchas cosas en la oración, es motivo de
trauma para algunos. Nos cegamos absurdamente a lo que Dios está tratando
de decir con su silencio, que ocupamos nuestra mente en entristecernos ante
un posible pecado que aleja la presencia divina de nuestro creador.
La verdad, no pienso que todo el tiempo sea así, más bien, siento que es una
señal para una búsqueda diferente, una búsqueda más profunda y menos
rutinaria. La iglesia es un lugar de oración, y es ahí donde el pueblo se
transforma en una voz de adoración, que es muy aparte a la unción personal
que muchas de las veces estamos buscando. Siempre supuse que la iglesia es
un condimento en semejanza con lo que en realidad le apasiona al Señor. Que
la iglesia no es tan importante si has perdido tu comunión en secreto. Y que la
iglesia hoy en día se utiliza mucho más para decirle al mundo cuan cristianos
somos y no para enfocarnos en el objetivo principal.
¿No te has puesto a pensar, que si Dios no te habla, es porque hoy se le
ha placido mirarte?
“Jehová está en medio de ti, poderoso, él salvará; se gozará sobre ti con
alegría, callará de amor, se regocijará sobre ti con cánticos. Sofonías
3:17”
¿Acaso no es extraordinario?
Otro motivo por el cual sientas que Dios ha decidido ausentarse, puede ser el
llamado hacia una intimidad más secreta. Un llamado mayor al que quisieras
recibir en la iglesia. Tanto tú como yo, sabemos cómo Dios ama la intimidad, y
si la única manera de llevarte a ese momento es guardando silencio, no dudes
que lo hará.
No deberías deprimirte por algo que debería ser motivo de sonrisas. El silencio
duele, tienes razón, pero no el de Dios. Al menos no en este momento que lo
estas buscando. El silencio duele cuando ambos callan, pero no cuando el Rey
se está dedicando a escuchar.
Imagina que Dios te dice esto:
“Frente al público asistes a mis citas, pero en el secreto me dejas
plantado. Siento que de una u otra forma intentas que me conforme con
eso de que por lo menos vas a la iglesia, y para mí, eso no es suficiente.
Hoy la iglesia va a estar llena nuevamente, pero el filo de tu cama estará
vacío. ¿Nos vemos ahí?”
No borres tu sonrisa cuando parezca que no sientes nada, no olvides que Dios
también quiere que lo ames cuando sientes que está ausente, así que es el
momento perfecto para adorar.
Así que amigo, deja de frustrarte por un pecado que ya Dios perdonó.
Pensar que Dios se está tardando en perdonarte, es como desconfiar de la
misericordia del Padre. Tranquilo, que lo que no pudiste alcanzar en la
iglesia, seguramente lo conseguirás en tu cuarto.
LA LUZ DE NUESTRAS VIDAS
Una noche de “super luna” Dios me hizo pensar algo como esto…
Y se enamoraron de la luna, mientras que en el día despreciaron al sol.
La luna fue el espejo, y el sol el protagonista.
Yo lo relacioné de esta manera; la luna tipifica al ungido de Dios (cristianos), y
el sol tipifica a Dios… Y con respecto a lo que mencioné; indudablemente ese
es Dios: «Algunos despreciaron al sol, pero ciegamente amaron la luna.»
Y parafraseando un poco: “Amaron la ley, pero aborrecieron la Luz.”
Y a todo esto; para no hacer de este punto esencial algo muy extenso: Es
como si la guitarra le dijera al músico que no sabe entonarse sola, pero el
músico le dirá… tranquila, soy yo quien te va a dar la melodía; tú sólo mantente
lista para cuando yo quiera hacer música contigo.
Y es por esto que yo les digo; no exalten a un bombillo por su luz, cuando el
bombillo no es nadie sin su fuente de energía; que es Jesús, la luz del mundo.
Ama la luz, no a las vertientes.
Adora la fuente, no a quién bebe de ella.
SOSTENIÉNDOSE DE ÉL
Tienes que saber que la mayor parte de las promesas de Dios van a depender
independientemente de ti, al menos en lo que está en nuestras posibilidades,
no de nadie más. Si alcanzas a volar, que sé que lo lograrás, será por ti, sólo
tu fé mueve la mano de Dios para aquel beneficio correspondiente a tus
sueños. Obviamente, y creo que está de más decirlo, pero lo diré; las
oraciones del resto y lo que puedan aportar los demás en tus peleas son
bastante importantes, pero sólo tu perseverancia valida lo que el resto pueda
desear en tú vida.
Es algo complicado encontrar a alguien que esté completamente sujeto de la
mano de Dios, ya sea en la enfermedad o en la lucha por un sueño. Es por eso
que vemos una numerosa cantidad de gente nadando en las orillas por si se
llegan a cansar, o por si el plan sale mal, pero muy pocos o quizás nadie se
atreve a lanzarse a lo profundo confiando en las fuerzas de Dios al terminar las
suyas.
Puede que exista una justificación general para no sostenerse de la mano de
Dios, y puede ser que Dios no da garantías humanas para poder arriesgarse en
su nombre. Muchos pedimos señal tras señal ante una oportunidad, otros
dudamos de nuestros instintos y otros simplemente no la vemos venir por estar
ocupados en cosas que lo único que saben hacer es distraernos.
Confiar en Dios no siempre es victoria, al menos no todos los caminos
contienen ese aroma, confiar en Dios es estar seguro que nuestro fracaso será
un éxito si lo damos todo en su nombre.
LA VERGÜENZA DE ESTAR AGRADECIDO
En momentos de desesperación, es tan fácil enfadarse o dejar que las quejas
fluyan esperando conseguir algo. La bendición anhelada está tan lejos que
desde donde estas apenas logras divisarla. Tus esperanzas menguan, tu fe
decae, y lo más triste es que tus opciones aumentan. Tú sueño ya no sólo está
en las manos de Dios, sino que la esperanza también yace en un plan “B”,
alguien o algo que te ayude a llegar más rápido a la meta, pero lo único que
logras es distanciarte más. La renuncia se vuelve una alternativa inteligente, y
el miedo a fracasar en una experiencia que no se repetirá. Hay tantas cosas
que pasan por tu mente, y tu gran e inmenso dolor es haber creído que tu
sueño provenía de Dios.
Tu felicidad se volvió una frustración inquebrantable que te despierta
continuamente disfrazada de pesadillas. No te deja dormir, y cuando lo hace,
sólo lo hace para mortificarte. Otras veces se burla de ti dejándote observar a
quienes están donde tú querías. Ya no frecuentas tus oraciones, y dejas de
pedir por aquel sueño anhelado; sólo sabes quejarte, y cuando oras sólo
quieres respuestas; te humillas pidiendo dirección porque hoy no sabes a
donde ir, pues todo tu tiempo invertido parece estar perdido.
La decepción es tu sentimiento acusador, y tus esfuerzos son sólo algo que
quieres olvidar, pues, a pesar de todo lo que has hecho, aquella deuda nunca
se pagó, aquel cáncer sigue allí, el amor de tu vida murió sin haberte conocido,
o tal vez esa beca en la universidad jamás se abrió, pero repentinamente, de
una manera extraordinariamente extraña, justo cuando ibas a emprender un
nuevo impulso que parece ser menos complicado, todo cambia a tu favor, y el
juego está ya casi ganado, el rostro de admiración es tan notorio por estar
mezclado con desilusión. El cheque que esperabas llegó, al fin sonó el teléfono
con ofertas de trabajo, y aquella enfermedad se fue para no volver jamás.
Te sientes tan feliz y no sabes cómo agradecerlo, no dejas de llorar y te das
cuenta que no son lagrimas de gratitud, sino de vergüenza; vergüenza por no
tener cara para dar después de tantos reproches, después de tanda duda…”
¿Por qué dudaste? Te repites desconsoladamente recordando la situación de
Pedro. Y es que es tan fácil agradecer la bendición, pero tan difícil apreciar el
camino hacia ella.
Hoy que estas bendecido; no puedes dedicar tu oración como ofrenda de amor,
porque tu corazón incrédulo lo único que necesita… es perdón.
Cree solamente.
AMAR A DIOS
De todo el tiempo que pude estar entre el mundo y el evangelio (tibio) se me
dio la oportunidad de despertar de la religión que estaba viviendo
inconscientemente, y gracias a esto me pude percatar que existían
probabilidades notorias de que no era el único que estaba viviendo de esta
manera. Intentaba ser bastante espiritual en la mayor parte del tiempo y en
toda actividad, aunque sea a la fuerza, ya que mentiría si dijera que todo el
tiempo reaccionaba como lo debería de hacer alguien lleno del espíritu.
No podía dejar de bendecir a quienes saludaba. Tampoco podía faltar a la
iglesia tras un día pesado de trabajo, y sé que suena excéntrico, pero
habitualmente sentía que estos detalles me podían costar el cielo.
Con gran vergüenza puedo admitir que por más de una vez me negué a orar en
público, aún sabiendo que mis próximas oraciones serían de arrepentimiento
por no haberlo hecho.
Quizás estás pensando en el pésimo cristiano que he sido, pero si no lo cuento
ahora, la iglesia se llenará de adoradores superficiales que no entienden mucho
de lo que es estar hirviendo, y esto termina casi siempre en un desesperante
suicidio espiritual. Lo sé porque por más de una vez estuve frente a una botella
pensando en los motivos para no beberla.
Durante varios años me he sentido sucio a causa de mis instintos emocionales,
aún cuando estos no lograban dominarme, pero de una u otra forma lograban
hacerme sentir como la manzana podrida de todo el manzanal. No imaginan
cuánto amo al pueblo de Dios, y por ende, deseo tanto encajar en él. Y si Dios
me lo asigna, con toda humildad ponerme en frente. Y bueno, podría pasar
hablándote de mis errores y afanes personales durante todas las líneas de este
libro, pero por celo a mis cosas personales, me es necesario culminar con esto
que solía acusarme pausadamente al oído.
Dejarse cambiar es mejor que cambiar. Lo digo así porque el gran Alfarero
puede reformar tu moldura conforme a su voluntad y no a la manera que tú
creas que tal vez le pueda agradar. Si hablo por mí, cambié muchas cosas de
mi apariencia. Hice cuanto “pude para que todo el que me mirare supiera que
soy cristiano sin tener la necesidad de decírselo. Predicaba en cada
oportunidad, era puntual a mis citas con Dios, intentaba ser útil en cuanto se
pueda, me cambié el peinado, la ropa, y me creía lo que todos creían de mí; y
esto hacía que me olvidara de la opinión de Dios. Me preocupaba por todo lo
externo como si eso me iba a ser más santo, y me olvidé de Él, que era el
protagonista de mi fe.
Y siendo honesto, aprendí algo muy fuerte con respecto a lo antes mencionado,
y te lo voy a decir: y es que no basta con decir que eres cristiano, si no hay
amor, eres sólo alguien que asiste a la iglesia. Que no basta brindar lo que se
tiene, pues, si no hay amor, eres sólo alguien que curiosamente ha aprendido a
compartir. Que no es suficiente predicar el nombre de Jesús, pues, si no hay
amor, eres sólo alguien a quien se le ocurrió hablar de algo que aún no
entiende. Y si eres un cumplidor de la ley, pero no tienes amor, te conviertes en
alguien que admira a Dios, pero de lejos.
Hay que tener presente que el amor de Dios se refleja en quienes saben amar,
y no en los que simulan hacerlo.
“Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en
vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios. 1Corintios
6:20”