Suarez 2018
Suarez 2018
innovación
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Suárez, Diana
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DT IDEI 2 -2018
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Publicaciones IDEI
10/07/2018
Suárez, Diana
IDEI
* Este documento corresponde a una versión previa de Suarez, D. (2018). El enfoque de los sistemas de innovación. En Barletta F, Robert V
y Yoguel, G. (editores): “Tópicos de la teoría evolucionista neoschumpeteriana de la innovación y el cambio tecnológico”. Vol. 2. UNGS.
Buenos Aires. En prensa.
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Abstract: El objetivo de este artículo es analizar el enfoque de los Sistemas de Innovación en la visión de los
autores que le dieron origen: B. Å. Lundvall, C. Edquist, C. Freeman y R. Nelson. Se presenta un conjunto de
elementos fundacionales que contribuyeron a la consolidación del enfoque y los consensos y disensos respecto
de su capacidad para explicar el cambio tecnológico desde una perspectiva sistémica. Se presta una especial
atención al caso latinoamericano, donde este enfoque se ha convertido en la justificación de las principales
políticas de promoción de la ciencia, la tecnología y la innovación. El análisis muestra que se trata de un
conjunto de aportes más o menos articulados, con un claro objetivo unificador: explicar la dinámica del
crecimiento y desarrollo sobre la base del cambio tecnológico y la innovación, entendido como un proceso
sistémico e iterativo que se manifiesta en un plano micro y meso, determinado a su vez por la dimensión macro.
La falta de límites claros en el desarrollo conceptual, de un cuerpo teórico unificado y de leyes fundamentales
son quizá la principal ventaja del enfoque y dan cuenta de su potencial como herramienta metodológica para
explicar tanto por qué un país, región o sector se ubica en un determinado lugar dentro del ranking del
desarrollo y cuál fue el proceso que lo condujo allí. De esta forma, el enfoque de los SI se presenta como una
alternativa conceptual que acepta que la realidad económica es compleja, que la dinámica sistémica de la
innovación hace que no puedan reproducirse escenarios y que el camino del desarrollo depende de la
confluencia de voluntades públicas y privadas en un marco de relaciones de poder asimétricas. Así, resulta en
muchos aspectos un enfoque realista y superador que permite explicar el pasado e identificar posibles senderos
futuros.
2
Introducción
Desde la publicación de “National System of Innovation: Towards a Theory of Innovation
and Interactive Learning” (Lundvall, 1992a), el concepto de Sistema Nacional de
Innovación ha ganado una amplia aceptación, tanto en el ámbito académico como en
relación al diseño e implementación de las políticas públicas. Este enfoque encuentra sus
orígenes en el concepto de Sistema de Producción de List (1841) e incluso puede ser
identificado dos siglos antes en las ideas mercantilistas de Antonio Serra (Reinert y Reinert,
2003). Durante el siglo XX, la dimensión nacional y sistémica de la innovación es retomada
por Freeman (1982) y difundida a escala internacional por los aportes de Lundvall (1992a),
Nelson (1993), Freeman (1987) y Edquist (1997), a partir de los cuales nace el enfoque de
los Sistemas de Innovación.
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las contribuciones que han enriquecido el enfoque sino de presentar un conjunto de
elementos que dan cuenta de su utilidad como herramienta metodológica, así como también
sus limitaciones. Se presta una especial atención al caso latinoamericano, donde este
enfoque se ha convertido en la justificación de las principales políticas de promoción de la
ciencia, la tecnología y la innovación.
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emprendedores, ya sea individuales (Schumpeter, 1912) o colectivos (Schumpeter, 1942), a
partir del proceso de competencia y destrucción creativa.
Asimismo, dentro del enfoque de los SI el concepto de innovación remitirá a los postulados
iniciales de Schumpeter (1912 y 1942), enriquecido por los desarrollos posteriores de
Schmookler (1979) y Freeman y Soete (1997), que moldearon el concepto de innovación tal
y como se lo aplica en la actualidad. De esta manera, el enfoque de los SI retomará la
dinámica de interacción micro-meso-macro Schumpeteriana y la crítica de Schmokler y
Freeman respecto del rol de la oferta de conocimiento para dar cuenta de la naturaleza
sistémica de la innovación, donde la infraestructura de conocimiento tendrá un rol clave
tanto en el desarrollo de nuevos productos y procesos como así también en la formación de
empresarios (y empleados) schumpeterianos1.
Sobre la base de estas dos escuelas de pensamiento es que se asientan los orígenes teóricos
del concepto SI, plasmado hace casi tres décadas en los desarrollos de Lundvall, Nelson,
Freeman y Edquist, pero que actualmente remite a una vasta cantidad de académicos
preocupados por la cuestión del desarrollo.
1 En un plano más meso, pero también sobre la base de los aportes schumpeterianos, Breschi et. al (1997) y
Malerba (2004) retomarán el enfoque de los paradigmas tecnológicos de Dosi (1982) y los desarrollos
sectoriales de Lall (1984) y Pavitt (1984) para avanzar en el concepto de Sistemas Sectoriales de Innovación,
aceptando que la dinámica del cambio tecnológico solo puede ser aprehendida sobre la base de la
identificación de especificidades sectoriales dadas por condiciones específicas de apropiabilidad,
acumulatividad, conocimiento de base y oportunidad, desde luego, en el nivel sectorial.
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2. El enfoque de los sistemas de innovación
2.1.Los padres fundadores: definiciones básicas
El enfoque de SI se difundió a gran escala a partir del libro editado por Lundvall (1992a),
que a su vez fue el resultado del trabajo del grupo Innovation, Knowledge and Economic
Dynamics (IKE), de la Universidad de Aalborg, Dinamarca. Como el mismo Lundvall
señala, el enfoque de los SI encuentra su raíz conceptual en el concepto de Sistema de
Producción de List (1841) y su primera aparición en un informe a la OECD, no publicado,
redactado por Freeman en 1982. Además de Freeman (1982), otros dos autores, con una
extensa contribución al enfoque de SI, vinculados también a su génesis y que participaron
directamente en las actividades del grupo IKE moldean el enfoque: Charles Edquist y
Richard Nelson. A pesar de su trabajo conjunto y de las múltiples co-publicaciones, cada
uno de ellos presenta un enfoque particular sobre los SIs. Esta sección discute sus
contribuciones y revisa los consensos que permiten su complementación y los disensos que
hacen del enfoque un cuerpo teórico con bordes difusos y definiciones poco claras.
Finalmente, Lundvall considera que siempre existe un SI y que éste no debería ser
comparado, parametrizado o imitado sin un gran número de consideraciones. Como él
mismo sostiene, el enfoque constituye una herramienta metodológica, una forma de abordar
la realidad que permita explicar los determinantes de la innovación en cada lugar y
momento determinado. No existen estadios, ni etapas, ni recetas y, desde luego, es falaz
hablar de “crear” un sistema de innovación en tanto se trata de un concepto que surge ex-
post y que resulta una propiedad emergente del sistema nacional.
En 1995 Nelson y Dahlman definen al sistema nacional de innovación como “la red de
agentes y el set de políticas e instituciones que afectan la introducción de tecnología que es
nueva para la economía” (Nelson and Dahlman, 1995). Al igual que Lundvall, los autores
refuerzan el componente sistémico y la importancia de las vinculaciones y articulaciones.
En este sentido, Nelson no sólo retoma el concepto de “rutina”, sino que también enfatiza la
lógica de resolución de problemas que dispara los procesos de búsqueda de soluciones al
interior de las firmas y la medida en que la innovación se realiza en el marco de un proceso
evolutivo de competencia y selección. Así, asemejan su comprensión de la innovación a los
desarrollos de Freeman (1974), aceptando la existencia de diferentes niveles de
complejidad en los nuevos productos y procesos, y la naturaleza incremental de la
innovación, pero enfatizando los requerimientos diferenciales de capacidades y conexiones
de la empresa con su entorno.
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Un componente adicional de Nelson (tanto en sus trabajos con Winter como en lo que le
siguen con Dahlman) es la preocupación explícita por el rol de las políticas públicas que
determinan el ritmo de creación y difusión de tecnología y el diferencial de desarrollo entre
países. En este sentido, la preocupación de Nelson por el proceso de catch up y los
determinantes del cierre de la brecha tecnológica se destacan por sobre el proceso
innovativo en términos del objeto de estudio, y es en función de este objetivo que define los
posteriores abordajes teóricos y prácticos de SI particulares.
Así, Freeman (1995) destaca las fuerzas que, en un momento determinado de la historia de
los países y dada su relación con el resto del mundo, actuaron sobre el sistema, dirigiendo,
limitando o impulsando el progreso técnico y, con él, su crecimiento y desarrollo. En este
sentido, se observa una mirada más cercana al path-dependence evolucionista que la que
plantea Lundvall y más amplia en términos de los determinantes institucionales que la que
plantea Nelson.
Edquist es otro de los autores que ha contribuido a los cimientos del enfoque. Mientras que
el objetivo de Lundvall es desarrollar una herramienta de abordaje metodológico y el de
Nelson es identificar los determinantes del desarrollo diferencial, el de Edquist se encuentra
fuertemente asociado a la búsqueda de la robustez teórica del enfoque. Tal como él mismo
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explica, el enfoque de los SI no puede ser considerado una teoría, en tanto no da cuenta de
leyes generales y universales. (Edquist, 2004) Asimismo, considera que la falta de
homogeneidad en los términos (señala incluso que Lundvall y Nelson se refieren a
cuestiones distintas con los mismos conceptos), la falta de explicaciones causales y de un
marco conceptual claro y preciso lo convierten en un enfoque difuso, en sus primeros
estadíos de desarrollo. De esta forma, en su contribución al Oxford Handbook of Innovation
(Fagerberg et al., 2004), Edquist propone una serie de funciones estándar, aplicables a
todos los sistemas y se esfuerza por dar una definición clara, precisa y abarcativa: “una
definición del sistema (nacional) de innovación incluye todos los factores importantes
económicos, sociales, políticos, organizacionales, institucionales y otros que influencian el
desarrollo, difusión y uso de las innovaciones” (Edquist, 2004). Y más adelante agrega:
“incluso un objetivo mucho más modesto de especificar las principales funciones del SI, las
actividades y componentes que lo conforman y algunas relaciones importantes entre ellos,
representaría un considerable avance de los estudios en el campo de la innovación”. De esta
manera, aunque el foco de atención está puesto en las organizaciones y sus relaciones, en la
búsqueda de innovaciones y en la identificación de los determinantes del cambio
tecnológico (sobre la base de un enfoque más micro), la definición funcional del SI coloca
en el centro de la escena el deber ser del sistema, partiendo de un conjunto arbitrario de
funciones que, bajo los supuestos del autor, constituyen los mecanismos a partir de los
cuales una empresa logrará innovar. En este sentido, Lundvall (2009) sostiene que la
cantidad alternativa de funciones identificadas por otros autores y la evidencia empírica
existente hacen que el listado presentado por Edquist sea tan “acotado y arbitrario” como la
crítica qué él mismo realiza respecto de la falta de generalidad del enfoque. No obstante,
unos años después, este enfoque “funcional” de Edquist será retomado por estudios
sectoriales de los SI, en particular, para el abordaje de los sistemas tecnológicos (p.e.:
Bergek et al., 2008).
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competencias al interior de las organizaciones, las que presentan características evolutivas
que se van moldeando a través de senderos de aprendizaje de tipo path-dependence, en un
entorno complejo. De esta forma, en cada momento del tiempo, existen fuerzas que
impulsan el proceso innovativo (o lo obstruyen), resultado de procesos institucionales
históricos dados no solo por la trayectoria económica sino además por las condiciones
sociales, políticas y culturales del entorno.
En la práctica, la aplicación del enfoque exige el estudio simultáneo de los componentes del
sistema y de su historia co-evolutiva. En este sentido, cuatro conceptos clave permiten
encuadrar los componentes del sistema: las organizaciones (instituciones y empresas), el
entorno, las interacciones y los procesos de aprendizaje. En términos de la perspectiva
histórica, se encuentra, por un lado, el contexto internacional, donde se identifican las
principales tendencias de la dinámica capitalista. Por otro lado, existe una historia a nivel
nacional, dada por el modelo de crecimiento, las reglas del juego y la dinámica política,
social y cultural. En cierta medida, este nivel está relacionado con el concepto entorno,
donde las empresas innovan e interactúan con otras organizaciones.
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Existe una vasta literatura acerca de cada uno de los conceptos señalados, algunos de ellos
directamente relacionados con los orígenes del enfoque. El número de contribuciones que
han enriquecido el enfoque da cuenta de la amplitud y complejidad del abordaje, dentro del
cual existen tantos conceptos clave como preguntas de investigación pueden formularse. En
este sentido, vale la pena mencionar que las contribuciones que se revisan a continuación
son una selección de dimensiones relevantes, planteadas en el origen mismo del enfoque;
no son un resumen completo de las contribuciones o una revisión de los debates que han
tenido lugar en el marco de la literatura de los SI.
En el marco del enfoque de los SI, el concepto de agente es utilizado normalmente para
referirse a las organizaciones, en particular a las empresas, aunque con una acepción
diferente a la tradicional. Lundvall, Nelson, Edquist y Freeman utilizan de manera
indistinta los conceptos de agentes y organizaciones, también para referirse a la unidad
mínima de decisión (esencialmente las empresas y los consumidores) pero con supuestos
menos restrictivos, negando incluso el hecho que existan dos agentes iguales. Se acepta que
los agentes son los individuos que se desempeñan dentro de un entorno determinado, con
información imperfecta y racionalidad acotada, sobre los que operan los procesos de
aprendizaje y creación de competencias, a su vez se ven determinados por procesos path-
dependence. Distinguen luego el concepto de agentes del de “instituciones”, el que
usualmente se utiliza para referirse a todas las demás organizaciones.
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El concepto de “institución” también ha sido ampliamente abordado por los estudios
económicos, presentando además múltiples acepciones. En el extremo de la acepción
neoclásica, las instituciones son acuerdos entre los agentes que regulan su conducta (North,
1990), siendo el mercado la institución por excelencia (cuando no la única). Dentro del
enfoque de los SI -pero también en gran parte de los desarrollos heterodoxos-, el término
encuentra acepciones similares, pero reconociendo la existencia de múltiples instituciones
que inciden en la dinámica de las organizaciones.
En esta línea, un aporte clave es el realizado por Johnson (1992), incluido en Lundvall
(1992a). Este autor asimila el concepto de rutinas de Nelson y Winter (1982) al de
instituciones y plantea que son hábitos generalizados y compartidos por la sociedad en
general, o por un grupo determinado en particular, que permiten disminuir la incertidumbre
y minimizar los cálculos racionales que un individuo debería hacer al momento de tomar
decisiones. Sin embargo, la relación es bidireccional: surgen como rutinización de
conductas individuales a la vez que moldean estas mismas conductas. Como todo producto
de la interacción humana, las instituciones se ven atravesadas por cuestiones políticas,
económicas y sociales e influyen en el sentido que tendrá la conducta del individuo. Así,
aunque todas las instituciones suelen ser eficaces respecto de la reducción de la
incertidumbre, éstas no necesariamente son neutras (o “benignas”) en términos del sentido
de las decisiones tomadas.
Uno de los aportes centrales de Johnson al análisis de las instituciones en el marco del
enfoque de los SI es la reivindicación de las instituciones (formales y no formalizadas)
como propulsoras del cambio tecnológico, en oposición a la hipótesis del “retraso
institucional”. Desde esta última hipótesis, se sostiene que las instituciones van por detrás
del cambio técnico, incluso lo dificultan. En la medida que son “formas de hacer las cosas”,
las instituciones son adversas al cambio y el desarrollo de nuevas tecnologías puede entrar
en contradicción con los acuerdos existentes (Johnson, 1992). Johnson se opone a este
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enfoque y sostiene que la regularidad que proveen es justamente lo que viabiliza el cambio.
Sin desconocer el impacto de la inercia institucional y el costo económico y social que
produce la perpetuación de hábitos obsoletos, el autor sostiene que las instituciones
constituyen el marco a partir del cual se identifican los problemas y se busca su solución,
ordenando y sistematizando la búsqueda de innovaciones dentro de una misma trayectoria
tecnológica (innovaciones incrementales). Al mismo tiempo, en la medida que brindan
hábitos de pensamiento que reducen la cantidad de información necesaria, liberan recursos
(la necesidad de razonar) que pueden ser asignados a la búsqueda de soluciones alternativas
(creatividad), dando lugar a la innovación radical.
En el marco del enfoque de los SI, no existe consenso sobre el impacto de las instituciones
sobre la dinámica innovativa del sistema. De hecho, el propio Lundvall, señalará los
problemas institucionales como fallas sistémicas que explican los diferentes niveles de
madurez de los sistemas nacionales de innovación en diferentes partes del mundo.
(Lundvall et al., 2009a) El impacto negativo de la inercia institucional o resistencia al
cambio será tema de debate y discusión sobre la existencia de barreras endógenas al
desarrollo, especialmente en el caso de los países de América Latina (p.e.: Rivera Ríos,
2009 y Bisang, 1993).
En relación al enfoque de los SI, vale destacar dos cuestiones: la concepción del proceso
innovativo como un fenómeno sistémico, y la importancia de las decisiones empresariales.
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En relación a la innovación como un proceso sistémico, el enfoque de los SI reconoce la
naturaleza iterativa de la innovación, retomando las ideas de Kline y Rossenberg (1989). En
su crítica al Modelo Lineal de Innovación2, estos autores se oponen a la concepción
secuencial y sostienen que se trata de un proceso iterativo entre el desarrollo del
conocimiento, las necesidades del mercado y las posibilidades reales de producirlo y
distribuirlo.
Dentro del enfoque de los SI, el proceso innovativo dependerá de la capacidad de la firma
de generar nuevo conocimiento, el que, a su vez, y tal como se verá más adelante, resulta de
la capacidad de absorber y recombinar conocimiento externo para luego complementarlo
con conocimiento interno. Este proceso de síntesis incluye no solo la realización de I+D –
elemento exclusivo en el proceso schumpeteriano de 1942 - sino además todos los
esfuerzos tendientes a la creación, selección, aplicación y profundización del conocimiento
(adquisición de bienes de capital o licencias, desarrollo de actividades de ingeniería,
capacitación, etc.).
Respecto de esto último, se propone, de manera estilizada dos tipos ideales de innovación:
el modo ciencia, tecnología e innovación (CTI) y el modo hacer, usar, interactuar (HUI)
(Jensen et al., 2007). El primero consiste en la creación de conocimiento es a través de la
I+D. El segundo, más cercano a la búsqueda de soluciones y mejoras que plantean Nelson y
Winter (1982), donde los procesos de aprendizaje y la incorporación de conocimiento se
2 El Modelo Lineal de Innovación define al proceso innovativo como una sucesión de cuatro etapas
secuenciales, las tres primeras son las diferentes actividades que componen lo que actualmente se denomina
Investigación y Desarrollo (investigación básica, investigación aplicada y desarrollo experimental) y la cuarta
es la que da origen a la innovación e incluye todas las actividades que conducen a la introducción de nuevos
productos en el mercado y/o a la implementación de nuevos procesos (Rossegger, 1987).
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producen a partir de la dinámica productiva (interacción al interior de la firma) y de la
interacción de la empresa con el entorno. En la práctica, los autores sostienen que ambos
modos de innovación están presentes y el resultado observable (el desempeño innovativo)
surge de la forma particular en que estos son combinados, la que resulta de las decisiones
empresariales pero también del set de políticas públicas, la dinámica del sector de
actividad, la presión competitiva y las características idiosincráticas de la firma determinan.
(Jensen et al., 2007) Así, aunque es posible encontrar firmas más orientadas a uno u otro
modo, nada indica, a priori, que pueda existir un resultado promedio, ni una estrategia
promedio (representativa), que permita esperar que dos firmas innovativas se comporten
igual o tengan igual resultado.
Dado que el avance tecnológico al interior de la firma es un proceso con un efecto de tipo
path-dependence, asociado a la capacidad de la empresa de seleccionar, desarrollar y
adaptar tecnología, las decisiones tomadas por una empresa impactan en las posibles
decisiones futuras y, a partir de ellas, en el sendero de cambio tecnológico. El resultado de
esas decisiones, a su vez, determinará el proceso de acumulación de capacidades al interior
de la firma y sus posibilidades de sostener la renta diferencial de la innovación (Nelson y
Winter, 1982). La consecuencia directa de la existencia de múltiples estrategias es lo que
Lundvall denomina “variedad del sistema” (Lundvall, 1998) y explica el hecho que no
existan dos sistemas iguales ni en morfología ni en términos de dinámicas competitivas.
Dada la centralidad de la empresa dentro del enfoque de los SI, vale la pena reflexionar
sobre las limitaciones que presenta este abordaje al momento de aplicarlo a realidades
específicas. En primer lugar, a pesar de la temprana identificación de Freeman (1974)
respecto de empresas donde la innovación no era parte de la dinámica de competencia, el
énfasis del enfoque en explicar el desarrollo tecnológico ha dado lugar a un sesgo en el
análisis empírico hacia la explicación de la dinámica innovadora de las empresas como si la
innovación fuera la única decisión posible para competir. En esta línea, se observa la
ausencia de explicaciones respecto de cómo una empresa es capaz de sobrevivir sin tener
que invertir en mejoras tecnológicas u organizativas, lo que a priori indicaría que la firma
no aprende, una cuestión observada en la práctica desde hace más de tres décadas (ver por
ejemplo Fajnzylber ,1989).
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El segundo problema se deriva de este último. Dentro del enfoque, se acepta que dado el
proceso schumpeteriano de destrucción creativa, las empresas con bajos niveles de
productividad tenderán a salir del mercado. La evidencia, sin embargo, sugiere que, en
algunos mercados, especialmente en los países en desarrollo, este proceso de selección es
débil, lo que significa que los mercados están compuestos por empresas con diferentes
niveles de productividad, no como una cuestión temporal sino como parte de una estructura
permanente (Bottazzi et al., 2010). En la medida que algunas empresas menos productivas
también forman parte de la oferta, los mayores niveles de rentabilidad de los más
productivos no disminuye, lo que reduce la posibilidad de que surgen nuevos incentivos
para innovar.
Esto nos lleva a una tercera limitación del enfoque como herramienta de análisis: la
existencia de micro-heterogeneidad asociada con niveles diferentes de productividad y
competitividad. La existencia de diversidad se encuentra en el núcleo del enfoque. Sin
embargo, cuando esta diversidad de situaciones se asocia con mecanismos perjudiciales de
competencia (trabajo no registrado, evasión fiscal, economías de enclave o simplemente el
aprovechamiento de los beneficios promocionales), entonces es necesario el entender la
heterogeneidad a nivel micro nivel y su impacto en la economía en su conjunto. Bajo el
enfoque de los SI, las situaciones extremas (las mejores y las peores firmas) se diluyen en
los promedios y el énfasis en la historia y la estructura ha atentado su capacidad para
explicar las reacciones diferenciales.
2.3.3. El entorno
Dentro del enfoque de los SI, el concepto de “entorno” implica que existe una organización
en el centro del análisis (la firma), mientras que las demás organizaciones son consideradas
en la medida que afectan su desempeño. En este sentido, se entiende por entorno a todas las
instituciones públicas y privadas que, en un espacio determinado, en un momento dado,
afectan la dinámica innovativa de las empresas. No se trata de la totalidad de la sociedad
sino de aquellas instituciones en sentido amplio que afectan la dinámica innovativa del
sistema (Lundvall, 1992b; Nelson, 1993; Edquist, 2004). Esto implica que las instituciones
que deberían ser incluidas en el análisis en un momento y lugar, pueden ser diferentes de
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las que lo determinaron anteriormente o para otro entorno. Existen, sin embargo, algunas
instituciones cuyo impacto es siempre relevante.
Al igual que Lundvall, Nelson sostiene que el SI está conformado por la infraestructura
científica y tecnológica y las empresas, aunque agrega el entorno macroeconómico y la
política económica como determinantes contextuales de la dinámica innovativa de las
firmas. Más aun, de acuerdo con Nelson y Dahlman (1995) el desempeño económico se
explica por la dinámica de los sistemas de innovación (las empresas y la infraestructura de
conocimiento), las capacidades de absorción sociales y el entorno macroeconómico. Luego,
la combinación de estas tres dimensiones lo que explica el progreso tecnológico.
Freeman (1995), por su parte, sostiene que el entorno está relacionado con la evolución del
set de incentivos, los que tienden a variar con el ciclo económico y el contexto
internacional. A lo largo del trabajo de Freeman, la situación nacional y la forma en que el
país se inserta en el capitalismo mundial determina el set de posibilidades de la firma. De
esta forma, este autor incluye no sólo los determinantes nacionales, en particular las
políticas públicas y el contexto social y político, sino también la posición del país en el
mundo en términos de relaciones comerciales y de poder.
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Cuando se aplica a una realidad concreta, el énfasis del enfoque en el papel activo de la
infraestructura de la ciencia, la tecnología y la educación aparece como una de las
principales contribuciones a la explicación de la dinámica tecnológica (ver por ejemplo
Dutrenit y Sutz, 2013). En este sentido, la interacción entre la ciencia y la tecnología y las
empresas va más allá de una simple comprensión lineal y antagónica entre las visiones
supply-push y demand-push. Por el contrario, el conjunto particular de incentivos que
enfrenta cada organización y sus capacidades determinan el rango de conocimiento a que
puede acceder la empresa. En consecuencia, el desafío para los analistas radica en
identificar las principales fuerzas que, en un momento y lugar determinado, influyen en el
proceso de innovación y, entonces, comprender la relación entre la empresa y su entorno.
Dentro del enfoque de los SI, las empresas están interconectadas y esto funciona como un
canal de información a partir del cual la empresa absorbe y genera conocimiento. Entre las
contribuciones de los autores citados hasta aquí, existen dos tipos de interacciones: las que
se producen como resultado de la operación de la empresa (el ejemplo más claro son las
interacciones comerciales) y las realizadas con el fin de alcanzar una innovación. Esta
distinción es rara vez explicitada y, por lo tanto, merece una breve descripción.
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pensar la innovación micro de manera aislada. Dentro del enfoque schumpeteriano, las
capacidades de conectividad de Teece y Pisano (1994), las relaciones usuario-productor de
Lundvall (1992b) y la importancia de las vinculaciones como mecanismos de aprendizaje
de Andersen (1992) son algunos ejemplos de la importancia que ha cobrado esta dimensión
cuando se pretende explicar la dinámica económica.
La segunda cuestión tiene que ver con que para que la interacción tenga lugar, los agentes
deben alcanzar un mínimo de competencias. Este umbral está dado por la capacidad de
comprender y absorber el conocimiento que circula en el entorno, el que requiere de la
comprensión del lenguaje, de los mecanismos formales e informales de trasmisión y de las
motivaciones de las partes a interactuar. El nivel absoluto de ese umbral mínimo estará
dado por las características del conocimiento que se desear absorber (Cohen and Levinthal,
1990; Narula, 2003).
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Nelson sostiene que dado un sector industrial con necesidades específicas de insumos y
capacidades, su crecimiento y desarrollo tecnológico estará condicionado por la rapidez y
efectividad con que se desarrolle la estructura de apoyo. En este sentido, afirma que
tecnologías e instituciones co-evolucionan (Nelson, 1994).
Por último, un supuesto implícito dentro del enfoque de los SI sostiene que mientras más
interconectada se encuentre la firma, mientras más densa sea su trama de vinculaciones,
mayor será su probabilidad de absorber conocimiento del entorno y, por tanto, de alcanzar
innovaciones y mejorar su desempeño. Desde otros enfoques heterodoxos -especialmente
desde la teoría de la complejidad este supuesto no solo será discutido, sino que además
refutado, en la medida que la evidencia parecería indicar que las posiciones clave dentro de
la red (el sistema en términos de los SI) no necesariamente se encuentran asociadas a la
densidad de las vinculaciones.
Freeman señaló el rol clave del conocimiento mucho antes de la aparición del enfoque de
los SI. Este autor sostenía que la característica clave de la nueva economía era la
aceleración del progreso tecnológico, que es el resultado de la institucionalización de la
creación de conocimiento. En consecuencia, para competir, las empresas deben ser capaces
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de generar y transformar conocimiento y esto sólo sucede si se asignan recursos en el
aumento de sus competencias, es decir, al capital humano (Freeman, 1974).
Algo similar se observa en la obra de Nelson, quien siguiendo un enfoque evolutivo, coloca
a las capacidades de la firma en el centro de sus rutinas y, con ellas, de su dinámica
competitiva (Nelson y Winter, 1982). Explica que tecnología remite a un conjunto de
conocimientos que en la era moderna no se puede encontrar en una sola persona, sino
muchas y que, así como el agregado de habilidades de los empleados determina el nivel de
capacidades de la empresa, el agregado de capacidades de las empresas y de las
instituciones, en un entorno específico, determina el nivel capacidades tecnológicas de los
sistemas nacionales.
Un aspecto de amplia coincidencia entre los distintos autores que adhieren al enfoque es la
preocupación por el desarrollo en términos del ingreso y su distribución, y el
reconocimiento de la no linealidad entre crecimiento y desarrollo. En este sentido, el
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avance del sistema capitalista y el desarrollo acelerado de nuevas tecnologías durante los
últimos treinta años ha puesto de manifiesto dos cuestiones respecto de los “beneficios” de
la “destrucción creadora” shcumpeteriana. La primera es que efectivamente el proceso de
destrucción creativa permite el desarrollo de nuevos productos y procesos y el crecimiento
de las naciones a partir de la mejora de la productividad, el empleo y los salarios. La
segunda, que también acentúa las diferencias inter- e intra-nacionales. Por un lado, porque
en los países en desarrollo el proceso de destrucción creativa suele ser más débil,
coexistiendo diferentes niveles de productividad por períodos extendidos en el tiempo
(Botazzi et al., 2010). Por el otro, porque no siempre el “mecanismo compensador” (Combs
et al., 1987) que sigue a la “destrucción” es suficiente para sostener variables clave como el
empleo y la distribución del ingreso.
Esta aplicación del enfoque se opone a la formulación y abordaje que hacen autores como
Lundvall y Nelson, aunque por motivos diferentes. Para Lundvall (1992), no existen dos
sistemas iguales y, por lo tanto, además de diferenciar entre países en desarrollo y países
desarrollados, habría que diferenciar entre países del norte y países del sur, países
americanos y países asiáticos, países productores de materias primas y países productores
de manufacturas, etc. Para Nelson y Dahlman (1995), los sistemas de innovación de países
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desarrollados constituyen un benchmark que permite analizar a los países en desarrollo: las
diferencias en la estructura productiva, en el rol del estado, en la dinámica innovativa de las
firmas, en la generación de conocimiento por parte de la oferta de CyT, etc. De aquí surgen
los análisis sobre el catch-up tecnológico.
23
nueva oportunidad para insertarse en el mercado mundial durante el proceso de selección,
donde la competencia no erosiona los precios y el sector enfrenta elasticidades superiores a
la unidad. En términos del propio autor: el desafío es subirse a la ola (Reinert, 1996).
Por definición, los países en desarrollo se caracterizan por estructuras productivas de bajo
valor agregado, localizadas en mercados de baja elasticidad ingreso y menores salarios. Por
tanto, la variante propuesta por Edquist se opone abiertamente a la dinámica que plantea
Reinert, tanto que de sostenerse senderos de crecimiento sobre los sectores predominantes
el abordaje que plantea el primero contribuye a estudiar la dinámica de acentuación del
subdesarrollo, sin aportar nuevas herramientas para identificar criterios clave para romper
con este patrón de crecimiento. Es decir, el enfoque planteado por Reinert permitiría
sostener que la variante de los Sistemas de Innovación para el Desarrollo no solo no es más
relevante para el abordaje que se propone sino que su aceptación llevaría severas
malinterpretaciones del subdesarrollo (Erbes y Suárez, 2014).
Una posición más radical es la de Lundvall (1992), quien afirma que no hay dos sistemas
iguales y que el enfoque de los SI es justamente una herramienta capaz de conducir al
analista a la identificación de las especificidades. Ello no implica que no puedan realizarse
estudios comparativos sino que los mismos deben hacerse en términos de análisis
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sistémicos y no de comparación de medias inventariadas. Lundvall et al. (2009a) discuten
la forma en que el enfoque puede ser utilizado como instrumento para el diseño de
políticas, diferenciando los sistemas de innovación “maduros” de los “emergentes”, una
clasificación fácilmente equiparable a la propuesta por Edquist y Nelson, en tanto también
supone el pasaje de un estadio al otro, aunque diferente en términos de sus implicancias
prácticas. Mientras que Edquist sugiere que la difusión de tecnologías es clave para el
desarrollo, Lundvall et al. (2009a) enfatizan la importancia de la creación de competencias
tecnológicas y organizacionales básicas (ingeniería, I+D, gestión del conocimiento). Esta
apreciación es similar a la realizada por Nelson y Dahlman para las empresas, salvo que
Lundvall et al. (2009) la extienden a todas las instituciones, en especial, el sector público y
su capacidad de diseñar, implementar y monitorear políticas públicas. Agregan también que
los determinantes del (sub)desarrollo deben buscarse en las relaciones que se establecen en
los agentes en términos de fallas sistémicas (por oposición a fallas de mercado) y que el
pasaje de un sistema emergente a uno maduro sigue senderos únicos y distintos, a tal punto
que lo que constituye una falla sistémica en un país puede no serlo en otro. Por este mismo
motivo, los estudios comparativos no pueden abstraerse de los condicionantes socio-
económicos y evolutivos donde se asienta la estructura analizada. Con esto, Lundvall et al
(2009b) se distancian del enfoque funcional propuesto por Edquist (2001), quien supone
una serie de requisitos para avanzar en el desarrollo, pero también de Nelson y Dahlman
(1995), quienes asumen que una característica positiva en un país (p.e. alto gasto en I+D)
puede ser reproducida con igual impacto en otro, permitiendo el catch-up.
25
El reconocimiento del rol de la innovación y el cambio tecnológico no fue solo un
fenómeno de los países desarrollados y la cuestión del crecimiento desigual, la cuestión
centro-periferia y la importancia de la brecha tecnológica encuentran una larga tradición
entre los académicos y policy makers latinoamericanos. Aunque en un plano más agregado
que el que observa en el enfoque de los SI, ya hacia mediados del siglo XX, es posible
encontrar entre las ideas de las escuelas estructuralista, desarrollista y dependentista el rol
del progreso técnico y la innovación como determinante del crecimiento y el desarrollo,
donde además se retoma como aspecto central del capitalismo el desequilibrio y la
competencia imperfecta3.
3 La tesis Prebish-Singer respecto del deterioro secular de los términos del intercambio y la
necesidad de avanzar hacia estructuras productivas de mayor valor agregado datan de la década
de 1940 y dieron sustento al proceso de industrialización por sustitución de importaciones de
mediados del siglo pasado (Prebisch, 1950; Singer, 1950). El triángulo de Sábato fue publicado por
primera vez en 1970 y permitió entender la dinámica tecnológica como el emergente de un sistema
complejo entre las empresas, el gobierno y los centros de ciencia, tecnología y educación, de cuya
articulación dependía el desarrollo (Sábato and Botana, 1970). Los postulados de Amílcar Herrera,
de 1971, sobre el impacto de los incentivos del entorno (que él denominó política implícita) y su
articulación con las políticas explícitas permiten explicar gran parte de los fracasos industriales del
siglo pasado (Herrera, 1971). Fernando Cardozo, Celso Furtado, Andre Gunder Frank y otros tantos
pensadores de la región defendieron la industrialización como único mecanismo de desarrollo,
siendo la generación y adaptación de tecnología la actividad clave.
26
contribuciones locales. Respondiendo en cierta medida a la controversia entre Lundvall y
Edquist, la primera pregunta tiene que ver con la necesidad o no de contar con un enfoque
específico para los países en desarrollo, especialmente, para Latinoamérica. La segunda,
relacionada con las especificidades que plantean Nelson y Dahlman y cercana al análisis
histórico de Freeman, se relaciona con la medida en que una historia particular de
desarticulación y desequilibrios determinaron un abanico de oportunidades diferentes, con
procesos de cambio tecnológico también diferentes. Finalmente, y asociada a la
implementación práctica del enfoque, la tercera pregunta está dada por la tensión entre lo
que se debería medir y lo que en efecto puede medirse.
Sin embargo, a pesar del consenso respecto de la naturaleza metodológica del enfoque,
mientras que para Lundvall se trata de un concepto ex post, su aplicación al caso
latinoamericano se ha dado sobre la base de una interpretación ex ante y a partir de allí los
análisis han estado orientados hacia la explicación de cómo la dinámica sistémica planteada
desde la teoría no se evidencia en la práctica (Dutrenit, 2009). Es así que mientras que en su
génesis el concepto aparece como una formulación de regularidades observadas en los
países desarrollados, en Latinoamérica se difunde como herramienta para explicar la falta
de una dinámica sistémica en las múltiples dimensiones que explican la innovación. Esta
misma aplicación ex ante condujo a resaltar la dimensión más normativa del enfoque, lo
que transformó al concepto de SI en sujeto de política (Arocena and Sutz, 1999).
27
De esta forma, la “visión desde el sur” en términos de Arocena y Sutz (1999) o el “marco
sudamericano” en términos de Cassiolato y Lastres (2002) aparecen como una forma de
explicitar elementos clave que deben ser considerados en cualquier análisis de los países de
la región, relacionados con su historia, su estructura actual y su posición jerárquica en el
mundo. Sin embargo, no se trata de una alternativa en el sentido que Edquist (2001)
propone los sistemas de innovación para el desarrollo. Por el contrario, en los diversos
análisis se rechaza la idea de etapas del desarrollo. Los desafíos que enfrenta Latinoamérica
frente a la nueva economía no son los mismos que los que enfrentan Europa, Estados
Unidos o Japón pero tampoco los que enfrentan los países asiáticos o africanos. Por tanto,
no es posible pensar que los mismos pueden llegar a ser superados siguiendo exactamente
los mismos pasos.
3.4.Causas vs consecuencias
Tal como se mencionara, Nelson y Dahlman (1995) proponen una serie de especificidades
de los países en desarrollo que determinan su peor desempeño innovativo. Sin embargo,
estas especificidades llevan implícita la forma en que debería producirse el pasaje de una
situación de subdesarrollo a otra de crecimiento virtuoso. De manera similar a los planteos
de Edquist (2001), implican la perpetuación de la brecha tecnológica. En efecto, si en los
países en desarrollo las innovaciones de proceso son más importantes para la dinámica
innovativa que las de producto, entonces promover desde el estado la incorporación de
maquinaria y equipo perpetuaría esta situación. Al mismo tiempo, aunque los autores
reconocen la importancia de generación interna de conocimiento, lo hacen en relación a
esas mismas especificidades identificadas (siguiendo con el ejemplo, esto implicaría el
desarrollo de competencias endógenas en la mejora de procesos).
28
son suficientes para traccionar un aumento generalizado de la productividad (Dutrenit and
Katz, 2005; Lugones y Suárez, 2006; Porta, 2006; Katz, 2007). Por tanto, el mayor peso de
las innovaciones de proceso, la importancia de los procesos de difusión por sobre los de
creación de tecnología y los desequilibrios estructurales son en realidad consecuencias de la
dinámica productiva y explican el menor desarrollo relativo.
En el mismo sentido que lo plantea Reinert (1996), pero atendiendo a la existencia de fallas
sistémicas en el sentido de Ludnvall et al. (2009a) y a los determinantes históricos en el
sentido de Freeman (1995), el desarrollo de los países latinoamericanos dependerá de su
capacidad para romper con el círculo vicioso dado por un el ambiente de selección que
dificulta los procesos innovativos (características históricas y estructurales) y los procesos
innovativos existentes no llegan a modificar el entorno de selección (pocas empresas
virtuosas). Para ello, es necesario no solo el cambio estructural (Cimoli, 2005) sino la co-
evolución de las instituciones que le dan sustento (Dutrenit, 2009; Dutrenit et al., 2010).
Nuevamente, las especificidades de Nelson y Dahlman (1995) y las características pre-
desarrollo planteadas por Edquist (2001) son en realidad consecuencia de una estructura
productiva subdesarrollada. Sus postulados, por tanto, resultan útiles para explicar el
subdesarrollo pero no para modificarlo.
3.5.Teoría y práctica
Las críticas más fuertes que ha recibido el enfoque de los SI es quizá la distancia que existe
entre sus postulados teóricos y su aplicación práctica. En esta línea, algunos aportes
latinoamericanos han permitido identificar elementos ausentes en los estudios empíricos
iniciales y proponer alternativas de análisis que permitan identificar dónde y cómo operar
para romper con el círculo vicioso planteado en la sección previa.
29
vínculos y relaciones dentro del SI y un elevado número de innovadoras pero con reducidos
alcances de las innovaciones logradas (Lugones y Suárez, 2006). Estas características hacen
que, aunque resulte vital contar con abordajes generales aplicables a todos los países
(desarrollados y en desarrollo), también es preciso contar con un marco regional (y
eventualmente, nacional). El primero, porque permite abordar la cuestión de la brecha
tecnológica respecto de las mejores prácticas; el segundo, porque permite monitorear la
evolución de estos rasgos característicos (Lugones y Suárez, 2010)
La segunda cuestión tiene que ver con la naturaleza sistémica del fenómeno de la
innovación y cómo el excesivo énfasis en la medición comparada y los indicadores
objetivos ha atentado contra los postulados teóricos que dieron lugar al enfoque4.
En este sentido, la crítica a la aplicación empírica del enfoque se relaciona con la escasa
atención que presta a las capacidades de conectividad, no en el sentido unidireccional dado
por el estudio de las vinculaciones, sino en términos de los flujos bidireccionales de
información y conocimiento y su impacto en las competencias innovativas (Erbes, Robert y
Yoguel, 2010; Yoguel y Robert, 2010). En este sentido, los abordajes de tipo inventariado
reducen el atributo de complejidad a la construcción de indicadores combinados, sin la
inclusión de procesos de feedback y acumulación, menos aún de trayectorias dinámicas.
4 En algún sentido, los modos DUI y STI de aprendizaje de Lundvall (Jensen et al, 2007) resultan
un reconocimiento de los procesos de acumulación, aunque incompletos en tanto solo consideran
los mecanismos endógenos de generación y combinación de conocimiento y no la forma en que
una determinada posición dentro del sistema determina el abanico de opciones a las que la firma
puede acceder.
30
También la escasa importancia que se le da a la vinculación entre innovación y desempeño,
que en la región pone de manifiesto los límites tanto de la eficiencia schupeteriana como
keynesiana (Barleta, Pereira y Yoguel, este mismo libro) y los problemas encontrados en la
dinámica de mejoras en la productividad (Robert et al, 2011).
Conclusiones
En este capítulo se ha discutido la construcción del enfoque de los SI, en un intento por
presentar su complejidad y diversidad, pero también su utilidad. A modo de síntesis, vale
decir que se trata de un conjunto de aportes más o menos articulados, con un claro objetivo
unificador: explicar la dinámica del crecimiento y desarrollo sobre la base del cambio
tecnológico y la innovación, entendido como un proceso sistémico e iterativo que se
manifiesta en un plano micro y meso, determinado a su vez por la dimensión macro.
Desde las primeras aplicaciones del concepto hasta la actualidad, se han sucedido un gran
número de desarrollos empíricos que permiten a los analistas aproximarse un poco más a la
5 Dada su importancia en los desarrollos iniciales del enfoque de los SI, solo se ha hecho
referencia a los estudios comparativos de Nelson and Dahlman (1995). Se han publicado, sin
embargo, un número significativo de análisis comparativos internacionales, tales como los
presentaos en Alburquerque (1999), Godinho et al. (2004), Anlló and Suárez (2008), CEPAL (2008);
los compilados en Dutrenit y Sutz (2013) y los discutidos en Erbes y Suárez (2016).
31
comprensión del desarrollo y a la identificación de criterios clave para el diseño,
implementación y monitoreo de políticas públicas. Sin embargo, persisten aun fuertes
desafíos, en especial, la aplicación empírica que se hace del enfoque y la distancia entre la
teoría y la práctica.
Cuando se analizan los modelos y datos, las distancias teóricas entre los diferentes autores
tienden a reducirse mientras que la distancia entre el postulado teórico y la presentación
práctica tiende a ensancharse, observándose además una suerte de análisis ahistórico y
estático. Salvo contadas excepciones con poca trascendencia, el enfoque sistémico queda
reducido a la medición de las vinculaciones a partir de encuestas a empresas (con el foco en
las relaciones desde la empresa hacia el entorno y no identificando su posición en la red en
la que está inmersa) y datos macroeconómicos, la dinámica innovativa al conjunto de
indicadores de innovación a nivel de la firma y la infraestructura de conocimiento a la
realización de cálculos de flujo y stock sobre el gasto en I+D y el personal en ciencia y
tecnología. La variedad, tan presente en la teoría, tiende a “controlarse” a través de
indicadores de tamaño, sector de actividad y localización, y las trayectorias se convierten
en estudios de panel con supuestos contrarios a la existencia de feedbacks y acumulación.
Desde luego, gran parte de esta cuestión se explica por la disponibilidad de información, la
necesidad de comparar distintos países, regiones y sectores y la posibilidad real de capturar
fenómenos absolutamente abstractos como son la circulación de conocimiento en el
entorno, la capacidad de absorción de las firmas, el impacto de las trayectorias o la
idiosincrasia de las instituciones. Sin embargo, el uso de indicadores proxy, de registros
administrativos y de encuestas de opinión deben ser analizados teniendo presente tanto la
forma en que se generaron, como sus limitaciones para aproximarse a la realidad.
Otra de las cuestiones asociada al conjunto de aportes de este enfoque tiene que ver con la
aparente dicotomía entre su aplicación ex post y ex ante. Como fue desarrollado en las
secciones previas, la tensión entre el enfoque como abordaje descriptivo y el enfoque como
elemento prescriptivo puso de manifiesto la doble intención con que es aplicado en la
práctica, lo que hace que tal dicotomía no sea más que una apreciación teórica. En efecto,
para usarlo como herramienta normativa, debe tenerse un patrón, una referencia a la cual
aspirar. En consecuencia, se lo aplica como un concepto ex post en los países desarrollados
32
para luego aplicarlo ex ante en los países en desarrollo y analizar así la brecha que debe
cerrarse a partir de un proceso de catch-up. El problema de esta dinámica de análisis es el
peligro de confundir medios con fines y el hecho que cada agente responderá de manera
particular dado su entorno y trayectoria. En consecuencia, el margen para reproducir casos
exitosos es reducido, cuando no imposible dada la cantidad de variables que deberían
controlarse (o incentivarse).
Adicionalmente, vale se destaca en este enfoque el reconocimiento del rol del estado y del
escenario mundial en la búsqueda del desarrollo sustentable. Al respecto, a pesar de las
críticas a su traducción en estudios prácticos, a pesar de las limitaciones a la hora de
reproducir escenarios, el enfoque de los SI ha probado ser una potente herramienta
metodológica para identificar los desafíos que enfrentan los países en desarrollo al
momento de cerrar la brecha y resulta una reivindicación del deber de los gobernantes de
traccionar el desarrollo sustentable en un mundo cada vez más globalizado. Todo ello sin
desconocer que cada país se inserta de manera específica en el escenario mundial (algo
ausente entre los desarrollos fundacionales del enfoque) y que tanto como los abordajes
sub-nacionales complementan el enfoque, la realidad capitalista mundial marca las
limitaciones políticas, sociales y económicas a la búsqueda del desarrollo sustentable.
6 Por ejemplo, las conferencias bianuales de la Global Network for Economics of Learning,
Innovation, and Competence Building Systems (Globelics) y su capítulo latinoamericano la Latin
American Network for Economics of Learning, Innovation, and Competence Building Systems
(Lalics), la .Asociación Latinoamericana Tecnológica (ALTEC), el Proyecto BRICS, las actividades de
la Red Iberoamericana de Indicadores de Ciencia y Tecnología (RICyT), los eventos anuales de la
Schumpeterian Society, entre otros.
33
geográfica e históricamente enraizado, de naturaleza sistémica e iterativa, y enfatizan la
necesidad de intervención del estado para promover y direccionar el desarrollo sustentable.
En relación a su aplicación a Latinoamérica, la trayectoria de inestabilidades de la región, la
persistencia de niveles promedio de productividad por debajo de los estándares
internacionales y la existencia de fuertes inequidades sociales hacen que al abordarse la
cuestión de la ciencia, la tecnología y la innovación no pueda perderse de vista la
heterogeneidad de situaciones, la no linealidad de los procesos y, especialmente, la escasa
utilidad de las políticas públicas exitosas en países desarrollados cuando lo que se pretende
es modificar la realidad latinoamericana. Así, el enfoque general es lo que permite
identificar la necesidad de un abordaje particular.
34
relaciones de poder asimétricas. Así, resulta en muchos aspectos un enfoque realista y
superador que permite explicar el pasado e identificar posibles senderos futuros.
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