HERMENÉUTICA
Lo primero que hay que hacer antes de analizar en profundidad el significado del
concepto hermenéutica es determinar su origen etimológico pues de esta manera
entenderemos el porqué de dicha acepción. En este sentido, podemos decir que
aquel procede del griego hermeneutikos, que a su vez se conforma por la unión de
tres “partículas”.
Así, es fruto de la suma de la palabra hermeneuo que puede traducirse como “yo
descifro”, la palabra tekhné que significa “arte”, y el sufijo –tikos que es sinónimo
de “relacionado a”. De ahí que literalmente se puede exponer que este término
que nos ocupa es el arte de explicar textos o escritos, obras artísticas.
De la misma forma, tampoco podemos pasar por alto que la hermenéutica está en
relación con el dios griego Hermes que era el encargado en el Olimpo de llevar los
mensajes secretos a sus destinatarios y una vez con ellos era el que debía
descifrarlos.
Se define como hermenéutica al arte basado en la interpretación de textos, en
especial, de aquellas obras que se consideran como sagradas. Desde la
perspectiva de la filosofía defendida por Hans-Georg Gadamer, este concepto
describe a la denominada teoría de la verdad y constituye el procedimiento que
permite expresar la universalización de la capacidad interpretativa desde la
personal y específica historicidad.
De esta manera, es posible clasificar a la hermenéutica de diversas formas.
Existe, por ejemplo, la de tipo filológico(variante que se originó en Alejandría a
fin de determinar el carácter auténtico de los escritos antiguos); la hermenéutica
bíblica (la cual surgió hacia los siglos XVII y XVIII con el propósito de lograr una
adecuada, objetiva y entendible interpretación de la Biblia) y la hermenéutica de
perfil filosófico (una modalidad que no depende de la lingüística y busca fijar las
condiciones relevantes de toda interpretación).
En el caso concreto de la rama de la hermenéutica encargada de llevar a cabo la
interpretación de textos sagrados que pertenezcan bien a la Biblia o bien a otras
obras de carácter religioso que pertenezcan a diversas culturas es necesario
subrayar que también se conoce con el nombre de exegética.
El origen de los estudios de carácter hermenéutico se halla en la teología
cristiana, marco en el cual se distinguen dos interpretaciones diferentes de la
Biblia: uno literal y otro de tinte espiritual, que a su vez se divide en análisis
anagógicos, alegóricos y morales.
El mensaje literal de las Sagradas Escrituras es aquel que se desprende de la
propia redacción y es captado por la exégesis filológica, que se desarrolla de
acuerdo a las normativas de la correcta interpretación.
El valor espiritual, en cambio, es el generado por Dios en el ser humano, al
proponer un contenido religioso que permite complementar a los signos. En este
marco es posible distinguir entre el sentido alegórico (a fin de que las personas
de fe logren profundidad interpretativa al leer los sucesos. Por citar un ejemplo
concreto: el cruce del mar Rojo es un símbolo de la victoria de Cristo y el
bautismo), el sentido moral (los episodios mencionados en la Biblia pueden servir
como modelo e impulso para un accionar justo) y el sentido anagógico o
místico (aquel que apunta a demostrar que los santos tienen la capacidad de
observar realidades y hechos perdurables hasta la eternidad).
Entre los autores más importantes dentro del campo de la hermenéutica que han
apostado por la misma y que la han desarrollado en sus distintas facetas destacan
figuras de la talla de Friedrich Schleiermacher, el estudioso alemán Wilhelm
Dilthey, Martin Heidegger o Paul Ricoeur.
1.1. LA HERMENÉUTICA COMO
El concepto de hermenéutica ha sufrido indudablemente una metamorfosis
semántica en el acontecer histórico. Esta pasó de ser un simple conjunto de
reglas para convertirse en el modo de ser fundamental de la existencia
misma del hombre, y hasta en una forma de filosofar. La historia de este
concepto se dirige hacia una autoconciencia no normativa; aunque, de
ningún modo, de una forma teleológica. La mayoría de los autores
dedicados a este tipo de reflexiones ignoraron la gran cuantía y relevancia
de sus aportes en la tarea de elevar a la hermenéutica a un status de corte
filosófico. La hermenéutica nace indudablemente ligada a la interpretación
de los textos bíblicos, luego filológicos y jurídicos y fue entendida entonces
como una preceptiva que velaba por una interpretación correcta de los
textos puestos a su disposición. Hasta este punto se habla, no de la
hermenéutica sino, de diversas hermenéuticas específicas, de disciplinas
auxiliares encargadas de interpretar los textos religiosos, literarios y legales.
Desde el punto de vista etimológico, el término hermenéutica deriva del
verbo griego hermeneuein y está ligado a las funciones de Hermes, quien
fuere el mensajero de los dioses, y por ende, a la experiencia de
transmisión de mensajes. La hermenéutica cumple una función mediadora;
ya sea del mensaje de los dioses o de otros mortales, en el caso de la
hermenéutica filológica y jurídica.
La hermenéutica bíblica o teológica, entendida como preceptiva como ya
hemos anotado, se desarrolló en pro de una interpretación reformista de la
biblia. Para estos reformistas la interpretación que de esta realizaba la
tradición dogmática de la iglesia oscurecía su verdadero sentido. Por su
lado la hermenéutica filológica apareció como un conato de redescubrir la
literatura clásica. En los dos casos, tanto como en el bíblico como en el
filológico, se trataba de escudriñar un sentido que se había vuelto extraño,
no obstante se tratase de textos que ininterrumpidamente se seguían
leyendo1 . En la filosofía postaristotélica se edificó una alegoresis
interpretativa para recuperar el sentido de mitos que se habían vuelto
extraños, para actualizar su significado. En materia bíblica se pensó que
esta técnica podría, de igual forma, actualizar el significado de las Sagradas
Escrituras, pues, su sentido literal conllevaba muchas veces a significados
escandalosos2 . Ahora bien, aceptar una interpretación alegórica de las
Sagradas Escrituras equivalía a afirmar que detrás del significado literal de
los pasajes bíblicos existía un significado oculto, y no accesible
inmediatamente, que Dios había puesto allí – y se llega a hablar hasta de
tres y cuatro sentidos de la escritura-. Solo los iniciados pueden entender el
verdadero sentido de la palabra de Dios: su sentido alegórico. En el
contexto de esa interpretación alegórica es que aparece el impulso para
una comprensión reformista. Autores de la tradición dogmática como FILÓN
llegaron a preferir, sobre todo, una interpretación alegórica y es en esto en
lo que LUTERO no estaba de acuerdo. Para este último la interpretación
bíblica debe ser, en principio, apegada a su literalidad, pues, la Escritura es
sui ipsius interpres (su propio intérprete). Pero preferir la literalidad a la
interpretación alegórica porque esta última llevaba a sentidos inaceptables
de los pasajes bíblicos conducía paradójicamente al mismo resultado que
se quería evitar.
Piénsese en la interpretación de una parábola. Asumir el sentido literal de
una parábola llevaba notoriamente a un sentido absurdo de dicho pasaje
bíblico. De allí que se presentara una imposibilidad de defender una
hermenéutica puramente gramatical de las sagradas escrituras. LUTERO, a
fin de cuentas, hubo de aceptar elementos de la alegoresis; pero para este
el sensus literalis era inequívoco y el sentido alegórico de los pasajes
bíblicos solo tenía cabida cuando intencionalmente había sido puesto allí,
como en el caso de las parábolas. La teología de la reforma, por otra parte,
afirmaba que las escrituras, como totalidad, debían guiar la comprensión de
cada pasaje individual pero que a su vez ese sentido de conjunto solo se
puede alcanzar a través de la comprensión de cada pasaje individual. Se
trata de una relación circular entre el todo y sus partes que será muy
recurrente en toda la historia de la hermenéutica. Pero esta idea es una
traspolación hecha por LUTERO y sus seguidores (aunque también se
encontraba en FLACIUS) de la retórica antigua, que “comparaba el discurso
perfecto con el cuerpo orgánico, con la relación entre la cabeza y los
miembros”3 . Pero este principio interpretativo dibuja una línea de
continuidad con el dogmatismo, pues, se asume a la Biblia como una
unidad de sentido que debe ser interpretada desde ella misma. La doctrina
del scopus de LUTERO defendía el respeto a la intención con la cual se
había escrito un libro. Para este la comprensión circular antes dicha debía
apuntar a un sentido unitario presente en las sagradas escrituras. El
abandono de esta idea de unidad de sentido de las escrituras solo se logra
hasta el siglo XVIII. Es hasta este siglo que autores como SEMLER y
ERNESTI afirman que solo es posible una correcta interpretación de los
pasajes bíblicos cuando se reconoce su pluralidad de autores y con ello que
el todo al que se refiere la interpretación circular no es la unidad dogmática
de las Escrituras sino la realidad histórica misma.
Es apenas natural que el desarrollo de la hermenéutica bíblica sea el más
notorio en este contexto histórico, pues, nos enfrentamos a un mundo
epocalmente cristiano. De hecho, la razón por la cual la hermenéutica
filológica se desarrolla se debe al amoldamiento que se hace de la literatura
clásica al entendimiento cristiano. Según la mentalidad medieval todo el
conocimiento que se debía saber se hallaba en las Escrituras y por ello el
debate de la interpretación se centró en ellas. Debe llamar la atención que,
a pesar de las divergencias expuestas, la hermenéutica no dejó de ser una
simple . La cuestión no dejaba de plantearse como el problema de
una correcta interpretación. La hermenéutica reposaba al lado del intérprete
presta a ser usada cuando se le necesitase, cuando se quisiese llegar a
una interpretación correcta de los textos. Pero en este contexto la
hermenéutica no podía más que ser entendida como un conjunto de reglas.
A la voz de GADAMER: una preceptiva del comprender. También, hasta
este punto histórico, se habla de una pluralidad de hermenéuticas, como es
de notar. Normalmente la tarea de construcción de una hermenéutica
general, que abarcase los textos sin importar si eran sagrados o mundanos,
se le atribuye a SCHEILERMACHER. Pero en definitiva esto no es así, tal
como afirma el profesor GRONDIN “…es incorrecto atribuir a
Scheilermacher la elaboración del primer arte de la interpretación que
superaba las hermenéuticas especiales”5 . Esto se debe a una negligencia
historiográfica de la hermenéutica que descuidó el trabajo de
DANNHAUER. Este autor se propuso la tarea de elaborar una
hermenéutica universal auspiciada por el título de hermenéutica generalis.
No obstante, solo se le conoce por el hecho de haber utilizado, por vez
primera, la palabra hermenéutica en el título de un libro. Lo cierto es que su
mérito es mucho más grande. Partiendo del hecho de que todo lo conocible
posee una ciencia de tipo filosófico que le corresponde, DANNHAUER
asume que el procedimiento del interpretar tiene su ciencia propia: la
hermenéutica. Pero debe existir una sola hermenéutica sin importar que sus
objetos sean distintos. Hermenéutica que, por extraño que se escuche en
este contexto histórico, se propone hallar una verdad. Pero aquí verdad
significa el sentido pensado, con independencia de si ese sentido es
objetivamente verdadero o falso. Vale decir, el concepto de verdad
hermenéutica de DANNHAUER consiste en esclarecer lo que quiso decir el
autor, sin importar si dicho enunciado se corresponde con la realidad o si es
estructuralmente lógico. Entre los trabajos precursores de la hermenéutica
romántica se destaca el de CHLADENIUS, para quien comprender e
interpretar no es lo mismo. El hecho de que un pasaje necesite de una
interpretación es, para este autor, un caso especial. En general se entiende
inmediatamente, ya sea cuando se sabe el asunto del que versa un pasaje,
cuando dicho pasaje le recuerda a uno ese asunto o porque el pasaje en
cuestión de acceso al conocimiento de dicho asunto. Comprender es
entonces entender la cosa, adquirir una percepción objetiva. A su vez, la
interpretación solo se hace necesaria cuando hay un descuido de edición,
cuando existe insuficiente dominio de la lengua en la que está escrito el
texto o cuando en el texto se ha escrito voluntariamente de una forma
ambigua. Allí radica la tarea de la hermenéutica. Fuera de estos casos solo
es posible no comprender un pasaje cuando aún no hemos alcanzado los
conceptos y conocimientos que se requiere para ello.
No hay que olvidar que esta época fue guiada por el racionalismo, nos
ubicamos en un contexto eminentemente kantiano y los trabajos de
DANNHAUER y CHLADENIUS no escaparon a ello. Pero en la concepción
de hermenéutica de MEIER salta de bulto esta concepción racionalista.
Este toma la tesis de LEIPNIZ del mejor de los mundos posibles y la
traspola al campo de la semiótica. Así, este afirma que siendo este el mejor
de los mundos posibles existe la mayor conexión general de significados
que pueda darse en el mundo, situación está que posibilita la comprensión.
Ahora bien, el hecho de que se empiece a hablar de la existencia de una
sola hermenéutica no la desata, per se, de su carácter normativo. La
hermenéutica sigue preocupándose por el cómo debemos comprender un
texto, por el cómo asegurar el camino hacia la interpretación correcta